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Nunca Fuimos Modernos – Apuntes

La proliferación de los híbridos y su denegación (Pág. 11 a 13):


Característica del “pensamiento moderno”: Presencia, extensión e inevitabilidad
de los híbridos y su simultánea denegación (no se “niega” explícitamente su
existencia sino que se hace “como si” no existieran).

Red:
la noción de traducción o de red (es) más moldeable que la noción de
sistema, más histórica que la noción de estructura, más empírica que la
noción de complejidad, la idea de red es el hilo de Ariadna de estas
historias entretejidas. Pág. 14

Ahora bien, no podemos jugar con dos barajas. O bien las redes que con
mis colegas de los Sciences Studies hemos diseñado en verdad no
existen y los críticos tienen razón les marginan o les segmentan en tres
conjuntos bien distintos hechos, poder y discurso; o bien las redes son
tales como las hemos descrito y ciertamente cruzan las fronteras de los
grandes señoríos de la crítica: no son ni objetivas ni sociales, ni son
efectos de discurso a pesar de que son reales y colectivas y
discursivas.(...)Si, en efecto, los hechos científicos son construcciones,
pero no pueden reducirse a una dimensión social porque esta dimensión
también está poblada de objetos movilizados para su fabricación. (...)El
agente de esta doble construcción ciencia con sociedad y sociedad con
ciencia, surge de una serie de prácticas que la noción de deconstrucción
capta de la peor manera posible. El agujero de ozono es demasiado
social y demasiado narrado como para ser algo auténticamente natural;
las estrategias de las empresas y de los jefes de estado están
demasiado llenas de reacciones químicas como para que puedan ser
reducidas a poder y al interés; el discurso de la ecosfera es demasiado
real y demasiado social como para poder rebajarlo a simples efectos de
significado. ¿Es acaso nuestra culpa que las redes sean a la vez
reales, como la naturaleza, y narradas, como los discursos, y
colectivas como la sociedad? Pág. 19

La complejidad no es abstracta sino justamente el reconocimiento de la


multidimensionalidad de lo “concreto”: La “tara epistemológica”. La crítica
aceptó (¡acriticamente!) las grandes casillas divisorias pero introdujo un signo
distinto a las concepciones aceptadas.

Nuestra vida intelectual está decididamente mal construida. La


epistemología, las ciencias sociales, las ciencias del texto tienen todas
un punto de mira reconocido, pero a condición de mantenerse
separadas. Si las criaturas tras las que vamos cruzan los tres espacios,
ya no se nos entiende. Presentad ante las disciplinas establecidas una
fina red sociotecnológica, unas bonitas traducciones, y el primer grupo
extraerá nuestros conceptos y arrancará las raíces que puedan
conectarlas a la sociedad o a la retórica; el segundo grupo borrará las
dimensiones sociales y políticas y purificará nuestra red de cualquier
objeto; y, finalmente, el tercer grupo retendrá de nuestro trabajo el
discurso y la retórica pero lo purgará de toda indebida adherencia a la
realidad _horresco referens_ o a los juegos de poder.(...) El hecho de
que una misma lanzadera haya tejido conjuntamente el cielo, la
industria, los textos, las almas y la ley moral es algo que resulta
insondable, impensable, indecoroso. (Pág. 17_18)

1989 bisagra, clara visibilización de la fisura. Reacciones a la pérdida de ilusión


moderna: modernos, antimodernos, posmodernos Pág. 23 ¿y si acaso nunca
fuimos modernos?

