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Hebert Marcuse, Sociedad y Cultura

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HEBER MARCUSE CULTURA Y SOCIEDAD
Editorial Sur, Buenos Aires, 1967. (Trabajos escritos entre 1934-38) INTRODUCCIÓN Aquellas corrientes positivistas y positivas de la filosofía, la sociología y la psicología, que convierten al sistema existente en marco insuperable de la formación y desenvolvimiento conceptuales, se encargan en la “educación superior”, de eliminación democrática del pensar. ¿Tenía la cultura un carácter afirmativo aun allí donde era la negación de lo existente?. Los conceptos críticos que concebían la contradicción entre el hombre y la naturaleza, debilitaban al mismo tiempo esta contradicción al estabilizarse ontológicamente. La contradicción es la forma de la verdad y del movimiento mismo, pero luego es incluida e interiorizada en el sistema.. El idealismo al aferrarse a la definición de la razón como fuerza de lo negativo, renunciaba a la pretensión del pensamiento que aspiraba a ser condición de la libertad. A medida que la sociedad en los países industrialistas se volvía mas “materialista”, es decir aumentaba el nivel de las masas, se veía con mayor claridad hasta que punto este progreso estabilizaba la miseria y la desgracia, de que manera esta productividad encerraba en sí misma la destrucción y como la tecnología transformaba un medio de la liberación en instrumento de la esclavitud. Frente al la capacidad y productividad del capitalismo organizado ¿no debería la primer “fase” del socialismo ser algo diferente y algo más que lo proyectado en la teoría marxista, diferente en sentido cualitativo?. Los conceptos marxista de capitalismo y socialismo están determinados fundamentalmente por la función del trabajo humano, del trabajo físico en la reproducción social; su imagen del reino de la necesidad ya no corresponde a la de los países industrializados del presente. ¿No muestra este proceso que la contradicción y la negación no eran lo suficientemente radicales, que ellas rechazaban y consideraban como posible demasiado poco?. La sociedad industrial desarrollada ha conquistado para sí gran parte del terreno en el que debía florecer la nueva libertad. Detrás de todos estos aspectos inhumanos de la automatización organizada por el capitalismo aparecen sus posibilidades reales: el surgimiento de un mundo tecnológico en el que el hombre por fin pueda retirase, y salir del aparato de su trabajo, contemplarlo, para luego experimentar libremente con él. Pero a pesar de toda la organización y planificación, las tendencias fundamentales del sistema se imponen, en contra de la voluntad y de la intención de los individuos, como fuerzas ciegas aun allí donde están científicamente dominadas y calculadas y obedecen así a las exigencias del aparato. El aparato mismo se transforma literalmente en sujeto. Mucho mas que antes, el quebrantamiento de la conciencia administrada es una condición previa de la liberación El pensamiento dialéctico tiene que volverse negativo y utópico respecto a lo existente. La sociedad actual asume la administración del reino de la libertad más allá del reino de la necesidad y lo adecua a su propia imagen. En total contradicción con este futuro, la autonomía con respecto al aparato tecnológico es la libertad en el reino de la necesidad. Pero esto significa que la libertad sólo es posible como realización de aquello que hoy aún se llama utopía. LA LUCHA CONTRA EL LIBERALISMO EN LA CONCEPCIÓN TOTALITARIA DEL ESTADO Hay una nueva concepción del mundo que acompaña la aparición del Estado totalitario: el realismo heroico-popular. “Se alza la sangre contra la razón formal”. Hay una nueva concepción del hombre ligado a la sangre y a la tierra, esta imagen culmina con el conductor carismático. Su fundamentación filosófica es buscada en la llamada “Filosofía de la vida”. La vida en tanto tal es un “dato originario” más allá del cual no se puede avanzar, que escapa a toda fundamentación, justificación y finalidad racional. La interpretación del acontecer histórico-social en términos de acontecer orgánico-natural va más allá de los resortes reales (económicos y sociales) de la historia y entra en la esfera de la naturaleza eterna e inmutable. Esta naturaleza mítica desempeña en la

