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El derecho a la libertad de reunión y manifestación - Decidamos - PortalGuarani - Paraguay

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10/10/2011

LIbERTAD DE REUNIóN Y MANIFESTACIóN

ERRADICAR LA vIOLENCIA SIN LÍMITE DE LAS FUERZAS DEL ORDEN CONTRA LOS Y LAS MANIFESTANTES

El derecho a la libertad de reunión y manifestación

Corina Leguizamón Decidamos, Campaña por la expresión ciudadana

El derecho a la reunión y manifestación es ejercido por numerosas organizaciones sociales como mecanismo para exigir al Estado demandas que hacen al cumplimiento de derechos civiles y políticos, y sobre todo los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Las señales de voluntad política para que su ejercicio no conlleve represiones y agresiones por parte de las fuerzas del orden se ven matizadas con hechos de represión violenta.

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Conclusiones

Nuevos actores y nuevas formas de ejercer el derecho a la reunión y manifestación permiten instalar en la agenda pública demandas de las organizaciones sociales, en el marco de una ley ilegítima conforme a principios rectores de derechos humanos. Es de recalcar que pese a las manifestaciones pacíficas, persisten las prácticas violentas por parte de efectivos de la Policía Nacional y funcionarios del Ministerio Público, bajo cuyas órdenes generalmente se encuentran, desconociendo el empleo de los principios básicos sobre el uso de la fuerza y otras normas sobre la materia. Lo que necesariamente debe conllevar una urgente revisión del actuar de la Policía Nacional, ajustando sus acciones a la seguridad ciudadana en el marco del respeto a los derechos humanos. Sin embargo, es importante destacar que el nuevo gobierno ha dado indicios de una nueva forma de intervención policial, donde se investigan las violaciones por parte de sus integrantes, pero todavía es importante y urgente avanzar en la prevención de represiones violentas a manifestantes. Por otra parte, es necesario comprender que el derecho a la reunión y manifestación está garantizado cuando este se ejerce pacíficamente, pero que a su vez puede ocasionar molestias, en el marco de la ley, a otros grupos. Este derecho requiere de una sociedad informada, que conozca el alcance de los derechos y una institución policial que garantice la vida y la dignidad de quienes hacen usufructo de la libertad de reunión y manifestación.

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Recomendaciones

- Cumplir con la observación vinculante del Comité de derechos humanos de las Naciones Unidas, que recomienda la modificación de la Ley 1066/97 para asegurar el libre ejercicio del derecho a la manifestación pacífica. - Erradicar el uso de la violencia y la portación de armas de fuego en las intervenciones que tienen el objetivo de desmovilizar las manifestaciones y movilizaciones pacíficas. - Investigar a los funcionarios y las funcionarias policiales y a representantes del Ministerio Público que utilizan formas no permitidas en la desmovilización. - Capacitar a los efectivos policiales en el uso racional del empleo de la fuerza y el respeto irrestricto a los derechos humanos, incorporando los instrumentos de las Naciones Unidas como los Principios básicos de uso de la fuerza y el Código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. - Dotar exclusivamente de armas no letales a efectivos policiales que realicen intervenciones en manifestaciones. - Incorporar transversalmente en el currículum de las escuelas de formación policial los derechos humanos, como fin del trabajo de otorgar seguridad a la ciudadanía.

bibliografía
Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1997) Ludicium et Vita, Jurisprudencia Nacional de América Latina en Derechos Humanos. Diciembre de 1997 Nº 5. Riquelme, Quintín (2008) Comité de seguimiento del conflicto social y la coyuntura latinoamericana. Paraguay Informe de Coyuntura. Documento de Trabajo Nº 33. Buenos Aires: Consejo latinoamericano de ciencias sociales. Comité de Derechos Humanos (2005) Observaciones finales del Comité de Derechos Humanos a Paraguay. Catalogado como: CCPR/C/PRY/CO/2.

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INTRODUCCIóN
“El derecho de reunión consiste en la libertad del ser humano de congregarse, ya sea para participar, protestar, compartir ideas u opiniones, intercambiarlas o acordar una acción común. Este derecho es una manifestación de la vocación asociativa del ser humano y de la instintiva interacción de los individuos. Las reuniones son voluntarias, organizadas previamente, importan una preparación e incluso, en ocasiones, una publicidad, aspectos que las diferencian de las simples aglomeraciones accidentales”1.

