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Materiales y moniciones liturgicas

Materiales y moniciones liturgicas

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BAUTISMO,
MATRIMONIO, EXEQUIAS
Materiales y moniciones
BAUTISMO,
MATRIMONIO, EXEQUIAS
Materiales y moniciones

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CENTRO DE PASTORAL LITÚRGICA  DE BARCELONA

Rivadeneyra 6,7. 08002 Barcelona Tel. 93 302 22 35 Fax: 93 318 42 18 E.mail: cpl@cpl.es

Web: www.cpl.es

BAUTISMO, MATRIMONIO, EXEQUIAS Materiales y moniciones

Dossiers CPL, 87 Centro de Pastoral Litúrgica Barcelona
Este libro ha sido preparado por Josep Lligadas, con la colaboración de Joaquim Gomis, Ignacio Marqués y Josep M. Romaguera. Este libro se publica también en edición catalana.

Primera edición: octubre 1988 Segunda edición: enero 1991 Tercera edición: febrero 1995 Primera edición, revisada, en la colección Dossiers CPL: mayo 2000 Edita: ISBN: D.L.: Imprime: Centre de Pastoral Litúrgica 84-7467-639-8 B. 1.155 - 2000 Cometa, S.A. (Zaragoza)

SUMARIO

Presentación BAUTISMO 1. Bautismo de niños 2. Bautismo durante la misa 3. Bautismo de niños en edad catequética MATRIMONIO 4. Matrimonio sin misa 5. Matrimonio dentro de la misa 6. Aniversario del matrimonio EXEQUIAS 7. Exequias sin misa 8. Exequias con misa 9. Misa por los difuntos 10. Exequias de niños

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PRESENTACIÓN

Este libro ofrece material para ayudar a una mejor celebración de los sacramentos del bautismo y el matrimonio, así como también de las exequias: una amplia variedad de moniciones, plegarias y sugerencias para las circunstancias más habituales en las que se realizan estas celebraciones, así como los textos del Ritual que más útil puede resultar tener a mano. Este material puede ser utilizado directamente, pero siempre –como ocurre también, por ejemplo, con la hoja de moniciones y plegarias que ofrece la publicación “Misa Dominical” para la misa de los domingos– será mejor adaptar concretamente según cada caso. Por ello, para facilitar esa adaptación, añadimos al final del libro un disquete con todo el material, para que, si se desea, cada uno pueda preparar dichas adaptaciones en su propio ordenador; también al final del libro se encuentran los datos concretos para utilizar el disquete. Y aún una última observación: debido a las distintas situaciones que se dan en las asambleas litúrgicas (si debe hacerlo todo el celebrante solo, si hay un monitor o un director de cantos, si hay alguien para leer la oración de los fieles...), hemos considerado que era mejor presentar los textos y moniciones sin indicar si corresponden a uno u otro actor de la celebración: en cada caso deberá hacerse previamente su distribución. En este sentido, probablemente será útil, en la mayoría de los lugares, tener dos ejemplares de este libro, para evitar la incomodidad que significa tener que írselo pasando a lo largo de la celebración el presidente y los demás actores.

*** Este libro que presentamos tiene, sin duda, un peligro que habría que hacer todo lo posible por evitar. El peligro sería el de utilizar sólo y siempre los esquemas básicos que aquí se ofrecen y dejar de lado las otras muchas posibilidades que se encuentran en los rituales. Posibilidades que permiten celebraciones más diversificadas, que se correspondan mejor con las situaciones y capacidades de cada una de las asambleas. Especialmente en el caso de las exequias, habrá que notar que el material que se ofrece aquí corresponde a la celebración de las exequias simplificadas en la iglesia, y no recoge todas las

posibilidades de la celebración en los tres tiempos que el Ritual prevé: en casa del difunto, en la iglesia y en el cementerio. Habrá que proponerse, por tanto, no limitarse a lo que se ofrece en este libro, y procurar que cada celebración se realice de la forma más adecuada y rica posible.

Las sugerencias para los cantos que aquí se encuentran corresponden a las siguientes publicaciones: CLN: Cantoral Litúrgico Nacional (Coeditores Litúrgicos). MD: Cantoral de “Misa Dominical” (Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona). Los que utilicen la 3ª edición con letra sólo en castellano, o la 2ª edición con letra y música, deberán restar 600 a los números de los cantos que aquí se indican.

BAUTISMO

1. Bautismo de niños 2. Bautismo durante la misa 3. Bautismo de niños en edad catequética

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1. BAUTISMO DE NIÑOS

Observaciones previas
– Las moniciones y plegarias que aquí ofrecemos están pensadas para el bautismo de más de un niño. Si se trata de bautizar a uno solo, el material deberá adaptarse. – La forma normal de celebrar el bautismo –a diferencia, por ejemplo, del matrimonio o de las exequias, que está previsto celebrarlas tanto dentro de la misa como sin ella– es la celebración sin misa. El día propio de la celebración bautismal es el domingo, y se acostumbra a hacerlo por la tarde. (Podria plantearse, de todos modos, la posibilidad de celebrarlos hacia el mediodía; esto facilitaría, quizás, un ambiente más tranquilo y permitiría la asistencia de otros miembros de la comunidad parroquial). – Allí donde el número excesivo de bautizos no lo impida, será bueno suspender los bautizos durante la Cuaresma. No con la pretensión de que los padres y familiares entiendan muy claramente lo que esta supresión significa, sino porque se crea así, a largo plazo, un clima eclesial (por ósmosis, por decirlo de alguna manera) de distinción entre el sentido de la Cuaresma y el de la Pascua (“la Cuaresma es aquel tiempo en que no se bautiza, a la espera de la Pascua”). – Sobre el lugar de la celebración, el Ritual prevé que padres y padrinos sean recibidos junto con los niños en la puerta de la iglesia; que la liturgia de la Palabra se haga en un lugar donde puedan sentarse y escuchar cómodamente; que para el bautizo se dirijan procesionalmente hacia el baptisterio; y que, finalmente, se vaya al altar para recitar el padrenuestro y concluir el rito. De esta manera se destaca la

peculiaridad del lugar del bautismo, distinto del lugar de la reunión habitual de la comunidad. De todos modos, las posibilidades de cada iglesia indicarán si se pueden hacer estos desplazamientos con la dignidad necesaria. De no ser así, no sería conveniente realizarlos. Se hagan como se hagan, lo que sí debe evitarse es el bautizar en una palagana minúscula e insignificante. Debe hacerse con una pila grande, que sea bien visible, que sobre ella puedan converger las miradas. Una pila que en caso de tener que ser ubicada en el presbiterio, mejor será que sea móvil, y no fija. De la misma manera, procúrese que el aceite de las unciones esté en un recipiente limpio y agradable; que entre por los ojos que allí hay algo importante. Y acabada la unción de los niños, no se les ha de secar de inmediato el aceite. Que permanezca durante la celebración; ya se lo secarán en casa. En la celebración del bautismo hay determinados ritos que no resultan directamente comprensibles. No obstante, evítese la obsesión de querer explicarlos mucho para que sean totalmente inteligibles. Pueden evocarse en la homilía o ser introducidos con alguna frase más estimuladora que explicativa. Estamos celebrando, y la celebración se diluye si se convierte en un rosario de explicaciones sobre el ritual. Y no pasa nada si algún rito queda oscuro. Si se ha preparado en la reunión previa, o se ha creado al menos un buen clima con los padres, no será difícil introducir algún canto. Será más fácil aún si otros miembros de la comunidad parroquial participan en la celebración. Podría cantarse, por ejemplo, un canto de entrada, un canto durante el bautismo (de haber varios) o entre bautizo y bautizo, o al acabarlos, y una aclamación final. Si se realizan los desplazamientos previstos por el Ritual, será bueno acompañar las procesiones con algún canto. El Ritual prevé que algunos ritos pueden ser suprimidos si se cree oportuno: indicaremos esta posibilidad en su momento. De la misma manera, aquellos elementos nuevos no previstos por el Ritual que se han ido introduciendo en algunos lugares y que pueden resultar significativos, los indicaremos poniendo entre paréntesis su título. Finalmente, si en determinadas circunstancias (por ejemplo, un domingo de Pascua) se quiere hacer una celebración del bautismo más solemne invitando a la comunidad, podría seguirse el Ritual ampliado que se encuentra en el dossier “El bautismo de niños”, publicado en esta misma colección.

El orden de la celebración
La celebración del bautismo consta de las siguientes partes: Rito de acogida – Saludo y diálogo inicial. – Signación * Liturgia de la Palabra – Lectura o lecturas * – Homilía – Oración de los fieles – Letanía – Oración de exorcismo * – Unción pre-bautismal o imposición de manos. Liturgia del Sacramento – Bendición del agua * – Renuncias y profesión de fe * – Bautismo * – Unción con el santo Crisma *

– Imposición del vestido blanco – Entrega del cirio encendido * – “Effeta” Conclusión del rito – Padrenuestro * – Bendición De modo especial en las celebraciones masivas, la cantidad de ritos previstos por el ritual puede desdibujar lo que es más central. En todo caso, podemos decir que los ritos más importantes, serían estos: signación, lectura o lecturas, oración de exorcismo, bendición del agua, renuncias y profesión de fe, bautismo, unción con el santo Crisma, entrega del cirio encendido, y padrenuestro (las hemos señalado con un asterisco en la lista anterior). Las circunstancias y posibilidades de cada lugar determinarán, en todo caso, la mayor o menor duración, la participación de los asistentes y la solemnidad que se le puede dar a la celebración del bautismo.

