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01.09.2011 Boletín Oceanología Interdisciplinaria Sostenible

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Cincuenta y nueve años después de su nacimiento, la Unión Europea cuenta con una nueva moneda, con nuevas fronteras, con una política exterior, con una defensa común, próximamente con una nueva Constitución; pero se debería tomar conciencia de que el sistema científico y universitario se ha anquilosado.

La investigación e innovación es el producto de la actividad del hombre, y hallándose éste sumergido en una profunda crisis generalizada que abarca todos los órdenes, social, político, económico, cultural, educativo, científico, religioso, ético, moral, etc., dentro de una globalización evolutiva generada por el desenvolvimiento de la especie humana, no puede dejar de estar también en crisis.

Los políticos y las sociedades no parecen que hayan comprendido todavía que Europa no será en los próximos años una potencia autónoma si no se dota a si mismo de programas científicos y de equipos, civiles y militares, sobre los que Estados Unidos funda su propia potencia hace muchos años. La mayor parte de los científicos, de todas las disciplinas, lo constatan cada día, como los jóvenes investigadores, formados no sin pocos inconvenientes en nuestras universidades, se van a países como Estados Unidos, Japón, China e incluso a los países asiáticos. Lo mismo ocurre con los industriales, por lo menos con aquellos que pretenden conservar en Europa centros de toma de decisión y laboratorios de investigación avanzada. En el 2005, por ejemplo, abandonaron Alemania más de 10.000 profesionales académicos. Los hechos demuestran que los países que ejercen el liderazgo social, político y económico actualmente son aquellos que, hace algún tiempo, decidieron apoyar la innovación procedente de la investigación científica en distintos campos. Los dirigentes de estos países pudieron ver, e incluso comprender, que invertir en la ciencia es invertir en el futuro.

La ciencia se constituyó, a lo largo de la historia en un instrumento muy poderoso de conocimiento y transformación de la naturaleza, potencialmente capaz de solucionar graves problemas relacionados al hombre, aprovechamiento de recursos o mejoramiento de las condiciones de vida humana en Europa. La búsqueda del conocimiento a través de la racionalidad es rescatada como uno de los valores que engrandece el espíritu humano. Puede decirse que el saber acumulado por la humanidad desde el comienzo de las civilizaciones hasta aproximadamente el Renacimiento, podía estar al alcance de una persona dotada excepcionalmente, que perteneciese a una clase social que le facilitase el acceso al mundo intelectual, y que se aplicase al estudio de los conocimientos alcanzados hasta su época. Pero este saber se fue incrementando vertiginosamente en el transcurso de los siglos siguientes, sobre todo porque junto con el extraordinario avance de las ciencias naturales durante los siglos XVII y XVIII, surgieron y adquirieron entidad científica nuevas disciplinas, que se desarrollaron con rapidez. El hombre se sintió desbordado ante esta proliferación de conocimientos, imposibilitado de abarcarlos en su totalidad, y consideró que la posición cognitiva más adecuada y prudente para abordar la realidad, era fragmentarla en campos de saber, que se definieran como objetos de estudio de las diferentes ciencias, para que las investigaciones se especializaran.

La división de la realidad en compartimientos estancos y la creciente especialización de los estudios, produjo durante los siglos XIX y XX un nuevo incremento de los conocimientos acumulados por la humanidad, llevando al hombre a un nivel de imposibilidad mayor para abarcarlos. Al mismo tiempo, le hizo comprender que iba llegando a un callejón sin salida, pues como consecuencia de la fragmentación y especialización, cada vez sabía más de muy poco, y ese muy poco quedaba cada vez más desconectado del resto de la realidad en la que estaba inmerso, empobreciendo los resultados.

El "proceso de Bolonia" tiene como objetivo la creación de un espacio europeo de enseñanza su
Cincuenta y nueve años después de su nacimiento, la Unión Europea cuenta con una nueva moneda, con nuevas fronteras, con una política exterior, con una defensa común, próximamente con una nueva Constitución; pero se debería tomar conciencia de que el sistema científico y universitario se ha anquilosado.

La investigación e innovación es el producto de la actividad del hombre, y hallándose éste sumergido en una profunda crisis generalizada que abarca todos los órdenes, social, político, económico, cultural, educativo, científico, religioso, ético, moral, etc., dentro de una globalización evolutiva generada por el desenvolvimiento de la especie humana, no puede dejar de estar también en crisis.