La libertad de reunión puede ejercerse de manera continua a través de un tiempo más o menos largo, o en una coyuntura concreta. El derecho a la manifestación conlleva la agrupación transitoria, a veces momentánea y hasta fugaz con algún fin o interés común para quienes participan de ella. Muchos derechos se ejercen mediante el derecho a la reunión y manifestación: el de la libertad de expresión, de petición, de religión. También puede ser un medio de defensa de otros derechos, como es el caso de las reuniones gremiales para decidir sobre temas laborales (IIDH, 1997, 49). La reunión puede realizarse de forma privada o pública. La primera se refiere a los congresos o conferencias que se llevan a cabo en los locales sindicales, etc., las cuales no necesitan ser comunicadas a ninguna instancia estatal. Cuando una reunión es pública puede participar cualquier persona y se exige la notificación previa a las autoridades, como medida para garantizar la seguridad. Como todo derecho, las libertades de reunión y manifestación no son de carácter absoluto. Su ejercicio debe ser llevado a cabo pacíficamente, sin violencia, y con fines lícitos. Es en este marco que el Estado tiene la obligación de abstenerse de coartar o interferir en el ejercicio de este derecho. Este artículo analiza el cumplimiento del derecho a la reunión y manifestación pacífica durante el último año, haciendo especial énfasis en el derecho a la manifestación, teniendo en cuenta que en lo que hace a la libertad de reunión no constan interferencias ni obstrucciones significativas por parte de las instituciones del Estado. Respecto a la libertad de manifestación, se hace un análisis de la legislación existente, acciones u omisiones en el ejercicio de este derecho que lo coartan y, por último,
1 http://www.cajpe.org.pe/guia/s36.htm

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recomendaciones al Estado paraguayo a los efectos de garantizar el libre y pleno ejercicio de este derecho humano fundamental en el ejercicio de la ciudadanía de todos y todas.

MARCO LEGAL La Constitución Nacional garantiza el derecho a la reunión y manifestación de forma pacífica, sin armas, con fines lícitos, sin necesidad de permiso (art. 32). Deja expreso que la ley solo podrá reglamentar el ejercicio de estos derechos en lugares de tránsito público, en horarios determinados y para preservar derechos de terceros. Este artículo constitucional está reglamentado por la Ley 1066/97, la cual define y establece los mecanismos de reunión pública, conforme se desarrollará más adelante en este mismo artículo. En el ámbito internacional de los derechos humanos, el Estado paraguayo ha firmado y ratificado distintos instrumentos que reconocen y garantizan la libertad de reunión y manifestación. Así, podemos citar: la Convención americana de derechos humanos (art. 15) y el Pacto internacional de derechos civiles y políticos (art. 21), además de otros instrumentos no vinculantes pero que forman parte de los compromisos internacionales asumidos por el Estado, como la Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidos, aprobada por las Naciones Unidas el 8 de marzo de 1999 (resolución 53/144), que establece que:
“A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional: a) A reunirse o manifestarse pacíficamente […]” (art. 5.)

La libertad de reunión y manifestación es, sin duda, tal como lo señala la Declaración, un medio fundamental para promover los derechos humanos.

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Ley 066/97 de contramano Esta ley establece que:
“En la ciudad de Asunción las personas podrán ejercer el derecho de reunirse y de manifestarse pacíficamente a partir de las diecinueve horas hasta las veinticuatro horas en días laborales, y en días domingos y feriados desde las seis a.m. hasta la misma hora del día siguiente.” (art. 3.)

Delimita seguidamente el perímetro en donde se pueden dar estas manifestaciones y las autorizaciones a las que están sujetas por parte de la Policía Nacional (arts. 4 y 7). Tanto el tiempo como el lugar y el número que establece la ley restringen la manifestación pacífica como mecanismo de participación que permita a la ciudadanía y a las organizaciones sociales incluir en la agenda pública demandas que hacen a otros derechos que también deben ser garantizados. El horario permitido para las movilizaciones no tiene concordancia con el objetivo de estas, que generalmente consisten en formular demandas y exigir la realización de derechos, pues las instituciones públicas, a la hora indicada por la ley, ya están cerradas. Por otro lado, los medios de comunicación también han cerrado sus ediciones, lo que disminuye la posibilidad de impacto mediático a fin de hacer llegar a otros sectores de la población y a la opinión pública en general los reclamos pertinentes. La ley también establece que las reuniones o manifestaciones públicas “requieren para su realización la previa comunicación a la Policía Nacional […]” (art. 7). Si bien indica que se trata de una comunicación, la misma ley otorga un plazo de seis horas a la Policía Nacional para oponerse, e incluso (para probar la connotación de esta comunicación) establece que:
“La falta de contestación por la autoridad policial dentro del término establecido será considerada como aceptación tácita de la comunicación formulada por los responsables.”

