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La Familia Internacional--persecución religiosa_hi

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La Familia Internacional

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PERSECUCIÓN RELIGIOSA
La libertad de culto puesta a prueba
lo largo del siglo xx han fallecido más cristianos a causa de persecuciones religiosas que en los diecinueve siglos anteriores desde el nacimiento de Cristo.» Esto afirma Nina Shea, directora del Centro para la Libertad de Culto, con sede en la capital de los EE.UU.1 Semejante comentario acerca del siglo xx resulta paradójico si se toma en cuenta la gran cantidad de países que han adoptado alguna forma de gobierno democrático y cuya constitución garantiza el libre ejercicio de la religión. Casi todos los países son miembros de la ONU, organismo que ha establecido numerosas disposiciones y ha ratificado documentos con miras a garantizar la tolerancia religiosa y la libertad de cada persona para rendir culto según sus propias convicciones. La Declaración Universal de los Derechos Humanos señala: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.2 De todos modos, gran número de estudiosos de la religión concuerda en que en muchas regiones del planeta —entre las que se cuentan las democracias más avanzadas— existe una marcada tendencia hacia la intolerancia en materia de religión. Prueba de ello son las investigaciones iniciadas por el Parlamento Europeo sobre movimientos religiosos. Varios países de ese continente han catalogado de
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sectas peligrosas a diversos grupos religiosos, entre los que se cuentan reconocidas confesiones o filiales de ellas. En Rusia, así como en muchos países de Europa Oriental y algunas naciones latinoamericanas, han avanzado gestiones y proyectos de ley para imponer exigencias desmedidamente estrictas a las organizaciones religiosas que deseen registrarse y obtener personería jurídica, con lo que se vería coartada la libertad de culto.

La creciente oleada de intolerancia religiosa

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n informes presentados en noviembre de 1997 durante un encuentro de la American Academy of Religion en San Francisco, el Dr. Massimo Introvigne, director del Centro para el Estudio de las Nuevas Religiones (CESNUR), con sede en Turín (Italia) y el Dr. Gordon Melton, director del Institute for the Study of American Religion, con sede en Santa Bárbara (EE.UU.), advirtieron que en el Viejo Continente —tanto en Europa Occidental como Oriental— existe una inquietante tendencia hacia la intolerancia religiosa con la venia de los gobiernos. En su informe, el Dr. Introvigne declaró: «En Europa Occidental hay, de hecho, cientos de minorías identificadas con las más diversas corrientes religiosas y espirituales que son víctimas de discriminación o persecución».

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Los nuevos movimientos y las minorías religiosos

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as nuevas religiones, a las que se suele satanizar y catalogar de sectas, son las más vulnerables a la intolerancia. La razón es simple: muchas de

Nina Shea, In the Lion’s Den (Nashville, TN: Broadman & Holman, 1997), pág.1. La señora Shea es directora del D.C.-based Center for Religious Freedom con sede en Washington.
2 La declaración universal de los derechos humanos fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Artículo 18.

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ellas abrazan creencias poco convencionales. En su mayoría carecen de peso político o económico, por lo que son presa fácil del vilipendio de los medios de comunicación y de sectores antirreligiosos, a los que se conoce en su conjunto como el movimiento antisectario, ACM por sus siglas en inglés. Dicho movimiento se compone de grupos muy diversos que en muchos casos no coinciden en cuanto a otros temas. Entre ellos se cuentan confesiones religiosas tradicionales decididas a erradicar a los grupos que les hacen la competencia dentro del mercado religioso; apóstatas contrariados; familiares o seres queridos que desean rescatar a sus parientes de esas sectas peligrosas; y por último los que, movidos por intereses creados, se han forjado una profesión promoviendo campañas y ataques contra los grupos religiosos menos extendidos entre la sociedad. La Familia Internacional —cuyos orígenes se remontan al grupo Los Niños (o Hijos) de Dios— es una entidad cristiana no tradicional, fundada en 1968. Esta hermandad cristiana ha sido también blanco de los ataques de antisectarios secundados a menudo por la prensa sensacionalista. Una y otra vez, las incesantes campañas de instigación promovidas por ex integrantes despechados, detractores de las minorías religiosas y por los medios de comunicación han llevado a las autoridades a allanar nuestras comunidades y tratar con despotismo a nuestros integrantes, tanto adultos como niños. Consideramos que tales asaltos a nuestros pacíficos hogares constituyen un sombrío presagio de la creciente intolerancia religiosa que amenaza con cercenar la libertad de culto.

