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Mujeres_Fuertes

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MUJERES FUERTES

MUFUVA

-M UJERES FUERTES Y VALIENTESALEJANDRA STAMATEAS

ALEJANDRA STAMATEAS

MUJERES FUERTES

Mujeres Fuertes
Alejandra Stamateas

Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial. Para utilizar o reproducir alguna parte de este libro en cualquier formato será estrictamente necesaria la autorización escrita de parte del autor. www.presenciadedios.com mufuva@presenciadedios.com Colaboraron en esta obra Diseño Gráfico: Samanta González y Noelia Pepe Edición: M.Angela Rascovsky, Mariela Iwanczuk, Vera Mansilla Stamateas, Alejandra Mujeres fuertes. – 1° ed. – Buenos Aires : el autor, 2004. 110 p. ; 20x14 cm. ISBN 987-43-7503-5

MUJERES FUERTES
INDICE
Introducción Capítulo 1: Los movimientos de la mujer en la historia I. Los movimientos de la mujer en la historia. -17Capítulo 2: Las mujeres: mitos y cuentos de hadas I. ¿Qué queremos las mujeres? -25II. Los mitos y los cuentos de hadas -27Capítulo 3 Diferencias entre el hombre y la mujer I. ¿Por qué nos cuesta tanto llevarnos bien con los hombres? -47II. ¿Cuáles son los posibles roles dentro de la pareja?-51Capítulo 4 La autoestima I. ¿Qué es la autoestima? -57II. Formas de pensar destructivas -64III. Cómo ganar confianza -65 Capítulo 5 Maltrato y abuso emocional I. Maltrato y abuso emocional -69II. El aporte de la psicología -69III. El aporte de la sociología -72IV. El aporte del feminismo -75V. El abuso emocional -77VI. ¿Cómo ejerce control el abusador? -82-

Capítulo 6 Las crisis, el éxito y el fracaso I. Las crisis, el éxito y el fracaso. - 87 II. Hablemos sobre el éxito (...y el fracaso) -88II. Condiciones básicas para fracasar en la vida -89IV. Claves para reconocer que no hacemos aquello que deseamos. -93V. Roles -94Capítulo 7 La mujer desde la perspectiva espiritual I. La mujer en el antiguo testamento -101II. La mujer en el nuevo testamento -103III. La mirada de Jesús sobre las mujeres -105Bibliografía

Dedicado a las pastoras del Ministerio Presencia de Dios.

INTRODUCCIÓN
Este libro fue originalmente un sueño de Dios. Experiencias propias y de otras mujeres a mi alrededor, me llevaron a entender que Dios puso un espíritu fuerte en toda mujer. Muchas veces ese espíritu fue opacado en gran medida por la cultura, otras veces, se escondió detrás de otras personas. Sin embargo si ese espíritu sale a la luz, logra grandes cosas. Estamos viviendo tiempos difíciles, como nunca antes. El espíritu de mentira, de violencia, de error, está penetrando y capturando la sociedad entera y produciendo dolor en el corazón humano. Por ello, hoy más que nunca se necesita tener un espíritu fuerte para ser mujer. Y estoy convencida que todo dolor vivido por una mujer, en cualquier etapa de su vida, (en cualquier situación económica, en cualquier situación familiar, en cualquier situación laboral, etc.) provocará un impacto fuerte en su espíritu, y que en lugar de permitir que ese impacto provoque una herida que la lleve al odio o a la frustración, ocasionará una explosión en su interior. Explosión de nuevos conocimientos sobre sí misma y sobre los otros; explosión de nuevas actitudes frente a la vida; explosión de experiencias de crecimiento, de búsqueda de nue-

vos logros, de incorporación de nuevos sueños. Una explosión de fuerza y de vida que la impulse hacia adelante, tan rápidamente que ni siquiera haya tiempo para mirar hacia el dolor pasado. Esto hace de una mujer una “Mujer Fuerte” Hoy te digo como dijo el profeta Isaías (en la Biblia) hablándole a una mujer muy especial: “Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa. Sacúdete el polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva de Sión”. Sácate por propia voluntad todo lo que se te haya pegado del pasado, todo hecho triste o doloroso, esos malos tratos o malos entendidos. Sacude ese polvo que te quedó pegado al cuerpo: costumbres, actos, palabras y deseos que no te hacen bién, que no te traen salud; y luego muévete aún más para soltar las ataduras de tu cuello, aquello que no te permite ir más allá de los límites que tu u otros te han puesto. Una atadura en tu cuello hace que siempre gires en círculos; que no excedas la línea trazada, ni para atrás ni para adelante, ni para los costados; y hace que, aunque te muevas un poco, siempre termines sentada en el centro de tu conflicto. Pareciera que buscas salidas, pero la correa te vuelve al mismo lugar del inicio; pareciera que quieres buscar a alguien, pero extiendes tu brazo y como no llegas, vuelves al mismo lugar del principio. “¡Suelta las ataduras de tu cuello!” decídelo por ti misma. A veces soltar esa atadura implica mucho sufrimiento, impli-

ca dejar algo que parece ser lindo o bueno, pero que lo único que logra es esclavizarte más. Esto es doloroso, porque cuando uno se acostumbra a la esclavitud, hasta se siente la sensación de que tiene cosas buenas. A veces tu esclavitud puede hacerte sentir algo segura, puede hacerte sentir saciada en algunos aspectos, puede hasta parecerte cómoda. Pero en definitiva es esclavitud, y nosotros hemos sido llamados a libertad, porque Dios sabe que ése es el mejor estado en el que los seres humanos podemos vivir. Lo que te ata es lo que te impide salir adelante. Eso que te ata, te adormece y te paraliza. Para ser una mujer fuerte debes ser libre de toda atadura. Alejandra Stamateas mufuva@presenciadedios.com Tel. (5411)4923-0700 José Bonifacio 332, Buenos Aires, Argentina

CAPÍTULO 1

LOS MOVIMIENTOS DE LA MUJER EN LA HISTORIA

MUJERES FUERTES

I. LOS MOVIMIENTOS DE LA MUJER EN LA HISTORIA
El paleolítico fue un período feliz, ya que se presume que había abundancia de recursos en las aldeas. En el ámbito de la religión tenía predominio las divinidades femeninas. El período neolítico se caracterizó por la organización social del matriarcado, que entendía el linaje por derecho materno y una poderosa presencia femenina en la sociedad. Pasaron los siglos y se desarrolló la cultura griega, y allí, la mujer es confinada a la vida privada, la obediencia y la privación del conocimiento. En Roma, la mujer no poseía derechos. El padre, el suegro o el marido eran jefes todopoderosos dueños de un objeto llamado: mujer. Las mujeres eran naturalmente inferiores, no podían ejercer funciones administrativas, jurídicas o po-

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líticas, lo que nos lleva a pensar que no eran más que un esclavo. En las familias se conservaba a los hijos varones por una necesidad militar, y por lo general, a una sola hija (al resto se las sacrificaba matándolas). Las mujeres no estudiaban; hilaban la rueca y esperaban casarse, con un varón que su padre seleccionaba. Es interesante ver que en esta sociedad romana se tenía un gran respeto por la esposa y la madre, así como por la prostituta a quien se le reconocía una función social. Las mujeres estaban condicionadas a sus roles y controladas por la paternidad dominante. Sólo hacia fines del sigloIV, se le retiró el derecho al padre de decidir sobre la vida o la muerte de sus hijos. Con la difusión del evangelio desapareció la primer discriminación entre los sexos. Se afirmó que el derecho a la vida correspondía tanto a las niñas como a los varones. Jesucristo fue el primer liberador de las mujeres, con él la mujer pasó a ser considerada como persona. De esto hablaremos en la última parte de este escrito. Este vuelco significativo conduce a la aparición de las primeras damas andantes, pioneras y precursoras. En este tiempo las monjas comienzan a adquirir conocimiento y los transmiten. Pero la liberación de la mujer fue efímera; paulatinamente se la fue confinando a un saber doméstico y limitado. A fines del siglo XIV y comienzos del XV, la instrucción se convertiría cada vez más en patrimonio de los hombres.
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Luego de la época feudal, donde lo individual y lo privado era mal visto, ya que el estilo de vida social apuntaba a formar y a moverse en masa, apareció una etapa de soledad, de nacimiento, de individualidad, y el gregarismo era considerado entonces un exceso. Es aquí donde el propio cuerpo pasó a la intimidad y la persona recibió el permiso social para explorarlo. La mujer, dotada de un cuerpo “más permeable a la corrupción”, requería una vigilancia especial y era al hombre al que le correspondía por derecho ejercerla. La mujer no podía vivir sin un hombre, debía estar bajo su dominio. Luego apareció el amor cortés, que es un amor privado; aquí se le reconoció a la mujer su capacidad “natural” de hacer el bién y transmitirlo. Se le atribuyó la tendencia a actuar en sentido positivo. La mujer adquirió poder en el amor e influyó sobre el amado al despertar sus más nobles sentimientos y el deseo de realizar “buenas acciones”. El amado le confirió reconocimiento. En los tiempos medievales las mujeres que quedaban solas por haberse escapado de los círculos familiares o por haberse revelado al orden familiar patriarcal, eran aisladas como enfermas mentales, y apartadas de la vida cotidiana. Las brujas fueron mujeres solas, casi libres, viviendo en una zona de riesgo pero vivas al fin. Personificaban la rebeldía y el acceso violento al deseo de saber. Durante mil años fueron los únicos médicos del pueblo. No se encontraban entre las clases altas.
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Luego de esto aparecieron las amazonas. Eran guerreras. Se decía que eran mujeres crueles, vencidas por el poder del hombre, tanto en el combate como en el amor. Algunos dicen que este mito ha sido interpretado como la representación monstruosa, hecha por los griegos, de un mundo bárbaro y salvaje, opuesto al mundo de la cultura. Es interesante ver que el mundo salvaje estaba formado sólo por mujeres. Según la leyenda estas mujeres se cortaban el pecho derecho para poder disparar el arco. Amazonas significa “sin pecho” y representa a la vez una victoria y un fracaso: Victoria porque demostraban su autosuficiencia (aun cuando el precio era caro: la amputación de una parte fundamental de sí mismas, su feminidad). Fracaso, porque el poder varonil triunfaba sobre estas mujeres, ya que duraban sólo el tiempo de la creación de un mito, interesando a los demás como una curiosidad y para mostrar el fracaso social de una comunidad formada sólo por mujeres. En el siglo XIX aparecieron las mujeres burguesas, quienes estaban cansadas de las convenciones sociales y de los imperativos que la sociedad les imponía: ser dóciles, seductoras, conseguir un marido, criar hijos, envejecer, morir. El deseo sexual de estas mujeres era reprimido. La burguesía determinaba que eran las mujeres las que debían criar a sus hijos y no las nodrizas. El instinto maternal
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se comenzaba a considerar natural y la dedicación a los niños pasaba a ser la máxima ocupación femenina. Luego comenzaron a aparecer los movimientos feministas con el consiguiente rechazo de hombres y mujeres. Al final del siglo nació el psicoanálisis y los textos freudianos mostraban las influencias culturales. Las mujeres obsesionadas por los deberes conyugales obedecían las prohibiciones culturales. Se creía que la mujer llevaba un impedimento carnal que afirmaba su debilidad natural: “la menstruación”. Debido a este impedimento físico a la mujer no le correspondía estudiar, ya que sólo conseguirían debilitarse y perjudicar a sus familias y a ellas mismas. La burguesía educaba la sexualidad en represión, el desborde de los sentidos era anulado y se les enseñaba a las mujeres a reprimir sus manifestaciones sexuales. Comenzó, al mismo tiempo, a asomar la sensualidad femenina en forma arrolladora y se la consideró enemiga de la sociedad. A la moral materna de las mujeres supuestamente sanas, se le contraponía la inmoralidad de las “locas” que no estaban involucradas en la tarea de producir y reproducir. Por lo tanto, el único rol de las mujeres era: madre. Elegían parejas con estructuras establecidas para mantener la sumisión y la servidumbre de ésta. Se inducía culturalmente a la mujer a aniñarse e infantilizarse con el propósito de reducir su potencial autó-21-

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nomo y a conservarla en el marco de una útil servidumbre en sus supuestamente naturales tareas de ama de casa. En el siglo XX los roles cambiaron, luego de las dos guerras, la mujer fue casi arrancada del ámbito privado, para desempeñarse en el público. Los hombres estaban en el campo de batalla y las mujeres debían proveer para la familia. El estilo de vida se modificó, creció el individualismo, la cultura se tornó “light”. Las mujeres tuvieron derecho al voto, estudiaban, conquistaban. El divorcio conoció una época de auge. La mujer sola cobró autonomía y poder de decisión. Surgió la familia ampliada o lo que se conoce como familias ensambladas, resultante de la unión de dos personas con matrimonios previos (con o sin hijos). Un “todo vale” se instaló como parte de la cultura. En esta etapa las mujeres trabajan en el desarrollo de sí mismas, atadas algunas al pasado, dudosas por momentos de lo que estaban haciendo. Se enfrentaron a un mundo que comenzó a carecer de valores y esperanza. Muchas mujeres hoy no han salido a ocupar sus lugares, pero se están preparando; por lo tanto lo que ocurre es un fenómeno que apuesta al futuro. Estoy segura que el siglo XXI las está esperando y ellas acudirán a la cita.

