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Clases de Derechos Reales de Chocobar

Clases de Derechos Reales de Chocobar

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Conservación de la posesión en la doctrina y en el Código Civil

Este tema se refiere a los fundamentos doctrinarios sobre los cuales son los requisitos atener en
cuenta para considerar conservada la posesión, es decir qué argumentos doctrinarios existen para
considerar que la posesión se ha perdido o no. La doctrina presenta dos posiciones que son las que
estudiamos al definir la posesión. Distintas serán las posturas según la corriente de pensamiento a
seguir: en Savigny encontramos además del elemento material “corpus”, otro volitivo: “animus”,
mientras que en Ihering, éste segundo elemento, no existe, y el corpus queda representado por su
valoración y uso económico.
Para la conservación y la pérdida de la posesión tendremos que volver a esas doctrinas. Savigny
que es a quien sigue Vélez, sostiene que la posesión se conserva mientras el poseedor que no tenga
la cosa corpus la siga teniendo sólo animus. En esto sigue a Paulo, jurisconsulto romano, que decía
que mientras no haya un signo exterior que denota la pérdida del ánimo “in animus contrarius actum”
decía Paulo. Por ejemplo el abandono expreso denota la pérdida del ánimo por lo tanto la posesión se
perdió, en ese caso la cosa está corpus pero no ánimo, es decir que actuó de una manera distinta a la
que actúa el poseedor del art. 2351, no tengo intención yo de someter la cosa al ejercicio de un
derecho de propiedad: la posesión se perdió.
Ihering critica a la fuente Savignyana que es Paulo diciendo que los romanos nunca habían creado
reglas generales sino que mediante la figura del pretor las soluciones jurídicas eran para casos
particulares, es decir que en algunos casos particulares podríamos considerar perdida la posesión
siguiendo la máxima pauliana, en otros tal vez no. Lo que sostiene Ihering, en contrario, es que la
posesión se pierde por la conducta personal del poseedor en el caso determinado; su diligencia en
mantenerse en la posesión o su indiferencia al ver perdida la posesión, o al ver la posibilidad de que
la posesión se pierda (si yo me dejo quitar denotará indiferencia y se considerará perdida la posesión;
si yo viendo que puedo perderla hago determinados actos para resguardar mi posesión continúo
manteniéndome en ella a criterio de Ihering). Para Savigny seguiría siendo poseedor existiendo
meramente la posibilidad de ir a recobrar la cosa materialmente, porque la posesión se conserva sólo
ánimo. Inclusive si se han dejado olvidado el Código al borde del aljibe -en el criterio de Ihering no es
así como se posee la cosa, un Código Civil al borde de un aljibe; al borde de un aljibe podrá haber un
balde pero no un Código- con Ihering habrían perdido la posesión, con Savigny no, porque le piden al

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compañero que les traiga el Código que se han olvidado; está latente la posibilidad de recobrar la
cosa por lo tanto la posesión no se ha perdido.
Con respecto a la conservación de la posesión en el Código, sabemos que la ley argentina
defiende al poseedor. Art. 2445 de donde deducimos que Vélez siguió también en este punto a
Savigny: ”La posesión se retiene y se conserva por la sola voluntad de continuar en ella, aunque el
poseedor no tenga la cosa por sí o por otro. La voluntad de conservar la posesión se juzga que
continúa mientras no se haya manifestado una voluntad contraria”. Este artículo es sumamente
savignyano y sumamente pauliano. En la primera parte lo sigue a Savigny porque dice que la
posesión es corpus más animus, aunque el poseedor no tenga la cosa por sí o por otro (el Código
está a la intemperie sobre el aljibe); y en la segunda parte es pauliano porque hasta que no haya una
voluntad expresa en contrario se juzga que él sigue queriendo poseer. Nota al art. 2445: “Para
conservar la posesión, no es preciso tener una voluntad positiva y formal. Cuando una persona ha
perdido el uso de la razón y es incapaz de voluntad, no puede dudarse, que aun antes que se le
ponga un curador, conserva la posesión que tenía, pues basta que no se haya manifestado una
voluntad contraria”. Dice que para conservar no es preciso tener una voluntad positiva y formal; basta
para Vélez con el simple estado de conciencia de querer ser dueño, ni siquiera hay que actuar esa
voluntad, la voluntad que hay que actuar es la contraria para considerar que hemos perdido la
posesión, hay que demostrar por ejemplo poniendo la cosa en la bolsa de la basura y dejándola en la
vereda que expresamente abandonamos: ahí existe el acto de Paulo que denotaba la voluntad
contraria del poseedor. Aún aquellos que están privados de su voluntad, como los dementes, siguen
conservando la posesión hasta que se les nombre curador, y si éste curador demuestra por signos
exteriores voluntad de abandonar la posesión, se habrá perdido, pero hasta tanto ello no suceda, el
demente sigue siendo poseedor.
La pérdida de la posesión corpus -el ejemplo del libro dejado sobre el aljibe- es considerada por la
doctrina, siguiendo a Savigny, como una especie de suspensión de la posesión que es momentánea y
se ayuda a mantener la posesión sólo ánimo aunque el corpus no esté. En cambio, cuando ese
estado sea permanente, cuando se pueda considerar definitivo el estado de no tener la cosa recién
acaece la pérdida.