Allanamientos nocturnos con amplia cobertura periodística

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urante el período comprendido entre 1989 y 1993, los organismos de seguridad de España, Australia, Francia y Argentina llevaron a cabo allanamientos masivos de nuestras comunidades en horas de la madrugada. Aunque los detalles operativos de cada redada variaron ligeramente, todas siguieron un patrón muy similar. En cada una de ellas, numerosos policías irrumpieron en nuestros hogares —en algunos casos violentando la puerta de entrada— acompañados de funcionarios de organismos de protección de menores y periodistas. Haciendo alarde de la más absoluta falta de sensibilidad —y en muchos casos a mano armada—, despertaron a nuestros niños, los forzaron a levantarse de la cama o los arrancaron de los brazos de sus madres. Acto seguido, se los llevaron sin decir adónde, advirtiendo a sus conmocionados padres que no interfirieran.

En varios de los incidentes mencionados, la policía detuvo a los adultos sin notificarles siquiera de los cargos formulados contra ellos, tras lo cual, durante varios días, se les impidió comunicarse con sus abogados. Los niños vivieron experiencias traumáticas: fueron trasladados por funcionarios de los organismos de protección de menores a centros de detención, donde se les impidió comunicarse con sus padres alegando que éstos no deseaban verlos. Quedó claro que en cada uno de esos incidentes se informó previamente a la prensa de que se producirían los allanamientos. Prueba de ello es que las cámaras de televisión ya estaban en marcha cuando se iniciaron los operativos, con lo que quedó garantizada una amplísima y aparatosa difusión del espectáculo. Todo ello estuvo acompañado de entrevistas a representantes de las organizaciones antisectarias y ex miembros resentidos, que acusaban de horrendos crímenes a los integrantes de nuestra agrupación. Los titulares de primera plana de los diarios nacionales y los noticieros de radio y televisión de mayor audiencia no se hicieron esperar para informar de la detención sin precedentes de tantísimos niños. El procedimiento llevado a cabo contra los integrantes de La Familia en Argentina —donde se llevaron a cabo las mayores redadas— fue objeto de cobertura periodística internacional. A pesar de las acusaciones espeluznantes lanzadas contra integrantes de nuestras comunidades y del trato amarillista que se dio a la noticia, los allanamientos y la detención de los niños fueron de corte tan desalmado y abusivo que enseguida se alzaron innumerables voces de protesta contra los métodos empleados por las autoridades, más propios de regímenes totalitarios. En varios casos hubo abogados de prestigio que nos ofrecieron gratuitamente sus servicios y alzaron la voz contra la descarada violación de nuestros derechos y el trauma al que se sometió a nuestros hijos. A continuación comenzó una prolongada batalla judicial en la que las entidades protectoras de menores lucharon por conservar el mayor tiempo posible la tutela de los pequeños que acababan de rescatar. Entretanto los examinaron, interrogaron y observaron, buscando frenéticamente el menor indicio de abuso que pudiera concebirse. En todos los casos se quedaron con las manos vacías. Paradójicamente, mientras se hallaban al cuidado de los asistentes sociales, nuestros hijos fueron víctimas de atroces y crueles mentiras. A algunos incluso se los sometió repetidamente a dolorosos exámenes ginecológicos, con los que los médicos buscaban en vano pruebas de abusos. De forma premeditada se los puso en compañía de