RITO DE ACOGIDA 1. Canto de entrada
Por ejemplo: Pueblo de Dios (CLN 704 / MD 629); Nueva vida (CLN 426 / MD 621); Fuente bautismal (CLN 427); Iglesia santa (CLN 428); Juntos como hermanos (CLN 403 / MD 635); Pueblo de reyes (CLN 401 / MD 612); Somos un pueblo que camina (CLN 719 / MD 668).

2. Saludo y diálogo inicial a) Celebrante: Hermanas y hermanos: Con gozo habéis vivido en el seno de vuestra familia el nacimiento de un niño. Con gozo venís ahora a la Iglesia a dar gracias a Dios y celebrar el nuevo y definitivo nacimiento por el Bautismo. Todos los aquí presentes nos alegramos en este momento, porque celebramos el amor de Dios por estos niños y su incorporación a la comunidad de los bautizados en Cristo. Dispongámonos a participar activamente.
(Las dos preguntas que siguen a continuación pueden hacerse o bien a los padres de cada niño uno tras otro, o bien a todos ellos a la vez; en este segundo caso, las familias responden a la primera pregunta pronunciando el nombre del pequeño uno tras otro, y a la segunda pregunta todos a la vez).

Celebrante: ¿Qué nombre habéis elegido para este niño? Padres: N. Celebrante: ¿Qué pedís a la Iglesia para vuestro hijo? Padres: El Bautismo (o bien otras respuestas: La fe; La gracia de Cristo; La entrada en la Iglesia; La vida eterna; etc.)
(Las dos preguntas que siguen son dirigidas a todos los padres, y después a todos los padrinos, a la vez).

Celebrante: Al pedir el Bautismo para vuestros hijos, ¿sabéis que os obligáis a educarlos en la fe, para que estos niños, guardando los mandamientos de Dios, amen al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio? Padres: Sí, lo sabemos. Celebrante: Y vosotros, padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres en esa tarea? Padrinos: Sí, estamos dispuestos. b) En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Con gozo habéis vivido en el seno de vuestra familia el nacimiento de un niño. Con gozo venís ahora a la Iglesia

a dar gracias a Dios y a celebrar su nuevo nacimiento, esto es, su bautizo. Estos niños, hijos vuestros, serán también desde hoy, visiblemente, hijos de Dios. El agua del bautismo que se derramará sobre ellos significará la vida nueva, el amor infinito, que Dios hoy les da. Y vosotros, que habéis venido aquí para dar gracias a Dios por este pequeño que tenéis en brazos, y que también queréis celebrar con gozo el amor con que Dios le ama, ayudaréis a estos niños para que a medida que vayan creciendo conozcan a Jesucristo y aprendan a vivir tal como él nos enseñó. Así, pues, uno tras otro presentad a vuestros hijos ante la comunidad aquí reunida pronunciando en voz alta su nombre.
(Los padres dicen el nombre de los pequeños. Si parece oportuno, pueden añadirse alguna o algunas de las preguntas de la monición anterior).

c) Os presentáis aquí entre nosotros, reunidos hoy en celebración festiva, con un niño en brazos. Eso significa que queréis formar parte de nuestra Iglesia; para vuestros hijos eso sólo es el inicio; para vosotros, un reafirmar la fe, o quizás un retorno a ella, una conversión. Os acogemos con gran gozo. Decid ahora vuestros nombres, y el de los hijos que traéis para ser bautizados. (Dicen los nombres). Estos nombres sean inscritos en el libro de la vida por la mano amorosa de Dios.

d) Acudís hoy a nuestra celebración con un niño en brazos. La nuestra es una celebración festiva: celebramos que Dios nos ha dado el don de la vida, una vida mortal que al injertarnos en Cristo Jesús se transforma en eterna. Y también nos alegramos porque Dios ha querido implicarse en nuestra vida, en nuestra historia humana, ponerse a nuestro lado, solidarizarse con nosotros encarnándose, viviendo y muriendo como un hombre cualquiera. Con el bautismo agradecemos el don de ser hijos de Dios y nuestra incorporación al misterio pascual de Jesucristo. Sed bienvenidos al seno maternal de la Iglesia y al seno paternal de Dios Padre por nuestro Señor Jesucristo. Decid ahora los nombres de estos hijos que traéis a bautizar. (Se dicen los nombres). Estos nombres sean inscritos en el libro de la vida por la mano amorosa de Dios. e) Podemos afirmar que, en cierto modo, esta celebración de hoy hace días ya la empezamos. Hace un tiempo los padres de estos niños vinieron a pedir el bautismo para sus hijos. Días después tuvimos un encuentro con estos mismos padres. Hablamos de lo que supone el bautizo: – la fe de los padres – la participación en la vida de la comunidad cristiana – el deseo de que los pequeños sean acogidos en ella – para vivir en comunión con Dios – sabiendo que esto nos obliga a educarlos cristianamente... Quedamos de acuerdo –como recordaréis– en que reflexionaríais sobre todo esto. Bien, vuestra presencia aquí demuestra que habéis decidido bautizar a vuestros hijos y que queréis hacerlo con plena conciencia. Yo quiero invitar ahora también a todos los aquí presentes –y de un modo muy especial a los padrinos– a participar de una manera activa y responsable en esta celebración. Agradeceremos a Dios el don de la vida de estos pequeños que serán desde hoy plenamente hijos suyos. Por todo ello, la comunidad cristiana acoge hoy a estos niños en un clima de gozo y de fiesta. Llenos de fe, iniciemos nuestra celebración con espíritu de oración.

(3. Oración de los padres)
En algunos lugares se ha introducido en este momento, después del saludo, una oración en que los padres presentan a sus hijos, que dice uno de ellos en nombre de todos o que (si hay garantías de que salga bien) dicen todos juntos. He aquí dos modelos posibles.

a) Señor, aquí tienes a nuestros hijos. Es lo mejor que tenemos. Tú nos los has dado para que los amemos con el mismo amor con que nos amamos a nosotros mismos. Tú sabes también que ya desde ahora vivir será para nosotros amar a estos hijos. Haz que ellos respondan también a tu amor y a nuestro amor, amando a todos los hombres sus hermanos. Si Jesús lo hizo, también lo haremos nosotros para ser tu pueblo y tu familia. Tú, Señor, lo eres todo para nosotros, en Jesucristo, que vive contigo por los siglos de los siglos. Amén. b) Señor, tú nos has dado estos hijos. Has puesto en nuestras manos estas vidas que ahora empiezan. Recibe ahora nuestro gesto de presentación en el que te damos gracias por tu bondad. Aquí tienes a nuestros hijos, míralos con tu amor de Padre, con tu confianza de Padre, abre ante ellos los caminos que conducen a ti, ayúdanos a todos a acompañar y servir su crecimiento, día tras día, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

4. Signación a) Hijos queridos (o bien: N., N., ...): Como vuestros padres os recibieron en la familia, la comunidad cristiana os acoge hoy con gran alegría. Yo, en su nombre, os hago la señal de la cruz en la frente, para que la llevéis siempre en vuestro corazón. Después de mí, también vuestros padres y padrinos os harán la misma señal de la redención de Jesucristo. b) Para reafirmar que vuestros hijos son acogidos en la Iglesia de Jesús, ahora los signamos y los bendecimos con la señal de la cruz en su frente. Lo haré yo, lo haréis vosotros, padres, lo harán asimismo los padrinos de estos niños (lo harán también este grupo de cristianos que nos acompañan representando a la comunidad cristiana). c) Nuestra vida, el mundo en que vivimos, rebosa de signos de amor. Desde el amor de la pareja y de los esposos, al amor sencillo y cotidiano que nos mantiene atentos a las necesidades de los demás. Estos signos nos acercan al amor más fiel y gozoso: el amor de Dios que Jesucristo nos ha mostrado al morir en la cruz. Por eso, iniciemos nuestra celebración con el signo de la cruz, distintivo de la vida cristiana. Antes de que N. y N. sean bautizados, yo en primer lugar, y después vosotros, sus padres, marcaremos la señal de la cruz sobre la frente de estos pequeños. Expresamos así su nueva vinculación a Jesucristo y a la comunidad cristiana.

Nuestra celebración de hoy sea dar gracias por el amor que supone la cruz de Jesucristo y también por el amor que hay en nosotros.

(5. Colecta)
En algunos lugares se ha introducido aquí, como conclusión del rito de acogida, una oración colecta. He aquí dos modelos.

a) Oremos. Señor Dios, que por medio del bautismo haces crecer a tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos; concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre de acuerdo con la fe que profesaron. Por... b) Cristo, Señor nuestro, por tu muerte hemos nacido a nueva vida, hemos nacido a tu misma vida para gloria del Padre. Padre, quédate con nosotros, para que estos niños vean que tú eres nuestro Padre y que para ti vivimos y viviremos siempre. Quédate con nosotros, para que estos niños sigan a Jesucristo, amigo, compañero y hermano, hombre en todo, siervo e Hijo tuyo, en la muerte y la gloria de la resurrección. Quédate con nosotros, para que estos niños se sientan fuertes con tu fuerza. Por...