Los políticos y las sociedades no parecen que hayan comprendido todavía que Europa no será en los próximos años una potencia autónoma si no se dota a si mismo de programas científicos y de equipos, civiles y militares, sobre los que Estados Unidos funda su propia potencia hace muchos años. La mayor parte de los científicos, de todas las disciplinas, lo constatan cada día, como los jóvenes investigadores, formados no sin pocos inconvenientes en nuestras universidades, se van a países como Estados Unidos, Japón, China e incluso a los países asiáticos. Lo mismo ocurre con los industriales, por lo menos con aquellos que pretenden conservar en Europa centros de toma de decisión y laboratorios de investigación avanzada. En el 2005, por ejemplo, abandonaron Alemania más de 10.000 profesionales académicos. Los hechos demuestran que los países que ejercen el liderazgo social, político y económico actualmente son aquellos que, hace algún tiempo, decidieron apoyar la innovación procedente de la investigación científica en distintos campos. Los dirigentes de estos países pudieron ver, e incluso comprender, que invertir en la ciencia es invertir en el futuro.

La ciencia se constituyó, a lo largo de la historia en un instrumento muy poderoso de conocimiento y transformación de la naturaleza, potencialmente capaz de solucionar graves problemas relacionados al hombre, aprovechamiento de recursos o mejoramiento de las condiciones de vida humana en Europa. La búsqueda del conocimiento a través de la racionalidad es rescatada como uno de los valores que engrandece el espíritu humano. Puede decirse que el saber acumulado por la humanidad desde el comienzo de las civilizaciones hasta aproximadamente el Renacimiento, podía estar al alcance de una persona dotada excepcionalmente, que perteneciese a una clase social que le facilitase el acceso al mundo intelectual, y que se aplicase al estudio de los conocimientos alcanzados hasta su época. Pero este saber se fue incrementando vertiginosamente en el transcurso de los siglos siguientes, sobre todo porque junto con el extraordinario avance de las ciencias naturales durante los siglos XVII y XVIII, surgieron y adquirieron entidad científica nuevas disciplinas, que se desarrollaron con rapidez. El hombre se sintió desbordado ante esta proliferación de conocimientos, imposibilitado de abarcarlos en su totalidad, y consideró que la posición cognitiva más adecuada y prudente para abordar la realidad, era fragmentarla en campos de saber, que se definieran como objetos de estudio de las diferentes ciencias, para que las investigaciones se especializaran.

La división de la realidad en compartimientos estancos y la creciente especialización de los estudios, produjo durante los siglos XIX y XX un nuevo incremento de los conocimientos acumulados por la humanidad, llevando al hombre a un nivel de imposibilidad mayor para abarcarlos. Al mismo tiempo, le hizo comprender que iba llegando a un callejón sin salida, pues como consecuencia de la fragmentación y especialización, cada vez sabía más de muy poco, y ese muy poco quedaba cada vez más desconectado del resto de la realidad en la que estaba inmerso, empobreciendo los resultados.

El "proceso de Bolonia" tiene como objetivo la creación de un espacio europeo de enseñanza su

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Oceanógrafos Sin Fronteras

Boletín de la Oceanología Interdisciplinaria

Variability in krill biomass links harvesting and climate warming to penguin population
changes in Antarctica. Wayne Z. Trivelpiecea, Jefferson T. Hinkea,b, Aileen K.
Millera, Christian S. Reissa, Susan G. Trivelpiecea, and George M. Wattersa. (PNAS,
2011; DOI: 10.1073/pnas.1016560108)
http://www.pnas.org/content/early/2011/04/06/1016560108

El cambio climático amenaza la supervivencia de los pingüinos de la Antártica. Un
estudio estadounidense, liderado por investigadores de la Administración Nacional
Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), demuestra que las
poblaciones de pingüinos de la Antártida han disminuido hasta un 50% en las
últimas tres décadas. Los autores señalan que este declive se debe al descenso de
las cantidades de krills -los crustáceos de los que se alimentan-, provocado por el
impacto del cambio climático.

