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las mejores confesiones de www.tusecreto.com.ar

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Recopilación Santiago Manuel Sarceda Mariano Nicolás Sáenz

galerna

Sarceda, Santiago Tu secreto. 1a ed. – Buenos Aires: Galerna, 2006. 160 pp.; 22x15 cm. ISBN 950-556-496-1 1. Narrativa Humorística Argentina. I. Sarceda, Santiago II. Título CDD A867

Diseño de tapa: Santiago Sarceda Diagramación de interior: Santiago Sarceda Fotografía de tapa: Andrew Howell © 2006, Santiago Sarceda Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el mundo: © 2006, Editorial Galerna Lambaré 893, Buenos Aires, Argentina ISBN-10: 950-556-496-1 ISBN-13: 978-950-556-496-5 Hecho el depósito que prevé la ley 11.723 Tirada de esta edición: 2.000 ejemplares Impreso en la Argentina

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o fotocopia, sin permiso previo del editor.

A las más de 120 mil personas que nos confiaron su secreto y a los millones que dedicaron su tiempo a leerlos.

No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido. Ludwig van Beethoven (1770-1827)

índice

Prólogo La tierna infancia Desasnados Sexo y calenturas varias Gente grande, che ¿Pequeñas? mentiras Instinto asesino y suicida Chanchadas La vida misma El amor Vergüenza y el qué dirán Maldades Fobias, miedos y manías En la calle Locuras

13 15 23 27 41 49 57 65 73 83 89 10 3 115 12 5 13 7

prólogo
Cuando creamos TuSecreto.com.ar, en cierta forma sabíamos que iba a tener éxito, pero nunca de la forma en que lo tuvo. Desde el primer día la situación se nos fue de las manos, la gente había enloquecido: llegaban centenares de mensajes felicitándonos y -por qué no- insultándonos. Sonaba el teléfono todo el día, los periodistas buscaban notas y el público en general ofrecía todo tipo de cosas. No había prácticamente usuario alguno de Internet que no conociera el sitio. Si bien teníamos MediosRegistrados.Com, una web con un nivel de visitas más que aceptable, TuSecreto destruyó todo tipo de precedentes; no solo por la cantidad de gente que la visitaba, también por el tiempo que le tomó lograr su popularidad y el costo ínfimo a nivel programación y dinero que representó. No escribo esto por un tema de falsa modestia, sino porque realmente fui parte del fenómeno y no lo entendí. Seguramente rompa varias leyes de marketing o publicidad al decir que, siendo sincero, el concepto no me parecía de lo más revolucionario, y que si bien podía resultar un sitio interesante, nunca hubiera imaginado que era capaz de generar semejante adicción. Al fin y al cabo solo son secretos cuya veracidad no está comprobada; no revelamos la receta de la Coca Cola ni qué hay después de la muerte. Simplemente hay alguien que confiesa su deseo por chupar las bolitas de los mingitorios, o gente que demuestra algún problema no resuelto de su infancia al afirmar que, con 40 años, su madre todavía le corta la milanesa. Entre 25 y 30 mil personas entran a leer ese tipo de cosas diariamente. Una de las pocas veces que estuve ante esa cantidad de gente fue en un estadio de fútbol, y al hacer la inevitable comparación no logro comprender del todo el fenómeno, porque lo que pasaba -y pasa- no parece real. ¿Está mal que no esté enamorado del trabajo que tanto éxito tuvo? No lo sé, prefiero imaginar que soy el padre de la hija a la que todos quisieran conquistar. En resumen, estimado lector, si compró o quiere comprar este libro que plasma en papel los mejores secretos de nuestra web, allá usted, pero si le genera adicción sepa que no tengo ningún tipo de respuesta para darle.

Mariano Sáenz

¿Qué autoridad puede tener un joven de 22 años para darse el lujo de escribir el prólogo de un libro que ni siquiera él escribió? Realmente no lo sé, y aún así lo hago. Porque este libro no es mi libro. El texto que acompaña las siguientes páginas no es más que el crudo espejo de una sociedad oculta, o mejor dicho, una humanidad oculta. Más allá del tono humorístico o las risas que puedan arrancar ciertos secretos, esta recopilación no es más que una gran paradoja planteada por el enfrentamiento de la privacidad y el exhibicionismo; un fenómeno que vino de la mano de Internet. Escondidos bajo seudónimos y transitando un espacio que pertenece a nadie y a todos a la vez, opinamos y discutimos, dejamos traslucir nuestros más ocultos temores y deseos, nuestras costumbres y psicosis, marcando nuestro paso con nada más que imágenes, sonidos y palabras. La impunidad de la aparente libertad absoluta da vía libre a esta revolución que se esconde en la red; una sociedad paralela que nos muestra más reales a pesar de su virtualidad. Las personas pierden su identidad y se confunden en ese mar de información, ese mundo poblado de entidades que plasman como nunca antes la verdadera idea de comunidad. Tan distanciados como mancomunados en un espacio virtual pero real. Y quizá esto sea lo mas interesante del libro; salir de ese plano orgánico y caótico, cambiante y perecedero, para dejarlo anclado en el papel que nos acompaña desde hace miles de años. Tomar una porción de esa vorágine y dejarla avejentar en un papel que se torne amarillo y opaco. Esto empezó como un experimento, y lo sigue siendo. No esperes más de nosotros, no esperes más de este libro. No podemos ofrecerte más que una muestra de lo que ya sabés. Tu secreto es mi secreto, porque al fin y al cabo no somos tan distintos unos de otros.

Santiago Sarceda

capítulo uno

la tierna infancia

• Tendría unos 6 años, llamó alguien para mi mamá y yo le
dije, con un tono angelical: “No está, está cagando”.

• Cuando tenía 7 años metí a mi gato en el microondas durante diez segundos. El gato salió jadeando. Nunca volvió a ser el mismo.

• Me robé un pedazo de fósil del museo de Jacobacci cuando era chico. Nunca me pude sacar el remordimiento, y eso que hice cosas peores.

• Cuando era pendejo, tenía un compañero de banco que
siempre me pedía los lápices. Cuando se los prestaba, me los mordía en la punta. Un día, pensando en cómo podía vengarme, agarré a mi gata y le metí el lápiz que siempre usaba el pelotudo este. Disfruté mucho la siguiente vez que lo mordió.

• Cuando era chiquita empollaba los huevos de la heladera
con la esperanza de que nacieran pollitos. Mi mamá no me dejaba tener mascotas.

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• A la tierna edad de 7 años, en el patio de mi abuela, metí a
dos gatitos recien nacidos en una bolsa arpillera y los golpeé un rato con un caño.

• Todos los cumpleaños me regalaban colonias “Paco”. Como
tenía demasiadas, siempre las volvía a regalar en otros cumpleaños.

• Todavía tengo guardado el libro Federico se hizo pis que me
robé cuando iba al jardín de infantes.

• Una vez, cuando tenía 5 años, estaba en un supermercado
con mis padres y le pedí a mi vieja que me comprara una pelota. Como me dijo que le preguntara a mi viejo, fui corriendo a abrazarlo, para quedar bien y que me dijera que sí. Cuando lo abracé me di cuenta de que no era mi viejo... ¡Era un pelado barbudo, nada que ver!

• Ya bastante boludona y con 12 años llamé al 110 para preguntar si una palabra iba con “v” o con “b”. Pensaba que daban información sobre TODO.

• En el jardín de infantes una chica que se llamaba Candelaria
me pegó en la cabeza con un cubo de madera. Nunca más la vi, pero juro que con 23 años la sigo odiando.

• Cuando era chica y veía la publicidad de Bernardo Neustadt
diciendo “No me dejen solo”, veía todo el programa porque me daba lástima. “Pobre viejito”, pensaba.

la tierna infancia

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• Cuando tenía 6 años, durante el mundial ’78, tuve por un
tiempo la pesadilla recurrente de que venían el gauchito del mundial y su compañera y enterraban viva a mi mamá y después a mí. Ahora que pienso, es loco que siendo el mundial ’78 un símbolo de los milicos, haya tenido ese sueño tan revelador. Igual ahora sueño pavadas, como todo el mundo. Mis quince minutos de gloria onírica pasaron y yo era muy chiquito para disfrutarlos.

• Cuando estaba en primer año, muy dormido salí apurado
hacia la escuela, y al entrar a clase me di cuenta que tenía puesto un zapato de cada color (uno marrón, otro negro). Había varios que se habían dado cuenta y se cagaban de risa, pero no me decían nada. Cuando sonó el timbre del recreo NO salí al patio, me quedé en mi banco tapándome los pies con la mochila. Fue el peor día de mi vida.

• Cuando era chico, por lástima dejaba el televisor prendido
en ATC para que le subiera el rating.

• Cuando estaba en la primaria, un día nos dieron por consigna escribir una carta a nuestro/a mejor amiga/o. Como nadie me eligió, obligaron a una compañera a que me escribiera. Pensaron que no me había dado cuenta, pero para mí fue evidente y denigrante. Todavía no pude superar el golpe.

• En la primaria me bajaba los pantalones y les mostraba
el pitito a mis compañeras a cambio de figuritas. ¿No era prostitución eso?

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• Repetí jardín porque la señorita decía que yo no sabía jugar
y compartir. Tal vez piensen que les estoy mintiendo, pero este es un secreto que no lo sabe nadie y hasta el día de hoy me persigue el trauma.

• Siempre que nos sacábamos la foto grupal con el colegio,
soñaba con que me tocara a mí tener el cartelito que decía el grado. Nunca lo pude conseguir.

• Cuando era chica, en pleno invierno, me terminaba de bañar
y antes de salir de la ducha, abría el agua fría (cuanto más helada mejor) y contaba hasta cien en silencio y con los ojos cerrados. Lo hacía por los niños pobres.

• Cuando era chica mi mamá me disfrazó de pollito usando
parte de su lencería erótica.

• Cuando tenía alrededor de 7 años me escondí en el placard
de mi casa para que mis viejos pensaran que había desaparecido. Estuve más de seis horas en pleno verano. Salí medio deshidratado y nadie se dio cuenta de que no estaba.

• Mi abuela me hacía cómplice de sus robos en los supermercados y demás negocios. La vieja siempre se robaba algo y lo metía en mi bolsito.

• Cuando era chiquita tenía una tortuga, le puse una correa
como a los perros y salí corriendo para que me siguiera… La decapité, pobrecita.

la tierna infancia

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• Mami, los tampones no se te perdían, los usaba tu hijo
menor como salvavidas para sus muñecos.

• Cuando tenía 8 años tiré a mi tortuga de un cuarto piso con
una bolsa de supermercado a modo de paracaídas. No sólo no funcionó, ¡sino que rebotó muy alto! Igual sólo perdió una patita, y era lo mismo, si total no hacía nada.

• Cuando tenía 10 años, le sacaba los tampones a mi vieja y
los llevaba al colegio para inflarlos con agua en el baño y tirarlos por ahí. Pensábamos que eran una especie de llaveros, y una vez le regalamos uno a un compañerito y se lo colgó de la mochila.

• De chica, antes de dormir, le oraba a Dios y al Diablo al
mismo tiempo. Los enfrentaba para que me demostrasen su poder, esperando que se pelearan entre ellos para ver quién me iba a tener de su lado en la Fe. El vencedor debía lograr que a la mañana siguiente tuviera el cuerpo de Nicole Neumann.

• Cuando tenía alrededor de 10 años y grababa canciones de
la radio me callaba porque pensaba que también se iban a grabar los ruidos.

• A los 13 años mis amigas me hicieron reír mucho mucho
y me meé encima mal. Seguí todo el día en el colegio pensando que nadie se iba a dar cuenta... ¡Qué boluda! ¡Cómo no se iban a dar cuenta, si estaba toda meada!

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• Cuando iba a los cumpleaños, en el momento de explotar la
piñata, me escondía por que me daba mucho miedo.

• Cuando el país estaba conmocionado porque la Capital se
iba a trasladar a Viedma, tuve una crisis que me duró más de un mes. Tenía alrededor de 8 años y lloraba todos los días abrazada a mis muñecos, porque yo no me quería ir a vivir a Viedma. Mi vieja me tuvo que llevar a una psicopedagoga para que me explicara que no me tenía que mover de mi casa.

capítulo dos

desasnados

• Cuando era más chico tomaba agua del bidet porque pensaba que salía más fresquita.

• Hasta hace poco pensaba que el vittel toné era un vino que
se tomaba en las fiestas.

• Siempre creí que la propulsión a chorro funcionaba con
un chorro de agua.

• Antes creía que el arroz era una masa grande que se cortaba en pedacitos.

• Hasta los 13 años pensé que la nobleza eran personas nobles y buenas.

• Cuando era chica creía que los albergues transitorios eran
lugares donde una familia vivía un tiempo cuando vendían su casa y no encontraban otra para comprar y mudarse rápidamente.

• Creía que los testigos de Jehová habían visto algo.

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• Me persigné muchas veces frente a la facultad de Ingeniería
pensando que era una iglesia.

• Cuando era chiquita creía que “Estreno absoluto” era una
película que daban repetidas veces en la tele.

• Cuando era chica pensaba que “hacer el amor” era comer
frutillas de a dos porque en un episodio de La banda del Golden Rocket Diego Torres y su novia comían frutillas una noche y al otro día la novia de Diego le confesaba emocionada a Araceli González que había “hecho el amor”.

• Siempre pensé que era “Taserenísima”. Es que el logo es
muy confuso.

• De chica pensaba que un consolador era un psicoanalista
que calmaba los problemas. Qué ingenua.

• Pensaba que “salpicón de ave” era un baile popular. • Cuando era chica tenía el libro ¿Qué me está pasando?, y en
una parte decía que durante la pubertad “comienza a crecer el vello púbico”. Era tan boba que leía “vello púbLico”. Pensaba que era el que veía todo el mundo –por eso lo de “público”–: brazos, piernas, etc.

• Me acabo de enterar que el glaciar es “PeRito” Moreno y no
“PeDrito” Moreno.

capítulo tres

sexo y calenturas varias

• Mi novia bautizó a mi pene como “Raúl”. Frente a mi familia
pregunta “¿Cómo anda Raulito?”, y como me da tanta vergüenza y me pongo colorado, todos preguntan qué quiere decir esa frase.

• Empecé a ver una película porno, me masturbé, acabé, y
seguí viéndola… ¡por la trama!

• Polaricé los vidrios de mi auto para que mi amante me pueda
hacer la fellatio mientras manejo hasta el telo. A mi esposa le dije que era para que no me afanaran el equipo de música.

• Me excita demasiado olerme los pies después de jugar al
fútbol. Puedo pasar horas con mi pie pegado a la cara.

• Me masturbé en un baño químico de un festival de Rock. No
lo pude evitar, nunca estuve tan cerca de tantas mujeres al mismo tiempo.

• Me muero de ganas de caminar desnudo por la 9 de Julio y
hacer un strip tease frente al Obelisco.

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• Siempre fantaseo con encontrar a mi esposa haciéndole
sexo oral a otro hombre en mi cama. La verdad es que no sé cómo reaccionaría si llegara a pasar... Creo que me sumaría a la fiesta... o quizá la cagaría a trompadas... De cualquier manera, me encantaría que sucediese.

• Soy profesor de Ciencias Naturales y me excito cuando me
toca hablar del tema de la reproducción. A veces hasta voy al baño en el medio de la clase y me masturbo. Siempre lo hago pensando en una alumna que mejor culo no puede tener.

• Toda mi vida fingí los orgasmos. Cincuenta y cuatro años
de mentiras.

• Un par de veces me masturbé en la playa, metido en el mar
hasta el cuello. Me excitaba estar rodeado de chicas lindas en bikini a sólo unos metros y que nadie supiera realmente lo que estaba pasando bajo el agua.

• Soy casada, tengo tres hijos, el mayor de ellos de 15 años.
A mi casa suele venir un amigo suyo que me encanta. Siempre lo jodo, le guiño el ojo, lo manoseo un poco, trato de calentarlo... Hace poco, cuando mi marido estuvo de viaje en el exterior, el amigo de mi hijo se quedó a dormir a casa. Yo me había anotado el celular de él por las dudas... A la noche le mandé un mensaje de texto: “Si querés debutar... Cuando se duerma (mi hijo) venite a mi dormitorio que te voy a estar esperando, desnuda y entregada.” Vino. Pasé una noche espectacular, le enseñé de todo... ¡El pendejo era una bestia!

sexo y calenturas varias

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• Mi novio no me deja fumar. El otro día llegó antes a mi casa
porque salió más temprano de trabajar y cuando entró había un olor a cigarrillo tremendo. Con la sonrisa más grande que podía poner, me dijo: “¿Te acordás de lo que habíamos arreglado? Si volvías a fumar me tenías que entregar la cola...”. No se la pensaba dar ni loca, asi que me hice la boluda. Pero llegó la noche... y que no, que sí, que no quiero, que dale que va... Tuve que acceder, con todo el dolor... Ya en pleno acto, no me salió más que gritar “¡Te juro que no fumo nunca más!”. A mi novio le agarró tal ataque de risa que se le murió por unos instantes y me perdonó. Siguió riéndose y yo quedé contenta con mi invicto parcialmente intacto.

• Me estaba masturbando y se me acalambraron las dos piernas justo cuando estaba por terminar. Fue el peor momento de mi vida, no sabía qué agarrar primero.

• No sé por qué, pero me excita mucho el ruido del ventilador.
Cada vez que lo hago con mi novio prendo el ventilador. Él piensa que tengo un problema y me quiere mandar al médico porque dice que soy atérmica. Si supiera…

• Cada tanto voy a un hipermercado a ver y tocar corpiños,
porque hace mucho tiempo que no toco uno. Las mujeres no me dan bola.