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CAPÍTULO 2

LAS MUJERES: MITOS Y CUENTOS DE HADAS

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I. ¿QUÉ QUEREMOS LAS MUJERES?
Esta pregunta suscita una serie de sentimientos inesperados y poderosos: mucho deseo, mucho anhelo, mucho dolor a flor de piel. El dolor del destino, de la existencia; un dolor al que es demasiado fácil acceder. Esto nos recuerda la imposibilidad de satisfacer nuestros más profundos deseos, por ejemplo: la imposibilidad de no envejecer, del retorno de los que se fueron, de protección, de significación, de reconocimiento, de un amor eterno. Cuando estos deseos llegan a dominar nuestra vida, recurrimos a la ayuda externa, familia, amigos, terapeutas, etc. En realidad consultamos por los problemas cotidianos: soledad, auto-desprecio, baja estima, impotencia, dolores de cabeza, obesidad, hipertensión arterial, depresión, cambios de ánimo; pero detrás de estos síntomas se extienden raíces profundas que debemos sanar.

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Existen cuatro dolores grandes con los que los seres humanos debemos enfrentarnos: 1. Nuestra muerte y la de nuestros seres queridos. 2. Nuestra libertad para manejar y armar nuestra propia vida. 3. Nuestra esencial soledad. 4. Ausencia de significado o sentido en la vida. Las mujeres tendemos a luchar o a quedarnos empantanadas en el segundo dolor que tiene que ver con la sensación de incapacidad que a veces tenemos para manejar nuestra vida y armarla de acuerdo a los sueños que en algún momento tuvimos. En esta área es donde más debemos trabajar. Es como si al nacer, a cada mujer se le entregara una llave. Con esta llave ella puede controlar su vida. Pero ella la entrega primero a sus padres, otorgándoles naturalmente el control de su vida hasta la adolescencia, donde parecería que aparece una cierta tendencia a la rebeldía, a querer gobernar su propia vida y lo hace así por un tiempo. Se casa o se involucra con una pareja, y allí vuelve a entregar esa llave al hombre que supuestamente sabrá tomar mejores decisiones que ella. Así, la mujer comienza a armar su vida en función de los otros, permitiendo de esta manera que le conduzcan en el camino, de acuerdo a voluntades externas. Retomar el control de su propia vida, volver a recuperar esa llave, es un proceso muy difícil, especialmente si no se la ha tenido por mucho tiempo, pero a la vez es una aventura digna de vivirse.
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Al intentar recuperar el control de nuestras vidas, las mujeres nos encontramos con obstáculos a nivel personal, familiar, cultural y muchas veces religioso, a los que nos debemos enfrentar. ¿Por qué nos es tan difícil tomar las riendas de nuestras vidas sin pedir permiso?

II. LO S M ITOS Y LOS C UENTOS DE HADAS
Las mujeres luchamos con mitos, y estos mitos han hecho que, como decíamos anteriormente, entreguemos la llave de nuestra vida a otras personas que no siempre usaron esa llave correctamente. Sea que se la hayamos dejado al cuidado de un tercero, o la hayamos guardado nosotras mismas, hemos encerrando nuestra vida para que nadie más nos lastime, y en ese encierro, dejamos enterrados todos nuestros sueños, ilusiones, expectativas, dones y capacidades. Culturalmente, siempre, se ha presentado a la mujer como “tonta”. Vamos a analizar con ojos de adultos lo que escuchábamos vez tras vez, cuando éramos niñas: Caperucita Roja y su abuela eran dos tontas unidas a una tercera tonta, una madre, que envió a la niña al bosque con sólo una advertencia “que se cuidara del lobo”. La niña va como tonta, caminando por el bosque con una sola adver-

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tencia y revoleando una canastita, y una abuela que no se puede valer por sí misma necesita que la nietita le lleve la comida. En esencia se necesitan tres mujeres tontas para crear un héroe: el cazador. En otros casos aparece la princesa, que fue sirvienta en primera instancia para que un príncipe la pueda rescatar de su miseria, como en “La Cenicienta”, que más adelante analizaremos. De este modo se crea una red de acuerdos entre hijos/as y sus madres con la cultura, acuerdos preestablecidos de cómo debe vivir, relacionarse y actuar una mujer y un hombre dentro de la sociedad. Hombres y mujeres tienden a adaptarse o a cumplir el rol que se les asigna. Todas las teorías predominantes en todas las épocas acerca de la mujer, han sido formuladas por varones, considerando a la mujer como inferior, con poca fuerza física y con cierta carencia de niveles abstractos en el pensamiento. Muchas mujeres han creído total o parcialmente estos conceptos con la consecuencia del grave deterioro de su posición social y desarrollo personal. Se ha relegado a la mujer al ámbito de la casa, la procreación y los hijos; ausente de la vida pública y política, discriminada para estudiar y avanzar profesionalmente. Hubo teorías en el siglo pasado, basadas en que a la mujer no le interesaba ni agradaba el sexo, y que la función del mismo era sólo la procreación; y el hecho de estar capacita-

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da para tener hijos hace suponer, por extensión, el deseo de tenerlos. De allí que se habla del instinto maternal. Se deduce entonces que si una mujer carece de deseos de tener hijos por una opción personal, o no se estremece hasta las lágrimas cuando está en contacto con un bebé (moquitos, caquita, etc.), padece una grave afección mental. Todos estos mitos se van enseñando desde la temprana edad. Se enseña por ejemplo que la mujer siempre necesita del varón, a tal punto que sin él, ella no es nada, o más bién, es una cosa. Por ejemplo, hasta hace algunos años en Argentina, se utilizaba el delantal escolar abotonado adelante para el niño y abotonado atrás y con lazo para la niña, por lo cual, la niña siempre necesitaba de los demás. La fuente principal de seguridad para la mujer es ejercer el papel de esposa y madre, de este modo, la identidad de la mujer se obtiene en referencia al varón. Notemos que en muchos países, aún en la actualidad, el “de” indica dependencia. Ser “la esposa de” es hasta señal de respeto social. Por otro lado, las tensiones a las que se ven sometidas las mujeres que trabajan, por ejemplo, son muy intensas. Existe casi siempre un conflicto de papeles y funciones. La sociedad la impulsa a trabajar como elemento productivo, al mismo tiempo que ve con malos ojos el “abandono” de los hijos a causa de este trabajo. La madre que trabaja tiende a sentirse culpable y piensa que cualquier problema que presen-29-

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ten los hijos, se debe en forma directa a su ausencia. Estas exigencias pueden llevar a afecciones psicosomáticas o directamente a la depresión. Es aquí donde aparece el sentimiento de culpa, que experimentamos como madres, y de eso también debemos ser sanadas. A continuación veremos algunos cuentos infantiles que nos mostrarán cierto “modelo” de mujer y que, analizándolos detenidamente, nos ayudarán a salirnos de algunos mitos y moldes. Blanca Nieves y los Siete Enanitos Blanca Nieves es quizás, de los cuentos de hadas tradicionales, el más popular. Quisiéramos recordar que nuestro propósito no es hacer un estudio psicoanalítico de estos cuentos, pero sí centrarnos en algunos aspectos emocionales y otros que hacen a las cuestiones de género, específicamente, a la autoestima y a la mirada social que se hace de la mujer en ellos. El cuento comienza diciendo así: “Un día la reina estaba bordando y se pinchó un dedo con la aguja, y algunas gotas de sangre cayeron sobre la nieve. Entonces la reina pensó: «quisiera que Dios me diera una niña». Dios la escuchó y le mandó lo que ella deseaba: una niña a la que llamó Blanca Nieves. Después la reina murió y la niña tuvo por madrastra a una princesa bellísima, pero soberbia y envidiosa.
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Recorriendo estos párrafos del cuento surgen varias reflexiones. Por ejemplo, en lugar de mencionar la menarca que permite a la niña convertirse en mujer, capaz de gozar y procrear, se repite un simbolismo que disimula aquello de lo que “no se debe hablar”: la menstruación y el acto sexual. Generalmente se muestra cómo el nacimiento proviene de una estrella, de una gaviota, etc., y casi no se menciona que los hijos surgen del amor y la sexualidad de los padres, de una unión que sí o sí, debe darse. Otro aspecto frecuente que se repite es el hecho de que cuando nace la hija, la madre muere y casi inmediatamente hace su aparición “la madrastra”. Esta tiene características malignas, a diferencia de la madre real que quedaría idealizada a su muerte. De esta manera queda explicitada una disociación: madrebuena, madrastra-mala, que respondería a una falsa realidad. ya que los aspectos buenos y malos pueden perfectamente integrarse en una misma persona. Actualmente cuando vemos una mujer que triunfa en algún campo (político, deportivo, empresarial, etc.) se desvirtúan sus logros con frases como: “Sí, no sabés cómo lo logró”, “Sí, pero...”, “Muy inteligente, pero no desarrolló sus aspectos emocionales”, etc. Esto dejaría ver que “lo feo es bueno”, “lo malo es lindo”. En los adjetivos calificativos “soberbia y envidiosa” aparece en germen la competitividad entre mujeres, remarcada en
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los párrafos que siguen. Asimismo el «espejo» adquiere una importante magnitud en el relato. Dice así: “La reina quería ser siempre la más bella. Le interrogaba al espejo: ¿Hay en el mundo reina más bella que yo? Hasta que Blanca Nieves creció y el espejo le respondió: -Me duele, reina, pero ha nacido una estrella, Blanca Nieves, y es más bella que tú-. Furiosa, la reina la manda matar. “Ha nacido una estrella”, ha nacido una adolescente, con quien la competitividad quedaría claramente expresada entre dos mujeres (madre e hija). La reina, al consultar en todo momento al espejo sobre sus cualidades (es decir sobre su belleza), repite el antiguo mito de Narciso, que se enamoró de sí mismo, hasta el extremo de quedar totalmente absorbido por su propio amor. Es la imagen del progenitor narcisista que se siente amenazado por el crecimiento de su hijo, ya que esto significaría que está envejeciendo. Mientras el niño es totalmente dependiente permanece como si fuera “parte” de su progenitor no hiere su orgullo. Pero cuando el pequeño empieza a crecer y alcanza la independencia, la figura paterna lo experimenta como una amenaza, al igual que ocurre con “la reina” en la historia de Blanca Nieves. Del mismo modo, Blanca Nieves pone en evidencia su narcisismo cuando por tres veces consecutivas cae en las trampas que la reina, disfrazada de “vieja”, le tiende para hacerla sentir más hermosa, cuando en realidad desea matarla.
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Este nacimiento, la adolescencia, reeditaría aquella mirada ya dirigida de la madre hacia la hija desde los primeros momentos de la vida; con la diferencia de que en esta situación representada en el cuento, cuando la reina madre mira el espejo, ve en él su propia imagen, con todos los atributos de la mujer madura. Pero es también el espejo mágico quien le devuelve la imagen de una adolescente que está despertando a todas las posibilidades, no sólo de belleza física, sino también al tiempo que por su edad le queda por delante. Esta situación reiterada en la vida cotidiana quedaría expresada en un «feed-back» en el cual la madre mira en la hija lo que en su fantasía ella misma cree estar perdiendo. En tanto la hija miraría en la madre lo que aún no ha logrado, pero desea lograr: la belleza serena, la madurez, la experiencia y por sobre todo la seguridad que supone que la madre tiene. Pareciera que la competitividad estaría permitida y aun fomentada en el vínculo con la figura de la madrastra-madremala, mientras que la madre-verdadera-buena, perfecta aun después de muerta, estaría fuera de la posibilidad de la competitividad, pues no es esperable, socialmente, que se compita con ella. Aquí nuevamente se ve a la hermosa y malvada, con una espléndida cabellera rizada y un vertiginoso escote, mientras que la heroína sólo cuenta con su valiente mirada. Es interesante que al héroe siempre se lo pone a prueba, para