Es decir que la “comunicación”, en realidad, no es más que una solicitud de un permiso en espera del silencio de la autoridad competente. En cuanto a los lugares donde pueden realizarse las reuniones y manifestaciones, la Policía Nacional ha interpretado extensivamente la ley, estableciendo otros lugares, no mencionados en ella, donde están prohibidas las manifestaciones por motivos de orden público, que incluyen a la Embajada de los Estados Unidos de América y a Mburuvicha Róga (residencia del presidente de la República).
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Sin embargo, las manifestaciones y movilizaciones públicas se realizan aun en los horarios no estipulados por la Ley 1066/97, haciendo el recorrido que las organizaciones creen conveniente para ellas y dirigidas a las diferentes instituciones ante las cuales se presentan los reclamos y las demandas, salvo el Palacio de López, sede presidencial, adonde ninguna manifestación ha podido llegar hasta ahora. La ley, efectivamente, solo se cumple en algunos casos, cuando es utilizada con fines políticos y de forma discrecional para restringir movilizaciones con las cuales las autoridades no están de acuerdo. Podemos señalar, sin lugar a dudas, que las condiciones establecidas en la ley no son más que restricciones indirectas a la libertad de manifestación. El Comité de derechos humanos (CDH) ha manifestado su preocupación con respecto a esta ley porque:
“[…] limita en la práctica el derecho de manifestación pacífica al establecer condiciones irrazonables de tiempo, lugar y número de manifestantes y al requerir previa autorización policial […y recomienda que] el Estado debe modificar dicha legislación para asegurar el libre ejercicio del derecho a la manifestación pacífica.” (CDH, 2005, párr. 20.)

Pese a esta recomendación del año 2005, la última iniciativa para derogar esta ley surgió en 2004, pero fracasó*.

SITUACIONES Y CASOS DE vULNERACIóN DEL DERECHO A LA REUNIóN Y MANIFESTACIóN El ejercicio del derecho para instalar demandas en la agenda pública Entre octubre de 2007 y octubre de 2008 emergieron grupos y organizaciones genuinos que ejercieron el derecho a la manifestación pacífica. Así, haciendo uso de este derecho, se ha podido observar a nuevos grupos instalando temas no tradicionales en la esfera pública, reivindicando sus derechos y exigiendo al Estado la solución de problemas que afectan a toda la población, como el caso de la epidemia de fiebre amarilla a inicios de 2008.
* Nota del equipo académico Resulta especialmente curioso el mantenimiento de una regulación como la de la ley conocida como “Ley del marchódromo” que prácticamente nunca fue cumplida. ,

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Se han destacado manifestaciones y movilizaciones de pobladores de ciudades de Asunción y del departamento Central. En Concepción, se han manifestado para denunciar la contaminación del medio ambiente por el uso de productos químicos, la mala distribución de la tierra y la falta de acceso a los servicios básicos como agua, luz eléctrica y transporte público2. Por primera vez, marcharon en Asunción las organizaciones de personas con discapacidad, entre ellas las agrupaciones de personas no videntes, reivindicando el derecho a la gratuidad del pasaje3. Así también, se nota una fuerte presencia en las calles de las mujeres rurales e indígenas reclamando atención a la salud, y la presencia de niños, niñas y adolescentes que reivindicaron sus derechos el Día del niño y la niña. Entre finales de 2007 y principios de 2008, se generó una serie de movilizaciones de pobladores y pobladoras que reaccionaron en contra del sistema de salud y del gobierno como consecuencia de la expansión de la epidemia de fiebre amarilla. En los distritos de Asunción, San Lorenzo y Capiatá se realizaron manifestaciones masivas y permanentes cortes de rutas, hecho que obligó al gobierno a declarar emergencia nacional e inmunizar a la población contra la enfermedad, mediante la donación internacional de vacunas (Riquelme, 2008, 5). Otras manifestaciones constantes se han registrado en el sur de país, en la ciudad de Encarnación, por parte de personas afectadas por la suba del nivel en el embalse del río Paraná, a consecuencia de la represa Yacyretá. Los manifestantes exigieron la baja de la cota de agua hasta tanto se terminen todas las obras y se indemnice debidamente a las personas afectadas. La nueva dirección de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) ha priorizado estos reclamos.

