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Marx y El Concepto de Capital Ficticio

Marx y El Concepto de Capital Ficticio

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Origen del concepto de capital ficticio en El capital de Marx.
Origen del concepto de capital ficticio en El capital de Marx.

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MARX Y EL CONCEPTO DE CAPITAL FICTICIO

Rafael Rodríguez Cruz

Uno de los conceptos más elusivos de El Capital es la definición del capital ficticio. Su resistencia a cualquier enunciación firme confunde a muchos pensadores marxistas. Pero, según Marx, es ahí precisamente donde radica el error, en querer someter el concepto de capital ficticio a los mismos criterios metodológicos de las categorías fundamentales o esenciales de la reproducción y circulación del capital, en las que todo parece poder reducirse a la firmeza de las determinaciones esenciales. La dificultad en comprender el concepto de capital fijo, radica pues en el nivel lógico en que está planteada la discusión en la Parte V del Tercer Tomo de El capital. En ésta, no se trata de las leyes inmanentes de la producción capitalista (ni de su expresión al exterior), sino de categorías económicas situadas, inmediata y directamente, en la esfera o plano de la superficie y la apariencia. Ciertamente son categorías o nociones igualmente objetivas, pero su objetividad no brota del movimiento de la ley del valor, en el sentido en que ésta dominada toda la discusión que va desde el doble aspecto de la mercancía (Tomo I, Parte I, Capítulo 1) hasta la ganancia comercial (Tomo III, Parte IV).1 En la categoría de capital ficticio, como en todas las pertinentes al capital que rinde interés, la objetividad no es interna al modo de producción capitalista, sino que proviene de la universalización de prácticas económicas artificiales (que no guardan conexión intrínseca con el proceso real de acumulación o circulación). El que tales “prácticas” dependan de, y tengan como presupuesto, la acumulación real de capital, no significa que puedan explicarse como expresiones directas de la ley del valor. En su enunciación más abstracta, el capital ficticio implica que la determinación del dinero como capital, al menos para ciertos

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La Parte V del Tercer Tomo está planteada a un nivel lógico completamente distinto a toda la obra. Aunque constituye una expresión irracional de la ley del valor, también la renta de la tierra se explica por la operación de la ley del valor. No así el movimiento o circulación del capital que rinde interés.

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agentes económicos, no está dada de forma directa por el proceso real de producción y circulación.2 Lo anterior se aclara grandemente si partimos de la distinción que hace Marx en el Tercer Tomo entre las condiciones de la producción capitalista y las creaciones orgánicas de este modo de producción, una vez éste se reproduce sobre la base del moderno sistema de maquinaria. Las condiciones de la producción capitalista moderna incluyen todos los fundamentos o relaciones esenciales de la reproducción y circulación real de capital (separación del productor directo y los medios de producción, explotación directa del trabajo productivo, circulación general del dinero y las mercancías, socialización real de las fuerzas productivas, formación de los precios de producción, nivelación de la tasa de ganancia, etc.). El carácter específico del modo de producción capitalista se revela, entre otras cosas, en que él mismo pone, en su movimiento, las condiciones de su existencia y reproducción ampliada. Se trata de determinaciones internas, o sea, de leyes o conexiones más o menos esenciales de la acumulación de capital.3 Por tanto, todo el proceso se explica de manera directa por la operación de la ley del valor. Pero, al llegar a su etapa más avanzada de desarrollo (o sea, bajo el sistema moderno de maquinaria), el modo de producción capitalista no sólo pone las condiciones de su reproducción ampliada, sino que da paso a creaciones orgánicas que, a pesar de ser artificiales, devienen palancas de su avance ulterior. La creación orgánica más artificial e importante de la moderna producción burguesa es el sistema crediticio y bancario: “La lucha violenta en contra de la usura, la demanda de sometimiento del capital que rinde interés al capital industrial, es simplemente el
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El capital, como mercancía, es una mercancía especial, con su manera particular de enajenación. Ni su transferencia ni su retorno (D-D’) se expresan ellos mismos como consecuencia y resultado de una serie definida de procesos económicos, sino como el efecto de acuerdos legales específicos. Ver: Marx, Carlos. El capital. Tomo III, Parte V, Capítulo 21 [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch21.htm.
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Ciertamente la formación de los precios de producción, la nivelación de la tasa de ganancia, la ganancia comercial, etc., son categorías más cercanas a la superficie o apariencia del modo de producción capitalista que, digamos, la acumulación o reproducción ampliada del capital. La relación aquí, naturalmente, es una de esencia y de su expresión en el plano de la circulación. Pero ello no quita que entre una cosa y otra (entre la acumulación y la formación de precios de producción, por ejemplo) haya una relación de esencia-apariencia. Para comprender la segunda hay que partir de la compresión de la primera. No ocurre así con el interés. La categoría de interés —y con ella la categoría de ganancia de empresa— no mantiene relación alguna con la plusvalía. El interés no está en relación de oposición con el trabajo asalariado, sino únicamente con la ganancia de empresa. Si todo el capital estuviera en manos de los capitalistas industriales no habría interés, ni existiría la categoría de ganancia de empresa, aunque el plusvalor total sería el mismo. Marx, Carlos, op. cit., Capítulo 23 [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch23.htm.