• Extraño los juguetes sexuales que usábamos con mi ex
novia. Me da vergüenza decirle a mi novia actual que me gustan esas cosas.

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• Me acosté con la mejor amiga de mi hija; no me arrepiento
pero no quiero que ella se entere.

• Una mañana, haciéndole sexo oral a mi novio, pensé que
estaba acabando como nunca. Cuando le pregunté por qué terminaba tanto me dijo que todavía no había acabado. Encendimos la luz y vimos que estábamos bañados en sangre. Le había cortado el frenillo.

• Me masturbé pensando en la protagonista de un libro. Fue
la paja más intelectual de mi vida.

• Cuando tenía 14 manoseé a una nenita de 4-5 años. No fue
mucho, apenas la acaricié, pero me arrepentí desde el primer instante. Es que a esa edad estaba caliente por todo, tenía curiosidad. Aunque nunca nadie se enteró, ni siquiera ella, no hay un solo día en que no me acuerde de eso.

• Me gustan las tetas de las Barbies de mi hermana. Les saco
la ropa y las miro como si fueran reales. Una vez las chupé.

• Cuando voy en el colectivo a la mañana y está lleno, lo primero que hago es ver dónde hay una mina para apoyármela.

• Cuando lo hago con mi novio me imagino que soy una prostituta, o que me viola. Espero que no sea tan extraño.

• Franeleo con mi ginecólogo mientras las demás pacientes
esperan afuera.

sexo y calenturas varias

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• Una vez la ginecóloga me preguntó: “¿Te puedo sacar unas
fotos?”. Le dije que sí, y me encontré de piernas abiertas, con una luz enfocándome ahí, y una viejita entre mis piernas sacándome fotos. Después me dijo “No tenés nada raro, no te preocupes, es que se ven re bien las secreciones, es para mostrarle a mis alumnos.” Así que, alumnos de ginecología, cuando vean fotos, puedo ser yo. Me siento una chica porno casual.

• Me masturbo escuchando a mis viejos teniendo sexo. • A veces sueño que sodomizo a Alf y cuando le pregunto si
le duele me responde: “¡No hay problema!”.

• Cuando tengo un orgasmo grito: “¡Aquiiii Cosquiiin!”. • Cuando voy al telo con mi novia me gusta caminar bien
despacio por los pasillos que llevan a la habitación para escuchar los gemidos de las chicas. Me motiva mucho, y mi novia no entiende por qué cuernos no me apuro para llegar a la habitación cuanto antes.

• Me masturbo mientras chateo con mis amigos hablando de
cualquier cosa, sin que ellos lo sepan.

• Le robo la crema para las manos a mi mamá para usarla de
lubricante con mi novia.

• Duhalde me parece sexy.

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• Cuando tengo sexo con mi novio pienso en conejos. Es raro
pero me pasa eso.

• Una vez me masturbé pensando en la Chilidrina. • Cuando llega el colectivo hago pasar primero a las mujeres
para verlas de atrás cuando suben, y así tener un buen viaje.

• Me excita mucho Pierce Brosnan cuando actúa de James
Bond. Me encanta cómo sopla el arma después de disparar.

• Me masturbaba con las bailarinas de un programa de TV. Lo
más riesgoso era que miraba el programa en mi pieza con mi mamá al lado. Ella estaba sentada frente al televisor y yo acostado atrás de ella en la cama. Boca abajo, me movía lentamente y cuando acababa me agarraba bien fuerte y disimuladamente me iba al baño a limpiarme.

• Me acosté con un tipo que era igualito al profesor Jirafales. Yo
esperaba que en cualquier momento hiciera “taa taa taa”.

• Cuando mi viejo deja de usar la PC miro el historial a ver qué
estuvo haciendo, y son todas páginas porno. ¡Viejo pajero! Igual lo quiero.

• Cuando estoy aburrido, sin nada que hacer, voy al cuarto de
mi hermano de 6 años mientras está en la escuela y le dejo varios de sus muñecos en posiciones sexuales. Cuando llega no entiende nada, pobre.

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• Soy profesor universitario y doy mi e-mail en clase con la
única intención de, a futuro, poder chatear con mis alumnas e intentar tener sexo con ellas.

• Vi a mis padres haciendo el perrito iluminados por una lamparita roja y un disco de Gal Costa sonando de fondo. Increíblemente, todavía puedo comer.

• Cuando voy al supermercado, no elijo la fila más corta, sino
una en donde haya una linda cola para disfrutar de cerca.

• Cuando era chica, jugaba a la violación con mi hermana. Es
el día de hoy que no puedo tener una relación sexual normal con nadie.

• Bajo pornografía en la oficina. ¡Cuatro megas de conexión
no son para desaprovechar!

• Me masturbo mirando Fashion TV. Todos lo hacen, pero alguien tenía que decirlo.

• Me quise masturbar con un aparato eléctrico para hacer abdominales. Resultado: me electrocuté un testículo.

• Mi vieja se hizo las tetas y no puedo parar de mirárselas. Me
pone muy nervioso, me despiertan deseos incestuosos.

• Me masturbo mirando el video de la fiesta de 15 de mi hermana. Las amigas están muy lindas.

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• Un día, cuando era más chica, encontré un paquete de preservativos en la mesa de luz de mi viejo. Al principio me chocó, porque tenía la idea de que mis viejos “no lo hacían”. Después me empecé a divertir. Contaba los forros que faltaban de un día para el otro, veía cuándo cambiaban de marca, hasta llegué a calcular cuántas veces por mes mis viejos tenían relaciones.

• Mi novio ideal se afeitaría el vello del pecho para que tuviera
una forma especial. Me excitaría demasiado sacarle el buzo a alguien y que me sorprendiera con algo bien nerd como el logo de los Thundercats.

• Me excita mucho mirarle las tetas a las minas que están
amamantando. No puedo desviar la vista, aunque sean las mujeres de mis amigos.

• No soporto la cara de idiota que pone mi novio cuando tiene
un orgasmo.

• Les toco la mano todo el tiempo que puedo a las chicas que
cobran el peaje. Quizá se calientan tanto como yo.

• Cuando tenía 13 años me masturbé viendo un documental
de National Geographic sobre una tribu indígena africana.

• Tuve un orgasmo mientras me lavaban la cabeza en la peluquería, fue muy relajante. Espero que mi cara no me haya delatado.

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• Una vez, hace unos cuantos años, estaba viendo un montón
de videos que había en mi casa (la mayoría películas viejas) con un amigo y mi hermano. Ellos se durmieron pero yo seguí revisando. En un cassette chiquito (esos que sólo se pueden ver con un adaptador o por la cámara) vi que mis viejos habían filmado una porno casera encima de un cumpleaños mío. Lo peor es que me daba mucha impresión, pero lo vi entero igual. Todavía me molesta pensar en las guarangadas que decían y hacían. ¡Y yo que seguía viendo!

• Cuando mi gata está en celo, la tengo que masturbar con
un hisopo para que se calme y deje de hacer esos ruidos insoportables.

• Le leo la agenda a mi hija de 16 años. Me di cuenta que
es una atorranta. ¡Tuvo su primera relación sexual a los 14 años! Lo peor de todo es que no le puedo decir nada porque se supone que no le debo leer la agenda. Por lo menos espero que se cuide.

• Me excitan mucho los gritos y jadeos que lanzan las jugadoras de tenis.

• Tengo un amigo virgen. Este viernes vamos a salir. Le pagué
a una mina para que lo seduzca y se lo lleve a un telo. Él no sabe nada, ni va a saberlo tampoco. El objetivo es que crea que se levantó a la mina. Así que espero que con eso agarre un poco de confianza y le vaya mejor. Ojalá que los cien pesos que invertí valgan la pena.

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• Todos los viernes a la tarde pago la entrada del zoológico
para ir a mirar el miembro del elefante.

• Le escribo mensajes de texto de contenido sexual al padre
de una amiga, y el viejo se re prende.

• A veces aliento mis erecciones al grito de “¡Thunder, Thunder, Thundercats! ¡Oh!”.

• Me excita leer, en la sección de policiales del diario, los casos
de violación. Los leo con detalle para imaginarme en la piel del violador. Creo que estoy un poquito enfermo.

• A pesar de haber cumplido ya 25 años, cuando veo una película con mis padres y hay una escena de sexo me pongo completamente roja y contengo la respiración para no hacer el más mínimo movimiento.

• Me hice las lolas y un pezón me quedó mirando para abajo.
Mi novio siempre me carga y me dice que “lo tengo en off”. Igual ya me encariñé con él y le puse “Snoopy”.

• En una noche de lujuria con mi novia puse velas al lado de
la cama. Cuando fui a apagarlas para irnos a dormir, incliné la velita para soplar y me quemé el pene con cera caliente. Me la banqué como un duque con tal de que mi novia no se enterara.

• Pienso en sexo durante el 90% de la misa.

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• Me masturbé pensando en el vocalista de los Hanson porque creía que era mujer.

• Cuando era chica, veía Jesús de Nazareth y me encantaba
el actor. Recuerdo haber tenido fantasías con Jesús, me parecía re sexy. Siempre me gustaron mucho los tipos que tienen un look Jesús.

• Interpreto a Liza Minnelli en un bar gay. Para mi papá soy un
estudiante de derecho como cualquier otro.

• Me cuelgo la toalla en el pene y trato de levantarla varias
veces. Así ejercito mi miembro en épocas de vacas flacas.

• Me excita más cuando mi esposo me lo hace con los dedos.
Una dura y cruel realidad.

• Mi profesor de historia me mira las tetas. Y no pone ningún
reparo ni discreción.

• Cuando mis hijos se acuestan siempre les reviso el historial de internet. Descubrí una página de lesbianas, y ahora tengo una gran duda: no sé si tengo un hijo pajero o una hija torta.

• El otro día tenía tantas ganas de ponerla que agarré el diario, me fijé en los clasificados y llamé a una prostituta. ¿Qué más podría contar además de la cara de los dos al darnos cuenta de que fuimos compañeros en el secundario?

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• Fui al cine con un amigo a ver Secreto en la montaña. Terminamos transando en su casa. La película más reveladora de mi vida.

• Me gasté dieciséis pesos en un preservativo con vibrador, lo
abrí para ver cómo funcionaba y no lo pude volver a armar. El colegio industrial me está cagando la vida.

• Estuve a punto de proponerle un revolcón a una amiga.
Ahora me entero de que tiene un retraso, menos mal que no pasó nada, si no la duda me estaría matando.

• Sospecho que mis viejos hacen intercambio de parejas con
los vecinos.

• Soy un hombre de 31 años y mi despertar sexual fue a los 12
años con un chico en la sacristía de una capilla. Espero Dios perdone mi herejía.

capítulo cuatro

gente grande, che

• Soy un huevón, todavía me gusta jugar al ring raje, sólo que
ahora no corro. Toco timbre y me quedo parado en la puerta, cuando salen les digo que pasaron dos chicos corriendo y me quedo charlando acerca de lo molesto que es que hagan esas cosas.

• Casi siempre a la tarde, cuando estoy solo a la hora de la merienda, me pongo a jugar a ver cuántos alfajores me puedo meter en la boca al mismo tiempo. Un día justo entró mi secretaria y me los tuve que tragar todos, casi me muero.

• Desde chico tengo una adicción. Es algo que hago cuando
estoy solo o no me mira nadie. Incluso cuando hay alguien voy al baño y lo hago: me chupo el dedo y tengo 25 años.

• Cuando voy al baño en la oficina hago un bollito de papel
higiénico, lo mojo para que quede duro y mientras hago lo mío lo tiro para arriba y cabeceo para hacer “gol” en cualquier lado. Si se va lejos lo traigo con una escobita que hay por ahí, si hago el gol festejo en voz baja con los brazos en alto. Tengo 27.

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• Tengo 39 años y todavía me pongo plasticola en las manos
para despegarla despacito cuando se seca. Es una sensación indescriptible, no puedo parar.

• Me gusta enrollar los folletos que me dan por la calle y llevarlos con una mano al costado del cuerpo. Así me imagino que es un sable láser apagado.

• Muchas veces cuando voy por la calle me pongo a flashear
con que viene un genio como Aladín y me concede tres deseos. Uno de ellos sería volar como Peter Pan, así no tengo que tomarme el colectivo o esperar veinticinco minutos sentado en el subte. Directamente vuelo hasta casa. Tengo 23 años, soy un pescado.

• Estoy esperando que mis hermanos tengan un hijo/a para
jugar a los Playmobil otra vez.

• Mi mamá me hace los trabajos de la facultad. • Cuando meo me bajo los pantalones hasta las rodillas, como
cuando estaba en jardín de infantes.

• Tengo 30 años y todavía no puedo fumar delante de mi
mamá. No sé por qué, es algo más fuerte que yo. Tengo familia, hijos, casa, pero no fumo delante de nadie. Es como si me fueran a retar.

• Cuando pierde Boca lloro.

gente grande, che

45

• Vivo solo, y en el living armo una suerte de escenografía y
actúo como si fuera el conductor de un magazine de interés general. Presento móviles, hago publicidades, etc. Tengo 22 años. Lo hago casi todos los días.

• Tengo 32 años y cuando se van todos de mi casa agarro el triciclo de mi hijo y pico por la casa creyendo que soy Fangio.

• Tengo 22 y sigo viendo dibujitos animados. • Cuando estoy solo en el ascensor del laburo, bailo. Levantando los brazos, aprovechando los zapatos que patinan en el suelo... El problema es que laburo en un cuarto piso, así que son cinco segundos de acción nada más.

• Cuando voy al supermercado pienso que el carro es un auto
y lo manejo como tal. Me encanta cuando estoy en un pasillo y hay alguna vieja estorbando, para así tener que esquivarla y salir sano y salvo. Soy un maestro conduciendo.

• Cuando tengo que guardar algo de la computadora en un
disquete, me hago la espía, como si estuviera robando información. Miro para todos lados como si tuviera que hacerlo rápido y me voy.

• Tengo 14 años y mi mamá me corta las milanesas. • Todavía le doy la mano a mi mamá cuando cruzo una calle.
Es instintivo.

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• Tengo 28 y no puedo pelarme las manzanas. Si viene algún
amigo a casa me da vergüenza pedirle a mi mamá, pero no lo puedo evitar. Ya lo hablé con mi novia y le dije que cuando nos casemos ella me las va a tener que pelar.

• Cuando voy a sacar plata de un cajero, meto la tarjeta, hago
todas las operaciones, y cuando termina y la máquina me devuelve la tarjeta, apenas sale trato de agarrarla antes de que empiece a sonar la chicharrita. Es muy emocionante, muy pocas veces pude ganarle.

• Cuando estoy solo en casa juego a que el microondas es
una bomba que está por explotar. Para hacerlo más excitante, espero parado frente al microondas hasta que el reloj marque cinco segundos, y corro hasta el living saltando por arriba del sillón para taparme la cabeza con los brazos cuando suene.

• Cuando voy al supermercado y estaciono en el subsuelo me
dan muchas ganas de correr a toda velocidad como hacen en las películas.

• Cuando voy al supermercado ordeno todas las cosas en el
chango como si estuviera jugando al Tetris, mientras canto la cancioncita. Al final me queda casi todo el chango vacío, pero bueh...

• Todavía no sé hacerme el nudo de la corbata. Me lo hace mi
señora.

gente grande, che

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• Juego carreras contra el timer del microondas. Pongo el café
con leche por un minuto y en ese tiempo intento hacer pis, higienizarme y lavarme la cara antes de que suene el beep.

• Cuando estoy aburrido en la oficina, desarmo la abrochadora
y la vuelvo a armar mirando al techo, como hacía Rambo.

• Suelo caminar por la vereda salteando las baldosas como si
fuera la rayuela y cuando cambio de tipo de baldosa tengo que hacerlo indefectiblemente con el pie derecho.

• Dedico cuatro horas diarias a resolver los libros de buscando a Wally. Llegué a faltar a un parcial porque no encontraba una boina roja.

• Tengo 37 años y sigo practicando mi firma. Hace poco decidí hacerla un poco diferente. A esta altura de mi vida no sé si me traería algún problema legal. Como no me atrevo a cambiarla de un día para el otro, decidí ir modificándola poco a poco, de tal forma que a lo largo de los años pueda tener la firma que realmente quiero.

• Le como los postrecitos de chocolate a mi hijo de 2 años.
Creo que mi señora está empezando a sospechar.

• Luego de afeitarme, me agarro la cara y grito como Macaulay Culkin en Mi pobre angelito frente al espejo. Después salgo corriendo y agitando los brazos en el aire por toda la casa, pensando en que mi familia me dejó solo.

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• Todos los días le compro figuritas del Mundial a mi “hermanito” inexistente. Como me da vergüenza que el kiosquero sospeche que son para mí, compro desde hace dos semanas en kioscos diferentes. Lo peor es que ahora tengo figuritas repetidas y no tengo con quien cambiar.

• Invento marcas en el tutti fruti y las peleo a muerte. • Soy profesora de Lengua y Literatura en un colegio de la
Capital. Cuando los alumnos no quieren que dé clases, se ponen de acuerdo y sacan cualquier tema para que hablemos de bueyes perdidos y no de la materia. En general me hago la boluda y les sigo el juego, porque obviamente tampoco quiero dar clase.