Siguen las prácticas policiales de represiones violentas a manifestantes El derecho a la reunión y manifestación está garantizado y debe realizarse de forma pacífica. El Estado tiene que abstenerse de impedir su libre ejercicio y, aun cuando no se genere en el marco de lo que establece la ley, debe respetar y garantizar el derecho a la vida e integridad física de los y las manifestantes, evitando la utilización de armas de fuego.
2 Diario Abc Color, Asunción 7 de noviembre de 2007, p. 41; diario Abc Color, Asunción 22 de noviembre de 2007, p. 31. 3 Diario Última hora, Asunción 16 de octubre de 2008, p. 10. 258
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La institución policial a través de sus funcionarios y funcionarias, sin embargo, sigue ejecutando violentas represiones a manifestantes que ejercen su derecho de forma pacífica. Si bien la Constitución Nacional y los tratados internacionales que el Paraguay ratificó autorizan al Estado a aplicar restricciones a la libertad de reunión y manifestación para garantizar el orden público, este no puede inhibir el ejercicio de la libertad de reunión y manifestación mediante interferencias arbitrarias y el uso de la fuerza pública con brutalidad y saña. Los Principios básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego de Naciones Unidas4 establecen condiciones en las que puede aplicarse la fuerza y siempre bajo el principio general de que se “utilizarán en la medida de lo posible medios no violentos antes de recurrir al empleo de la fuerza y de armas de fuego”, limitando al mínimo el uso de la violencia. Sin embargo, expondremos a continuación algunos casos en que se han violado estos principios, al igual que el derecho a la libre manifestación. Comunidad de Guazú Corá El 4 de agosto, en horas de la mañana, cerca de sesenta pobladores y pobladoras de todas las edades de Guazú Corá, distrito de Villeta, departamento Central, en ejercicio del derecho constitucional a la manifestación, sufrieron una fuerte represión. El motivo de la protesta ciudadana obedecía a las condiciones irregulares con las que estaba operando un vertedero de basuras de la empresa El Farol S.A. Esta diariamente deposita el volumen aproximado de sesenta a ochenta camiones de basura en plena comunidad, a menos de 100 m de las viviendas, ocasionando una fuerte contaminación. La fiscala de la Unidad Penal N° 2 de esa ciudad, Mirta Rivas Paniagua, llegó al lugar acompañada de aproximadamente veinticinco agentes policiales antidisturbios “cascos azules”, quienes reprimieron violentamente a los y las manifestantes. Varias personas sufrieron heridas graves a raíz de impactos de balas de goma, golpes de cachiporra y otras agresiones, y fueron trasladadas en forma urgente a distintos centros hospitalarios. Los “cascos azules” actuaron con brutal violencia. Incluso persiguieron a algunas personas

4 Principios básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. adoptados por el Octavo congreso de las Naciones Unidas sobre prevención del delito y tratamiento del delincuente, celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de agosto al 7 de septiembre de 1990. Disponible en http://www2.ohchr.org/spanish/law/fuerza.htm

