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LA ADVERTENCIA DE ABDÍAS

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El profeta Abdías da una advertencia para los creyentes sobre el futuro...
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LA ADVERTENCIA DE ABDÍAS: UN MENSAJE PARA HOY
¿Qué tiene que ver la soberbia de una persona contra Dios y su odio hacia el pueblo judío e Israel? ¿Tendrán alguna relación entre sí? ¿Por qué advierte Dios que enviará juicio y destrucción sobre aquellos que demuestran odio hacia el pueblo judío? ¿Qué tiene que decirnos el profeta Abdías sobre este tema? ¿La advertencia del juicio de Dios para aquellos que se levantan contra Israel aplica a otras naciones hoy día? ¿Cómo deben responder los cristianos a esta amonestación? El profeta Abdías escribió el libro más corto en las Escrituras Hebreas (Antiguo Testamento). La temática de su libro es el juicio y la destrucción total de Edom debido a su orgullo y arrogancia, sumado a su odio y persistentes ataques contra Israel. En el resumido escrito, Abdías habla acerca del juicio de Dios contra los gentiles incrédulos quienes oprimían la nación de Israel. También enfatiza la gracia y fidelidad de Dios hacia Israel. Este mensaje doble es hilvanado a través de todos los libros proféticos de la Biblia. ¿Cuál es la razón de que Dios proteja a Israel con tanto cuidado como lo hace la gallina con sus polluelos? ISRAEL: UN PUEBLO Y UNA TIERRA ESCOGIDA POR DIOS Antes de que podamos exponer más referente al libro de Abdías, es esencial que comprendamos la relación que existe entre la tierra de Israel y el pueblo judío. Dios ha diseñado unos planes y propósitos, tanto con el uno como con el otro. El plan de Dios, desde la caída del hombre y de la mujer en el Jardín de Edén, ha sido el de proveer para su redención. El libro de Génesis nos da un cuadro claro respecto a este plan, y el resto de las Escrituras complementan y añaden detalles al plan a medida que progresa el tiempo. Central en este plan redentor de Dios está un hombre y un pueblo (Abraham y sus descendientes), además de una tierra (Israel). Cuando Dios llamó a Abraham para su tarea especial, le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gén. 12:1-3). Este pacto no fue uno temporero. Dios seleccionó un pueblo y luego les entregó el título eterno de propiedad a la tierra de Canaán, la cual pertenece a Dios (Lev.
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23:25). Su promesa es tan segura y perdurable como el sol que brilla de día y la luna de noche (Jer. 31:35-36). Los hijos de Israel fueron seleccionados para: 1) ser testigos de la bendición en servir al único y verdadero Dios; 2) recibir, conservar y transmitir la Palabra de Dios, la Biblia; y 3) ser el canal humano por el cual nos llegaría el Mesías. Todo ésto ocurriría en la tierra de Israel. Todas las “bendiciones y maldiciones” de Deuteronomio 28 tienen que ver con la calidad de vida dentro de la tierra, pero no con su derecho a la tierra. Las Escrituras expresan claramente que el pacto y las promesas serían transmitidas a los hijos de Abraham por Isaac, y no por Ismael (Gén. 17:18-21). Tampoco serían cumplidas por los otros hijos de Abraham (Gén. 25:5-6), ni por el hermano gemelo de Jacob, Esaú (Gén. 36:6-9). Dios le concedió a Ismael una bendición territorial, y a los otros hijos de Abraham y a Esaú, pero nada tenía que ver con la tierra de Canaán (cuyo nombre luego cambió el Señor a Israel). En los versos de Génesis 12:1-3, vemos que Dios prometió a Abraham no tan sólo bendecir a sus descendientes y, por consiguiente, al mundo entero, sino que también prometió proteger sobrenaturalmente a Su pueblo dentro de su tierra. Incluído en ese pacto, Dios juró bendecir a los que se unieran a Dios en esta empresa, y maldecirá a los que se le opongan. Tal parece que Dios ha