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En El Nombre Del Pobre

En El Nombre Del Pobre

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Edgardo Litvinoff

En el nombre

del pobre

En el nombre

del pobre

En el nombre

del pobre

Ediciones del Boulevard

Ediciones del Boulevard

La historia de los subsidios sociales que complica

a Olga Riutort y a funcionarios de De la Sota y de Menem

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Edgardo Litvinoff nació en 1971 en la
ciudad de Córdoba. Desde 1997
trabaja en La Voz del Interior, diario
para el que cubrió acontecimientos
internacionales en Hong Kong,
Colombia, Venezuela, Israel y El
Líbano. Actualmente es co-editor de la
sección Sociedad y escribe la columna
dominical «Detrás de cámara», en la
que apela a la ironía y a una mirada
descontracturada para retratar los
temas sociales del momento. Sus
artículos sobre el uso político de los
subsidios para gente pobre, aparecieron
en las páginas políticas del diario y
luego se convirtieron en la base para
este libro. Es licenciado en comuni-
cación social y se desempeñó en diver-
sos medios radiales y gráficos.

OTRAS OBRAS
EN ESTA EDITORIAL

SERGIO CARRERAS

La sagrada familia

JORGE LONDERO

Lo mejor de Don Boyero

MARIANO SARAVIA

Naciones secuestradas
La sombra azul

FERNANDO COLAUTTI
CARLOS PAILLET

El tercer atentado

ESTEBAN DOMINA

Historia mínima de Córdoba
La misteriosa desaparición de
Martita Stutz

LAURA RODRIGUEZ
MACHADO
MARIANO SARAVIA

Fiestas populares de Córdoba

ALICIA FRANCHISENA

Verdugos y pilatos

En el nombre del pobre
En el nombre del pobre

En el nombre del pobre
En el nombre del pobre

Esta es una historia que podría suceder en cualquier lugar de la
Argentina donde existan políticos y pobres. Este libro demuestra,
con datos y nombres precisos, cómo el clientelismo político sigue
usando a su antojo los dineros del Estado para mantener como
rehenes a miles de personas económicamente necesitadas. Con
una prosa atrapante y directa, En el nombre del pobre relata cómo
una millonaria partida de subsidios que iba destinada a indigentes
y ancianos pobres se transformó en un apetecible botín político y
terminó involucrando, causa judicial de por medio, a allegados del
gobernador José Manuel de la Sota y a funcionarios del presidente
Carlos Menem. En esa operación jugó un papel preponderante la
ex esposa del mandatario cordobés, Olga Riutort, desde la
presidencia de una fundación que se convirtió en una aspiradora
de subsidios nacionales destinados a ayudar, en especial, a la
tercera edad. ¿Qué pasó con esos dineros? ¿Quiénes fueron los
verdaderos beneficiados? ¿Continúa esta sangría de las arcas
públicas? Las páginas de este libro son una invitación, que nos
involucra a todos, a encontrar y comprender las respuestas para
estas preguntas urgentes.

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© Sebastián Salguero

El ex presidente Carlos Menem. Las denuncias sobre supuestas
irregularidades en los subsidios entregados por la Secretaría de Desarrollo
Social corresponden a la última etapa de su mandato.

Ramón «Palito» Ortega es
uno de los cuatro ex
secretarios de Desarrollo
Social de la Nación
involucrados en la causa de
los subsidios sociales.

José Manuel de la Sota y Olga
Riutort cuando todavía eran marido
y esposa. Fueron otros tiempos.

El 20 de noviembre de 1998, en plena campaña por la gobernación de
Córdoba, José Manuel de la Sota y Germán Kammerath fueron
acompañados por Menem a varias localidades del interior. La jornada
culminó en el Pajas Blancas Center, en un acto organizado por Funcavi.

Ancianos pobres de toda la provincia fueron llevados al Pajas Blancas
Center de la ciudad de Córdoba, el 20 de noviembre de 1998, para
escuchar al presidente Carlos Menem y recibir carnets del Plan Asoma
Medicamentos. A esa movilización la pagó Funcavi —cuya presidenta era
Olga Riutort— con un subsidio de la Nación de 80 mil pesos.

Adán Fernández Limia y Olga Riutort fueron aliados políticos
en el PJ capital.

El local del ex viceintendente de Córdoba, Adán Fernández Limia,
en Cerrito 2139. Los vecinos lo conocen como una unidad básica
peronista, y así se desprende del cartel pegado en su puerta. Después de la
publicación de esta foto en La Voz del Interior, dicho cartel fue retirado.
Allí se repartieron cajas del Plan Asoma, al menos entre 1998 y 1999.

La sede de Funcavi, cuando estaba en Corrientes 33,
durante la distribución de las cajas del Asoma.

Olga Riutort fue la presidenta de Funcavi y la que firmó los pedidos
de subsidio que investigó la Justicia.

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Ediciones del Boulevard

Edgardo Litvinoff

La historia de los subsidios sociales que complica
a Olga Riutort y a funcionarios de De la Sota y de Menem.

