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Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

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El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos
El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos

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El impuesto a la propiedad es esencialmente un gravamen in rem (sobre cosas, en
lugar de personas), aplicado a la propiedad en si, sobre el valor bruto, sin considerar
derechos de terceros sobre ella, ni las circunstancias personales de los propietarios.

Naturaleza del impuesto

El impuesto a la propiedad es un gravamen de naturaleza general, ad-valorem sobre
toda forma de propiedad: Bienes inmuebles: tierra o terrenos sea cual fuere su uso,
mejoras o bienechurias en forma permanente (edificios, residencias, etc.). Bienes muebles
tangibles e intangibles
: los bienes muebles tangibles son propiedades móviles con valor
intrínseco, e. g. mobiliario y equipos, automóviles, joyas, inventarios, ganado, etc.; y los
intangibles corresponden a propiedades con valor de cambio, e.g. acciones, títulos de
créditos, bonos, dinero, etc. La obligación tributaria de una determinada propiedad es la

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

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resultante del producto de la alícuota impositiva por el valor de tasación (asignado de
acuerdo a la ubicación) de dicha propiedad. En la mayoría de los casos el valor de tasación
se corresponde con el valor de mercado de la propiedad. Básicamente el impuesto sobre la
propiedad recae sobre sobre los terrenos y la construcción sobre ellos edificada.
Generalmente las instituciones sin fines de lucro están excluidas del impuesto; así como
también la riqueza personal representada en la posesión de automóviles, joyas, bonos y
acciones. En los países en donde existe el impuesto a la propiedad (EE.UU.), constituye
una fuente importante de recursos para el fisco municipal, originada principalmente por
ingresos provenientes de gravámenes o contribuciones sobre bienes raíces.

Incidencia del impuesto a la propiedad (5)

Los efectos distributivos del impuesto a la propiedad son controversiales. De un
lado, existe la llamada posición de la doctrina tradicional que trata al impuesto como si
fuera un gravamen a la renta del capital; por el otro, el análisis de los efectos distributivos
del impuesto se estudian enfatizando más que todo, el tipo de bien y las imperfecciones
del mercado.

Impuesto a la propiedad como gravamen a la renta del capital

La doctrina tradicional de la incidencia del impuesto a la propiedad, en mercados
perfectamente competitivos, sobre todo en los últimos años, ha venido ganando aceptación
entre los economistas.

Impuesto nacional. Supongamos que hay un impuesto sobre la propiedad de carácter
nacional sobre los activos tangibles (vivienda, tierras, equipos, etc.). Un impuesto sobre
los activos tiene la misma incidencia que un gravamen sobre la renta del capital: reduciría
el rendimiento neto del capital y recaería sobre los propietarios del mismo.
Un impuesto a la propiedad del 5% sobre el valor de los activos tangibles, en un
mercado de capitales perfectamente competitivo, rápidamente se transformaría en un
impuesto sobre la renta del capital. Veamos esto mediante un sencillo ejemplo. Sea un
activo cuyo valor es de Bs. 240.000 y produce como ingreso anual (rendimiento) Bs.
30.000, equivalente a un costo de oportunidad del capital del 12,5%; la obligación
tributaria que crearía el impuesto seria de Bs. 12.000, cifra que representa el 40% del
ingreso total que produce el activo. Por lo tanto un impuesto del 5% sobre el valor del
activo (impuesto a la propiedad) resulta igual a un impuesto sobre el ingreso de la
propiedad (impuesto sobre la renta) del 40%. Si se le da tratamiento general a la
conclusión anterior, el valor del activo en un mercado perfectamente competitivo seria
igual a: I = (V) (i), por lo que: V = I/i; donde V es el valor del activo, I su ingreso anual e
i, la tasa de interés del mercado alternativa para otras inversiones. Si ha de obtenerse el
mismo ingreso tributario con un gravamen a la propiedad cuya tasa sea Tp, que con un
impuesto a la renta de tasa Ty, entonces:

(Tp)(V) = (I) (Ty) pero V = I/i, donde
(I/i)(Tp) = (I) (Ty) ;
Tp = (i) (Ty)

En un mercado donde el capital rinda el 12,5%, la incidencia de un impuesto general sobre
el valor del activo (propiedad) del 5%, seria similar a un impuesto sobre el ingreso del
activo del 40%. Por lo tanto a corto plazo, en un mercado de capitales perfectamente
competitivo, un impuesto a la propiedad reduciría el rendimiento neto del capital al
disminuir los ingresos percibidos por los propietarios. De allí que al no trasladarse el
impuesto, éste reduce el precio de la propiedad en un monto equivalente al valor
capitalizado del impuesto. Tomando el ejemplo anterior, el valor en el mercado de

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

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capitales de una propiedad que produzca ingresos anuales (I) por Bs. 30.000,
representativos de una tasa de interés del 12,5% en el mercado, seria igual a Bs. 240.000
(30.000/0,125); ahora bien, al establecer un impuesto sobre el valor de la propiedad
general y uniforme del 5%, seria lo mismo que si graváramos al ingreso de la propiedad
con una tasa del 40%. La disminución en el ingreso (pérdida impositiva), capitalizada al
12,5% (12.000/0,125), reduciría el valor de la propiedad en Bs. 96.000. Ello significa que
si el propietario decidiese vender su propiedad, debería absorber la pérdida impositiva, ya
que el comprador aspira por su dinero un rendimiento del 12,5%, similar al que obtendría
en oportunidades alternativas de inversión. Por lo tanto la carga del impuesto recaerá
sobre el propietario original, aquél que poseía la propiedad antes del impuesto. Los
siguientes propietarios que compraran el activo, lo harían a un precio más bajo, escapando
por lo tanto del impuesto.

A largo plazo, la reducción de la rentabilidad del capital puede afectar
negativamente la demanda de fondos (inversión real) y por lo tanto a la productividad de
la mano de obra, la cual en alguna medida podría compartir la carga impositiva.

Impuesto municipal. Si el impuesto fuese administrado por el gobierno municipal en
lugar del gobierno central, las conclusiones sobre la incidencia serian similares al
impuesto nacional, sólo si las tasas impositivas locales fuesen iguales para todas las
comunidades. Pero, la realidad es bien distinta. Cada comunidad posee su propia tarifa
impositiva y fija sus criterios particulares de como valorar las propiedades, lo que supone
entre ellas, divergencias impositivas más o menos importantes. Consideremos el caso de
una comunidad cuyas tasas impositivas se elevan por encima del promedio nacional. ¿Qué
consecuencias acarrearía tal situación?
A corto plazo, como la oferta de factores es fija, el impuesto se capitalizaría y
reduciría el valor de la propiedad; esto es válido, tanto en viviendas como en terrenos. La
carga del impuesto seria soportada por los propietarios al momento de elevar los tipos
impositivos, quiénes no podrían trasladar el impuesto vendiendo el activo.
A largo plazo, en caso de tratarse de activos como terrenos, sus propietarios no
podrían escapar del impuesto, ya que su oferta es fija. Tanto a corto como a largo plazo los
dueños de tierras sufrirán una pérdida impositiva permanente.
La situación cambia cuando se trata de capital invertido en mejoras de los activos.
A largo plazo el capital se trasladará a aquella jurisdicción donde las tasas impositivas
sean más bajas. Tanto el gasto por mantenimiento de los activos como las nuevas
inversiones disminuirán en aquellas comunidades de elevada presión impositiva.
La intensificación de los flujos de capital de un sitio a otro, dependerá en gran
medida de la movilidad de la mano de obra. Si la movilización del empleo es rápida y
puede trasladarse de un lugar a otro sin que ello signifique una desmejora salarial,
entonces es bastante probable que la salida de capitales se agrave. Pero, si el empleo es
poco móvil, el capital lo será también, reflejándose el impuesto en una reducción salarial,
para así mantener al mismo nivel los rendimientos del capital, forzándolo a quedarse. El
impuesto será por tanto regresivo sobre aquella parte del empleo con menor movilidad: la
mano de obra no especializada.