Esta falta de fe en que nuestras mejores intenciones estuvieran bien


fundadas ha impulsado a algunos de nosotros a convertirnos en
reaccionarios en una de estas dos formas: no hay que querer poner fin a
la explotación del hombre por el hombre, dicen los unos; no hay que
tratar de dominar la naturaleza, dicen los otros. Seamos resueltamente
antimodernos, dicen unos y otros. Por otro lado, una indefinida expresión
de posmodernismo resume de un modo claro el escepticismo incompleto
de aquellos que rechazan estas dos reacciones. Incapaces de creer las
dobles promesas del socialismo y del “naturalismo”, los posmodernos se
cuidan también muy bien de no rechazarlas plenamente. Permanecen
suspendidos entre la creencia y duda, en espera del fin del milenio.
Por último, aquellos que rechazan el oscurantismo ecológico o el
oscurantismo antisocialista, y que no se siente satisfechos con el
escepticismo de los posmodernos deciden continuar como si nada
hubiera cambiado: tratan de permanecer resueltamente modernos.
Continúan creyendo en las promesas de la ciencia o en la emancipación
o en ambas. Sin embargo, su fe en la modernización suena algo falsa
(...) La voluntad de ser moderno parece vacilante y, a veces, incluso,
estar fuera de moda.
Seamos antimodernos, modernos o posmodernos a todos se nos llama a
capítulo ante la debacle por partida doble del año 1989.

¿Qué es ser moderno?

Volviendo sobre nuestros pasos tenemos que repensar la


definición de la modernidad, interpretar los síntomas de la
posmodernidad y comprender porqué ya no nos comprometemos
en cuerpo y alma en la doble tarea dela dominación y la
emancipación. (...)
La hipótesis de este ensayo es que el término “Moderno” designa
dos conjuntos de prácticas completamente distintos que, para
poder seguir siendo eficaces, deben mantenerse diferenciados,
pero que hemos empezado últimamente a confundir. El primer
conjunto de prácticas crea, por “traducción”, mezclas de géneros
de seres enteramente nuevos, híbridos de naturaleza y de cultura.
El segundo crea por purificación, dos zonas ontológicas
completamente diferenciadas, la de los seres humanos por un
lado, la de los no-humanos por el otro. Sin el primer conjunto, las
prácticas de purificación serían improductivas o serían inútiles.
Sin el segundo, el trabajo de traducción quedaría ralentizado,
limitado o incluso descartado. El primer conjunto corresponde a lo
que he llamado redes, el segundo a lo que denominaré la postura
crítica moderna. El primero por ejemplo, enlazaría en una cadena
continua la química de la alta atmósfera, las estrategias científicas
e industriales, las preocupaciones de los jefes de estado, las
angustias de los ecologistas; el segundo fijaría la división entre el
mundo natural que siempre ha estado ahí, la sociedad con unos
intereses y apuestas previsibles y estables, y un discurso
independiente tanto del referente como de la sociedad. (Pág. 25).
Mientras se considere estas dos prácticas de traducción y
purificación por separado seguiremos siendo propiamente
modernos, es decir nos estaremos suscribiendo de todo corazón
al proyecto crítico, aunque este proyecto sólo se desarrolle
mediante la proliferación por debajo de híbridos. En cuanto
dirigimos nuestra atención simultáneamente al trabajo de
purificación y al de hibridación, cesamos inmediatamente de ser
enteramente modernos, y nuestro futuro empieza a modificarse.
Pero también cesamos inmediatamente de haber sido modernos,
puesto que retrospectivamente tomamos conciencia de que los
dos conjuntos de prácticas han estado siempre operando en el
período histórico que esta finalizando. Así nuestro pasado se
modifica también. En fin, si nunca hemos sido modernos de la
forma, al menos, que nos lo cuenta la crítica, las tortuosas
relaciones que hemos mantenido con las otras naturalezas-
culturas también se quedarán transformadas. El relativismo, la
dominación, el imperialismo, la falsa conciencia, el sincretismo,
todos los problemas recogidos en la expresión “la gran fractura”
tendrán que ser explicados de otro modo (...) (Pág. 26)

