Está en la página 1de 21

A Francisco Arias Solis lo he encontrado en la lista "... es el alma ...

", desde el
principio te engancha con sus poemas, así que he tenido que ponerlo junto a los
Poetas que, con lo que escriben, sienten y nos dicen, nos dan una razón más
para vivir...

Poemas de Amor

TE DEVORO A CARICIAS

Con estos labios que ha de comer la tierra,


te beso limpiamente los mínimos cabellos
que hacen anillos de ébano, minúsculos y bellos
en tu cuello, lo mismo que el pinar en la sierra.
Te muerdo con los dientes, te hiero en esta guerra
de amor en que enloquezco. Sangras. Y pongo sellos
a las heridas tibias con besos, besos... Ellos
que han de quedar comidos, mordidos por la tierra.
Tal ímpetu me come las entrañas, que sorbo
tu carne palmo a palmo, cerco de llama el sexo,
te devoro a caricias, y a besos, y a mordiscos.
Ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo son estorbo.
El abrazo es lo mismo si cóncavo o convexo,
y yo soy un cordero que trisca en tus apriscos.

ACOSTADO CONTIGO

Sé que estoy vivo en este bello día


acostado contigo. Es el verano.
Acaloradas frutas en tu mano
vierten su espeso olor a mediodía.
Antes de aquí tendernos no existía
este mundo radiante. ¡Nunca en vano
al deseo arrancamos el humano
amor que a las estrellas desafía!
Hacia el azul del mar corro desnudo.
Vuelvo a ti como al sol y en ti me anudo,
nazco en el esplendor de conocerte.
Siento el sudor ligero de la siesta.
Bebemos vino rojo. Esta es la fiesta
en que más recordamos a la muerte.

LAS OLAS DE TUS MUSLOS

Sentirte bajo mí en la suave arena;


sentir los tiernos peces de tus senos,
las olas de tus muslos, la espuma de tus risas,
la resaca sutil de tus abrazos,
las gaviotas sin fin de tus gemidos...
Sentir sobre los hombros, sobre el alma
el cómplice rielar de la primera estrella
y una brisa profunda y encendida,
fragante de perdidas caracolas.
Sentir en tus caderas las algas del deseo
tesoros prometiendo al navegante,
y en tu sangre sentir latidos de nereida.
Sentir en los corales y perlas de tu boca
la ira cruel, demencial, de tempestades;
sentir en tus cabellos la quietud y dulzura
de un tálamo solar, de una colcha de pétalos;
sentir en la emoción de tu mirada
el mundo renaciendo como un abril latino,
y en llamas el espacio ceñido al mar constante;
sentir, sentir tan sólo la luz de este momento.

A UN CORAZÓN QUE SUPO AMAR


Aquí nadie yace,
todo es falso
y la muerte aún no la comprendo.
A mis amigos dejé de visitarlos
porque debía de partir,
otros me esperaban desde siempre en silencio
y temía ya no reconocerlos.
Ahora estoy con ellos
y hablamos de la lluvia.
Aquí nadie yace,
los cementerios están vacíos
y las flores no saben llorar.
Si quieres recordarme... vete,
búscame entre las cosas
y más allá de las cosas
sobre los sueños.
La muerte nunca la comprendí
y quizá por eso
permaneceré siempre vivo.

MI CAMA

A esta cama llegaron una vez


dos amantes a deshacer el mundo,
y una noche despertó de estrellas
cuando dos sueños se encontraron.
Mi cama es extraña , misteriosa
y enormemente susceptible.
En ella el amor es sólo tacto de piel
horizontal sosiego compartido.
Todos los soñadores se pierden
en el fondo de sus propios murmullos
compartiendo secretamente debajo de sus vestidos
el intento encendido de un roce misterioso.
Cama libre para sonámbulos,
vereda erótica entre la soledad y el recuerdo.
Hasta ella llegaron
con la máscara de un sueño
románticas pasiones
y señoras antiguas
de delicadas virtudes.
Mi cama todo lo comprende
hasta el más fuerte presagio
y cuando estoy solo me abraza.

UNIVERSO DESEADO.