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hasta las casas vecinas, donde se refugiaron de la violencia policial5. Una persona fue privada de su libertad y varias están siendo procesadas por “obstrucción al tránsito terrestre”. En este caso se nota la abrupta y violenta actuación policial contra un pequeño grupo de pobladores y pobladoras que estaban haciendo resistencia pacífica. A pesar de las denuncias hechas ante la Comisión de derechos humanos de la Cámara de Diputados, no se abrió ningún sumario para esclarecer las responsabilidades en el caso y la proporcionalidad de la fuerza empleada, al igual que el mal ejercicio de funciones de la fiscala interviniente. Cabe destacar, sin embargo, la llamativa actuación de la Fiscalía y la Policía con otro grupo de manifestantes: los distribuidores de la Industria Nacional del Cemento (INC), quienes cerraron la misma ruta por varias horas a la altura del desvío a Villeta, y donde no se presentó autoridad alguna ni se realizó control alguno, y mucho menos represión a manifestantes, lo que demuestra una tendencia de negación de derechos a personas y colectivos más vulnerables. Represión a organizaciones de víctimas del ex Ycuá Bolaños y sus familiares y amigos El 1 de septiembre, organizaciones de víctimas del ex Ycuá Bolaños estaban manifestándose frente a las instalaciones del Palacio de Justicia, en contra del fallo dado a conocer por la Cámara de Apelaciones en la causa, por el cual se anuló el procedimiento y se dispuso la libertad de los condenados. Las fuerzas policiales golpearon con brutalidad a uno de los manifestantes, Javier Brizuela, pasando a ser posteriormente detenido. Diversos periodistas captaron las imágenes del momento en que fue detenido e introducido al vehículo de la Policía Nacional, donde le propinaron golpes. La madre de Javier, Bersabé Meza, también fue agredida físicamente con violencia.
5 Información obtenida del informe del abogado Ireneo Téllez, del Equipo Jurídico de la Codehupy, quien asistió a los y las manifestantes, entablando las denuncias y defensas legales. Se detallan en el informe los nombres y las lesiones sufridas por los y las manifestantes: Berta G. fue golpeada con cachiporra y patadas en la pierna derecha, con heridas cortantes en esa pierna, y recibió asistencia en el IPS local; Julio O. fue alcanzado por balas de goma disparadas por la Policía, recibió un fuerte golpe en el brazo izquierdo que le causó fractura del antebrazo y dislocamiento de hombro; Gregorio D. G. sufrió un fuerte golpe de cachiporra en la cabeza que le causó una herida y fue trasladado a Emergencias Médicas; Arnaldo G. recibió impactos de balas de goma de parte de los “cascos azules” Estas dieron en el ojo . derecho, la mano y la espalda; Osvaldo N. recibió balas de goma en el rostro, lo cual le causó una grave herida y fue trasladado de forma urgente a Emergencias Médicas de la ciudad de Asunción; Seneira V. acusó golpes de balas de goma que le causaron heridas en el brazo y el costado derecho; Arsenio V., Alfredo S. y Vicente V. fueron víctimas de disparos de balas de goma; Graciela G., embarazada, se refugió en la casa que está a diez metros de donde se produjo la represión; no obstante, fue perseguida por los “cascos azules” y sufrió golpes de cachiporra e impactos de balas de goma; Edgar M. recibió una profunda herida en la cabeza, a causa de un golpe proporcionado por agentes de la Policía.

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En este caso es importante destacar la mediación y rápida acción del actual ministro del Interior, Rafael Filizzola, quien ordenó un sumario para aclarar la actuación de los funcionarios policiales contra las víctimas6. Este tipo de intervención por parte del Estado, que obligue a investigar los hechos de violencia contra la ciudadanía que tiene numerosos y lamentables antecedentes, no se ha dado en mucho tiempo. Estas señales, si bien son alentadoras, no son suficientes. Para asegurar la actuación policial conforme a la norma y a los principios de los derechos humanos, es necesario que estos sean incorporados al proceso de formación policial y, a la vez, revisar la orientación de la política de seguridad pública, la que debe incluir la visión de seguridad de las personas y el respeto a los derechos humanos. Represión a familias campesinas en manifestación ante el Ministerio Público El miércoles 5 de noviembre de 2008, efectivos de las fuerzas policiales efectuaron una de las más violentas represiones a campesinos y campesinas de todas las edades, de manera brutal e indiscriminada, hiriendo con balines de goma y cachiporrazos que provocaron lesiones sangrantes, contusiones y roturas de hueso. Más de sesenta personas tuvieron que ser trasladadas al Centro de Emergencias Médicas de Asunción7. Si bien la manifestación que se llevaba a cabo frente a la Fiscalía General no fue considerada pacífica, los “cascos azules” incumplieron los Principios básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego, instrumento que faculta a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley para el uso de la fuerza y de armas de fuego exclusivamente en situaciones inevitables y de forma excepcional, de manera razonable y proporcional al delito. Las imágenes captadas por los medios televisivos y periódicos nacionales dejaron claramente en evidencia que los efectivos policiales desconocen o no ponen en práctica los códigos y principios de las Naciones Unidas que prevén la actuación con uso de la fuerza solo cuando no hay otra alternativa y limitándola al mínimo necesario. El motivo de la represión fue preservar la infraestructura edilicia del Ministerio Público, hecho que no requería de tan violenta represión para desmovilizar a los manifestantes.
6 Diario Abc Color, Asunción 2 de setiembre de 2008, pp. 6-7. 7 http://www.abc.com.py/2008-11-06/articulos/466992/fuerte-choque-entre-policias-y-manifestantes

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