Marcelo Oscar Ohienart

De Tangos & Café
Una costumbre Argentina

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Prólogo
Dijo Alberto Cambas Sabaté:

“Uno de los poetas más insignes del Plata es Hugo Ferrer y justamente fue él quien en su monumental Balada para un loco aplicó aquella frase ‘las callecitas de Buenos Aires tiene ese no se qué ¿viste?’ Desde la más humilde de las pretensiones, se nos ocurre pensar qué bien caería sumarle a las callecitas esos templos entrañables que poblaron esquinas, ángulos insospechados y rincones misteriosos como son los cafés, los ‘boliches’ donde fue creciendo una cultura popular rica y mágica. En estas páginas se los describe tratando de ser lo más fieles posibles para que ninguno quede de lado -y si es así-, seguramente se encontrará escondido, resguardándose de un presente mezquino que muchas veces ocultan nuestros más profundos afectos. Haberse abocado a la investigación ha sido lanzarse a la aventura de un viaje inesperado. Con cada hallazgo surgieron datos subyugantes, entrelazados, datos que fueron abriendo la puerta a un pasado de características infinitas. Es verdad que existen ya muchos volúmenes sobre los cafés de Buenos Aires, algunos de prestigiosos autores, pero también es cierto que el viaje del que hablamos resulta interminable, algo así como penetrar un universo lleno de sorpresas, cada cual de ellas más bella. Y aquí están los cafés, aún, esgrimiendo orgullosos su esencia, la esencia de Buenos Aires”.

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Un ritual de Buenos Aires
Si existe un lugar en el mundo en el que, al café se le rinda culto, ese lugar fue, es y será Buenos Aires. En épocas pasadas, cuando el tiempo tenía otro valor para los porteños, el café fue la cita obligada de tangueros, poetas, enamorados y soñadores. Dicen que alrededor de un pocillo de café, los argentinos somos capaces de arreglar el mundo o formamos una selección de fútbol.

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Café: Establecimiento público en el que se sirve esta infusión y otras bebidas: en el café de la esquina tenemos una tertulia todas las tardes. Esta es la definición que surge de la consulta al diccionario de la Real Academia Española, ahora bien, en nuestro país, y más precisamente en la ciudad de Buenos Aires, el “café” alcanza nuevos significados, los que a través de este intento trataré de interpretar. Según Mabel Bellucci, “el café es uno de los pocos sitios a salvo de nuestras inconstancias. Es uno de los pocos espacios comunes a resguardo de la inclemencia de los tiempos. Más allá de que madera y estaño apenas resistan los embates del plástico y la fórmica, los cafés porteños permanecen ... Lugar de encuentros, el café es también escenario para exponer u ocultarse, para la compañía o la soledad ...El café es un continente de la vida, un recipiente de sus contradicciones: allí se hacen y deshacen amistades, se tejen y destejen amores.” “Los cafés tienden un puente entre la realidad y las utopías, conjugan encuentro y creación, nos contactan con lo más valioso de nuestro patrimonio y lo más familiar de nuestro mundo cotidiano. En ellos cultura y tradición se relacionan directamente con la esencia de nuestra ciudad”, pontifica Silvia Fajre, en otras de las tantas definiciones de éste lugar tan evocado. Muchos, antes que uno, se abocaron a describir el café, Roberto Arlt en “Aguafuertes porteñas”, Leopoldo Marechal en “Adán Buenosayres”, León Benarós, Julián Centeya, Norberto Folimo, Raúl González Tuñon, y tantos otros. La lista sería interminable, pero, ¿por qué los argentinos, casi en legión, nos ocupamos de este recinto mistongo? ¿qué tiene el café para los porteños?; qué resulta de esa frase tan usual entre nosotros “¿nos tomamos un cafecito?”. Tomar un cafecito implica mucho más que la infusión de esta bebida heredada de los españoles que poblaron nuestra pampa a principios el siglo XVIII. Tomar un cafecito implica entre otras cosas un intercambio social, quizás el último que aún conservamos intacto los argentinos. Para los porteños, en el café, se arregla un negocio, se discute, se enamoran mujeres, se llora el primer desengaño, se estudia, se lee, se escribe. Y también se disfruta de la soledad, Dalmiro Sáenz suele repetir que jamás podría escribir en silenciosas y formales bibliotecas, será por aquella melodía que todos los cafés trasmiten cuando uno se detiene a pensar en ello: el murmullo de la gente al hablar, el grito de “maaaarche un express” del mozo, el ruido de las cucharas sobre los viejos pocillos de losa blanca, el chasquido de los dedos para llamar al mozo, el gesto del dedo pulgar junto al índice formando la letra U acostada para significar lo que se quiere consumir, la ráfaga de viento que ocasiona el vaivén de izquierda a derecha de la mano extendida para indicar que el café se quiere cortado. En definitiva y aún para los tiempos actuales, bien viene recordar la definición de un habitué del café La Cuyana de Olivera y Rivadavia en el barrio de Floresta: “el café era

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el epicentro de la vida social, era la sede de la barra. Era el lugar donde pasabas antes de ir a la facultad, al que volvías para comentar como te había ido. Te encontrabas acá con los muchachos antes de ir a declararle tu amor a la chica que querías...constituía el lugar de reunión antes de ir a la milonga, y el de la vuelta también. El ámbito de la charla profunda y descarnada y el de la sanata. El ocio, el fútbol, la política, la música eran las bolillas que repasabas cada noche”. Durante los años sesenta, los argentinos nos identificamos con un programa televisivo que reflejó con acierto a los habitúes del café: Gerardo Sofovich resumió en derredor de una mesa a los distintos arquetipos que suelen pulular en ese reducto porteño: allí estaban el “chanta” - en esa genial interpretación que sólo Fidel Pintos podía darle -, el sabelotodo, el ciudadano común y contemporizador y el humilde e inculto hombre de la calle. A partir de la mesa de ese polémico bar, algunos muchos nos sentimos identificamos por uno u otro personaje. Existen otras circunstancias dentro del café que son dignas de destacar, una de ellas es la mesa a ocupar; la mesa junto a la “ventana” suele ser de las más codiciadas. El que ocupa esa mesa tiene algo de exhibicionista, en el fondo pretende ser visto, quiere que la gente sepa que él está ahí, y está el otro, aquel que si bien es visto desde “el afuera” ocupa ese lugar para ver desde “el adentro”, es aquel que posee algún rasgo de fisgón. De todas maneras, el café siempre será el lugar de paso, que no es lo mismo que ser el lugar para “parar”. Aún hoy, hay quienes “paran” en tal o cual café. “Parar” en un café implica “ser parte de”, o como dice Mabel Bellucci: “parar en un café es delimitar un territorio propio, un espacio no estrictamente privado pero al cual se pertenece, en el cual uno es reconocido, donde se ejerce la socialidad, puesto que para el que ‘para’ sistemáticamente en un café ese espacio suele ser compartido: la ‘barra’ del café es una tribu generalmente cerrada, endogámica, con códigos, rituales, reglas de comportamiento y hasta una ética propia, que se ha dado un territorio y lo ha marcado con fronteras imaginarias pero precisas - es usual que la barra se reúna siempre alrededor de la misma mesa -, límites muy difíciles de traspasar o cuyo franqueo, en todo caso, exige ceremonias de iniciación, o ritos de pasaje implícitos pero rígidamente codificados. La ‘barra’ es una micro sociedad sumamente exigente, a la que no cualquiera pertenece, y que espera una casi incondicional fidelidad: ‘traicionar’ a la barra, como traicionar a la patria, se castiga con el ostracismo y la perdida de la ‘ciudadanía’; alguien que ha sido expulsado de una barra, difícilmente tendrá cara para volver a pisar el café, es decir, el territorio tribal del cual ha sido exiliado.” Muchos compositores le dedicaron prosas al café. Cafetín de Buenos Aires, el clásico de Mores y Discepolo, grabado por primera vez por el Maestro Osvaldo Fresedo, se convirtió en un icono referencial del tango. Pero además de éste, se

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destacan otros tantos que, si bien no refieren un café determinado, a lo largo de sus prosas se acuerdan de él: En Lloro como una mujer de Celedonio Flores y José María Aguilar: “Allá como a la semana, me mangaste pa’ cigarros; después pa’ cortarte el pelo, para ir un rato al café” Enrique Cadícamo, compuso una serie de poemas en los que recuerda un Buenos Aires de comienzo de siglo: “Poemas del Bajo Fondo”. “Viento que lleva y trae”, describe lugares, personajes y hechos que hoy sólo viven en el recuerdo. Por suerte el los rescató para siempre, creando así un testimonio irrefutable de la época: “Sebastián, el Pardo, encendió el fervor, en las venas de los hermanos Santa Cruz en el Café Atenas. En aquel café de Canning y Santa Fe donde se tocaban los tangos de Villoldo El choclo y Yunta brava y florecían las biabas de Aparicio, el caudillo y del chino Andrés”. Barrio Boquense (1906) “En el cercano café de la calle Necochea, Arolas garabatea en su fueye dormilón un tango muy retozón y con gracia lo florea”.

Café de Barracas “Cuantos amigos se han ido, de todos ellos me acuerdo... Ya nos perdimos de vista...

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viejo Café de Barracas”. En Cafetín, Homero Expósito lo recuerda así: “Por los viejos cafetines siempre rondan los recuerdos de un país y de un amor...!” José de Grandis, sin mencionar un sitio específico, en Amurado nos relata un lugar que sin dudas existe en algún rincón: “debe ser porque me cruzan tan fuleros berretines de andar por los cafetines a buscar felicidad...”

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Cafés que hicieron historia
Casi no existen discusiones acerca del primer café que se instaló en la ciudad. Los distintos historiadores que se ocuparon del tema parecen haberse puesto de acuerdo; Esos cafés son el antecedente de lo que terminó convirtiéndose en una institución porteña. Ayer como hoy, distintas tribus invadieron sus mesas, al punto de distribuirse la clientela según el bando al cual se perteneciera.

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Distintos autores se ocuparon de establecer cual fue el primer café de Buenos Aires; Ricardo Lafuente Machain sostiene que el primero fue el denominado De los Trucos, que diera nombre a la cuadra sur de la Plaza de Mayo. Ubica su existencia por 1779 y su nombre posiblemente derive de Trueque o Truco, una especie de billar parecido al actual pool. Según la una publicación electrónica “los cafés eran los ámbitos naturales de discusión política y la sede de las distintas facciones que discutían acaloradamente en mayo de 1810. Los más famosos eran el café de Marco, el de la Victoria, el de los Catalanes y el de Martín. Todos tenían mesas de billar y amplios patios”. Sin embargo, el café más importante por aquellas épocas parece ser, como sostiene Juan Carlos Giusti en “La vida de nuestro pueblo”, el Café De Marco. Destacado por la actividad política que en él se desarrolló estaba, ubicado en aquel entonces en la esquina de Santísima Trinidad y San Carlos, cerca del Colegio San Carlos, hoy Nacional Buenos Aires. En 1801, el telégrafo mercantil publicó: “Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de billar, confitería y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano... A las 8 de la noche hará la apertura un famoso concierto de obligados instrumentos”. Dice Martín Zubieta: ...el café de Marco, donde tipos como Bernardo de Monteagudo o Juan José Castelli desparramaban pasiones patrióticas en los años de la Revolución de Mayo. No obstante esta puja por la primacía, con anterioridad ya había funcionado el Café de los Catalanes, que abrió un 2 de enero de 1779, en la esquina de Cangallo y San Martín, y funcionó hasta 1873. En él se produjeron las primeras manifestaciones contra el régimen que representaba el Virrey Cisneros. Por ello, al recordar los Catalanes no hacemos más que rescatar el origen propio de la patria, el despertar de una nueva nación, la que contó con la organización de jóvenes reaccionarios ávidos en forjar un nuevo país. Esta sola circunstancia, debiera alcanzarnos para recordar el valor histórico del Café de los Catalanes. Durante la época de la Revolución de Mayo ambos cafés competían políticamente, mientras al de los Catalanes concurrían los “saavedristas” como Deán Funes, Enrique Martínez y Fernández Grimau; los “morenistas” Lucio Mansilla, Francisco Seguí o Julián Alvarez eran habitúes del De Marco. En el escrito Un ingles en Buenos Aires de Thomas George Love, conocido como Mister Love, en sus memorias sobre el Buenos Aires de 1820 cita: “el café de la Victoria, en Buenos Aires, es espléndido y no tenemos en Londres nada parecido (estaba ubicado en la esquina de Bolívar y Victoria, hoy H. Yrigoyen); aunque quizá sea inferior al Mille Colonnes y otros cafés parisinos. Dignos de mención son el ‘San

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Marcos’, el ‘Catalán’ y el ‘café de Martín’. Todos ellos tienen patios tan grandes como no podría darse en Londres, donde el terreno es tan caro. En verano están estos patios cubiertos de toldos, ofreciendo un placentero refugio contra el calor y el sol y tiene aljibes con agua potable. Nunca falta en estos café una mesa de billar siempre concurrida - juego muy apetecido por los criollos - y las mesas están siempre rodeadas de gente. Las paredes están cubiertas de vistoso papel francés con escenas de las Indias y Tahití, escenas de Historia romana”. En ese mismo trabajo, hay un apartado para referirse a los mozos, el mismo es tan interesante que vale la pena trascribirlo: “Los mozos de café son extremadamente curiosos y hacen preguntas indiscretas pero en tal forma que uno no puede enfadarse. Uno de estos caballeros que entabló conversación conmigo me hizo varias preguntas sobre Inglaterra y los ingleses, declarando que estos últimos eran sus clientes extranjeros preferidos cumplimiento que yo recibí con la debida cortesía -. Pero, súbitamente, inquirió por qué razón los ingleses tenían la cara tan rubicunda. No podía referirse a mi, que soy moreno y pálido; respondí que los ricos bebían gran cantidad de oporto y los pobres de cerveza, lo cual explicaba el color encendido de la tez...” También sobre ellos se refirió José Antonio Wilde, el que describe que “respetaban poco a los concurrentes, presentándose en verano en mangas de camisa, y ésa, no siempre de una limpieza intachable, y muchas veces, fumando su cigarrillo” y avanza aún más sobre ellos en otro capítulo, cuando describe al mozo de fonda: “los mozos se presentaban en verano, a servir en mangas de camisa; baste decir que sólo se ponían la chaqueta para salir a la calle, esto es cuando no la llevaban colgada sobre un hombre a lo gitano: en chancletas y algunas veces aun sin medias, y como los del café, fumando su papelillo, y con el aire más satisfecho del mundo, entrando en conversación tendida y familiar con los concurrentes”. Obsérvese en este caso, la coincidencia con Thomas Love respecto de lo confianzudo de estos mozos. En el Café de la Victoria se festejaron los triunfos de las batallas de Ayacucho y de Juncal, agasajando al Almirante Brown por esta última. Otro de los ilustres cafés de esa época es el que se conoció como de la Comedia, ubicado en el pasaje que existió frente a la Iglesia de la Merced. Según José Antonio Wilde, en su libro “Buenos Aires desde 70 años atrás”, refiere que “los cafés más lujosos y mejor atendidos, eran el Café de Marcos y el de la Victoria; seguía el de Catalanes, Martín, Santo Domingo y varios otros de segundo orden”. Agrega más adelante que el de los Catalanes fue uno de los que más perduró y trazando una cronología sobre sus distintos dueños, nos cuenta que

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habría sido su fundador un tal José Bares, apellido por demás oportuno para el dueño de un café.

Academias
Un poco más acá en el tiempo, el Café, si bien no perdió la influencia de la política en sus mesas, comenzó a ser el escenario propicio para la divulgación de lo que más tarde se convertiría en la música distintiva de Buenos Aires: el tango. Por eso, resulta insoslayable aventurarse a escribir sobre los cafés de Buenos Aires sin referirse al tango y su nacimiento, puesto que fue precisamente en ellos donde se inicio el más popular de los ritmos rioplatenses.

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Primero fueron las academias, que no eran otra cosa que cafés atendidos por camareras con las que los parroquianos podían compartir una pieza de baile o “de las otras”. Las más conocidas fueron las del barrio San Cristóbal, ubicadas en Solís y Estados Unidos, Combate de los Pozos e Independencia, Rincón y Garay, Constitución y Matheu, San Juan y Rincón y, quizás la más recordada por haber sido inmortalizada en un tango sea la de Hansen”, después Café Tarana, en pleno Parque 3 de Febrero, que abrió sus puertas en 1875 a metros de la Avenida Sarmiento, frente a las vías que pasaban por lo que hoy es la Av. Figueroa Alcorta. En los comienzos del siglo XX, sin llegar a ser puramente un café, surgieron en los barrios de Recoleta y Palermo algunos de los lugares más célebres del tango, de ahí la mención necesaria en este trabajo. Algunos de los más famosos fueron el Palais de Glace, que subsiste en Libertador y Schiaffino devenido en museo y el Armenonville, en Libertador y Tagle. Justamente esta empresa, Armenonville, abrió allí por 1910 otra variante, el cabaret Royal Pigall, ubicado en Corrientes y Esmeralda, locales que fueron fuente de inspiración de muchas letras de tango. Extenso sería recordarlos a todos, pero basta con nombrar el Maipú Pigall, el Casino Pigall, ambos de la calle Maipú; el Montmartre, Corrientes 1436; el L’Abbaye, Esmeralda 556; el Chantecler, Paraná 440, local en donde se destacara Juan D’Arienzo; el Tabarín, Suipacha 580; el Tabarís, Corrientes 865 y el Abdullah Club, de la Galería Güemes, más tarde llamado Florida Dancing. ARMENONVILLE Fastuoso Armenonville donde se oían alegres taponazos del Pommerí. Adornaban tus mesas Los baldes niquelados Donde se enfriaban Los vinos afamados: Duc de Espernay, Sain Emilion, Chablis.

PALAIS DE GLACE Algo para recordar fue el Palé de Glas que estaba sobre la calle Posadas llegando a Avenida Alvear. Era un cabaret famoso en la década del veinte, con un juvenil ambiente elegante y bullicioso.

CABARET MONTMARTRE Aquel cabaret Montmartre en plena calle Corrientes donde el que se hacía el valiente lo sacaban en un catre (...) Arolas, Cobián y Tito: tal era el rubro del trío que en el pasado bravío

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en oro ha quedado escrito.
Fragmentos de los poemas de mismo nombre, publicados en el libro “Viento que lleva y trae” de Enrique Cadícamo.

Otro importante salón que alumbró por aquellos años las tertulias de los porteños fue el Pabellón de las Rosas ubicado en Av. Alvear y Tagle, donde a comienzos del 1900, Vicente Greco, Roberto Firpo y Francisco Canaro interpretaron los primeros tangos. Vicente Greco, impuso al bandoneón como instrumento característico de las orquestas; de este modo creó las orquestas típicas. Una noche de 1911, en el salón de baile Rodríguez Peña, estrenó el tango que lleva su mismo nombre. Este acontecimiento fue de gran importancia ya que es Greco quien difunde la prohibida “danza criolla” hasta las propias salas de las casas de familia. “Garrote” era su apodo y vivió pidiendo disculpas del justificado crecimiento de su fama. No quiso molestar a los otros con su popularidad avasallante. Sus obras póstumas fueron “Rodríguez Peña”, “El Flete”, “La viruta”, “El morochito”, entre otros. Roberto Firpo llega a Buenos Aires practicando una gran variedad de oficios para lograr reunir el dinero necesario que afianzara su gran vocación: el piano. En 1913 en el cabaret Armenonville se realizó un concurso para elegir una orquesta estable de tango: esa fue su primera orquesta. En 1914 compuso su obra maestra: "Alma de bohemio". También se lo recuerda por haber estrenado tres tangos en una misma actuación: "Sentimiento Criollo", "Marejada" y "De pura cepa". Otro de sus méritos es la participación en la composición de la tercera parte de "La Cumparsita" de la cual se arrepentiría hasta el cansancio por no haberla firmado. En resumen, uno de los principales protagonistas en la historia del tango en su época de oro. Francisco Canaro, apodado “Pirincho”, ve crecer a partir de 1916 su popularidad con los tangos El matasanos y El chamuyo, lo que le permitió iniciar en 1925 una gira por Paris, EE.UU, y Japón. Volviendo al Pabellón, este ofrecía conciertos, como el organizado por la revista Caras y Caretas con la participación de una “orquesta con 25 profesores, dirigida por el Maestro José Palazuelos, espectáculos circenses y proyección de películas mudas”. De todos aquellos lugares, aún se conserva la edificación que albergó a El Tambito, que conociera mala fama por su ambiente prostibulario. En un principio fue conocido como kiosco o kiosquito, de madera y chapas y posteriormente, ya transformado en un edificio de material con forma de chalet, se lo conoció con el nombre que pasara a la historia o como El Tambo, Quiosco Casares, o Café

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Francés. Ubicado a metros de la Avenida del Libertador, en diagonal a la parte trasera del zoológico, entre los jardines de Palermo, subsiste esta pintoresca construcción de estilo inglés. Dicen que fue allí donde el malevo “Cielito” mató a Juan Carlos Argerich. Parece ser que Argerich, medio borracho, insistió ante el trío que actuaba para que tocaran un tango que los músicos no tenían en su repertorio, y es ahí que interviene "Cielito" y se produce el trágico final. Por su parte, El Velódromo, estaba ubicado en un terreno, entre las vías del Ferrocarril Central Argentino y las Avenidas Sarmiento y Casares. Supo decir Don Roberto Firpo que el lugar era propiedad de un tal Pasce, padre del que luego fuera uno de los propietarios del Luna Park.