Toda la luz del cielo ya en la frente


y en el labio un carbón apasionado.
Mi pensamiento, así de iluminado;
mi lenguaje, de amor, así de ardiente.
así de ardiente, así de vehemente,
diamante en su pasión transfigurado.
Amarte a ti, universo deseado.
Mi luz te piensa apasionadamente.
Mi luz te piensa a ti, luz de mi vida,
pasión mía, luz mía, fuego mío,
llama mía inmortal, noche encendida.
cauce feliz de mi profundo río,
arrebatada flecha, alba elegida,
mi dulce otoño, mi abrasado estío.

COMO UN VAHO DE AMOR.

Tú que me miras, mírame hasta el fondo.


Tú que me sabes, sábeme.
Porque falta muy poco, porque el tiempo
arrecia vendavales
que se llevan ventanas y gemidos,
besos, ruidos de calles,
este silbido agudo que ahora escuchas
en el vecino parque,
las nubes delicadas que se juntan
en los azules gráciles
y el corazón con que me miras hondo
queriendo acariciarme.
Nada puedes hacer. Nada podrías
hacer. Déjate suave.
Es más fácil así. Vayamos juntos,
llevados por el aire,
si envejeciendo en el ciclón horrible,
unidos, esenciales,
mirándonos al fondo de la vida
y viendo allí la imagen
de nuestros cuerpos paseando dulces
por huertos virginales...
Eras tan clara. Junto al aire tanto
te amé... En la tristeza grave
tú me arrancabas la melancolía
como una espina aguda de la carne;
me acompañabas en las horas puras;
me rozabas tan suave
con tus dedos sutiles, con tu dulce
modo de acompañarme...
...Fuiste como una niebla, como un vaho
de amor, como un vapor imponderable
que me envolviese en cálidas vislumbres
las duras realidades,
y que después, pasadas las aristas
crudas, me rodease
y me dijese: "-Existe en el mundo.
Ven ya hacia el mundo. Ámame".

AMAME ESTA NOCHE

¡Qué amante
no será dichoso esta noche,
qué amante no tendrá esta noche su dicha,
su amor, su fiel amor contra su pecho!
Ese amante soy yo,
yo soy ese alma desolada entre la felicidad de los otros,
entre los dichosos suspiros y los oscuros abrazos
de los que pasan bajo la luna pisando la música
desgajada y caída sobre la tierra nocturna.
¡Ah! La flor del amor me ha sido negada.
¿Qué hago entonces aquí?
Mas la esperanza existe mientras vive el amor.
Amame esta noche, amor mío,
ámame y no rompas este corazón que te pertenece
y cuya enfermedad tiene tu mismo nombre
y tu rostro y tu alma
y tu cuerpo y tu gracia y toda tu figura.

BASTA EL SILENCIO.

Estoy desnudo, el sol con fuego dice


cuanto diría el hombre enamorado.
Basta el silencio a confesarlo todo,
si tendido en la orilla de algún río
el hombre calla y en su pecho, mudo.
un sol como el cielo resplandece.
Ya lo sabemos todo. Que son rojos
los labios que se besan en la orilla,
que la vida es un breve y dulce abrazo
y que con la mañana una alegría
sin nombre nos invade silenciosa.
Ya no necesitamos las palabras.
Ya basta el sol que besa, basta el río
que nos lleva en sus ondas lentamente,
y el viento que los ojos acaricia,
la verde sombra que en la boca tiembla.

AMATORIAS.
El ilusionista siempre tiene un beso de más.
En las esquinas, los amantes pobres piden besos.
El amante previsor guarda besos para el invierno.
El amante maldito no tiene besos.
La O es un beso sin sentido.
Los ombligos también besan.
Los besos de las despedidas se quedan en las puntas de los pañuelos.
Hay besos postales para la lejanía.
Los besos de los amaneceres van al limbo.
Los besos de las sirenas son salados.
El pedante llama al beso ósculo.
Se dice que Santa María Egipcíaca fue tentada por una lluvia de besos.

EN EL QUIEBRO MÁS ÍNTIMO.