"Muy poco se puede hacer para cambiar el actual aumento de las temperaturas
causado por el cambio climático, pero sí se pueden aplicar medidas de conservación
como la cuota de capturas para reducir el impacto de la pesca de krill sobre las
colonias de sus depredadores los pingüinos", apunta a SINC Wayne Trivelpiece, uno
de los autores del estudio e investigador de la NOAA.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences
(PNAS), indica que las poblaciones de pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) y
Barbijo (Pygoscelis antarcticus) disminuyeron cada año un 2,9% y un 4,3%,
respectivamente, durante la pasada década en el oeste de la Península Antártica y
en el mar de Scotia (Antártida). Algunas colonias incluso se redujeron hasta un 50%
en los últimos 30 años. Los investigadores asocian esta pérdida al descenso de sus
presas, unos crustáceos conocidos como krills, lo que los hace más vulnerables ante
la escasez de alimento. "Su declive empezó en los años 80 y ahora su abundancia
es entre un 75% y un 80% inferior en la Península Antártica", explica Trivelpiece.

El descenso de las cantidades de krill en la Antártida y en las poblaciones de
pingüinos se debe sobre todo al aumento de las temperaturas. "El mayor
responsable de este declive es el cambio climático y las alteraciones que se
producen en el ecosistema: el aumento de las temperaturas ha causado la reducción
del hielo marino, que ha repercutido de forma negativa sobre la supervivencia del
krill y sobre su capacidad reproductiva", apunta el experto.

Los autores sugieren que la recuperación de poblaciones competidoras de
mamíferos marinos, como las focas y las ballenas, también ha influido en la
disminución de la cantidad de alimento disponible para los pingüinos.

Si las condiciones de calentamiento global se mantienen en la Antártida, las
cantidades de krill y el número de pingüinos continuarán en descenso. Por ello, "es
necesario reducir las emisiones de CO2 y otras sustancias a la atmósfera; lugares
como la Antártida y el Artico son 'sistemas simples' y, por ello, serán los primeros en
demostrar qué futuro le espera al ser humano si no pone freno a esta amenaza",
advierte Trivelpiece.

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Oceanógrafos Sin Fronteras

Boletín de la Oceanología Interdisciplinaria

¿Un aviso temprano para el colapso del ecosistema?

S. R. Carpenter,J. J. Cole. M. L. Pace, R. Batt, W. A. Brock, T. Cline, J. Coloso, J. R. Hodgson, J. F.
Kitchell, D. A. Seekell, L. Smith, and B. Weidel(2011). Early Warnings of Regime Shifts: A Whole-
Ecosystem Experiment.
Science DOI: 10.1126/science.1203672
http://www.sciencemag.org/content/early/2011/04/27/science.1203672.abstract

La sorprendente fuerza y localización del terremoto de Fukushima el pasado mes ha
puesto de relieve la precariedad de las predicciones por parte de los sismólogos en
momentos en los que la tierra está a punto de resquebrajarse a causa del
cataclismo. Desafortunadamente, los ecologistas no pueden hacerlo mejor a la hora
de predecir cuándo colapsará un ecosistema o cuándo cambiará de forma drástica.
Peo ahora un equipo de ecologistas ha mostrado que es posible detectar señales
tempranas de peligro que pueden indicar que se va a producir un trastorno de
envergadura para su ecología. Si los investigadores pudieran identificar señales
similares en otros ecosistemas, podrían predecir un día, y quizás incluso prevenir los
desastres ecológicos.
El colapso de la pesca de bacalao en el atlántico en los comienzos de los años 90
vio cómo la pesca más abundante en el Atlántico Norte desaparecía debido a la
sobrepesca. Tales acontecimientos se están haciendo cada vez más comunes
puesto que los hombres sobre explotan la pesca y la ganadería y alteran el clima.
Las conexiones entre los depredadores y la presa- a menudo descritos como una
red de alimentación- se desestabilizan. Esto hace que los ecosistemas sean
vulnerables a cambios drásticos, tales como cuando una especie simple, como
ciertos tipos de alga, crece de forma descontrolada y da lugar a brotes tóxicos, como
las mareas rojas comunes en la costa de Florida y Méjico. En teoría, aprendiendo a
detectar los factores que preceden al daño medioambiental podrían ayudar a dar la
voz de alarma antes de que el daño sea irreversible. Pero aunque se trata de una
buena idea sobre el papel, nadie ha demostrado que sea posible en ecosistemas
reales.

http://news.sciencemag.org/sciencenow/2011/04/an-early-warning-sign-for-
ecosystem.html?etoc

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