LITURGIA DE LA PALABRA
6. Lecturas
El Ritual dice que se leen una o varias lecturas. Puede leerse, por tanto, simplemente una lectura del evangelio, a cargo de un lector, mientras los asistentes permanecen sentados. También, por supuesto, si hay condiciones, puede hacerse una liturgia de la Palabra más completa, con primera lectura a cargo de un lector, salmo con antífona cantada, y evangelio leído por el celebrante; incluso pueden leerse tres lecturas. Ofrecemos aquí, en primer lugar, una introducción general a las lecturas:

a) Como en toda celebración cristiana escucharemos ahora la Palabra de Dios. Las palabras de los apóstoles, las palabras de Jesús en el Evangelio, nos hablarán de la vida nueva que Dios nos ofrece siempre y que hoy derramará sobre estos pequeños. Escuchemos con atención. b) (Si sólo se lee un texto del evangelio). Como siempre hacemos al reunirnos los cristianos, escucharemos ahora la Palabra de Dios. Será un fragmento del Evangelio, una escena de la vida de Jesús, que nos ayudará a entender lo que hoy celebramos.
Si se lee más de una lectura, entre ellas se recita un salmo acompañado de una antífona

cantada (por ejemplo: Servid al Señor con alegría; El Señor es mi pastor; Todos cantamos a ti, Señor, aleluya). Puede ser introducido con una monición como estas:

a) Cantemos ahora, llenos de confianza, al Dios que nos ama y que quiere llenar con su amor a estos niños. b) Con gozo y con esperanza cantemos ahora a nuestro Dios. De él nace toda vida y todo amor. Él siempre nos protege con su bondad.

7. Homilía
Véanse modelos en el libro Nuevas homilías para el bautismo, publicado en esta colección. Después de la homilía, o en otro momento adecuado (por ejemplo al empezar o acabar la oración de los fieles o la letanía) será conveniente guardar unos momentos de silencio y de oración.

8. Oración de los fieles
El ritual presenta diversos modelos para la oración de los fieles. He aquí dos más, que por ser bastante largos, si conviene pueden ser reducidos (en el primer modelo suprimiendo algunas peticiones; en el segundo, suprimiendo alguna de las intenciones de cada apartado). La oración de los fieles no acaba con la plegaria conclusiva, sino que va seguida de la letanía, y esta concluye con la oración de exorcismo.

a) Oremos ahora, hermanos, al Padre del cielo por estos niños que hoy recibirán la gracia del bautismo, y por sus padres y padrinos, y por todos los hombres. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE. 1. Para que el bautismo haga que estos niños vivan como hijos de Dios, y el Señor los llene de su ternura y de su favor. OREMOS, HERMANOS. 2. Para que tengan fortaleza con la que vencer las tentaciones de este mundo. OREMOS,
HERMANOS.

3. Para que amen al Señor con todo su corazón y al prójimo como a sí mismos. OREMOS,
HERMANOS.

4. Para que, ayudados por la palabra y el ejemplo de sus padres y de la comunidad cristiana, crezcan como miembros activos de la Iglesia. OREMOS, HERMANOS. 5. Para que cumplan el mandamiento de Jesús y permanezcan siempre en su amor y en la práctica del Evangelio. OREMOS, HERMANOS. 6. Para que todos los hombres lleguen a participar de la nueva vida que brota del bautismo. OREMOS, HERMANOS. 7. Para que todos los que sufren paro, hambre, enfermedades... encuentren en nosotros solidaridad y ayuda. OREMOS, HERMANOS. 8. Para que el Señor bendiga con su amor a nuestras familias. OREMOS, HERMANOS. 9. Para que nuestros difuntos alcancen la gloria, y tengan vida eterna. OREMOS,
HERMANOS.

10. Para que todos los que hoy compartimos esta celebración renovemos la gracia de nuestro bautismo y vivamos según nuestra fe. OREMOS, HERMANOS. b) Hermanos: dirijámonos confiadamente a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él nos ama desde siempre y nos ha convertido en hijos suyos por la gracia del bautismo. Invoquemos su misericordia repitiendo: TE LO PEDIMOS, SEÑOR.

A) Oremos, en primer lugar, por los niños que hoy son presentados para recibir el bautismo (si son pocos, puede decirse el nombre de todos), – para que la semilla de la vida divina que hoy recibirán pueda fructificar por medio de una buena educación cristiana, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que puedan crecer con buena salud, acompañados por la presencia y el amor de sus padres y familiares, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que un día puedan tomar conciencia, en la fe, de que son hijos de Dios y miembros de la Iglesia, y vivan siempre según el Evangelio de Jesús, ROGUEMOS AL
SEÑOR.

B) Oremos también por sus padres, padrinos y familiares, que hoy los presentan a la Iglesia con alegría y esperanza, – para que el Señor les conceda vida, salud y trabajo, para poder atender a sus deberes de padres, padrinos y familiares, junto a estos niños, ROGUEMOS AL SEÑOR.

– para que se esfuercen en ser para ellos educadores de la fe y de la vida cristiana, y testimonios de amor y de honradez, ROGUEMOS AL SEÑOR. C) Oremos también por la Iglesia santa de Dios, que se alegra con la incorporación de nuevos miembros, – para que todos los que hemos recibido un mismo bautismo nos esforcemos en trabajar por la unidad de la Iglesia y vivamos como hermanos, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que todos los miembros de la Iglesia, unidos a los pastores que Jesucristo nos ha dado, seamos fieles testigos de la fe, por medio de la caridad y de las buenas obras, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que todos los bautizados seamos obedientes a la misión de anunciar el Evangelio de Cristo a todos los que no lo conocen ROGUEMOS AL SEÑOR. D) Oremos por los hombres del mundo entero y por sus necesidades, – para que haya paz en la tierra, fundamentada en la verdad y en la libertad, en el amor y la justicia, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que nadie se vea impedido, marginado, perseguido ni coaccionado en la profesión de la fe, ROGUEMOS AL SEÑOR. – para que todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu puedan hallar consuelo y esperanza, y nuestra ayuda fraternal y cristiana, ROGUEMOS AL SEÑOR. 9. Letanía
La oración de los fieles empalma con la letanía, que puede ser introducida con las palabras que aquí se indican. A los nombres previstos, pueden añadirse los patronos de los niños, el titular de la Iglesia, el patrón del lugar, los santos locales... Será bueno especificar la condición de cada santo: mártir, pastor de la Iglesia, etc.

La familia de los cristianos tiene unos miembros gloriosos e insignes: son la Virgen María y todos los santos. Ellos nos enseñan cómo es posible corresponder a la gracia del bautismo. Invoquémoslos ahora pidiendo su intercesión en favor de sus hermanos, que somos nosotros y estos niños. Contestaremos: RUEGA POR NOSOTROS. Santa María, Madre de Dios y madre nuestra, San Juan Bautista, precursor y mártir, San José, esposo de María,

San Pedro y san Pablo, apóstoles ... Todos los santos y las santas de Dios, que habéis caminado delante de nosotros. 10. Oración de exorcismo, para implorar la protección de Dios a) Señor Dios todopoderoso, que enviaste a tu Hijo único para que el hombre, esclavo del pecado alcance la libertad de tus hijos. Tú sabes que estos niños van a sentir las tentaciones del mundo seductor y van a tener que luchar contra los engaños del demonio. Por la fuerza de la muerte y resurrección de tu Hijo, arráncalos del poder de las tinieblas y, fortalecidos con la gracia de Cristo, guárdalos a lo largo del camino de la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. b) Dios todopoderoso y eterno, que has enviado tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas, al Reino de tu luz admirable; te pedimos que estos niños, lavados del pecado original, sean templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en ellos. Por Cristo N.S. c) Señor, Dios nuestro, tú nos has dado a Jesús, tu Hijo, como buen pastor. Él nos conoce a todos por nuestro nombre. Te damos gracias por la nueva vida que has creado, y por estos niños que ahora nos confías.

Tú les has dado oídos para oir y ojos para ver; bendice la boca de estos niños para que aprendan a reír y a hablar sin temor y sin falsedad; bendice sus manos para que puedan hacer el bien a favor de todas las personas que encuentren a lo largo de su vida. Te pedimos por estos niños: protégelos en este mundo cruel. Presérvalos de todo lo que es inhumano y violento. Concédenos a nosotros adultos no escandalizarlos nunca, sino ayudarlos en el camino del amor verdadero. Y si el pecado llegase un día a ejercer su poder sobre ellos, acuérdate de que eres su Padre y no puedes abandonarlos. Por Cristo, nuestro Señor.

11. Unción pre-bautismal o imposición de manos
La oración del exorcismo acaba con la unción de los niños con el óleo de los catecúmenos. Pero, si se cree conveniente, ésta puede ser omitida y en su lugar se imponen las manos (rito muy significativo y tradicional). Si se hace la unción antes se dice:

Para que el poder de Cristo Salvador os fortalezca, os ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Si se hace la imposición de manos, antes se dice:

Os fortalezca el poder de Cristo Salvador, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

LITURGIA DEL SACRAMENTO
Si el número de niños permite que el bautismo sea celebrado en el baptisterio, ahora se hace la procesión desde el lugar donde se ha desarrollado la Liturgia de la Palabra. Si en el baptisterio no hay espacio suficiente y el bautizo ha de celebrarse en el presbiterio, será adecuado que se realice ahora algún tipo de movimiento que destaque el inicio de la Liturgia Bautismal: por ejemplo, que padres y padrinos suban al presbiterio con los pequeños. Después del bautismo, o acabada toda la liturgia bautismal y antes del Padrenuestro, puede resultar un gesto amable invitar a padres y padrinos a besar al niño recién bautizado. Finalmente, téngase en cuenta –según las condiciones del lugar– cómo realizar mejor los desplazamientos diversos que el ritual contempla (en algún lugar será mejor unificar el doble desplazamiento para bautizar y para encender el cirio, tomando la llama inmediatamente después del bautizo).

