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El Encanto Del Culo Femenino

El Encanto Del Culo Femenino

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EL ENCANTO DEL CULO FEMENINO. Selección de artículos de la red donde se trata de explicar desde un punto de vista antropológico la obsesión de las miradas masculinas hacia esa específica zona de la anatomía femenina.
EL ENCANTO DEL CULO FEMENINO. Selección de artículos de la red donde se trata de explicar desde un punto de vista antropológico la obsesión de las miradas masculinas hacia esa específica zona de la anatomía femenina.

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EL ENCANTO DEL CULO FEMENINO

Atractivo a la vista y siempre admirado y deseado, el trasero femenino tiene bien ganado su lugar en la sociedad. Dicen que la región, donde la espalda pierde el nombre ha convertido en la primera obsesión masculina. Inclusive hasta llegar a superar a los pechos en magnetismo. ¿Será cierto que los latinos somos "nalgales" a diferencia de los americanos “tetales”? Aunque ahora las cirugías no discriminan zonas, la gimnasia y la industria de la estética apuntan siempre a las nalgas femeninas: levantarlo y endurecerlo es la consigna. Los antropólogos dicen que de 193 especies de primates, sólo los humanizados tienen nalgas esféricas que se proyectan hacía afuera. Es decir, para nadie más que nosotros y uno que otro simio, las nalgas son objeto de deseo. ¿Se equivocó Jennifer López al asegurar su trasero por varios millones? Pues no. Sin embargo, y como dice el sexólogo argentino Carlos Kusnetzof, "una cola esplendida no garantiza mejores habilidades sexuales". Luego, ¿para qué sirve un

trasero redondito, entonces? Dice Kusnetzof: “Esa preferencia nos deviene del mundo animal: el trasero de algunos animales apunta hacia la zona de la que viene la tormenta. Otras indican con sus nalgas el mejor momento para copular”. El primer coito de los prehistóricos inclusive imitaba a los cuadrúpedos, con la mujer de espaldas al hombre. Para el argentino la publicidad ha ensalzado las nalgas femeninas porque sí se pueden mostrar, a diferencia de los genitales. "Los varones tienen una mirada reduccionista, fija en una sola zona. Las nalgas son un fetiche". Pero el hecho de tener un trasero parado, duro y reluciente, no garantiza— según Kusnetzof—un buen desempeño en la cama de su dueño. Para el psicoanalista, también argentino, Norberto Inda, es un elemento atractivísimo para los varones porque casi siempre connota poder. "Por ello el sexo anal sigue siendo—al margen de una variante sexual—una forma de dominio".

ELOGIO DEL CULO

Las generosas curvas de las nalgas revelan una sorprendente obra de ingeniería genética con características inquietantes. El poder de la mente sucumbe ante semejante contubernio de magnitudes delirantes. Al culo se le atribuyen cualidades para el tratamiento de la disfunción eréctil. Su visión contrarresta el estrés y favorece la comunicación sensual. Actúa como estimulante del sistema cerebral, de tal manera que los neurotransmisores recomiendan detenerse a pensar antes de tomar una decisión. La propietaria de un culazo es positiva y abierta a las experiencias. Intuitiva por naturaleza, en ella prevalece el encanto sobre el entusiasmo desaforado. Seduce no con desesperación, sino mediante la dosificación de su garbo. Las posaderas marcan un punto de equilibrio metafísico. No soportan ambientes carentes de armonía. De belleza enigmática y tentadora, sus vibraciones resultan electrizantes. Un culamen enciende pasiones y reactiva los instintos básicos. Acelera el ritmo cardiaco hasta niveles de infarto, lo que propicia una desgarradora descarga emocional acompañada de intensas contracciones musculares. Esta voluptuosa parte del cuerpo femenino irradia atracción y simpatía. Arreglado, es capaz de ostentar nivel cultural y estado de ánimo. Ofrece información erótica de la persona. Inspiración de pintores, fotógrafos, cineastas, escultores y poetas, se conoce de traseros que incitan a un buen pellizco. Con permiso. Dos círculos concéntricos forman

una masa descomunal. La cara oculta de la perseverancia despliega intemperancia no expedita de remilgos ni compulsiva arrogancia. La pigmentación de la piel descubre secretos inconfesables. El toqueteo aporta emoción en la fase preliminar. Las caricias agudizan la imaginación en un escenario propenso a fascinantes juegos libidinosos, que convierten el vocablo despectivo lameculos en un elogio.