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© 2005, Edgardo Litvinoff
© 2005, Compañía de Libros S.R.L.
Ediciones del Boulevard
Rosario de Santa Fe 535
5000 Córdoba
Te/fax: (54-351) 425 8687
E-mail: delboulevard@uolsinectis.com.ar

ISBN: 987-556-089-8

Fotografías de tapa e interior: gentileza del diario La Voz del Interior.

Hecho el depósito que indica la ley 11.723
Impreso en Argentina

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Litvinoff, Edgardo

LIT

En el nombre del pobre - 1ª ed.-
Córdoba: Ediciones del Boulevard, 2005.
124 p.; 21x14 cm.

ISBN: 987-556-089-8
I. Título - 1. Periodismo

Colección dirigida por

Sergio Carreras

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A Tamar, David, Ingrid

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PRÓLOGO

La función de la prensa en las sociedades democráticas hasta fines
del siglo 20 fue informar, formar y entretener. Después del caso
Watergate —la investigación del espionaje electrónico del ex
presidente de los EE.UU. Richard Nixon sobre la oposición—, se
sumó la de fiscalizador, controlador o «perro guardián» del gobierno
de turno. La investigación de Edgardo Litvinoff sobre el clientelismo
político en Córdoba iniciada en La Voz del Interior y ahora terminada
en este libro es un excelente ejemplo del rol de la prensa como
fiscalizador del poder.
Durante la investigación, Litvinoff soportó presiones políticas y
navegó con éxito por el laberinto kafkiano de la burocracia cordobesa
y porteña para conseguir documentos que respaldaran sus sospechas.
Denunció los puntos oscuros del manejo de fondos nacionales
destinados a ancianos sin jubilación, entre otros planes sociales usados
más para ganar elecciones que para reparar injusticias. Y demostró
que el periodismo de investigación no es un periodismo de escritorio,
como recomienda el Nobel colombiano Gabriel García Márquez,
sino una indagación en el lugar de los hechos al meterse en todos los
rincones de los barrios pobres de Córdoba.
No se trata sólo de un libro documentado y una investigación de
campo, sino de una exquisita narración que no cuenta una historia
desde la política, como generalmente hace el periodismo tradicional,
sino que también lo hace desde la voz de los pobres, las víctimas
directas del clientelismo.

Daniel Santoro

Abril 2005

Daniel Santoro es prosecretario de Redacción
y miembro del Equipo de Investigación de Clarín.
Obtuvo el Premio Rey de España por sus investigaciones
sobre el contrabando de armas desde Argentina hacia Croacia y Ecuador.

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INTRODUCCIÓN

El trabajo es la suprema dignidad del hombre.
En la comunidad argentina no existe más
que una sola clase de hombres: la de los que trabajan.

Una de las 20 verdades peronistas.

Pasaron más de cinco décadas desde que la hija de Josefa recibió
aquella camiseta que, decían su madre y su padre y los altoparlantes
de la camioneta que tiraba las prendas entre la multitud, entregaba
la mismísima Evita.

Evita estaba allá, a 700 kilómetros, a toda una vida de distancia.
Pero su corazón latía acá, en Córdoba, en barrio Villa Cabrera, por
las venas de todos los que recibían las camisetas. Y, más que su corazón,
era la mano simbólica de «la abanderada de los humildes»—–la mano
que siempre acompañaba al General— la que se estiraba hasta lo
sobrenatural para que todos tuvieran abrigo ese invierno.
Medio siglo después, la imagen es símbolo, memoria y tradición.
Símbolo, para un partido Justicialista que la explotó con aires de

epopeya.

Memoria, para la hija de Josefa que aún hoy, en la soledad del
kiosco que atiende en la ventana de su casa —a pasos de la costanera
del río Suquía— vive aquel momento como una llaga escondida bajo
la piel.

Tradición, porque lejos de convertirse en historia, aquella práctica
encarnó una costumbre de la que mamaron todos los partidos y que,
reinventada, sobrevive con nuevas formas y adaptaciones.
La «edad de oro» del peronismo que recuerdan los que recibían
las camisetas es un mundo paralelo que, como la Matrix, nunca se
sabrá si existió o fue un sueño necesario. Hay imágenes, hay sonidos

