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Las Armas Del Cenepa

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¿Dónde –y cómo– adquirió Ecuador las armas que utilizó en la guerra del Cenepa frente a Perú?
¿Dónde –y cómo– adquirió Ecuador las armas que utilizó en la guerra del Cenepa frente a Perú?

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Pedro Saad Herrería

Las armas del Cenepa

Quito, 2006

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Al momento de escribir estas líneas, la tensión socio-política en torno a lo que ya podría llamarse “el caso Gallardo” está en su apogeo: medidas de una Corte Suprema de Justicia que algunos consideran legítima y que otros cuestionan en su constitucionalidad han llevado a enfrentamientos muy duros entre aquella Corte (que no pocos estiman gobernada desde Panamá por el ex-presidente Abdalá Bucaram) y el Municipio de Quito, dirigido por el general Paco Moncayo, quien hace muy pocos meses fuera ratificado en su cargo por una mayoría impresionante, que se aproximó al 60% de los electores. Pero unos y otros coinciden en que el origen de los debates viene de hace 10 años, cuando Ecuador enfrentaba la peor prueba de su fortaleza nacional y su voluntad de soberanía, cuando su territorio fue invadido por un vecino mucho más poderoso. No hay “caso Gallardo” sin “guerra del Cenepa”, y cualquier intento por dilucidar la verdad de los hechos en torno a la compra de armas realizada por nuestro país (que es el objetivo de este libro) tiene que remontarse a los antecedentes de aquella guerra… Ése será nuestro primer capítulo1.

ANTES DE LA GUERRA
Isla de paz llama a Ecuador Rodrigo Borja cuando, el 10 de agosto de 1992, deja el poder en manos de Sixto Durán-Ballén. El auditorio aplaude. Y tiene razón. Al comparar la situación nacional con la imperante en Colombia y Perú, Ecuador luce tranquilo y con posibilidad de programas de desarrollo coherentes y continuos. Hay problemas, pero parecen solucionables. En realidad, hay más anécdotas que problemas. El 28 de noviembre, Sixto decidió adelantar una hora el reloj oficial. Las burlas y comentarios irónicos hicieron que la medida, supuestamente destinada al ahorro de energía, durara muy poco y debiese ser derogada cuando el pueblo ya la llamaba “la hora Sixto”. Lo cierto es que Ecuador sigue siendo un país muy pobre. Y mal alimentado. A fines de año, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos establece que el consumo promedio de leche al año es de sólo 64 litros por persona, aproximadamente la mitad de los 125 recomendados por la FAO. En los hogares de ingresos bajos, ese consumo es de sólo 21 litros. Apenas el 16.8% de la norma internacional. El 29 de marzo de 1993, una mezcla de catástrofe natural y falta de previsión produjo un violento derrumbe en la zona austral, en el sector conocido como La Josefina, amenazando la indispensable represa de la central hidroeléctrica de Paute con un gigantesco desbordamiento de las aguas. Los

3 inteligentes y perspicaces grafiteros de Quito pintarrajearon rápidamente la avenida 6 de diciembre de la capital, con una frase que parecía sintetizar la malévola inteligencia, típica de la oposición política ecuatoriana: “No es que las aguas suban —escribieron—. Es que el país se hunde”. De todos modos, 1995 se presentaba promisorio. Fidel Jaramillo, uno de los más reputados especialistas económicos, afirmaba que “varias son las evidencias que nos hacen pensar en una mayor reactivación en 1995” 2. Jaramillo esperaba un crecimiento del PIB de un 5%, un descenso de la inflación, de 27.4% a 20.1%, y una brusca caída de las tasas de interés, de 33.5% a un manejable 28.6%.3 1995 parecía que iba a comenzar de ese modo. En la pantalla chica, la curvilínea Thalía acaparaba el primer lugar del rating en la telenovela Marimar, que aventajaba con mucho a Dulce Tormento, otra telenovela, donde el papel de una mujer caprichosa y malévola corría a cargo de la ecuatoriana Vilma Sotomayor. En esos momentos, cuando 1994 estaba por terminar, nadie podía predecir que aquella “isla de paz” estaba por concluir.

LA GUERRA
La primera noticia que la población civil ecuatoriana tuvo sobre el conflicto fronterizo fue el 7 de enero de 1995, y aún entonces bajo forma de un tranquilizador informe del Ministerio de Defensa. De hecho, al lado de la noticia publicada en El Comercio había una foto que recogía un aparte previo al almuerzo de los ministros de Estado, con motivo del saludo protocolario de año nuevo al presidente. Tanto el Ministro de Defensa, general José Gallardo, cuanto el de Salud, doctor Alfredo Palacio, aún vestían traje formal civil, que pronto ambos canjearían por el uniforme de campaña4. La noticia de prensa afirmaba que “las autoridades militares desmintieron —una vez más— las versiones de presuntos choques entre tropas ecuatorianas y peruanas”. Más adelante el comunicado reiteraba que “no existe ni se ha dado enfrentamiento alguno entre elementos armados en ningún lugar de la frontera”. En cuanto al dato de un soldado ecuatoriano muerto el 19 de diciembre, se lo atribuía a “un accidente, mientras se realizaba el abastecimiento a los destacamentos de Gualaquiza y del sector SurOriental”5. El comunicado, si bien reflejaba la verdad de los hechos al negar los enfrentamientos armados, no dejaba traslucir la enorme tensión que ya se vivía en la zona, donde pronto se desarrollarían los acontecimientos. No es más que una curiosidad; pero poco tiempo antes, en diciembre de 1994, el general Paco Moncayo había concedido una entrevista a Vistazo en la que había afirmado: “la historia de la humanidad nos enseña que es más fácil la solución de un conflicto sólo cuando existe un poder similar entre ambos bandos… Nunca los países fuertes han hecho concesiones a los débiles. Así que no creo posible una solución pacífica al conflicto con el Perú en estos momentos. Puede darse a futuro, en una circunstancia en que los intereses comunes sean más altos que las desaveniencias”6. LA TENSIÓN PREVIA La realidad es que, a partir del 12 de diciembre de 1994, en el sector del Alto Cenepa se vivía una situación de tensión extrema. Según el relato pormenorizado del general Paco Moncayo Gallegos, comandante del teatro de operaciones7, ese día “el teniente coronel peruano (Manuel) Lazarte, comandante del Batallón de Selva Callao, presentó un ultimátum al teniente coronel (César) Aguirre, comandante del Batallón de Selva Gualaquiza, amenazándolo con

4 desalojarlo, por las armas, de sus bases en las cabeceras del río Cenepa si no se retiraba ese fin de semana”8. El 12 de diciembre fue lunes, de modo que Lazarte sólo “otorgaba” hasta el lunes 19 de diciembre. “Preocupados por estas actitudes groseras y arrogantes que, se pensó, podían deberse a una actitud personal de Lazarte, se recurrió a un procedimiento que había sido usual en los últimos años, para evitar indeseables choques armados en la frontera: Conversar telefónicamente con el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas peruanas. El señor general Víctor Manuel Bayas realizó varias llamadas a Lima, pero el general Nicolás Hermoza se negó a responderlas”9. Se anunciaba tormenta. Sin perder un segundo, se formó el Agrupamiento de Selva General Miguel Iturralde y se decidió confiar su mando al teniente coronel Luis Hernández Peñaherrera, y agregarle el Grupo de Fuerzas n.º 26, al mando del Tte. Cnel. Luis Aguas; el Batallón de Selva Gualaquiza, comandado por el Tte. Cnel. César Aguirre; el Escuadrón Aéreo del Ejército, cuyo jefe era el mayor Jorge Villegas; una compañía de artillería antiaérea, comandada por el capitán Alexander Levoyer y una compañía de transmisiones, al mando del mayor Byron Barriga. El general Moncayo se trasladó de inmediato a la zona. A las 10:00 del 16 de diciembre, mientras se encontraba finalizando un curso especializado, Hernández recibió la orden de presentarse de inmediato ante el Comandante General del Ejército, general Jorge Ortega, a quien encontró en el despacho del Ministro de Defensa. Sólo allí se enteró del peligro inminente. Alcanzó a dejar una nota para su esposa y su hijo, y marchó a Gualaquiza. Paco Moncayo ya estaba allí. Le tendió el informe de César Aguirre, en el que se narraba el encuentro con el peruano Lazarte. Según los recuerdos de Hernández “no me quedó la menor duda de que el ejército peruano en el área nos atacaría en cualquier momento en el Alto Cenepa, a la vez que trataría de construir instalaciones en nuestro sector, con el fin de justificar una permanencia que no había tenido nunca en el área”10. Utilizando otros términos, es la misma afirmación del general Moncayo: “Puede ser que existan dobles interpretaciones de la verdad en los términos históricos; pero hay realidades geográficas que es necio pretender desconocer. Una de éstas es la inexistencia del divortium aquarum entre el río Santiago y el río Zamora y, por ende, el error geográfico tanto en el Protocolo como en el Laudo de Díaz de Aguiar. Esto implica que no haya el límite ni la demarcación en un importante segmento de la frontera; sin embargo, el modus operandi del gobierno y de las Fuerzas Armadas peruanos —algunas veces sólo de éstas— ha sido el de imponer su ‘verdad’ por la fuerza: ‘Yo digo que la frontera es ésta, y es así porque yo, que soy más fuerte, lo digo. Si los ecuatorianos creen lo contrario, que vengan a sacarnos’.”11. Se mantenía una preparación constante. Se hablaba de la guerra como algo inevitable. Luis Hernández lo explica de la manera siguiente: “Me dirigí a todo el Agrupamiento y les dije en pocas palabras que habría guerra y que el tiempo que tuviésemos hasta que ella llegue había que aprovecharlo para poder enfrentar de la mejor manera posible al enemigo que nos ataque”12. Hernández, como buena parte de la oficialidad ecuatoriana, había sido educado en los mejores cursos internacionales de su especialidad, y su Diario está lleno de citas de tratadistas e historiadores de distintos lugares, incluso de poetas, como William Butler Yeats, de quien tomó el epígrafe general de su libro (“La nación que insista en trazar una línea demarcatoria entre el hombre que combate y el hombre que piensa, estará expuesta a que combatan los tontos y piensen los cobardes.”). Esta sería una guerra entre ejércitos; pero también una confrontación entre individuos. El choque conceptual entre los comandantes de uno y otro bando sería tan importante como los enfrentamientos armados.

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LOS COMANDANTES Para comprender las motivaciones políticas y personales que subyacen bajo el conflicto armado de 1995, es indispensable tomar en consideración que, para el 9 de abril de 1995, están convocadas en Perú elecciones generales y que, de acuerdo con las modificaciones constitucionales introducidas ad hoc por el régimen, el presidente en ejercicio, en este caso el ingeniero Alberto Fujimori, podía optar por la reelección. Muchas voces de la oposición política peruana han aceptado, en distintos momentos y en diversos medios de comunicación, que por lo menos algunas de las decisiones adoptadas por las instancias políticas limeñas estuvieron condicionadas por la proximidad de estas elecciones. Es conveniente también recordar que los movimientos insurgentes de Perú, notoriamente Sendero Luminoso, forzaron durante los últimos años una situación de virtual guerra civil, que comprometió no solamente a las instancias policiales peruanas, sino igualmente a buena parte de su Fuerza Armada. De modo que, en el Alto Cenepa, iban a chocar un ejército altamente profesional, constitucionalista y apolítico, como a la sazón era el ecuatoriano, con su similar de Perú, que venía de librar una cruenta lucha interna. Una lucha política. La visión ecuatoriana —por lo menos a la época— ha sido definida en términos inequívocos por sus propios dirigentes. El coronel Alberto Molina Flores lo ha dicho en los siguientes términos: “La existencia de la profesión militar presupone intereses humanos en conflicto y el uso de la violencia para mantener y defender esos intereses” 13, y más adelante afirma que la historia y la composición social de las FF.AA. “han llevado a la conciencia del pueblo ecuatoriano a diferenciar entre democracia y dictadura; entre institución militar republicana y casta militar belicista”14. En contraparte, ya para 1995, el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) del Perú, bajo la dirección del muy poderoso asesor presidencial Vladimiro Montesinos, había adoptado técnicas y estilos de represión que muchos políticos peruanos consideraban al borde o fuera del sistema constitucional. Esta suma de factores influyó fuertemente en la organización del ejército y, aunque se había mantenido como Presidente del Comando Conjunto de las FF.AA. del Perú, por cuatro años, al general Nicolás de Bari Hermoza Ríos —lo que señalaría una estabilidad —, existió una purga de otros altos oficiales a fines de 1994. Uno de estos oficiales retirados del servicio fue el general Walter Ledesma. Sus compañeros de armas lo calificaban como un “oficial brillante”. Ledesma ascendió a general de brigada a los 45 años; y fue comandante de la 9ª División Blindada en Tumbes y jefe de Estado Mayor de la 5ª Región Militar. Reproducimos fragmentos de una extensa entrevista que el general Ledesma concedió a la prestigiosa revista Caretas, bajo el título general El enemigo del Perú se llama Paco Moncayo15. — ¿Cómo reaccionó cuando se enteró por las noticias de la más reciente invasión ecuatoriana? — En 1990 fui el jefe de la Oficina de Información del Ejército, allí tuve acceso a algunos de los escritos y las declaraciones del general ecuatoriano Paco Moncayo, el actual jefe de Estado Mayor General del Ejército ecuatoriano y comandante de las Fuerzas Terrestres en la zona del Alto Cenepa. Estuvimos juntos como agregados militares en 1986 en Israel. — ¿Informó usted a sus superiores sobre la personalidad del general Moncayo y el riesgo que implicaban sus declaraciones? — Sí. Lo hice ante el Estado Mayor General del Ejército. Pero la atención en esos años estaba fundamentalmente orientada a la guerra interna y esta información sólo fue

6 un elemento más de juicio. — ¿Hemos perdido o hemos ganado esta guerra? — Mire, uno de los dos bandos en conflicto ha celebrado pomposamente la victoria. Ese bando lamentablemente ha sido el ecuatoriano, y se ha dado el lujo de hacer alusiones hirientes a nuestra dignidad nacional. — ¿Cuál es su análisis de la estrategia ecuatoriana? — Pienso que Ecuador para llegar a este diseño de guerra prolongada ha desarrollado una estrategia basada en la perseverancia, en la insistencia, trazando un objetivo nacional. Han capacitado a sus cuadros de una manera muy especial. Ese referente, adaptado a las condiciones propias de un país como Ecuador, que viene educando generación tras generación a diferentes núcleos de su sociedad para reclamar lo que ellos llaman sus derechos conculcados por el Perú, es el fundamento de su estrategia militar. — ¿El general Moncayo ha trazado esta estrategia? — Él ha dirigido al equipo que ha trazado la estrategia. — ¿Cómo es Paco Moncayo? Es un general joven, muy carismático, simpático, inteligente y enemigo del Perú. Capaz de lo que ha hecho y de algo más. Se ha preparado para enfrentarse al Perú desde hace tiempo, fue uno de los más jóvenes asesores del general Levoyer, quien negoció con el almirante peruano Dubois en 1981. Conoce todos los instrumentos jurídicos previos al Protocolo de Río de Janeiro y ha estudiado profundamente el Protocolo, es un hombre que alimenta de información y planteamientos a las Fuerzas Armadas ecuatorianas. Él ha dedicado su vida al estudio de la guerra y se ha especializado en los conflictos entre Perú y Ecuador16. Luego del conflicto armado, la prensa peruana estuvo llena de comentarios de esta clase. El penetrante analista Fernando Rospigliosi hacía la siguiente reflexión: “La imagen que Fujimori trata de vender, es que él lo tenía todo previsto y planificado. No sólo eso. Afirma que no cometió errores y que, cuando estalló el conflicto, todo estaba a punto. Si esto fuera cierto, ¿por qué perdimos entonces?”17. Varias semanas antes, ya en febrero de 1995, el mismo Rospigliosi evidenciaba las falacias del régimen Fujimori en un artículo significativamente titulado La peor derrota desde 187918. Aquí algunos fragmentos de ese artículo: “No se conoce exactamente el número de bajas, pero al parecer son mayores del lado peruano. Eso es plausible, pues nuestras fuerzas armadas tuvieron que atacar, desde posiciones desfavorables, instalaciones protegidas con campos minados y fuertemente defendidas. “El Perú perdió 4 aviones: dos Sukhoi, un A-37 y un Canberra, mientras Ecuador sólo admite un A-37 averiado. Perú perdió, comprobadamente, dos helicópteros; podrían ser más y Ecuador, que se sepa, ninguno. “Jamás nuestra Fuerza Aérea había sufrido pérdidas de esa envergadura. “Y todo esto frente a un adversario al que Perú siempre había derrotado cuando se atrevió a agredirnos, y desalojado cuando se infiltró en nuestro territorio, tanto en 1941 como en 1981, para no hablar de lo ocurrido en el siglo pasado. “La batalla propagandística también se perdió, y Ecuador ha logrado que sus tesis sean aceptadas en mucho mayor grado que las peruanas en casi todo el mundo. “El Perú, que aparece ante los ojos del mundo como el agresor, está en una posición crítica. Ahora no se puede sacar a las tropas ecuatorianas de nuestro territorio. Y si se intenta desalojarlas por la fuerza más adelante, la comunidad internacional probablemente reprobará esa acción”.19 La misma revista, citando el documento “Los principios de la guerra”, elaborado por “altos oficiales de las FF.AA.”, cuestionaba toda la conducción militar del conflicto y la

7 subordinación al mando político, y concluía diciendo: “La creación de la 6ª Región Militar es innecesaria y contraproducente y sólo obedece a la necesidad de encubrir la falta de profesionalismo demostrada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en la conducción de las operaciones militares”20. Como se dice en los juicios: “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

LOS PRIMEROS COMBATES La desproporción en capacidad de fuego de los dos bandos era enorme. Ecuador, sumadas todas sus fuerzas, tenía sobre las armas a un total teórico de unos 57,500 hombres, frente a unos 124,000 de Perú. Algo más del doble. También el equipamiento era desproporcionado. Ecuador disponía de unos 253 carros de combate de diferente tipo, frente a unos 1,095 de Perú. 2 submarinos frente a 8. 12 buques de combate frente a 18, que incluían 2 cruceros. Y un total de unos 63 aviones y 78 helicópteros de diferente tipo, para enfrentar a unos 150 aviones y 88 helicópteros peruanos 21. Como es lógico, una diferencia cuantitativa tan considerable obligaba a Ecuador a privilegiar los valores cualitativos, de preparación de personal y tecnología, que a la postre resultaron más eficientes en un teatro de operaciones tan restringido. Para el tema de análisis de este libro, ésta es la consideración fundamental. Si el teatro de operaciones se extendía (pasando del Alto Cenepa a toda la extensión de la frontera, incluyendo Costa y Sierra), las condiciones deberían cambiar radicalmente. Para aquella eventualidad se había elaborado el Plan de Guerra “Soberanía 1”, que preveía la movilización de 42,312 hombres de la reserva, tanto para completar el orgánico de las unidades militares existentes cuanto para la constitución de los nuevos batallones que harían falta22. En otras palabras, si el conflicto se ampliaba, necesitaríamos movilizar y equipar a unos 40,000 hombres de la reserva. Ya volveremos sobre este punto; pero, por ahora, continuemos con el relato de lo ocurrido en la zona del conflicto. En los primeros momentos, las fuerzas ecuatorianas trataron de evitar el choque, adhiriendo a la llamada Cartilla de Comportamiento, elaborada en 1991, con motivo de la situación generada en torno al puesto Pachakútik, precisamente con el fin de impedir escaladas de conflictos. El general Moncayo narra detalladamente este período: “Como se mantenían los contactos a nivel de mando del área, se instruyó al comandante de la brigada, José Grijalva, para que se reúna con el general López Trigoso, se exija suspender las actividades hostiles y le plantee los siguientes asuntos: Continuar aplicando la Cartilla de Comportamiento acordada por los dos ejércitos; mantener el statu quo y dejar que sean las cancillerías las que resuelvan el problema, y que se eviten acciones que puedan originar enfrentamientos armados. “La respuesta del general peruano fue que el Protocolo de Río de Janeiro y el laudo arbitral de Díaz de Aguiar establecían con claridad que esos territorios eran peruanos y que no había nada que discutir. Cuando el 9 de enero fue capturada una patrulla peruana, se aplicó la Cartilla de Comportamiento. Regresaron los soldados peruanos a Soldado Pástor, el destacamento peruano conocido también como Puesto de Vigilancia 1 (PV1). Dos días después, nuevamente fue interceptada otra patrulla, esta vez de 12 hombres, la cual al ser requerida para que se detenga respondió con fuego. Fue repelida y se dispersó, abandonando sus equipos. En la tarde se autorizó y se dio facilidades para que fuerzas peruanas busquen a los soldados dispersos. “Pocos días después pudimos descubrir que todas esas patrullas eran parte de la

