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Poetas del Mundo Latino. Octubre de 2011. Ciudad de México, Morelia Michoacán. Encuentro dedicado a Tomás Segovia.

Esta muestra de los poetas participantes se presenta en orden alfabético, de acuerdo a sus apellidos, pero comienza con el poeta homenajeado.

Índice 1. Tomás Segovia, España-México.......Pág. 2. Ana Luisa Amaral, Portugal…….. Pág. 3. Luis Armenta Malpica, México….. Pág. 4. Linda Maria Baros, Rumania-Francia..Pág. 5. León Félix Batista, Santo Domingo…..Pág 6. Jorge Boccanera, Argentina……....Pág. 7. Luis Bravo, Uruguay…….…………Pág. 8. Carmen Camacho, España………...Pág. 9. Kenia Cano, México……………….Pág. 10. Eduardo Casar, México…………....Pág. 11. Sylvestre Clancier, Francia……….. .Pág. 12. Jeannette L. Clariond, México……..Pág 13. Guy Cloutier, Québec………………Pág. 14. Emilio Coco, Italia………………….Pág. 15. Gabriel Chávez Casazola, Bolivia…Pág. 16. Louis-Philippe Hébert, Québec…pág. 17. Jorge Humberto Chávez, México.....Pág. 18. Vanessa Droz, Puerto Rico……….Pág. 19. Roberto Fernández Iglesias, Panamá-México…Pág.

20. Daniel Freidemberg, Argentina………Pág. 21. Jorge Galán, El Salvador…..Pág. 22. Miguel Méndez Camacho, Colombia………Pág. 23. Xavier Oquendo Troncoso, Ecuador…Pág. 24. Miriam F. Perales, México….Pág. 25. María Ángeles Pérez López, España…Pág. 26. Bernard Pozier, Québec….Pág. 27. Lucía Rivadeneyra, México..Pág. 28. Juan Felipe Robledo, Colombia..Pág. 29. Balam Rodrigo, México….. Pág. 30. Daniel Rodríguez Moya, España…Pág. 31. Roger Santiváñez, Perú……Pág. 32. Jordi Virallonga, Cataluña, España…Pág.

Tomás Segovia nació en Valencia, España, en 1927. A los 10 años de edad salió al exilio y desde los 13 empezó a vivir en México, donde hizo estudios de letras y de profesor de francés, se casó varias veces y tuvo cuatro hijos y seis nietos. Colaboró en revistas como Universidad de México, Revista Mexicana de Literatura (que dirigió durante varios años), Plural y Vuelta. Después de tener muy diversos trabajos como profesor de francés, traductor, corrector, intérprete, guionista, entró como profesorinvestigador en El Colegio de México, donde se jubiló en 1984. Desde entonces ha vivido alternativamente en España y en México. Ha publicado más de una veintena de libros de poesía y varios otros de ensayo, narrativa y teatro, además de incontables traducciones

ESE LUGAR

De ese lugar no me he ido nunca Quiero decir que va siempre a mi lado Aunque yo tantas veces no vuelva allá los ojos Quiero decir que siempre puedo Volver al sitio desde el que se ve Abrirse al tiempo como un claro abrazo Un tiempo que no escapa sino que nos llega Y se ensancha al romper en nuestras playas Y no es que el mundo nazca cada día Es que todo es nacer Ese lugar donde entre yo y la vida No hay sino entendimiento natural

Ese lugar fue siempre mío Y me basta arrumbar por un rato mis quejas Para volver a estar en el comienzo Porque olvidé decir Que ese lugar será siempre un comienzo.

22 jul 11

EL SILENCIO

Me detengo un momento con la clara certeza De que he pisado el indudable centro De este silencio enorme y delicado Posado aquí desde hace no sé cuánto En este simple orilla Inesperadamente favorable

Pero ¿es de veras un momento? ¿Pasará este momento? ¿No fue del tiempo de lo que salí

Para meterme en este gran silencio? ¿No estoy en un momento eterno suspendido? Y mientras dura este suspenso Vivo en la certidumbre De que cuando por fin reanude mi camino Saldré de aquí dejando aquí al silencio En su mismo momento aún inmóvil.

18 sep 10

Ana Luisa Amaral. Lisboa, 1956. Es Profesora de Literatura en la Universidad de Porto. Autora de doce libros de poesía. También ha publicado Literatura infantil. Es traductora de Emily Dickinson y de John Updike. Ha merecido los siguientes premios: El Premio Literario Casino da Póvoa/Correntes d’Escritas. El Premio de Poesía Giuseppe Acerbi. El Gran Premio de Poesía de la Asociación Portuguesa de Escritores. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y publicada en Francia, Brasil, Italia, Suecia y Holanda.

RELATIVIDADES

Albert Einstein tenía el pelo hirsuto Y blanco en las edades, Y nariz husmeadora junto al tiempo. Y así dejó el verso más perfecto: velocidad al cuadrado en ecuación de luz

hirviendo por el espacio, la energía mil igual a la masa

(las veces que ya puse en los otros versos)

pero era la mirada larga, las palabras tan tristes de ver más allá de nosotros: melodías de sueño y teoría, filamentos hirsutos junto al sol, hongos, acordes

Y en la corriente cuántica de las cosas, entender que lo más ancho es lo que no se ve:

cuadrado inconsciente generando, encendida y blanca, una m y una c amarga:

por moderno y feroz auto de fe

(trad. Nidia Hernandez)

RELATIVIDADES

Albert Einstein tinha um cabelo hirsuto e branco na idade, e nariz farejante junto ao tempo. E assim deixou o verso mais perfeito: velocidade ao quadrado em equação de luz

Fervendo pelo espaço, a energia mil igual à massa (vezes o que já pus nos outros versos)

Mas era o olhar longo, as pálpebras tão tristes de ver além de nós: melodias de sonho e teoria, filamentos hirsutos junto ao sol, cogumelos, acordes

E na corrente quântica das coisas, entender que o mais largo é o que não se vê:

quadrado inconsciente gerando,

aceso e branco, um éme cê amargo:

por moderno e feroz auto-de-fé

SALOMÉ DESPUES DEL CRIMEN

¿Cuántas veces te vi y me sorprendí mirándote ? Sintiendo la tentación de espiarte y el deseo de amar lo que no tenía

Como saber por los sueños más desnudos que me asaltaban, que yo no era un paisaje para ti?

Ven lujuria sólo donde hubo amor y un crimen tan enorme de lujuria: pero yo te quise indefenso como una fiesta, tus labios una fiesta para mí

Cuantas veces estuve pensando en mi crimen y en la historia de los hombres juzgándome!

Pero lo que vi en la bandeja del crimen fueron los ojos con los que me mirabas (yo un paisaje finalmente)

y la lujuria que hay siempre en el amor

(trad. Nidia Hernández) SALOMÉ APÓS O CRIME

Quantas vezes te vi e me surpreendi porque te olhava? Sentindo a tentação de te espiar e o desejo de amar o que não tinha

Como saber pelos sonhos mais nus que me assaltavam que eu não era paisagem para ti?

Dizem luxúria só onde houve amor e um crime tão enorme de luxúria: mas eu quis-te indefeso como festa, os teus lábios a festa para mim

Quantas vezes me vi pensando no meu crime e na história dos homens a julgar-me!

Mas o que eu li na bandeja do crime foram os olhos com que tu me olhavas (finalmente eu paisagem)

e a luxúria que há sempre no amor

Luis Armenta Malpica, México, 1961. Poeta, ensayista y cotraductor del francés, fue miembro del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco y es director de Mantis editores. Autor de los poemarios: Voluntad de la luz (1996); Des(as)cendencia (1999); Ebriedad de Dios (2000); Luz de los otros (2002); Ciertos milagros laicos (2002); Mundo Nuevo, mar siguiente (2004); Sangrial (2005); El cielo más líquido (2006) y Cuerpo+después (2010), entre otros. Libros y poemas de su autoría han sido traducidos al inglés, francés, alemán, portugués, italiano, catalán, rumano, árabe y ruso. Expremio de poesía Aguascalientes, en 1996, y Premio Jalisco en Letras 2008. Por su labor editorial recibió la Pluma de Plata (Patronato de las Fiestas de Octubre), en 2006, entre otros reconocimientos.

NOVEDAD DE LA PATRIA Oigo lo que se fue, lo que aún no toco. Ramón López Velarde

Para decir la patria habría que estar muy lejos de la muerte impedirle que llegue hasta los labios esa cruz de su nombre pues crece del sarmiento de una piedra.

La patria es ilusión. Lo que pisamos y queremos mirar por encima del hombro. De un pasto casi blanco de tantas municiones. Del rojo que se escurre entre las barras y sin tener estrellas por techo o distinción. Barrotes que contienen asomo de colores, vislumbre de lo que ha sido un crimen, pero ninguna culpa. Un espacio disperso, tan adentro del hombre que no lleva apellidos, únicamente un alias, una letra cualquiera, el distante no sé.

El pasto se redime si una sombra —verde guardián del mundo— de lo que hemos andado se prosterna en la luz.

Nos engaña la luz del arbotante. Nos engañan el agua turbia, los jueces y las instituciones. Pagamos con rodilla el ya no estar de pie, acostarnos envueltos en los miedos que se han tejido a diario. Nos engaña el gatillo que en su maullar destroza un esternón, el alma, la credibilidad de que somos la bala cuando al hablar decimos: no sé, en lugar del supongo. Tal vez, como decían, todo es suposición. Y mientras tanto…

No hablamos de inocencia: es atributo de árbol hacer blancos los días.

Acaso el sol reseque lo que vemos del mundo y está solo en los ojos.

La patria es un jardín. Y aquí no hay hoja blanca. Aquí no hay hojas secas. Para decirlo pronto, la única hoja que existe es el papiro. Del tiempo del papiro dan cuenta aproximada sus varias rasgaduras. Las marcas del grillete de la consolación, del siempre ha sido igual, del ya no sé qué haremos, pero habrá de llegarnos el auxilio si rezamos y cumplimos con diezmos y limosnas. Si dejamos los ojos apagados (casi blancos) y nada más leemos la cifra de uno más.

Para limpiar la lápida habría que buscar dentro del llanto un surco de semillas.

Al principio la arena era la forma idónea de dar soporte al tiempo. Confusional, acumulada, la arena no fue arena, sino un siglo. A tantos montes, eras. Al continente, la total dispersión. Pero llegaron ellos: los hombres, las palabras. Y con ellas, las voces. Y con ellos, los gritos. Del último alarido que la arena no olvida nació lo que llamamos patria. Sin principios, la tierra ya no supo lo que vino enseguida. Lo que vino, enceguece.

A eso que llaman patria le conozco de oído.

CARAVAGGIO: PAS DE DEUX Porque la muerte lleva en la primera letra su última voluntad hace falta nombrarnos aunque tarde…

La dispersión ocurre: un soplo del pasado en el cual sea posible coincidir con un joven con canasta de frutas y advertirle que está en grave peligro. Las antorchas descubren el claroscuro que existe en la violencia. A pesar de la peste, el reino de lo feo no habrá empezado aún, pero ya es aguardado en Tor di Nona, por matar a un sbirri, por putridum et faetidum. En Lepanto ganaron los católicos y cerca de Milán ese otoño nació el hijo de Fermo Merisi y Lucia Aratori. Si después de la peste no hay abuelo, ni padre, ni el hermano del padre, al menos se establece el Santo Oficio.

Mientras tanto —espacio y objetivo de la historia— todo es suposición.

Quiénes somos ahora (Eduardo, João Francisco, Michelangelo), atados a una cuerda de presos que no avanza. En qué noria giramos con tantas manecillas que señalan la culpa que no hemos conocido y no hace sombra alguna en nuestros pasos. Aquí nos faltaría el sfumato estudiado con da Vinci o la eventual inmediación en Venecia con las obras de Tiziano y Mantegna. Sabemos que los bravi, los matones y aquellos vagabundos de charlas deshonestas son el color más real de una taberna, un prostíbulo, una sesión de juego. Aprender a pintar y matar a un compañero propician una huida. ¿De qué, si no coexiste elemento más sensual que una naturaleza muerta? ¿De quién, si un concierto para jóvenes (1595-1596) es un autorretrato? ¿Por negarse a delatar un crimen y purgarlo en nombre de otro, cuando el nombre no importa y somos ese nudo que hacen los hombres juntos al amarse?