12. Monición introductoria Llegamos ya al momento de la celebración del bautismo. En primer lugar, rogaremos a Dios que llene con su amor y con su gracia a estos pequeños, mediante la acción del agua. Después, padres y padrinos manifestaréis vuestro compromiso de ayudar a estos niños a crecer en el camino del Evangelio, renunciando a todo lo que está contra él y afirmando vuestra fe. Y, a continuación, celebraremos el bautismo, que es el don de Dios que llena de su vida y de su amor a estos niños. 13. Bendición e invocación de Dios sobre el agua a) En tiempo pascual, cuando hay agua consagrada en la Vigilia Ahora oremos, bendiciendo al Señor. Podéis responder a cada invocación:
SEAS POR SIEMPRE, SEÑOR.

BENDITO

Bendito seas, Dios Padre todopoderoso, porque has creado el agua que purifica y da la vida. – Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas, Dios Hijo único del Padre, Jesucristo, porque de tu costado abierto hiciste brotar agua junto con la sangre, para que de tu muerte y resurrección naciera la Iglesia. – Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas, Dios Espíritu Santo, porque ungiste a Cristo bautizado en las aguas del Jordán, para que nosotros seamos bautizados en ti. – Bendito seas por siempre, Señor. Por el sacramento de este agua, da la vida espiritual a N. y N., tus elegidos, llamados al Bautismo en la fe de la Iglesia, para que tengan vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. b) Fuera del tiempo pascual Bendigamos a Dios, respondiendo a cada una de las invocaciones diciendo: BENDITO
SEAS POR SIEMPRE, SEÑOR.

Bendito seas, Dios Padre todopoderoso, porque has creado el agua que nos purifica

y nos da la vida. – Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas, Dios hijo único del Padre, Jesucristo, porque de tu costado abierto hiciste brotar agua junto con la sangre, para que de tu muerte y resurrección naciera la Iglesia. – Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas, Dios Espíritu Santo, porque ungiste a Cristo bautizado en las aguas del Jordán, para que nosotros seamos bautizados en ti. – Bendito seas por siempre, Señor.

Y ahora, responded a cada plegaria diciendo: ESCÚCHANOS, SEÑOR. Escúchanos, Señor, Padre único, y santifica esta agua, creatura tuya, para que los bautizados en ella queden limpios de pecado y renazcan a la vida de hijos de Dios. – Escúchanos, Señor. Santifica esta agua, creatura tuya, para que los bautizados por ella en la muerte y resurrección de Cristo, respondan a la imagen de tu Hijo. – Escúchanos, Señor. Santifica esta agua, creatura tuya, para que el Espíritu Santo dé la vida nueva a tus elegidos y sean miembros de tu pueblo santo. – Escúchanos, Señor. c) Fuera del tiempo pascual Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu creatura, el agua, para significar la gracia del Bautismo. Oh Dios, cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar. Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahán,

para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados. Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Mira, ahora, a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo: Que este agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
El celebrante toca el agua con la mano derecha y prosigue:

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente, para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el Bautismo, resuciten con él a la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Todos: Amén.
Véanse también las demás fórmulas del Ritual.

14. Introducción a la renuncia y a la profesión de fe a) Queridos padres y padrinos: En el sacramento del bautismo, estos niños que habéis presentado a la Iglesia van a recibir, por el agua y el Espíritu Santo, una nueva vida que brota del amor de Dios. Vosotros, por vuestra parte, os esforzaréis en educarlos en la fe, de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en ellos de día en día. Así pues, si estáis dispuestos a aceptar este compromiso, recordando vuesto propio bautismo, renunciad al pecado y confesad vuestra fe en Cristo Jesús, que es la fe de la Iglesia, en la que van a ser bautizados vuestros hijos. b) Queridos padres y padrinos: Bautizar a un niño no puede quedarse sólo en un rito o una ceremonia. Sin duda es una fiesta por su nacimiento y una oración para que Dios vele por él y lo proteja; pero es al mismo tiempo también una promesa y un compromiso por nuestra parte. Esos niños están en nuestras manos: gran parte de su futuro dependerá de lo que nosotros hagamos.

Por eso ahora afirmamos con fe, en voz alta, este compromiso que sentimos o deberíamos sentir en el alma. 15. Renuncia al mal a) Responded ahora a cada pregunta diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS) – ¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios (o: para vivir de verdad como hijos de Dios)? – ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado? – ¿Renunciáis a Satanás, padre y origen del pecado?

b) Responded ahora a cada pregunta, diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS). – ¿Renunciáis a toda forma de abuso, hipocresía, egoismo o desprecio hacia los demás? – ¿Renunciáis a desentenderos de las injusticias y de las necesidades de las personas por cobardía, pereza, comodidad o interés personal? – ¿Renunciáis a tener como primer objetivo de vuestra vida el afán de dinero, de placer o de bienestar propio; esto es, renunciáis a pensar tan sólo en vosotros mismos, olvidándoos del prójimo y de Dios?
Véanse también las demás fórmulas del Ritual.

16. Profesión de fe Profesad ahora vuestra fe, contestando a cada pregunta: SÍ, CREO (o bien: SÍ, CREEMOS). – ¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra? – ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la drecha del Padre? – ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.
La asamblea entera responde: Amén, adhiriéndose a la profesión de fe de los padres y padrinos. Si quiere solemnizarse esta adhesión, podría cantarse un canto que exprese adhesión a la fe (o incluso recitar el Credo).

17. Bautismo
Hecha la renuncia y la profesión de fe, el celebrante invita a la primera familia a acercarse a la pila bautismal. Si no sabe el nombre de cada niño, lo pregunta a los padres (no en secreto, sino en voz alta) y a continuación les formula la pregunta ritual sobre si quieren bautizar a su hijo. Tal como indica el Ritual “es mejor que sea el padre o la madre quien sostenga el pequeño mientras es bautizado; no obstante, allí donde parezca oportuno conservar la costumbre vigente hasta ahora, puede ser llevado por la madrina o el padrino”. La madrina puede secar al niño después del bautizo. Después de cada bautizo, mientras se retira una familia y se acerca otra, se puede cantar la estrofa de un himno, o una aclamación; si son muchos bautizos puede cantarse todo el tiempo

que duren (empezando después del segundo o tercer bautizo, para que se hayan oído antes las fórmulas rituales). Mientras duran los bautizos, la asamblea puede estar sentada.

¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo N. sea bautizado en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar? – Sí, queremos. N, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 18. Monición antes de los ritos complementarios Hemos celebrado ya el bautizo de estos niños. (Ahora, padres y padrinos, dad un beso a vuestros hijos ya bautizados). Ellos inician hoy un camino, reciben una vida nueva. En la antigüedad, cuando un rey iniciaba su mandato, era ungido con aceite para indicar así su dignidad; en Israel también eran ungidos los profetas que recibían una misión. Ahora, ungiremos también nosotros a estos niños para expresar su dignidad de cristianos, y la misión que se les confía de continuar la obra de Jesucristo. Después serán revestidos con un vestido (nuevo), blanco, para destacar esa vida nueva que hoy empiezan a vivir. Y finalmente encenderemos para cada uno de ellos un cirio. Tomaréis la luz de la llama del cirio pascual, este cirio que nos ilumina a todos, recordándonos a Jesucristo, luz del mundo. Que él ilumine a estos recién bautizados a lo largo de toda su vida.

19. Unción con el crisma
El celebrante dice la oración y unge a continuación a cada uno de los niños. El recipiente del crisma debe ser digno, al igual que el aceite usado. Una vez ungidos, no se debe secar el aceite a los pequeños. Si el número de bautizandos es considerable, puede repetirse mientras dura la unción el canto que se cantó durante los bautizos.

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, os consagre con el crisma de la salvación para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Todos: Amén.

20. Imposición del vestido blanco
Para que el signo sea relevante, es conveniente que el vestido sea eso, un vestido, y no una mera capucha. Si parece oportuno, se puede proponer a las familias que lo traigan. (Quizá será más fácil que el vestido sea “nuevo”, que “blanco”).

N. y N., sois ya nueva creatura y habéis sido revestidos de Cristo. Esta vestidura blanca nueva sea signo de vuestra dignidad de cristianos. Ayudados por la palabra y el ejemplo de los vuestros, conservadla sin mancha hasta la vida eterna. Todos: Amén.