• Tengo 25 añitos y tomo mamadera. Es más cómodo para
mirar la tele y no chorrearme. A veces la llevo cuando salgo a bailar, llena de whiscola.

capítulo cinco

¿pequeñas? mentiras

• Cuando tengo que guiar al taxista para que pare frente a mi
casa, le digo que es la de al lado, porque es más linda.

• Tengo una familia (esposa y dos hijos) en Buenos Aires y
otra (esposa y un hijo) en Rosario. La de Buenos Aires cree que siempre viajo a Rosario por mi trabajo, y viceversa. El problema es que cada vez se me complica más, porque los chicos van creciendo y preguntan cosas.

• Le miento a mi psicólogo. • Cuando estoy frente al mingitorio y no puedo largar ni una
gota de pis, me la sacudo igual aparentando que me eché el cloro del siglo.

• Cada vez que subo a un taxi, tengo la manía de inventar una
conversación telefónica, sea con una amiga, con un novio o con mis viejos. El tema es que siempre armo escándalos, como si estuviera muy enojada. Algún día me va a sonar el celular mientras me hago la que hablo y voy a quedar como una boluda. ¡Pero no lo puedo controlar!

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• Mi suegra volvió de un retiro espiritual y con mi novio la fuimos a buscar en auto a la terminal. Puso todos sus bolsos en el baúl y fuimos a una estación de servicio. Ahí me agarró sed, y ella me dijo que tenía una botella con agua en el baúl. Lo abrí, encontré una botella de gaseosa con agua y tomé muy tranquila. Cuando vuelvo adentro me dice: “Ah, me olvidé de avisarte, hay una botella de Coca que tiene agua bendita, no tomaste de esa ¿no?”. Yo me hice bien la boluda y le dije que no, pero mi novio me había visto y me jodió por mucho tiempo.

• Siempre que me preguntan cuánto pagué por algo, digo un
precio más bajo. Tengo miedo de quedar como un boludo y que todos me digan: “¡Te cagaron!”.

• En verano me cago de calor mientras viajo en auto con las
ventanillas cerradas sólo para aparentar que tengo aire acondicionado.

• Cuando me llaman por teléfono para encajarme una obra
social hago como que soy una madre con siete hijos y empiezo a gritar: “¡Juan! ¡Sacá las manos de la hornalla que te vas a quemar! ¡Domingo, pará de arrancarle los pelos a tu hermana porque te voy a fajar feo!”, y espero la reacción del pobre operador.

• No sé el Padre Nuestro y cuando voy a alguna misa y se lo
recita, muevo los labios indiscriminadamente como si estuviera diciéndolo en voz baja.

¿pequeñas? mentiras

53

• Una noche de angustia pedí un kilo y medio de helado para
mí sola. Como me daba vergüenza, cuando llamé a la heladería simulé estar con más gente, decía: “¿De qué gustos quieren? bla bla bla...”.

• Hago play-back en misa los domingos. No me sé ninguna
canción.

• No entiendo la ley de posición adelantada del fútbol. No sé
cómo funciona ni en qué consiste exactamente. Hace muchos años que mi viejo y mi hermano me la explican pero yo sigo sin entender, es más fuerte que yo. Igual puteo cuando la cobran.

• Me dejaron un tremendo chupón en un cachete de la cola,
y le tuve que decir a mi novio que me caí derrapando en las escaleras del subte. Se lo creyó y todavía me sigue gastando. Pobre infeliz.

• Trabajo en una reconocida agencia de publicidad y vivo robando avisos de países remotos (checos, rumanos, húngaros, croatas, etc.). Me encanta hacerlo porque no laburo nunca. Lo voy a seguir haciendo.

• Mi cuerpo es una mentira: tengo 21 años, las lolas operadas, la cola levantada, lentes de contacto, extensiones en el pelo. Como aun así no me siento tan diosa, me voy a poner colágeno en los labios. Cuando alguien me pregunta, desde luego juro por mi madre que todo es mío.

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• Tomo agua en botellita cuando estoy en mi casa y me siento
un gran deportista. El agua la tomo para bajar alguna milanga que haya comido antes, mientras me fumo un pucho y veo películas en la cama.

• Hago trampa cuando juego al solitario. • El otro día estaba jugando a la PlayStation 2 con un amigo.
Éramos Argentina vs. Brasil. En un momento aparece mi abuela y pregunta: “¿Ese partido está en vivo?”. Le dijimos que era la final del Mundial, escondimos los joysticks abajo de la mesa y seguimos jugando. La pobre vieja se quedó todo el partido mirando, y cuando ganó Brasil se fue amargada.

• Mi papá hace asados muy feos. Todos lo felicitamos pero
siempre salen crudos y/o gomosos. No lo hablamos entre nosotros, pero estoy seguro que el resto de la familia piensa igual que yo.

• Siempre digo que me dejo ganar en la PlayStation por mi
cuñadito de 12 años. Pero en realidad, el chiquito me gana de verdad. Me siento un boludo.

• A veces llevo dos paquetes de cigarrillos encima; uno lleno
y otro con un solo cigarrillo. Cuando me vienen a pedir, les digo que me queda sólo uno y les muestro la cajita preparada para la ocasión.

• Soy una empanada que baila y nadie lo sabe.

¿pequeñas? mentiras

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• El 28 de diciembre, Día de los Inocentes, vino a la mañana la
novia de mi hermano. Como lo vino a buscar y no estaba, se me ocurrió hacerle una joda y decirle que estaba enamorado de ella. Se puso a llorar y me dijo que ella también lo estaba de mí, me abrazó, lloró y me besó en la boca un largo rato. Después se fue. ¿Qué hice? ¡Soy un recontra boludo!

• Cuando me hacen una encuesta, digo exactamente lo opuesto a la verdad.

• Le dije a mis viejos que tenía problemas personales graves
para que no me castigaran por reprobar todas las materias del colegio bajas.

• Le digo a mi novia que tengo que trabajar para no salir con
ella a la noche y me quedo en mi casa mirando tele.

• Desde hace más de diez años miento con la edad. Llego a
restarme o sumarme hasta quince años. No sé si no se dan cuenta o se hacen los boludos.

• Soy maestra jardinera y con lujo de detalles les develé a
unos treinta nenes de 4 años cómo los padres colocan los regalos en el arbolito para Navidad. Dejé sin efecto la existencia de Papá Noel. El llanto fue insoportable.

• Soy una persona buena, pero cuando voy a la iglesia y me
confieso le cuento al cura las peores barbaridades sólo para ver qué me dice.

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• Trabajo en un hotel de lujo y tengo fotos con prácticamente
todos los cantantes internacionales. Siempre digo que tuve sexo con ellos y me jacto de que una canción del disco fue compuesta para mí. En realidad ninguno jamás me habló.

• Mandé a imprimir tarjetas personales con mi nombre con
cuanto cargo puedan imaginar: presidente de marketing de Coca-Cola, técnico nuclear, etc. En los boliches tienen un efecto increíble.

• Busco hechos casi incomprobables y me los asigno como
propios. Hasta ahora tuve un encuentro cercano con una famosa modelo y rechacé un laburo demasiado bien pago.

• Gano mil pesos de sueldo, pero más de cinco mil con todo
lo que robo.

• Tengo un grupo de cumbia y casi todos los sábados salimos en un programa de televisión. Lo gracioso es que, salvo el cantante, ninguno de los que aparecemos bailando en cámara participó en la grabación de los temas. ¡Ni siquiera sabemos tocar!

• No papá, no me quedo a mirar los partidos de Boca con
vos porque sienta pasión por el equipo. Lo hago porque me gusta mucho un jugador de ese equipo. Y si, te salí maraca.

capítulo seis

instinto asesino y suicida

• Me gustaría salir de cacería al azar en Plaza de Mayo a las
14:30, con mi carabina, a ver si alguien me detiene.

• Cada vez que veo una embarazada me dan ganas de pegarle una patada de puntín en la panza y ver qué hace la gente. Seguro que me linchan, ¿no?

• Tengo muchas ganas de pegarle al policía que está a la vuelta de mi casa.

• Tengo un sueño que todavía nunca pude concretar. Cagar a
golpes a un mimo. Ya voy a tener la oportunidad.

• Le maté los perros a mi vecino con balines de 5 ½. • Me pongo muy nervioso cuando las canillas que cierran
automáticamente dejan de echar agua antes de que termine de enjuagarme las manos. Rompería todo el baño en esos momentos.

• Se murió mi abuelo, fui y le jugué al muerto en la quiniela.

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• Cuando camino por la calle me encanta ir golpeando con el
codo a la gente como si no me diera cuenta. Todos creen que lo hago sin querer. Es genial golpear gente sin culpa.

• Cuando soplé las velas de mi último cumpleaños, deseé
morir pronto.

• Tengo un amigo que conocí por Internet, nos vamos a encontrar. Lo que él no sabe es que soy un psicópata.

• Cada vez que voy a un negocio y no tienen lo que quiero,
tengo unos deseos locos de agarrar un arma y pegarle un tiro en la cabeza al que me atiende. Lo peor es que no pido nada raro: voy a comprar pan a la panadería y no tienen; carne a la carnicería, no tienen; un remise en la remisería, no tienen hasta dentro de veinte minutos. Encima te dicen “no tengo” y se te quedan mirando con cara de pelotudos. ¡QUE HAGAN ALGO! Cómo desearía ir con un arma a comprar lo que quiero, que me digan que no lo tienen y entonces pegarle un tiro a la hija o la esposa del fulano. Insistirle y que me diga “no tengo” y volver a pegarle un tiro a un familiar. Así hasta que me dieran lo que quiero. Entonces, pagaría y me iría, total si me agarrase la cana alegaría demencia temporal y me declararían inimputable.

• Nunca lo haría, pero siempre pienso que yo sí podría realizar el asesinato perfecto. Me imagino cómo lo haría, y también cuáles serían las torturas más feas que podría sufrir una persona. Nunca lo haría, pero lo pienso...

instinto asesino y suicida

61

• A veces me imagino que toda mi familia muere en un accidente y me dejan todo su dinero para vivir sola y feliz. ¿Será malo pensar eso?

• Sueño con tirarme por la ventana, pero no me animo. Probé
tirar cosas de mi décimo segundo piso, para ver qué pasaba. Ya van macetas, teléfonos, algunos peces que tenía y hasta mi gato, que lo detestaba. No soporto más a mi hermana, creo que será la próxima.

• A veces cuando estoy por tomar el tren, por unos instantes
tengo el impulso de empujar a alguien (o saltar yo mismo) hacia las vías. No creo que sea un sentimiento suicida o asesino, no sé, sólo me pasa.

• Una vez estaba sola en mi casa. Mi vieja tenía un hámster,
se llamaba Pancho. Como estaba aburrida lo metí en una bolsa y lo empecé a lanzar para arriba, me re divertía. En un momento lo lancé tan alto que no lo pude agarrar, se quebró una piernita y quedó medio boludo. Me puse re nerviosa y no sabía qué hacer, así que lo metí como estaba en la jaula. Cuando volvió mi vieja me preguntó qué había pasado con el hámster, le dije que no sabía. A los pocos días el bicho murió. Ahora ningún animal se me acerca.

• Cada vez que veo a un nene de esos bien chiquitos, que
apenas saben caminar, fantaseo con ir corriendo y patearlo con toda la furia para luego gritarle en la cara a la madre “¡Gooool!”.

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• Siempre que voy manejando por la autopista, me imagino
que el día en que se me dé por suicidarme, voy a poner “El 38” de Divididos al palo, voy a acelerar a 200 km/h y no voy a doblar en la primera curva que aparezca.

• Leo los avisos fúnebres tratando de deducir la edad del fiambre por su nombre. Morbo: siempre busco gente joven.

• Cuando viajo en avión siempre pienso a quién me comería
primero si estuviera en una situación similar a la de la película Viven. Siempre llego a la conclusión de que empezaría por los bebés. Deben ser más tiernitos.

• Cuando mis viejos se van de viaje juntos en auto, siempre
imagino que se mueren y yo heredo todas sus propiedades, con lo que vivo de rentas sin tener que laburar por el resto de mis días.

• Muchas veces tengo ganas de saltar al vacío. A veces miro
una ventana o un balcón y pienso: “Estaría bueno tirarme desde acá”. Al segundo mi mente me dice: “No, te vas a matar”, me doy vuelta y no lo hago. ¿Y si algún día mi mente se duerme y no hay nada que me detenga?

• Hoy medí el diámetro y profundidad del freezer. Después
medí mi cabeza. Quería saber cuántas cabezas podrían entrar. Más o menos (dependiendo del tamaño) podrían llegar a entrar seis cabezas adultas. En cualquier momento me compro el hacha.

instinto asesino y suicida

63

• Cuando estoy comprando algo en el supermercado y la cajera pasa los artículos por el lector láser me dan ganas de agarrarla de los pelos y estrellarla contra la caja registradora. Me la imagino ensangrentada mientras sigue cobrándome, como si nada hubiera pasado. No sé si es normal, pero a mí me pasa.

• Cuando sube un policía al colectivo, me imagino robándole
la pistola. Se la saco, le apunto y bajo del colectivo. Y si se rebela, lo cago a tiros. Lo peor es que jamás mataría a nadie en serio y ni siquiera sé manejar un arma. Pero me gusta verlo muy tranquilo y pensar: “No estarías tan tranquilo si supieras lo que podría hacerte”. En fin. Un enfermo.

• Si voy manejando por una calle de una sola mano, y alguien cruza por delante de mí, pienso que su vida está bajo mi control. También calculo cuáles serían todos los inconvenientes si le pegara con el auto, además de pensar posibles escapes luego de cometer el crimen. Igual no lo voy a hacer nunca... supongo.

• Más de una vez, estando solo en casa, tomé un cuchillo en
mi mano y dije: “Si realmente Satanás existe, que me empuje el cuchillo hacia dentro”. Acto seguido me metía el cuchillo en la boca. Nunca pasó nada. Pero el terror que siento cuando lo hago es indescriptible.

• Mañana voy a matar a mi profesora de matemática, lo
tengo decidido.

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• Cuando estoy aburrido me imagino que muero y es mi velatorio. La gente va a verme y lloran. Así me voy imaginando uno por uno; mis amigos, ex novios, familiares, enemigos. Pienso en cuánto sufren, si lloran mucho o poco, si se desesperan, qué dicen de mí, si se alegran, etc. Lo peor es que cada vez que pienso en eso termino llorando.

• Toda mi vida, desde chiquito, quise atrapar una paloma
y patearla. Pero salían volando. Hace un par de años, sabiendo que no iba a llegar a agarrarla, fui corriendo y le di tan de lleno que se hizo pelota. Aleteaba pero no podía volar, quedó tirada la pobrecita. ¡Pensé que se iba a escapar como siempre!

• Soy medio morboso. Una vez en la estación de Lomas de
Zamora vimos el tren parado a mitad de camino. Nos acercamos con mi primo y vimos que el tren había atropellado a alguien. El torso estaba debajo del motor del tren, todavía temblando. Mi reacción instantánea fue reír descontroladamente. Mi primo me tuvo que sacar porque si no alguno me molía a palos.

• Cuando estoy aburrido en la oficina pienso en cómo podría
matar a una persona con cosas insignificantes, como clips o el mouse de la computadora.

• No tolero en lo más mínimo a los nenitos que corren descontrolados en los lugares públicos. El otro día le puse el pie a uno y se hizo mierda contra el piso. Me sentí genial.

capítulo siete

chanchadas

• Me gusta rascarme los genitales después de varios días sin
bañarme y olerme las uñas.

• Me gusta comer los chicles pegados debajo de las mesas o
sillas de cualquier lado.

• Me cepillo los vellos púbicos con el peine metálico para piojos; se siente brutal.

• No hay nada mejor que mear en el lavatorio. Siempre que
puedo meo ahí.

• Soy toda una señorita de 22 años, y lo que nadie sabe es
que jamás me lavo la cara cuando me levanto. Como nunca se me hacen lagañas, me visto, me pinto un poco y listo.

• Me como las cascaritas de las lastimaduras. Tengo un par
que hace años que no cicatrizan.

• Cuando el chicle ya no tiene gusto a nada, lo unto en la
azucarera.

68

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• Siempre que voy al baño a hacer pis, para entretenerme
hago un círculo con el dedo mayor y el pulgar para que pase la pichina por el medio. A veces le pifio y me meo toda la mano, pero estoy mejorando cada vez más.

• No fumo, pero cada vez que veo un cenicero y nadie me ve,
paso el dedo por la ceniza y lo chupo. Tiene un saborcito tan especial...

• Hago pis en la canaleta de la ducha del gimnasio. • Cuando laburaba en una conocida cadena de fast food que
se fue del país, hice pis dentro del tacho donde se guardaba la lechuga para hacer los sándwiches. Les avisé a mis amigos que no comieran lechuga durante una semana, pero los clientes y los no amigos jamás se enteraron. Nunca me dio culpa.

• Cuando me corto las uñas de los pies, las dejo en la mesita
de luz al lado de mi cama para poder racionarlas a lo largo de los días siguientes y comérmelas.

• Me gusta mucho el olor que hay en los baños de la estación Constitución. No sé por qué, pero me atrapa. ¿Estaré enfermo?

• Siempre que voy al baño y me lavo la cara, me tengo que
sonar la nariz con las toallas. Ya sea en mi casa o en la de los demás. No lo puedo evitar.

chanchadas

69

• Me encanta sacarme los mocos y pegarlos en el espejo del
ascensor. ¡Soy una cerda!

• Me masturbo con un preservativo puesto, y para economizar, lo lavo en la pileta de la residencia en la que vivo y en donde mis compañeros se lavan la cara.