Si prefiere llamarle de otro modo haga que empiece con la letra de madre la mentira o cualquiera otra metáfora con la que usted avive su vicios cotidianos. La marginalidad puede ser un muchacho pelando una manzana (1593) en Roma, como hacer o decir el amor por el reverso. El margen necesario para entender las letras o iniciar algún cuadro. El pincel. El cuchillo. Tras las sombras descubrir esa luz que en la verdad existe, no la preciosidad. Y que la historia sepa que hay dolor si un muchacho es mordido por un lagarto (1595), aunque tenga cobijo y cubierto en un alcázar. Y el óleo debería dar un grito. Los óleos no debieran ser santos.

(Inserte aquí una orquídea)

Pasión bajo el velamen, entre lugares húmedos sin raíz aparente será el mejor pretexto: la tristeza que nunca se comparte hace sombra a la andanza.

Sin embargo no es detrás de los ojos o en el dolor del cuerpo donde se lleva a cabo la pintura. Se desanda la historia en dos palabras: la orquídea es una flor anónima que se oculta a los ojos de los espectadores. Los santos son los seres de la calle. La luz no les da gracia: es dura y enceguece el contraste con las sombras profundas. Cristales que se inhalan como el sudor humano. Así, la honestidad.

Ah, qué mundo, nos diría Rufus Wainwright a ritmo del “Bolero” y metanfetaminas. En Tor di Nona los barrotes son reales como el óxido. La locura es la pátina de estas cuatro paredes. El betún que se trae en los zapatos si la droga es el cuerpo, si el

corazón el pago, si solo es distracción. Y por cada pared hay un muchacho: un higo, una manzana y un melocotón, dos orquídeas y todos los rasguños de la tiza como señal del tiempo. Pabellón para el cuerpo desnudo que se entrega a la vid de los silencios, al esperanto látigo, a las piadosas aguas de los labios ungidos de un secreto. Distorsión.

Mientras tanto lo que se dijo como lo silencioso confundieron los límites del agua. La sensación anfibia de estar vivo: el picahielo el vaho.

Blindados con el óleo de las frutas, los muchachos intercambian sus nombres a golpe de cuchillo. Son la apuesta de un mundo encerrado en paredes. Así desaparecen Murillo, Madama Satã, Merisi. Dónde está Caravaggio, el cuerdo en Tor di Nona. En quién unge sus manos tan disueltas de opio sentimental y cardamomo. Cuántas pisadas tiene la soledad, si no le alcanzan para una sola huella. Ninguna letra queda sobre el piso: tal vez su nombre escurre del olor a manzana, a cáscara marchita, de alguna orquídea enferma.

Cuando ya no se puede traer más frío

de la osamenta el propio sol es eje por el que no giramos : cenit del abandono. La cicatriz del rostro es la firma del arte. Aunque esta cicatriz desmienta a Caravaggio: su cuerpo es un escudo de madera en donde fue pintada la cabeza de Medusa (1598). Piedra de toque, descanso en el camino, no llegará el indulto que lo sane. En cambio, sí, los pelos del pincel sobre los hombros. Las serpientes de sangre en las muñecas. Una degollación (1608) que lo bautiza por primera y única vez en la hermandad de La Valletta, en Malta.

Este día se agolpa en un cuchillo en cuya hoja relumbran los cuerpos de dos hombres. Si prefiere llamarlo impunidad no levante la cara.

Infectado en la piel de los muchachos, enfebrecido por frutas y secretos, la noria puede ser alguna tarde en la prisión de Malta. Otro giro en la historia. Enroscar de serpientes que culmina con un par de cuchillos lanzando su veneno hacia el cuerpo contrario. Dos pinceles que colman de café la leche recibida un poco antes. La cebada del pobre, alimento de la filosofía y sustancia del pan multiplicado. Dos pedazos de un ázimo callar sobre la mesa. Migajas de varonil blancura para la última cena. Una mesa sin cáscaras. Dos gotas del aceite (brillantes, casi verdes) en la cara. Varias gotas (rubíes) en el piso, porque el amor a veces pierde la cabeza.

Solo uno de ellos pinta. La aspirina que nutre a las orquídeas adelgaza la sangre.

Cuatro siglos después, Caravaggio despierta a las 11:11. Toma un vaso con agua y se siente más vivo. Estará vivo hasta el final del mundo.

La orquídea muere sola.

Linda Maria Baros. Poeta francófona de origen rumano, Linda Maria Baros, nació en 1981, vive desde hace muchos años en París. Ha publicado cinco poemarios, tres de ellos en ediciones Cheyne (Francia) – El Libro de señas y sombras (Premio de la Vocación 2004), La Casa en cuchillas de afeitar (Premio Apollinaire 2007), La Autopista A4 y otros poemas (2009)–, teatro y obras de crítica literaria. Linda Maria Baros también ha traducido una veintena de libros al francés o al rumano. En 2008, creó la biblioteca virtual ZOOM (125 autores), que reúne una parte de sus traducciones: http://www.primavarapoetilor.ro/zoom.html En Rumanía, Linda Maria Baros es la fundadora y organizadora del festival Primavara Poetilor/Le Printemps des Poètes (55 ciudades) y la directora de la revista literaria VERSUs/m. En París, es la secretaria general del Colegio de literatura comparada y la secretaria adjunta de la Asociación de Traductores de Literatura Rumana. Site oficial: http://www.lindamariabaros.fr/

Traducción de Myriam Montoya La camisa de kevlar

Ensartas largo tiempo la camisa de las paredes, así como otros lo hacen con la camisa de la muerte.

Sí. Ensartas cada día la camisa estrecha de las paredes, los sabuesos volantes de las persianas.

Oh, los muros, los muros – los amigos, los enemigos, el dulce retardo, sus bolsillos rotos, sus delgados tobillos de yeguas, los frambuesos, la bomba que los irriga vigorosamente de lo recóndito de tu corazón, como de un filón de zurullo, las fugas que enviscaban hace poco sus cabellos,

las plantas de los pies donde dejaban sus pesadas huellas, las manitos de los homúnculos con las cuales ellos te aprietan contra su pecho y untan de jabón, dulcemente, el nudo de tu cuerda, siempre los mismos, siempre próximos, como si ya durmieras en alguna parte, bajo tierra; hacen tintinear la campanillas de la ilusión; su ruido – temblando – como el del cañón de un revolver chocado contra los dientes.

Te despiertas la mañana y ensartas la camisa de las paredes. Te acuestas la noche y ensartas la dulce camisa de las paredes.

La perra de la noche

No fijes con los ojos el cielo raso y no jures con esa voz enronquecida, de la que se sirve la noche para cortar tus axilas! Y no me recites pizcas de Cocteau: El hombre solo está siempre en mala compañía!

No me digas que te quedas encerrado entre las paredes y que escuchas rap, maniatado hasta el vértigo, despierto hasta el desvanecimiento, como sobre una vía férrea, entre los tapones, como en una prisión, donde los hombres se hunden clavos en la cabeza.

No llores en mi oído porque la cuerda esta podrida, y porque el vodka se te subió, como el deseo trascendental de vomitar, y que su huella de chancro engulle los vasos.

Yo conozco tu soledad de marinero, que voltea la manivela a todo momento. Escucha en la puerta todo lo que desees. No volveré. Espera entonces en la ventana para sentir, con sus pasos etéreos,

la perra de la noche enroscarse alrededor de tu cuello. Y su lengua morada hundirse profundamente en tu boca.

De amor y cianuro!

No me llames a tu casa, en tu mansarda, girando – como un atolondrado girando! – los botones de la estufa, para deshacerte de una vez por todas de los aullidos de viejos lobos del horno, de su pelaje mudado, que te crece sin cesar sobre los brazos, la noche, como los furúnculos, mientras apagas los cigarrillos profundamente en tu carne.

No me llames a tu casa, en tu mansarda, hendido – como un atolondrado hendido! – entre las barras de la cama, en la puerta, bajo la bota, tu tibia y tu peroné – las escucho crujir en mi móvil – como si hendieras el viejo fusil de caza de tu padre, demasiado pegajoso para que puedas cargarlo de nuevo,

después que se volara la tapa de los sesos y, teniendo espasmos, rompió tu puerta a patadas.

No me llames a tu casa, en tu mansarda, puesto que iré! Y me arrancaré el corazón del pecho, lo cortaré con los dientes y lo rosearé de sal extraída con una pica de mis glándulas lacrimales y lo arrojaré como uno arroja una piedra de amolar, para que parta tu tibia y tu peroné, – en menudos trozos! – para que amontone profundamente en el horno tu soplo de amoniaco y para que hienda por siempre tu cabeza de bestia salvaje!

León Félix Batista (Santo Domingo, República Dominicana, 1964), ha publicado, entre otros: Negro Eterno (1997), Vicio (1999), Mosaico Fluido (2006), Pseudolibro (2008), Prosa del que está en la esfera (Tsé-Tsé, BsAs, 2006); Inflamable (La Propia, Montevideo, 2009) y Delirium semen (Aldus, México, 2010).

LOS GATOS DE ALDABURU A María Inés, en Buenos Aires

Los gatos son constantes vertebradas en el tedio. Los gatos, en instinto, son preguntas.

¿Cómo ensanchan ambas córneas en lo oscuro cuando inquieren por el iris de un espejo?

Su mutismo sibilino es lo que intriga, pero en toda la egipcíaca estructura: ¿cómo pudo no escurrirse por las grietas la misiva tan felina de una mole?, ¿cómo pasa por los tantos estados de materia (va de pez a pedestre al aerostato)?

¿Eran cartas de amor las que escribía? La respuesta se desliza en los tejados.

ESTEPARIO

Padece un desamparo recurvo de canino cuando se le proscribe allende la jauría. Volumen animal quebrado sin su prójimo, como la caravana en que muere el dromedario.

No te fíes, pese a todo, de sus dientes: en ellos mora el hambre resuelta en cicatrices: hay lobos –he leído– que clavan sus aullidos con angustia de puñal; gañendo se deshacen, comprimen hasta hallar el verano de las vísceras.

(Tu propia mano en garra hincando en mi clavícula me dice “el lobo ama”. El arma blanca digna de tu boca lo merece: que yo atraviese el bosque por su aliento).

Jorge Boccanera, Argentina, 1952. Poeta, crítico, periodista. Ha publicado entre otros libros de poesía: Contraseña, Los ojos del pájaro quemado, Bestias en un hotel de paso y Palma Real. Es autor además del ensayo Sólo venimos a soñar sobre la obra poética de Luis Cardoza y Aragón.

Madre (fotografía uno)

¿Cuántas llaves su boca? Candados que la visten, la roban de la luz,

escondida, entregada. Ladran perros de trapo en cajones saqueados por el polvo. Todos los movimientos de mis manos la dibujan.

¿Cuántas llaves su boca? Días ajados flotan sobre palabras rancias, en el mismo rincón. donde mi edad es un ruido y una canción de vidrios sucios quiere hacerme dormir. Ella respira los venenos.

Esa señora vive a dos pasos de nadie, replegada. Y vuelvo a ser un niño hecho sed y ella un agua escondida entre las piedras.

¿Cuántas llaves su boca? ¿Cuántas vueltas de llave?

Exilio expulsados de la selva del sur de Sumatra por los hombres que vienen a poblarla, 130 elefantes emprendieron hoy una larga marcha de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue asignada. (afp. 18/11/82)

No hay sitio para los elefantes. Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra, mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar. Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam, yo sigo a la hembra guía, cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las cuatro patas del infierno.

Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta. Los colmillos embisten telarañas de niebla. Llegarán a destino, viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne. Llegarán --dijo el diario--.

La estampida cruza por suelos pantanosos y mi patria –la mía-- es sólo esta manada de elefantes que ha extraviado su rumbo.

¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular de bestias! tambores y petardos, acompañan. Algo de todo el polvo que levantan, es mío.

Luis Bravo, Montevideo, 1957. Poeta y performer, ensayista, profesor. Entre sus publicaciones de poesía destacan: Árbol veloz (1998) 1º cdrom multimedia de poesía en el que participaron 20 artistas uruguayos (2009, cd/dvd) ; Liquen (2003); Tarja (2005); Algo pasa por la voz (2008); Tamudando (2010, dvd) grabación en vivo de la performance realizada en Sala Zavala Muniz/Teatro Solis, junto a músicos, bailarina y artistas visuales.

Dos poemas inéditos octubre 2011.

nhombre

¿Te has preguntado alguna vez qué nombre ostentarían los caballos, o los tigres albinos del kilimanjaro, si de súbito dejáramos de existir? J.P. /M.S.

no serían nobles brutos —como eduardo acevedo los viera en la tapera oriental— esos fantásticos cuadrúpedos que triscan la tarde

en horizonte sanducero a caballo de la noche no habría gentilicio salvo los cielos naranjales

sin soles redondos a quien pedir cuentas de la primera metáfora sólo lo que es y acontece habría hablado en la cuartilla del fino silencio

ni tigres perlados en oro ni reluciente trofeo de caza ni pardas panteras ni albinos felinos en nevada altura

—montaña fría que no virgen pizarra sobre la que nadie escribe ´ Kilimanjaro´, voz telúrica que enamoró un día

a quien tachaba adjetivos de a puñados—

y si no hubiese quien dio a adán primigenio la dudable invención del nombre de las cosas entonces, sólo lo que es y acontece habría brillado.

* actos de palabras

como hierbas de la sombra nacen entre la luz de los helechos consumados

arrojadas flechas por las huestes del tiempo en agua de vocablos bajan en fina lluvia a ver qué brota en los árboles del silencio

la lengua a sus desvaríos se rinde en su orilla desova un nido de fonemas que sueña en la banda sonora de los sueños

grafemas que hablan, blanca pasión los cultiva planta aleve sus voces a fuego raudo crecen entre el manto de lo dicho y los puntos suspensivos

en cuerpo y alma juntos contradicen al ala de la imbecilidad o a sus pantallas se venden por un lugar en este mundo

un hacía aquí nos han caído un hacia allá hemos cagado

en ínfima luz como espadillas aún desbrozan al acecho.

Carmen Camacho, España,1976. Es autora de los libros de poesía La Mujer del Tiempo (2011), Minimás (1ª ed. en 2008, 2ª ed. en 2010), 777 (2007) y Arrojada (2007). Interesada por el mestizaje de la poesía y las artes, en la actualidad desarrolla en escena dos obras de Spoken Word: Venus_Track, que aúna su poesía de viva voz, danza contemporánea y percusiones, y En un claro del tiempo, de poesía y música de órgano. Desde 2008 conduce el espacio radiofónico “Poesía lo serás tú” en la RTVA, dentro del programa de máxima audiencia en Andalucía. www.carmencamacho.net

LETRA PEQUEÑA

Aborrecer el nido no es un dato que tenga en cuenta la tarjeta y que se la arreglen las alondras. ANÍBAL NUÑEZ Hay daños que no cubre el seguro combinado del hogar, lo sé. Las llamadas perdidas, por ejemplo, las cartas rotas, la soga de seda, la noche que hay detrás de los espejos,

esta plaga de cristales en el pecho. La ablación de mi sed. Así contraje la enfermedad de los jabones. Por eso le quise, con todo mi hastío. Contra la vida en vilo fui hueco en su hueco, frío en la guantera, materia inmóvil. Dejé crecer las paredes de esta casa conmigo dentro. Pasaron siglos, siglos de reloj. No abundaré en detalles, señorita. Sólo diré que he arrancado la puerta de cuajo, que he tenido la misericordia de tirar al barro el azúcar glasé, que ahora me entra luz en la despensa. Ya sé, tampoco contempla la póliza el amor a terceros, el temporal de sol, el tumulto en las calles ni el motín de la hormiga.

Pero este es un caso de delicadeza mayor. Y yo sólo llamaba para decirle, amiga, que me acabo de conceder a todo riesgo la incertidumbre de vivir abierta de par en par. Poemas de Carmen Camacho. Para La Otra, revista de poesía. 3

MINIMÁS*

Poesía lo serás tú. * La tipografía del mordisco. * La veteada sombra del esqueleto. * Un campo de girasoles ante un eclipse. *

Somatizo el mundo hasta la mutación. * Mis queridos poetas de la aldea global: donde dije audiencia quise decir ausencia. * … Y la tristeza como unas medias rotas. * Yo estoy hecha de derribos. * Desconfío de la puerta a la que le brillan los candados. * Arcos del triunfo: muros de la vergüenza. * Ahí abajo, en el abajo mío, hay un averno. * Quebrarme entera hasta escupir cristales. * Todo sistema aprieta. Decide cómo usar tu destornillador. * Escondo entre estos juncos un alijo de veranos.

* Abrir los ojos hasta verte. * A pesar del pesado plumaje me acompañó a pie. * Guardo a mi amante en los espejos. * Conjuro Que cada semilla contenga un bosque. * Amor con amor se paga: interesante ajuste de cuentas. *En palabras de su autora, “las minimás son aforismos poéticos que no alcanzan cuerpo de máximas, pero tampoco son mínimas. Son, eso: minimás. Poesía hiper-breve, de a verso, escrita con el aguijón o con ademán de jíbara, aerolitos (diría Carlos Edmundo de Ory), voces abandonadas (diría Antonio Porchia)”.

Kenia Cano nació en México D.F. en 1972. Obra poética: Hojas de una Sibarita Indiscreta (1994), Tiempo de Hojas (1995), Acantilado (2000), Oración de Pájaros (2005), poesía y pintura de la autora, ganador del premio para la publicación de obra inédita convocada por el Instituto de Cultura de Morelos, y Las Aves de Este Día (2009) Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer 2010. Ha expuesto obra pictórica en México, Francia y Estados Unidos. Imparte Talleres de Poesía en la Escuela de Escritores Ricardo Garibay. Y un taller de correspondencia entre las artes en el Centro Morelense de las Artes. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 2011.

A SCARED RABBIT, MOSTLY You think of me as a guide from another world, wise and clear, because I´m outside the rules… Actually I´m ordinary, vain, very narcissistic, fickle, not very honest, not learned, a scared rabbit, mostly Alan Williams Un conejo bajo las sábanas. El conejo ha menstruado ¿Es coneja?

Nunca he sabido distinguirlos.

Tuvimos un criadero de conejos, recuerdo algunos ojos saltones como los de mi madre.

Alguien amenazó a un conejo en mi recámara. No había suficiente luz.

Su pelaje es suave, blanco, como bombones en un cereal, común y repetido.

Soy un conejo asustado, casi, mayormente.

Acariciarles el estómago, ¿Quién dijo que esperaban tu cariño? Aquella tarde sí ¿A cuántos salvamos? ¿Cuántos murieron por nuestro descuido?

Salían a comer lechugas sembradas por mi madre: Siete, nueve, números impares, como lo que pienso acerca de mí.

Ella levantó la sábana: un conejo. Un conejo guardado en la garganta. Habrá que hacerle una disección. Es común que sean los prestados.

¿Qué hizo con el primer conejo rígido? ¿Nos ayudó a enterrarlo?

Quisiera ya no tener miedo,

deberás entonces imaginar:

¿Quién sembró este conejo para que brille la pradera? ¿Quién con su luz omnisciente entibió su sangre? ¿Quién le dio diez razones para seguir moviéndose?

¿Quién acompasó su respiración cuando la hierba se inclinaba? ¿Quién dibujó un halo certero sobre su cabeza? ¿Quién hizo que la niña lo cargara y pensara que nunca iba a morir? ¿Quién acercó su nariz y sintió un temblor sereno? ¿Quién señaló la sombra del conejo

cuando había desaparecido?

Escucho el interior de ciertas casas vacías La respiración pausada que no tuvieron los antiguos habitantes, el temblor en las ventanas, el aire que se cuela por las rajaduras de los vidrios rotos. Y aunque el calor entra por mi oído derecho, no tiene sonido el sol.

Escucho el interior de la caja torácica del pájaro.

Me abro lentamente al sonido que hace el cardo cuando brota por primera vez desde la grieta, la salida de sus primeras espinas no es un sonido agresivo, sólo memoria y protección de la estrella en el terreno baldío.

Amo los terrenos baldíos, sus cambios sutiles a lo largo de un año: La eterna acumulación de nidos de araña y ardillas. Escucho el interior de la tierra bajo la ceniza, su decir oscuro y generoso.

Escucho lo que responde la piedra a la inscripción que ha dejado la uña del tiempo, tal vez un niño o un hombre ha trazado en su lomo un problema matemático; tocará el centro de la roca multiplicando los ecos mientras toda la materia escucha:

Escucho el seco rozar en el pelambre del animal, las partículas de polvo que sacude como gotas sobre la charca seca, sobre la sed de la tierra.

Escucho el sonido del hueso más pequeño del cuerpo, su música vibratoria ,

su forma de frenar las voces desbocadas del exterior.

Dicen , susurran, que hay mal afuera, que ha habido inconformidad, que se salieron las cosas de las manos, que todos querían tomar a manos llenas.

Dicen, que hay demasiada gente triste,

otros quisieran regresar, negar el primer encargo. Ellos también tienen miedo, no saben cómo llegaron allí, hay doctores, cantantes, náufragos.

Dicen los que están del otro lado que no saben cómo volver, dudan del equilibrio de sus propios huesos.

Hay quienes se ocultan durante el día en estas casas vacías, pero el eco no los deja dormir. Quieren volver pero ya nadie los reconoce detrás de los pómulos alzados, detrás de tanta frustración.

La madre primera no ve el gesto, ya ni ella lo ve. Han dudado demasiado, durante días, por tantos años. Han perdido la fe.

Sonido reparador

restáuranos,

entréganos a la apertura de la primera estrella. Fulgurante coincidencia en nuestro cuerpo que parecía baldío.

Eduardo Casar, México, 1952. Narrador, académico, poeta y guionista. Nació en la Ciudad de México el 6 de marzo de 1952. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde 1975 es profesor de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado los libros de poemas: Noción de travesía (1981), Son cerca de cien años (1989), Caserías (1993), Mar privado (1994), Grandes maniobras en miniatura, es su más reciente libro, ganador en el 2009 del Premio Internacional de Literatura Letras del Bicentenario “Sor Juana Inés de la Cruz”. También ha escrito algunos cuentos para niños: Las aventuras de Buscoso Busquiento (1994). También la novela Amaneceres del Húsar (1996).

SOPORTE MATERIAL

...y ya escrito el poema, ya bien pasado en limpio, cuando ya eliminamos borraduras y atajos, detenerse.

Tomar entre los dedos una de las esquinas de la hoja y retirarla suavemente, al contrario de como se retira el mantel repentino sin que las copas caigan. Hasta que el poema quede flotando sin papel sobre la mesa.

Entonces hay que abrir la ventana y que el aire deshaga lo que quiera. ÉTICA A NICÓMACO Cómo me gustaría ser como yo.

Tener el tiempo que yo tengo para salir a caminar cuando yo quiera, para leer lo que le venga en gana a mi gana más íntima y soltera; interrumpir sin que nadie se asfixie

cualquier obligación etiquetada; para estar en pleno uso de la soberanía de ir a pie por las calles, descubriendo raíces que aparecen quebrantando las reglas del asfalto.

Cómo me gustaría, deveras, dedicarme una noche a platicar conmigo, cada quien con su trago, discutir, discrepar, desentonarse, hasta que el pobre espejo se quedara dormido con el rostro apoyado sobre el azogue opaco.

Cómo me gustaría que a los dos nos gustara la misma y que uno tuviera que ceder y cediera por desatarle al otro las dos manos.

Cómo me gustaría que yo y que yo fuéramos tan amigos.

