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Imperio Bizantino

CRONOLOGIA
667 a.C. Se funda la Antigua ciudad de Bizancio (futura
Constantinopla).

330 d.C. Constantino hace de Constantinopla la capital.

395 d.C. División permanente del Imperio Romano tras la muerte de


Teodosio I.

527 d.C. Justiniano I asciende a emperador.

532-537 d.C. Justiniano I construye la Iglesia de la Divina Sabiduría

533-554 d.C. Los generales de Justiniano I reconquistan África del


Norte e Italia de los Vándalos y Ostrogodos.

568 d.C. Los lombardos invaden Italia

634 - 641 d.C. Pérdida de Egipto, Siria y Palestina frente a los


árabes. En las décadas siguientes toman la mayor parte del Norte de
África y después conquistan Sicilia.

730-787
813-843 d.C. Controversias iconoclastas resultan en la pérdida de la
mayoría de los territorios italianos del Imperio junto con algunos
territorios en el sur.

1054 d.C. La Iglesia de Constantinopla se separa de la Iglesia de


Roma.
1071 d.C. Batalla de Manzikert. La mayor parte de Asia Menor se
pierde. Los normandos conquistan los últimos enclaves bizantinos en
Italia.

1204 d.C. Toma de Constantinopla por los Cruzados. Se crea el


Imperio Latino.

1261 d.C. Miguel VIII Paleólogo emperador bizantino del Imperio de


Nicea, libera Constantinopla.

1453 d.C. Constantinopla es conquistada por los turcos otomanos.

1. Origen
2. Historia temprana
3. La época de Justiniano
4. La querella iconoclasta
5. La política exterior
6. La política religiosa
7. La decadencia del Imperio (1056-1261)
8. La caída de Constantinopla
9. Bibliografía

El Imperio Bizantino (llamado también, sobre todo para hacer referencia


a su etapa inicial, Imperio Romano de Oriente) fue un Imperio cristiano
medieval de cultura griega cuya capital estaba en Constantinopla o
Bizancio (actual Estambul). Los orígenes del Imperio Bizantino se
remontan a la etapa final del Imperio Romano. Inicialmente abarcaba
todo el Mediterráneo oriental, pero con el tiempo fue sufriendo
importantes reducciones territoriales.

No existe un consenso general en cuanto a la fecha de inicio del Imperio


Bizantino. Para algunos autores, la fecha clave es la fundación de
Constantinopla en el año 330, en tanto que otros estudiosos consideran
como acta de nacimiento del Imperio Bizantino la muerte de Teodosio I,
en 395, cuando el Imperio Romano fue definitivamente dividido en dos
mitades, oriental y occidental. Otros piensan que puede hablarse con
propiedad de Imperio Bizantino a partir del momento en que fue
depuesto el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo
(476).
La desaparición del Imperio Bizantino se produjo con la caída de
Constantinopla en poder de los turcos otomanos, en 1453. Sin embargo,
la desaparición del estado bizantino no acabó con los sentimientos
nacionalistas del pueblo, ya que los actuales habitantes de Grecia se
consideran herederos de la tradición bizantina.

Los fundamentos de la Civilización Bizantina son:

a) Lo Helenístico, esto es, el helenismo parcialmente orientalizado, que


se había extendido por gran parte del mundo Mediterráneo tras las
conquistas de Alejandro Magno. Tan importante es este pasado que el
cronista Miguel el Sirio (s. XII) dirá que el Imperio de Constantinopla,
que para él comienza con el reinado de Tiberio a fines del siglo VI, es el
Segundo Imperio griego, continuación del primero, identificado con los
antiguos reinos helenísticos.

b) Lo Romano, ya que el Imperio de Bizancio es la continuación del


Imperio Romano, y a éste debe gran parte de su organización política,
administrativa, militar y financiera. Los bizantinos siempre se llamarán a
sí mismos "romanos" -el término "heleno", hasta el siglo X, es sinónimo
de "pagano"-, y el emperador será el "Basileus ton Romeion", es decir,
"emperador de los romanos". Tales denominaciones se seguirán
empleando aun en aquellas épocas en que el dominio del griego es total.

c) El Cristianismo, sin el cual es imposible comprender el espíritu


bizantino. La religión se vivía entonces con una intensidad y un
misticismo prácticamente incomprensibles actualmente, lo que explica
muchos rasgos de la Civilización Bizantina que parecen chocantes hoy
en día a una humanidad que ha confinado a un rincón marginal de su
existencia la experiencia de lo sagrado. Bizancio, y esto constituye su
genio, según Dionisios Zakythinós, supo llevar a cabo una síntesis entre
lo helenístico, lo romano y lo cristiano; ello, por ejemplo, moderó las
formas despóticas y absolutistas propias del Oriente. Este helenismo
cristianizado se tornará cada vez más "bizantino". Lo cristiano estará
siempre presente; en cuanto a los otros dos factores, predominará uno
u otro según el período que se estudie.

Origen

Para asegurar el control del Imperio Romano y hacer más eficiente su


administración, Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen
de gobierno conocido como tetrarquía, dividiendo el imperio en dos
mitades, gobernadas por dos emperadores (augustos), cada uno de los
cuales llevaba asociado un "vice-emperador" y futuro heredero (césar).
Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia, y se
abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta 324, cuando
Constantino unificó ambas partes del Imperio.

Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en


330 ademas de afianzar la moneda, sin lugar a duda sus dos obras más
perdurables1. La llamó "Nueva Roma" pero se le conoció popularmente
como Constantinopla2 (en Griego Κωνσταντινούπολις,
Constantinoúpolis). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad,
1
El sólido bizantino fue una moneda de oro creada por el emperador Constantino I el Grande (324-337).
Recibe también el nombre de numisma y bezant. Su peso es de aproximadamente 4,5 gramos, con un
diámetro de 22 mm y una ley de fino o pureza de 0,900. El sólido tiene dos fracciones: el semis, equivalente a
½ solido y el triente, equivalente a 1/3 de solido. En latín el plural de sólido (solidus) es solidii (este nombre
con pequeñas variantes se utiliza aun en Italia, algo así como si dijésemos “mangos” .

Sólido de Juliano, siglo IV

Con la creación del sólido bizantino, Constantino I inició una reforma monetaria que permitió estabilizar la
economía del Imperio Romano que se encontraba en crisis, lo que indudablemente logró, transformándose en
la base de la economía del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente. El sólido mantuvo un valor
constante en Occidente hasta el siglo IX, utilizándose en Oriente hasta el siglo XI como moneda de cambio en
el comercio internacional.

Su prestigio se basaba en la permanencia de su peso y su pureza. Los primeros sólidos (solidii) llevaban la
imagen del emperador Constantino I en el anverso o cara principal y alguna alegoría pagana romana en el
reverso, la que fue reemplazada luego de la legalización del cristianismo en el Imperio Romano (313) por una
imagen de la cruz griega o un ángel.

Durante el reinado del emperador Justiniano II (685-695 y 705-711) las imágenes de los emperadores fueron
acuñadas en el reverso, quedando una representación de Cristo en la cara principal. Entre los años 691 y 692
el califa omeya Abd al-Malik ibn Marwan acuñó una moneda llamada dinar, que tenía las mismas
características de pureza y peso del sólido bizantino, agudizando el conflicto político, religioso y militar
existente entre el imperio Bizantino y el califato Omeya. Si bien el conflicto entre ambos poderes continuó, el
año 697 el califa dispuso que el dinar llevara acuñada en ambas caras, versos del Corán.

La moneda históricamente precedente al sólido bizantino es el sólido áureo romano.

El sólido fue discontinuado por el emperador Alejo Comneno (1081-1118) y reemplazado por una nueva
moneda de mayor pureza llamada hyperpyron.

2
En el año 324 Constantino I el Grande vence al coemperador romano Licinio (Flavio Valerio Licinio
Liciniano 250-325), transformándose en el hombre más poderoso del Imperio Romano.
En ese contexto decidió convertir a la ciudad de Bizancio en la capital del Imperio, comenzando trabajos para
que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en
el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo
oriental.

embellecer, recrear y proteger la ciudad. Para ello utilizó más de cuarenta mil trabajadores, mayormente
esclavos godos.

Después de 6 años de trabajos, hacia el 11 de mayo de 330, y aún sin finalizar las obras (se terminaron en el
336), Constantino inauguró la ciudad mediante los ritos tradicionales, que duraron 40 días. La ciudad
entonces contaba con unos 30.000 habitantes. Un siglo más tarde alcanzo los 500.000.

La ciudad fue renombrada como Nueva Roma, aunque popularmente se la denominaba Constantinopla, y
fue reconstruida a semejanza de Roma, con catorce regiones, foro, capitolio y senado, y su territorio sería
considerado suelo itálico (libre de impuestos). Al Igual que la capital itálica, tenía siete colinas.

Constantino no destruyó los templos existentes, ya que no persiguió a los paganos, es más, construyó nuevos
templos para paganos y cristianos, especialmente influido por estos últimos. Tal es así que durante su
gobierno se abolió la crucifixión, las luchas entre gladiadores, el divorcio y se mantuvo una mayor austeridad
sexual, según las costumbres cristianas. Además construyó iglesias como la de Santa Sofía y Santa Irene y la
iglesia-mausoleo de los Santos Apóstoles, donde fue enterrado el emperador. Pese a todo este apoyo al
cristianismo, Constantino jamás se declaró cristiano, solo lo llegó a ser en el lecho de muerte y bautizado por
un obispo arriano, Eusebio de Nicomedia.

Nueva Roma fue embellecida a costa de otras ciudades del imperio, que fueron saqueadas en sus mejores
obras, trasladadas a la nueva capital del imperio. En el foro se colocó una columna donde se emplazó una
estatua de Apolo, a la que Constantino hizo quitar la cabeza para colocar una réplica de la suya. Se
transladaron esculturas, columnas, mosaicos, obeliscos, desde Alejandría, Éfeso y sobre todo desde Atenas.
Constantino no reparó en gasto, quería levantar una capital universal.

La ciudad contaba con un hipódromo, construido en tiempos de Septimio Severo (año 203), que podía albergar
más de 50.000 personas y era la sede de las fiestas populares y de homenaje a los generales victoriosos del
imperio. Sus tribunas también fueron testigo de tribunales donde se dirimían los casos más relevantes. Hoy en
día, el hipódromo sólo es una plaza del centro de la ciudad (Estambul), donde se conservan los dos obeliscos
que se encontraban en el centro de la pista, uno de ellos perteneciente al faraón egipcio Thutmose III.

También se dio gran importancia a la cultura. Constantino creó la primera universidad del mundo al fundar, en
el 340, la Universidad de Constantinopla, aunque luego fuera reformada por el emperador Teodosio II en el
425. En ella se enseñaba gramática, retórica, derecho, filosofía, matemática, astronomía y medicina; también
gramática latina, gramática griega, retórica latina y retórica griega. La universidad constaba de grandes
salones de conferencia, donde enseñaban sus 31 profesores.

Al morir Constantino, la fragmentación del Imperio Romano era un hecho. Sin embargo, esto no se produciría
hasta la muerte de uno de sus sucesores: Teodosio, en el año 395, quien dividió en dos el Imperio y cedió el
mando de la parte occidental, con sede en Roma, a su hijo Honorio; y la parte Oriental, con sede en
Constantinopla, a su otro hijo Arcadio, dando comienzo al Imperio Bizantino que, a diferencia de la parte
occidental cuya decadencia fue cada vez mayor, se mantuvo en pie hasta el año 1453.
Constantinopla en tiempos de Justiniano

Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo,


religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y
terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de
dicha centuria, religión oficial del Imperio.

A la muerte del emperador Teodosio, en 395, el Imperio se dividió


definitivamente: Honorio, su hijo mayor, heredó la mitad occidental, con
capital en Roma, mientras que a su otro hijo Arcadio le correspondió la
oriental, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores,
es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia
del Imperio Bizantino. Mientras que la historia del Imperio Romano de
Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto Rómulo Augústulo, la
historia del Imperio Bizantino se prolongará durante casi un milenio.