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El Café del barrio
Recorrer los barrios de Buenos Aires nos depara la grata sorpresa de encontrar algunos cafés que todavía guardan la misma arquitectura de hace más de cuarenta años. En muchos de ellos, aún se exhibe en sus paredes la foto del Zorzal con Irineo Leguisamo, junto a Lunático el que ganaba “por varios”.

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La República de la Boca Enrique Cadícamo en su poema a las calles Suárez y Necochea describe como nadie esa mítica esquina boquense y sus alrededores, por eso, más que oportuno resulta transcribir esos versos antes de adentrarnos al registro pormenorizado de los cafetines del barrio: Nombre de dos soldados de nuestra Independencia Suárez y Necochea, lleva esta esquina brava que hace setenta años fue oscura residencia de tangos, cafetines, malevos y garabas. Bulliciosos, alegres cafés de camareras animaban las noches del reducto boquense; marineros, borrachos, matones y taqueras, lámina colorida de un faubourg montmartrense. Nombremos dos o tres, bien vale la reseña: El Royal, La Marina o aquel otro famoso: el café de Mecha la Popular ... Su dueña era una bella joven de senos impetuosos. En el Royal, Canaro había formado un trío con Loduca y Castriota, y en el café de enfrente los dos hermanos Greco en franco desafío con el torneo de tangos caldeaban el ambiente. A la vuelta, por Suárez, el café La Marina tenía a Roberto Firpo, y volcando hacia el muelle por la de Necochea: dos bares en la esquina con el Tano Genaro y el alemán del fueye. Puede decirse entonces que el imperio del tango fue la Boca, en las calles Suárez y Necochea, ochava de arrabal de indiscutible rango, nacida bajo el signo de la semicorchea. Llegaban de otros barrios visitas importunas: de Villa Crespo El Títere, guapo de corralones; del Mercado de Abasto, Cielito, El Noy, Osuna, y desde La Ensenada caía El Tano Barone. Aquella Réverie de taitas y pesados también tenía turistas de fama indiscutida, malevos temerarios que habían bautizado Tierra del Fuego al barrio de Charcas y Laprida. Venían atraídos por el tango y las locas de los peringundines y a provocar, de paso, pero estaba de guardia Cafieri el de la Boca, que los desparramaba con un par de planazos Pero dejemos esto y volvamos, que espera en el café del Griego Canaro con su trío; ahí fue donde compuso su página primera:

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La barra fuerte, un tango retozón y bravío. Rebotaban las notas de El choclo y La metralla en la atmósfera del café de camareras, El Cornpinche y La Chola se pasaban de raya y El Llorón lucía su estampa arrabalera. Y cómo se agrandaba el trío cuando hacía el tango El fogonazo con todo su canyengue, La cara de la luna o La morocha, hervía aquella concurrencia de Maxera y de lengue. A ese ruidoso palco subió una noche Arolas para hacerle escuchar a Canaro, su amigo, su tango primigenio y tomando el bandola de Loduca tocó y ellos fueron testigos. Lo ejecutó impecable, con gracia y de memoria, a pesar de orejero tenía buen manejo; era una melodía inédita, sin gloria, que el tiempo se encargó de proyectarla lejos. Se llamaba Una noche de garufa y Canaro, según supo contarnos, se la escribió al boleo; muchos años después, aunque parezca raro Arolas comenzó a estudiar el solfeo. Para todos los tríos lejanos del pasado, testimonio de ayer, este poema sea una placa de bronce con sus nombres grabados colocada en tu esquina: Suárez y Necochea El barrio de La Boca, debe haber sido el que contó con más cafés que el resto de los barrios de la Capital Federal. Quinquela Martín, esa paleta que, a pesar de los exquisitos, dibujo a la Boca para la eternidad y, que en ese período conoció a Juan de Dios Filiberto, su gran amigo, hizo de ese barrio el eje de su obra, solía frecuentar el Café La Perla, de Pedro de Mendoza y Del Valle Iberlucea. A Quinquela lo acompañaban otros tantos bohemios que hallaban en los conventillos de la Boca su musa inspiradora, aunque no eran los únicos que le daban impronta al barrio: los hombres de mar y el malevaje también lo caracterizaron. Los trabajadores del frigorífico El Anglo junto a los marineros, procedentes de distintos lugares del mundo, frecuentaban El Dante de Alte. Brown entre Suárez y Olavarría. Según cuentan, El Dante podría ser considerado el precursor de las famosas cantinas de la Boca, ya que en él, por las noches se reunían payadores y músicos ambulantes. Allí solían organizar sus fugaces actos de vodevil. A esto José Marrone lo bautizó para la posteridad “la rascada”. (Solían vivir de exiguos cachets recolectados con la gorra).

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Otro muy particular fue el Café Bar La Popular de Suárez y Necochea, esa que fuera inmortalizada en el tango Tres Amigos y que estupendamente interpretó Alberto Marino, seudónimo de Vicente Marinaro, aquel que debutó en 1939 en la orquesta de Emilio Balcarce y que luego integró la formación de Anibal Troilo, desde el ‘43 hasta 1947. También participó en las formaciones de Miguel Caló y Armando Pontier. La Popular solía ser frecuentado por marineros y prostitutas. Hay una leyenda que involucra a la propietaria con Eduardo Arolas, el que habría arrebatado el corazón de la muchacha con la magia de su bandoneón. La esquina de Suárez y Brandsen era la elegida por los “hombres de color”, como se decía en aquellos años, de ahí que al café se lo denominara De Los Negros. Y hablando de color, algunas notas mencionan en la calle Pedro de Mendoza, al Bar de la Negra Carolina, una morocha nacida en Nueva Orléans. Según Bossio en ‘los cafés de Buenos Aires’, (ed. Plus Ultra), una noche, la negra Carolina atendió a un ‘gringo’, que mataba el tiempo acodado en una mesa; El rubio era Jack London, el autor de ‘Colmillo blanco’. Eduardo Moreno, poeta, cuenta en entrevista que le hiciera Néstor Pinzón, que la Negra Carolina era una antillana gorda, medio deforme, muy sabia y con mucho mundo recorrido que siempre hablaba de los bares que tuvo en diferentes ciudades. Dice Moreno que murió en el año 27, en Hospital Argerich, sola y que su nombre real era Carolina Maud. El tango ‘El morocho y el oriental’, que popularizaran Angel D’Agostino y Angel Vargas, menciona “viejo café cincuentón / que por la Boca existía / allá por Olavarría / esquina Alte. Brown / Se estremeció de emoción / tu despacho de bebida / con las milongas sentidas / de Gabino y de Cazón / En tus mesas se escucharon / los reseros de Tablada / provocativas payadas / que en cien duelos terminaron / histórico bodegón / del priorato y del Trinchieri.” Don Angel D’Agostino formó en 1934 su primera orquesta de tango, con Jorge Argentino Fernández y Aníbal Troilo, en bandoneones; Hugo Baralis, en violín, y el cantor Alberto Echagüe. Más tarde se incorporó a su orquesta como vocalista Angel Vargas, con quien realizó sus dos primeras grabaciones: No aflojes y Muchacho. Para los nostálgicos, aún perduran algunos cafés típicos en la Boca que se pueden visitar: el Augusto de Alte. Brown 861, el Roma de Brown y Olavarría, la Buena Medida de Caboto y Suárez, el café de la Ribera en Pedro de Mendoza 1879 y por supuesto, el eterno La Perla en la misma cuadra que el anterior. Por último, el Café Royal en un de los vértices de Suárez y Necochea, era el lugar preferido de los hermanos Newbery, que a pesar de su aristocracia, frecuentaban lo “orillero”. Fue en una de sus mesas donde Francisco Canaro firmó su primer contrato.

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Villa Crespo Otros de los barrios porteños que no le va en saga a la Boca, es Villa Crespo. Tal como lo retratara el escritor Jorge Boccanera: “Villa Crespo fue y es terreno apto para el cultivo de la charla fluida y el encuentro, de ahí sus bares legendarios: el Venturita, la Glorieta, el Trianón, Bar Argentino, Tarzan y, uno que pervive, el San Bernardo. En el recuerdo de estas mesas se ubica el pintor Raúl Soldi enmarañado en la escenografía de una película; pero también aparece entre sombras el rostro contrito de Adán Buenosayres frente al Cristo de la Mano Rota, esa página histórica de Leopoldo Marechal y el poeta Luis Luchi estampando en su libreta una semblanza: ‘Juan B. Justo era el arroyo Maldonado (y) alumbrado y barrido era el progreso’. Por Canning avanza el editor y librero Manuel Gleizer, conversando animadamente con su empleado, el poeta César Tiempo”. El poeta Juan Gelman, en entrevista con Jorge Boccanera, cuenta que “nací y viví en Villa Crespo. Conocí el arroyo Maldonado sin tubos. Vi pasar el entierro de Gardel. Tomaba el tranvía y bajaba en La Boca para recorrerla. También Recorrí amarguras por ser hincha de Atlanta. Jugué al billar –mal, claro- en el café San Bernardo, que sigue siendo el Trianón en un tango. A los dados y al dominó en el café Colón..”, trazando una hermosa semblanza sobre algunas características del barrio. El café, Bar y Billares San Bernardo de Corrientes, entre Acevedo y Gurruchaga, supo ser la más importante sala de billares del barrio, en las cuales más de una vez se lucieron los hermanos Navarro. Solían presentarse orquestas de tango y a sus mesas se sentaron el “negro” Celedonio Flores y Carlos De La Púa. Ya entrada la década del setenta, contó entre sus clientes al famoso Osvaldo Pugliese. La Lechería La Pura, en Corrientes entre Serrano y Gurruchaga contó entre sus parroquianos con Celedonio Flores, y según cuentan, habría sido en sus mesas que el Negro, escribió los versos del tango Mano a Mano. Unas cuadras más lejos, en Córdoba y Canning, había un café con vitrolera, por el que también pasó Osvaldo Pugliese, el ABC. Si bien nunca fue un café, no podemos dejar de mencionar el Salón Villa Crespo, más conocido como Peracca, por su trascendencia tanguera. José Cervera, el español que adquiriera el edificio allá por 1890, creyó necesario construir un lugar donde la barriada pudiera reunirse para fines de fomento, culturales o simplemente de distracción. Años más tarde, cuando es vendido a José Peracca, el lugar se transformó para dar paso a bailes populares. Fue el lugar donde el tango arrabalero se impuso con cortes y quebradas. Por el pasaron los hermanos Santa Cruz, los Greco y el “Inglesito”.

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El Café Moderno, de Corrientes al 5500, fue popularmente conocido como café la puñalada. Era un reducto de guapos y malevos, aunque Don Osvaldo Pugliese manifiesta que allí no había nada de eso, por el contrario, sobresalían las discusiones entre curdas, que nunca pasaron de ahí. Villa Devoto y Mataderos Una mención especial merecen el Café García y el Bar Oviedo. El Café García de Sanabria y Pedro Varela en Devoto, mantiene vivo el estilo de los cafés del 40: todavía se puede observar una vieja caja registradora junto a los paños verdes de las mesas de billar. El Oviedo, de Lisandro de la Torre y Av. De los Corrales, hasta muy poco tiempo atrás, mantuvo los palenques que los reseros utilizaban cuando iban al mercado de hacienda. Fue llamado antiguamente ‘el bar de los payadores’, pues los sábados y domingos se preparaban payadas. También se realizaban tertulias literarias y reuniones sociales. Villa Mitre El Café La Humedad, de Gaona y Boyacá, es el distintivo de barrio y fue inmortalizado por Cacho Castaña con nombre homónimo: Café la humedad, billar y reunión, sábado con trampas, ¡Que linda función! Yo solamente necesito agradecerte la enseñanza de tus noches que me alejan de la muerte... Café la humedad, billar y reunión, Dominó con trampas, ¡que linda función! Yo simplemente te agradezco las poesías que la escuela de tus noches le enseñaron a mis días... El café Don Juan, de Camarones y Condarco, junto con el café La Nueva Andaluza en Camarones al 1400, si bien no tiene relación tanguera, guardan la impronta del viejo cafetín de Buenos Aires y permanecen incólumes a pesar del paso del tiempo. San Telmo

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En Brasil y Defensa, el Café Británico se erige indemne a pesar del paso del tiempo. Según reseña Patricio Escobar “Desde la ventana se ve pasar a hombres enloquecidos bajo un ritmo supersónico, que viajan desesperados por las calles de Brasil y Defensa en busca de algún negocio, trabajo, amor o simplemente un recuerdo. Es necesario cruzar el umbral, deslizarse por las puertas añejas del bar, para que el 2 x 4 nostálgico y seductor revolotee por las cabezas de aquellos que en ese instante, dejan detrás su anonimato para atornillarse al Británico y descansar en familia”. El bar mantiene un estilo propio, es una construcción de principios de siglo XX que permanece en el presente como una burbuja que resiste al paso del tiempo. Sin embargo no se conoce en detalle su origen, "ni los dueños saben como comenzó todo" comenta Carlos, empleado del Británico desde hace más de 17 años, y continúa diciendo: "tenemos de referencia lo que la gente como cliente nos cuenta". Se dice que fue allá por la década del 20, que en ese mismo edificio funcionaba una pulpería con el nombre de "La Cosechera". Ésta fue punto de reunión y encuentro de ex combatientes Ingleses de la primera guerra mundial, alojados en la vieja casona de la avenida Garay, lo que hoy se conoce como el Hotel Savalía. El barrio por aquella época también contaba con "el conventillo de los ingleses", así se le decía a la construcción que se levantó por aquellos años en Bolívar y Caseros para albergar a los directivos de los Ferrocarriles del Sur, compañía del Reino Unido. Es por ello y gracias a la creatividad de su antiguo dueño, que la vieja Cosechera se pasó a llamar Bar Británico. Su ubicación es casi estratégica, está rodeado de periódicos como Clarín, Crónica, Página 12, y además, se ve poblado de atelieres que hacen del lugar un encuentro de pintores, músicos, periodistas y escritores como Ernesto Sábato, que encontró parte de su inspiración de la novela Sobre Héroes y Tumbas" sentado en la intimidad del reservado, ese rinconcito que divide al bar en dos, pero sin hacer distinción de clientes. Los dueños actuales, Miñones, Manolo y José, tres mozos provenientes de Galicia; tomaron el bar allá por los años ´60 y mantuvieron su estructura básica sin hacer ninguna reforma. Ello hace que al entrar se perciba esa "magia de lo antiguo". A lo largo del tiempo, el Británico se convirtió en un eterno testigo de las cambiantes épocas y modas de los argentinos. En los ´60 se vistió de fiesta y no desentonaba para nada con la gran movida cultural. En sus mesas cobijaba a estudiantes de la Facultad de Bellas Artes (ubicada por aquellos años en la calle Brasil e Ingeniero Huergo). Fueron los chicos, que apasionados en las exposiciones y eventos culturales, agradecieron el permiso de los dueños y crearon el primer panel literario del barrio. Pero no todo fue bellas artes, en la década del ´80 el bar chocó

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con la tristeza del nacionalismo hueco de la Guerra de Malvinas en el momento que "alguien" rompió la vidriera de un piedrazo. Los propietarios del bar que no querían involucrarse en peleas nacionalistas cambiaron el nombre. Para sorpresa de todos lo rebautizaron como "Tánico" con las mismas letras y logo pero sin el "Bri". Pasaron los meses, la guerra, los años y el "Tánico" aun se mantenía, "hasta que un buen día" recuerda Carlos, "nos encontramos con la visita de un turista griego que preguntó el por qué del cambio de nombre. Se le dio una respuesta que no comprendió y luego nos comunicó que en su lengua esa palabra significa muerte. Enseguida se llamó al letrista y se dibujó el Bri faltante". Hoy aquel suceso se rememora con una sonrisa, una anécdota más entre tantas de un bar histórico como el Británico en el que, a pesar del paso del tiempo, la canción sigue siendo la misma: Manolo transita el salón con una "Valle Viejo" en su bandeja, detrás de él, Carlos "le baldea las patas al escabio". En sus mesas se encuentran los viejos amigos, músicos, escritores, estudiantes de periodismo, historia, psicología, todos comparten un momento; una eternidad. En el reservado una chica escribe y mira por la ventana, cerca de ella una pareja se besa y, del otro lado de la vitrina, bajo el panel cultural, se encuentra la mesa de ajedrez atestada por fanáticos que se pierden en su juego. Y todo transcurre con calma en un ambiente característico del bar tradicional porteño. La Coruña de Bolívar 982, Plaza Dorrego y Seddon en Defensa 1098 y 695 respectivamente, junto al Bar Sur de Estados Unidos 299, son los más característicos de esta parroquia. Por su parte, el Bar El Federal, en Carlos Calvo al 599, recibe cálidamente contingentes de turistas que buscan en sus mesas recuerdos de otros tiempos, como al que nos retrotraen las manos creadoras de Jorge Muscia, a través de sus fileteados carteles. Boedo En un importante trabajo de recopilación, la página de internet

“deboedovengo.com” nos acerca la siguiente semblanza: Quedan todavía cafés y almacenes en Boedo, pero van languideciendo y algunos se transforman en supermercados, o desaparecen definitivamente, llevándose sonidos distintos, que una vez fueron propios de la ciudad: el repiqueteo travieso de los dados, la música de los discos, el grito triunfador de los muchachos que llegaban desde ‘el Gasómetro’, las palabras de sueño de los poetas, los músicos y los escritores esperanzados...

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Una vez más, debemos recurrir a la obra de Bossio, para rescatar los cafés y rincones de esta zona porteña. En la esquina noroeste de San Juan y Boedo se levantó el café El Aeroplano. Homero Manzi frecuentaba ese bar y según la tradición, en una de sus mesas, Homero habría escrito el legendario tango “Sur.” José González Castillo, padre de Cátulo, fundó la peña “Pachacamac” en los altos del edificio de Boedo 868, hoy Banco Ciudad, donde funcionara el café Biarritz. Ovidio José Bianquet, apodado “el Cachafaz”, el más famoso bailarín de tango, supo ‘sacarle viruta al piso’ del café El Capuchino de Boedo y Carlos Calvo, también considerado por esos años de principio de siglo, ‘café concert’, siendo fama que no se cobraba entrada para los espectáculos. El Dante, de Boedo 745, llegó a ser una institución en la zona. En sus mesas se sentaron Pedro Bidegain, Pedro Villermur, Homero Manzi, Alberto Vacarezza y Elías Alippi, entre otros. El Café de Antonio, en Inclán entre Loria y Liniers, era el lugar de parada de algunos guapos, como el llamado Filomeno, de revolver inseparable. En el Argentino, de San Juan casi esquina Loria, se encendía una luz en la terraza cuando el propietario decidía llamar a la policía por algún problema en el local, cosa que sucedía con frecuencia. En la década del 30, tomando el nombre de una sección del departamento de Policía, existió el café Cuadro Quinto. Cuenta la historia que allí sucedía de todo: peleas por un truco mal cantado, carambola de más o de menos, alguna borrachera con agravantes. El caso es que con el tiempo, aquel café devino en fonda alcanzando cierto prestigio por la calidad de sus albóndigas. El café Roma, en Estados Unidos y Boedo, fue famoso por el aspecto de los parroquianos y los antecedentes de su dueño. Un día, intentando revertir esa imagen, decidió limitar el ingreso, y dicen que corrió tal peligro abandonó raudamente su propósito y todo quedo como estaba. Lo que en literatura se conoció como “el grupo Boedo” paraba en el Café El Japonés de Boedo entre San Juan y Carlos Calvo, junto a la librería y cigarrera de Alberto Munner. El grupo Boedo, cuyos integrantes son reconocidos como los exponentes de la ‘poética social’, se reunía todas las noches en las mesas que atendía Ya Maghata, el japonés. Allí se trenzaron en discusiones interminables Roberto Arlt, Alvaro Yunque, Nicolás Olivari, Raúl González Tuñon, César Tiempo, el ‘malevo’ Muñoz, Agustín Rigenelli, Leónidas Barletta y Gustavo Riccio.

