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Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

Introducción a la Economía del Sector Público ejemplar actualizado a septiembre 2011

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Publicado porFrancisco Moratinos
El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos
El rápido crecimiento de la literatura especializada en el campo de las finanzas públicas, así como su elevado costo y dificultades de acceso, plantean serios problemas a los estudiantes de economía y administración pública y de empresas, quienes encuentran cada vez más difícil mantenerse al día en esta importante área de estudio. Este libro ha sido elaborado pensando en ellos. Se asume que los lectores están familiarizados con la teoría microeconómica a nivel introductorio. Así, luego de largos años de docencia en la cátedra de Teoría y Política Fiscal de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo, acumulando experiencias de mis estudiantes, tomé la difícil decisión de preparar esta obra de carácter didáctico, no sin experimentar temor por el reto al que me enfrentaba. Se ha deseado escribir un texto que sea útil a la docencia universitaria, donde el alumno, al contar con un material que le servirá de guía de estudio de los temas de la asignatura pueda avanzar en la enseñanza, completándolo con las indicaciones que se impartan en clase.
La selección del título: Introducción a la Economía del Sector Público, merece un comentario aparte. El tratamiento tradicional de la literatura sobre la Hacienda Pública (Finanzas Públicas) pone mayores énfasis en los aspectos macroeconómicos, administrativos y jurídicos de los diferentes instrumentos con que cuenta el Estado para intervenir en la actividad económica. Hemos revertido esa tendencia, apoyándonos en el análisis microeconómico, parte poco tratada en la mayoría de los textos sobre finanzas públicas que existen en español. El interés está en las funciones microeconómicas del Estado, la manera como afecta la asignación de recursos y la distribución del ingreso. En estos días la función macroeconómica del Estado- el uso de la política fiscal (impuestos y gastos) y la política monetaria con fines de estabilización- son comúnmente impartidas en un diferente curso. Por lo tanto, este libro continúa con la tradición de circunscribirse al gasto público y a los impuestos. La función del economista, en lo que a influencia del Estado sobre las decisiones de los distintos agentes económicos se refiere, reside precisamente en evaluar qué tipo de efectos ocasionan los diferentes instrumentos financieros sobre ellos: impuestos, crédito público, gasto público, presupuesto, etc.
Se ha pretendido reflejar a todo lo largo de la obra la premisa de que el sector público tiene un rol constructivo e importante que jugar en la economía junto al sector privado, ya que este último no puede por sí solo alcanzar los objetivos económicos y sociales a que toda sociedad democrática aspira.
La obra está estructurada por capítulos, los cuales podrían organizarse en tres partes bien definidas. La primera de ellas comprendería seis capítulos, iniciándose en el Capítulo I, con una revisión general del funcionamiento eficiente del mercado, idea que tiene sus raíces en Adam Smith, luego, se describen someramente las causas que hacen que éste no logre una eficiente asignación de recursos, para terminar con la delimitación del campo de la actividad gubernamental según la taxonomía de las funciones del Estado propuesta por el profesor Richard Musgrave. El Capítulo II, introduce el instrumental metodológico (Análisis Normativo) de la economía del bienestar que será usado en el resto de la obra. Esta rama de la teoría económica se ocupa del uso alternativo de los recursos en la satisfacción de las necesidades sociales. En este capítulo se define el concepto de eficiencia económica u óptimo de Pareto, concepto muy importante que ha abarcado gran parte del trabajo de los economistas. A partir del Capítulo III se comienza la exploración de las fallas del mercado mencionadas en el Capítulo I. Los bienes públicos, que por sus características propias no pueden ser producidos por el mercado, de allí que el Estado deba proveerlos (e. g. defensa nacional, justicia, autopistas, etc.). La provisión de los bienes públicos

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La imposición al consumo puede ser analizada desde el punto de vista de la
eficiencia económica y la política de estabilización, al igual que se hizo con la imposición
a la renta, así, la comparación entre ambas formas impositivas, pondrá de manifiesto las
ventajas de una frente a la otra.

Eficiencia económica (1)

Se abordará en esta sub-sección, tanto los efectos sobre el estimulo al trabajo y la
oferta de mano de obra, como las implicaciones en la tasa real de formación de capital y
las dificultades para el logro del pleno empleo.

Estímulo al trabajo y la oferta de mano de obra

La renta adicional producto de más trabajo, puede ser deseada para satisfacer al
consumo, al ahorro o una combinación de ambos. Si se deseara esa renta adicional para
satisfacer al consumo, un impuesto proporcional al gasto tendría los mismos efectos sobre
el empleo que un impuesto proporcional a la renta, en la medida que las personas tomaran
en cuenta al impuesto. Pero pudiera que ello no ocurriera así, ya que el impacto del
impuesto se presenta no en el momento de ganar el ingreso sino al gastarlo, debilitando
por lo tanto los efectos renta y sustitución del impuesto. Si nos situamos en el otro
extremo, donde existen personas que estarían dispuestas a trabajar más buscando un
mayor ingreso sólo para propósitos de ahorro, el impuesto no tendrá efecto alguno sobre el
empleo, al no ser relevante la posibilidad de incrementar la obligación tributaria del
impuesto al consumo en algún lugar en el futuro. Finalmente, si asumimos
razonablemente que parte de la renta ganada puede ser destinada al consumo y parte al
ahorro, los efectos renta y sustitución son relevantes -pero en menor grado que con un