Historia temprana

En tanto que el Imperio de Occidente se hundía de forma definitiva, los


sucesores de Teodosio fueron capaces de conjurar las sucesivas
invasiones de pueblos bárbaros que amenazaron el Imperio de Oriente.
Los visigodos fueron desviados hacia Occidente por el emperador
Arcadio (395-408). Su sucesor, Teodosio II (408-450) reforzó las

En época del emperador Justiniano (527-565) se construyó la iglesia cristiana de Santa Sofía, donde sus
arquitectos tuvieron que colocar una cúpula sobre un edificio rectangular. Tan complejo fue esto que la
primera cúpula se derrumbó; la segunda es la que hoy se puede ver en el edificio. Justiniano también
construyó la Iglesia de los santos Sergio y Baco, entre los años 527 y 536.

Durante el gobierno del emperador Heraclio (610-641) se creó la Academia Patriarcal de Teología, que luego
fuera organizada también como universidad.
murallas de Constantinopla, haciendo de ella una ciudad inexpugnable
(de hecho, no sería conquistada por tropas extranjeras hasta 1204), y
logró evitar la invasión de los hunos mediante el pago tributos hasta
que, tras la muerte de Atila, en 453, se disgregaron y dejaron de
representar un peligro. Por su parte, Zenón (474-491) evitó la invasión
del ostrogodo Teodorico, dirigiéndolo hacia Italia.

La unidad religiosa fue amenazada por las herejías que proliferaron en la


mitad oriental del Imperio, y que pusieron de relieve la división en
materia doctrinal entre las cuatro principales sedes orientales:
Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Ya en 325, el Concilio
de Nicea había condenado el arrianismo, que negaba la divinidad de
Cristo. En 431, el Concilio de Éfeso declaró herético el nestorianismo. La
crisis más duradera, sin embargo, fue la causada por la herejía
monofisita, que afirmaba que Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina.
Aunque fue también condenada por el concilio de Calcedonia, en 451,
había ganado numerosos adeptos, sobre todo en Egipto y Siria, y todos
los emperadores fracasaron en sus intentos de restablecer la unidad
religiosa. En este período se inicia también la estrecha asociación entre
la Iglesia y el Imperio: León I (457-474) fue el primer emperador
coronado por el patriarca de Constantinopla.

A finales del siglo V, durante el reinado del emperador Anastasio I, el


peligro que suponían las invasiones bárbaras parece definitivamente
conjurado. Los pueblos germánicos, ya asentados en el desaparecido
Imperio de Occidente, están demasiado ocupados consolidando sus
respectivas monarquías como para interesarse por Bizancio.

Son muy pocos los datos que pueden permitirnos calcular la población del Imperio Bizantino. Se
estima que a finales del siglo IV la población total del Imperio Romano de Oriente era de unos 25
millones, repartidos en un área de aproximadamente 1.600.000 km². Hacia el siglo IX, sin
embargo, tras la pérdida de las provincias de Siria, Egipto y Palestina y la crisis de población del
siglo VI, habitarían el Imperio alrededor de 13 millones de personas en un territorio de 745.000
km²

La época de Justiniano

Durante el reinado de Justiniano (527-565), el Imperio llegó al apogeo


de su poder. El emperador se propuso restaurar las fronteras del antiguo
Imperio Romano, para lo que emprendió una serie de guerras de
conquista en Occidente:

Entre 533 y 534 un ejército al mando del general Belisario conquistó el


reino de los vándalos, en la antigua provincia romana de África. El
territorio, una vez pacificado, fue gobernado por un magister militum.
Entre 535 y 536, Belisario arrebató a los ostrogodos Sicilia y el Sur de
Italia, llegando hasta Roma. Tras una breve recuperación de los ostrogodos
(541-551), un nuevo ejército bizantino, comandado esta vez por Narsés,
anexionó de nuevo Italia al Imperio.

En 552 los bizantinos intervinieron en disputas internas de la Hispania


visigoda y anexionaron al Imperio extensos territorios del sur de la
Península Ibérica. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el
año 620.

En la frontera oriental, Belisario detuvo la ansias expansionistas del


persa Cosroes I (531-579), al que derrotó en la batalla de Daras.

Las campañas de Justiniano en Occidente dejaron exhausta la hacienda


imperial y precipitaron al imperio en una situación de crisis, que llegaría
a su punto culminante a comienzos del siglo VII.

Corpus Iuris Civilis

Corpus Iuris Civilis (en español, Cuerpo de Derecho Civil) es la


más importante recopilación de derecho romano de la historia. Fue
realizada entre 529 y 534 por orden del emperador bizantino
Justiniano (527-565) y dirigida por el jurista Triboniano. Su
denominación proviene de la edición completa de las obras que la
componen publicada, por Dionisio Godofredo, en Ginebra el año 1583.

Gracias a la existencia de esta colección, se ha podido conocer el


contenido del antiguo derecho romano, siendo fundamental para los
sistemas jurídicos modernos, especialmente de tradición continental.

Antecedentes

Justiniano emperador de Bizancio hizo reunir todas las constituciones


desde Adriano hasta sus días, haciendo variaciones. Clasificó el todo
por materias bajo diferentes títulos y formó de ellos una sola obra que
apareció en el año 530 conocida con el nombre de Codex Justiniano o
Código de Justiniano. El código estaba compuesto por doce libros y fue
confirmada por constitución del emperador. Prohibió también los
antiguos edictos (también conocido por Antiguo Código).
Un pensamiento tan útil y acertado como era el de reunir todas las
leyes en una sola obra, indujo bien a Justiniano a publicar bajo su
nombre otras colecciones legales a las que dio fuerza obligatoria.

Así que concluidas las constituciones, encargó a Triboniano, uno de los


principales redactores del Antiguo Código, y al cual asoció otros diez y
seis abogados de nota, que tomara de las obras de los juriconsultos
más célebres, todas aquellas doctrinas de que aun se podía hacer uso
en la práctica: reuniendo estos extractos por materias y bajo
diferentes títulos, sin necesidad de atenerse en la elección de estas
doctrinas al orden establecido por Valentiniano en la ley de citación, ni
de conservar fielmente la letra de sus textos dejando aparte lo que
había quedado en desuso.

Esta obra fue redactada en tres años durante los cuales se


compulsaron los escritos de treinta y nueve juriconsultos, cuyas
sentencias se tomaron las más de las veces, no de sus mismas obras,
sino de otras en que habían sido insertadas, por efecto de la
precipitación y de la impaciencia con que se trabajó.

Toda esta inmensa compilación se llamó Digesta o Pandecta también


conocida con el nombre de Iuris enucleati ex omni veteris juri collecti.
Cada extracto que se componía de un principium y de uno o mas
paragraphi citándose en una inscripción el nombre y la obra de un
juriconsulto, de donde estaba tomado. Estaba destinada a la práctica y
en cuanto al orden de materias se atendió al antiguo edicto.

Se publicó a fines del año 533 confirmada por el emperador y la obra


estaba dividida en cincuenta libros en siete partes que corresponde al
Edicto. La primera en el libro I, la segunda en el V, la tercera en el XII,
la cuarta en el XX, la quinta en el XXVIII, la sexta en el XXVI, y la
séptima en el XLV.

La primera de ellas titulada Prota contiene una exposición de las


doctrinas generales. La segunda de judiciciis las acciones reales. La
tercera de rebus todos los contratos exceptuando las estipulaciones. La
cuarta libri singulares los testamentos y tutelas. La quinta libri
singulares legados fidecomisos. Las sexta y séptima al derecho en
general.

Por otra parte se necesitaba una obra más general que enseñara los
principios del derecho a los jóvenes aprendices de derecho y
Triboniano junto Teófilo y Doroteo formaron un sistema de derecho
muy compendiado con el nombre de Instituta. En esta obra se habían
de presentar los primeros principios de la ciencia y consultar a la
práctica moderna. También se tuvo en cuenta Institutas de Gajus y las
nuevas constituciones de Justiniano.

Hubo una posterior revisión en la fecha de 16 de noviembre del año


534 con el nombre de Codex repetitae praelectionis. Esta obra
contenía los rescriptos de los emperadores que reinaron desde Adriano
hasta Constantino I y los edictos y leyes de los sucesores de este
emperador hasta el reinado de Justiniano. Se dividió en doce libros
repartidos por títulos en los cuales están colocadas las constituciones
según la materia a que pertenecen y puestas por el orden cronólico.

Después de publicadas estas colecciones legales el reinado de


Justiniano se prolongó treinta años mas dictándose multitud de
constituciones y decretos que son conocidas con el nombre de
Novellae constitutiones. Se conservaron por mucho tiempo separadas y
hoy en día debemos tenerlas reunidas a una combinación hecha por los
glosadores, compuesta de nueve colaciones. Cada colación comprende
muchos títulos y en ellos se contiene generalmente una novela, pero la
novela octava comprende dos que son el segundo y el tercero de la
segunda colación. Los glosadores no admiten en las nueve colaciones
mas que noventa y siete novelas, que forman por consiguiente
noventa y ocho títulos.A las demás las miraban como inútiles,
llamándolas, extravagantes o novellae estraordinarias, las que se
añadieron en un principio a la novena colección, hasta que La Conte las
incorporó a la edición no glosada que dio en 1571.De manera que
ahora hay 168 novelas, de las cuales 160 son de Justiniano (Las
novelas 140 y 144 son de Justino el Joven, las 161, 163 y 164 son de
Tiberio, y las 166 y 168 son edictos de los praefecti pretorio). A esta
colección de novelas siguen trece Edictos del mismo emperador, que
en la realidad son iguales que aquellas, diferenciándose solo de
aquellas en que estas solo contienen disposiciones locales de poca
utilidad.

También bajo el epígrafe de Tractatus ad jus varii suelen comprenderse


también en el mencionado cuerpo del derecho las leyes de las XII
Tablas según Ciceron y a los trabajos de Gothofredo.

También se comprenden en el cuerpo del derecho otras constituciones


del emperador Leon y el libro de los feudos posterior a Justiniano.

Por otra parte se ha de resañar del Corpus Iuris Civilis lo siguiente:


que si Triboniano era dueño de escoger en las obras antiguas los textos
que fuesen más de su agrado, no estaba por eso en las facultades del
emperador, dispensarle de estractar bien y fielmente lo que aquellas
contenían. Como legislador supremo podía muy bien Justiniano
rechazar los actos de los Antoninos y condenar como sediciosos los
principios de libertad que hasta entonces habían sostenido los últimos
legisladores del Imperio Bizantino. Pero los hechos pasados estaban ya
fuera de los límites de su poder. El emperador Justiniano de alguna
manera alteró los antiguos textos y poniendo bajo los respetables
nombres de sus antecesores ideas serviles, nacidas en los últimos
tiempos del Imperio Bizantino y desfigurando respetables decisiones
que representaban las ideas de los antiguos emperadores. Estas
alteraciones son las denominadas Emblemata Triboriani.

Incluso el propio Justiniano hace la siguiente confesión en el Código


Justiniano. I.til. XVIII, leg.3. n 10 de estas alteraciones en el que
pondré un extracto que es el siguiente: Nomina quidem veteribus
servavimus; leg um autem veritatem nostram fecimus. Itaque, si quid
erat in illis seditiosum, multa autem talia erant, ibi reposita, hoc
decisum est ac definitum et in perpicuum finem deducta est quaeque
lex...

Contenido

Tradicionalmente se compone de cuatro partes:

• Digesto o Pandectas (531 - 533; en cincuenta libros, síntesis de


fragmentos de las obras de grandes jurisconsultos sobre
legislación; estos reunían iuras, que eran textos escritos que
recopilaban los antiguos precedentes del Derecho Romano). El
origen de estos nombres son los siguientes:el nombre de Digesta
viene de diggere in partes, porque el emperador Justiniano
dividió la obra en siete partes y el de Pandectas, poque contenía
todo aquello que podía ser de alguna utilidad.
• Institutas o Instituciones (533; manual de Derecho en cuatro
libros, que sigue el modelo de instituciones de Gayo)
• Constituciones (recopilación de leyes imperiales anteriores a
Justiniano)
• Novelas ( 534 – 565; con un total de ciento sesenta y ocho, son
una complementación a los textos; son las leyes recopiladas por
los sucesores de Justiniano. Casi todas están redactadas en
griego)

Influencia e importancia
Se llama pues Corpus Iuris Civilis a la reunión de las leyes romanas,
formada bajo el reinado y según las órdenes del emperador Justiniano.
Se puede destacar el mérito histórico, legal y filosófico de esta
colección de leyes o cuerpo de Derecho Romano. Es una de esas obras
en la que los legisladores posteriores a su publicación durante los trece
siglos posteriores tuvieron como fuente, utilizando sus decisiones y
preceptos.

