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Nietzsche en Merleau-Ponty

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La presencia de Nietzsche en la primera filosofía merleaupontyana.

Gabriela Paula Porta (UBA)

Friedrich Nietzsche, en su obra filosófica capital, Así habló Zaratustra (1883-1885), -con la cual se inicia la última etapa de su producción filosófica, se propone la ardua tarea de otorgar nuevos sentidos y valores a algunos conceptos centrales de la filosofía tradicional como los de cuerpo, mundo y yo. En parte, este propósito del filósofo alemán de asignar otros significados a dichos significantes tradicionales se debe a la influencia que aquel recibió de las teorías científicas y del materialismo filosófico de su época. Pero, también al interés de Nietzsche por desprenderse de las concepciones metafísicas y religiosas occidentales que impedían reconocer, por un lado, el enraizamiento del sujeto en el mundo sensible, y, por otro lado, comprender el cuerpo como constituyente de la subjetividad humana. De este modo, el pensador alemán inicia una transformación en el pensamiento filosófico que tendrá continuidad en la filosofía postnietzscheana. Y, es curiosamente en la filosofía fenomenológica de Merleau-Ponty donde nosotros encontramos, como nos proponemos demostrar en la presente comunicación, una verdadera continuidad y profundización de las conceptualizaciones filosóficas que Nietzsche planteó a fines del siglo diecinueve. Así observamos que la cuestión de la corporalidad y su influencia en la constitución del sujeto – entendido éste como cogito o sustancia pensante- como asimismo el anclaje del cuerpo en el escenario del mundo objetual y ya no en un hipotético mundo trascendental o suprasensible son para ambos cuestiones fundamentales de sus respectivas filosofías. Nietzsche como precursor de las temáticas merleaupontyanas. Entre las escasas referencias que encontramos en la obra merleaupontyana sobre Nietzsche y su filosofía hallamos una cita interesante del propio Merleau-Ponty donde éste reconoce al pensador alemán como uno de los iniciadores del camino fenomenológico que él particularmente recorrió con profundo interés. Aquella se encuentra en una obra correspondiente a la primera etapa de la filosofía merleaupontyana, Fenomenología de la percepción (1945), donde el pensador francés admite que la fenomenología no tiene un

origen determinado sino más bien: “Está en camino desde hace mucho tiempo; sus discípulos la encuentran en todas partes, en Hegel y Kirkegaard, lo mismo que en Marx, Nietzsche y Freud”1. Ahora, si bien es cierto que luego de estas palabras Merleau-Ponty no vuelve hacer mención a Nietzsche, en el texto citado, las principales temáticas abordadas por el pensador francés nos reconducen a algunos tópicos analizados por el filósofo alemán en su obra capital. De aquí, que el análisis de una obra estilística y conceptualmente compleja como Así habló Zaratustra, nos permitirá demostrar la vinculación entre los pensadores que nos ocupan. En dicha obra, Nietzsche plantea, por un lado, la superación del sujeto o yo tradicional – que para él ya tiene su aparición en la metafísica platónica pero que, sin embargo, en la modernidad adquiere sus rasgos definitivos en la concepción cartesiana del cogito o la sustancia pensante- por el Ultrahombre. Éste último es concebido por Nietzsche, en su obra filosófica capital, como “(…) cuerpo, (…) y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo”2. De este modo, el pensador alemán resignifica la noción del sujeto o yo tradicional al restituirle a éste la corporalidad que le fuera negada desde la metafísica clásica hasta la filosofía racionalista cartesiana. Lo que implicar situar al Ultrahombre en el mundo sensible o aparente –que en sentido estricto es, para Nietzsche, el único mundo real o verdadero3- porque es el único mundo dado a las vivencias o experiencias reales para aquel. Esto produce el abandono de la antigua creencia metafísica y religiosa acerca de la realidad de un mundo suprasensible o supraterreno, como el postulado respectivamente por el platonismo y el cristianismo. De modo, que como señala K. Löwith: “la comprensión del superhombre como hombre renaturalizado, o sea, como individuo que asume y afirma su vinculación esencial al mundo, representa una perspectiva de la interpretación del superhombre que ya no es posible en adelante descuidar”4. En el mismo sentido, Merleau-Ponty redefine en la Fenomenología de la percepción la

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Merleau-Ponty, Maurice; Fenomenología de la percepción, Barcelona, Ediciones Península, 1994, p. 8. Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza, 1995, p. 60. 3 Aquí puede recordarse la crítica que realizó Nietzsche a la distinción mundo verdadero-mundo aparente en el apartado “Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una fábula” de su obra tardía Crepúsculo de los ídolos. Ver: Nietzsche, F., Crepúsculo de los ídolos. Madrid, Alianza, 1992, pp. 51-52. 4 Sánchez Meca, Diego., “Perspectivas actuales de interpretación del Übermensch nietzscheano”, Er Revista de filosofía Sevilla, 1992 (14), pp. 111-153.