Este “bucle” temporal que nos lleva a reconsiderar y reconstruir el


pasado es fundamental puesto que tiñe toda tarea de pensamiento
contemporáneo que pretenda dar cuenta a la vez de las prácticas y los
discursos, de su autonomía ligada que exige una perspectiva
multidimensional y fluida. Al ubicarnos en otro nivel de “zoom cognitivo” y
al mismo tiempo ser conscientes de esto (de nuestra inevitable ubicación
en el espacio-tiempo) tenemos una doble exigencia: dar cuenta del
“pasado” desde la perspectiva en que este fue construido-narrado-vivido
dejando en claro que así es como resulta a partir de nuestra forma de
configurarlo.
No sólo nuestra cartografía no se corresponde con la del “pensamiento
moderno legitimado” sino que además nuestra forma de cartografiar y
nuestra teoría cartográfica son también diferentes (es más nosotros
admitimos una multiplicidad de cartografías válidas) por lo cual
construcción intelectual que pretenda ubicarse más allá de las fronteras
del pensamiento moderno (o entre, o abajo, o simplemente
atravesándolas) deberá dar cuenta simultáneamente de su nueva
cartografía y de cómo transforma el discurso sobre el pasado (o más
explícitamente como “crea” otro pasado) sin por ello “arrasar” con él y
borrarlo. Paradoja del “punto de vista”: diacrónicamente es la paradoja
del historiador, sincrónicamente es la paradoja de del etnógrafo y en el
pensamiento complejo la paradoja del punto de vista móvil.

Paradoja de los Modernos: cuanto más prohibimos la concepción


de los híbridos más se posibilita su proliferación. Esta es la
paradoja de los modernos.
Capítulo II:

La trampa del “Dualismo Moderno”: es completamente asimétrico, puesto que


prácticamente opera como un Monismo y si lo precisa recurre a la Trinidad para
fundamentarse “mejor”.

Se define a menudo la modernidad mediante el humanismo, sea para


saludar el nacimiento del “hombre”, sea para anunciar su muerte. Ahora
bien, esta costumbre es en sí misma moderna, ya que como tal es
asimétrica. Pasa por alto el nacimiento simultáneo de la “no-humanidad”
– las cosas, los objetos, los animales- y la no menos extraña aparición
de un Dios suprimido, fuera de juego. La modernidad surge de la
creación conjunta de estas tres entidades, y el posterior
enmascaramiento de este nacimiento conjunto y el tratamiento por
separado de estas tres comunidades mientras que, por debajo, los
híbridos continúan multiplicándose como resultado de este mismo
tratamiento conjunto.

Constitución: semeja la noción de Cosmovisión. Establece las distinciones y las


definiciones fundantes: lo humano y lo no humano, sus propiedades, relaciones
y agrupaciones.

Demarcación Ciencia/Política Pág. 33

No concebimos la política como algo exterior a la esfera científica y que podría,


de alguna forma, marcarse sobre ella. La comunidad experimental [creada por
Boyle] ha luchado, precisamente, por imponer dicho vocabulario de la
demarcación, y nosotros nos hemos escorzado en situar históricamente este
lenguaje así como en explicar el desarrollo de estas nuevas convenciones de
su discurso. (...)
Es precisamente el discurso que permite concebir la política como algo exterior
a la ciencia lo que buscamos comprender y explicar.
Esta cosa que se llama “ciencia" no tiene ninguna demarcación que se pueda
tomar como uña frontera natural (Pág. 342).
Lejos de situar los trabajos científicos de Boyle en su contexto social, o de
mostrar cómo la política “imprime su marca” a las doctrinas científicas,
examinan cómo Boyle y Hobbes han luchado por inventará una ciencia, un
contexto y una demarcación entre los dos ámbitos. No tratan de explicar el
contenido por el contexto, ya que ni uno ni el otro existían definidos de esta
nueva manera antes de que Boyle y Hobbes alcanzasen sus respectivos
objetivos y establecieran las diferencias.
Contexto histórico: el de las guerras civiles que condujeron a la instauración del
Estado Moderno. Era imprescindible llegar a la institución de una nueva
autoridad legítima y firme.
“Boyle y sus colegas abandonan la certidumbre del razonamiento apodíctico
por la doxa. Esta doxa ya no es la desatada imaginación de las masas
crédulas, sino un nuevo mecanismo para ganarse el apoyo de los colegas. En
lugar de fundamentar el trabajo en la lógica, las matemáticas o la retórica,
Boyle se basa en una metáfora parajurídica: testigos fiables. Reunidos en torno
a la escena del experimento pueden atestiguar la existencia de un hecho, the
matter of fact, incluso sin conocer su verdadera naturaleza. Boyle inventa, de
esta forma, el estilo empírico que nosotros utilizamos hasta hoy.
Irónicamente, la pregunta clave de los constructivistas –los hechos ¿están
completamente construidos en el laboratorio?- es precisamente la cuestión que
Boyle plantea y resuelve. Sí los hechos están realmente construidos en la
nueva instalación del laboratorio por el intermediario artificial de la bomba de
vacío (...) Pero ¿los hechos construidos por el hombre son, por ello
artefactuales? No, pues tanto Boyle como Hobbes amplían al hombre el
constructivismo de Dios. (...)Boyle transforma un defecto -no producimos más
que matters of fact creados en los laboratorios y que sólo tienen valor local –
en una ventaja decisiva_ nunca se modificarán estos hechos, pase lo que pase
en materia de teoría, metafísica, religión, política o lógica” (35-6)