El Corpus Iuris Civilis fue retomado a partir del siglo XI en la


Universidad de Bolonia por la escuela de los Glosadores, formando una
recopilación que ejercería una gran influencia en todo el Derecho
europeo posterior. Sirvió para educar a generaciones de juristas que,
posteriormente, aplicarían sus conocimientos en el ejercicio del
derecho en sus países de origen.

En verde las conquistas de Justiniano, que se deben a sus dos grandes


generales Belisario y Narses

Con Justiniano se cierra prácticamente el "ciclo latino" y triunfan las


tendencias helenizantes. Por un lado, fiel a la tradición romana, se lanza
a la aventura de reconquistar para el Imperio el Mediterráneo, empresa
que no tuvo resultados duraderos y después de la cual Bizancio
concentrará sus energías en el Oriente. Por otra parte, bajo su mandato
se realiza una hercúlea labor de recopilación del Derecho Romano, el
Corpus Iuris Civilis, en latín; sin embargo, es en su época cuando se
comienza a legislar en griego, de más fácil comprensión puesto que era
la lengua corriente en el Imperio.
El patriotismo romano, así, cede ante el patriotismo griego, ya que es el
griego, ahora, la "patrios foné", la lengua patria. El predominio de la
lengua helénica en el oriente bizantino permitirá la comunicación fluida
con el pasado helénico clásico y con la patrística cristiana que, como se
aprecia en los escritos de San Basilio Magno o de Gregorio Nacianceno,
se había nutrido del pensamiento filosófico griego. Efectivamente, la
lógica aristotélica fue puesta al servicio del pensamiento teológico,
convirtiéndose en la más estudiada por los teólogos bizantinos. Este
contacto con el pasado clásico se mantendrá siempre en el Imperio, y
puede decirse que el helenismo bizantino es a la Edad Media lo que el
helenismo clásico es a la Antigüedad.

Entre los siglos VII y IX se produce la llamada "Gran Brecha del


Helenismo", abismo que separa dos paisajes históricos bien definidos. Es
el fin de una era que, para los griegos, se remonta, sin interrupción,
hasta la Antigüedad Clásica. En Grecia, durante dos siglos, entre 650 y
850, la vida se empobrece y la actividad intelectual parece detenerse.
Unos graffitis de poco valor escritos en el Parthenón de Atenas
constituyen la única fuente escrita del período. Es una verdadera "edad
oscura", cuyos orígenes están relacionados con las invasiones ávaro-
eslavas y búlgaras, que convulsionan la vida en los Balcanes. Pero
también hay que buscar la explicación en un fenómeno más global: la
crisis mediterránea, a escala "mundial", provocada por el ascenso del
poderío musulmán.

Pareciese que, en la misma Grecia, el helenismo ha declinado hasta la


agonía. Bizancio, por su parte, no presenta un cuadro mucho más
alentador: entre los siglos VII y VIII -aun cuando sabemos que, hacia el
680, Teodoro de Tarsos llega a Inglaterra portando manuscritos de
varios autores griegos, entre ellos Homero, Flavio Josefo y Juan
Crisóstomo, fundamento de un futuro despertar intelectual inglés-
decaen notoriamente la instrucción pública y la actividad intelectual. El
Imperio se enfrenta, en el occidente, a eslavos, ávaros y búlgaros,
quienes se han adueñado de los Balcanes interrumpiendo de esta
manera las comunicaciones con el Occidente Latino.

En el oriente, Siria y Palestina, así como el norte de Africa, han caído en


manos musulmanas. El Imperio queda reducido, prácticamente, al área
tradicionalmente griega del Mediterráneo Oriental, lo que reforzará su
caracter helénico.

El siglo VII comienza con la crisis provocada por la espectacular ofensiva


del monarca sasánida Cosroes II, que llegó a amenazar la existencia
misma del Imperio. Esta situación fue aprovechada por otros enemigos
de Bizancio, como los ávaros y eslavos, que pusieron sitio a
Constantinopla en 626. El emperador Heraclio fue capaz, tras una guerra
larga y agotadora, de conjurar este peligro, repeliendo el asalto de
ávaros y eslavos, y derrotando definitivamente a los persas en 628.

Sin embargo, apenas unos años después, entre 633 y 645, la fulgurante
expansión del Islam arrebata para siempre al Imperio, exhausto por la
guerra contra Persia, las provincias de Siria, Palestina y Egipto. A
mediados del siglo VII, las fronteras se estabilizaron. Los árabes
continuaron presionando, llegando incluso a amenazar la capital, pero la
superioridad naval bizantina, reforzada por su magníficas fortificaciones
navales y su monopolio del fuego griego un producto químico capaz de
arder bajo el agua, salvó a Bizancio.

En la frontera occidental, el Imperio se ve obligado a aceptar desde la


época de Constantino IV (668-685) la creación dentro de sus fronteras,
en la provincia de Moesia, del reino independiente de los búlgaros.
Durante toda esta época, además, pueblos eslavos fueron instalándose
en los Balcanes, llegando incluso hasta el Peloponeso. En Occidente, la
invasión de los lombardos hizo mucho más precario el dominio bizantino
sobre Italia.

La querella iconoclasta

Entre los años 726 y 843, el Imperio Bizantino fue desgarrado por las
luchas internas entre los iconoclastas, partidarios de la prohibición de
las imágenes religiosas, y los iconódulos, contrarios a dicha prohibición.
La iconoclasia se nos presenta como la arremetida de las tendencias
orientalizantes en contra no sólo del helenismo clásico y su aprecio por
la belleza artística, sino también de una profunda convicción de los
cristianos que ven en las imágenes (íconos) un medio para acercarse a
lo Trascendente. En efecto, el arte bizantino no tiene como fin el mero
goce estético, sensual, sino que debe producir una conmoción que eleve
el alma hacia Dios: "per visibilia ad invisibilia", de los visible y corpóreo,
hacia lo invisible e incorpóreo, decía el Pseudo Dionisio Areopagita. En la
defensa de la veneración de los íconos los bizantinos se jugaban, pues,
la Salvación de sus almas, y es ésto lo que explica la férrea disposición
que manifestaron al defender sus creencias. El triunfo de los iconodulos,
veneradores de imágenes, en 843 -la Fiesta de la Ortodoxia, verdadera
efeméride nacional bizantina-, marca también el triunfo del helenismo
cristianizado.

La primera época iconoclasta se prolongó desde 726, año en que León


III (717-741) suprimió el culto a las imágenes, hasta 783, cuando fue
restablecido por el II Concilio de Nicea. La segunda tuvo lugar entre 813
y 843. En este año fue restablecida definitivamente la ortodoxia.

Según algunos autores, el conflicto iconoclasta refleja también la


división entre el poder estatal (los emperadores, la mayoría partidarios
de la iconoclastia), y el eclesiástico (el patriarcado de Constantinopla, en
general iconódulo); también se ha señalado que mientras que en Asia
Menor eran mayoría los iconoclastas, la parte europea del Imperio era
más bien partidaria del culto a las imágenes.

A principios del siglo IX, el Imperio había sufrido varias


transformaciones importantes:

• Uniformización cultural y religiosa: la pérdida frente al Islam de las


provincias de Siria, Palestina y Egipto trajo como consecuencia una
mayor uniformidad. Los territorios que el Imperio conservaba a
mediados del siglo VII eran de cultura fundamentalmente griega. El latín
fue definitivamente abandonado en favor del griego. Ya en 629, durante
el reinado de Heraclio, está documentado el uso del término griego
basileus en lugar del latín augustus. En el aspecto religioso, la
incorporación de estas provincias al Islam dio por concluida la crisis
monofisita, y en 843 el triunfo de los iconódulos supuso por fin la unidad
religiosa.
• Reorganización territorial: en el siglo VII -probablemente en época de
Constante II (641-668) el Imperio se dotó de una nueva organización
territorial para hacer más eficaz su defensa. El territorio bizantino se
organizó en themata, distritos militares que eran al mismo tiempo
circunscripciones administrativas, y cuyo gobernador y jefe militar, el
estrategos, gozaba de una amplia autonomía.
• Ruralización: la pérdida de las provincias del Sur, donde más desarrollo
habían alcanzado la artesanía y el comercio, implicó que la economía
bizantina pasara a ser esencialmente agraria. La irrupción del Islam en
el Mediterráneo a partir del siglo VIII dificultó las rutas comerciales.
Decreció la población y la importancia de las ciudades en el conjunto del
Imperio, en tanto que empezaba a desarrollarse una nueva clase social,
la aristocracia latifundista, especialmente en Asia Menor.

Entre los años 850 y 1050 se vive en el Imperio un verdadero


florecimiento intelectual -es el llamado "Renacimiento Macedonio"- en
torno a los estudios clásicos. Un hito importante en este proceso lo
constituye la reorganización de la Universidad de Constantinopla, obra
del César Bardas, a mediados del siglo IX. En esta época se habla y se
escribe en el Imperio un griego excelente, y en los siglos XI y XII en una
forma muy próxima al clásico.
El final de las luchas iconoclastas supone una importante recuperación
del Imperio, visible desde el reinado de Miguel III (842-867), último
emperador de la dinastía amoriana, y, sobre todo, durante los casi dos
siglos (867-1056) en que Bizancio fue regido por la dinastía macedonia.
Este período es conocido por los historiadores como "renacimiento
macedónico".

La política exterior

Durante estos años, la crisis en que se ve sumido el califato abasí,


principal enemigo del Imperio en Oriente, debilita considerablemente la
amenaza islámica. Sin embargo, los nuevos estados musulmanes que
surgieron como resultado de la disolución del califato (principalmente los
aglabíes del Norte de África y los fatimíes de Egipto), lucharon
duramente contra los bizantinos por la supremacía en el Mediterráneo
oriental. A lo largo del siglo IX, los musulmanes arrebataron
definitivamente Sicilia al Imperio. Creta ya había sido conquistada por
los árabes en 824. El siglo X fue una época de importantes ofensivas
contra el Islam, que permitieron recuperar territorios perdidos muchos
siglos antes: Nicéforo Focas (963-969) reconquistó el norte de Siria,
incluyendo la ciudad de Antioquía (969), así como las islas de Creta
(961) y Chipre (965).

El gran enemigo occidental del Imperio durante esta etapa fue el estado
búlgaro. Convertido al cristianismo a mediados del siglo IX, Bulgaria
alcanzó su apogeo en tiempos del zar Simeón (893-927), educado en
Constantinopla. Desde 896 el Imperio estuvo obligado a pagar un tributo
a Bulgaria, y, en 913, Simeón estuvo a punto de atacar la capital. A la
muerte de este monarca, en 927, su reino comprendía buena parte de
Macedonia y de Tracia, junto con Serbia y Albania. El poder de Bulgaria
fue sin embargo declinando durante el siglo X, y, a principios del siglo
siguiente, Basilio II (976-1025), llamado Bulgaróctonos ("matador de
búlgaros") invadió Bulgaria y la anexionó al Imperio, dividiéndola en
cuatro temas.

Uno de los hechos más decisivos, y de efectos más duraderos, de esta


época fue la incorporación de los pueblos eslavos a la órbita cultural y
religiosa de Bizancio. En la segunda mitad del siglo IX, los monjes de
Tesalónica Metodio y Cirilo fueron enviados a evangelizar Moravia a
petición de su monarca, Ratislao. Para llevar a cabo su tarea crearon,
partiendo del dialecto eslavo hablado en Tesalónica, una lengua literaria,
el antiguo eslavo eclesiástico o litúrgico, así como un nuevo alfabeto
para ponerla por escrito, el alfabeto glagolítico (luego sustituido por el
alfabeto cirílico). Aunque la misión en Moravia fracasó, a mediados del
siglo X se produjo la conversión del principado de Kiev, quedando así
bajo la influencia de Bizancio un estado de extensión mucho mayor que
el propio Imperio.