• Cada vez que uso una cuchara, ya sea para tomar helado,
comer postre, o lo que sea, no la lavo. Simplemente la chupo y la guardo de nuevo en el cajón.

• Fui al ginecólogo porque me dolía mucho la panza y estaba
inflamada. Cuando me revisó, el tipo sacó un tampón “olvidado” de mi última menstruación, hacía más de veinte días. ¡Hasta el médico puso cara de asco! No creo que vuelva a ese ginecólogo.

• Me saco las pelotitas negras que se forman entre los dedos
de los pies y me las como.

• Siempre que voy a un restaurante y hay escarbadientes, los
vuelvo a meter en el frasquito después de usarlos.

• Me como las lagañas todas las mañanas. • Le tiré un pedo en la cara a mi papá mientras dormía porque me castigó.

• Me como los calditos en cubo como si fueran bombones.

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• Cuando quiero usar una remerita que esta sucia le paso un
poco de jabón donde tiene olor y listo, ¡acá no paso nada!

• A veces cuando estoy en la computadora me da fiaca ir a
buscar un pañuelo para sonarme la nariz y me la sueno con hojas A4.

• Cuando no tengo bombachas limpias uso las sucias al
revés.

• Hace una semana que no me baño. Lo que pasa es que como
vivo solo y en toda la semana no vino nadie, me daba fiaca meterme bajo la ducha. No tengo olor a chivo, pero mi pelo da asco, parece un escobillón.

• Me gusta reventarme los granitos y dejar el pus en la tapa
del frasco de mayonesa.

• El otro día fui a la farmacia y compré pañales para adultos.
Al llegar a casa me puse uno y me meé encima. Estuvo bárbaro. Un brindis por los buenos viejos tiempos.

• Trabajo en un restaurante, y para ahorrar detergente, el
dueño nos dice que en lugar de lavar los vasos, simplemente los enjuaguemos. Por supuesto, le hacemos caso.

• Cuando me quedo sin cigarrillos y no tengo ganas de bajar a
comprar, empiezo a revolver los ceniceros para fumarme las colillas que quedaron apagadas con un poco de tabaco.

chanchadas

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• Me encanta chupar las pilas cuando están gastadas. Las
saco del discman y las chupo durante todo el viaje en bondi. Me da cosita contárselo a alguien porque me van a salir con eso de que no es sano. Pero no me importa, son sabrosas.

• Echo detergente en el inodoro porque me gusta hacer pis
sobre la espumita que se forma.

• Desde chica como a escondidas yogurt con chizitos. Es una
verdadera adicción, nunca lo prueben.

• Me saco la pelusa del ombligo y la huelo. • Me soplé los mocos con un billete de cinco pesos. Accidentalmente. Ya se encuentra en curso nuevamente. Perdón sociedad.

• Me encanta chuparme los brazos después de salir del mar.
La sal les da un saborcito muy especial.

• No sé por qué, pero desde los 6 años me gusta ponerme
papas fritas en la cola. Sé que es muy asqueroso, pero me encanta sentir el aceite calentito. Necesito un psicólogo.

• Me da mucho asco que cuando estoy desayunando aparezca mi viejo en calzones rascándose descaradamente.

• Uso desodorante de ambiente en lugar de desodorante corporal porque rinde más.

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• Me encanta dormir sucia. • Como me encanta el gustito a sangre, me cepillo los dientes
bien fuerte para que me sangren las encías.

• Uso una cuchara como calzador. Después de cumplir su cometido, vuelve al cajón de los cubiertos.

• Siempre termino comiéndome el boleto de colectivo. • Cuando estoy indispuesta y voy al baño a cambiarme la toallita, la corto por la mitad como en las publicidades.

• Soy profesor en un secundario de la capital y me rasco los
huevos en clase. Total el escritorio me tapa perfectamente.

capítulo ocho

la vida misma

• Tengo 29 años y me paso todo el día frente a la PC. No laburo ni estudio, tengo fobia social, estoy bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico y no se le puedo decir a nadie porque me tratarían de loco.

• Hoy me fui de la playa porque me sentía fea. • Hace trece años, volví de una fiesta muy en pedo, porque
me había peleado con mi novia por culpa de la madre. No sé cómo volví a mi casa. A la mañana siguiente, tenía que ir a buscar a mi novia al club y cuando veo la trompa del auto, estaba abollada en el centro y toda la parrilla llena de sangre. Al día de hoy no sé qué pasó. Si fue un homicidio, ya prescribió.

• Cuando estoy muy cansado, me duermo una siestita en el
baño del laburo. ¡Diez minutos y salgo como nuevo!

• Mi vieja acaba de decirme: “Estás medio gordita”. Me deprimí tanto por lo que me dijo que me estoy comiendo un alfajor. ¡Me cagaste la vida!

76

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• Me compré un hámster para no sentirme sola. • Nadie lo sabe, pero hablo con mi papá que está muerto, le
suelo pedir cosas y siempre me ayuda.

• Tengo un compañero de facultad que cada vez que le pregunto cómo está, me empieza a contar todos sus problemas. ¡La verdad es que ya me chupa un huevo!

• Vi en un aviso en el diario que buscaban modelos para ropa
interior. Me presenté y me hicieron caminar en bolas por una pasarela. Me tomaron los datos, nunca más me llamaron. Creo que me boludearon.

• Si mi perro hablara, me metería en serios problemas. • Hace casi doce años que soy policía y tengo mucho miedo
de que me maten. Ya no persigo a los ladrones y si veo algo raro corro en dirección opuesta. Hoy había un punga en la parada del colectivo. Me hice el boludo y tomé el primer bondi que iba para la zona de Retiro, me dio miedo. Cuando hago adicionales en los bancos, me aterra pensar que vengan a robar, no sé qué haría.

• Cuando tenía 17 años le pinché los profilácticos a mi mamá.
¡Hoy tengo una hermanita hermosa de 5 años!

• Trabajo en una conocida empresa de subastas por Internet
y opero con la competencia.

la vida misma

77

• El año pasado me gasté el aguinaldo entero en marihuana. • Destino el 90% de mi sueldo a putas y alcohol. El otro 10%
lo malgasto.

• Mi título universitario es un fiasco. Me copié durante toda
la carrera.

• Robaba plata de la casa de mi ex novia siempre que podía. • En la playa estoy siempre metiendo panza y todo trabado.
Lo peor es que se re nota, pero no lo puedo evitar. Soy tan iluso que pienso que todas las minas me miran, justo a mí, tan trabado y tan nabo...

• En el viaje de egresados, en una situación muy confusa, empujé a un compañero por una barranca, en el cerro Otto. Cayó casi doscientos metros. Tuvo politraumatismos y estuvo internado por un tiempo largo. Nadie sabe que fui yo. Actualmente no sé nada de él. Lo odiaba, por eso lo hice.

• Todos los días lloro cuando me veo al espejo. • Durante más de dos años me maté laburando para una empresa. Como no me quisieron subir el sueldo, bajé mi rendimiento en un 75%, o sea que hago únicamente lo indispensable. Ya pasaron más de cinco meses y nadie se dio cuenta. Por un lado me alegra, pero por el otro me siento una idiota por haberme deslomado tanto.

78

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• Me enteré que mi viejo le metió los cuernos a mi vieja durante quince años. Mis viejos siguen juntos viviendo una falsa felicidad. Yo lo quiero, pero muchas veces me dan ganas de molerlo a palos de lo hipócrita que es.

• Hace cuatro meses abandoné la facultad pero no le dije nada
a mi viejo. Él me sigue dando los 350 pesos mensuales para pagar la cuota, y yo me los gasto en boludeces. Todos los días agarro la carpeta y hago de cuenta que voy a la facultad, pero en realidad me voy a caminar por ahí o a sentarme en la plaza, y vuelvo a mi casa tres o cuatro horas después. No sé hasta cuándo voy a seguir con esto, no sé cómo terminarlo ni qué verso meterle a mi viejo. Me parece que me cagué la vida.

• Mi abuela recibe más llamadas que yo. Mi vida social es un
desastre.

• Encontré conversaciones de MSN guardadas en mi computadora, eran de mi vieja con un montón de tipos a los que les decía que era divorciada, no tenía hijos y que era médica pediatra. Todo eso es mentira y me da mucha bronca. Ya sé que la gente miente mucho en el chat, pero me da bronca porque nos anula a mis hermanos, a mi viejo y a mí.

• Mi propia madre se burla del defecto físico que más me
acompleja. Estoy pensando en irme de casa.

• Solamente me siento bonita cuando paso hambre.

la vida misma

79

• El año pasado me recibí con todos los honores. Me dieron un
diploma por tener el mejor promedio de mi camada. Ahora estoy preparándome para dar un paso más en mi ascendente trayectoria. Desde afuera mi vida parece perfecta, pero la verdad es que varias veces estuve a punto de suicidarme por las presiones de mi carrera y de mi padre, que es sargento retirado de las FF.AA. y tiene depositadas en mí todas sus esperanzas, ya que soy su único hijo. Si llego a fracasar, antes que ver la cara de mi padre, prefiero suicidarme.

• En el directorio de mi celular agregué un contacto falso con
el nombre “Dios”. Cada vez que me siento angustiada o tengo un problema, le mando un mensaje de texto con todo lo que quiero decirle. A veces tengo la esperanza de que me conteste. Pero no, siempre me llega un mensaje que dice “El número no existe”.

• Ayer mi bebé se cayó de la cama. No se lo quiero contar
a nadie porque me persigo con que piensan que soy mala madre. Después me quedé despierta mucho tiempo esperando ver alguna señal de lesión interna. Por suerte no le pasó nada.

• Mi mamá esta muy enferma, y lo más probable es que no
viva mucho más. Estoy casi seguro de que no me voy a poner triste cuando muera. Siempre me trató mal, me hizo la vida imposible, odia con el alma a todas mis amigas y a mi novio, y a mi viejo lo trata muy mal. Me parece que todos estaríamos mejor sin ella.

80

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• Me faltaba un mordisquito para terminar mi sánguche de
milanesa cuando recordé que era Viernes Santo. Perdón Jesús.

• Últimamente mis viejos me dicen muy seguido que me quieren mucho. Estoy empezando a creer que tengo una enfermedad terminal de la cual no me hablaron. Algo pasa, a mí no me engañan.

• Pasó hace como veinte años y no se lo conté nunca a nadie.
Cuando tenía 7 u 8 años, diariamente le sacaba plata a mi mamá de la cartera para comprar cosas en el kiosco del colegio (a veces me sarpaba y sacaba mucho). Un sábado a la mañana me despierto y escucho que mis viejos estaban conversando con la empleada en la cocina. La conversación no se escuchaba muy bien pero podía entender que a la mujer la estaban echando por robarle plata a mi vieja. Yo estaba shockeado y no me movía de mi cama. La pobre mujer lloraba y decía que ella no había robado nada. Hoy me acuerdo y se me parte el corazón porque era chico y no hice nada por miedo al “castigo”.

• Los primeros cuatro segundos que pasan desde que me
despierto, no recuerdo nada de mi vida. Es el momento más feliz del día.

• Se acaba de morir mi mejor amigo. Estoy hecho bosta, pero
no puedo dejar de pensar en que el recuerdo material más importante que tengo de él... se lo robé.

la vida misma

81

• ¡Me gustaría ser arqueólogo, no abogado! • Tengo 30 años y trabajo en una muy buena empresa. Cuando
tengo alguna reunión importante, me pongo una tanga. Y ahí estoy yo, de traje impecable, corbata italiana y con la tanga.

• Hago apuestas con Dios. Siempre le gano. • ¡Meto panza todo el tiempo! • Estoy embarazada, pero no sé de cuál de los tres. • La empresa de mi papá tiene una publicidad gigante en una
esquina céntrica. Él vive conmigo, pero trabaja de sol a sol y por nuestros horarios casi no nos vemos. Cada vez que paso con el colectivo por esa esquina –y es casi todos los días–, le cuento de mi vida al cartel. Es que extraño a mi papá.

• Me armo porros con hojas de la Biblia de mi casa. • El año pasado llamé a un amigo para saludarlo por Navidad
y hablamos pelotudeces de todo tipo, típicas de un llamado de ese estilo. El flaco se fue de vacaciones con la familia a Córdoba y tuvo un aneurisma que le costó la vida. Con 40 años dejó una mujer devota y tres hijos. Lo que no puedo dejar de pensar es que las últimas palabras que tuve con él fueron de lo más vacías y sin sentido, siendo que me hubiera gustado decirle que era el hermano mayor que la vida nunca me había dado. Lo voy a extrañar toda mi vida.

82

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• Una noche en uno de los boliches de Bariloche, en el viaje
de egresados, unos animadores empezaron a decir cursiladas para poner sentimentales a todos. A mí no me enternecía nada todo eso, nunca me enternecen esas cosas y menos si viene de un pelotudo hablando desde una cabina en un boliche de Bariloche... Pero pusieron una canción que me gustaba y mis amigos se abrazaron en una ronda gigante y para no ser la ortiba del grupo me quise sumar... Pero no se abrieron para abrazarme a mí también, al contrario, me ignoraron más que nunca en la vida. En ese momento me fui a llorar al baño hasta que pasó la parte emotiva y nunca nadie se enteró.

• Me emocioné más mirando el nacimiento de una jirafa por
televisión que presenciando el parto de mi propio hijo.

• Cuando tenía 16 años quedé embarazada y mis viejos me
obligaron a abortar. Es el día de hoy que me arrepiento mucho de no haberme negado. Ahora mi mayor sueño es tener un hijo, pero no es tan fácil.

• Llámenme madre desnaturalizada, pero mi hijita me parece muy fea. Es inteligentísima, adorable y está llena de otras cualidades, pero es realmente muy fea. Cuando la llevo a la plaza la peino y la arreglo lo mejor que puedo, pero me siento muy triste. Le digo que está lindísima y es mentira, nunca queda linda. ¿Por qué todos los nenes tienen que ser lindos?

capítulo nueve

el amor

• Una vez me enamoré de la protagonista de El pájaro canta
hasta morir. Era tan maravillosa que la comparaba constantemente con mi novia, casi le exigía que fuera como Maggie Cleary. Al final, pensó que tenía otra mina. Me revisó los bolsillos, cajones. Nuestra relación se hizo insoportable. Nunca más leo un libro o veo una película romántica. Nunca más.

• Hace un mes y diecisiete días que estoy de novio con una
chiflada que me pega. Le tengo mucho miedo y no sé qué hacer.

• Una tarde, después de haber hecho el amor, mi novio se
fue al baño y le revisé la campera: envuelto en una bolsa, encontré un pedazo de queso pategrás Sancor de 1/4 kilo. Te amo Carlos.

• Me enferma terriblemente que mi novia me pregunte “¿me
amás?” con cara de inocente. ¡Es una pregunta con una respuesta tan obvia y poco sincera! Algún día tomaré coraje y le diré: “No sé si te amo, sigamos como estamos, ¡cojamos y listo!”.

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• Pienso cortar la relación con mi novia el Día de los Enamorados. ¡Quiero que sufra!

• Me llamaste puta, perra, cerda, me amenazaste con matarme, me dijiste que fui la peor mujer de tu vida. Y yo sigo pensando en vos.

• Cuando mi novio me escribe poemas y se hace el romántico, me parece un pelotudo.

• Mi novia me engaña y a mí no me interesa, sigo igual. Ella no
sabe que yo sé, pero es tan linda que no sé cuando me voy a garchar a otra mina como ella, así que soy cornudo y feliz.

• Me enamoro de los defectos de las chicas que suben al colectivo. Si por ejemplo sube una chica con un lunar horrendo encima de la ceja, yo lo miro durante todo el viaje, termina gustándome, y me enamoro absolutamente.

• Hoy voy a llamar a la mujer que realmente amo, y una vez
más… no se lo voy a decir.

• Me encanta la farmacéutica de mi barrio, y siempre voy a
comprar preservativos para que piense que soy un ganador, pero en realidad no la pongo nunca.

• Corté con mi novia para poder ver todos los partidos del
Mundial tranquilo. Cuando termine el campeonato le voy a pedir disculpas. Espero que vuelva.

el amor

87

• Acabo de mandarle un mensaje de texto a una chica que me
levanté el domingo. Pero me equivoqué y se lo mandé a mi novia. Me traicionó el inconsciente. En cualquier momento me llama para matarme. Fue una buena vida mientras duró.

• Le dediqué a mi novio la canción de Ricardo Arjona Pingüinos en la cama para decirle indirectamente que me estaba cansando de su forma de ser, celoso y absorvente. El muy bobo me dijo: “Gracias mi amor, estaba re linda”. O no entendió la indirecta o se hizo el boludo.

• Cada vez que invito a salir a una chica, estoy todo el día
pensando en qué decirle, me hago una gran lista de temas para charlar, qué decir en caso de silencios, cómo encararla, frases y chistes para tirar, etc. Después los repaso mentalmente actuando y haciéndolo ver espontáneo. Generalmente toda esta preparación no me sirve de nada.

• Dejé a mi novio que me decía que me amaba cuando me
hacía el amor por un tipo que me dice puta cada vez que me coge.

• Cuando me vaya a Bariloche le voy a meter todos los cuernos que pueda a mi novio. Perdoname mi amor, pero es una vez en la vida.

• Hace un par de meses pagué por sexo. A la mitad del acto
paré, le pedí a la chica que me abrazara y me quedé unos minutos así. Creo que eso era todo lo que necesitaba.