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valorar qué capacidad tiene de reconocer la verdadera belleza en la heroína. Blanca Nieves, ya adolescente, frente a una madre-madrastra transformada en bruja (vieja-arrugada-declinada), intenta resaltar sus atributos juveniles. Seducida frente a la posibilidad de “remarcar su talle” acepta colocarse el corsé que terminará asfixiándola. En su intento de realzar su negra cabellera, se colocará la peineta con la que luego resultará envenenada. Morderá ávidamente la roja manzana, vinculada con el deseo adolescente de «morder» el placer adulto. Es decir, la bruja, simbólica representante de la madre en la crisis de la mitad de la vida, compite con su hija adolescente. Blanca Nieves, hija adolescente, también compite con una madre a la que siente más poderosa que ella. Al introducirse el personaje masculino que le perdona la vida a Blanca Nieves y no la mata como la reina había ordenado, aparece el hombre, “salvador de las mujeres” y al cual luego se le rendirá tributo. Los siete enanos, personajes asexuados, ni niños ni hombres, pero masculinos, no hacen más que exaltar la belleza y el ropaje de princesa de Blanca Nieves lo cual nos llevaría a pensar que la mujer sólo es valorada por lo externo. Cuando la princesa despierta, en agradecimiento a lo que los enanos hicieron por ella, se ofrece a ser su “camarera” y
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ocuparse del orden de la casa. Los enanos le dicen “... serás nuestra reina y nos prepararás la comida”. No es inusual que la mujer sea “reina del hogar”, de lo doméstico, y que el ámbito del trabajo público, el afuera, sea privativo de los hombres. Más adelante vuelve a aparecer en el cuento otro “salvador”: el príncipe que la revive y le hace expulsar de su garganta el trozo de manzana envenenado, que fuera entregado por la reina-bruja con el afán de matarla y que, por no haber sido tragado, sólo le daba la apariencia de muerta. Generalmente en estos cuentos las mujeres no eligen esposo, ni siquiera se les pregunta si se quieren casar; casi se imponen los personajes masculinos a los femeninos. El padre de Blanca Nieves aparece hacia el final del cuento para acordar con el príncipe el casamiento de su hija. Pareciera que las decisiones fueran sólo cosa de hombres, pasando las mujeres a ocupar un lugar de pasividad, siempre a la espera de que alguien venga a desposarlas. Una vez más quedaría establecida “una regla” en los cuentos tradicionales: la bondad, la belleza y la sumisión tienen premio. Mientras que la envidia, la maldad, son castigadas, sin que se advierta la presencia de una instancia social justiciera. Este imaginario sostiene un posicionamiento de subordinación de la mujer, que se transmite a través de los tiempos, y que las mujeres pensamos que “es algo natural”. He aquí el peligro de las transmisiones ideológicas.
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La Cenicienta “Había una vez una niña tan, pero tan hermosa, que era imposible encontrar otra igual...” Desde el comienzo se pone especial énfasis en las cualidades físicas de la protagonista, que la hacen única y envidiable. Se introduce sin más la idea de competitividad. Aquella que tiene lo que se considera valioso, en este caso la belleza, deja afuera a las demás entre las cuales despierta celos. Como en la mayoría de los cuentos, esta niña queda huérfana de madre. La figura materna, que también obedece al estereotipo de mujer-madre transmitido a través de estos cuentos (dulce, hacendosa, maternal), cumple con su función reproductora y muere, evitando así mostrar todas las vicisitudes por las que atraviesa la relación madre-hija adolescente. El vínculo quedaría cargado sólo de atributos positivos idealizados, y dejaría a su hija después de la muerte indefensa ante la vida. El padre es un viudo que no puede permanecer sin pareja, pareciera que cuando elige otra mujer lo hace en forma inadecuada. Es un padre ausente de la casa todo el día, está imposibilitado de escuchar las quejas de su hija por el lugar que le han asignado en la vida familiar: ser sirvienta y estar en la cocina y el maltrato a que es sometida. En un momento se le
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pide a Cenicienta, lo que a todas las mujeres se nos pide: “resignación y obediencia”. Ella debe sufrir por el error cometido por el padre (la mala elección de pareja) y pagar por sus culpas. La madrastra y las hermanastras tampoco quedan fuera del estereotipo social, que marca que aquellas mujeres que no hacen las tareas domésticas y salen al mundo externo son malas y destructivas. Continúa el texto: “Ellas salían a menudo y la pequeña quedaba siempre en casa remendando y trabajando junto al fuego (¿acaso alguna vez nos asignaron otras tareas?), llena de cenizas y por lo cual le ponen un nuevo nombre: “Cenicienta”. Como vemos, en ningún momento se menciona el nombre de la niña, ella carece de identidad y pareciera que la obtiene a través de las tareas domésticas que desarrolla. No pide, no lucha, es callada y sumisa, bella y laboriosa, todas cualidades indispensables para ser una heroína (no se habla de su inteligencia, sólo de su perseverancia, paciencia y sacrificio por los otros), marcando siempre la sumisión y la pasividad como atributos loables en una mujer. El drama se desata cuando el Príncipe del palacio real cumple dieciocho años e invita al baile a todas las jovencitas del lugar. Las hermanastras se preparan para asistir a la fiesta, mientras que Cenicienta debe quedarse en el hogar por mandato de la madrastra.
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¿Habría un temor por parte de las hermanastras de que Cenicienta asistiera al baile? ¿sería competencia para ellas? Se enmascara la hostilidad por miedo a esa competencia y esto genera un tipo de competitividad opresora: “Tú te quedas aquí”, impidiendo el movimiento que permita salir al lugar de la competencia: “Tú no te mueves de aquí porque no quiero que vayas allí donde voy a estar Yo”. La competencia determinaría que podrían ir todas al mismo lugar, ya que para que haya competencia se necesita que esté el otro (la otra). La competitividad aparece como un paso previo para anular la presencia del otro. No se debe dejar que la otra sea, porque siendo va a competir conmigo y entonces estaré en peligro. Es notable cómo Cenicienta tiene que pasar por terribles castigos hasta conseguir el “premio” a tanto sufrimiento. Y no es casual que sea ella quien debe confeccionar los ropajes de quienes sí irán a la fiesta. Con lo cual se acentúa aún más el sometimiento y la humillación. La privación adquiere así niveles más dramáticos. La competitividad femenina marcada siempre por la belleza, la ropa, las joyas y el conseguir un “buen marido” es aplastante. Se observa todo un mecanismo de seducción femenina al cual están obligadas las heroínas: erotismo, seducción, mostrar pero no tanto, manteniendo la imagen de mujer virgen, casta, buscada para el matrimonio.
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La competitividad parece alcanzar su máximo nivel en el relato, cuando el príncipe comienza a buscar a Cenicienta, teniendo como única guía el zapato de cristal perdido por la protagonista en las escalinatas del palacio real. Quien calzara ese “pequeño” zapato sería la dueña, no sólo de éste, sino del corazón del Príncipe. En su afán por obtener la meta deseada (seducir al Príncipe calzando el pequeño zapato) las hermanastras, inducidas por su madre, no escatiman esfuerzos ni sacrificios para que sus “descomunales pies” encajen dentro del modelo de la época; estaban dispuestas incluso a cortar sus dedos para lograr el objetivo. Sin duda las hermanastras, de haber vivido en nuestros días, no hubieran dudado en recurrir a algún cirujano plástico que adecuara su anatomía a los requerimientos del caso. Por desarrollarse el cuento en épocas pasadas, sólo pueden recurrir al “agua descongestiva”, al talco y a las fricciones para reducir el volumen de sus pies. Pareciera que el acervo popular ya preveía que el cuerpo femenino sería objeto de sufrimientos y aun de torturas para estar de acuerdo con los cánones de la moda, que imperan en cada época. Este sería el terreno en el cual quedaría establecida con mayor fuerza la competitividad entre mujeres.
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Por otra parte, el hombre es quien elige, las mujeres aceptan. En el varón están depositadas la curiosidad, el rol activo y la toma de decisiones. Los príncipes son valientes, hermosos, buenos, nunca se equivocan, son poderosos. Las mujeres aceptan al caballero desconocido sin cuestionamientos. Pareciera que no tienen posibilidad de decidir por su propio destino. El Príncipe y Cenicienta no se conocen pero en unas pocas horas se amarán para toda la vida. Finaliza el cuento con un rápido casamiento, no hay tiempo para el placer ni el noviazgo, pueden resultar peligrosos. Con el perdón de la heroína a las malignas hermanastras y madrastra, quienes por su “desobediencia” son castigadas con la muerte o la soltería, el peor castigo para una mujer desde el imaginario social. Cenicienta, quien siempre fue una muchacha muy obediente, vivió muy feliz y le dió al heredero “una nidada de hijos”, cumpliendo con su rol hasta las últimas consecuencias. En realidad el cuento de Cenicienta no tiene segundas partes, y no sabemos realmente si Cenicienta fue feliz con aquel príncipe y si todo fue tan así como dice el cuento: “fueron felices y comieron perdices...” Al final del cuento vuelve a enfatizarse que la bondad, la humildad y el trabajo son siempre premiados, mientras que la maldad, la envidia y el ocio son siempre castigados.
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La posibilidad de ser buenas personas no excluye la capacidad de salir del mundo de las “cenizas” al mundo del afuera, donde también podemos pensar, elegir y competir con otras mujeres, sin el afán de aniquilamiento que la competitividad genera. Veamos a continuación cuál es nuestro mito favorito: El Mito de la Delgadéz Cuántas mujeres luchamos con este mito. El mirarnos al espejo nos remite a la mirada materna. Nos aceptamos o nos rechazamos de acuerdo a esa mirada materna. Obtener un cuerpo delgado va más allá de lograr un objetivo físico, permite también obtener resultados en el ámbito de lo afectivo, laboral, social. Este modelo corresponde a un paradigma socio-cultural destinado a mantener al género femenino ocupado y preocupado por lo físico, lo que conllevaría a constituirse en: a. Objeto sexual para el varón. b. Estímulo competitivo para con otras mujeres. Aquellas que utilizan su tiempo en aparatos y gimnasia y evitan prepararse para competir con el género masculino en otras áreas de la vida. Es interesante que el modelo es el de cuerpos delgados a grados extremos, pero por otra parte se idealizan los glúteos y los pechos voluminosos, imposibles de lograr después de se-41-