El encanto de los glúteos La sexóloga alemana Ingolere Ebberfeld halló el origen de la atracción del trasero femenino en la prehistoria de la raza humana: los monos. "Las hembras atraen a los machos moviendo el culo y la hembra es fecundada por detrás", argumenta la catedrática de la Universidad de Bremen. Pero el desarrollo de la civilización dotó a la mujer de algo más que instinto animal: "Aprendimos a conocer los secretos que encierra el cuerpo. Sabemos lo que tenemos y hemos convertido el trasero en nuestra principal arma erótica". Ebberfeld necesitó casi doce meses para revisar la bibliografía y la representación gráfica que existe al respecto. Autora de libros sobre la importancia del olor del cuerpo humano en el erotismo y del beso (Küss mich), reconoce que el impulso de observar los glúteos es incontrolable y que procede de una época de la evolución en la que la mirada y el pompis se encontraban a la misma altura. En cuanto al masculino, ellas lo prefieren pequeño, redondo y musculoso. No pocas fantasean con una penetración anal a sus compañeros. En todas las épocas de la historia los glúteos de la mujer han sido el arma poderosa para atraer las miradas masculinas y provocar el deseo, afirma la sexóloga Ingolere Ebberfeld

EL ENCANTO DE LAS NALGAS FEMENINAS
La historia del arte no puede equivocarse, ni tampoco la Biblia. ¿Quién ha visto un cuadro famoso donde las mujeres desnudas tengan las nalgas cubiertas con la bíblica hoja de parra? La primera vestimenta que recuerda la humanidad fue la hoja de parra que utilizaron Adán y Eva después de comer el fruto prohibido, pero ella inició su travesía por el mundo con el trasero desnudo. La historia del arte está repleta de ejemplos con doncellas y mujeres bien alimentadas que lucen alegremente nalgas rollizas y traseros descomunales. El vello público, en cambio, siempre está oculto con la frágil hoja de parra que pretende proteger la fuente del pecado original. ¿Casualidad o destino manifiesto? Para Ingolere Ebberfeld, una famosa docente de la Universidad de Bremen, es un caso clásico para ser sometido a un estudio científico. Después de revisar la poca literatura que existe sobre el tema y examinar cientos de cuadros de pintores famosos de todas las épocas, la profesora llegó a una conclusión categórica: a lo largo de los siglos, los glúteos de la mujer han sido siempre su arma erótica más poderosa en el arte de la seducción. Zona cargada de sensualidad “El trasero de la mujer es un extraordinario estímulo sexual para el hombre”, concluyó la sexóloga en un amplio estudio que publicó en la revista Sexualmedizin, bajo título de “El erotismo de las nalgas”. “No existe ningún hombre que no fije su mirada en las nalgas de una mujer hermosa que pasa a su lado y que lleva zapatos con tacones altos y una falda ajustada”, afirma la experta. “Ningún hombre dejará de mirar a una mujer con estos atributos”, insiste, durante una entrevista telefónica en Alemania con EL UNIVERSAL. Los hombres, a lo largo de los siglos, aprendieron a ser galantes y bien educados a la hora de mirar a los ojos a una mujer, dotada de un hermoso busto y de imponentes nalgas. Pero, cuando la mujer da media vuelta y se aleja, se acaban los buenos modales y los ojos masculinos se clavan en el hermoso y erótico vaivén de esta área. Recato femenino La investigadora, que obtuvo su doctorado con un trabajo sobre la sexualidad femenina y llegó a la Universidad con un estudio sobre el “olor y la sexualidad”, descubrió una nueva faceta en el juego misterioso de la coquetería femenina y que explica la pasión que despierta esta zona de la mujer en la imaginación del hombre. “Cuando una mujer es sorprendida desnuda, se cubre automáticamente el busto con un brazo y el pubis con la otra mano, pero nunca se preocupa de taparse el trasero”,