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preludio de las creaciones orgánicas que las condiciones de la producción capitalista generan en la forma del moderno sistema bancario”.4 Se trata de creaciones orgánicas, porque estructuras como la banca y el crédito presuponen las leyes inmanentes de la producción capitalista y dependen de ellas. Las masas gigantescas de capital dinero concentradas por las instituciones bancarias, por ejemplo, deben su existencia (y su incremento progresivo) al movimiento del capital en la reproducción real. El interés, nos dice Marx, “aparece originalmente, es originalmente y permanece de hecho meramente una parte de la ganancia (del plusvalor) que el capitalista funcional, industrial o mercantil, tiene que pagar al dueño o prestamista de dinero, siempre que usa capital prestado”.5 También tienen la determinación de ser orgánicas, porque llegado un punto de desarrollo pasan a conformar una superestructura unida armónicamente a los circuitos de los capitales reales. Pero son creaciones artificiales, siguiendo la terminología de Marx, porque los movimientos del capital en la circulación crediticia y bancaria no guardan conexión directa alguna con la producción y realización de plusvalía. Adolecen de falta de contenido esencial: ni preservan el valor ni lo incrementa ni expresan metamorfosis reales del valor. Nada en la ley del valor establece que deba existir una tasa de interés, o que ésta tenga que tener cierta proporción frente a la tasa de ganancia. La tasa media de ganancia es solamente la determinante final del límite máximo del interés. No obstante, las circunstancias que determinan la magnitud de la ganancia a ser dividida difieren radicalmente de las circunstancias que determinan su distribución entre dos tipos de capitalistas. El factor económico determinante de la tasa de promedio de interés es la competencia. Por tanto, aquí no opera ninguna “ley natural”. Los límites de una tasa media de interés no pueden deducirse de leyes generales. La razón de ello es la naturaleza del interés; el interés es meramente una parte de la ganancia media. Por todo lo anterior, Marx dice que el método de abstracción —el procedimiento lógico fundamental empleado en el análisis de las leyes inmanentes de la producción capitalista desde el

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Marx, op. cit., Capítulo 36 (Relaciones línea]http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch36.htm.
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precapitalistas)

[En

Marx, op. cit., Capítulo 23 (Interés y http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch23.htm.

ganancia

de

empresa)

[En

línea]

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Primer Capítulo del Primer Tomo hasta llegar a la Parte IV del Tercer Tomo de El Capital, y que muchos autores marxistas absolutizan, no sirve de nada en el caso del capital que rinde interés: “Igualar la oferta y la demanda —suponiendo la tasa promedio de ganancia como dada— no significa aquí nada. Dondequiera que se ha utilizado esta fórmula (y esto es allí prácticamente correcto), ella sirve como una fórmula para encontrar la ley o regla fundamental (los límites reguladores o las magnitudes limitantes) que es independiente de, o más bien, determina la competencia; notablemente como una fórmula para aquellos que permanecen prisioneros de las prácticas de la competencia y de los fenómenos y concepciones que surgen de ella; como una fórmula para llegar a una idea superficial de las conexiones internas de las relaciones económicas que operan en la competencia. Es un método de pasar, de las variaciones que acompañan a la competencia, a los límites de esas variaciones. Éste no es el caso con la tasa promedio de interés. No hay razón alguna por qué condiciones promedios de competencia, de nivelación entre los prestamistas y prestatarios, deban dar tasas de interés de 3, 4, 5%, etc., o en su lugar un cierto porcentaje de las ganancias brutas, digamos 20% o 50% sobre el capital. Dondequiera que la competencia como tal determina algo, la determinación es accidental, puramente empírica, y sólo la pedantearía o fantasía puede tratar de representar lo accidental como una necesidad”. 6 Esto, dicho sea de paso, refuta toda la teoría de que el fetichismo del interés no es más que el “despliegue pleno y desarrollo subsecuente” del fetichismo de le mercancía”.7 Pero si el rasgo distintivo del sistema crediticio moderno es la conversión del capital en una mercancía —la venta de capital-dinero en calidad de capital potencial— ¿no aplica aquí, entonces, fielmente el análisis general de la mercancía que Marx efectúa en la Parte I, Capítulo 1 del Primer Tomo? No; y es precisamente en relación a esto que se originan casi todos los malentendidos acerca del capital que rinde interés y la estructura lógica del Tercer Tomo. El punto de partida del análisis de las sociedades en que impera el modo de producción capitalista, como sabemos, es la mercancía en tanto que unidad de valor de uso y valor. Al ser vendido como una mercancía, el capital-dinero no escapa formalmente a esta regla. El meollo del asunto es que el capital, como capital, es ahora una mercancía. Su valor de uso consiste en servir,

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Marx. op. cit., Capítulo 22 (División de la ganancia. Tasa de interés. Tasa natural de interés) [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch22.htm.
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Kohan, Néstor. El capital: Historia y método. UPMPM, 2003, p. 231.

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en manos del capitalista funcional para crear plusvalía o ganancia. Pero hasta aquí llega la analogía formal con la mercancía ordinaria. El valor de cambio o “precio” del capital-dinero, es decir, el interés que el capitalista funcional paga al capitalista de dinero, no tiene conexión directa con el valor que el capital representa. El “precio” no expresa en esta fórmula el valor. Lo central es que el capital, como tal, se ha convertido en una mercancía, la venta es préstamo y el precio es una parte de la ganancia. Por eso Marx dice que al aplicar a la Parte V del Tercer Tomo las nociones de la circulación general de mercancías, éstas adquieren un significado irracional: “Todas las relaciones puestas en evidencia aquí serían, por tanto, irracionales desde el punto de vista de una mercancía ordinaria, o del capital en la medida en que funciona como capitalmercancías en el proceso de reproducción”.8 En los Capítulos 21 al 25, Marx analiza el concepto simple de capital que rinde interés, punto de partida para el análisis del moderno sistema crediticio y bancario. Aquí se da por sentado el más amplio y avanzado desarrollo de la producción capitalista. Aunque formalmente análogo al análisis de la mercancía ordinaria, el concepto simple de capital que rinde interés presupone el sistema de maquinaria moderno, la formación de precios de producción, la nivelación de la tasa de ganancia, así como todo un conjunto de instituciones políticas, culturales y jurídicas modernas. Las categorías económicas derivables del concepto simple del capital que rinde interés son, a saber, la tasa de interés (general y mercantil), la ganancia de empresa y los salarios de superintendencia.9 Marx las discute en los capítulos mencionados. Ninguna de estas categorías expresa de manera directa las leyes inmanentes de la producción capitalista, como sí lo hacen las categorías previamente discutidas en El capital, incluyendo la ganancia comercial. Cierto es que el interés no es sino una parte de la ganancia bruta, la parte que el capitalista funcional paga al capitalista de dinero por el uso del capital. Pero ni el capital que rinde interés ni las categorías derivadas de él se fundan directamente en la ley del valor. Lo que opera aquí es el efecto directo de la competencia entre los capitalistas, la costumbre, la cultura jurídica, etc. Es decir, son determinaciones ajenas al proceso de producción y la relación capital-trabajo. Marx llega tan lejos como decir que, al hablar de la tasa media de interés, se trata de la determinación
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Marx, Carlos. El capital. Tomo III, http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch21.htm.
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Parte