concepción del sujeto o yo cartesiano como un “(…) cuerpo que se eleva hacia el mundo”,5o, como él mismo lo aclara: “El propio cuerpo está en el mundo como el corazón en el organismo”6. Y aquí no solo podemos establecer una interesante vinculación entre la crítica nietzscheana al sujeto moderno y la redefinición merleaupontyana del mismo sino también señalar que para ambos la vida del “cuerpo-sujeto” o del “sujeto-cuerpo” solo tiene su darse en el mundo aprendido corporalmente o, como lo ha expresado el propio MerleauPonty, en el mundo “(… )como el horizonte permanente de todas mis cogitationes y como una dimensión a la cual o ceso de situarme”7. Esto nos permite advertir, que tanto para Nietzsche como para Merleau-Ponty el mundo no es el resultado de las operaciones objetivantes de la conciencia o del yo trascendental, al modo que lo planteaba la fenomenología kantiana. Sino más bien muestra que el mundo adquiere configuración en tanto el cuerpo-yo pueda tener experiencia de él. Pero no se trata tampoco de una experiencia objetiva, es decir, el mundo no es aprendido como un mero sustrato natural o material al modo que fue concebido por las teorías materialistas o positivistas de las que Nietzsche, como señalamos en la primera parte del trabajo, tuvo una importante influencia en la última etapa de su filosofía sino en tanto estamos imbricados en él tenemos acceso. Esto ha sido claramente explicitado por el propio Merleau-Ponty al señalar que “El mundo es aquello mismo que nos representamos, no en cuanto hombres o en cuanto sujetos empíricos, sino en cuanto somos, todos, una sola luz y participamos del Uno sin dividirlo”.8 Por otra parte, la disolución o superación nietzscheana del sujeto o yo tradicional por el Ultrahombre, quien es concebido por Nietzsche, como señalamos en líneas anteriores, como “cuerpo” y ninguna otra cosa, podría analogarse con el concepto de “carne” que aparece en la última filosofía de Merleau-Ponty. Dicho concepto mostraría la consumación de la disolución del yo moderno en la última filosofía merleaupontyana lo que a su vez daría cuenta, como acuerdan algunos intérpretes en señalar, de la absoluta ruptura entre el primer momento del pensamiento filosófico del pensador francés y el último. Pero sin inmiscuirnos en el debate sobre si existe o no tal irrupción entre ambos momentos de la filosofía merleaupontyana lo cierto es que tanto Nietzsche como Merleau-Ponty han
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Merleau-Ponty, Maurice; Fenomenología de la percepción, Barcelona, Ediciones Península, 1994, p. 94. Idem, p. 219. 7 Idem, p. 13 8 Idem, p. 11

redefinido la noción de sujeto, aunque en el caso del primer filósofo la noción misma de sujeto no sólo pierde su significación tradicional sino es directamente sustituida por el significante de Ultrahombre. En cambio, en la filosofía merleaupontyana el sentido del sujeto o del yo tiene una mayor indeterminación porque a veces éste parece ser sustituido por el cuerpo y otras parece continuar vinculado a la noción de conciencia o cogito. Pero lo que sí es incuestionable es el primado de la tematización del cuerpo y su vinculación con el mundo en el que éste se sustenta en la obra de los dos filósofos. En el caso de la última filosofía de Nietzsche no puede dudarse de dicha prioridad del cuerpo sobre el yo o el pensamiento como lo demuestra la siguiente afirmación del pensador alemán: “Detrás de tus pensamientos y sentimientos (...) se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido –llámase sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo”9. Del mismo modo, encontramos en la Fenomenología de la percepción la expresión merleaupontyana del “yo como cuerpo” lo que evidencia, a nuestro juicio, la centralidad del cuerpo respecto al yo o la conciencia pero también el lugar de indeterminación que ocupa éste en la primera filosofía del pensador francés. Lo que demuestra la dificultad de Merleau-Ponty por clausurar un concepto clave de la modernidad. En este sentido, la siguiente afirmación de Esteban García nos ayudan a clarificar lo dicho: “El mismo Merleau-Ponty muestra en ocasiones en la Fenomenología de la Percepción esta indecisión entre “redefinir” el sujeto, o bien “abandonar” el término “sujeto””10 Por otra parte, es interesante reparar en la definición que Nietzsche da del cuerpo en su obra póstuma. En ésta el cuerpo es concebido como un conjunto o pluralidad de fuerzas que permanentemente se están sobrepasando a sí mismas y que en su producción tardía el filósofo alemán concibe como “voluntad de poder”. Esto, por su parte, nos conduce a la concepción del ultrahombre como creador, es decir, como quien constantemente se supera o se trasciende a sí mismo, lo que supone, para el filósofo alemán, el gobierno de la voluntad de poder. Éste último concepto está vinculado, a su vez, como bien lo ha señalado Martin Heidegger en sus célebres cursos sobre Nietzsche, con el pensamiento del eterno retorno de lo mismo, que es, como se sabe, el pensamiento nietzscheano “más abismal”. Así la relación de éste último concepto con la voluntad de poder permite comprender la tendencia
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Nietzsche, F; Así habló Zaratustra,Madrid, Alianza, p. 61. García, Esteban, A; “La encarnación de la conciencia en la filosofía de M. Merleau-Ponty y sus consecuencias respecto de la concepción moderna del sujeto”, Árete. Revista de filosofía, 2006, V. XVIII, Nro. 1, p. 222.