8 fuerza mayor que estaba infiltrando el Ejército peruano con el fin de crear destacamentos militares muy cerca de la línea que ellos pretenden imponernos como frontera. “Con el afán de evitar que escale la violencia, el mando ecuatoriano dispuso que se evite toda acción que pudiera interpretarse como provocación. Se ordenó, entre otras cosas, que los helicópteros no sobrevuelen el área. Los mandos peruanos malinterpretaron esa actitud como signo de debilidad y comenzaron a sobrevolar con sus helicópteros sobre nuestro territorio”23. Los diarios del viernes, 13 de enero, llevaron las primeras noticias al gran público. “Incidentes en la frontera sur” titulaba la primera página de El Comercio, y especificaba que “autoridades militares revelaron que en la semana que concluye se produjeron dos incidentes en puestos fronterizos de Ecuador y Perú. Cancillería protestó”. La crónica narraba el encuentro de la tarde del 9 de enero y se refería a que “el miércoles 11, cerca de las 13h00, otra vez una patrulla peruana, conformada de (sic) 10 miembros fue sorprendida en territorio nacional. Al recibir la orden de alto, abrió fuego contra la patrulla ecuatoriana, que también hizo uso de sus armas, sin sufrir bajas”24. En otra nota de la misma edición, el diario citaba un despacho de la agencia EFE, enviado desde Lima, que daba a conocer que “un funcionario de Torre Tagle — (Ministerio peruano de RR.EE.)— informó que esa dependencia no se pronunciará, al menos por ahora y evitó hacer cualquier comentario”25. Era lógico que no lo hiciera. Tiempo después, el hoy coronel Wagner Bravo contaría lo ocurrido: “Ellos atacaron y repelimos. Volvieron a atacar y volvimos a repeler; hasta que echaron a correr. Al momento no había muertos ni heridos, pero se encontraron 11 mochilas peruanas con abastecimientos, palas, botas y bastante munición” 26. El domingo 15 de enero, el Tte. Cnel. Hernández anotó en su diario: “El teniente coronel Luis Aguas me informó que las tropas peruanas desean construir un helipuerto cerca de Cueva de los Tayos, en vista de que ‘existe una reunión con los mandos ecuatorianos’. Indiqué al Tte. Cnel. Aguas que no es verdad tal reunión y que todo es un engaño. Lamentablemente, debido a nuestra posición de no provocar, no aterrizamos con nuestros helicópteros en el helipuerto que tenemos construido en Cueva de los Tayos, lo cual nos hace ceder iniciativa a los peruanos”27. A la noche del mismo día, Hernández comprobaba: “La moral del Grupo de Fuerzas Especiales n.º 26 es muy alta, lo cual demuestra que el Tte. Cnel. Luis Aguas ha realizado un gran trabajo como comandante. Cuando estuve en el Batallón de Selva n.º 63 (comandado por César Aguirre) pude constatar también que la moral en el batallón era buena”28. El primer encuentro cara a cara parece haber tenido lugar el miércoles 18 de enero. Cerca de Cóndor Mirador, en el lugar conocido como Observatorio n.º 2, dos patrullas se encontraron en lo abrupto de la selva. En la narración del Tte. Cnel. Hernández, “el momento en que las patrullas peruanas tomaron contacto con las ecuatorianas, sus miembros, cubriéndose la cabeza con las manos, se lanzaron a los costados de la pica, sin tomar actitud de defensa o de precaución. El capitán Mauricio Silva, comandante de la patrulla ecuatoriana, explicó al comandante peruano que se encontraban en territorio ecuatoriano, ante lo cual los miembros de su patrulla le reclamaron: ¿No ve, mi suboficial? Estamos en territorio ecuatoriano, y usted nos quiere hacer matar de gana”29. Con el laconismo propio de un parte de guerra, el general Moncayo relata: “Casi por casualidad, los pilotos de un helicóptero que realizaba un vuelo de abastecimiento, descubrieron un desbrozo muy cerca de la línea de cumbre que divide las cuencas hidrográficas del río Cenepa y del río Coangos. Se dispuso un reconocimiento y se detectó que estaban desarrollando la infraestructura para instalar un destacamento. Se trataba de una fuerza de alrededor de un centenar de hombres”30. La pasividad frente a este hecho hubiese tenido un costo estratégico muy alto. El 24 de enero se ordenó el desalojo. A las 12:00 el general Moncayo llegó a Gualaquiza. A las 14:00 se dirigió a Tiwintza y Coangos. En este último sitio, Luis Aguas le informó que se proponía reorganizar el

9 dispositivo y salir a efectuar el desalojo de los infiltrados en Base Norte. Moncayo tomó la decisión de encomendar la acción de desalojo al capitán Isaac Ochoa, al mando de Tiwintza. A las 18:30, el mayor Jorge Villegas (Tiwintza) informó que los peruanos habían izado su bandera en el helipuerto de la cabecera del Cenepa. La noticia causó la iracundia lógica, y ni siquiera el general Moncayo, un hombre habitualmente mesurado en sus expresiones, pudo contener las palabrotas. Hernández pensó en enviar a la mañana un helicóptero artillado para lanzar rockets sobre el sitio; pero reconsideró, pues se perdería el efecto sorpresa en la operación terrestre. La guerra era ya irreversible. En Quito, al filo de la medianoche, el Consejo de Seguridad Nacional hizo llegar a la prensa un comunicado que informaba de los incidentes del 9 y el 11 de enero, y daba cuenta de que “el señor Presidente de la República convocó ayer (23) en la mañana a los embajadores de los países garantes del Protocolo de Río, para darles a conocer oficialmente lo sucedido y solicitarles la cooperación de sus respectivos gobiernos para lograr una solución de esos problemas”31. Era un gesto importante que Ecuador hablara de países garantes del Protocolo de Río y no se refiriera a ellos simplemente como “países amigos”, como había sido la tradición ecuatoriana para evitar la mención del Protocolo, que Velasco Ibarra proclamara nulo desde 1960. Un significativo cambio, que evidenciaba una voluntad de arreglo pacífico. Un gesto que no tuvo respuesta. El miércoles 25 de enero transcurrió en medio de la tensión imaginable, a la espera de las comunicaciones del capitán Ochoa, quien guardaba silencio de radio a medida que se aproximaba a las posiciones de la infiltración peruana. A las 16:30, Aguas comunica que aún no tiene información de Ochoa, pero que estima que estará muy cerca del objetivo. Jueves 26 de enero. A las 07:00, Hernández llama a Luis Aguas. “— Sol, Sol (Tte. Cnel. Luis Aguas)… Aquí Zulú. Aquí Zulú (Tte. Cnel. Luis Hernández), cambio… Sol, no te copié. Tu señal es cero. A ver si me repites. Cambio. — Aquí Sol, Zulú. Aquí Sol… Los que están al Norte (Ochoa y sus 50 hombres) están a 400 metros del punto. Cambio. — ¿Han encontrado el lugar donde se pone la Diana? (donde se posa el helicóptero) — Ya te indiqué… A 400 metros del punto. Cambio. — Afirmativo. Afirmativo, Sol. Nos mantenemos en QAP (a la escucha). Estamos con ustedes. Terminado”32. No fue sino a las 18:00 cuando Sol llamó a Zulú para anunciarle que había comenzado la toma de Base Norte. El ataque se había iniciado con fuego de morteros. En realidad, la operación había arrancado a las 17:55, y fue tan intenso y exitoso el ataque que 20 minutos después todo había concluido. A la noche se interceptó una comunicación peruana que ya daba cuenta de los hechos. El relato del subteniente Fredy Jaramillo Vinueza cuenta los detalles de las incidencias de este primer combate… “Partimos la noche del 24 de enero con dirección a la naciente del río Cenepa. Teníamos que desplazarnos por la línea de cumbre para no ser emboscados y porque el ruido del río no nos permitiría escuchar algún sonido del enemigo. Nos tardamos cerca de dos días. Llevábamos bastante munición; pero apenas dos raciones americanas de comida, porque la misión era golpear y salir, para luego ubicarnos en posiciones al estilo guerra de guerrillas. Cuando avanzábamos escuchamos unos machetazos. Subimos a unos árboles, y observamos que el enemigo estaba ubicado justo en medio de dos quebradas, a unos 20 ó 30 metros… A la señal de una bengala verde se abrió la mayor potencia de fuego, durante 15 ó 20 minutos. El enemigo respondió con granadas de morteros… Finalmente se dispersaron: cada uno por su lado. A la noche realizamos una infiltración. No había nadie. Sólo encontramos 3 muertos. Uno de ellos era el oficial”33.

10 La Guerra del Cenepa había comenzado. LA LUCHA ABIERTA A partir del 26 de enero, fecha que señala el inicio de las hostilidades, los acontecimientos se precipitan. De las acciones de los días anteriores habían quedado en claro dos estrategias distintas: Militarmente, Ecuador asumía una postura defensiva; pero, como lo evidenciaba el desalojo del helipuerto de Base Norte, no estaba dispuesto a retirarse de sus posiciones históricas; diplomáticamente, estaba presto a la negociación (incluso aceptando la vigencia del Protocolo de Río) y solicitaba la intervención de los países garantes; en el terreno de la comunicación, se evidenciaba una clara articulación de centros oficiales y medios privados de prensa, sobre la base de garantizar un flujo informativo veraz y oportuno; muy pronto se pondría de manifiesto un manejo de la crisis absolutamente alejado de la política interna. El caso peruano parecía exactamente contrario. Como resultado de la ardorosa campaña electoral en curso, la politización era generalizada en Perú y, como se desprende de la entrevista con el general Ledesma, ella incluía a las Fuerzas Armadas; la Cancillería peruana, habitualmente considerada entre las mejores de América, corría la misma suerte; la información, como hemos visto, carecía completamente de credibilidad. Las afirmaciones de Ledesma, de que su bando enfrentaba este conflicto con las mismas características de 1981, era un hecho. Un hecho que pronto se evidenciaría fatal. El mismo día 27 se desplegaron acciones en varios frentes. En el terreno militar, a las 06:00 Aguas informó a Hernández que se había iniciado el fuego en Cueva de los Tayos. Llovía torrencialmente. A las 16:00, los combates continuaban. En su diario, Hernández registra las primeras dos bajas de guerra ecuatorianas: los soldados Vicente Arnulfo Rosero Palacios y Ángel Olivo Rivera Suárez. A las 16:45 se considera la utilización de aviones. En capacidad operativa inmediata hay 2 aparatos A-37 en Macas y 4 en la base de Taura. El coronel José Grijalva pide autorización a Quito para el empleo de la aviación y Quito niega el permiso. Todavía se estima que el conflicto puede mantenerse a bajo nivel. A las 19:15 llega Paco Moncayo y refrenda la negativa para el empleo de la aviación. Autoriza el empleo de un lanzador ruso de cohetes conocido como BM-21. En el frente diplomático, la Cancillería ecuatoriana rechazó en su integridad un comunicado de Torre Tagle que acusaba a Ecuador de haber atacado con helicópteros un puesto de vigilancia en la zona del Coango-Cenepa. Será sólo más tarde cuando Perú reconocerá que fue el ingreso de una patrulla peruana el elemento detonante de las acciones del 26 de enero34. En el frente informativo, a las 11:00 del 27 de enero se realiza la primera reunión del Consejo Nacional de Comunicación Social. Asisten: SENACOM (Secretaría Nacional de Comunicación Social), los presidentes de AER (Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión), AEDEP (Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos) y AECTV (Asociación Ecuatoriana de Canales de Televisión), el jefe de Relaciones Públicas de Cancillería y un representante de la Asociación de Corresponsales Extranjeros, el director de CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo de América Latina) y el Cnel. Alberto Molina, director de Relaciones Públicas y Protocolo del Ministerio de Defensa. Preside la reunión el general José Villamil. Este Consejo Nacional será el encargado de difundir la información oficial y coordinar todas las acciones de prensa. Es digno de destacar que, desde el primer momento, surge una amplia y fraterna colaboración entre las instancias públicas y los medios privados de comunicación. Es la

11 garantía de la veracidad. El representante de los corresponsales de la prensa extranjera resalta que se lo haya invitado a formar parte de este equipo central. Los primeros datos enviados al exterior resaltan la voluntad ecuatoriana de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Todos los frentes de lucha están de pie. CRONOLOGÍA RESUMIDA Por razones diversas, meteorológicas entre otras, el 28 de enero las operaciones fueron de baja intensidad. Sin embargo, en el Boletín de Información (En lo ulterior, BI) 05, emitido a las 18:00 se informa que a las 12:15 un avión caza peruano se infiltró unas 9 millas en territorio ecuatoriano. El aparato fue interceptado por la FAE (es decir, se lo registró en los radares), “ante cuya presencia huyó a su territorio” 35. A la mañana se reportó que un helicóptero peruano fue averiado sobre Tiwintza36. “El 29 de enero, fecha aniversaria de la suscripción del nefasto Protocolo de Río de Janeiro, fueron atacados los destacamentos de Coangos, Teniente Ortiz, Etza y las posiciones organizadas entre La Y y la Cueva de los Tayos. Los ataques fueron repelidos, fueron derribados dos helicópteros enemigos y las bajas ecuatorianas se incrementaron a cinco muertos, cuatro heridos y dos desaparecidos”.37 El entonces teniente Hernán Cáceres —luego condecorado con la Cruz al Mérito de Guerra— estaba en el sector de La Y, frente a Cueva de los Tayos, armado con un lanzamisiles ruso conocido como IGLA, y recuerda lo sucedido… “Aproximadamente a las 13:00 nos llamaron por teléfono de campaña desde el observatorio ubicado en Cóndor Mirador; nos indicaron que helicópteros peruanos se dirigían a nuestro sector… Alrededor de las 13:30 se escucharon estruendos en el sector de Base Sur, que estaba siendo bombardeada en ese momento. Coloqué el misil en mi hombro y estuve listo — prácticamente inmóvil—, pendiente de que la nave enemiga se aproximara. Un observador, encaramado en un árbol, me dijo ‘Ya viene por ahí’… Pude ver la panza del helicóptero, que empezaba a cruzar amenazante frente a mi campo de visión… Respiré profundamente, accioné el mecanismo de disparo, encendí el misil y apunté. De pronto, la angustia: el helicóptero se oculta tras un tronco de árbol que se encontraba al frente de nuestra posición… Desactivé la fuente de alimentación, nuevamente volví a activarla y, en cuestión de segundos, disparé el misil, que tiene seguimiento calorífero… Perdí de vista al helicóptero, pero pude ver, a través de la espesura, un perfil de fuego. No fue como en las películas, con grandes destellos: sólo el fuego y, más tarde, el humo del helicóptero, que prácticamente se desintegró. En ese momento, lo único que se me ocurrió gritar fue ‘¡Tigre! ¡Selva!’… Las palabras que se me habían grabado en el curso de selva”38. En realidad, este día (domingo) vio el primero de los ataques masivos del ejército peruano. A las 10:00, 5 helicópteros atacaron Etza, mientras una patrulla presionaba sobre Cueva de los Tayos; en el destacamento Tte. Ortiz se registraron al menos 7 bajas peruanas y un ecuatoriano herido. Un helicóptero peruano fue derribado. En el Boletín de Información de las 16:00 se da cuenta de la muerte del soldado Héctor Pilco. Fue el primer contra-ataque de la aviación del ejército ecuatoriano, que bombardeó el destacamento Pachakútik, que no fue desalojado por Perú, pese al “Pacto de Caballeros” de 199139. Era evidente que la resistencia ecuatoriana tomó por sorpresa al enemigo. Recién el 1 de febrero (miércoles) reiniciaron sus ataques en diversos frentes y, al intentar penetrar hasta Machinaza, las fuerzas peruanas cayeron en un campo minado, con bajas indeterminadas40. El jueves 2 se mantuvieron los ataques, con resultados similares. “El día 3 de febrero volvieron a atacar Base Sur e infiltraron nuevas fuerzas hacia el

12 Norte, que fueron interceptadas en la confluencia del río Tiwintza con el río Cenepa. Se emplearon los helicópteros en misiones de ataque en apoyo de las operaciones terrestres. Nuestras bajas acumuladas sumaban 10 muertos y 17 heridos. Las peruanas, alrededor de un centenar”41. EL FRENTE DIPLOMÁTICO… MEDIO SIGLO DESPUÉS Una nefasta pseudo-tradición se había asentado en Ecuador desde los años cuarenta: que poco importarían las acciones militares fronterizas, pues la “anquilosada” diplomacia ecuatoriana perdería en la mesa de las negociaciones todo lo que se hubiese conquistado en el campo del honor. Era una visión simplista de lo ocurrido en Río de Janeiro en enero de 1942, que concluyó con el infame “Protocolo de paz, amistad y límites”. La actuación del Canciller ecuatoriano de aquel entonces, Dr. Julio Tobar Donoso, había sido calificada en tonos extremadamente duros por la opinión pública, y el cauto silencio posterior del doctor Tobar había contribuido a aquella simplificación. Con posterioridad, luego de la “Revolución” del 28 de mayo de 1944, incluso se llegó a proponer que los miembros de nuestra delegación fueran declarados “traidores a la Patria”. No es ésta la ocasión para referirse detalladamente a la tragedia de 1941/42; pero sí conviene al menos resaltar las palabras que pronunció entonces el Canciller brasileño Aranha, quien le dijo al doctor Tobar que la firma del Protocolo “era la última oportunidad que nos quedaba para la salvación del Ecuador, evitando que Perú avanzase en su invasión”42. No fue sólo eso. Cada uno de los mediadores presionó a los ecuatorianos a suscribir el convenio pues, de no hacerlo, “tenían certeza de que Perú ocuparía Guayaquil”43. Tobar Donoso narra con alta y comprensible emotividad aquellos momentos: “Consciente de lo que la gravedad del instante exigía de mi, me desplomé, abrumado de dolor, en uno de los sillones del gran salón donde se inmortalizó Rio Branco. La parte física de mi ser se negaba ya a sostener, después de tantos días de inaudita tribulación, mi conturbado espíritu, hecho pedazos por el flujo y reflujo de ideas y sentimientos contrapuestos. Por mi fantasía, aguzada —como dice que sucede en la agonía—, pasaban imágenes sagradas que, con la voz inefable de lo eterno, parecían hablarme de la incolumidad de los derechos de la Patria… me clamaban que no consintiera en el detrimento de los intereses tradicionales de la nacionalidad… Mas, cuando el sentimiento y la imaginación iban a prorrumpir en gesto indignado, el non possumus, la reflexión rígida, amarga y fría, me constreñía a contraria actitud. La cruda realidad me presentaba al país inválido y hollado por el agresor, en peligro de que se extendiera, de un momento a otro, la ocupación… y de que la Patria misma se desintegrara y, tal vez, desapareciese. ¿No estaba aún vibrando, con la intensidad del rayo, la frase admonitoria del señor Aranha: Es la última oportunidad…”44. Casi 40 años más tarde, la experiencia de 1981 (Paquisha) no sólo había servido a nuestros soldados, que extrajeron de ella enormes aprendizajes, sino que esa misma visión se había transmitido a nuestros diplomáticos profesionales. Uno de los más destacados diplomáticos del país, el Dr. Horacio Sevilla, nos lo confirmó así en una extensa entrevista personal: “— ¿Cómo valorarías la diferencia que tuvimos en el ámbito diplomático entre el conflicto del año 1981 y el conflicto 1994-1995? — El conflicto del año 1981 nos tomó de sorpresa. Nosotros no creíamos, en esa época, que con el desarrollo de la vida internacional, con el desarrollo de las instituciones internacionales, iba a ser posible una agresión. Lo teníamos casi como una hipótesis no

13 realizable, y nos equivocamos totalmente. Estos organismos no tenían la fuerza que nosotros creímos para evitar una agresión —para hacer imposible una agresión en nuestra región—, y nos tomó totalmente de sorpresa, no sé si a las FF.AA. igualmente. No estuvimos preparados ni militar, ni diplomática, ni internamente para hacer frente a una sorpresa como la que tuvimos en 1981. En el caso del ‘95 fue distinto, ya esa hipótesis existía, sabíamos que podía darse aquello y estuvimos en todos los campos mejor preparados. “Nosotros, yo en este caso, formo parte de una generación que ingresó al Servicio Exterior ecuatoriano luego de los años 60, cuando el Presidente de la República de ese entonces (Velasco Ibarra) proclamó la Nulidad del Protocolo de Río de Janeiro. Ingresamos a la Cancillería fundamentalmente con la misión y con el destino histórico que creíamos de cooperar con el Gobierno Nacional, con las FF.AA., para que se haga justicia al Ecuador en el campo internacional. Nos dolía profundamente lo que había sucedido con el Ecuador en años anteriores, en el curso de toda su historia limítrofe con el Perú, desde el nacimiento como nación independiente, y veíamos angustiados cómo, cada ocasión que teníamos un conflicto con el Perú, perdíamos y retrocedíamos. Había pérdidas en el campo militar, sobre todo pérdidas en el campo diplomático y nosotros creíamos que eso no podía seguir adelante y por lo tanto nos preparamos —la generación— con una conciencia de que teníamos que contribuir definitivamente a una solución final para este problema. Pero en esa época, creíamos que la solución podía venir a través de negociaciones de carácter jurídico, enmarcadas dentro del derecho internacional. Creíamos que era el Derecho, es decir, las instituciones jurídicas internacionales las que nos iban a resolver el problema, así se trabajó siempre y así fue la estrategia nuestra desde 1942 en adelante. Distintas tesis jurídicas, siempre creyendo que era el Derecho el que nos iba a ayudar”45. En enero de 1995, era Canciller ecuatoriano el Dr. Galo Leoro Franco, quien había nombrado, con fecha 5 de enero, Secretario General de la Cancillería (Vicecanciller) al Emb. Marcelo Fernández de Córdoba, a quien le correspondería jugar un papel destacado en los primeros momentos. La gestión de Cancillería comenzó, en realidad, antes que la lucha armada. A fines de diciembre de 1994, la Cancillería ecuatoriana trató de contactarse con Torre Tagle por el ya relatado incidente del coronel Lazarte46, pero sin lograr respuesta. Luego de los incidentes del 9 y 11 de enero, la Cancillería peruana no recibió al embajador ecuatoriano en Lima, Gustavo Ruales, sino a las 18:00 del día 12, y no aceptó la nota ecuatoriana47. En rueda de prensa, el Canciller de Perú, Efraín Goldenberg, comunicó que había entregado una nota de protesta al embajador ecuatoriano, por la que llamó una violación del territorio peruano48. El 23 de enero, los cancilleres Leoro y Goldenberg se reunieron en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en el marco del Consejo Andino, y allí el ministro peruano, luego de expresar que su gobierno tenía gran disposición para alcanzar un acuerdo pacífico y satisfactorio, consideró que el tema era de carácter técnico y que retornaría a Lima para tratarlo allí49. Era una medida dilatoria. Como hemos visto en el relato de las acciones militares, para el 23 de enero las tropas peruanas se habían infiltrado hacia las cabeceras del Cenepa y el helipuerto de Base Norte estaba prácticamente concluido. Cuando el Canciller Leoro se comunicó telefónicamente desde Quito, Goldenberg reconoció que las gestiones realizadas no dieron resultado alguno50. Ese mismo día, 23 de enero, marcó un hito histórico. Como ya se ha mencionado, Ecuador —por su tesis de la nulidad del Protocolo de 1942— evitaba llamar “países garantes” a quienes figuraban como tales en el Protocolo, y se recurría al tecnicismo de denominarlos “países amigos”. No obstante, cuando el presidente Durán-Ballén invitó a