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El Abasto y Almagro El Doctor Eduardo Giorlandini comenta que la existencia del barrio real, el del Abasto -inexistente política y administrativamente-, supone la de una comunidad de trabajo. El barrio tomó el nombre del Mercado. Fue el barrio del "Zorzal Criollo", bravío, taura y pesado, por algunos personajes del cuchillo y de la fiesta, tal como era para el barrio o el suburbio; los personajes que cita la letra del tango EL Cantor de Buenos Aires existieron y algunos o eran de esa barriada, un mundo de laburo, fondas y fondines, bares, boliches y prostíbulos, al ser un lugar de concentración de gente del sector de quintas, rural y subrural, que llegaba con sus carruajes y mercaderías y productos al "Mercado de Abasto Proveedor", subsistente hasta 1984, y que había sido creado el 1 de abril de 1893, pocos días después de la llegada a Buenos Aires del francesito Charles Romuald Gardés, con su mamá Berthe. Uno de los cafés era el O'Rondeman, en Agüero y Humahuaca, de los hermanos Traverso, que eran cuatro, y que fueron los más famosos con el tiempo, porque allí se inició el pibe cantor, ese tal Gardel. Con sus canciones criollas, provincianas, y algunas suburbanas, entre éstas Pobre mi Madre Querida, que según algún antecedente no pertenecería a José Luis Betinoti, y la versión, como vidalita y no como vals, había ingresado a la ciudad de Buenos Aires en 1891 desde Cuyo, traída por Guiñazú, aunque haya versiones y grabaciones posteriores durante el siglo XX con marcadas diferencias entre todas ellas. Gardel la cantó en el café de los Traverso, en presencia de Betinoti, quien le dijo al muchacho: "Con vos se terminan los payadores". Los hermanos Traverso eran "Yiyo", Constancio, Félix y "Cielito". Este último, a pesar de su nombre o mote nada varonil, fue el que mató de una puñalada a Juan Carlos Argerich, conocido como "Vidalita", en "El Tambito" y al que Juan Maglio (Pacho) le dedicó el tango Cielito. ¡Un duelo casi de géneros musicales, entre "Cielito" y "Vidalita"! De otro de los guapos citados en la letra, el Noy, se han dado numerosos testimonios y también de su famoso duelo de cuchillos, con un tal Pereyra, aproximadamente hacia 1922, cuyo hermano, con el correr del tiempo, dio datos de la existencia real de "Milonguita". El otro lugar, al que probablemente alude la letra es el Chantacuatro, muy frecuentado por Gardel, aún durante el auge de su fama, pues nunca dejó de recorrer el barrio y además lo hacía caminando, día, noche y madrugada. En el Chantacuatro, ubicado sobre la calle Anchorena frente a los paredones del

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Mercado, se comían los famosos macarroneli a la Principe di Nápoles que tanto agradaban al entonces "gordo" Gardel. En 1936, los presos de la Cárcel de Devoto recortaron de una edición de la revista El Gráfico la foto del equipo de River Plate, bordaron las camisetas del recorte con hilo de seda, confeccionaron un cuadro y se lo regalaron a Anibal Troilo, que por aquel entonces visitaba a los presos con su tango. Sesenta y ocho años después, ese cuadro descansa en las paredes del café El Banderín de Guardia Vieja y Billinghurst, en la zona porteña del Abasto. Mario Riesco, quien heredó lo que su padre Justo fundó en 1929, relató, a la ya desaparecida Revista Semanario, que “el hermano de mi viejo tenía un almacén en la calle Anchorena, frente a la casa de Carlos Gardel. A la mañana, Carlitos se tomaba una grapa ‘Chisotti’ y la mamá iba a comprar con libreta y pagaba a fin de mes. En el Banderín, mi papá, conversaba con Luis Angel Firpo. También venía Eduardo Falú, Silvio Marzolini, Osvaldo Potente, Rojitas, Tato Bores, Badia y el ruso Verea con Diego Bonadeo.” Mirar las paredes del viejo bar es recorrer la historia del fútbol mundial, hay banderines de la selección de Israel, de Suecia, de Nueva Chicago, de Boca y de River escritos en ruso. Son más de 400 que miran desde las paredes como todos los lunes, las mesas se transforman en tribunas para la discusión futbolera de los ‘tacheros’. En el sótano se conservan bebidas alcohólicas de 50 años de añejamiento: grapa Valle Viejo, Vestal, Montefiore, Cinzano de litro, sifones antiquísimos y alguna que otra ginebra Bols en botella de barro. La escritora Susana Sosa, relata en una de sus obras que el Bar Alegría “es un viejo edificio, un poco gris que está en Corrientes, entre Billinghurst y Bustamante, y que su mobiliario es el mismo de hace décadas. Conserva el estaño, allí se acercan algunos parroquianos a beber su ginebra, o simplemente a saborear un vaso de vino”. Agrega Sosa que en otros tiempos pasaron por allí grandes figuras del arte, la política y la canción popular, Alfredo Carlino, poeta y vecino del barrio, que lo frecuentaba por la década del '50, en el momento de su apogeo, recuerda haber visto pasar a Aníbal Troilo junto con "Paquito" (el que le llevaba el bandoneón, su hombre de confianza); y a Astor Piazzolla, que tocaba en la Cantina de Billinghurst y Lavalle. También recalaban en sus mesas, cuando llegaban en la madrugada Julián Centeya, Raúl González Tuñón y el propio Carlino. La política también tenía su lugar en este Bar: los vascos Subieta y Langara, que eran republicanos y llegaron al país después de la Guerra Civil Española; Goldberg y Mendoza de la Federación Juvenil Comunista se reunían con Alcira de la

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Peña; jóvenes de la resistencia peronista que buscaban refugio; Abel Simpso, Zulema Gatti, Gustavo y Pocho Rearte junto a Felipe Vallese, primer desaparecido por razones políticas. Fue un lugar de encuentro de jóvenes de diversas agrupaciones políticas: poetas, músicos, boxeadores, jugadores de fútbol, pistoleros y vecinos, en fin, una síntesis del Barrio. La vida pasó y continúa pasando por este viejo Bar "Alegría". En su trabajo literario “El barrio de Almagro” de 1968, Ricardo M. Llanes, nos relata que “apenas pasado el año 1900 ya funcionaban en Almagro algunas lecherías, como la de don Simón, en la esquina sudeste de Venezuela y Castro Barros. Sin embargo, había varios tambos: tales el de Virrey Liniers 47 y el de Medrano 45, a los que se acudía en procura de la leche recién ordeñada, lo mismo de la manteca que se expendía en ellos, no por panes, sino suelta y por peso. De estos tambos, en horas de la mañana y de la tarde, salía el mozo ordeñador con varias vacas de bien hinchadas ubres, para vender la leche en la calle, en competencia con el repartidor que ya lo hacía a caballo cuando el barrial no le permitía meterse con la jardinera portadora de seis tarros de, por lo menos, 25 litros cada uno. También circulaba en las calles de Almagro ya adoquinadas, un carrito repartidor de leche, de dos ruedas y de color colorado oscuro, que, a la manera del carro aguatero, llevaba una canilla en la parte posterior. Bien es sabido que don Vicente L. Casares estableció, en 1889, los locales llamados "Martonas", expendedores de los productos que se elaboraban en su granja "San Martín", situada en Cañuelas, provincia de Buenos Aires. Empero, pasarían años antes de que uno de aquellos abriera sus puertas en Almagro; por el 1909 conocimos una "Martona" en Rivadavia entre Billinghurst y Mario Bravo. Y corresponde que aclaremos que el nombre Martona respondía al apodo con que -conforme con la tradición- una institutriz inglesa designaba a Marta, una de las hijas del señor Casares”. En la esquina de Corrientes y Medrano, funcionó el café de los loros, aquel que fuera inmortalizado por Enrique Cadícamo con nombre homónimo y que tan bien fuera reflejado en sus versos. Nos recuerda el poeta que su denominación obedeció a que en él paraban los guardas y los motormen de los tranvías Lacroze, que se vestían de uniforme verde.

San Cristóbal La actual parroquia de San Cristóbal se yergue orgullosa entre Parque Patricios y Balvanera.

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Según la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal “Jorge Larroca”, en el año 1916, Pascual Contursi estrenó con el título de “Lita”, el tango de Castriota que pasó a llamarse “Mi noche Triste” en el café El Caburé, de San Juan y Pasco. En la calle Pavón, entre Rincón y Pasco, “la Moreira” regenteaba el café La Pichona. Años más tarde, la gran Tita Merello interpretaría para la pantalla ese personaje. Cuentan que allí, se habrían bailado los primeros tangos. Carlos Gardel y Greco supieron frecuentar el Miramar de Sarandi 1190. En éste se resguarda la historia del barrio. Una postal de almacén de antaño, descendiente de la pulpería, el que fuera bar y almacén de los hermanos Cao, el Bar El Almacén se mantiene firme en Matheu 812.

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Parque Patricios El arrabal porteño, cobró fama a partir del Café de Rioja y Salcedo, afianzando la marcha del tango hacia el centro desde los arrabales. En su salón alcanzó fama un cuarteto que regenteaba Rafael Iriarte, según cuenta Héctor Bates en su “Historia del Tango” de Editorial Fabril. En un local de la calle La Rioja 1920, casi esquina Brasil, el Café de Benigno se habría convertido en el reducto de los militantes radicales que encabezaba don Homero Manzi. Este único hecho, la concurrencia de Homero, ha permitido que el Benigno, lograra renombre. Balvanera Según cuenta Miguel Germino, en la esquina de Entre Ríos y Moreno, estaba instalado el Café El Pelado. En el se vivieron noches memorables. La calvicie prominente de su dueño dio origen a la denominación del café y según cuentan, daba rienda suelta a cualquier manifestación artística que quisiera presentarse en su local. Aunque en rigor de verdad, su verdadera fama deviene del encuentro que se sucediera en sus mesas entre José Razzano y Carlos Gardel. De aquella noche surgiría una amistad que los uniría hasta la muerte. En el derrotero que empezaba a caminar el tango desde el arrabal hacia el centro, también se menciona al Café del Estribo como el último peldaño antes de arribar al Salón Rodriguez Peña, ubicado en la Avenida Entre Ríos al 700. Este albergó en su sótano una peña que reunía payadores, guitarristas y cantantes. Cuenta la historia que en su salón, atestado de público, brilló el cuarteto que integraron Vicente Grecco, Francisco Canaro, Prudencio Aragón y Vicente Pecci. Palermo En diciembre de 1908, en la esquina de Santa Fe y Serrano, se inauguró una “confitería, bar y casa de lunch” que sus propietarios, Boniforti y Sánchez, bautizaron El Pedigree. Las crónicas que sobre el se escribieron en 1908 en la revista PBT indican que “el personal era una paquetería. Mozos de camisa blanca, moñito negro, chaqueta negra y blanco delantal de la cintura hasta el piso que casi cubría sus zapatos charolados. Colgando del brazo izquierdo, la servilleta”.

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El Pedigree es considerado por los historiadores todo un precursor: habría sido uno de los primeros en incorporar mesas con sombrillas en la calle. Apenas a unos cincuenta metros, sobre Santa Fe, en el solar donde actualmente se encuentra la sucursal del Banco Nación, estaba el café Los Portones. Era el lugar de reunión de los guardas de tranvías de la estación homónima. El nombre común para ambos lugares se debe a los portones que se habían instalado atravesando la avenida Sarmiento uniendo las veredas del zoológico y la Rural. Hoy, como vestigio de aquello, queda el viejo arco de acceso al zoológico. “Tres amigos”, el tango de Enrique Cadícamo, en una de sus estrofas se refiere así: Una noche allá en Portones me salvaron de la muerte, nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte. En el actual cruce de Scalabrini Ortiz y Santa Fe, en su esquina suroeste, en un bar llamado Atenas se instaló el malevaje: pantalón bombilla y sombrero requintado. Dicen que el ‘rengo’ Santa Cruz, su hermano Juan al bandoneón, Carlos Machi en la flauta y Alcides Palavechino en el violín armaron un conjunto de “rompe y raje”, que rivalizaba con los del café La Paloma de Almeida y Santa Fe. El ‘Maco’ Milani y su ladera Joaquina Morán, bailaron en el Atenas, acompañados por el violín de Rocatagliatta. El café La Paloma, estaba frente al arroyo Maldonado antes de su entubado y sobrevivió a el hasta la década del sesenta. Allí tocaron José ‘Pacho’ Maglio, Arolas y Bardi. Es famosa la anécdota que cuenta que las ratas se paseaban orondas por el salón mientras los músicos tocaban. Rubén Derlis cuenta que en la esquina de Canning y Costa Rica estaba el Café Maratón, donde filigranó sus tangos el trío de Manuel Aróstegui, el autor de El Cachafaz y El Apache Argentino. Lamentablemente, hoy es sólo un recuerdo de los anales porteños. Nueva Pompeya y Barracas

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Uno de los personajes mitológicos del tango, la Rubia Mireya, según el opúsculo ‘Monsieur Lautrec’ de Julio Cortazar, fue modelo de Toulouse Lautrec y su verdadero apellido era Mireille. Según la versión del autor de Bestiario, una vez instalada en Argentina, ya alejada del prostíbulo, se tiñó de rubio y se convirtió en la Rubia Mireya. Por otra parte, hay quien sostiene que Margarita Verdier, oriunda de Almagro, que habitó el conventillo de Castro Barros 433, fue la auténtica Rubia Mireya. Sea cual fuere la verdad, la referencia sobre “la rubia del tango” viene a cuento porque se convirtió en un icono del tango y como también está quien sostiene que murió en una pensión cerca de puente Alsina, bien resulta su mención. Justamente muy cerca de Puente Alsina, en el cruce de Roca y Sáenz, allá por 1890, existió la Pulpería La Antigua Blanqueada. Era ese el lugar de encuentro de los arrieros que iban a los mataderos. La esquina de “Centenera y Tabaré”, fue llamada la esquina del tango por la referencia que de ella se hace en ‘Mano blanca’ de Homero Manzi. En la letra del tango Sur: ‘...la esquina del herrero, barro y Pampa’, sería una referencia real, ya que en el barrio, habría existido una casa y taller, propiedad de un herrero de la Avenida Centenera. En Beazley 3566, se mantiene como café tradicional porteño, el Bar El Chino, que fuera fundado por el cantor de tangos Jorge Garcés. José Sacristan fue un asiduo visitante durante sus estadías en la ciudad. El bar del Chino, mantiene vivo el espíritu de la vieja Pompeya, descripto por poetas de la talla de Julian Centeya y Carlos De La Púa, entre muchos otros. Allá por 1899, abrió sus puertas el Café El Vasco de Barracas, donde iniciaría su carrera Juan Maglio ‘Pacho’. El saco negro y el pantalón a la francesa se fue imponiendo entre los malevos, quienes atraídos por un fueye sin igual, el que -según dicen- arrancaba sones que asemejaban cruce de cuchillos tocaba todas las noches en el Café T.V.O., en Montes de Oca e Iriarte. Ese bandoneón maravilloso era Eduardo Arolas, “el tigre del bandoneón”. Y si hablamos del ‘tigre’ no podemos dejar de recordar el Café El Pasatiempo. Enrique Cadícamo le cambió el título al tango ¡No! cuando lo versificó y pasó a la historia como Café de Barracas y así lo grabó Angel D’Agostino en 1952. ‘Viejo café de Barracas, turbios recuerdos de entonces, que allá por el año once tenía entrevero de facas... Hoy has cambiado tu pinta,

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todo es nostalgia y neblina, ya no es muchachos de esquina la del Café El Pasatiempo, cuando tocaba en sus tiempos el Tigre del Bandoneón’. En Montes de Oca 1700, el Bar El Progreso, se ha convertido hoy en Bar Notable de la Ciudad de Buenos Aires. Flores Hay una característica bastante especial en los cafés de Flores, parece ser que sus mesas fueron elegidas por algunos de los más preclaros escritores de la Argentina. Es como si en el barrio vagaran ciertas musas a la espera de hombres sensibles capaces de atraparlas. Según cuentan, Enrique Cadícamo escribió los versos del tango “Compadrón”, en las mismas mesas que otrora ocuparon payadores y poetas que le dieron fisonomía de guapeza y bravura a la esquina de Alberdi y Culpina, donde funciona la muy famosa La Paloma. En tanto el libro “El juguete rabioso” de Roberto Arlt comenzó a ser bosquejado desde las mesas del Café de las Orquídeas, en Artigas y Yerbal, ya que a pasos de allí, en una pensión familiar, recalaba su osamenta don Roberto. Otro caso famoso es el de Julio Cortazar y su cuento “Lugar llamado Kindberg”, ya que, además de vecino del barrio, dicen que lo escribió en una de las mesas del Café La Perla de Rivera Indarte y Rivadavia. Por su parte, Alejandro Dolina, muchos años después, haciendo historia, en su libro “El Angel Gris”, traza una descripción estupenda del barrio, y nos recuerda que el famosos payador Gavino Ezeiza era de la zona. Villa Ortuzar El Café del Viejo Anyulía, fue recordado junto a las ochavas, los malevos y los obreros del barrio por esa genial descripción que de la geografía de Ortuzar compuso Horacio Ferrer para el tango “Chicharrita’ de Italo Curio. Colegiales En la esquina de Lacroze y Alvarez Thomas, se levanta desde 1927, el Bar Argos que debe su nombre al cine, hoy devenido en boliche bailable. El primitivo

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complejo de cine y teatro pertenecía a la familia Lococco, mientras que la Confitería estaba en manos de la sociedad García, Seoane y Cía. que aún hoy les pertenece. Hasta 1940 funcionó en el local participación de orquestas en vivo; desde 1940 a 1948, se impusieron las vitroleras, algo así como un disc jockey femenino. Aún conserva toda su ornamentación original: maderas, heladeras, sillas, cristales y por supuesto las mesas de billar, las mismas que fueron instalados en 1929, desafiando la crisis del ´30. Fue considerado el café pituco de la zona. Chacarita Habría que empezar recordando la pulpería La Tapera, aquella en la que se jugaba a las bochas, para continuar mencionando a la Glorieta La Florida y los cafés La Reforma y Los Andes. La Florida fue famosa por su picada de 24 ingredientes para acompañar el chopp de cerveza que por cuarenta centavos se servía en sus mesas. Por su parte, La Reforma supo ser el lugar de reunión de los hinchas de fútbol de Chacarita.

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Los cafés del centro

Un importante grupo de cafés poblaron la avenida Corrientes y sus alrededores. Ellos son parte indiscutida de los cafés de Buenos Aires. Las avenidas Callao, Rivadavia y de Mayo fueron algunos de los lugares preferidos por los porteños para el ritual nacional en que han convertido a la charla de café con amigos.