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• Me duermo pensando en una chica que sólo vi un día, a la
salida del colegio, cuando tenía 12 años. No hablamos de nada, simplemente la vi y se me grabó su cara. Mi mujer cree que tengo insomnio porque trabajo mucho.

• Le mentía a mi psicóloga porque me gustaba y no quería
que supiera lo patético que soy.

• Espío a mi vecino todo el tiempo. Tengo todos sus movimientos cronometrados, sé exactamente a qué hora se va, llega, estudia, come y se baña. ¡Lo amo!

• Mi ex novio me dejó después de dos años, por teléfono.
Como no entendía el porqué, me hice pasar por otra mina por Internet. Le mandaba fotos truchas, y le intentaba sacar información. Estuve como un año entero hablándole y me inventé un personaje. Un día lo cité a un boliche y fue. Cuando me vio me dijo que estaba buscando a alguien. Estuvo toda la noche buscando a la famosa minita del chat, que era yo. Al otro día, chateando, le dije que lo vi y que no me había acercado a saludarlo porque tenía cara de boludo, y que no me gustaban los hombres que usan camisa a cuadros. Al poco tiempo de su desilusión me empezó a llamar todo el tiempo para pedirme que volviéramos a estar juntos. Nunca supo la verdad. La vida tiene muchas vueltas, ¿no?

• Me gusta el 95% de las mujeres. Mi novia está dentro del 5%
restante. Qué garrón, ¿no?

capítulo diez

vergüenza y el qué dirán

• Tenía 18 años y era mi primer trabajo. En la oficina me dijeron que el 21 de septiembre, a partir del mediodía, nos íbamos todos juntos en un micro a festejar la primavera, y que a mí me tocaba llevar las paletas y las facturas. Obviamente podía ir vestido para la ocasión. Mi viejo me advirtió: “No seas pelotudo, te están jodiendo”. Fui vestido como de costumbre pero por las dudas llevé una mochila con ropa más cómoda. Qué papelón. Hasta mi jefe estaba prendido en la joda, nunca voy a olvidar cómo se le caían las lágrimas de la risa contenida, intentando guardar la compostura.

• La familia de un amigo adoptó a un nene, y a mí, para quedar bien, no se me ocurrió nada mejor que decir: “¡Es igualito a vos!”. No sabía dónde meterme.

• El otro día en el colegio, para tratar el tema del sida, vimos
la película Filadelfia. El tema es que cuando Tom Hanks gana el juicio, me emocioné tanto que me largué a llorar en el medio del aula. Un par de compañeros me vieron y a partir de ese día no paran de joderme. Soy un maricón, me emociono con cualquier boludez.

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• Una vez, en segundo año del secundario, mientras toda la
clase estaba en silencio, quise llamar a la profesora y grité “¡Mami!”. Todos mis compañeros se rieron por varios minutos. Pasó hace quince años y todavía lo recuerdo como si fuera hoy.

• Me da vergüenza intimar las primeras semanas con un hombre que apenas conozco porque ronco como una sierra. Por eso las primeras veces me quedo despierta toda la noche. ¡Piensan que soy fogosa, pero en realidad es que no me quiero dormir para no espantarlos!

• Soy una mujer de 15 años, y las axilas me transpiran tanto
que muchas veces para ir a bailar me pongo una remera de manga larga con un pedacito de algodón pegado con cinta en cada axila. Nunca una musculosita.

• Hace un tiempo fui al ginecólogo para un control. Estaba
acostada en la camilla y el tipo me pidió que hiciera fuerza como si estuviera haciendo caca. ¡Me cagué encima en serio! No sabía qué decirle, me puse toda colorada... encima el ginecólogo era un pendejo y estaba re fuerte. Le dije: “Ay, perdón, se me escapó, fue sin querer”, y me di cuenta de que tenía más vergüenza que yo. ¡Cada vez que me acuerdo me quiero matar!

• Cuando hago pis apunto el chorrito al borde del inodoro
para no hacer ruido con el agua. Me da vergüenza que me escuchen, aunque sea mi propia familia.

vergüenza y el qué dirán

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• Me incomoda mucho cuando los bebes me miran y yo tengo
que sonreír y mirar con ternura a los padres.

• El otro día estaba cagando con un faso en la mano, y queriendo tirar la ceniza en el inodoro me quemé el pito.

• Cuando voy al sorteo en un partido de fútbol, dejo que elija
el contrario porque no sé cuál es cara y cuál es ceca.

• Me da mucha vergüenza pronunciar la palabra “leche”
frente a mi vieja.

• Soy una mujer de 36 años, y mi mayor secreto es que fui una
de las voces del coro de la propaganda “Menem lo hizo”.

• No como caramelos blandos en público porque se me cae
la baba.

• No sé diferenciar las medialunas de grasa y manteca. Cuando voy a la panadería me quedo media hora mirándolas tratando de recordar cuál era cuál. O espero a que alguien más compre, o pido las de manteca y después digo: “No, las otras”.

• Estoy en cuarto año de la carrera de Ingeniería y tengo errores de ortografía imperdonables. Esto que están leyendo me lo corrigió mi hermana.

• Me da vergüenza usar paraguas.

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• Era alumno de un colegio industrial, y en segundo año
me iba rápido del taller para llegar a casa y ver La extraña dama.

• El otro día fui a la casa de mi novia por primera vez. Hice un
solo comentario en toda la noche: “Qué callado que es tu hermanito...”. Resultó que el pibe era autista; mi novia me dejó y no puedo pasar cerca de la casa porque me cagan a cascotazos.

• Mi freezer tiene un sector destinado a conservar bichitos:
hormigas, cucarachas, grillos, caracoles. Cada uno en su frasquito. Me gusta pensar que detuve sus vidas en un punto y que los puedo revivir dentro de unos meses. A una cucaracha la tuve congelada durante ocho meses, la descongelé ¡y a los minutos salió caminando como si nada! Vivo sola, y cuando tengo invitados y piden hielo, corro para que no descubran mi secreto mejor guardado.

• En mi reproductor de MP3 tengo el Himno Nacional Argentino. Me da vergüenza que los demás lo sepan porque sé que me van a joder, pero me encanta y lo escucho todo el tiempo, es un vicio.

• Una vez me puse a llorar porque no me cerraba un jean. Si
mis amigos se enterasen…

• A veces sin darme cuenta soplo el helado antes de comerlo.
Se me confunden las temperaturas.

vergüenza y el qué dirán

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• Un día una amiga me pasó a buscar en un remise para ir a
bailar y yo saludé al remisero con un beso pensando que era su papá.

• Cuando uso una remera sin corpiño me pongo cinta adhesiva en los pezones. ¡Son demasiado puntiagudos!

• Una vez estaba tan apurada por hacer pis que entré al baño,
sin mirar me senté y no me di cuenta de que la tapa del inodoro estaba baja. Me mojé toda.

• A los 18 años fui por primera vez al ginecólogo. Hablamos
un rato hasta que me dijo: “Bueno, vamos a revisarte, pasá al baño y sacate todo de la cintura para abajo”. Entré al baño y me quedé en musculosa. Como me sentí un poco desnuda, me puse las ojotas; y así salí, musculosa y ojotas, quedando frente al ginecólogo sin nada más que eso. Levantó la vista, me miró, y preguntó: “¿No estaba el camisolín colgado?”. Para colmo tuve que girar 180 grados mostrándole el culo para entrar nuevamente al baño.

• El otro día iba caminando por Núñez y me lo crucé al doctor
Cormillot. No sé por qué pero me lo confundí con el doctor Borocotó. Tampoco sé por qué se me dio por decirle: “Sos un panqueque”. Sorprendido, me contestó: “¿Qué decís?”. Automáticamente volví a la carga: “Dale, ¿cuánta guita te puso Kirchner?”, a lo cual me retrucó con un “Ese es Borocotó, boludo.” A los cuatro pasos me di cuenta del papelón que había hecho, doblé la esquina y empecé a correr.

96

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• Hace unos años paré para cargar nafta y la chica que atendía me ofreció limpiarme el vidrio delantero. Entonces le dije: “Ya que estás, limpiame el trasero también”. Ella se aguantó la risa y yo caí mucho más tarde.

• Fui a donar sangre. Gracias a Dios un amigo en problemas
recibió una transfusión de desconocidos, así que tomé conciencia de la necesidad de donar y quise hacer mi parte. Averigüé el lugar más cercano para que me extrajeran sangre. Llegué y la encargada de tomarme los datos empezó a hacerme preguntas: ¿edad? ¿nombre?, etc. A todo esto, cerca había una mina bastante linda, con cara de preocupada. Empecé a hablar en voz alta sobre mi acto solidaro para ver si le parecía conmovedor y lograba levantármela. Pasaban las preguntas y llegó la de tipo de sangre; contesté en voz alta: “VIH+” (en vez de RH+). Entonces la empleada me dice “No podés ser donante. ¿Estás seguro?”. (A todo esto, después de haberme escuchado decir eso, estaban TODOS mirándome.) “Me lo dijo el medico... ¿Es malo eso?”, contesté. La mina se puso de todos colores y atinó a decirme unas palabras sobre el sida ¡y que consultara a un médico urgente! Recién entonces me di cuenta de lo que había dicho, e intenté corregir mi error, pero cuando pasé a la sala para donar la chica que me quería levantar se me cagó de risa en la cara.

• Mi jefa me mandó a comprar una tarjeta para su celuar.
Cuando estaba en el kiosco le digo a la chica: “¿Me das una tarjeta de $15?”. Me la da, y yo le digo: “¿Cuánto sale?” Un boludo.

vergüenza y el qué dirán

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• Me da mucha vergüenza estar con mi viejo en la playa
mientras luce feliz su sunga diminuta. Pero no sé cómo decírselo.

• Me resulta imposible distinguir entre el “tire” y “empuje”
de las puertas. Me paralizo y no sé qué hacer. Entonces empiezo a mover la puerta histéricamente para poder entrar de alguna manera, empujando o tirando, da lo mismo. Me da bastante vergüenza, entonces cuando sé que tengo que entrar a un lugar con puertas de esas características, pongo cara de preocupada y apurada, y trato de entrar rápido.

• Una vez jugando al truco me dijeron “vení” y yo me levanté
de la silla para ponerme junto a mi compañero, pensando que me iba a decir algo.

• Me da mucha vergüenza decir “presente” en la facultad.
Cuando están pasando lista me pongo nervioso, y cuando se acerca mi apellido se me acelera el ritmo cardíaco.

• Me re produje para una entrevista de trabajo, ¡estaba hecha
una diosa! Pero a mitad de la entrevista, tosí y se me escapó un moco. Recién me di cuenta cuando salí de la oficina y me miré en el espejo del hall. Por supuesto, todavía sigo desocupada.

• Me afanaron en una plaza, y cuando el chorro me pidió el celular, pelé el Motorola v120. El flaco me dijo: “No, nene, quedátelo”. ¡Hijo de puta, afanamelo! Fue un golpe a mi orgullo.

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• Soy tan tonta que una vez fui a un velorio y en vez de decir
“lo siento” o darle mi pésame, dije “felicidades”. Me quería matar, no sabía dónde meterme.

• Tengo 20 años, soy hombre, y siempre que puedo y me
acuerdo me quedo mirando el programa de Utilísima en el que hacen muñequitos para tortas con mazapán y esas cosas. La verdad es que todo el bricolaje en general me fascina. No soy gay ni me gusta hacer ese tipo de cosas, pero verlas por TV me encanta.

• Cuando Susana dijo lo del dinosaurio vivo, yo pensé al
mismo tiempo que ella “¿vivo?”. Es que la mujer que lo contaba lo decía de tal forma que parecía que llevaran un dinosaurio vivo en serio. Después me sentí tan estúpido como ella, pero en el momento dije: “Naa... ¡Esta Susana es terrible!”.

• No sé usar el bidet ni sé para qué sirve. Voy a morir con la
duda, porque sé que si se lo pregunto a alguien se me cagaría de risa en la cara. La ignorancia mata y de eso moriré.

• Hace como un mes, en una clase de la facultad, tenía el capuchón de la birome en la boca cuando sin querer se me fue para atrás y me atraganté. No podía respirar, a tal punto que mis compañeros me tuvieron que ayudar a escupirlo. Hoy en día hay muchos que me conocen como “el gil que se atragantó con el capuchón”. Estoy pensando seriamente en dejar la facultad.

vergüenza y el qué dirán

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• Me da vergüenza que mi perro me vea en ropa interior. (¡Es
que está toda rota y me veo muy poco atractivo!)

• Tenía que llenar una ficha para una entrevista laboral y no
sabía qué era “estado civil”. Por suerte tenía mi DNI a mano, y vi que en la parte de “registro civil” decía “Oliva”, así que puse “Oliva”. Parece gracioso, pero cuando me llamaron para la entrevista y el tipo me preguntó con simpatía sobre mi estado civil, no sabía qué decirle y le respondí lo mismo. Nunca pasé más vergüenza en mi vida.

• Mi novia y yo nos habíamos sacado unas fotos teniendo
sexo oral. Tiempo después, estábamos en la computadora con mi novia, mi mamá y una vecina, mostrándoles unas fotos, y no sé de dónde aparecieron las benditas fotos “prohibidas”. No sabíamos dónde meternos.

• Una vez lo vi a Guillermo Francella en un shopping y como
soy fanático de él me acerqué a saludarlo y a pedirle un autógrafo. Lo primero que me salió decirle fue: “¿Sos Francella?”. Me miró como diciendo: “No, soy el hombre araña, gil”. Esa mirada no me la olvido más.

• Tengo 28 años y todavía no sé decir los meses. Sólo sé los
dos primeros y los dos últimos, pero los del medio se me hace difícil nombrarlos en orden. Cuando hago referencia a los meses digo el número.

• Me caí de una bicicleta... fija.

100

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• El otro día llamé al programa de radio de Fernando Peña y
me cortó diciendo que yo era un flor de idiota. Desde ese momento estoy muy perseguido pensando que alguien me reconoció y todavía se está riendo de mí. Nunca más llamo a ningún lado.

• Quise pedir un tiramisú y me salió “tsunami”. Ni se imaginan la cara del mozo.

• Puse una puerta blindada y los chorros me entraron por la
ventana.

• Me agarré a piñas con la pantera rosa del trencito de la alegría y perdí.

• Estudio periodismo en una escuela terciaria. Los lunes hay
una materia que funciona como un seminario: va gente de los medios, de ONGs o de otras organizaciones y simulan dar una conferencia de prensa. Los alumnos tenemos que preguntar como si fuésemos periodistas en ejercicio de la profesión. Las charlas se hacen en un teatro conocido de Corrientes. Un día fueron representantes de Greenpeace. Para demostrar mis conocimientos pregunté: “¿Qué opinión tienen sobre el protocolo de Coito?”. Por unos segundos se hizo un silencio sepulcral; inmediatamente después, los doscientos alumnos, los tres profesores y los dos invitados se me rieron en la cara durante dos minutos. A los golpes aprendí que el protocolo es de Kyoto y no de “coito”, y que esto último quiere decir lo que quiere decir.

vergüenza y el qué dirán

101

• Tengo un bebe de seis meses y siento mucha vergüenza
porque aun no le sé cambiar correctamente los pañales. Pobrecito, apenas se hace pis y/o caca se ensucia todas las bolitas y se le chorrea la mugre por la ropa. ¡Soy un fracaso de madre!

• Me compré el CD de fotos y el video de mi viaje de egresados. No aparezco en ninguno de los dos.

• Una vez vi un documental sobre dragones en el cable. En
una parte mostraban un supuesto esqueleto, y lo explicaban como si fuera completamente real. Aparentemente me perdí el principio y el final, en donde explicaban que era un animal mitológico. Para resumir, me pase todo un fin de semana re contento pensando que los dragones existían. El verdadero problema fue cuando se lo comenté a la profesora de biología en el medio de la clase. Nunca me sentí tan idiota.

• Sentí mucho alivio cuando me enteré que había otras chicas
con pelos en las tetas. Yo también tengo un par, pero me los saco con la pincita. Pensaba que era cruza de hombre lobo.

• El otro día fui al video club a alquilar una película. En vez
de preguntarle al que atendía si tenía “VHS” le pregunté si tenía “HIV”. La cara del tipo fue memorable.

• Aunque me gusta mucho jugar, nunca voy al bingo, porque
si ganara me daría mucha vergüenza gritar “¡Bingo!” y que todos se dieran vuelta a mirarme.

102

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• Una vez intenté alisarme el vello púbico con la planchita para
ver cómo quedaba y terminé toda quemada. Para peor, era verano y no pude ponerme la bikini durante dos semanas.

• La mañana del 11 de Septiembre fui a la depiladora y me
pasé treinta minutos repitiendo: “Qué mal lo de las Torres Gemelas... y el Polígono también.” Recién a la noche me di cuenta de lo estúpida que soy.

• En Medicina, cursando la materia salud mental en el hospital Moyano, me hice amigo de un chinito. Se llamaba Chuan Chuan o algo así; era chiquito y siempre tenía la misma ropa. Con el tiempo nuestra amistad creció y yo lo llamaba a la casa cuando necesitaba algo, cosas así. Un día, yendo a la parada del bondi con una amiga, decidí seguir caminando con el chinito, que iba hasta Constitución, unas diez cuadras más. Antes de separarnos mi amiga me preguntó si me iba con ella y yo le respondí: “No, me voy con él”. Nos despedimos y seguí caminando con Chuan Chuan. A los veinte metros me preguntó: “¿Por qué dijiste ‘con él’ si soy mujer?”. No lo podía creer. Después dejé la materia y no lo volví a ver nunca más. Perdón, no LA volví a ver, me sigo equivocando.

capítulo once

maldades

• Cuando algo se me rompe, trato de venderlo por Internet y
no me hago cargo cuando el que me lo compró se queja de que no le funciona.