14 concurrir a su despacho a los embajadores de Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos, lo hizo llamándolos representantes de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro. Al día siguiente, Sixto Durán-Ballén reconoció públicamente la vigencia del Protocolo, aunque cuestionando su validez y, por los vicios con que fue suscrito, su condición de anulable y su carácter de inejecutabilidad por el error geográfico que contiene51. Se trataba de un cambio gigantesco en la posición ecuatoriana, y una inequívoca señal de buena voluntad, que le acarrearía al presidente muy serias críticas al interior del país. Pero el gesto no pasó desapercibido en el ámbito internacional. A solicitud del embajador ecuatoriano en Brasilia, César Valdivieso, el Canciller brasileño, Luiz Felipe Lampreia, convocó a su despacho a los embajadores de los países garantes y, en un breve comunicado de cuatro párrafos, reiteraron el ofrecimiento de su cooperación y su satisfacción al ver que Ecuador y Perú privilegiaban la vía de la solución pacífica. El lenguaje diplomático está concebido como signos llenos de detalles, y que este comunicado incluyera la expresión “Países Garantes” en todos y cada uno de sus lacónicos cuatro párrafos era expresión clara del beneplácito con que habían recibido el cambio de actitud de Ecuador52. Era o demasiado pronto o demasiado tarde para este beneplácito. Dos días más tarde, el viernes, 27 de enero, ellos mismos debían deplorar la agravación de las tensiones que se había registrado en las últimas horas53. Los Garantes iniciaron rápidamente su gestión, con sistemas creativos y complejos, que fueron prontamente calificados por la prensa como 1+1 (cuando eran negociaciones directas entre Ecuador y Perú); 4+2, ó 2+4 (cuando incluían a los Garantes y a los países directamente involucrados) e incluso 1+4 ó 4+1 (cuando se trataba de sólo una de las partes más los Garantes). El 30 de enero, en Quito, tuvo lugar el primer sistema 1+4, pues Ecuador, en un Comunicado suscrito igualmente por los cuatro embajadores, aceptaba “convenir con el Perú, por intermedio del señor Viceministro, encargado de la cartera de Relaciones Exteriores del Brasil, embajador Sebastiao do Rego Barros, en que el cese de fuego y de toda actividad, militar o no militar, que pueda ser interpretada como amenaza o provocación, se lo declare a las 08:00, hora de Quito, del 31 de enero de 1995, debiendo hacerse efectivo a las 12:00 del mismo día”54. Los mismos 1+4 acordaban reunirse con el vicecanciller ecuatoriano el 31 de enero en Río de Janeiro. Aquí debemos llamar la atención sobre un hecho obvio. La capital de Brasil es la ciudad de Brasilia, y cualquier negociación formal debía tener lugar en esa sede. Trasladar la reunión a Río, antigua capital de la nación, era recordar el fatídico Protocolo de 1942. Era, evidentemente, un intento por reproducir la humillación a la que Adolf Hitler sometió a los franceses en 1940, al obligarlos a suscribir su virtual rendición en la segunda guerra mundial en el mismo vagón de ferrocarril donde habían firmado el armisticio de la primera guerra, en noviembre de 1918. Aquel acto simbólico gravitó seriamente sobre la capacidad ulterior de lucha del pueblo francés. Uno de los integrantes de la delegación ecuatoriana era el embajador Alfredo Luna Tobar, especialista en temas de soberanía y derechos territoriales; pero sobrino de Julio Tobar Donoso, el Canciller de 1942. Fernández de Córdoba recuerda exactamente aquella situación: “Alfredo Luna Tobar, que usualmente es callado e introvertido, casi palideciendo nos dijo ‘En este salón, mi tío Julio tomó la decisión, obligado por las circunstancias y para evitar mayores males al Ecuador, de suscribir el Protocolo… Es un mal presagio para esta Delegación que se repita la historia en el mismo lugar en que, en aras de una falsa unidad continental, se le impuso a Ecuador un inmenso sacrificio’. Alfredo —le dije—, esta vez no va a ocurrir lo de 1942: el Ecuador de hoy es diferente al de aquella época…

15 No ocurrirá lo mismo”55. Y no ocurrió. Cuando inesperadamente Perú no estuvo presente en la reunión de Río, se informó a la delegación ecuatoriana que “había ocurrido un malentendido”, y que Perú “añadía nuevas exigencias”, las cosas comenzaron a aclararse. Para Fernández de Córdoba, “estaba claro que Brasil había sido engañado por Perú”56. En Río había tenido lugar otra reunión 1+4 (esta vez sin Ecuador) y, cuando llegaron, a los ecuatorianos se les presentó un documento diferente al acordado en Quito, en la reunión de Leoro con los embajadores. El acuerdo, que los Garantes estimaban equilibrado y beneficioso para las dos partes, contenía el compromiso de cese de fuego, pero incluía el repliegue de las tropas ecuatorianas unos 8 km, con el pretexto de la creación de una zona desmilitarizada. Las fuerzas peruanas permanecerían en el lugar en que se hallaban57. Fue en este momento, como en varios otros de los largos meses de negociación que se acababan de iniciar, cuando se puso de manifiesto el aprendizaje que habíamos adquirido desde 1981. Entonces también se establecieron posiciones geográficas precisas para Ecuador en la Cordillera del Cóndor, pero no para las tropas peruanas. Y también entonces el retiro debía anteceder al cese de fuego. Y era también un recordatorio de lo ocurrido 54 años antes. Entonces, el 26 de julio de 1941 (luego de la valerosa defensa marítima realizada por el pequeño cañonero Abdón Calderón frente al muy superior destructor peruano Almirante Villar), los peruanos aceptaron de palabra el cese de hostilidades y la separación de las fuerzas militares, escrupulosamente cumplido por Ecuador y arteramente violado por Perú, que lanzó una ofensiva generalizada a partir del 28 de julio, ocupando la provincia de El Oro, generando una situación militar que luego resultó imposible de revertir. Pero las lecciones de la Historia no se olvidan. Ahora, en enero de 1995, la delegación ecuatoriana se reunió a solas unos momentos: — Esto no es lo que se acordó en Quito —dijo César Valdivieso, nuestro embajador en Brasilia. — Por supuesto que no —dijo Fernández de Córdoba—. ¿Qué hacemos? Alguien sugirió que consultaran a Quito. Fernández de Córdoba se rehusó. Si consultaba, aquello sería interpretado como una falta de autoridad del comisionado y una falta de confianza en él. Sus facultades se verían muy seriamente limitadas. Era el equivalente diplomático de las infiltraciones en el Cenepa. — Voy a rechazar el proyecto por ser contrario a los intereses del Ecuador —dijo finalmente el Vicecanciller—. Mi rechazo hará que la negociación sea larga y difícil, pero no tengo otra salida. Muchos ecuatorianos y peruanos van a sufrir las consecuencias de este conflicto. Dios quiera que podamos terminarlo prontamente58. La batalla diplomática había comenzado. LA SITUACIÓN AL 1 DE FEBRERO DE 1995 Hagamos un resumen. Perú tiene sobre las armas un total aproximado de 124,000 hombres y una indiscutible superioridad en el aire y en el mar. Tiene, además, una larga historia de enfrentamientos con Ecuador, los que se han resuelto, desde 1829, aproximadamente del mismo modo: generalizar el conflicto, para que su ventaja cuantitativa sea más pronunciada. Su gobierno está empeñado en una ardorosa campaña electoral y tiene un objetivo histórico concreto, que se resume en cuatro puntos esenciales que, de realizarse, garantizaría la victoria electoral de Fujimori. El analista peruano Umberto Jara los ha definido de modo

16 preciso, hablando de “las cuatro victorias de su gobierno”: 1.– La derrota de Sendero Luminoso; 2.– La recomposición de la economía del país, remontando la hiperinflación; 3.– La resolución del antiguo conflicto bélico con el Ecuador; y 4.– La derrota del otro grupo terrorista, el MRTA”59. En el otro extremo, Ecuador sólo tiene 57,500 hombres (algo menos de la mitad que Perú) y está resistiendo heroica y exitosamente en el Cenepa, debido a que el teatro de operaciones militares está limitado a esa región, donde los valores cualitativos de capacidad y preparación de sus soldados le otorgan una cierta ventaja. Ahora, cuando Perú ha comenzado a utilizar su viejo recurso de dar dilatorias a los acuerdos diplomáticos, los mandos ecuatorianos piensan que Perú debe estar preparando un ataque generalizado (quizá en la región de El Oro) donde su aplastante superioridad en hombres y blindados (253 carros de diferente tipo, frente a unos 1,095 de Perú) haría poco menos que imposible la contención del enemigo. Como hemos visto, el Plan de Guerra “Soberanía 1” tenía prevista la incorporación de 42,312 hombres de la reserva, lo que elevaría el total a poco menos de 100,000; todavía bastante menos que su enemigo; pero en una proporción más manejable. Movilizar a esa reserva, que ya había comenzado a presentarse como voluntaria; pero sobre todo estar en condiciones de armarla era una prioridad inexcusable. Sin exagerar: una cuestión de vida o muerte. Uno puede imaginarse el diálogo que José Gallardo, Ministro de Defensa, habrá mantenido en la “Sala de Guerra”. — Mi general —le habrán dicho—, ya no podemos recibir a más voluntarios, de aquellos que se presentan espontáneamente en los cuarteles a ofrecer su contingente para defender a la Patria. No tenemos armas para ellos. Gallardo lo sabe. Sabe bien que, para no pesar excesivamente sobre el presupuesto nacional, las Fuerzas Armadas ecuatorianas no mantienen un stock de armamento de reserva. Hay que adquirir esas armas. La cuestión es ¿dónde? Es vieja tradición panamericana que se decrete un embargo de armas (es decir, la prohibición de vender equipo militar) para los países que están en conflicto. Pero lo que está en juego es la supervivencia misma de la nación. Hay que conseguir esas armas. Donde sea y como sea. Aunque aquello nos coloque en situación de tratar con la más sucia de todas las mafias: la de traficantes de armas.

LOS TRAFICANTES

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Lasciate ogni speranza voi ch’entrate. Divina Comedia, Inferno 3:09

18 de julio de 1981. Frontera turco-soviética. Últimas horas del día. El piloto argentino Héctor Cordero, al mando del avión carguero “Canadair LV-JTN”, sólo se dio cuenta de que había cometido un error de navegación cuando vio las siluetas de varios aviones Mig de la Fuerza Aérea Soviética que se le aproximaban en formación de combate. Alcanzó a distinguir el destello de los misiles que disparaban contra él cuando ya era tarde para intentar eludirlos. Fue lo último que vio. Unos segundos más tarde estaba muerto, y su destrozado avión había caído a unos 50 km del aeropuerto de Ereván, entonces capital de la República Socialista Soviética de Armenia. Fue sólo un par de semanas más tarde, el 3 de agosto de 1981, cuando el embajador argentino en la URSS, Leopoldo Bravo, pudo llegar hasta el lugar de los hechos e informar a Buenos Aires que allí pudo observar los restos del avión, calcinados por el fuego, en un círculo de 50 metros de diámetro, y que pudo identificarlos porque se conservó un trozo del aparato pintado con los colores de la bandera argentina. Nada más. Ni matrícula ni nombre de la empresa. Ni caja negra. Algo después, en la morgue de Ereván, el embajador Bravo recibió los restos carbonizados del piloto Cordero, el primer oficial Hermete Boasso y el mecánico de vuelo José Burgueño. En su reporte a la Cancillería argentina, el embajador Bravo informaba que la embajada británica en Moscú se había interesado por un misterioso cuarto tripulante, quien se habría llamado Alan McCaferty. Pocos días más tarde, un socio suizo de McCaferty informó al Sunday Times londinense que el avión de matrícula argentina transportaba clandestinamente repuestos de tanques norteamericanos que se enviaban desde Israel, pasando por Chipre y sobrevolando Turquía, con destino final en Teherán, la capital de Irán, que se hallaba en guerra con Irak desde hacía varios años. Por aquellos tiempos, Estados Unidos apoyaba a Irak contra el Irán gobernado por el Ayatolá Khomeini, quien retenía a varios rehenes norteamericanos, y había decretado un estricto embargo de armas hacia Irán. Para Irán el problema era muy grave, pues su armamento era de fabricación estadounidense y ahora no podía adquirir piezas de repuesto o municiones. Israel, habitualmente aliado de los EE.UU., apoyaba a Irán contra Sadam Hussein, pero no podía abastecer directamente a Khomeini por temor a las represalias norteamericanas. Para el transporte de las armas se había reclutado a la empresa privada argentina Transporte Aéreo Rioplatense, en la que trabajaban Cordero, Boasso y Burgueño. El “desaparecido” McCaferty se había incluido en el fatídico vuelo como auditor de una empresa británica que había contratado la intermediación del negocio. El “incidente” no trascendió, pues a ninguna de las partes involucradas le convenía un escándalo, y no es más que uno de los centenares de episodios de la más secreta de las guerras, y de la muy compleja urdimbre de naciones e intereses privados del “negocio” del tráfico de armas, que se desarrolla a escala mundial y que muchos estiman que puede ser incluso más rentable que el tráfico de drogas.

18 ¿QUIÉNES? ¿CUÁNDO? ¿DÓNDE? Y, SOBRE TODO, ¿CUÁNTO? Penetrar en el mundo del tráfico ilegal de armas es algo así como descender a los infiernos. Por supuesto que hay que diferenciar entre las negociaciones legales, que casi siempre tienen lugar de Estado a Estado, y las actividades clandestinas de una cadena interminable de intermediarios, que cambian de razón social, de representantes, e incluso de nacionalidad con una pasmosa celeridad y sin que existan barreras o límites para su codicia. El periodista argentino Daniel Santoro, que ha ganado varios premios internacionales con investigaciones sobre este tráfico, afirma que “la mayoría de las sociedades anónimas que intervienen en este tipo de negociaciones no son compañías constituidas realmente, sino ‘empresas de papel’ que se usan para una transacción y que luego se abandonan”61. Pero, si todo el negocio está fuera de la ley, ¿cómo se juzgan estos casos, y qué penalidad puede amenazar a quienes incumplen lo acordado? La realidad parece darle también la razón a Santoro en una conclusión dramática a la que llega luego de investigar decenas de casos en el mundo entero: “los incumplimientos de un contrato en el código de los traficantes de armas se pagan con sangre”, dice62. Y así suele ocurrir. En el negocio de la venta de los fusiles y la munición argentina a Ecuador, por ejemplo —un acuerdo que, como veremos, fue considerado “chiquito” por los traficantes—, en la Argentina, en el desarrollo de las investigaciones, van ya algo más de 15 muertos en circunstancias extremadamente sospechosas. Varios aspectos contribuyen a la relativa impunidad de los traficantes de armas: 1.– Los montos de los contratos de armas suelen ser tan elevados (recuerde usted que un acuerdo de 7.3 millones de dólares era estimado “chiquito”) que el dinero sucio que puede “repartirse” entre los involucrados suele alcanzar varios millones y que, en consecuencia, hay un margen muy grande para la seducción corrupta; 2.– Por su naturaleza, estos convenios involucran habitualmente al menos a un Estado (y con harta frecuencia a dos o más) y, por lo tanto, cuentan con los poderosos mecanismos de encubrimiento que permite el manejo del poder político; 3.– La mayor parte de los arreglos son de carácter secreto y, en consecuencia, lejos de los mecanismos de investigación, incluso de una prensa libre; 4.– Habitualmente los negocios deben realizarse en brevísimo tiempo, lo cual suele excusar a las negociaciones de los sistemas de control o auditoría que priman para otro tipo de transacciones; 5.– Por cuanto la materia —al tratarse de armas— es siempre de carácter militar, las excusas para mantener el secreto se multiplican e incluyen argumentos tan sólidos y nobles como “la seguridad nacional”, “el estado de emergencia” u otros similares; 6.– Por la naturaleza internacional de sus negocios, los traficantes de armas suelen disponer de varias “empresas de papel” en distintos países del mundo, lo cual complica la investigación que podría descubrirlos. Y hay más, mucho más, como el lector lo podrá comprobar en las páginas siguientes. PARA MUESTRA… BASTA UN BOTÓN El 3 de junio de 1992, el conocido juez español don Baltasar Garzón ordenó la detención del súbdito sirio Monzer Al Kassar, quien fue apresado en el aeropuerto de Madrid portando una maleta con 500,000 dólares en billetes de banco. Las acusaciones iban desde negocios “chiquitos” (8,050 pistolas ametralladoras FMK-3) hasta contratos por 120 tanques medianos o un convenio con Croacia por unas 6,500 toneladas de armas de distinto tipo y por montos de centenares de millones de dólares. Pero Garzón estaba interesado sobre todo en la vinculación de Al Kassar con el

19 abastecimiento de armas a los palestinos que habían secuestrado (octubre ‘85) el crucero Achille Lauro (aquel desde cuya borda se arrojó al mar a un rehén inválido, con silla de ruedas y todo) y por la acusación que pesaba sobre él de dos asesinatos en Viena. Pero no se crea que Al Kassar había abastecido a los irregulares palestinos por adhesión ideológica o nacional con los musulmanes, pues si bien le había vendido armas a Bosnia (musulmana) durante la guerra civil Yugoslava, también había comerciado con la católica Croacia, que “muy cristianamente” empleaba esas armas para matar a los bosnios. Al Kassar era un figura bien conocida en los medios subterráneos del tráfico de armas, y había llegado al lucrativo negocio luego de una larga “carrera” ascendente de ilícitos, desde que se inició robando automóviles de lujo en Siria y vendiendo hachís: — 1975. Una corte inglesa de Knightsbridge lo había condenado por tráfico de marihuana; — 1977. El tribunal penal central de Londres lo condenó a 30 meses de prisión por tráfico de drogas; — 1980. La justicia de Trieste (Italia) lo juzgó por narcotráfico; — 1984. Estados Unidos le suspendió la visa y no pudo recoger personalmente 4 aviones Learjet, debido a una advertencia de la DEA (Drug Enforcement Administration) que lo vinculaba con el conocido caso Irán-Contras, que consistió en el abastecimiento a Irán de armas norteamericanas para obtener recursos para financiar a los “contras” nicaragüenses que combatían al gobierno sandinista de su país; — 1988. La justicia alemana lo detuvo por ingreso ilícito al país y 3 años más tarde volvió a detenerlo cuando arribó a Frankfurt procedente de Beirut. Lo anterior no es más que una parte del curriculum de Al Kassar a quien, dicho sea de paso, el incorruptible Baltasar Garzón debió dejar en libertad porque el traficante desvirtuó la orden de prisión dictada en su contra pues se presentó como ciudadano argentino y no sirio. Por otro lado, según la legislación española tenía libre ingreso al país ya que poseía varias propiedades en España, incluyendo su residencia en Marbella, en la fastuosa mansión que le había comprado al Emir del Kuwait por ocho millones de dólares, que pagó de contado. Lo de su condición de “argentino” era completamente veraz, pues Al Kassar gozaba de doble nacionalidad, que adquirió en un tiempo récord, con la anécdota esclarecedora de que el propio presidente Carlos Saúl Menem lo había patrocinado en sus gestiones de naturalización, haciendo que su fotógrafo personal lo retratara en la Casa Rosada, para lo cual el propio presidente de la República Argentina le había facilitado su chaqueta, una camisa y una corbata. Quizá Menem se vio influido a tenerle aprecio y protegerlo ya que Al Kassar era algo así como su “paisano”, pues nació en 1945 en la aldea siria de Yabrud, de donde eran originarias las familias del propio Menem y de su esposa, Zulema Yoma. ARMAS LATINOAMERICANAS Cuando uno piensa en “tráfico de armas”, a la mente pueden acudir imágenes de norteamericanos o rusos, con unas cuantas adiciones de franceses o británicos. Pero también América Latina está involucrada en el negocio. Brasil es uno de los mayores exportadores de armas del mundo, y Argentina, si bien le va a la zaga, es un proveedor bien reputado en el mundo de la muerte. Por ejemplo, en agosto de 1992, la revista Soldier of Fortune, que es algo así como el órgano oficial de prensa de los mercenarios de todo el mundo, evaluaba que “muy por encima de los Kaláshnikov rusos o el M-16 americano” los combatientes apreciaban el fusil alemán Heckler & Koch G-3 y el FAL de fabricación argentina. “Son los mejores”

20 comentó un mercenario al servicio de Croacia63. Y no se trata únicamente de armas livianas personales. Argentina desarrolló (por cuenta propia y sin auxilio externo) la tecnología para enriquecer uranio en 1983, y unos años más tarde diseñó y construyó (con algo de ayuda alemana de la Messerschmitt y la Daimler-Benz) el misil de dos etapas llamado Cóndor-II, con un alcance de unos 1,000 km. Esto era un cambio cualitativo en el papel que el país podía jugar en el campo geopolítico mundial, y Carlos Menem llegó al polígono de prueba el 5 de julio de 1989, tres días antes de asumir la Presidencia del país. Allí, él mismo presionó el botón de disparo de un vector táctico llamado Alacrán (alcance: 100 km) y quedó muy impresionado64. Cuando le hablaron del Cóndor II, el ya designado comandante de la Fuerza Aérea, brigadier José Juliá, lamentó no haberlo tenido disponible cuando la guerra (1982) de Malvinas, y habló muy entusiasmado de los potencialidades comerciales del Cóndor II: “— ¿Y hay muchos interesados en esto? —preguntó un incrédulo Menem. — Muchos —se vanaglorió el piloto—. Están los saudíes, los iraníes, los iraquíes. Los libios también quieren comprarlos. — ¿Y qué precio puede tener el Cóndor? —averiguó el presidente electo. — Digamos que depende de lo que se le ponga en la cabeza, pero más o menos entre 300 y 500 mil dólares. — ¡Y métanle, entonces! —dijo el presidente— Véndanselo a Libia”65. La selección presidencial del cliente no tenía que ver con lucubraciones ideológicas o geopolíticas, sino con la simple gratitud del político. El coronel Muammar Khadafy había contribuido económicamente para la campaña electoral de Menem con un aporte millonario66. Pero hay otro país sudamericano que también concurre en el negocio de la venta de armas: Chile. Ya hemos visto que Argentina participaba, al menos en el transporte, de armas para Irán, durante la prolongada guerra con Irak. Por eso llamó la atención cuando un enorme avión Ilyushin ruso, con bandera iraquí, tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto argentino de Rosario, el 10 de agosto de 1988, mientras en Quito Rodrigo Borja se posesionaba como nuevo presidente de Ecuador. Cuando se abrieron la bodegas del avión soviético se pudo comprobar que llevaba hacia Irak bombas-racimo construidas por la empresa chilena Cardöen. Carlos Cardöen, el propietario de la empresa homónima, hizo un muy buen negocio con este tráfico, y sólo se vio afectado en diciembre de 1991 cuando otro de sus aviones fue detenido en Budapest (Hungría) cuando se dirigía a Croacia en plena guerra de los Balcanes. En sus bodegas se encontraron: — Cinco millones de cartuchos 7.62. — 10 lanzadores Blow-Pipe y 50 misiles para ellos. — 500 misiles antitanque. — 3,000 cohetes Ambrust. — 4,855 cohetes Law. — 14 morteros tácticos de 120 mm. — 10,000 granadas para esos morteros. En grosera paradoja, la carga estaba ligada con una cinta que decía “Ayuda humanitaria para Croacia”. El responsable directo de la frustrada maniobra era el coronel chileno Gerardo Hüber, quien murió misteriosamente unas semanas más tarde, víctima de lo que se calificó como “una profunda depresión”67. EXTRAÑOS “CLIENTES” Y JUGOSAS GANANCIAS

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Pero, si es difícil identificar a los vendedores, tampoco es siempre fácil determinar a quienes realmente compran las armas, pues el indispensable “certificado de destino final” que reclaman muchas fábricas no siempre responde a la realidad, como lo veremos al detalle en la negociación de las armas para Ecuador. Por ejemplo, el 31 de octubre de 1991, el presidente Menem, el Canciller Guido di Tella y el muy poderoso ministro de Economía Domingo Cavallo suscribieron el decreto secreto 2283 que autorizaba vender a “la fuerza policial y de seguridad de la República de Panamá” un cuantioso embarque de armas ($ 28’892,716 dólares) que incluía 805 cohetes Pampero y 200 misiles antitanques hiloguiados. Lo “extraño” de este embarque era que… Panamá no tenía Fuerzas Armadas desde la intervención norteamericana de 1989. En casi todos los negocios argentinos actuaba como intermediario Diego Emilio Palleros, un teniente coronel retirado que había realizado buena parte de los “negocios” croatas. Sus empresas —DEBROL y Hayton Trade, inscritas en Uruguay— se habían llevado la parte del león en aquel tráfico. Un poderoso entronque gubernamental había quedado fuera: se trataba nada menos que de Emir Yoma, hermano de Zulema y cuñado del presidente Menem, quien decidió montar su propia empresa y venderle —supuestamente a “Bolivia”— un embarque de 51 millones de dólares que, cuando saltó el escándalo, los bolivianos —cuyo país se encontraba en una grave crisis económica— negaron haber solicitado. La razón es casi siempre la misma: por lo común las fábricas de armas son de propiedad estatal (con la excepción de algunos países ultra neoliberales, como la Argentina de Menem o el Chile de Pinochet, donde se admite capital privado en un negocio de seguridad nacional); pero, incluso cuando existe dicho capital privado, los propietarios habitualmente son personas muy entroncadas con el engranaje político, como el ya mencionado chileno Cardöen, quien era socio de un hijo del dictador Augusto Pinochet. Para introducir una solicitud de compra a las fábricas estatales, la norma casi universal es que se debe presentar una “declaración de destino final”, que se supone proviene de un Estado interesado en la adquisición de dichas armas. Esta “declaración de destino final” puede ser simplemente una “carta de intención” que llegue suscrita por un ministro de Defensa, un comandante de arma, o incluso alguien habitualmente tan alejado de los “negocios” como un embajador o un representante comercial. La “declaración de destino final” se convierte, pues, en una especie de “cheque en blanco” que basta para autorizar a un intermediario a negociar con una fábrica de armas (poco importa a estas alturas si de propiedad estatal o privada) o incluso con un bodeguero cualquiera. Obtener esta “declaración de destino final” no es gratis. Así, el ya mencionado Diego Emilio Palleros —el intermediario argentino— se enteró de la disponibilidad de 60 tanques de guerra del arsenal argentino que podrían venderse y, sin perder un segundo, viajó a Panamá donde adquirió un “certificado de destino final”, para conseguir que el gobierno argentino expidiera la resolución secreta 720 que autorizaba dicha “venta a Panamá”. El sistema empleado en el istmo era sencillo: un funcionario del Ministerio de Defensa de Panamá firmó el tal “certificado”, que él mismo “dio de baja” una semana más tarde por un expediente interno de su cartera. A Palleros aquella “baja” ya no lo afectaba, pues el primer documento le había servido para presentar en Buenos Aires la tan valiosa “declaración de destino final”, con la cual él ya podía seguir con su negociación. La empresa argentina TAMSE recibió un total de 90 millones de dólares por los 60 tanques (a razón de 1.5 millones cada uno), y Palleros descontó del pago su comisión “legal” del 10%, que ascendió a 9 millones.