V,

Capítulo

21

[En

línea]

Marx, op. cit., Capítulos 22 & 23 [En línea]

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de una categoría arbitraria y carente de ley.10 Aquí la confusión principal está implicada en el objeto. ¿Quiere decir esto, retomando la cuestión lógica ya mencionada, que las categorías derivadas del capital que rinde interés —ganancia de empresa, tasa media de interés, tasa comercial, salarios de superintendencia— no son nociones objetivas, es decir, no expresan leyes y conexiones reales? La repuesta no reside en sobreponer mecánicamente el análisis de la mercancía ordinaria al capital que rinde interés, como hacen muchos marxistas, sino en entender el nivel lógico en que se desenvuelve el análisis. El propio Marx le confirió mucha importancia a este asunto, como lo demuestra el hecho de que dedicara gran parte de los Capítulos 22 y 23 a comparar lógicamente la formación (causas y manera de aparición) de la tasa general de ganancia y la tasa media de interés. Al conceptualizar la tasa general de ganancia, nos dice Marx, estamos ante una división cuantitativa que expresa una diferencia cualitativa. Dos factores completamente diferentes —la fuerza de trabajo y el capital— actúan como determinantes de la división entre los salarios y plusvalor, cuya división esencialmente determina la tasa de ganancia. Se trata de una categoría que brota en función de dos variables independientes que se limitan la una a la otra. La diferencia cualitativa entre estas dos variables es la fuente de la división cuantitativa del valor producido. Lo mismo ocurre con la división de la plusvalía en renta y ganancia. La ley del valor actúa aquí de manera directa. No ocurre lo mismo con la tasa promedio de interés. En esta última, la diferenciación cualitativa —entre interés y ganancia de empresa—brota de la división puramente cuantitativa de la misma cantidad de plusvalor. El problema es que esta división meramente cuantitativa, que tiene una base puramente accidental (nada en la ley del valor exige que la ganancia bruta se divida en interés y ganancia de empresa), adquiere una validez universal. El capitalista que opera con capital prestado divide su ganancia bruta en interés (que paga al dueño del capital) y ganancia de empresa (con la cual se queda). Pero lo mismo hace el capitalista que no opera con capital prestado; él también divide su ganancia bruta en interés (que le corresponde, según él, por
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Ibídem.

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ser dueño de su propio capital) y ganancia de empresa (que le corresponde por ser un capitalista funcional). El interés pasa a ser, entonces, la categoría dominante de la contabilidad empresarial burguesa. Surge de esta manera la interrogante aún más básica de cómo es posible que una división meramente cuantitativa y accidental se convierta en una diferencia cualitativa que aplica a toda la clase capitalista y al capital general de la sociedad entera. Esto parece contradecir toda la estructura lógica sobre la cual Marx desarrolla su análisis de la producción capitalista. Lo primero que Marx aclara, en un análisis detalladísimo, es que la división de la ganancia bruta en interés y ganancia de empresa no es la única división meramente cuantitativa que nos encontramos al hablar de la relaciones entre unos capitalistas y otros. En las sociedades entre capitalistas (partnerships), por ejemplo, se divide la ganancia de acuerdo a reglas de contrato para acciones específicas. Pero el capitalista individual, fuera de ese tipo de arreglo, no divide la ganancia bruta entre la suya y la de los socios inexistentes. Es decir, no toda división cuantitativa accidental de la ganancia se traduce en una determinación o división cualitativa. Hay divisiones cuantitativas que no cristalizan en una determinación de aplicación general al capital. Las divisiones meramente cuantitativas se convierten en determinaciones cualitativas allí donde la propiedad está en manos de distintas personas jurídicas. Lo segundo es que, aunque derivada de lo jurídico, la categoría de interés también tiene un punto de partida real: la clase de los capitalistas de dinero se contrapone, como una clase especial, a los capitalistas industriales. Se trata no sólo de personas legalmente diferentes, sino realmente de agentes económicos en cuyas manos el mismo capital ejecuta un doble, y completamente diferente, movimiento. Lo anterior es fundamental. El interés no existe más que en una relación de oposición a la ganancia de empresa. La individualización y osificación de la categoría de interés es simultánea con la individualización y osificación de la categoría de ganancia de empresa. De hecho, Marx nos habla del fetichismo de la ganancia de empresa como algo que logra atarse con las funciones del capitalista de empresa (comercial e industrial), en tanto que agente directivo de las actividades económicas. Ello nos lleva, entonces, a la base objetiva más inmediata de la