21. El cirio encendido
El celebrante toma el cirio pascual, o lo toca, diciendo:

Recibid la luz de Cristo.
Y uno de cada familia (p.e., el padre o el padrino) enciende el cirio de cada niño en la llama del cirio pascual. Luego el celebrante les dice:

a) A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz. Y perseverando en la fe, puedan salir con todos los santos al encuentro del Señor. b) A vosotros, padres y padrinos, se os confía mantener siempre encendida esta luz. Que seáis siempre luz para estos niños. Que sepáis iluminarles en el camino de la vida con vuestro afecto, con vuestra palabra, con vuestra manera de vivir. Que, por medio de vosotros, Jesucristo les guíe siempre con su luz. c) Un cirio encendido es como un deseo, un augurio. Que vosotros, niños, podáis tener siempre a vuestro lado, ya en estos primeros años de vuestra vida, a padres, padrinos y amigos que os guíen, os iluminen con un consejo, una palabra de Dios, un gesto de afecto. Que nunca os quedéis en la oscuridad, alejados del bien y de la verdad. Y que vosotros, padres y padrinos, no os echéis nunca atrás, sino que, del mismo modo que este cirio da luz, sepáis dar también a vuestro hijo la luz y la claridad de Jesús y su evangelio. 22. “Effeta”
Si el celebrante lo cree adecuado pueda realizar el rito del “Effeta”; con el dedo pulgar toca las orejas y la boca de cada niño, diciendo:

El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén.

CONCLUSIÓN
23. Oración del Señor a) Hermanos: Estos niños, nacidos de nuevo por el Bautismo, se llaman y son hijos de Dios. Un día recibirán por la Confirmación la plenitud del Espíritu Santo. Se acercarán al altar del Señor, participarán de su mesa e invocarán a Dios como Padre en medio de su Iglesia. Ahora nosotros, en nombre de estos niños, que son ya hijos por el espíritu de adopción que todos hemos recibido, oremos juntos como Cristo nos enseñó: Padre nuestro... b) Acabamos ya esta celebración. Y la acabaremos diciendo juntos la oración que Jesucristo nos enseñó para dirigirnos a Dios nuestro Padre: el padrenuestro. Jesús lo enseñó a los apóstoles. Desde entonces, de generación en generación los cristianos nos lo hemos ido pasando como una señal que nos identifica. Ahora, estos niños no pueden todavía recitarlo. Pero pronto lo han de aprender, porque vosotros –sus padres– se lo enseñaréis y así podrán rezarle a Dios como Jesús nos enseñó. Por eso ahora, en nombre de estos niños, llenos de fe, decimos juntos: Padre nuestro... 24. Bendición final a) – El Señor todopoderoso, por su Hijo, nacido de María la Virgen, bendiga a estas madres y alegre su corazón con la esperanza de la vida eterna, alumbrada hoy en sus hijos, para que del mismo modo que le agradecen el fruto de sus entrañas, perseveren con ellos en constante acción de gracias. Por Jesucristo nuestro

Señor. Amén. – El Señor todopoderoso, dispensador de la vida temporal y la eterna, bendiga a estos padres, para que junto con sus esposas

sean los primeros que, de palabra y obra, den testimonio de la fe ante sus hijos, en Jesucristo nuestro Señor. Amén. – El Señor todopoderoso, que nos ha hecho renacer a la vida eterna por el agua y el Espíritu Santo, bendiga a estos fieles, para que, siempre y en todo lugar, sean miembros vivos de su pueblo; y conceda la abundancia de su paz a todos los aquí presentes, en Jesucristo. nuestro Señor. Amén. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén. ¡Enhorabuena! b) Que el Dios del amor os bendiga a vosotras, madres; a vosotros, padres; a vosotros, padrinos, y a todos los que estáis aquí. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén. ¡Enhorabuena! c) Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestros hijos. Dadles vuestro amor, vuestro cariño, vuestra fe. Todos nosotros, todos los que nos hemos reunido hoy aquí –en esta iglesia– os deseamos que seáis muy felices. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. ¡Enhorabuena!
Ver otros modelos en el Ritual.

25. Canto final
La celebración del bautismo puede acabarse con un canto que sea una aclamación breve. O también con un canto popular mariano.

2. BAUTISMO DURANTE LA MISA

Si bien no ha de ser ésta la práctica habitual, sí será bueno celebrar alguna vez el bautismo de niños dentro de la misa dominical, de un modo especial cuando los padres de los pequeños a bautizar participan habitualmente en aquella celebración de la Eucaristía. Celebrando el bautismo durante la misa se destaca especialmente el aspecto de incorporación a la Iglesia que este primer sacramento comporta, y a la vez sirve para que los que participan en aquella

celebración recuerden y renueven su propio bautismo. Cuando se celebra el bautismo dentro de la misa ni el celebrante ni los que le han ayudado a prepararlo han de pretender convertir aquella celebración en una catequesis o una instrucción detallada del sentido de los diversos ritos bautismales, pues esto la haría pesada para los asistentes; la agilidad y la buena ejecución de los ritos son mucho más eficaces que multitud de explicaciones, ya que no todo pasa por la comprensión intelectual. Habrá que ver también en qué días se celebra el bautismo dentro de la misa, para que no se desvirtúe su contexto litúrgico. Por ejemplo, no se ha de bautizar durante las misas de Cuaresma, ni del día de Difuntos. Tampoco es bueno hacerlo en los días más solemnes, pongamos por caso Navidad, ya que el bautismo impediría concentrar toda la atención en la fiesta que se celebra (¡en la Vigilia y los domingos de Pascua, sí, por supuesto, ya que el bautismo forma parte del sentido profundo de ese día!). Y sería conveniente también no hacerlo cuando las lecturas propias del domingo sean difícilmente relacionables con el bautismo.

El orden de la celebración de la Eucaristía podrá ser el que indicamos a continuación.

RITOS INICIALES
La misa empieza con el saludo, la acogida y la signación de los niños. Después, omitido el acto penitencial, se dice el Gloria (si lo hay) y la oración colecta del domingo.

LITURGIA DE LA PALABRA
Las lecturas serán las correspondientes a aquel domingo (en algún caso, en los domingos del tiempo ordinario, se podrá cambiar la primera o la segunda lectura por alguna de las previstas para el bautismo). Hecha la homilía, no se dice el Credo ya que la asamblea se adherirá a la profesión de fe bautismal. La oración de los fieles puede ser según el formulario propio para el bautismo, asegurando que haya alguna intención por la Iglesia y por todos los hombres; o bien alguno de los formularios del domingo al que se añadirá alguna intención por los niños y también por sus padres y padrinos.

LITURGIA DEL BAUTISMO
Después de la oración de los fieles tienen lugar los ritos bautismales, desde la oración de exorcismo (pág. 24) hasta la entrega del cirio (pag. 34), procurando que se destaquen los ritos principales. Será conveniente que padres y padrinos con los pequeños estén colocados mientras dura la liturgia bautismal en algún lugar donde sean visibles para la asamblea.

También será conveniente hacer resaltar la adhesión de la asamblea a la profesión de fe de los padres y padrinos, según se indica en la pág. 31: recitando el “Credo”, o cantando algún canto que indique adhesión a la fe. Si se quiere dar más relieve a la celebración, después de bautizar a los pequeños puede hacerse la aspersión a toda la asamblea.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
La Liturgia de la Eucaristía empieza con la presentación de las ofrendas, que pueden hacer los padres y padrinos.

Seria bueno resaltar la recitación del Padrenuestro. Por ejemplo, con la siguiente monición:

Hoy, durante esta Eucaristía, hemos bautizado a unos niños. Son ya cristianos, miembros de la familia de los hijos de Dios. Ellos, como hacemos nosotros cada domingo, un día participarán también de la mesa que Jesús nos prepara. Ellos también, como hacemos nosotros, un día –después de haberlo aprendido de boca de sus padres– se dirigirán a Dios con la oración de Jesucristo, el padrenuestro. Hoy, pues, de modo especial, movidos por la fe y en nombre de estos pequeños, antes de participar de la mesa de la Eucaristía, digamos la oración que Jesús nos enseñó:

RITO DE DESPEDIDA
Si parece oportuno puede utilizarse alguno de los formularios de bendición final propio del bautismo.

3. BAUTISMO DE NIÑOS

EN EDAD CATEQUÉTICA

Cuando se presentan al bautismo niños que han llegado a la edad de la catequesis (el antiguamente llamado “uso de razón”), no se debe seguir el Ritual para el Bautismo de Niños, sino que debe realizarse un proceso catequético con los propios niños, que ya son capaces de empezar a entender el significado del sacramento que recibirán y que les abrirá las puertas de la Iglesia. Las indicaciones y materiales para realizar este proceso y para celebrar el sacramento en sus distintos pasos se encuentran en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA). Asimismo, será conveniente leer las orientaciones que sobre este tema publicó la Comisión Episcopal Española de Liturgia (ver Phase 195(1993), con el comentario de J. Aldazábal). Para ayudar a ello, ofrecemos, en las páginas que vienen a continuación, en primer lugar, un amplio extracto de las sugerencias que sobre este tema publicó la Delegación Diocesana de Pastoral Sacramental y Liturgia de Barcelona. En estas sugerencias se indica el esquema de los ritos previos a la celebración del bautismo propiamente dicha (la entrada en el catecumenado, a celebrar en el primer mes de la catequesis, y los escrutinios y entregas, a celebrar durante la Cuaresma), así como el lugar en el que encontrar los textos correspondientes en el RICA. Y luego presentamos el orden de la celebración del bautismo, con las correspondientes moniciones y demás materiales, tanto si se celebra dentro de la misa como fuera. Nótese que esa celebración nunca debe hacerse durante la Cuaresma, y que el momento ideal es en la Vigilia Pascual (si se puede asegurar la participación consciente y digna de los niños y acompañantes) o en los domingos de Pascua. Finalmente, recuérdese que, al preparar a los niños para el bautismo, no debe hacerse sólo la preparación del contenido y la vivencia de la fe, sino también del sentido y desarrollo de los mismos ritos.