Los contextualistas tienden a establecer puentes (más o menos directos o


complejos según las pertenencias) pero no se toman el trabajo de estudiar (no
tienen herramientas ni deseo de hacerlo) las “traducciones” e
“intermediaciones” que se ponen en juego para que pueda emerger un
significado en el interjuego “texto-contexto”. (Pág. 40). En cambio Shapin y
Schaffer y otros, (...) más que hablar de la realidad exterior out there anclan la
indiscutible realidad de la ciencia down there, sobre los entresijos de la mesa
del laboratorio.” (Pág. 41)

El testimonio de los no-humanos

Sprat y Boyle invocaban “la práctica de nuestros tribunales de justicia en


Inglaterra” para garantizar la certidumbre moral de sus conclusiones y para
hacer aún más legítimo su argumento de que la multiplicación de los testigos
suscitaba un incremento en las probabilidades de la veracidad de los mismos.
(...) Los testigos fiables pertenecían a una comunidad digna de fe: los papistas,
los ateos y los sectarios veían su testimonio cuestionado, el estatus social del
testigo contribuía a su credibilidad y la coincidencia de versiones de mucho
testigos permitía des-hacerse de los extremistas” El gran “invento” de Boyle fue
la creación de un nuevo “agente testificador” : “Hasta ese momento los
testimonios habían sido siempre humanos o divinos, nunca no-humanos. Sin
embargo, para Boyle los experimentos de laboratorio tendrían más autoridad
que las declaraciones no confirmadas por testigos honorables.”
He aquí un nuevo actor en la escena de la modernidad “el objeto” “el hecho” “el
resultado experimental” el “matter of fact”. Según la nueva Constitución es
mejor apelar al testimonio de los no-humanos que al de los humanos. Dotados
de sus nuevos poderes semióticos, éstos van a contribuir a una nueva forma de
texto_ el artículo de la ciencia experimental.
“Siguiendo la reproducción de cada prototipo de la bomba de aire a través de
Europa, y la transformación progresiva de este artefacto costoso, poco fiable y
aparatoso en una caja negra y barata que poco a poco llega a formar parte del
instrumental básico de todo laboratorio, los autores vuelven a llevar la
aplicación universal de una ley física al interior de una red de prácticas
normalizadas. Sin lugar a dudas, la interpretación de la compresibilidad del aire
que da Boyle se propaga, pero exactamente a la misma velocidad con que se
desarrolla la comunidad de experimentadores y sus equipamientos. Ninguna
ciencia puede salir de la red de su práctica. Sin duda, el peso del aire es un
universal, pero es un universal en una red. Gracias a la extensión de esta red,
las competencias y el equipamiento pueden llegar a ser lo suficientemente
rutinarios como para que la producción de vacío se transforme en algo tan
invisible como el aire que respiramos ¿pero en el sentido antiguo de lo
universal?: jamás.