Efectos distributivos según el tipo de propiedad (6)

El impuesto a la propiedad grava principalmente la propiedad inmobiliaria: la
tierra y los edificios (viviendas), éstos últimos divididos en comerciales y residenciales. El
problema de la incidencia es complicado por el hecho de que el impuesto se compone en
esencia de varios elementos, cuyos respectivos efectos distributivos son diferentes.

Tierra. Por definición la oferta de tierra es fija, por consiguiente, como la oferta no se
reduce, el impuesto no puede trasladarse hacia adelante, por ello el propietario no puede
escapar a la incidencia del impuesto. Podríamos suponer razonablemente que el patrón
distributivo seria similar al de un gravamen sobre la renta del capital.

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

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Edificios. Los efectos distributivos del impuesto serán diferentes, según se trate de
edificios comerciales o residenciales.
1.- Edificios comerciales. La incidencia del impuesto a la propiedad sobre las
edificaciones comerciales e industriales coincidirá con la de un impuesto sobre la
renta de las sociedades de capital (Capítulo XIV). Dentro del esquema de
condiciones de competencia imperfecta, es probable, la traslación en parte del
impuesto hacia los consumidores en forma de precios más elevados.
2.- Edificios residenciales.
A.- Vivienda ocupada por el propietario. Como el pago del impuesto a la
propiedad no se relaciona con la renta que gana una persona, esta parte no puede
trasladarse a nadie, reduciendo por tanto la renta del propietario. Como
consecuencia el dueño de casa recibiría un menor valor locativo por su
vivienda, en relación con otras oportunidades de inversión.
B.- Vivienda en alquiler. Otra parte importante del impuesto recaerá sobre los
edificios en alquiler. Dada una determinada tasa de retorno del capital invertido
en viviendas para alquiler, el impuesto a la propiedad reducirá su oferta, lo que
en un mercado perfectamente competitivo, hará aumentar a su vez los
alquileres, de modo que parte del impuesto se trasladará a los inquilinos. Es
probable que parte del impuesto se traslade hacia atrás, al propietario de
terrenos, porque la demanda de terrenos para construir viviendas en alquiler
disminuirá. Aunque el traslado hacia adelante puede tomar bastante tiempo: si
existe superávit de viviendas en alquiler, los arrendadores no podrán aumentar
los alquileres. Ellos no sólo pagarán el impuesto, sino que bajarían los precios
de venta de sus edificios, coincidiendo con la pauta distributiva de un gravamen
sobre la renta del capital.

Equidad

La aplicación del impuesto a la propiedad puede ser justificada desde la concepción
del principio del beneficio. En efecto, el incremento de valor de la propiedad como
resultado de los servicios públicos que presta el estado, le concede a éste derecho para
gravar a los propietarios. Este argumento tiene su origen en la Teoría del Estado como
protector de la propiedad, formulada por el filósofo inglés J. Locke a finales del siglo
XVII. Según esta teoría, uno de los principales deberes de todo Estado es la protección de
la propiedad; como resultado, los propietarios deben pagar para sufragar los diversos
gastos públicos que tal misión amerita: protección, aplicación de la ley, administración de
justicia y legislación. Según este enfoque seria lógico gravar la propiedad individual,
intangible o real, por distintas formas impositivas. Como aplicación más específica del
principio del beneficio especialmente a nivel municipal, se justificaría que los propietarios
pagasen por aquellos servicios locales como: construcción de calles y aceras, parques y
jardines, cloacas y alcantarillados y alumbrado público, que incrementaren directa o
indirectamente el valor de sus propiedades. Como medida del beneficio que recibe cada
quién, suelen emplearse índices específicos como por ejemplo la situación o frente de la
propiedad; en otros casos, la alícuota puede ser establecida de acuerdo al valor que tenga
el bien inmueble (7)
.
Si bien suele justificarse el impuesto a la propiedad por razones de equidad, su
existencia no está exenta de críticas. Se le condena por injusto y regresivo, principalmente
por parte de los propietarios de viviendas, por el excesivo gravamen que pesa sobre ellos.
El impuesto a la propiedad resulta gravoso y provoca quiebras, ejecuciones de hipotecas y
ventas forzosas en periodos en que el ingreso disminuye con brusquedad: la obligación
impositiva no varia, en oposición a lo que ocurre con los impuestos a la renta y a las
ventas.

