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Oración, dulce oración

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y


esperaré. (Salmo 5:3)

Los hombres que han hecho para Dios una buena obra en el mundo, son los que han
estado desde temprano sobre sus rodillas.
El que desperdicia lo mejor de la mañana, su oportunidad y frescura, en otras
ocupaciones que en buscar a Dios, hará pocos progresos para acercarse a él en el resto del
día. Si Dios no ocupa el primer lugar en nuestros esfuerzos y pensamientos por la mañana,
ocupará el último lugar en lo restante del día.
Detrás de este levantarse temprano para orar, se encuentra el deseo ardiente que nos
impulsa a comunicarnos con Dios. El descuido demostrado por la mañana es indicio de un
corazón indiferente. El corazón que se retrasa para buscar a Dios por la mañana ha perdido
su agrado en él.
Nuestra pereza en los asuntos de Dios es el pecado de que adolecemos. Los hijos de
este mundo son más sabios que nosotros. Están en sus negocios desde que amanece hasta
que anochece. Nosotros no buscamos a Dios con ardor y diligencia.

Con amor,

Jesús Polaino