LOS DE ARRIBA En la fotografía mi amigo Nelson Oxman aparece pensando; trae dos o tres imágenes adentro del cerebro; aparece con su reloj en donde no se alcanza a ver la hora (ni tampoco las dos o tres imágenes). Y trae puestos sus lentes.

Hoy el reloj tendrá, seguramente, pila nueva, y andará por ahí marcando los minutos, atado a un pulso cuya presión desconocemos.

Los lentes han de permanecer

en el cajón de alguna cómoda, entre postales y cartas y más fotografías. Aparentemente reposando.

Sus lentes, adaptados para complementar la claridad de lo que Oxman miraba, fueron una parte de su mirada. La otra parte (sus ojos) ya son ceniza ciega. Insoportablemente igual ceniza que el hueso duro de su frente y de sus parietales.

Una parte de la mirada de Nelson se quedó engastada en aros de metal que se articulan sobre el puente de una nariz que ya no existe. Sin sus orejas finas, las varillas de sus lentes

están ahora cerradas sin sentido y son como brazos cruzados que no abrazan a nadie.

Fue exacta la refracción, el foco, lo convexo, y fue el tejido exacto de ángulos cristalinos para que la mirada de Nelson apreciara detalles, quisiera pelos y señales, amara sobre todo ese lunar que amó o aquella cicatriz imperceptible para otros.

Nadie podrá usar jamás los lentes de mi amigo Nelson Oxman.

Y la tragedia es que son irrompibles.

SIMA TEOLÓGICA

¿De qué tamaño tendrá Dios el corazón?

¿Le late a Dios, o lo tiene detenido?

Debe ser más impresionante que la mezquita de Casablanca por adentro: ya me figuro el ventrículo izquierdo, su bóveda celeste tiñéndose de rosa,

las amplias avenidas de aquellas venas cavas

y el abismo de su aorta descendente, o el sonido de la válvula mitral abriéndose y cerrando su portazo de cuatrocientos chelos enfrenando al concierto.

Y la sangre ¿ha de ser transparente? Si nosotros, pedestres, desplazamos cinco litros de sangre por minuto, ¿cuántos desplaza Dios, si es que le late?

Si nuestro corazón se mueve y toca sus tambores al margen de nuestra voluntad, ¿el de Él ha conseguido toda su autonomía?

¿O depende del capricho y del menor descuido?

¿Y si no tiene Dios ni corazón ni páncreas, ni tejido esponjoso ni cerebro? ¿Y si Dios está vacío?

Sylvestre Clancier, Limoges, Francia, 1946. Fue Secretario General de la Academia Mallarmé y Administrador de la “Sociedad de la Gente de Letras de Francia”, presidió la comisión de poesía. Es miembro del jurado del Precio Roger Caillois y dirige el Pen Club de Francia. Es autor de una quincena de libros de poemas, en donde podemos citar los más recientes: El Alma alquimista (L’Âme alchimiste), Escrituras primeras (Ecritures première), Un Color para la noche (Une Couleur dans la nuit). Es también ensayista: Freud, La vía de los poetas. Su poesía existencial está impregnada por un interrogatorio metafísico, atraído por lo sagrado y los misterios iniciáticos. (Traducción de Marco Antonio Campos)

TÚ TE PREGUNTAS… Tú te preguntas si es el espacio infinito tan curvo como esta duna por la cual tú paseas en la noche

Si tus sueños son insensatos o promisorios

Y si las vida y sus avenidas son los caminos

donde los poetas escriben sus palabras oscuras que están allí como tantas trampas para capturar la verdad siempre inalcanzable.

El sentido como nube pasa y se disipa sin dejar huella

Tú ves en él lo que tú crees un día esto, un día aquello

Cuando ya te hayas ido, no habrá sino el presente Aquella que te cerrará los párpados recordará tu pregunta: ¿Por qué?

Tu te demandes…

Tu te demandes si l’espace est infini tout aussi courbe que cette dune sur laquelle tu te promènes la nuit

Si tes rêves sont insensés ou prometteurs

Et si la vie et ses allées sont les chemins où les poètes posent leurs mots obscurs qui sont là comme autant de pièges pour capturer la vérité toujours insaisissable.

Le sens est tel un nuage il passe et se dissipe sans laisser de trace

Tu vois en lui ce que tu crois

un jour ceci, un jour cela

Quand tu t’en iras, il n’y aura que le présent celle qui fermera tes paupières se souviendra de ta question : Pourquoi ?

(Traducción de Dionisia García y Ginés Aniorte) Luz en el árbol, Luz bajo la corteza y en la savia, en el grano y en el brote, luz exaltada en el cielo, bebo de ti como de mi lengua materna, te venero como un fanal, luz de los ojos, luz de la mirada y el don,

luz en el camino. He cantado en tu lengua, He descubierto en ti el primer alfabeto.

Lumière dans l’arbe lumière sous l’écorce et dans la séve dans la graine et le bourgeon lumière exaltée dans le ciel je me désatère de toi comme de ma langue maternelle je te vénère comme un fanal lumière des yeux lumière du regard et du don lumière sur le chemin j’ai chanté dans ta langue j’ai découvert en toi le premier aphabet.

Jeannette L. Clariond, México. Es autora de diversos poemarios entre los que se encuentran Mujer dando la espalda, Newaráriame, Desierta Memoria, Todo antes de la noche, Amonites, Siete Visiones, coedición con Gonzalo Rojas, Nombrar en Vano, Los momentos del agua y Leve sangre. Ha traducido las obras de Roberto Carifi, Alda Merini, Charles Wright, Primo Levi, William Merwin y Anne Carson. Ha sido distinguida con el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta; el Premio de Poesía Gonzalo Rojas; la Beca Fundación RockefellerConaculta; la Beca de Traductores Banff y por el Vermont Studio Center for the Arts. Algunos de sus libros y parte de su obra han sido traducidos al inglés, francés, rumano, italiano, búlgaro, árabe.

La casa

La casa, ese sitio incierto. La niña sin lámpara, blanco el origen, arde en silencio la revelación. Todo origen es blanco, la composición

de la forma, callada la niebla, el árbol. La niña callada, lo alto, lo aire. Todo origen es blanco, el azar. Callada la niebla, cuya música es silencio, sílabas dispersas.

Mina 1004

Arder, yo vi a mi abuela arder. Agosto. Chihuahua, 1963. Ella ardió, su fuera y su dentro, ardió en la calle Mina 1004. Vi a mi padre envolverla en una sábana, el colchón ardía; las cortinas, la alfombra, su vestido ennegrecieron. Todo lo recogió. <<No hagan ruido, su madre está cansada>>. Lo vi salir de luto esa tarde de agosto con su corbata negra. La recogió. Ceniza y llanto recogió.

El humo de la abuela en el zaguán, las tías sorbiendo, ásperos, los grumos del café.

Había que borrar lo oscuro que dolía,

disolver la sal, el llanto, abrazarse, sofocar el temblor del viaje, escuchar a Paul Anka, por ejemplo, a falta de pulso, rayar el disco de 45 revoluciones por minuto.

Por instantes vivía, por instantes todo fue púrpura: la mujer, el cansancio, las frondas de los álamos. Después el vidrio, el vidrio en el cedro, el rostro quemado bajo el humo.

También mi madre ardió. En lágrimas su sonrisa apagada: <<Arréglame el pelo, me dijo, déjame salir a ver si ya está seca la ropa>>.

Tuve miedo. De que sus pasos lentos no volvieran, de la tersura de la hoja, del sigiloso carcomer,

del reseco peso de la hiedra, ya sin muro, del florero en la cocina, sin flores. De ese cuarto ciego con su muerte tuve miedo. De mí misma y el filtrarse del viento que se llevaba el polvo de los sicomoros.

Guy Cloutier (Québec, le 11 février 1949) Écrivain et critique littéraire, Guy Cloutier publié une trentaine de livres au Québec et en France. Très actif sur la scène

littéraire, il a été notamment le fondateur des tournant dans l’histoire des

Lundis du Temporel qui ont marqué un

récitals littéraires au Québec. Guy Cloutier est Directeur en 1996.

artistique des Poètes de l'Amérique française depuis leur création

Traducción de Silvia Pratt

Un paulatino surgimiento

*

Se le ha visto al despertar partir perderse en el barrio de su infancia patear suavemente el alba recién acurrucada de los hombres él ya no conoce sino sus casas las paredes las ventanas sin abrir todo está restringido encubierto el mundo confinado

ahí como en aquella burbuja que siendo niño agitaba para que sin importar cómo el mundo se cubriera de nieve.

*

Se le ha visto con el rostro hundido en el cuello sus dos cuerpos sacudiéndose por los sollozos por la lluvia como nada más pueden sentirlo los tristes en la vida

Él busca imagina las palabras en las que ella habría podido extraviarse

Monólogo de esplendor que atormenta

Él le abre su cuadernillo:

“Sus deseos se le desvanecen Como una historia que nos hemos contado tan solos desde hace mucho tiempo”

Su silencio como una tierna poesía que solamente ellos eran capaces de escuchar.

Emilio Coco, nació en San Marco in Lamis (Italia), es hispanista, traductor y editor. Entre sus trabajos más recientes destacan: Antologia della poesia messicana contemporanea y La parola antica. Nove poeti indigeni messicani. Como poeta ha publicado, entre otros: La memoria del vuelo (2002), Fingere la vita (2004), Contra desilusiones y tormentas (2007), Il tardo amore (2008; traducido al español, al gallego y al portugués; Premio Caput Gauri, 2008), Il dono della notte (2009; Premio Alessandro Ricci-Città di Garessio; Premio Città di Adelfia; Premio Metauro; Premio della Giuria Alda Merini), El don de la noche y otros poemas (2011) y algunas plaquettes. En 2003, el rey de España, Juan Carlos I, le otorgó la encomienda con placa de la orden civil de Alfonso X el Sabio. Ha sido traducido al español, portugués, gallego, francés, húngaro, lituano, turco y corso.

Traducción de Marco Antonio Campos (poemas inéditos)

GRACIAS, Señor, por la criatura que, sacudiéndose la lluvia de las alas, se aproxima a saltitos circunspectos a picotear del pan una migaja, casi bajo mi pie,

mientras espero sentado en una banca el autobús que me regrese a casa, luego de una noche insomne en hospital. Gracias desde el alma por la compañía. Gracias por no atemorizarla.

GRAZIE Signore per questa creatura che, scuotendosi la pioggia dalle ali, s’avvicina a saltelli circospetti a beccare una briciola di pane quasi sotto il mio piede mentre aspetto seduto su una panca la corriera che mi riporta a casa dopo una notte insonne in ospedale. Grazie di cuore per la compagnia. Grazie per non averla intimorita.

PERDÓNAME Señor si en la iglesia esta mañana me desconcentré a causa de un trasero portentoso que me conturbó a mis setenta y un años, mientras tomaba la hostia consagrada. Sea alabanza y gloria a ti yo susurré por esta maravilla que nos diste, la prueba más probada de la magnificencia de todo lo creado.

PERDONAMI Signore se stamattina in chiesa mi sono sconcentrato per via d’un fondoschiena portentoso che m’ha turbato ai miei settantun anni mentre accoglievo l’ostia consacrata. Sia lode e gloria a te ho sussurrato

per questa meraviglia che ci hai dato, la prova più provata della magnificenza del creato.

Gabriel Chávez Casazola (1972) Poeta y periodista boliviano. Ha publicado los libros de poesía Lugar Común (1999), Escalera de Mano (2003) y El agua iluminada (2010). Varios de sus poemas fueron traducidos al italiano, portugués e inglés y están publicados en antologías y revistas internacionales. Ha impartido talleres de poesía en universidades y centros culturales, y participado en encuentros y lecturas en Brasil, Nicaragua, Perú, Argentina y Ecuador.

La canción de la sopa

En tiempos de mi abuelo las familias eran grandes vivían en grandes casas —grandes o chicas, pero grandes, inclusive diminutas, pero grandes.

Comían alrededor de grandes mesas mesas fuertes, cubiertas o no de mantel largo

pero bien establecidas en el piso.

Con cucharas enormes comían la sopa en los grandes mediodías. La sopa extraída con grandes cucharones de unas enormes soperas.