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nueva concepción del mundo la función de verdadero adversario de la praxis racional y responsable. Esta naturaleza se opone, en tanto es algo que esta justificado por su propia existencia, a aquello que necesita justificación racional; en tanto es algo que ha de ser reconocido sin más, a aquello que es conocido críticamente. Hay una contradicción muy violenta ente las relaciones de producción y el nivel alcanzado por las fuerzas productivas, y la satisfacción de las necesidades que este grado de desarrollo posibilita, se trata entonces de un orden que se mantiene gracias al poder de un enorme aparato, que puede representar al todo por encima de los individuos porque los oprimir, es una totalidad que consiste en el total dominio de todos. Al desplazarse la totalidad desde el punto final al inicial, se corta el camino de la crítica teórica y práctica de la sociedad que conduce a esa totalidad. Se mistifica programáticamente la totalidad. Como representante real de esa totalidad actúa en la teoría política el pueblo, como unidad orgánico-natural anterior a toda diferenciación de la sociedad en clases, grupos, etc. Sin embargo ¿qué entiende esta teoría por liberalismo al que condena?. Las ideas de 1789 no han sido siempre el estandarte del liberalismo, incluso este último llego a combatirlas encarnizadamente. El liberalismo ha sido uno de los pilares en que se apoyaba la exigencia de creación de una nación poderosa, no pocas veces se ha aceptado la intervención estatal en la economía, no es ajena a este la idea de dictadura y de la conducción autoritaria del Estado. El liberalismo es la teoría económica y social del capitalismo que ve en el capitalista individual, el empresario privado en el sentido literal su figura más representativa; si mantiene siempre un fundamento común es el de la libertad del sujeto económico para disponer de la propiedad privada, y el de la garantía jurídico-estatal a esta libertad. El Estado total-autoritario hace de sus luchas contra e liberalismo una lucha con las concepciones del mundo, pero mantiene la estructura social fundamental del liberalismo. Según el liberalismo, detrás de las relaciones y fuerzas económicas de la sociedad capitalista existen leyes naturales, hay una legalidad propia y originaria, independientemente de la acción y del poder humanos, que se mantiene siempre a pesar de las interferencias. Notemos ya que el antiliberalismo, cree en las leyes eternas de la vida social “Hay algo eterno en nuestra naturaleza que siempre se mantiene, la naturaleza es conservadora porque se basa en una constancia imperturbable de los fenómenos”. La teoría totalitaria del Estado comparte con el liberalismo la convicción de que finalmente en el todo “se establecerá el equilibrio entre los intereses y las fuerzas económicas”. Hasta el derecho natural es repetido hoy en una nueva etapa histórica. Sólo que ya no se trata de la naturaleza del hombre de la que se deducirán las normas adecuadas, sino de la naturaleza, de la peculiaridad de los pueblos, como dato natural y resultado histórico. Sin embargo, el naturalismo liberal se encuentra dentro de una sistema de pensamiento esencialmente racionalista y el naturalismo antiliberal, es esencialmente irracional. Pero en el racionalismo liberal están ya las tendencias que más tarde, con la transformación del capitalismo industrial en capitalismo monopolista, asumirán carácter irracional. Una teoría racionalista es aquella que subordina la actividad práctica a la idea de una razón autónoma, por lo tanto es esencialmente crítica. La teoría irracionalista de la sociedad antepone a la autonomía de la razón, datos irracionales (la naturaleza, la tierra, la sangre, el pueblo, etc.) de los cuales depende siempre la razón, coloca la razón bajo la heteronomía de lo irracional, de esta manera elimina la critica del conocimiento. Al utilizar situaciones naturales-orgánicos en contra de la razón “desarraigada”, la teoría de la sociedad actual trata de justificar, mediante fuerzas irracionales, una sociedad que no es justificable racionalmente, de sacar sus contradicciones de la luz del conocimiento racional, para sumergirlas en la oscuridad tenebrosa de la sangre, del alma, etc.. “La realidad no puede ser conocida sino tan sólo reconocida”. La teoría irracionalista de la sociedad tiene que difamar la felicidad terrenal de los hombres, obtenible sólo mediante la organización racional de la sociedad, reemplazándola por otros valores menos ‘concretos”. Al materialismo opone un pauperismo heroico, una sublimación ética de la pobreza. Comparado con el realismo heroico-popular el liberalismo es una teoría racionalista, implica la seguridad de los contratos, y la calculabilidad de las ganancias y las pérdidas, la demanda y la oferta; o como diría Weber implica la racionalización del derecho y de la empresa. Pero precisamente aquí tropieza el liberalismo con elementos irracionales que irrumpen en él. La racionalización tiene un carácter privado, está ligada a la praxis del sujeto individual, y si bien la racionalidad de la praxis tiene que evidenciarse finalmente en el todo, este todo escapa a la