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© La Familia Internacional, 2004

delincuentes juveniles para que fueran objeto de insultos e intimidaciones. Se los descuidó y dejó sin vigilancia en lugares peligrosos, lo que provocó graves accidentes, entre ellos fracturas de huesos. Conocidos integrantes de grupos antisectarios los examinaron haciéndose pasar por psicólogos, que luego emitieron informes falsos acerca de ellos. Durante largos períodos no se atendieron sus necesidades más elementales, incluida su instrucción académica. A un niño discapacitado se le negó el tratamiento médico que necesitaba con urgencia. Cerca de 700 menores de La Familia fueron víctima de tales detenciones con el asentimiento de las autoridades. Dichos menores fueron sometidos a exámenes en cada uno de los países en que se llevaron a cabo las redadas a manos de auténticos médicos, psicólogos, educadores y peritos designados por los tribunales. La conclusión unánime a la que arribaron fue que en ninguno de los niños se halló la menor señal de maltrato, ya fuera sexual o de otra índole. Vez tras vez, jueces, docentes y psicólogos han declarado públicamente que en cuanto a intelecto, conducta y socialización nuestros hijos están por encima del promedio de niños de su edad. Por desgracia, los medios de difusión casi nunca dan a nuestra vindicación la misma cobertura que dieron inicialmente a las acusaciones falsas arrojadas contra nosotros. Por ejemplo, los allanamientos de las comunidades de La Familia de Sydney (Australia) se llevaron a cabo en mayo de 1992, pero no fue sino en mayo de 1999 cuando el gobierno de Nueva Gales del Sur se vio obligado a admitir públicamente la ilegalidad de dichos operativos y accedió a compensar económicamente a los menores por los malos tratos de que habían sido objeto.

de actividades ilícitas. El 21 de mayo de 1992, la Audiencia Provincial de Barcelona, España, falló a favor de los niños de La Familia que durante casi doce meses habían permanecido contra su voluntad bajo la custodia y guarda del Estado. Los magistrados pusieron en tela de juicio la competencia en el caso de la Dirección General de Atención a la Infancia y los motivos por los que este organismo había asumido la tutela legal de los menores. He aquí algunas de sus observaciones3: [Los niños] fueron entregados a un grupo de psicólogos que, en idioma para los niños desconocido [catalán], los psicoanalizaron en un tiempo prolongado por dos veces, emitiendo informes de semántica esotérica más dirigidos a justificar el operativo que a describir anomalías intelectuales que son de todo punto inexistentes.4 Los jueces adujeron que la acción de las autoridades evocaba los procedimientos de la Inquisición y la describieron como «trágico remedo de los centros de concentración de esos imperios que dejaron de serlo cuando la dignidad humana derribó el muro de Berlín». El 30 de octubre de 1994 el Tribunal Supremo de España rechazó la apelación de la fiscalía. Los magistrados declararon: Nos encontramos ante una comunidad de personas, formada por adultos y niños, que adoptaron un modelo de vida que se apartaba de los esquemas generalmente aceptados. [...] No se encuentra elemento alguno que permita declarar la existencia de un ánimo de lesionar a sus hijos o a los hijos de los restantes miembros de la comunidad. Los jueces no pueden entrar en el santuario de las creencias personales, salvo cuando los comportamientos externos que tienen su origen en una determinada ideología incidan negativamente sobre bienes jurídicos protegidos.5

Los fallos judiciales

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n cada uno de los procesos que siguieron a los espectaculares allanamientos ejecutados contra nuestras comunidades, los tribunales han vindicado a La Familia. Varios censuraron el trato atroz que se dio a sus integrantes y la violación de los derechos de éstos. Algunos de los magistrados expresaron su inquietud y molestia por los procedimientos de corte paramilitar que se llevaron a cabo sin contar con prueba alguna que sustentara las imputaciones
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Quienes estén interesados pueden solicitarnos copias de los documentos originales no traducidos.