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mejantes dietas, por lo que hay que recurrir a los métodos artificiales que rellenarán el cuerpo, que de lo contrario resultará asexuado. Por ejemplo: la cintura estrecha que preocupó a las mujeres de otras generaciones, quedó resuelta a través de la utilización del corsé. Ahora, es curioso que el hombre admiraba el cuerpo encorsetado, pero se satisfacía con las mujeres de clases populares que, debido a la libertad de sus cuerpos (ya que la economía no les permitía usar estos corsé), no sufrían patologías sexuales. Alguien dijo: “Al hacernos deseables, eliminamos también el deseo sexual”. En algún momento de la historia se produjo la negación absoluta de la condición de mujer. La dieta y la delgadez, comenzaron a ser motivos de preocupación femenina, cuando las mujeres occidentales obtuvieron el voto en 1920. En los años 50, la mujer volvió a sus curvas naturales porque su mente estaba ocupada en el encierro doméstico. Pero cuando las mujeres avanzaron en masa hacia el mundo de los hombres, en lugar de ser el hogar el encierro de la mujer, pasó a serlo su mismo cuerpo, que se trasformó en una prisión. Hace una generación, la “modelo” media pesaba un 8% menos que la “mujer” media, mientras que en la actualidad pesa el 23% menos. El cuerpo de la mujer, por lo tanto, pareciera que ya no le pertenece a ella, sino a la sociedad.
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A la mujer ama de casa, que era la que poseía mayor cantidad de electrodomésticos, era la que podía preparar las mejores comidas, lavar mejor la ropa, se le agregó un nuevo ítem: vender belleza y juventud. Ya no alcanza con lavar más blanco que “la otra”, hay que ser más hermosa y flaca que “la otra” pero sin dejar de lavar más blanco. Alguien, en algún momento, debe haber pensado que las mujeres compran más cosas si se las mantiene en la condición de odio hacia sí mismas, de fracaso constante, de hambre y de inseguridad propia. Es de esta manera que comienzan a tener auge las revistas femeninas. En los años 50, por ejemplo, se buscaba a través de las revistas, que la mujer desarrollara perfectamente tres aspectos fundamentales: ser buena esposa, buena madre y una administradora doméstica y eficiente. A su vez el objetivo era manipular al ama de casa hasta transformarla en una insegura consumidora de productos domésticos, destacando por ejemplo el valor terapéutico de la cocina. Se insistía en dar al ama de casa una sensación de logro personal, para compensarla por una tarea sin fin. De alguna manera se deseaba demostrar que el trabajo en el hogar era una cuestión de conocimiento y habilidad (“productos especiales para tareas especiales”, “jabones inteligentes para amas de casa inteligentes”, etc.) y no un mero esfuerzo físico incesante y aburrido. El odio hacia el propio cuerpo y la sensación de fracaso apareció rápidamente cuando se presentó en estas revistas o un
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diario un test en el cual una debía tildar lo que le decía el espejo, si era gorda o loba, vaca o diosa, adefesio o bombón, ballena o bebota. La persona de peso normal que se somete a las dietas más cruentas para verse y sentirse como exige la cultura, es también vulnerable a trastornos afectivos, de conducta cognitivos, al tratar de permanecer por debajo del peso normal o biológicamente regulado. Cabe destacar, según varios estudios realizados, que las mujeres exageran el grado de delgadez que gusta a los hombres; están mal informadas. Lo que la cultura muestra, o está obligada a decir sobre lo que los hombres quieren de las mujeres es, en realidad, lo que los anunciantes publicitarios quieren de ellas. También la cultura sugiere que el envejecimiento de los hombres indicaría la dignidad de años vividos, en tanto que en las mujeres parecería un sentimiento de humillación y vergüenza. La moda ata, viste y reviste a la mujer encarcelándola en el marco de la competitividad. ¿Qué te vas a poner? Implicaría de qué manera taparás tu inseguridad, de qué manera te vas a presentar, cómo vas a ocultar lo que no deseás que se vea o que se conozca, qué se va a lucir para gustar a los otros. Con la moda ocultamos y mostramos. Este tipo de exigencia puede llevar a la mujer a padecer ciertas afecciones psicosomáticas o entrar directamente en un estado de depresión.

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CAPÍTULO 3

DIFERENCIAS ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER

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I. ¿P O R QUÉ N OS C UESTA T ANTO
LLEVARNOS

B IEN

C O N LOS

HOMBRES?

Uno de los roles que desempeña la mujer es el de ser esposa y debe hacerlo en forma sana. Vamos a ver las diferencias entre hombres y mujeres para comprender mejor la razón por la que una relación matrimonial se torna tan difícil de llevar. Además de las diferencias físicas, los hombres y las mujeres son diferentes emocional y mentalmente. Tanto hombres como mujeres tienen expectativas y necesidades sustancialmente diferentes. En una encuesta sobre 1.000 personas, se descubrió que el cambio que las mujeres más esperaban, era que los hombres “hablaran” acerca de sus sentimientos.

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Los hombres, en cambio, esperaban que las mujeres los comprendieran sin que ellos tuvieran que expresar lo que les sucedía. Frente a esto, encontramos que: 1. Algunos hombres están ciegos 2. Algunos hombres se muestran peleadores 1. El hombre ciego Casi nunca tiene idea de estar haciendo algo mal. No tiene conciencia de amar demasiado poco: siente algo de amor por su esposa y lo expresa en formas que considera apropiadas, pero no ve en absoluto la necesidad de la mujer que dice amar. Necesita constantemente que la mujer le informe acerca de sus necesidades. 2. El hombre peleador Puede tener conciencia de las diferencias entre él y su mujer, pero no le da importancia. Esperan que su esposa o pareja se adapte a ellos. Son quienes necesitan tener el control, y pueden ser egocéntricos y coléricos. El cerebro de los hombres es diferente al de las mujeres. En el segundo mes de embarazo, el cerebro de los hombres se llena de testosterona, que altera totalmente su composición, lo que hace que el hombre tenga un aspecto diferente y actúe y piense de una manera distinta. El cerebro humano está dividido en secciones, el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo, cada uno es responsable de distintas funciones.
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En el cerebro femenino hay más fibras conectivas, las cuales son más largas que en el cerebro masculino. Esto significa que las mujeres tienen mayor tendencia a usar ambos lados del cerebro simultáneamente. Son más dadas a hablar y relacionarse, pero también tienden a usar más las emociones cuando elaboran información y cuando se comunican. Las mujeres usan simultáneamente ambos hemisferios. En muchos hombres el hemisferio izquierdo es el dominante y por lo tanto utilizan más el pensamiento lógico-racional. Los hombres tienden a tener más coordinación entre la visión y las manos y se sienten atraídos hacia objetos, en cambio las mujeres son atraídas por los rostros y las personas. Esta habilidad de compartimentar su pensamiento tiene consecuencias dramáticas para las relaciones entre hombres y mujeres. Los hombres son más capaces de separar emociones de intelecto. Analicemos sólo dos características que nos grafican las diferencias: 1ª Los hombres tienen la habilidad de compartimentar sus pensamientos, las mujeres tienen un pensamiento integral:

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Los hombres pueden parecer fríos, insensibles, faltos de emoción, porque tienen la capacidad de desconectar sus emociones. Tienden a cambiar su ánimo (hemisferio derecho) centrándose intelectualmente en lo que sabe que es cierto (hemisferio izquierdo). A las mujeres les es más difícil, ya que usan ambos lados del cerebro simultáneamente y no pueden ubicar sus emociones y enfocarse sólo en lo racional. Para superar sentimientos negativos, las mujeres necesitan estímulo emocional y argumentos racionales, un abrazo por ejemplo, etc. El hombre cierra una puerta y abre otra. Esta compartimentación puede impedir que el hombre se ocupe de sus verdaderos sentimientos, lo que a veces puede cauterizar su conciencia, ocultando así sentimientos de culpa. Los hombres pueden controlar más sus emociones porque se dan cuenta que a veces éstas pueden estorbar o impedir logros a alcanzar. 2ª Los hombres son menos propensos que las mujeres a expresarse en palabras. Se dice que los hombres usan un promedio de 10.000 palabras al día, las mujeres en cambio, unas 25.000. El hombre deja de hablar mucho antes que la mujer,

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ya que a ésta, su cerebro le permite hablar con más libertad. Desde niñas ya se nota la diferencia. Cuando el hombre se siente oralmente superado, asume el poder de otra manera, como ser por medio de golpes o gritos, o por medio del abuso verbal, para poder controlar la situación. Y luego se retiran para no sentir la derrota. Los hombres se sienten incómodos si tienen que hablar de sus sentimientos o escuchar a otros hombres hacerlo. Esta característica hace que la comunicación en la pareja se vea obstaculizada, y por lo tanto, ésta se vea empobrecida y muchas veces carente de expectativas.

II. ¿CUÁLES SON R OLES D ENTRO

LOS

P OSIBLES P AREJA ?

DE LA

Cada relación es una danza en la que se desempeñan dos roles: La mayoría de nosotros actúa en los dos roles en la vida (con diferentes relaciones: padre e hijo, pareja, etc.). El buscador que siempre persigue. El buscado que siempre huye.

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El buscador es el bueno, el mundo aplaude y estimula siempre al buscador. Siente el dolor agridulce de estar enamorado y ser rechazado. En realidad siempre le faltó cuidado y atención, entonces aprendió a complacer. Teme no ser deseado y también le teme a las pérdidas. El buscado es el objeto de deseo, recibe mucha atención pero poca compasión y comprensión. El buscado se siente culpable de rechazar. No cree ser merecedor de amor. El buscado, cuando era chico, se sentía invadido, aplastado por el cuidado y el cariño, por eso aprendió a protegerse y tiene miedo de “rendirse” ante alguien. El temor de cada bailarín es accionado con movimientos que les impiden sentirse confiados y seguros al estar juntos. Este miedo los enfrenta con el poder, es decir, con quien consigue lo que quiere. Ambos bailarines mantienen su propio control. Cada paso de a dos tiene su equilibrio de poder. Cuando uno comienza a sentirse controlado por los movimientos del otro, aparecen los viejos miedos. Estos miedos pueden hacer que tengamos eternas peleas por el poder, o que nos distanciemos creando nuestro propio espacio, definiendo los territorios propios, levantando una muralla. Para que la relación sea beneficiosa los papeles deben alternarse.

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El buscador puede sentirse deseado cuando es finalmente perseguido. El buscado puede sentir el deseo cuando tiene lugar para moverse. Cambiar los papeles con frecuencia puede transformar una relación en vida fértil. Puede ser un paso arriesgado para ambos. Ambos se sentirán ineptos para el cambio de roles. Los buscados no sabrán cómo tomar la iniciativa, se sentirán raros y torpes, inseguros de sí mismos en ese rol. Los buscadores se sentirán incómodos en la posición de receptivos. Por lo general, nos sentimos más cómodos actuando nuestros viejos papeles, pero esto no es sano. Lo que más temen ambos, es la responsabilidad de una relación igualitaria; en donde el buscado no sólo recibe sino que también da, y en donde el buscador no sólo da sino que también recibe. Hace falta sólo uno para comenzar la alternancia. Recuerde: Cada vez que me arriesgo buscando, soy más libre para dar. Cada vez que me arriesgo siendo buscada, soy más libre para recibir. La libre alternancia de una a otra posición, permite una nueva seguridad. Esto ayuda a lograr una comunicación eficaz y enriquece la intimidad en la pareja.
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CAPÍTULO 4
LA AUTOESTIMA

