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La Historia Secreta De Los Jesuitas

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Hitler fue un Comisionado Católico Romano en el proyecto expansionista del Papado. La responsabilidad del papado en la Primera y Segunda Guerra Mundial es total. Fue la respuesta más cruel y extensa hasta esa época de su odio infernal a la Reforma Protestante.
Hitler fue un Comisionado Católico Romano en el proyecto expansionista del Papado. La responsabilidad del papado en la Primera y Segunda Guerra Mundial es total. Fue la respuesta más cruel y extensa hasta esa época de su odio infernal a la Reforma Protestante.

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"El método pedagógico de la Compañía", escribió el R.P. Charmot,
S.J., "consiste primeramente en rodear a los alumnos con una gran
cadena de oraciones".

Después cita al jesuita Tacchini: "Que el Espíritu Santo los llene
como se llenan los alabastros con perfumes; que penetre tanto en ellos
que, al pasar el tiempo, ¡puedan respirar más y más la fragancia
celestial y el perfume de Cristo!"
El padre Gandier aporta lo siguiente: "No olvidemos que la educación,
tal como la ve la Compañía, es el ministerio más semejante al de los
ángeles".!

El padre Charmot dice después: "¡No nos preocupemos de dónde y
cómo se inserta el misticismo en la educación!. ..No se hace por medio
de un sistema o una técnica artificial, sino mediante infiltración, por
'endósmosis'. Las almas de los niños son impregnadas al estar en
estrecho 'contacto con maestros que están literalmente saturados con él".2
El mismo autor da el siguiente "objetivo del profesor jesuita": "Por
medio de su enseñanza se propone formar, no una élite cristiana
intelectual, sino cristianos elitistas".3
Estas pocas citas nos dicen suficiente acerca del objetivo principal de
estos educadores. Veamos ahora cómo forman a los cristianos elitistas,
y qué clase de misticismo se "inserta" (o inocula), "infiltra" o "bombea
en" los niños sometidos a su sistema educativo.
En primer lugar -algo característico de esta Orden- encontramos a la
virgen María. "Loyola consideró a la Virgen como lo más importante en
su vida. La adoración a María era la base de sus devociones religiosas y
la traspasó a su Orden. Esta adoración se desarrolló tanto que a menudo
se decía, y con razón, que era la verdadera religión de los jesuitas".4
Eso no lo escribió un protestante, sino J. Huber, profesor de teología

católica.

1-3. F. Charmot, 5.1., op. cit., pp. 413, 415, 417, 442, 493.
4. J. Huber, op. cit., pp. 98-99.

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Loyola estaba convencido de que la Virgen lo había inspirado cuando
él formuló sus "Ejercicios". Un jesuita tuvo una visión de María
cubriendo a la Sociedad con su manto, como señal de su protección
especial. Otro jesuita, Rodrigo de Gois, quedó tan cautivado con la
indescriptible belleza de María que lo vieron elevarse en el aire. Un
novicio de la Orden, que murió en Roma en 1581, fue sostenido por la
Virgen cuando luchaba contra las tentaciones del diablo; a fin de
fortalecerlo, de tiempo en tiempo ella le daba a probar la sangre de su
Hijo y "el consuelo de sus pechos".5
La doctrina de la "inmaculada concepción", creada por Duns Escoto,
fue adoptada con entusiasmo por la Orden, la que logró que Pío IX la
convirtiera en dogma en 1854.
"Erasmo describía satíricamente la adoración a María en su tiempo.
En el cuarto siglo se había inventado la historia de la casa de Loreto,
una casa que, al parecer, los ángeles habían llevado desde Palestina.
Los jesuitas aceptaron esa leyenda y la defendieron. Canisio llegó al
extremo de mostrar cartas supuestamente escritas por María y, gracias a
la Orden, comenzó a llegar mucho dinero a Loreto (como en el caso de
Lourdes, Fátima, etc.).
"Los jesuitas presentaron toda clase de reliquias de la Madre de Dios.
Cuando llegaron a la iglesia de San Miguel, en Munich, ofrecieron para
veneración de los fieles algunos trozos del velo de María, varios
mechones de su cabello y pedazos de su peine; se instituyó un culto
especial para adorar esos objetos...
"Esta adoración degeneró en manifestaciones inmorales y sensuales,
especialmente en los himnos que el padre Jacques Pontanus dedicó a la
Virgen. El poeta expresaba que no había nada más hermoso que el seno
de María, nada más dulce que su leche, y nada más agradable que su
abdomen".6

Se podrían citar innumerables afirmaciones semejantes. Ignacio
quería que sus discípulos tuvieran una piedad "perceptible" y aun
sensual, similar a la que él tenía, y obviamente lo lograron. Con razón
tuvieron tanto éxito con los guaraníes; este fetichismo erótico era muy
apropiado para ellos. Pero los Padres siempre pensaron que también
sería apropiado para los "blancos". Puesto que el fundamento de su
doctrina era el menosprecio total a la gente como seres humanos, los

5. J. Huber, op. cit., pp. 98-99.
6. "Oeuvres completes" de Bucher (Munich, 1819, II), pp. 477ss.

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"blancos" y los "indígenas" eran iguales, y ambos debían ser tratados
como niños.