hecho de Israel un instrumento de medida para evaluar el entendimiento de las naciones respecto al plan global de Dios. Hemos visto cómo algunas naciones se han sometido humildemente a Dios y a Su Palabra, han comprendido Su plan, y también se han esforzado por bendecir a Israel y al pueblo judío. Por otro lado, hay otras naciones que han levantado un puño arrogante en el rostro de Dios, han menospreciado Su mensaje, y se han arremetido contra Su pueblo y contra Su tierra. Ambas cosas están íntimamente relacionadas, tanto a nivel individual como a nivel nacional. ¡AY DE LOS EDOMITAS! El breve mensaje de Abdías se dirigía a los edomitas por su orgullo y arrogancia, lo cual manifestaban en forma de odio hacia el pueblo judío, su hermano. ¿Cuándo proclamó Abdías su mensaje? Es muy importante conocer la fecha en que se escribió esta palabra profética para comprenderla mejor. Lo más probable es que este libro fuera escrito durante el reinado de Joram en Judá, hijo de Josafat, alrededor de 840 a.C. (2 Reyes 8:16). Los profetas Jeremías, Joel y Amós pronunciaron palabras similares a las de Abdías. De hecho, cuando Jeremías profetizó contra Edom (Jer. 49), utilizó muchas de las propias palabras del profeta Abdías. La animosidad de los edomitas hacia los israelitas tiene una historia muy antigua y
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amarga. ¿Quiénes fueron los edomitas? Los edomitas eran los descendientes de Esaú (quien también se llamaba Edom). La lucha que se desató entre los hijos de Esaú y los hijos de Jacob, los israelitas, surgió cuando ambos aún se encontraban en la matriz de su madre Rebeca. Años más tarde, cuando Esaú padecía una fuerte hambre, vendió su primogenitura a Jacob por un plato de guiso rojo o lentejas (Génesis 25:27-34), lo que condujo a más fricción entre los hermanos. Finalmente, Esaú fue a vivir a una tierra distinguida por su piedra rojiza llamada Seir, al otro lado del valle de Arabá y sureste del Mar Muerto. En este momento inicial, Dios lo bendijo grandemente. Génesis 36:6 nos dice, “Y Esaú tomó sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y todo cuanto había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra, separándose de Jacob su hermano. Porque los bienes de ellos eran muchos; y no podían habitar juntos, ni la tierra en donde moraban los podía sostener a causa de sus ganados. Y Esaú habitó en el monte de Seir; Esaú es Edom.” Con el paso del tiempo, la rivalidad fue en aumento. Cuando finalmente los israelitas salieron de Egipto con Moisés, casi 400 años después, Edom les rehusó paso a través de su tierra en camino a la Tierra Prometida. Moisés les envió un mensaje muy respetuoso recordándoles su parentesco y pidiéndoles permiso para atravesar Edom por el Camino Real. Prometió no tomar sus aguas ni atropellar sus sembrados (Núm. 20:1417). Sin embargo, el rey edomita le respondió a Moisés con palabras hostiles, “No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado” (v. 18). Nuevamente, Moisés escribió una carta, y solicitó humildemente pasar por el camino principal, y que les pagaría por cualquier agua que tuvieran que utilizar. Otra vez los edomitas respondieron que no. En esta segunda ocasión, salieron contra los israelitas “con mucho pueblo, y mano fuerte” (v. 20). En tiempos posteriores, Saúl, David, Joab y Salomón también tuvieron problemas con los hijos de Edom. Durante el reinado de Josafat, Edom se unió a los amonitas y los moabitas en un ataque contra Judá, pero perdieron la batalla y fueron subyugados por Israel (2 Crón. 20:1-30). Bajo el reinado de Jorám, hijo de Josafat, Edom se rebeló contra Judá y estableción su reino nuevamente. Continuó sus ataques contra Judá durante los reinos de Amasías y Acaz. Finalmente, cuando los babilonios atacaron a Judá en 586 a.C., Edom alentó a Babilonia para que destruyera a Jerusalén.