• Tengo 33 años y estoy enamorando a un nene de 17 por Internet sólo por el placer de romperle el corazón.

• Cuando la afeitadora está llena de pelusas y ya afeita poco,
la limpio con el cepillo de dientes de mi hermana.

• Me divierto llamando putas a domicilio y viéndolas por la
cámara de la puerta. Después no les abro y cuando insisten con el timbre me hago la esposa ofendida.

• Hice llorar a una chica de la Guardia Urbana. ¡A mí no me
vas a decir cómo cruzar, mocosa irreverente!

• En la facultad tengo dos compañeras japonesas. Como me
resulta difícil acordarme de sus nombres, las apodé “Tsunami 1” y “Tsunami 2”. Ahora todo el mundo les dice así, me siento como el culo.

106

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• Estaba yendo para lo de mi novia y como me quedaba de
paso, entré al cementerio y me afané un ramo de flores. ¿Iré al infierno?

• Soy remisero y cuando voy con pasajeros agarro los lomos
de burro fuerte a propósito. Si viesen cómo los hago saltar atrás. Soy un capo.

• Cuando era pibe descubrí un poema muy malo que había
escrito mi primo adolescente. Lo gastamos una semana seguida. Después crecimos y él se hizo el tipo más inútil del mundo. Temo haberle cortado su única vocación.

• Vivo en un piso alto y tiro potes de yogurt o cosas que
manchen mi tacho de basura por la ventana. Un día tiré un pote de yogurt de vidrio y cayó arriba del techo de un auto. Cerré todas las cortinas y me fui a la cocina del cagazo que me pegué.

• Cuando algún yogurt o postrecito pasa su fecha de vencimiento, le saco la tapita y se lo doy de comer a mi marido haciéndome la romántica. Perdón mi amor, pero no da tirarlos a la basura.

• Resulta que hace un par de años mi hermano mayor se fue a
Nueva York y se trajo un home cinema; yo, cero electrónica, lo enchufé directo en 220, y el equipo, lógico, se quemó. Para que mi hermano no me hiciera quilombo le dije que lo enchufó la chica que limpia en mi casa... ¡Perdón Mercedes!

maldades

107

• Me gusta dibujar esvásticas, no por lo que significan sino
porque la forma me parece buenísima, pero no se lo puedo decir a nadie porque pensaría cualquier cosa.

• Me encanta hacer preguntas molestas a la gente, no me importa que piensen que soy molesto o fastidioso. Pero les hago preguntas irritantes con mucha educación y civilidad.

• Trabajo en un delivery y me como las aceitunas de las pizzas. Lo hago apenas salgo para que no se forme el huequito y no se den cuenta. En este mundo no se puede confiar en nadie.

• Le afano guita a mi abuela de su pobre jubilación para ir a
recitales. Soy una mierda.

• Cuando estoy corta de cambio saco monedas de la alcancía
de mi hermanito de cinco años.

• Una vez estaba sin guita para el subte y no sabía qué hacer.
Vi a un ciego con una lata llena de monedas en Lavalle y le tiré dos piedritas en la lata y le saqué un peso. Siento que la vida algún día me va a castigar por eso.

• Vendo droga en mi cibercafé y no estoy arrepentida. • A veces cuando limpio mi habitación, le aspiro “sin querer”
los huevos a mi perro. ¡Perdoname! Igual vos sabes que te quiero mucho.

108

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• Mando mensajes de texto con un “puto el que lee” a celulares desconocidos.

• Cuando como en algún local de comida rápida, tiro los restos a la basura con la bandeja incluida.

• Siempre elijo la mejor milanesa y le doy las más feas a los
demás.

• Me encanta hacer llorar a los bebés. Cuando un pibito se
pone a llorar porque le hiciste “booo” es sublime.

• Una vez en el tren pasó un tipo repartiendo estampitas, diciendo que lo hacía porque no tenía para comer. Como dijo que nos la regalaba y que no había compromiso, me guardé la estampita y me hice el dormido. Voy a ir al infierno.

• Piso caca a propósito y me limpio en el felpudo del vecino. • Cada vez que me preguntan por una calle, señalo exactamente la dirección opuesta.

• Hoy cuando salí de la cancha, la hinchada estaba saqueando un kiosco. Yo me metí y manoteé un par de chocolatines. Ahora me da un poco de culpa.

• Cuando alguien me pregunta la hora en la calle, siempre
adelanto quince minutos, y me cago de risa si empiezan a caminar más rápido pensando que llegan tarde.

maldades

109

• Cuando voy a comer a un hipermercado de Cabildo, luego
de calentar mi comida en el microondas, coloco una moneda de cinco centavos debajo de la bandeja del mismo. Me siento cómodamente y monitoreo a la víctima que intenta calentar su alimento. Me ilusiono pensando en cómo el electrodoméstico comenzará a realizar chispazos y terminará por explotar. Pero la verdad es que nunca pasó nada, más que perder unas cuantas monedas de cinco centavos.

• Estoy colgada del cable y las propagandas de “robar cable
es un delito” no me intimidan en lo más mínimo.

• Llamé como a veinte remiserías y las mandé a la casa de mi
vecino de enfrente. Llamaba a remiserías de diferentes localidades y les pedía dos autos a cada una. Con el argumento de que era una fiesta, también les pedía que tocaran mucho timbre y bocina por si no los escuchaban llegar. Los pedí todos a las 3 de la mañana. A las 3.20 había por lo menos treinta autos en mi calle. Al final se terminaron puteando entre ellos.

• Se perdió el niñito Jesús del pesebre y lo reemplacé por un
Gi-Joe que tengo desde chiquito. Espero no arder en el infierno por esto.

• Le leo el diario íntimo a mi hermana desde hace años. Después me hago el vidente y le digo cosas como: “Para mí que decís eso porque andás atrás de un chico...”. Ella se piensa que soy re sensible y tengo mucho tacto.

110

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• En Navidad siempre me encargo de abrir los turrones. Primero abro los baratos y se los ofrezco a todos para que se llenen. Cuando ya no pueden más, abro los caros y me los como yo solito.

• Cuando voy al supermercado, agrego cosas en los carritos
que quedan solos por un rato y después los sigo hasta la caja. El 90% de las veces los clientes pagan y se llevan lo que les colé en el changuito. Una vez llegué a agregar una correa de perros que venía en un cartón enorme.

• Me robé los cubiertos del casamiento del mejor amigo de
mi novio.

• Robo las propinas que deja mi viejo en los restaurantes
cuando no se da cuenta. ¡Pobres mozos!

• Me encanta pasar corriendo con cara de susto por delante
de algún policía para que se ponga en alerta. Una vez la jodita me costó un traslado.

• Recién llego de un boliche, y me acabo de transar a un chico
sólo para que me trajera a mi casa en auto. ¡Es que vivo muy lejos!

• Le pido el celular a todos mis conocidos con la excusa de
ver las fotos, jugar a los jueguitos, etc. Pero la verdad es que lo único que hago es leer todos los mensajes de texto que pueda.

maldades

111

• Hago el famoso contrabando hormiga en mi oficina. Un día
me llevo una abrochadora, otro día un par de biromes y así sucesivamente. ¿O acaso a ustedes no les gustan las cosas de librería?

• No voy casi nunca al supermercado, pero cuando voy me
encanta ir a la góndola de fríos y meterle los dedos a la manteca o al queso Port Salut, para dejarlos marcados e irme silbando bajito. Es mi única diversión.

• Fui yo quien te mandó el travesti a la iglesia para que gritara
que te seguía amando. Todavía me río cuando recuerdo tu cara de desesperación y mi bronca por no poder reírme en el momento. Espero que no te hayas enojado mucho. ¡No me digas que no fue una buena despedida de soltero!

• Trabajo en la boletería del subte, y cada vez que viene un
tren y todos se amontonan apurados para comprar su boleto, los atiendo lo más lento posible. Les doy su vuelto en monedas de diez y cinco centavos. Amo ver su cara de frustración cuando ven que se les va el subte.

• Solía agitarle todas las cervezas de la heladera al padre de
mi ex novia. Como el viejo era flor de turro, cada vez que las abría y se bañaba en cerveza, yo me llenaba de placer.

• Me encanta escuchar peleas de pareja. Siempre que puedo
me meto en el medio sin molestar, o camino despacio si me encuentro con una en el medio de la calle.

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• Cuando estoy esperando el ascensor y escucho que alguien
está cerrando la puerta para bajar, me encanta dejar apretado el botón hasta que los traigo para arriba. Amo la cara que ponen cuando me subo, y disfruto más si me dicen algo como “me trajiste de paseo”.

• Cuando pongo la mesa en casa, dejo los mejores cubiertos
y el vaso más limpio adonde me voy a sentar yo.

• Trabajo de boletero y sé que la gente cuando se acerca a
la ventanilla no me ve. Hasta que no me hablan no les digo nada. Los miro, y miro la cara de boludos que ponen, cómo me golpean con la monedita la bacha o chiflan y yo nada, los miro hasta que me aburro. Entonces les digo: “¿Adónde vas? ¿O querés que adivine? Mirá que si tengo que adivinar te sale dos pesos”. Y los muy panchos me contestan: “Uy, perdón, no te vi...”. Yo me cago de risa: me pagan un toco de guita por cagarme de risa de la gente...

• Mi novia tiene bigotes y no me animo a decírselo. Encima,
me da besos y me pincha.

• Me encanta dejar monedas falsas de propina. • Cada vez que vienen amigos a comer a casa y se ofrecen a
ayudar, en vez de negarme dejo que cocinen, pongan y levanten la mesa, laven los platos y barran mientras yo, sin culpa, me siento a fumar un pucho y los miro. Es que vivo sola, ¡una vez que alguien lo haga por mí!

maldades

113

• Siempre que hago vittel toné para la mesa de Noche Buena…
lo escupo durante quince minutos. Odio a mi familia.

• Soy fumigador y estoy harto de que todos los días alguien
me pregunte: “¿Con eso que ponés las matás o les das de comer?”. Encima se ríen como si hubieran hecho un chiste buenísimo. Antes me reía de compromiso, ahora pongo mi mejor cara de culo y les digo que les doy de comer.

• Cada vez que me llaman queriendo comunicarse con el
delivery de una pizzería que tiene un número parecido al mío, tomo el pedido y les digo que en quince minutos lo enviamos.

• Tengo un ritual de Semana Santa. Voy a todos los supermercados que puedo y discretamente rompo todos los huevos.

• En el Día del Amigo, aprovechando que los celulares se saturan en fechas como esas, no mandé ni un mensaje y después le pregunté a todo el mundo: “¿Cómo? ¿No te llegó?”. Quedé bien y no gasté un peso.

• Cada vez que tomo mate con alguien hago que acomodo la
bombilla, pero en realidad la limpio porque me da asco.

• Delante de mis compañeros de laburo critico a mi jefe. Entonces todos se envalentonan y se despachan a gusto. Después le cuento a mi jefe todas las maldades que mis compañeros dicen de él.

114

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• El Día de los Enamorados le mandé una caja de bombones
con forma de corazón a mi peor enemiga, haciéndome pasar por un admirador secreto. Antes de enviársela abrí cautelosamente la caja e inyecté un poco de laxante en cada uno de los bombones. Espero que haya cagado hasta el cerebro porque me salió bastante cara la jodita.

• Dejé de tomar las pastillas anticonceptivas y mi novio no lo
sabe, sólo ustedes.

• Cuando camino por el centro, le pregunto cosas a la gente
en inglés. Me causa mucha gracia verlos intentar hablar en ese idioma.

• Le mordí fuerte el dedo a mi sobrina. Fue sin querer, y empezó a llorar como desquiciada. Me hice atómicamente el boludo.

• Ayer cuando se despertó mi hermana le dije que había
muerto Charly García. Se lo recontra juré y ella, muy fanática, se largó a llorar desconsoladamente y llamó a todas sus amigas. Cuando se enteró de que era mentira me quemó la camiseta de San Lorenzo. Igual valió la pena.

• Cuando veo un grupo de gente haciendo Tai Chi Chuan en
una plaza, me dan ganas de pasar por el medio del grupo corriendo, pegando gritos y haciendo gestos con los brazos como cuando los chicos espantan palomas. Me da vértigo de sólo imaginarlo.

capítulo doce

fobias, miedos y manías

• Soy fóbico a los picaportes, manijas, caños de colectivos,
monedas y cualquier otra cosa de metal manoseada impunemente. Por eso siempre me agarro de los lugares más insólitos. Lo más gracioso es cuando viajo en colectivo: me agarro de la gente... ¡No sé qué es peor!

• Le tengo miedo al microondas. • Le tengo terror a las polillas. Cada vez que veo una me tapo
todo. Cuando por fin se va de la habitación voy corriendo a la puerta y la cierro con llave, así me siento mas seguro.

• Me da pánico pasar por la vereda de una estación de servicio con un cigarrillo encendido. Pienso que va a explotar todo. Así que cada vez que estoy por pasar por una y estoy fumando, cruzo o tiro lejos el cigarrillo.

• Tengo miedo de ser exitoso, por eso conspiro contra mí
mismo cada vez que las cosas me están saliendo demasiado bien. Ahora soy un fracasado, por lo que al menos conspiro bien contra mí.

118

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• Cuando voy a algún bar y me sirven en vasos descartables,
los muerdo y rompo porque pienso que los van a lavar para volver a usar.

• En general cuando estoy solo en un balcón y hay una planta cerca, tengo miedo que cobre vida, me empuje y todos crean que me suicidé.

• Detesto que las minas se paseen en bolas por el vestuario
y encima que se sienten en los bancos sin ropa. ¡No es tu casa! Lo peor es ver a las viejas, que son las más nudistas de todas.

• Cuando era chico siempre escupía el parabrisas del Chevy
rojo de mi vecino Cacho. No sé por qué lo hacía, no era nada personal, pero siempre que volvía de noche a casa o iba al kiosco, me fijaba que no hubiese nadie y le metía un terrible pollo al Chevy del lado del conductor. Una vez Cacho me preguntó si sabía quién era el hijo de puta que le escupía el auto. Le dije que no, y seguí escupiéndoselo. Al poco tiempo se murió de cáncer. Desde ese momento nunca más escupí el auto de nadie por miedo a que mi escupida sea mortal.

• Me corto el pelo yo mismo porque me imagino que si voy a
una peluquería el peluquero va a aprovechar alguna distracción mía para clavarme una tijera en la nuca o la espalda.

• Le tengo mucho miedo a los globos. Tengo miedo de que
exploten.

fobias, miedos y manías

119

• Cuando voy al telo, me paso treinta minutos tapando los
espejos con toallas para evitar ser filmado por las cámaras secretas que el dueño del telo ubica estratégicamente. Me lo imagino mirando los diferentes monitores desde su guarida, el muy guacho. Lo peor es que mi amada me tiene que esperar viendo la tele mientras yo tapo todos los espejos cuidadosamente.

• Cuando alguien estornuda en la calle y paso por al lado, no
respiro durante diez segundos. ¡Mirá si me contagio algo!

• Tengo miedo de que las puertas automáticas, como las que
hay en los supermercados, no me reconozcan como un objeto animado y no me abran. Me imagino en ese momento, chocando contra el vidrio y todo el mundo mirándome y matándose de risa. Y yo gritando: “¡No me detectó, no me detectó!”.

• Flasheo que las palomas de Plaza de Mayo me atacan cuando paso por el medio, por eso hago movimientos espásticos de defensa que me hacen quedar como un boludo. Ahora incorporé uno nuevo: simulo rascarme la cara mientras paso, así si las palomas se me vienen encima, pegan en la mano. Lo raro es que no sé si alguna vez chocaron con alguien, más bien creo que son aviadoras de excelente nivel.

• Entro tres veces por día al Home Banking para ver si mi plata
sigue ahí. Me da mucha paranoia pensar que se puede caer el sistema bancario y todos mis ahorros desaparecer.

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• Al llegar a mi casa, especialmente cuando es de noche, lo
primero que hago es correr la cortina del baño para asegurarme de que no haya nadie; según la época, fantaseo que puede haber un muerto o un ladrón.

• Me da miedo atender el teléfono. • ¡No quiero que me asciendan! Me quiero quedar con mi trabajito fácil. Gano más que bien para lo que necesito y no soy para nada ambiciosa. No quiero que me asciendan más, no quiero más responsabilidades. Me da miedito.

• Le tengo miedo a la cadena nacional. Desde chica me pasaba que al ver que en todos los canales aparecía la misma bandera flameando, y se oía a un locutor con voz de ultratumba hablando en forma monótona, pensaba que nos habían invadido extraterrestre y emitían un comunicado por la tele.

• Cuando subo a un ascensor, calculo el momento exacto en
el que debería saltar en el caso de que el ascensor se cayera, para quedar en el aire en el momento justo en que se estrelle.

• Le tengo miedo al televisor cuando se ve la estática. • Cada vez que salgo de un negocio con detector de alarmas,
me da pánico que empiece a sonar y todo el mundo me mire como a una ladrona.

fobias, miedos y manías

121

• A no ser que sea un paquete nuevo, siempre tiro la primera
galletita.

• Cuando hago lo segundo en el baño de la facultad, tengo
miedo de que me reconozcan viendo mis zapatillas por debajo de la puerta. No se imaginan lo incómodo que es intentar hacer lo que tengo que hacer con las patitas levantadas.