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racionalización. La armonía entre los intereses privados y generales ha de resultar por sí misma de libre desarrollo de la praxis privada; por razones de principio esta armonía no es sometida a la crítica, ya que no pertenece al proyecto racional de la praxis. Mediante esta privatización de la razón se priva a la construcción racional de la sociedad de su objetivo final. Falta precisamente la determinación racional de aquella generalidad en la que debería quedar incluida la felicidad del individuo. En última instancia la estructura y el orden del todo quedan librados a fuerzas irracionales: “un equilibrio natural”. En este punto la teoría liberal tiene que recurrir a justificaciones irracionales, la crítica racional se elimina a sí misma, está demasiado dispuesta a reconocer privilegios y dotes naturales. Aquí se ve cuantos elementos de la concepción autoritaria estaban ya contenidos en la teoría liberal. Con respecto a esta continuidad de las bases económicas podemos decir que el capitalismo liberal es quien genera esta concepción autoritaria que corresponde al estadio monopolista del capitalismo. Esta nueva concepción del Estado y de la sociedad puede ser interpretada en base a tres componentes: el universalismo, el naturalismo (organicismo) y el existencialismo.

UNIVERSALISMO La preeminencia del todo con especto a las partes. El todo está dado originariamente en su estructura orgánica. En la estructura económica de la sociedad capitalista residen los elementos fácticos del universalismo. El todo es una unidad que unifica a todas las clases, la comunidad en el “pueblo” se levanta por encima de los intereses y oposiciones. Encuentra el todo en el dato originario “el pueblo”, y este origen escapa a toda planificación y decisión humana. De esta manera quedan desacreditados a priori, todos los intentos de transformación planificada de las relaciones sociales.

NATURALISMO El realismo heroico-popular, subraya las cualidades naturales de la totalidad representada por el pueblo, condicionado por la sangre, por la tierra, la patria, la raza, como fundamento eterno de la sociedad. Esta naturaleza es un mito, y encubre la creciente degradación organicista y la eliminación del acontecer histórico-social. La naturaleza se convierte en el gran contrincante de la historia, que la reduce a su sola dimensión temporal. Hay una desvalorización del tiempo con respecto al espacio, de lo dinámico con respecto a lo estático. Desvalorización de la esfera material de la existencia, de idealismo y de la razón autónoma que dirige la praxis. Esta deshistorización de lo histórico, pone de manifiesto una teoría que es la expresión del interés por estabilizar una forma de relaciones humanas que no puede ser ya justificada, esta forma queda eternizada ideológicamente al considerársela como orden natural de la vida, a modo de conservación del orden existente y protección de toda crítica. Esto conduce a una naturalización de la economía en cuanto tal y a la la miseria que provoca, todos estos fenómenos son considerados como naturales

EXISTENCIALISMO El existencialismo en su forma política se convierte en la teoría de la justificación de la injustificable, se opone a lo normativo, renuncia a toda posibilidad de conocer la facticidad de las situaciones históricas. Es la aceptación de la misión impuesta por el pueblo al individuo, se considera que la fuerza de la sangre y de la tierra son fuerzas históricas. Lo existencial es sustraído a toda racionalización y normación que vaya más allá de sí mismo. No existe ninguna relación social que en el caso extremo no se convierta en una relación política, la separación entre Estado y sociedad es eliminada, el primero se hace cargo de la integración política de la segunda. El hombre es entregado al Estado. El fundamento de la autoridad supera toda facticidad social, el pueblo no elige sino que reconoce la autoridad. Se postula la autorresposabilidad inalienable de la existencia. Se establece que la libertad surge de la vinculación del pueblo al Estado pero este último no permite el desarrollo racional y libre de esa libertad ni de la existencia, sino mas bien que las anula.

