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Enfermedades de las articulaciones y del tejido conectivo

Las alteraciones de las articulaciones y sus componentes (músculos, huesos, cartílago y


tendones) se consideran enfermedades del tejido conectivo, ya que estas estructuras contienen
grandes cantidades de dicho tejido. Sin embargo, muchas de ellas son también un tipo de
enfermedad autoinmune que se caracteriza por la presencia de reacciones inmunológicas en las
que algo desencadena la reacción del sistema inmune contra los propios tejidos del cuerpo y la
producción de anticuerpos anormales que atacan a dichos tejidos (autoanticuerpos). Las
reacciones inmunológicas se caracterizan por la existencia de inflamación (un proceso de
reparación que disminuye una vez completo este proceso).
Sin embargo, en las enfermedades autoinmunes, la inflamación puede ser crónica y lesionar los
tejidos normales. Por ejemplo, en la artritris reumatoide, la inflamación crónica perjudica al
cartílago de la articulación. En ésta y en muchas otras enfermedades autoinmunes, la inflamación
afecta a varias articulaciones, probablemente porque se debe a los anticuerpos que circulan por
el organismo dentro del flujo sanguíneo.
El tejido conectivo puede inflamarse dentro y alrededor de las articulaciones y otras partes del
cuerpo, al igual que los músculos.
También pueden verse afectadas la envoltura del corazón (pericardio) y la membrana que
envuelve los pulmones (pleura) e incluso el cerebro. El tipo y la gravedad de los síntomas
dependen de los órganos afectados.
Diagnóstico
El diagnóstico de cada enfermedad autoinmune se basa en la sintomatología, los resultados del
examen físico y las pruebas de laboratorio. En ocasiones, los síntomas de una enfermedad se
superponen tanto con los de otra que es difícil hacer una distinción entre ellas, lo que lleva a
diagnosticar una enfermedad del tejido conectivo no diferenciada o una enfermedad denominada
“de superposición”.
La anemia (un valor bajo de glóbulos rojos) con frecuencia acompaña a las enfermedades del
tejido conectivo. En éstas, la velocidad de sedimentación globular (que mide la velocidad a la que
los glóbulos rojos se asientan en el fondo de un tubo de análisis lleno de sangre) es, en muchos
casos, superior a la normal. Una velocidad superior a la normal sugiere la presencia de una
inflamación activa; pero este análisis no es suficiente para identificar la causa de la misma. Los
médicos pueden supervisar periódicamente la velocidad de sedimentación cuando los síntomas
son leves, con el fin de determinar si la enfermedad está todavía activa.
En algunas enfermedades del tejido conectivo pueden detectarse anticuerpos poco comunes y
medir su concentración en sangre. Si los anticuerpos son específicos de una enfermedad, su
presencia confirma el diagnóstico. Por ejemplo, los anticuerpos anti-ADN de cadena doble se
presentan casi exclusivamente en el lupus eritematoso sistémico. Sin embargo, en la mayoría de
las enfermedades, los anticuerpos no son específicos de la enfermedad. Por ejemplo, el 70 por
ciento de los individuos con artritis reumatoide tiene unos anticuerpos llamados factor
reumatoide; sin embargo, el 30 por ciento restante no los tiene. Así mismo el factor reumatoide
puede estar presente en otras enfermedades. En tales casos, los resultados de las pruebas de
laboratorio pueden contribuir al diagnóstico, pero no confirmarlo.
Cuando una enfermedad afecta a un tejido u órgano específico, el médico puede realizar una
biopsia, que consiste en la extracción de una muestra de dicho tejido que se examina al
microscopio, para detectar los cambios. Los resultados pueden ser útiles para confirmar un
diagnóstico que se sospechaba o para seguir el progreso de una enfermedad.
Tratamiento
El tratamiento varía según el tipo de enfermedad y la gravedad de la misma. El tratamiento
farmacológico tiene por objetivo reducir la inflamación. Si los síntomas de la inflamación son
graves o cuando ésta puede suponer un riesgo para la vida del paciente, debe iniciarse un
tratamiento agresivo de inmediato.
Entre los fármacos que reducen la inflamación están los antiinflamatorios no esteroideos (AINE),
como la aspirina y el ibuprofeno, que se administran para inflamaciones leves, brotes menores y
para el control del dolor. Ciertos antiinflamatorios no esteroideos se pueden adquirir sin
prescripción médica; en cambio, se requiere una prescripción para las dosis altas que se emplean
de forma habitual en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes. Los efectos secundarios
(con frecuencia los trastornos estomacales) son, por lo general, de poca importancia cuando el
tratamiento con fármacos en dosis bajas es de corta duración. En cambio, si el tratamiento
consiste en dosis altas y es de larga duración, los efectos secundarios pueden ser numerosos y
graves.