La iniciación de los niños en edad catequética
La Delegación Diocesana de Pastoral Sacramental y Liturgia ofrece un sencillo itinerario para la preparación y la celebración bautismal de niños que se encuentran en edad catequética, tal como se prevé en el Ritual de la iniciación cristiana de adultos (véase cap. V “Ritual de la iniciación de los niños en edad catequética”, nn. 306-369). Lo hace para dar una respuesta práctica a los casos que, por los motivos que sean, cada vez se presentan más en las parroquias, de modo que la celebración sea –como debe ser– una celebración de la comunidad. Situación y justificación El Ritual del Bautismo de los Niños (n. 44) y el Código de Derecho Canónico (c. 867,1) indican que “los padres tienen la obligación de procurar que los niños sean bautizados durante las primeras semanas que siguen al nacimiento” (el bautismo es a la vez gracia y Espíritu, es nacer a la vida de hijo de Dios, recibir el don del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo). Con todo, en nuestra diócesis nos encontramos que aumenta el número de niños que llegan a la edad escolar (7 años) y que no han sido bautizados ni suficientemente evangelizados. Las causas son muy diversas: por razones sociológicas o ideológicas, por incuria, también por motivos de mayor respeto a la opción personal en lo que se refiere a la fe, etc. Ahora bien, la integración social en grupos de niños que “van a la catequesis” o el hecho de celebrar la primera comunión los compañeros de clase o los amigos, así como también una maduración en los planteamientos familiares, despiertan o pueden despertar en el niño un deseo de ser bautizado, como sus compañeros, y de hacer al igual que ellos la primera comunión. Creemos que la Iglesia debe acoger con gozo y respeto este primer despertar de la fe, y caminar con estos niños revelándoles progresivamente las riquezas de todo el misterio de Cristo. Para que también ellos, de todo corazón, se puedan convertir al Dios vivo y nacer del agua y del Espíritu Santo.

Por eso quien acoja el deseo del niño y la demanda de los padres, deberá abstenerse de culpar a los padres por el retraso en la recepción del bautismo, o de cargar al niño con una culpa de la que él no es repsonsable. Debe actuar positivamente, de modo que el niño encuentre una incipiente comunidad de Iglesia que le ayude a sentirse cristiano y motivar a los padres para que no se desentiendan del camino de fe que el hijo desea seguir, ayudándolos no sólo con exhortaciones sino ofreciéndoles los medios prácticos que necesitan para responder mejor a la vocación que han recibido de Dios. Llamamiento Un primer paso para que la Iglesia exprese su acogida gozosa para estos niños y sus padres es que, a nivel parroquial o arciprestal, según sea oportuno en cada lugar, se haga un llamamiento público. Es decir, que todo el mundo sepa que puede hacer esta petición, no de modo vergonzante, sino con la seguridad de que serán bien recibidos. Ahora bien, será preciso manifestar con claridad, como ya ha sido expresado más arriba, que la voluntad de la Iglesia es que los padres cristianos lleven a bautizar a sus hijos recién nacidos y con la debida preparación. La preparación bautismal del niño o catecumenado Duración.– Respondiendo a los deseos del niño y a la demanda de los padres, el niño en edad escolar entre los 7 y los 12 años, será invitado a formar parte de un grupo catequético. La duración del catecumenado de niños debe responder a la psicología propia de esta edad y al proceso de maduración de la fe personal que el sacramento necesita. Se debe evitar el correr demasiado, poniendo el bautismo al principio de todo sin dar tiempo a una catequesis suficiente, o bien retrasarlo tanto que pierda su sentido de inicio a la vida cristiana. Normalmente el tiempo de catecumenado debería tener la misma duración que el tiempo de preparación catequética a la primera comunión de los compañeros: dos años o uno, según la práctica parroquial, arciprestal o de la zona. Celebración litúrgica de entrada al catecumenado.– Al comienzo del curso catequético –dentro del primer mes–, con la presencia del grupo de niños de la catequesis, de los padres y los padrinos, incluso de los familiares más cercanos, en la iglesia o en algún otro lugar adecuado, será bueno celebrar la entrada del niño en la comunidad catecumenal. De acuerdo con el Ritual de la iniciación cristiana de adultos (nn. 314329) esta celebración se podría componer de los siguientes elementos: Diálogo entre el ministro y el niño o niños. Diálogo entre los niños y los padres, y los padres y el ministro. Signación. Proclamación de la Palabra de Dios y entrega de los Evangelios.

Como se indica en el Ritual los textos deberán acomodarse a la mentalidad de los niños. Tiempo catequético, los llamados escrutinios y la entrega del Símbolo y del Padrenuestro.– Los niños siguen la catequesis con el grupo formado por los compañeros y amigos. Cuando se acerque el momento en el que deben ser admitidos al bautismo, hay que prever un tiempo fuerte catecumenal litúrgico, que coincidirá con la Cuaresma, para recibir el bautismo en tiempo de Pascua. Como prevé el catecumenado tradicional de los adultos y el Ritual propone de modo adaptado para los niños (nn. 330-342; 181-192), se celebran los “escrutinios” y la entrega del Símbolo y del Padrenuestro. No hay que copiarlo ni hacerlo todo, pero pedagógicamente puede ser útil tenerlo en cuenta. Proponemos realizar un “escrutinio” que ponga de relieve el carácter “conversional” o penitente del bautismo, en la tercera semana de Cuaresma; la entrega del Símbolo en la cuarta semana; y la del Padrenuestro en la quinta. Escrutinio penitencial (Ritual nn. 330-342) – Saludo expresando la presencia salvadora de Cristo. – Proclamación del perdón por la Palabra de Dios. – Plegaria sincera de petición de perdón.

– Exorcismo, unción, imposición de manos. – Primera confesión de los compañeros, como prevé el Ritual (así estos niños ya bautizados, compañeros del grupo catequético, participan activamente en esta celebración y son ejemplo para que en su día los demás lo puedan hacer. Ritual nn. 332 y 342). Entrega del Símbolo o “Credo” (Ritual, nn. 183-187) – Saludo. – Proclamación de la Palabra y homilía explicando el significado del Símbolo. – Recitación del Símbolo por la comunidad de bautizados. – Oración sobre los elegidos. Entrega del Padrenuestro (Ritual, nn. 188-192) – Saludo. – Proclamación de la Palabra, especialmente del evangelio sobre el Padrenuestro (Mt 6,9-13) y homilía. – Oración sobre los elegidos.

La celebración del bautismo La práctica normal de las catequesis de nuestras parroquias que preparan a niños para la primera comunión es que se celebre en un domingo de Pascua o en los que siguen. Ya que los niños que deben ser bautizados forman parte de estos grupos, lo mejor sería que en la misma celebración eucarística los catecúmenos recibieran el bautismo y juntos la eucaristía. Todavía más: sería deseable, como se indica en el Ritual (n. 343), que toda la celebración fuese en la Vigilia Pascual. Esto, claro está, se deberá determinar en cada parroquia o arciprestazgo. Por todo lo que hemos dicho, queda claro que la celebración bautismal de estos niños, tanto si se celebra dentro de la eucaristía como si no, debe ser en verdad una celebración gozosa de la comunidad cristiana.

CELEBRACION DENTRO DE LA MISA
La celebración del bautismo de los niños en edad catequética –como el de los adultos– tiene su lugar normal dentro de la celebración de la Eucaristía, en la que los niños reciben los tres sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía. Sin embargo, dada la práctica pastoral establecida en nuestras diócesis, habría que ver si no sería mejor diferir la confirmación hasta la adolescencia, para celebrarla junto con los demás adolescentes (ver el mencionado número de Phase 195(1993), y RICA nn. 34 (pág. 25), 224 y 358. La misa en la que los niños serán bautizados debe ser una misa en la que participe realmente la comunidad cristiana, para resaltar la incorporación plena de aquellos niños a la vida comunitaria. Normalmente, esta misa será la de la Vigilia Pascual (si se puede garantizar la participación consciente y digna de los niños y sus acompañantes) o la de un domingo de Pascua. Los textos de las lecturas serán, entonces, los que corresponden al día. En cambio, si el bautizo se celebra un día en el que lo permitan las normas litúrgicas, se podrán escoger entonces lecturas del leccionario del bautismo, y también las oraciones y demás elementos (Misal, pág. 771ss.)

1. Ritos iniciales
La misa empieza como siempre: canto de entrada, saludo, acto penitencial, gloria, colecta. El celebrante y el monitor, sin embargo, deberán situar la característica propia de aquella celebración, en la que unos niños serán bautizados y se incorporarán plenamente a la vida cristiana. Si se trata de una misa en la que, por ejemplo, otros niños ya bautizados celebren su primera comunión, también deberá señalarse.

2. Liturgia de la Palabra
Se leen las lecturas según hemos indicado más arriba. La liturgia de la Palabra termina con la homilía, a continuación de la cual comienza la liturgia bautismal (la profesión de fe se incorpora al rito bautismal, y la oración de los fieles se hace después).