dice la investigadora. “¿Por qué? La respuesta es simple: ella controla la mirada ajena, pero como no tiene ojos en la espalda no le da importancia a que le vean los glúteos. La mujer desarrolla su vergüenza cuando está confrontada a una mirada ajena”. La experta decidió iniciar una investigación al respecto cuando descubrió la extraordinaria difusión que tienen las nalgas de Jennifer Lopez, el trasero más famoso de Hollywood, que está asegurado por 300 millones de dólares. También se desconcertó ante la tendencia de las mujeres jóvenes a dejarse operar el busto. Fue entonces cuando descubrió el origen de la atracción secular que los hombres sienten por los glúteos de una mujer, una fijación cuyo origen hay que buscarlo, en la prehistoria de la raza humana: los monos. “Las hembras atraen a los machos moviendo esta parte de su cuerpo y el macho fecunda a la hembra por detrás”, dice Ebberfeld. Pero el desarrollo de la civilización dotó a la mujer de algo más que instinto animal: aprendieron a conocer los secretos que encierra el cuerpo femenino. “Cuando una mujer se compra un vestido, lo primero que ve es si su trasero resalta con la vestimenta”, concluye. Las nalgas masculinas Ingelore Ebberfeld necesitó casi doce meses de tiempo para revisar la bibliografía y la representación gráfica que existe sobre las nalgas femeninas. Su estudio es, quizás, el primer intento serio de analizar la importancia del trasero femenino como arma erótica. La repercusión de su estudio la ha convencido de dar un nuevo paso en el espinoso y atractivo mundo del erotismo y ahora desea iniciar un trabajo sobre la importancia de las nalgas masculinas. «Todo lo que sé, hasta el momento, es que la mujeres prefieren ver en los hombres, hombros amplios y un trasero pequeño pero duro», dice la investigadora. «Mi próximo trabajo será averiguar que es lo que más les atrae a las mujeres de los hombres». La investigadora, que ha escrito libros sobre la importancia del olor del cuerpo humano en el erotismo, ya conoció la fama con su libro 'Küss mich' (Bésame), donde afirma que la mayor demostración de erotismo y sensualidad es el llamado 'beso del diablo' o 'Anilingus', una costumbre ampliamente extendida entre los animales de cuatro patas y que no es otra cosa que besar el ano de ambos sexos con cariño y pasión. EL UNIVERSAL / 01/08/2005

Retrospectiva sobre las posiciones sexuales*
“Culos duros, morenos, si por dulce pulgar sois pellizcados ¿por qué os volvéis y os pretendéis airados? Si cuanto más airosos Más bellos parecéis a aquél que os mira, No me mireis con ira Porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay, culitos sabrosos, culos duros, morenos, si no tocar, dejad que os mire al menos!” Gutierre de Cetina

I. Hay una larga lista de posiciones o posturas sexuales ya descriptas desde la antigüedad.

Coito a Tergo en una imagen del Antiguo Egipto

Las más conocidas figuran en el Kama Sutra, el Ananga Ranga, el Jardín Perfumado, las Posiciones de Aretino, el Tantra, el Tao y el Manual de Erotología Clásica de Forberg, entre muchos otros. More ferarum -como las fieras-, a tergo, a la manera pompeyana, a lo Boccaccio, a caballito, como los perros y muchas otras son las maneras de denominar a la posición sexual por medio de la cual el hombre accede al genital femenino por su espalda, estando ella en “cuatro patas”. Tiene sus pro y sus contra:
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Se evita el peso del abdomen si los dos o si uno de ambos es obeso. El movimiento de él suele tener mucha más excursión. La penetración es más profunda. Hay estimulación perineal. Ella tiene menos frote clitoridiano pero siente más el émbolo, y el golpe en sus nalgas provocado por el choque de la pelvis masculina es más fuerte.

El coito a tergo requiere su diferenciación del coito anal con el cual muchas veces la visión de la escena llama a confusión. Así encontramos en la obra de Freud: “Al despertar fue testigo de un coito a tergo repetido tres veces, pudo ver los genitales de la madre, así como el miembro del padre y comprendió el hecho así como su significado.” [1] Y en otro lugar: “El fenómeno más llamativo de su vida amorosa tras llegar a la madurez, eran ataques de un enamoramiento sensual compulsivo que emergían en enigmática secuencia y volvían a