Jueces: Miguel Rodríguez-Piñero Bravo-Ferrer, Fernando García-Mon González-Regueral, Carlos de la Vega Benayas, Vicente Gimeno Sendra, Rafael de Mendizábal Allende y Pedro Cruz Villalón. Números de la apelación: 1561-1567/1992. La resolución data del 3 de octubre de 1994. Jueces: Enrique Ruiz Vadillo, Jose Antonio Martín Pallín y Justo Carrero Ramos. Número de la apelación: 3032/93. Número de la resolución: 1669/94, 30 de octubre de 1994.
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El 23 de abril de 1993, en Melbourne, Australia, el magistrado Gregory Levine, del Tribunal de Menores, reprobó el hostigamiento de pequeños grupos religiosos como La Familia so pretexto de velar por el cumplimiento de las leyes de protección al menor: A mi entender, la legislación no prevé que se adopten medidas de protección en torno a los menores de todos esos grupos, organizaciones y sectas basándose en su pertenencia a los mismos. [...] Resulta preocupante que este género de investigaciones siente un precedente para futuras solicitudes de medidas de protección relacionadas con otras sectas cuyas actividades y creencias al parecer no coincidan con las corrientes dominantes.6 El 13 de diciembre de 1993, la Cámara de Apelaciones de San Martín en Buenos Aires, Argentina, falló en favor de La Familia. Los magistrados se refirieron en duros términos a la parcialidad y mala conducción del caso por parte del juez de primera instancia que dio inicio a la investigación: [Se] pone de manifiesto el inicio de una investigación ilegal en violación de claras disposiciones de orden público. [...] Tal modo de actuar ha configurado un uso arbitrario del poder penal, al desplazar el proceso del marco de racionalidad inherente a la fundamental garantía de la defensa en juicio [...]. Este panorama [...] se visualiza cual una anacrónica pervivencia del más severo sistema inquisitivo, aquel en el que se consideraba «brujas» o «herejes» a quienes sólo se convocaba para que confesasen sus pecados.7 En su fallo, los magistrados argentinos ratifican la importancia de preservar la libertad de culto: Adoptar actitudes intolerantes con exclusivo apoyo en posturas éticas perfeccionistas, además de propender
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a la intrusión de la punición penal en la esfera privada de los individuos, abre el camino a un sigiloso autoritarismo; más aún si se ponen cortapisas a la libertad de creer y a la posibilidad de expresar libremente esa creencia. En modo alguno los jueces pueden incursionar en la valoración de lo que se entiende correcto respecto de creencias morales, políticas y/o religiosas8.

Las repercusiones

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o se han tenido en cuenta en lo más mínimo los efectos traumáticos y angustiosos que deja en nuestros pequeñitos el haber sido violentamente separados de sus padres y seres queridos. Raras veces los medios informativos han publicado la absolución judicial de La Familia, a pesar de que las denuncias iniciales y las intrusiones de los cuerpos policiales acapararon los titulares durante los allanamientos. Un periodista argentino expresó llanamente: «Se ha descrito a los implicados en este procedimiento judicial como fanáticos religiosos y depravados sexuales. Cuando la justicia los declare inocentes, la prensa no se dará por enterada. El criterio que siguen ciertos órganos de prensa, de instigar a la opinión pública por medio del sensacionalismo para que juzgue y condene a los imputados en un proceso judicial, atenta contra el principio jurídico de presunción de inocencia.» Fue una verdadera pesadilla lo que vivieron nuestros hijos. En cuanto a las perturbaciones psicológicas y las cicatrices emocionales que dejaron en ellos tales traumáticos secuestros por parte de funcionarios de organismos de protección de menores, han ido sanando con el tiempo, con amor, oraciones y palabras tranquilizadoras. No nos cabe duda de que Dios ama muchísimo a cada una de las preciosas criaturas que nos ha dado y vela incesantemente por ellas.

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Magistrado Gregory Levine del Senior Children’s Court de Melbourne (Victoria, Australia), resolución del 27 de abril de 1993

Corte de apelaciones de San Martín, caso 81/89 «Cavazza, Juan C. y otros, en inf. art.125, 139, 140, 142, párr.l, 142 bis, 210, 293 del código de procedimientos y art.3 de la ley 23,592». Corte federal de San Isidro, 1 sec. 2 oficina II, reg. 443. Jueces federales: Horacio Enrique Prack, Alberto Mansur, Daniel Mario Rudi, Buenos Aires, Argentina, 13 de diciembre de 1993.
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Ibid.