Solamente color entre tus pechos.


Si le pregunto al sábado dirá que la sonrisa
es superior a los recuerdos sorprendidos.
Si le pregunto al alma me dirá que en tus ojos
se conciertan los besos que tanto esperaste
de mis labios.
Si le pregunto al árbol
y a la nación toda de tu cuerpo
me dirán que el candor lo guardas
en la gloria del pecho
y en el quiebro
más íntimo de tus muslos de fiebre.
Yo te tomo dame pues el sonido y ten
estos mis brazos y mi boca
lleno de niebla el pulso hasta
que venzas.

PERSIGO TU RECUERDO.
Huelen a ti las sábanas, amor, y todavía
está tu libro abierto encima de la mesa
y hay ropa por el suelo y discos y tabaco.
Aunque aquí ya no estés, mi cuerpo aún te busca.
Y en este fingimiento de abrazarte, en la almohada
persigo tu recuerdo, tu delgada cintura.
Por suerte no es un sueño y quizá en el baño
mi cepillo me espere, húmedo de tu boca,
o toallas que secaron tu pelo.
Huelen a ti las sábanas. El barrio se despierta.
Hay voces en la calle y luz tras las persiana.
El sol debe estar alto. Qué corta fue la noche.

EL SOL EN TU CINTURA.

Ya se desnuda el sol en tu cintura,


cuando acudo a la límpida tibieza
de tus caderas, pasto a los rebaños
de mi deseo, siempre convidados
por la sabrosa hierba en que te extiendes...
¡Abrígate en la sombra de mi empuje!
Conmigo volverás a las raíces
que en más fecunda tierra fructifiquen.
¡Y si despiertas cuando yo me inclino
amoroso de amor sobre tu espera,
busca mis labios con el agua clara
que me acerco a beber entre tus labios,
pues el viento es propicio a nuestro gozo,
y el mar levanta buenas profecías,
y el resplandor del trigo nos protege!

¡AY, LOS NIDOS DE HIROSHIMA!

¡Ay, los nidos de Hiroshima!


no cantan, Señor, los nombres,
y los pájaros, las flores no juegan ya.
El pececito está allí,
como una calcomanía,
junto a un lapicero roto.
En el estanque no hay vida.
Las almas se fueron ya,
solo tierra y el desierto
de niños hechos asfalto
de pájaros reventados.
Una muñeca vestida
con kimono azul-turquesa
intacta sin mutilar
a su lado, la niña-piedra muriendo.
Dónde fueron tantos pájaros;
uno se fue, ya no ha vuelto,
otro dejó mensaje de lunas
¿y los nidos, Señor, quién los llevó?
Tumbas nuevas, hijos hechos
nidos de almas, tierra
tierra, polvo, piedras negras
ojos ciegos con margaritas de nubes.
¡Ay, los nidos de Hiroshima!
¡Y cuántos pájaros muertos!

MORIR DE AMOR.

Una bala he preparado para ti


para alcanzarte en mi corazón.
Es de piedra, tallada por presos.
Es de plomo, bañada en sangre.
Es de hierro, bañada en miel.
Es de mineral de hierro, tallada
toscamente
para que desgarre mejor,
para que sepas
lo que significa morir de amor.
MANICOMIO PARA BESOS.

Cuando te besé...
mis ojos se llenaron de palomas y barcos;
de tus párpados surgieron mariposas,
y todos los autos de la gran ciudad
se pararon amarillos
inundando cada avenida
con la impaciencia de su silencio.
Cuando me besaste...
sonaron las doce en punto
en cien relojes de arena;
todos los montes callaron azules,
y el mar -aquel viejo tipo-
sopló miles de caracoles en nuestros pechos
para que hiciésemos collares a los balandros.
Cuando nos besamos...
Bueno, cuando nos besamos
nos volvimos sordos
como caballos de madera.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Después te olvidaste de nuestro tiempo,


y un guardia de luto precintó nuestros labios
porque estaban prohibidos por Decreto.
(Cuando tan felices fuimos los dos
aparcados en la zona azul
de aquel manicomio para besos.)

NUNCA LA COMPRENDÍ.