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y hasta olores. ¿Pero quién puede decir que eso tuvo entidad, si es
que hubo un eso y si es que tanta interpretación no lo desmembró?
¿Acaso sus miles de significados no disiparon el origen, el
acontecimiento iniciático?
Mucho se ha escrito sobre el clientelismo político en Argentina y
seguramente su raíz y sus manifestaciones son y serán motivo de
debate permanente. Los especialistas —politólogos o sociólogos que
se ocuparon del tema—, coinciden en la imposibilidad de un análisis
simple, uniforme. Es decir, se niegan a reducir el fenómeno a una
figura bipolar, aquella en la que de un lado hay un militante
«demoníaco» que reparte para obtener fidelidad y votos y, del otro
extremo, un pobre infeliz que recibe el beneficio con pasividad.
Detrás de esa fotografía preconstruida se esconde un proceso
demasiado complejo, en el que se vuelve difícil detectar e identificar
víctimas y victimarios. Más bien subyace una maraña de relaciones
que van y vienen, en diferentes niveles y distintos escalones de
responsabilidad. Allí se entremezclan las relaciones de poder, las
desigualdades de una sociedad cada vez más empobrecida y la
necesidad de esperanza en un futuro personal distinto, cuando
distinto sólo puede significar mejor.
¿Conoce un puntero político el origen del dinero con el que se
compran los bolsones o las entradas de teatro que debe repartir en su
seccional? Puede que sí, pero quizás eso no tenga la menor importancia
para su concepción del mundo y de la política.
Ya en campo jurídico, se hace difícil juzgar a una persona cuando
ésta comete un delito sin saber que se trata de un acto ilegal. En
especial porque el tiempo lo ha convertido en una sistematización: la
fuerza de la poderosa costumbre instaló una estructura tan sólida
que sus actores ya no se preguntan por la clase de columnas que la
sostienen.

El clientelismo tiene mucho de eso: la naturalidad con la que sus
participantes desarrollan una práctica que se mueve en límites difusos,
aunque no tengan conciencia de esas ambigüedades.
Muchas de esas prácticas son ilegales, de acuerdo a su naturaleza
y a su trasfondo. Pero muchas otras se mueven en una línea

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delgadísima, en la que la ética pasa a ser el árbitro espontáneo ante la
falta de normas claras.
«Lo importante es que los bolsones se entregaron», es la frase más
recurrente de algunas de las personas que entrevisté, seguros de que
se trató de la menos peor de las opciones.
El caso que aquí se cuenta —nacido a partir de una serie de notas
publicadas en La Voz del Interior *— está siendo investigado por la
Justicia Federal de Buenos Aires.
Involucra a los ex secretarios de Desarrollo Social de la época del
ex presidente Carlos Menem: Eduardo Amadeo, Ramón «Palito»
Ortega, Santiago de Estrada y José Figueroa.
También a personajes como el ex obispo castrense Antonio Baseotto
y a numerosas instituciones que habrían recibido dinero del Estado
con llamativa facilidad, cuyo uso y destino comenzó a ser investigado
en 2001.

Las denuncias también incluyen a Olga Riutort, a la fecha de
esta edición presidenta del Partido Justicialista (PJ) en la capital
cordobesa y titular del Consejo Provincial de la Mujer, ex esposa del
gobernador José Manuel de la Sota, ex Secretaria General de la
Gobernación de Córdoba y ex número uno de la Fundación para
una Mejor Calidad de Vida (Funcavi). Precisamente los hechos de
los que aquí se dan cuenta ocurrieron mientras Riutort era la
presidenta de Funcavi.
Junto a ella figuran en la causa varios funcionarios, legisladores y
ex funcionarios ligados a su círculo más íntimo y al de De la Sota.
Fue entre 1998 y 1999, cuando la fundación de la hasta hace
poco mujer fuerte del Gobierno cordobés recibió jugosos fondos de
la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación, durante el último
tramo de la presidencia de Menem. Eran tiempos de campaña, cuando
faltaban pocos meses para que De la Sota alcanzara su primera
gobernación de Córdoba y Menem soñaba con un tercer mandato
presidencial, esperanzado con el apoyo de su «compañero» cordobés,
entre otros.

* Ediciones del 27 y 28 de octubre de 2003 y 20 de junio de 2004.

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En ese entonces, pocos imaginaban que el menemismo era
desplomable. Y que Riutort y otros aliados de De la Sota quedarían
involucrados en las sospechas y denuncias de manejo irregular de
fondos a través de Funcavi. Enfrentar cargos por malversación de
bienes públicos, falsedad ideológica o defraudación al Estado era una
posibilidad difícil de concebir.
A medida que se fueron descifrando los pormenores de la denuncia
judicial surgían más y más detalles que complementaban la historia.
Que alimentaron las notas periodísticas primero y este libro después.
El encadenamiento de los hallazgos resulta poco menos que natural,
y las relaciones entre ellos son tan claras que se infieren por
decantación.

No hace falta ser Nostradamus o un analista de peso para presentir
lo que la Justicia puede hacer con esta causa, que en noviembre de
2005 cumplirá cuatro años sin grandes progresos. Por lo tanto, puede
que nunca se compruebe si hubo o no un delito.
Entonces, si al cabo de dicha investigación judicial no se
encontraran culpables de usar irregularmente fondos del Estado (más
de diez millones de pesos/dólares) que, entre otras cosas, debían
destinarse a la población más pobre, el inasible pero pertinaz juicio
popular reemplazará al judicial. Entonces será de ética la vara con la
que se mida la historia.
En ambos casos, este libro pretende ser un aporte.

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