Las relaciones con Occidente fueron tensas desde la coronación de


Carlomagno (800) y las pretensiones de sus sucesores al título de
emperadores romanos y al dominio sobre Italia. Durante toda esta
etapa, a pesar de la pérdida de Sicilia, el Imperio siguió teniendo una
enorme influencia en el sur de la península itálica. Las tensiones con
Otón I, quien pretendía expulsar a los bizantinos de Italia, se resolvieron
mediante el matrimonio de la princesa bizantina Teófano, sobrina del
emperador bizantino Juan Tzimiscés, con Otón II.

La política religiosa

Tras la resolución del conflicto iconoclasta, se restauró la unidad


religiosa del Imperio. No obstante, hubo de hacerse frente a la herejía
de los paulicianos, que en el siglo IX llegó a tener una gran difusión en
Asia Menor, así como a su rebrote en Bulgaria, la doctrina bogomilita.

Durante esta época fueron evangelizados los búlgaros. Esta expansión


del cristianismo oriental provocó los recelos de Roma, y a mediados del
siglo IX estalló una grave crisis entre el patriarca de Constantinopla,
Focio y el papa Nicolás I, quienes se excomulgaron mutuamente,
produciéndose una primera separación de las iglesias oriental y
occidental que se conoce como Cisma de Focio. Además de la rivalidad
por la primacía entre las sedes de Roma y Constantinopla, existían
algunos desacuerdos doctrinales. El Cisma de Focio fue, sin embargo,
breve, y hacia 877 las relaciones entre Oriente y Occidente volvieron a
la normalidad.

La ruptura definitiva con Roma se consumó en 1054, con motivo de una


disputa sobre el texto del Credo, en el que los teólogos latinos habían
incluido la cláusula filioque, significando así, en contra de la tradición de
las iglesias orientales, que el Espíritu Santo procedía no sólo del Padre,
sino también del Hijo. Existía también desacuerdo en otros muchos
temas menores, y subyacía, sobre todo, el enfrentamiento por la
primacía entre las dos antiguas capitales del Imperio.

La decadencia del Imperio (1056-1261)

Tras el período de esplendor que supuso el renacimiento macedónico, en


la segunda mitad del siglo XI comenzó un período de crisis, marcado por
la creciente feudalización del Imperio y su debilidad ante la aparición de
dos poderosos nuevos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinos
cristianos de Europa Occidental.

En la frontera oriental, los turcos selyúcidas, que hasta el momento


habían centrado su interés en derrotar al Egipto fatimí, empezaron a
hacer incursiones en Asia Menor, de donde procedía la mayor parte de
los soldados del Imperio. Con la inesperada derrota en la batalla de
Manzikert (1071) del emperador Romano IV Diógenes a manos de Alp
Arslan, sultán de los turcos selyúcidas, terminó la hegemonía bizantina
en Asia Menor. Los intentos posteriores de los emperadores Commenos
por reconquistar los territorios perdidos se revelarán siempre
infructuosos. Más aún, un siglo después, Manuel I Comneno sufriría otra
humillante derrota frente a los selyúcidas en Myriokephalon en 1176.

En Occidente, los normandos expulsaron de Italia a los bizantinos en


unos pocos años (entre 1060 y 1076), y conquistaron Dyrrachium, en
Iliria, desde donde pretendían abrirse camino hasta Constantinopla. La
muerte de Roberto Guiscardo en 1085 evitó que estos planes se llevasen
a efecto. Sin embargo, pocos años después, la Primera Cruzada se
convertiría en un quebradero de cabeza para el emperador Alejo I
Comneno. Se discute si fue el propio emperador el que solicitó la ayuda
de Occidente para combatir contra los turcos. Aunque teóricamente se
habían comprometido a poner bajo la autoridad de Bizancio los
territorios sometidos, los cruzados terminaron por establecer varios
estados independientes en Antioquía, Edesa, Trípoli y Jerusalén.

Los alemanes del Sacro Imperio Romano y los normandos de Sicilia y el


sur de Italia siguieron atacando el Imperio durante el siglo XII. Las
ciudades-estado y republicas italianas como Venecia y Génova, a las
cuales Alejo había concedido derechos comerciales en Constantinopla,
se convirtieron en los objetivos de sentimientos antioccidentales debido
al resentimiento existente hacia los francos o latinos. A los venecianos
en especial les importunaron sobremanera dichas manifestaciones del
pueblo bizantino, teniendo en cuenta que su flota de barcos era la base
de la marina bizantina.

Federico Barbarroja (emperador del Sacro Imperio Romano) intentó


conquistar sin éxito el Imperio durante la Tercera Cruzada, pero fue la
cuarta la que tuvo el efecto más devastador sobre el Imperio Bizantino
en siglos. La intención expresa de la cruzada era conquistar Egipto y los
bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino
(sultán de Egipto y Siria y principal enemigo de los cruzados instalados
en Tierra Santa), decidieron mantenerse neutrales.
La reticencia bizantina a implicarse en la Cruzada, la toma del control de
la expedición por parte de los venecianos puesto que sus dirigentes no
podían pagar el transporte de las tropas y la codicia por parte de los
jefes cruzados de los tesoros de Constantinopla hicieron que los
cruzados tomaran por asalto Constantinopla en 1204, dando origen al
efímero Imperio Latino (1204-1261). Por primera vez desde su
fundación por Constantino, más de 800 años antes, la ciudad había sido
tomada por un ejército extranjero. El poder bizantino pasó a estar
permanentemente debilitado.

En este tiempo, el reino serbio, bajo la dinastía Nemanjic,, se fortaleció


aprovechando el desmoronamiento de Bizancio, iniciando un proceso
que culminaría cuando en 1346 se constituyera el Imperio Serbio.

Tres estados griegos herederos del Imperio Bizantino permanecieron


fuera de la órbita del recientemente creado Imperio Latino —el Imperio
de Nicea, el Imperio de Trebisonda, y el Despotado de Epiro. El primero,
controlado por la Dinastía Paleólogo, reconquistó a los latinos
Constantinopla en 1261 y derrotó a Epiro, revitalizando el Imperio pero
prestando demasiada atención a Europa cuando la creciente penetración
del los turcos en Asia Menor constituía el principal problema.

La caída de Constantinopla

La historia de Bizancio tras la reconquista de la capital por Miguel VIII


Paleólogo es la de una prologada decadencia. En el lado oriental el
avance turco redujo casi a la nada los dominios asiáticos del Imperio,
convertido en algunas etapas en vasallo de los otomanos, en los
Balcanes debió competir con los estados griegos y latinos que habían
surgido a raíz de la conquista de Constantinopla en 1204, y en el
Mediterráneo la superioridad naval veneciana dejaba muy pocas
opciones a Constantinopla. Además, durante el siglo XIV el Imperio,
convertido en uno más de numerosos estados balcánicos, debió afrontar
la terrible revuelta de los almogávares catalanes y dos devastadoras
guerras civiles.

Durante un tiempo el Imperio sobrevivió simplemente porque


selyúcidas, mongoles y persas safávidas estaban demasiado divididos
para poder atacar, pero finalmente los turcos otomanos invadieron todo
lo que quedaba de las posesiones bizantinas a excepción de un número
de ciudades portuarias. (Los otomanos procedían de uno de los
sultanatos —núcleo originario del futuro Imperio otomano— escindidos
del estado selyúcida bajo el mando de un líder llamado Osman I Gazi—
que daría el nombre de la dinastía otomana u osmanlí).

El Imperio apeló a Occidente en busca de ayuda, pero los diferentes


estados ponían como condición la reunificación de la iglesia católica y la
ortodoxa. La unidad de las iglesias fue considerada, y ocasionalmente
llevada a cabo por decreto legal, pero los ciudadanos ortodoxos no
aceptarían el catolicismo romano. Algunos combatientes occidentales
llegaron en auxilio de Bizancio, pero muchos prefirieron dejar al Imperio
sucumbir, y no hicieron nada cuando los otomanos conquistaron los
territorios restantes.

Constantinopla fue en un principio desestimada en pos de su conquista


debido a sus poderosas defensas, pero con el advenimiento de los
cañones, las murallas —que había sido impenetrables excepto para la
Cuarta Cruzada durante más de 1000 años— ya no ofrecían la
protección adecuada frente a los turcos Otomanos. La Caída de
Constantinopla finalmente se produjo después de un sitio de dos meses
llevado a cabo por Mehmet II el 29 de mayo de 1453. El último
emperador Bizantino, Constantino XI Paleologo, fue visto por última vez
cuando entraba en combate con las tropas de jenízaros de los sitiadores
otomanos, que superaban de manera aplastante a los bizantinos.
Mehmet II también conquistó Mistra en 1460 y Trebisonda en 1461.
El imperio hacia 1400 d.C.

La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos el


martes 29 de mayo de 1453 fue un suceso histórico que, en la
periodización clásica y según algunos historiadores, marcó el fin de la
Edad Media en Europa y el fin del último vestigio del Imperio Bizantino y
de la cultura clásica.

Constantinopla era, hasta el momento de su "caída", una de las


ciudades más importantes del mundo. Localizada en el Serrallo, una
proyección de tierra sobre el estrecho del Bósforo en dirección a
Anatolia, funcionaba como un puente para las rutas comerciales que
unían Europa con Asia por tierra. También era el puerto principal en las
rutas que iban y venían entre el Mar Negro y el Mediterráneo. Para
explicar cómo una ciudad de esta importancia cayó en manos otomanas,
es preciso retrotraernos a los siglos previos al año 1453 y detallar los
sucesos que debilitaron el Imperio Bizantino.

El saqueo de Constantinopla y el Imperio Latino

Puede decirse que el declive de Constantinopla, la capital del Imperio


Romano de Oriente, comenzó en 1190 durante los preparativos de la
Tercera Cruzada en los reinos de Occidente. Los bizantinos, creyendo
que no había posibilidades de vencer a Saladino (sultán de Egipto y Siria
y principal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa),
decidieron mantenerse neutrales. Con esta reticencia bizantina como
excusa, y con la codicia por los tesoros de Constantinopla como motor,
los cruzados tomaron por asalto la ciudad en 1204, ya en la Cuarta
Cruzada, dando origen al efímero Imperio Latino que duró hasta 1261.
Los bizantinos, despojados de su capital imperial, establecieron nuevos
Estados: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el Despotado
de Epiro serían los más influyentes. En tanto, el reino establecido por los
cruzados fue perdiendo territorios. Finalmente, en 1261, el Imperio de
Nicea, bajo Miguel VIII Paleólogo, reconquistó la ciudad.

Fortalecimiento de las defensas

El ataque de los cruzados reveló un punto débil en las defensas de la


ciudad. Las poderosas murallas al oeste de la ciudad repelieron
invasores persas, germanos, hunos, ávaros, búlgaros y rusos (22 sitios
en total) durante siglos, pero las murallas a lo largo del litoral, sobre
todo a lo largo del Cuerno de Oro (un canal que separa Constantinopla
de la villa de Pera, al norte) se revelaron frágiles. Después de recuperar
la ciudad, los bizantinos reforzaron las murallas del litoral y las defensas
en los puntos donde necesitaban estar abiertas para la entrada de los
navíos a los puertos. Para asegurarse de que no necesitarían
preocuparse por las defensas en el Cuerno de Oro, se construyó una
pesada y descomunal cadena de hierro que cruzaba el canal, de forma
que ningún navío podría pasar sin la autorización de la guardia
bizantina.

Nacimiento del Imperio Otomano

Incluso antes de la Cuarta Cruzada, el Imperio Bizantino venía, desde


varios siglos atrás, perdiendo territorios debido al empuje de pueblos y
estados musulmanes, en Oriente Medio y en África. En los inicios del
siglo XI, una tribu turca procedente de Asia Central y que regía en una
amplia zona de lo que hoy es Oriente Medio, los selyúcidas, comenzaron
a atacar y conquistar territorios bizantinos en Anatolia. Al final del siglo
XIII, los selyúcidas ya habían tomado casi todas las ciudades bizantinas
de Anatolia, con excepción de un puñado de ciudades en el noroeste de
la península.