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I. ¿QU É ES LA A UTOESTIMA?
La autoestima es la abstracción que el individuo desarrolla acerca de sus atributos, capacidades, objetos y actividades que posee o persigue. Es la idea que la persona posee sobre sí misma. Dicho concepto se forma a través de la experiencia. Entendiendo qué es la autoestima nos damos cuenta que la mayoría de las veces, las mujeres no podemos enfrentar las tormentas en las que nos encontramos porque carecemos de una “reserva interna” de valores y aprecio por nosotras mismas. Cuando las cosas no ocurren como nosotras deseamos, en lugar de ayudarnos, la mayoría de las veces nos culpamos y analizamos todo aquello que pensamos que está mal en nosotras y contamos para ello con una lista mental muy larga de nuestras fallas, como por ejemplo:
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Soy: tímida, temerosa, gorda, inútil, inoportuna, desorganizada, fea, indigna de merecer amor, demasiado emotiva, aburrida, tonta, etc. Algunas de nosotras hemos pasado toda nuestra vida sin tener una idea clara de lo que está realmente mal. Es un sentimiento de que algo no funciona o de que algo falta. Anhelamos sentirnos mejor con nosotras mismas. Pensamos que nos sentiremos mejor si agradamos a los demás. Vivimos, muchas veces, atendiendo en exceso a nuestra familia, poniendo sus gustos, deseos e intereses en primer lugar. Les servimos la comida a ellos y nosotras comemos lo que sobra y paradas, como si sentarse a la mesa fuera un lujo de reyes; compramos regalos para todo el mundo y quedamos siempre en el último lugar de la lista de compras, y si alcanza el dinero bién, y si no, no importa; todo esto, pensando que de esta manera nos amarán y aceptarán más. Darnos cuenta de lo que valemos, muchas veces se hace una meta difícil de alcanzar y creemos que si tan sólo pudiéramos corregir aquello que está mal en nosotras, o en nuestras vidas, entonces estaríamos conformes con nosotras mismas. Muchas mujeres falsamente creen que no se pueden querer a sí mismas porque no han tenido suficientes logros en la vida para merecer sentirse bien con lo que son. Piensan que para poder valorarse, deben primero hacer algo más, como perder peso, casarse, tener hijos, trabajar, estudiar. Sin embargo en muchos casos, aún alcanzadas estas metas, no se sienten bien.
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Hay mujeres a las que se las puede considerar triunfadoras, y que en algún momento se estancan ya que no importa cuán grande sea el logro, sienten que no es suficiente y por lo tanto se exigen a hacer más y más, y siempre viven con el miedo de fallar la siguiente vez. Cuando obtienen un nuevo logro lo ven como algo que sólo aumenta las expectativas de los demás respecto de ellas. Ansían sentirse contentas y satisfechas pero les es difícil alcanzar esta meta. La autoestima, como dijimos anteriormente, sólo puede surgir del interior, de la aceptación y aprobación interna; si no nos auto-aprobamos de nada servirá la aprobación externa, ya que ésta sólo dura un tiempo. Cuando esto termina, la mejor adicta a los logros sufre nuevamente una pérdida de estima y por consiguiente se deprime. Las mujeres somos particularmente vulnerables a sentirnos inferiores y constantemente tendemos a depender de la aprobación de los demás para sentirnos seguras. La cultura nos educa para atraer y agradar a los demás. Entonces, somos “buenas mujeres” si hacemos lo que se nos dice, si bajamos la voz, si hacemos caso a las pautas publicitarias y somos bellas y deseables, y si cumplimos con el mandato de atrapar y conservar a un hombre. Por otra parte, elegir otras opciones significa que estamos frustradas, tales como estudiar (pero no casarnos); se dice que estamos frustradas y deseamos solo tapar la soledad de no tener una pareja. La co-dependencia implica tener la percepción del valor propio a través de la aprobación de los otros y esto es exacta-59-

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mente lo que se nos enseña a hacer. Por lo tanto debemos enfrentarnos y luchar con nuestra educación y nuestra cultura para aprender a valorarnos como realmente somos. Las mujeres con baja estima consumen tiempo y energía pensando que no valen. ¿Cómo? Repasando todo lo que no hicieron durante el día. Pensando que lo que hicieron debió salir mejor. Repitiéndose que son incapaces de hacer algo bien. Autoincriminándose por todo y sintiéndose, por fin, desdichadas. Pero, ella no está consciente de que se está minando constantemente a sí misma, y que poco a poco está erosionando su autoestima. No podemos amarnos a nosotras mismas si no tenemos un “Yo” para amar. Si no nos podemos identificar, no nos podemos amar. Para ello debemos ser personas independientes de otros, de conceptos, hábitos, vicios o cualquier otra cosa en la cual podríamos perdernos. La mujer que tiene su centro de existencia en otros, se siente perdida, no se encuentra. Esta es una de las sensaciones más tremendas que una persona puede experimentar, no sabe dónde está, parece que está flotando perdida en un gran vacío en el que nada tiene sentido y donde no tiene a qué aferrarse. Si se mira para adentro, tiene la sensación de que sus huesos se secan y que se va consumiendo poco a poco, no sabe lo que cree, no entiende nada y no sabe quién es. Ha perdido orientación. Ahora bien, y esto es fundamental, no somos víctimas impotentes ante fuerzas internas peligrosas e incontrolables.
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Si no te valoras y no te encuentras a ti misma es porque te estás tratando mal, de manera crítica. También es cierto que todas tenemos áreas vulnerables en las cuales nos sentimos mal y por las cuales nos criticamos constantemente. Cuando hacemos esto estamos poniendo énfasis en esas áreas solo para provocarnos un mal mayor a nosotras mismas. Si no te agradas a ti misma es porque tu crítico interno constantemente te dice que eres incompetente, que debiste haberlo hecho mejor, actuado mejor o visto mejor; te dice que otras personas son más capaces y que tus logros no son suficientes, que el fracaso está a la vuelta de la esquina y que si das un paso en falso, caerás en el abismo del rechazo y el abandono. Poseeremos una autoestima sana y equilibrada si convertimos este censor interno en un guardián amoroso y estimulante. Este censor que puede tener hoy el timbre de voz de quienes te decían que no valías, o de quienes tuvieron grandes expectativas de vos, que nunca lograste cumplir. Debemos incorporar a nuestras vidas un sano censor interno. Debemos aprender a reconocer y a apreciar los puntos buenos y a apoyarnos en ellos y ser comprensivas con nosotras mismas. Debemos aprender a darnos estímulo y elogiarnos por todo aquello que hacemos, antes que criticarnos acerca de lo que no hacemos. Debemos aprender a darnos ánimo cuando nos fijamos metas y a no lastimarnos si fallamos en el camino. Para sentirnos seguras y capaces debemos valorarnos, y al valorarnos estamos capacitadas para crear las condiciones
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propicias para crecer. Esto no es un proceso rápido o fácil, lleva su tiempo, lo que aprendiste a pensar acerca de ti durante 10, 20, 25, 30, 50 años, no se puede cambiar radicalmente de un día para el otro, ya que debes desaprender lo aprendido e incorporar nuevas formas de pensar y de actuar. Nosotras anhelamos una vida en la cual nos sintamos bien con nosotras mismas, con lo que hacemos y con la gente que nos rodea. Sin embargo no podemos sentirnos bien si no somos felices por dentro. Sin “seguridad interna” ningún logro será suficiente y es difícil estar cerca de los demás si nos sentimos inseguras e insatisfechas. La seguridad interna tiene que ver con saber quiénes somos, qué anhelamos, cuáles son nuestros sueños preciados, cómo los vamos a lograr, con qué recursos contamos. Seguridad interna es aprender a valorarte, estar bien contigo estando sola o con otras personas. Seguridad interna es vivir no en el futuro (seré feliz cuando gane mucho dinero, cuando prospere en mi carrera, cuando encuentre a la persona indicada con quien compartir mi vida, etc.) sino en el presente, disfrutando de ti misma y sintiéndote bien contigo aun cuando te esfuerces por lograr más. Una mujer fuerte es una mujer que tiene seguridad interna, que nace de la valoración que tiene de sí misma porque ha aprendido a hacerlo y ha luchado contra los pensamientos que la ataban a una forma de ser.
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Una mujer fuerte es una mujer que rompió su círculo de fracaso y lo transformó con esfuerzo, en un círculo de victoria. Círculo del Fracaso Fracaso que lleva a la falta de valoración. Esfuerzos por agradar a otros o cumplir con las expectativas de otros. Críticas internas destructivas. Círculo del Éxito Valoración. Esfuerzos positivos que tienen que ver con seguridad interna. Sueños propios. Caricias internas constructivas. Esto parece a simple vista sencillo, pero como ya dijimos, no es fácil ponerlo en práctica. Muchas mujeres no se dan a sí mismas la valía que necesitan para sentirse bien consigo y tomar medidas positivas, sino que se atacan, critican y regañan en la creencia de que la severidad es la mejor manera de motivarse hacia el cambio. Se “aguijonean” para alcanzar metas, están atentas a sus deficiencias y temen que si dejan de insistir en sus defectos, desistirán de tratar de mejorar. Para ello utilizan horas y horas de su día pensando acerca de sus fracasos, sus defectos, y lo más interesante es que juegan en su mente con estos pensamientos frustrantes.

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Tal vez te estés sintiendo así ¿Utilizas tu energía para degradarte en lugar de utilizarla para enfrentarte a la situación y crecer? ¿Buscas el apoyo y la aprobación de los demás sin reconocer que es de ti misma de quien más necesitas aliento y aceptación? ¿Estás resentida con los demás por no valorarte, pero a pesar de ello, finalmente te culpas por no hacer más y por ser tan poca cosa? ¿Te dices a ti misma: “haz algo que impresione y entonces te aprobaré”? Si has respondido afirmativamente quiero decirte que esto es tan inefectivo como decirle a una planta “primero crece y después te daré agua”. Tendemos a tratarnos a nosotras mismas como no nos atreveríamos a tratar a otras personas. Nos maltratamos con frases descalificadoras que nunca le diríamos a nadie. Consolamos a otros pero no podemos consolarnos a nosotras mismas.

II.F ORMAS DE P ENSAR D ESTRUCTIVAS
Si otros me critican están en lo correcto. Han penetrado en mi corazón y en mi alma y han percibido mis carencias.

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Si la gente me elogia es porque se ha dejado engañar por mis capacidades aparentes. Cuando me conozca mejor, cambiará de opinión. No importa lo que logre. Importa lo que no he logrado. Si logré algo fue porque tuve suerte. Las veces que fallé o me equivoqué es porque soy ineficiente. Si no soy un éxito total, entonces soy un fracaso. No hay puntos medios, no hay aceptables, sólo hay fracaso. La mujer se dice a sí misma “si no estoy a la altura de las expectativas que los demás tienen sobre mí o que yo misma tracé, entonces no valgo nada y no merezco nada”. Ellas idearon un estilo de vida que vieron o les enseñaron y todos sus esfuerzos apuntan a “cumplir” con ese estilo de vida; algo que produzca un cambio las frustra y las inutiliza.

III. CÓMO G ANAR CONFIANZA
Pongamos nuestra mente en paz: Si estamos enfrentando una decisión pequeña o grande pongámonos en paz primero y luego decidamos. Si ese día no podemos tomar una decisión, entonces es evidente que no es tiempo de tomar esa decisión. Cuando sea tiempo, seremos capaces de hacerlo. Pidámosle a Dios: que nos ayude a pensar. Dejemos de abusar de nuestra mente: La preocupación y la obsesión constituyen un abuso mental.
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Alimentemos nuestra mente: Démosle a nuestra mente una cantidad razonable de datos para poder escoger bien. Alimentemos nuestra mente con pensamientos sanos: Busquemos lecturas que nos alimenten. Aprendamos cosas nuevas: Interesémonos por el mundo que nos rodea. A veces estamos tan ensimismadas con nuestros problemas que nos hemos olvidado de nuestra capacidad de aprender. Formémonos, aprendamos, etc. Dejemos de decir cosas malas acerca de nuestra mente: No digamos “no puedo tomar decisiones adecuadas”, etc. Es más fácil decir cosas buenas acerca de nosotras, y por ahí empecemos a creer las cosas positivas y descubramos así que son verdaderas. Usemos nuestra mente: Formulemos opiniones, seamos creativas, no dejemos que nadie tome decisiones por nosotras. Dejar que la gente decida por nosotras significa que estamos siendo rescatadas, lo cual quiere decir que nos estamos sintiendo víctimas. No tomemos el rol de víctimas. Podemos sentirnos a gusto con nuestra mente. Llegar a conocerla, es parte de nuestra tarea para ser mujeres fuertes y valientes. Empecemos a confiar en nosotras mismas y en nuestra capacidad de pensar.

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CAPÍTULO 5
MALTRATO Y ABUSO EMOCIONAL

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I. MALTRATO Y ABUSO EMOCIONAL
En este capítulo se intenta poner al alcance de toda mujer un material claro y práctico que le permita descubrir sus áreas vulnerables para trabajar con ellas y así poder abandonar relaciones que la denigra y la paraliza. Durante los últimos 25 años, las investigaciones desde el punto de vista social, psicológico, político e histórico sobre el fenómeno de la mujer abusada, produjeron suficiente información como para conocer, entre otras cosas, las causas del abuso. A continuación analizaremos algunos aspectos de estas teorías.