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Desde Callao hasta San Martín, en la avenida Corrientes abundaron los más famosos cafés de Buenos Aires. Por ellos pasaba toda la vida de la ciudad. Artistas, músicos, escritores, trasnochados, le dieron una característica especial. Toda la bohemia se dio cita en sus mesas y ser parte de ellas, era una manera de existir. Sin embargo, muy cerca de la calle que nunca dormía, se destacaron y algunos aún lo siguen haciendo, otros varios cafés no menos importantes. Ya sea, Los 36 Billares, Avenida De Mayo 1200, como la Academia, Callao 336, ambos con las entradas remodeladas, muestran en su interior el antagonismo que genera la modernidad. Por la Academia pasaron Atilio Stampone, Alberto Castillo y el Mono Gatica. Antiguamente, en el lugar que actualmente ocupa, funcionó la caballeriza de una funeraria, que allá por los cuarenta dio paso al café. El 36 Billares tiene un salón de juego en el subsuelo, y en la planta baja uno todavía puede gozar de apasionados partidos de dominó y generala. En la esquina de Rivadavia y Rincón, donde actualmente han construido un nuevo café, se levantaba el Café De Los Angelitos, al que Cátulo Castillo le dedicó un tango con el mismo nombre. CAFÉ DE LOS ANGELITOS Yo te evoco perdido en la vida y enredado en los hilos del humo frente a un grato recuerdo que fumo y a esta negra porción de café. Rivadavia y Rincón, vieja esquina de la antigua amistad que regresa coqueteando de gris en la mesa que está meditando en sus horas de ayer. Café de los Angelitos bar de Gabino y Cazón, yo té alegre con mis gritos en los tiempos de Carlitos por Rivadavia y Rincón ¿Tras de qué sueños volaron, por que calles volverán las voces que ayer llegaron y pasaron y callaron? ¿dónde están? ¿por qué calle volverán? Cuando llueven las noches de frío vuelvo al mismo rincón del pasado y de nuevo se sienta a mi lado Betinoti, temblando la voz... Y en el dulce rincón que era mío su cansancio la vida bosteza porque nadie se sienta a la mesa de ayer porque todo es ausencia y adiós

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Letra: Cátulo Castillo – Música: José Razzano – Grabado por Aníbal Troilo con Alberto Marino en 1944.

Otro singular café fue El Centenario, al 1300 de la Avenida. En él, el dúo FirpoDeambroggio introdujo el tango allá por 1910, en la Avenida De Mayo. Muchos de estos locales que recordaré ya no están, pero dejaron su impronta en los recuerdos de los que alguna vez visitaron sus mesas. En muchos de ellos, se gestaron revoluciones libertarias y en otros tantos, lo más granado de la literatura porteña, dio rienda suelta a su pluma. Trataré de recordar a los más importantes, incluyendo a aquellos que si bien no estaban sobre Corrientes, su cercana ubicación los une a ella. Por eso vale la pena, volver a leer lo que Marechal nos describe en “Historia de la calle Corrientes” acerca de cómo eran esos habitantes que ocupaban los cafés, allá por el año 1930: “...el verdadero color de la gente se manifiesta en los cafés, donde el público es más actor que espectador. Los hay de muchas clases: los que se dedican a la música popular, verdaderas cátedras del tango, en que una multitud silenciosa y por demás reverente escucha las últimas novedades, aplaude el virtuosismo de los bandoneonistas y saborea los detalles de la instrumentación, cada vez más refinada. Otros cafés mantienen su viejo carácter de mentidero, y su público se da a la conversación, interrumpida cada media hora por los vagos acordes de una orquesta de señoritas: aquellos hombres hablan tan alto que resulta imposible no enterarse de sus pasiones; aquí un grupo discute sobre carreras hípicas, midiendo con una erudición pasmosa el mérito de tal o cual caballo, refutándose a gritos y oponiendo la objeción violenta o el chiste de grueso color; más allá los componentes de otro grupo se hacen mutuas confidencias amorosas, revelan a voz en cuello sus aventuras, con pelos y señales; en otra mesa se estudia la formación de los cuadros de fútbol que jugarán al día siguiente, y esta pasión de la ciudad no es la que se manifiesta con menos ruido.” En la esquina de Rodríguez Peña y Corrientes, uno en cada vereda, estaban el Café Pernambuco y Los Pinos. El Pernambuco funcionaba como café literario y reunía a periodistas, músicos y poetas. Los Pinos era frecuentado por políticos y actores, Don Luis Sandrini y Ana María Campoy solían parar en ellos. En la esquina de Corrientes y Montevideo, continúa como un símbolo La Paz. Que si bien ha cambiado rotundamente su estilo, guarda todavía el mismo tipo de clientela. Fue el café más intelectual de Corrientes. Durante los 60 fue invadido por jóvenes revolucionarios. Por sus mesas pasaron desde Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. El Café Rafeto de Corrientes y Paraná contó con la presencia de Pascual Contursi. Según Arturo Jauretche, esta esquina a diferencia de la de Scalabrini Ortiz, era la esquina rea, era el lugar de encuentro de cafiolos, pungas y yutas.

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El Café Domínguez, ubicado en el 1537 de Corrientes, entre Paraná y Montevideo, fue el primero en contar con una maquina automática de café. Inaugurando un nuevo sinónimo en la vida de los porteños. Nunca más los mozos pidieron equis cantidad de café, solo basto con vocear ¡marche un express!. En sus mesas se sentó Celedonio Flores, quien le dedicó el poema “tristezas”. Juan Maglio, Roberto Firpo y Francisco Canaro pasearon sus conjuntos tangueros por su escenario. En 1918, Cadícamo le cantó así: Bar Domínguez, de la vieja calle Corrientes que ya no queda... de cuando era angosta y la gente se mandaba el saludo de vereda a vereda... La Cabildo de Corrientes y Esmeralda, fue el reducto tanguero por excelencia. Es la esquina del Hombre que esta sólo y espera del genial Scalabrini, y una vez más debemos recurrir al Negro Celedonio quien le dedicó unas estrofas a la que más tarde se denominó “la esquina del tango”: Esquina porteña, tu rante canguela Se hace un melange de caña, gin fitz Pase inglés y monte, bacará y quiniela, Curdelas de grapé y locas de pris. Dicen que en esa misma esquina, pero en otro café, todas las noches Gardel y Razzano tenían reservada una mesa para cuando salían de actuar en el Teatro Esmeralda, después Maipo. Ese café era El Guaraní. El Bar de Rosendo, también en Corrientes y Esmeralda, desapareció con el ensanche de la avenida. Dicen que en ese bar se crearon las revistas “El Hogar”, “Mundo Argentino” y “Caras y Caretas”, cuyos mentores, concurrían a el: Fray Mocho (José Alvarez) y Bartolito Mitre y Vedia. “La Cumparsita” se estrenó en el Café Iglesias, vecino del Domínguez y al que visitaron entre otros, Pedro Maffia y Roberto Firpo. Otra esquina singular es la de Corrientes y Uruguay. Aún permanece abierto El Foro, que por aquellos años, compartía la clientela con La Paz. Hoy es un reducto preferido por abogados. El Café Apolo, inaugurado en 1892, ubicado en esa misma esquina, reunía a la gente de la farándula por su adyacencia con el Teatro del mismo nombre, y sus tertulias eran el puntapié a un escenario mayor. Pablo Podestá se destacaba entre sus clientes. Al cierre del Apolo, toda la movida farandulesca se traslado al Telégrafo. En esa década del cincuenta, Roberto Casaux y Lola Membrives eran habitúes de ese café. El Estaño, en Talcahuano y Corrientes, hoy transformado y con aire art Decó sigue siendo un café tanguero. Según la Revista Panorama de febrero de 1966, en el

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Estaño trabajó Aristóteles Onassis y en esa ocasión habría tenido la oportunidad de servirle un café a Carlos Gardel. Muchas orquestas que pasaron por el escenario del Tango Bar, de Corrientes 1269, luego alcanzaron la gloria. Estas son algunas de las más famosas formaciones que tocaron en él: Anselmo Aieta; Eduardo Del Piano; Pedro Laurenz y Alberto Podestá; Miguel Caló; Horacio Salgan con Edmundo Rivero; Osvaldo Pugliese con Roberto Chanel; Francini Pontier con Roberto Rufino y Julio Sosa y Astor Piazzolla con Aldo Campoamor. En la esquina de Corrientes y Florida, La Richmond marcó toda una tendencia. La banda de jazz de Eduardo Armani y su cantante, Helen Jakson y la base más sólida del jazz argentino: los Mc Kinney Cotton Pickers, actuaron en su escenario en 1934; desde esa época, el público lo adopto como referente de ese ritmo musical. Cuentan que Horacio Quiroga, encontraba refugio en sus mesas. En la intersección de Corrientes y Carlos Pellegrini, se levantó lo que se conoció como “La Catedral del Tango”, el Café Nacional. Juan D’Arienzo y Anselmo Aieta fueron algunos de los grandes personajes que desfilaron por sus mesas. Florencio Sánchez y Evaristo Carriego, denominaron a quienes frecuentaban el café Brasil de Corrientes y Suipacha, los “inmortales”, porque nunca comían. Esto motivo que Don León Desbernats, titular del café, le cambiara el nombre por el de Café de los Inmortales. Literario por excelencia, lo visitaron José Ingenieros, Alfredo Palacios y Enrique García Velloso. El escritor Alberto Corlazzo en una semblanza sobre Juan Pedro Calou, recuerda una mesa de los inmortales en la que se sentaban José Gonzalez Castillo, Federico Mertens y Edmundo Guibourg, entre tantos otros. Betinoti, en “el Cabrero”, se refiere así a los inmortales: “Y darse el apuntamiento pal café ´Los Inmortales´ a que esos intelectuales a uno le den manyamiento”. El Café Gerard, que debe su nombre al apellido de su dueño, el inglés Eugenio Gerard, de Corrientes y Florida, fue un verdadero reducto musical. El poeta Carlos de la Púa, fue recordado por Enrique Cadícamo en uno de sus poemas en el que hacía referencia a la personalidad descollante que tuvo éste entre los habitúes del Café La Real: Confitería de ambidiestros, de Corrientes y Talcahuano. Nosotros somos los maestros y de la Púa el gran decano.

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En la Real se reunía toda la bohemia tanguera: Anibal Troilo, Ernesto Ochoa, Julio De Caro, Cátulo Castillo, Juan Carlos Cobián, Tito Lusiardo, Matos Rodríguez y Angel D’Agostino, entre otros. El Café Suárez, de pie en Corrientes y Maipú, desde siempre ha sido un café político al igual que el Royal Keller, aunque este debe considerarse más “bacán”. En la década del 30 solían reunirse los nacionalistas y su salón fue uno de los primero en los que se armaba un mini estadio, para presenciar peleas de box. El Café La Fragata, de Corrientes y San Martín era el café mercantil por excelencia, sus habitúes eran los hombres de la bolsa. Aunque en rigor de verdad debemos recordar que también fueron habitúes los integrantes de la Alianza Libertadora Nacionalista, como Guillermo Patricio Kelly, Una mención especial merece el Café La Helvética. Fue denominado “la trinchera intelectual” y “refugio de los periodistas del diario La Nación”. En él, muchos periodistas cerraban las notas que los porteños leerían por la mañana. Don Roberto Payró y Bartolomé Mitre dialogaron en sus mesas. Concurrieron Enrique González Tuñon, Joaquín de Vedia, Eduardo Mallea, Alvaro Melián Lafinur y José Ingenieros. En 1958, se remataron sus pertenencias, y dicen que un coleccionista privado conserva bien guardado muchas de las botellas que en el se servían: un coñac Martell; un Curvoisier legítimo; un Eduardo VII; un Biscuit; un Napoleón de 1870; una champaña Perré Jouet, un oporto rarísimo, el Zabaleta de 1844. Y finalmente, entre los whiskys se conservan el Dry Sack; el Morgan; el Gran Munich y un Procurable.

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Las Confiterías

Al igual que los cafés, las confiterías Transitan por la veta tanguera de Buenos Aires y nuestra cultura popular. Muchas de ellas, sufrieron el devenir económico de nuestro país, otras cerraron sus puertas y algunas, casi mágicamente volvieron a abrir. Vaya aquí el recuerdo para algunas de las más famosas.

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El 7 de agosto de 1992, y después de permanecer 12 años cerrado, reabrió sus puertas El Querandí, de Moreno y Perú. Había sido inaugurado en 1920, de estilo Art Decó y lugar de encuentro de los estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires. También se reunían allí los alumnos de las facultades de arquitectura, ingeniería y ciencias exactas que funcionaban en lo que hoy conocemos como “la manzana de las luces” y que es la que está justamente enfrente. En Rivadavia y Medrano, en septiembre de 1884 fue inaugurada Las Violetas, por aquellas épocas concurría el doctor Carlos Pellegrini, que luego fuera presidente de la Nación. Se cuentan entre los clásicos de esta confitería el café vienés en vaso imperial, los huevos quimbo y los bizcochitos con chocolate. A pocos metros vivía la actriz Milagros de la Vega y muchas veces, acompañada por Alfredo Alcón, solía disfrutar del té de las cinco de la tarde. La confitería La Ideal, inaugurada en 1912, abrió sus puertas como salón de té y se hizo famosa por su orquesta de señoritas. Ubicada en Suipacha y Corrientes, los sábados se realizaban despedidas de solteras. Durante los años 1979 al 81, Estela Rabal cantó allí junto a “Los 5 latinos”. En 1858, un inmigrante francés de apellido Tuan inauguró el Café Tortoni y tomó su nombre de un establecimiento del Boulevard des Italiens, en el que se reunía la intelectualidad parisina durante el siglo XIX. Con la remodelación de la Avenida de Mayo encarada por Torcuato de Alvear, en 1893, el café abrió sus puertas en Rivadavia 829. El famoso arquitecto Alejandro Cristophersen fue convocado para el diseño de la fachada. De la mano de Curuchet, su dueño, numerosos artistas adquirían fama, convirtiendo al Tortoni en un centro de producción y difusión cultural. La historia cuenta que en la “Peña del Tortoni” leyó su primer cuento Roberto Arlt; que Quinquela expuso sus obras en su salón y que la orquesta de Juan de Dios Filiberto tocó sus tangos. Raúl Scalabrini Ortiz, Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñon y Baldomero Fernández Moreno participaron de sus tertulias. Borges se sentaba a sus mesas a beber su Tonic Cunnintong, ello sin olvidar al propio Carlos Gardel. Ortega y Gasset con Miguel de Unamuno y Federico García Lorca son algunas de las visitas ilustres del lugar. Frente a la disputa literaria entre Boedo y Florida, el Tortoni emergió como un lugar neutral donde convergían todas las líneas. Clásicos del Tortoni fueron la leche merengada (helado con crema, clara de huevo batida nieve y canela) y la cerveza y sidra “tirada”. El 23 de febrero de 1997 y después de 137 años cerró sus puertas el Molino. Fue el lugar predilecto de la alta burguesía y caballeros vestidos de etiqueta. El Molino realizaba excelentes postres, destacándose el “Imperial Ruso”, curiosamente

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conocido en Europa como “postre argentino”, ya que fue creado por Brenna en 1917, como solidaridad con el régimen zarista cuando los bolcheviques tomaron el Palacio. Los legisladores nacionales adoptaron al Molino como un verdadero foro político, y no faltó la apertura de cuentas corrientes. Por sus mesas pasaron Alfredo Palacios, el primer socialista en ocupar una banca en el Congreso de la Nación; Carlos Gardel, quien le encargara a Cayetano Brenna la invención de un postre para obsequiárselo a Irineo Leguisamo, creándose el “Leguisamo”, combinación de bizcochuelo, hojaldre, merengue, marrón glacé y crema imperial con almendras. Eva Perón, Libertad Lamarque y Niní Marshall tomaban el té de la tarde, aunque nunca compartieron una mesa. Hasta Leopoldo Lugones y Lisandro de La Torre bebieron copetines en sus tertulias. Aún más atrás en el tiempo, el Café de la Amistad y el del Plata, en Rivadavia entre Tacuarí e Yrigoyen, pueden considerarse las primeras confiterías, aunque a diferencia de las anteriores tomaron esa denominación para diferenciarse del resto por su “distinguida clientela”. Otras confiterías no menos célebres fueron la Paris, en Corrientes y Maipú, refugio del jazz vernáculo, la Godet de Perón y Suipacha, la del Cisne en Sarmiento y Carlos Pellegrini. En tanto en la esquina de Rivadavia y Esmeralda se erguía la legendaria Confitería del Gas, que debe su nombre a dos faroles de gas que adornaban su fachada.

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Quién es quién
A lo largo del relato han sido mencionados un sinnúmero de personajes, habitantes de la noche porteña. Por eso resulta indispensable para el lector trazar una semblanza de cada uno de los nombrados.

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Agustín Bardi. Pianista, violinista y compositor, nació el 13 de Diciembre de 1884. Considerado uno de los mejores melodistas del tango. Nunca quiso formar su propia orquesta pero trabajó con importantes músicos y poetas de la época. Entre sus tangos más destacados están: "Vicentito" (su primer tango), "Gallo ciego", "Nunca tuvo novio" y "Lorenzo".

Alberto Castillo. Nació el 7 de Diciembre de 1914 en la Capital de Buenos Aires. En su juventud alternó sus estudios de medicina con su pasión por el canto. Debutó en 1939 en la orquesta "Los Indios" de Ricardo Tanturi. Castillo se diferenciaba del estereotipo de un cantante de tango por que gesticulaba exageradamente. En 1944 se separó de Tanturi para formar un conjunto propio. Con el éxito se integró a la cinematografía en películas como "Adiós pampa mía" (1946), "El tango vuelve a París" (1948), "Un tropezón cualquiera da en la vida" (1949), entre otras. Se lo llamó popularmente "el cantor de los cien barrios porteños", y fue un símbolo porque quiso ser el ídolo y representante de una clase marginada. Antes los cantores de las orquestas se paraban ante el micrófono, cantaban el estribillo y se escondían detrás del piano. Fue el primero que empezó a caminar por todo el escenario, a cantar con todo el cuerpo.

Alberto Marino, Cantante. De sus numerosas interpretaciones se destacan las versiones de los tangos Tres Amigos, Fuimos, Marinera y Farolito de papel.

Alberto Podesta. Interprete. Nació el 22 de Septiembre de 1824 con el nombre de Alejandro Washington Alé en San Juan. Miguel Caló lo incorporó a su orquesta en 1939. En 1942 integró las filas de Di Sarli. De allí pasó por las de Pedro Laurenz. Y en 1945 fue el vocalista de Francini-Pontier. Héctor Grané y Edgardo Donato también lo contaron en sus filas. En 1952 comenzó su labor como solista. Tuvo largas actuaciones radiales y su voz paseó por todo América.

Aldo Campoamor. Muy poco se comenta de este intérprete, salvo que fue un gran cantor, que en 1937 fue vocalista de la Orquesta Típica, de Horacio Pettorossi, haciendo pareja con la cancionista Susana Ortiz. Fue cantor de la orquesta de Juan Canaro, con el que viajó al exterior. También fue vocalista de las orquestas de Rafael Canaro, Roberto Zerrillo, Astor Piazzolla y Mariano Mores. En 1952 debutó como solista en Radio El Mundo en la audición "Patio de Tango". Con las orquestas de Mariano Mores y Astor Piazzolla, Aldo dejó varias placas grabadas.

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Alfredo

Palacios.

Líder

socialista,

intelectual,

legislador;

escritor

y

educador. Graduado en leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue uno de los fundadores del partido Socialista. En 1902 fue electo para la legislatura de Buenos Aires y dos años después fue el primer diputado socialista para el Congreso Nacional, por la Capital Federal. Reguló el trabajo del niño y la mujer y prohibida la tarea nocturna y dominical. Llegó a ser un vehemente opositor de Perón en los primeros años del gobierno de este último y dedicó más de diez años de su existencia a combatirlo por lo que padeció el exilio. En 1955, por su activa participación en el golpe militar fue designado por la Revolución Libertadora, embajador en el Uruguay. En 1957 actuó como miembro del congreso convocado para tratar la reforma de la constitución de 1853, no obstante haberse retirado de la vida política activa, continuó ejerciendo su gran influencia en el Partido Socialista. Alfredo Palacios fue uno de los más grandes intelectuales de su época.

Angel D’Agostino, Pianista y director. A los once años formó un conjunto infantil con Juan D’Arienzo. Entre sus numerosas temas se destacan Agua florida, Adiós, arrabal, una pena, ninguna, pobre piba, pasión milonguera, tres esquinas.

Angel Vargas, Cantante. Seudónimo de José Angel Lomio. Conocido como “el ruiseñor de las calles porteñas”, se inició en la década del 30 actuando en la orquesta de Augusto Berro, con el seudónimo de Carlos Vargas. En 1940 ingresó en la formación de Angel D’Agostino junto a quien permaneció hasta 1946, grabando 94 temas entre los que se destacan tres esquinas. Ninguna, no aflojés y el vals Esquinas porteñas. Desarrollo luego una destacada carrera solista, participando de diversas orquestas.

