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IMPERIO BIZANTINO

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Imperio Bizantino

CRONOLOGIA
667 a.C. Se funda la Antigua ciudad de Bizancio (futura Constantinopla). 330 d.C. Constantino hace de Constantinopla la capital. 395 d.C. División permanente del Imperio Romano tras la muerte de Teodosio I. 527 d.C. Justiniano I asciende a emperador. 532-537 d.C. Justiniano I construye la Iglesia de la Divina Sabiduría 533-554 d.C. Los generales de Justiniano I reconquistan África del Norte e Italia de los Vándalos y Ostrogodos. 568 d.C. Los lombardos invaden Italia 634 - 641 d.C. Pérdida de Egipto, Siria y Palestina frente a los árabes. En las décadas siguientes toman la mayor parte del Norte de África y después conquistan Sicilia. 730-787 813-843 d.C. Controversias iconoclastas resultan en la pérdida de la mayoría de los territorios italianos del Imperio junto con algunos territorios en el sur. 1054 d.C. La Iglesia de Constantinopla se separa de la Iglesia de Roma.

1071 d.C. Batalla de Manzikert. La mayor parte de Asia Menor se pierde. Los normandos conquistan los últimos enclaves bizantinos en Italia. 1204 d.C. Toma de Constantinopla por los Cruzados. Se crea el Imperio Latino. 1261 d.C. Miguel VIII Paleólogo emperador bizantino del Imperio de Nicea, libera Constantinopla. 1453 d.C. Constantinopla es conquistada por los turcos otomanos.

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9.

Origen Historia temprana La época de Justiniano La querella iconoclasta La política exterior La política religiosa La decadencia del Imperio (1056-1261) La caída de Constantinopla Bibliografía

El Imperio Bizantino (llamado también, sobre todo para hacer referencia a su etapa inicial, Imperio Romano de Oriente) fue un Imperio cristiano medieval de cultura griega cuya capital estaba en Constantinopla o Bizancio (actual Estambul). Los orígenes del Imperio Bizantino se remontan a la etapa final del Imperio Romano. Inicialmente abarcaba todo el Mediterráneo oriental, pero con el tiempo fue sufriendo importantes reducciones territoriales. No existe un consenso general en cuanto a la fecha de inicio del Imperio Bizantino. Para algunos autores, la fecha clave es la fundación de Constantinopla en el año 330, en tanto que otros estudiosos consideran como acta de nacimiento del Imperio Bizantino la muerte de Teodosio I, en 395, cuando el Imperio Romano fue definitivamente dividido en dos mitades, oriental y occidental. Otros piensan que puede hablarse con propiedad de Imperio Bizantino a partir del momento en que fue depuesto el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo (476).

La desaparición del Imperio Bizantino se produjo con la caída de Constantinopla en poder de los turcos otomanos, en 1453. Sin embargo, la desaparición del estado bizantino no acabó con los sentimientos nacionalistas del pueblo, ya que los actuales habitantes de Grecia se consideran herederos de la tradición bizantina. Los fundamentos de la Civilización Bizantina son: a) Lo Helenístico, esto es, el helenismo parcialmente orientalizado, que se había extendido por gran parte del mundo Mediterráneo tras las conquistas de Alejandro Magno. Tan importante es este pasado que el cronista Miguel el Sirio (s. XII) dirá que el Imperio de Constantinopla, que para él comienza con el reinado de Tiberio a fines del siglo VI, es el Segundo Imperio griego, continuación del primero, identificado con los antiguos reinos helenísticos. b) Lo Romano, ya que el Imperio de Bizancio es la continuación del Imperio Romano, y a éste debe gran parte de su organización política, administrativa, militar y financiera. Los bizantinos siempre se llamarán a sí mismos "romanos" -el término "heleno", hasta el siglo X, es sinónimo de "pagano"-, y el emperador será el "Basileus ton Romeion", es decir, "emperador de los romanos". Tales denominaciones se seguirán empleando aun en aquellas épocas en que el dominio del griego es total. c) El Cristianismo, sin el cual es imposible comprender el espíritu bizantino. La religión se vivía entonces con una intensidad y un misticismo prácticamente incomprensibles actualmente, lo que explica muchos rasgos de la Civilización Bizantina que parecen chocantes hoy en día a una humanidad que ha confinado a un rincón marginal de su existencia la experiencia de lo sagrado. Bizancio, y esto constituye su genio, según Dionisios Zakythinós, supo llevar a cabo una síntesis entre lo helenístico, lo romano y lo cristiano; ello, por ejemplo, moderó las formas despóticas y absolutistas propias del Oriente. Este helenismo cristianizado se tornará cada vez más "bizantino". Lo cristiano estará siempre presente; en cuanto a los otros dos factores, predominará uno u otro según el período que se estudie. Origen Para asegurar el control del Imperio Romano y hacer más eficiente su administración, Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, dividiendo el imperio en dos mitades, gobernadas por dos emperadores (augustos), cada uno de los cuales llevaba asociado un "vice-emperador" y futuro heredero (césar).

Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia, y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta 324, cuando Constantino unificó ambas partes del Imperio. Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330 ademas de afianzar la moneda, sin lugar a duda sus dos obras más perdurables1. La llamó "Nueva Roma" pero se le conoció popularmente como Constantinopla2 (en Griego Κωνσταντινούπολις, Constantinoúpolis). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad,
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El sólido bizantino fue una moneda de oro creada por el emperador Constantino I el Grande (324-337). Recibe también el nombre de numisma y bezant. Su peso es de aproximadamente 4,5 gramos, con un diámetro de 22 mm y una ley de fino o pureza de 0,900. El sólido tiene dos fracciones: el semis, equivalente a ½ solido y el triente, equivalente a 1/3 de solido. En latín el plural de sólido (solidus) es solidii (este nombre con pequeñas variantes se utiliza aun en Italia, algo así como si dijésemos “mangos” .

Sólido de Juliano, siglo IV
Con la creación del sólido bizantino, Constantino I inició una reforma monetaria que permitió estabilizar la economía del Imperio Romano que se encontraba en crisis, lo que indudablemente logró, transformándose en la base de la economía del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente. El sólido mantuvo un valor constante en Occidente hasta el siglo IX, utilizándose en Oriente hasta el siglo XI como moneda de cambio en el comercio internacional. Su prestigio se basaba en la permanencia de su peso y su pureza. Los primeros sólidos (solidii) llevaban la imagen del emperador Constantino I en el anverso o cara principal y alguna alegoría pagana romana en el reverso, la que fue reemplazada luego de la legalización del cristianismo en el Imperio Romano (313) por una imagen de la cruz griega o un ángel. Durante el reinado del emperador Justiniano II (685-695 y 705-711) las imágenes de los emperadores fueron acuñadas en el reverso, quedando una representación de Cristo en la cara principal. Entre los años 691 y 692 el califa omeya Abd al-Malik ibn Marwan acuñó una moneda llamada dinar, que tenía las mismas características de pureza y peso del sólido bizantino, agudizando el conflicto político, religioso y militar existente entre el imperio Bizantino y el califato Omeya. Si bien el conflicto entre ambos poderes continuó, el año 697 el califa dispuso que el dinar llevara acuñada en ambas caras, versos del Corán. La moneda históricamente precedente al sólido bizantino es el sólido áureo romano. El sólido fue discontinuado por el emperador Alejo Comneno (1081-1118) y reemplazado por una nueva moneda de mayor pureza llamada hyperpyron.

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En el año 324 Constantino I el Grande vence al coemperador romano Licinio (Flavio Valerio Licinio Liciniano 250-325), transformándose en el hombre más poderoso del Imperio Romano. En ese contexto decidió convertir a la ciudad de Bizancio en la capital del Imperio, comenzando trabajos para

que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.

embellecer, recrear y proteger la ciudad. Para ello utilizó más de cuarenta mil trabajadores, mayormente esclavos godos. Después de 6 años de trabajos, hacia el 11 de mayo de 330, y aún sin finalizar las obras (se terminaron en el 336), Constantino inauguró la ciudad mediante los ritos tradicionales, que duraron 40 días. La ciudad entonces contaba con unos 30.000 habitantes. Un siglo más tarde alcanzo los 500.000. La ciudad fue renombrada como Nueva Roma, aunque popularmente se la denominaba Constantinopla, y fue reconstruida a semejanza de Roma, con catorce regiones, foro, capitolio y senado, y su territorio sería considerado suelo itálico (libre de impuestos). Al Igual que la capital itálica, tenía siete colinas. Constantino no destruyó los templos existentes, ya que no persiguió a los paganos, es más, construyó nuevos templos para paganos y cristianos, especialmente influido por estos últimos. Tal es así que durante su gobierno se abolió la crucifixión, las luchas entre gladiadores, el divorcio y se mantuvo una mayor austeridad sexual, según las costumbres cristianas. Además construyó iglesias como la de Santa Sofía y Santa Irene y la iglesia-mausoleo de los Santos Apóstoles, donde fue enterrado el emperador. Pese a todo este apoyo al cristianismo, Constantino jamás se declaró cristiano, solo lo llegó a ser en el lecho de muerte y bautizado por un obispo arriano, Eusebio de Nicomedia. Nueva Roma fue embellecida a costa de otras ciudades del imperio, que fueron saqueadas en sus mejores obras, trasladadas a la nueva capital del imperio. En el foro se colocó una columna donde se emplazó una estatua de Apolo, a la que Constantino hizo quitar la cabeza para colocar una réplica de la suya. Se transladaron esculturas, columnas, mosaicos, obeliscos, desde Alejandría, Éfeso y sobre todo desde Atenas. Constantino no reparó en gasto, quería levantar una capital universal. La ciudad contaba con un hipódromo, construido en tiempos de Septimio Severo (año 203), que podía albergar más de 50.000 personas y era la sede de las fiestas populares y de homenaje a los generales victoriosos del imperio. Sus tribunas también fueron testigo de tribunales donde se dirimían los casos más relevantes. Hoy en día, el hipódromo sólo es una plaza del centro de la ciudad (Estambul), donde se conservan los dos obeliscos que se encontraban en el centro de la pista, uno de ellos perteneciente al faraón egipcio Thutmose III. También se dio gran importancia a la cultura. Constantino creó la primera universidad del mundo al fundar, en el 340, la Universidad de Constantinopla, aunque luego fuera reformada por el emperador Teodosio II en el 425. En ella se enseñaba gramática, retórica, derecho, filosofía, matemática, astronomía y medicina; también gramática latina, gramática griega, retórica latina y retórica griega. La universidad constaba de grandes salones de conferencia, donde enseñaban sus 31 profesores. Al morir Constantino, la fragmentación del Imperio Romano era un hecho. Sin embargo, esto no se produciría hasta la muerte de uno de sus sucesores: Teodosio, en el año 395, quien dividió en dos el Imperio y cedió el mando de la parte occidental, con sede en Roma, a su hijo Honorio; y la parte Oriental, con sede en Constantinopla, a su otro hijo Arcadio, dando comienzo al Imperio Bizantino que, a diferencia de la parte occidental cuya decadencia fue cada vez mayor, se mantuvo en pie hasta el año 1453.