22 Había comprado los blindados a nombre de una “empresa de papel” llamada Agrometal. Luego hizo una nueva intermediación cuando Agrometal vendió los carros (que adquirieron el nombre de “tanques para el almacenamiento de aceite”) a otra empresa de papel denominada Medeas, inscrita en Panamá a nombre del mismísimo ciudadano argentino Diego Emilio Palleros, a razón de 1’750,000 dólares cada uno (dejando una utilidad añadida de 15 millones), y fue esta Medeas la que vendió finalmente los tanques a Irán, por un valor que no ha podido establecerse. Palleros ganó 24 millones de dólares (menos los 90,000 que le costó la “declaración de destino final”) más el sobreprecio que habrá facturado a los iraníes68. Éste es el mismo Palleros que intervino en la compra de los fusiles FAL para nuestra guerra del Cenepa. “GRANDES”, “CHIQUITOS” Y ENANOS No todos los negocios son de este descomunal tamaño ni implican exclusivamente a funcionarios de Defensa o militares retirados. Entre los traficantes de armas podrá usted encontrar a bellezas internacionales como la princesa Ira von Furstenberg, bien conocida de la revista Hola y del jet-set internacional, o incluso a… dignidades eclesiásticas. Como hemos visto, en febrero de 1995 los militares ecuatorianos, angustiados por el peligro que corría su Patria, emitieron algunas cartas de intención, que podrían convertirse en “declaración de destino final” y enviaron varios emisarios para tratar de encontrar alguien que estuviese dispuesto a romper el embargo que habían emitido los norteamericanos y otros proveedores legales. Entre ellos estuvieron un vendedor de armas conocido del ejército ecuatoriano y de sus fuerzas policiales, el señor Roberto Sassen van Elsloo, y… el obispo anglicano Walter Roberto Crespo Guarderas, nacido en Guayaquil en 1950. El “obispo” Walter Crespo (Monseñor Mario Ruiz, quien fuera presidente de la Conferencia Episcopal ecuatoriana afirma que la sede londinense de la iglesia anglicana no le reconoce esta dignidad), con quien volveremos a encontrarnos en estas páginas, afirmaba ser igualmente Obispo (anglicano) de Trípoli (Libia) y mantener estrechas relaciones con el líder de ese país, Muammar Khadafy. Luego de una serie de rocambolescas peripecias (que incluyen su afiliación al MPD, su candidatura a Asambleísta y el verse involucrado en la sonora estafa de la cooperativa Anglicoop), Crespo fue detenido en marzo de 2001 al encontrárselo vinculado con un intento de vender armas usadas de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). OTRO BOTÓN… EL CABALLERO FRANCÉS Es imposible saber su nombre real completo. Un informe de INTERPOL de 1998 informa que Jean-Bertrand Lasnaud les es desconocido. Conocen, en cambio, a JeanBernard Lasnaud, a quien también tienen registrado bajo el alias de Jean-François Laroche. No obstante, su hijo, en una entrevista que le fue grabada subrepticiamente, dijo llamarse Alexandre Lasnaud, aunque aceptaba que su padre nació con el apellido Lasnovsky, de origen polaco-judío. Pero esto de los nombres, como lo de la nacionalidad, parece tener poca importancia entre los traficantes de armas. Lo cierto es que un Jean Bernard Lasnaud nació en Francia, en Neully sur Seine, el 12 de marzo de 1942; pero quizá su nacionalidad era diferente, porque se enroló en la Legión Extranjera de ese país —que no acepta en sus filas a ciudadanos franceses— y en condición de tal combatió en Argelia. Luego se enlistó como mercenario al servicio de

23 la minoría blanca de Sudáfrica y, según la INTERPOL francesa, tiene un largo prontuario por diferentes causas, tales como: — 1963. Incitación de menores a la corrupción (Lasnaud tenía apenas 21 años). — 1976. Quiebra simple, por falta de pagos. — 1976. Estafa y abuso de confianza. — 1979. Contrabando de 500 ametralladoras HK-21 a Somalia. — 1980. Falsificación de documento y uso del mismo. — 1993. Tentativa de estafa. Por eso, cuando Lasnaud llegó, el 4 de febrero de 1995, a la fábrica argentina de armas portátiles “Domingo Matheu”, en las cercanías de Rosario, al interventor de esa fábrica, Luis Eustoquio Sarlenga, no le llamó la atención que se registrara portando un pasaporte de Liberia. Tampoco le extrañó a nadie que portara consigo una pistola automática en una cartuchera bajo la axila, de aquellas conocidas como “sobaqueras”. Lasnaud no se desprendía nunca de su arma. Lo curioso fue que llegara acompañado por un individuo que se presentó como “emisario del comando conjunto de las Fuerzas Armadas de Ecuador” y que revisaran munición del calibre 7.62 y que miraran con sumo cuidado los fusiles FAL que estaban acopiados en un galpón de la fábrica. Lasnaud probó el rifle, certificó que la munición había sido fabricada en 1994 y retornó a Buenos Aires, donde tenía cita con Diego Emilio Palleros. Cuando se reunió con el traficante argentino, Lasnaud le dijo que tenía un “negocio chiquito”, que podía coordinarse con las operaciones de tráfico que Palleros estaba realizando con destino a Croacia. —Es un negocio urgente —le dijo a Palleros—. Los ecuatorianos quieren 8,000 fusiles FAL y unos 10 millones de munición del 7.62 X 5169.

LAS ARMAS… Y LOS HOMBRES
Decir “Cenepa” es decir “Gloria”. Y punto. Paco Moncayo. En este capítulo tendremos que alternar los sucesos que tuvieron lugar en los combates del alto Cenepa y en las turbias negociaciones a que obligó la adquisición de armas para la reserva del ejército ecuatoriano. Son dos aspectos extremadamente contrapuestos. Volvamos al campo de batalla. El 26 de enero las fuerzas ecuatorianas desalojan la infiltración peruana que se había producido en Base Norte. La guerra ha dejado de ser una amenaza y se convierte en un hecho real e incontrovertible. El 27 arrecian los combates. Ataque en Cueva de los Tayos. Perú ataca el destacamento Teniente Ortiz. El destacamento de Etza también sufre ataques. 28: Se reinician los ataques a Teniente Ortiz. Nuevos enfrentamiento en Cueva de los Tayos. Dos soldados peruanos caen heridos. Una escuadrilla de aviones peruanos sobrevuela la frontera en El Oro. Cazas de la FAE la obligan a retirarse. El secretario de la OEA, César Gaviria, visita dos veces Quito y una Lima. Fujimori rechaza la mediación de la OEA. El Papa pide un alto el fuego. 29: Ataque peruano a Coangos por cinco helicópteros peruanos. Ataque peruano a Cueva de los Tayos. Una patrulla peruana, apoyada por helicópteros, ataca Teniente Ortiz. El teniente Hernán Cáceres derriba un helicóptero peruano. Siete bajas en la tropa peruana. Muere el soldado ecuatoriano Héctor Pilco. Helicópteros peruanos atacan Tiwintza. El fuego antiaéreo ecuatoriano derriba un segundo helicóptero. 30: La OEA convoca a una reunión de cancilleres, pero no fija fecha. 31: Ecuador anuncia que ha aceptado un acuerdo de alto al fuego que comenzará a las 08h00, pero el Perú no lo confirma. Da inicio la reunión de vicecancilleres en Río. Siguen los combates en la frontera. Fuentes militares peruanas hablan extraoficialmente de haber sufrido 200 bajas. Febrero 1: Segundo ataque masivo peruano a Coangos y Cueva de los Tayos. Apoyadas por helicópteros MI-8, las tropas peruanas atacan Coangos y Cóndor Mirador. Enfrentamiento de patrullas en Cueva de los Tayos. Mientras tanto, en Río de Janeiro, la estrategia diplomática peruana se evidencia con las dilaciones que tratan de imponer al acuerdo de cese del fuego. Éste es el momento cuando queda en claro que Perú sigue creyendo que su superioridad numérica debe garantizarle una victoria militar y que puede no acceder a nada en la mesa de negociaciones, a la espera de un cambio radical en la situación militar. El 1 de febrero, aquello se evidencia con más fuerza, cuando el presidente Alberto Fujimori no concurre a la cita de la comunidad andina en Cumaná (Venezuela) donde se va a rendir homenaje a la memoria del mariscal Antonio José de Sucre, pues precisamente aquel día se cumplían 200 años de su nacimiento. Para Perú la figura del mariscal tiene un doble significado, pues si bien fue él quien comandó las tropas en la batalla de Ayacucho (dic. 1824), fue también quien los derrotó en el portete de Tarqui (feb. 1829), cuando —al decir de Simón Bolívar— “invadieron la tierra de sus libertadores”. Todo parece indicar que el ejército peruano, incapaz de imponer su voluntad en la selva, puede optar por un conflicto generalizado, que le permita potenciar su superioridad cuantitativa.

25 Cada hora que pasa el peligro aumenta. Los mandos militares ya no pueden aceptar voluntarios en los cuarteles. No hay armas para ellos. Ni siquiera para las reservas. La necesidad de las armas se ha vuelto urgente. Hay que conseguirlas a cualquier precio. El 26 de enero de 1995 se reúne el plenario de la Honorable Junta de Defensa Nacional (HJDN), y el general José Gallardo Román, ministro de Defensa Nacional y Vicepresidente de dicha Junta solicita que la Comisión Jurídica redacte un proyecto de resolución para exonerar a la HJDN de los pesados y engorrosos trámites que le impone el Reglamento para Contrataciones. La H. Junta de Defensa Nacional está conformada por: el Presidente de la República; el ministro de Defensa Nacional (vicepresidente y representante legal de la HJDN, preside las sesiones); un delegado de la Corte Suprema de Justicia; el Ministro de Relaciones Exteriores; el ministro de Finanzas; el Arzobispo de Quito; el Contralor General del Estado; el gerente general del Banco Central del Ecuador; un delegado de la H. Junta Consultiva de Relaciones Exteriores; el Jefe del Comando Conjunto de la FF.AA.; los comandantes generales del Ejercito, la Marina y la Aviación y un representante del Congreso Nacional. El general Jorge Ortega, comandante de la fuerza terrestre, solicita que, sin perjuicio de que se reúna la Comisión Jurídica, se considere aprobado este acuerdo. Así se resuelve por unanimidad, y así consta en el acta secreta de esta reunión: “RESOLUCIÓN: La H. Junta de Defensa Nacional resuelve que las adquisiciones emergentes se realicen sin sujetarse al Reglamento para Contrataciones con la HJDN y que el procedimiento para las mismas lo establezca la Comisión Jurídica, en base al planteamiento propuesto para el efecto por la Dirección Ejecutiva”70. Al día siguiente, 27 de enero, se reúne la Comisión Jurídica de la HJDN y, a partir de las sugerencias del abogado Santiago Bucaram (representante del Congreso Nacional) y del doctor Faidutti (Contralor General del Estado), se acuerda… “RESOLUCIÓN: Que el art. 13 del Reglamento para Contrataciones con la HJDN se substituya por el siguiente: ‘art. 13.– En caso de emergencia bélica declarada por el Presidente de la HJDN o su subrogante, el Plenario de la Junta adoptará las resoluciones que juzgue oportunas para la celebración de los correspondientes contratos, sin atenerse a las condiciones que establece este reglamento’ ”71. Ese mismo día se publica en el Registro Oficial n.º 621 el Decreto Ejecutivo n.º 2487, que en su parte resolutiva expresa: “art. 1. Declárase el Estado de Emergencia Nacional en todo el territorio del Estado… art 3. Decrétase la Movilización Nacional y la Requisición de acuerdo a la ley”72. Para todo fin práctico, aunque preservando la seguridad nacional, este decreto implica tácitamente la existencia de un Estado de Guerra en todo el territorio del país. La base jurídica indispensable ha sido cubierta y el Comando Conjunto de las FF.AA. procede a invitar a la presentación de ofertas para la adquisición de armas. UNA PREGUNTA INCÓMODA Muchos de los temas vinculados con la adquisición de armas en 1995, los precios, las condiciones y otros aspectos parecen estar envueltos en una suerte de misterio, donde muchísimas personas afirman unas cosas que luego piden que no se les pida atestiguarlas, o que no pueden probar sus versiones, o ni siquiera citar una fuente de donde las tomaron.

26 Uno de aquellos casos es la presunta relación del general Víctor Bayas, Jefe del CC.FF.AA., con uno de los proponentes de abastecimiento de armas: el joven César Torres Herbozo, de quien algunos dicen que sólo tenía 23 años de edad (en realidad tenía 28) y otros afirman que su madre, la señora Patricia Herbozo, era muy cercana amiga del general Bayas73. Pese a los esfuerzos desplegados, el autor de este libro no ha encontrado confirmación de este hecho, que sería indicio capaz de despertar suspicacias, como luego veremos. Lo cierto es que Torres Herbozo, con oficinas en Quito, avenida 12 de octubre 1035 y Roca, envió una oferta de venta de armas el día 1 de febrero de 1995, señalando como referencia que lo hace “atento a lo solicitado”; es decir, en respuesta a una solicitud que habría recibido del comando conjunto. Lo cierto es que oferta 8,000 fusiles FAL, especificando que se trata de la versión con culata fija y cañón largo, y plantea un precio de US$ 600.oo por unidad, para un valor total de 4’800,000 dólares. Otras características de la oferta son las siguientes: “PLAZO DE ENTREGA inmediato PROCEDENCIA Argentina PUERTO DE EMBARQUE Uruguay ACCESORIOS Yatagán, porta fusil, útiles de aseo, 2 cargadores para 20 cartuchos y cartilla de operación EMBALAJE usual militar para transporte y almacenaje” En cuanto a los proyectiles, las especificaciones que se ofertan son: “MATERIAL proyectiles 7,62 X 51 CANTIDAD cinco millones VALOR POR MILLAR US$ 195.oo VALOR TOTAL FOB US$ 975,000.oo PROCEDENCIA Argentina PUERTO DE EMBARQUE Uruguay AÑO DE FABRICACIÓN 1994 EMBALAJE usual militar para transporte y almacenaje TIEMPO DE ENTREGA inmediato, previo pago y carta de destino final CONTROL control y recepción técnica antes de ser embarcado el material” A vuelta de hoja se especifica que “este material puede ser entregado por el vendedor en Ecuador. El costo del transporte, que es aparte del material, será presentado en el transcurso de la negociación”. Tres días más tarde, el 4 de febrero (sábado), el mismo Torres Herbozo se dirige al almirante (sic) Timoshenko Guerrero, Director de Logística del comando conjunto, presenta nueva oferta sobre los proyectiles, aumentando la cantidad a diez millones de proyectiles y especificando un año de fabricación de 1992. El precio por millar se mantiene en 195.oo y el total se eleva a US$ 1’950,000.oo. Se insiste en que serán de procedencia argentina, pero ahora se valora el transporte (a Quito o Guayaquil) en US$ 330,000.oo, especificando que se haría en dos aviones cargueros “de tipo 707 ó 747”. El 8 de febrero, la “comisión técnica para la adquisición de fusiles FAL y munición de 7.62 mm” se refiere a dos propuestas: la de César Torres Herbozo, que ya hemos analizado, y otra de la empresa SERPETRIN S.A. que consiste en: MATERIAL Fusiles FN FAL asalto 7.62 X 51 CANTIDAD 8,000 PLAZO DE ENTREGA inmediata (por Europa) PROCEDENCIA no indica PUERTO DE EMBARQUE no indica país ACCESORIOS 2 alimentadoras y kit de limpieza

27 EMBALAJE no indica VALOR UNITARIO FOB US$ 680.oo VALOR TOTAL US$ 5’440,000 Por ello, “del estudio comparativo de las cotizaciones se concluye que los dos oferentes pueden proveer el material bélico requerido por la institución. Sin embargo, hay diferencias de precios tanto en el fusil cuanto en la munición, siendo más baratos los ofertados por el Dr. César Torres Herbozo, cuyos productos serán amparados por las garantías correspondientes”. Por lo tanto, “se recomienda realizar la contratación de acuerdo a la cotización presentada por el Dr. César Torres Herbozo, debiendo exigirse presente las garantías correspondientes, tanto desde el punto de vista económico como técnico”. Suscriben: el capitán de navío Jorge García y el coronel Germán Velasco. Como se ve, se han observado todas las previsiones legales y, aun de ser ciertas las relaciones de amistad del jefe del comando conjunto con la señora madre del doctor Torres, ello no sería más que una indelicadeza, que no inhabilitaba al oferente Torres para presentar su oferta, que claramente era mejor que la de su competidor. En atención a todo lo anterior, mediante oficio n.º 950264, de 8 de febrero de 1995, el jefe del comando conjunto de las FF.AA., general Víctor Manuel Bayas, solicita a la HJDN la adquisición de 8,000 fusiles FAL y 10 millones de proyectiles para los mismos por el valor de US$ 7’310,000.oo. Sobre la base de estas recomendaciones, la HJDN resolvió la adquisición del material ofertado por Torres Herbozo. Asistieron a la reunión de la HJDN: — General de ejército (GRAE) Víctor Bayas García, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CC.FF.AA.), quien la presidió. — Ec. Modesto Correa San Andrés, ministro de Finanzas. — Ab. Santiago Bucaram Ortiz, delegado del H. Congreso Nacional. — Dr. Hernán Quevedo Terán, delegado de la Corte Suprema de Justicia. — Mons. Ángel Gabriel Pérez, delegado del señor Arzobispo de Quito. — Dr. Juan Carlos Faidutti, Contralor General del Estado. — Ec. Franklin Proaño, subgerente del Banco Central del Ecuador. — Dr. Julio Prado Vallejo, delegado de la Junta Consultiva de RR.EE. — General de división (GRAD) Jorge Ortega Espinoza, comandante general del Ejército. — Vicealmirante Oswaldo Viteri Jerez, comandante general de la Fuerza Naval. — Teniente general Guillermo Chiriboga, comandante general de la FAE. El general José Gallardo no pudo asistir a la sesión de la Junta cuando se resolvió la compra, por hallarse en la frontera, como lo justificó en su escrito al presidente de la Corte Suprema de Justicia con fecha 25 de septiembre de 2003. EL CONTRATO El lector perdonará que nos detengamos con detalle en el análisis del contrato; pero muchos detalles del mismo saldrán a la luz luego, en el período de las impugnaciones. Bajo el sello de SECRETO, el viernes 10 de febrero de 1995, se suscribe el contrato respectivo que, en 15 cláusulas muy detalladas, en lo fundamental especifica lo siguiente: “PRIMERA. ANTECEDENTES “a) En razón de la emergencia que vive el país, el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dispone la adquisición, con el carácter de URGENTE, de fusiles y municiones para el personal militar de las Fuerzas Armadas, de acuerdo