CAPÍTULO XV: INCIDENCIA DE LA IMPOSICIÓN AL CONSUMO

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impuesto sobre la renta- a determinadas tasas impositivas. Sin embargo para recaudar la
misma suma de dinero que un impuesto a la renta, las tasas del impuesto deben ser más
elevadas, por lo tanto el efecto neto queda indeterminado.
Cuando un impuesto proporcional al consumo se compara con uno progresivo a la
renta, la posibilidad de reducción de la oferta de mano de obra será menor con el impuesto
al consumo que con el impuesto progresivo a la renta, ya que en este ultimo el efecto
sustitución será mucho mayor. Si ambos son progresivos los resultados son similares a los
expuestos cuando ambos son proporcionales.

Formación de capital

Oferta de fondos (ahorro). Los impuestos basados en el consumo deberían asegurar una
relación total más alta de renta ahorrada (S/Y) que los impuestos a la renta, para una
determinada suma de ingresos. La diferencia presenta dos aspectos:

1.- Mayor peso relativo del impuesto al consumo tendrán aquellas personas que
tienen una baja relación S/Y, y gastan por lo tanto altos porcentajes de su renta;
obligándolos a reducir el consumo, sino pueden o no quieren endeudarse.
Aquellas personas con altas relaciones S/Y, fundamentalmente individuos con
altos niveles de ingresos, tendrían más fondos disponibles para el ahorro, que los
que tendrían con un impuesto sobre la renta.
2.- Los impuestos relacionados con el consumo alientan a sustituir consumo por
ahorro, es decir consumir menos y ahorrar más, porque la persona puede
disminuir su obligación impositiva reduciendo sus gastos, mientras que con un
impuesto sobre la renta no puede hacerlo. El incentivo a ahorrar puede ser mayor
en la medida en que la persona crea que el impuesto será temporal, ya que
reducirá el impuesto al consumo ahorrando ahora y consumiendo luego, cuando el
impuesto se haya abolido; o si se ahorra por fines distintos a los de adquirir
bienes de consumo en el futuro, como por ejemplo, tener una reserva o acumular
una suma para dejarla a sus herederos.

Demanda de fondos (inversión). Los impuestos relacionados con el consumo podrían
reducir la rentabilidad de las inversiones más que los impuestos sobre la renta; ello podrá
ser posible en la medida que afectan la demanda de productos en los mercados. En cuanto
al riesgo, es poco lo que se puede agregar dada la poca o nula influencia de este tipo de
impuesto sobre la decisión de los inversionistas de correr mayor o menor riesgo.

La política de estabilización y la imposición al consumo (2)

La imposición al consumo puede dificultar la tarea de lograr el pleno empleo al
gravar al consumo en beneficio del ahorro. La mayor oferta de fondos (ahorro) permitida
con el impuesto al consumo, requerirá de un nivel más elevado de inversión real para
asegurar el pleno empleo (bache deflacionario S>I). Con un nivel de consumo deprimido
por el impuesto se hará más difícil alcanzar ese nivel, puesto que la venta de bienes y
servicios es el determinante principal de la inversión.
Si asumimos el pleno empleo, el uso de la imposición al consumo hará más
laboriosa la acción de la política fiscal y monetaria, a fin de contrarrestar los efectos de
una mayor propensión al ahorro (S/Y), lo cual sin dudas disminuirá la tasa de interés.
Dado que el pleno empleo no es un objetivo fácil de lograr y si se asume que sólo se
limitará a la búsqueda de un determinado nivel de desempleo, el efecto neto de la
imposición al consumo podría significar que los niveles reales de inversión estarían por
debajo de los que se obtendrían con un impuesto sobre la renta. En otras palabras, la
imposición al consumo podría aumentar la tasa potencial de formación de capital, lo que
significaría una menor tasa real de formación de capital, si el desempleo aparece como
resultado de una alta relación S/Y.

CAPÍTULO XV: INCIDENCIA DE LA IMPOSICIÓN AL CONSUMO

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En resumen: el porcentaje de la renta nacional que se ahorra (S/Y), será sin lugar a
dudas mayor con un impuesto al consumo que con uno sobre la renta. Sin embargo, el
impacto relativo sobre la formación real de capital dependerá de cual de las dos causas
siguientes sea la más relevante: una insuficiencia en la oferta de fondos o una baja
demanda de bienes y servicios.
En las economías de menor desarrollo, no hay dudas que la baja formación de
capital real se deba a una insuficiencia de ahorros, por lo tanto la imposición al consumo
favorecería una mayor tasa de formación de capital y por consiguiente de crecimiento
económico. Pero, en aquellas economías industrializadas, la respuesta no parece del todo
clara. Si la razón prevaleciente es una baja oferta de fondos (S/Y), la imposición al
consumo aparece como favorable, en la medida en que la reducción de la demanda
agregada de bienes y servicios, no aparece como significativa como para anular los
incrementos de la inversión real justificadas por el mercado. Si por el contrario, la baja
formación de capital, responde a una inadecuada demanda del mercado, entonces, la
utilización de la imposición al consumo sólo agravaría la situación.

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