Constantinopla en tiempos de Justiniano

Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo, religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de dicha centuria, religión oficial del Imperio. A la muerte del emperador Teodosio, en 395, el Imperio se dividió definitivamente: Honorio, su hijo mayor, heredó la mitad occidental, con capital en Roma, mientras que a su otro hijo Arcadio le correspondió la oriental, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores, es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia del Imperio Bizantino. Mientras que la historia del Imperio Romano de Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto Rómulo Augústulo, la historia del Imperio Bizantino se prolongará durante casi un milenio. Historia temprana

En tanto que el Imperio de Occidente se hundía de forma definitiva, los sucesores de Teodosio fueron capaces de conjurar las sucesivas invasiones de pueblos bárbaros que amenazaron el Imperio de Oriente. Los visigodos fueron desviados hacia Occidente por el emperador Arcadio (395-408). Su sucesor, Teodosio II (408-450) reforzó las
En época del emperador Justiniano (527-565) se construyó la iglesia cristiana de Santa Sofía, donde sus arquitectos tuvieron que colocar una cúpula sobre un edificio rectangular. Tan complejo fue esto que la primera cúpula se derrumbó; la segunda es la que hoy se puede ver en el edificio. Justiniano también construyó la Iglesia de los santos Sergio y Baco, entre los años 527 y 536. Durante el gobierno del emperador Heraclio (610-641) se creó la Academia Patriarcal de Teología, que luego fuera organizada también como universidad.

murallas de Constantinopla, haciendo de ella una ciudad inexpugnable (de hecho, no sería conquistada por tropas extranjeras hasta 1204), y logró evitar la invasión de los hunos mediante el pago tributos hasta que, tras la muerte de Atila, en 453, se disgregaron y dejaron de representar un peligro. Por su parte, Zenón (474-491) evitó la invasión del ostrogodo Teodorico, dirigiéndolo hacia Italia. La unidad religiosa fue amenazada por las herejías que proliferaron en la mitad oriental del Imperio, y que pusieron de relieve la división en materia doctrinal entre las cuatro principales sedes orientales: Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Ya en 325, el Concilio de Nicea había condenado el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo. En 431, el Concilio de Éfeso declaró herético el nestorianismo. La crisis más duradera, sin embargo, fue la causada por la herejía monofisita, que afirmaba que Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina. Aunque fue también condenada por el concilio de Calcedonia, en 451, había ganado numerosos adeptos, sobre todo en Egipto y Siria, y todos los emperadores fracasaron en sus intentos de restablecer la unidad religiosa. En este período se inicia también la estrecha asociación entre la Iglesia y el Imperio: León I (457-474) fue el primer emperador coronado por el patriarca de Constantinopla. A finales del siglo V, durante el reinado del emperador Anastasio I, el peligro que suponían las invasiones bárbaras parece definitivamente conjurado. Los pueblos germánicos, ya asentados en el desaparecido Imperio de Occidente, están demasiado ocupados consolidando sus respectivas monarquías como para interesarse por Bizancio.
Son muy pocos los datos que pueden permitirnos calcular la población del Imperio Bizantino. Se estima que a finales del siglo IV la población total del Imperio Romano de Oriente era de unos 25 millones, repartidos en un área de aproximadamente 1.600.000 km². Hacia el siglo IX, sin embargo, tras la pérdida de las provincias de Siria, Egipto y Palestina y la crisis de población del siglo VI, habitarían el Imperio alrededor de 13 millones de personas en un territorio de 745.000 km²

La época de Justiniano Durante el reinado de Justiniano (527-565), el Imperio llegó al apogeo de su poder. El emperador se propuso restaurar las fronteras del antiguo Imperio Romano, para lo que emprendió una serie de guerras de conquista en Occidente: Entre 533 y 534 un ejército al mando del general Belisario conquistó el reino de los vándalos, en la antigua provincia romana de África. El territorio, una vez pacificado, fue gobernado por un magister militum.

Entre 535 y 536, Belisario arrebató a los ostrogodos Sicilia y el Sur de Italia, llegando hasta Roma. Tras una breve recuperación de los ostrogodos (541-551), un nuevo ejército bizantino, comandado esta vez por Narsés, anexionó de nuevo Italia al Imperio. En 552 los bizantinos intervinieron en disputas internas de la Hispania visigoda y anexionaron al Imperio extensos territorios del sur de la Península Ibérica. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el año 620. En la frontera oriental, Belisario detuvo la ansias expansionistas del persa Cosroes I (531-579), al que derrotó en la batalla de Daras. Las campañas de Justiniano en Occidente dejaron exhausta la hacienda imperial y precipitaron al imperio en una situación de crisis, que llegaría a su punto culminante a comienzos del siglo VII.

Corpus Iuris Civilis Corpus Iuris Civilis (en español, Cuerpo de Derecho Civil) es la más importante recopilación de derecho romano de la historia. Fue realizada entre 529 y 534 por orden del emperador bizantino Justiniano (527-565) y dirigida por el jurista Triboniano. Su denominación proviene de la edición completa de las obras que la componen publicada, por Dionisio Godofredo, en Ginebra el año 1583. Gracias a la existencia de esta colección, se ha podido conocer el contenido del antiguo derecho romano, siendo fundamental para los sistemas jurídicos modernos, especialmente de tradición continental. Antecedentes Justiniano emperador de Bizancio hizo reunir todas las constituciones desde Adriano hasta sus días, haciendo variaciones. Clasificó el todo por materias bajo diferentes títulos y formó de ellos una sola obra que apareció en el año 530 conocida con el nombre de Codex Justiniano o Código de Justiniano. El código estaba compuesto por doce libros y fue confirmada por constitución del emperador. Prohibió también los antiguos edictos (también conocido por Antiguo Código).

Un pensamiento tan útil y acertado como era el de reunir todas las leyes en una sola obra, indujo bien a Justiniano a publicar bajo su nombre otras colecciones legales a las que dio fuerza obligatoria. Así que concluidas las constituciones, encargó a Triboniano, uno de los principales redactores del Antiguo Código, y al cual asoció otros diez y seis abogados de nota, que tomara de las obras de los juriconsultos más célebres, todas aquellas doctrinas de que aun se podía hacer uso en la práctica: reuniendo estos extractos por materias y bajo diferentes títulos, sin necesidad de atenerse en la elección de estas doctrinas al orden establecido por Valentiniano en la ley de citación, ni de conservar fielmente la letra de sus textos dejando aparte lo que había quedado en desuso. Esta obra fue redactada en tres años durante los cuales se compulsaron los escritos de treinta y nueve juriconsultos, cuyas sentencias se tomaron las más de las veces, no de sus mismas obras, sino de otras en que habían sido insertadas, por efecto de la precipitación y de la impaciencia con que se trabajó. Toda esta inmensa compilación se llamó Digesta o Pandecta también conocida con el nombre de Iuris enucleati ex omni veteris juri collecti. Cada extracto que se componía de un principium y de uno o mas paragraphi citándose en una inscripción el nombre y la obra de un juriconsulto, de donde estaba tomado. Estaba destinada a la práctica y en cuanto al orden de materias se atendió al antiguo edicto. Se publicó a fines del año 533 confirmada por el emperador y la obra estaba dividida en cincuenta libros en siete partes que corresponde al Edicto. La primera en el libro I, la segunda en el V, la tercera en el XII, la cuarta en el XX, la quinta en el XXVIII, la sexta en el XXVI, y la séptima en el XLV. La primera de ellas titulada Prota contiene una exposición de las doctrinas generales. La segunda de judiciciis las acciones reales. La tercera de rebus todos los contratos exceptuando las estipulaciones. La cuarta libri singulares los testamentos y tutelas. La quinta libri singulares legados fidecomisos. Las sexta y séptima al derecho en general. Por otra parte se necesitaba una obra más general que enseñara los principios del derecho a los jóvenes aprendices de derecho y Triboniano junto Teófilo y Doroteo formaron un sistema de derecho muy compendiado con el nombre de Instituta. En esta obra se habían

de presentar los primeros principios de la ciencia y consultar a la práctica moderna. También se tuvo en cuenta Institutas de Gajus y las nuevas constituciones de Justiniano. Hubo una posterior revisión en la fecha de 16 de noviembre del año 534 con el nombre de Codex repetitae praelectionis. Esta obra contenía los rescriptos de los emperadores que reinaron desde Adriano hasta Constantino I y los edictos y leyes de los sucesores de este emperador hasta el reinado de Justiniano. Se dividió en doce libros repartidos por títulos en los cuales están colocadas las constituciones según la materia a que pertenecen y puestas por el orden cronólico. Después de publicadas estas colecciones legales el reinado de Justiniano se prolongó treinta años mas dictándose multitud de constituciones y decretos que son conocidas con el nombre de Novellae constitutiones. Se conservaron por mucho tiempo separadas y hoy en día debemos tenerlas reunidas a una combinación hecha por los glosadores, compuesta de nueve colaciones. Cada colación comprende muchos títulos y en ellos se contiene generalmente una novela, pero la novela octava comprende dos que son el segundo y el tercero de la segunda colación. Los glosadores no admiten en las nueve colaciones mas que noventa y siete novelas, que forman por consiguiente noventa y ocho títulos.A las demás las miraban como inútiles, llamándolas, extravagantes o novellae estraordinarias, las que se añadieron en un principio a la novena colección, hasta que La Conte las incorporó a la edición no glosada que dio en 1571.De manera que ahora hay 168 novelas, de las cuales 160 son de Justiniano (Las novelas 140 y 144 son de Justino el Joven, las 161, 163 y 164 son de Tiberio, y las 166 y 168 son edictos de los praefecti pretorio). A esta colección de novelas siguen trece Edictos del mismo emperador, que en la realidad son iguales que aquellas, diferenciándose solo de aquellas en que estas solo contienen disposiciones locales de poca utilidad. También bajo el epígrafe de Tractatus ad jus varii suelen comprenderse también en el mencionado cuerpo del derecho las leyes de las XII Tablas según Ciceron y a los trabajos de Gothofredo. También se comprenden en el cuerpo del derecho otras constituciones del emperador Leon y el libro de los feudos posterior a Justiniano. Por otra parte se ha de resañar del Corpus Iuris Civilis lo siguiente: que si Triboniano era dueño de escoger en las obras antiguas los textos que fuesen más de su agrado, no estaba por eso en las facultades del

emperador, dispensarle de estractar bien y fielmente lo que aquellas contenían. Como legislador supremo podía muy bien Justiniano rechazar los actos de los Antoninos y condenar como sediciosos los principios de libertad que hasta entonces habían sostenido los últimos legisladores del Imperio Bizantino. Pero los hechos pasados estaban ya fuera de los límites de su poder. El emperador Justiniano de alguna manera alteró los antiguos textos y poniendo bajo los respetables nombres de sus antecesores ideas serviles, nacidas en los últimos tiempos del Imperio Bizantino y desfigurando respetables decisiones que representaban las ideas de los antiguos emperadores. Estas alteraciones son las denominadas Emblemata Triboriani. Incluso el propio Justiniano hace la siguiente confesión en el Código Justiniano. I.til. XVIII, leg.3. n 10 de estas alteraciones en el que pondré un extracto que es el siguiente: Nomina quidem veteribus servavimus; leg um autem veritatem nostram fecimus. Itaque, si quid erat in illis seditiosum, multa autem talia erant, ibi reposita, hoc decisum est ac definitum et in perpicuum finem deducta est quaeque lex... Contenido Tradicionalmente se compone de cuatro partes:

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Digesto o Pandectas (531 - 533; en cincuenta libros, síntesis de fragmentos de las obras de grandes jurisconsultos sobre legislación; estos reunían iuras, que eran textos escritos que recopilaban los antiguos precedentes del Derecho Romano). El origen de estos nombres son los siguientes:el nombre de Digesta viene de diggere in partes, porque el emperador Justiniano dividió la obra en siete partes y el de Pandectas, poque contenía todo aquello que podía ser de alguna utilidad. Institutas o Instituciones (533; manual de Derecho en cuatro libros, que sigue el modelo de instituciones de Gayo) Constituciones (recopilación de leyes imperiales anteriores a Justiniano) Novelas ( 534 – 565; con un total de ciento sesenta y ocho, son una complementación a los textos; son las leyes recopiladas por los sucesores de Justiniano. Casi todas están redactadas en griego)

Influencia e importancia

Se llama pues Corpus Iuris Civilis a la reunión de las leyes romanas, formada bajo el reinado y según las órdenes del emperador Justiniano. Se puede destacar el mérito histórico, legal y filosófico de esta colección de leyes o cuerpo de Derecho Romano. Es una de esas obras en la que los legisladores posteriores a su publicación durante los trece siglos posteriores tuvieron como fuente, utilizando sus decisiones y preceptos. El Corpus Iuris Civilis fue retomado a partir del siglo XI en la Universidad de Bolonia por la escuela de los Glosadores, formando una recopilación que ejercería una gran influencia en todo el Derecho europeo posterior. Sirvió para educar a generaciones de juristas que, posteriormente, aplicarían sus conocimientos en el ejercicio del derecho en sus países de origen.

