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Primera edicién de esta coleccién junio 2000 Segunda edicion: oceubre 2000 © 1999, Pepe Rodriguez © 2000, de i edicion de © Suma de letras, 8. L. legal: B. 46,381-2000 Impreso por LITOGRAFIA ROSES Todos tos derechos reservados. fst4 publicacion no puede ser reproduc vi segiscrada en recuperacién de o caslquier uo, sin el permis previo por esctio de la. al, i ‘ PEPE RODRIGUEZ, Dios nacid mujer INTRODUCCION La fascinante aventura de investigar las huellas de la creacion del concepto de Dios Hace unos 30.000 aiios Dios atin no existia, pero especie humana llevaba ya mas de dos millones de aiios enfrenténdose sola a su destino en un planeta inhdspito; sobreviviendo y muriendo en medio de Ia total indife- rencia del universo. Unos 90.000 afios atrés, una parte de la humanidad de entonces comenzé a albergar espe- ranzas acerca de una hipotética supervivencia después de la muerte, pero fa idea de la posible existencia de al- gin dios parece que fue ain algo desconocido hasta hace aproximadamente treinta milenios y, en cualquier caso, su imagen, funciones y caracteristicas facron de una mujer todopoderosa. La concepcién de un dios masculino creador/controlador —tal como es imagina- do atin por la humanidad actual— no comenzé a forme- lizarse hasta el III milenio a.C. y no pudo implantarse definitivamente hasta el milenio siguiente. Santo Tomés de Aquino, en su Summa contra Genti- Jes, afirmé que «Dies esté muy por encima de todo lo que el hombre pueda pensar de Dios». La frase, a pesar de sit aparente profundidad, transmite un vacio desola- dor. ¢Por qué no decir, por ejemplo, que la razén esti muy por encima de todo lo que el hombre —en especial si es tedlogo— pueda pensar de te caz6n? entero también est muy por encima de nuestras « 's y de los conocimientos que tenemos el comin 5 gente, pero sin embargo la ciencia, a base de pensar que no hay nada tan lejano que no pueda ser investigado, ha acumulado datos y certezas que sobrepasan aiios-luz cuanta sabiduria fue capaz de atesorar el gran santo To més, Quizd Dias, efectivamente, esté demasiado alto para nuestros limitados razonamientos, pero antes de dar la tarea por imposible deberemos reflexionar, al me- nos, sobre si puede haber o no alguien ahi arriba (0 don- de sea que pueda residir un ser divino). La madeja no seré ficil de devanar, pero en el intento residira In re- compensa. ye Appesar de que «Dios» es un concepto de reciente ‘aparicién dentro del proceso evolutivo de nuestra cult ra, su fuerza innegable ha incidido sobre el ser hurmano de tal manera que éste ya nunca ha podido sustra poderoso influjo que irradia la idea de su existen: Ia de cualquier dios, eso es de algtin ser supremo dotado de capacidad para regir todos los elementos del univer- so material e inmaterial y, aspecto fundamental, anima- do de una personalidad tal que permite que su voluntad inapelable pueda ser alterada en favor de los intereses humanos, mediante la negociacién y el pacto, cuando la ocasién resulta propicia El concepto de «Dios» resulta tan fundamental para nuestra existencia reciente sobre este planeta, que la mera presuncién de su realidad —gobernada a través de las instituciones religiosas— ha focalizado y dirigido Ia formaci6n de las culturas, ha cambiado radicalmente las pautas individuales y colectivas de les relaciones hu- manas y ha Hlevado a alterar profundamente el equ brio ecol6gico en cada uno de los habitats conquistados por el Homo religiosus. Basta con la sola evocacién de Dios para que en cualquier grupo humano se encastillen posturas, se desborde la emocionalidad y, en definitiva, 6 se produzea una clara divisi6n en dos b de la vida irreconciliables: Ia post creyente. En el nombre de Dios. ce enalqu han hecho, hacen y harin kas mis glorio: des, pero también las fechories y masacres mas atroces y execrables. El mundo gue conocemos ‘ia sido model Dios, sin duda alguna, pero la cuestién fandainer*al ra dice en saber sila obra es at yacria mediante actos de su voluniad consciente, oa dios conceptual que slo adquiere realidad en cultural de ser el destinatario mudo de las necesictades y deseos humanos. a creyel Del primer tipo de dios se ocupan sexsi elas, no admite disusisn ni precis dep ba su existent de ella, Dios es el origen yal da conocer 0 imaginar; por tanto, nada hay haber fuera de él. Las religiones parten de una viciada en origen al invertir la carga de la prueba. es de- cir, que no demuestran fehacientemente aqueilo afirman —la existencia de Dios—- y, de modo implicito lidad probatoria en quienes defienden cualquier divinidad. En este case de lo que se discute Hleva néce: nei porque si («tienen fe») y otros niegan tambil («son ateos»). Del segundo tipo de dios, en cambio, se 0c: que si