En esta época, otro clan seminómada turco había migrado del norte de
Persia hacia el oeste y, tomando partido por los selyúcidas en una
batalla en Anatolia frente al Imperio Mongol, junto a ellos había vencido
a los mongoles. El sultán selyúcida, en agradecimiento, les concedió un
pequeño territorio montañoso en el noroeste del imperio, en las
proximidades del territorio bizantino. El estado selyúcida comenzaba
poco después a dividirse en pequeños emiratos que no reconocían el
poder selyúcida ni el mongol. Uno de estos sultanatos, el del clan turco
que habría ayudado a los selyúcidas, bajo el mando de un líder llamado
Osman I Gazi (que daría el nombre de la dinastía otomana u osmanlí)
sería el núcleo originario del futuro Imperio Otomano.

Invasión otomana en Europa

Los otomanos ya habían impuesto su fuerza al desvalido Imperio


Bizantino, tomando sus últimas ciudades asiáticas de Bursa, Nicea y
Nicomedia. En 1341, cuando murió el emperador Andrónico III, el
imperio cayó en manos de su esposa Ana, quien nombró al clérigo Juan
VI Cantacuzeno como tutor de su hijo Juan V Paleólogo y corregente de
Ana. En 1343, Cantacuzeno se declaró regente único y pidió ayuda
militar a los otomanos para imponer su control sobre los últimos
remanentes del Imperio Bizantino. Ana, entonces, determinó que Juan y
Cantacuzeno serían co-emperadores, el segundo de mayor autoridad
sobre el primero durante 10 años, cuando entonces gobernarían como
iguales.

Cuando el reino de Serbia atacó Salónica, en 1349, el clérigo y regente


bizantino Cantacuzeno pidió por segunda vez auxilio a los otomanos. En
1351, Cantacuzeno hizo una tercera alianza con los turcos para ayudarlo
en la guerra civil provocada entre sus partidarios y los seguidores del
príncipe Juan. En este último acuerdo, Cantacuzeno prometió a los
otomanos la posesión de una fortaleza del lado europeo del estrecho de
los Dardanelos: la primera ocupación de una civilización asiática en
Europa desde el asedio persa a Grecia, más de 2.000 años atrás.
Entretanto, el príncipe otomano Suleimán decidió reforzar su posición
tomando la ciudad de Gallípoli, estableciendo el control sobre toda la
península y una base estratégica para la expansión del Imperio Otomano
en Europa. Cuando Cantacuzeno exigió la devolución de la ciudad, los
otomanos se volvieron en contra de Constantinopla.

Durante el gobierno de Juan Paleólogo, Bizancio se convirtió un estado


vasallo de los otomanos, ofreciendo soldados para las campañas de los
turcos en Europa y pagando un tributo anual para mantener a los turcos
lejos de Constantinopla. Las exigencias turcas se agravaron cuando Juan
murió, en 1391, y su hijo Manuel II Paleólogo subió al trono, en
desacato al sultán otomano Bayaceto (Beyazid I).

Los cercos de 1391, 1396 y 1422

Entre las nuevas exigencias del sultán estaba el establecimiento de un


distrito en Constantinopla de mercaderes turcos. Como Manuel rehusó,
Beyazid cercó la ciudad por tierra. Después de 7 meses de sitio, Manuel
Paleólogo cedió y los turcos se retiraron para las campañas en el norte,
contra Serbia y Hungría.

Beyazid convocó a Manuel y a otros reyes cristianos del este europeo


para una audiencia, donde demostraría las consecuencias para
cualquiera que resistiera al sultán. Paleólogo presintió que sería
asesinado y rehusó la invitación. Después de un segundo rechazo, en
1396, Bayaceto envió nuevamente su ejército a Constantinopla,
saqueando y destruyendo los campos aledaños a la ciudad, impidiendo
que cualquiera entrase o saliese vivo de allí. Constantinopla aún podía
contar con suministros venidos del mar, ya que los turcos no se
apoyaron en un cerco marítimo a la ciudad. Así, Constantinopla resistió
por 6 años, hasta que, en 1402, el temible ejército de Tamerlán invadió
el Imperio Otomano por el este y Beyazid se vio obligado a movilizar sus
tropas para este nuevo frente, salvándose Constantinopla en el último
momento.

En las dos décadas siguientes, Constantinopla se vio libre del yugo


otomano y pudo incluso recuperar algunos territorios en Grecia. Pero en
1422 Manuel Paleólogo resolvió apoyar a un príncipe otomano al trono,
imaginando una tregua duradera en el futuro. El sultán Murad II envió
en respuesta un contingente de 10.000 soldados para cercar
Constantinopla una vez más. En aquel año, el 24 de agosto, el sultán
ordenó un duro ataque a las murallas y, después de varias horas de
batalla, ordenó su retirada y, una vez más, Constantinopla consiguió
sobrevivir.</nowiki>

La caída de Constantinopla

Asedio de Constantinopla, pintura de 1499

Búsqueda de apoyo en el Occidente


El cisma entre las Iglesias católicas Romana y Ortodoxa había
mantenido a Constantinopla distante de las naciones occidentales e,
incluso durante los asedios de los turcos musulmanes, no había
conseguido más que indiferencia de Roma y sus aliados. En un último
intento de aproximación, teniendo en vista la constante amenaza turca,
el emperador Juan VIII promovió un concilio en Ferrara, en Italia, donde
se resolvieron rápidamente las diferencias entre las dos confesiones.
Entretanto, la aproximación provocó tumultos entre la población
bizantina, dividida entre los que rechazaban a la iglesia romana y los
que apoyaban la maniobra política de Juan VIII.

Constantino XI y Mehmed II

Juan VIII había muerto en 1448 y su hermano Constantino XI asumió el


trono al año siguiente (mientras tanto la regente en Constantinopla fue
Elena Dragases, madre de ambos). Era una figura popular, habiendo
luchado en la resistencia bizantina en el Peloponeso frente al ejército
otomano, más seguía la línea de su hermano y predecesor en la
conciliación de las iglesias oriental y occidental, lo que causaba
desconfianza no sólo entre el clero bizantino sino también en el sultán
Murad II, que veía esta alianza como una amenaza de intervención de
las potencias occidentales en la resistencia a su expansión en Europa.

En 1451 Murad II murió, siendo sucedido por su joven hijo Mehmed II.
Inicialmente, Mehmed ha prometido no violar el territorio bizantino. Esto
aumentó la confianza de Constantino que, en el mismo año, se sintió
seguro y suficiente para exigir el pago de una renta anual para la
manutención de un oscuro príncipe otomano, mantenido como rehén, en
Constantinopla. Furioso, más por el ultraje que por la amenaza a su
pariente en sí, Mehmed II ordenó los preparativos para un asedio
completo a la capital bizantina.

Preparativos

Ambos bandos se prepararon para la guerra. Los bizantinos, ahora, con


la simpatía de las naciones occidentales, enviaron mensajeros a dichas
naciones pidiendo refuerzos y consiguiendo promesas. Tres navíos
genoveses contratados por el Papa estaban en camino con armas y
provisiones. El Papa también había enviado al cardenal Isidro, con 300
arqueros napolitanos como su guardia personal. Los venecianos
enviaron a mediados de 1453 un refuerzo de 800 soldados y 15 navíos
con pertrechos, mientras que los ciudadanos venecianos residentes en
Constantinopla aceptaron participar de las defensas de la ciudad. La
capital bizantina también recibió refuerzos de los ciudadanos de Pera y
de los genoveses renegados, entre los cuales estaba su capitán Giovanni
Giustiniani Longo, quien se encargaría de las defensas de la muralla
este, y 700 soldados. Se aprestaron a la defensa con barriles de fuego
griego, armas de fuego, y todos los hombres y jóvenes capaces de
empuñar una espada o un arco. Para esa época Constantino XI
Paleólogo había hecho un censo en la ciudad para ver las fuerzas
disponibles para la defensa de Constantinopla. El resultado fue
decepcionante: la población apenas llegaba los 50.000 habitantes (en su
máximo esplendor en el siglo V había llegado a 500.000 habitantes,
osea 10 veces menos) y apenas había entre 5.000 a 7.000 soldados
para la defensa.

Los otomanos, a su vez, iniciaron el cerco construyendo rápidamente


una muralla 10 kilómetros al norte de Constantinopla, Anadoluhisari.
Mehmed II sabía que los asedios anteriores habían fracasado porque la
ciudad recibía suministros a través del mar y entonces trató de bloquear
las dos entradas, la del Mar Negro, con una fortaleza armada con tres
cañones (Rumeli Hisari) en el punto más estrecho de la orilla del
Bósforo, y con a lo menos 125 navíos ocupando los Dardanelos, el Mar
de Mármara y el oeste del Bósforo.

Mehmed también reunió un ejército estimado en 100.000 soldados,


80.000 de los cuales eran combatientes turcos profesionales; los demás,
reclutas capturados en campañas anteriores, mercenarios, aventureros,
voluntarios de Anatolia, los bashi-bazuks y renegados cristianos, los
cuales serían empleados en los asaltos directos. 12.000 de estos
soldados eran jenízaros (infantería) y 15.000 cipayos (caballería), la
élite del ejército otomano. Al inicio de 1452, un ingeniero de artillería
húngaro llamado Urbano ofreció sus servicios al sultán. Mehmed le hizo
responsable de la instalación de los cañones en su nueva fortaleza y la
fabricación de un inmenso cañón de nueve metros de longitud(llamado
gran bombarda), el cual fue llevado a las cercanías de Constantinopla
empujado por varios cientos de bueyes y auxiliado por un contingente
de 100 hombres a la velocidad de 2 KM por dia. A todos estos se les
sumaban aquellos que animaban a la batalla con sus tambores y
trompetas y que se contaban por miles, no cesando de tocar en ninguno
de los momentos del asedio, además del apoyo de los derviches que
incitaban a destruir la ciudad.

El sultán prometió a sus hombres que estarían tres días de pillaje y


botín, enardeciendo así los ánimos entre ellos, además de asegurar que
aquel que coronara primero la muralla sería nombrado gobernador (bey)
de una de las provincias del Imperio Bizantino.
El ataque otomano

El sitio comenzó oficialmente el 6 de abril de 1453, cuando el gran


cañón disparó el primer tiro en dirección al valle del Río Lico, junto a la
puerta de San Romano, que penetraba en Constantinopla por una
depresión bajo la muralla, lo cual posibilitaba el posicionamiento del
cañón en una parte más alta. La muralla, hasta entonces imbatida en
aquel punto, no había sido construida para soportar ataques de
artillería, y en menos de una semana comenzó a ceder, pese a ser la
mejor arma contra los otomanos, ya que constaba de tres anillos
gruesos de murallas con fosos de entre 30 y 70 metros de profundidad.
Todos los días, al anochecer, los bizantinos se escabullían fuera de la
ciudad para reparar los daños causados por el cañón con sacos y barriles
de arena, piedras despedazadas de la propia muralla y empalizadas de
madera, mientras los defensores se defendían con sus arqueros
mediante lanzamientos de flechas y con ballesteros de dardos. Los
otomanos evitaron el ataque por la costa, puesto que las murallas eran
reforzadas por torres con cañones y artilleros que podrían destruir toda
la flota en poco tiempo. Por eso, el ataque inicial se restringió casi
solamente a un frente, lo que facilitó tiempo y mano de obra suficientes
a los bizantinos para soportar el asedio.

Al comienzo del cerco, los bizantinos consiguieron dos victorias


alentadoras. El 12 de abril, el almirante búlgaro al servicio del sultán
Suleimán Baltoghlu fue rechazado por la armada bizantina al intentar
forzar el pasaje por el Cuerno de Oro. Seis días después, el Sultán
intentó un ataque a la muralla dañada en el valle del Lico, pero fue
derrotado por un contingente menor, aunque mejor armado, de
bizantinos, al mando de Giustiniani.

El 20 de abril los bizantinos avistaron los navíos enviados por el Papa,


además de otro navío griego con grano de Sicilia, que atravesaron el
bloqueo de los Dardanelos cuando el sultán desplazó sus navíos hacia el
Mar de Mármara. Baltoghlu intentó interceptar los navíos cristianos, pero
vio que su flota podía ser destruida por los ataques de fuego griego
arrojado sobre sus embarcaciones. Los navíos llegaron con éxito al
Cuerno de Oro y Baltoghlu fue humillado públicamente por el sultán y
ejecutado.