Art. 2450:”Mientras haya esperanza probable de encontrar una cosa perdida, la posesión se
conserva por la sola voluntad”. Se trata de un típico ejemplo de la enseñanza de Savigny en el
sistema posesorio de Vélez.
Art. 2457: “La posesión se pierde por la pérdida de la cosa sin esperanza probable de encontrarla.
Sin embargo, la posesión no se pierde mientras la cosa no haya sido sacada del lugar en que el
poseedor la guardó, aunque él no recuerde dónde la puso, sea ésta heredad ajena, o heredad
propia”. Hasta ahí lo defiende; Ud. sigue siendo poseedor. Por ejemplo el carnet del automóvil club
que justo ahora necesita y que no recuerda dónde lo ha puesto porque lo ha guardado.
Cuando dice que “…sin esperanza probable de encontrarla” la posesión se pierde, es el caso de
los objetos que caen al fondo del mar. Pero no se pierde mientras la cosa no sea sacada del lugar
donde el poseedor la guardó porque guardar es un acto posesorio y con actos posesorios probamos
el ánimo: guardar la cosa y tenerla guardada son actos posesorios, si el acto posesorio sirve para
probar el ánimo y como la posesión se conserva sólo animus, entonces la posesión sigue existiendo;
dice sea ésta heredad propia o ajena (por ejemplo me olvidé el llavero en la casa de mi compañero, al
que le decimos que cuando vuelva a clase me lo traiga).

Conservación de la posesión por representación

Art. 2446: “La posesión se conserva, no sólo por el poseedor mismo, sino por medio de otra
persona sea en virtud de un mandato especial, sea que la persona obre como representante legal de
aquel por quien posee”. No es necesario un mandato especial para conservar la posesión, no es
necesario ni siquiera mandato porque si la posesión puede adquirirse por un gestor oficioso que no es
mandatario, también puede conservarse por él.
Art. 1879:”El mandato es general o especial. El general comprende todos los negocios jurídicos
del mandante, y en especial uno o ciertos negocios determinados”. Comparado con el art. 2398 sobre
cómo se adquiere por gestor oficioso: “La posesión se adquiere por medio de un tercero que no sea
mandatario para tomarla, desde que el acto sea ratificado por la persona para quien se tomó. La
ratificación retrotrae la posesión adquirida al día en que fue tomada por el gestor oficioso”. Basta para
conservar la posesión por intermedio de otro un mandato general para actos de administración -no es
necesario un mandato especial para actos de administración ni menos uno para conservar esa
posesión determinada- porque si la ley permite que el gestor oficioso conserve la posesión por otro, si
permite lo más permite lo menos, si le permite a alguien que no tenga mandato conservar la posesión
para mí cómo no va a permitir que se conserve con un simple mandato general, igual que la
adquisición por representación. Lo que podemos tener, tal vez, sean métodos más indirectos para
conservar la posesión, por ejemplo el del art. 2448: “La posesión de una cosa se conserva por medio
de los que la tienen a nombre del poseedor, no sólo cuando la tienen por sí mismos, sino también
cuando la tienen por otros que los creían verdaderos poseedores, y tenían la intención de tener la
posesión para ellos”. Ejemplo el caso del usufructuario: si el propietario tiene la posesión por sí
mismo, el usufructuario tiene la posesión de la cosa en tanto su calidad de usufructuario y está
representando la posesión de aquel que es dueño y transmitió usufructo. También el art. 2449:

“Cuando aquel por medio del cual se tiene la posesión, muere, la posesión se continúa por medio del
heredero, aunque éste creyese que la propiedad y la posesión pertenecían a su autor”. Sigo siendo
poseedor; el cuidador que tenía la cosa fallece y sus herederos creen que tenía la finca, pero no
saben que era cuidador y que en realidad la finca es mía; los herederos desconocen esa situación y
se creen ellos dueños pero la posesión se sigue conservando en cabeza del poseedor verdadero

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porque era tenida por otra persona que representaba la posesión, es el caso de los herederos del
representante.

El art. 2447 admite la posibilidad de la interversión del título: “La posesión subsiste, aún cuando el
que poseía a nombre del poseedor, manifestare la voluntad de poseer a nombre suyo, o aunque el
representante del poseedor abandonare la cosa o falleciere, o éste o su representante, llegare a ser
incapaz de adquirir la posesión”. En realidad niega que mediante la interversión del título se contraiga
la conservación de la posesión. Nadie por sí mismo ni por el transcurso del tiempo puede cambiar la
causa de su posesión; el poseedor real (o actual) conserva la posesión aún cuando el que tiene la
cosa a nombre de él manifestare por signos exteriores que la tiene para sí. Por ejemplo el inquilino
que se comenzare a considerar poseedor, por el hecho de ser inquilino sigue representando la
posesión del locador -poseedor actual- y es mero tenedor. Si el representante del poseedor llegare a
ser incapaz o falleciere el poseedor actual, el que es verdaderamente poseedor, conserva la posesión
porque no se le puede oponer la incapacidad de su representante, ni siquiera si muriera éste y la
última parte del art.: “o éste o su representante llegare a ser incapaz de adquirir la posesión”, si es
incapaz de adquirir la posesión también es incapaz de ser poseedor. Si deviniere incapaz en el curso
de la posesión, se considera conservada la posesión por el poseedor real, porque la incapacidad del
representante no puede oponérsele a él para considerarle perdida la posesión. Son causas no
imputables al verdadero poseedor, por lo tanto él se mantiene en la posesión y no se considera
perdida. Si el verdadero poseedor pasa a ser incapaz en principio se considera conservada la
posesión pero es un tema de más complejo análisis, que veremos más adelante. Cuando dice el
artículo “o éste o sus representantes” se refiere al representante y al de éste (el representante del
representante)

Casos de pérdida de la posesión

Recordamos que la conservación de la posesión puede existir sólo corpore, sólo animus o corpore
et animus (elemento material y elemento voluntario); de la misma manera la posesión se pierde sólo
corpore, sólo ánimo o corpore et ánimo.

A)

Casos de pérdida corpore :
1- Por extinción del objeto: se pierde la cosa cuando el objeto de la posesión se destruye, no
existe más: art. 2451: “La posesión se pierde cuando el objeto que se posee deja de existir, sea por la
muerte, si fuese cosa animada, sea por la destrucción total, si fuese de otra naturaleza, o cuando
haya transformación de una especie en otra”. Hay tres casos dentro de éste artículo:

a-

Cuando se destruye la cosa, por ejemplo la silla de madera que se

quema, se convierte en inhábil de ser poseída, de hecho no existe más.

b-

La muerte cuando se trata de posesión de una cosa animada, por

ejemplo un animal.

c-

Especificación (hacer una cosa nueva con otra cosa anterior) por
ejemplo hacer pan con harina, se pierde la posesión de la harina pero se adquiere la posesión del
pan.
2- Art. 2459: “Se pierde la posesión cuando la cosa sufre un cambio que la hace legalmente no ser
susceptible de ser poseída por estar fuera del comercio”. Cuando la cosa sale del comercio porque se
ha producido algún cambio la posesión se pierde corpore, es inhábil de ser poseída porque la
posesión recae exclusivamente sobre cosas, es decir objetos materiales susceptibles de tener una
valoración económica (art. 2311), por ejemplo el crucifijo que creíamos era de nuestra bisabuela
resulta que no lo es era el del Fray Mamerto Esquiú, tiene un valor histórico que lo saca del comercio
y lo convierte en un objeto de culto o en un monumento histórico. Se trata de un caso de imposibilidad
legal por expropiación.