Anibal Troilo. Nació en Cabrera 2937, entre Anchorena y Laprida, es decir, en pleno barrio del Abasto pero se crió en Palermo. Fue al tango, como instrumentista, lo que Carlos Gardel a su interpretación cantada. Varios factores contribuyeron a hacer de Troilo un mito viviente: su manera de tocar, "hacía hablar" al bandoneón en los fraseos, del mismo modo que la trompeta de Louis Armstrong "enseñaba" a cantar jazz a sus contemporáneos. Pero además, Troilo fue un melodista inigualable, cuyo talento para la composición quedó registrado en temas como los que escribió para letras de Homero Manzi ("Barrio de tango", "Sur", "Discepolín", "Che Bandoneón"), o de Cátulo Castillo ("María", "La última curda") o en su "Responso", a la muerte, justamente, de Homero Manzi, en 1951.

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Anselmo Aieta. Bandoneonista y compositor nacido el 15 de noviembre de 1896. Comenzó los estudios de bandoneón con Genaro Spósito y debutó en el trío de Agustín Bardi remplazando a un músico. Durante cuatro años participó en la orquesta típica de Francisco Canaro. En 1922 formó la suya y actuó durante varios años en el Café El Nacional y El Germinal. Como compositor es autor de “La chiflada”, “Bajo tierra”, “Bajo Belgrano”, “A la criolla”, “Tus besos fueron míos”, “La primavera sin tocar”, “Corralera” y “Palomita Blanca”. Falleció en 1964.

Aristóteles Onassis. Magnate naviero griego, nació en Esmirna. por esa

época territorio de Grecia. A los 17 años se hizo ciudadano argentino y en Buenos Aires abrió un comercio de venta de tabaco rubio turco.

Armando Pontier. Bandoneonista, compositor y director de orquesta, nacido en Zárate, provincia de Buenos Aires. Inició sus estudios con el Maestro Juan Elhert, en cuya orquesta debutó en 1937; luego pasó a la destacada línea de bandoneones de Miguel Caló, de quien se separó en 1945 para formar su propia orquesta junto al violinista Enrique Mario Francini. Este grupo marcó rumbos renovadores y ha dejado grabaciones que forman parte de la historia como "A los Amigos", "Arrabal", "Lo que Vendrá", "Para Lucirse", entre muchas. El binomio se separó en 1955 y Pontier formó su propia orquesta, otorgando mayor importancia al bandoneón conductor.

Arturo Jauretche. Ensayista, escritor y político argentino nació en Lincoln, provincia de Buenos Aires en 1901. Militó en su juventud en el Partido Conservador para luego enrolarse en las filas yrigoyenistas. En las luchas internas del radicalismo dirigió los grupos "Continuidad Jurídica" y "Legalista" que se oponían a la dirección de Marcelo Torcuato de Alvear. Fue inspirador y motor del movimiento denominado FORJA, en el que juntamente con Raúl Scalabrini Ortiz, Gabriel del Mazo y Luis Dellepiane, enfrentó a la conducción oficial partidaria dominada por el "alvearismo". Hábil polemista, su obra y su pensamiento tuvieron gran influencia en amplios sectores del nacionalismo democrático. Posteriormente, con el surgimiento del peronismo, Jauretche adhirió a los principios del recién nacido movimiento justicialista. Desde 1946 hasta 1951 fue presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y, al producirse la Revolución de 1955, volvió a la lucha política "en defensa de los diez años de gobierno popular". Especialista en temas políticos, sociales y económicos, Jauretche fue el mentor de obras como "El Plan Prebisch", "Prosas de hacha y tiza", “Los profetas del odio", "El paso de los libres", "FORJA y la década infame", "El medio pelo en la sociedad argentina" y el "Manual de zonceras argentinas", entre otras obras. Divulgador de originales

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ideas que guiaron al movimiento popular, Jauretche murió en Buenos Aires el 25 de mayo de 1974, cuando tenía 73 años.

Astor Piazzolla. Bandoneonista, director, compositor y arreglador. Nació el 11 de Marzo de 1924, en Mar del Plata, Buenos Aires, hijo de Vicente “Nonino” Piazzolla y Asunta Manetti, cuando cumplió nueve años, su padre le regaló un bandoneón y así el pequeño, empezó a estudiar, aunque le gustaba más el Jazz. A los 11 años compuso su primer tango, "Paso a paso hacia la 42" (La catinga); actuó en "El día que me quieras" como canillita. Y también tocó en la orquesta que acompañó a Gardel en esa película. Su familia regresó de EEUU, y se quedó unos meses en Mar del Plata, pero luego se fue a Buenos Aires, pasó por varias orquestas poco conocidas, actuó con Miguel Caló y luego fue bandoneonista de Aníbal Troilo; en 1944 se desvinculó de Troilo para dirigir a la orquesta que acompañó a Francisco Fiorentino como solista. En 1946 comenzó a dirigir su propio conjunto, así Piazzolla revolucionó el tango, inició el movimiento vanguardista. En 1969 con Horacio Ferrer, comenzó componer temas más sencillos, para la voz de Amelia Baltar. Allí comenzó una mayor difusión y logró un éxito popular y masivo, especialmente con "Balada para un loco". Compuso numerosos temas, como por ejemplo "Adiós Nonino" el cual es un homenaje a su padre muerto; "Invierno porteño", "Buenos Aires hora cero", "Revolucionario", algunos valses como "Chiquilín de Bachín" con letra de Ferrer, entre muchos otros. Durante una de sus giras por Europa, sufrió un derrame cerebral, murió cerca de un año después, el 4 de Julio de 1992.

Atilio Stampone. Pianista, director y arreglador, nacido en la ciudad de Buenos Aires el 1 de julio de 1926. Debutó en el año 1941 en la Orquesta de Roberto Dimas, al año siguiente se sumó a la orquesta de Pedro Maffia, que acompañaba a Roberto Rufino. En 1946 formó parte de la primera orquesta de Astor Piazzolla. En 1951, armó su propia orquesta. Al presentarse independientemente dejó versiones como "Danzarín y Melancólico", "Responso" y "El chupete". En el año 1965 junto a un compañero abrió un salón dedicado al tango llamado Caño 14. Durante los siguientes años grabó diversos discos, como por ejemplo "Imágenes y Concepto". Actualmente se presenta con la orquesta o el sexteto.

Baldomero Fernández Moreno.

Poeta argentino. Pasó su infancia en

España, y de regreso a su patria se doctoró en medicina. Estuvo dedicado por entero a la literatura; fue un poeta original, al margen de las escuelas imperantes en la época, que exaltó en sus composiciones sencillas las cosas pequeñas y humildes. Ya en el primer libro, Las iniciales del misal (1915), se

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encuentran tanto el modo característico de expresión como los temas que aparecerán depurados y amplificados en las obras posteriores: Intermedio provinciano (1916), Ciudad (1917), Campo argentino (1919), Aldea española (1925), Poesía (1929), Seguidillas (1936), Romances (1938), Parva (1949), premiada por la Sociedad Argentina de Escritores, y Penumbra (1951). Fue miembro de la Academia Argentina de Letras desde 1935.

Benito Quinquela Martín, Pintor y grabador. Entre 1907 y 1912 estudió pintura con Alfredo Lazzari. Entre sus obras se destacan Rincón boquense, Montañas en el cielo, Cementerio de barcos y Riachuelo. Realizó además varios grabados y murales en edificios públicos.

Carlos de la Púa. Poeta, periodista y letrista. (El Malevo Muñoz). Nació en 1898. Su nombre verdadero era Carlos Raúl Muñoz fue periodista del diario Crítica y escribió el guión de la primera película sonora del cine argentino: “Tango” de 1933. También fue director de las películas “Internado” y “Galerías de esperanzas”. Su libro mas conocido fue “La crencha engrasada”, editado en 1928. En su libro Poemas bajos incluyó letras

escritas para tangos. Un ejemplo de los poemas inolvidables que ha escrito son: “Hermano chorro”, “Amasijo habitual”, “Puente Alsina”, “El vago amargura”, “Packard”, y “Línea número 9”. Murió en 1950.

Carlos Gardel. Convertido en el mito por antonomasia del pueblo argentino, tiene una historia oficial que fija su nacimiento en Toulouse, el 11 de diciembre de 1890, que da su verdadero nombre como Charles Romuald Gardés, hijo de padre desconocido que, desde muy temprana edad, llega con su madre, doña Berta, a la Argentina y fija su residencia en la calle Jean Jaurés 735, en el barrio porteño del Abasto. El joven Gardel comenzó cantando temas criollos, primero como solista y luego a dúo con José Razzano. Pero su gran consagración llegó cuando se convirtió en el creador del tango canción al grabar "Mi noche triste", de Pascual Contursi. Sus viajes a Europa, donde brilló en escenarios de España y Francia, y en especial a Estados Unidos, donde filmó sus filmes más difundidos, contribuyeron a darle fama internacional y a crear la aureola de gran triunfador que sus admiradores argentinos le reconocían.

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Cátulo Castillo. Argentino. Pianista, compositor, poeta y aficionado al boxeo. A los 10 años editó el tango Canyengue, interpretado por la orquesta de Francisco Canaro. Su obra más difundida fue María, con música de Anibal Troilo. Sobresalen Caserón de tejas, Tinta roja, El patio de la Morocha, El último café y La última curda.

Celedonio Flores. Argentino. Poeta. Su nombre se asocia a piezas clásicas del tango como: Mano a mano, Viejo smoking, Corrientes y Esmeralda. En 1920, publicó su primer poema, titulado Por la pinta. Al que Gardel y Razzano, le pusieron música y paso a llamarse Margot. Gardel llegaría a grabarle 21 temas.

César Tiempo. Ucraniano. Narrador, poeta, dramaturgo y guionista. Seudónimo de Israel Zeitlin. Miembro de la Academia Argentina del Lunfardo. Publicó entre otras obras: Sabatino Argentino (1933), Capturas recomendadas (1978) y Manos de Obra (1980).

Conrado Nalé Roxlo. Nació en 1898. Fue un gran escritor y periodista

argentino. Se destacó sobre todo por el humor de sus numerosos artículos periodísticos, firmados con el seudónimo de Chamico y publicados en la revista El Hogar, el diario Crítica y otros medios de circulación masiva de la época. Estos artículos se editaron luego como libros (Cuentos de Chamico, Cuentos de cabecera, La medicina vista de reojo, Sumarios policiales). Su primer libro, El grillo, fue de poesía y su obra más conocida, La escuela de las hadas, es lo que se llama un clásico de nuestra literatura infantil. También escribió obras de teatro, entre las que se destacan La cola de la sirena y la farsa, Una viuda difícil. Murió en 1971.

Dalmiro Sáenz, nacido en Buenos Aires en 1926, es narrador, autor teatral, periodista y guionista de cine. Su primer libro de cuentos, Siete veces siete (1962), ganó el premio Emecé, se convirtió en un best seller y llegó al cine dirigido por Leopoldo Torre Nilsson. Publicó, además, Yo también fui un espermatozoide, No, Pequeño Lanusse ilustrado, Carta abierta a mi futura ex mujer, etc. Como autor teatral se destacó con las obras Hip hip ufa (1966), ¿Quién, yo? y Las boludas.

Edmundo Guibourg. Tiene un extraño paralelismo con Gardel. Los dos vivieron en el Abasto. Allí se conocieron en 1906. Los dos son hijos de franceses. Guibourg se convierte en crítico teatral y periodista, por lo que se vincula inevitablemente a Gardel. Es designado corresponsal en París y viajan juntos a Europa en 1923. Uno como cantor y el otro como enviado del diario "Critica". “Pucho”, como le decían, puede ser considerado el novelista de la calle Corrientes.

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Edmundo Rivero. Cantor, guitarrista y compositor. Nació el 8 de Junio de 1911, en Avellaneda (Buenos Aires). Estudió canto en su adolescencia en el Conservatorio Nacional del Barrio de Belgrano; en cuanto a su voz, su registro de bajo no era el que se usaba en esos tiempos, en los ´40 se imponían los cantores que tenían registro de tenor. En 1935 debutó como cantor con José de Caro y dos años después estuvo en la orquesta de su hermano Julio, pero no funcionó y se separaron. Actuó en filmes con papeles menores como "Pampa y cielo", "Fortín Alto" y "El inglés de los güesos", entre otros. En 1943 fue el primer instrumento del conjunto de guitarras de César Bó y al año siguiente estaba en la orquesta de Horacio Salgan. Luego se incorporó a la orquesta de Aníbal Troilo para remplazar a Alberto Marino y formar dúo con Floreal Ruiz. El 3 de abril de 1947 se presenta la orquesta con su nuevo cantor en el Cabaret "Tibidabo", el público aplaudió de pie. Separado de Troilo, se hace solista y graba su primer disco para la empresa Víctor. Interpretó melodías tan bellas como "Cafetín de Buenos Aires", "Confesión" y "Sur". Fundó el "Viejo Almacén" en la esquina de Balcarce e Independencia.

Eduardo Armani. A los quince años, en 1913, finaliza su curso de violín en el conservatorio "Santa Cecilia" con los maestros Hércules Galvani y Cayetano Troiani. A mediados de 1919 llega a Buenos Aires la famosa bailarina Isadora Duncan y con ella actúa como violín solista en sus espectáculos del teatro "Opera" y al año siguiente también es designado primer violín de la célebre Ana Pawlova en el "Coliseo". Esta célebre bailarina rusa lo contrata para su gira americana por Uruguay, Brasil, Venezuela y Puerto Rico. Comenzó sus actuaciones radiales en 1925 con música seria por "Cultura", "Fénix", "Municipal" etc. Actuó bajo la dirección de famosos maestros como Ernesto Ansermet y Arturo Rubistein en el "Odeón" y viajó a Chile y Uruguay con la compañía lírica del "Colón". Con el jazz empezó prácticamente en 1919 y ya no lo dejó sino 40 años después, alternando con lo clásico, luego de hacer radios, teatros, bailes, conciertos de jazz y una película: "Así es el Tango".

Eduardo Arolas, Bandoneonista, compositor y director, apodado “el rey del bandoneón”. Su primer tango una noche de garufa, se estrenó en 1909. Tocó junto a Roberto Firpo, Tito Roccatagliata y Agustín Bardi. Autor de más de un centenar de tangos como Derecho viejo, Rawson, El Marne, Maipo y La cachila, vivió sus últimos años en Francia, donde murió.

Eduardo Del Piano. Bandoneonista, nacido en Buenos Aires. A partir de su debut en 1937 integró varias orquestas, entre ellas las de Roberto Zerrillo,

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Eugenio Nóbile, Armando Balioti, Juan Canaro y Ángel D´Agostino, con quien permaneció hasta 1946. Escribió entre otros tangos “Esta noche en Buenos Aires”, “Se lustra señor” y “Discos de Gardel”.

Eduardo Falú. Músico y compositor, uno de los más destacados guitarristas de nuestro país. Nació en El Galpón, provincia de Salta, y a los 17 años realizó su primera gira como cantante. En 1949 comenzó una extensa serie de recitales por América, Europa y Japón. Es autor de más de 100 piezas folclóricas, como "Las golondrinas" y la zamba "La Candelaria", y de algunas obras clásicas como la "Suite argentina".

Eduardo Mallea. Escritor argentino. Fue presidente de la Sociedad de Escritores y ministro plenipotenciario en la oficina europea de las Naciones Unidas. Es autor de La ciudad junto al río inmóvil; El vínculo; La sala de espera; La red; La bahía del silencio; La torre; Todo verdor perecerá; Historia de una pasión argentina; El resentimiento, que obtuvo el Premio Forti Glori de 1967, y otras obras. Fue distinguido con el segundo Premio Nacional de Literatura (1945); el gran Premio de la SADE (1948) y el gran Premio del Fondo Nacional de las Artes, de 1970.

El Cachafaz. Argentino. Seudónimo de José Ovidio Bianquet. Bailarín de tango. Fue uno de los más populares de su época, participando en 14 películas. Bailó en Nueva York y en París y fue inspirados del tango El Cachafaz compuesto por Angel Villordo.

Enrique Cadícamo. Poeta y compositor. Nació con el siglo, el 15 de julio de 1900, en una estancia de Malcolm, cerca de Luján provincia de Buenos Aires en la que su padre oficiaba de mayordomo. Compuso con el seudónimo de Rosendo Luna. También compuso en sociedad con Juan Carlos Cobián. Cuando conoce a Gardel, tiene ya toda una obra: Gardel le grabará 23 temas entre 1925 y 1933. Se convertiría en el compositor preferido de Gardel, para resaltar el trato que tuvo con Carlos Gardel basta una frase del propio Cadícamo “No tengo fotos con Gardel. Pero cantó 23 tangos míos, que son como 23 fotos”. En 1987 fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. En 1996 fue distinguido como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina. Falleció en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1999, a la edad de 99 años.

Enrique Francini. Violinista, director y compositor. Nace en San Fernando, al norte de la Capital y muy joven se muda a Campana, ciudad vecina a Zárate (provincia de Buenos Aires). Al decir de Horacio Ferrer “Violín de llamativa seguridad, vibrato medio, depurado e inconfundible sonido y prodigiosa mano izquierda, se ha caracterizado, además, por una personal

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manera de dividir la frase musical”. Después de la experiencia en la orquesta de Miguel Calo y su consagración definitiva en su sociedad con Armando Pontier, en 1955 inicia un nuevo camino formando su propia orquesta. Sus dos primeras grabaciones fueron "La trilla", de Eduardo Arolas, y "Petit Salón", de Vicente Demarco con letra de Silvio Marinucci, cantada por Podestá, el 3 de noviembre de 1955, para el sello RCA. En 1963, junto a su ex socio Armando Pontier y sus antiguos compañeros, integra "La Orquesta de las Estrellas", bajo la dirección de Miguel Calo, siendo pianista de la misma Orlando Trípodi. En 1970 forma un sexteto con promisorios músicos como el bandoneonista Néstor Marconi, a cargo de los arreglos, debutando en el escenario de "Caño 14" con gran éxito. Actúan en televisión y graban un larga duración. En 1973 reconstituye la orquesta con Pontier para hacer una gira por Japón, contando con la colaboración de la cantante Alba Solís e importantes músicos. En 1977, hace otra importante gira por Japón que dura tres meses, montando un importante espectáculo con más de veinte músicos y parejas de baile. A su regreso y luego de una dolencia, organiza una orquesta sinfónica que realiza el espectáculo "Tangos por el mundo" en el Teatro Alvear de la calle Corrientes. Muere en su ley el 27 de agosto de 1978, en el escenario de Caño 14, mientras ejecutaba "Nostalgias" en su querido violín.

Enrique Gonzalez Tuñon. Nació en Buenos Aires el l0 de marzo de 1901.

Muere en Cosquín. Fue cuentista y periodista, autor de una colección de glosas titulada "Tangos".

Ernesto Sábato. Nació en 1911 en Rojas, pcia. de Buenos Aires. Novelista y ensayista. Su obra se divide entre la ficción y el ensayo. A la primera corresponden las novelas El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas(1961) y Abbbadón el exterminador (1974). En 1984 presidió la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas, que produjo el informe Nunca Más, sobre las violaciones a los DD.HH. durante el período 1976-83. Ha sido galardonado con el premio Cervantes de España.

Evaristo Carriego. Escritor argentino. Desde muy joven se dedicó al periodismo, actuando en el periódico anarquista La Protesta y colaborando en Caras y Caretas. Contemporáneo del modernismo, sin embargo se apartó de él por los temas que trató en su obra poética y por el desarrollo lírico que les dio. Las páginas de Carriego figuran entre las más auténticamente populares de la poesía argentina. Evaristo es “la mitología del arrabal”.

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Federico García Lorca. Nació el 5 de Junio de 1898 en una ciudad española llamada Fuente de Vaqueros. En la Universidad sigue dos carreras: una, por complacer a su padre: Derecho. Otra, por placer: Filosofía y Letras. Publica sus primeros trabajos en prosa. Garcia Lorca se inclinaba por Ramón Gómez de la Serca y Gabriel Miró, por encontrar en ellos una sensibilidad más a fin con sus intenciones. El año 1928 marca algo trascendental en la vida del poeta que fue la publicación del Romancero Gitano, obra que inmediatamente se transforma en un éxito notable. En 1930 viajó a Cuba, donde pronuncia una serie de Hispano Cubana de Cultura. conferencias, invitado por la Institución Posterior a esto emprendió su retorno a propone a Garcia

España. En 1931 se proclama la República Española, y en 1933 Fernando de los Ríos (por entonces Ministro de Instrucción Pública) Lorca y a Eduardo Ugarte la organización del teatro estudiantil "La Barraca". Constituido el elenco con los estudiantes de la Universidad de Madrid, García Lorca recorrió todos los rincones de España. Durante 1933 se estrena también su conocida obra "Bodas de Sangre". También viajó a Buenos Aires, reclamado por el éxito del estreno alcanzado por Bodas de Sangre, puesta en escena por la compañía de Lola Membrives. Allí permanece hasta Marzo de 1934 realizando diversas actividades artísticas y educativas, se representan Mariana Pineda y La Zapatera prodigiosa y, además, dirige la Dama Boba, reactualizando a Lope de Vega. En 1936 comienza la Guerra Civil Española, García Lorca, participa de algunos actos políticos contra el fascismo. El 16 de Agosto lo detienen, aparentemente, por ordenes del gobernador Viznar, en las afueras de la ciudad de Granada. El 20 de Agosto de 1936 es fusilado y enterrado cerca de la fuente árabe de Ainadamar.