II. EL APORTE DE LA PSICOLOGIA
Relaciones perversas y masoquismo femenino. La primera teoría sobre abuso en el matrimonio ofrecía una explicación que se centraba en el extremo masoquismo femenino y las desviaciones psicológicas que las mujeres abusadas ostenta-69-

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ban. Freud consideraba que los recuerdos de abuso sexual e incesto de sus pacientes mujeres eran fruto de la imaginación. A partir de aquí Freud desarrolla la teoría de que las niñas desean en forma inconsciente tener experiencias sexuales con sus padres y de adultas satisfacían esta necesidad a través de la creación de fantasías. De esta manera Freud introdujo la imagen de la mujer masoquista. Los investigadores aseguraban que la dependencia dual y el trastorno que exhibía “la pareja golpeadora” demostraba que los castigos físicos a la mujer constituían un método empleado por la pareja para mantener un equilibrio. Este equilibrio permitía a la pareja seguir expresando sus mal adoptadas características personales y producía una situación en la cual resultaba improbable que hubiese un cambio de conducta. De este modo la mujer masoquista era tan culpable de la violencia que se ejercía contra ella, como el desviado esposo. Esta interpretación también se encuentra en los análisis psicológicos de las décadas de 1970 y 1980, aunque no en forma tan obvia. El abuso se veía como una anomalía en la psicología de la mujer, pero se ponía más énfasis en el carácter inconsciente del masoquismo de la misma. La teoría del masoquismo generó estudios que, como respuesta, han cuestionado el estereotipo de mujeres abusadas. Por ejemplo, Beck y otros (1982) llevaron a cabo en un hospital psiquiátrico un estudio comparativo entre mujeres abusadas y no abusadas. Este estudio demostró que es poco
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probable que el masoquismo sea una característica sólo de mujeres abusadas. De masoquista a víctima. Entre mediados y fines de la década del ´70 una nueva teoría desplazó a la del masoquismo; la imagen de la mujer abusada como víctima disfrazó la parte de responsabilidad que le correspondía a la mujer que permanecía en una relación violenta. Se decía que los alcances y la severidad de la violencia eran tan extremos que cualquier explicación basada solamente en desviaciones individuales de las mujeres parecen insuficientes. Las mujeres abusadas como víctimas impotentes estaban en manos de esposos brutales o dementes y era incapaz de luchar o actuar por sí misma debido al abuso padecido. Según esta teoría existía un “ciclo de violencia” al cual las mujeres abusadas se veían sujetas. En este ciclo, las víctimas vivían primero una etapa de creciente tensión sobre la cual tenían poco control. A ésta le seguía una de ataques violentos y, finalmente, un período de disculpas y contrición por parte de sus abusadores (comúnmente denominada luna de miel). Este ciclo “enseñó a las mujeres a ser indefensas y pasivas” Las características comunes de las mujeres abusadas quedarían más precisamente descriptas como resultado y no como causa del abuso. Entonces según esta teoría: “Ellas no optan por ser abusadas debido a algún déficit en su personalidad, sino que desarrollan desórdenes en la conducta debido al abuso”.
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De ese modo, a medida que avanzaban los estudios sobre la mujer abusada, resultó claro que las conductas que a fines de la década de 1960 y principios de 1970 se decían “desviadas”, eran entonces respuestas comunes al abuso severo y continuo. De víctima a sobreviviente. En la década de 1980, investigadores y terapeutas norteamericanos y británicos realizaron estudios que demostraron que una mujer no era víctima pasiva de su propia “psicología masoquista” ni del estrés psicológico, temor o impotencia, que el abuso produce. Los estudios a los que hago referencia son feministas en la medida que presentan un desafío para otros enfoques al comprender el abuso a través del marco de la perspectiva de la mujer e incluyen el reconocimiento de la socialización de género como un factor que contribuye al abuso.

III. EL APORTE DE LA SOCIOLOGIA
Una de las primeras teorías sociológicas sobre mujeres abusadas se nutría del modelo general de la violencia que la interpreta como recurso compensatorio al que se apela cuando no se puede acceder a ningún otro tipo de poder o control. Esta postura explicaba que entre las clases trabajadoras, cuyos medios económicos eran limitados, la violencia era más común. Pero esta evidencia luego fue cuestionada por

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estudios que revelaron una alta incidencia de violencia familiar en todas las clases. Lo que provocaba la agresividad en los hombres era una condición de inferioridad de parte de los logros del esposo. Es decir, el hombre intentaba compensar su desplazamiento social ejerciendo dominación sobre su esposa. Un análisis sobre la existencia de una norma cultural de supremacía masculina, muestra al hombre como víctima de esta norma cultural y da a entender que hace falta una “intervención social que procure fortalecer las ganancias y los logros potenciales del esposo”. De modo que en las primeras teorías sobre la violencia se la veía como una forma de frustración y afirmación debido a la inferioridad de condiciones vivenciada por el hombre por una falta de realización personal. Un cambio significativo en los estudios sociológicos respecto del abuso a las mujeres fue desplazar el foco de atención desde los esquemas generales de violencia hasta la familia en particular. Los sociólogos comenzaron a investigar cómo la dinámica dentro de la unidad familiar contribuía a la violencia. En 1970 el estudio de la violencia física enfocó los golpes como una forma de “violencia familiar” o “violencia doméstica”. A partir de esta rama de investigación nacieron expresiones tales como “violencia familiar”, “relaciones violentas”
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y “violencia doméstica”. De esta manera se llegó a la conclusión de que, dentro de familias violentas, los maridos eran por lo general más violentos que las esposas y que en la mayor cantidad de los casos la violencia a la que recurría la mujer era del tipo de “reacción defensiva”. Los condicionamientos sociales, las vivencias de maltrato en la infancia, el estrés de la estructura familiar y la posición social, son elementos que contribuyen al desarrollo de una “familia violenta”. Esta noción asexuada, junto con otras similares provenientes de distintas disciplinas, señala el tipo de posturas que llevaron a concepciones equivocadas sobre el porqué de los golpes y la violencia en general. Investigaciones posteriores, de fines de la década de 1970 y casi toda la de 1980, influídas por los análisis feministas, adjudicaban el ejercicio masculino de la violencia conyugal al papel tradicionalmente dominante del varón en la cultura occidental. Straus y Steinmetz compartieron la idea de investigar a la familia como unidad de estudio, y la describieron como lugar de conflictos y violencia más que de paz, amor y seguridad emocional. Algunos datos evidenciaban un alto nivel de aceptación de la violencia en todas las clases sociales. Estos estudios mostraron un alto grado de correlación entre la experiencia con violencia doméstica en la niñez y la posterior violencia en las relaciones adultas. Se la denominaba
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a esta correlación: “ciclo de violencia” que supone que la exposición al maltrato dentro de la familia predisponía a los niños a crear relaciones violentas de adultos. A partir de esta investigación se llegó a la conclusión de que los niños aprendían a resolver los problemas de un modo similar al que habían visto en sus padres en cuanto a la interacción y métodos de disciplina. Se demostró que los hombres aprendían a ser agresores mientras que las mujeres aprendían a ser víctimas. Desde este punto de vista la teoría de los “ciclos” fue semejante a las teorías psicológicas que daban a entender que las mujeres “elegían” relaciones violentas.

IV. EL APORTE DEL FEMINISMO
Uno de los aspectos, tal vez el medular, es la premisa de que la violencia ejercida sobre las mujeres es la manifestación del mecanismo de opresión machista institucionalizada. De acuerdo con este enfoque, las mujeres estarían constante y estructuralmente controladas por los varones dentro de una cultura dirigida a beneficiarlos y satisfacer sus necesidades. Las “ideas tradicionales” apoyan a la institución del patriarcado dentro de la cual el abuso sobre la esposa es una forma más destacada del control de la mujer por parte del hombre. “La familia” y la posición de las mujeres como esposas, son parte de esta institución.
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El legado histórico del derecho a la propiedad que el varón ejerce sobre las mujeres, conjuntamente con las leyes que específicamente le otorgan la potestad de abusar de ellas, o de “castigarlas”, subyace a las circunstancias sociales en las cuales las esposas son las víctimas “apropiadas” de los golpes. Por ello los casos de maltrato, más comunes conforme a estadísticas, comienzan después del casamiento. Después de este descubrimiento, otros han aportado el dato de que los registros de la policía y de los tribunales demuestran que muchos abusadores han creído tener un derecho legal y moral sobre sus esposas y por ellos son violentos con ellas. Según estudios el maltrato es un modo mediante el cual los hombres controlan a las mujeres y éste parte de un sistema de control más amplio. Los golpes son, entonces, el producto de un sistema de leyes históricas acerca de la propiedad masculina y el matrimonio, como así también en los actuales papeles sociales de los sexos y en las estructuras que garantizan la dominación de los hombres sobre las mujeres. Dado que el abuso se da en este contexto patriarcal es más propio definirlo como “abuso a la mujer” o “abuso a la esposa” que como “violencia familiar”. Las dos primeras expresiones revelan la dirección de la violencia e identifican la posición de las mujeres dentro de la relación, haciéndose eco de la histórica sumisión femenina en general. La última, la fórmula más ambigua, oculta el nexo entre la opresión social de las mujeres y sus experiencias particulares de abuso.

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Un retrato completo de cómo una mujer vive la violencia, tanto como el análisis feminista del tema, exige que se investigue no sólo qué significa vivir en una sociedad que permite el abuso y presenta a las víctimas una variedad de dilemas, sino también qué significa liberarse del abusador dentro de esa sociedad.

V. EL ABUSO EMOCIONAL
El abuso emocional es una trama de conductas y emociones interrelacionadas. Cabe destacar que es muy difícil que una mujer atrapada en él lo pueda distinguir. Se puede definir el abuso como “una campaña para desvalorizar a la pareja y para mantener el control”. Existe una relación fundamental entre los golpes y el maltrato emocional. Primero hay un abuso que se lleva a cabo a un nivel puramente psicológico, a través de un “constante hostigamiento verbal” que provoca un impacto muy fuerte sobre el estado anímico. Hay un segundo impacto emocional bajo la forma de maltrato corporal, que refuerza el primero.

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Mecanismos del abusador emocional Degradación Los abusadores utilizan la vulnerabilidad ya existente. Temor Las mujeres abusadas sienten ansiedad por su seguridad física y emocional. La amenaza constante del ataque acarrea miedo al dolor y a la muerte. Lo fundamental de este temor es no poder predecir cuándo será la agresión ni su intensidad. Cosificación Esto se da cuando la conducta de los abusadores les dice a las mujeres que se las ve como objetos sin energía interna, sin recursos ni deseos. Otra manera de cosificación es a través de la manipulación del estado físico o mediante el carácter posesivo. Los celos, la restricción de los contactos sociales y la invasión de espacios privados dan a entender que las mujeres son la propiedad de sus parejas. Privación Se trata de la imposibilidad o dificultad de satisfacer las demandas básicas. En el caso de las privaciones económicas los abusadores dan por sentado su derecho a disponer de los ingresos hogareños. Otro tipo de privación tiene que ver con los contactos sociales. Es limitada la libertad de estas mujeres para interactuar con otras personas.

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Sobrecarga de responsabilidades Es uno de los tipos de abuso emocional más significativo y difícil de reconocer por parte de las mujeres que lo padecen. Son mujeres exigidas a hacerse cargo por entero de la suerte que corra su pareja. Distorsión de la realidad subjetiva Un último componente del abuso emocional es la siembra constante de dudas con respecto al punto de vista de la víctima de diferentes cuestiones, grandes o pequeñas, cotidianas y de gran trascendencia. Este tipo de abuso lleva a la demencia.

Pérdida del control personal Es importante destacar que las mujeres y sus parejas tienen relaciones distintas para con el concepto del poder que van más allá de una simple división en víctima-mujer, como carente de todo poder, y abusador-hombre como poderoso. Los mecanismos a través de los cuales los abusadores establecen un mayor control están íntimamente relacionados con la reducción de la autoestima, la pérdida de la identidad, la disminución de la energía e integridad físicas, y la depresión debilitante relacionada con la pérdida de esperanza de sus mujeres.