Se reunían juntos después a oír la radio, a tomar café, a fumarse un cigarrillo sin grandes (ni pequeños) cargos de salud o de conciencia.

Mamá, bordando a veces y a veces tejiendo, veía sucederse a los hijos y a los nietos en un ininterrumpido y gran bordado.

Papá, la autoridad papá, llegaba todas las tardes a las 6 montado en un gran auto americano o en un gran caballo o con un gran estilo de caminar para pasar la noche junto con los hijos y los nietos que el

tiempo no había interrumpido, salvo aquél que enfermó, aquél que se fue dejando un enigma y una sensación de vacío —una enorme sensación de vacío— flotando, con el humo de los cigarrillos, sobre la sobremesa de la cena.

A veces, en esos momentos, papá, la autoridad papá, dejaba de escuchar los sonidos de la radio y quería estar solo consigo mismo, simplemente no estar ahí, tal vez estar corriendo por alguna lejana carretera con una rubia parecida a mamá cuando no era mamá, montado en un gran auto americano o en un gran caballo o con un gran estilo de caminar aún no vejado por el tiempo.

Mamá a su vez algunas sobremesas sentía un nudo en la garganta, un nudo que después salía flotando de su boca montado en un gran suspiro, un enorme nudo que se enredaba en el vapor

de su taza de café, con unas volutas que le robaban la mirada y la hacían desear estar sola, simplemente no estar ahí, escuchando los llantos de las últimas hijas y los primeros nietos.

Así fueron los años, vinieron los cafés y los cigarrillos y un día la gran casa se fue quedando sola, las enormes soperas vacías, las cucharas mudas de una enorme mudez que a hijas y nietos nos persiguió a lo largo de miles de kilómetros de carretera, de cable de teléfono, de grandes ondas que ya no se miden en kilómetros.

Incluso aquél que enfermó, el primero en partir como cada quien que bebió de esa sopa fue alcanzado por la mudez, que se metió en su pecho por la gran boca abierta de un enorme bostezo.

Entonces

compró una breve sopa instantánea y entre sus mínimas volutas se permitió un pequeño llanto.

No podía tomar la sopa. en su diminuto departamento no había una sola cuchara, una sola mesa bien fundada, algo que vagamente pudiera parecerse a la felicidad y sus rutinas.

Entonces pensó en los tiempos de su abuelo o del mío o del tuyo, cuando las familias eran grandes vivían en grandes casas —grandes o chicas, pero grandes, inclusive diminutas, pero grandes y veían sucederse a los hijos y a los nietos en un ininterrumpido y gran bordado con enormes hilos invisibles abrazándolos a todos en el aire.

Una rendija

Y tomando barro de la acequia el niño formó cinco pajarillos cuando nadie lo veía.

Se alisó entonces el cabello que le cubría la frente tomó aire sopló suavemente sobre ellos

y echaron a volar. Del libro El agua iluminada (2010)

Jorge Humberto Chávez (México, 1959). Mención Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1981. Premio Nacional de Poesía Colima, 1981. Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos, 1982. Ha publicado De 5 A 7 PM, 1981; La otra cara del vidrio, 1984; Nunca será la medianoche, 1987; La lluvia desde el puente, 1991; El libro de los poemas, 1996; Bar Papillón, 1999; The City and the Endless Journey, 2003; Ángel, 2009 y 2011. Fundador y Coordinador del Encuentro Internacional de Escritores Literatura en el Bravo, Ciudad Juárez, Chihuahua.

EL POEMA TRISTE Uno. Bhopal, India, 1985.

en 1985 tuvimos un mal año en Bhopal

las mujeres en las cocinas hervían potes con verduras los niños jugaban a descubrir la lombriz de tierra a hacer diques y minúsculos puertos en las charcas

los hombres en reunión discutían sus asuntos trabajaban en los talleres empacaban la fruta golpeaban los metales

no era posible un día más hermoso en Bhopal porque el cielo era benéfico y azul y las nubes semejaban palacios de nieve en las alturas

pero de pronto una sombra cubrió las casas los patios los pequeños pórticos una sombra invisible se posó con la suavidad del pájaro sobre las cocinas ahumadas y las espaldas de los niños que en la charca botaban con sus manos fragilísimos buques cargados /de venenos y sobre el discurrir de los hombres graves una sombra cayó

así marcó su paso la nube de la muerte: invisible

esto ocurrió así en noviembre de 1985 la muerte fue aleve en Bhopal fue luminosa

(De El Libro de los Poemas, 1996)

MOSCA

En algún momento y por alguna fisura entre tú y yo entró esta mosca en nuestras vidas. Habíamos decidido no hacer nada: días como pesados folios agregábanse unos a unos sobre ambos, fija la mirada en el techo sin decir palabra, inmóviles las manos, nulo el respirar

(Tanto perdimos que todo adelgazó ante nosotros: la alfombra, el aire, nuestros huesos; ni siquiera quedó la compasión del uno para el otro: mírate nada más, qué pena)

No recuerdo ya cuántas semanas pasaron desde que en el techo encontré el punto preciso de la nada. Y quedé ahí, fijo, y en nada te recuerdo, y hasta olvidé que antes te llamaba por tu nombre; es más: no sabía que estuvieras aquí

En eso fue el zumbido. Te sentí respirar. Y en el perfecto blanco del raso de la alcoba la vi pasar volando

Vanessa Droz, Puerto Rico, 1952. Durante la década de 1970 fue miembro de las principales revistas literarias de Puerto Rico y en los años ochenta fundó la revista cultural Reintegro. Su poesía ha sido incluida en numerosas revistas y antologías, nacionales y del extranjero. Es Premio Nacional de Literatura por su libro Vicios de ángeles y otras pasiones privadas (1996) y Premio San Sebastián 2008 por su labor como gestora cultural. Sus otros libros de poesía: La cicatriz a medias (1982) y Estrategias de la catedral (2009).

EL VASO FEMENINO

las piernas se me van aparte a parto su circulación circense las piernas duelen abrirlas y cerrarse

su sangre trepadora caer de luna en sangre subir hasta la muerte

hasta la capacidad de vida

aire

su estrecha relación de carne entre y sale un hueso simulado

moverse hasta el relámpago hasta las paredes más rojizas cosquillas vaginales supeditadas a un saber de hombre hambre

su pilar de vientre hinchado inflar un dolor de hueco entrar otra muerte en la memoria un feto un niño imaginable un esqueleto

un hombre

continuidad del huevo sacar u sol y una nostalgia trepadora incansable clara

su circulación circense abrirlas y cerrarse las piernas duelen

a parto las piernas se me van aparte

ENVIDIA

Hoy es lunes y hay algo que comienza y hay preguntas que me hago. ¿Duermen las paredes susurrantes? ¿Qué sueñan los párpados de dios? ¿Por qué la mano que escribe resiste las burbujas del hervor del agua? ¿Por qué cuando despierto huelo a orín y a mierda y a sudor y a hombre que no recuerdo y a cerveza y a polvo, a ese olor que apenas defino porque apenas me lo ha dado mi mejilla

aplastada contra el encintado de la acera? ¿Padecen de insomnio las cucarachas? ¿Por qué me besan? ¿Será cierta esta geografía que vivo, sin sangre, sin infancia, sin collares ni enaguas que me tienten suave, con tanta calle, tanta noche, tanto miedo? ¿Será mía, sólo mía, esta eternidad que gozo?

Roberto Fernández Iglesias. Nació en Panamá, en 1941. Vive en México desde 1957. Fue profesor de las universidades Nacional Autónoma de México y Autónoma del Estado de México.Director fundador de tunAstral, movimiento de promoción literaria desde Toluca. Libros: Canciones retorcidas. Cartas, Trastienda y otros hasta el más reciente: Furiosa sustancia.

RFI. Poemas con la dinastía T’ang ** Li Po – Tu Fu – Po Chu Yi – Wang Wei disparo en la vieja pronunciación El dirigente del sindicato de escritores chinos revela asombro en la voz del traductor La mesa queda en silencio esperan respuesta apenas va la primera copa En muchos viajes nunca le habían tirado esos nombres en ráfaga Pregunto si tiene en la memoria algún poema de ellos En español digo de Li Po Si es la vida un gran sueño ¿para qué atormentarse? Yo bebo todo el día

Cuando me tambaleo me duermo al pie de las columnas Y al terminar ruego nunca he oído eso en chino Nunca sabré si el traductor me engañó pero el dirigente sólo tenía en la memoria poemas del Gran Timonel Mao Tsé Tung Sólo me quedó beber como Li Po durante el resto de la comida

** Estoy en la fila para tramitar mi pensión cada instante repito nunca pensé en llegar hasta aquí Hay varias filas con gente como yo o mayor o más joven

pero no mucho A los oficinistas todo es igual todos somos el mismo todos iguales Olvidan que pagamos su salario El aire está quieto y pesado La luz es de los focos en el techo Leo a Li Po a Tu Fu a Po Chu Yi a Wang Wei la dinastía T’ang es nobleza poética Ahí el aire corre el sol llama al espíritu y la luna brinda con nosotros Cuán lejos estoy de todo eso cuando me despierta la voz chillona que casi grita ¡asunto!

**

A quién recetaré el premio inútil de la inmortalidad como Tu Fu a Li Po Tengo tantos maestros en mis memes y no puedo soñar en uno solo Ni siquiera aseguro su aparición en estas voces por más que intento alzar el volumen En mi sentir reconozco muchas posibilidades pero no hay tantos premios inútiles de inmortalidad ni tantos aspirantes aunque por momentos veo poesía en rincones inesperados a la vuelta de cualquier página de alguna revista o en el manuscrito de algún amigo

Daniel Freidemberg nació en 1945, reside en Buenos Aires, Argentina. Libros de poemas: Blues del que vuelve solo a casa, Diario en la crisis, Lo espeso real, La sonatita que haga fondo al caos (antología personal), Cantos en la mañana vil y En la resaca. Ensayo y crítica: La poesía del 50, La palabra a prueba y Cómo se escribe un poema. Es autor de una veintena de antologías de poesía. Cofundador de la revista Diario de Poesía, integró su dirección hasta 2005. Dirige la revista Bárbara.

Agosto

Roja la carne de sucia paloma y – plumas blancas, después del paso – de la rueda del taxi: no símbolo de alguna cosa en derrota, etcétera, nomás carne, roja, asco de ver carne en el suelo. Sucia, de paloma pisada – por la realidad, sucia. ¿Hacer polvo los ojos? ¿La rebelión de mirar una rosa? Carne, repetir eso, "carne", y – no está, ni plumas, ni nada. Sólo asfalto al sol,

formas, ruidos, que pasan. Y un poco más arriba, en un balcón, sábanas, plantas que el aire por momentos mece. Va a llover.

Agosto (II) Entre el parduzco y cierto rojo, veteados, trozos de carne en el asfalto (de paloma) y plumas que habrán sido blancas. Entre negro y nada, el asfalto, pisado por todo el rodar. Grumos de carne en ruedas, yendo a nada, desde la nada, acá. "Porque yo no existo", duró un instante, y se fue: la nada.

Lerda materia en deshacerse: nada, y un cielo encima que promete lluvia.

Agosto (III) Cierta, al ver carne desparramada en el asfalto, repugnancia : no en alguna pantalla, en el suelo: carne aplastada, se puede tocar. ¿Símbolo de algo? De carne aplastada si tocás te mancha. ¿Más? Partículas de carne en las ruedas que mil veces pasan como si el mundo no fuera otra cosa que ese negocio, este negocio, pasar.

Agosto (IV)

Como la carne de paloma en el asfalto, carne de cuerpo de animal humano, quemada, carne de pura materia amputada, viva o muerta, chorreante, y humo y escombro, y letras en la pantalla (blancas) explicando todo.

Agosto (V)

Humana carne tumefacta en la pantalla, carne puesta a la vista, inerme carne de otros.