La naturaleza de los híbridos:

“Si la ciencia se fundamente en formas de vida, las prácticas, los laboratorios y


las redes, entonces, ¿dónde situarla? Ciertamente no del lado de las cosas-en-
sí, ya que los hechos son fabricados, pero tampoco se la puede situar del lado
del sujeto, o como se le quiera llamar a este último lado: sociedad, cerebro,
espíritu, juegos lingüísticos, epistemoes o cultura. El pájaro asfixiándose, los
cilindros de mármol, el mercurio que desciende, no son creaciones nuestras, no
están hechas de aire ni de relaciones sociales, ni de categorías humanas.
Entonces, ¿es preciso colocar la práctica de la ciencia justo en medio de esta
línea que conecta el polo objeto con el polo sujeto? ¿O quizá sea necesario
inventarse un nuevo lugar para esta extraña producción tanto de contexto
político como de contenido social?

La representación científica y la representación política:

Hobbes y Boyle “inventan nuestro mundo moderno, un mundo en el cual la


representación de las cosas por el intermediario del laboratorio queda para
siempre disociada de la representación de los ciudadanos por el intermediario
del contrato social. (49) ...”La apalabra “representación” es la misma, pero la
controversia entre Hobbes y Boyle hace impensable cualquier similitud entre
los dos sentidos de la palabra. Es hoy, cuando ya no somos del todo
modernos, cuando los sentidos se aproximan de nuevo.
a) Representación política: ¿Cómo se sostiene el Leviatán? Mediante el
cálculo de átomos humanos que tiene por consecuencia el contrato que
decide la irreversible composición de la fuerza de todos en la mano de
uno sólo ¿De qué está compuesta esta fuerza? De la autorización que
todos los ciudadanos desnudos otorgan al único que habla en su
nombre ¿quién actúa, entonces, cuando este único actúa? Nosotros,
que hemos delegado definitivamente en él nuestro poder. La república
es una criatura paradójica y artificial compuesta de ciudadanos unidos
exclusivamente por la autorización otorgada a uno de los para que los
represente a todos. El soberano es el que habla, pero los ciudadanos
son los que hablan a través suyo. Él se convierte en portavoz, su
persona, su personificación. Él los traduce y por lo tanto los puede
traicionar. Ellos le autorizan y por lo tanto puede procesarle.
b) Representación científica: Boyle crea una criatura aún más extraña “el
laboratorio dónde se producen los “hechos” como atestiguan los
“testigos entrenados y fiables”. Estos “hechos” representan a la
naturaleza tal cual es por intermediación del laboratorio y los testigos.
Los científicos son los escrupulosos representantes de los hechos.
¿Quién habla cuando los científicos hablan: la naturaleza o los
hombres? Cuestión insoluble para la filosofía moderna.

En el siglo XVII el origen común de la representación política y la científica aún


es visible, pero pronto será invisibilizada, rápidamente “representación”
adoptará dos significados diferentes. La epistemología y las ciencias políticas
irán por caminos opuestos. La modernidad es incapaz de pensar o tan siquiera
ver las mediaciones, intermediaciones, delegaciones, traducciones.

Las garantías constitucionales de los modernos:

1)Garantía “natural” (Boyle): “no son los hombres los que hacen la naturaleza,
ésta ha existido desde siempre y también desde siempre ha estado allí,
nosostros nos limitamos a descubrirla”
2) Garantía “política” (Hobbes): son los hombres y únicamente los hombres
quienes construyen la sociedad y quienes libremente deciden su destino.

La modernidad considera ambas garantías independientemente, haciendo caso


omiso de que fueron creadas conjuntamente y se refuerzan y sostienen entre
sí. No son más que dos ramas de un único y nuevo gobierno.

Consideradas conjuntamente (desde una perspectiva más amplia):


a) Mientras Boyle y sus muchachos nos dicen que las leyes de la
naturaleza están fuera de nuestro alcance, también las están fabricando
en el laboratorio. A pesar de la construcción artificial de la bomba de aire
en el laboratorio ( fase de traducción y mediación) los hechos escapan
enteramente a la fabricación humana (fase de purificación).
b) Por su lado Hobbes y Cía. No afirman sencillamente que los hombres
construyen la sociedad sino que a pesar de su construcción humana el
Leviatán es perdurable y sólido, inmenso y poderoso. Sobrepasa
infinitamente a los hombres que lo han creado. (54)