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Otros 80 años después, los nabateos, tribu árabe que construyó la ciudad de Petra, echaron a los edomitas de la región. Muchos de ellos se movieron hacia el occidente y terminaron en las tierras al sur de Judea, llamado en ese entonces “Idumea” por los griegos. Luego, durante el imperio romano, el rey Herodes (quien era idumeo, o edomita) fue puesto sobre el trono de Israel. Los romanos sabían que Herodes sería parcialmente aceptado por los judíos por causa de su conexión patriarcal, pero que tampoco sería aceptado del todo. Como los judíos detestaban a Herodes, los romanos no tenían que preocuparse de que Herodes fuera a dirigir una rebelión judía contra el Imperio. Tan efectivo fue este plan, que el emperador permitió a Herodes y su familia mantener control sobre el trono judío, a pesar de que realmente no les perteneciera. La derrota de los edomitas/idumeos llegó junto con la de los judíos y con la destrucción de Jerusalén por Roma en 70 d.C. El general Tito los arrasó casi por completo, logrando escapar muy pocos de ellos. Al igual que sobrevivió el odio de los amalecitas, de quienes descendía Hamán en los tiempos de Ester, la semilla del odio de estos edomitas indudablemente ha sido guardado en el corazón de sus descendientes. Está difícil comprobar quiénes son los descendientes directos de los edomitas, pero podemos ver ese mismo odio en el corazón de los actuales enemigos de Israel. EL MENSAJE DE ABDÍAS Ahora que tenemos el trasfondo histórico, veremos más de cerca el mensaje de Abdías. Este libro comienza con un mandato de Dios a las naciones concerniente a Edom: “Levantaos, y levantémonos contra este pueblo en batalla” (v. 1). A Edom le dice, “He aquí, pequeño te he hecho entre las naciones; estás abatido en gran manera. La soberbia de tu corazón te ha engañado...” (vs. 2-3). Tal parece que su opulencia y su elevación montañosa no podría protegerlos del juicio inevitable de Dios. Dios le dice a Edom que sería totalmente destruida. Les dice que un ladrón no lo hurta todo, y que aún los que cosechan la vid dejan algunas uvas en la planta, pero la destrucción que haría el Señor sería completa (v. 5). De hecho, Dios dice que serán sus propios aliados quienes los echarán (v. 7). Podemos ver el cumplimiento histórico de esta profecía cuando los nabateos llegaron a Edom, se acercaron a ellos como aliados, pero luego los traicionaron y los echaron de la tierra hacia el desierto del Néguev.

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¿Cuál fue el pecado de Edom que provocó este nefasto desenlace? Fue su odio contra Israel. “Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás cortado para siempre” (v. 10). ¿A qué se refiere este verso por “injuria”? Además de su maltrato contra Moisés y los hijos de Israel, los edomitas dirigieron una campaña militar incesante desde la época de Saúl hasta los tiempos de Josafat. El verso 11 dice que, cuando Jerusalén se encontraba bajo el ataque babilónico, Edom era “como uno de ellos” porque no les ayudaron. La amonestación de Dios se encuentra en los versos 12-14: “Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia.” El final destructivo de la palabra profética de Abdías a los edomitas pudo haber sido evitado. Si le hubieran prestado atención, pudo haber resultado en su salvación en lugar de su condenación. El verso 8 utiliza la frase “en aquel día”. Estas palabras siempre distinguen una profecía respecto a algo que ocurrirá en el futuro. En este caso, se refería a la destrucción de Edom. Dios les dijo cómo podrían evitar el castigo. Aunque Babilonia recibiría su propio juicio, Dios envió una amonestación a Edom por medio de Abdías para que se abstuviera de sus acciones contra Israel. Sin embargo, en lugar de cambiar de actitud, hicieron caso omiso a la advertencia de Dios, y atacaron a Israel vez tras vez. Se unieron a Babilonia, lo que condujo a su inminente desaparición. Dios siempre le ofrece al pecador, por más rebelde que sea, una salida a su dilema y una oportunidad para arrepentimiento. Pero éste tiene que tomar una decisión por abandonar su rebeldía. Jesús conocía que Judas le iba a traicionar luego de la famosa “cena final” de Pascua, pero entendemos que le concedió el asiento más honroso en la mesa: junto a Él. Personalmente, creo que lo hizo así para demostrarle a Judas que lo amaba a pesar de sus malas intenciones hacia Él. Judas pudo haber cambiado su plan de acción, pero endureció su corazón y luego entregó al Señor. De la misma manera, aunque Dios reprobaba el pecado de los edomitas, y les avisó de que ciertamente juzgaría lo que hacían contra Israel, no le escucharon. Como