En verde las conquistas de Justiniano, que se deben a sus dos grandes generales Belisario y Narses Con Justiniano se cierra prácticamente el "ciclo latino" y triunfan las tendencias helenizantes. Por un lado, fiel a la tradición romana, se lanza a la aventura de reconquistar para el Imperio el Mediterráneo, empresa que no tuvo resultados duraderos y después de la cual Bizancio concentrará sus energías en el Oriente. Por otra parte, bajo su mandato se realiza una hercúlea labor de recopilación del Derecho Romano, el Corpus Iuris Civilis, en latín; sin embargo, es en su época cuando se comienza a legislar en griego, de más fácil comprensión puesto que era la lengua corriente en el Imperio.

El patriotismo romano, así, cede ante el patriotismo griego, ya que es el griego, ahora, la "patrios foné", la lengua patria. El predominio de la lengua helénica en el oriente bizantino permitirá la comunicación fluida con el pasado helénico clásico y con la patrística cristiana que, como se aprecia en los escritos de San Basilio Magno o de Gregorio Nacianceno, se había nutrido del pensamiento filosófico griego. Efectivamente, la lógica aristotélica fue puesta al servicio del pensamiento teológico, convirtiéndose en la más estudiada por los teólogos bizantinos. Este contacto con el pasado clásico se mantendrá siempre en el Imperio, y puede decirse que el helenismo bizantino es a la Edad Media lo que el helenismo clásico es a la Antigüedad. Entre los siglos VII y IX se produce la llamada "Gran Brecha del Helenismo", abismo que separa dos paisajes históricos bien definidos. Es el fin de una era que, para los griegos, se remonta, sin interrupción, hasta la Antigüedad Clásica. En Grecia, durante dos siglos, entre 650 y 850, la vida se empobrece y la actividad intelectual parece detenerse. Unos graffitis de poco valor escritos en el Parthenón de Atenas constituyen la única fuente escrita del período. Es una verdadera "edad oscura", cuyos orígenes están relacionados con las invasiones ávaroeslavas y búlgaras, que convulsionan la vida en los Balcanes. Pero también hay que buscar la explicación en un fenómeno más global: la crisis mediterránea, a escala "mundial", provocada por el ascenso del poderío musulmán. Pareciese que, en la misma Grecia, el helenismo ha declinado hasta la agonía. Bizancio, por su parte, no presenta un cuadro mucho más alentador: entre los siglos VII y VIII -aun cuando sabemos que, hacia el 680, Teodoro de Tarsos llega a Inglaterra portando manuscritos de varios autores griegos, entre ellos Homero, Flavio Josefo y Juan Crisóstomo, fundamento de un futuro despertar intelectual inglésdecaen notoriamente la instrucción pública y la actividad intelectual. El Imperio se enfrenta, en el occidente, a eslavos, ávaros y búlgaros, quienes se han adueñado de los Balcanes interrumpiendo de esta manera las comunicaciones con el Occidente Latino. En el oriente, Siria y Palestina, así como el norte de Africa, han caído en manos musulmanas. El Imperio queda reducido, prácticamente, al área tradicionalmente griega del Mediterráneo Oriental, lo que reforzará su caracter helénico. El siglo VII comienza con la crisis provocada por la espectacular ofensiva del monarca sasánida Cosroes II, que llegó a amenazar la existencia misma del Imperio. Esta situación fue aprovechada por otros enemigos

de Bizancio, como los ávaros y eslavos, que pusieron sitio a Constantinopla en 626. El emperador Heraclio fue capaz, tras una guerra larga y agotadora, de conjurar este peligro, repeliendo el asalto de ávaros y eslavos, y derrotando definitivamente a los persas en 628. Sin embargo, apenas unos años después, entre 633 y 645, la fulgurante expansión del Islam arrebata para siempre al Imperio, exhausto por la guerra contra Persia, las provincias de Siria, Palestina y Egipto. A mediados del siglo VII, las fronteras se estabilizaron. Los árabes continuaron presionando, llegando incluso a amenazar la capital, pero la superioridad naval bizantina, reforzada por su magníficas fortificaciones navales y su monopolio del fuego griego un producto químico capaz de arder bajo el agua, salvó a Bizancio. En la frontera occidental, el Imperio se ve obligado a aceptar desde la época de Constantino IV (668-685) la creación dentro de sus fronteras, en la provincia de Moesia, del reino independiente de los búlgaros. Durante toda esta época, además, pueblos eslavos fueron instalándose en los Balcanes, llegando incluso hasta el Peloponeso. En Occidente, la invasión de los lombardos hizo mucho más precario el dominio bizantino sobre Italia. La querella iconoclasta Entre los años 726 y 843, el Imperio Bizantino fue desgarrado por las luchas internas entre los iconoclastas, partidarios de la prohibición de las imágenes religiosas, y los iconódulos, contrarios a dicha prohibición. La iconoclasia se nos presenta como la arremetida de las tendencias orientalizantes en contra no sólo del helenismo clásico y su aprecio por la belleza artística, sino también de una profunda convicción de los cristianos que ven en las imágenes (íconos) un medio para acercarse a lo Trascendente. En efecto, el arte bizantino no tiene como fin el mero goce estético, sensual, sino que debe producir una conmoción que eleve el alma hacia Dios: "per visibilia ad invisibilia", de los visible y corpóreo, hacia lo invisible e incorpóreo, decía el Pseudo Dionisio Areopagita. En la defensa de la veneración de los íconos los bizantinos se jugaban, pues, la Salvación de sus almas, y es ésto lo que explica la férrea disposición que manifestaron al defender sus creencias. El triunfo de los iconodulos, veneradores de imágenes, en 843 -la Fiesta de la Ortodoxia, verdadera efeméride nacional bizantina-, marca también el triunfo del helenismo cristianizado. La primera época iconoclasta se prolongó desde 726, año en que León III (717-741) suprimió el culto a las imágenes, hasta 783, cuando fue

restablecido por el II Concilio de Nicea. La segunda tuvo lugar entre 813 y 843. En este año fue restablecida definitivamente la ortodoxia. Según algunos autores, el conflicto iconoclasta refleja también la división entre el poder estatal (los emperadores, la mayoría partidarios de la iconoclastia), y el eclesiástico (el patriarcado de Constantinopla, en general iconódulo); también se ha señalado que mientras que en Asia Menor eran mayoría los iconoclastas, la parte europea del Imperio era más bien partidaria del culto a las imágenes. A principios del siglo IX, el Imperio había sufrido varias transformaciones importantes:

Uniformización cultural y religiosa: la pérdida frente al Islam de las provincias de Siria, Palestina y Egipto trajo como consecuencia una mayor uniformidad. Los territorios que el Imperio conservaba a mediados del siglo VII eran de cultura fundamentalmente griega. El latín fue definitivamente abandonado en favor del griego. Ya en 629, durante el reinado de Heraclio, está documentado el uso del término griego basileus en lugar del latín augustus. En el aspecto religioso, la incorporación de estas provincias al Islam dio por concluida la crisis monofisita, y en 843 el triunfo de los iconódulos supuso por fin la unidad religiosa. Reorganización territorial: en el siglo VII -probablemente en época de Constante II (641-668) el Imperio se dotó de una nueva organización territorial para hacer más eficaz su defensa. El territorio bizantino se organizó en themata, distritos militares que eran al mismo tiempo circunscripciones administrativas, y cuyo gobernador y jefe militar, el estrategos, gozaba de una amplia autonomía. Ruralización: la pérdida de las provincias del Sur, donde más desarrollo habían alcanzado la artesanía y el comercio, implicó que la economía bizantina pasara a ser esencialmente agraria. La irrupción del Islam en el Mediterráneo a partir del siglo VIII dificultó las rutas comerciales. Decreció la población y la importancia de las ciudades en el conjunto del Imperio, en tanto que empezaba a desarrollarse una nueva clase social, la aristocracia latifundista, especialmente en Asia Menor. Entre los años 850 y 1050 se vive en el Imperio un verdadero florecimiento intelectual -es el llamado "Renacimiento Macedonio"- en torno a los estudios clásicos. Un hito importante en este proceso lo constituye la reorganización de la Universidad de Constantinopla, obra del César Bardas, a mediados del siglo IX. En esta época se habla y se escribe en el Imperio un griego excelente, y en los siglos XI y XII en una forma muy próxima al clásico.

El final de las luchas iconoclastas supone una importante recuperación del Imperio, visible desde el reinado de Miguel III (842-867), último emperador de la dinastía amoriana, y, sobre todo, durante los casi dos siglos (867-1056) en que Bizancio fue regido por la dinastía macedonia. Este período es conocido por los historiadores como "renacimiento macedónico". La política exterior Durante estos años, la crisis en que se ve sumido el califato abasí, principal enemigo del Imperio en Oriente, debilita considerablemente la amenaza islámica. Sin embargo, los nuevos estados musulmanes que surgieron como resultado de la disolución del califato (principalmente los aglabíes del Norte de África y los fatimíes de Egipto), lucharon duramente contra los bizantinos por la supremacía en el Mediterráneo oriental. A lo largo del siglo IX, los musulmanes arrebataron definitivamente Sicilia al Imperio. Creta ya había sido conquistada por los árabes en 824. El siglo X fue una época de importantes ofensivas contra el Islam, que permitieron recuperar territorios perdidos muchos siglos antes: Nicéforo Focas (963-969) reconquistó el norte de Siria, incluyendo la ciudad de Antioquía (969), así como las islas de Creta (961) y Chipre (965). El gran enemigo occidental del Imperio durante esta etapa fue el estado búlgaro. Convertido al cristianismo a mediados del siglo IX, Bulgaria alcanzó su apogeo en tiempos del zar Simeón (893-927), educado en Constantinopla. Desde 896 el Imperio estuvo obligado a pagar un tributo a Bulgaria, y, en 913, Simeón estuvo a punto de atacar la capital. A la muerte de este monarca, en 927, su reino comprendía buena parte de Macedonia y de Tracia, junto con Serbia y Albania. El poder de Bulgaria fue sin embargo declinando durante el siglo X, y, a principios del siglo siguiente, Basilio II (976-1025), llamado Bulgaróctonos ("matador de búlgaros") invadió Bulgaria y la anexionó al Imperio, dividiéndola en cuatro temas. Uno de los hechos más decisivos, y de efectos más duraderos, de esta época fue la incorporación de los pueblos eslavos a la órbita cultural y religiosa de Bizancio. En la segunda mitad del siglo IX, los monjes de Tesalónica Metodio y Cirilo fueron enviados a evangelizar Moravia a petición de su monarca, Ratislao. Para llevar a cabo su tarea crearon, partiendo del dialecto eslavo hablado en Tesalónica, una lengua literaria, el antiguo eslavo eclesiástico o litúrgico, así como un nuevo alfabeto para ponerla por escrito, el alfabeto glagolítico (luego sustituido por el alfabeto cirílico). Aunque la misión en Moravia fracasó, a mediados del

