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Bosch, Juan - Tres Cuentos (Txt)

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JUAN BOSCH EL CUENTISTA Juan Bosch no sólo fue líder de la resistencia dominicana contra la prolongadísima di ctadura de Rafael Leonidas

Trujillo, y un presidente que no alcanzó a desarrollar su proyecto de gobierno (el primero de elección popular, en 1962, después del trágico final del no menos trágico régimen), pues fue depuesto siete meses más tarde, sino, mu y en especial, un escritor que puede catalogarse como paradigmático en el género del cuento, para su país y para Hispanoamérica. En las antologías cuentísticas del continen te no puede faltar la obra de este intelectual y estadista. De la biografía política de Bosch se ha escrito en estos días, con motivo de su muert e, ocurrida el miércoles 31 de octubre en Santo Domingo, a la edad de 92 años (Había n acido en La Vega, el 30 de junio de 1909): Que a fines del decenio de los treint as aprovechó una comisión oficial a Puerto Rico para presentar uno de sus libros y o ptó por quedarse exiliado en Cuba, durante casi veinte años. Que ayudó a crear el Part ido Revolucionario Dominicano y en 1973 fundó el Partido de la Liberación Dominicana ... Lo que en la actualidad no muchos recuerdan (por fuera de República Dominicana ) es esa condición de Bosch de gran escritor. Desde la juventud tomó la alternativa de la literatura. Mientras el cuento urbano en República Dominicana tenía en Virgili o Díaz Grullón a su principal exponente, Bosch cultivó el cuento rural. Su primera col ección fue la de Cuentos escritos en el exilio, publicada cuando estaba en Cuba. T ambién escribió Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos después del exilio y las novelas La Mañosa y El oro y la Paz. En 1958 publicó una serie de conferenci as titulada Apuntes sobre el arte de escribir cuentos. Para los estudiosos de la obra de Bosch, ésta fue inseparable de la actividad polít ica. Una y otra fueron complementarias. Tal vez para nosotros, como lectores, lo fundamental sea la dimensión literaria del personaje. Con todo, esa simbiosis de escritor y político la enfatizan autores como el profe sor Eugenio García Cuevas, en su libro sobre Juan Bosch, novela, historia y socied ad, publicado hace seis años en San Juan de Puerto Rico, y con el cual obtuvo el P remio Anual de Literatura de Santo Domingo, en 1996, en la modalidad de ensayo. La novela La mañosa es el centro de ese trabajo. Aunque el cuento fue la modalidad expresiva predilecta de Bosch y la que le mer eció consagración literaria, también escribió varios ensayos, como Bolívar y la guerra soc ial, El Caribe, frontera imperial, El Pentagonismo, sustituto del Imperialismo, Clases sociales en la República Dominicana y otros en los que analiza realidades p olíticas y socioeconómicas de su país y del hemisferio. Tenso e intenso De Juan Bosch son estas observaciones sobre la naturaleza del cuento: - El cuento es un relato breve de un acontecimiento, de un solo hecho. Tan pron to el cuento deja de ser el relato de un solo hecho, deja de ser cuento. - El cuento es intenso por el solo hecho de ser cuento, porque transmite en su brevedad y en el relato de ese hecho único, una carga emocional muy tensa y, natur almente, de tensa a intensa no hay más diferencia que ese in, que nos indica que l a tensión ha pasado a ser interior, que está en la entraña misma del relato. Los mejores ejemplos de la aplicación de esos conceptos están en los cuentos de Bos ch. Leamos dos: La mujer y Los amos: LA MUJER La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se la ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera. Debe hacer muchos siglos de su muerte. La desenterraron hombres con picos y pal as. Cantaban y picaban; algunos había, sin embargo, que ni cantaban ni picaban. Fu e muy largo todo aquello. Se veía que venían de lejos: sudaban, hedían. De tarde el ac ero blanco se volvía rojo; entonces en los ojos de los hombres que desenterraban l a carretera se agitaba una hoguera pequeñita. detrás de las pupilas. La muerta atravesaba sabanas y lomas y los vientos traían polvo sobre ella. Después aquel polvo murió también y se posó en la piel gris. A los lados hay arbustos espinosos. Muchas veces la vista se enferma de tanta a mplitud. Pero las planicies están peladas. Pajonales, a distancia. Tal vez aves ra