28 con el requerimiento de las Fuerzas. Solicitadas las cotizaciones se presentan las del doctor CÉSAR TORRES HERBOZO y de SERPETRIN S.A., de las cuales la Comisión Técnica recomienda la del doctor CÉSAR TORRES HERBOZO, por ser la más conveniente para los intereses de la institución… “e) Todo lo atinente a la necesidad de la contratación, selección del material y firma Contratista, precios, forma de pago, plazos de entrega y datos de orden técnico ES DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DEL SEÑOR JEFE DEL COMANDO CONJUNTO DE LAS FUERZAS ARMADAS” (general Víctor M. Bayas). Queda claro: el general José Gallardo Román, a la época ministro de Defensa, no es responsable de ninguno de estos aspectos. La segunda cláusula tiene que ver con el objeto del contrato y se especifican los siguientes detalles: “8,000 fusiles de asalto FAL, culata fija y cañón largo, con los accesorios siguientes: yatagán, portafusil, útiles de aseo, dos cargadores para 20 cartuchos cada uno y cartilla de operación. Valor unitario CIF (costo, seguro y flete) US$ 600.oo. Valor total: US$ 4’800,000.oo. “Valor del transporte desde aeropuerto de embarque hasta Ecuador (Quito y/o Guayaquil): US$ 230,000.oo. “PROYECTILES PARA FUSIL FAL. Cantidad: 10’000,000 DESCRIPCIÓN: Proyectiles 7.62 X 51, año de fabricación: 1992 en adelante. Precio por millar: US$ 195.oo. Valor total: 1’950,000.oo. Valor del transporte, desde aeropuerto de embarque hasta Ecuador (Quito y/o Guayaquil): US$ 330,000.oo. Valor total: US$ 7’310,000.oo.”. La cláusula tercera toma la precaución de repetir, en letras, el valor del contrato y especifica que en dicho valor “se encuentran incluidos el valor de las mercaderías y su transporte”. La única observación que el autor podría poner sería el valor del transporte, que se cotiza por separado para las armas y las municiones; pero encuentra justificado este hecho pues, al momento de la suscripción del contrato, no era posible establecer de modo inequívoco que el puerto de embarque sería el mismo. Más adelante volveremos sobre el costo del transporte en estas condiciones. “CUARTA. FORMA DE PAGO. “El precio total que se determina en la cláusula anterior se pagará, mediante giro del Banco Central del Ecuador, como pago anticipado, a la orden del…”. Llamará la atención que el pago se cancele como valor total como pago anticipado, pero tales son las condiciones como se suscribe este tipo de contrato cuando las condiciones son como las imperantes en aquel momento: en el mundo obscuro del tráfico de armas, nadie entrega “mercadería” sin pago total anticipado. Éste es un hecho bien conocido por todos los que han debido negociar este tipo de artículos. “QUINTA. PLAZO. “El vendedor se compromete a entregar la totalidad de los fusiles y munición que da en venta, en el plazo de cuatro (4) días calendario, contados a partir de la fecha en que se efectúe el giro por el pago anticipado”. Es evidente que el comprador parte del principio de que el vendedor ya está en tratos avanzados con el proveedor de las armas y con los transportistas, pues de otro modo sería del todo imposible cumplir con plazos tan perentorios. Una vez más hay que aclarar que estas son las condiciones habituales en el negocio de las armas. Sin embargo, los imponderables imprevisibles son múltiples en este negocio, y la cláusula sexta incorpora una salvaguarda. “El vendedor no será responsable de retardo si éste se debiere a fuerza mayor o caso fortuito debidamente comprobados por el Vendedor y aceptados por el Comprador, o por la no disponibilidad oportuna de medios de transporte para la munición”. Que sólo se hable de eventual no disponibilidad de transporte para la munición (y no para los fusiles) ratifica la inferencia que ya hicimos en cuanto a la posibilidad que Torres

29 Herbozo prevé de tener un proveedor diferente para las armas y para los proyectiles, caso que no se dio. “SÉPTIMA. EMBALAJE Y SEGURO. “El seguro de transporte contra todo riesgo lo tomará el Comprador, y el embarque no podrá realizarse sin la constancia de haberse contratado dicho seguro y de que se halla vigente”. Insistimos: efectuar todos estos pasos previos en un lapso de sólo cuatro días es un imposible físico. El autor considera evidente que Comprador y Vendedor parten del concepto de que muchos de estos pasos —habitualmente anteriores en negociaciones de mercancías normales— ya se están perfeccionado o, al menos, que se hallan en vías de perfeccionamiento. “OCTAVA. GARANTÍAS. “1.– Económicas. “a) (…) Incondicional, irrevocable y de cobro inmediato… garantía que permanecerá vigente hasta la finalización del período de garantía técnica que se establece en el numeral 2 de esta cláusula (un año, a partir del acta de entregarecepción). “b) (…) Por el BUEN USO DEL PAGO ANTICIPADO… por el ciento por ciento de dicho pago, o sea por la cantidad de SIETE MILLONES TRESCIENTOS MIL 00/100 DÓLARES AMERICANOS, garantía que deberá ser entregada a la HJDN a la suscripción de este contrato y que permanecerá vigente hasta la fecha de presentación del acta de entrega-recepción. “2.– Técnicas. “a) El Vendedor garantiza que el material que da en venta será nuevo de fábrica, fabricación argentina y que el año de fabricación de la munición será 1992 en adelante, lo que acreditará con los respectivos certificados de origen y control de calidad… El Vendedor garantiza los fusiles y la munición que entrega en virtud del presente contrato contra defectos de material, de fabricación y funcionamiento durante el período de (1) un año a partir de la fecha del acta de entrega-recepción, razón por la cual, en caso de fallas o defectos de fabricación, se obliga a la reposición con otros que satisfagan las exigencias del Comprador, sin costo adicional para éste…”. El autor reconoce no sólo que las garantías son amplias, generales y suficientes, sino que, de hecho, son extraordinariamente severas para el vendedor. “DÉCIMO TERCERA. CAUSAS DE TERMINACIÓN UNILATERAL. “En caso de incumplimiento del Vendedor de cualquiera de las cláusulas del presente contrato, o si el retardo en la entrega excediere de (20) veinte días, podrá la HJDN, previa notificación al Vendedor, dar por terminado el contrato unilateralmente, aplicando las normas…” El contrato está suscrito por César Torres Herbozo y por el general de ejército José Gallardo Román, en su doble condición de ministro de Defensa Nacional y vicepresidente de la HJDN. Las cláusulas no mencionadas son aquellas que los abogados suelen llamar “de cajón”. Por lo demás, aun a conciencia de haber aburrido a muchos lectores y haber cortado el ritmo de la narración, el análisis del contrato es punto determinante de todo el proceso de adquisición de las armas argentinas en 1995. Cualquier análisis imparcial y sereno llegará a la misma conclusión: los intereses del Estado han sido cautelados con celo ejemplar y sagaz inteligencia. Es loable que, en tiempos tan cortos y bajo presiones tan intensas, se haya previsto un extraordinario cúmulo de eventualidades, igual si se originaban de buena o de mala fe. MIENTRAS, EN EL CAMPO DE BATALLA…

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Muy ajenos a las negociaciones en la Junta de Defensa, los soldados mantienen sus posiciones en el campo del honor. Febrero 2: Aumenta la tensión en la frontera. Lima afirma que sólo Tiwintza, sigue en manos ecuatorianas. Quito lo niega y acusa a Perú de atacar posiciones situadas lejos del territorio en disputa. Durán-Ballén rechaza la propuesta de Fujimori de crear una zona desmilitarizada, en los términos que se presenta: como un retiro de las fuerzas nacionales. Combates en Coangos y Teniente Ortiz. Patrullas peruanas apoyadas por helicópteros atacan Cueva de los Tayos, Tiwintza y Base Sur. Hay un soldado ecuatoriano herido y otro perdido. 3: Los informes militares de Lima y Quito son contradictorios. El ministro José Gallardo niega que Perú haya capturado a 25 soldados de Ecuador. Se pide a la Cruz Roja que evacúe los cadáveres de la zona de combates. Los vicecancilleres en Río siguen estudiando propuestas y contrapropuestas en maratónicas sesiones. La Cumbre de Cumaná termina con una exhortación a la paz. La ofensiva militar se concentra en Tiwintza. Aviones militares sobrevuelan Cueva de los Tayos. El Ministerio de Defensa asegura que las bajas ecuatorianas son de 8 muertos, 14 heridos y 2 desaparecidos. 4: Perú dice aceptar la última propuesta de alto al fuego de los garantes, pero encuentra nuevos detalles para aplazar el acuerdo. Combates en Cueva de los Tayos, Base Sur y Tiwintza. 5: Terminan sin resultados las gestiones en Río. Las negociaciones se trasladan a Brasilia. Sixto viaja a Brasil, Argentina y Chile. Se entrevista con el presidente del Brasil. Continúan los ataques peruanos contra Cueva de los Tayos, Base Sur, Tiwintza y Coangos. Informe de bajas (ecuatorianas) acumuladas: 8 muertos, 16 heridos, 2 desaparecidos. Hay 2 peruanos capturados. 6: Perú anuncia éxitos militares en la frontera. Quito los niega. Sixto se entrevista con Carlos Menem y Eduardo Frei. Ecuador presenta contrapropuesta para cese al fuego. Bombardeo peruano a Cóndor Mirador. Las bajas ecuatorianas consolidadas de todos los días de combate llegan a 10 fallecidos en acción y 26 heridos. El heroísmo de los soldados se pone de manifiesto a cada paso. "Tras repeler un sorpresivo ataque a la base Cenepita próxima a Cóndor Mirador — narra el hoy capitán Fausto Flores—; decidimos hacer la persecución del enemigo y expulsarlo de la zona. Ellos salieron en fuga en dirección del río Cenepa. Con cautela proseguimos hasta llegar a las inmediaciones del río, donde estaban los campos minados. Eran más o menos las 6 de la tarde. Ordené que saliéramos de esa posición, porque los campos minados eran suficiente obstáculo para el enemigo. Al regreso sufrimos una emboscada con cohetes RPG por parte de las tropas peruanas; un cohete cayó a unos 2 ó 3 metros de mi posición. La explosión me tumbó, al igual que a los 6 integrantes de la patrulla. Tras el estruendo, la conmoción. Me desorienté totalmente, mientras permanecía postrado en el suelo. Sólo entonces apareció el dolor, un dolor inimaginable. “El Sgto. Villa estaba herido en gran parte de su cuerpo, pues las explosiones lo lanzaron contra un árbol; el soldado que le decían el ‘Chino’ perdió parte del músculo de su pierna; los tres conscriptos también fueron heridos. A pesar de la gravedad de mis heridas, lo que más me preocupaba era mi gente, por lo que pregunté qué había sucedido, el Sgto. Villa me dijo que todos estaban bien. Cuando quise incorporarme ya no pude, porque había perdido las dos piernas. El sargento y los conscriptos trataron de sacarme del lugar porque la explosión me había arrojado sobre los campos minados y estaba cerca de una mina. Mi fusil se partió en dos, mi uniforme se quemó, igualmente parte de la cabeza estaba quemada y había quedado sordo como consecuencia de la explosión. Usando sus cinturones, —con riesgo de sus vidas y demostrando camaradería con su comandante de patrulla—, lograron sacarme y procedieron a realizar los primeros auxilios. Más adelante, improvisaron una camilla para intentar sacarme del sector. Yo

31 insistí en que el personal evacuara, dejándome un arma, ante la posibilidad de un nuevo ataque del enemigo, pero el sargento Villa me replicó: 'Con mucho respeto, mi teniente, pero yo voy a desobedecer su orden, porque usted aquí no se queda'. Lo que hizo es enviar un conscripto —el que tenía menos heridas— con un mensaje para el subteniente Yépez que se encontraba en las cercanías. “Una hora más tarde llegó el subteniente Yépez con un contingente de hombres para tratar de sacarme. La evacuación duró unas 14 horas debido a las condiciones climatológicas extremas. Si atravesar la selva para una persona en condiciones normales es difícil, no se diga con un hombre en camilla y peor aun con camilla improvisada. Después de 10 horas llegamos a la base Cenepita. El propio teniente coronel Aguirre con mi mayor Rodríguez llegaron a ese sector para realizar mi evacuación, para lo cual contaban ya con una camilla de combate, morfina y otros implementos médicos. Debieron realizar el proceso a pie, mientras seguía desangrándome y sufría esporádicos desmayos. Cuando llegamos al sector de Cóndor Mirador, el personal ya me había dado por muerto, porque no era lógico que un soldado, desangrado 14 horas, continuara con vida. Creo que ese día Dios estaba de nuestra parte"74. 7: Perú anuncia que Tiwintza está a punto de caer. Desde Chile, Durán-Ballén lo desmiente y afirma que el alto al fuego puede llegar "en las próximas horas". Pero los ánimos se enfrían cuando el vicecanciller peruano, Ponce, en Brasilia, tras conocer la contrapropuesta ecuatoriana, dice que siente "frustración y preocupación". Y el canciller Goldenberg, en Lima, afirma que es "impertinente" e "inadmisible". En realidad, la defensa de Tiwintza se ha fortalecido mucho con la abnegada labor del Cuerpo de Ingenieros, que en el plazo de apenas 48 horas construyó un helipuerto en ese destacamento, permitiendo así el más rápido acceso de los combatientes. El hoy coronel Mario Morales Villegas rememora: "Otra gran obra fue la construcción de plataformas, refugios y vías de acceso para las posiciones de tiro de las piezas de artillería BM-21; el mantenimiento de la carretera hacia Cóndor Mirador, para facilitar la aproximación de todos los medios hacia la zona de combate y el mantenimiento de la vía principal entre la Base Logística Sur, en Cuenca, y las áreas de apoyo administrativo en Patuca y Gualaquiza. "La anécdota que más me llena de satisfacción es la construcción de seis kilómetros de vía para la entrada en posición de la última pieza de artillería del BM-21. Resulta que mi general Moncayo me ordenó que las piezas de artillería debían estar en condiciones de abrir fuego en ocho días en la zona de combate. Según las condiciones técnicas normales, era imposible que alguna constructora pudiera ejecutar semejante operación en tan corto tiempo; pero le dije a mi general que apenas necesitábamos de un plazo de cinco días, ya que la misión era construir los seis kilómetros de vía para que la artillería pueda batir con efectividad hasta Soldado Pástor. Iniciamos este trabajo con régimen continuo de veinticuatro horas, hasta que llegó el quinto día y llamé por la radio a mi general para que dé la primera orden de fuego"75. Por ésta y otras obras, el Estandarte del Batallón de Ingenieros n.º 61 “Cotopaxi” sería más tarde galardonado con la condecoración “Al Mérito de Guerra”, en grado de Gran Cruz. 8: El Comando Conjunto de Ecuador admite que las bajas llegan a 37: 11 son muertos y 26 heridos. Vuelven las negociaciones en Brasilia. Se informa que desde el inicio del conflicto se han derribado cuatro helicópteros militares peruanos; Perú reconoce únicamente dos. Fujimori dice que el avance de las tropas peruanas sobre el puesto ecuatoriano de Tiwintza es "lento, pero seguro". Combates entre patrullas de los dos ejércitos en el área. Los vicecancilleres de Ecuador y Perú y los de los países garantes en el conflicto, con la excepción de EE.UU., retomaron las negociaciones en Brasilia. 9: Aviones peruanos bombardean Coangos y Base Sur. La FAE y la Fuerza Aérea del Ejército apoyan a las tropas. 31 muertos, 79 desaparecidos y 49 heridos es el saldo de bajas por el lado peruano, según admisión propia. El presidente del Congreso, Heinz

32 Moeller, se reúne en Washington con el Secretario de Estado Warren Christopher y otros altos funcionarios. Sixto Durán-Ballén viaja a las poblaciones ubicadas en la frontera ecuatoriano-peruana. 10: Continúan combates en Tiwintza. Los delegados de los países garantes, Argentina, Brasil, Chile y EE.UU., deciden no reunirse hasta el próximo lunes 13, y solicitan a todos los países del mundo que se abstengan de vender armamento a Ecuador y Perú. Los garantes realizaron intensas gestiones en Brasilia en busca de un cese al fuego entre ambos países. Pero las noticias militares del día 10 de febrero se centran en los combates aéreos: los primeros que se realizan entre fuerzas sudamericanas. Ese día, a partir de las 12h30, la escuadrilla "Conejos" —mayor Raúl Banderas (líder) y capitán Carlos Uzcátegui (n.º 2)— entró en emergencia. "A las 12h49 estábamos ya en el aire —rememora el hoy coronel Raúl Banderas—. Aceleramos a 450 nudos y luego de un minuto de vuelo cambiamos a frecuencia asignada a la Defensa Aérea, la cual nos alertó respecto a la presencia de blancos a 170 millas de nuestra posición, con el rumbo 175. "Aproximadamente 4 minutos antes de llegar, recibimos la orden de descender a 20,000 pies, interceptar y derribar cualquier aeronave enemiga. Iniciamos la interceptación en el rumbo 145 y luego viramos al 170. Luego, al establecer el rumbo 140 al SW de Gualaquiza, observé 2 ecos en mi radar a unas 15 millas con rumbo 100 y unos 2,000 pies de desnivelación. Notifiqué a mi n.º 2 quien se abrió a formación de batalla. Traté de hacer una interceptación de 180, pero los ecos del radar se desengancharon. Entonces, tomé la decisión de dirigirnos hacia Tiwintza, insertando las coordenadas de dicho punto en el GPS. En el rumbo 060, a unas 10 millas de Tiwintza, avisté dos aviones a las 11 de nuestra posición (a unas 667 millas de distancia), notifiqué a mi n.º 2 y di la orden de conectar la post combustión, además le confirmé la posición de los boogeys (aviones enemigos). "Descendimos un poco a 0.95 mach, a la vez que hicimos contacto con la Escuadrilla Kfir. A unas 4 millas de distancia escuché el pito de mi misil, indicativo de que estaba enganchado, listo para ser disparado. Cuando nos encontrábamos a unas 2 millas de distancia de los blancos, observé en mi detector de radar que estaba siendo enganchado desde las 6 por un radar —no era ni el del avión de mi n.º 2, ni de los Kfir—, por lo que procedí a emitir CME (contramedidas electrónicas) con lo que se desenganchó la amenaza. "En ese momento identifiqué a dos boogeys que tenían grandes tanques de combustibles bajo las alas. Subiendo un poco pude ver claramente la nariz cortada de los SU-22 (aviones supersónicos Sukhoi, de fabricación soviética) y procedí a lanzar el primer misil desde una distancia de 1 a 1.5 millas. El misil impactó directamente en el avión de la derecha, que volaba ligeramente retrasado en relación del otro, en una especie de hilera de combate un poco abierta con una separación de unos 800 metros. Salí hacia a derecha y mi n.º 2 ingresó contra el avión de la izquierda al que le disparó un misil, impactándole directamente. "Los dos Sukhoi continuaron volando, pero echando humo por sus toberas, por lo que supuse que iban sumamente averiados. No obstante, una vez que mi n.º 2 salió de su primer disparo, yo volví a ingresar contra el avión de la derecha, que se encontraba banqueando hacia ese lado en un ligero ascenso. Disparé un segundo misil que, por la curva de persecución que describió, parecía inicialmente que no iba a dar en el blanco, pero que finalmente hizo un impacto directo, produciendo una gran explosión. Inmediatamente salí hacia la derecha con el propósito de abandonar la zona, al tiempo mi n.º 2 a su vez ingresaba nuevamente contra el avión de la izquierda al que le disparó un segundo misil que dio en el blanco, pero no hizo una explosión igual al primero. "Por la amenaza que persistía en mi radar Warning, ordené a mi n.º 2 salir inmediatamente lanzando chaff y en picada con 0.95 mach (unos 1,100 kilómetros por

33 hora), descendiendo hasta volar rasante por la copa de los árboles con rumbo norte. El capitán Uzcátegui, me informaba en esos momentos que del avión que yo impacté se había eyectado el piloto, no así del otro que, sumamente averiado, siguió volando con rumbo sur. "Una vez que evadimos la amenaza, volvimos a ascender a 20.000 pies para retornar a nuestra base. Ya en tierra, nos enteramos que los aviones Kfir habían derribado un A37B y luego por la prensa supimos que los Sukhoi nunca regresaron a su base...76 Ese mismo día otro aparato de la FAE, un A-37B signado con el número 392, fue impactado por un misil. Dando muestras de arrojo y pericia, los dos tripulantes —el capitán Rodrigo Rojas y el subteniente Manolo Camacho— lograron maniobrar hasta aterrizar en Macas, salvando el aparato que, 15 días más tarde, pudo ser puesto nuevamente en condiciones de volar; pero ahora bautizado con el nombre sagrado de “Tiwintza”. A TODO ESTO, EN BUENOS AIRES… Antes de retomar el relato cronológico, debemos anotar dos hechos en Argentina: El primero, en apariencia no tiene nada que ver con el caso de la venta de armas a Ecuador; pero las cifras calzan tan precisamente, y el mundo del tráfico de armas es tan embrollado, que cuesta trabajo pensar en una simple coincidencia. Lo cierto es que, el 11 de octubre de 1994 —meses antes del conflicto Ecuador-Perú —, el ya mencionado Luis Eustoquio Sarlenga, interventor de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), firmó un convenio con el entonces subjefe del ejército argentino, general Raúl Gómez Sabaini, por el cual la DGFM debía recibir en forma inmediata, entre otros materiales, 10 millones de cartuchos de 7.62 milímetros y 5,000 fusiles FAL en desuso. El acuerdo especificaba que los proyectiles estaban “vencidos” y que uso “se había prohibido por razones de seguridad”77. El autor de este libro no dispone de más datos sobre estos elementos; pero la coincidencia de las cifras (finalmente Ecuador contrató 10 millones de cartuchos 7.62 y recibió un total de 4,998 fusiles FAL) es tan precisa, y la gestión de Sarlenga (y de toda la DGFM) tan turbia, que la inferencia es lógica y legítima: quizá estos mismos fueron los implementos que se destinaron a nuestro país. De haber sido así, la ganancia de los intermediarios (y las comisiones del propio Sarlenga) habría sido mucho mayor, pues no se habría tratado de armas que la Dirección mantenía en stock, sino de objetos que habrían sido dados de baja, con lo cual su precio habría sido muy inferior (y las utilidades y comisiones mucho mayores). Quizá con el tiempo lo sabremos. El segundo hecho anterior al pedido ecuatoriano es el decreto secreto n.º 103, que el presidente Carlos Menem firmó el 24 de enero de 1995, para amparar ventas militares argentinas con destino a los Balcanes. El decreto n.º 103 era del tipo conocido como “autobús”, ya que no se refería a una venta específica a un cliente determinado, sino que dejaba abierta la posibilidad para que la DGFM pudiera negociar a través de intermediarios, con diferentes destinos y para diversos clientes. También hemos mencionado ya a Diego Emilio Palleros, teniente coronel retirado, traficante de armas argentinas a distintos lugares, habitualmente en asocio con Sarlenga. LOS HOMBRES… Y LA HISTORIA Hagamos un paréntesis. Por el tema de este libro, y por las incidencias específicas del tráfico de armas en 1995, podría existir la tendencia a calificar a la Argentina —a toda la noble y grande