Fidel Pintos, Actor. En teatro intervino en obras como Malena luce sus pistolas y El mucamo de la niña. En la década del 30 inició una exitosa carrera en radio y, más tarde, se destacó en diversos ciclos de TV. Conocido como “el rey de la sanata”, en cine actuó en Novio, marido y amante (1948), Un tropezón cualquiera da en la vida (1949), El hermoso Brummel (1951), entre otros. Integró los ciclos de Operación Ja Ja y Polémica en el Bar.

Florencio Sánchez. Nació en Uruguay, pero desarrolló su producción escénica en Argentina. A tal punto se consagró en nuestro país, que el 7 de noviembre, día de su muerte, se conmemora el Día del Canillita, asociando a los diarieros al recuerdo de la obra en que inmortalizó a los vendedores de diarios. Entre sus obras más famosas se destacan, además de "Canillita": "M'hijo el Dotor", "La Gringa", "Barranca Abajo", "En Familia", "Los Muertos", "El Conventillo", "Los Derechos de la Salud", "El Cacique Pichuleo". Fue el

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autor de Buenos Aires por antonomasia. Pero curiosamente su muerte ocurrió en Milán, adonde había viajado en busca de una gloria que trascendiera las fronteras rioplatenses, y encontró en cambio una serie de frustraciones que lo llevaron "barranca abajo", hasta morir víctima de la tuberculosis.

Francisco Canaro, Músico, director y compositor. En 1912 comenzó su trascendental labor de compositor con los tangos "Pinta Brava" y "Matasanos" (sarcasmo por médico). A lo largo de su vida acumuló tal número de obras que hasta hoy se discute cuántas realmente nacieron de su inspiración, y de cuántas se apropió a cambio de favores o dinero. Pero como sostienen algunos estudiosos del tema “con que Canaro haya compuesto sólo el cinco por ciento de todos los temas que firmó bastaría para considerarlo un grande”.

Gerardo Sofovich, nacido en 1937, en Buenos Aires, es guionista , director y productor. Se inició en Tía Vicenta y en 1960 ingresó a la TV. En 1963 formó dúo con su hermano Hugo, creando ciclos como Operación Ja Ja, y en teatro éxitos de taquilla como En vivo y en desnudo (1973). Sin Hugo creo, Polémica en el Bar. En cine dirigió Departamento Compartido, Un terceto peculiar, etc.

Guillermo Matos Rodríguez Pianista y compositor. Nació el 28 de Marzo de 1897 en Montevideo, Uruguay. Sin duda su nombre es sinónimo del tango "La Cumparsita". Dicha obra la compuso siendo aún estudiante universitario para los carnavales de 1916. Primero el tango carecía de nombre, pero se lo identificaba con la comparsa de los estudiantes, de ahí surgió la idea de llamarla "La Cumparsita" y quedó. En ese año en la misma localidad se encontraba Roberto Firpo a quien le llegó la partitura de Matos Rodríguez y colaboró con los arreglos necesarios para darle el toque profesional que le hacía falta, además de tocarlo con su orquesta y convertirlo en historia. Después de La Cumparsita continuó escribiendo diversas obras pero ninguna de la magnitud de la primogénita. Entre su obra mas famosa se encuentran: "Che, papusa oí", "La muchacha del circo" y otras menores. Falleció el 24 de Abril de 1948 en su ciudad natal.

Homero Manzi. Argentino. Poeta y escritor. En 1933 comenzó a tener popularidad en el ámbito del tango, cuando sus temas Milonga sentimental y Milonga del 900 fueron grabados por Gardel. En 1937 comenzó su carrera como guionista y director de cine. Realizó las películas La guerra gaucha, El viejo Hucha, Donde mueren las palabras y Pobre mi madre querida. Autor de las letras de los tangos: Sur, Che, bandoneón, Discepolín, Mi noche triste,

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Malena, Barrio de tango, Organito de la tarde, Ninguna, Fuimos, Romántica y El último organito. De tendencia nacionalista, en los años 40 adhirió al peronismo.

Horacio Quiroga. Nació en Salto, Uruguay en 1878, hijo de vicecónsul

argentino. Cursó sus estudios secundarios en el Instituto Politécnico de esa ciudad y en el Colegio Nacional de Montevideo, comenzó a interesarse por la literatura y se interno en el periodismo. Realizó luego un viaje por Europa, vivió unos pocos meses en París. Ese mismo año obtuvo el segundo premio en un concurso de cuentos y al año siguiente publicó otro modernista. Contrajo matrimonio con Ana María Cirés y la pareja se dirigió a vivir en la propiedad de San Ignacio en Misiones. Fue juez de paz y oficial de registro civil en esa jurisdicción. Al suicidarse su esposa, Quiroga volvió a Buenos Aires y por mediación de sus amigos consiguió un empleo en el consulado general de Uruguay en la Argentina ese mismo año. Reunió algunos cuentos anteriores en el volumen Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917). Se inició dentro del movimiento modernista, línea estética que abandonó más tarde para situarse dentro del criollismo o realismo. Los mejores cuentos de Quiroga corresponden al período 1907 a 1928 de su vida. Fueron apareciendo sucesivamente sus libros de cuentos El desierto. La gallina degollada y Los desterrados. Obtuvo su jubilación, quedó solo en la selva y enfermó. Vino entonces a Buenos Aires en busca de salud y se internó en el Hospital de Clínicas. Allí, al enterarse de la gravedad de su enfermedad, una noche puso fin a su vida en ese nosocomio voluntariamente con cianuro en 1937.

Horacio Salgan. Director, pianista y compositor. Nacido en la Capital de Buenos Aires el 15 de junio de 1916. Se lo considera uno de los mayores pianistas de la historia del tango, y también es un auténtico arreglador trabajando sobre viejos temas y transformándolos. Comenzó tocando en cines y luego participó de distintos conjuntos que no lograron trascender demasiado. También fue organista en radio El Mundo. En el año 1944 formó su primera orquesta que estaba compuesta, entre otros, por Edmundo Rivero e Ismael Spitalnik, pero se separaron en 1947 por problemas con su estilo. Grabó por primera vez en el año 1951 con un nuevo conjunto formado entre otros por Víctor Felice, Roberto Goyeneche y Ángel Paya Díaz. En 1957 se unió a Ubaldo de Lío, sumándole al piano la guitarra. En 1960 organizó el Quinteto Real y a la guitarra y al piano le agregaron el violín. Fue memorable todo lo que ese grupo logró. Horacio Salgan es autor de “A fuego lento”, “Don Agustín Bardi”, “Del 1 al 5”, “Tango del eco”, “La llamo silbando”, “Grillito”, “Aquellos tangos camperos”; y con el Quinteto “El amanecer”, “El abrojito” y “Gran Hotel Victoria".

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Irineo Leguisamo. El gran jockey uruguayo nació el 20 de octubre de 1903

en Arerunguá, República Oriental del Uruguay y fue hasta su muerte un símbolo del arte hípico rioplatense. En los primeros años de su vida, aprendió a montar al mismo tiempo que a caminar. En el hipódromo de Salto, Uruguay, empezó a escribir su propia leyenda y a transitar el camino de los grandes. Después de tres años de formación deportiva, hizo su presentación oficial en Palermo, Buenos Aires, montando a Mina de Plata. El 20 de agosto de 1922, poco después de su debut, logró su primer triunfo en Palermo, con Tamarindo. Fue el primero de una larga lista: en 52 años de actuación, "Legui" participó de unas 12.700 carreras, de las cuales ganó 3.200; de ellas, 500 fueron clásicos. Muchos de sus triunfos los conquistó montando a caballos famosos como Lombardo, Yatasto, Payaso, Jungle King, Arturo A. y La Mission. Sus dos últimas victorias se dieron en Palermo, con Bablino, y en San Isidro, el 16 de diciembre de 1973, cuando era un "joven" de 70 años, y lo hizo montando a Mac Honor. Ambos eran caballos del stud Marti-Juliet, propiedad de su "hijo adoptivo" Ramón "Palito" Ortega. Carlos Gardel, el gran cantante, inmortalizó a su amigo cuando en 1926 grabó su celebrado tango "Leguisamo solo". La amistad había nacido en el hipódromo de Maroñas (Montevideo), cuando Gardel le espetó: "Tan chiquito, ¡qué va a ser buen jockey!". Después de esta broma, "Legui" fue el jockey de sus caballos y en especial de Lunático, el mejor de todos.

Jorge Luis Borges. El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de

gestación, nace en Buenos Aires en la casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde. Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento, publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia. En los treinta años siguientes, se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el

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tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada" y "El Puñal"). El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nóbel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer. Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.

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Jorge Newbery, Ingeniero, piloto y pionero de la aeronáutica. Primer gran deportista del país. José De Grandis. Desde temprana edad se enroló en los conjuntos típicos y lo vieron así en los principales locales donde se rendía culto a la música popular, entre otros, los famosos cafés "El Parque", "El Nacional" y "A.B.C.". Alguna vez alguien le insinuó que tenía cualidades de poeta, y lo instó a escribir canciones y desde ese momento el tango lo contó entre sus letristas destacados. Fue amigo de Carlos Gardel y precisamente una de sus primeras letras, el tango Noche Fría, lleva música del dúo Gardel-Razzano. Además, Carlitos le grabó Recordándote y Viejo Curda.

José Maglio “Pacho”. Bandoneonista, compositor y director. Aprendió a ejecutar el bandoneón de mano de su padre quien era un gran músico aficionado y también con el famoso Domingo Santa Cruz. A los 19 años debutó en el café "El Vasco" en Barracas, junto con Julián Urdampilleta (violín) y Luciano Ríos (guitarra). Este último formaría parte de la agrupación de Pacho durante varios años. Después de ese café continuó tocando ya transformado en cuarteto con la incorporación de José Guerrero (flauta) y el cambio en violín, ahora lo acompañaría Luis Guerrero. El cuarteto comenzó a tener repercusión y prestigio en muy poco tiempo y así fue que en 1913 en el café "La Paloma" se lanzó ya con la legendaria "Orquesta Típica Criolla". Como compositor hizo numerosos tangos como: "Quasi nada", 1912; "Un copetín", 1913. En 1920 apareció la otra formación de su orquesta, esta vez la integraban: Rafael Rossi, Nicolás Primiano y el aún desconocido Aníbal Troilo (bandoneones), Benito Juliá y "El Pibe" Rossi (violines), Juan Carlos Ghio (piano) y José Galarza (flauta). Con esta agrupación continuó tocando pero ya con un poco menos de popularidad que en la década anterior. Tiempo después formó un sexteto. Esta fue su última formación con la que se presentó hasta el año 1934, cuando su mayor vicio (el cigarrillo) le

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provocó una disfunción pulmonar y el 14 de julio de ése año falleció en su casa luego de haber sido internado en el Hospital Ramos Mejía.

José María Aguilar. Compositor y guitarrista. Nació en Montevideo, Uruguay; falleció en 1951. Formó parte de diversos dúos hasta llegar a conocer a Carlos Gardel con el que compartió 3 años hasta el accidente en 1935, del cual salió con graves quemaduras que le impidieron continuar tocando la guitarra. Entre sus obras más famosas están Tengo Miedo y Cuando me entrés a falla ambos consagrados en la voz de Gardel y con la participación de Celedonio Flores para la composición de la letra. También trabajó con Enrique Cadícamo en Al mundo le falta un tornillo y con Emilio Cárdenas en Mala Suerte. Acompaño como guitarrista a Rosita Quiroga, Agustín Magaldi, Ignacio Corsini, Roberto Díaz.

José Marrone. Actor. Se inició como imitador, zapateador y cuentista. En teatro interpretó Cristóbal Colón en la facultad de medicina, durante varias temporadas. Trabajó en teatro de revistas junto a Nélida Roca, Nélida Lobato, Adolfo Stray y Zulma Faiad, entre otros. En la década del sesenta, en el ciclo televisivo los trabajos de Marrone popularizó su característico ¡cheee...!. En el canal 13 actuó para el público infantil en el programa el circo de Marrone. En cine participó de las películas la barra de la esquina (1950), Vida nocturna (1955), Rebelde con causa (1961) y la chacota (1963) entre otras. Fue secretario general de la Asociación Argentina de Artistas de Variedades.

José Ortega y Gasset. Filósofo, profesor, periodista y político español, hijo de José Ortega Munilla, profundo conocedor del movimiento filosófico contemporáneo y uno de los más altos valores de la cultura española. Es el fundador del semanario España y de la Revista de Occidente, y autor de obras tan importantes como La deshumanización del arte; Meditaciones del Quijote; España invertebrada; La rebelión de las masas; Goethe desde dentro; Espíritu de la letra; etc. Nació y murió en Madrid.

José Razzano. Cantor y compositor. Nació en Montevideo en el año 1887. Sus trabajos discográficos comienzan en la década del diez. Era reconocido en el ambiente tanguero por sus composiciones "Medallita de la suerte", "Café de los angelitos" (con letra de Cátulo Castillo), "Por qué canto así" (de Celedonio Flores) y "Camino del Tucumán". Formó un cuarteto junto a Carlos Gardel, Saúl Salinas y Francisco Martino. Razzano, también apodado "El oriental de Balvanera", fue muy reconocido por haber sido parte del dúo hispanoamericano más popular, Razzano-Gardel, entre 1917 y 1925. Razzano murió el 30 de abril de 1960.

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José Sixto Alvarez “Fray Mocho”. Escritor argentino nacido en 1858 en Gualeguaychú y muerto en 1903 en Buenos Aires. Es más conocido por el seudónimo de Fray Mocho. Fue fundador y director de la conocida revista Caras y caretas, de Buenos Aires, y un cuentista extraordinario que, dotado de una prosa brillante, ágil humorística, en su obra refleja el ambiente y las costumbres de su época. Son incomparables sus narraciones de Esmeralda, cuentos mundanos (1882). Su obra cuentística se reunió bajo el título de Cuentos de Fray Mocho (1906).

Juan Bautista Deambroggio. Apodado “Bachicha”, nació en 1890. Fue bandoneonista, compositor y director. Comenzó tocando en los bares o cafés de los barrios y termino actuando con Roberto Firpo y Roberto Goyeneche. También dirigió la orquesta del Teatro Apolo. Bianco-Bachicha, fue otra orquesta dirigida por él y Eduardo Bianco, pero fue un proyecto llevado a cabo en París. Entre todos los que compuso, el tango más difundido y trascendente fue “Bandoneón arrabalero” con letra de Pascual Contursi.

Juan Carlos Cobián. Pianista, compositor y director nació el 31 de mayo de 1896 en Pigüé provincia de Buenos Aires. Su inicio en la música fue a los siete años en el piano de la familia. En 1913 comenzó a trabajar con la música en pequeños bares o cervecerías y cines, pero debutó realmente en un trío con Genaro Spósito en bandoneón y Ernesto Zambonini. En 1916 integró otro trío con Tito Rocatagliatta y Eduardo Arolas, cuya orquesta integraría tiempo después. De 1920 a 1921 tuvo que cumplir con el servicio militar. Allí compuso el tango “A pan y agua”. Más tarde integró el sexteto con Osvaldo Fresedo, y esto lo impulsó a formar uno propio cuando su compañero se retiró. Pero al año se fue a Estados Unidos donde residió desde 1923 hasta 1928. Cansado de su situación en Estados Unidos regresó a Buenos Aires, donde formó una orquesta y dirigió una agrupación de Jazz. Integró un trío con Cayetano Puglisi y Ciriaco Ortiz. En 1937 regresó a Estados Unidos, donde permaneció hasta 1943. Al volver actuó al frente de su orquesta. Se retiró voluntariamente de la música y el 10 de diciembre de 1953 falleció.

Juan D’Arienzo, Violinista y director. Integró la orquesta del Teatro Avenida y, en 1919, se sumó a la agrupación del Teatro Nacional. Desvinculado del espectáculo hasta 1925, colaboró en la Jazz Select Lavalle y la orquesta de Nicolás Verona, hasta que al año siguiente regresó al tango con la orquesta Típica Paramount. En 1928 formó el sexteto Los Andes. En 1935, hizo sus primeras grabaciones: Hotel Victoria y Desde el alma, considerándoselo “el

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Rey del Compás”. Participó de los filmes Melodía porteñas (1937) y Yo quiero ser bataclana (1941).

Juan De Dios Filiberto. Violinista, director y compositor. Su afición por la música lo llevó a aprender a tocar de oído la armónica y la guitarra; en el año 1915 durante un viaje por Mendoza compuso su primer tango titulado "Guaymallén". En los años siguientes escribió "Suelo argentino", "Cura segura", "De mi tierra", "Se recomienda solo" y "La planchadorita". En 1923 alcanza la popularidad con "El ramito" y "El besito" y se consagra con el popularísimo "Caminito" al año siguiente. Debido a su gran creatividad y versatilidad, también incursionó en el ambiente artístico en las emisoras Excelsior, Splendid y Belgrano. También consolidó la Orquesta Folklórica de la Municipalidad de Buenos Aires en el año 1939 dirigiéndola durante nueve años bajo los nombres Orquesta Popular y Orquesta Argentina de Cámara. Juan de Dios Filiberto fallece en Buenos Aires el 11 de Noviembre de 1964.

Julián Centeya, Italiano. Poeta y periodista. Su verdadero nombre era Amleto Vergiatti. Llegó a la Argentina en 1920. Vinculado al Grupo de Boedo, se dedicó al periodismo y la poesía, con gran influencia del lunfardo. Entre sus libros se destacan El recuerdo de la enfermería de Jaime (1941), La musa mistonga (1964) y una única novela: El vaciadero (1971). Compuso los tangos Claudinette y Mi viejo, entre otros.

Julio Cortazar. Célebre cuentista y novelista argentino cuya obra lo coloca

entre las máximas figuras del arte narrativo del siglo XX en Hispanoamérica. Escritor de fama mundial, ha sido uno de los novelistas latinoamericanos mas leídos y estudiados. Considerada dentro de la literatura fantástica, su obra busco una renovación del lenguaje literario y una nueva dimensión de las estructuras y contenidos novelescos. Preocupado por el destino y la libertad creadora del hombre, la fantasía de su narrativa tiene un alcance metafísico, social y político. En 1949, Cortazar publico un poema dramático en prosa titulado Los reyes, en el que recrea el mito del Minotauro desde una nueva perspectiva que preludia el tipo de sus personajes posteriores: antihéroes victimados por los juegos del tiempo y los cánones de la razón. A Los reyes siguieron los relatos de Bestiario (1951), y Final de juego (1956), que tuvo una edición aumentada en 1964; desde la perspectiva de su novela posterior Rayuela (1963), el autor los considero como juegos literarios en los que se traslucen ya las constantes temáticas de sus principales obras: Las armas secretas (1959), Los premios (1960) y Rayuela, su novela mas celebrada y discutida. El autor murió a los setenta años.

