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Alejandro de Valle Introducción a problemas de sociología urbana

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Los trabajos de la Escuela de Chicago no se agotaron
en Park, al respecto, Roderick McKenzie, concentró sus
investigaciones en el análisis de los patrones de uso del
suelo. Para ello, siguió la tesis que éstos son resultado
de la lucha/competencia (bajo una división del trabajo)
por la localización. Así, las mejores localizaciones son
ganadas por los mejores “luchadores” o los más
poderosos y, los menos poderosos, reciben las
localizaciones de la ciudad menos deseadas.
Mc Kenzie estudió a la ciudad, en tanto que, sistema
ecológico, al tratar de establecer las condiciones de su
funcionamiento orgánico, situándose en una perspectiva
intelectual similar y paralela a la de Malinowski, es
decir, en la perspectiva originaria del funcionalismo.
Cabe destacar que en tanto sistema ecológico, para
McKenzie (1933: 26), existen áreas naturales, que se
encuentran en una relación simbiótica y competitiva
constante de unas contra otras. En ciertas
circunstancias la ‘invasión’ de una comunidad
establecida, por el avance de la tecnología, la política o
las migraciones, producen cambios drásticos con efectos
diversos para cada área, tal como ocurrió en el caso de
la Ciudad de Nueva Cork con la llegada del ferrocarril.
Siguiendo la línea de trabajos de McKenzie, Amos
Hawley (1972) se centró en la sistematización de las
bases de esta perspectiva pero, superando la
supeditación de la sociedad al espacio, la concibió como
una articulación progresiva de ‘comunidades humanas

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especialmente definidas’ (Hawley, 1972: 227 y ss.). Que
luego, dará lugar al planteo de Otis Duncan (1959)
quien elaborará la noción de “complejo ecológico”
constituyendo, así, una teoría de la regulación y del
cambio del sistema social de la comunidad, a partir de la
interacción de los cuatro elementos que la componen:
medio ambiente, población, tecnología y organización
social’ (Castells, 1971: 47).
En lo esencial, el planteo de Hawley y Duncan,
acabaron de dar forma a la ecología humana a partir del
desarrollo del concepto de ecosistema social. Según
esta teoría, lo único que tienen en común los seres
humanos con otros seres vivos es la necesidad de
sobrevivir con los recursos que encuentran en el medio
ambiente, pero, a partir de ahí, la adaptación humana es
totalmente diferente.
La de las especies no humanas es una adaptación
mecánica, mientras que la del ser humano es siempre
social, ya que se lleva a cabo a través de la cultura y sus
elementos materiales (tecnología) y no-materiales
(formas de organización social, ideologías, creencias,
valores, etc.…). El ecosistema humano, se define, por
lo tanto, como un sistema dinámico relativamente
autónomo, compuesto por una comunidad natural y su
ambiente físico y está formado por cuatro elementos,
población, medio ambiente, tecnología y organización
social, en continua interacción entre sí, por lo que los
cambios en cualquiera de ellos tienen repercusiones en
los demás, lo que implica que, aunque el ecosistema
siempre tienda hacia un equilibrio, éste no se alcanza
nunca, ya que la continua interacción entre los cuatro
elementos provoca desajustes, tensiones y conflictos,
que se tienen que resolver necesariamente a través del
cambio social.

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Dentro de los aportes de la Escuela de Chicago a la
teoría de la urbanización, es necesario destacar a Ernest
W. Burgess (1925) que desarrolló la Teoría de zonas
concéntricas. Su tesis principal es que las ciudades
crecen y se desarrollan hacia el exterior en círculos
concéntricos que resultan de un proceso competitivo.
De acuerdo con el modelo de círculos concéntricos de
Burgess, una ciudad crece “hacia fuera” desde un
distrito central comercial donde se localizan los
empleos, la industria, la diversión, las oficinas
administrativas, etc. en una serie de anillos
aproximadamente concéntricos (como los del corte del
tronco de un árbol), cada uno con diferente uso del
suelo. La zona en transición contiene industria y
vivienda de bajo ingreso. La industria es confinada a un
distrito y tiene diferentes submercados de vivienda.
Las áreas, definidas por Burguess serían las

siguientes:

Zona I: coincidiría con el Central Business District,
centro de los negocios y área neurálgica de
funcionamiento económico, social y cultural de la
ciudad. Sería la zona de precio del suelo más elevado y
con uso intensivo. Rodeando a este núcleo central se
localizaría un área de venta al por mayor, industria
ligera y a veces un mercado. La función residencial sería
mínima.

Zona II: es una zona de transición, que rodearía a la
anterior. Primitivamente sería una franja suburbana,
lugar de residencia de comerciantes y otros ciudadanos.
Con el crecimiento de la ciudad, el área entraría en fase
de deterioro, convirtiéndose en una zona de vivienda de
baja calidad, parte de la cual estaría ocupada por los
barrios bajos.

Zona III: sería el área de residencia de los
trabajadores independientes. Su población estaría

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integrada por trabajadores de fábricas y tiendas, con un
nivel superior al anterior.
Zona IV: sería el área de las mejores residencias, zona
de viviendas dirigidas a las clases media y superior, de
calidad elevada.
Zona V: es el área de commuters, situada entre las
isocronas de 30 y 60 minutos. Sería un área de viviendas
unifamiliares suburbanas, la clásica ciudad-dormitorio.
Zona VI: de carácter fundamentalmente agrícola.
Zona VII: hinterland de la metrópoli.
El aporte original de Burguess, consistió en
comprender que existe una estrecha relación entre
desarrollo económico, transformaciones sociales y
organización del espacio. No obstante, su teoría del
crecimiento urbano en sucesivas zonas concéntricas no
representa, como puede parecer a primera vista, una
generalización empírica un tanto ingenua, sino que es
más bien una afirmación de la dependencia del espacio
—y, por lo tanto, de la ciudad— con respecto a una
determinada estructura social. La “ciudad producto de
la sociedad” marca la pauta y la orientación básica de
toda corriente historicista de la sociología urbana en
Estados Unidos, con autores como Mumford, Sjoberg,
Firey, Form, etc. Corriente que ha ejercido singular
fuerza atractiva sobre los sociólogos europeos en
general, y sobre los franceses en particular (Chevalier,
Lefebvre). (Castells 1971, 46).
Las principales críticas al planteo de Burgess,
provinieron de Hoyt (1939) quien sostuvo que la ciudad
se desarrolla por sectores que se diferencian por
actividades económicas. Es decir, una ciudad crece
“hacia fuera” desde un centro comercial, en una serie de
ejes o sectores centrados en rutas de transporte.

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Harris y Ullman (1945) también han criticado a Hoyt
y se han diferenciado de este al sostener la teoría de los
núcleos múltiples. Según ésta, las ciudades no tienen un
solo dentro, sino que tienen muchos “minicientros”.
Las actividades similares se localizan en la misma área y
crean “miniciudades” dentro de la ciudad mayor. Según
el modelo de núcleos múltiples de Harris y Ullman, las
ciudades se desarrollan alrededor de una serie de
centroides o núcleos. Los usos del suelo más conocidos
se identifican en áreas que corresponden a distintos
núcleos alrededor del centro histórico y comercial y,
sobre todo, en los suburbios. No obstante, ninguna
ciudad sigue la forma pura de algún modelo. La mayoría
de las ciudades tienen aspectos visibles de los tres
modelos y son, por lo tanto, compuestas.

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