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conciencia espontánea del capitalista activo, o sea, del capitalista que administra o maneja capital, en tanto que capital verdaderamente creador de valores de uso y de plusvalor. Marx explica todo el asunto del siguiente modo. El punto de partida de la exposición es el capitalista funcional que trabaja con capital prestado. Para él, la ganancia bruta se divide siempre en dos partes: el interés (que tiene que pagar al prestamista) y el excedente por encima del interés (que conforma su parte de la ganancia bruta). Si la tasa general de ganancia es dada, el excedente está determinado por la tasa de interés. Si la tasa de interés es dada, el excedente está determinado por la tasa de ganancia. A nuestro capitalista funcional (y prestatario) no le interesa más nada, solamente el aspecto cuantitativo del asunto.11 La división cuantitativa, nos dice Marx, deviene una división cualitativa porque la división cuantitativa misma depende de qué es lo que va a dividirse, de la manera en que el capitalista individual activo administra su capital y de qué ganancia bruta le rinde el capital como capital en funcionamiento, es decir, como consecuencia de sus funciones como un capitalista activo. El fetichismo de la ganancia de empresa, que da objetividad a la conciencia peculiar del capitalista activo, consiste en lo siguiente. La ganancia (menos el interés) aparece como el producto del capital sólo en la medida en que el capital realmente funciona en el proceso de reproducción. Ello porque, en lo que al capitalista productivo concierne, él representa al capital solamente como capital en funcionamiento. Representa o personifica al capital solamente en la medida en que este último funciona. Se trata, pues, de una doble determinación aparencial. El interés que el capitalista funcional paga al prestamista aparece, ante los ojos del primero, como la porción de la ganancia
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Suponemos aquí que la ganancia bruta es igual a la ganancia media en la rama en que opera el capitalista funcional. El análisis varía, por supuesto si suponemos que la ganancia bruta está por encima o por debajo de la media. Dada la ganancia bruta como igual a la tasa promedio, el tamaño de la ganancia de empresa está determinado únicamente por la tasa de interés. Dada una ganancia bruta mayor o menor que la ganancia promedio, la diferencia está determinada (una vez tomada en cuenta la tasa de interés) por todas las circunstancias que causan una desviación momentánea, sea de la tasa de ganancia en una esfera particular, o de la ganancia de un capitalista individual en cierta esfera. Los factores que determinan la tasa de ganancia dentro del proceso de producción mismo, nos dice Marx, incluyen el plusvalor; circunstancias diversas en cuanto a las operaciones individuales (precio de compra de medios de producción, métodos más productivos que los promedio, economías en capital constante, etc.) y el precio de producción específico (en cada transacción de negocio individual, esto depende de la sagacidad del capitalista individual y del grado en que éste compra o vende por debajo del precio de producción y, por tanto, que se apropia de una porción mayor o menor de la plusvalía total en el proceso de circulación). Marx, op. cit., Capítulo 23 [En línea] Marx, op. cit., Capítulo 23 (Interés y ganancia de empresa) [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch23.htm.

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bruta que le toca al segundo meramente por este último ser el dueño del capital. Es decir, como algo que pertenece categóricamente a la propiedad del capital, como tal; pues la propiedad sobre el capital está representada frente al capitalista productivo por el capitalista de dinero, por el prestamista. Simultáneamente, la porción de la ganancia que va al bolsillo del capitalista en funcionamiento aparece ahora como ganancia de empresa, o sea, derivada solamente de las operaciones o actividades que el capitalista “trabajador” realiza personalmente con su capital en el proceso de producción, por tanto, de las funciones que éste ejecuta como empresario en la industria o del comercio. En otras palabras, y sin salirnos del caso del capitalista funcional que opera con capital prestado, la mera división cuantitativa de la ganancia bruta (entre dos personas diferentes con reclamos legales distintos sobre el mismo capital y, por tanto, sobre la ganancia producida por él), deviene una división cualitativa, tanto para el capitalista industrial, en la medida en que éste opera con capital prestado, como para el capitalista de dinero, en la medida en que no aplica su capital a la industria o el comercio. Una parte de la ganancia aparece ahora como fruto que corresponde al capital en una forma, como interés; la otra, como fruto específico del capital en una forma opuesta, por tanto como ganancia de empresa. Una aparece exclusivamente como fruto del operar con capital, o sea, fruto del capital activo, del movimiento y desempeño real del capital (o de un movimiento, nos dice Marx, que aparece ante el capitalista funcional como su propia actividad, en contraposición a la inactividad, a la no-participación del capitalista de dinero en el proceso de prodición); la otra, como fruto del capital, como tal, abstraído del proceso de reproducción, en tanto que no “trabaja”. Por eso, Marx insiste en que el fetichismo de la ganancia de empresa (y su contraparte, el fetichismo del capital que rinde interés) no es una mera noción subjetiva del capitalista de dinero, de un lado, o del capitalista industrial, del otro, sino que “descansa en un hecho objetivo, pues el interés fluye al capitalista de dinero, que es el mero dueño del capital (y representa solamente la propiedad sobre el capital antes y fuera del proceso de producción), mientras que la ganancia de empresa fluye al capitalista en funcionamiento que no es dueño del capital”.12 No todos los hechos económicos objetivos de las sociedades en que impera el régimen capitalista de

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Ibídem.