3. Monición introductoria a la liturgia bautismal
Después de la homilía, los niños, con sus padres y padrinos, se acercan a la fuente bautismal. El celebrante puede introducir la celebración con estas palabras u otras semejantes:

N. y N. se han preparado durante un largo tiempo para recibir hoy el bautismo, por el que serán hechos hijos de Dios y miembros de la familia de los cristianos. Sus padres (y también sus padrinos) les han acompañado en este camino. Ahora, todos nosotros, reunidos en torno a Jesucristo, como comunidad de cristianos, dispongámonos a participar en esta celebración tan importante. Comencemos invocando la gracia y la misericordia de Dios, nuestro Padre. 4. Bendición e invocación de Dios sobre el agua Véase pág. 26.

5. Profesión de fe de la comunidad
Si parece oportuno, ahora, antes de la renuncia al mal y la profesión de fe de los niños, se invita a los padres y padrinos, y a toda la asamblea, a hacer su profesión de fe, como ejemplo para los niños y como signo de la voluntad de ayudarles en su crecimiento cristiano. La profesión de fe se hace recitando el símbolo de los apóstoles. También puede hacerse recitando el credo niceno-constantinopolitano.

6. Introducción a la renuncia y profesión de fe N. y N., habéis pedido el bautismo y habéis empleado largo tiempo en vuestra preparación. Vuestros padres han dado su asentimiento a vuestro deseo; los catequistas, vuestros compañeros y amigos os han ayudado; y hoy todos os prometen su ayuda fraterna y el ejemplo de su fe. Ahora sólo falta que vosotros hagáis la profesión de fe en presencia de la Iglesia, y seréis bautizados. 7. Renuncia al mal a) Responded ahora a cada pregunta diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS). – ¿Renunciáis al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios (o bien: para vivir verdaderamente como hijos de Dios)? – ¿Renunciáis a las seducciones del mal, para que no os domine el pecado? – ¿Renunciáis a Satanás, que es autor y origen del pecado? b) Responded ahora a cada pregunta diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS) – ¿Renunciáis a cualquier tipo de hipocresía, egoismo personal o desprecio hacia los demás? – ¿Renunciáis a desentenderos de las necesidades de las personas, por cobardía, pereza o comodidad? – ¿Renunciáis a tener como primer objetivo de vuestra vida la búsqueda del placer y

del propio bienestar; es decir, renunciáis a pensar sólo en vosotros mismos olvidándoos de los demás y de Dios? 8. Profesión de fe y bautismo
Cada niño hace su profesión de fe y es bautizado. Después de cada bautismo puede cantarse una breve aclamación.

Ahora, cuando os pregunte a cada uno de vosotros, responderéis a cada pregunta diciendo: “Sí, creo”. Y luego, llenos de esta fe, recibiréis el agua del bautismo que os hace hijos de Dios. – N., ¿crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? – ¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María, la Virgen, murió y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre? – ¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos, y en la vida eterna? N., yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 9. Unción con el crisma
(Esta unción no se hace si luego los niños recibirán la confirmación)

Hoy, N. y N., ha empezado para vosotros algo nuevo, una vida nueva: tenéis la dignidad de los hijos de Dios, estáis llamados a vivir como hijos de Dios. Por eso, como se hacía antes con los reyes que comenzaban su mandato, como se hacía con los profetas cuando se les confiaba una misión, os ungiremos con el aceite consagrado, con el aceite de la fortaleza y de la novedad de Dios. El Dios omnipotente y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os hizo renacer mediante el agua y el Espíritu Santo, y que os concedió el perdón de todos los pecados, él mismo os unge con el crisma de la salvación, para que, agregados a su pueblo, como miembros de Cristo sacerdote, profeta y rey, permanezcáis para la vida eterna. Amén.
El celebrante unge con el santo crisma a cada niño.

10. El cirio encendido
El celebrante toma (o toca) con las manos el cirio pascual, y dice:

Acercaos, padrinos y madrinas, para que entreguéis la luz a estos nuevos cristianos.
Se acercan los padrinos y madrinas y encienden un cirio en el cirio pascual, y se lo entregan al neófito. Entonces el celebrante dice:

Habéis sido transformados en luz de Cristo. Caminad siempre como hijos de la luz, a fin de que perseveréis en la fe y podáis salir al encuentro del Señor, cuando venga con todos los santos en la gloria eterna. Amén. 11. Celebración de la confirmación
En los lugares en los que sea conveniente celebrar la confirmación, ésta tiene lugar ahora, según se indica en el Ritual (nn. 361-365).

12. Oración de los fieles

Hermanos, como pueblo de los hijos de Dios, presentemos ahora nuestras plegarias al Padre. Pidamos hoy especialmente por estos niños que han recibido el bautismo, por sus padres y padrinos, y también por la Iglesia y por todos los hombres. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE. 1. Por N. y N., que hoy han recibido el bautismo y han sido renovados por la gracia del Espíritu Santo: que Dios los bendiga siempre con su amor, y haga de ellos fieles seguidores del Evangelio. OREMOS AL SEÑOR. 2. Por sus padres y padrinos, y por toda la comunidad de los cristianos: que todos seamos ejemplo de auténtica fe y amor para estos niños. OREMOS AL SEÑOR. 3. (Por N., N. y N., que hace ya tiempo que recibieron el bautismo y que hoy participarán por primera vez de la mesa de la Eucaristía: que acompañados también de sus padres, aprendan cada día más a conocer y a amar a Jesucristo. OREMOS AL
SEÑOR).

4. Por la Iglesia entera: que sea para todos los hombres fuente de esperanza y de amor. OREMOS AL SEÑOR. 5. Por los hombres y mujeres que sufren por la pobreza, el hambre o las enfermedades: que no les falte la fortaleza de Dios y nuestra solidaridad y ayuda. OREMOS AL SEÑOR. 6. Por nosotros, por nuestras familias y por toda la gente que queremos: que se renueve en nuestro interior la gracia del bautismo. OREMOS AL SEÑOR. Escucha, Padre, nuestras plegarias, y concédenos lo que con fe te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 13. Celebración de la Eucaristía
En la presentación de ofrendas deberían participar los neófitos y también (si los hay) los demás niños que deban recibir su primera comunión. En la celebración eucarística se introducen las variantes que indica el misal en las págs. 772773. Deberá resaltarse la recitación del padrenuestro, en la que los neófitos participan por primera vez como hijos de Dios. Y deberá resaltarse también su participación por primera vez en la Eucaristía (el celebrante puede exhortar brevemente a los niños antes del “Este es el Cordero de Dios”).

CELEBRACION FUERA DE LA MISA
Cuando los niños que deben recibir el bautismo pertenecen a un grupo que se prepara para la primera comunión y parece difícil celebrar el bautismo de modo digno y relevante dentro de la misma misa de primera comunión, lo recomendable será celebrarlo en una misa previa, en la que los bautizandos recibirán la Eucaristía, y participar luego en la misa de primera comunión con todo el grupo (ver Phase 195(1993)217). Pero si ello no fuera posible por alguna razón, lo mejor será celebrar el bautismo algunas semanas antes, dentro del tiempo de Pascua, e invitando también a él a los compañeros del grupo de catequesis con sus familias y a otros miembros de la comunidad. El orden de la celebración podrá ser el que sigue.

1. Canto de entrada 2. Saludo En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Queridos N. y N., y hermanos todos. Desde hace ya un tiempo os habéis venido

preparando para recibir el sacramento del bautismo, por el cual Dios nuestro Padre os adoptará como hijos suyos muy amados; obtendréis el título de cristianos, unidos así a nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación; y quedaréis incorporados a su santa Iglesia por la acción bondadosa del Espíritu Santo. Recordad que hemos celebrado esta preparación bautismal en cuatro días distintos: el primero, pedisteis recibir el bautismo; el segundo, os presentasteis al Señor pidiendo perdón por vuestros pecados; el tercero, os hice entrega del símbolo de la fe u oración del Creo en Dios Padre, la fe que hoy, día de vuestro bautismo, proclamaréis delante de todos nosotros; y el cuarto día, os entregué la oración del Padre nuestro, también, para que la rezarais en este día solemne para vosotros. La celebración que vamos a empezar, tendrá tres partes: primero escucharemos la Palabra de Dios; luego, el bautismo, cuando se derramará sobre vosotros el agua en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; y finalmente, daremos gracias al Señor. 3. Liturgia de la Palabra
Ahora tiene lugar la Liturgia de la Palabra. Puede hacerse una lectura, un salmo alternado con el canto de una antífona, y el evangelio. Las lecturas pueden tomarse de las que se indican en el Ritual (en el de la Iniciación Cristiana de Adultos sólo se indican las citas; en el de Niños están los textos; ver también el libro Nuevas homilías para el bautismo, publicado en esta misma colección). Después de las lecturas el celebrante pronuncia una breve homilía, que introducirá ya a la liturgia bautismal, e invita a los niños, con sus padres y padrinos, a acercarse a la fuente bautismal.

4. Monición introductoria a la bendición del agua Hermanos, invoquemos con humildad la gracia de Dios, nuestro padre, para que N. y N., que, con el asentimiento de sus padres, piden el bautismo, pasen a formar parte, unidos a Jesucristo, de la familia de los hijos de Dios. 5. Bendición e invocación de Dios sobre el agua
Véase pág. 26.