siglo X se produjo la conversión del principado de Kiev, quedando así bajo la influencia de Bizancio un estado de extensión mucho mayor que el propio Imperio. Las relaciones con Occidente fueron tensas desde la coronación de Carlomagno (800) y las pretensiones de sus sucesores al título de emperadores romanos y al dominio sobre Italia. Durante toda esta etapa, a pesar de la pérdida de Sicilia, el Imperio siguió teniendo una enorme influencia en el sur de la península itálica. Las tensiones con Otón I, quien pretendía expulsar a los bizantinos de Italia, se resolvieron mediante el matrimonio de la princesa bizantina Teófano, sobrina del emperador bizantino Juan Tzimiscés, con Otón II. La política religiosa Tras la resolución del conflicto iconoclasta, se restauró la unidad religiosa del Imperio. No obstante, hubo de hacerse frente a la herejía de los paulicianos, que en el siglo IX llegó a tener una gran difusión en Asia Menor, así como a su rebrote en Bulgaria, la doctrina bogomilita. Durante esta época fueron evangelizados los búlgaros. Esta expansión del cristianismo oriental provocó los recelos de Roma, y a mediados del siglo IX estalló una grave crisis entre el patriarca de Constantinopla, Focio y el papa Nicolás I, quienes se excomulgaron mutuamente, produciéndose una primera separación de las iglesias oriental y occidental que se conoce como Cisma de Focio. Además de la rivalidad por la primacía entre las sedes de Roma y Constantinopla, existían algunos desacuerdos doctrinales. El Cisma de Focio fue, sin embargo, breve, y hacia 877 las relaciones entre Oriente y Occidente volvieron a la normalidad. La ruptura definitiva con Roma se consumó en 1054, con motivo de una disputa sobre el texto del Credo, en el que los teólogos latinos habían incluido la cláusula filioque, significando así, en contra de la tradición de las iglesias orientales, que el Espíritu Santo procedía no sólo del Padre, sino también del Hijo. Existía también desacuerdo en otros muchos temas menores, y subyacía, sobre todo, el enfrentamiento por la primacía entre las dos antiguas capitales del Imperio. La decadencia del Imperio (1056-1261) Tras el período de esplendor que supuso el renacimiento macedónico, en la segunda mitad del siglo XI comenzó un período de crisis, marcado por la creciente feudalización del Imperio y su debilidad ante la aparición de

dos poderosos nuevos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinos cristianos de Europa Occidental. En la frontera oriental, los turcos selyúcidas, que hasta el momento habían centrado su interés en derrotar al Egipto fatimí, empezaron a hacer incursiones en Asia Menor, de donde procedía la mayor parte de los soldados del Imperio. Con la inesperada derrota en la batalla de Manzikert (1071) del emperador Romano IV Diógenes a manos de Alp Arslan, sultán de los turcos selyúcidas, terminó la hegemonía bizantina en Asia Menor. Los intentos posteriores de los emperadores Commenos por reconquistar los territorios perdidos se revelarán siempre infructuosos. Más aún, un siglo después, Manuel I Comneno sufriría otra humillante derrota frente a los selyúcidas en Myriokephalon en 1176. En Occidente, los normandos expulsaron de Italia a los bizantinos en unos pocos años (entre 1060 y 1076), y conquistaron Dyrrachium, en Iliria, desde donde pretendían abrirse camino hasta Constantinopla. La muerte de Roberto Guiscardo en 1085 evitó que estos planes se llevasen a efecto. Sin embargo, pocos años después, la Primera Cruzada se convertiría en un quebradero de cabeza para el emperador Alejo I Comneno. Se discute si fue el propio emperador el que solicitó la ayuda de Occidente para combatir contra los turcos. Aunque teóricamente se habían comprometido a poner bajo la autoridad de Bizancio los territorios sometidos, los cruzados terminaron por establecer varios estados independientes en Antioquía, Edesa, Trípoli y Jerusalén. Los alemanes del Sacro Imperio Romano y los normandos de Sicilia y el sur de Italia siguieron atacando el Imperio durante el siglo XII. Las ciudades-estado y republicas italianas como Venecia y Génova, a las cuales Alejo había concedido derechos comerciales en Constantinopla, se convirtieron en los objetivos de sentimientos antioccidentales debido al resentimiento existente hacia los francos o latinos. A los venecianos en especial les importunaron sobremanera dichas manifestaciones del pueblo bizantino, teniendo en cuenta que su flota de barcos era la base de la marina bizantina. Federico Barbarroja (emperador del Sacro Imperio Romano) intentó conquistar sin éxito el Imperio durante la Tercera Cruzada, pero fue la cuarta la que tuvo el efecto más devastador sobre el Imperio Bizantino en siglos. La intención expresa de la cruzada era conquistar Egipto y los bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino (sultán de Egipto y Siria y principal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa), decidieron mantenerse neutrales.

La reticencia bizantina a implicarse en la Cruzada, la toma del control de la expedición por parte de los venecianos puesto que sus dirigentes no podían pagar el transporte de las tropas y la codicia por parte de los jefes cruzados de los tesoros de Constantinopla hicieron que los cruzados tomaran por asalto Constantinopla en 1204, dando origen al efímero Imperio Latino (1204-1261). Por primera vez desde su fundación por Constantino, más de 800 años antes, la ciudad había sido tomada por un ejército extranjero. El poder bizantino pasó a estar permanentemente debilitado. En este tiempo, el reino serbio, bajo la dinastía Nemanjic,, se fortaleció aprovechando el desmoronamiento de Bizancio, iniciando un proceso que culminaría cuando en 1346 se constituyera el Imperio Serbio. Tres estados griegos herederos del Imperio Bizantino permanecieron fuera de la órbita del recientemente creado Imperio Latino —el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda, y el Despotado de Epiro. El primero, controlado por la Dinastía Paleólogo, reconquistó a los latinos Constantinopla en 1261 y derrotó a Epiro, revitalizando el Imperio pero prestando demasiada atención a Europa cuando la creciente penetración del los turcos en Asia Menor constituía el principal problema.

La caída de Constantinopla La historia de Bizancio tras la reconquista de la capital por Miguel VIII Paleólogo es la de una prologada decadencia. En el lado oriental el avance turco redujo casi a la nada los dominios asiáticos del Imperio,

convertido en algunas etapas en vasallo de los otomanos, en los Balcanes debió competir con los estados griegos y latinos que habían surgido a raíz de la conquista de Constantinopla en 1204, y en el Mediterráneo la superioridad naval veneciana dejaba muy pocas opciones a Constantinopla. Además, durante el siglo XIV el Imperio, convertido en uno más de numerosos estados balcánicos, debió afrontar la terrible revuelta de los almogávares catalanes y dos devastadoras guerras civiles. Durante un tiempo el Imperio sobrevivió simplemente porque selyúcidas, mongoles y persas safávidas estaban demasiado divididos para poder atacar, pero finalmente los turcos otomanos invadieron todo lo que quedaba de las posesiones bizantinas a excepción de un número de ciudades portuarias. (Los otomanos procedían de uno de los sultanatos —núcleo originario del futuro Imperio otomano— escindidos del estado selyúcida bajo el mando de un líder llamado Osman I Gazi— que daría el nombre de la dinastía otomana u osmanlí). El Imperio apeló a Occidente en busca de ayuda, pero los diferentes estados ponían como condición la reunificación de la iglesia católica y la ortodoxa. La unidad de las iglesias fue considerada, y ocasionalmente llevada a cabo por decreto legal, pero los ciudadanos ortodoxos no aceptarían el catolicismo romano. Algunos combatientes occidentales llegaron en auxilio de Bizancio, pero muchos prefirieron dejar al Imperio sucumbir, y no hicieron nada cuando los otomanos conquistaron los territorios restantes. Constantinopla fue en un principio desestimada en pos de su conquista debido a sus poderosas defensas, pero con el advenimiento de los cañones, las murallas —que había sido impenetrables excepto para la Cuarta Cruzada durante más de 1000 años— ya no ofrecían la protección adecuada frente a los turcos Otomanos. La Caída de Constantinopla finalmente se produjo después de un sitio de dos meses llevado a cabo por Mehmet II el 29 de mayo de 1453. El último emperador Bizantino, Constantino XI Paleologo, fue visto por última vez cuando entraba en combate con las tropas de jenízaros de los sitiadores otomanos, que superaban de manera aplastante a los bizantinos. Mehmet II también conquistó Mistra en 1460 y Trebisonda en 1461.

El imperio hacia 1400 d.C.

La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos el martes 29 de mayo de 1453 fue un suceso histórico que, en la periodización clásica y según algunos historiadores, marcó el fin de la Edad Media en Europa y el fin del último vestigio del Imperio Bizantino y de la cultura clásica. Constantinopla era, hasta el momento de su "caída", una de las ciudades más importantes del mundo. Localizada en el Serrallo, una proyección de tierra sobre el estrecho del Bósforo en dirección a Anatolia, funcionaba como un puente para las rutas comerciales que unían Europa con Asia por tierra. También era el puerto principal en las rutas que iban y venían entre el Mar Negro y el Mediterráneo. Para explicar cómo una ciudad de esta importancia cayó en manos otomanas, es preciso retrotraernos a los siglos previos al año 1453 y detallar los sucesos que debilitaron el Imperio Bizantino. El saqueo de Constantinopla y el Imperio Latino Puede decirse que el declive de Constantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, comenzó en 1190 durante los preparativos de la Tercera Cruzada en los reinos de Occidente. Los bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino (sultán de Egipto y Siria y principal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa), decidieron mantenerse neutrales. Con esta reticencia bizantina como excusa, y con la codicia por los tesoros de Constantinopla como motor, los cruzados tomaron por asalto la ciudad en 1204, ya en la Cuarta Cruzada, dando origen al efímero Imperio Latino que duró hasta 1261.

Los bizantinos, despojados de su capital imperial, establecieron nuevos Estados: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el Despotado de Epiro serían los más influyentes. En tanto, el reino establecido por los cruzados fue perdiendo territorios. Finalmente, en 1261, el Imperio de Nicea, bajo Miguel VIII Paleólogo, reconquistó la ciudad. Fortalecimiento de las defensas El ataque de los cruzados reveló un punto débil en las defensas de la ciudad. Las poderosas murallas al oeste de la ciudad repelieron invasores persas, germanos, hunos, ávaros, búlgaros y rusos (22 sitios en total) durante siglos, pero las murallas a lo largo del litoral, sobre todo a lo largo del Cuerno de Oro (un canal que separa Constantinopla de la villa de Pera, al norte) se revelaron frágiles. Después de recuperar la ciudad, los bizantinos reforzaron las murallas del litoral y las defensas en los puntos donde necesitaban estar abiertas para la entrada de los navíos a los puertos. Para asegurarse de que no necesitarían preocuparse por las defensas en el Cuerno de Oro, se construyó una pesada y descomunal cadena de hierro que cruzaba el canal, de forma que ningún navío podría pasar sin la autorización de la guardia bizantina. Nacimiento del Imperio Otomano Incluso antes de la Cuarta Cruzada, el Imperio Bizantino venía, desde varios siglos atrás, perdiendo territorios debido al empuje de pueblos y estados musulmanes, en Oriente Medio y en África. En los inicios del siglo XI, una tribu turca procedente de Asia Central y que regía en una amplia zona de lo que hoy es Oriente Medio, los selyúcidas, comenzaron a atacar y conquistar territorios bizantinos en Anatolia. Al final del siglo XIII, los selyúcidas ya habían tomado casi todas las ciudades bizantinas de Anatolia, con excepción de un puñado de ciudades en el noroeste de la península. En esta época, otro clan seminómada turco había migrado del norte de Persia hacia el oeste y, tomando partido por los selyúcidas en una batalla en Anatolia frente al Imperio Mongol, junto a ellos había vencido a los mongoles. El sultán selyúcida, en agradecimiento, les concedió un pequeño territorio montañoso en el noroeste del imperio, en las proximidades del territorio bizantino. El estado selyúcida comenzaba poco después a dividirse en pequeños emiratos que no reconocían el poder selyúcida ni el mongol. Uno de estos sultanatos, el del clan turco que habría ayudado a los selyúcidas, bajo el mando de un líder llamado