3- Por imposibilidad física de poseer: art. 2452: “La posesión se pierde cuando por un
acontecimiento cualquiera el poseedor se encuentra en la imposibilidad física de ejercer actos
posesorios en la cosa”. La imposibilidad no es de índole legal sino física, por ejemplo la inundación
que dejó determinado aparato fuera de mi alcance, al que no podré ya acceder; la cosa está pero ya
no a mi alcance de ser poseída, ni lo podrá estar.
4- Por desposesión violenta, art. 2455: “La posesión se pierde cuando por el hecho de un tercero
sea desposeído el poseedor o al que tiene la cosa por él, siempre que el que lo hubiese arrojado de
la posesión, la toma con ánimo de poseer”. Si no existe ánimo de desposeer en el despojante no hay
pérdida de la posesión, y ese ánimo de poseer en el despojante tendrá que tener algún sentido de
permanencia porque precisamente el poseedor se comporta respecto de la cosa como si fuera dueño,
y el que es o quiere ser dueño de algo lo quiere ser siempre. Si se comporta en forma interrumpida
con respecto a la cosa no se lo considera con ánimo de poseer y por lo tanto no se considerará
perdida la posesión. Este caso sería de despojo.
En cualquiera de estos supuestos la posesión quedó perdida por ausencia del elemento material
corpore, porque por más que pudiera existir ánimo aquí de hecho la posesión se ha perdido; por más
que el elemento voluntario animus sea de una intensidad tal que parezca en ustedes continuar la
posesión, por falta del elemento material la posesión se perdió.

B)

Casos de perdida animus :
Cuando el elemento material todavía existe, está a nuestro alcance, sigue siendo hábil de ser
poseída pero nuestra voluntad es contraria; como decía Paulo “in animus contrarius actum” por
interversión del título: el elemento material está al alcance del que entrega y del que recibe pero lo
que cambia es la voluntad de los sujetos (de uno y del otro): yo que era antes poseedor vendí y me
transformé en inquilino, o yo que era inquilino, compré y me transmiten posesión por lo tanto soy
poseedor. Los casos son:

1-

Traditio brevi manu;

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2-

Constituto posesorio
La pérdida de la posesión es ánimo, porque la cosa está pero me comporto respecto de la cosa de
otra manera, por ejemplo cuando vendo y me quedo como inquilino sigo teniendo la cosa, sigue
estando el mismo elemento material corpus pero el ánimo cambió. El elemento externo “corpus” no
tiene ninguna transformación, el cambio se produce por el acuerdo de las partes.
Habría dos casos controvertidos:

1-

Muerte del poseedor (caso de pérdida animus), y

2-

Renuncia (algunos autores consideran caso de pérdida solo ánimo

pero para nosotros es de pérdida de corpore et animus).
En la muerte el elemento corporal está, pero el poseedor no está más, no se considera perdida la
posesión porque si así lo hiciéramos le quitaríamos calidad de continuadores de la personalidad del
causante a los herederos.

La posesión se considera adquirida por los herederos desde la muerte del causante, para que la
posesión continúe en cabeza de alguien; entonces el heredero -que continúa la personalidad del
causante a raíz de su muerte- continúa también el curso de la posesión que este tenía.
El caso de la renuncia lo englobamos en los de pérdida corpore et animus porque pensamos que
tiene que estar acompañada de actos materiales de desprendimiento. Así como la adquisición de la
posesión tiene que estar acompañada por actos materiales de adquisición, también la pérdida tiene
que estar acompañada por actos materiales inequívocos de desprendimiento de la posesión.
En los casos en que se conserve por otro, la posesión no se habría perdido, porque se puede
conservar sólo ánimo aunque no se tenga el elemento corpore; es el ejemplo del código olvidado al
borde del aljibe. Es como un compuesto de dos ingredientes -tiene que haber dos ingredientes- pero
puede haber más de uno que de otro; si hay más de uno que de otro todavía se sigue considerando
este compuesto como si fuera puro, por decirlo así; hemos puesto mucho blanco y poco azul, sigue
siendo celeste, será tenue pero sigue siendo celeste; el código olvidado en el aljibe tiene mucho de
blanco y poco de azul, ese poco de azul es la posibilidad física de recuperarlo. Pero si el código se
hubiera caído al fondo del mar ya no habría nada de azul, sería todo blanco, ya no existe el celeste y
ya no habría posesión.