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Pérdida de capacidades personales Autoestima Hace referencia al grado hasta el cual, como individuos, nos consideramos importantes y apreciables. Cuando ésta es debilitada, es fácil creer que posiblemente “merezcamos” el maltrato, que tal vez somos un “fracaso” o menos valiosos que los demás. Identidad La identidad podría decirse que es más importante que la estima. Una cosa es desvalorizar a la mujer pero registrarla, y otra no reconocer quien es, con lo cual lleva absolutamente la pérdida del propio valor. La mujer, de esta manera, queda imposibilitada de apoyarse en el recurso personal de identidad, y pierde aún más poder. Capacidad física La debilidad física disminuye la capacidad de las mujeres para modificar sus circunstancias. Esta debilidad las vacía de la energía mental y emocional necesarias para descubrir las posibilidades de cambiar. Esperanza Se pierde la esperanza de ser capaz de cambiar las circunstancias de la vida que producen daño. La pérdida de esperanza conlleva la depresión que permite al abusador asumir una mayor influencia sobre las percepciones de la mujer.

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Vida sexual plena Una mujer abusada emocionalmente está acostumbrada a los rasgos y conductas negativas y exhibe las siguientes características con respecto a su forma de sentir y relacionarse sexualmente: Generalmente está más interesada en saber cuánto él la ama y necesita, en lugar de cuánto ella lo quiere. La mayoría de sus interacciones sexuales con él, están motivadas por cómo lograr que él la ame más o que la necesite más. Necesita entregarse a otro sexualmente a quien percibe como necesitado, con el objetivo de gratificarlo y no de gratificarse a ella misma. Estas conductas a ella le resultan promiscuas, pero su interés es agradarle y serle útil a él. El sexo es una de las herramientas que usa para cambiar a su pareja confundiendo angustia, miedo y dolor con excitación sexual. Su excitación parte de la excitación de él, no sabe sentirse bien por sí misma. De hecho se siente amenazada por sus propios sentimientos. El sexo es una de las formas principales en que la mujer trata de llevarle salud. Con cada beso y cada caricia trata de comunicarle lo especial y digno que es, cuánto lo admira y lo adora creyendo que si él se convence de este amor se despertará en él todo lo que desea ella que sea. Puede ser que para esta mujer que vive situaciones de tensión el aspecto sexual sea la manera de liberar esa tensión, al menos en forma temporal.

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Muchas veces el grado de descarga sexual que ella experimente puede guardar una relación directa con el grado de perturbación que siente con su pareja.

VI. CÓMO

EJERCE CONTROL

EL ABUSADOR El control que hace un abusador sobre la mujer, no sólo abarca la forma en que ella debe pensar y comportarse, sino también lo que debe sentir para ser merecedora del amor y la aprobación de él. Por esa razón indaga constantemente acerca de los sentimientos que ella tiene sobre diferentes hechos para determinar si son buenos o malos. La mujer frente a la condena de los sentimientos se sumerge en una confusión respecto de lo que debe sentir, y reprime sus sentimientos. Como resultado de esto se desconecta de sus emociones y duda de ellas. Sin embargo de lo único que está segura es de su profundo sufrimiento. Los sentimientos pueden ser algo muy hermoso, pero cuando perdemos el control de ellos o cuando su fuente principal es el miedo, pueden interferir en nuestro juicio o razón. Nuestros sentimientos son el resultado de nuestros pensamientos. Tiene que haber un pensamiento antes que pueda haber un sentimiento.

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Cuando la mujer puede hacer la distinción entre lo que piensa y lo que siente, puede ejercer cierto control sobre sus reacciones. Un ejercicio que puede ayudar a practicar el pasaje de un sentimiento a un pensamiento es el siguiente: Pensamientos «Qué vida triste, tal vez todos estuvieran mejor sin mí...» «Él me hará daño...» Sentimientos «Me siento casi siempre triste» «Mi marido me da miedo» El comenzar a poner límites, es lo que permitirá que la relación de pareja cambie. Es difícil que la personalidad de cualquier ser humano sea transformada, pero el poner límites al maltrato, el decir qué se está dispuesta a aceptar y qué es lo que no se permitirá más en esa relación de pareja, hará que el clima familiar cambie y que ya no haya más agresión. Si quieres saber algo más acerca de este tema te invito a leer el libro “Abuso Emocional” (Alejandra Stamateas).

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CAPÍTULO 6
LAS CRISIS, EL ÉXITO Y EL FRACASO

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I. LA S CRISIS, EL ÉXITO Y EL FRACASO

Para sentirnos Mujeres Fuertes, va a ser necesario pasar
por diferentes crisis. Definamos qué es una crisis Crisis (decisión): es oportunidad y peligro. Es el momento decisivo en un asunto de importancia. Una crisis es algo que se nos impone, ya sea por una etapa lógica (adolescencia, menopausia, etc.) o por un suceso exterior, por lo general repentino (muerte, separación, accidentes, etc.) Existen diferentes tipos de crisis: Crisis evolutivas Crisis externas
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Las crisis externas son las que producen una conmoción más intensa y una angustia más profunda. Estos sucesos se imponen con un carácter inevitable. Si hay alguna elección posible, sólo puede efectuarse después, y las opciones son, por lo general, sólo dos: 1. Dejarse devorar por lo sucedido. 2. Otorgarle a lo sucedido un sentido diferente, trascendente, que pueda convertirse en un motor para la lucha. A muchas mujeres lo que les permite sobrevivir a la catástrofe es oponerle a ésta un plan de acción. Ésta es la clave para superar una crisis.

II. HABLEMOS SOBRE ( ...
Y EL

EL

É XITO ...

FRACASO )

¿Por qué abordar este tema? Las crisis suponen sucesos que pueden hacernos sentir fracasados. Sin embargo también pueden ser un trampolín al éxito. Superar una crisis y encontrar una solución ya es éxito. No obstante... La creencia más generalizada es que los grandes éxitos siempre son protagonizados por otros.

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Otra creencia consiste en que ser exitoso radica fundamentalmente en ser reconocido por otro socialmente reconocido. O sea, el éxito se transforma en una “consagración social”. El éxito no es un acontecimiento exterior, sino interior. Es exitosa la persona que se considera exitosa, aunque su nombre no figure en las primeras planas de los diarios. Las formas erróneas de concebir el éxito nos llevarán al fracaso.

III. CONDICIONES B ÁSICAS PARA F RACASAR EN LA VIDA
Al igual que para triunfar, también para fracasar se necesita un “talento básico” que se despierta en la infancia y que es cultivado con la práctica en la vida adulta. Los conflictos con el éxito (o la tendencia al fracaso) se generan en la infancia por medio de: Mensajes de fracaso por parte de los padres. Los miedos y las dudas de los padres son disfrazados de prudencia: “ojo con el negocio que vas a emprender”, “te vas a agotar”, “no podrás conseguir lo que quieres”, etc. Padres demasiado poderosos que inhiben el desarrollo de los hijos. El niño piensa que jamás podrá emular a su padre cuyo poder o fama actúa como un “freno”. Mu-

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chos padres transmiten a sus hijos este mensaje: “no me superes”. Y cuando el hijo fracasa le dice: “yo te lo advertí, no me hiciste caso”. Muchos hombres egoístas llegan a preferir no tener hijos (descendencia) para no ser superados. Padres frustrados que temen el éxito del hijo. Teme al éxito del hijo porque el mismo puede poner en evidencia sus fracasos. Por ello muchos padres instan a sus hijos a no ir más allá de donde ellos llegaron. Padres que tienen un legado. Padres que quieren que sus hijos sigan la misma profesión. Esto seguramente lo llevará al fracaso. Padres que dan dobles mensajes. Sus palabras son desmentidas con sus actitudes. Ejemplo: la madre que le dice a su hijo que se case pero que a su vez le da a entender que ninguna mujer es como mamá. Padres que cobran caro su ayuda. Dan o ayudan a sus hijos para un negocio que está destinado al fracaso, y este fracaso anunciado los salva de tener que continuar ayudándolos. Es aquel que le ofrece a su hijo o a su yerno un puesto de trabajo que no tiene nada que ver con su personalidad. Así el fracaso está asegurado. Padres que fomentan la dependencia. Padres que dan a sus hijos información fragmentada o incompleta. De esa
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manera el hijo necesitará siempre del padre para completar la información y éste podrá decirle “si yo no estuviera aquí, no sé qué harías”. Padres que prohíben. Padres que no dejan que sus hijos les ayuden, haciéndoles ver que no tienen la capacidad para hacerlo. Las claves de la lucha positiva frente a los mensajes negativos son fundamentalmente: No compararse. Siempre existe alguien frente al cual nuestros logros se empequeñecen. No proponerse metas inalcanzables. Las metas inalcanzables terminan siempre en frustración. Aprender a valorar los logros cotidianos. Hay que empezar a valorar lo que uno consigue. Y... Aprender a Decir “No” ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a situaciones en que nos nacía naturalmente un “NO” a pesar de que nuestra boca pronunciaba un “SI”? Cada vez que decimos sí cuando en realidad querríamos decir no, tengamos en cuenta que estamos sacrificando algo de nuestros propios deseos y necesidades por los de otros. Sin embargo, nadie recompensa por aquellos sacrificios que uno hace por ellos.
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¿Cuál es la razón por la que decimos “SI” cuando queremos decir que “NO”? Evidentemente ese “SI” nos trae algunos beneficios: Evitamos el rechazo. La esperanza es que si hacemos lo que los demás quieren, los demás por consiguiente nos querrán. Compramos amor. Así como conseguimos nuevos amores contribuimos a mantener los viejos. Alejamos el miedo que nos produce la independencia. Nos vemos liberados de tener que elegir. Nos liberamos de tener que enfrentarnos con nuestros deseos. Satisfaciendo los deseos de los demás no tenemos tiempo y oportunidad para preguntarnos cuáles son los propios. Postergamos decisiones o posibles frustraciones. Acompañamos a una amiga al médico para no ir a una entrevista de trabajo, por ejemplo.

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IV. CLAVES A QUELLO
He aquí algunas claves:

PARA

RECONOCER

QUE NO

HACEMOS Q U E D ESEAMOS

El deseo verdadero es el que suele surgir espontáneamente y que enseguida es reprimido y sepultado. El deseo propio a veces nos resulta más extraño que el ajeno, y nos obliga a preguntarnos: “¿Es posible que yo quiera esto?” El deseo propio no cumplido deja una cierta sensación de culpa, como si alguien nos estuviera marcando el verdadero camino y nos negáramos a seguirlo. Para aprender a decir “NO” debemos primero aprender a decirnos “SI” a nosotras mismas. Debemos alejarnos del mandato “debo” y suplantarlo por “quiero”. Cambiar el Rol que nos asignaron dentro de la familia es también Decir No. Aún antes de llegar al mundo nuestra familia tiene para nosotros un lugar destinado. Inevitablemente seremos el

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primer hijo, el del medio, el benjamín, el menos mimado, el preferido, el más simpático, el más inteligente, etc. Nosotros nos ocupamos de llenar con mayor o menor rebeldía el lugar vacante que la familia nos tiene reservado. Pero a los roles familiares se le superponen los roles sociales que también constituyen parte de nuestra identidad.

V. ROLES
La nena eterna. La última en enterarse de los problemas, nadie quiere producirle un dolor de cabeza o lastimarla. La cuota de responsabilidad es menor, pero el peso de su opinión también suele ser menor. La buena. Siempre hice lo posible para satisfacer las expectativas de los adultos de la familia. Siempre que surge un conflicto está allí para buscar la conciliación. Ella cumple con todos, menos con ella misma, y renuncia una y otra vez a sus verdaderos deseos. La oveja negra. Siempre vivió contrariamente a las convenciones. Siempre hay que explicarle dos veces las cosas para que las entienda (debido a su rebeldía) La exitosa. Siempre tuvo una habilidad especial para poner los sentimientos entre paréntesis y hacer primar sus puntos de vista. Su padre le profesaba admiración y la madre había puesto en ella todas sus expectativas. Hoy, como ayer, la familia tiene reproches para formularle, pero como tiene éxito, nadie se atreve a cuestionarla.
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Para tener en cuenta Debemos cambiar el rol, sabiendo que vamos a perder y a ganar. Cuando nuestros roles comienzan a ahogarnos, nada mejor que corrernos de lugar y para ello hay que tomar decisiones. A la hora de decidir... Muchas veces cuando en la vida se nos presenta la oportunidad de decidir, nos sentimos abrumadas. Muchas de nosotras no confiamos en nuestro criterio y entendemos el horror de la indecisión. A veces las decisiones más insignificantes como ¿qué me pongo? o ¿qué comida preparo hoy? nos paralizan. Nos damos por vencidas y nos rehusamos a pensar en estas cosas. A veces permitimos que las circunstancias u otras personas decidan por nosotras. Por muchas razones hemos perdido la fe en nuestra capacidad para pensar y razonar. Creer en mentiras, mentirnos a nosotras mismas, el caos, el stress, la baja estima y muchas emociones reprimidas pueden nublar nuestra capacidad para pensar. Nos confundimos, pero esto no quiere decir que no podamos pensar. Nuestra capacidad de decisión se ve obstaculizada al preocuparnos de lo que pensarán otras personas, al forzarnos a nosotras mismas a ser perfectas y al decirnos que nos apuremos. Creemos que si hacemos la elección incorrecta nunca tendremos otra oportunidad.