34 nación argentina— con los adjetivos que unos pocos de sus hijos se merecen. Argentina no es Palleros ni Sarlenga. Los hombres somos obra de nosotros mismos, uno a uno; pero también somos el reflejo y el rostro del tiempo que nos ha tocado vivir. De la sociedad y de la ética en la que nos criamos. Los traficantes argentinos de armas que aparecen en estas páginas no son la faz de su nación, que es un concepto histórico, sino el rostro deformado de ella que se reflejó en su tiempo. No son hijos de su pueblo, sino vástagos de la prolongada y oprobiosa dictadura que cayó sobre Argentina durante casi dos décadas y que impuso un régimen de terror y tortura, con miles de desaparecidos y con sistemas de opresión y vergüenza en la llamada guerra sucia que asesinó a miles de sus mejores jóvenes y deformó al conjunto de la sociedad, dictadura a la que siguió un período de corrupto populismo neoliberal menemista. Estos traficantes —y buena parte de todo el estamento militar— no son hijos de Belgrano o San Martín ni los hermanos de Borges, Cortázar, Piazzola o de las heroicas y constantes Madres de la Plaza de Mayo, que desafiaban a la represión en demanda de sus hijos y nietos desaparecidos. Son el rostro de la dictadura en la que nacieron y se educaron: el retrato de Dorian Gray de su tiempo, la ferocidad sin límites de la represión interna, y la igualmente miserable fisonomía de su política exterior, ejemplificada en la guerra de las Malvinas, aquella mezcla nefasta de aventurerismo irresponsable y cobardía frente al enemigo. Y —duele decirlo— el Ecuador de 1995 (¡de hace apenas diez años!) no es el Ecuador de hoy. Porque ahora cuesta trabajo creer en aquel oficial que pierde sus piernas y lo único que pide es un fusil para quedarse a cuidar la retirada de sus hombres; en aquellos pilotos que prefieren arriesgar sus vidas para salvar el aparato que la Patria les ha confiado, y que ellos saben que se compró con las privaciones y el sacrificio de los maestros y los jubilados. Eran otros. Pero éramos nosotros mismos. Es posible que, al escuchar con oídos de 2005 sus acciones de 1995, tengamos una tendencia a la incredulidad e incluso a la sospecha de que nos están mintiendo; de que son historias legendarias, heredadas de aquellas narraciones heroicas escolares de Abdón Calderón y sus hermanos de lucha. Después de Abdalá Bucaram y de Jamil Mahuad, rodeados de Lucio Gutiérrez, de sus corruptelas, su nepotismo y sus mentiras, es trágicamente normal que dudemos de la verdad de estas historias de hermandad de todo un pueblo, de aceptación de sacrificio de toda una nación y de voluntad mancomunada de lucha de toda una Patria, que estaba renaciendo, con la sangre de sus mejores hijos, en el lodo de la selva y en la disposición para aceptar impuestos y restricciones en nombre de un destino común, que hoy puede sonarnos a discurso político, hueco y mentiroso. Que hace sólo diez años, aquello fue verdad. Que fue cierto que los hijos de todo un país cerraron filas en torno a un proyecto nacional y un destino común. ¡Hace sólo diez años! Por eso nos queda la esperanza de que, si pudimos una vez, podremos siempre. DE REGRESO AL NEGOCIO. UN FIANCHETTO INESPERADO Volvamos sobre uno de los puntos extraños del negocio. César Torres Herbozo es un joven de 28 años, que realiza un curso de postgrado en la Universidad San Francisco de Quito. Nunca ha realizado negocios con armas ni se le conocen actividades vinculadas con la milicia o con transacciones de este calibre y nivel. El contrato, como hemos visto, demanda la presentación de garantías muy abultadas y

35 técnicamente prolijas. ¿Cómo pudo lograrlo? Antes de la firma, con fecha 6 de febrero de 1995 (jueves), el Dr. César Torres Herbozo entregó, a favor de la HJDN cuatro pólizas de seguro emitidas por la bien reputada empresa “Seguros Equinoccial S.A.” en garantía del “Buen uso de anticipo” (en realidad, en este caso no se trataba de un “anticipo”, sino de la totalidad del valor del contrato) y de “Fiel cumplimiento de contrato”, con los números 17993, 17994, 23427 y 23428, equivalentes al 105% del valor total del contrato; es decir 7’675,500 dólares. En los cuatro convenios con la firma aseguradora “se testimonia que intervinieron ante la firma Seguros Equinoccial: como deudor principal el Dr. Torres Herbozo y, en calidad de garante solidario, la compañía Prodefensa C.A., representada por su presidente ejecutivo, el Sr. Roberto Sassen van Elsloo Otero”. En realidad, Roberto Sassen van Elsloo era el auténtico intermediario en el negocio de las armas, y como tal es él quien actúa en todas las diligencias tramitadas en Argentina. Roberto Sassen van Elsloo, a nombre de Prodefensa o de otras empresas del ramo, era un proveedor de armas bien conocido por las FF.AA. ecuatorianas y particularmente por la Policía Nacional, a la que abastecía regularmente de pistolas automáticas y otros insumos. *** En el juego de ajedrez —tan parecido en tantas cosas a la guerra— hay una movida conocida como fianchetto (del italiano “flanquear”), que consiste en colocar al alfil, desde el inicio del juego, en actitud de dominio y control del centro, protegido por una maraña de peones, mediante la artimaña de ponerlo delante del caballo (A2C, para quien guste de la notación clásica). El fianchetto se usa, entre otras, en las aperturas “Ruy López”, “Gambito del Rey” y “Grunfeld”, que se contaban entre las preferidas de Bobby Fischer. El alfil, que sólo se ha movido un escaque, pasa no obstante a ser la figura clave de toda la situación, pese a que se conserva como “en la sombra”. Tal fue la aparición de nuestro personaje. *** Roberto Sassen van Elsloo tiene ascendencia holandesa y española. Sus padres emigraron a Ecuador al término de la Segunda Guerra Mundial. Siempre soñó con ser piloto, pero ese deseo se frustró debido a un accidente que le afectó un ojo. Así que se dedicó a su otra pasión, las armas. Esa afición la adquirió de su padre, que fue instructor de la Policía. Así que desde pequeño estuvo acostumbrado a ver policías por su casa; pero, como no le interesó ser policía, viajó a Alemania, en donde estudió en un Instituto Técnico desde 1971, luego pasó a estudiar en Estados Unidos, en donde mantuvo relaciones con los representantes de la fábrica Glock, constructora de una pistola automática de fama mundial. En total, en una entrevista de mayo de 2001, dijo que “en toda su carrera ha vendido diez millones de dólares en armamento, municiones y equipos a la Policía”78. Ahora, luego de comprometerse con las garantías, el negocio de los FAL era ya “su negocio”. EN EZEIZA: A VENEZUELA En general, y por razones de seguridad, los negociantes de armas prefieren el transporte marítimo; pero es evidente que, por los plazos del contrato con la HJND, los primeros envíos de los FAL tendrían que embarcarse por vía aérea. A las 5:45 de la madrugada del viernes 17 de febrero de 1995, al aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires arribó un avión Douglas DC-8, matrícula N57FB de la empresa “Fine Air”

36 de Miami. Tan pronto llegó a la zona de carga, nuestro ya conocido Lasnaud (Lasnovsky) se aproximó al piloto y le habló en francés. Y volvemos a la historia de las intermediaciones en el tráfico de armas. Desde comienzos de 1995 —seguramente para otro cliente—, Lasnaud había contratado a “Fine Air”, a través de la “Airline Equipment Specialists” (AES), en la cual Lasnaud figuraba como vicepresidente. A su vez, la AES contrató a la “Baseops International Inc.”, con sede en Houston. Lasnaud pagó un total de 130,000 dólares por el flete. Cuando Sassen van Elsloo reclamó por lo elevado del costo del transporte, Lasnaud le respondió con un fax que decía: “1.– Las tarifas internacionales no rigen para vuelos de triangulación; 2.– Estas tarifas no son las mismas para este tipo de carga; 3.– Pocas empresas quieren efectuar estos vuelos en momentos de conflicto; 4.– Consultados precios con distintas empresas europeas y americanas, la mayoría no quería efectuar los vuelos, y las que aceptaban tenían precios similares”79. Pero lo realmente importante es que en el embarque figuraba como destino final “Caracas, Venezuela”, aunque se especificaba que el avión haría una escala en “Guayaquil, Ecuador”. La razón de esto es que, en la indispensable “declaración de destino final” figuraba Caracas y, concretamente, el coronel Edgar Tomás Millán Zabala. La realidad es que Sarlenga —para negocios anteriores— había pedido a su socio Palleros que consiguiera tal “declaración de destino final” de cualquier parte. Palleros, a través de su “empresa uruguaya” Hayton Trade, estableció contacto con una subsidiaria en Venezuela, la “Metales Restor C.A.”, la misma que se agenció que el coronel Millán Zabala suscribiera una “declaración de destino final”, a sabiendas de que se trataba de armas que Venezuela no se proponía adquirir. El periodista Daniel Santoro duda que Millán Zabala, conocedor del uso que se da a tal “declaración de destino final” en el mercado negro de armas, lo haya hecho “inocentemente”.80 Cuando Santoro investigó “Metales Restor C.A.” encontró que la empresa contaba con “un capital declarado de seiscientos dólares, una máquina de escribir Olivetti, una calculadora Casio, un archivador con cuatro gavetas, dos escritorios y dos sillas”.81 Esta era la empresa que presuntamente deseaba adquirir millones de dólares en armas. La razón para toda esta complicación era que, desde el 10 de febrero de 1995, Argentina se había sumado al embargo de armas a Ecuador y Perú. Y, además, ¡Argentina era uno de los países garantes de la paz, amistad y límites entre aquellas dos naciones sudamericanas! Nada de extrañar si recordamos que el tándem Sarlenga/Palleros ya le habían vendido armas a Croacia, por un lado, y a Bosnia por otro… ¡mientras había un batallón de tropas argentinas en el cuerpo de “cascos azules” de Naciones Unidas, supuestamente garantes de la paz en la antigua Yugoslavia! De todos modos, el DC-8 de “Fine Air” decoló de Ezeiza a las 9:49 de la mañana del mismo 17 de febrero, llevando a bordo 25 toneladas de carga para “Venezuela”, que consistían en 999 fusiles FAL y 860,000 cartuchos calibre 7.62 X 51. Sarlenga y Lasnaud respiraron satisfechos. COMIENZA EL ESCÁNDALO Era demasiado pronto. Por lo menos Sarlenga, aficionado al tango y habitúe de los locales de la Boca, debía recordar las palabras de Santos Discépolo en el clásico “Yira… Yira”

37 “Cuando la suerte, que es grela, fallando, fallando, te largue para’o. Cuando estés bien en la vía sin rumbo, desespera’o; cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol…” Lo cierto es que, a mediados de la tarde del mismo 17 de febrero, el agregado aéreo peruano en Buenos Aires, el coronel Rafael Fernando López Alvarado, se presentó en el Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina. López Alvarado tenía “la sangre en el ojo” por las noticias del derribo de los Sukhoi en el Cenepa, pero seguía confiando en la tradicional amistad entre las fuerzas aéreas de los dos países, sobre todo luego del auxilio que los peruanos habrían prestado durante la guerra de las Malvinas, cuando Perú facilitó a Argentina seis Mirages M5 y algunos misiles. Ahora, en su entrevista con el brigadier Roberto de Saa, de la inteligencia aérea argentina, López Alvarado le dio a conocer una información que había recibido de Lima, en la cual se detallaba la venta de armas a Ecuador. López Alvarado dio el número de matrícula del avión, las fechas de los embarques previstos, los nombres de los tripulantes y otros detalles82. En realidad, la cancillería argentina ya estaba informada del hecho, pues el embajador gaucho en Lima, Arturo Ossorio Arana, había comunicado, en cable confidencial del 13 de febrero, la denuncia presentada en tal sentido por los peruanos, aunque el embajador había desmentido el hecho y “dado las seguridades del caso”, citando la prohibición de envíos bélicos a los países beligerantes y la condición de Argentina de país garante del Protocolo de Río. Cuando, el 23 de febrero, decoló el tercer avión de “Fine Air”, los peruanos dejaron de confiar en la capacidad de sus contactos argentinos para detener los vuelos y dejaron filtrar la noticia al diario “La República” en Lima, de donde “rebotó a “Clarín” de Buenos Aires. Lo escandaloso se convirtió en escándalo.

DISTRIBUCIÓN DE LAS ARMAS
Como queda dicho, en el primer embarque (17 de febrero de 1995) llegaron 999 fusiles y 860,000 cartuchos a Guayaquil. En su escrito al presidente de la Corte Suprema de Justicia (25 de septiembre de 2003), el general Gallardo declara que, “cuando fuera informado de la llegada del armamento argentino, recibió el informe verbal del jefe del comando conjunto de que, al distribuir los fusiles entre los reservistas se había descubierto que no eran nuevos sino usados. Entonces, le preguntó al jefe del comando conjunto si se disponía de otros fusiles para entregarlos a los reservistas y retirar los llegados de Argentina, a fin de formular inmediatamente el reclamo al vendedor, recibiendo la respuesta de que no había fusiles disponibles y que, por lo tanto, los reservistas quedarían desarmados. “Además, le preguntó si los fusiles y la munición argentinos tenían condiciones como para usarlos en combate, recibiendo la contestación de que ‘una parte de ese material estaba en mal estado; pero que la mayoría podía ser empleado’. “En base de las respuestas recibidas, el general Gallardo autorizó para que se mantenga dicho material en poder del ejército hasta que se logre comprar fusiles y munición nuevos o, en su defecto, hasta que termine el conflicto; porque, si se devolvía inmediatamente al vendedor, las tropas quedarían desarmadas. “Sobre cualquier otra consideración había que impedir que el Ecuador fuera derrotado, con todas las consecuencias funestas contra su honor y sus sagrados intereses. “Éste era el bien superior que el ministro de Defensa Nacional debía proteger. “4.2.– Por otra parte, no había necesidad de obrar con precipitación, porque según la garantía técnica se disponía de ‘un año, contado a partir de la fecha del acta de entrega recepción’”. Efectivamente, como recordará el lector, la cláusula octava del contrato especificaba: El Vendedor garantiza los fusiles y la munición que entrega en virtud del presente contrato contra defectos de material, de fabricación y funcionamiento durante el período de (1) un año, contado a partir de la fecha del acta de entrega-recepción, razón por la cual, en caso de fallas o defectos de fabricación, se obliga a la reposición con otros que satisfagan las exigencias del Comprador, sin costo adicional para éste…”. LOS OTROS EMBARQUES En Buenos Aires la reacción fue prácticamente inmediata. El 18 de febrero, poco antes de las 7 de la mañana, en Ezeiza aterrizó un segundo vuelo de “Fine Air”, cuya carga fue controlada nuevamente por Lasnaud. El acucioso Daniel Santoro aclara que “Esta vez se registró un incidente. Un ‘representante’ de los ecuatorianos, quien también estaba en la pista (cuyo nombre se desconoce), se quejó por segunda vez porque los fusiles FAL que se estaban cargando no eran nuevos y la munición tenía fechas que variaban ‘entre 1972 y 1984’… Ante las insistentes quejas del representante de los ecuatorianos, Lasnaud ‘le puso el revólver en la boca’ y lo echó a patadas de la pista de Ezeiza”83. Como se ve, los contratistas (Torres Herbozo y Sassen van Elsloo) trataban de dar cumplimiento al contrato que habían suscrito con la HJDN, y fue únicamente a la fuerza como debieron desistir de su comprobación. En Ezeiza se encontraba también un oficial de la Fuerza Aérea Argentina de apellido

39 Spadano, que había sido comisionado por su comandancia para controlar estos embarques, en vista de las denuncias peruanas. Llamó al jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Juan Paulik, a quien fue a visitar a su finca, muy cercana a Ezeiza. Spadano le pidió demorar el vuelo de “Fine Air” para investigar más, pero Paulik rechazó la sugerencia. De todos modos, Paulik intentó comunicarse con Oscar Camilión, el ministro de Defensa, y sólo logró visitarlo a las 7 pm. Entonces le dijo lo único que él podía atestiguar: “— Ministro —le dijo—. La carga tiene destino Venezuela, pero el avión hace una escala en Ecuador. “— Gracias por la información, brigadier —respondió escuetamente el ministro, dando por terminada la comunicación84. Este segundo vuelo de “Fine Air” desembarcó en Guayaquil 2,999 fusiles FAL y 140,000 cartuchos de los años ‘82 y ‘84 (los más viejos de todo el envío). Al día siguiente, 19 de febrero (domingo), Lasnaud envió un fax a Sassen van Elsloo. En él se lamentaba del “error” cometido en el embarque del día anterior (por la vetustez de la munición) y aseguraba que ese “error” sería corregido por cuenta de Fabricaciones Militares Argentinas. Pero, insaciable en su voracidad, Lasnaud no perdió la oportunidad de ofrecerle a Prodefensa que la estatal argentina podría servir como fachada para cualquier otro negocio triangular y, sin perder un segundo, le dijo que la mafia rusa le iba a cotizar al día siguiente (20 de febrero) un nuevo misil antitanque ruso llamado Fagot, que era “muy superior a los Red Arrow chinos. El autor de este libro desconoce si hubo respuesta de Sassen van Elsloo. Pero aquí es necesario volver al campo de batalla y a la situación internacional. UNA “PAZ” BASTANTE EXTRAÑA Febrero 13: Perú decreta un alto al fuego unilateral a partir del mediodía del martes (14 de febrero). Fujimori dice que sus tropas tomaron la base de Tiwintza. Ecuador lo desmiente y, en cuanto al “alto al fuego” declara que las FF.AA. ecuatorianas no dispararán si no son atacadas. Enfrentamientos de patrullas de los dos ejércitos en Cueva de los Tayos, Base Sur y Tiwintza. Ecuador desmiente el abatimiento de dos aeronaves de la FAE. El capitán de sanidad Edison Tasambay recuerda: "Los combates crecían en intensidad, aumentaban los heridos, y mi actividad se volvió frenética, al ser el único médico en la zona. “Para atender a los heridos, muchas veces en medio del combate, tenía que llegar arrastrándome hasta su posición e intentar aliviar su dolor en medio del estruendo de los disparos y las quejas contenidas de quienes habían recibido impactos. “Recuerdo con tristeza que no pude llegar a tiempo cuando fue herido el Sgto. Cueva; debido a la gravedad de la herida que provocó una hemorragia masiva —él tenía el impacto de proyectil que ingresó por la fosa lumbar derecha y no tuvo sitio de salida por el abdomen—, se produjo una muerte rápida de este heroico soldado. “Otra de las situaciones duras que me causaron impacto, fue el hecho de haber compartido mucho con el soldado Yuqui, el hombre de seguridad, el ‘Body’ de mi Cap. Edwin Castro. “El momento que se produjo el cese de fuego él fue capturado por los peruanos. Posteriormente encontramos su cadáver con huellas del castigo que le infligieron los peruanos. Ver su cadáver en esa situación fue realmente triste, una situación bastante dura... indignante. "Más tarde, la situación se tornó crítica por la falta de abastecimientos: la gente en

40 nuestro sector no tenía alimentos, hubo un tiempo que pasaron dos y hasta 3 días, sin ningún tipo de abastecimientos. “En la parte de sanidad ya no tenía ni antibióticos, ni medicamentos, ni equipo quirúrgico para poder seguir trabajando. Sólo disponía de unas multivitaminas, las que se ‘transformaron’ en analgésicos, antibióticos, sedantes... “Les decía a mis compañeros: 'esta medicina que tengo la estaba guardando para mí, pero tú la necesitas más, tómala con fe y entusiasmo y verás que te va a hacer bien'... Había un compañero que ya llegaba a una neumonía y decía que por su tos fuerte le podía localizar el enemigo. Le di un jarabe de vitaminas y fue un perfecto antitusígeno. "En la vida de médico uno vive la muerte y hasta que llega un punto que se acostumbra a eso, pero en combate es mucho más dramático: uno puede percibir el espíritu de muerte que está alrededor y uno sabe si el paciente se va a salvar o definitivamente no tiene esperanza de vida. Lastimosamente, por las condiciones climatológicas y del terreno no se pueden hacer las evacuaciones, a pesar del esfuerzo sobrehumano de sus compañeros… los heridos graves murieron en el sector. “Algo que nos llenó de orgullo y nos levantó la moral, fue cuando escuchamos que fue derribado un helicóptero peruano, que entraba a 'roquetear' en el sector conocido como 'El Tobogán'. Ésa era una posición de los Iwias y fue ahí donde mi Tnte. Cáceres derribó el helicóptero; había una gran alegría, era como cuando la selección de fútbol metía un gol. No podíamos hacer bulla, pero la gente estaba entusiasmada, entregada totalmente al cumplimiento del sagrado deber de defender a la Patria"85. 14: Los garantes reciben con beneplácito el anuncio del alto al fuego peruano. En una cadena de televisión, Sixto Durán-Ballén dice que "ha surgido un nuevo Ecuador, no dimos un paso atrás, mantenemos intactos nuestros destacamentos, símbolos de nuestra dignidad histórica". Un grupo de periodistas ecuatorianos y extranjeros comprueba que Tiwintza está en manos ecuatorianas. Se informa que hay tropas peruanas infiltradas aproximadamente a 3 kilómetros de Tiwintza. 15: Los garantes presentan una propuesta para el proceso de separación de fuerzas, tras lo cual se procederá al envío de los expertos militares a la zona en conflicto. Ecuador acepta el proyecto de acuerdo, pero el Perú demora su respuesta. Frente a la negativa peruana, los garantes declaran cerrada la segunda ronda de negociaciones. Se inicia en Brasilia una reunión de militares de los cuatro países garantes para preparar la eventual misión observadora que supervise el cese al fuego. Periodistas nacionales y extranjeros continúan visitando Tiwintza, Coangos y Cueva de los Tayos, que se encuentran en poder de las tropas ecuatorianas. 16: Ante la demora peruana en decidir la firma de la "Declaración de Paz de Itamaraty", Ecuador amenaza con dar por agotadas las conversaciones en Brasilia y acudir a la OEA. Fujimori, que por segundo día se encuentra visitando las bases militares de la Cordillera del Cóndor, admite que a "causa de lluvias, fango y presencia de algunos soldados ecuatorianos no se pudo llegar a la disputada Tiwintza". Aviones y helicópteros peruanos violan el espacio aéreo ecuatoriano. Tropas peruanas infiltradas en territorio ecuatoriano emboscan a una patrulla ecuatoriana cuando realizaba el abastecimiento a los soldados de la línea de fuego. 17: Finalmente, luego de agotadoras negociaciones, Ecuador y Perú firman, a las 04:45 GMT, un acuerdo de alto al fuego. El documento contiene seis puntos que incluyen: el cese al fuego, el envío de una comisión de observadores a la zona del conflicto, la creación de una zona de desmilitarización y una lenta, gradual y mutua desmovilización. 18: La Cancillería ecuatoriana confirma que un grupo de observadores de los países garantes llegará el martes 21. En Perú crecen las objeciones a los términos de la "Declaración de paz de Itamaraty". 19: Las tropas ecuatorianas continúan en estado de alerta en la frontera. Fujimori es cuestionado por haber aceptado un repliegue de las FF.AA. peruanas al llamado Puesto de Vigilancia 1, o Soldado Pástor. En Lima se considera que tal decisión favorece a