desaparecer, desencadenaban en él una gigantesca energía aún en épocas en que se encontraba inhibido en los demás terrenos y se sustraían por entero a su gobierno. A causa de unos notables nexos, debo posponer todavía la explicación de estos amores compulsivos, pero puedo señalar aquí que estaban atados a una determinada condición oculta para su conciencia, que sólo en la cura pudo discernirse. La mujer tenía que haber adoptado la posición que atribuimos a la madre en la escena primordial. A partir de la pubertad sintió como el mayor encanto de la mujer grandes y llamativas nalgas; otro coito que no fuera desde atrás apenas le deparaba goce. Por cierto que el juicio crítico tiene derecho a objetar aquí que tal predilección sexual por las partes posteriores del cuerpo es un rasgo universal de las personas inclinadas hacia la neurosis obsesiva y no justifica que se la derive de una particular impresión recibida en la infancia. Pertenece a la ensambladura de la propensión anal-erótica y se encuentra entre los rasgos arcaicos que singularizan a esta constitución. Es lícito concebir el acoplamiento desde atrás- more ferarum – como la forma filogenéticamente más antigua.” [2] Y luego: “En verdad, en los análisis de personas neuróticas no es una rareza la escena de observar el comercio sexual entre los padres a una edad muy temprana – se trata de un recuerdo real o de una fantasía-. Acaso se la encuentre con igual frecuencia en quienes no se han vuelto neuróticos. Y acaso pertenezca al patrimonio regular de su tesoro mnémico –conciente o inconciente-. Ahora bien todas las veces que pude desarrollar mediante análisis una escena de esa índole, ella exhibió la misma peculiaridad que nos desconcertó en nuestro paciente: se refería al coitus a tergo, el único que hace posible al espectador la inspección de los genitales. Entonces ya no cabe dudar más de que se trata sólo de una fantasía...” [3] . III. En el sudoeste africano viven dos grupos humanos casi extintos: los bosquimanos y los hotentotes (esta palabra tiene una connotación peyorativa dada por los europeos). A pesar de tener alguna diferencia, sin embargo se los considera étnicamente integrantes de una raza: la khoi san.

Mujer Hotentote En los bosquimanos (del desierto de Kalahari) se nota una gran concavidad de la parte inferior de la espalda que provoca un abultamiento hacia atrás de toda la región glútea. El fenómeno es más exagerado aún en algunas mujeres, en quienes esta región presenta una acumulación de grasa que no se ve en ninguna otra raza: la esteatopigia que se une a particularidades curiosas de sus genitales, lo que nos orienta aún más hacia el significado de atracción sexual de las nalgas femeninas. Los hotentotes son algo más altos en promedio y la esteatopigia está más desarrollada aún.

IV. La atracción erótica que ejercen las nalgas femeninas enmarcadas por caderas que culminan en una cintura que las resalta, y acompañadas por un andar ondulante provocan un fenómeno de observación cotidiana: el hombre vuelve su mirada de un modo casi automático y aún muchas veces estando él mismo acompañado de una pareja. El arte dio muestras exuberantes del realzamiento de las nalgas y la elección de las nalgas como el elemento que, prima facie, se constituye en la atracción sexual del macho. Es por eso que a continuación, para recordarlas, sólo nombraremos una pequeña galería artística sobre el tema: Comenzamos con las Venus Calípigas de Willendorf o de Lausell, para seguir por multitudes de copas y ánforas griegas, por el arte rescatado de Pompeya,

por las nalgas provocativas de la fachada del templo Khajuraho, la densidad de las nalgas de la Leda de Miguel Ángel, las distintas variantes de las Tres Gracias llevadas a cabo por distintos autores (Rafael, Correggio, etc.) pasando por Boucher (Mujer desnuda) hasta Rubens, Thomas Rowlandson y Peter Fendi (ambos destacaron la hermosura de la popa femenina) y continuando con Delacroix (La muerte de Sardanápalo), las Ninfas de Bouguereau, Ingres (el Baño turco), Degas, el Desayuno en la Hierba de Manet, El Sueño de Courbet, la Pareja de Amantes y La Ninfa y el Sátiro de Millet, El Abrazo de Picasso, y los cachetes de Botero.

La Venus del Espejo. Diego Velásquez. 1648.

Peter Fendi, Secuencia erótica , 1835 V. La ecuación: Nalgas = Pechos = Mejillas, en el Diccionario psicoanalítico de símbolos, de José Treszezamsky NALGAS (v. Mejillas)Pechos. Por similitud formal y herencia de significado filogenético.