El 22 de abril, el sultán asestó un golpe estratégico en las defensas


bizantinas con la ayuda de la gran maniobra ideada por su general
Zaganos Pasha. Imposibilitados para atravesar la cadena que cerraba el
Cuerno de Oro, el sultán ordenó la construcción de un camino de
rodadura al norte de Pera, por donde sus navíos podrían ser empujados
por tierra, evitando la barrera. Con los navíos posicionados en un nuevo
frente, los bizantinos no tendrían recursos para reparar después sus
murallas. Sin elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar y
el 25 de abril intentaron un ataque sorpresa a los turcos en el Cuerno de
Oro, pero fueron descubiertos por espías y ejecutados. Los bizantinos,
entonces, decapitaron a 260 turcos cautivos y arrojaron sus cuerpos
sobre las murallas del puerto.

Bombardeados diariamente en dos frentes, los bizantinos raramente


eran atacados por los soldados turcos. El 7 de mayo, el sultán intentó un
nuevo ataque al valle del Lico, pero fue nuevamente repelido. Al final del
día, los otomanos comenzaron a mover una gran torre de asedio, pero
durante la noche, los soldados bizantinos consiguieron destruirla antes
de que fuese usada. Los turcos también intentaron abrir túneles por
debajo de las murallas, pero los griegos cavaban del lado interno y
atacaban de sorpresa con fuego o agua. Con los impactos de artillería de
los cañones las murallas sufrían grandes brechas por donde penetraban
los jenízaros, que para salvar los fosos se dedicaban a recoger ramas,
toneles, además de los bloques de piedra de las murallas derruidas, para
rellenar los fosos y poder penetrar para luchar cuerpo a cuerpo con los
bizantinos.

La mano de obra estaba sobrecargada, los soldados cansados y los


recursos escaseaban. El mismo Constantino XI coordinaba las defensas,
inspeccionaba las murallas y animaba a las tropas por toda la ciudad.

Malos presagios

La resistencia de Constantinopla comenzó a decaer cuando cundió el


desánimo causado por una serie de malos presagios. En la noche del 24
de mayo hubo un eclipse lunar, recordando a los bizantinos una antigua
profecía de que la ciudad sólo resistiría mientras la Luna brillase en el
cielo. Al día siguiente, durante una procesión, uno de los íconos de la
Virgen María cayó al suelo. Luego, de repente, una tempestad de lluvia y
granizo inundó las calles. Los navíos prometidos por los venecianos
todavía no habían llegado y la resistencia de la ciudad estaba al límite.

Al mismo tiempo, los turcos otomanos afrontaban sus propios


problemas. El costo para sostener un ejército de 100.000 hombres era
muy grande y los oficiales comentaban la ineficiencia de las estrategias
del Sultán hasta entonces. Mehmed II se vio obligado a lanzar un
ultimátum a Constantinopla: los turcos perdonarían las vidas de los
cristianos si el emperador entregaba la ciudad. Como alternativa,
prometió levantar el cerco si Constantino pagaba un pesado tributo.
Como los tesoros estaban vacíos desde el saqueo de la Cuarta Cruzada,
Constantino se vio obligado a rechazar la oferta y Mehmed, a lanzar un
ataque rápido y decisivo.

El asalto final

Mehmet ordenó que las tropas descansasen el día 28 de mayo para


prepararse para el asalto final en el día siguiente, ya que sus astrólogos
le habían profetizado que el día 29 sería un día nefasto para los infieles.
Por primera vez en casi dos meses, no se oyó el ruido de los cañones ni
de las tropas en movimiento. Para romper el silencio y levantar la moral
en el momento decisivo, todas las iglesias de Constantinopla tocaron sus
campanas durante todo el día. El Emperador y el pueblo rezaron juntos
en Santa Sofía por última vez, antes de ocupar sus puestos para resistir
el asalto final, que se produjo antes del amanecer.

Durante esa madrugada del día 29 de mayo de 1453, el sultán otomano


Mehmet lanzó un ataque total a las murallas, compuesto principalmente
por mercenarios y prisioneros, concentrando el ataque en el valle del
Lico. Durante dos horas, el contingente principal de mercenarios
europeos fue repelido por los soldados bizantinos bajo el mando de
Giustiniani, provistos de mejores armas y armaduras y protegidos por
las murallas. Pero con las tropas cansadas, tendrían ahora que afrontar
al ejército regular de 80.000 turcos.

El ejército turco atacó durante más de dos horas, sin vencer la


resistencia bizantina. Entonces hicieron espacio para el gran cañón, que
abrió una brecha en la muralla por la cual los turcos concentraron su
ataque. Constantino en persona coordinó una cadena humana que
mantuvo a los turcos ocupados mientras la muralla era reparada. El
Sultán, entonces, hizo uso de los jenízaros, que trepaban la muralla con
escaleras. Sin embargo, tras una hora de combates, los jenízaros
todavía no habían conseguido entrar a la ciudad.

Con los ataques concentrados en el valle del Lico, los bizantinos


cometieron la imprudencia de dejar la puerta de la muralla noroeste (la
Kerkaporta) semiabierta. Un destacamento jenízaro otomano penetró
por allí e invadió el espacio entre las murallas externa e interna,
muriendo muchos de ellos al caer al foso. Se dice que el primero en
llegar fue un gran soldado llamado Hassan, que murió por una lluvia de
flechas bizantinas. En ese momento, el comandante Giustiniani fue
herido y fue evacuado apresuradamente hacia un navío. Sin su
liderazgo, los soldados griegos lucharon desordenadamente contra los
disciplinados turcos. La muerte de Constantino XI es una de las leyendas
más famosas del asalto, ya que el Emperador luchó hasta la muerte en
las murallas tal y como había prometido a Mehmed II cuando este le
ofreció el gobierno de Mistra a cambio de la rendición de Constantinopla.
Su cabeza fue decapitada y capturada por los turcos, mientras que su
cuerpo era enterrado en Constantinopla con todos los honores.

Giustiniani también moriría más tarde, a causa de las heridas, en la isla


griega de Quíos, donde se encontraba anclada la prometida escuadra
veneciana a la espera de vientos favorables.

El saqueo y el control turco

Constantino, avisado inmediatamente del hecho, fue hacia él y lo quiso


convencer de no alejarse del lugar, le habló de la importancia de
mantenerse como sea en el campo de batalla, pero el genovés habría
intuido la gravedad del asunto y lamentablemente se mantuvo firme en
su deseo de retirarse para ser atendido. Cuando el resto de los soldados
genoveses vieron que se llevaban a su capitán pasó lo que era de
esperar: se desmoralizaron y desertaron de sus puestos en la muralla
siguiendo el camino de su capitán, justo en el preciso momento en que
arreciaban las fuerzas de los jenízaros en el lugar.

El sitio de Constantinopla

Mehmed II entró en la ciudad por la tarde, junto a sus generales


Zaganos Pasha y Mahmud Pasha, y ordenó que la catedral fuese
consagrada como mezquita, después de haber pasado un buen rato en
ella en silencio y rezando con dirección hacia La Meca. Este contingente
bizantino recibió autorización para vivir en la ciudad bajo la autoridad de
un nuevo patriarca, el teólogo Jorge Scolarios, que adoptó el nombre de
Genadio II, designado por el propio Sultán para asegurarse de que no
habría revueltas.

De cualquier forma, fue el fin del último reducto de la cultura clásica, el


último vestigio del Imperio Romano. Constantinopla fue llamada desde
ese entonces Estambul y pasó a ser la capital de un nuevo imperio que
llegaría hasta las mismas puertas de Viena, el Imperio Otomano.

Implicaciones

La caída de Constantinopla causó una gran conmoción en Occidente, se


creía que era el principio del fin del cristianismo. Los cronistas de la
época confiaban en la resistencia de las murallas y creían imposible que
los turcos pudiesen superarlas. Se llegaron a iniciar conversaciones para
formar una nueva cruzada que liberase Constantinopla del yugo turco,
pero ninguna nación pudo ceder tropas en aquel tiempo. Los mismos
genoveses se apresuraron a presentar sus respetos al Sultán y así
pudieron mantener sus negocios en Pera por algún tiempo. Con
Constantinopla, y por ende el Bósforo, bajo dominio musulmán, el
comercio entre Europa y Asia declinó súbitamente. Ni por tierra ni por
mar los mercaderes cristianos conseguirían pasaje para las rutas que
llevaban a la India y a China, de donde provenían las especias usadas
para conservar los alimentos, además de artículos de lujo, y hacia donde
se destinaban sus mercancías más valiosas.

De esta manera, las naciones europeas iniciaron proyectos para el


establecimiento de rutas comerciales alternativas. Portugueses y
españoles aprovecharon su posición geográfica junto al Océano Atlántico
para tratar de llegar a la India por mar. Los portugueses trataron de
llegar a Asia circunnavegando África, intento que culminó con el viaje de
Vasco da Gama entre 1497-1498. En cuanto a España, los Reyes
Católicos financiaron la expedición del navegante Cristóbal Colón, quien
veía una posibilidad de llegar a Asia por el oeste, a través del Océano
Atlántico, intento que culminó en 1492 con el arribo a América, dando
inicio al proceso de ocupación del Nuevo Mundo. Los dos países, otrora
sin mucha expresión en el escenario político europeo, ocupados como
estaban en la Reconquista, se convirtieron en el siglo XVI en las
naciones más poderosas del mundo, estableciendo un nuevo orden
mundial.

Otra importante consecuencia de la caída de Constantinopla fue la huida


de numerosos sabios griegos a las cortes italianas de la época, lo que
auspició en gran medida el Renacimiento.
Ejército bizantino

Esta página trata sobre ejército bizantino, es decir, el ejército del Imperio
Bizantino o Imperio Romano de Oriente. Comienza como una versión del
ejército romano, manteniendo unos niveles similares de disciplina, valor y
organización, y fue evolucionando hacia un ejército medieval basado en
caballería. Durante gran parte de la historia del Imperio fue la fuerza militar
más poderosa y efectiva de Europa.

Historia

Transformaciones del ejército romano

Del mismo modo que el Imperio Bizantino fue una continuación del Imperio
Romano, el ejército bizantino evolucionó a partir del ejército romano. Éste
estaba compuesto de unas treinta legiones acuarteladas en las fronteras del
Imperio (Ver: Lista de legiones romanas, y se basaba en la fuerza de la
infantería.

Entre los siglos III y VII, entre los gobiernos de Diocleciano y de Heraclio,
tiene lugar una profunda reestructuración del ejército romano. Los cambios
más destacados son los siguientes:

1. Desarrollo de la caballería. La fuerza de las legiones romanas residía


en la infantería, y apenas se concedía importancia a la caballería,
formada por pequeños cuerpos (los auxilia) reclutados entre los aliados
de Roma. En el siglo IV las cosas empiezan a cambiar. Tras su uso
ocasional por parte de los persas, los catafractos fueron adoptados (ya
en la etapa bajoimperial) como tropas de élite por el Imperio Romano,
siendo antecesores de la caballería pesada medieval.

En las guerras que el Imperio libra contra Persia a lo largo del mencionado
siglo, narradas en la obra de Amiano Marcelino, se pone de manifiesto la gran
importancia de la caballería. La batalla de Adrianópolis fue el último encuentro
armado en que intervinieron las legiones convencionales. Dos siglos después,
en el relato que hace Procopio de las guerras de Justiniano, las tropas
romanas son casi exclusivamente de caballería, siendo la infantería un mero
acompañaniento.

Este desarrollo de la caballería parece estar relacionado por la invención y


desarrollo de la silla y el estribo, así como por la aparición, en la llanura irania,
de una nueva raza de caballos capaces de transportar al hombre con
armadura completa.
1. Limitanei y comitatenses

• Los limitanei eran las unidades que defendían las fortificaciones


fronterizas (lat. limes). Su función era retrasar al invasor del momento,
dando tiempo a los ejércitos móviles del Imperio para moverse hasta la
zona de conflicto.

• Los comitatenses se mantenían tras las fronteras, y podían


desplazarse rápidamente en caso de necesidad, tanto para la defensa
como el ataque, y eran con frecuencia utilizados contra los usurpadores.
Estas tropas estaban mejor pagadas, entrenadas y equipadas que los
limitanei

Un tercio de cada unidad estaba constituida por soldados de caballería.


Aproximadamente la mitad era caballería pesada, denominada de distintas
formas: scutarii, promoti y stablesiani, por ejemplo.