Jorge Galán (El Salvador, 1973). Ha publicado: La ciudad (Pre-Textos, 2011) El estanque colmado (Visor, 2010), Los otros mundos (Alfaguara infantil, 2010), El premio inesperado (Alfaguara infantil, 2008), Breve historia del Alba (Ediciones Rialp, 2007), entre otros. En 2006 el premio Adonáis; en 2009 el premio Internacional de poesía Antonio Machado y el premio internacional de poesía infantil de la fundación Conrado Blanco en 2011. A nivel nacional ganó el premio nacional de poesía en tres ocasiones y en dos oportunidades el premio de novela corta.

Race horse para Roxana Elena

Y mira tú, muchacha, de quién viniste a enamorarte, a quién viniste a amar para toda la vida, a quién decidiste no olvidar: es un caballo de carreras, ese muchacho es un caballo de carreras y corre siempre junto a la barda colmada por espinos y sus músculos inflamados siempre a punto de reventarse. ¿Quién lo conduce? Sus estribos son ríos a los cuales muerde para intentar romper.

Sus ojos ven un horizonte de fuego al que no puede dejar de dirigirse. Sus cascos son de un cristal incorruptible que aniquila a la piedra. Su crin es el viento azotado por el relámpago. Una tormenta tiene donde debió tener un breve corazón, una tormenta a la cual teme incluso el invierno mismo. Su imaginación es la misma que la de la montaña y la del grito que corta el silencio de la montaña desolada. No es de fiar. ¿Quién confiaría su alma a una tormenta? ¿Quién brindaría su piel al cuchillo de fuego o su voz al silencio de la flauta quebrada por el odio? Y mira tú, muchacha dulce, te abriste como un cofre lleno de perlas que parecían brotar de la luz misma y él ni siquiera pudo notarlo, él es un caballo de carreras y no le importa ni la ciudad ni el camino que lleva a la ciudad ni las joyas ni un cuello lleno de joyas ni un cofre lleno de joyas, solo le importa el bosque y el campo abierto y la playa interminable pero sobre todo la pista, esa pista de grama, arena y piedra, y mira tú de quién viniste a enamorarte

a quién quisiste guardar en ti como un corazón nuevo a quién quisiste abrazar hasta perder los brazos a quién quisiste mirar hasta cerrar tanto los ojos que no consigues ya mirar la dicha. Mira tú, muchacha linda, a quién quisiste amar, a un obstinado caballo de carreras cuya pista es el mundo.

Tomado de El estanque colmado (Visor 2010)

El azar

En las cortinas el viento elabora palabras delicadas y es como si a través de la seda se volviera visible lo invisible. La ciudad se ha reducido a un murmullo lejano. El día es gris. La calle se ha tornado más larga. Volteo y la veo andar como si nada sucediera, como si todo fuese cotidiano, como si su espalda y mi boca

hubiesen pronunciado discursos semejantes. Ella no me presiente. Me confunde con la brisa sombría que baja desde el frío, no voltea, no mira la silueta que atrás, en la ventana, retrocede hacia un sitio repleto de temblor y de invierno. Ahora vemos pasar una misma paloma sobre los mismos autos. Escuchamos un trueno lejano. Bajo el trueno, la lluvia. Su rostro recreado en mis ojos es como el alba recreada en los ojos del hombre primigenio: algo sin nombre, puro como solo el primer asombro puede serlo. Ella se ha detenido. Se acurruca y sus duras pantorrillas, blancas como conejos muertos blancos, me mostraron el brillo de algo largamente deseado y no alcanzado. ¿Qué se detuvo a recoger? ¿Qué sostiene en la mano y observa como quien observa la fotografía encontrada mucho después, en un cajón perdido, de alguien que ha sido muy amado? Ya camina otra vez. El día es gris. Se dirige al poniente, ese sitio implacable donde todo concluye y donde toda medida de la luz llega a enfrentarse con la sombra.

La veo marcharse calle arriba como quien ve su propia alma abandonar su cuerpo y ascender y perderse. ¿Por qué no dije nada cuando sé exactamente lo que debí decir? ¿Cuántos años de espera me acompañan? El azar o el destino abrió frente a nosotros caminos diferentes. La he esperado durante mucho tiempo. Una mano de niebla ha destruido en mi boca toda palabra única. Su nombre es ese frío que baja en mi garganta.

Tomado de La ciudad (Pre-Textos, 2011)

Louis-Philippe Hébert. Nació en Montréal en 1946. Ha escrito poemas, novelas, cuentos, relatos y obras de teatro radiofónicas. En la década de 1980 creó la primera editorial de programas de cómputo en francés y en 2008 publicó su catorceavo libro. Como editor y fundador de la editorial Éditions Logiques, ha publicado mas de mil títulos. Obtuvo el Gran Premio Quebecor del Festival Internacional de Poesía (2008), el Premio Saint-Denys-Garneau (2009) y el Premio Fierté Montréal en reiteradas oportunidades. Es Miembro de la Orden de los Francófonos de América desde 1985, título otorgado para honrar su aporte a la calidad de la lengua francesa y el conjunto de su obra.

Louis-Philippe Hébert, écrivain québécois, est né à Montréal en 1946. Il a créé la première maison d'édition de logiciels au Québec, la société Logidisque. Il a aussi mis sur pied une galerie d'objets de collection appelée LUNIVER & Cie. Il est le fondateur des Éditions Logiques et l’actuel président des Éditions de La Grenouillère, autrefois connues sous le nom de La Grenouille bleue. Il a écrit des textes pour la Chaîne culturelle de la Société Radio-Canada, des textes pour la télévision éducative ainsi que des pièces de théâtre pour la radio. Il a publié une vingtaine d’ouvrages dont les titres les plus récents sont La séparation (roman), Le livre des plages (poésie), La chute de l'ange (poésie), Correspondance de guerre (poésie) et La bibliothèque de Sodome (nouvelles) qui furent salués par la critique. Il a également publié à l'automne 2009 un roman particulièrement audacieux : Buddha Airlines. On y retrouve toute la révolte et l'angoisse d'un adolescent affolé par l'hyper-sexualité de notre époque, l'indifférence des adultes autour de lui et la recherche de l'amour sous toutes ses formes. Il a publié, à l’automne 2010, Les poèmes d’amour (poésie) et, à l'automne 2011, Vieillir (poésie).

MI ALMA Mi alma es un monstruo agazapado en el vientre de la noche

la oscuridad lo alimenta, a ese monstruo y también es la oscuridad la que sale de él está sentado, mi monstruo sus rodillas son más oscuras que las horas de la media noche juega con sus pies como un bebé y duerme como un perro en su tapete es un monstruo negro que grita es un embudo por el lado chico, está meando por el otro, el lado ancho se traga todo lo que se le va presentando

cuando tiene hambre – tiene hambre cuando se le da la gana reza su rezo se alza en la noche se eleva en la oscuridad lo oigo, al embudo, y me estremezco

¡cállate, niñote oscuro! es un niño entiéndanme, es mío

sus brazos son enormes y cortos y también sus patas y cuando se levanta, anda a tientas cae en la noche cae en el fango

mi alma es un monstruo agazapado en los corredores de mi panza

busca una puerta, busca una salida mas como estoy vivo me sigue deseando y se hunde en mi cuerpo con la misma delicadeza con la que me deslizo en la cama

mi alma es un monstruo en la noche agazapado mi casa es su casa no hay de otra puede dormir tranquilo no lo despierta ningún ruido soy yo el que tiene que cargarlo en mí tiene que hacer su nido poner sus huevos oscuros su huevos llenos de efluvios que infestan mi cuerpo de anciano

vamos, monstruo pon tus huevos de desconsuelo en mi cuerpo huidizo monstruo oscuro ponlos en mi cuerpo finito

mi alma es un monstruo agazapado en el fondo de la noche para salir de ahí me comerá mi monstruo me come como el gusano come su fruta

LA CASA OTIS

Hacía calor en la casa Otis, acuérdate en la gran sala frente a la chimenea acuérdate de ese perro cuya panza se arrastraba por el suelo sus patas arqueadas, su lomo encorvado sus orejas como lágrimas a cada lado de los ojos y unos ojos que nos miraban sin vernos cataratas como humo ojos que lo miran a uno sin esperanza de llegar a reconocerlo de un año para otro hundiéndose cada vez más en las tinieblas mientras que nevaba en las faldas de las lejanas montañas una nievecita blanca una nieve de primavera una nieve de semana santa que se deslizaba bajo los esquís como el sol se deslizaba sobre nuestro rostros el perro trata de reconocernos por el olfato ¿eres tú el que está aquí? después de tantos años sentado a esta mesa hambriento

“Esos perros lo reconocen a uno por el olfato” es la única manera de saber de quién se trata pero el sudor ya no servía de nada un perro diabético cataratas, degeneración macular reumas, cáncer metástasis por doquier

aquella vez estabas desconsolado con la mano sobre la cabeza del perro no viste el autobús amarillo el autobús escolar que subía cuesta arriba y jamás lo verás era antaño, esa palabra ya te suena y tu mano junto a la silla tu mano que esperaba que llegara la cabeza del perro de la casa Otis para que lo acariciaran que le dieran palmaditas tu mano que esperaba que llegara la cabeza y ya ni sabías por qué estabas sorprendido de no encontrar nada en la punta de tus dedos

Miguel Méndez Camacho, Colombia, 1942. Doctor en Derecho, profesor, periodista, actual Decano Cultural de la Universidad Externado de Colombia, director y fundador de la colección poética Un libro por centavos. Ha escrito poemarios (Los golpes ciegos, Poemas de Entrecasa, Instrucciones para la Nostalgia), reportajes, ensayos, una novela (Malena, ed. Alfaguara, 2003) y otros textos, (Pelé De la Fabela a la Gloria, Ed. Panamericana 2005). Ha recibido reconocimientos, como el de Poeta del año, Feria Internacional del libro, 2005. Bogotá

Escrito en la espalda de un árbol

No recuerdo si el árbol daba frutos o sombra, sólo sé que dio pájaros.

Que era el centro del patio y de la infancia.

Que en la madera fácil tallé tu nombre encima de un corazón flechado.

Y no recuerdo más: tanto subió tu nombre con el árbol

que pudiste escaparte en la primera cosecha que dio pájaros.

Kampeones

En la revista del colegio una fotografía de veinte años atrás donde estamos posando sudorosos después de la victoria. Todos tenemos un aire de grandeza que hemos ido gastando: El gallego Tomás, el pecoso Pedroza el maracucho Antonio, que hizo un gol memorable y ahora tiene una casa de citas en Valencia. El tatareto Vega que era puntero izquierdo y ahora juega a político por el ala derecha. Siboney el negrito centro - medio y Juan Ramón “Pocillo” porque tenía una oreja solamente.

Al respaldo con mi letra de entonces una larga leyenda que comienza: Campeones (con K)... el nombre y los apodos del equipo, los goles y su hazaña con fecha y hora de esa tarde de marzo cuando fuimos brevemente inmortales.

Confesión

Ando perdido pero jubiloso. Confieso que no sé a dónde voy, pero la alegría me delata: todos saben que vengo de tu cuerpo.

Xavier Oquendo Troncoso, Ambato, Ecuador, 1972. Editor, Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado nueve títulos de poesía además de cuento, ensayo, literatura infantil y antologías de la lírica del Ecuador. Premio Nacional de poesía, en 1993. El Municipio de su ciudad, en 1999, le concede la condecoración Juan León Mera por toda su obra literaria y de difusión. Parte de su poesía ha sido traducida al ingles, francés, italiano y portugués.

LA BOHEMIA

La esquina donde hoy crece un eucalipto era antes el café de nuestras horas. Allí vivimos noches y mil y una, allí asomó Aladino y su mal genio, allí éramos más grandes que el destino.

En el café de enfrente de esta loma vivimos los más pájaros momentos: igual que una vitrola sin su trompa, tanto como una explosión de mandarinas.

Allí me enamoré de tu vestido, allí pedí el amor en servilletas a la sabiduría del mesero. Allí estuve hasta que el alba se haga día, hasta que los muertos resuciten, hasta que Lázaro levante.

Allí llegó Goliat con sus poderes y allí nació el David de nuestras ansias, allí pelearon y allí se hicieron almas.