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

259

La regresividad del impuesto a la propiedad surge, en lo que respecta a la vivienda
(propia o alquilada), cuando la parte destinada a los gastos de vivienda en términos
porcentuales, disminuye a medida que crece el ingreso corriente familiar. El grado de
regresividad del impuesto a la propiedad depende del tipo de incidencia que provoca el
impuesto (8)
:
1.- La parte del impuesto que recae sobre las edificaciones comerciales es regresiva,
porque su patrón distributivo se asemeja a la de un impuesto a la renta de las
sociedades de capital en el caso de mercados imperfectos. Tiende a afectar más a los
consumidores de bajos ingresos.
2.- Cuando el impuesto grava la vivienda ocupada por el propietario, es altamente
regresivo a niveles de ingresos bajos, más o menos proporcional en los ingresos
medios y poco regresivo en los niveles altos. Particularmente las personas de la
tercera edad se verían terriblemente afectadas, ya que su bajo nivel de ingreso las
obligaría a vender la propiedad para poder pagar el impuesto.
3.- La parte que recae sobre los inquilinos parece ser altamente regresiva.

Entre otros factores que contribuyen también en la poca popularidad del impuesto a
la propiedad, podemos mencionar la imprecisión de los avalúos resultante de la
discrecionalidad de los gobiernos locales al tasar los inmuebles; y el enorme trauma
causado al contribuyente al momento de cancelar directamente la porción trimestral o
anual del impuesto a la propiedad, muy distinto de lo que sucede con el impuesto sobre la
renta y los impuestos sobre nóminas, los cuales sus pagos se retienen periódicamente por
el empleador.

El impuesto a la propiedad en Venezuela

Los gravámenes sobre la propiedad que existen en Venezuela son de distintos tipos:
impuestos territoriales, por mejoras, sobre vehículos y, tributos relacionados con las
negociaciones de inmuebles.

Impuestos territoriales

Esta forma impositiva del impuesto a la propiedad tiene por objeto gravar a los
bienes inmuebles, sean rurales o urbanos, según se localicen en el campo o la ciudad.

Impuesto territorial rural. Este gravamen tiene por finalidad pechar tanto las tierras en
producción como aquella parte de la propiedad inmobiliaria rural que no se encuentra
destinada a actividades productivas. La intención aquí es suficientemente clara: inducir a
los propietarios de terrenos a darle una mejor utilización o una utilización más extensiva
a la tierra, y en cierta medida, provocar una fragmentación de grandes extensiones de
tierras. En Venezuela, la Constitución de 1999 en su artículo 307 establece que el régimen
latifundista es contrario al interés social y la respectiva ley dispondrá lo conducente en
materia tributaria para gravar las tierras ociosas, llenando el vacío legislativo que existía
desde la promulgación de la Ley de Reforma Agraria en 1960. Es así como la vigente Ley
de Tierras y Desarrollo Agrario (Gaceta Oficial Extraordinaria. N° 5.771 del 18-05-2005)
grava la propiedad (arts. 97 y 110, ejusdem) privada y pública de tierras rurales
infrautilizadas (ociosas) con la tarifa II. Se entiende por tierras infrautilizadas, aquellas
con vocación agrícola, pecuaria o forestal que no alcancen el rendimiento idóneo
calculado según las disposiciones contenidas en la presente ley (Art. 104, ejusdem).
Asimismo, el impuesto se aplicará a la propiedad de acuerdo a una tarifa múltiple por
clase de tierras, que grava la base imponible entre 0% y 70% del valor del rendimiento
idóneo, con alícuotas que oscilan entre 0% y 12,5 % (Art. 110, ejusdem). De igual
manera, la base imponible del impuesto se define como la diferencia entre el rendimiento
idóneo de la tierra rural y su rendimiento real obtenido en el ejercicio fiscal