Osman I Gazi (que daría el nombre de la dinastía otomana u osmanlí) sería el núcleo originario del futuro Imperio Otomano. Invasión otomana en Europa Los otomanos ya habían impuesto su fuerza al desvalido Imperio Bizantino, tomando sus últimas ciudades asiáticas de Bursa, Nicea y Nicomedia. En 1341, cuando murió el emperador Andrónico III, el imperio cayó en manos de su esposa Ana, quien nombró al clérigo Juan VI Cantacuzeno como tutor de su hijo Juan V Paleólogo y corregente de Ana. En 1343, Cantacuzeno se declaró regente único y pidió ayuda militar a los otomanos para imponer su control sobre los últimos remanentes del Imperio Bizantino. Ana, entonces, determinó que Juan y Cantacuzeno serían co-emperadores, el segundo de mayor autoridad sobre el primero durante 10 años, cuando entonces gobernarían como iguales. Cuando el reino de Serbia atacó Salónica, en 1349, el clérigo y regente bizantino Cantacuzeno pidió por segunda vez auxilio a los otomanos. En 1351, Cantacuzeno hizo una tercera alianza con los turcos para ayudarlo en la guerra civil provocada entre sus partidarios y los seguidores del príncipe Juan. En este último acuerdo, Cantacuzeno prometió a los otomanos la posesión de una fortaleza del lado europeo del estrecho de los Dardanelos: la primera ocupación de una civilización asiática en Europa desde el asedio persa a Grecia, más de 2.000 años atrás. Entretanto, el príncipe otomano Suleimán decidió reforzar su posición tomando la ciudad de Gallípoli, estableciendo el control sobre toda la península y una base estratégica para la expansión del Imperio Otomano en Europa. Cuando Cantacuzeno exigió la devolución de la ciudad, los otomanos se volvieron en contra de Constantinopla. Durante el gobierno de Juan Paleólogo, Bizancio se convirtió un estado vasallo de los otomanos, ofreciendo soldados para las campañas de los turcos en Europa y pagando un tributo anual para mantener a los turcos lejos de Constantinopla. Las exigencias turcas se agravaron cuando Juan murió, en 1391, y su hijo Manuel II Paleólogo subió al trono, en desacato al sultán otomano Bayaceto (Beyazid I). Los cercos de 1391, 1396 y 1422 Entre las nuevas exigencias del sultán estaba el establecimiento de un distrito en Constantinopla de mercaderes turcos. Como Manuel rehusó, Beyazid cercó la ciudad por tierra. Después de 7 meses de sitio, Manuel

Paleólogo cedió y los turcos se retiraron para las campañas en el norte, contra Serbia y Hungría. Beyazid convocó a Manuel y a otros reyes cristianos del este europeo para una audiencia, donde demostraría las consecuencias para cualquiera que resistiera al sultán. Paleólogo presintió que sería asesinado y rehusó la invitación. Después de un segundo rechazo, en 1396, Bayaceto envió nuevamente su ejército a Constantinopla, saqueando y destruyendo los campos aledaños a la ciudad, impidiendo que cualquiera entrase o saliese vivo de allí. Constantinopla aún podía contar con suministros venidos del mar, ya que los turcos no se apoyaron en un cerco marítimo a la ciudad. Así, Constantinopla resistió por 6 años, hasta que, en 1402, el temible ejército de Tamerlán invadió el Imperio Otomano por el este y Beyazid se vio obligado a movilizar sus tropas para este nuevo frente, salvándose Constantinopla en el último momento. En las dos décadas siguientes, Constantinopla se vio libre del yugo otomano y pudo incluso recuperar algunos territorios en Grecia. Pero en 1422 Manuel Paleólogo resolvió apoyar a un príncipe otomano al trono, imaginando una tregua duradera en el futuro. El sultán Murad II envió en respuesta un contingente de 10.000 soldados para cercar Constantinopla una vez más. En aquel año, el 24 de agosto, el sultán ordenó un duro ataque a las murallas y, después de varias horas de batalla, ordenó su retirada y, una vez más, Constantinopla consiguió sobrevivir.</nowiki> La caída de Constantinopla

Asedio de Constantinopla, pintura de 1499 Búsqueda de apoyo en el Occidente

El cisma entre las Iglesias católicas Romana y Ortodoxa había mantenido a Constantinopla distante de las naciones occidentales e, incluso durante los asedios de los turcos musulmanes, no había conseguido más que indiferencia de Roma y sus aliados. En un último intento de aproximación, teniendo en vista la constante amenaza turca, el emperador Juan VIII promovió un concilio en Ferrara, en Italia, donde se resolvieron rápidamente las diferencias entre las dos confesiones. Entretanto, la aproximación provocó tumultos entre la población bizantina, dividida entre los que rechazaban a la iglesia romana y los que apoyaban la maniobra política de Juan VIII. Constantino XI y Mehmed II Juan VIII había muerto en 1448 y su hermano Constantino XI asumió el trono al año siguiente (mientras tanto la regente en Constantinopla fue Elena Dragases, madre de ambos). Era una figura popular, habiendo luchado en la resistencia bizantina en el Peloponeso frente al ejército otomano, más seguía la línea de su hermano y predecesor en la conciliación de las iglesias oriental y occidental, lo que causaba desconfianza no sólo entre el clero bizantino sino también en el sultán Murad II, que veía esta alianza como una amenaza de intervención de las potencias occidentales en la resistencia a su expansión en Europa. En 1451 Murad II murió, siendo sucedido por su joven hijo Mehmed II. Inicialmente, Mehmed ha prometido no violar el territorio bizantino. Esto aumentó la confianza de Constantino que, en el mismo año, se sintió seguro y suficiente para exigir el pago de una renta anual para la manutención de un oscuro príncipe otomano, mantenido como rehén, en Constantinopla. Furioso, más por el ultraje que por la amenaza a su pariente en sí, Mehmed II ordenó los preparativos para un asedio completo a la capital bizantina. Preparativos Ambos bandos se prepararon para la guerra. Los bizantinos, ahora, con la simpatía de las naciones occidentales, enviaron mensajeros a dichas naciones pidiendo refuerzos y consiguiendo promesas. Tres navíos genoveses contratados por el Papa estaban en camino con armas y provisiones. El Papa también había enviado al cardenal Isidro, con 300 arqueros napolitanos como su guardia personal. Los venecianos enviaron a mediados de 1453 un refuerzo de 800 soldados y 15 navíos con pertrechos, mientras que los ciudadanos venecianos residentes en Constantinopla aceptaron participar de las defensas de la ciudad. La capital bizantina también recibió refuerzos de los ciudadanos de Pera y

de los genoveses renegados, entre los cuales estaba su capitán Giovanni Giustiniani Longo, quien se encargaría de las defensas de la muralla este, y 700 soldados. Se aprestaron a la defensa con barriles de fuego griego, armas de fuego, y todos los hombres y jóvenes capaces de empuñar una espada o un arco. Para esa época Constantino XI Paleólogo había hecho un censo en la ciudad para ver las fuerzas disponibles para la defensa de Constantinopla. El resultado fue decepcionante: la población apenas llegaba los 50.000 habitantes (en su máximo esplendor en el siglo V había llegado a 500.000 habitantes, osea 10 veces menos) y apenas había entre 5.000 a 7.000 soldados para la defensa. Los otomanos, a su vez, iniciaron el cerco construyendo rápidamente una muralla 10 kilómetros al norte de Constantinopla, Anadoluhisari. Mehmed II sabía que los asedios anteriores habían fracasado porque la ciudad recibía suministros a través del mar y entonces trató de bloquear las dos entradas, la del Mar Negro, con una fortaleza armada con tres cañones (Rumeli Hisari) en el punto más estrecho de la orilla del Bósforo, y con a lo menos 125 navíos ocupando los Dardanelos, el Mar de Mármara y el oeste del Bósforo. Mehmed también reunió un ejército estimado en 100.000 soldados, 80.000 de los cuales eran combatientes turcos profesionales; los demás, reclutas capturados en campañas anteriores, mercenarios, aventureros, voluntarios de Anatolia, los bashi-bazuks y renegados cristianos, los cuales serían empleados en los asaltos directos. 12.000 de estos soldados eran jenízaros (infantería) y 15.000 cipayos (caballería), la élite del ejército otomano. Al inicio de 1452, un ingeniero de artillería húngaro llamado Urbano ofreció sus servicios al sultán. Mehmed le hizo responsable de la instalación de los cañones en su nueva fortaleza y la fabricación de un inmenso cañón de nueve metros de longitud(llamado gran bombarda), el cual fue llevado a las cercanías de Constantinopla empujado por varios cientos de bueyes y auxiliado por un contingente de 100 hombres a la velocidad de 2 KM por dia. A todos estos se les sumaban aquellos que animaban a la batalla con sus tambores y trompetas y que se contaban por miles, no cesando de tocar en ninguno de los momentos del asedio, además del apoyo de los derviches que incitaban a destruir la ciudad. El sultán prometió a sus hombres que estarían tres días de pillaje y botín, enardeciendo así los ánimos entre ellos, además de asegurar que aquel que coronara primero la muralla sería nombrado gobernador (bey) de una de las provincias del Imperio Bizantino.

El ataque otomano El sitio comenzó oficialmente el 6 de abril de 1453, cuando el gran cañón disparó el primer tiro en dirección al valle del Río Lico, junto a la puerta de San Romano, que penetraba en Constantinopla por una depresión bajo la muralla, lo cual posibilitaba el posicionamiento del cañón en una parte más alta. La muralla, hasta entonces imbatida en aquel punto, no había sido construida para soportar ataques de artillería, y en menos de una semana comenzó a ceder, pese a ser la mejor arma contra los otomanos, ya que constaba de tres anillos gruesos de murallas con fosos de entre 30 y 70 metros de profundidad. Todos los días, al anochecer, los bizantinos se escabullían fuera de la ciudad para reparar los daños causados por el cañón con sacos y barriles de arena, piedras despedazadas de la propia muralla y empalizadas de madera, mientras los defensores se defendían con sus arqueros mediante lanzamientos de flechas y con ballesteros de dardos. Los otomanos evitaron el ataque por la costa, puesto que las murallas eran reforzadas por torres con cañones y artilleros que podrían destruir toda la flota en poco tiempo. Por eso, el ataque inicial se restringió casi solamente a un frente, lo que facilitó tiempo y mano de obra suficientes a los bizantinos para soportar el asedio. Al comienzo del cerco, los bizantinos consiguieron dos victorias alentadoras. El 12 de abril, el almirante búlgaro al servicio del sultán Suleimán Baltoghlu fue rechazado por la armada bizantina al intentar forzar el pasaje por el Cuerno de Oro. Seis días después, el Sultán intentó un ataque a la muralla dañada en el valle del Lico, pero fue derrotado por un contingente menor, aunque mejor armado, de bizantinos, al mando de Giustiniani. El 20 de abril los bizantinos avistaron los navíos enviados por el Papa, además de otro navío griego con grano de Sicilia, que atravesaron el bloqueo de los Dardanelos cuando el sultán desplazó sus navíos hacia el Mar de Mármara. Baltoghlu intentó interceptar los navíos cristianos, pero vio que su flota podía ser destruida por los ataques de fuego griego arrojado sobre sus embarcaciones. Los navíos llegaron con éxito al Cuerno de Oro y Baltoghlu fue humillado públicamente por el sultán y ejecutado. El 22 de abril, el sultán asestó un golpe estratégico en las defensas bizantinas con la ayuda de la gran maniobra ideada por su general Zaganos Pasha. Imposibilitados para atravesar la cadena que cerraba el Cuerno de Oro, el sultán ordenó la construcción de un camino de rodadura al norte de Pera, por donde sus navíos podrían ser empujados