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No escuchar a nuestras necesidades y deseos y decirnos lo que deseamos está mal, nos esconde la información que necesitamos para hacer buenas elecciones. Quizá hemos usado nuestras mentes en forma inadecuada preocupándonos y obsesionándonos, y nuestras mentes están cansadas, hemos abusado de ella y tenemos pensamientos de ansiedad. Tal vez perdamos la fe en nuestra capacidad para pensar porque la gente nos ha dicho que no podemos pensar ni tomar decisiones correctas. Nuestros padres pueden haber provocado esto en forma directa o indirecta; puede ser que ellos hayan tomado las decisiones por nosotros. Quizá criticaron todas las elecciones que hicimos, o pueden habernos confundido negándonos a reconocer nuestra capacidad para pensar cuando señalábamos problemas en casa. Tal vez tuvimos dificultades con compañeros en la escuela o con profesores, y en lugar de resolver los problemas nos dimos por vencidas. Podemos vivir actualmente con gente que nos está diciendo que no podemos pensar. Pero podemos pensar, los hombres piensan. Nuestras mentes funcionan bién, podemos tomar decisiones, decidir qué queremos, qué necesitamos hacer y cuándo es tiempo de hacerlo. Y podemos tomar decisiones que incrementen nuestra autoestima. Tenemos derecho a tener nuestras opiniones, incluso tenemos la capacidad para evaluarnos a nosotras mismas y a nuestros pensamientos, de modo que podamos corregir nuestra manera de pensar cuando se vuelve irracional.
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Podemos evaluar nuestra conducta, podemos tomar decisiones acerca de lo que queremos y necesitamos, podemos enfrentarnos a nuestros problemas y encontrar soluciones, podemos tomar decisiones pequeñas o grandes. Podemos sentirnos frustradas cuando tomamos decisiones o intentamos resolver problemas, pero eso es normal. A veces necesitamos llegar a frustrarnos para cambiar radicalmente el modo de pensar. Recordemos que no tienen por qué ser perfectas las decisiones tomadas, ni siquiera casi perfectas; tenemos que ser quienes somos y manejar nuestros errores cometidos, esto es parte de la vida.

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CAPÍTULO 7

LA MUJER DESDE LA PERSPECTIVA ESPIRITUAL

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I. L A M UJER EN EL A NTIGUO T ESTAMENTO

Como nos relata la historia bíblica, la mujer fue formada del hombre, fue hueso de su hueso y carne de su carne y se le dió el nombre de «varona» porque fue tomada del varón. Fue imagen y semejanza de Dios. Las palabras hebreas «ish» e «isha» vienen etimológicamente de la misma raíz «enas». El nombre indica en hebreo la esencia de una cosa, y aquí expresa la completa coincidencia de naturaleza, pero la diversidad de sexo. En las dos expresiones («ish» e «isha») se muestra la forma masculina y femenina de la misma raíz verbal. La primera mujer no sólo fue formada del hombre por razón de la igualdad, sino por razón de la unidad. Desde el punto de vista jurídico, la mujer israelita no siempre estaba igualada a su marido, pero su posición era más privilegiada que la mujer en otros pueblos orientales.
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El derecho matrimonial está dominado por el principio del patriarcado, la mujer salía del poder del padre y pasaba al del marido (1ª Samuel 18:17; 19:27). La dicha mayor de la mujer israelita era ser madre. Por ello ella formaba el centro de la familia y era objeto de veneración y estima, gozaba como madre de la misma autoridad que el padre frente a sus hijos (Éxodo 20:12). También en el orden penal se equiparaba el hombre a la mujer. En Levítico 20:10 se fija pena de muerte tanto para el hombre que caía en adulterio como para la mujer. Estas y otras determinaciones legales, manifiestan una igualdad de hombre y mujer que no se halla en otros códigos orientales. En el derecho hereditario, la mujer es pospuesta frente al privilegio del primogénito, pero por ejemplo, el libro de Job menciona que las hijas se repartían con sus hermanos la herencia paterna. En la vida pública muchas mujeres en Israel lograron gran autoridad e influencia; por ejemplo Débora, Hilda, Esther, etc. En el aspecto religioso, la mujer se pospone al hombre, en cuanto está excluída de todos los ministerios de culto, aunque realizaban determinados servicios en el Tabernáculo. Con el paso del tiempo y especialmente durante la época post-exílica del judaísmo, hubo una tendencia en la enseñanza rabínica a asignarle a la mujer un papel inferior.

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II. LA M UJER EN EL N UEVO T ESTAMENTO
Para Jesús, la mujer, al igual que el hombre, es persona ante Dios. La mujer está totalmente incorporada a su acción salvadora. Jesús: Oyó la petición de una madre gentil, en premio de su fe, cuya grandeza admitió y alabó, curó a su hijo. Nunca rechazó tener contacto con mujeres enfermas (impuras para la ley) y mujeres pecadoras; las sanó y las perdonó como a los hombres. Curó a la suegra de Pedro, así como a la hija del Jefe de la sinagoga, Jairo. Habló y ganó el alma de la Samaritana junto al pozo de Jacob e hizo de ella una fiel predicadora, sin importarle lo que se decía y lo que se prohibía en Israel con respecto a los samaritanos. Consintió que una mujer le unjiera los pies con perfume, más allá de lo que se pudiera murmurar de Él. Jesús se hospedó en casa de las hermanas de Betania (Marta y María) y les explicó la palabra de Dios. Jesús le reveló a una mujer, Marta, la hermana de Lázaro, el misterio más profundo de la esperanza de la resurrección.
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Junto a cada enseñanza que habla en masculino, se nos transmite a menudo otra parábola femenina, «la oveja perdida», «la dracma perdida», «la parábola del Grano de Mostaza en el campo» y «la parábola de la levadura en la casa». En el séquito de Jesús se hallaban mujeres que le servían en su hacienda. Jesús dejó bien en claro que su mensaje las abarcaba diciendo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie (varón o mujer) viene al Padre sino es por mí, y el que a mí viene (varón o mujer) Y o, Jesús, no le echo fuera” Después de la resurrección las mujeres se unieron con los demás seguidores de Jesús y recibieron el poder y los mismos dones del Espíritu Santo que se derramaron en el día de Pentecostés. Luego, en las cartas de Pablo, vemos que éste encara las cuestiones de las iglesias locales exigiendo que se respetasen las convenciones de la época y muchos de los requerimientos que Pablo le hace a las mujeres están mezclados con prohibiciones culturales de la época. Pero Pablo entendió que en la filiación divina no hay diferencia entre hombre y mujer. Ya no hay varón o hembra, todos somos uno en Cristo Jesús. (1ª Corintios 11:11) Si aplicamos y enseñamos éstos principios de Jesús, vigentes para las generaciones, veremos la transformación social que se producirá. No hablamos de principios religioso – cul-104-

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turales (que son meras doctrinas de hombres), sino de enseñar la mirada de Jesús sobre las personas. Veremos así surgir un hombre y una mujer sin violencia, una familia sin violencia, una sociedad sin violencia; ya que aprenderemos a mirarnos como Él nos ve, a mirar a los otros como Él los ve, a amarnos y a amar como Él ama, con amor eterno.

III. LA M IRADA DE JESÚS SOBRE
MUJERES

LAS

Nadie como Jesús valoró a las mujeres. Con Él, el sexo femenino adquirió dignidad, valor. Fueron muchas las mujeres que de una manera u otra, acompañaron a Jesús en el ministerio y tuvieron influencia en su vida. Jesús reclamó para ellas los mismos derechos en su reino que para los hombres, afirmando que ya no hay judío ni griego, varón o mujer... Dios introdujo una carga de amor y ternura a esta relación meramente jurídica. Por tanto podemos afirmar que la mujer en su aspecto psicofísico es la reproducción viva de Dios. Con Jesús asistimos a una verdadera revolución respecto a la mujer, ya que tiene un mensaje liberador para ella.

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Como mujer fuerte debes verte en Cristo Jesús, ya no a través de los ojos de los demás, o tus propios ojos, sino con los ojos de Jesús; unos ojos que nos miran con inmenso cariño y ternura. Cuando nos miramos a través de sus ojos es porque hemos unido nuestro espíritu con el suyo. Sólo podemos vernos así cuando nos apropiamos de lo que Dios dice que somos. En Él tenemos lo que necesitamos, y llegamos a amarlo de tal manera que no deseamos nada fuera de Él. Sabemos que somos aceptas en el Amado y esa aceptación nos da profunda paz. Cuando leemos el libro del Cantar de los Cantares, podemos ver la descripción hermosa que se hace de la mujer. Allí el Amado describe a su amada en detalle, y esta descripción que hace no es común, no entra dentro de los parámetros de las adulaciones que, como mujeres, escuchamos, sino que allí hay una descripción única y especial. Te invito a que entres en esta relación de amor y que escuches cómo Cristo, el Amado, habla de ti, cómo Él te describe y cómo Él te ve...
“He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa. Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad; tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas, que suben del lavadero, todas son crías gemelas y ninguna entre ellas estéril. Tus labios como hilo de grana, y tu habla hermosa; tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería, mil escudos están colgados en ella, todos escudos de valientes. Tus -106-

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dos pechos, como gemelos de gacela, que se apacientan entre lirios. Hasta que apunte el día y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, y al collado del incienso. Toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha. Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guardias de los leones, desde los montes de los leopardos. Prendiste m i corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, de flores de alheña y nardos; nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. Fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano”. (Cantares 4, La Biblia)

TU

IDENTIDAD Y TU AUTOESTIMA ES TÁN EN ÉL Y ÉL TE DICE ...

“Levántate oh amiga mía, hermosa mía y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes. Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz, porque dulce es la voz tuya y hermoso tu aspecto...”

¡Mujer Fuerte, esa paloma eres tú...!

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BIBLIOGRAFÍA Un Tal Jesús, Luciano Jaramillo Editorial Vida 1998 Vocabulario de Teología Bíblica, León Dufour Biblioteca Herder, Barcelona 1990 El Mito de la Belleza, Naomi Wolf Colección Reflexiones - Emecé Editores, Barcelona 1990 De a Dos, Pasos Hacia la Intimidad, Eileen Mac Cann Era Naciente 1985 Evita Ser Manipulado, Dr. David Brandt Ediciones Urano, Barcelona 1999 Abuso Emocional, A l e j a n d r a S t a m a t e a s Ediciones Presencia, 2004 La Mujer Light, Silvia Itkin Editorial Sudamericana, Bs. As. 1996 Las Mujeres y El Stress, C h a r m a i n e S a u n d e r s Editorial Atlántida, Bs. As. 1990 La Mujer Sola, Alicia Mariam Alizalde Editorial Lumen, Bs. As. 1998 La Condición Femenina, Luis Pérez Aguirre Editorial Lumen, Bs. As. 1995 El Acoso Moral, Marie France Hirigoyen Editorial Paidós, España 1999 Parejas Tormentosas, Jorge Antognazza Editorial Sudamericana, Bs. As. 1996 Sexualidad y Erotismo en la Pareja, B e r n a r d o S t a m a t e a s Editorial Clie, España 1996

Primera Edición Publicada en el mes de junio de 2004 Impreso en: Juan A. Grancharoff Carolina Muzilli 5891 (CP 1440), Buenos Aires, Argentina

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