Julio De Caro. Violinista, director y compositor. Nació el 11 de Diciembre de 1899, en la calle Piedad (hoy Bartolomé Mitre) al 2000. Empezó a estudiar

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música desde niño, junto a su padre, ya que éste poseía un conservatorio y una casa de música. A los trece años Julio ya era profesor, dictaba clases de teoría, solfeo y violín. Cuando tiene 17 años va con sus amigos al Palais de Glace para escuchar a Roberto Firpo, estos jóvenes amigos no dejan pasar la oportunidad y le cuentan al famoso pianista las virtudes musicales de Julio, de modo que Firpo lo invito a sumarse a su orquesta. De Caro sorprende a Firpo ejecutando tres contracantos diferentes cada vez que se tocaba "La Cumparsita"; en ese mismo lugar, se encontraba Eduardo Arolas, quién lo contrató para que integrara su cuarteto. En 1921 se inició como director al frente de una orquesta de cincuenta y seis músicos, para actuar durante los carnavales en el primitivo Teatro San Martín. De Caro forma su propio conjunto, con Mafia y Petrucelli, a quienes les sumó a Ruperto Leopoldo Thompson (contrabajo) y sus hermanos Francisco (piano) y Emilio (Violín). Debutaron en el Café Colón de la Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, y de allí pasaron al aristocrático Vogue´s Club del Palais de Glace. Quedó así constituido el Sexteto de Julio De Caro. Como consecuencia de ese modo de tocar nació la denominada Guardia Nueva, que marca la ruptura con el anterior período llamado desde entonces, Guardia Vieja, De Caro armó las bases para el tango del futuro. Murió el 10 de Marzo de 1980

Julio Sosa. Cantor, escritor y actor. Nació el 2 de Febrero de 1926 en la ciudad de Las Piedras, en Uruguay. Proveniente de una familia de origen muy humilde tuvo que trabajar para ayudar a su padre, Luciano Sosa, que era peón de campo y a su madre que era lavandera. En el año 1949, viaja y toma como residencia Buenos Aires, para probar suerte como cantor. En Montevideo había participado en algunas agrupaciones y concursos pero todavía no había desarrollado del todo su voz grave y directa, tal como lo recordaríamos más adelante. Comienza cantando en el café "Los Andes" en Chacarita, pasa por la orquesta de Joaquín Do Reyes y luego se agrupa con Enrique Francini y Armando Pontier, con quienes logra su primera actuación en el "Picadilly". En este momento comienza a adquirir jerarquía y un mejor pasar económico. En 1953 se incorpora a la orquesta de Francisco Rotundo, y definitivamente se convierte en el cantante más popular del momento. Además, se gana el apodo de "El varón del Tango". En 1958 se independiza y forma su orquesta junto con el bandoneonista Leopoldo Federico. Casi como si hubiese una maldición sobre los grandes cantores de la historia, Julio Sosa falleció en un trágico accidente automovilístico el 26 de Noviembre de 1964 en la cima de su popularidad y con una gran carrera por delante.

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León Benarós, este puntano nacido en 1915, poeta y crítico de arte, fue cofundador de la revista literaria Correspondencia México-Argentina (1946) y del periódico Contrapunto (1944-1945). Pertenece a la generación del 40. Publicó numerosos poemarios, en los cuales conviven dos vertientes: la popular y la lírica, de tono existencial. Además, ha escrito libros sobre arte y leyendas argentinas y canciones de música popular y de cámara. Colaboró en las revistas Sur y Nosotros y en los diarios Clarín y La Nación. Es uno de los secretarios de la revista Proa.

Leopoldo

Lugones.

Personalidad

desbordante

de

las

letras

hispanoamericanas; periodista, político, prosista y poeta cuya singular fuerza creadora se manifestó en una diversidad de temas. Nació en Río, pequeño pueblo de la provincia argentina de Córdoba. En política su pensamiento conoció varias fases. Bajo el espíritu socialista junto con Roberto Payró y José Ingenieros, fundo en Córdoba (1898) el primer Centro Socialista. Durante esa época que se prolongo hasta 1903, Lugones combatió con vehemencia el orden impuesto; llego incluso a usar los nombres del calendario de la Revolución Francesa para fechar, en Buenos Aires, los números de una publicación periódica. En 1898 se traslado a Buenos Aires; allí conoció al nicaragüense Rubén Darío quien no se equivoco al considerarlo una gran promesa por las letras. Al igual que muchos otros modernistas, el poeta argentino fue periodista; colaboro, entre otras publicaciones, en "La Montaña" con una sección de crónicas y, en Córdoba, dirigió "El Pensamiento Liberal" (1893). Como corresponsal de "La Nación", hizo varios viajes a Europa; en 1906, 1911 y 1921. Mientras tanto, en el se iba operando un nuevo cambio que iba dejando atrás al joven socialista y al demócrata, para dar paso al hombre partidario del militarismo y la dictadura, como lo revelo en 1923, frente al auditorio del Teatro Coliseo de Buenos Aires, en su discurso "Ante la doble amenaza", cuyas mordaces palabras le atrajeron el recelo de demócratas y socialistas. Esta actitud cambiante ha sido interpretada como el resultado de su decepción frente a la hipocresía y la escasa visión de ambos partidos, en aquélla época. Su versátil pluma dejo varios ensayos de critica literaria, entre los cuales se señala "El payador" (1916) donde revalora el "Martín Fierro" de José Hernández. También escribió una novela, "El ángel de la sombra" (1926), de poco interés literario, basado en el tema de un amor imposible. Lugones fue merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1926. Puso fin a sus días con una mezcla de arsénico y whisky en un cuarto del Recreo “El Tropezón” en el Delta del Tigre. A su muerte Borges le consagro el articulo: "Lugones" (1938), afirmando el alcance de su genio creador.

Leopoldo Marechal, Poeta, narrador y ensayista. Durante varios años se desempeño como maestro y profesor de enseñanza secundaria. Proveniente

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del nacionalismo católico, durante el primer gobierno de Juan D. Perón ocupó diversos cargos oficiales, que más tarde le valieron el olvido y la indiferencia hasta ser reconocido en los años 60. En 1922 publicó su primer poemario, Los aguiluchos, y, en 1926, Días con flechas, ambos con una clara influencia del ultraísmo. Durante esa década colaboró con las revistas Martín Fierro y Proa. Su obra narrativa le valió el mayor reconocimiento. En 1948 publicó Adán Buenosayres, que obtuvo el elogio de Julio Cortazar, aunque fue prácticamente ignorada. En 1965 publicó El banquete de Severo Arcángelo, novela plena de humor e ironía y, en 1970, Megafón o la guerra, que obtuvo un gran éxito.

Lola Membrives. Actriz teatral argentina, considerada una de las más brillantes intérpretes del repertorio español, en especial de las obras de Jacinto Benavente.

Luis Angel Firpo. Se lo considera el padre del boxeo argentino, por la adhesión masiva que despertó su match con Jack Dempsey en 1923. Lo apodaban "El toro salvaje de las Pampas", desde que un periodista estadounidense se sintió impactado por su coraje, manteniéndose en pie en una pelea, aunque sangraba profusamente. Medía 1,88 metros, y rondaba los 98 kilos. Debutó en 1918, perdiendo por nocaut ante el uruguayo Angel Rodríguez. Sin embargo no se desanimó y llegó a su combate con Dempsey, por el título del mundo que poseía el estadounidense. Al llegar a Nueva York, su primera pregunta fue si la pelea iba a ser filmada. Cuando le dijeron que no, ya que no tenía sentido hacerlo, se ofuscó e insistió en que la registrasen en celuloide, ya que estaba convencido de que haría mucho dinero vendiendo luego los derechos de su triunfo, para la exhibición en los cines. Su bolsa era de 156.250 dólares, y la de Dempsey 509.000 redondos. Su última pelea la hizo en 1936, cuando casi tenía 41 años. Totalizó 31 victorias (26 definidas antes del límite), 4 derrotas y 7 sin decisión.

Luis Luchi. Argentino. Poeta. Pese a la diferencia de edad, fue considerado “hermano mayor” por los poetas de la generación del 60. Creó el movimiento Gente de Buenos Aires. Escribió 22 libros de poemas.

Luis Sandrini. El nombre completo era Luis Santiago Sandrini Lagomarsino. A los 18 años se integra al staff de Circo Rinaldi, donde fue comparsa, payaso y tony. El salto de la arena al teatro era inevitable, pasando a revistar en la compañía de Enrique Muiño y Elías Alippi, donde en 1933 compone al Eusebio de "Los tres berretines", que habría de consagrarlo. En 1933 participó en la primera película hablada, estrenada y hecha en el país: "Tango", junto a Juan D' Arienzo, Juan de Dios Filiberto, Pepe Arias, Alberto

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Gómez, Libertad Lamarque y Tita Merello. El personaje que compone en esa cinta es el paradigma que con algunos toques más o menos finos, realizó a lo largo de su vida. En 1934 interviene en "Riachuelo", un año después "La muchachada de a bordo" (con Tito Lusiardo y Benita Puertolas). Un hito singular en su carrera fue "Chingolo" (1940), primer obra de importancia en la filmografía de Lucas Demare. Actúa en la obra de teatro "Cuando los duendes cazan perdices" y en la película "Payaso". En 1962 integró el elenco de "La cigarra no es un bicho". En la década del '70 empezó una saga de films, "El profesor hippie" (1969), "El profesor patagónico" y "El profesor tirabombas". Luego vendrán los clásicos de Enrique Carrera como "Los chicos crecen" (1974) y "Así es la vida" (1976). Filmó casi ochenta películas. En sus últimos años de vida, Sandrini se dedicó a la carpintería y a su familia.

Manuel Aróstegui. Pianista y compositor, nacido en Montevideo, aunque vivió desde niño en Buenos Aires. Estudió sucesivamente guitarra, mandolín, violín y piano, tuvo entre sus maestros al Flautista Carlos Hermani Macchi. Compuso entre otros tangos “El apache argentino”, “El cachafaz”, “Champagne Tango”, “El granuja” y “Vengan muchachos”.

Manuel Gleizer. Ruso. Editor. Abrió una librería en la calle Triunvirato, en Buenos Aires, y publicó a numerosos escritores argentinos, llegando a ser un impulsor de la vida cultural argentina.

Miguel Calo. Bandoneonista y director de orquesta nacido el 28 de octubre de 1907 en Buenos Aires. Comenzó su carrera en 1925 cuando se presentó en el cine Independencia. Al año siguiente optó por dejar su carrera como solista e integrar la orquesta de Osvaldo Fresedo. Luego de participar en la agrupación de Francisco Pracánico, formó su propio conjunto pero se separaron cuando él se unió a Cátulo Castillo y viajaron a España para realizar actuaciones. Al tiempo, de nuevo junto a Fresedo, se presentaron en Estados Unidos. Durante todo su trayectoria tuvo el honor de actuar con grandes personajes del tango como Simón Boitman, Julián Plaza, Carlos Dante, Tito Desprobán. A su regreso, reconstituyó su agrupación y la llamaron “Orquesta de las Estrellas”. Es autor de los tangos instrumentales “Milonga Porteña”, “Mi gaucha”, “Garabito”, “Todo es mentira”, “Ternuras” y “Campanita oración”. Además de estos, compuso tangos cantables como “Me llamo Anselmo Contreras”, “Jamás retornarás”, “Si yo pudiera comprender”, “Que te importa que te llore”, “Dos fracasos”, “Que falta me hacés” y “Como le digo a mi vieja”.

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Miguel de Unamuno. Nació en Bilbao en 1864, hijo de un comerciante indiano. Después de cursar el bachillerato en su ciudad natal, se trasladó a Madrid en 1880 para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre el pueblo vasco. En un principio, Unamuno se muestra partidario de las ideas positivistas, pero después se inclina hacia el socialismo, y se afilia al Partido Socialista el año 1894. Hacia 1897 experimenta una honda crisis personal que agudiza sus preocupaciones de carácter religioso, como queda reflejado en su Diario íntimo. No es un pensador sistemático: sus ideas están esparcidas en ensayos, poemas, novelas y dramas. Entre los ensayos merecen destacarse los siguientes: Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913), La agonía del Cristianismo (1926-1931). Además, escribió novelas interesantes, como Niebla (1914), Abel Sánchez (1917) o San Manuel Bueno, Mártir (1933), y poemas de gran calidad y hondo sentimiento, como El Cristo de Velázquez (1920).

MONO Gatica. Nació en Villa Mercedes, San Luis, el 25 de mayo de 1925. Con una infancia dura, se crió lustrando zapatos en las calles de Constitución, en la Capital Federal. Aunque nunca se consagró campeón argentino ni peleó por el título mundial, en 1956, en pelea que no puso en juego la corona, se enfrentó al campeón del mundo Ike Williams, y perdió en el primer round. Se ganó con su particular forma de ser el amor incondicional de muchos y el desprecio de otros. Conocido es el duelo histórico que instauró con su gran rival Alfredo Prada, y que dividió al país en dos bandas claramente marcadas y enfrentadas. El "Mono" Gatica, que pasó de la nada a la gloria y de la gloria a la trágica muerte, murió el 12 de noviembre de 1963, a los 38 años, tras ser aplastado por un colectivo en Barracas.

NINI Marshall. Famosa actriz cómica, una de las más grandes figuras del espectáculo argentino. Su verdadero nombre era Marina Esther Traverso. Nació en Buenos Aires y se inició escribiendo la página de humor de la revista "Sintonía". Poco después, incursionó en la radio y compuso con su voz a Catita, una conventillera prepotente e indiscreta, a Cándida, una gallega bruta, a Doña Pola, a la Niña Jovita y a varios personajes más, todos ellos verdaderos arquetipos del comportamiento popular. Enseguida llevó sus caricaturas al cine, medio que la inmortalizó. "Mujeres que trabajan", de 1938, fue la primera de las 37 películas que filmó. Realizó también 5 obras teatrales y fue la presencia estelar de numerosos shows de televisión.

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Osvaldo Fresedo. Se lo conoció como "El pibe de la Paternal". Debutó en 1913 con un trío integrado por su hermano Emilio en violín y Martín Barreto en guitarra, en la localidad de Open Door. En Julio de 1916, se presentó en el Cabaret Montmartre acompañado por José Martínez y Francisco Canaro. En 1919 dirigió por primera vez una orquesta que actuó en el Casino Pigall y que formó con Julio De Caro, Juan Koller (Violin), José María Pizutti (Piano) y Hugo Baralis (Contrabajo). En 1920 sería conductor de una orquesta más pequeña: la típica Select, con Tito Roccagliata en Violín y Enrique Delfino en Piano, que grabó en los EEUU. Compuso Cielito mío, Sollozos, Pampero, Vida Mía, ¡Perdón Viejita!, Arrabalero, Tango Azul, El sexteto, Desde las Nubes, entre muchos otros. Su orquesta estuvo al servicio de Carlos Gardel, Agustín Magaldi, Ada Falcón, Pedro Vargas y Roberto Goyeneche. En 1928, su orquesta llegó a París y Nueva York, ciudades a las que volvería en 1930 y 1935, por esos tiempos empieza su fama internacional. Fresedo se contó entre los primeros que incluyeron temas de vanguardia, como los creados por Astor Piazzolla. Este brillante concertista de piano que tenía un modo particular de tocar el bandoneón, siguió actuando hasta 1981

Osvaldo Pugliese. Argentino. Pianista, director y compositor. Formo diversos conjuntos con el violinista Elviro Vardaro y Alfredo Gobbi. En 1939, debutó en el Nacional con su propia formación, de la cual era director, pianista y arreglador. Se destacan, entre otros, los siguientes tangos instrumentales: La Yumba, Negracha y Malandraca.

Pablo Podesta. Nació en Montevideo (Uruguay). Notable actor dramático, escultor, pintor y músico. Tocaba de oído guitarra, violín y violonchelo. Representó memorables papeles en "La piedra del escándalo"; “La montaña de las brujas” y “Muerte civil”. Falleció en Buenos Aires, turbada su razón, el 26 de abril de 1923.

Pascual Contursi. nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires en el año 1888. Trabajaba en una tienda de zapatos como vendedor y también manejando títeres. Comenzó como cantante agregándole letra a temas famosos, como por ejemplo “El flete” de Vicente Greco, ”El Matasanos” de Francisco Canaro. Pero recién se dio a conocer cuando le sumó letra al tango de Samuel Castriota, “Lita”, y le cambió el nombre a “Mi noche triste” que luego cantaría Carlos Gardel. Falleció en el Hospital de las Mercedes, enfermo de demencia, el 29 de mayo de 1932.

Pascual Maxera. Alrededor de los años 40 andar por la calle sin sombrero, era casi, como sentir que se iba desnudo, tal era la popularidad del "funyí".

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El "funyi a lo Maxera", como dice Homero Manzi en su "Milonga del 900". El sombrero Maxera fue creado y divulgado por Pascual Maxera, un genovés de las huestes garibaldianas que se afincó en Buenos Aires en 1862, fue Maxera quien comenzó a denominar funyi a su sombrero.

Pedro Laurenz. Nació en La Boca, Garibaldi 1335, el 10 de Octubre de 1902, como Pedro Blanco, hijo de Pedro Blanco y Rafaela Acosta. El apellido que utilizó profesionalmente, "Laurenz", lo tomó de sus medio hermanos mayores, ya que su madre había estado casada en primeras nupcias con un Señor Laurenz. Se inició en la música tomando clases de violín; en cuanto al bandoneón, fue autodidacta en su estudio. A los 15 años vivía en Montevideo y debutó a los 20, en el quinteto de Luis Casanova, en el “café Au Bon Jour”. El conjunto estaba integrado por Casanova (piano), Edgardo Donato, Roberto Zerrillo (violines), Eustaquio y Pedro Laurenz y Casanova (Bandoneones). Ya en Buenos Aires, Laurenz y Casanova formaron un cuarteto y poco después, el bandoneonista pasó a la orquesta de Roberto Emilio Goyeneche. Compuso el tango "El rebelde". Conoció entonces a Julio De Caro quien le ofreció remplazar a Luis Petrucelli, es él quien lo bautizó como Pedro B. Laurenz, el apellido de los medio hermanos, a los cuales De Caro conocía. A los 22 años ya era el segundo bandoneonista del sexteto de Julio De Caro. El 15 de abril de 1934, ya alejado de De Caro, debutó al frente de su orquesta en el “café Los 36 Billares”, en donde dieron una especie de versión moderna del decarismo.

Pedro Maffia. Bandoneonista, director y compositor. Nació el 28 de Agosto de 1900 en el barrio porteño de Balvanera. Se lo considera el máximo ejecutante de bandoneón. Se inició en 1913, pero su carrera profesional comenzó en 1916 en la orquesta de José Martínez. Al año siguiente se incorpora a la orquesta de Roberto Firpo, por mediación del guitarrista José Ricardo. En 1922 pasó al sexteto de Juan Carlos Cobián, prosiguiendo su labor cuando éste fue reemplazado por Julio De Caro, identificándose plenamente con la corriente revolucionaria del maestro. En 1926 formó su propio conjunto, un sexteto de línea evolucionada. Su tarea de compositor comenzó en 1920 con el tango "Pelele". Luego daría a conocer: "Triste", "Te perdono", "Caprichos locos", "Se muere de amor", "Abandono", "Amurado", "Arco iris", "A través de los años", "¡Bandoneón!", "Berretín", "Noches de reyes", "Organito de mi barrio", "Pura maña", "Sentencia", "Taconeando", "Tiny" y "Ventarrón" entre otros.

Raúl Gonzalez Tuñon, Argentino. Uno de los grandes poetas nacionales y de mayor influencia sobre las generaciones posteriores, en su obra

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confluyen la denuncia social del Grupo Boedo y el vanguardismo del Grupo Florida, especialmente en la variante del surrealismo. Recorrió el país y Europa. Después de trabajar en Crítica fue perseguido en los años 30 por su militancia comunista. A pesar de mantener diferencias con ellos, en los años 60, respaldó a los poetas jóvenes que, críticos de la ortodoxia partidaria, se nuclearon en la revista La Rosa Blindada, así llamada en homenaje a su libro homónimo. Entre sus obras se destacan Miércoles de ceniza (1928) y A la sombra de los barrios amados (1957).

Raúl Soldi, Pintor. En 1953 comenzó a pintar los murales de la iglesia de Santa Ana de Glew y en 1966 realizó la decoración de la cúpula del Teatro Colón. Adscripto al neoromanticismo, su obra figura en los museos de Buenos Aires, el Vaticano, Florencia y Milán.

Ricardo Piglia. nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires en 1941. Más tarde, en 1955 y debido a "una historia política, una cosa de rencores y odios barriales", su familia se mudó a Mar del Plata, en donde Piglia descubriría a Steve Ratliff ("un yanqui extraño"), el mar y el mundo literario. En 1967 apareció su primer libro de relatos, La invasión, premiado por Casa de las Américas. En 1975 publicó Nombre falso, un libro de relatos que ha sido traducido al francés y al portugués. En 1980 apareció Respiración artificial, de gran repercusión en el ambiente literario y considerada como una de las novelas más representativas de la nueva literatura argentina. Su siguiente novela Ciudad ausente, demoró doce años en aparecer. Basado en esta novela, Piglia elaboró en 1995 el texto de una ópera con música de Gerardo Gandini. Piglia recibió, en noviembre de 1997, el Premio Planeta por su novela Plata quemada. Junto a su obra de ficción, Piglia ha desarrollado una tarea de crítico y ensayista, publicando textos sobre Arlt, Borges, Macedonio Fernández, Sarmiento y otros escritores argentinos.