• Tengo una manía con el control remoto de la tele. Siempre
dejo el volumen en números pares y si estoy con alguien y tiene el control y no lo deja par, me pongo nervioso y sin que se dé cuenta lo cambio.

• No puedo dormir con los pies destapados, ni siquiera en
pleno verano. Me da miedo que algo me los agarre.

• Siempre que abro una hornalla y no prende, por más que
apriete el encendedor, me desespero. Cierro la hornalla y abro las ventanas, porque pienso que si prendo el encendedor voy a hacer explotar todo por los aires.

• Cada vez que el lavarropas empieza a centrifugar me tengo
que alejar porque me da miedo que explote.

• Cuando me estoy afeitando o haciendo algo frente al espejo, me pongo a pensar en qué pasaría si mi imagen reflejada llegase a hacer algún gesto o movimiento que yo no hiciera. Creo que me agarrarían tres infartos juntos. Siempre intento apurarme para perder de vista el espejo lo antes posible.

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• Me dan miedo los plumeros. Sí, los plumeros. Y ya dejó de
ser miedo, pasó a ser pavor total.

• Tengo fobia y repulsión a las venas. Nadie me puede tocar
las muñecas porque siento que me duelen los brazos.

• Odio cuando me invitan a comer a una casa en donde se
reza antes de comer para bendecir la mesa. La verdad es que tanto misticismo me aterra.

• De noche me despierto varias veces y entro despacito al
cuarto de mis viejos para comprobar que respiren bien. Alguna vez los arropé y se despertaron, así que saben que tengo esta manía desde muy chica. Es que son mi vida, me muero si les pasa algo. Estoy trastornada de amor por ellos.

• Me dan un miedo que me paraliza los chicos coreanos/chinos de los supermercados. Nunca entiendo cuando hablan, tal vez digan “¡Matala!” y yo como si nada.

• No puedo evitarlo, cada vez que me siento frente a una computadora, sea cual sea, tengo la necesidad de vaciar la papelera de reciclaje. Me pone nervioso que esté llena.

• Caliento la lechuga en el microondas del trabajo porque me
da asco comerla fría.

• Siempre que me lavo los dientes, trato de dejar la pasta dental sobre el cepillo como en la publicidad.

fobias, miedos y manías

123

• No soporto que el papel higiénico quede con la parte que
cuelga por delante del rollo. En mi casa, en la de mis viejos, y en el laburo lo doy vuelta, pero en las casas ajenas me tengo que contener, porque ya me pasó que el anfitrión tuviera la misma manía... pero a la inversa.

• Siempre desconfío de los conductores que, cuando están
doblando, te hacen señas para que avances. Pienso que son asesinos maniáticos y que al segundo en que camine frente a su coche van a acelerar y atropellarme. Por eso cada vez que alguien me hace la seña para que avance, lo hago corriendo.

• Siempre que llamo a alguien por teléfono repito mentalmente unas nueve veces cómo lo voy saludar.

• Tengo la manía de sincronizar todos los relojes de mi casa a
la misma hora. Para eso llamo al 113 y voy cambiando de a uno. Imagínense cuando se corta la luz, puedo estar horas.

• Siempre que tengo que colgar la toalla, las puntas tienen
que quedar bien parejas. Si no me pongo extremadamente nervioso.

• Hace unos años, después de ver The Truman Show, la película con Jim Carrey, salí a la calle a ver si los autos me pisaban o no. Encaré al primero que pasó, un Falcon, que no llegó a frenar y me calzó en la pierna. Estuve cuarenta días con yeso. Sí, soy un forro, pero nadie me filma.

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• Cada vez que le doy un mordisco a algo que tiene migas (galletitas o pan) inconscientemente le doy unos golpecitos con el dedo como si fuera un cigarrillo. Soy un vicioso.

• Cada vez que veo un encendedor transparente, no puedo
evitar moverlo hasta hacer que el líquido transparente quede de los dos lados a la misma altura. Algunos roban encendedores, yo los emparejo.

• No puedo evitar agarrarme las tetas cuando corro o bajo las
escaleras para que no me duela cuando rebotan... ¡Cuesta llevar unas 90 encima!

• Acabo de mandar mi primer curriculum vitae para un posible trabajo. Nunca estuve tan nervioso en mi vida. Mirá si me llaman para laburar, ¡un bajón!

• Me fascina el olor a pelo quemado. Cada vez que puedo me
quemo los pelos del brazo con un encendedor.

capítulo trece

en la calle

• Cuando voy sentada en el tren o en el colectivo y sube una
vieja me hago la dormida. Pero esto es bastante común. Lo peor es que cuando voy parada y sube una vieja, soy de las que gritan: “¡Un asiento para la señora!”, y con la vieja le saco el cuero a los que se hacen los dormidos. ¡Típica garca!

• Cuando voy en el auto y veo que hay un semáforo en rojo
me encanta llegar a las chapas y clavar los frenos en los últimos cinco metros. Así los que pasan en verde se pegan el cagazo de su vida.

• Cuando voy en el colectivo, me resulta inevitable fijarme si
alguien está leyendo algún libro, e intentar leer la tapa. No soy un gran lector, pero me intriga saber qué lee la gente. En alguna oportunidad me bajé por la puerta de adelante con el único fin de develar el misterio de un lector sentado en el primer asiento.

• Cuando voy en el bondi me da asco ver a la gente que, cuando el vidrio está empañado, le pasa la mano como si nada, es repulsivo.

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• Un día estaba escuchando música mientras viajaba en colectivo cuando de pronto se me agotó la batería del reproductor de MP3. Como me daba vergüenza dejar de escuchar cuando hacía sólo cinco minutos que me había puesto los auriculares, pasé la hora de viaje con los auriculares puestos sin escuchar absolutamente nada. Cada tanto movía la cabeza y todo.

• Cuando estaba embarazada subía a los colectivos segura
de que me darían el asiento y así era. Pero un día, no sé por qué, pasé directo y me senté sin pagar el boleto. El colectivero me vio tan convencida que no me dijo nada, supongo que le habrá dado cosa decirme algo. En medio del viaje me di cuenta de lo que hice y fui a sacar el boleto muerta de vergüenza.

• Cuando viajo parado en el colectivo y me agarro de los
caños hago fuerza para que se me noten los músculos.

• Le hablo a mi auto mientras manejo. • Cuando viajo parado en subte, me da miedo que se corte la
tirita que sostiene la argolla de la que voy agarrado, por eso me agarro de varias a la vez.

• Se me escapó un gas muy ruidoso viajando en colectivo.
Para disimularlo intenté hacer el mismo sonido con mis zapatos frotándolos entre sí y contra el piso. Pero el olor me delató.

en la calle

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• Me paro frente a la puerta trasera del colectivo con la mano
cerca del timbre y no lo toco. Me encanta ver la cara de desesperación de la gente cuando están a dos metros de la parada y tocan apurados el timbre. Yo los miro con cara de “Ah... ¿Te querías bajar?”, y sonrisita de suficiencia.

• Detesto a la gente que se sienta en los asientos dobles del
colectivo del lado del pasillo, y para colmo cuando querés pasar a sentarte te ponen cara de culo.

• Tengo 30 años y cuando viajo en colectivo juego a que mi ojo
es una metralleta. Soy una asesina serial, cuidado conmigo.

• Creo que por algún motivo la gente no se sienta a mi lado
en el colectivo. Sólo lo hacen cuando no queda otro asiento libre. A veces, cuando viene una chica y se sienta como si nada, dejando de lado otros asientos en oferta, yo hago planes mentales para que nos casemos.

• Una vez en el tren vi a un viejito muy humilde, que sacaba
las últimas monedas del bolsillo y compraba un chocolate de $1. Enseguida me hice la película de que era para su hijita y que lo compraba con todo el sacrificio, para llevar una alegría a la casa, teniendo quizá que caminar por haber usado las monedas del bondi, y me puse a llorar. Me siento Al Pacino en Analízame.

• No puedo manejar la ansiedad en los colectivos. Apenas
subo siento que tengo que tirarme por la ventana.

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• Me da asco sentir el asiento del colectivo caliente cuando alguien se acaba de levantar. Sólo me siento en asientos que estén libres en el momento de subirme.

• Cuando viene el subte me da escalofríos y reviso que no
haya nadie sospechoso atrás de mí que pueda empujarme a las vías.

• Me molesta sobremanera cuando la persona desconocida
que está sentada a mi lado en el colectivo, ni bien se desocupa otro asiento, se cambia.

• Cuando viajo en colectivo y tengo que ceder el asiento, me
fijo siempre en los zapatos que lleva la vieja en cuestión. ¡Si tiene tacos, no le cedo nada! Si puede caminar con tacos también puede ir parada en el bondi. Sólo cedo el asiento a una persona MUY mayor que ande en alpargatas o zapatos bien chatos. Es terrible cómo la gente vieja no quiere aparentar ser tan vieja hasta que se sube a un colectivo o medio de transporte.

• Cuando paro el colectivo, siempre me paro con los pies juntos, el pecho para afuera y estirando el brazo y la mano, como si hiciera el saludo nazi. Me da mucha gracia hacer eso en el medio de una avenida y que a nadie le llame la atención.

• A veces cuando me bajo del auto en el garage de casa, le doy
una palmadita en el capot como diciéndole “buen trabajo”.

en la calle

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• Cuando voy al trabajo a la mañana y el colectivo esta bien
pero bien lleno, me encanta ir hasta el fondo golpeando a la gente pidiendo permiso y disculpas respetuosamente. Es lo único que me saca el mal humor matutino.

• Una vez estaba viajando en el colectivo e iba escuchando en
el walkman un programa de radio que me estaba causando mucha gracia. En un momento no aguanté más y me salió una carcajada terrible. El tipo que estaba sentado a mi lado me miró y se cambió de asiento. Qué vergüenza.

• Todas las mañanas cuando me tomo el subte para ir a la facultad, me gusta hacerme el distraído, como que estoy mirando una revista del kiosco y no me di cuenta que vino el tren. Así cuando está atrás de mí y escucho la alarma, empiezo a correr desesperado para tratar de entrar. Me encanta la adrenalina que siento y que la gente me mire como si fuera Indiana Jones.

• Cada vez que cruzo una avenida me imagino que soy un
Beatle posando para la tapa de Abbey Road.

• Odio cuando la gente en el colectivo me ve con el dedo apoyado sobre el timbre y parado al lado de la puerta pero igual me pregunta “¿Bajás en la próxima?”. Me da tanta bronca que nunca contesto.

• Una vez me dieron el asiento en el bondi creyendo que estaba embarazada. Pero no, sólo estaba gorda.

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• El otro día iba en el bondi sentado. Había una pareja joven
de sordomudos (parados) comunicándose. Yo toqué a uno de ellos con mi mano y le dejé mi asiento. Me siento como el orto, no tiene nada que ver su discapacidad con la necesidad de sentarse.

• Cuando estoy sentado en el asiento del lado de la ventanilla en el colectivo y me tengo que bajar, odio que la persona que está del lado del pasillo no se levante para dejarme pasar. Los muy hijos de puta apenas se tiran para atrás unos centímetros, ni siquiera corren las piernas para el lado del pasillo. ¡Córranse, soy gordo, no paso!

• Cuando sube un vendedor ambulante al colectivo con algo
que me interesa, me da cosa ser el único que le compra. Si no compra alguien antes que yo, no compro. Es que no me gusta causar tanto revuelo por mí solo.

• Cuando vuelvo del colegio en colectivo, para pasar el tiempo me pongo al lado de la gente y juego a soplarle el pelo. El juego termina cuando se dan cuenta de que soy yo.

• Me da mucho miedo cuando los colectivos doblan muy rápido en una esquina porque se inclinan demasiado y pienso que van a volcar.

• Cuando me vuelvo en tren de la facultad, siempre tengo un
libro medio intelectual guardado por si se me sienta una linda chica al lado. El otro día leí El aleph, no entendí ni jota.

en la calle

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• En mi auto tengo grabado un cassette con la música de la
película Volver al futuro. Siempre que la canción está por llegar al final, debo alcanzar determinada velocidad. ¡Cuando no lo logro me pongo loco!

• Soy un Guardia Urbano y cruzo mal la calle. • Cuando sube una mujer de 50/60 años muy arreglada, con
tacos altos, peinado de peluquería, llena de joyas y ropa al cuerpo, me encanta pararme y cederle el asiento. ¡Se quieren matar!

• Una vez en el colectivo se subió el mismo payaso que siempre se subía a contar los mismos chistes de siempre. Entonces cuando se acercó a darme un caramelo y a pedir plata, le di unas monedas, pero además le dije: “Che, loco, esos chistes ya te los escuché mil veces, contá nuevos”, como para hacerme el amigo. El payaso muy guacho, recordándoles a todos los pasajeros que él era un desempleado con un montón de hijos, dijo que yo le había pedido un chiste más, así que contó otro (que encima ya había escuchado). El chiste era malísimo, y todo el mundo me miró con cara de culo durante todo el viaje.

• El otro día le cedí el asiento a una señora en el colectivo y no
pude evitar decirle: “Eso es PRO”.

• Siempre que escucho música por la calle, me imagino protagonizando el video clip de la canción.

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• El otro día caminando por Corrientes iba muy apurada, balanceé demasiado los brazos y sin querer le toqué el bulto al tipo que venía caminando atrás. Alcancé a escuchar un “Opaa”, me hice la boluda y empecé a caminar rápido. Desde entonces camino con los brazos bien pegados al cuerpo, como si fuera Clemente.

• Siempre miro a la gente a los ojos. En el subte, en el colectivo, en cualquier lado. Me gusta cómo se incomodan y hacen lo imposible por no mirarme.

• Tengo una manía que me vuelve loco; antes de subir al bondi
cuento las monedas veinte veces para ver si está todo. No contento con contarlas antes de que llegue, sigo contando hasta el momento en que estoy en la escalera. Más de una vez se me fue el bondi por nabo.

• No me gusta pasar a las viejas en la vereda, me da lástima
que piensen que caminan lento. Pobres.

• La primera vez que viajé en subte lo paré como si fuera un
colectivo. Soy un boludón.

• Cuando viajo en colectivo pienso que todas las personas
que están afuera se mueren y los tripulantes del colectivo somos los únicos sobrevivientes del planeta. Me imagino a qué mujer elegiría para procrear la especie, con quién seguramente me pelearía por diferencias, quién sería el líder del grupo, etc.

en la calle

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• Una mañana estaba en el colectivo, había un tremendo tufo,
y le pregunté de compromiso y amablemente a una señora que iba sentada si me permitía abrir la ventanilla. Estaba a punto de hacerlo, cuando contrariamente a lo que esperaba me contestó: “No, no la abras porque me despeino”. Me quedé duro, no esperaba una respuesta así, y con la calentura que tenía no le dije nada, pero en cuanto pude le escupí directamente el peinado espumoso de peluquería que lucía tan oronda.

• Todos los días me subo al bondi y pido el boleto con un
acento distinto; español, cordobés, extranjero que habla mal español. Lo peor es que nunca puedo contener la risa, soy un boludo.

• Cada vez que estoy por bajar del colectivo y algún hombre
se baja antes que yo, imagino que se va a dar vuelta para darme la mano y ayudarme a bajar. Nunca pasa. ¡La puta madre! Podrían ser más caballeros los hombres, ¿no?

• Hace unos años, haciéndome el atlético, subí al colectivo de
un salto antes de que frenara. Me agarré perfectamente del pasamanos, puse el pie derecho en el estribo, pero la cagada fue que tomé tanto impulso que me di la frente contra el espejo lateral. Cuando subí al colectivo había tres estados de ánimo: el de los pasajeros, que se cagaban de risa abiertamente; el del chofer, que me hablaba y me decía algo así como que tenía que pagar el vidrio roto; y el mío, que entendía todo a medias gracias al tremendo golpe.

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• Siempre que me estoy por bajar del colectivo, toco el timbre
dos o más veces para hacer encular a los choferes. Eso fue hasta la semana pasada, cuando un chofer me cerró la puerta y no me dejó bajar. Me hizo pasar un papelón.

• Creo ser la única persona que lee todas las noticias de InfoTrans en el colectivo.

• Cuando viajo sentado en colectivo, me encanta ir haciendo amagues acomodándome como para levantarme y bajar. Las viejas vienen a amucharse cerquita mío, peleando para mantener la pole position. Entonces me reacomodo y sigo leyendo. Lo mismo cuando voy manejando y veo algún “cuida coches”. Pongo las balizas, reduzco la velocidad, y cuando veo que se dirige hacia el lugar libre, le hago saber que “ese” lugar no me agrada.

capítulo catorce

locuras

• Le hablo a mi gato. Hasta acá no es muy extraño, el problema
es que a veces me responde. Nadie me cree, pero yo estoy convencido de que usa frases básicas como “por favor”, “abrime”, “tengo sueño”, o “chupate esta mandarina”.

• Cuando estoy en un boliche, camino entre la gente poniendo caras y sacando pecho como si fuera el centro de atención. Pero sé que no me mira nadie.

• Metí el brazo en el secarropas mientras todavía estaba funcionando. Estuve enyesada por dos meses. ¡No pensé que tuviera tanta fuerza!

• Hace muchos años me contaron que entraron ladrones a
una empresa y obligaron a los empleados a quedarse en ropa interior. Desde que empecé a trabajar, todas las mañanas antes de salir me miro la bombacha en el espejo para ver cómo me queda.

• Sequé una remera en el microondas. No estaba apurado,
sólo quería hacer la prueba.