41 Ecuador y que la diplomacia peruana cometió un error. 20: El gobierno ecuatoriano ofrece garantías para que la misión de observadores cumpla su labor. Las fuerzas ecuatorianas que mantienen sus posiciones en Tiwintza, Base Sur y Cueva de los Tayos son hostigadas por patrullas peruanas, en clara violación al cese al fuego. Por cuarta vez Fujimori posterga el viaje a Tiwintza. 21: La misión de observadores arriba a Cuenca. Los 23 militares —encabezados por el general brasileño Ariel Pereira de Fonseca— son acogidos por militares ecuatorianos y los embajadores de los cuatro países. No pueden sobrevolar los puestos ecuatorianos ya que llegan a las 17h45, hay mal tiempo y las condiciones de seguridad no son las mejores. La tarea de esta misión será sentar las bases para el trabajo que cumplirán los observadores militares que llegarán próximamente. Un comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores denuncia el irrespeto de Perú al alto al fuego. 22: En un desesperado intento por tomar Tiwintza antes de la llegada a su territorio de los observadores de los garantes, el Perú desata un ataque masivo que incluye lanzallamas y gases tóxicos contra Tiwintza. El Ministro de Defensa denuncia el violento ataque y dice que Ecuador está dispuesto a defenderse "hasta las últimas consecuencias". En Patuca, los observadores internacionales escuchan una comunicación del Ejército peruano "cuando el general López Trigoso ordenaba un ataque generalizado de las posiciones ecuatorianas y especialmente contra Tiwintza". En la zona de El Maizal, cercana a Tiwintza tiene lugar el más cruento de los combates de la guerra. Ecuador tuvo 13 bajas en esa batalla. Pero el contra-ataque fue feroz. No quedó ni un peruano. Los observadores militares comprueban que en la zona del Cenepa, exactamente en Tiwintza, continúan "choques entre patrullas militares de Ecuador y Perú". El Gobierno anuncia que convocará a la conformación de un gran "Frente Patriótico", integrado por personalidades destacadas de todos los sectores del país, a fin de que exista una orientación sobre las políticas que adoptará el gobierno en torno a las negociaciones subsiguientes. Se desmiente la toma peruana de Tiwintza, Cueva de los Tayos y Base Sur. OTRA VEZ EN EZEIZA Aunque Spadano sigue en Ezeiza, la frialdad con que fue recibido su informe anterior por el brigadier Paulik lo inhibe de intervenir otra vez. El 23 de febrero, Lasnaud realiza el tercero y último embarque por “Fine Air”: 1,000 fusiles y un millón de cartuchos, de los cuales 140,000 eran elaborados en 1984, pero los restantes 860,000 sí tenían fecha de 1994. Esta vez el avión llega a Quito. UN BREVE RESUMEN Las muy prolongadas negociaciones en Río, primero, y más tarde en Brasilia, a los garantes se les iba terminando la paciencia, al constatar que sólo una de las partes (Ecuador) buscaba realmente la terminación del conflicto armado, mientras la otra parte (Perú) seguía empeñada en dar largas a las conversaciones sin llegar a nada sustantivo. Las razones para estas diferencias son bastante obvias. Por el lado ecuatoriano: — Se ha visto claramente que sus FF.AA. han logrado detener las infiltraciones peruanas y que, aun a costa de grandes sacrificios, han consolidado sus posiciones defensivas (incluso con la instalación de recursos nuevos de artillería, como las baterías de cohetes BM-21); — No obstante lo anterior, es claro que, de generalizarse el conflicto (probablemente en la provincia de El Oro), la superioridad numérica peruana (sobre todo en carros de

42 combate) habría sido muy difícil de contrastar; — Existe el normal temor de que un conflicto excesivamente prolongado agote las capacidades de resistencia de las tropas en el teatro de operaciones, y que éstas deban ser reemplazadas por las reservas; pero — Aquellas reservas (algo menos de 43,000 hombres) no disponían de armas para enfrentar el combate. Ni siquiera el mínimo absoluto; es decir, un fusil y munición para cada hombre; — Finalmente, teníamos la experiencia de 1941, cuando ingenuamente esperamos que la solidaridad panamericana contuviera la invasión a los pocos días. En 1941 se vio claramente que estábamos solos, y éstas son lecciones que no se olvidan. Por el lado peruano: — Los comandantes peruanos, prevalidos de su superioridad numérica y torpemente convencidos de que finalmente los ecuatorianos tendrían que ceder, estimaban que una solución militarmente favorable a ellos sería cuestión de unos pocos días; — Como la estrategia defensiva de Ecuador ha quedado de manifiesto, Perú no teme un avance de las fuerzas ecuatorianas y, en consecuencia, estima que no tiene nada que perder con un aplazamiento; — Finalmente, y tal vez lo más importante, es que el 9 de abril están convocadas elecciones generales en Perú y, tanto la instancia política cuanto la militar, están convencidas de que los resultados dependerán de una solución favorable (militar o diplomática) al conflicto. Por todo lo anterior: — Hasta el 17 de febrero, Ecuador considera inminente una ofensiva generalizada de Perú, no sólo en la zona de selva; — Incluso luego de la firma del Acuerdo de Itamaraty —17 de febrero—, y a partir de la experiencia de 1941 (cuando Perú aprovechó el cese de fuego para avanzar en toda la línea), Ecuador sigue considerando que Perú prepara una ofensiva general; lo que se ve reafirmado con el traslado de una parte importante de su ejército hacia el norte, y con la movilización de su flota (particularmente de submarinos) hacia el golfo de Guayaquil, e incluso más hacia Esmeraldas, donde tememos un ataque masivo sobre la refinería de Esmeraldas. Así que la urgencia de conseguir armas para equipar (siquiera mínimamente) a las reservas que se presentan voluntarias por miles en los cuarteles es cada vez más imperiosa. De hecho, el día 8 de febrero de 1995 hubimos de suspender el registro de voluntarios, porque ya no teníamos capacidad para equiparlos (de hecho, ni siquiera teníamos capacidad para alojarlos o alimentarlos). La emergencia para conseguir armas era total. El concepto de embargar el envío de implementos bélicos a los países en conflicto (adoptado en el mundo panamericano desde 1945) impedía la posibilidad de adquirir legalmente ese armamento en países cercanos, y los trámites para la importación (y el transporte) desde otro continente tardaría muchísimo más de lo que la prudencia recomendaba. Era evidente que había que comprar armas donde sea y como sea. Estos temores, refrendados por la Historia, se pusieron aun más claramente de manifiesto luego del acuerdo del 17 de febrero, pues incluso con los primeros observadores ya en Ecuador (el 21 de febrero), se produjo el ataque masivo del día 22 y la feroz batalla de El Maizal. UNA VEZ MÁS EN EZEIZA Las informaciones aparecidas en el diario limeño “La República”, y sobre todo las primeras publicaciones en “El Clarín” de Buenos Aires, alertaron a los traficantes de

43 armas sobre el escándalo que se avecinaba. Frente a una primera manifestación en Lima frente a la embajada Argentina, el embajador, Arturo Ossorio Arana, insistió ante su Cancillería, y Guido di Tella reclamó al Ministro de Defensa, Oscar Camilión. El interventor de Fabricaciones Militares, Luis Eustoquio Sarlenga, de quien ya hemos visto que mantenía estrechas relaciones (y quizá sociedad comercial) con los traficantes de armas Lasnaud y Palleros, optó por “irse de vacaciones”. Su reemplazo, el coronel Edberto González de la Vega, decidió cortar por lo sano y sencillamente prohibir la continuación de los embarques a “Venezuela” por Ezeiza. El cuarto avión de “Fine Air”, previsto para volar a “Caracas” el 26 de febrero, decoló vacío. Los embarques de armas argentinas a Ecuador habían terminado.

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DE LOS ÚLTIMOS COMBATES A LA ZONA DESMILITARIZADA
El general Paco Moncayo narra la situación imperante en los siguientes términos: “El acuerdo alcanzado en Itamaraty sirvió únicamente para maniatar al mando militar y al teatro de operaciones terrestres y para que los peruanos iniciaran una infiltración en gran escala en el territorio ecuatoriano. Todas las posiciones en las que lograron establecerse fueron alcanzadas sin combatir, con posterioridad al 17 de febrero, y no estaban defendidas por nuestras tropas. Evidentemente un área tan grande de selva de montaña no puede ser controlada en su totalidad. Para ello se necesitarían decenas de miles de hombres. De modo que se dedicaron a introducir nuevas fuerzas con el fin de continuar sus ataques a Tiwintza, con los resultados adversos que ya fueron explicados. “Estábamos en un punto muerto, teníamos la sensación de que los Observadores, engañados por la diplomacia peruana, demoraban su presencia para darle tiempo al Perú con el fin de que expulse a nuestras fuerzas del territorio que arbitrariamente reclamaba como suyo. Ellos decían que solamente vendrían si cesaban definitivamente los fuegos, lo cual era imposible que suceda sin su presencia. “En la madrugada del día 23, una llamada de Quito nos alertó de la presencia del presidente Fujimori en el sector del destacamento Soldado Pástor y la amenaza de que, si sufría algún daño, el Perú bombardearía Quito. Gracias a las excelentes comunicaciones que habíamos establecido y por las cuales manteníamos contacto permanente hasta con los comandantes de las patrullas, se dispone a las cuatro y media de la mañana que se suspendan operaciones en el área en que se presuponía podía estar el presidente (Fujimori). “La presencia de los precursores (de los delegados extranjeros) en el destacamento Soldado Pástor fue aprovechada también por el presidente Fujimori en su última aparición en el área, para fotografiarse en alguna parte del río Cenepa. “La situación militar se había puesto desagradable por la presencia de las fuerzas peruanas en el interior de nuestro dispositivo y la imposibilidad de desalojarlas, a pesar de que con cada movimiento, en su desesperación por mostrar una mejor ubicación a la llegada de los Observadores, solo se introducían a un cerco bajo el fuego de nuestras armas. Desde luego, las acciones de los militares peruanos volvían la situación muy inestable, con el peligro de que la paz volviese a alterarse. “El círculo vicioso de que si primero debía perfeccionarse el alto al fuego y posteriormente debían llegar los Observadores, o viceversa, se logró romper con la presencia de los Agregados Militares de los países garantes en la zona del conflicto. Cuando éstos ingresaron a Coangos (bajo control ecuatoriano) y Soldado Pástor (control peruano), el acuerdo del cese al fuego comenzó a ser obedecido”.86 Esto aconteció únicamente a partir del 28 de febrero, luego de la suscripción de la Declaración de Montevideo. Los combates abiertos habían concluido. Los soldados ecuatorianos habían cumplido, con honor y éxito, su cometido. SE REVISAN LAS ARMAS Fue únicamente cuando los combates hubieron cesado que se pudo revisar detenidamente las armas que se habían recibido. Antes, como ya hemos visto y comentado, hubiese sido una irresponsabilidad histórica hacerlo (y un imposible físico, pues fusiles y municiones se encontraban en diversos destacamentos, listos para ser distribuidos a los reservistas). Es necesario anotar que el día 15 de junio de 1995 el señor general José Gallardo

45 Román se separa de sus funciones como ministro de Defensa. Lo hace por dos razones: porque estima que la emergencia nacional ha cesado y porque, al recibir un enorme respaldo ciudadano, ha decidido presentar su candidatura a la Presidencia de la República. En lo ulterior, pedimos al lector aguzar su atención, pues los montos y las fechas adquieren una importancia cardinal. — El 7 de julio de 1995 (viernes) se levanta un acta de entrega-recepción parcial de 4,998 fusiles FAL y 1’625,600 cartuchos del calibre 7.62 X 51 mm, que se valoran (provisionalmente) por un total de US$ 3’525,966.29. — El mismo día, la HJDN notifica al Dr. Torres Herbozo que dispone de ocho días para remediar el incumplimiento en que ha incurrido, y se le advierte que, de no producirse tal remediación, la H. Junta de Defensa Nacional, de acuerdo con la cláusula 13ª del contrato, procederá a darlo por terminado unilateralmente. — El 12 de julio de 1995 (jueves), el general Paco Moncayo Gallegos (que a la época había sido ascendido a Comandante General de la Fuerza Terrestre) remite al jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. un informe del gerente de la fábrica de municiones “Santa Bárbara” de control de calidad de 3 fusiles (elegidos al azar). De los resultados se concluye que los fusiles “no son nuevos y que ya han sido usados”. — El 19 de julio (jueves), el GRAE Alfonso Alarcón Santillán, a la época ministro de Defensa, comunica al Dr. César Torres Herbozo, en su calidad de contratista, que la HJDN ha decidido dar por terminado el contrato de febrero 10 de 1995. — Ese mismo día, el general Alarcón se dirige al gerente de Seguros Equinoccial; le informa que se ha dado por terminado el contrato y solicita la efectivización de dichas garantías. Recién el 3 de octubre, con cheques n.° 805 y n.° 806 del Banco Popular, la empresa de seguros cubre las primeras de aquellas garantías, por US$ 114,000.oo y por US$ 251,500.oo. — El 25 de enero de 1996, el director ejecutivo de la HJDN, general Germánico Paredes, invita al Dr. Juan Carlos Faidutti, Contralor General del Estado, a designar sus representantes para realizar un examen especial de las adquisiciones efectuadas durante la época de emergencia. El 10 de agosto de 1996 se posesiona como presidente de la República Abdalá Bucaram Ortiz. Por la evolución ulterior de los acontecimientos es útil recordar aquí que las relaciones de Bucaram con el general Gallardo, y con el ejército en general, fueron siempre muy malas. Bucaram llegó a decir —en una entrevista para un periódico norteamericano— que las Fuerzas Armadas “sólo servían para los desfiles y para gastar plata” y, por estas afirmaciones, las FF.AA. lo consideraron su enemigo. Pero fue por acusaciones de corrupción por las que, el 15 de septiembre de 1985, Bucaram debió huir del país e ir a refugiarse en Panamá. No fue sino el 20 de agosto de 1986 cuando el Congreso Nacional decretó una amnistía general, que incluyó a Bucaram. El 19 de mayo de 1996 tuvo lugar la primera vuelta electoral para la presidencia de la República, y pasaron a la segunda vuelta el abogado Jaime Nebot Saadi, que había ocupado el primer lugar, y Abdalá Bucaram Ortiz, quien resultó segundo. Los restantes 7 candidatos de la primera vuelta expresaron su predilección entre los dos “finalistas”. El general José Gallardo se inclinó por Nebot, y esta decisión política reavivó el odio profundo que Bucaram (y los bucaramistas) le guardan. Más tarde, el 20 de marzo de 1997, desde su auto-exilio en Panamá, Bucaram aseguró que los mandos castrenses apoyaron su destitución porque “querían impedir que Ecuador y Perú solucionen su diferendo limítrofe”. — El 10 de diciembre de 1996, el general Víctor Manuel Bayas, en esos momentos ministro de Defensa Nacional, incoa juicio penal (militar) contra César Torres Herbozo. — El 28 de enero de 1997, Fernando Rosero González, Contralor General del Estado durante la presidencia de Abdalá Bucaram, informa al general Víctor Bayas los resultados y comentarios a que ha llegado la Contraloría.

46 En la página 21 de su extenso y prolijo informe, el Dr. Fernando Rosero prescribe al Director Ejecutivo de la H. Junta de Defensa Nacional que “coordinará con el Jefe del Comando Conjunto, a fin de que se determine si los bienes (contratados con Torres Herbozo) son o no necesarios, se pueden o no utilizar” y que “en caso de persistir en la recepción, se realice una valoración real del material entregado por el Dr. Torres Herbozo, mediante acta de entrega-recepción de 7 de julio de 1995, con lo cual se obtendría exactamente el valor del anticipo no devengado, e inmediatamente se solicite a la Compañía de Seguros el reintegro con los intereses correspondientes a la H. Junta de Defensa Nacional”. Lo que pide el Contralor es claro y ajustado a derecho: si el país necesita de los fusiles y munición, el Dr. Rosero recomienda que se avalúen los recibidos y se demande la diferencia al contratista. A la sesión en la cual se leyó el informe de Contraloría asistió, por invitación especial, el general (sp) José Gallardo, pese a que en esos momentos no desempeñaba ningún cargo público. Al pedir la palabra, el general Gallardo estima que no es aceptable la recomendación propuesta por Contraloría y sugiere que se ejecuten las garantías en su totalidad. Unas pocas semanas antes, el martes 12 de noviembre de 1996, Contraloría dio lectura al llamado “borrador” de su examen especial, invitando a todos los involucrados; reunión a la que concurrió, en calidad de apoderado del Dr. Torres Herbozo, el Sr. Roberto Sassen van Elsloo, quien fue de la misma opinión que el general Gallardo. El 11 de junio de 1997 se presenta el informe de la comisión técnico-económica que examinó detalladamente el material recibido, constatando que los fusiles tendrían una vida útil que “se limitaría a disparar entre unos 2,000 a 3,000 disparos antes de entrar a un mantenimiento correctivo”. La comisión estableció igualmente que esto se refería al 81.5% de los fusiles (es decir unos 4,073 de los 4,998), pues el restante 18.5% de los rifles (unos 925) debían “ingresar a mantenimiento este momento”. Es importante resaltar que, como promedio, los conscriptos reclutados para el servicio militar obligatorio disparan unos 300 cartuchos por año/hombre, lo cual significa que los fusiles FAL recibidos, si bien no eran nuevos, podrían tener una vida útil de unos 8 años, tras los cuales pasarían a mantenimiento correctivo, que se realiza en el país, en la Fábrica de Municiones del Ejército Nacional. En cuanto a la munición, la misma comisión técnico-económica establecía que, en la parte de la munición que había sido elaborada 15 años antes (no olvidemos que 860,000 cartuchos eran de fabricación de 1994), “la pólvora se ha degenerado, incidiendo en la disminución de la velocidad en un 8.2% de la norma. Tomando en cuenta que los resultados de precisión, hermeticidad y envejecimiento son aceptables, en estas condiciones se puede dar a la munición una vida útil de 5 años”. En atención a todo lo anterior, la comisión técnico-económica estima que el valor actual de cada fusil FAL es de US$ 332.90. El 1 de julio de 1997, el Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA., GRAE Paco Moncayo Gallegos remitió al Director Ejecutivo de la HJDN el informe de la comisión técnico-económica. Finalmente, mediante oficio 02141, de 30 de julio de 1997, el GRAD Ramiro Ricaurte Yánez, ministro de Defensa Nacional, se dirige al Dr. Alberto Alcívar P., apoderado de la empresa Seguros Equinoccial, informándole que: — El material entregado tiene un costo de US$ 1’826,334.20 — El saldo del contrato es de US$ 1’699,632.oo — El monto de los intereses, liquidados hasta el 28 de julio de 1997, es de US$ 597,152.oo — EL TOTAL ADEUDADO POR SEGUROS EQUINOCCIAL ES DE US$2’296,784.oo

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NEGOCIACIÓN CON LOS SEGUROS Si el amigo lector ha tenido la mala fortuna de tener que negociar con una empresa de Seguros, ya sabe que es un proceso largo, engorroso y en el cual el pobre cliente lleva las de perder, porque no es abogado especialista en el tema y porque uno trata de tener su plata lo más rápidamente posible. Así mismo ocurrió en este caso. Fue sólo un año más tarde, el 6 de julio de 1998, cuando la Notaria 2ª del cantón Quito, Dra. Ximena Moreno de Solines, dio fe del Acta Transaccional a la que habían arribado los señores general de división José Francisco Herrera Ruiz, en su calidad de Director Ejecutivo de la HJDN y el señor Andrés Hernán Cordovez Dávalos, gerente general de la compañía de Seguros Equinoccial S.A. y en 16 hojas útiles (8 copias) se establece que el monto a pagar es de US$ 2’000,000.oo, a cubrirse de la siguiente forma: — un millón de dólares a la suscripción del acta transaccional — cuatro cuotas trimestrales de US$ 250,000.oo cada una. GRAN RESUMEN GRAN Finalmente, las cuentas son las siguientes: a.– Valores pagados por la aseguradora 1.– Garantía de fiel cumplimiento 2.– Anticipo no devengado 3.– Pagos por el acta transaccional 4.– Valor asignado a fusiles y munición US$ 365,500.oo 3’784,033.71 2’000,000.oo 1’826,334.20

TOTAL DE LO RECIBIDO POR LA HJDN US$ 7’975,867.91 b.–Valor pagado por el contrato c.– Diferencia a favor de la HJDN US$ 7’310,000.oo US$ 665,867.91

Esto es toda la verdad sobre la adquisición de armas durante el conflicto del Cenepa. Todo lo demás es política.