Aquí nadie yace,


todo es falso
y la muerte aún no la comprendo.
A mis amigos dejé de visitarlos
porque debía partir,
otros me esperaban desde siempre en silencio
y temía ya no reconocerlos.
Ahora estoy con ellos
y hablamos de la lluvia.
Aquí nadie yace,
los cementerios están vacíos
y las flores no saben llorar.
Si quieres recordarme... vete,
búscame entre las cosas
y más allá de las cosas
sobre los sueños.
La muerte nunca la comprendí
y quizá por eso
permaneceré siempre vivo.

SI LO SUPIESE.

Estaba ella de perfil


diez años después
con los ojos abiertos a la nada.
Desde la creación nadie podría albergar
en un rostro
todas las respuestas que llegamos amar
con solo observarlo.
Qué podría estremecerlo, qué sílaba,
astro o cuerpo vencería a esa quietud.
Qué sonido hondo, perfecto
lo haría temblar.
Qué destruir para otra vez construirlo.
Si lo supiese,
si llegara algún día a presentirlo
escribiría su nombre en la luz
para que las sombras me guiaran
hacia la tiniebla de su locura.
DEBAJO DE UNA ACACIA.

Toda la noche estuvo la lluvia gorjeando


en jardines vacíos, tejados y alamedas.
Después de recorrer con paso vacilante
las calles encharcadas era hermoso perderse.
A veces una gota brillaba en tu cabello,
resbalaba en tu piel o quedaba feliz
prendida en tu sonrisa. Y entonces que embeleso
sentía, qué frescura rozaba el corazón.
(Ahora que no estás, dime que hacía el pecho
con tanto corazón, qué secretos posaba
la noche de noviembre en nuestros labios fríos.)
No importaba saber que había paraísos
con noches estrelladas, que en otras latitudes
iba la primavera embalsamando el aire
con aromas profundos, sonrisas y canciones.
Goteaban las ramas y en un rincón las rosas
no sabían qué hacer con tanto escalofrío.
Nos quedamos perdidos en aquel laberinto
de lluvia y de tristeza, pero cómo alegraba
saber que nuestros cuerpos rezumaban el gozo.
Debajo de aquel árbol nocturno y otoñal
la sangre de los dos ardía en un abrazo.

ELEGÍA POR UNA ARTISTA

QUE SUPO AMAR.

Te fuiste ágil, menuda, en silencio,


igual que cada día,
cuando breve y nerviosa,
bajabas a pedirle a las mañanas,
amapolas de sol
o un puñado de besos a la lluvia...
¡Bambalinas antaño rutilantes!
¡Telones repetidos!
¡Clamores de triunfo!
¡Flores rojas! ¡Tu vida
de olvidos y recuerdos!
Y en tu diciembre triste:
-"¿Me harás a mí unos versos?"
Yo te los prometí
pero no me esperaste:
Otro poeta
-acaso el de las rimas sin retorno-,
derramó en tus oídos
el helado susurro de un poema
y, de versos nostálgica,
tras él te fuiste ágil,
menuda y en silencio,
igual que cada día
cuando breve y nerviosa,
bajabas a pedirle a las mañanas,
amapolas de sol
o besos a la lluvia...
¿Por qué te apresuraste
en la escena final
de la mujer dormida?
A tu sombra, mi ramo
de versos trasnochados,
como si fueran rosas:
¡Aquellos versos que tú me pediste!...

FRÁGIL CRIATURA.

Solo el amor
mi presa.
Sola, tú, mi batalla.
Bajo la luz vencida
de la tarde,
en los amaneceres temblorosos
-dispuestos a luchar
o exhaustos combatientes-
desde tu mar al mío
el delirio de sueños
que se escapan,
que, de piedra a piedra,
unánimes clamores de la sangre,
se anudan y son uno:
dique invencible,
única, nueva, frágil
criatura
de tu cuerpo y mi cuerpo.
Tú, poseída por la luz,
derramada ternura entre las dunas,
tierra mía.
Aquí dejo mis huellas.
Desnuda, te contemplo.
Y a tus playas me acojo.
Sobre éstas húmedas arenas,
desterrado de rosas y falsos
paraísos,
de todas las dulces trampas
de la infancia,
pongo mi sed.
Edifico esperanzas.
Otro fervor levanto:
el que de ti me fluye
y a ti vuelve,
el que de mí te llega
y en mí eriges.
La férvida pasión que nos renace
cuando solos, ardidos,
con las armas desnudas
de esta lucha
sin tregua,
nos amamos.
En este día de año nuevo, en mi carta a los Reyes Magos, no podía olvidarme de
los que hacen poesía con los sueños, y he pedido para ellos, estos regalos:

Un reloj sin prisa.


Una secreta e íntima correspondencia con los poetas malditos.
Un teléfono asesinado.
Un barco hundido.
Un silencio para gritar sin límites.
Un paralluvias de sol.
La salida del laberinto
Una fiesta libertina.
Un minuto para perderse.
Una planta nostálgica sobre la mesa que recita versos de Rimbaud.
Un océano pequeñito en la bañera para sumergirse como si fuera verano.
Un arco iris nocturno.
Una revolución en silencio.
Una ideal genial encontrada en la papelera.
Un sombrero de nubes para los días de viento.
Un milagro.
Un trapecio para saltar sin alas.
Una luna tatuada.
Una respuesta para todas las preguntas.
Un feliz 1999, en paz y libertad.

ESCRIBID VIDA

Mira la vida, está en los ojos


de estos niños. Pasar los veo.
La esperanza se deletrea
en sus menudos alfabetos.
En el viejo encerado escriben
sus signos prodigiosamente nuevos.
Aprendemos su abecedario
si salvar de la muerte queremos.
En sus bolsillos escondido
o enredándose entre sus juegos
está el mundo que no será
este mismo que ahora tenemos.
Si deseamos saber algo
los niños son nuestros maestros,
lo que nosotros aprendimos
¿vale aún, tan gastado y viejo?
Cómo hablarle de tantas vagas
ideas en que no creemos,
cómo darle la certidumbre
si la duda nos pone cerco,
con qué palabras les pintamos
la justicia que no tenemos
o elevamos ante sus ojos
la libertad, si estamos presos.
Apenas si nos es posible
mostrarles puros los objetos,
las exactas y persistentes
formas, sus límites escuetos.
Miro los niños. Han salido
alborozados al recreo.
Veo sus manos que ahora juegan
con tizas, piedras e insectos.
Estas manos tendrán mañana
del trabajo los instrumentos.
Vuelven a clase y hay un pájaro
aleteante en cada pecho.
¿Volverán con mejores alas,
por un aire mejor que el nuestro?
-Tomad la tiza, y en el cuadro
desalentadamente negro
escribid VIDA, con mayúsculas,
a ver si los rasgos inéditos
le pueden dar a la palabra
otra vez su dorado fuego.

DÍA DE FIESTA.
Madre, que vienen los ricos,
pon cara de pena.
Madre, saca el cartelito
y trae la muleta.
Madre, que esta mañana
va bien la faena.
Madre, se ve que hoy la plática
les ha hecho mella.
Madre, ya va siendo tarde,
hagamos las cuentas.
Madre me quedo yo diez duros
que es día de fiesta.
Madre, que quiero comprarme
un bollo de crema.
Madre, ¡que ya estoy harto
de pan con acelgas!
Madre, te veo cansada,
¿te sientes enferma?
Madre, ¿por qué estás llorando?
¡Que yo no te vea!
Madre, cuando yo sea hombre
me iré a las Américas.
Madre, o mejor a Alemania
que pilla más cerca.
Madre, ¡verás cuantos duros
traeré cuando vuelva!
Madre, y así ya no pides
cuando seas vieja.
Madre, ¡pondremos un puesto
muy grande, en la acera!
¡Madre, y dentro una estufa
y una radio nueva!
Madre..., que ya es mediodía
y padre reniega.
Madre..., y tú no le cuentes
mi bollo de crema.
¡Madre, que viene más gente,
los ricos se acercan!
Madre, pon cara de frío
¡y trae la muleta!