La organización del ejército: los themata

Los themata o temas ( en griego: θημ&alpha, -τα) fueron establecidos en el


siglo VII (se discute sobre si su creador fue Heraclio o Constante II) sobre el
modelo de los exarcados de Rávena y Cartago. Eran al tiempo distritos
militares y circunscripciones administrativas, bajo el mando de un strategos
(στρατηγος). El nombre thémata significa, según Treadgold,
"emplazamientos".

Ostrogorsky, en su Historia del estado bizantino, atribuye a Heraclio la


creación de los primeros temas en Asia Menor. Otros autores, sin embargo,
como Pertusi, Baynes, Lemerle, Ahrweiler, Mango y Kaegi, opinan que fue un
proceso paulatino a lo largo del siglo VII.

Los cinco primeros temas estaban en Asia Menor, y su misión principal era
contener la invasión árabe, que había despojado al Imperio de las provincias
de Siria y de Egipto. Eran los siguientes:

• Thema Armeniakon (Tema de los Armeníacos): comprendía el este de


Anatolia, desde Capadocia hasta el Mar Negro y el Éufrates. Su núcleo
original era el ejército de Armenia establecido por Justiniano. Su
existencia está documentada al menos desde el año 668.
• Thema Anatolikon (Tema de los Anatólicos): en el centro y sur de Asia
Menor. Formado en torno al Ejército de Oriente.
• Thema Opsikion: comprendía Bitinia y Paflagonia, y defendía la costa
meridional del Mar de Marmara. Se formó en torno al 'Obsequium' (latín
"comitiva"), una fuerza comitatensis.
• Thema Thrakesion: en el sudoeste de Asia Menor.
• Thema Karabisianon, el Tema de los Barcos" (Karabi, barco), en
Panfilia y Rodas, encargado de la defensa del Imperio frente a la flota
árabe.

Las tropas de los temas estaban formados por los llamados stratiotas, que
servían al Imperio en el régimen denominado πρωνοια (pronóia): se les
concedía parcelas (stratiotika ktemata) que debían trabajar y, a cambio de
esto y una pequeña compensación monetaria, estaban ligados al ejército
durante toda su vida, e incluso transmitían esta obligación a sus hijos. Este
sistema permitía al Imperio formar un ejército fuerte basado en la población
autóctona, evitando tener que reclutar mercenarios.

En los siglos siguientes, para evitar el poder excesivo de los strategos debido
al gran tamaño de los temas, los emperadores León III, Teófilo y León VI
dividieron los temas en áreas más pequeñas. En el siglo X, bajo el reinado de
Constantino VII Porfirogéneta está documentada la existencia de 28 temas:

En Asia:

• Thema Anatolikon, que incluía zonas de Frigia, Licaonia, Isauria,


Panfilia y Pisidia;
• Thema Armeniakon, que incluía zonas de Armenia, Khaldia y
Capadocia;
• Thema Thrakesion
• Thema Opsikion, que incluía Misia y parte de Bitinia y Frigia;
• Thema Optimaton;
• Thema Bukellarion;
• Thema Paphlagonias;
• Thema Khaldias, territorio alrededor de Trebisonda, antes llamado
Ponto, por su cercanía al Mar Negro (Euxeinos Pontos, Ευξεινοσ
Ποντοσ);
• Thema Mesopotamias, en la frontera de Mesopotamia;
• Thema Koloneias, la región entre el Ponto y Armenia Menor;
• Thema Sebasteias, el resto de Armenia;
• Thema Lykandon, instituido por León VI el Sabio en las fronteras de
Armenia;
• Thema Kibyrraioton, tema naval establecido por León III en Caria,
Licia, Rodas y la costa de Cilicia, reemplazando al antiguo Thema
Karabisianon;
• Thema Kypriakon, el tema naval para Chipre; y
• Thema Aigiaon Pelagon, el tema naval para el Mar Egeo.

En Europa:

• Thema Thrakes, el área alrededor de Constantinopla (excluida la


capital);
• Thema Makedonikon, el área alrededor de Tesalónica (excluida esta
ciudad).
• Thema Strymonos;
• Thema Thessalonikes: Tesalónica, segunda ciudad del Imperio;
• Thema Helladikon, creado entre 687 y 695: Grecia entre Macedonia y
el istmo de Corinto (antiguas regiones de Ática, Beocia, Acarnania y
Etolia).
• Thema Peloponneson;
• Thema Kephallenias;
• Thema Nikopolitikon;
• Thema Dyrrakhion, en la actual Albania;
• Thema Sikelias, un tema naval;
• Thema Longibardias (o Thema Kalabrias),en Italia; y
• Thema Khersonos (o Thema ta Klimata), en Crimea.

En esta época ya se había perdido definitivamente Sicilia. Chipre era un


condominio administrado juntamente con el califa de Bagdad, y seguiría
siéndolo hasta que en 965 fue reconquistado para el Imperio por Nicéforo II
Focas. La capital, Constantinopla, estaba bajo la autoridad de un eparca y
protegida por los numerosos tagmata y fuerzas de policía.

Armada

Como se ha indicado previemente, el comandante de la provincia o themas


tenía mando directo sobre las fuerzas navales de la misma. Además existía
una flota imperial, dependiente del emperador y dirigida por el Gran Duque de
la flota, que reforzaban a las anteriores en una determinada campaña.

Composición

Catafractos

Se denomina así a la caballería pesada en la que tanto el jinete como el


caballo portaban armadura. Su poder de choque era más que significativo y su
invulnerabilidad casi total, como la de los caballeros medievales. Eran una
tradición en Oriente, donde habían servido en ejércitos persas, armenios,
sasánidas... antes de ser adoptados por los Romanos. La evolución de esta
caballería, precursora del modelo militar occidental fue decisiva durante siglos,
hasta su desaparición tras ser derrotada en la Batalla de Mazinkert.

Armada

El Imperio Bizantino fue famoso por su superioridad naval. Su flota, tras la


caída del Imperio Romano controló el Mar Mediterráneo, especialmente
durante la edad de Oro de Justiniano I. También formaba parte de su armada
la flota fluvial que patrullaba el Danubio. El repliegue posterior, supuso su
lento declive como primera potencia del mismo, aunque en el mar fue una
potencia a tener en cuenta durante bastante tiempo. La expanisón islámica la
expulsó de la zona oriental (Egipto, Siria) y llegó a ser problema con las
conquistas temporales de Sicilia y Creta.

Con el renacimiento del Siglo XI, la flota volvió a recuperar su papel


predominante en el Mediterráneo Oriental, aunque no alcanzó su anterior
poder. En los últimos estertores del imperio, ya reducido a un puñado de
ciudades portuarias, los restos de su poder naval fueron clave para mantener
dichas posiciones hasta el último sitio de Constantinopla.

EL navío modelo de la flota bizantina era el DROMON (Era un buque de tres


velas triangulares, también llamadas latinas, y dos filas de remeros, que
podían albergar entre 150 y 200 hombres, que solían ser esclavos)., evolución
de los trirremes clásicos. Es un barco de remo, similar a la galera. Hay que
mencionar el fuego griego, una arma secreta incendiaria, que durante siglos
fue una ventaja para Bizancio. Se transmitía su composición en tal secreto,
que hasta nuestros tiempos no se ha desvelado, se sabe que era una mezcla
de nafta, pez, cal, azufre, salitre y petróleo.

Los Tagmata

Los Tagmata (τάγματα, “batallones”) eran las fuerzas de élite del Imperio, y
estaban acantonadas en la capital y en sus alrededores, si bien en los últimos
tiempos fueron enviados algunos destacamentos a las provincias. Aunque
muchos de los cuerpos de ejército que los formaban se remontan a la época
protobizantina, sufrieron una importante reestructuración en tiempos de
Constantino V.

Se confiaba a los Tagmata la seguridad del emperador y del palacio imperial,


pero formaban también el núcleo de las expediciones de campaña. Eran las
tropas más preparadas y mejor pagadas del ejército bizantino.

En el siglo X existían cinco regimientos de Tagmata: Excubitores, Hetairia,


Vigla (también llamado Arithmos) y Numeri. Scholas, Excubitores y Numeri
estaban al mando de Domésticos; los oficiales de los regimientos Vigla y
Hetairia eran dirigidos, respectivamente, por un Drongario y por un Gran
Heteriarca. Los destacamentos provinciales de los Tagmata estaban al mando
de los turmarcas, lugartenientes de los Domésticos y Drongarios. Los Tagmata
más importantes eran los siguientes:

• Los Scholae (gr. Σχολαί, "las Escuelas"), herederos de la guardia


imperial fundada por Constantino. Estaban dirigido por un Doméstico.

• Los Excubiti o Excubitores (gr. Εξκούβιτοι, "los Vigilantes"), cuerpo


establecido por León I. Mandados por un Doméstico.
• Los Arithmos (gr. Αριθμός, "los Números") o Vigla (gr. Βίγλα, la
Vigilancia), fundados posiblemente en el siglo VI. Su comandante era
un Drongario.

• Los Hikanatoi (gr. Ικανάτοι, "los Capaces"), regimiento fundado por


Nicéforo I.

Todos ellos eran unidades de caballería formadas por entre 1.000 y 6.000
hombres (4.000 parece haber sido la cifra predominante).

Murallas de Constantinopla

Las casi inexpugnables murallas de Constantinopla fueron edificadas durante


el reinado de Teodosio II por necesidades defensivas y necesidades
urbanísticas fueron levantadas estas grandes murallas, aunque antiguamente
existían otras murallas. La construcción de las murallas se inició en el año 412
y se terminó en el año 447. Como eran casi inexpugnables no era extraño que
los emperadores inviertan grandes sumas de dinero para su conservación.

Era una triple muralla y su lienzo alcanzaba más de 6 kilómetros. La muralla


tenía varías entradas destacando la Puerta Aurea que era el lugar por donde
entraban los emperadores victoriosos. Esta entrada estaba formada por una
triple arcada un arco del triunfo edificado en el año 388 y que, cuando
Teodosio II construyo la nueva muralla, fue absorbida por esta. La coronaba
una imagen de Teodosio II sobre cuatro elefantes en bronce. La última vez
que se utilizó fue cuando la ciudad fue reconquistada por Miguel VIII Paleólogo
de mano de los latinos. Después de eso con el tiempo la magnífica entrada fue
tapiada hasta hoy que es una pequeña entrada. Las Murallas de
Constantinopla sólo fueron superadas en dos ocasiones: En 1204 por los
cruzados y en 1453, año en que el Imperio Bizantino cayó en manos de los
turcos-otomanos.

Emperadores bizantinos
1. Es difícil determinar cuándo exactamente termina el Imperio Romano y comienza el
Imperio Bizantino. En 284, Diocleciano dividió el Imperio Romano en dos mitades.
oriental y occidental, con propósitos administrativos. Algunos historiadores señalan
como primer emperador bizantino a Constantino I, el primer emperador cristiano,
que mudó la capital imperial a Constantinopla. Otros señalan a Valente, al
considerar que la Batalla de Adrianópolis (378) es uno de los puntos históricos
distintivos frecuentemente utilizados para señalar el comienzo de la Edad Media.
Otros, a Arcadio, tratando a Teodosio I como último emperador de un Imperio
Romano unificado, o a Zenón, porque Rómulo Augústulo, último emperador de
Occidente, fue depuesto durante su reinado. Algunos datan el cambio tardíamente,
con Heraclio, que reemplazó el tradicional título romano de "Augusto" por el de
"Basileus" y dejó de usar el latín, imponiendo el griego como lengua oficial. Los
especialistas en numismática señalan los cambios producidos por Anastasio I en
498, al imponer el sistema griego de numeración. Por cierto, los bizantinos
continuaron llamando "Romano" a su imperio por más de un milenio.
2. Los agrupamientos dinásticos que aparecen en este artículo siguen la opinión más
generalizada entre los historiadores, pero otras fuentes pueden indicar
agrupamientos ligeramente distintos. De hecho, algunos de los agrupamientos son
convencionales, y no una "dinastía" en el sentido lato del término.

Dinastía Constantiniana
• Constantino I el Grande (272 - 337, emperador de 306 a 337)
• Constancio II (317 - 361, emperador de 337 a 361) - hijo de Constantino I
• Juliano el Apóstata (331 - 363, emperador de 361 a 363) - yerno de Constantino I,
cuñado y primo de Constancio II, nieto de Constancio I.