En este lado de la ciudad, donde el sol es poco menos que un minuto, estuvo el café de nuestra edad, que dio de comer al hambriento y beber al bebiento.

Allí, donde ahora crece un eucalipto que quiere hacer feliz a la vereda.

RECUENTO DE LOS HECHOS

Todos nos fuimos.

Atrás se escucha el torpedo de la fiesta, la corona roja de los bares, el aguardiente azul que nos amaba y la marcha desigual de la jarana.

Después, la madrugada con olor a miel. Los amigos dormidos, amontonados como un pozo de trinos, como un manzano cargado.

Éramos todos, solo el viento era solo. Los demás, los otros nosotros, éramos uno en la soledad del nuevo día.

Nos dolíamos juntos y eso era la felicidad.

Miriam F. Perales. (México D.F.). Radica en San Luis Potosí. Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en San Luis Potosí en 2010 como Creadora en Poesía con el proyecto “Bracco” y en 2007 con el poemario “Ruinas de Babel”. Autora del libro de poesía La Sombra de un Día Cualquiera (2009). Ha publicado en San Luis Poesía Muestra breve de poesía potosina (2010); Hechiceras de la Palabra. Antología del XVII Encuentro Internacional: Mujeres en el País de la Nubes (2009). Y en las revistas Ventana Interior Centro Occidente, Universitarios, El Tonal Magazine, Plan de Pájaros, La Partera, en el suplemento Catedral del Periódico Síntesis, de Puebla; en el sitio web Palabras Malditas, entre otros. Ha sido tallerista de Creación Literaria, docente de Literatura en la Universidad TecMilenio Campus San Luis Potosí, colaboradora en revistas y periódicos locales; y asesora en comunicación para diferentes instituciones.

SÓLO QUIERO HACER EL AMOR bajo la lluvia Sin prisa entrelazarme Dormir en ese mapa recorrer cada espacio navegar hasta el olvido

Sin más preámbulos nuestras lenguas juegan recrean el infinito los labios hacen lo suyo Somos olas de un mar incierto

CREO EN EL POLVO QUE SE ABANDONA en el epitafio anunciado en un día de carnaval El alma es una máscara vencida sepultada bajo ochocientos cadáveres olvidados en el andar de la danza sin fin antesala de la oscuridad ciegos caminan creen estar vivos llevan en los brazos un pez devorador de infinito

LOS DÍAS DESTILAN UN SABOR AMARGO guardan bajo el brazo un barco sin destino ni procedencia camina por las calles embriagado canta a la vidente arruga su corazón de periódico y lo tira en una esquina

Afuera llueven langostas y nadie las ve

María Ángeles Pérez López (Valladolid, España, 1967). Ha publicado los libros Tratado sobre la geografía del desastre (1997), La sola materia (1998), Carnalidad del frío (2000), La ausente (2004) y las antologías Libro del arrebato (2005) y Materia reservada (Caracas, 2007). Recientemente, ha aparecido Catorce vidas (Poesía 19952009) con prólogo de Eduardo Moga, en el que se recogen todos sus libros hasta la fecha. Ha sido jurado de varios premios literarios, entre otros, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005 y 2009 y Premio “Miguel de Cervantes” en 2007.

POEMAS

El hilo se enhebra en el estricto hueco de la aguja y trae memoria del huso, de la rueca, de la paciente disciplina de que hablaba el libro de los proverbios, del largo tránsito por el algodón, por su torcedura desde que alguien lo miró crecer en su semilla imaginando el blando copo de riqueza hasta que es parte diminuta e imprescindible de la bobina, la máquina, el pedal. También del pie o los dedos que lo mueven, lo liberan de su propia trabazón, su coyuntura si es hilo solo, apenas desprendido de la costura tortuosa y necesaria.

El hilo arrastra en sí

una puntada secular e inconmovible que nos anda trabando, remendando al comienzo del frío, del pudor, del forzoso reconocimiento de la tribu en la lana, en el cuero, en la piel, en la enorme cicatriz de los cuerpos desnudos y amparados.

(de La sola materia, Premio Tardor, Alicante, Aguaclara, 1998)

Hasta el poema llegan, como islotes de óxido y de plancton celular, los restos silenciosos del naufragio en que quedan los barcos y los hombres tras el amor intenso, el oleaje que levanta su proa y la sumerge al fondo de la mar y sus caballos. Las caracolas guardan su rumor, la lentitud sombría en que los peces desnudos se acomodan a morir y vuelven cristalina su belleza de fósil, su armadura transparente, su vertical caída hasta el silencio

en que el fondo del mar guarda la espuma que levantó el deseo y las mareas. En su abisal distancia deslenguada, amor y mar comparten varias letras y la raíz mojada por la sal empapa cada signo tras su empeño por la coloración y el frenesí. La boca humedecida, la entretela del cuerpo y sus humores ablandados, las veintisiete letras rezumadas por la líquida masa del amor después se vuelven piedra quebradiza, astilla y fósil blanco en su rescoldo, su agalla enrojecida en el vivir.

(de La ausente, Cáceres, Diputación / Institución Cultural “El Brocense”, 2004)

Bernard Pozier. Nació en Trois-Rivières, Quebec, en 1955. Es director literario de la editorial Écrits des Forges y vicepresidente de la Casa de la Poesía en Montreal. Su primer libro de poemas lo publicó en 1976 y frecuenta la poesía y los poetas mexicanos desde hace más de dos décadas. Libros disponibles en México: Bacilos de ternura, Nueva nieve, Las pirámides del corazón, Postales de México y las antologías Poetas de Quebec, Latinos del norte, Aquí y ahora, 15 poetas de Quebec.

Traducción: Marco Antonio Campos

1 Después de la devastación cuando crujen crispados hielos en el umbral del sol de repente por debajo del blanco estrépito vuelve el agua a cantar en nuestros ojos

La debacle pone a la deriva los bloques brutos la postrera piel de la nieve recula poco a poco la hierba novicia gana terreno el río ancestral de nuevo ensancha el furor doma la paz

Oso al salir de la hibernación anticlímax del cataclismo cuestionar la existencia de la realidad creer en el sueño sea el que sea

Después del diluvio o el apocalipsis para conocer desde ahora mejor la muerte ¿la vida se hace por eso menos o más importante que ayer?

Al alba en la primavera al alcance del primer remolino el día augural juega de nuevo de su balbuceo inicial

2 Volvemos ahora a la ciudad hacia los lugares familiares henchidos de recuerdos extinguidos y por fin saberse fénix realmente en una vida nueva exorcicemos nuestras almas para readueñarnos del territorio

porque más allá del océano de nubes las ciudades forman estrellas en la noche de los viajes y en tu ciudad infinita bajo la sonrisa lunar si me tomas bien la mano atravesaremos y el espacio y el negro y la luz lo opaco y luego el fuego la fugacidad y el anclaje nuestros hálitos acompasados la armónica pulsación

1

Après la dévastation quand craquent crispées les glaces au seuil du soleil soudain en dessous du blanc fracas l’eau revient roucouler dans nos yeux

La débâcle dérive les blocs bruts l’ultime peau de la neige recule peu à peu l’herbe novice gagne du terrain

le fleuve ancestral s’élargit à nouveau la fureur apprivoise la paix

Ours au sortir de l’hibernation anti-climax du cataclysme questionner l’existence de la réalité croire au songe quel qu’il soit

Après le déluge ou l’apocalypse à connaître désormais mieux la mort la vie se fait-elle pour autant plus ou moins importante qu’avant

Avec l’aube au printemps sur la portée du premier remous le jour augural rejoue l’aurore de son initial balbutiement

2

Revenons maintenant dans la cité vers ces lieux si familiers replets de souvenirs éteints pour se savoir enfin phénix vraiment dans une neuve vie exorcisons nos âmes pour nous réapproprier le territoire

car au-delà de l’océan des nuages les villes font des étoiles dans la nuitée des voyages et dans ta ville infinie sous le sourire lunaire si tu me tiens bien la main nous traverserons et l’espace et le noir et le jour l’opaque et puis le feu le fugace et l’ancrage nos souffles accordés l’harmonique pulsation

Montreal 01.01.01 Hemos atravesado calores e inviernos con el río como primer camino a las praderas del océano y a las tierras lejanas extrañas y familiares Hemos atravesado siglos y milenios y ciudades y seres nos hemos codeado con mujeres más o menos imposibles y hombres pese a todo y siempre previsibles ¿Quizá eso estuviera después de todo superado de no tener nada qué decir y hacer sino palabras, sino letras dibujadas sobre el papel? Sin embargo a veces unos ojos leen y se reconocen

en París Montreal México o en otra parte Hemos atravesado lugares y vocabularios a causa de mis palabras vosotros me reconocéis me sucede percibir en las suyas que nos conocemos o no Y a veces en la página el espejo de las palabras pese a todo sin azogue y sin tiempo volver a enviar simplemente sin fecha y en silencio a cada una y a cada uno hacia el lejano centro de sí

Leyenda He venido de un país de leyendas se camina sobre las aguas la mitad del año Nuestro desierto está varias veces al revés frío cíclico incoloro efímero y nuestra lengua es extraña al resto del continente Nuestra vida se pasa la mitad al sol la mitad en blanco ninguna angustia posible ante la página vacía también escribimos mucho En la incertidumbre de lo real sólo la ficción nos permite existir en alguna parte al fondo de nuestros propios ojos En la primavera cuando el asfalto es muy seco y el sol también al pie de las pendientes o en las curvas tenemos a veces espejismos de nieve como si los recuerdos aún próximos pudieran ser reales tomar cuerpo y que vueltos a ellos no se pudiera atravesarlos

pero ellos se hunden como siempre cada vez Entonces en nuestro país ambiguo se recuerda pero no se aprende nunca se mueve pero no se avanza Un poco helados nos hemos olvidado simplemente de existir de nombrar nuestra tierra y de tener para ella un proyecto Formamos un pueblo de leyendas nórdicas que no habita en ninguna parte que vive en su ficción Nosotros que ya no sabemos nombrar nuestro país estamos desposeídos aun de nuestro continente como los demás latinos de la América usurpada

Lucía Rivadeneyra, México 1957. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en donde también cursó la maestría en Literatura Mexicana, en la Facultad de Filosofía y Letras. Algunos de los premios que ha recibido es el Premio Nacional Poesía Joven Elías Nandino 1987, por Rescoldos; Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 1998, por En cada cicatriz cabe la vida; Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta, Tampico 2003, en el género poesía por Robo calificado. De entre sus obras publicadas destacan, Rescoldos (1989), En cada cicatriz cabe la vida (1999), Robo calificado (2004) y Rumor de tiempos. Antología, 2006.

Anestesia

Abren y cierran llagas.

Aceleran la víscera cardiaca contagian entusiasmo eliminan toxinas expectoran angustias propagan epidemias provocan graves fiebres eruptivas.

Tienen olor de clavo y de resina son bálsamos, a veces.

Me hacen caer en cama y recaer.

Me traen de mal en bien y de bien en bien. Sólo se trata de tus manos con las que sueño, vivo y me desvivo a pesar de la anestesia del tiempo.

Juan Felipe Robledo, Colombia, 1968. Ganó el premio internacional de poesía Jaime Sabines en 1999, concedido por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, en México, con De mañana. Obtuvo el premio nacional de poesía del Ministerio de Cultura de Colombia en 2001 con La música de las horas. En 2010 la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá publicó El don de la renuncia.

NUBES Formaron cabezas de caballos, fueron ijares y escudos, una piedra que nos mira desde el fondo de un pozo.

Siguieron un camino trazado mucho antes, en una época en la que todo se decidía en un billar.

La iglesia gris que vio pasar estudiantes confusos sigue vacía, nunca sonó la campana en ella.

El atento salmodiar de los vendedores de pizza

no ha molestado el lejano rumbo de las nubes.

Pero nuestro corazón no cede.

El curso de la eternidad se dirimió en esta oscura barraca, y así como arriba, abajo el día es de los navegantes que el cielo respetan, y, de vez en cuando, miran otra cosa, una lejana.