Cuando hablamos de posibilidad física de recuperar la cosa no lo hacemos en el sentido corpóreo

sino jurídico.

No existiría ejemplo de la conservación de la posesión sólo corpórea porque se necesita tener
animus. En el caso de la sucesión a título universal, donde el heredero adquiere la posesión de la
cosa desde la muerte del causante -ya es considerado poseedor- pero el heredero no sabe qué cosas
tenía el causante.

De todas maneras, ambos elementos tienen que estar forzosamente para que haya posesión
aunque uno esté mucho más presente que el otro.
Este caso del heredero podría ser, porque las cosas están pero él no sabe que están ni cuáles son
las cosas. Habrá posesión sólo corpus hasta que se haga un inventario, que sea declarado heredero
y se le adjudiquen el o los bienes.
C) Casos de pérdida corpore et animus:
1- Por tradición (es el caso típico), art. 2453: “La posesión se pierde por la tradición que el
poseedor hiciere a otro de la cosa, no siendo sólo con el objeto de transmitirle la simple tenencia de
ella”. Entregamos la cosa (corpus) y a la vez manifestamos inequívocamente nuestra voluntad de
transmitirla (animus), no siendo sólo con el objeto de transmitirle la simple tenencia (porque sino sería
simple tenedor que representa mi posesión). Le transmito la cosa y con ella van todos los derechos y
las acciones posesorias.

2- Por abandono, art. 2454: “Se pierde también la posesión cuando el poseedor, siendo persona
capaz, haga abandono voluntario de la cosa con intención de no poseerla en adelante”. Tiene que ser
una persona capaz, haber abandono voluntario y signos materiales, o sea que el abandono tiene que
ser expreso. Cuando el articulado dice “capaz, persona capaz, etc.” y no especifica cuál es la
capacidad, se entiende que es la capacidad civil; donde la ley no distingue, no debemos distinguir
nosotros. La persona capaz tiene que tener voluntad de abandonar -que no haya violencia física o
moral- y tiene que haber signos materiales de abandono, por ejemplo la bolsita de la basura atada y
sacada a la vereda. Signos materiales significa inequívocos, que denoten la intención de no poseerla
en adelante. Supongamos que un niño de la casa (que es incapaz) ha sacado la basura a la dos de la
tarde (14 hs.), y yo he visto la basura y más o menos puedo deducir su contenido (a menos que tenga
una forma especial que denote que en esa basura hay algo de lo cual no quiero desprenderme),
pasaron las horas, pasó el camión y se fue la basura; significa que hubo signos inequívocos porque
estuvo ahí para que yo no la abandone y sin embargo lo hice.
Hay dos casos de situaciones especiales:

1-

Art. 2456 (usurpación).

2-

Arts. 2450 y 2457 (cosas perdidas).

1- Art. 2456: “Se pierde también la posesión cuando se deja que alguno la usurpe, entre en
posesión de la cosa y goce de ella durante un año, sin que el anterior poseedor haga durante ese
tiempo acto alguno de posesión, o haya turbado la del que la usurpó”. Es usurpación: tenemos la
desposesión del art.2455, hay violencia (también del art. 2455) y además hay un año de dejar poseer
que no está en el artículo. Art. 2455: “La posesión se pierde cuando por el hecho de un tercero sea
desposeído el poseedor o el que tiene la cosa por él, siempre que el que lo hubiese arrojado de la
posesión, la tome con ánimo de poseer”. Hemos perdido cierto sentido de permanencia, pero no
hemos especificado que durante un año el poseedor despojado no ejerza acciones posesorias; esto
hace diferenciar la pérdida del art. 2455 de la del art. 2456: un año de dejar poseer. Tiene que haber
violencia: la violencia suple el ánimo de entregar. Dicha violencia puede ejercerse solamente en el
momento de adquirir para que la posesión sea de mala fe viciosa; la violencia tiene que existir al