por tierra, evitando la barrera. Con los navíos posicionados en un nuevo frente, los bizantinos no tendrían recursos para reparar después sus murallas. Sin elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar y el 25 de abril intentaron un ataque sorpresa a los turcos en el Cuerno de Oro, pero fueron descubiertos por espías y ejecutados. Los bizantinos, entonces, decapitaron a 260 turcos cautivos y arrojaron sus cuerpos sobre las murallas del puerto. Bombardeados diariamente en dos frentes, los bizantinos raramente eran atacados por los soldados turcos. El 7 de mayo, el sultán intentó un nuevo ataque al valle del Lico, pero fue nuevamente repelido. Al final del día, los otomanos comenzaron a mover una gran torre de asedio, pero durante la noche, los soldados bizantinos consiguieron destruirla antes de que fuese usada. Los turcos también intentaron abrir túneles por debajo de las murallas, pero los griegos cavaban del lado interno y atacaban de sorpresa con fuego o agua. Con los impactos de artillería de los cañones las murallas sufrían grandes brechas por donde penetraban los jenízaros, que para salvar los fosos se dedicaban a recoger ramas, toneles, además de los bloques de piedra de las murallas derruidas, para rellenar los fosos y poder penetrar para luchar cuerpo a cuerpo con los bizantinos. La mano de obra estaba sobrecargada, los soldados cansados y los recursos escaseaban. El mismo Constantino XI coordinaba las defensas, inspeccionaba las murallas y animaba a las tropas por toda la ciudad. Malos presagios La resistencia de Constantinopla comenzó a decaer cuando cundió el desánimo causado por una serie de malos presagios. En la noche del 24 de mayo hubo un eclipse lunar, recordando a los bizantinos una antigua profecía de que la ciudad sólo resistiría mientras la Luna brillase en el cielo. Al día siguiente, durante una procesión, uno de los íconos de la Virgen María cayó al suelo. Luego, de repente, una tempestad de lluvia y granizo inundó las calles. Los navíos prometidos por los venecianos todavía no habían llegado y la resistencia de la ciudad estaba al límite. Al mismo tiempo, los turcos otomanos afrontaban sus propios problemas. El costo para sostener un ejército de 100.000 hombres era muy grande y los oficiales comentaban la ineficiencia de las estrategias del Sultán hasta entonces. Mehmed II se vio obligado a lanzar un ultimátum a Constantinopla: los turcos perdonarían las vidas de los cristianos si el emperador entregaba la ciudad. Como alternativa, prometió levantar el cerco si Constantino pagaba un pesado tributo.

Como los tesoros estaban vacíos desde el saqueo de la Cuarta Cruzada, Constantino se vio obligado a rechazar la oferta y Mehmed, a lanzar un ataque rápido y decisivo. El asalto final Mehmet ordenó que las tropas descansasen el día 28 de mayo para prepararse para el asalto final en el día siguiente, ya que sus astrólogos le habían profetizado que el día 29 sería un día nefasto para los infieles. Por primera vez en casi dos meses, no se oyó el ruido de los cañones ni de las tropas en movimiento. Para romper el silencio y levantar la moral en el momento decisivo, todas las iglesias de Constantinopla tocaron sus campanas durante todo el día. El Emperador y el pueblo rezaron juntos en Santa Sofía por última vez, antes de ocupar sus puestos para resistir el asalto final, que se produjo antes del amanecer. Durante esa madrugada del día 29 de mayo de 1453, el sultán otomano Mehmet lanzó un ataque total a las murallas, compuesto principalmente por mercenarios y prisioneros, concentrando el ataque en el valle del Lico. Durante dos horas, el contingente principal de mercenarios europeos fue repelido por los soldados bizantinos bajo el mando de Giustiniani, provistos de mejores armas y armaduras y protegidos por las murallas. Pero con las tropas cansadas, tendrían ahora que afrontar al ejército regular de 80.000 turcos. El ejército turco atacó durante más de dos horas, sin vencer la resistencia bizantina. Entonces hicieron espacio para el gran cañón, que abrió una brecha en la muralla por la cual los turcos concentraron su ataque. Constantino en persona coordinó una cadena humana que mantuvo a los turcos ocupados mientras la muralla era reparada. El Sultán, entonces, hizo uso de los jenízaros, que trepaban la muralla con escaleras. Sin embargo, tras una hora de combates, los jenízaros todavía no habían conseguido entrar a la ciudad. Con los ataques concentrados en el valle del Lico, los bizantinos cometieron la imprudencia de dejar la puerta de la muralla noroeste (la Kerkaporta) semiabierta. Un destacamento jenízaro otomano penetró por allí e invadió el espacio entre las murallas externa e interna, muriendo muchos de ellos al caer al foso. Se dice que el primero en llegar fue un gran soldado llamado Hassan, que murió por una lluvia de flechas bizantinas. En ese momento, el comandante Giustiniani fue herido y fue evacuado apresuradamente hacia un navío. Sin su liderazgo, los soldados griegos lucharon desordenadamente contra los disciplinados turcos. La muerte de Constantino XI es una de las leyendas

más famosas del asalto, ya que el Emperador luchó hasta la muerte en las murallas tal y como había prometido a Mehmed II cuando este le ofreció el gobierno de Mistra a cambio de la rendición de Constantinopla. Su cabeza fue decapitada y capturada por los turcos, mientras que su cuerpo era enterrado en Constantinopla con todos los honores. Giustiniani también moriría más tarde, a causa de las heridas, en la isla griega de Quíos, donde se encontraba anclada la prometida escuadra veneciana a la espera de vientos favorables. El saqueo y el control turco Constantino, avisado inmediatamente del hecho, fue hacia él y lo quiso convencer de no alejarse del lugar, le habló de la importancia de mantenerse como sea en el campo de batalla, pero el genovés habría intuido la gravedad del asunto y lamentablemente se mantuvo firme en su deseo de retirarse para ser atendido. Cuando el resto de los soldados genoveses vieron que se llevaban a su capitán pasó lo que era de esperar: se desmoralizaron y desertaron de sus puestos en la muralla siguiendo el camino de su capitán, justo en el preciso momento en que arreciaban las fuerzas de los jenízaros en el lugar.

El sitio de Constantinopla Mehmed II entró en la ciudad por la tarde, junto a sus generales Zaganos Pasha y Mahmud Pasha, y ordenó que la catedral fuese consagrada como mezquita, después de haber pasado un buen rato en ella en silencio y rezando con dirección hacia La Meca. Este contingente bizantino recibió autorización para vivir en la ciudad bajo la autoridad de un nuevo patriarca, el teólogo Jorge Scolarios, que adoptó el nombre de

Genadio II, designado por el propio Sultán para asegurarse de que no habría revueltas. De cualquier forma, fue el fin del último reducto de la cultura clásica, el último vestigio del Imperio Romano. Constantinopla fue llamada desde ese entonces Estambul y pasó a ser la capital de un nuevo imperio que llegaría hasta las mismas puertas de Viena, el Imperio Otomano. Implicaciones La caída de Constantinopla causó una gran conmoción en Occidente, se creía que era el principio del fin del cristianismo. Los cronistas de la época confiaban en la resistencia de las murallas y creían imposible que los turcos pudiesen superarlas. Se llegaron a iniciar conversaciones para formar una nueva cruzada que liberase Constantinopla del yugo turco, pero ninguna nación pudo ceder tropas en aquel tiempo. Los mismos genoveses se apresuraron a presentar sus respetos al Sultán y así pudieron mantener sus negocios en Pera por algún tiempo. Con Constantinopla, y por ende el Bósforo, bajo dominio musulmán, el comercio entre Europa y Asia declinó súbitamente. Ni por tierra ni por mar los mercaderes cristianos conseguirían pasaje para las rutas que llevaban a la India y a China, de donde provenían las especias usadas para conservar los alimentos, además de artículos de lujo, y hacia donde se destinaban sus mercancías más valiosas. De esta manera, las naciones europeas iniciaron proyectos para el establecimiento de rutas comerciales alternativas. Portugueses y españoles aprovecharon su posición geográfica junto al Océano Atlántico para tratar de llegar a la India por mar. Los portugueses trataron de llegar a Asia circunnavegando África, intento que culminó con el viaje de Vasco da Gama entre 1497-1498. En cuanto a España, los Reyes Católicos financiaron la expedición del navegante Cristóbal Colón, quien veía una posibilidad de llegar a Asia por el oeste, a través del Océano Atlántico, intento que culminó en 1492 con el arribo a América, dando inicio al proceso de ocupación del Nuevo Mundo. Los dos países, otrora sin mucha expresión en el escenario político europeo, ocupados como estaban en la Reconquista, se convirtieron en el siglo XVI en las naciones más poderosas del mundo, estableciendo un nuevo orden mundial. Otra importante consecuencia de la caída de Constantinopla fue la huida de numerosos sabios griegos a las cortes italianas de la época, lo que auspició en gran medida el Renacimiento.

Ejército bizantino Esta página trata sobre ejército bizantino, es decir, el ejército del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente. Comienza como una versión del ejército romano, manteniendo unos niveles similares de disciplina, valor y organización, y fue evolucionando hacia un ejército medieval basado en caballería. Durante gran parte de la historia del Imperio fue la fuerza militar más poderosa y efectiva de Europa.

Historia Transformaciones del ejército romano Del mismo modo que el Imperio Bizantino fue una continuación del Imperio Romano, el ejército bizantino evolucionó a partir del ejército romano. Éste estaba compuesto de unas treinta legiones acuarteladas en las fronteras del Imperio (Ver: Lista de legiones romanas, y se basaba en la fuerza de la infantería. Entre los siglos III y VII, entre los gobiernos de Diocleciano y de Heraclio, tiene lugar una profunda reestructuración del ejército romano. Los cambios más destacados son los siguientes:

1. Desarrollo de la caballería. La fuerza de las legiones romanas residía
en la infantería, y apenas se concedía importancia a la caballería, formada por pequeños cuerpos (los auxilia) reclutados entre los aliados de Roma. En el siglo IV las cosas empiezan a cambiar. Tras su uso ocasional por parte de los persas, los catafractos fueron adoptados (ya en la etapa bajoimperial) como tropas de élite por el Imperio Romano, siendo antecesores de la caballería pesada medieval. En las guerras que el Imperio libra contra Persia a lo largo del mencionado siglo, narradas en la obra de Amiano Marcelino, se pone de manifiesto la gran importancia de la caballería. La batalla de Adrianópolis fue el último encuentro armado en que intervinieron las legiones convencionales. Dos siglos después, en el relato que hace Procopio de las guerras de Justiniano, las tropas romanas son casi exclusivamente de caballería, siendo la infantería un mero acompañaniento. Este desarrollo de la caballería parece estar relacionado por la invención y desarrollo de la silla y el estribo, así como por la aparición, en la llanura irania, de una nueva raza de caballos capaces de transportar al hombre con armadura completa.