de ésta a su eterna repetición, es decir, a su constante sobrepasarse a sí misma. Ahora, la concepción del cuerpo nietzscheano como una voluntad o conjunto de fuerzas en permanente expansión no solo muestra la debilidad del yo o de la conciencia en la vida del Ultrahombre, lo que parece demostrar la consumación del sujeto tradicional por parte de Nietzsche, sino parece reducirlo a un biologicismo extremo dada la preeminencia que aquel otorga a la corporalidad –entendida como un conjunto de fuerzas. No es casual, entonces, que cuando se conocen las tesis nietzscheanas expuestas en Así habló Zaratustra se haya intentado demostrar la fuerte influencia en aquellas de la teoría evolucionista darwiniana y del biologicismo de la época. Pero, más allá de la cuestión de la influencia real o no de dichas teorías en los conceptos nietzscheanos del último período, la noción misma de la voluntad de poder que a su vez está vinculada para Nietzsche con la de fuerza parecen aproximarse a la noción de naturaleza que Merleau-Ponty extrae de la filosofía presocrática al definirse aquella como el dinamismo inmanente a los cuerpos. Lo que contribuye a la interpretación merleaupontyana de la preeminencia del cuerpo en tanto éste se revela como resultado de un dinamismo natural que excede a todo proceso de la consciencia o yoidad. En este mismo sentido, Nietzsche adelantó no sólo que el yo es una interpretación del cuerpo sino que las operaciones de la conciencia o del sujeto permanencen al margen de los procesos orgánicos o naturales. Lo que revela que el cuerpo es constitutivo del propio pensar aunque su propia experiencia no pueda ser objetivada y, por ende, plasmada en un conocimiento teorético. Siendo está inaprehensibilidad del cuerpo, en la que tanto Nietzsche como Merleau-Ponty están de acuerdo, lo que muestra un excedente que ambos filósofos se proponen develar en sus respectivas filosofía al ser la cuestión fundante de todo verdadero conocimiento filosófico. Conclusiones. Nietzsche contribuyó en su última filosofía a la disolución al abandono de la noción del sujeto moderno, es decir, cuestionó la idea de un yo o sustancia pensante, y en su lugar coloca al cuerpo. Esta radicalidad otorgada por Nietzsche al cuerpo en parte fue ocasionada, como señalamos en la primera parte de la presente comunicación, por la influencia de los debates materialistas y por las teorías científicas de la época. Sin embargo, si bien dicho contexto teórico y filosófico originó las principales concepciones de la filosofía

nietzscheana tardía, lo cierto es que el pensador alemán, anticipándose, a nuestro juicio, a la filosofía fenomenológica de Merleau-Ponty, da un giro a las concepciones tradicionales de la subjetividad al comprender al sujeto no como cogito o sustancia pensante sino fundamentalmente como cuerpo. Del mismo modo, el propio pensador francés concebirá al sujeto, un siglo después del pensamiento nietzscheano, como una conciencia “encarnada” o un “cuerpo” que tiene su darse o es en el “mundo” experimentado o percibido por dicha corporalidad. Ahora, si bien es cierto que Nietzsche no emplea en su filosofía afirmativa el método fenomenológico por encontrarse éste aún en gestación como el propio MerleauPonty lo plantea en la introducción de la Fenomenología de la percepción, como señalamos al comienzo de este trabajo, lo cierto es que la concepción del Ultrahombre como la del mundo queda reducida a las experiencias de la voluntad de poder en tanto ésta es entendida como una pluralidad de fuerzas devinientes. Así queda demostrada en la presente comunicación como Nietzsche anticipa los tópicos o temáticas que ocuparán a Merleau-Ponty en los diferentes momentos de su filosofía. Aunque consideramos que Nietzsche fue aún más radical en la deconstrucción o redefinición del sujeto moderno que el propio pensador francés se propone en su primera filosofía. Es decir, la noción merleaupontyana del yo padece una constante indeterminación ya que a veces para quedar sustituida por el cuerpo y otras parece volver a ser concebida por Merleau-Ponty por la noción de conciencia o sustancia pensante. Lo cierto es que el esfuerzo intelectual del filósofo francés está en delimitar al yo de su significación tradicional. De aquí que coincidimos nuevamente con la interpretación de Esteban García al señalar que sobre el concepto de sujeto Merleau-Ponty alude a veces al “abandono” “pero más frecuentemente de “redefinición”, “nuevo examen”, “revisión” y “redescripción”, “nueva concepción”, “purificación” y “vaciamiento” de los caracteres tradicionalmente asociados al término”11

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Idem, p. 222.

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