Las garantías son contradictorias porque participan simultáneamente de la


trascendencia y de la inmanencia. ¿Mienten? ¿Se engañan? ¿Nos
engañan?
No pues agregan una Tercera garantía: la naturaleza y la sociedad deben
permanecer distinguidas de forma absoluta: el trabajo de purificación debe
permanecer absolutamente separado del de mediación. (55)

La cuarta garantía: Dios suprimido

Los sucesores de Hobbes y Boyle se encargaron de vaciar a l naturaleza de


toda presencia divina y a la sociedad de todo origen divino. “Dios se
convirtió en el Dios suprimido de la metafísica tan diferente del Dios
premoderno de los cristianos como la naturaleza construida en los
laboratorios do es de la antigua physis, o como la sociedad inventada por
los sociólogos lo es de la antigua comunidad antropológica y sus multitudes
de no-humanos.
...los modernos aplican al Dios Suprimido el mismo desdoblamiento que
habían aplicado a la naturaleza y a la sociedad. Su trascendencia lo alejaba
infinitamente, de manera que no molestaba ni al libre juego de la naturaleza
ni al de la sociedad, pero, al mismo tiempo, existe el derecho a apelar a
esta trascendencia en caso de conflicto entre las leyes de la naturaleza y
las de la sociedad.
...Se reinventó la espiritualidad, es decir el descenso del Dios todopoderoso
en el fuero interno sin que interviniese para nada en el fuero externo.
Una triple trascendencia y una triple inmanencia en una cuadrícula que deja
encerradas a cal y canto en su interior todas las posibilidades, aquí es
donde se situó la fuerza de los modernos.

“El punto esencial de esta Constitución Moderna es hacer invisible,


impensable e irrepresentable el trabajo de mediación que reúne los
híbridos. ... La constitución moderna permite la proliferación expansiva de
los híbridos al mismo tiempo que niega su existencia e incluso su
posibilidad. Los modernos movilizan la naturaleza, cosifican lo social y
sienten la presencia espiritual de Dios, aún cuando mantienen firmemente
que la naturaleza se nos escapa, que la sociedad es obra muestra y que
Dios no interviene en ella. ¿Quién se hubiera resistido a semejante
construcción? Verdaderamente ha sido preciso que grandes
acontecimientos hayan debilitado este potente mecanismo para que pueda
describirlo hoy en día con esta distancia y esta simpatía de etnólogo por un
mundo en vías de desaparición” 59
Capítulo III Revolución
De los objetos y sujetos, Naturaleza y cultura completamente separados a
los cuasi-objetos o híbridos.

Figura 5 página 84

A)
a.1) La gente común cree que las cosas tienen propiedades en si,
suponen una “naturaleza” independiente completamente de nuestro
forma de conocerla. Los sociólogos críticos (Bourdieu) bautizan a esta
creencia “naturalismo”.
a.2) La “realidad” es muy distinta a la figurada por el sentido común: los
objetos son pantallas para las proyecciones humanas (nosotros
podemos bautizar esta postura como sociologismo)
B)
B.1) La gente común cree que es libre de pensamiento y acción.
B. 2) La “realidad” es muy distinta a la figurada por el sentido común: los
hombres no son libres sino que estan sujetos a leyes y constricciones
sociales, biológicas, etc.
C)
Para salir del atolladero creado en A y B se recurre al dualismo que
“simplemente” duplica la apuesta dividiendo los polos naturaleza y
sociedad en “hard” y “soft” y nuevamente procede a la oposición entre
“creencia” y “ciencia” (denuncia). La solución esquizofrénica lleva a
maravillas como: “Los dioses son meros ídolos configurados por la
sociedad, al mismo tiempo que la sociedad está biológicamente
determinada”.
D)
Los Science Studies hacen saltar la paradoja al “equivocar” el target de
su investigación. La Escuela de Edimburgo (Bloor, Barnes, Shapin.
-producciones del 70 en adelante-) ha utilizado el repertorio crítico, hasta
el momento reservado para las partes “blandas” de la naturaleza, para
desmontar las partes “duras” ¡las propias ciencias! En una palabra, han
pretendido hacer respecto a la ciencia lo que Durkheim hizo respecto a
la religión, o Bordieu respecto a la moda y el gusto, y han pensado
ingenuamente que las ciencias sociales permanecerían intanctas
tragándose la ciencia con la misma faciliadad con que se habían
engullido la religión y las artes. Sin embargo, había una gran diferencia
que no se había hecho visible hasta el momento. Los ciencitíficos
sociales, en relaidad, no creían en la religión o en el consumo. Creían,
sin embargo, en la ciencia desde lo más profundo de sus corazones
científicos.(86)
Los objetos no son el receptáculo informe de categorías sociales, ni de
las duras ni de las blandas. Al trastocar la baraja dualista, los sociólogos
del a ciencia pusieron en descubierto la ocmpleta asimetría de la primera
y la segunda crítica, y revelaron (al menos negativamente) lo
pobremente que estaban construidas tanto la teoría social como la
epistemología que acompañaba esas denuncias. La sociedad ni estan
fuerte ni tan débil, los objetos ni son tan débiles ni tan fuertes. La doble
posición debe ser repensada por completo.