1. Limitanei y comitatenses

Los limitanei eran las unidades que defendían las fortificaciones fronterizas (lat. limes). Su función era retrasar al invasor del momento, dando tiempo a los ejércitos móviles del Imperio para moverse hasta la zona de conflicto. Los comitatenses se mantenían tras las fronteras, y podían desplazarse rápidamente en caso de necesidad, tanto para la defensa como el ataque, y eran con frecuencia utilizados contra los usurpadores. Estas tropas estaban mejor pagadas, entrenadas y equipadas que los limitanei

Un tercio de cada unidad estaba constituida por soldados de caballería. Aproximadamente la mitad era caballería pesada, denominada de distintas formas: scutarii, promoti y stablesiani, por ejemplo. La organización del ejército: los themata Los themata o temas ( en griego: θημ&alpha, -τα) fueron establecidos en el siglo VII (se discute sobre si su creador fue Heraclio o Constante II) sobre el modelo de los exarcados de Rávena y Cartago. Eran al tiempo distritos militares y circunscripciones administrativas, bajo el mando de un strategos (στρατηγος). El nombre thémata significa, según Treadgold, "emplazamientos". Ostrogorsky, en su Historia del estado bizantino, atribuye a Heraclio la creación de los primeros temas en Asia Menor. Otros autores, sin embargo, como Pertusi, Baynes, Lemerle, Ahrweiler, Mango y Kaegi, opinan que fue un proceso paulatino a lo largo del siglo VII. Los cinco primeros temas estaban en Asia Menor, y su misión principal era contener la invasión árabe, que había despojado al Imperio de las provincias de Siria y de Egipto. Eran los siguientes:

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Thema Armeniakon (Tema de los Armeníacos): comprendía el este de Anatolia, desde Capadocia hasta el Mar Negro y el Éufrates. Su núcleo original era el ejército de Armenia establecido por Justiniano. Su existencia está documentada al menos desde el año 668. Thema Anatolikon (Tema de los Anatólicos): en el centro y sur de Asia Menor. Formado en torno al Ejército de Oriente. Thema Opsikion: comprendía Bitinia y Paflagonia, y defendía la costa meridional del Mar de Marmara. Se formó en torno al 'Obsequium' (latín "comitiva"), una fuerza comitatensis. Thema Thrakesion: en el sudoeste de Asia Menor.

Thema Karabisianon, el Tema de los Barcos" (Karabi, barco), en Panfilia y Rodas, encargado de la defensa del Imperio frente a la flota árabe.

Las tropas de los temas estaban formados por los llamados stratiotas, que servían al Imperio en el régimen denominado πρωνοια (pronóia): se les concedía parcelas (stratiotika ktemata) que debían trabajar y, a cambio de esto y una pequeña compensación monetaria, estaban ligados al ejército durante toda su vida, e incluso transmitían esta obligación a sus hijos. Este sistema permitía al Imperio formar un ejército fuerte basado en la población autóctona, evitando tener que reclutar mercenarios. En los siglos siguientes, para evitar el poder excesivo de los strategos debido al gran tamaño de los temas, los emperadores León III, Teófilo y León VI dividieron los temas en áreas más pequeñas. En el siglo X, bajo el reinado de Constantino VII Porfirogéneta está documentada la existencia de 28 temas: En Asia:
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Thema Anatolikon, que incluía zonas de Frigia, Licaonia, Isauria, Panfilia y Pisidia; Thema Armeniakon, que incluía zonas de Armenia, Khaldia y Capadocia; Thema Thrakesion Thema Opsikion, que incluía Misia y parte de Bitinia y Frigia; Thema Optimaton; Thema Bukellarion; Thema Paphlagonias; Thema Khaldias, territorio alrededor de Trebisonda, antes llamado Ponto, por su cercanía al Mar Negro (Euxeinos Pontos, Ευξεινοσ Ποντοσ); Thema Mesopotamias, en la frontera de Mesopotamia; Thema Koloneias, la región entre el Ponto y Armenia Menor; Thema Sebasteias, el resto de Armenia; Thema Lykandon, instituido por León VI el Sabio en las fronteras de Armenia; Thema Kibyrraioton, tema naval establecido por León III en Caria, Licia, Rodas y la costa de Cilicia, reemplazando al antiguo Thema Karabisianon; Thema Kypriakon, el tema naval para Chipre; y Thema Aigiaon Pelagon, el tema naval para el Mar Egeo.

En Europa:

Thema Thrakes, el área alrededor de Constantinopla (excluida la capital);

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Thema Makedonikon, el área alrededor de Tesalónica (excluida esta ciudad). Thema Strymonos; Thema Thessalonikes: Tesalónica, segunda ciudad del Imperio; Thema Helladikon, creado entre 687 y 695: Grecia entre Macedonia y el istmo de Corinto (antiguas regiones de Ática, Beocia, Acarnania y Etolia). Thema Peloponneson; Thema Kephallenias; Thema Nikopolitikon; Thema Dyrrakhion, en la actual Albania; Thema Sikelias, un tema naval; Thema Longibardias (o Thema Kalabrias),en Italia; y Thema Khersonos (o Thema ta Klimata), en Crimea.

En esta época ya se había perdido definitivamente Sicilia. Chipre era un condominio administrado juntamente con el califa de Bagdad, y seguiría siéndolo hasta que en 965 fue reconquistado para el Imperio por Nicéforo II Focas. La capital, Constantinopla, estaba bajo la autoridad de un eparca y protegida por los numerosos tagmata y fuerzas de policía. Armada Como se ha indicado previemente, el comandante de la provincia o themas tenía mando directo sobre las fuerzas navales de la misma. Además existía una flota imperial, dependiente del emperador y dirigida por el Gran Duque de la flota, que reforzaban a las anteriores en una determinada campaña. Composición Catafractos Se denomina así a la caballería pesada en la que tanto el jinete como el caballo portaban armadura. Su poder de choque era más que significativo y su invulnerabilidad casi total, como la de los caballeros medievales. Eran una tradición en Oriente, donde habían servido en ejércitos persas, armenios, sasánidas... antes de ser adoptados por los Romanos. La evolución de esta caballería, precursora del modelo militar occidental fue decisiva durante siglos, hasta su desaparición tras ser derrotada en la Batalla de Mazinkert. Armada El Imperio Bizantino fue famoso por su superioridad naval. Su flota, tras la caída del Imperio Romano controló el Mar Mediterráneo, especialmente durante la edad de Oro de Justiniano I. También formaba parte de su armada la flota fluvial que patrullaba el Danubio. El repliegue posterior, supuso su lento declive como primera potencia del mismo, aunque en el mar fue una

potencia a tener en cuenta durante bastante tiempo. La expanisón islámica la expulsó de la zona oriental (Egipto, Siria) y llegó a ser problema con las conquistas temporales de Sicilia y Creta. Con el renacimiento del Siglo XI, la flota volvió a recuperar su papel predominante en el Mediterráneo Oriental, aunque no alcanzó su anterior poder. En los últimos estertores del imperio, ya reducido a un puñado de ciudades portuarias, los restos de su poder naval fueron clave para mantener dichas posiciones hasta el último sitio de Constantinopla. EL navío modelo de la flota bizantina era el DROMON (Era un buque de tres velas triangulares, también llamadas latinas, y dos filas de remeros, que podían albergar entre 150 y 200 hombres, que solían ser esclavos)., evolución de los trirremes clásicos. Es un barco de remo, similar a la galera. Hay que mencionar el fuego griego, una arma secreta incendiaria, que durante siglos fue una ventaja para Bizancio. Se transmitía su composición en tal secreto, que hasta nuestros tiempos no se ha desvelado, se sabe que era una mezcla de nafta, pez, cal, azufre, salitre y petróleo. Los Tagmata Los Tagmata (τάγματα, “batallones”) eran las fuerzas de élite del Imperio, y estaban acantonadas en la capital y en sus alrededores, si bien en los últimos tiempos fueron enviados algunos destacamentos a las provincias. Aunque muchos de los cuerpos de ejército que los formaban se remontan a la época protobizantina, sufrieron una importante reestructuración en tiempos de Constantino V. Se confiaba a los Tagmata la seguridad del emperador y del palacio imperial, pero formaban también el núcleo de las expediciones de campaña. Eran las tropas más preparadas y mejor pagadas del ejército bizantino. En el siglo X existían cinco regimientos de Tagmata: Excubitores, Hetairia, Vigla (también llamado Arithmos) y Numeri. Scholas, Excubitores y Numeri estaban al mando de Domésticos; los oficiales de los regimientos Vigla y Hetairia eran dirigidos, respectivamente, por un Drongario y por un Gran Heteriarca. Los destacamentos provinciales de los Tagmata estaban al mando de los turmarcas, lugartenientes de los Domésticos y Drongarios. Los Tagmata más importantes eran los siguientes:

Los Scholae (gr. Σχολαί, "las Escuelas"), herederos de la guardia imperial fundada por Constantino. Estaban dirigido por un Doméstico. Los Excubiti o Excubitores (gr. Εξκούβιτοι, "los Vigilantes"), cuerpo establecido por León I. Mandados por un Doméstico.

Los Arithmos (gr. Αριθμός, "los Números") o Vigla (gr. Βίγλα, la Vigilancia), fundados posiblemente en el siglo VI. Su comandante era un Drongario. Los Hikanatoi (gr. Ικανάτοι, "los Capaces"), regimiento fundado por Nicéforo I.

Todos ellos eran unidades de caballería formadas por entre 1.000 y 6.000 hombres (4.000 parece haber sido la cifra predominante).

Murallas de Constantinopla

Las casi inexpugnables murallas de Constantinopla fueron edificadas durante el reinado de Teodosio II por necesidades defensivas y necesidades urbanísticas fueron levantadas estas grandes murallas, aunque antiguamente existían otras murallas. La construcción de las murallas se inició en el año 412 y se terminó en el año 447. Como eran casi inexpugnables no era extraño que los emperadores inviertan grandes sumas de dinero para su conservación. Era una triple muralla y su lienzo alcanzaba más de 6 kilómetros. La muralla tenía varías entradas destacando la Puerta Aurea que era el lugar por donde entraban los emperadores victoriosos. Esta entrada estaba formada por una triple arcada un arco del triunfo edificado en el año 388 y que, cuando Teodosio II construyo la nueva muralla, fue absorbida por esta. La coronaba una imagen de Teodosio II sobre cuatro elefantes en bronce. La última vez que se utilizó fue cuando la ciudad fue reconquistada por Miguel VIII Paleólogo de mano de los latinos. Después de eso con el tiempo la magnífica entrada fue tapiada hasta hoy que es una pequeña entrada. Las Murallas de Constantinopla sólo fueron superadas en dos ocasiones: En 1204 por los cruzados y en 1453, año en que el Imperio Bizantino cayó en manos de los turcos-otomanos.

Emperadores bizantinos
1. Es difícil determinar cuándo exactamente termina el Imperio Romano y comienza el Imperio Bizantino. En 284, Diocleciano dividió el Imperio Romano en dos mitades. oriental y occidental, con propósitos administrativos. Algunos historiadores señalan como primer emperador bizantino a Constantino I, el primer emperador cristiano, que mudó la capital imperial a Constantinopla. Otros señalan a Valente, al considerar que la Batalla de Adrianópolis (378) es uno de los puntos históricos

distintivos frecuentemente utilizados para señalar el comienzo de la Edad Media. Otros, a Arcadio, tratando a Teodosio I como último emperador de un Imperio Romano unificado, o a Zenón, porque Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto durante su reinado. Algunos datan el cambio tardíamente, con Heraclio, que reemplazó el tradicional título romano de "Augusto" por el de "Basileus" y dejó de usar el latín, imponiendo el griego como lengua oficial. Los especialistas en numismática señalan los cambios producidos por Anastasio I en 498, al imponer el sistema griego de numeración. Por cierto, los bizantinos continuaron llamando "Romano" a su imperio por más de un milenio. 2. Los agrupamientos dinásticos que aparecen en este artículo siguen la opinión más generalizada entre los historiadores, pero otras fuentes pueden indicar agrupamientos ligeramente distintos. De hecho, algunos de los agrupamientos son convencionales, y no una "dinastía" en el sentido lato del término.