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producción emanan de manera directa a partir del movimiento de la ley del valor, aun cuando se trate de creaciones orgánicas del capital y no frutos del pasado precapitalista (como la usura). El fetichismo brota de que el capitalista que opera con su propio capital, imitando al que opera con capital prestado, también divide la ganancia bruta en interés, que le corresponde como dueño del capital (y que se debe a sí mismo en calidad de prestamista), y en ganancia de empresa, que le corresponde como capitalista activo ejecutando su función de dirigente de la actividad económica. Es decir, es inmaterial, en cuanto a esta segunda división cualitativa, si en realidad ocurre la primera división cuantitativa. La persona o agente económico que emplea el capital, aunque sea el suyo propio, se “divide” en dos personalidades: es dueño de capital y usuario del capital, prestamista y capitalista funcional. La osificación e individualización de las dos partes de la ganancia bruta (como si ellas se originaran de dos fuentes esencialmente distintas), nos dice Marx, adquiere una forma fija para la toda la clase capitalista y el capital total. Independientemente de si el capital empleado por el capitalista es o no prestado (o de si el capitalista de dinero emplea su capital), la ganancia de todo capital (y por consiguiente, también la tasa de ganancia establecida por la nivelación de los capitales) se divide o es separada en dos partes diferentes, mutuamente independientes y separadamente individualizadas —el interés y la ganancia de empresa— determinadas ambas por leyes separadas. En lo que toca a las distintas categorías de ganancia que genera, el capital también se divide en capital-propiedad, capital fuera del proceso de producción, rindiendo interés a partir de sí mismo, y capital en el proceso de producción, que rinde una ganancia de empresa a través de su función. Esto, en lo que toca a la objetividad y lógica peculiar de las categorías derivadas del concepto simple del capital que rinde interés. Ellas no emanan de manera directa del movimiento de la ley del valor. Son determinaciones externas al proceso de producción y circulación. Pero se enlazan al capital genuino o, más bien, se erigen como una superestructura, que sirve de base objetiva a la conciencia económica de los agentes económicos que sirven al capital. Marx, por supuesto, va muchísimo más allá de lo aquí expuesto. El fetichismo de la ganancia de empresa (y por tanto, el fetichismo del capital que rinde interés), no puede comprenderse plenamente sin entrar en una discusión detallada de la categoría de salarios de
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superintendencia, en que el capitalista funcional aparece, contrapuesto al capitalista de dinero, como un “trabajador”, envuelto (como efectivamente lo está) en la labor de explotar al trabajo productivo. El resultado es un desdoblamiento ulterior: La forma social del capital (su carácter específico como régimen explotación) recae sobre el interés, pero expresado en una manera neutral e indiferente; la función económica del capital recae sobre la ganancia de empresa, pero abstraída del carácter específicamente capitalista de esta función. De ahí emana, entre otras cosas, la idea de que el capital puede existir y reproducirse sin la producción real de plusvalía, o sea, de que el capital que rinde interés puede seguir expandiéndose sin referencia a los límites reales y absolutos de la producción capitalista. Además, aquí brota la situación del interés como categoría dominante de la contabilidad capitalista, nublando para siempre el horizonte de la economía política, que a partir de entonces sólo deviene una concepción vulgar del mundo económico. La paradoja reside en que la categoría de salarios de superintendencia, sin bien sirve de base objetiva a la idea de que el capitalista funcional no deriva su ganancia de la explotación del trabajo ajeno (sino del trabajo propio), al ésta articularse con la socialización formal de la economia (bajo el crédito), abre el camino para el socavamiento final del fetichismo mismo del capital en todas sus formas y, por tanto, para el surgimiento, entre las masas explotadas, de una conciencia real, no enajenada, acerca de las leyes que dominan el modo de producción capitalista; es decir, para el fin de todo fetichismo acerca de la relación capital-trabajo. Con la maquinaria, desaparece el capitalista como funcionario necesario en la dirección del proceso de producción, y con el sistema de crédito, en particular con las compañías por acciones, desaparece todo pretexto para confundir la ganancia de empresa con los salarios de administración. La ganancia aparece en la práctica, como lo que es en teoría, mero plusvalor por el cual no se ha pagado equivalente alguno, trabajo realizado y no compensado. Más adelante volveremos sobre este punto y su significado para el análisis del capital ficticio, pues aunque el fetichismo del capital que rinde interés es la forma más pura de fetichismo, el dominio del capital financiero socava las bases mismas de la mistificación del capital. Por aquello de que, como diría Hegel, el pensamiento de la contradicción es el momento esencial del concepto. Dilucidada, aunque sea someramente, la objetividad de las nociones ligadas al capital que rinde interés, hay que mencionar que la categoría de capital ficticio, no se deriva de manera
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directa e inmediata a partir del concepto simple de capital que rinde interés. Aquí hay varias conexiones de transición que explicar. La primera es el sistema crediticio mismo.13 Éste, según Marx, crea sus propios instrumentos de circulación (dinero-crediticio) y tiene dos aspectos generales. El primer aspecto general del sistema crediticio es la circulación del dinero comercial y crediticio. Al respecto, nos dice la introducción al Capítulo 25: “Ya se demostró (Tomo I, Capítulo 3, 3, b) cómo la función del dinero como medio de pago se desarrolla a partir de la circulación simple de mercancías, de modo que se forma una relación de acreedor y deudor. Con el desarrollo del intercambio y del modo de producción capitalista, que produce exclusivamente para la circulación, esta base espontánea del sistema de crédito se expande, generaliza y elabora. En gran medida, el dinero funciona ahora únicamente como medio de pago, es decir, las mercancías no se venden por dinero, sino por una promesa escrita para pagar en una fecha futura determinada. Con el objeto de ser breves, podemos referirnos a todas estas promesas de pago como letras de cambio. Hasta el momento en que expiran y están maduras para el pago, estas letras mismas circulan como medios de pago; y ellas forman el verdadero papel comercial. En la medida en que al final se cancelan unas con otras, por el ajuste de deudas y cobros, funcionan únicamente como dinero, aunque aquí no hay una transformación final al dinero propiamente. Como estos adelantos mutuos de parte de productores y mercaderes forman la base real del crédito, así su instrumento de circulación, la letra de cambio, forma la base del dinero crediticio propiamente, o sea, las notas de bancos, etc. Éstas no están basadas en la circulación monetaria, la de dinero metálico o papel emitido por el gobierno, sino más bien, en la circulación de las letras de cambio”.14 Hay que insistir en la última oración. La circulación bancaria, o sea, el crédito centralizado y organizado, no tiene como base inmediata la circulación monetaria (dinero metálico o papel moneda emitido por el gobierno), sino las letras de cambio, una creación completamente artificial. Estamos, pues, ante un empleo del concepto de superestructura aplicado a las categorías económicas.

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La segunda es el sistema bancario organizado y la deuda pública. Marx aclara que aquí se trata solamente del análisis del crédito comercial y bancario privado. “La conexión entre el desarrollo de esta forma de crédito y el crédito público no será considerada en este lugar”. Marx, op. cit., Capítulo 25 (Crédito y capital ficticio) [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch25.htm.
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Ibídem.