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RESUMEN GENERAL
1.– Desde mediados de diciembre de 1994 Ecuador se vio agredido en la zona del Alto Cenepa por fuerzas peruanas, que totalizaban más del doble de todas las tropas de nuestro país. 2.– La agresividad del vecino se veía acrecentada por el hecho de que tendrían lugar elecciones generales el 9 de abril de 1995 y el presidente en ejercicio, Alberto Fujimori, era candidato para la reelección. El poderoso asesor de seguridad nacional, Vladimiro Montesinos, había afirmado que una de las tareas fundamentales del gobierno de Fujimori, para lograr la reelección, era “la resolución del antiguo conflicto bélico con el Ecuador”. 3,– Las FF.AA. ecuatorianas podían esperar una reacción patriótica y valerosa de la población del país, y un flujo importante de voluntarios para engrosar las filas de las FF.AA.. Esto se debía fundamentalmente a dos hechos: — Había una amplia conciencia sobre los derechos históricos conculcados; y — Las FF.AA. ecuatorianas habían consolidado una excelente imagen de vínculo con su pueblo y de conciencia nacional. No habían tomado parte en el período de la lucha contra el movimiento ¡Alfaro vive, carajo!, e incluso la última dictadura militar (del general Rodríguez Lara) se había distinguido más bien por un tono desarrollista y tolerante. 4.– Todo esto había conducido a la comandancia de las FF.AA. ecuatorianas a diseñar una estrategia defensiva, que pudiese llegar, de darse el caso, hasta a una situación de guerra popular de resistencia contra un eventual invasor que ocupara el territorio nacional. 5.– Lo grave era que, por limitaciones económicas y parcialmente por la dedicación de importantes recursos nacionales para el desarrollo, aquellas eventuales reservas de voluntarios que podrían esperarse no podrían contar con armas para la defensa. 6.– Además, tan pronto estalló el conflicto, y por una antigua decisión panamericana, muchos países decretaron un embargo de armas para los dos bandos contendientes, lo que impedía que el más débil (Ecuador) pudiese abastecerse de material bélico para su defensa. 7.– A medida que el conflicto se acentuaba, y por las dilatorias que Perú daba a todos los procesos de paz, crecía la posibilidad de que Perú pudiese desatar una ofensiva generalizada, extendiendo los choques armados a toda la región fronteriza. Para mediados de febrero, la adquisición de nuevo material bélico se había tornado urgente e indispensable para Ecuador. Había que conseguir armas a cualquier precio y de cualquier proveedor. 8.– Por la ya mencionada circunstancia de embargo eso nos colocaba en situación de depender de los traficantes internacionales de armas, que conforman una suerte de mafia globalizada y que suelen cobrar precios de usura por sus abastecimientos. 9.– Por una serie de factores internos, incluido un estado de alta corrupción en las fábricas militares de Argentina, aquel país —pese a figurar entre los Garantes de la paz entre Ecuador y Perú— abría una interesante posibilidad para el abastecimiento de armamento esencial. 10.– Aquel “armamento esencial” fue reducido al mínimo posible: fusiles y munición para los reservistas. 11.– Entre todo el material disponible, se escogió el fusil FAL, de diseño belga pero de construcción en varios países (entre ellos Argentina). Las razones para seleccionar el FAL eran muchas: — Se trataba de un fusil de excelente calidad, reputado entre los mejores del mundo;

49 — Los reservistas ecuatorianos, previstos para ser llamados a filas y eventualmente entrar en combate, habían recibido entrenamiento básico utilizando el FAL, con lo que el período de re-entrenamiento podría abreviarse; — La munición que utiliza el fusil FAL (7.62 X 51 mm) podía ser producida en la fábrica nacional “Santa Bárbara”. 12.– A medida que Perú se obstinaba en dar largas a las negociaciones que se llevaban a cabo en Brasil, y por cuanto se aproximaban cada vez más las elecciones generales en Perú, el peligro de una ofensiva generalizada volvía aun más perentorio el requerimiento de las armas para los reservistas. 13.– Frente a esta situación, la Honorable Junta de Defensa Nacional (HJDN) tomó la adecuada decisión de liberar de trabas burocráticas el contrato para la provisión de los fusiles y la munición. 14.– Pese a la indispensable reserva y a la apremiante urgencia, se presentaron dos ofertas para la provisión de las armas. 15.– Se seleccionó la oferta del Dr. César Torres Herbozo (ciudadano ecuatoriano) por ser la más barata y la que ofrecía plazos más breves de abastecimiento (apenas 4 días). El ganador del concurso estableció una importante alianza comercial con la empresa nacional Prodefensa, que ya había demostrado eficiencia en otros negocios con las FF.AA. y policiales. Este contrato contó con un sistema de cuatro pólizas de seguro otorgadas por la compañía Equinoccial y provistas de reaseguros que se estimaron suficientes. 16.– Una vez adjudicado el contrato, los proveedores elegidos se movieron con celeridad y conciencia y, valiéndose de un intermediario (Venezuela), establecieron un calendario de 4 embarques. 17.– Las 3 primeras remesas llegaron dentro del cronograma previsto, entre el 17 y el 23 de febrero de 1995. Por cuanto saltó un escándalo internacional sobre este negocio, el cuarto vuelo, previsto para el 26 de febrero, decoló del aeropuerto bonaerense de Ezeiza sin las armas para Ecuador. En total se remitieron 4,998 fusiles (de los 8,000 previstos) y 1’625,600 cartuchos del calibre 7.62 X 51 mm. 18.– No obstante, es posible considerar que aquello nos ahorró algo de dinero, pues para fines de febrero ya se había suscrito un cese de fuego y los primeros observadores internacionales ya se encontraban en la zona, impidiendo nuevas agresiones peruanas. 19.– Desde que llegaron los primeros embarques se detectó que los rifles y la munición no eran nuevos, pero pronto se vio también que sí podían ser utilizables, y la presión de los combates, así como la cláusula contractual que establecía hasta un año para presentar reclamos y eventualmente cobrar las garantías, permitían aplazar por un cierto tiempo las posibles quejas. 20.– Es sólo a partir de comienzos del mes de julio cuando se envían las armas y municiones a una revisión detallada. El análisis confirma que un alto porcentaje (81.5%) de los fusiles son perfectamente utilizables para 2,000 ó 3,000 disparos más. Tomando en consideración que un conscripto-reservista dispara de promedio unos 300 cartuchos por año, el tiempo de vida útil, antes de entrar a “mantenimiento correctivo”, se estima en unos 8 años. Luego de aquel mantenimiento (que puede realizarse en el país, los fusiles podrían ser útiles hasta 20 años más). 21.– El 28 de enero de 1997, el Contralor General del Estado (Fernando Rosero) es quien recomienda que se establezca si las armas son o no necesarias. se avalúen los materiales y se cobren las garantías por la diferencia entre el valor asignado y el contratado. 22.– El general José Gallardo, invitado a la lectura del borrador de dicho informe de Contraloría, expresa su opinión contraria, y estima que las armas deben devolverse y cobrar las garantías en su integridad. El propio apoderado de Prodefensa y del contratista Torres Herbozo (Roberto Sassen van Elsloo) coincide con este criterio y, en carta al ministro de Defensa Nacional (GRAE Víctor Bayas) del 19 de noviembre de 1996 afirma

50 que ha iniciado las acciones penales pertinentes en los tribunales federales argentinos, pues estima que fue allí donde se dio “asociación ilícita y estafa”. Prevaleció el criterio del señor Contralor. 23.– Una comisión técnico-económica avaluó las armas y la munición y estableció una diferencia total de US$ 2’296,784.oo. 24.– Finalmente, luego de un largo proceso de negociación con la empresa de seguros Equinoccial, se suscribió con ellos un acta transaccional, que fue notariada el 6 de julio de 1998. Equinoccial se comprometió a pagar (y efectivamente lo hizo) un total de US$ 2’000,000.oo a favor de la H. Junta de Defensa Nacional. 24.– El saldo final contable fue el siguiente: a.– Valores pagados por la aseguradora 1.– Garantía de fiel cumplimiento 2.– Anticipo no devengado 3.– Pagos por el acta transaccional 4.– Valor asignado a fusiles y munición US$ 365,500.00 3’784,033.71 2’000,000.00 1’826,334.20

TOTAL DE LO RECIBIDO POR LA HJDN US$ 7’975,867.91 b.–Valor pagado por el contrato c.– Diferencia a favor de la HJDN US$ 7’310,000.00 US$ 665,867.91

25.– El autor de este libro estima que todo el proceso estuvo dominado por el inminente peligro que corría la nación frente a la agresión del sur; que, tomando en consideración la premura con que debieron resolverse las acciones, y pese al dramatismo impuesto por la situación de alto riesgo que vivía la Patria, se tomaron todos los resguardos del interés nacional y se arribó finalmente a una solución que no perjudicó al erario nacional. LA PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO DEL GENERAL JOSÉ GALLARDO ROMÁN 1.– Al momento de presentarse la emergencia nacional con motivo de la agresión sufrida en su frontera sur, el general Gallardo se encuentra en servicio pasivo (retiro), luego de haber cumplido con una brillante carrera militar, ocupando siempre los primeros lugares (“antigüedad” en la jerga castrense) en todos los cursos o misiones que le fueron encomendados. 2.– Al asumir el poder, el 10 de agosto de 1992, el presidente Sixto Durán-Ballén lo nombra Ministro de Defensa Nacional, designación que fue muy bien recibida por la oficialidad de las Fuerzas Armadas, pues el general Gallardo se había granjeado no sólo el respeto de sus compañeros de armas, sino su afecto y adhesión por su extraordinario sentido de la justicia y la equidad y por su suavidad de trato y delicado don de gentes. 3.– En su calidad de ministro de Defensa, el general Gallardo es miembro nato de la HJDN y su representante legal. 4.– La firma del contrato original con el Dr. Torres Herbozo la adopta la HJDN el día 9 de febrero de 1995, mientras el general Gallardo se encuentra en la frontera, en el frente de combate. por tanto: No está presente cuando se resuelve la suscripción del contrato sobre la adquisición de las armas. 5.– Pese a lo anterior, le corresponde a él suscribir el contrato, pues, en su calidad de Ministro de Defensa, es el representante legal de la HJDN. 6.– El general Gallardo deja (por renuncia) de ser ministro de Defensa el día 15 de

51 junio de 1995, cuando ya han concluido los combates en la zona del Alto Cenepa. José Gallardo no participa en ninguna otra gestión de todo el proceso de la adquisición de armas, hasta agosto de 1998, cuando vuelve al Ministerio. 7.– Por el prestigio de su nombre y de su gestión durante el conflicto del Alto Cenepa, el general Gallardo es propuesto por amplios sectores ciudadanos para que participe como candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1996. 8.– Los también candidatos Jaime Nebot Saadi y Abdalá Bucaram Ortiz (en ese orden) resultan “finalistas” para la segunda vuelta presidencial. El general Gallardo apoya al abogado Nebot Saadi y es muy crudamente atacado por Abdalá Bucaram Ortiz, quien resulta vencedor en la segunda vuelta presidencial (7 de julio de 1996). 9.– En su condición de ciudadano ecuatoriano (ya no limitado en su accionar político por su calidad de militar), el general Gallardo tiene una activa y protagónica participación en las manifestaciones populares que conducen al derrocamiento del presidente Abdalá Bucaram en los primeros días del mes de febrero de 1997. 10.– Por las dos últimas acciones mencionadas (no apoyo en la 2ª vuelta y participación con el pueblo en las manifestaciones), el ex-presidente Bucaram, autoexiliado en Panamá, despliega una violenta campaña de diatribas contra el general Gallardo, llamándolo “chatarrero del Cenepa”, sin puntualizar los cargos. 11.– El general Gallardo retorna al Ministerio de Defensa el 10 de agosto de 1998, a invitación del presidente Jamil Mahuad Witt. 12.– Es antes de esta nueva gestión ministerial cuando se cobran los últimos pagos que realiza la empresa de seguros Equinoccial. 13.– Es también en su condición de ministro de Defensa que el general Gallardo ordena y dirige la captura del banquero Fernando Aspiazu Seminario, quien actualmente sigue guardando prisión por su gestión durante la crisis bancaria del año 1999. 14.– Aspiazu acusa a Gallardo y habla de “lenidad, complicidad o cobardía” del ministro de Defensa Nacional. 15.– Justamente enfurecido, Gallardo inicia juicio penal contra Aspiazu y consigue su condena (a un año de prisión), pese a que el banquero, detenido por la retención de más de 54,000 millones de sucres, arguye haber actuado bajo un “estado de necesidad inculpable”, argumento que suele emplearse en defensa, por ejemplo de un niño famélico que roba un pan o de un conductor de vehículo que colisiona con otro para evitar atropellar a un transeúnte. 16.– El 13 de junio de 2001, los entonces diputados Fernando Rosero, Adolfo Bucaram Ortiz, Víctor Hugo Sicouret y Vicente Estrada (todos ellos del Partido Roldosista) se dirigen a la Fiscalía General, que inició una indagación previa. Cinco días antes de que prescribiera la causa, el 9 de septiembre del 2003, el fiscal Carlos Morales acusó de peculado a los ex militares José Gallardo y Víctor Manuel Bayas, además de los civiles Roberto Sassen, César Torres Herbozo y el francés JeanBernard Lasnaud. Tanto Gallardo como Bayas, por haber sido ministros de Defensa, tenían fuero de Corte, y por ello debían ser procesados en la Corte Suprema de Justicia (CSJ). El 7 de enero del 2004, el presidente de la CSJ, Hugo Quintana, se excusó de tramitar el juicio. Desde ese día, el juicio estuvo paralizado hasta que el presidente subrogante de Quintana, Alfredo Contreras, expidió una providencia, el 30 de noviembre del 2004, (diez meses después), en la que no aceptaba la excusa de Hugo Quintana. 17.– Y llegamos entonces al 8 de diciembre de 2004, cuando la mayoría parlamentaria de la troika del poder (Abdalá Bucaram, Álvaro Noboa y Lucio Gutiérrez) impone una nueva “Corte Suprema de Justicia”, que luego de una carambola más designa como su “presidente” al Dr. Guillermo Castro Dáger. 18.– El “presidente” de la CSJ acogió, el 22 de febrero de 2005, el informe del fiscal Morales y ordenó la prisión de los cinco mencionados. El único detenido en este caso fue

52 el ex ministro de Defensa, general José Gallardo, quien pronto inició proceso de Habeas Corpus y fue liberado por decisión del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito (donde actuó como Alcalde encargado el Lcdo. Andrés Vallejo Arcos, pues el Alcalde titular, general Paco Moncayo Gallegos, se excusó por delicadeza, habida cuenta de su amistad con el general José Gallardo). En cambio, en el caso del general Víctor Manuel Bayas, quien fue además ministro de Defensa en el gobierno de Abdalá Bucaram, la Policía no lo arrestó el 23 de febrero porque, cuando acudió a su domicilio, el ex militar no abandonó su casa y pidió una orden de allanamiento que los gendarmes no poseían. Cuando ésta fue concedida, el viernes 25, el general Bayas ya no estaba en su domicilio, al igual que Torres Herbozo y Sassen van Elsloo. Mientras que Bernard Lasnaud está detenido en Argentina. Lo restante es materia de la prensa diaria. UNAS PREGUNTAS “INOCENTES” La arremetida permanente de Abdalá Bucaram y sus “amigos” —Fernando Rosero, primero, y el tristemente célebre Guillermo (“Pichi”) Castro Dáger, después— tiene visos de odio paranoico, incluso considerando el descarnado estilo político del ex-presidente. Pero (y es un “pero” muy importante), ¿no existen también otras causas? Bueno será recordar que su hermano, Santiago Bucaram Ortiz, fue miembro (en representación del H. Congreso Nacional) de la HJDN desde el 1 de septiembre de 1994 al 10 de agosto de 1996. En la sesión del 27 de enero de 1995 Santiago Bucaram intervino para expresar su acuerdo con la exoneración de trámites a la contratación de las armas y, a diferencia de Gallardo, él sí estuvo presente en la sesión (9 de febrero de 1995) cuando se decidió suscribir el contrato de la compra de armas con el oferente César Torres Herbozo. Además, desde el 10 de agosto de 1996 y hasta el 7 de febrero de 1997, fue representante del H. Congreso Nacional ante la HJDN el ingeniero Jacobo Bucaram Ortiz, también hermano del ex-presidente. Y, finalmente, ¿tienen algo que ver en la evidente sevicia del ex-presidente y sus “amigos” los dineros de Fernando Aspiazu Seminario, quien tiene buenas razones para odiar al general Gallardo? LA POLÍTICA EN EL “CASO” No es el objeto de este libro intentar desentrañar la muy compleja trama de la política ecuatoriana de estos momentos; pero es evidente que hay varios puntos que son obvios y que, al menos por ahora, sólo pueden ponerse con signos de interrogación. El Partido Roldosista Ecuatoriano, y especialmente Abdalá Bucaram Ortiz, tiene una actitud abiertamente hostil frente a las FF.AA.. Una parte de este prejuicio viene de antiguo, desde la época cuando hubo una abierta negativa de la cúpula militar frente a la eventual candidatura presidencial de don Assad Bucaram (hacia el año 1972). Cuando, el 24 de mayo de 1981, se produce la muerte del ex-presidente Jaime Roldós Aguilera (y de su esposa, la Sra. Marta Bucaram Ortiz), Abdalá inculpó rápidamente a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos de aquel “asesinato” y, en más de una ocasión, Abdalá Bucaram involucró a las FF.AA. nacionales de vinculación (directa o indirecta) con ese hecho. Más tarde, como queda expreso en este libro, el abogado Bucaram ha tenido varias expresiones ofensivas para las FF.AA., las que han respondido de diversas formas. Ya en la primera magistratura, Abdalá Bucaram, al poco tiempo de su función, viajó

53 a Lima, donde se reunió con Alberto Fujimori el 13 de enero de 1997 y, en una célebre reunión del parlamento peruano dijo que “debemos pedirnos perdón mutuamente”; una expresión que produjo airados comentarios en Ecuador, pues no se entendía de qué ofensas o agravios pensaba el presidente Bucaram que los ecuatorianos debíamos pedir perdón a Perú. Si las expresiones de Bucaram provocaron iracundia en civiles, como el autor de este libro, fácil será entender cómo habrán sonado aquellas expresiones en los oídos de los militares ecuatorianos que pocos meses antes habían combatido a las tropas del ingeniero Fujimori, enviadas por él a invadir nuestro suelo. Esa malquerencia generalizada del abogado Bucaram hacia las FF.AA. de su país se personalizaron en la figura del general José Gallardo, especialmente después del 5 y 6 de febrero de 1997, cuando el general participó personalmente en las grandes movilizaciones de masas contra el gobierno de Bucaram, y muchos ecuatorianos recordamos perfectamente las emotivas palabras que el general Gallardo pronunció, dirigiéndose a las tropas que el ex-presidente había convocado para su protección. “Soldados, clases y oficiales —expresó entonces Gallardo—, les habla quien ha sido su instructor, su comandante y su jefe…” y los llamó a no disparar contra el pueblo y a ser fieles a los deberes del patriotismo. HACIA EL FUTURO Pero eso tiene que ver con el pasado. Quizá lo que más aterroriza al ex-presidente es el crecimiento enorme que las figuras de dos generales han tenido en todo el país. Para nadie es un secreto que sólo su propia decisión podrá impedir que Paco Moncayo Gallegos (actual alcalde de Quito, reelecto con una abrumadora mayoría, refrendada en las marchas posteriores y con la Asamblea de Quito) sea candidato con fuertes opciones para la Presidencia de la República en 2007. Y para nadie es tampoco un secreto que José Gallardo Román ha adquirido una dimensión político-social de primer orden. Ellos dos (Moncayo y Gallardo) representaron hace diez años la dignidad de una nación que había decidido enfrentar el futuro con paso de vencedores, como se nos recomendara en las alturas del Pichincha en mayo de 1822. Y ellos dos (Gallardo y Moncayo) representan la honra y el orgullo de nuestra historia reciente y la disposición del pueblo ecuatoriano para no permitir que nada ni nadie se interponga en el camino de la majestad y grandeza de nuestra Patria. Algo completamente distinto a lo que representan Abdalá Bucaram, Álvaro Noboa, Lucio Gutiérrez y sus “amigos”.

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Hace pocas semanas, el 27 de febrero de 2005, se presentó el libro La Gesta del Cenepa, editado por la Fuerza Terrestre y de autoría colectiva. El autor de este libro contribuyó en aquel volumen con el capítulo 5º. De él proviene buena parte de la información que consta en este capítulo. Revista “Gestión”. Diciembre, 1994. Pág. 10. ídem. Pág. 11. El Comercio, sábado 7 de enero de 1995. Se trataba del cabo Nelson Patricio Mera Bastidas, mecánico de helicópteros de la aviación del ejército. Vistazo, n.º 651, 29 de septiembre de 1994. Las citas del Parte de Guerra del general Moncayo están tomadas de la publicación de este documento en el vademécum Ecuador Total 1996, Edit. Publimprent. Guayaquil, 1996, pp. 35 ss. Paco Moncayo, op. cit., pág. 37. Ídem. Luis Hernández, “Diario de un comandante”. Corp. Edit. Ncnal. Quito, 1997, pág. 19. P. Moncayo, op. cit., pág. 36. L. Hernández, op. cit., pág. 19. Alberto Molina Flores, “Las Fuerzas Armadas ecuatorianas y la democracia”, Quito. Edit. CCE, 2001, pág. 3. Ídem, pág. 5 Caretas, n.º 1356, Lima, 30 de marzo de 1995. Caretas, loc. cit. Caretas, n.º 1357, Lima, 6 de abril de 1995. Hace referencia a la llamada “Guerra del Pacífico”, cuando Perú fue derrotado por Chile. Caretas, n.º 1350, Lima, 16 de febrero de 1995. Caretas, n.º 1357, Lima, 6 de abril de 1995. El diario quiteño Hoy publicó varias separatas con el título genérico de “La epopeya del Cenepa”. Estos datos vienen del n.º 1, pág. 6. Comunicación del general José Gallardo Román al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, del 25 de septiembre de 2003. Punto 3.2. P. Moncayo, op. cit. pp. 37/38. El Comercio, 13 de enero de 1995. El Comercio, ed. cit. La Gesta del Cenepa, Edit. Fuerza Terrestre, Quito, 2005, pág. 99. L. Hernández, op. cit., pág. 57. L. Hernández, op. cit., pág. 60. L. Hernández, op. cit., pág. 65. P. Moncayo, op. cit., pág. 38. El Comercio, miércoles 25 de enero de 1995. L. Hernández, op. cit., pág. 79. La gesta del Cenepa. ed. cit., pág. 100. Jaramillo Vinueza fue luego condecorado con la Cruz al Mérito de Guerra (caballero). También diario El Universo publicó varios fascículos con el nombre genérico de “Ni un paso atrás”. Estos datos figuran en el n.º 1, pág. 7. Boletín de Información 05, 28 de enero de 1995. Ídem. P. Moncayo, op. cit., pág. 38. La gesta del Cenepa, ed. cit., pág. 104. BI 08, 29 de enero de 1995. BI 12, 1 de febrero de 1995. P. Moncayo, op. cit., pág. 39. C. A. Arroyo del Río, “Por la pendiente del sacrificio”, Edit. Banco Central, Quito, 1999, pág. 383. Ídem. Julio Tobar Donoso, “La invasión peruana y el Protocolo de Río”, Edit. Ecuatoriana, Quito, pág. 409. Emb. Horacio Sevilla. Entrevista personal, enero de 2005. Vid Supra. Marcelo Fernández de Córdoba, “Itamaraty”, Edit. V&O, Quito, 1998, pág. 26.

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M. Fernández de Córdoba, op. cit., pág. 28. Ídem, pág. 30. Galo Leoro Franco, “Informe a la Nación 1994/95”, Edit. MRR.EE.. Quito, 1995, Vol. 2, pág. 10. M. Fernández de Córdoba, op. cit., pág. 31. G. Leoro, op. cit., pág. 113. Ídem, pág. 114. G. Leoro, op. Cit., pp. 116/17. M. Fernández de Córdoba, op. cit., pág. 63. Ídem, pág. 70. Ídem, pág. 71. Ídem, pág. 72. Umberto Jara, “Ojo por Ojo”, Edit. Norma. Lima, 2003, pág. 115. Buena parte de la información que figura en este capítulo está extraída del libro “Venta de Armas. Hombres del gobierno” de Daniel Santoro, Edit. Planeta, Buenos Aires, 1998. Daniel Santoro, op. cit., pág. 83. Ídem, pág. 263. Santoro, op. cit., pág. 152. Un “vector” es una especie de “misil tonto”, que no puede corregir su trayectoria durante el vuelo. No era el caso del Cóndor II, de dos etapas, con un alcance diez veces mayor y con capacidad para ojivas nucleares. Santoro, op. cit., pág. 97. Ídem. Santoro, op. cit., pág. 126. Santoro, op. cit., pp.83/84. Santoro, op. cit., pág. 218.

Acta de la sesión de 26 de enero, pág. 13. Tiene sello: SECRETO. Acta de la sesión de 27 de enero, pág. 5. 72 R.O. n.º 621, de 27 de enero de 1995. 73 El Universo, 6 de marzo de 2005, pág. 3A. 74 La Gesta del Cenepa, ed. cit., pág. 108. 75 Ídem, ed. cit., pág. 121. 76 Ibídem, ed. cit., pp. 115/117. 77 Santoro, op. cit., pág. 226. 78 Diario Hoy. Suplemento Blanco y Negro n.º 134, de mayo 5 de 2001. 79 Santoro, op. cit., pág. 240. 80 D. Santoro, op. cit., pág. 225. 81 Ídem. 82 Ibídem, pág. 235.
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Diario “El Clarín”, B. As., mayo 12 de 1996, entrevista de Walter Curia a Roberto Sassen van Elsloo; también lo cita Santoro, op. cit., pág. 237. 84 Santoro, op. cit., pág. 238. 85 La Gesta del Cenepa, ed. cit., pp. 122-24.
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P. Moncayo, op. cit., pp. 41/42.

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