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Critica Cultural Victor Gonzalez

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Es importante acotar que la expresión “eurocentrismo” presupone
la concepción hegeliana de Europa, tal como se constituye hacia fnales
del xviii y comienzos del xix. De tal manera que la toma de posición
con respecto al eurocentrismo variará, según Mignolo,12

de acuerdo a la

geopolítica del conocimiento y a la ubicación socio-histórica y epistémica

desde donde se aborde el asunto.
En ese sentido, comencemos por situar la concepción eurocentrista

del término “cultura” desde la posición de los griegos.
Para referirse al término cultura los griegos utilizaban la palabra

paideia. Este concepto representaba para ellos el más alto grado de la vida

espiritual de una nación; pues en él se resumía la naturaleza del hombre,
en su doble estructura corporal y espiritual.

Según comenta el conocido estudioso de los temas griegos, Werner

Jaeger: “Los antiguos tenían la convicción de que la educación y la cultura no
constituyen un arte formal o una teoría abstracta, distintos de la estructura
histórica objetiva de la vida espiritual de una nación. Esos valores tomaban
cuerpo, según ellos, en la literatura, que es la expresión real de toda cultura

superior”13

.

La educación, entonces, se convierte en el principio a través del
cual la comunidad humana conserva y trasmite su peculiaridad física y
espiritual. En este sentido ha sido asociado con los conceptos de cultura
y de civilización. Sin embargo, la concepción original que le otorgaron los
griegos ha sufrido cambios en la actualidad.
Así, en su estudio sobre la paideia, Jaeger afrma que la “cultura”
no comienza antes de los griegos. Los denomina “heleno-céntricos”,

“comienzo”, pero no es un comienzo temporal sino espiritual. De acuerdo

con el autor, es necesario volver al mundo griego para hallar la orientación
perdida. En la opinión Jaegeriana, sin la idea griega de la cultura, no hubiera
existido la “antigüedad” como unidad histórica ni “el mundo de la cultura”

occidental.

12 Mignolo, Walter (Comp), Capitalismo y geopolítica del Conocimiento: El eurocentrismo y la flosofía de la
liberación en el debate intelectual contemporáneo
, Argentina, Ediciones del Signo, Plural 2, 2001.
13 Jaeger, Werner, Paideia, México, Fondo de Cultura Económica, 2000, Pág.1.

Víctor F. González

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Para Martínez Echeverri 14

, el concepto de cultura está asociado con
el de civilización. La cultura en su concepción antigua, o sea, asociada al

individuo en particular, y que en la actualidad tiene vigencia, corresponde a
lo que los griegos denominaron paideia y los romanos humanitas, es decir la
educación del hombre en sí, el estudio de la poesía, la flosofía, la elocuencia,

etc., que corresponde a lo que llamaban buenas artes, es decir aquello que

diferencia al hombre del resto de los animales.
Pero Jaeger critica la noción actual de cultura. De hecho, para él, ya

no es un alto concepto de valor, un ideal consciente, un principio formativo;

en la actualidad se ha convertido en un simple concepto antropológico
descriptivo. Dice Jaeger que lo que llamamos hoy “cultura” es un producto

avellanado, una última metamorfosis del concepto griego originario. En
el mundo contemporáneo de la industrialización, la cultura, en el aspecto

humano individual, ha perdido su carácter universalista y ha tendido a la
especialización en la formación específca mediante aprendizajes particulares,
que le dan al individuo un campo muy restringido de actividades y de estudio;
es lo que Borges ha llamado “la barbarie de la especialización”15

.

Ahora bien, el concepto de “cultura” que se maneja en Occidente
es un legado de la flosofía del siglo XVIII, que la opuso a la idea de
“civilización” como una de las formas de debatir y superar las antinomias
semánticas que la han rodeado por siempre. Así, etimológicamente la
palabra “cultura” proviene del latín culturam. A dicho término se le ha
vinculado semánticamente un doble sentido: uno primario, para referirse a

“agricultura” del suelo, “cultivo” y sus productos, cuidar el suelo, mejorar

de acuerdo con su naturaleza. Y uno que corresponde a un desarrollo

posterior, de carácter fgurado que derivó en una expresión diferente:
“cultivo de la mente”. “El cuidado y mejora de las facultades nativas de la

mente de acuerdo a su naturaleza”.
Finalmente, quede claro que el investigador no comparte en todos sus

términos la posición asumida por Jaeger con respecto a la noción de cultura,

pues ello implicaría aceptar como totalmente ciertas sus apreciaciones, e
ignorar las distintas manifestaciones culturales, que desde diversas disciplinas

de estudio han sido denominadas como mestizaje, transculturación,

14 Martínez Echeverri, L y H., Diccionario de Filosofía Ilustrado, Bogotá, Editorial Panamericana, Pág.
118, 1997.
15 Martínez E, L y H, Op. Cit., Pág. 118.

La crítica cultural latinoamericana y la investigación educativa

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hibridez o pluriculturalidad, especialmente como forma de reconocer los
múltiples signifcados y la heterogeneidad misma que sustentan a la cultura

latinoamericana.

1.2.1. La tesis eurocéntrica acerca de la cultura de América
Latina

En el desarrollo de la discusión sobre cultura, es importante referirse
a las tesis políticas que se derivaron con respecto a la realidad indígena

en América. En este sentido, interesa establecer: ¿cómo afectó la visión
eurocéntrica a las etnias indígenas del continente americano?
Es evidentemente notorio que la visión del “otro” como “extraño”
prevalece en la escritura europea sobre América.
Para responder la pregunta anterior, se ha estimado que los

argumentos del antropólogo venezolano Gustavo Martín parecen ser

esclarecedores de lo que se ha dado en llamar “el imaginario ideológico del
europeo” con respecto a otras sociedades y otras culturas.
Señala el autor, que son dos los elementos que caracterizan la
ideología cotidiana del hombre europeo de la época: el miedo y la esperanza:

“El miedo era el producto lógico de la situación que se vivía en Europa.

La peste, las hambrunas, los herejes, las guerras religiosas, el cisma de la
Iglesia, entre otros factores, infuyeron notablemente en la conformación

de este ambiente de terror”.16

Ese temor parece confrmarse en los conquistadores europeos
venidos a América. Así lo explica Martín:

Europa es concebida como el centro del mundo y como tal es la depositaria
de todo lo bueno, lo bello, lo justo, lo santo, en otras palabras, de lo humano.
En la medida que se va de ese centro a la periferia del planeta se marcha
hacia las tinieblas, lo monstruoso, la maldad, lo maldito, es decir, hacia lo
no humano.
17

16 Martín, Gustavo, Ensayos de Antropología Política, Caracas, Editorial Tropykos, 1984, Pág. 44.
17 Martín, Gustavo, Ob. Cit., Págs. 44-45.

Víctor F. González

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En efecto, esta creencia parece evidenciarse en los aborígenes

americanos, quienes de acuerdo con Martín, van a ser identifcados con

los descendientes de las tribus malditas de Israel.18

Son numerosos los

grabados y dibujos donde se ve a un grupo de indígenas adorando al
demonio. Los herejes, los judíos, los monstruos, todos los fantasmas del
hombre europeo, tuvieron cabida en las nuevas tierras, formando parte,

a su vez, de esa primera forma de discurso antropológico que fueron las

crónicas o relatos de los viajes.

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