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momento de la adquisición. Si se ejerce la acción posesoria, la está conservando a la cosa sólo
ánimo mientras dura el trámite de la acción; si prospera la acción posesoria se recuperará -además
del animus- el corpore; si no prospera seguirá siendo poseedor ánimo, después intentará otra o podrá
intentar reivindicación si además de poseedor era dueño.
La diferencia entre el art. 2455 y el art. 2456 radica en que en el art. 2455 no se lo obliga al que es
desposeído a ejercer acción posesoria dentro del término de un año para recuperar la posesión; en el
art. 2455 decimos que quien adquirió la posesión de esa manera tiene que ser con un ánimo de
permanencia para que puede ser considerado dueño. En el art. 2456 nos ponemos del lado del
despojado y le exigimos que aunque no ejerza acciones posesorias, con que solamente turbe la
posesión del otro conserva la posesión, con que después de la violencia de Juan vuelva al cabo de un
tiempo Pedro (ese tiempo puede ser horas, días, meses, siempre que no se pase de un año) y con
otra violencia trate de desplazarlo a este usurpador (Juan). Si durante ese tiempo no hizo nada para
turbar, pierde la posesión porque prescribió la acción posesoria.
En el pago de impuestos no hay un signo exterior que lleve a que el despojante conozca que el
otro turbó: el pago de impuestos lo sabe usted. La Dirección de Rentas y aquel a quien usted le
muestre la boleta del impuesto; se trata aquí de una turbación de hecho de la posesión de otro, por
ejemplo volver al lugar de la pérdida de la posesión e intentar recuperarla por alguna vía de hecho (a
eso se refiere el art. 2456). En el art. 2455 no se le exige nada al poseedor desposeído; el otro entró,
desposeyó, adquirió la posesión de mala fe viciosa; lo único que se le pide a aquel es que sea
poseedor como en el art. 2351. La diferencia radica en que en el art. 2456 se le pide al desposeído
que dentro del término de un año haga algo para recuperar, porque si no lo hace, perdió la posesión;
aquí existe un elemento que escapa al hecho de la desposesión en sí, que es el transcurso del
tiempo.

2- El art. 2450 dice: “Mientras haya esperanza probable de encontrar una cosa perdida, la
posesión se conserva por la simple voluntad”. Cosas perdidas; la cosa no se ha extinguido,
simplemente se ha perdido. Mientras haya una esperanza probable de encontrarla, la posesión se
conserva por la simple voluntad.

Transferencia de la posesión

Hay por hipótesis quien transfiere y quien adquiere la posesión por transferencia; estamos
hablando de un caso de tradición, de lo cual ya tenemos un panorama más o menos claro.

Accesión de posesiones

Acceder la posesión significa -en lenguaje llano- sumar la posesión del que transmite al curso de la
posesión del que adquiere.
Hay algunos artículos que son las reglas generales para la transferencia de la posesión:

Art. 577: “Antes de la tradición de la cosa, el acreedor no adquiere

sobre ella ningún derecho real”;

Otros artículos a tener en cuenta por este tema son: 3265, 3417,

3418, 1444 sobre el contrato de cesión, por la cesión de los derechos.
Analicen estos artículos a la luz de considerar si la posesión es un hecho o un derecho, porque
distinto va a ser el efecto según nos ubiquemos en tal o cual postura.
Para analizar el tema de la accesión de posesiones tenemos que saber si el que va a acceder es
sucesor a título singular o a título universal del causante, porque distinta va a ser la previsión legal
para un caso y para el otro.

Art. 2475: “La posesión del sucesor universal se juzgará unida a la del autor de la sucesión; y
participa de las calidades que éste tenga. La posesión del sucesor por título singular, puede
separarse de la de su antecesor. Sólo podrán unirse ambas posesiones si no fuesen viciosas”.
La primera parte distingue el caso del sucesor universal: se va a unir a la otra y cuando se una
participará de las características de la anterior.
En cambio el sucesor a título singular (segunda parte) no participa de las cualidades de la
posesión tal como venía sucediendo. Pero a ambas se les impone el requisito de que no deben ser
viciosas.