Por tanto, trabajaban sin cesar propagando ese espíritu y las prácticas
idólatras. Debido a su influencia sobre la Santa Sede, la cual no puede
funcionar sin ellos, impusieron sus ideas y prácticas a la Iglesia
Romana, a pesar de la oposición que ha disminuido gradualmente.
"El padre Barri escribió un libro titulado 'El paraíso se abre por
medio de 100 devociones a la Madre de Dios'. En él expone la idea de
que no es importante cómo entremos en el paraíso; lo importante es
entrar. Enumera ejercicios de piedad externa a María que abren las
puertas del cielo. Entre otras cosas, estos ejercicios consisten en ofrecer
a María salutaciones matutinas y vespertinas; dando con frecuencia a
los ángeles la tarea de saludar1a;expresando el deseo de construirle más
iglesias que todas las que han construido los monarcas; llevando día y
.noche un rosario como brazalete, o una imagen de María, etc.
"Estas prácticas son suficientes para proveernos salvación; y cuando
estemos a punto de morir, si el diablo reclama nuestras almas, sólo
tenemos que recordar1e que María es responsable por nosotros y que
debe tratar con ella".7
En su "Pietas quotidiana erga S.D. Mariam", el padre Pemble
recomienda: "Golpeamos o flage1amos, ofreciendo cada golpe como
sacrificio a Dios por medio de María; tallar con un cuchillo el sagrado
nombre de María en nuestro pecho; cubrimos decentemente en la noche
para no ofender la casta mirada de María; decirle a la Virgen que usted
estaría dispuesto a ofrecerle su lugar en el cielo si ella no tuviera uno
propio; desear no haber nacido jamás o preferir el infierno si María no
hubiera nacido; no comer jamás una manzana, como María había sido
guardada del error de probarla".8
Eso se escribió en 1764; pero, al mirar numerosas obras similares que
se publican hoy, vemos que, durante más de 200 años, esa idolatría sin
control creció. El papa Pío XII se distinguió por el derecho de
propiedad sobre María. Y, bajo su gobierno, gran parte de la Iglesia
Romana siguió su ejemplo.
Además, los hijos de Loyola, que siempre ansían conformarse al
espíritu de la época, trataron también de acomodar estos asuntos
medievales pueriles. Existen varios tratados publicados por algunos de

7-8. J. Huber, op. cit., pp. 106-108.

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estos Padres, bajo el gran auspicio del "Centre National de la
Recherche Scientifique" (C.N.R.S.).
Si a esto añadimos los escapularios multicolores con sus virtudes
apropiadas, la adoración a los santos, las imágenes, las reliquias, la
defensa de los "milagros", la adoración del Sagrado Corazón,
tendremos una idea del "misticismo" con el que "las almas de los niños
son impregnadas" mediante su contacto con maestros "que están
saturados con él", como escribió el R.P.Charmot en 1943.
No existe otra manera de formar "cristianos elitistas".

No obstante, para vencer en .la lucha contra las universidades, los
colegios jesuitas tenían que expandir su enseñanza e incluir cursos
seculares, ya que el Renacimiento había despertado la sed de aprender.
Sabemos que así lo hicieron, tomando las precauciones necesarias para
que tal aprendizaje no contradijer'a el objetivo de su enseñanza:
mantener las mentes en completa obediencia a la iglesia.
Por esa razón, sus alumnos son "rodeados" primero por esa "gran
cadena de oraciones", las cuales no bastarían si al enseñar no
eliminaran cuidadosamente toda idea y espíritu heterodoxos. Por tanto,
el griego y el latín (muy apreciado en estos colegios) se estudiaban por
su valor literario; en cuanto al pensamiento ortodoxo "antiguo",
explicaban sólo lo suficiente como para establecer la llamada filosofía
escolástica superior. Los "humanistas" a los que estaban instruyendo
podían componer discursos y versos en latín, pero el único amo de sus
pensamientos era Tomás de Aquino, un monje del siglo 13.
Veamos el "Ratio Studiorum", tratado fundamental de la pedagogía
jesuita que cita el R.P. Charmot: "Descartaremos con cuidado los temas
seculares que no favorezcan la buena moral y la piedad.
Compondremos poemas; pero nuestros poetas serán cristianos, no
seguidores de paganos que invocan a las musas, las ninfas de la
montaña, las ninfas del mar, Calíope, Apolo... u otros dioses y diosas.
Además, si a éstos se les menciona, que sea con el fin de
caricaturizarlos, porque son sólo demonios".9
Así, todas las ciencias -y en especial las ciencias naturales- son
"interpretadas" de manera similar.
El R.P. Charmot ni siquiera trató de ocultado cuando habló del
profesor jesuita en 1943: "Él enseña ciencias, no por estas mismas, sino

9. F. Charmot, SJ., op. cit., pp. 318-319,508-509,494.

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sólo con el propósito de dar la mayor gloria a Dios. Es la regla que san
Ignacio estableció en sus 'Constituciones'''.1o
También dijo: "Cuando hablamos de toda una cultura, no queremos
decir que enseñamos todos los temas y ciencias, sino que damos una
educación literaria y científica que no es puramente secular e
impermeable a las luces de la Revelación" ,11
La instrucción que daban los jesuitas, pues, estaba destinada a ser
más llamativa que profunda, o "formalista" como se le llama a menudo.
"No creían en la libertad, lo que resultó fatal para la enseñanza",
escribió Boehmer.

"La verdad es que los méritos relativos de la enseñanza de los
jesuitas disminuyeron, mientras que la ciencia y los métodos de
educación e instrucción progresaban y se desarrollaban, basados en un
concepto más amplio y más profundo acerca de la humanidad. Buckle
dijo: 'Mientras más avanzaba la civilización, más terreno perdían los
jesuitas, no sólo por su propia decadencia, sino debido a todas las
modificaciones y los cambios en la mente de los que los rodeaban ...
Durante el siglo 16, los jesuitas estuvieron adelante, pero durante el
siglo 18, quedaron atrás de su tiempo'''.12

lO-ll. F. Charmot, SJ., op. cit., pp. 318-319,508-509,494,
12. J. Huber, op. cit., II, p. 177.

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Parte IV

Capítulo 2

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