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ACERCA DEL CARÁCTER AFIRMATIVO DE LA CULTURA La doctrina de que todo conocimiento humano, por su propio sentido, está referido a la praxis, fue uno de los elementos centrales de la filosofía antigua. Aristóteles sostiene el carácter práctico de todo conocimiento pero establece una escala de valores entre estos, entre lo necesario y lo útil por una parte, y lo bello por otra. Esta división inicia un proceso que deja libre el campo para el materialismo de la praxis burguesa por una parte, y por otra, para la satisfacción de la felicidad y del espíritu en el ámbito exclusivo de la “cultura”. Esto implica que el orden de la conservación de la existencia general no coincide con la felicidad y la libertad de los individuos. En la medida en que la filosofía se preocupa de la felicidad de los hombres, no puede buscarla en las formas materiales de la vida existente, tiene que trascender su facticidad. El mundo de lo bueno y lo bello es el mundo ideal, en la medida que se encuentra más allá de las relaciones de vida existentes. Cuando la reproducción de la vida material se realiza bajo el imperio de la mercancía, creando continuamente la miseria de la sociedad de clases, lo bueno, lo verdadero y lo bello trascienden a esta vida. La teoría pura como profesión es patrimonio de una elite, está vedada a la mayor parte de la humanidad por férreas barreras sociales. Cuando se pretende esto, que lo bueno y lo bello penetren desde arriba el orden de lo necesario, es cuando se crea el concepto de cultura, que constituye un elemento fundamental de la praxis y de la concepción burguesa del mundo. Aquello que desde las ideas se presenta como facticidad es el mundo material, en el que los hombres y las cosas se enfrentan como mercancías. La historia del idealismo es también la historia de la aceptación de lo existente. Detrás de la separación ontológica y gnoseológica entre el mundo de los sentidos y el de las ideas, entre sensibilidad y razón, entre lo necesario y lo bello, se oculta no sólo el rechazo, sino también la defensa de una reprobable forma histórica de la existencia. El mundo material, es sí mismo mera materia, mera posibilidad, sólo se vuelve realidad en la medida en que participa del mundo “superior”. Debido a su inevitable materialidad, la praxis material queda liberada de su responsabilidad por lo verdadero, lo bello y lo bueno, que queda reservado para el quehacer teórico. La separación ontológica entre los valores ideales y los materiales trae como consecuencia la despreocupación idealista por todo aquello que está relacionado con los procesos materiales de la vida. En la época burguesa, la teoría de las relaciones entre lo necesario y lo bello, entre trabajo y placer, experimento modificaciones fundamentales. Desapareció la concepción según la cual la ocupación profesional con los valores supremos es patrimonio de una determinada clase social, y fue reemplazada por la tesis de la universalidad de la cultura. La libre competencia enfrenta a los individuos como compradores y vendedores del trabajo. El carácter puramente abstracto al que han sido reducidos los hombres en sus relaciones sociales, se extiende también al manejo de los bienes ideales. Así como en la praxis material se separa el producto del productor y se lo independiza bajo la forma general de un bien, así también en la praxis cultural se consolida la obra, su contenido en un valor de validez universal. La verdad de un juicio filosófico, la belleza de una obra de arte deben por su propia esencia afectar, obligar y agradar a todos. Hay una aplicación del concepto de cultura según el cual el mundo espiritual es abstraído de la totalidad social y de esta manera se eleva la cultura a la categoría de un (falso) patrimonio colectivo y de una (falsa) universalidad. De esta manera se distingue entre civilización y cultura y esta queda sociológica y valorativamente alejada del proceso social. Esta concepción ha surgido en el terreno de una determinada forma histórica de la cultura que en adelante será denominada cultura afirmativa. Sólo en esta cultura las actividades y objetos culturales obtienen aquella dignidad que los eleva por encima de lo cotidiano: su recepción se convierte en un acto de sublime solemnidad. La situación que ella expresa es característica de la praxis vital y de la concepción del mundo de la época burguesa. Al internalizar lo gratuito y lo bello y al transformarlo, mediante la cualidad de la obligatoriedad general y de la belleza sublime, en valores culturales de la burguesía, se crea en el campo de la cultura un reino de unidad y de libertad aparentes en el que han de quedar dominadas y apaciguadas las relaciones antagónicas de existencia. La cultura afirma y oculta las nuevas condiciones sociales de vida.

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