¿Cuál es el origen de las acusaciones?

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uando nuestro pequeño grupo o alguna otra minoría religiosa se convierte en centro de una polémica generada por una campaña difamatoria de la prensa, o cuando es blanco de procedimientos policiales desmedidos y de investigaciones minuciosas por parte de organismos gubernamentales, el público no puede menos que preguntarse: «Si es verdad que no son culpables de las atroces acusaciones que se les hacen, ¿por qué tanta gente los ataca y los desacredita?» Paralelamente, surge otro interrogante similar: «¿Por qué afirman ustedes que se trata de una persecución religiosa cuando los cargos que se les imputan no tienen nada que ver con la religión?» Si bien es cierto que generalmente las acusaciones concretas que se nos hacen no tienen nada de religioso, una mirada atenta a los orígenes de tales acusaciones revela un trasfondo claramente antirreligioso. Siendo como somos una religión minoritaria, reconocemos públicamente haber cometido errores en los treinta y cinco años de nuestra existencia. Sin embargo, estamos abocados a corregir y rectificar esos errores. Si bien admitimos con toda franqueza que algunas de nuestras creencias y prácticas difieren de las de las organizaciones religiosas más tradicionales, las investigaciones llevadas a cabo por los tribunales y sus posteriores fallos hablan por sí solos. Son prueba irrefutable de que La Familia está empeñada en seguir mejorando su calidad de vida. Como dijo el Dr. Introvigne en su informe La libertad de culto en Europa Occidental: Algo que causa particular inquietud es el auspicio estatal de organizaciones antisectarias del sector privado. Salta a la vista que tales movimientos son culpables de difundir información engañosa —y a menudo lisa y llanamente falsa— acerca de las minorías religiosas y de promover filosofías intolerantes.
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La Biblia predice que habrá persecución

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onsideramos que estos ataques contra nuestras comunidades son un presagio de la persecución a escala mundial que según la Biblia sobrevendrá a todos los creyentes en los días que precederán a la segunda venida de Cristo. Explican las Escrituras que surgirá un gobierno internacional de extraordinario poder, fundado sobre principios aparentemente buenos, para poner fin a las guerras y a la desigualdad. Ese gobierno

no tardará en caer en manos de un dictador megalómano como nunca se ha visto en la historia. Tras imponer su dominio, exigirá lealtad total e intentará aplastar todo intento de disidencia. La Biblia lo denomina Anticristo, y se opondrá a todo el que siga a Cristo o cualquier profeta o dios en vez de adherirse a él. Al final exigirá la sumisión, lealtad y reverencia del mundo entero. Tan pronto como este Nuevo Orden Mundial esté firmemente implantado y consolide su dominio sobre las naciones de la Tierra, la Biblia afirma que su dirigente proscribirá y abolirá toda forma de culto, y pecará de blasfemia autoproclamándose Dios y decretando la eliminación de todo el que se atreva a profesar cualquier religión que no sea el culto al Anticristo. Estos acontecimientos sumirán al mundo en la pesadilla más horrenda que haya conocido, ¡una época que Jesús describió como de «gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá»! (Mateo 24:21). (V. también Daniel 11:21-45; 2 Tesalonicenses 2:1-12; Apocalipsis 13:1-18.) Pero Dios protegerá con milagros y proveerá para quienes acudan a Él. A la postre, con la Segunda Venida de Jesús, establecerá en la Tierra un reino de justicia, amor y verdad. Si bien la Biblia advierte que dicho régimen contrario a la religión, a la fe y a Dios se apoderará del mundo antes del regreso de Cristo, la celeridad y facilidad con que lo haga dependerá en gran manera de las decisiones que tome la gente hoy y de la medida en que se deje influir para renunciar a los derechos que le son inherentes, entre ellos la libertad de culto. Si se muestra indiferente y pasiva y hace caso omiso de los atropellos que se cometen contra los derechos y libertades de los demás, tenga el lector por seguro que los agresores actuarán con más resolución aún. En cambio, si se alzan voces para protestar contra la opresión y las injusticias, los que pisotean los derechos sabrán que tendrán que dar cuenta de sus actos. Así, se impedirá en muchos casos la persecución de los inocentes. El respeto a los derechos humanos se debe hacer extensivo a todo hombre, mujer y niño sea cual sea su creencia o su religión. A pesar de ello, hay autoridades civiles —incluso en países democráticos— que consienten en la aprobación de leyes y otras disposiciones que contribuyen a crear un clima de creciente discriminación, en particular hacia las minorías religiosas. Los tratados internacionales que promulgan la libertad de culto como derecho humano fundamental reflejan una preocupación espiritual. Los millones de creyentes que a lo largo de los tiempos, hostigados por la persecución, se han