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Concretamente, aquí hay tres niveles diferenciados. El primero, que remite a la Parte I del Primer Tomo de El capital, está dado por la circulación propiamente monetaria, metálica y de papel. Este nivel se explica de manera inmediata y directa por la ley del valor. Las nociones de la circulación simple y general de mercancías aplican aquí por entero. El segundo nivel es el de la circulación del dinero comercial o letras de cambio. A través de estas últimas se efectúa ahora la mayor parte de las transacciones crediticias inmediatas entre los capitalistas industriales y comerciales. Marx nos dice que este nivel brota de la expansión, generalización y elaboración de la relación simple entre acreedor y deudor, que debe su existencia, a su vez, a la función del dinero como medio de pago. O sea, el factor decisivo de la trasformación es cuantitativo: el avance del comercio y la industria. Llegado a un punto, el propio crecimiento del intercambio y la producción, provoca cambios cualitativos, haciendo posible la aparición de categorías económicas distintas, o creaciones enteramente artificiales, que pueden llegar a superponerse a la lógica interna del capital. El tercer nivel es el de la circulación del dinero crediticio y su instrumento, las notas bancarias. Este nivel no es sino expresión de una mayor organización y centralización del crédito privado en general. Pero aún no estamos —ni lógica ni históricamente— ante la banca y el capital financiero moderno.15 Lo decisivo por ahora es que no se llega al concepto de capital ficticio colapsando la lógica del Tercer Tomo en el Primer Tomo de El capital, como hace la escuela de la llamada “teoría crítica del fetichismo” en boga en América Latina. Hay categorías económicas de la sociedad capitalista —creaciones modernas del modo de producción del capital— que no se explican de manera inmediata y directa por la ley del valor o el fetichismo de la mercancía ordinaria. Antes de pasar al segundo aspecto general del sistema crediticio, hay que señalar que el concepto de capital ficticio está presente ya, en germen, en la circulación del dinero comercial. De hecho, este concepto lo toma Marx directamente de los comerciantes ingleses que buscaban distinguir entre letras de cambio y notas bancarias que representan operaciones bona fide de compra y venta vs el mero papel de acomodación, “en que una letra de cambio se emite para comprar otra letra de cambio, con miras a crear capital ficticio, mediante la creación de dinero”. Así, el autor de El capital cita sobre esto no a la economía política burguesa, sino a W. Leatham (banquero de Yorkshire) y autor de las Escritos acerca de la moneda, 1840, Londres.16 Leatham
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Ibídem. Ibídem.

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pone de manifiesto el hecho importantísimo de que el concepto de capital ficticio no envuelve solamente un elemento negativo (la creación artificial de dinero), sino un lado funcionalmente positivo: “Las letras de cambio actúan indudablemente como dinero, independientemente del dinero, en el grado en que transfieren propiedad de unas manos a otras, mediante los endosos. Puede suponerse que en promedio hay dos endosos por cada letra en circulación…y que cada una efectúa dos pagos antes de su vencimiento. Sobre esta suposición, parecería que, por la vía de meros endosos, la propiedad cambia de manos, gracias a las letras de cambio, a un valor el doble de quinientos veintiocho millones, o £ 1,056,000,000, siendo a una tasa de más de £3,000,000 por día, en el curso del año 1839. Podemos, por lo tanto, concluir con toda seguridad que los depósitos y letras de cambio, conjuntamente, efectúan las funciones del dinero, al transferir propiedad de unas manos a otras sin la ayuda del dinero, en un grado diario de no menos de £ 18,000,000”.17 Este aspecto positivo, a veces descuidado por los análisis marxistas, explica el porqué, con el pasar del tiempo, la banca deviene una palanca tan poderosa de la acumulación y centralización de capitales.18 Además, contiene en sí los elementos de la moderna especulación. Todo eso está aquí ya presente en germen, porque la venta de la mercancía a crédito es funcionalmente una venta o préstamo de capital. Lo demás es una consecuencia simple del hecho de que las notas bancarias devienen instrumentos para la compra-venta de dinero como capital. Entre la circulación de dinero comercial y la bancaria sí existe una relación de conexión inmediata y directa. El segundo aspecto general del sistema crediticio es el que concierne al manejo del dinero por los mercaderes de dinero. Esto presenta, a su vez, dos dimensiones: una exclusivamente técnica y otra económica. La primera tiene que ver con el manejo y administración de las reservas de dinero de los empresarios, las operaciones técnicas de recibir y desembolsar dinero, los pagos internacionales y el mercado de lingotes de oro. Los negociantes de dinero concentran en sus manos estas actividades. La dimensión económica está dada por el manejo del capital que rinde interés o dinero capital. Esto deviene una función especial de los manejadores de dinero. Tomar a préstamo y

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Ibídem.

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El énfasis es en la unidad, ficticio y capital. No se trata, pues, de un mero valor artificial, sino de un valor creado artificialmente que funciona como dinero al transferir propiedad —real o ficticia —de unas manos a otras.