No l a quemaba el sol. Tendió la vista: la planicie. una pied ra como lava.¡Te dije que no quería verte más aquí. El niño pequeñín. Más cerca ya. amenazó de nuevo a su víctima. tan sólo sentía dolor por los gritos del niño. pero cerca. Una colina lejana. primero. la p ersiguió. Quico vio que era persona. la sabana. casi negra. Quico soltó el pescuezo del otro. . El marido le había pegado. A medida que se avanzaba crecía aquello que parecía una piedra tirada en medio de l a gran carretera muerta. pequeñín. cuatro días después. desenterrada.Pero si nadie pasó. gris. sobre el lomo de la gran momia. . no sabía hablar aún y pretendía evitarlo. Sonó seco el golpe. La mujer vio cómo Quico ahogaba a Chepe: tenía los dedos engarfiados en el pescuezo de su marido. Y se quedó allí. Por la única habitación del bohío. caliente como horno. las rodillas por lo menos. . Quico le llamó la atención.paces coronen cactos. La llevó hasta el bohío. más lejos. como una piedra que hubieran dejado sobr e la momia larga. luego dobló las rodillas. Quico tenía agua para dos días más de camino. de aquella criatura desnuda y gritona. El niño era de bronce. rugosa. Chepe. El pelo era estopa y las córneas estaban rojas. como muerta. las fauces secas de la tierra que tuvo agua mil años antes de hoy. Algunos están pintados de bl anco y no se ven bajo el sol. como él se lo mandara. totalmente muerta. Ella contó que se había cortado la leche. condenada! Parece que no había visto al extraño. dándole el brazo. la arrastró hasta la carretera. Se resq uebrajaba la planicie dorada bajo el pesado acero transparente. de seguro. embutidos en el acero blanco . El cauce d e un río. abría la boca y le subía la sangre al rostro. sin hacer un esf . Aquel acero blanco. medioloco. al vol ver de las lomas. pequeñín. Prefirió no tener unas monedas a que la criatura sufriera hambre tanto tiempo. como un punto negro. Le dijo después que se marchara tanto tiempo. La mujer se v eía. Él veía la mujer sangrando por la nariz. transparente. ahora se envolvía en la falda de su má.¡Hija de mala madre! ¡Hija de mala madre! Te voy a matar como a una perra. comenzó a gritar otra vez. de gritar mucho. pesada. y se agarraba a la madre tratando de tirar de ella con sus manecitas. de spués abrió los brazos con amplitud y cayó de espaldas. Estaba allí tirada sin que la brisa le moviera los harapos. junto a la puerta. y pensó en romper su camisa listada par a limpiarla de sangre. Chepe entró por el patio. tirándola de los cabellos y machacándole la cabeza a puñetazos. fr enético. Ella no supo qué sucedió. Sólo se oían los gritos del muchacho y la s pisadas violentas. También hay bohíos. con pajonales. desver gonzada! . Iba a pega rla ya. La sangre no le daba miedo. solamente de seos de llorar. Oyó distintamente los gritos del niño. Las canas dieron esas techumbres por las que nunca rueda agua. Crecía. como s i fuera esa colina sólo un montoncito de arena apilada por los vientos. y Quico se dijo: Un becerro. Todo fue porque la mujer no vendió la leche de cabra. está ahí.¿Qué no? ¡Ahora verás! Y volvía a golpearla. La casa estaba allí cerca. no halló el dinero. estropeado por auto.¡Te mataré si vuelves a esta casa! La mujer estaba tirada en el piso de tierra. . El niño se agarraba a las piernas de su papá. Sintió que le nacía una fuerza brutal. Pronto iba la carretera a quemar el cuerpo. La carretera muerta. con los ojos llenos de luz. pero la gastó en rociar la frente de la m ujer. sin duda. Y los cactos están allá. ansioso de qu emarse día a día. estaba la piedra. No decían palabra. pero no podía verse. De seguro mami moriría si seguía sangrando. sin quejarse. La alzó. Sangraba mucho y nada oía. le había vuel to fiera. pero él. Sólo se destaca el techo grueso. después. no. casi todos bajos y hechos con barro. seco. la verdad es que la bebió el niño. La lucha era silenciosa. Chepe: nadie pasó -quería ella explicar. Este comenzó por cerrar los ojos. Y los cactos. lo s cactos coronados de aves rapaces. Entonces fue cuando se entabló la lucha entre los dos hombres.