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

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correspondiente. El rendimiento idóneo para una tierra rural de una determinada clase se
obtendrá multiplicando el promedio de producción anual nacional idóneo del producto o
rubro producido por el contribuyente, por el precio promedio anual nacional de dicho
producto, por la totalidad de hectáreas de la clase respectiva. (Art. 105, ejusdem). El
propósito del constituyente fue muy explicito: condenar de la manera más categórica el
mantenimiento de tierras ociosas con fines exclusivos de venta o especulación, en otras
palabras, el latifundio (10)

. Finalmente, aún cuando no es el propósito deslindar cuestiones
jurídicas de las normas, a nuestro parecer existe un conflicto de competencias entre la
aplicación del impuesto predial rural por el Poder Nacional contemplado en la Ley de
Tierras y la norma constitucional establecida en el artículo 179, numeral tercero, que se
refiere a los ingresos municipales y sus fuentes de recursos y en particular al impuesto
territorial rural o sobre predios rurales.

Impuesto a la propiedad urbana. La Constitución Bolivariana consagra a los
Municipios la facultad de gravar la propiedad inmobiliaria urbana, conforme a lo
dispuesto en el artículo 179, numeral segundo. El impuesto sobre inmuebles urbanos es
un tributo sobre el valor de la propiedad de la tierra y de las edificaciones. Toda
propiedad inmobiliaria ubicada dentro del perímetro del municipio será gravada con tasas
progresivas. El cálculo del valor del inmueble le corresponde hacerlo a la oficina de
catastro municipal, la cual además, deberá llevar un registro actualizado de los inmuebles
existentes (11)

. El rendimiento de estos impuestos es muy precario. No obstante, al
reformar parcialmente la Ley de Registro Público y del Notariado (Gaceta Oficial
Extraordinaria N° 5.833de fecha 22/12/2006), se materializa la potestad municipal de
recaudar impuestos derivados de las transacciones inmobiliarias (arts. 92 al 95, ejusdem),
establecida en los artículos 178 y siguientes de la Ley Orgánica del Poder Público
Municipal (Gaceta Oficial, N° 39.163 del 22 de abril de 2009). Probablemente, este nuevo
impuesto municipal sobre las transacciones inmobiliarias (Gaceta Municipal de Valencia
N° 07/751 extraordinaria de fecha 06/08/2007), aunado al fortalecimiento de los sistemas
de recaudación del impuesto inmobiliario urbano, mejorará para los venideros años el
perfil de ingresos de la Hacienda Pública Municipal.

Impuesto sobre mejoras

La mayor parte de los autores consideran este tributo como una contribución
especial y así lo analizamos en el Capítulo VIII, al comentar el tema de las contribuciones
por mejoras
. Estos gravámenes encuentran amplia justificación por el método del
beneficio, porque representan un medio apropiado de recuperar parte de los costos
incurridos en la construcción de infraestructuras públicas nacionales y locales. Están
previstas en la Constitución Bolivariana (Art. 179, numeral 2), en la Ley de Expropiación
artículos 15 y 17 y en la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, artículos 178 y
siguientes, ejusdem. Sin embargo, la regulación de esta materia por ordenanzas
municipales está sujeta a lo que determine la Ley Nacional, la cual aún no se ha dictado.