"Gradualmente me fue posible rescatar de la represión una serie de casos análogos: cómo a los cuatro años dormía en la misma cama con su ama de leche y le levantaba el camisón por las nalgas (probablemente fue entonces cuando equiparó los senos y las nalgas)..." [4] . Una mujer admira sus propios pechos mientras su amante admira sus nalgas [5] , en una ilustración de Barthommé St. André, para la Vie des Courtisanes, de los Razonamientos de Aretino. “Debió de haber un tiempo, en época de nuestros remotos antepasados, en que se empleó la aproximación por detrás. Supongamos que hubiésemos llegado a la fase en que la hembra incitaba sexualmente al macho desde atrás, con un par de carnosas nalgas hemisféricas (que, digámoslo de paso, no se encuentran en ninguna otra especie de primates) y con un par de brillantes labios genitales. Supongamos que el macho hubiera adquirido una fuerte sensibilidad sexual para responder a estas señales específicas. Supongamos que, llegada a este punto de su evolución, la especie se volviese cada vez más vertical y orientada de frente en sus contactos sociales. En esta situación, cabría esperar que encontrásemos alguna especie de autoimitación frontal del tipo que hemos visto en el mandril. Si observamos las regiones frontales de la hembra de nuestra especie, ¿podemos descubrir alguna estructura que sea posible remedo de la antigua exhibición genital de las nalgas hemisféricas y de los rojos labios? La respuesta aparece con la misma claridad que el propio pecho de la hembra. Los senos protuberantes y hemisféricos de la hembra son, seguramente, copia de las carnosas nalgas, y los vivos y definidos labios rojos de la boca deben de ser una réplica de los de la vulva” [6] . “A veces, es cierto, estas voluminosas esferas posteriores del cuerpo femenino suscitan amorosos deseos de besarlas y morderlas suavemente, mostrando que evocan a las otras dos dulces prominencias que preceden orgullosamente a la mujer: sus tetas” [7] . MEJILLA (v. Rostro, Cara) Nalgas En la carta de Freud a Fliess del 16 de enero de 1899 equipara mejillas y nalgas por el parecido en alemán: mejillas {Backen} y nalgas {Hinterbacken}. “Un caso de traslado de esa índole se presenta también cuando en el simbolismo del pensamiento inconciente los genitales son sustituidos por el rostro. El uso lingüístico contribuye a ello, pues en las nalgas {Hinterbacken, mejillas de atrás} discierne el homólogo de las mejillas, y además de los labios que enmarcan la cavidad bucal conoce otros, los de la vulva” [8] . * Dr. José Treszezamsky, médico, psicoanalista Bs. As. , Argentina.

Estatuas de la Venus Calipigia o “de Bellas Nalgas”.

[1] [2] [3] [4] [5] [6] [7] [8]

El Hombre de los Lobos, Obras Completas, Editorial Amorrortu, XVII, 37 El Hombre de los Lobos, Obras Completas, Editorial Amorrortu, XVII, 40. Freud, El Hombre de los Lobos, Obras Completas, Editorial Amorrortu XVII, 57. Sigmund Freud-Karl Abraham. Correspondencia, 40. Carta de Abraham del 8/1/1908. Nigel Cawthorne, Secrets of Love, 78. Desmond Morris, El mono desnudo, 65. Ariel C. Arango, Las malas palabras, 75. Sigmund Freud, Amorrortu Editores, V, 390.