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negado a abjurar de sus convicciones, dan igualmente fe de la importancia de la religión en todas las épocas. Nunca se podrá erradicar la fe imponiendo restricciones a la libertad de conciencia, promoviendo la intolerancia hacia las religiones minoritarias e incluso desatando medidas persecutorias contra ellas. Por esos medios no se consigue otra cosa que fomentar la intransigencia y el odio. Cuando se permite que grupos antirreligiosos cargados de odio manipulen a las autoridades civiles de países democráticos y ejerzan presión sobre ellas en contra de personas pacíficas y respetuosas de la ley pertenecientes a una reducida minoría religiosa, para que las intimiden, irrumpan violentamente en sus hogares, las aterroricen, acorralen a sus hijos y se los lleven sin la menor prueba que justifique

semejante arbitrariedad, consideramos que se está sentando un precedente sumamente peligroso, al que todo ciudadano que estime su libertad debe prestar atención. Si en el momento actual se toleran tan flagrantes violaciones de nuestros derechos humanos, ¿quiénes serán las víctimas el día de mañana? Apelamos, pues, a usted, estimado lector —aunque sus creencias no coincidan con las nuestras—, para que rechace enérgicamente esta forma de despotismo. Prevéngase contra persecuciones religiosas como las emprendidas contra nosotros y nuestros hijos expresando su repudio ante ellas. Que Dios los bendiga a usted y a sus seres queridos con el inapreciable don de la libertad de culto.

(«Persecución religiosa» se publicó por primera vez en junio de 1992 y se actualizó en enero de 2004.)

¿Qué es La Familia Internacional?
La Familia Internacional —conocida anteriormente como Los Niños o Hijos de Dios— es una agrupación de comunidades cristianas repartidas por más de 100 países. Actualmente la conforman unos 8.500 integrantes plenamente dedicados y 7.000 asociados. La Familia se ha trazado cuatro objetivos cardinales: 1. Comunicar el vivificante mensaje de amor, esperanza y salvación contenido en las Sagradas Escrituras y la alegría de conocer a Jesús como Salvador. 2. Proporcionar a cada uno de nuestros hijos una educación cristiana en el mejor ambiente posible. 3. Crear y distribuir una amplia gama de productos para el desarrollo intelectual, moral y espiritual de las personas. 4. Prestar asistencia a los necesitados organizando representaciones dramáticas, conciertos y otros espectáculos con fines benéficos, colaborando como voluntarios en auxilio de los damnificados por catástrofes naturales, y buscando formas de consolar y proporcionar ayuda material a los menos favorecidos.

Si tiene usted preguntas o comentarios, no vacile en comunicarse con nosotros: La Familia Internacional Apdo. 6-818 México D.F., CP 06600 México E-mail: familia@lafamilia.org
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The Family International PMB 102 2020 Pennsylvania Ave. NW Washington, D.C. 20006-1846 Estados Unidos Teléfonos: (1-800) 4-A-FAMILY [423 26 45] (1-202) 298 08 38 E-mail: publicaffairs@thefamily.org Family Information Desk 27 Old Gloucester Street London WC1N 3XX England E-mail: info@thefamilyeurope.org

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