Los corticosteroides, una forma sintética de hormonas naturales, son fármacos antiinflamatorios
muy potentes que pueden administrarse mediante inyecciones o por vía oral. La prednisona es el
corticosteroide administrado por vía oral más ampliamente utilizado. Es posible necesitar dosis
bajas de un corticosteroide durante meses o años, una vez controlada la inflamación con dosis
más elevadas. En comparación con los antiinflamatorios no esteroideos, los corticosteroides
producen muchos más efectos secundarios graves, como aumento del azúcar en la sangre,
aumento del riesgo de infección, osteoporosis, retención de líquidos y fragilidad de la piel. Para
evitarlos, el médico prescribe la dosis eficaz más baja, especialmente para un tratamiento de
larga duración.
Se administran fármacos inmunosupresores como metotrexato, azatioprina y ciclofosfamida para
suprimir la respuesta inmune y reducir de ese modo la inflamación. Algunos de estos fármacos
también se administran para tratar el cáncer, pero sus efectos secundarios son potencialmente
peligrosos. El uso prolongado de azatioprina y ciclofosfamida puede aumentar el riesgo de
desarrollar algunas
Artritis reumatoide: aspecto de las manos
formas de cáncer.
Algunos fármacos Desviación de los dedos. Dedos en botonera. Dedos en cuello de cisne.
inmunosupresores pueden
contribuir a la disfunción
del sistema reproductor.
Cualquier infección puede
resultar mortal dado que
el sistema inmunitario se
deprime. En
consecuencia, se
administran los fármacos inmunosupresores más potentes sólo en los casos graves.
Artritis reumatoide
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune en la que se inflaman simétricamente las
articulaciones, incluyendo habitualmente las de manos y pies, dando lugar a hinchazón, dolor y a
menudo llevando a la destrucción definitiva del interior de la articulación.
La artritis reumatoide puede también producir una variedad de síntomas en todo el cuerpo. Se
desconoce su causa exacta, aunque son muchos los diferentes factores (incluso la predisposición
genética), que pueden influir en la reacción autoinmunológica. Alrededor del uno por ciento de la
población padece esta enfermedad, que afecta a las mujeres dos o tres veces más
frecuentemente que a los varones. La artritis reumatoide se presenta en primer lugar en
individuos de entre 25 y 50 años de edad, pero puede hacerlo a cualquier edad. En algunos
casos, la enfermedad se resuelve de forma espontánea y el
tratamiento alivia los síntomas en tres de cada cuatro personas. Sin
embargo, al menos 1 de cada 10 personas queda discapacitada.
En esta enfermedad, el sistema inmunitario ataca al propio el tejido
que reviste y protege las articulaciones. Finalmente, el cartílago, el
hueso y los ligamentos de la articulación se deterioran, provocando la
formación de cicatrices dentro de la articulación, que se deteriora a
un ritmo muy variable.
Síntomas
La artritis reumatoide puede iniciarse de forma súbita con la
inflamación de muchas articulaciones a la vez pero, con mayor
frecuencia, empieza de forma sutil, afectando a distintas
articulaciones gradualmente. La inflamación es por lo general
simétrica, es decir, cuando afecta a una articulación de un lado del
cuerpo, la correspondiente del otro lado también resulta afectada.
Las pequeñas articulaciones de los dedos de las manos, de los pies,
las muñecas, los codos y los tobillos suelen inflamarse en primer
lugar. Las articulaciones inflamadas son generalmente dolorosas y
con frecuencia rígidas, sobre todo justo después de levantarse o tras
un período de inactividad prolongado. Algunas personas se sienten
cansadas y débiles, especialmente durante las primeras horas de la
tarde.
Las articulaciones afectadas se agrandan y pueden deformarse
rápidamente. También pueden quedar rígidas en una posición
(contracturas), lo que impide que se extiendan o abran por completo.
Los dedos tienden a doblarse hacia el meñique en cada mano,
causando la dislocación de los tendones de los dedos. Las muñecas
hinchadas pueden ocasionar el síndrome del túnel carpiano. Los
quistes que se desarrollan detrás de las rodillas afectadas pueden
reventarse, causando dolor e hinchazón en las piernas. Alrededor del
30 al 40 por ciento de personas que padecen artritis reumatoide
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