140

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• Siempre que subo a una escalera mecánica, me dan muchas
ganas de fingir un ataque de pánico y empezar a gritar: “¡NO ME OBLIGUEN OTRA VEZ, NO ME OBLIGUEN!”. Me pregunto cuál sería la reacción de la gente.

• Me hubiese encantado tener un nombre con tilde, ya sea “Nicolás”, “Tomás”, o “Benjamín”. No sé, ¡tiene más actitud!

• Cuando se van mis padres, tengo la necesidad imperiosa de
bailar malambo y hacer las coreografías que imagino en mi mente. Siempre me imagino que soy un Power Ranger bailando malambo. Tengo miedo de que algo malo esté pasando en mi cabeza.

• Tengo 47 años, y cada vez que me baño hago de cuenta que
soy una stripper y que del otro lado de la mampara hay una multitud mirándome bailar.

• Le busco formas a las milanesas. No puedo comerlas hasta
no encontrarle alguna forma. La mas común es la de la Argentina, sale casi siempre.

• Cuando voy al cine me quedo viendo los créditos finales esperando ver alguna toma extra. Cuando por fin la veo, siento lástima por todos los que se fueron antes. Casi siempre las tomas extras no valen la espera, pero lo sigo haciendo.

• Por tacaña me quedaron cuarenta patacones entre mis
ahorros.

locuras

141

• Me emborracho para ir a votar. • Cada vez que en una película dicen algo como: “Quedan dos
minutos antes de que estalle la bomba”, me pongo a contar los segundos a ver si la escena está hecha en tiempo real o se mandan un bolazo.

• No me gusta tener ahorros en billetes. Prefiero las monedas, me hacen sentir que tengo mucha más plata de la que tengo en realidad.

• Saludo dos veces a los clientes que entran en mi negocio.
Primero el saludo verbal, “Buen día”, y segundo el saludo mental: ““¡Hola mi amor!”, “Hola mariconazo”, “Inventaron el jabón, ¿sabías?”, etc. Últimamente me genera mucha adrenalina pensar que se me puede escapar el saludo mental.

• Robo pequeñas cosas y después las devuelvo diciendo que
las encontré tiradas. Todo para caerle bien a la gente.

• El otro día leí un secreto de un flaco que desfilaba en bolas y
con bufanda cuando estaba solo. Para hacerme el chistoso, le conté ese secreto como propio a mi novia. Pero me salió mal: la muy perra me exigió que lo hiciera adelante de ella, así que terminé modelando en bolas por mi casa el sábado a la noche.

• Cuando me afeito me gusta cantar la canción “Sal de ahí /
chivita chivita / sal de ahí / de ese lugar”.

142

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• Duermo como un jugador de fútbol haciendo la barrera; con
una mano tapándome “la zona” y la otra en una teta. Es un tanto extraño cuando tengo invitados a dormir.

• No soporto la alarma del microondas. Siempre que está por
sonar, voy y lo apago. ¡Es realmente molesta!

• Le pinto la cara a Belgrano en todos los billetes de diez pesos
que pasan por mis manos. A algunos les pinto el maquillaje del bajista de Kiss.

• Generalmente en la bajada de las autopistas se amontonan
muchos autos. Como la cola es tan larga, cuando se hace un espacio libre empiezo a largar el freno despacio para avanzar sólo un poquito. Me divierto mirando por el espejo la cantidad de autos que avanzan ese poquito que avancé yo. Así freno y vuelvo a hacerlo hasta que por fin pueda salir. De alguna manera tengo que pasar el tiempo.

• Tengo una pecera con cuatro goldfish. Como me intrigaba
saber cuánto podían comer, les tiré como medio frasquito de alimento. Ya se me murieron tres y el cuarto está en las últimas, qué boludo.

• Todos los días me hago entrevistas a mí mismo. No lo puedo
controlar. Recorro toda mi casa y hago diferentes voces para el que pregunta y responde. Así he resuelto muchos problemas de mi vida, pero no se lo recomiendo a nadie porque calculo que debe ser medio enfermo.

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• Marco en el almanaque los días que hago el amor con mi
novio.

• Me gusta morderle las orejas a mi gato. • Siempre que bajo solo en el ascensor me miro al espejo y
hago como si conduciera el reality show de mi vida, contando adónde voy a ir y qué voy a hacer.

• No puedo cagar sin leer la guía de teléfono. Cuando me dan
ganas en una casa ajena y pido la guía me miran con cara rara.

• Paso mucho tiempo mirando todas las fotos en las que salí
bien.

• A veces, cuando mi familia se va a dormir, a eso de las 2 de
la mañana salgo al pasillo de mi edificio, voy hasta la escalera y me desnudo completamente, dejo la ropa en un rincón y empiezo a subir los pisos en bolas. Me encanta la adrenalina que se siente a medida que te alejás de la ropa, sentir el riesgo de que alguien abra la puerta y te encuentre así... El corazón me late a mil, hasta ahora nunca me agarraron. Sí, ya sé: necesito medicación.

• Cuando hablo por teléfono tengo la necesidad extrema de
pararme arriba de una silla. Lo peor es que no me doy cuenta y cuando corto de repente estoy ahí. Un día casi me pego un palo horrible.

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• Odio a los extraterrestres. ¡No me dejan dormir! • Como el cable de los auriculares no me llega al bolsillo, llevo
el reproductor de MP3 en el corpiño.

• Creo que soy un soldado del ejército napoleónico. Cuando
salgo con paraguas a la calle lo uso como si fuese un mosquete y marcho en formación cerrada.

• A veces, cuando estoy cagando, me imagino en un pastizal
de América central antes de la colonización.

• Me molestan terriblemente los aplausos, vayan dirigidos
a mí o no. Sobre todo cuando son golpes dispersos y sin ritmo. Si es toda una multitud, no tanto.

• Discuto sobre política con mi pene. Mi mamá se cree que
hablo por teléfono. Tengo 33 años y hace diez que lo hago.

• Cuando me lavo los dientes escupo la espuma que se forma
y me hago el epiléptico mientras me miro al espejo.

• Cada vez que escucho la canción del mundial Italia ’90 se
me pone la piel de gallina.

• Cada vez que voy a un baño que no es el mío, trato de encontrar su “punto silencioso”. Todos los inodoros lo tienen, es justo ese lugarcito en el que meás y no hace ese ruido delator.

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• Pareciera que no me gusta que me canten el “Feliz cumpleaños”. Pero el problema es simplemente que no sé qué hacer cuando me lo están cantando. Hace dieciocho años que me lo cantan y desde que tengo uso de razón, cada vez que me lo cantan me pregunto: “¿Qué hago ahora? ¿Me río?, ¿aplaudo?, ¿canto? ¿Aplaudo y canto?, ¿acomodo las velitas? ¿Abrazo a alguien que este por ahí?”.

• Me encanta escuchar las conversaciones ajenas en bares,
restaurantes, medios de transporte, por la calle... ¡donde sea! Cuando estoy sola está todo bien, el problema es cuando estoy con alguien y tengo que disimular, porque realmente a veces me interesa más lo que hablan los demás que lo que me habla la persona que está conmigo. Para colmo detesto tener que irme del lugar porque obviamente tengo que dejar de escuchar la charla y sólo me queda imaginarme cómo sigue la historia.

• Cuando estoy solo me da por cantar y bailar sevillanas. • Soy hombre pero desde hace ya varios años hago pis sentado. Directamente ya no puedo hacer pis de parado.

• Tengo 14 años y me gusta jugar a que soy un soldado del
año 1850.

• Cada vez que voy al baño a cagar me tengo que desnudar.
No lo puedo evitar, es como si al descargarme necesitara estar puro.

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• Me copa hablar con las telemarketers que llaman para ofrecer productos o servicios. Sólo una me admitió que estaba de novia y todas coinciden en que no se bancan a Morgado.

• Estaba en la facultad en medio de un examen final y no sabía
nada. ¡Estaba en el horno! Me senté atrás de todo, levanté la mano, el profesor me miró y le mostré una teta. ¡Aprobé!

• Cuando me estoy bañando y tengo la crema de enjuague
puesta, me hago un peinado tipo punk y salgo de la ducha para ver en el espejo cómo me queda.

• Mil veces me dijeron “No abras la heladera descalzo”. Entonces ¿qué hago? Desafío a la electricidad. Para abrir la heladera, pego un salto y, cuando estoy en el aire, abro la puerta antes de que mis pies toquen el suelo. Me imagino si alguien me ve... ¡Me internan!

• Tengo un problema. Siempre que estoy en algún lugar público tiendo a imaginar cosas. Por ejemplo si estoy en un teatro imagino que los actores se vuelven locos y empiezan a gritar o a correr desaforadamente moviendo brazos y cabezas, o cuando estoy en alguna clase haciendo un examen me imagino a los profesores bailando o cantando. Esto me perjudica realmente porque me distraigo demasiado.

• Cuando un insecto se posa sobre la pantalla del monitor, intento espantarlo con el puntero del mouse. Obviamente no tiene ningún efecto sobre el bicho.

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• Cuando estoy comiendo una mandarina y veo que hay algún
gajo mucho más chico que los demás, no me lo puedo comer porque pienso que es el hijo de los gajos más grandes y me da lástima. Por si fuera poco, mientras me como los gajos más grandes pienso que estoy dejando huérfano al pobre gajo chiquito.

• Me gusta pararme frente al espejo, mirarme a los ojos y repetir mi nombre hasta que pierde todo sentido. De golpe yo también lo pierdo, me mareo y me voy lejos. Una vez terminé llorando porque no podía volver.

• Siempre que voy a un restaurante o bar, apenas entro miro
disimuladamente si tienen algún cartel de Pepsi o Coca Cola para pedir tranquilo y que no me digan “¿Puede ser Pepsi?”.

• Cada vez que termino de bañarme, me miro en el espejo
y recreo la escena de la película Terminator 2, cuando el androide llega a la tierra después de una nube de truenos y aparece agachado, levantándose lentamente con cara de malo.

• Al primer café de la mañana (antes de ir a la oficina) lo corto
con un chorrito de whisky. Nadie se da cuenta. Me hace tener una visión más relajada de las cosas.

• Cuando voy al baño en una casa ajena espío el botiquín y
miro la ducha para ver qué shampoo usan.

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• Soy fanático de leer catálogos de electrodomésticos. Me
imagino todas las cosas que tendría en mi casa si tuviera plata para comprarlas.

• Cuando viajo en bondi, cierro la boca apretando los dientes
y dibujo con la punta de la lengua distintas formas sobre la parte de atrás de los dientes. Estoy segura que apenas lo lean, van a empezar a probar.

• Me encanta bañarme sentado en la ducha. • Después de bañarme, me encanta acostarme unos minutos totalmente desnuda en mi cama. Es una sensación increíble.

• Cuando compro puchos en un kiosco, le pago al flaco y me
doy media vuelta como si me los olvidara, pero rápidamente giro, los agarro y le digo “Tú también estás invitado al estreno”, como la publicidad de Parliament que hacía Antonio Banderas.

• No puedo evitar meter la cabeza dentro de la pecera cuando
el agua está limpia. Los pececitos vienen y me succionan la nariz, es una sensación muy rara.

• Cuando termino de comer, me voy del comedor y empiezo a
correr arrastrando los pies como en la presentacion de Alf; me tiro de un salto a la cama, y cuando caigo digo “¡y Benji Gregory!”.

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• Probé de nebulizarme con vino. Te hace toser, nada más. Mi
vieja me preguntó qué me pasaba; le dije que me ahogué con saliva.

• Cada vez que alguien me dice su fecha de nacimiento, no
puedo evitar calcular en qué mes quedó embarazada su madre. Es muy tentador.

• Para no perderme en la línea D del subte, memorizo el recorrido de esta manera: “A Scalabrini Ortiz lo mordió un bulldog (Bulnes) y le hizo un agujero (Agüero). Entonces llamaron a Pueyrredón que había estudiado en la Facultad de Medicina pero se calló (Callao) la boca y fueron a Tribunales. Festejaron en la 9 de Julio y pasearon por la catedral.

• Leí seis veces el libro de Maradona Yo soy el Diego de la
gente. Lo que pasa es que soy fanático de él... Y medio boludo también.

• Cada vez que me sacan una foto, me hago el boludo y voy al
espejo más próximo con la misma cara para ver cómo salí.

• Cuando por la calle me dan folletos de centros de belleza, digo “No gracias, no me depilo”. Amo ver la cara que ponen.

• Hago todos los cálculos de precios en litros de cerveza. Por
ejemplo: “Esa remera vale 35 litros”, “Ese auto vale 45 mil litros”.

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• Odio cuando voy a cobrar, más precisamente el momento
en que cuentan la plata. Esos deditos de los bancarios se mueven demasiado rápido, y por más que lo intento y lo intento nunca logro contar los billetes a tiempo, siempre me falta alguno. Cuando ya me los dan, me pongo a contarlos yo, lentamente, sintiendo la presión de la gente que está atrás de mí esperando para cobrar.

• Mi mayor sueño es tener una máquina para cortar fiambre y
cortarme cien de salame en casa.

• Hay algo que quiero hacer desde pequeña, y es limpiar un
colectivo bien, bien sucio, con mucho barro hasta las ventanas. Limpiarlo despacito, con una esponja y un balde.

• Escondo mis ahorros en un doble piso del freezer. Es casi
como un plazo fijo, ya que para sacarlo debo descongelar la heladera y picar el hielo un buen rato.

• Cada vez que veo en algún local el cartelito de “Sonría, lo estamos filmando” me río como un boludo y empiezo a mirar para todos lados para ver dónde está la cámara.

• Para mí todas las letras del abecedario tienen un sexo y cierta personalidad. Por ejemplo, la “K” es una mina re trola.

• Cuando hacen gelatina en mi casa, la saco de la heladera, le
meto una pajita, y empiezo a chupar. ¡Me encanta! Después se quejan porque no saben por qué sale tan chiquita.

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• Siempre que voy al baño me siento cinco minutos para calentar el asiento, y recién entonces me bajo los pantalones.

• Cuando cocino me gusta imaginarme que estoy en un programa de TV y voy explicando la receta.

• Descubrí que, como muchos, tengo un pequeño juego con
la heladera. Al abrirla, la puerta vuelve a cerrarse sola a menos que la agarre. Entonces intento abrir, identificar rápidamente lo que quiero, meter la mano, tomarlo y sacarlo antes de que la heladera se cierre.

• He adoptado la sana constumbre de pasearme en bolas por
la casa cuando no hay nadie. Hasta ahí nada raro, el tema es que me gusta vestir prendas extrañas al estar desnudo; por ejemplo una bufanda, un gorro, un cinturón con el celular colgado, muñequeras, una riñonera, medias hasta la mitad de la pantorrilla, alpargatas, etc. Me miro al espejo y me cago de risa viéndome. Es clave usar dos prendas como máximo.

• Hago cubitos de hielo con Coca-Cola para no perder el
sabor.

• El otro día me di cuenta de que cada vez que me baño estoy
en puntas de pie. Vaya uno a saber por qué.

• Saludo a desconocidos desde el auto. Me encanta ver la
cara que ponen. Muchos saludan por las dudas.

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• Desde chico tengo la costumbre de ponerle apodos a las
líneas de colectivos. “El vienti” al 24, “El viejo” al 63, “El príncipe” al 134, etc. El problema es que con el tiempo comencé a sumarles una personalidad. Entonces “El vienti” era hincha de Boca y con un carácter de mierda, “El príncipe”, cortez y eficiente, “El viejo”, bueno pero testarudo. En fin, cosas que hace todo el mundo ¿no?

• Le mandé una participación a mi casamiento a Mario
Pergolini.

• Me encantaría robarme la bolita de la ruleta cuando está por
parar y salir corriendo.

• Cuando mi compu está muy lenta y veo que está encendida
la lucecita roja por mucho tiempo, le digo: “¿En qué pensas? Dale, contame...”. Soy una cyber-psicóloga macanuda.

• Cuando estoy sola agarro la cámara digital y me filmo charlando sola. Después lo miro para analizarme.

• Estudio psicología y voy al psicoanalista todas las semanas. Él piensa que estudio arquitectura, y todas las semanas voy con síntomas diferentes. Le hice creer en todo este tiempo que tengo todas las patologías existentes. Por un lado me muero de risa, y por otro lo pongo a prueba a ver qué tanto sabe. Además lo tengo tan desconcertado que el que va a terminar loco va a ser él. ¡Ni Freud ni Lacan juntos te van a salvar!

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• Después de bañarme me miro desnuda en el espejo y salto
para ver cómo se me mueven las tetas.

• Cuando estoy nerviosa en la oficina, tarareo la canción de
La salud de nuestros hijos y me relajo.

• Vivo en Villa Crespo y cada vez que salgo de mi casa, me
imagino que le robo la kipá a uno y salgo corriendo.

• Siempre que juego al piedra papel o tijera elijo la piedra. Me
da la sensación de que es más poderosa que el resto.

• Siempre que compro algo para mí, pido que me lo envuelvan para regalo. Me encanta hacer trabajar de más a los vendedores y me emociona abrir el paquete cuando llego a casa.

• Cada vez que me afeito, me hago el sexy como los tipos de
las publicidades de afeitadoras.

• Cuando me río y me tapo la boca para contenerme me sale
aire por el costado del ojo derecho. Lo descubrí una vez tratando de no tentarme. ¿Seré muy deforme?

• Desconfío del “redial” de mi teléfono. Pienso que la máquina va a llamar a otro telefono y me va a hacer quedar como un boludo.

• Respeto los semaforos del GTA Vice City.

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