Dejando el pubis y sus ecos sustitutivos, y pasando a la parte posterior de la pelvis, llegamos a los dos carnosos hemisferios de las nalgas. Estas son más pronunciadas en la mujer que en el varón. y constituyen un rasgo exclusivamente humano, que falta en las otras especies de primates. Si una mujer se agachase de espaldas a un varón, adoptando la típica posición invitadora a la cópula de los primates, su aparato genital quedaría encuadrado entre los dos hemisferios de carne suave. Esta comparación convierte a éstos en una importante señal sexual para nuestra especie, y que tiene, probablemente, un origen biológico muy antiguo. Es nuestro equivalente de las hinchazones sexuales de otras especies. La diferencia está en que, en nuestro caso, la condición es permanente. En las especies animales, la hinchazón aumenta o disminuye con el ciclo menstrual alcanzando el máximo cuando la hembra es sexualmente receptiva, alrededor del tiempo de la ovulación. Naturalmente, como la mujer es sexualmente receptiva casi en todos los tiempos, sus hinchazones sexuales permanecen de modo continuo. Al erguirse nuestros primeros antepasados y adoptar la posición vertical, el aparato genital fue más visible por delante que por detrás, pero las nalgas conservaron su significado sexual. Aunque la cópula propiamente dicha se realizó cada vez más de un modo frontal, la hembra siguió enviando señales sexuales acentuando de algún modo su parte posterior. Actualmente, si una muchacha aumenta ligeramente la ondulación de sus caderas al andar, envía una poderosa señal erótica al varón. Si adopta una posición en que aquéllas sobresalen “accidentalmente” un poco más de lo normal, el efecto es idéntico. En ocasiones, como en la famosa posición de ‘traseros arriba’ del cancán, advertimos una versión completa de la invitación de los antiguos primates, y son corrientes los chistes sobre el hombre que se siente tentado a dar una palmada en el trasero a la muchacha que se inclina inocentemente para recoger un objeto del suelo. Desde tiempos remotos, hay dos fenómenos relacionados con las nalgas que merecen comentarios. El primero es la condición conocida por el nombre de “esteatopigia”, y el segundo es el artificio del polisón. Literalmente esteatopigia significa ancas gordas, y designa la exagerada protuberancia de las nalgas que se encuentra en ciertos grupos humanos y en particular el de los bosquimanos de África del Sur. Se ha sugerido que éste es un caso de acumulación de reservas de grasa, semejante al de las gibas de los camellos; pero si tenemos en cuenta que es mucho más exagerado en las hembras que

Las nalgas.

en los varones, parece más probable que se trate de una especialización de las señales sexuales que emanan de esta región del cuerpo. Parece como si las mujeres bosquimanas hubiesen acentuado más que las otras razas el desarrollo de esta señal. Incluso es posible que esta condición fuese típica de nuestros remotos antepasados y que más tarde se redujese a favor de una disposición más adaptable atléticamente, en forma de las nalgas femeninas menos protuberantes que vemos en la actualidad. No hay que olvidar que hubo un tiempo en que los bosquimanos fueron mucho más numerosos que hoy día y que dominaron la mayor parte de África antes de la más moderna expansión de los negros. También es curioso que muchas figurillas prehistóricas femeninas, de Europa y de otras partes, suelen presentar un aspecto parecido, con grandes y protuberantes nalgas, completamente desproporcionadas a la obesidad general de los cuerpos representados. Esto tiene únicamente dos explicaciones. O las mujeres prehistóricas estaban dotadas de enormes traseros, que enviaban vigorosas señales sexuales a los varones, o los escultores prehistóricos estaban tan obsesionados por la naturaleza erótica de las nalgas que, como muchos caricaturistas actuales se permitieron un alto grado de licencia artística. En ambos casos, las nalgas prehistóricas imperaron de un modo absoluto. Lo curioso es que después, al progresar en una región tras otra las formas del arte, la mujer de grandes nalgas empezó a desaparecer. En el arte prehistórico de todas las localidades donde ésta ha aparecido, fue siempre la primera en ser encontrada. Después, desapareció, Y otras mujeres más esbeltas ocuparon su sitio. A menos que las mujeres de grandes posaderas abundasen realmente en los primeros tiempos y desapareciesen después gradualmente, la razón de este cambio general en el arte prehistórico sigue envuelta en el misterio. Persistió el interés del varón por las nalgas femeninas, pero con raras excepciones, éstas se redujeron a las proporciones naturales que observamos en las pantallas de cine del siglo xx. Las danzarinas de los murales del antiguo Egipto encontrarían fácil colocación en un club nocturno moderno, y si vivió la Venus de Milo, la medida de sus caderas no pasó los 96 centímetros. Las excepciones a esta regla son intrigantes, pues demuestran, en cierto sentido un retorno a los tiempos prehistóricos y un renovado interés del hombre en la tosca exageración de la región glútea femenina. Y con ello pasamos del fenómeno carnoso de la esteatopigia al ingenio artificial del polizón. El efecto es el mismo en ambos casos -a saber, un considerable aumento de la región glútea– pero el polisón consistió en insertar un grueso relleno, o alguna forma de armazón, debajo del vestido femenino. En su origen fue una especie de miriñaque reducido. La costumbre de poner almohadillas alrededor de la pelvis fue muy frecuente en la moda europea, y lo único que se necesitaba para destacar las posaderas era eliminar el almohadillado de la parte frontal y de los lados del cuerpo. Esto hizo que el invento del polisón fuese más una «reducción» que una exageración, y permitió que se introdujese en la alta costura sin indebidos comentarios. Al surgir de este modo negativo, consiguió evitar sus evidentes implicaciones sexuales. El polisón con flejes y almohadillas de los años 1870 pasó rápidamente de moda, pero regresó triunfalmente y en forma aún más exagerada en la década de 1880, convirtiéndose en una especie de anaquel plantado en la espalda, mantenido en su sitio con redes de alambre y muelles de acero, y dando una impresión capaz de hacer reaccionar al bosquimano más fatigado. Sin embargo, en los años noventa, se extinguió y la cada vez más atlética hembra del siglo XX no pensó jamás en