Impuestos sobre vehículos

Los tributos que recaen sobre los vehículos y su circulación tienen su fundamento
legal en las siguientes leyes: Orgánica del Poder Municipal (Art. 192, ejusdem), Tránsito
Terrestre, Aviación Civil y Navegación. La mayoría de los impuestos tienen por objeto el
patrimonio o las actividades para incrementarlo. El resto de ellos, son tasas por
certificaciones de conocimientos o aptitudes o, de condiciones de circulación. No tienen
mayor significación dentro del cuadro general de los ingresos públicos nacionales.
Los hechos generadores de tributos son:
1.- En el caso del tránsito terrestre, existe un impuesto sobre la propiedad de los
vehículos, que se conoce como derecho por matriculación y expedición de placas, y
una tasa por revisión de vehículos; asimismo existe una tasa por la expedición de la

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

261

licencia para conducir, de monto variable según la experiencia y habilidad del
conductor. El impuesto sobre la propiedad del vehiculo varia, conforme a una escala
de acuerdo al tipo de vehiculo registrado. Este impuesto se cobra tanto por el
registro inicial como por cualquier traspaso o cesión de la propiedad. La circulación
propiamente dicha es competencia municipal según lo dispone la Constitución
Nacional en su artículo 179, numeral segundo. El uso de las vías publicas
municipales por los vehículos de los propietarios domiciliados en su jurisdicción, se
grava con un impuesto anual de suma global, según el peso y tipo de vehiculo,
liquidado y cobrado por trimestres adelantados. Su rendimiento es muy bajo, ya que
la falta de control estimula la evasión, ocasionando grandes pérdidas de recursos en
perjuicio del fisco municipal.
2.- La propiedad de aeronaves se grava con un impuesto que se cobra al efectuarse el
registro inicial, así como cualquier otra transacción que involucre la propiedad del
avión. Existe también un impuesto a la circulación aérea bajo la forma de un
permiso de vuelo, cuyo monto varia de acuerdo al tonelaje de los aviones.
3.- La navegación y circulación acuática se gravan con impuestos a la circulación de
naves por aguas venezolanas bajo la forma de patentes o licencias de navegación.

Impuesto a las negociaciones de inmuebles

En Venezuela, al igual que otros países, los actos relacionados con la transmisión
onerosa de la propiedad son gravados mediante el empleo de timbres o sellos móviles y
papel sellado o timbres fijos, conforme a lo dispuesto por la Ley de Timbre Fiscal. La
mayor parte de los tributos por concepto de circulación jurídica de bienes, derechos y
acciones son gravámenes que recaen sobre el patrimonio, en cuanto éste requiere, para una
mayor seguridad jurídica, del cumplimiento de ciertos requisitos de publicidad en cuanto a
la constitución o transmisión de la propiedad, o de autorizaciones especiales en los casos
de patentes de invención y marcas comerciales. No es posible discriminar para fines de
análisis, los ingresos tributarios por concepto de actos relacionados con la transmisión de
la propiedad, ya que estos rubros hacendísticos se encuentran consolidados en una partida
denominada Renta del Timbre Fiscal.

CAPÍTULO XVIII: IMPOSICIÓN A LA RIQUEZA

262

NOTAS AL CAPÍTULO XVIII

(1) DUE, John et al., Government Finance: Economics of the Public Sector. Ed. Irwin,
7 ed. Ill. 1981, pp. 435-41
(2) MUSGRAVE, Richard et al., Public Finance in Theory and Practice, Ed. Mac
Graw Hill, 5 ed. New York 1989, pp. 411-12
(3) Ibid. p. 412
(4) Ibid. p. 426-27
(5) Ibid. pp. 419-25
(6) DUE, John et al., Op. cit. pp. 444-46
(7) MUSGRAVE, Richard et al., Op. cit. 411-12
(8) DUE, John et al., Op. cit. 447, 456
(9) Comisión de Estudio y Reforma Fiscal. La Reforma del Sistema Fiscal Venezolano,
N° 4, Caracas 1987, El Ingreso Público en Venezuela por varios autores, pp. 58-60
(10) Ministerio de Agricultura y Cría. Exposición de Motivos del Proyecto de Ley de
Reforma Agraria. Col. Est. Agrarios N° 1, Caracas 1961. pp. 26-27
(11) Comisión de Estudio y Reforma Fiscal, Op. cit. pp. 258-59

263

XIX

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