Dinastía Constantiniana
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Constantino I el Grande (272 - 337, emperador de 306 a 337) Constancio II (317 - 361, emperador de 337 a 361) - hijo de Constantino I Juliano el Apóstata (331 - 363, emperador de 361 a 363) - yerno de Constantino I, cuñado y primo de Constancio II, nieto de Constancio I.

No dinástico

Joviano (332 - 364, emperador de 363 a 364) - soldado de Juliano

Dinastía Valentiniana-Teodosiana
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Valente (328-378, emperador de 364 a 378) - hermano del Emperador de Occidente Valentiniano I Teodosio I el Grande (346-395, emperador de 379 a 395) - casado con una sobrina de Valente Arcadio (377-408, emperador de 395 a 408) - hijo de Teodosio I Teodosio II (401-450, emperador de 408 a 450) - hijo de Arcadio Marciano (392-457, emperador de 450 a 457) - yerno de Arcadio, cuñado de Teodosio II

Dinastía de León
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León I el Grande (401-474, emperador de 457 a 474) León II (467-474, emperador en 474) - nieto de León I

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Zenón I Tarasio (425-491, emperador de 474 a 491) - yerno de León I, primer esposo de Ariadne, padre de León II Basilisco (emperador de 475 a 476) - Emperador rival, cuñado de León I Anastasio I Isáurico (430-518, emperador de 491 a 518) - yerno de León I, segundo esposo de Ariadne

Dinastía Justiniana
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Justino I el Grande (450-527, emperador de 518 a 527) Justiniano I el Grande (482-565, emperador de 527 a 565) - sobrino de Justino I Justino II (520-578, emperador de 565 a 578) - sobrino de Justiniano I Tiberio II Constantino (540-582, emperador de 578 a 582) - suegro de un sobrino nieto de Justino I, adoptado por Justino II en 574 Mauricio Tiberio (539-602, emperador de 582 a 602) - yerno de Tiberio II

No dinástico [editar]

Focas el Tirano (???-610, emperador de 602 a 610) - derrocó a Mauricio

Dinastía de los Heráclidas
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Heraclio (575-641, emperador de 610 a 641) Constantino III Heraclio (612-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio Heracleonas Constantino (626-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio, hermanastro de Constantino III Constante II Heraclio Pogonato ("el Barbado") (630-668, emperador de 641 a 668) - hijo de Constantino III Constantino IV (649-685, emperador de 668 a 685) - hijo de Constante II Justiniano II Rhinotmetus ("Nariz Cortada") (668-711, emperador de 685 a 695) hijo de Constantino IV

No dinásticos
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Leoncio II (emperador de 695 a 698) - general de Justiniano II Tiberio III Apsimar (emperador de 698 a 705) - soldado, derrocó a Leoncio II

Restauración

Justiniano II Rhinotmetus - reinstaurado, rige nuevamente de 705 a 711

No dinásticos

Filípico Bardanes (emperador de 711 a 713) - soldado, usurpador

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Anastasio II (???-721, emperador de 713 a 715) - no dinástico, secretario de Filípico electo por el Senado Teodosio III (emperador de 715 a 717) - recolector de impuestos, proclamado emperador por las tropas rebeldes.

Dinastía Isáurica
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León III el Isáurico (675-741, emperador de 717 a 741) Constantino V Copronymus ("el del nombre de excremento") (718-745, emperador en 741) - hijo de León III Artabasdo (emperador rival, de 741 a 743) - yerno de León III, cuñado de Constantino V Constantino V Copronymus - reinstaurado, de 743 a 775 León IV el Jázaro (750-780, emperador de 775 a 780) - hijo de Constantino V Constantino VI el Cegado (771-797, emperador de 780 a 797) - hijo de León IV Irene la Ateniense (755-803, emperatriz de 797 a 802) - esposa de León IV, madre de Constantino VI

No dinásticos
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Nicéforo I el Logoteta General (emperador de 802 a 811) - logoteta bajo Irene Estauracio (emperador en 811) - hijo de Nicéforo I Miguel I Rangabé (emperador de 811 a 813) - yerno de Nicéforo I, cuñado de Estauracio León V el Armenio (775-820, emperador de 813 a 820) - general de Miguel I

Dinastía Amoriana
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Miguel II el Tartamudo o el Amoriano (770-829, emperador de 820 a 829) - yerno de Constantino VI Teófilo (813-842, emperador de 829 a 842) - hijo de Miguel II Miguel III el Beodo (840-867, emperador de 842 a 867 - hijo de Teófilo

Dinastía Macedonia
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Basilio I el Macedonio (811-886, emperador de 867 a 886) - se casó con la viuda de Miguel III León VI el Sabio (866-912, emperador de 886 a 912) - se lo supone hijo de Basilio I, aunque probablemente fuera hijo de Miguel III Alejandro III (870-913, emperador de 912 a 913 - hijo de Basilio I Constantino VII Porfirogeneta ("el nacido púrpura") (905-959, emperador de 913 a 959) - hijo de León VI Romano I Lecapeno (co-emperador) (870-948, coemperador de 920 a 944) suegro de Constantino VII

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Romano II Porfirogeneta (939-963, emperador de 959 a 963) - hijo de Constantino VII Nicéforo II Focas (912-969, emperador de 963 a 969) - se casó con la viuda de Romano II; padrastro de Basilio II y Constantino VIII Juan I Tzimisces (925-976, emperador de 969 a 976) - cuñado de Romano II Basilio II Bulgaróctono ("el matador de búlgaros") (958-1025, emperador de 976 a 1025) - hijo de Romano II Constantino VIII Porfirogeneta (960-1028, emperador de 1025 a 1028) - hijo de Romano II, hermano de Basilio II Romano III Argiro (968-1034, emperador de 1028 a 1034 - yerno de Constantino VIII, primer esposo de Zoe Miguel IV el Paflagonio (1010-1041, emperador de 1034 a 1041 - casado con la viuda de Romano III, segundo esposo de Zoe Miguel V el Calafate (1015-1042, emperador de 1041 a 1042 - primo de Miguel IV Zoe Porfirogeneta, (978-1050, regenta de 1028 a 1050) - hija de Constantino VIII Constantino IX Monómaco (1000-1055, emperador de 1042 a 1055 - casado con la viuda de Miguel IV (tercer esposo de Zoe) Teodora Porfirogeneta (980-1056, emperatriz de 1055 a 1056) - hija de Constantino VIII, hermana de Zoe

No dinástico

Miguel VI Estratiótico (emperador de 1056 a 1057) - elegido por Teodora

Dinastía Ducas-Comneno
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Isaac I Comneno (1007-1060, emperador de 1057 a 1059) - derrocó a Miguel VI Constantino X Ducas (1006-1067, emperador de 1059 a 1067) - sucedió a Isaac I a la renuncia de éste. Romano IV Diógenes (1032-1072, co-emperador de Miguel VII entre 1067 y 1071) – casado con la viuda de Constantino X, Eudocia Macrembolitissa Miguel VII Ducas Parapinakios (1050-1090, emperador de 1067 a 1078) – hijo de Constantino X Nicéforo III Botaniates (1001-1081, emperador de 1078 a 1081) – casado con la viuda de Miguel VII Alejo I Comneno (1057-1118, emperador de 1081 a 1118) - sobrino de Isaac I; casado con una sobrina nieta de Constantino X. Juan II Comneno (1087-1143, emperador de 1118 a 1143) – hijo de Alejo I Manuel I Comneno (1118-1180, emperador de 1143 a 1180) – hijo de Juan II Alejo II Comneno (1169-1183, emperador de 1180 a 1183) – hijo de Manuel I Andrónico I Comneno (1118-1185, emperador de 1183 a 1185) – nieto de Alejo I, sobrino de Juan II, primo hermano de Alejo II, casado con la viuda de Alejo II.

Dinastía Ángelo

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Isaac II Ángelo (1156-1204, emperador de 1185 a 1195) – tataranieto de Alejo I Alejo III Ángelo (1153-1211, emperador de 1195 a 1203) – hermano de Isaac II Isaac II Ángelo (co-emperador de 1203 a 1204) - reinstaurado en 1203 como coemperador de Alejo IV Alejo IV Ángelo (1182-1204, emperador de 1203 a 1204) – hijo de Isaac II Nicolás Kanabos (emperador en 1204 por 11 dias) Alejo V Ducas Murzuflo ("el de las cejas pobladas") (1140-1204, emperador en 1204) – yerno de Alejo III

Toma de Constantinopla por los Cruzados [editar]
En 1204, los cruzados toman y saquean Constantinopla, ejecutan a Alejo V (a instancias de su suegro, Alejo III) y fundan el Imperio Latino, imponiendo a Balduino IX, conde de Flandes, como emperador. Al imponerse, reclamarán los territorios del Imperio Bizantino, aunque sólo ejercerán control efectivo sobre algunas áreas de Grecia, la ciudad y territorios adyacentes. Mientras tanto, los aristócratas bizantinos fundaron nuevos estados, controlando gran parte del territorio: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el Despotado de Épiro serían los más influyentes. La sucesión imperial legitimada por el Patriarca de Constantinopla (y, en la práctica, por superioridad militar), quedará en manos de los emperadores de Nicea, que recuperarán la capital bizantina luego de 57 años de ocupación latina.

Dinastía Láscaris (Imperio de Nicea)

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Constantino Láscaris (emperador en 1204 en Nicea) - aparentemente coronado en Santa Sofía en el momento de la toma de Constantinopla por los cruzados, hermano de Teodoro I Teodoro I Láscaris (1174-1222, emperador de 1204 a 1222 en Nicea) – yerno de Alejo III Juan III Ducas Vatatzés (1192-1254, emperador de 1222 a 1254 en Nicea) – yerno de Teodoro I Teodoro II Láscaris (1221-1258, emperador de 1254 a 1258 en Nicea) – hijo de Juan III Juan IV Ducas Láscaris(1250-1305, emperador de 1258 a 1261 en Nicea) – hijo de Teodoro II

Dinastía Paleólogo
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Miguel VIII Paleólogo (1224-1282, emperador de 1259 a 1282 en Nicea y desde 1261 en Constantinopla) - bisnieto de Alejo III Andrónico II Paleólogo (1258-1332, emperador de 1282 a 1328; co-emperador: Miguel (IX) Paleólogo en 1294-1320) - hijo de Miguel VIII Andrónico III Paleólogo (1296-1341, emperador de 1328 a 1341) - nieto de Andrónico II Juan V Paleólogo (1332-1391, emperador, 1ª parte del reinado de 1341 a 1347) hijo de Andrónico III, depuesto por Juan VI Juan VI Cantacuzeno (1295-1383, co-emperador desde 1341, reinado de 1347 a 1354) - suegro de Juan V

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Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 2ª parte del reinado de 1354 a 1376) depuesto por Andrónico IV Andrónico IV Paleólogo (1348-1385, emperador de 1376 a 1379) - hijo de Juan V Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 3ª parte del reinado de 1379 a 1390) Juan VII Paleólogo (1370-1408, emperador en 1390) - hijo de Andrónico IV Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 4ª parte del reinado de 1390 a 1391) Manuel II Paleólogo (1350-1425, emperador de 1391 a 1425) - hijo de Juan V Juan VIII Paleólogo (1392-1448, emperador de 1425 a 1448) - hijo de Manuel II Constantino XI Paleólogo (1405-1453, emperador de 1448 a 1453) - último emperador bizantino.

Titulares
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Demetrio Paleólogo (1453-1460) Tomás Paleólogo (1460-1465) Andrés Paleólogo (1465-1502)

1502, pasa sus derechos a los Reyes Católicos

Bibliografía: Roth Karl, "Historia del imperio bizantino", Labor, 1928 Maier Franz Georg, "Historia universal siglo XXI: volumen 13", Siglo XXI, 1991

Justiniano y Belisario a su derecha en San Vital (Ravena)

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