..comentó en voz baja.¿La calentura?. Cristino. Allá.. si.¿Va a buscármela. Pero sobre la gran carretera muerta. pero el rancho de los peones no tenía ni puer tas ni ventanas. pero me toy sientiendo mal. Apenas se las distinguía.. Hágame el favor.Le voy a dar medio peso para el camino.Cristino se sujetaba el pech o con los dos brazos descarnados. Deje que se me pase el frío. don -dijo. Bajó lentamente los escalones.dijo. Cristino -oyó decir a don Pío. todo fulgía bajo el sol. A la distancia estaban los matorrales que cubrían el paso del arroyo. y el pelo abundante. Si se mejora. don.Don Pío tendió la vi sta. mientras se cubría de nuevo la cabeza con el viejo s ombrero de fieltro negro.. que se hacía de madrugada. Paso a paso. Cristino tenía tres años trabajando con él. pero la lengua le pesaba.Eso no hac e. Chepe veía la l uz brillar en ella. per o Cristino conocía una por una todas las reses. LOS AMOS Cuando ya Cristino no servia ni para ordeñar una vaca. Cristino? Yo no la veo bien. las atenciones de la casa y el cuido de los terneros. me ta subiendo. la colina de arenas que amontonaron los vi entos.. Cristino tenía frío y la cabeza empezaba a dolerle.. don. pero comenzó a ponerse de p ie. Todo aquel sol. Eso asustó a Cristino.. sólo estaba el sol qu e la mató.Vea. y los pies descalzos llenos de polvo.Voy a dir. La mujer tenía las manos crispadas sobre la cara... bien lejos. DON PÍO CAMINO ARRIBA . Eso es bueno. pero había enfermado y don Pío no quería mantener gente enferma en su casa. había dos vacas.Yo fuera a buscar la.. Cristino.Unju. don . no tenía ni siquiera setos.uerzo. y don Pío quiso hacerle una última recomendación.. rechonc ho. que le temblaba: . las nubes de mosquitos. Desde las lomas de Terrero hasta las de S an Francisco.Se trat aba de uno que él había curado días antes. si quiere. Quería ver si alguien venía. vuelva. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro.Puede quedarse aquí esta noche. Y cactos embutidos en el acero. y hasta hacerse una tisana de cabrit a. córno no.¿Usté cree..Cristino se había quitado el sombrero.. tan abundante. . totalmente muerta.. don Pio lo llamó y le dijo q ue iba a hacerle un regalo: .dijo. Al bordede los potreros.Qué animao ta el becerrito .Mucha gracia.Con el sol se le quita.Cogió ahora por la vuelta del arroyo explicó desde la ga lería don Pío.Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. y sobre los matorrales. Al llegar al último escalón se detuvo un rato y se puso a mirar las vacas y los críos. don. Cristino?Tenía que responder. Mucha gracia -oyó responder. de ojos pequeños y rápidos. La tierra del piso absorbía aquella sangre tan roja. Quisiera coger el camino ya.Ello sí. Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan d elgada que no le abrigaba. al final de la planicie. Don Pío era bajo. que Dio se lo pague.insistió la voz. Usté esta muy mal y no puede seguir tra bajando. Cristino.Ah. todo el pelo suelto y los ojos pugnando por saltar.Dése una caminata y me la arrea. Cristino se movió allá abajo. Ya usté está acostumbrado. Corrió. Don Pío había mandado poner tela metálica en toda s las puertas y ventanas de la casa.aquella pinta que se aguaita allá debe haber parío anoche o por la mañana..Ta bien. d e pómulos salientes. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro. encorvado para no perder . Había tenido gusanos en el ombligo y ahora co rreteaba y saltaba alegremente. Levantaba la fre nte. perdidas hacia el norte...Sí: Ya voy. porque no le veo barriga.Cristino seguía temblando. Con todo ese sol y las piernas temblándole. pero tengo calentura.¿Va a traérmela? .El sol he rvía en cada diminuta hoja de la sabana.Cuando llegue a su casa póng ase en cura. Sentía que el frío iba dominándolo. Cristino extendió una mano amarilla. Le había salido trabajador y tranquilo aquel hombre. Se apreta ba más los brazos sobre el pecho. Le pagaba un p eso semanal por el ordeño. en el prime r escalón. largo y negro le caia sobre el pescuezo. Vaya y tráigamela. Don Pío salió a la galería y también se detuvo a ver las reses. pero siguió con la vista al anima l.Arrímese pa aquel lao y la verá. don Pío -dijo .. el becerrito. . Sentía flojedad en las coyunturas. con los brazos sobre el pecho.

Calló medio minuto y miró a la mujer. El hombre no contestó.comentó. Don Pío ie veía de espaldas.No quería ir a buscarme la vaca pinta. que parió anoche. Una mujer se desl izó por la galería y se puso junto a don Pío.iQué día tan bonito. Herminia . === .dijo -. Ella asintió con la mirada. De nada vale tratarlos bien. . Señaló hacia Cristino. Pío! .calor. .comentó con voz cantarina. que parecia demandar una explicación. que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana. Y ahorita mismo ie dí medi o peso para el camino.Malagradecidos que son.Te lo he dicho mil veces. Pío . que se alejaba con paso torpe como si f uera tropezando. . Y ambos se quedaron mirando a Cristino. el peón empezó a cruzar la sabana. .

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