Art. 4004: “El sucesor universal del poseedor del inmueble, aunque sea de mala fe, puede
prescribir por diez años cuando su autor era de buena fe; y recíprocamente, no es admitida la
prescripción en el caso contrario, a pesar de su buena fe personal”.
El sucesor universal continúa la personalidad del causante y esta personalidad engloba la buena
fe o mala fe en su posesión, y si por el art. 2475 sabemos que la posesión que accede -la nueva
posesión- participa de las calidades de la antigua posesión, también participa de la buena fe o mala fe
de ella en el caso de que el que accede sea sucesor a título universal.
Lo que prima (art. 4004) es la calidad del causante. Puede unir su posesión a la del antiguo
poseedor -causante- y aunque él sea de mala fe si el causante tenía posesión de buena fe va a
prescribir a los diez años porque él une su posesión a la anterior y ésta viene con las mismas
calidades; en cambio si venía de mala fe , la buena fe del sucesor no alcanza para “teñirla” a la
anterior.

Art. 4005: “El sucesor particular de buena fe puede prescribir, aunque la posesión de su autor
hubiese sido de mala fe. Cuando el sucesor particular es de mala fe, la buena fe de su autor no lo
autoriza para prescribir. Puede unir su posesión a la de su autor, si las dos posesiones son legales”.

Este artículo tiene tres partes:

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1- Sucesor particular, también llamado sucesor a título singular, como él no continúa la
personalidad del causante, esta ya no interesa, no interesa su buena fe o mala fe, interesa la buena o
mala fe del sucesor .

2- La buena fe de su autor no le sirve a él, le sirve su propia buena ó mala fe.
3- Que las dos posesiones sean legales, que sean conforme a la ley, que no sean viciosas; si
usted adquiere posesión por violencia está adquiriendo de manera ilegítima, contraria a la ley, por lo
tanto por tratarse de una posesión viciosa no es admitida para el supuesto de sumar las posesiones.
Si el poseedor nuevo es de buena fe va a poder prescribir aunque el anterior poseedor fuese de mala
fe, porque como no continúa la personalidad del causante no interesa que se le pueda atribuir la mala
fe del causante, de esa misma manera no puede aprovechar la buena fe de éste, si es adquirente de
mala fe.

Si ambas posesiones son de buena fe pueden sumarse la una a la otra, se exige que no haya
vicios: hurto, violencia, estelionato, abuso de confianza ni clandestinidad.
El “de decuius” (causante)-(es el de cuya sucesión se trata) adquirió la posesión en un
determinado día y año, y corrió el curso de la prescripción y, supongamos que era de buena fe, a los
ocho años y siete meses fallece. El heredero a título universal accede a esta posesión; aunque el
heredero sea adquirente de mala fe de la cosa, lo beneficia la buena fe del decuius, él va a acceder a
esa posesión no a los diez ni a los veinte años, sino al año y cinco meses que es lo que le faltaba al
decuius para adquirir la posesión por prescripción adquisitiva
Si el decuius era de mala fe y el heredero adquiere la posesión con la mejor buena fe, lo mismo va
a necesitar veinte años, porque accedió a una posesión de mala fe siempre y cuando no sean
viciosas se podrá acceder.

Además tenemos el requisito de que no haya solución de continuidad entre una y otra (que no
haya algún intervalo de tiempo donde ni el decuius ni el sucesor hayan sido desposeídos, que haya
poseído otro).

Art. 2476: “Para que las dos posesiones puedan unirse, es necesario que ellas no hayan sido
interrumpidas por una posesión viciosa, y que procedan la una de la otra”. Que no sean interrumpidas
por una posesión viciosa o sea que ni el decuius ni el sucesor hayan sido poseedores viciosos en
algún momento, y que proceda una de la otra -que no haya alguien o algo en el medio que perturbe el
curso de esa posesión- y además que las posesiones estén unidas por un vínculo de derecho, por
ejemplo en la sucesión hay un vínculo de derecho entre el decuius y el heredero. Lafaille le llama
“título traslativo”.

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