E)
El recurso dialéctico no es una salida al dualismo (...) bien al contrario,
hace más profunda que el paradigma dualista la ignorancia el locus, ya
que finge superarlo por medio de lazos y espirales y otras figuras
acrobáticas complejas.
Los cuasi-objetos están entre medias y debajo de los dos polos,
justamente en el sitio alrededor del cual el dualismo y la dialéctica giran
incesantemente sin jamás llegar a acoplarse con ellos.
26. El principio del pasado.
Como rechazamos ir “despues” de los posmos, no podemos proponer l
avuelta a un mundo no moderno que nunca hemos abandonado sin
modificar el propio transcurrir del tiempo.(105)

El tiempo calendario puede muy bien situar los acontecimientos en con


respecto a una serie reglada de fechas, pero la historicidad situa los mismos
en relación a su intensidad.

Los modernos tienen un a peculiar propensión a comprender el tiempo que


transcurre como si éste aboliese realmente el pasado detrás de sí. Todos
ellos se creen Atila, tras cuyo paso no volvía a crecer la hierba. No se
sienten alejados del medioevo por un cierto número de siglos, sino
separados de él por revoluciones copernicanas, por rupturas
epistemológicas, que son tan radicales que nadda de ese pasado sobrevive
a ellas, que nada de ese pasado debería sobrevivir. (106)

Al mismo tiempo los modernos “padecen la enfermedad del historicismo”.


Quieren guardarlo todo, fecharlo todo, porque piensan que han roto
definitivamente con su pasado. La destrucción maníaca se equilibra con una
conservación igualmente maníaca.

Al explicar que las revoluciones tratan de abolir el pasado pero que no pueden
hacerlo, corro el riego una vez más de pasar por reaccionario. Porque para los
modernos, como para sus enemigos antimodernos, así como sus falsos
enemigos posmodernos, la flecha del tiempo carece de ambigüedad, se puede
ir hacia delante, pero enontces es preciso romper con el pasado, se puede
escoger volver hacia atrás, pero en ese caso es preciso romper con las
vanguardias modernizadoras que ha roto radicalemnte con su propio pasado.
Este diktat venía organizando el pensamiento moderno hasta estos últimos
años, sin que por supuesto, tuviese efecto sobre la práctica de la mediación,
una práctica que siempre ha mezclado épocas, géneros, e ideas heterogéneas
como los de los premodernos. Si hay algo que somos incapaces de hacer es
una revolución, ya sea en la ciencia, en la tecnología, en la política o en la
filosofía. Pero seguimos siendo modernos cuando interpretamos este hecho
como una decepción, como si el arcaísmo lo hubiese invadido todo, como si ya
no existiera ningún vertedero público en el que amontonar y dejar atrás todo lo
reprimido. Seguimos siendo posmodernos cuando tratamos de sobreponernos
a esta decepción yuxtaponiendo en un collage los elementos de todas las
épocas, elemntos que está todos ellos por igual anticuados y demodés.