OSCURO ORIGEN

De una turbia sensación nacen algunos poemas, bloques pesados que se van deshaciendo entre los dedos y pueden llegar a ser la pura sutileza, la levedad.

Estos desvanes sucios y oscuros no conocen un oasis de sosiego, la claridad los dejó de lado

y ningún héroe los recordará en el instante de la muerte.

Hacen que dudemos de la tarea de hacer versos, nos preguntamos si será bueno ofrendar la vida a este ídolo que no parece cambiar a nadie con su brillo tenue, el temporal doloroso del corazón no alcanza a explicarnos el sentido de este tránsito.

Pero hay florecitas sobre la tumba del olvidado escribiente, mañanas de poemas sin término nos permitieron vivir en paz con los ancestros, y el oscuro inicio de esta canción nos ha dado fuerza para cruzar la llanura.

La poesía es, también, esa mancha de grasa sobre la que el niño dibuja el rostro de su madre.

Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Chiapas, 1974). Autor de los libros de poesía Hábito lunar, Poemas de mar amaranto, Silencia, Larva agonía, Libelo de varia necrología, Icarías y Bitácora del árbol nómada. Coautor de Una raya más. Ensayos sobre Eduardo Lizalde. Becario del FONCA en el período 2009-2010. Forma parte del consejo editorial de la revista Tierra Adentro.

[ icarías ]

para roberto lópez moreno, eterno lermador de la palabra

son ángeles los perros pastados por la rabia ; habitados por un miedo y un asombro acumulados en páginas gastadas y mordidas por el hambre , ladra su corazón acorralado por hombres y calles sin salida ; eyaculados por la luz y por las sombras , son brújula sin sur buscando norte y amarguras , yerba que crece a contraluz ; terrestres pájaros que ladran contra el viento , reman el tiempo y el odio en las aguas impasibles de la acera :

ciegos ícaros que beben un sol muerto ; pero su sed no es de inmortalidad , es de silencio : vendimiados por el ruido en las ciudades , afilan el alma y la noche con la lengua — roja esquirla de sangre sobrehumana , daga de plata muerta y templada por el alba — ( amanece ya la lluvia en los labios y en las charcas ) ; ángeles de yelo negro , niños de niebla que muerden olvido en el insomnio , son los perros la tristeza de Dios que vaga la ciudad y sus memorias por las calles de mi sangre , rota , herida , sonámbula ;

[ naturaleza viva con paraíso y grafógrafo al fondo , con ciertas y desatinadas singladuras de corcel

trotado y tactado por mar y vera hembra ]

a ) el corazón es un grafómano , bien lo sabe usted :

uno rescribe en el interior de las venas las noches todas y los días en vela , apuntando a la popa de los recuerdos mientras el mar entra en el ojo , dando tumbos de luz contra la espera ; hojas de sargazo y tinta de erizos son nuestra herramienta , astros y cardos marinos tejen la sangre sobre labios y uno piensa : ¿ quién he de leerme si no vos , el mismo que escribe y que lee ?

b ) grafomanía de uno mismo , vivir , porque no hay escritura , sino vida :

ángeles y hombres son uno y el mismo : letras perdidas en ese diccionario que Dios abandonó sin terminar ,

apología de olvidados y de tristes ; por ello la tristeza y la melancolía nos alimentan las horas del dolor , por ello no hay felicidad sino la casual e inventada por nosotros , por ello nos fue dada la imaginación , el sueño , los fantasmas y los niños : para tratar de escapar una vez más por esa dura y falsa portada del libro otro , el libro final y no el de los muertos ; porque tenemos la esperanza de poseer un nombre y una voz y no es así : una y otra vez nos repetimos porque somos uno y el mismo ; la muerte no existe : es sólo una página sin terminar que Dios abandonó — aún siendo niño — al albedrío de la luz y de los pájaros ; eso , la vida ;

c ) grafía en un papel amarillento , sin colofón , sin fecha ni tiraje , lleno de erratas al unísono de nuestros pájaros latidos , aquí , henos :

no terminas de escribir porque no terminan

de escribirte , y mucho menos , de leerte : ¿ cómo danzar y saltar de una línea a otra — personas , cosas , recuerdos , casas , memorias — si estamos sujetos a las leyes de la ( des ) escritura del Otro ? ; por ello soñamos rostros , ciudades , amados nunca vistos y tantas cosas y misterios más , aquí , en estas páginas apenas acabadas que no son sino el borrador de un eterno guión absurdo y jamás representado ; no hay locura : los locos , los profetas y los niños — y algunas mujeres , e incluso , algún perro — son poesía y no narrativa o recetarios donde Dios ensaya su escritura con nosotros ( si buena suerte hemos tenido ) y cuando no , somos apenas nota al pie en un bosquejo errante , consonante minúscula en una ficción nómada o acaso , punto menor y final como el que sigue : . ( ése soy yo : yo : lo dijiste )

d ) ¿ grafismos ? ¿ grafurias ? ¿ grafuegos ?

¿ graformas ?

sargazos en la lengua , látigos de hulla amaestrando los ojos y los miembros disolutos y rebeldes , así el peor , el infiel y bastardo corazón , ese que nada en territorios asolados por la hiel y por hedónicos cuencos de lujuria , bebiendo ídolos de carne a su paso , deseándolo todo y pudiendo apenas con su débil discurrir por el oriente , allí donde te espera , carne a carne , la oscura gota del deseo , corazón otro e infante , el mío , el que esto lees : y tú dices no , pero bien sé que en el fondo , y en tu más desnuda forma , trinas ya por verbar bajo este mismo cielo que castiga mi dolor , éste que es página y que es muerte y letra sin final ; aquí te espero , aquí donde los petirrojos guardan las agujas con que zurcirás mi sexo , débil ya por tus embates , agua ya y bebida fuente tornasol y funeral ; grafía también de ti , impúrpura escritura de un ya

muriente dios , ebrio de sol , lunar e hipócrita como la luz que alumbra esta página nómada y la siguiente línea que termina con su carga de olvidados y muertos paraísos ; Poemas tomados de Icarías (Literal, Colección Limón Partido, México, 2010)

Daniel Rodríguez Moya. Granada, España, 1976. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y periodista. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Oficina de sujetos perdidos (Fundación Federico García Lorca, Granada, 2001); El nuevo ahora (Ed. Cuadernos del Vigía, 2002); y Cambio de planes (Ed. Visor, Madrid, 2008). Forma parte de algunas antologías poéticas entre las que destaca Poesía ante la incertidumbre (Ed. Visor, Madrid, 2011). De su obra de investigación literaria destaca el volumen La poesía del siglo xx en Nicaragua (Visor, Madrid, 2010). Ha sido galardonado con el premio Federico García Lorca de Poesía y el premio Vicente Núñez. Desde 2004 dirige el Festival Internacional de Poesía de Granada.

EL ÁRBOL

Todavía me duele la herida de la tierra que anegada pisabas hasta ayer, las casas y el olor de la hojarasca.

El miedo que a los niños ya no asusta es un volcán acostumbrado.

La noche se convierte en continente y sabes que a este cielo le faltan más estrellas que miradas.

Si rechazas las voces que amenazan tu sueño y descubres que ahora la lluvia sólo sirve de pretexto para vivir un tiempo con ese diapasón verás que a las tormentas yo las miro de lejos, como se mira a un niño y su tristeza.

No temas dar la espalda a las contradicciones, vivir consiste en eso.

Hay un árbol que crece sin temor a la altura. Abracémoslo. No impide la maleza acariciar el cielo.

(De Cambio de planes, 2008) GUARDADO EN LOS BOLSILLOS

Te dije que el océano es un minuto azul sobre una eternidad,

un lento respirar, una brecha en el tiempo del que espera.

Aún llevo en los bolsillos un fragmento de abrazo y de silencio, una voz que es tu nombre, un puñado de arena que escapa entre los dedos.

Te dije que el invierno es un camino blanco y un andar en luz tibia, los rumores de un puerto, el viajero que aguarda las llamadas.

Aún llevo en los bolsillos el sabor de los mangos y el jocote, la mirada de un niño, un temblor como un beso, un pasaje de vuelta.

(De Cambio de planes, 2008)

Roger Santiváñez. Nació en Piura, costa norte del Perú. En 2010 salió en España su libro ‘Amaranth precedido de Amastris’ bajo el sello Amargord de Madrid. Este año apareció en Lima la edición peruana de ‘Amaranth’ con Tranvía Editores, así como ‘Roberts Pool Crepúsculos’ por Ediciones Hipocampo. Actualmente es profesor en Temple University y en Rutgers University, ámbas en el área de Filadelfia, USA.

SEMPER AMAT / Roger Santiváñez 1 Perfectas son las piernas de la ninfa en short Sobre el césped redondea el mundo de un oro Más dulce que cualquier canción de amor

El cielo enlaza nubes a la azul rutilante Precocidad asume que el verano se pro Longa en su cintura ice-cream & en el

Borde de los muslos flota un agua purísima Los chiquillos le ponían los cabellos en la Frente mientras uno a uno la punteaban

Ligeros jugueteando en el fondo del jardín & ella sonreía a mi visión llena de jacintos La grama más clara hacia el atardecer

Perfume inadvertido del jardín lejano Ritmo impreso en el morir del día con La fronda al compás del aire refrescando

2 El pequeño bosque rodea la piscina Su verdor me alcanza con augusta Brisa sáfica brizna el tapiz ex

Tenso donde fulgen tus soleadas formas Apenas cubiertas por inusitados aires Núbiles preñándote de ausencia del

Arbol desconocido brotaron los frutales se Escucharon los arpegios más lindos previos Al silencio total que viene con la noche

El tiempo sucumbe ante los rápidos vanitas Más celeste que las propias aguas intranquilas Donde busco el enigma de un día de dolor

Para sondear la densa liquidez & sentir La refrescante tibieza helada de una Belleza chiquita & calatita deshaciéndose

3 Memoria del almendro en mi jardín Su sombra todavía me enternece si Escribo del verano adolescente para

Qué las hojas caen sobre el pasto Se vuelven amarillas muertas cómo Suenan si camino sobre ellas plash

Plash & el mundo está nítido a esa Hora perfecta vientos del desierto lau Reles de Vice al final de la civilizada

Vía cerca del mar el insólito balneario Brisa que alegra los flamencos a lo lejos Hacen línea al fondo en la orilla de

La isla perfume de caballa frita & el sol que se prende en tus pe Zones dorados no me queda sino

El dibujo bajo la lycra

Jordi Virallonga, Barcelona, Cataluña, 1955. Poeta, traductor, ensayista, catedrático de literatura española (EU) en la Universidad de Barcelona y presidente y fundador del Aula de Poesía de Barcelona. Ha traducido libros del francés, catalán e italiano. Entre sus libros publicados destacan: Saberte, 1981; Perímetro de un día,1986; El perfil de los pacíficos,1992; Crónicas de usura, 1997, 1999, México, 2008; Todo parece indicar, 2003; Por si no puedes, antología, México, 2010; Hace triste, 2010.

PRIMERA HISTORIA DE LA LUZ

Siempre he imaginado cosas que he dado por ciertas, y mientras crecía me ordenaron no mentir, poner la otra mejilla, y yo seguí caminando, los ojos cerrados, los hombros encogidos: me van a disparar.

Más tarde supe

que dios no estaba en todas partes y él y Trotsky me dijeron sígueme, y yo seguí en otra dirección, no exactamente la contraria. Luego llegó la belleza con mis hijos, y yo intento que vuelva la nieve al río, que el miedo tenga una respuesta fascinante, así los ojos de Marguerite posando antes de entregarse a la luz de Modigliani.

GRAMÁTICA Las ciudades existen en cualquier parte aunque no quede un tejado siquiera, conservan un nombre, el deseo de un río, una gramática de fiestas y entierros.

Este barrio, el rincón se parece, tiene un aire,

es igual, me recuerda otra destrucción pero conserva ilustres pasados, la iglesia, las tiendas, esa permanente población de flores, de pollos, de estatuas, de seres humanos.

El hombre resiste en el polvo -no en la carne que torna a la tierra-, en la ruina, esa vida que tanto se pega.

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