Roberto Arlt, Escritor, dramaturgo y periodista. Desde muy joven trabajó en periodismo, donde alcanzó amplia repercusión con su Aguafuertes porteñas, publicadas desde 1928 en el diario El Mundo. En estas columnas escribió sobre personajes y ambientes de Buenos Aires. En la década del 20 participó, aunque tangencialmente del Grupo Boedo, que postulaba un arte social. Su estilo de frases cortas, desordenado, directo y cargado de jerga popular, marco también un corte en la literatura argentina. La saga de Los siete locos (1929), Los lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932) lo ubica como uno de los mayores autores de nuestra literatura. Escribió también obras de teatro como Saverio, el cruel y Trescientos millones.

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Roberto Chanel. Intérprete y compositor nacido en el año 1914 en Buenos Aires. En 1937 comenzó a cantar en distintas radios, y a partir de 1944 se integró en la Orquesta de Osvaldo Pugliese como vocalista. En 1948, al separarse de la orquesta, se unió a Florindo Sassone y tiempo después, acompañado por la orquesta de Ángel Domínguez, trabajó como solista. Finalmente se integró a la orquesta de Joaquín Do Reyes. Como autor compuso “Hoy la espero a la salida”, “Escuchame Manón” y “Corrientes bajo cero”.

Roberto Firpo. Pianista, director y compositor. Nació el 10 de Mayo de 1884 en Las Flores, Pcia. de Buenos Aires, también en ésa ciudad nacía unas semanas después otra estrella del tango: Agustín Bardi. Después de éxitos y angustias continúa actuando en compañía de su hijo hasta la década del 60. El 14 de Junio de 1969, Don Roberto Firpo fallece.

Roberto J. Payro. Periodista, novelista, cuentista y dramaturgo argentino, nacido en Mercedes en 1867 y muerto en Lomas de Zamora (Buenos Aires) en 1928. Como periodista desempeñó una labor importante en La Nación de Buenos Aires. Muchos de sus artículos fueron recogidos en Los italianos en la Argentina (1895) y La Australia argentina (1898). Viajó a Europa como corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial. Su obra representa uno de los ejemplos más sobresalientes de la fusión culta y popular en las letras argentinas. Entre las novelas, conviene destacar El casamiento de Laucha (1906), novela corta que narra la historia de un pícaro criollo llamado Laucha, el cual finge su matrimonio con la propietaria de una tienda a la que arruina y luego abandona; y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910), en la que se narra la historia de la carrera política de un provinciano. Además, escribió novelas históricas como El falso Inca (1905), El capitán Vergara (1925) y El mar dulce (1927), en la cual trata sobre la vida del conquistador Juan Díaz de Solís. De su producción cuentística, sobresalen Pago chico (1908), conjunto de relatos que muestran la corrupción de los políticos de una ciudad provinciana; Violines y toneles (1908); Historias de Pago Chico (1920); y Nuevos cuentos de Pago Chico (1929), donde denuncia con humor la política y la administración del país. Entre sus obras dramáticas, conviene destacar Canción trágica (1900), Sobre las ruinas (1904), Marco Saveri (1905), El triunfo de los otros (1907), Vivir quiero conmigo (1923), Fuego en el rastrojo (1925), Alegría (1928) y el sainete titulado Mientraiga; estas dos últimas son obras póstumas

Roberto Rufino. Nació el 8 de enero de 1922, apodado "el pibe del Abasto" o "el pibe terremoto". En 1936 debutó profesionalmente en el café El

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Nacional en la orquesta de Francisco Rosse. Luego participó en la orquesta de Antonio Bonavena. En 1938 se incorporó a la orquesta de Carlos Di Sarli con quien grabó su primer disco. Sin abandonarla, integró en 1941 la orquesta de Alfredo Fanuele y en 1942 la de Emilio Orlando. Al año siguiente se lanzó como solista separándose de toda agrupación. Obtuvo éxito y llegó a grabar dos discos. Si bien continuó como solista hizo algunas participaciones en distintas orquestas, como por ejemplo en las de Francini en 1957, Pontier entre 1961 y 1962 y Aníbal Troilo entre 1962 y 1965, entre otras. Se dedicó también a lo melódico y se cambió el nombre, de Roberto Rufino pasó a ser Bobby Terré. Se presentó en radio El Mundo y grabó distintos discos, algunos con su nombre real y otros con el ficticio. Finalmente se decidió por ser tanguero y llamarse por su nombre real. El éxito de Roberto Rufino continuó hasta los últimos momentos. En 1997 fue declarado "ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires" y en 1998 "ciudadano ilustre de cultura Nacional". Falleció el 24 de febrero de 1999.

Rodolfo Walsh. Nació en 1927 en la localidad de Choele-Choel, provincia de Río Negro. Fue escritor, periodista, traductor y asesor de colecciones. Su obra recorre especialmente el género policial, periodístico y testimonial, con celebrados trabajos como Operación Masacre y Quién mató a Rosendo. Walsh es para muchos el paradigmático producto de una tensión resuelta: la establecida entre el intelectual y la política, la ficción y el compromiso revolucionario. El 25 de marzo de 1977 un pelotón especializado emboscó a Rodolfo Walsh en calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo. Walsh se resistió, hirió y fue herido a su vez de muerte. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito lo que sería su última palabra pública: la carta Abierta a la Junta Militar.

Samuel Castriota. Pianista, compositor y director nacido en 1890 en San Miguel, provincia de Buenos Aires. Debutó en el Café Royal en 1908 con un trío compuesto, además, por Francisco Canaro y Vicente Loduca. Anteriormente se presentaba en lugares o boliches de Barracas y La Boca. Su mayor éxito como compositor fue el tema llamado Lita, al cual Pascual Contursi le agregó la letra y le cambió el nombre por Mi noche triste. Tiempo después, en 1917, fue interpretado por Carlos Gardel. También fue autor de otros tangos como La yerra, El gorrión, Mi noche alegre, y Como quiera, pero ninguna de sus composiciones adquirió la trascendencia de Mi noche triste. Falleció el 8 de julio de 1932.

Tato Bores. El público lo conocía como Tato Bores, pero su verdadero nombre era Mauricio Borensztein. En 1957, Tato enfrentó por primera vez

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una cámara de televisión en el programa "Caras y Caretas" que se emitía por Canal 7. Empezó a hacer lo que sería su fuerte durante el resto de su carrera: los monólogos. Hizo reír con su particular estilo de relatar en clave de humor los avatares políticos del país. En 1961, el cómico debuta con su programa "Tato, siempre en domingo", por Canal 9. Logra con este ciclo introducir en la televisión un género que era hasta el momento un patrimonio de la revista porteña: el humor político, en el que se destacaba Pepe Arias, quien en la década del '50 trabó amistad con Tato en Radio Splendid y lo llevó a trabajar en esa emisora. "Tato, siempre en domingo" dura casi una década, entre 1961 y 1970. Poco a poco, la figura de Tato fue creciendo, hasta que su programa se convirtió en un clásico que acompañó a todos los gobiernos, criticando veladamente los hechos que siempre, por más serios que fueran, tenían desde la perspectiva que lograba darle el actor, un costado gracioso. Su clásica llamada al Presidente de la Nación se convirtió con el tiempo en un sello que firmaba sus programas.

Tita Merello. Cantante y actriz. Laura Ana Merello, nació en San Telmo el 11 de Octubre de 1904 y a los diez años ya trabajaba como boyero en una estancia de la provincia de Buenos Aires. En 1920, da los primeros pasos de su carrera, cuando pasa por la puerta del Teatro Avenida y ve un cartel que pide chicas que se menearan frente al público, entra y es aceptada en la obra "Las Vírgenes de Teres", a la que no le fue muy bien. Pero su éxito comienza cuando interpreta el Tango "Trago amargo". Debutó como actriz remplazando a Olinda Bozán en el papel protagónico de "El rancho del hermano". Se hace muy popular con el éxito del "Conventillo de la paloma". En los años ´30 popularizó dos rancheras: "Los amores en la crisis" y "Dónde hay un mango", ambas comentaban la situación económica. Filmó varias películas como "Morir en su ley" (1947), "Arrabalera" (1950), "Pasó en mi barrio" (1951), "Gaucho" (1953), y "Para vestir santos" (1955), pero su gran éxito fue "Los isleros".

Tito Lusiardo. Actor y bailarín. Nació en 1899. Tuvo gran éxito en las décadas del 30 y 40. Entre sus películas realizó varias con Gardel y mayormente con la temática del tango.

Vicente Greco. Nació el 3 de junio de 1886 en el barrio de Concepción, luego se mudó al barrio de San Cristóbal a una casa de inquilinato de la calle Sarandi 1356. Alguien llevó, alguna vez, una concertina a su casa y Vicente se enamoró del instrumento, que vino a ser el antecedente del bandoneón. En Greco la muerte llegó demasiado pronto, apenas tuvo tiempo de vivir. Sólo supo ser un grande en el tango. Falleció a los 38 años de edad, el 5 de

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octubre de 1924, en Bs. As., su obra termina con “Ausencia”, escrita poco antes de irse.

Vicente Loduca. Bandoneonista. En el año 1908 formó parte de un trío junto con Francisco Canaro (en violín) y Celeste Ferrer en piano o guitarra. En el año 1913 fue quién formó la primera orquesta típica criolla que fue presentada en París, era integrada por Eduardo Monelos (en violín) y Celestino Ferrer piano o guitarra, acompañados por (una pareja de baile) Casimiro y Marta Aín. En Francia grabaron cuarenta y seis tangos, debido al gran éxito que tuvieron, pudieron continuar con la gira en Nueva York . Luego regresaron a París y en 1914 viajaron a España . En 1916 regresa a Buenos Aires para formar una orquesta junto con Canaro, y al siguiente año su propia orquesta . Creador de los tangos "Alma atravesada", "Sacudime la p...ersiana", "El Argentino" (boquense) y "Chacarita". Después de un tiempo, se radica en Brasil y no se vuelven a tener noticias de él.

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Lunfardario
Explicación de Abreviaturas afer. apoc. drog. fr. Ing. lunf. pop. aféresis apócope de los drogadictos idioma francés. Idioma inglés. lunfardo lenguaje popular

Bacán (lunf.) hombre que mantiene a una mujer// persona que se da buena vida. Bandola (pop.) igual que bandoneón Berretín (lunf.) capricho, deseo vehemente, antojo. Biaba (lunf.) castigo a golpes. Cachafáz (pop.) pícaro, desvergonzado, atrevido. Cafiolo (lunf.) rufián, proxeneta, explotador de mujeres. Canguela (lunf.) individuo flojo y tímido// cobarde, pusilánime, ruin, de poco carácter. Canyengue (pop.) arrabalero. Chanta (lunf.) descarado, desvergonzado// informal, incumplidor// insolvente moral, persona que contrae deudas con las que no cumple. Curdela (lunf.) persona que le agrada embriagarse// borracho, ebrio. Escabiar (lunf.) beber, tomar bebida alcoholica. Faca (pop.) cualquier arma cortante, arma blanca. Fonda (pop.) casa de comida de ínfima categoría. Fueye (pop.) Soplón// (lunf.) acordeón, bandoneón Fulero (pop.) cosa fea // cosa mal hecha //cobarde, miedoso, felón. Garabito (lunf.) joven, mozo, muchacho. Garabos (lunf.) ídem garabito. Gasómetro (pop.) denominación dada al viejo estadio del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, ubicado en la avenida Boedo. Grapé (ing.) Uva. Laburo (lunf.) Trabajo. Lengue (lunf.) pañuelo de cuello Melange (fr.) alboroto, batifondo// artimaña, maquinación// confusión de cosas o ideas, mezcla confusa. Milonga (pop.) baile que precedió al tango y música que lo acompaña. Mistongo (pop.) arruinado// de poco valor// deslucido// humilde// insignificante, malo, venido a menos. Orejero (pop.) que toca de oído.

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Orillero (pop.) arrabalero; habitante de los suburbios de la ciudad// gente de mal vivir. Peringundines (lunf.) lugar de baile de dudosa moralidad // negocio de poca monta. Pinta (pop.) elegancia, distinción en el vestir. Porteño (pop.) natural y residente de Buenos Aires // en el interior del país persona que no saluda al pasar como se acostumbra en algunas provincias // en el interior adjetivo despectivo. Priorato (pop.) especie de vino de la zona de Cataluña. Pris (fr. Prisse) (drog.) pulgarada o uñada de cocaína. Pulpería (pop.) antiguo despacho de bebidas y almacén // sitio de reunión y juego de la gente del lugar Punga (lunf.) Apoc. de punguista. Robo como medio ordinario de vida; ratería o robo de objetos o dinero, hecho con maña y astucia; robo en que el ladrón saca los valores del bolsillo de la víctima. Rante (lunf.) Afer. de atorrante. Haragán, vago, poco afecto al trabajo. Rea (pop.) prostituta, mujer de vida aireada. Requintado (pop.) sombrero inclinado, o con el ala levantada o doblada, dejando la frente al descubierto. Sanata (pop.) forma intencionada de hablar confusamente// persona que habla mucho pero en realidad sin decir nada. Tachero (pop.) conductor de automóviles de alquiler con taxímetro. Taquera (lunf.) mujer perteneciente a un rufián. Taura (lunf.) Audaz. Tertulia (pop.) platea alta en cine o teatro. Trinchieri (pop.) poderoso reconstituyente que estimulaba el apetito. Yuta (lunf.) personal policial

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No son todos los que son ...
CAFÉ Abdullah Club Armenonville Bar Alegría Bustamante Bar Argentino Bar Atenas Bar de la Negra Carolina Brown Bar de Rosendo Bar El Almacén Bar El Chino Bar Roma Bar Sur Café ABC Café Apolo Café Argos Café Bar El Progreso Café bar La Perla Café Biarritz Café Brasil – Los Inmortales Café Británico Café Cuadro Quinto Café de Antonio Café de Benigno Café de García Café de la Amistad Irigoyen Café de la Ribera Café de las Orquídeas Café de los Angelitos Café de los Loros Café de los Negros Café de los Portones Café de Rioja Y Salcedo Café del Estribo Café del Plata Entre Ríos 700 Rivadavia entre Tacuarí e H. Irigoyen Pedro de Mendoza 1879 Artigas y Yerbal Rivadavia y Rincón Corrientes y Medrano Suárez y Brandsen Frente al Zoológico Corrientes y Esmeralda Matheu 812 Beazley 3566 Almirante Brown y Olavaria Estados Unidos 299 Córdoba y Canning Corrientes 1300 Lacroze y Alvarez Thomas Montes de Oca 1700 Pedro de Mendoza 1899 Boedo 868 Corrientes y Suipacha Brasil y Defensa Sin ubicación Inclán entre Loria y Liniers La Rioja 1920 Pedro Varela y Sanabria Rivadavia entre Tacuarí e H. Corrientes y Canning Canning y Santa Fe Pedro de Mendoza y Almirante UBICACIÓN Galería Güemes Libertador y Tagle Corrientes entre Billinghurst y

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Café del Viejo Anyulía Café Domínguez Café Don Juan Café El Aeroplano Café El Argentino Café El Augusto Café El Banderín Café El Caburé Café El Capuchino Café El Centenario Café El Dante Café El Dante Café El Estaño Café El Federal Café El Foro Café El Guaraní Café El Japonés Café El Miramar Café El Nacional Café El Pasatiempo Café El Pelado Café El Telégrafo Café El Trianón Café El Vasco Café El Venturita Café Gerard Café Iglesias Café La Academia Café La Buena Medida Café La Cabildo Café La Coruña Café La Cuyana Café La Fragata Café La Glorieta Café La Helvética Café La Humedad Café La Nueva Andaluza Café La Paloma

Villa Ortúzar Corrientes 1537 Camarones y Condarco San Juan y Boedo San Juan y Loria Almirante Brown 861 Guardia Vieja y Billinghurst San Juan y Pasco Boedo y Carlos Calvo Avenida de Mayo 1300 Almirante Brown entre Suárez y Necochea Boedo 745 Corrientes 1302 Carlos Calvo 599 Corrientes y Uruguay Corrientes y Esmeralda Boedo entre San Juan y Carlos Calvo Sarandi 1190 Corrientes y Carlos Pellegrini Barracas Entre Ríos y Moreno Corrientes 1300 Corrientes y Dorrego Barracas Corrientes y Serrano Corrientes y Florida Corrientes 1500 Callao 336 Caboto y Suárez Corrientes y Esmeralda Bolívar 982 Olivera y Rivadavia Corrientes y San Martín Corrientes y San Martín Gaona y Boyacá Camarones 1400 Alberdi y Culpina

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Café La Paloma Café La Paz Café La Perla Café La Perla Café La Pichona Café La Popular Café La Real Café La Reforma Café Los 36 Billares Café Los Andes Café Los Pinos Café Moderno Café O`Rondeman Café Oviedo Café Pernambuco Café Rafeto Café Roma Café Royal Café San Bernardo Café Seddon Café Suárez Café Tango Bar Café Tarzán Café TVO Casino Pigall Chantacuatro Chantecler Confitería La Richmond De la Comedia De la Victoria De los Catalanes De los Trucos De Marco De Martín Del Cisne Del Gas El Molino El Pedigree

Juan B. Justo y Santa Fe Corrientes y Montevideo Pedro de Mendoza y del Valle Iberlucea Rivera Indarte y Rivadavia Pavón entre Rincón Y Pasco Suárez y Necochea Corrientes y Talcahuano Avenida de Mayo al 1200 Rodríguez Peña y Corrientes Corrientes 5500 Agüero y Humahuaca L. de la Torre y Avenida de los Corrales Rodríguez Peña y Corrientes Corrientes y Paraná Estados Unidos y Boedo Suárez y Necochea Corrientes entre Acevedo y Gurruchaga Defensa 695 Corrientes y Maipú Corrientes 1269 Corrientes al 5500 Montes de Oca e Iriarte Maipú entre Corrientes y Sarmiento Anchorena y Carlos Gardel Paraná 440 Corrientes y Florida Frente a la Iglesia de la Merced Bolívar y Victoria Cangallo y San Martín Recova Nueva Bolívar y Alsina Sin ubicación Sarmiento y Carlos Pellegrini Rivadavia y Esmeralda Rivadavia y Callao Santa Fe y Serrano

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El Querandí El Tambito – Kiosco Casares Café Francés El Tortoni El Velódromo Glorieta La Florida L’Abbaye La Godet La Ideal La Martona La París Las Violetas Lechería de Don Simón Lechería La Pura Lo de Hansen – Café Tarana Maipú Pigall Montmartre Pabellón de las Rosas Palais de Glace Plaza Dorrego Pulpería La Antigua Blanqueada Royal Pigall Salón Rodríguez Peña Salón Villa Crespo Tabarín Tabarís Tambo Tambo

Moreno y Perú Av. Casares en los bosques de Palermo Avenida de Mayo al 800 Sarmiento y Casares Esmeralda 556 Cangallo y Suipacha Suipacha y Corrientes Rivadavia entre Billinghurst y Mario Bravo Corrientes y Maipú Rivadavia y Medrano Venezuela y Castro Barros Corrientes entre Serrano y Gurruchaga Parque Tres de Febrero Maipú entre Corrientes y Sarmiento Corrientes 1436 Alvear y Tagle Libertador y Schiaffino Defensa 1098 Roca y Sáenz Corrientes y Esmeralda Avenida Triunvirato Suipacha 580 Corrientes 865 Medrano 45 Virrey Liniers 47

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Bibliografía

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Medios Electrónicos consultados
Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio Sitio de de de de de de de de de de Internet Internet Internet Internet Internet Internet Internet Internet Internet Internet “almargen.com.ar” “argentinidad.com” “casantigua.com.ar” “ciudad.com.ar” “clubdeltango.com.ar” “deboedovengo.com” – Boedo, Tango y Cultura. “elportaldeltango.com.ar” “facurbana.com” “paralelo35.com” “todo-argentina.net”

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