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prestar dinero, nos dice Marx, deviene una actividad especial. Los manejadores de dinero actúan como intermediarios entre el prestamista real y el que toma dinero a préstamo. Este aspecto de la banca consiste en concentrar grandes sumas de capital prestable en manos de los banqueros, de manera que, en lugar del prestamista individual, los banqueros confrontan a los capitalistas industriales y comerciales, en calidad de representantes de todos los prestamistas de dinero. Devienen con ello los administradores generales del capital dinero. Por otro lado, al tomar a préstamo para todo el mundo del comercio, concentran a todos los prestatarios vs los prestamistas. La banca representa, pues, una doble centralización: la centralización del dinero de los prestamistas y la centralización de los prestatarios. La ganancia bancaria generalmente es producto de tomar a préstamo a una tasa de interés más baja que a la que se presta. El análisis del capital bancario, que Marx expandirá en los Capítulos 29 al 32 (Componentes del capital bancario; Relación entre capital dinero y capital real) está implícito en el Capítulo 25, en la enumeración de los diferentes elementos de la circulación del dinero crediticio y bancario: a. Fuentes del capital prestable de los bancos: 1) su función como cajeros de los capitalistas industriales, lo que le permite concentrar todo el capital dinero que cada productor o comerciante tiene que tener como fondo de reserva (o recibe en pagos). Estos fondos son convertidos en capital prestable. Ello reduce el fondo de reserva del mundo comercial a un mínimo y permite que una parte del capital dinero funcione como capital que rinde interés; 2) Los depósitos que reciben de los capitalistas de dinero expresamente para que el banco los preste; 3) Ahorros de todas las clases, fomentados por el pago de intereses. b. Modo en que se hacen los préstamos de crédito comercial: 1) A través del “descuento” de letras de cambio, o sea, de su conversión en dinero antes de la fecha de vencimiento; 2) Adelantos de varios tipos, como avances directos sobre el crédito personal, préstamos directos sobre “seguridades”, tales como papel que rinde interés, papel gubernamental, acciones de todo tipo y, sobre todo, sobregiros en contra de letras de “carga”, dock warrants y otros certificados de propiedad sobre mercancías y sobregiros de depósitos. c. Formas del crédito bancario: Éstas incluyen las letras de cambio giradas a cargo de un banco, los cheques a cargo de un banco y las notas bancarias. Se trata de dinero-crédito que se
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sale de los confines de la circulación meramente comercial e invade la circulación general, donde funciona como dinero. En la mayor parte de los países, los principales bancos emitiendo notas son una mezcla peculiar de bancos nacionales y privados y tienen el crédito nacional de respaldo. Estas notas son más o menos curso legal. Aquí es obvio que el banquero negocia directamente con crédito y que la nota es un mero vale o ficha circulante de crédito. Representan el menudeo del comercio al por mayor. El principal negocio de los bancos, por supuesto, es el manejo de depósitos. d. Modo en que los bancos crean moneda: Descontando las letras de cambio y emitiendo notas bancarias. Las notas bancarias, letras de cambio, cheques, etc., son formas de estructurar el crédito. Efectúan las operaciones del dinero. Son transferibles, o sea, hacen que los reclamos de pago sean transferibles. e. Negocios de los bancarios: Se dividen en capital invertido y capital tomado a préstamo. f. Modos de levantar el capital bancario o tomado a préstamo (creación de capital bancario mediante letras, notas y depósitos): Recibiendo, emitiendo y librando notas. Se presta la promesa de pago y se cobra interés sobre la misma, pues equivale a dinero prestado). g. Los bancos y la economía de medio circulante. Ajuste de cuentas que envuelven grandes cantidades, pero hechos con poca cantidad de dinero real. El dinero que sobra es empleado por el banco para hacer adelantos, ya sea mediante descuentos a sus clientes u otros medios. Las notas bancarias devienen el único medio circulante, aunque se parte de la premisa de que el banco tiene el dinero en la bóveda. h. Modo en que se efectúa la centralización de las transacciones locales en manos de los bancos: A través de oficinas particulares y a través de agencias. i. Los bancos y la especulación: Aquí el capital ficticio resulta de que las notas bancarias exceden a menudo el valor de las letras de cambio. Un banco puede emitir notas sobre todas las letras de cambio que ha descontado, aunque solamente una parte de estas últimas representen capital real. Esto es técnicamente factible, entre otras cosas, porque las notas circulan por un período de tiempo menor a la maduración de las letras de cambio. Los sobregiros de crédito efectivo son parte diaria del negocio bancario.
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j. Mercancías ordinarias y crédito: Las mercancías también pueden servir de seguridad para créditos, al modo en que lo hacen las letras de cambio. P es productor de mercancías; B le da un adelanto (préstamo) mediante un descuento sobre las mercancías a ser producidas, vendidas, etc. Sobre esto se levanta todo un sistema de especulación y fraude. Se produce no con miras a vender sino a obtener adelantos bancarios sobre las mercancías. También se fabrica capital ficticio mediante la emisión de letras de cambio sobre compras futuras. Es decir, no se emiten créditos (drafts) porque las mercancías se compran, sino que se “compran” (o se promete comprar) mercancías para transformar los drafts convertibles y descontables en dinero. [A: Ordena a B comprar de C (el productor) mercancías para enviar a D; B: Paga a C con drafts hechos por C a cargo de B; B: Se asegura con drafts a cargo de A; A: Hace drafts a cargo de D; A y B toman posesión de los fondos meses antes de que efectivamente paguen por las mercancías.]. El proceso real es uno de comprar para levantar capital mediante adelantos. La compra deviene una cuestión no de oferta y demanda, sino de operaciones financieras de compañías envueltas en operaciones especulativas (fabricación de capital mediante la emisión de letras de cambio sobre compras futuras) k. Sucesiones progresivas de depósitos: El crédito bancario opera con una sucesión de transferencias sobre la base de un depósito inicial de dinero. La misma cantidad de dinero, depositada en A, es emitida de nuevo, bajo otras formas, en B, en C, etc., dando paso así a una sucesión de transferencias y multiplicación de depósitos al infinito. [D1: Deposita dinero en B1; B1: Hace una emisión que es depositada en B2; B2: Hace una emisión que es depositada en B3. El resultado es una sucesión de transferencias que se convierte en una cadena infinita de depósitos]. El capital ficticio resulta de que el capital realmente existente es menor que el que aparece en los libros. l. Sobreproducción y crisis: Marx entra aquí en un análisis concreto del crédito y la economía de Inglaterra en los años de 1844-1847. Entre los aspectos que él destaca: 1) el papel de las estafas financieras en impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas en 1844-1846; 2) el sistema de mercancías en consignación para obtener pagos adelantados y el crash del mercado mundial en 1847; 3) las crisis y los movimientos de las tasas de descuento; 4) la depreciación del papel del gobierno y de los bonos en tiempos de crisis general; 4) la profundización del
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fraude y la especulación en momentos de crisis, en especial del proceso de continuar con compras ficticias para levantar capital mediante adelantos; 5) la reducción de las reservas bancarias a meras letras de cambio sin valor real alguno. Lo decisivo del análisis del crédito y la crisis y sobreproducción de 1847, como puede verse, es la manera concreta en que Marx se acerca al problema. En lugar de meras referencias abstractas a las contradicciones de la producción capitalista, él nos da un cuadro detallado del curso real de los eventos. Esto, de por sí, nos dice que estamos en un nivel de análisis en que las generalizaciones y fórmulas abstractas, por sí solas, sirven de muy poco. Obviamente, el análisis del crédito y el capital ficticio presupone la operación real de la ley del valor, tanto en la reproducción como en la circulación del capital genuino. Pero no hay aquí, como suponen muchos marxistas contemporáneos, una conexión lineal las leyes de acumulación del capital y las determinaciones del capital que rinde interés. Marx tituló el Capítulo 25 Crédito y capital ficticio, por una razón obvia. Lo segundo no puede definirse sin una referencia a lo primero. Pero, como el crédito es una creación artificial orgánica de la producción capitalista, la definición del capital ficticio obliga al estudio concreto de las creaciones artificiales del capital (lo que incluye la elaboración de una teoría del Estado en la producción capitalista). El nivel lógico del análisis es aquí lo decisivo. La ley del valor opera en este lugar sólo como premisa general o límite último —usando la expresión de Marx— del movimiento del capital que rinde interés. No es que El capital no sirva para el estudio de las complejas operaciones bancarias y crediticias contemporáneas. Es que, precisamente por su estructura lógica no lineal, la obra fundamental de Marx, abre la posibilidad a un mundo de interpretaciones creativas, dialécticamente materialistas, diría Lenin, de la forma más avanzada y final posible del capitalismo, es decir, del imperialismo. Para ello, sin embargo, hay que dejar atrás las interpretaciones simples de la estructura lógica del Tercer Tomo.19 En particular, hay
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La prueba más clara del “discontinuidad lógica” que representa la Parte V del Tercer Tomo es el distinto modo en que la competencia interviene en la formación de la tasa media general de ganancia versus la tasa media de interés. En ambas cosa interviene la competencia, pero de distinto modo. En lo que toca a la primera, la competencia consiste en el retiro de los capitales de las ramas consistentemente por debajo de la media y su inversión en las altas. La determinación es función de la continua variación en oferta y retiro del capital en relación a las distintas esferas, y nunca un efecto simultáneo de masa. En lo que toca a la tasa de interés, la determinación es función directa del efecto de masa (masa de capital prestable) vs la masa de capital funcional. La tasa general de ganancia no es un hecho tangible y obvio al modo en que sí lo es la tasa de interés. Las tasas de ganancia individuales en distintas esferas son más o menos inciertas, pero en la medida en que aparecen, no es su uniformidad, sino sus diferencias lo que resulta perceptible. La tasa general de ganancia aparece como el límite más bajo de ganancia, no como una