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decidieron rebelarse contra Dios, el juicio y la destrucción consecuente recayeron sobre sus propias cabezas. A pesar de la actitud endurecida de los edomitas hacia Israel, Dios le dijo a los israelitas en Deuteronomio 23:7, “No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano...” Ésta era la actitud de Jesús hacia Judas, y debería ser la nuestra hacia aquellos que deciden ser nuestros enemigos. ¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE ÉSTO PARA NOSOTROS HOY DÍA? Aunque los eventos descritos en las Escrituras se desarrollan dentro de un preciso momento histórico, a menudo son patrones de eventos que se repiten vez tras vez. Lo que sucedió con un pueblo en un momento dado podría ocurrir nuevamente con futuras generaciones. La humanidad realmente nunca cambia, y la repetición de eventos similares es inevitable. Este estudio del libro de Abdías demuestra cómo algunas porciones bíblicas, que casi no leemos hoy día porque se refieren a épocas pasadas, toman vida y son tan actuales como cuando fueron pronunciadas por primera vez. Debemos leer este libro profético a la luz de los eventos en nuestros días, concientes de que los principios de Dios nunca cambian. Este libro, un sólo capítulo, es una advertencia a todas las naciones de que no deben rebelarse contra Dios ni contra Sus planes con Israel. Ciertamente, Dios no dice que Israel sea perfecto ni que sus habitantes son todos santos, sino que también el pueblo judío deberá seguir Sus preceptos para continuar recibiendo Su bendición plena. Debemos orar por Israel, de modo que el pueblo judío pueda continuar habitando la tierra de acuerdo con la Palabra de Dios. No seamos juez y jurado de Israel, como algunos quisieran serlo. Ninguno es suficientemente justo como para lanzar la primera piedra, ya que tanto nuestros hogares como nuestras iglesias están llenas de personas imperfectas. Sin embargo, Dios todavía nos ama. Israel también es amado por Dios y, en Su misericordia, ha deseado traerlos de regreso a su tierra. A través de Su trato con Israel, Dios proclama un mensaje claro acerca de Su fidelidad, un mensaje vital para el propio pueblo de Israel y para las naciones quienes son testigos de estos eventos. (Favor leer Ezequiel 36.) La amonestación de Dios contra actitudes hostiles hacia Israel aplica tanto a las naciones árabes, las africanas, las europeas, las asiáticas y las suramericanas como a los Estados Unidos de América...ninguna nación está exenta. Cada nación deberá unirse al equipo de Dios, comprender Su Palabra respecto a Israel hoy día, y participar en la reconstrucción de Sion. Ni los gobiernos ni los medios noticiosos

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deben encontrarse luchando contra Israel, como observamos que lo hacen muchos durante este presente conflicto entre Israel y los palestinos. Ésto también es cierto respecto a los cristianos. No seamos como los edomitas, porque los cristianos también somos parientes de Israel como hijos adoptivos por Abraham. Somos sus hermanos, y entendemos que los judíos “son amados por causa de los padres” (Rom. 11:28b). Debemos demostrarles nuestro amor y misericordia, en lugar de perpetuar el odio y la persecución de siglos pasados. A lo largo de todas las Escrituras, Dios ha dicho que bendecirá a quienes bendicen a Israel, y maldecirá a quienes maldicen a Israel. La historia ha demostrado que ésta es una promesa que Dios siempre cumple. Dios está actualmente reedificando a Sion. Ha extendido un llamado a las naciones del mundo y a Su Iglesia para unirse a Su plan profético. Posiblemente, los únicos amigos que tendrá Israel en estos tiempos serán los cristianos genuinos y verdaderos. El Espíritu Santo de Dios desea derribar las paredes de división y enemistad entre ambos pueblos, para hacer de ambos, un sólo cuerpo espiritual (Ef. 2:14-16). Oremos por la paz de Jerusalén, por nuestras propias naciones y por la Iglesia alrededor del mundo, para que entendamos lo que Dios quiere que hagamos en bien del pueblo judío. A medida que se acerca la venida del Mesías, alcanzaremos la bendición plena de Dios para nuestras propias vidas y para la Iglesia. La palabra que pronunció el profeta Isaías acerca de Israel, luego de haber restaurado a la nación, dice, “Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia. Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes” (Isaías 60:10-12). De la misma manera en que la soberbia de una persona contra Dios está estrechamente vinculada a odio hacia el pueblo judío, así también se relaciona el amor de una persona por Dios y, a la vez, por Israel. Póngase del lado de Dios en todas las áreas de su vida, incluyendo su actitud respecto a Israel y el pueblo judío. Sea parte del equipo ganador de Dios. ¡Sea amigo de Israel y del pueblo judío!

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