instaurarlo de nuevo. Las nalgas aumentadas de los tiempos modernos quedaron limitadas a ‘postizos’ raramente empleados, actitudes provocativas y exageraciones de los caricaturistas. DESMOND MORRIS: Comportamiento Intimo. Editorial Plaza & Janes, Barcelona.

ESTEATOPIGIA

Mujeres bosquimanos: niña, adolescente, adulta y madura (esta última muestra un destacado ejemplo de ESTEATOPIGIA -del griego esteatos, grasa, y pigos, caderas, nalgas-).

Foto: Álvaro Durán

Video de seis minutos del trasero de Miss Reef preocupa a sicólogos
Martes 16 de agosto de 2005

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Diario Las Últimas Noticias Sebastián Foncea Según los especialistas, la razón estaría en la búsqueda instintiva de una mujer de caderas anchas con quien reproducirse.
Un video de Karina jugando voleibol duplicó las visitas de sitio web.

De frente Karina Muñoz es una chiquilla común y corriente, de clase media y con cara de traviesa, algo parecida a la Chilindrina. Pero al voltear se convierte en una celebridad, pasa a ser la actual Miss Reef gracias a su bien formado trasero. Bastó que un video de la estudiante de cuarto medio llegara a la patriótica página diosaschilenas.cl, para que el número visitas diarias se duplicara alcanzando las seis mil. En la grabación realizada en el centro comercial Las Américas de Iquique, la modelo participó de un partido de voleibol y luego desfiló luciendo diminutas tangas.

Foto: Richard Salgado

El sexólogo Sergio Agostini asegura que la culpa es de los genes.

El hecho que llama la atención es que de los seis minutos que dura el encuentro deportivo, todos, absolutamente todos se limitan a enfocar el trasero de Karina, dejando de lado a las otras jugadoras, al árbitro, a la pelota y al público. Muerto de la risa por la singular pregunta, el sexólogo Giorgio Agostini confiesa que no ubica para nada a Miss Reef, al concurso, ni la trayectoria de Karina, pero ilustra perfectamente las razones de la fascinación masculina por determinados lugares de la anatomía de la mujer. Para el profesional todo tiene su origen en los genes. Asegura que "efectivamente los atractivos femeninos que seducen al hombre son principalmente las nalgas y el busto. Desde tiempos inmemoriales la figura femenina responde a la condición genética que tiene más que ver principalmente en la posibilidad de amamantar de la hembra y, al mismo tiempo, las caderas anchas sirven para tener una guagua sana". -¿Entonces no es antojadizo? -Para nada. Lo que pasa es que los jóvenes necesitan una figura materna y se fijan en un busto grande a nivel inconsciente. En el pecho nutritivo que fueron las primeras gratificaciones orales de la infancia. En cambio, la persona a medida que va evolucionando se fija más en el atractivo sexual para tener hijos fuertes y ahí se fija en las nalgas y en las caderas. Similar es la opinión de la siquiatra María Luisa Cordero. La doctora, quien no habla de trasero sino de poto, asegura que la fascinación de los hombres por dicha zona "debe de ser porque es redondo, porque en algunos casos tiene mucha

carne y tú sabes que el símbolo de las redondeces exuberantes recuerdan los pechos maternos y tienen un alto contenido emotivo".

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