No dinástico

• Joviano (332 - 364, emperador de 363 a 364) - soldado de Juliano

Dinastía Valentiniana-Teodosiana
• Valente (328-378, emperador de 364 a 378) - hermano del Emperador de Occidente
Valentiniano I
• Teodosio I el Grande (346-395, emperador de 379 a 395) - casado con una sobrina
de Valente
• Arcadio (377-408, emperador de 395 a 408) - hijo de Teodosio I
• Teodosio II (401-450, emperador de 408 a 450) - hijo de Arcadio
• Marciano (392-457, emperador de 450 a 457) - yerno de Arcadio, cuñado de
Teodosio II

Dinastía de León
• León I el Grande (401-474, emperador de 457 a 474)
• León II (467-474, emperador en 474) - nieto de León I
• Zenón I Tarasio (425-491, emperador de 474 a 491) - yerno de León I, primer
esposo de Ariadne, padre de León II
• Basilisco (emperador de 475 a 476) - Emperador rival, cuñado de León I
• Anastasio I Isáurico (430-518, emperador de 491 a 518) - yerno de León I,
segundo esposo de Ariadne

Dinastía Justiniana
• Justino I el Grande (450-527, emperador de 518 a 527)
• Justiniano I el Grande (482-565, emperador de 527 a 565) - sobrino de Justino I
• Justino II (520-578, emperador de 565 a 578) - sobrino de Justiniano I
• Tiberio II Constantino (540-582, emperador de 578 a 582) - suegro de un sobrino
nieto de Justino I, adoptado por Justino II en 574
• Mauricio Tiberio (539-602, emperador de 582 a 602) - yerno de Tiberio II

No dinástico [editar]

• Focas el Tirano (???-610, emperador de 602 a 610) - derrocó a Mauricio

Dinastía de los Heráclidas


• Heraclio (575-641, emperador de 610 a 641)
• Constantino III Heraclio (612-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio
• Heracleonas Constantino (626-641, emperador en 641) - hijo de Heraclio,
hermanastro de Constantino III
• Constante II Heraclio Pogonato ("el Barbado") (630-668, emperador de 641 a
668) - hijo de Constantino III
• Constantino IV (649-685, emperador de 668 a 685) - hijo de Constante II
• Justiniano II Rhinotmetus ("Nariz Cortada") (668-711, emperador de 685 a 695) -
hijo de Constantino IV

No dinásticos

• Leoncio II (emperador de 695 a 698) - general de Justiniano II


• Tiberio III Apsimar (emperador de 698 a 705) - soldado, derrocó a Leoncio II

Restauración

• Justiniano II Rhinotmetus - reinstaurado, rige nuevamente de 705 a 711

No dinásticos

• Filípico Bardanes (emperador de 711 a 713) - soldado, usurpador


• Anastasio II (???-721, emperador de 713 a 715) - no dinástico, secretario de
Filípico electo por el Senado
• Teodosio III (emperador de 715 a 717) - recolector de impuestos, proclamado
emperador por las tropas rebeldes.

Dinastía Isáurica
• León III el Isáurico (675-741, emperador de 717 a 741)
• Constantino V Copronymus ("el del nombre de excremento") (718-745, emperador
en 741) - hijo de León III
• Artabasdo (emperador rival, de 741 a 743) - yerno de León III, cuñado de
Constantino V
• Constantino V Copronymus - reinstaurado, de 743 a 775
• León IV el Jázaro (750-780, emperador de 775 a 780) - hijo de Constantino V
• Constantino VI el Cegado (771-797, emperador de 780 a 797) - hijo de León IV
• Irene la Ateniense (755-803, emperatriz de 797 a 802) - esposa de León IV, madre
de Constantino VI

No dinásticos

• Nicéforo I el Logoteta General (emperador de 802 a 811) - logoteta bajo Irene


• Estauracio (emperador en 811) - hijo de Nicéforo I
• Miguel I Rangabé (emperador de 811 a 813) - yerno de Nicéforo I, cuñado de
Estauracio
• León V el Armenio (775-820, emperador de 813 a 820) - general de Miguel I

Dinastía Amoriana
• Miguel II el Tartamudo o el Amoriano (770-829, emperador de 820 a 829) - yerno
de Constantino VI
• Teófilo (813-842, emperador de 829 a 842) - hijo de Miguel II
• Miguel III el Beodo (840-867, emperador de 842 a 867 - hijo de Teófilo

Dinastía Macedonia
• Basilio I el Macedonio (811-886, emperador de 867 a 886) - se casó con la viuda de
Miguel III
• León VI el Sabio (866-912, emperador de 886 a 912) - se lo supone hijo de Basilio
I, aunque probablemente fuera hijo de Miguel III
• Alejandro III (870-913, emperador de 912 a 913 - hijo de Basilio I
• Constantino VII Porfirogeneta ("el nacido púrpura") (905-959, emperador de 913
a 959) - hijo de León VI
• Romano I Lecapeno (co-emperador) (870-948, coemperador de 920 a 944) -
suegro de Constantino VII
• Romano II Porfirogeneta (939-963, emperador de 959 a 963) - hijo de Constantino
VII
• Nicéforo II Focas (912-969, emperador de 963 a 969) - se casó con la viuda de
Romano II; padrastro de Basilio II y Constantino VIII
• Juan I Tzimisces (925-976, emperador de 969 a 976) - cuñado de Romano II
• Basilio II Bulgaróctono ("el matador de búlgaros") (958-1025, emperador de 976 a
1025) - hijo de Romano II
• Constantino VIII Porfirogeneta (960-1028, emperador de 1025 a 1028) - hijo de
Romano II, hermano de Basilio II
• Romano III Argiro (968-1034, emperador de 1028 a 1034 - yerno de Constantino
VIII, primer esposo de Zoe
• Miguel IV el Paflagonio (1010-1041, emperador de 1034 a 1041 - casado con la
viuda de Romano III, segundo esposo de Zoe
• Miguel V el Calafate (1015-1042, emperador de 1041 a 1042 - primo de Miguel IV
• Zoe Porfirogeneta, (978-1050, regenta de 1028 a 1050) - hija de Constantino VIII
• Constantino IX Monómaco (1000-1055, emperador de 1042 a 1055 - casado con la
viuda de Miguel IV (tercer esposo de Zoe)
• Teodora Porfirogeneta (980-1056, emperatriz de 1055 a 1056) - hija de
Constantino VIII, hermana de Zoe

No dinástico

• Miguel VI Estratiótico (emperador de 1056 a 1057) - elegido por Teodora

Dinastía Ducas-Comneno
• Isaac I Comneno (1007-1060, emperador de 1057 a 1059) - derrocó a Miguel VI
• Constantino X Ducas (1006-1067, emperador de 1059 a 1067) - sucedió a Isaac I a
la renuncia de éste.
• Romano IV Diógenes (1032-1072, co-emperador de Miguel VII entre 1067 y 1071)
– casado con la viuda de Constantino X, Eudocia Macrembolitissa
• Miguel VII Ducas Parapinakios (1050-1090, emperador de 1067 a 1078) – hijo de
Constantino X
• Nicéforo III Botaniates (1001-1081, emperador de 1078 a 1081) – casado con la
viuda de Miguel VII
• Alejo I Comneno (1057-1118, emperador de 1081 a 1118) - sobrino de Isaac I;
casado con una sobrina nieta de Constantino X.
• Juan II Comneno (1087-1143, emperador de 1118 a 1143) – hijo de Alejo I
• Manuel I Comneno (1118-1180, emperador de 1143 a 1180) – hijo de Juan II
• Alejo II Comneno (1169-1183, emperador de 1180 a 1183) – hijo de Manuel I
• Andrónico I Comneno (1118-1185, emperador de 1183 a 1185) – nieto de Alejo I,
sobrino de Juan II, primo hermano de Alejo II, casado con la viuda de Alejo II.

Dinastía Ángelo
• Isaac II Ángelo (1156-1204, emperador de 1185 a 1195) – tataranieto de Alejo I
• Alejo III Ángelo (1153-1211, emperador de 1195 a 1203) – hermano de Isaac II
• Isaac II Ángelo (co-emperador de 1203 a 1204) - reinstaurado en 1203 como
coemperador de Alejo IV
• Alejo IV Ángelo (1182-1204, emperador de 1203 a 1204) – hijo de Isaac II
• Nicolás Kanabos (emperador en 1204 por 11 dias)
• Alejo V Ducas Murzuflo ("el de las cejas pobladas") (1140-1204, emperador en
1204) – yerno de Alejo III

Toma de Constantinopla por los Cruzados [editar]


En 1204, los cruzados toman y saquean Constantinopla, ejecutan a Alejo V (a instancias de su suegro, Alejo
III) y fundan el Imperio Latino, imponiendo a Balduino IX, conde de Flandes, como emperador. Al
imponerse, reclamarán los territorios del Imperio Bizantino, aunque sólo ejercerán control efectivo sobre
algunas áreas de Grecia, la ciudad y territorios adyacentes. Mientras tanto, los aristócratas bizantinos fundaron
nuevos estados, controlando gran parte del territorio: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el
Despotado de Épiro serían los más influyentes. La sucesión imperial legitimada por el Patriarca de
Constantinopla (y, en la práctica, por superioridad militar), quedará en manos de los emperadores de Nicea,
que recuperarán la capital bizantina luego de 57 años de ocupación latina.

Dinastía Láscaris (Imperio de Nicea)


• Constantino Láscaris (emperador en 1204 en Nicea) - aparentemente coronado en
Santa Sofía en el momento de la toma de Constantinopla por los cruzados, hermano
de Teodoro I
• Teodoro I Láscaris (1174-1222, emperador de 1204 a 1222 en Nicea) – yerno de
Alejo III
• Juan III Ducas Vatatzés (1192-1254, emperador de 1222 a 1254 en Nicea) – yerno
de Teodoro I
• Teodoro II Láscaris (1221-1258, emperador de 1254 a 1258 en Nicea) – hijo de
Juan III
• Juan IV Ducas Láscaris(1250-1305, emperador de 1258 a 1261 en Nicea) – hijo
de Teodoro II

Dinastía Paleólogo
• Miguel VIII Paleólogo (1224-1282, emperador de 1259 a 1282 en Nicea y desde
1261 en Constantinopla) - bisnieto de Alejo III
• Andrónico II Paleólogo (1258-1332, emperador de 1282 a 1328; co-emperador:
Miguel (IX) Paleólogo en 1294-1320) - hijo de Miguel VIII
• Andrónico III Paleólogo (1296-1341, emperador de 1328 a 1341) - nieto de
Andrónico II
• Juan V Paleólogo (1332-1391, emperador, 1ª parte del reinado de 1341 a 1347) -
hijo de Andrónico III, depuesto por Juan VI
• Juan VI Cantacuzeno (1295-1383, co-emperador desde 1341, reinado de 1347 a
1354) - suegro de Juan V
• Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 2ª parte del reinado de 1354 a 1376) -
depuesto por Andrónico IV
• Andrónico IV Paleólogo (1348-1385, emperador de 1376 a 1379) - hijo de Juan V
• Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 3ª parte del reinado de 1379 a 1390)
• Juan VII Paleólogo (1370-1408, emperador en 1390) - hijo de Andrónico IV
• Juan V Paleólogo (restaurado emperador, 4ª parte del reinado de 1390 a 1391)
• Manuel II Paleólogo (1350-1425, emperador de 1391 a 1425) - hijo de Juan V
• Juan VIII Paleólogo (1392-1448, emperador de 1425 a 1448) - hijo de Manuel II
• Constantino XI Paleólogo (1405-1453, emperador de 1448 a 1453) - último
emperador bizantino.

Titulares
• Demetrio Paleólogo (1453-1460)
• Tomás Paleólogo (1460-1465)
• Andrés Paleólogo (1465-1502)

1502, pasa sus derechos a los Reyes Católicos

Bibliografía:

Roth Karl, "Historia del imperio bizantino", Labor, 1928

Maier Franz Georg, "Historia universal siglo XXI: volumen 13", Siglo XXI,
1991
Justiniano y Belisario a su derecha en San Vital (Ravena)