APASIONADAMENTE.

Toda la luz del cielo ya en la frente


y en el labio un carbón apasionado.
Mi pensamiento, así de iluminado;
mi lenguaje, de amor, así de ardiente,
así de ardiente, así de vehemente,
diamante en su pasión transfigurado.
Amarte a ti, universo deseado.
Mi luz te piensa apasionadamente.
Mi luz te piensa a ti, luz de mi vida,
pasión mía, luz mía, fuego mío,
llama mía inmortal, noche encendida,
cauce feliz de mi profundo río,
arrebatada flecha, alba elegida,
mi dulce otoño, mi abrasado estío.

A TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO.

¿Qué importa que yo te hable de amor,


de paz y de esperanzas, aquí, hoy, cuando
traspasas el umbral de un nuevo mundo,
si hay otro mundo que, allí, en el opuesto mapa,
se desangra entre balas y cañones,
entre bombas de napalm, entre cohetes
teledirigidos, entre el fuego y el hambre,
el miedo y la miseria, entre la muerte,
tan sólo porque a algunos le interesa...?
Inolvidable mirada.
Creo en ti ¡niño! ¡oh juventud!
sueño intraductible de la tierra.
Ha quedado tan lejos de ti
el hombre... ¡oh tristeza
del tiempo descabellado!
ahora hay cosas que hay
que confesar bajo mi piel
de criatura fría inescrutable.
Pero ¿quién escucha de veras
mientras haya por la tierra
demasiados niños hambrientos
entre armas diabólicas
y multitud de muertos?
En todas partes niños
con lastimada sonrisa
luz destrozada en los ojos
voz pasmada por siempre.
En todas partes hay niños
con boca rellena de polvo
y ademanes elocuentes.
Por eso es por lo que
creo en ti ¡oh niño!
¡Sí! creo cada vez más
en tu inolvidable mirada
en tu grito conmovedor
de animal despedazado.
Ahora quedas niño a pesar de ese
gato negro emergiendo del espanto
y el último cataclismo
nuestro motivo para creer en la bondad
pues tiene todavía la vida
prestigiosa entre las manos
con toda la esperanza del orbe
pues dicen la verdad sólo tus lágrimas.
Por eso es por lo que estoy esperando
un poquito de luz por nuestra basura.

HE DERRAMADO AMOR.
He partido mi capa con los pobres.
Llamé siempre al pan, pan y vino, al vino.
He derramado amor a manos llenas.
Y ahora ¿qué?: vivir. Punto y seguido.
Desparramé vocablos generosos
hasta quedar afónico y rendido.
Los hombres me transitan y conciernen,
aunque pocos se llamen mis amigos.
Y ahora ¿qué?: vivir. Estoy cansado
de invierno, primavera, otoño, estío,
de los días fluyentes y diarios.
Estoy cansado incluso de domingos.
Ansío descubrir alguna sombra
donde poder tumbarme en el olvido,
pero no puede ser. La vida ordena
inapelables normas de espíritu:
dialogar, querer, dejar los sueños,
seguir dando su nombre al pan y al vino
y no desfallecer. Porque, a la postre,
vivir es continuar: punto y seguido.

TEMBLANDO EN EL VACÍO.

Ya no tengo ganas de decir.


El silencio se me ha hecho amigo
y la palabra por ti perdida
desde su hondo pozo
por mí no vuelve.
Ya no tengo ganas de decir.
La ausencia que en mis ojos presiento
me ha dejado solitario.
Levanto los ojos a todo pájaro,
pero mi mirada sin vuelo se ha quedado
y ya volar es cansancio inútil.
Decir,
qué puedo ya decirte.
Desde el sueño me miro
y entonces me pregunto
sin responderme.
Soñarte
para qué
en este quedar tan tuyo
sin ti olvidado.
Dónde estás.
Quiero llamarte
y sentir el hilo de tu ausencia
temblando en el vacío.
Tengo una maleta en este corazón
con tu memoria de lluvia inacabada.
Qué viaje más largo
para volver otra vez desde el comienzo.

Intereses relacionados