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que abandonar el dogma de que el fetichismo de la mercancía es absoluto, de que domina toda la visión que Marx tenía de la sociedad capitalista moderna. El propio movimiento del capital, nos dice Marx, socava las mistificaciones creadas por el modo burgués de producción. No puede ser de otro modo, si la teoría marxista expresa verdaderamente, en un plano científico, la transición al comunismo. La forma más avanzada y final posible del capitalismo tiene que coincidir con el fin del fetichismo del capital, en todas sus manifestaciones (fetichismo de la mercancía, de los salarios, de la ganancia, del interés, de la renta de la tierra, etc.). La tesis fundamental del materialismo histórico —de que es el ser social determina la conciencia y no a la inversa— quiere decir aquí, en pleno siglo XXI, que las bases de una conciencia universal acerca de la naturaleza obsoleta del capital ya están puestas para el pensar humano. Las masas despiertan como nunca a esa realidad, aunque no pocos pensadores, incluyendo algunos progresistas, siguen especulando acerca de las maneras o formas en que podría darse una supuesta restauración del equilibrio económico de la economía capitalista mundial. Ante las masas, la idea del colapso del capital, defendida una y otra vez por marxistas como Rosa Luxemburg, adquiere hoy materialidad inmediata. Y las masas expresan su entendimiento de la manera en que pueden, en el contexto de un mundo político dominado por la confusión e inercia de las llamadas organizaciones revolucionarias de izquierda: mediante levantamientos, más o menos espontáneos, y más o menos duraderos, en contra del capital y del fin de la democracia burguesa. La ola, sin embargo, va en crecimiento. Lo que igualmente nos parece innegable es que el análisis marxista, particularmente en lo económico, se encuentra hoy, más que nunca, retrasado frente al curso de los eventos. Continuamos repitiendo las mismas fórmulas trilladas y aprendidas de memoria, sin entender que de lo que se trata es del análisis concreto de la realidad concreta, o sea, de ser creativos. Peor aún, nadie quiere hablar del problema que nos aqueja. Para salir de este estancamiento, como dijera Rosa Luxemburg, no hay, sin embargo, otro camino que el de retornar a la obra de Marx para, “una vez más, utilizar nuevos fragmentos de su doctrina”. Nos parece que en este mundo

forma empírica y directamente visible de la tasa real. “La tasa general de ganancia, por tanto, se deriva efectivamente de causas muy distintas y mucho más complicadas que la tasa mercantil de interés, que está directa e inmediatamente determinada por la proporción entre la oferta y la demanda”; Marx, op. cit., Capítulo 22, [En línea] http://www.marxists.org/archive/marx/works/1894-c3/ch22.htm.

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dominado por el capital que rinde interés, el estudio y aplicación creativa de la Parte V del Tercer Tomo es una tarea urgente.

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