6. Introducción a la renuncia y profesión de fe N. y N., habéis pedido el bautismo y habéis empleado largo tiempo en vuestra preparación. Vuestros padres han dado su asentimiento a vuestro deseo; los catequistas, vuestros compañeros y amigos os han ayudado; y hoy todos os prometen su ayuda fraterna y el ejemplo de su fe. Ahora sólo falta que vosotros hagáis vuestra afirmación de fe en presencia de la Iglesia, y seréis bautizados. 7. Renuncia al mal a) Responded ahora a cada pregunta diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS). – ¿Renunciáis al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios (o bien: para vivir verdaderamente como hijos de Dios)? – ¿Renunciáis a las seducciones del mal, para que no os domine el pecado? – ¿Renunciáis a Satanás, que es autor y origen del pecado?

b) Responded ahora a cada pregunta diciendo: SÍ, RENUNCIO (o bien: SÍ, RENUNCIAMOS) – ¿Renunciáis a cualquier tipo de hipocresía, egoismo personal o desprecio hacia los demás? – ¿Renunciáis a desentenderos de las necesidades de las personas, por cobardía, pereza o comodidad? – ¿Renunciáis a tener como primer objetivo de vuestra vida la búsqueda del placer y del propio bienestar; es decir, renunciáis a pensar sólo en vosotros mismos olvidándoos de los demás y de Dios? 8. Profesión de fe y bautismo
Cada niño hace su profesión de fe y es bautizado. Después de cada bautismo puede cantarse una breve aclamación.

Ahora, cuando os pregunte a cada uno de vosotros, responderéis a cada pregunta diciendo: “Sí, creo”. Y luego, llenos de esta fe, recibiréis el agua del bautismo que os hace hijos de Dios.

– N., ¿crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? – ¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María, la Virgen, murió y fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre? – ¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos, y en la vida eterna? N., yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 9. Unción con el crisma Hoy, N. y N., ha empezado para vosotros algo nuevo, una vida nueva: tenéis la dignidad de los hijos de Dios, estáis llamados a vivir como hijos de Dios. Por eso, como se hacía antes con los reyes que comenzaban su mandato, como se hacía con los profetas cuando se les confiaba una misión, os ungiremos con el aceite consagrado, con el aceite de la fortaleza y de la novedad de Dios. El Dios omnipotente y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os hizo renacer mediante el agua y el Espíritu Santo, y que os concedió el perdón de todos los pecados, él mismo os unge con el crisma de la salvación, para que, agregados a su pueblo, como miembros de Cristo sacerdote, profeta y rey, permanezcáis para la vida eterna. Amén.
El celebrante unge con el santo crisma a cada niño.

10. El cirio encendido
El celebrante toma (o toca) con las manos el cirio pascual, y dice:

Acercaos, padrinos y madrinas, para que entreguéis la luz a estos nuevos cristianos.

Se acercan los padrinos y madrinas y encienden un cirio en el cirio pascual, y se lo entregan al neófito. Entonces el celebrante dice: Habéis sido transformados en luz de Cristo. Caminad siempre como hijos de la luz, a fin

de que perseveréis en la fe y podáis salir al encuentro del Señor, cuando venga con todos los santos en la gloria eterna. Amén. (11. Profesión de fe y aspersión de la asamblea)
Especialmente en el caso de que el bautismo se celebre con la asistencia de otros niños de los grupos de catequesis que se preparan para la primera comunión, ahora puede ser un buen momento para hacer la renovación de las promesas del bautismo de los niños, con velas encendidas y con aspersión acompañada de un canto.

12. Padrenuestro Vosotros, N. y N., ya sois ahora cristianos, miembros como nosotros de la familia de los hijos de Dios. Pronto, como todos vuestros compañeros, participaréis de la mesa de esta familia, la mesa de la Eucaristía. Y, con la ayuda de nuestros padres, y de los padrinos, y de los catequistas, y de todos nosotros, iréis aprendiendo a vivir el camino cristiano. Ahora, para concluir nuestra celebración, unidos todos como hijos de Dios, confiados en su amor, con alegría y ganas de vivir siempre con él, digamos la oración que Jesucristo nos enseñó, el padrenuestro: Padre nuestro... 13. Bendición final El Señor os bendiga a vosotros, N. y N., que habéis recibido el bautismo. Que os bendiga también a vosotros, padres, y os llene siempre de su amor. Que os bendiga a vosotros, padrinos. Que os bendiga a todos los que habéis participado esta fiesta. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros. Amén.

MATRIMONIO

4. Matrimonio sin misa 5. Matrimonio dentro de la misa 6. Aniversario del matrimonio

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4. MATRIMONIO SIN MISA

Aquí presentamos una forma sencilla de celebración del matrimonio sin misa. En la celebración del matrimonio con misa se encontrarán más elementos y sugerencias.

ENTRADA
Los ritos iniciales pueden realizarse de la manera siguiente: – La entrada de los novios se efectúa de una de las dos maneras previstas: el celebrante sale a su encuentro y entra con ellos (y con los padres y testigos, según costumbre); o bien entran en primer lugar los novios (acompañados según se acostumbre) y, cuando todos están reunidos, sale el celebrante. – Durante la entrada, lo más habitual es que suene la marcha nupcial. En verdad este uso no tiene consistencia litúrgica (mejor sería reservarla para el final), pero de todos modos no parece tampoco aconsejable dedicar grandes esfuerzos a combatirlo. Ciertamente lo ideal es que la entrada vaya acompañada por un canto de reunión, sencillo y conocido que aglutine a la asamblea. O que, si se quiere tocar la marcha, que después de tocarla se cante el canto de entrada. – Sigue después el saludo a los novios y a la asamblea. Puede consistir en la señal de la cruz, una de los formas litúrgicas de saludo, y unas palabras amables de bienvenida. – Finalmente, el rito de entrada acaba con la oración colecta.

1. Entrada de los novios y del celebrante, y canto de entrada

2. Saludo a) Bienvenidos N. y N., que os disponéis a celebrar vuestra boda. Que esta nueva etapa que hoy comenzáis en vuestra vida os llene de felicidad. Bienvenidos también todos los que hoy les acompañáis. Que esta fiesta sea para todos motivo de gozo y de esperanza. Y que Jesucristo, presente aquí en vuestra fiesta, os bendiga hoy y siempre. b) Bienvenidos, N. y N. Bienvenidos todos, padres, familiares y amigos. La paz y el

gozo de Jesucristo estén hoy, en esta fiesta, con todos vosotros. Estamos reunidos aquí porque N. N se quieren y quieren que ese amor sea cada vez más fuerte y los una toda su vida. Quieren casarse, para que su amor empiece una nueva etapa, intensa. Esto es una gran alegría para ellos. Pero no sólo para ellos: también lo es para los que estamos aquí acompañándoles. Porque verdaderamente deseamos que ese camino nuevo que hoy emprenden esté lleno de ilusión, esté lleno de vida. Para ellos, para nosotros, y para todos los que les conozcan. Y estamos aquí, celebrando esta fiesta en la iglesia, porque Dios también está presente en su amor. El los acompaña y quiere la felicidad de estos novios, más allá de todas las dificultades con las que pueden encontrarse. Una felicidad que se extienda a todos, que pueda ser compartida por todos. (Porque Dios está presente aquí, como Jesucristo estuvo presente en aquella boda de Caná de Galilea, cuando convirtió el agua en vino para que fuera mayor la alegría de los novios y los invitados).

c) Bienvenidos N. y N.. Bienvenidos también sus padres, familiares y amigos. La comunidad cristiana, que quiere ser un hogar abierto a todos, os recibe hoy con alegría. En nuestra reunión proclamaremos ante todo la Palabra de Dios, la lectura de las palabras de Jesús y de los apóstoles, que nos ayudan a entender y a vivir mejor lo que celebramos. Esta lectura nos preparará para asistir a la celebración de vuestro matrimonio, vuestro compromiso de amor incondicional que expresaréis ante todos nosotros. Nuestra oración acompaña vuestra alegría y vuestra importante decisión. 3. Colecta a) Oremos (pausa). Escucha nuestras súplicas, Señor, derrama tu gracia sobre estos hijos tuyos, que se unen en tu presencia, y hazlos fuertes en el amor. Por... b) Oremos (pausa). Señor, Dios y Padre nuestro, que al crear a la humanidad quisiste la unión del hombre y de la mujer: une en la fidelidad del amor a estos hijos tuyos que celebran su boda para que amándose cada vez más, den testimonio de tu amor. Por... c) Oremos (pausa). Oh Dios, que has consagrado la alianza de bodas por el sacramento que significa la unión de Cristo con la Iglesia. Concede a estos hijos tuyos dar a su vida de esposos el sentido que ahora descubren en la fe. Por... d) Oremos (pausa). Padre, de ti nacen el amor, la vida, la alegría. Tú has conducido a N. y N. en su camino de amor y les has acompañado hasta aquí, para celebrar hoy su unión en el matrimonio.

Bendícelos, Padre, con tu gracia en la nueva etapa que ahora empiezan. Y haz que su amor sea siempre entre los hombres un reflejo fiel de tu propio amor. Por...

LITURGIA DE LA PALABRA

En la liturgia de la Palabra se leen una, dos o tres lecturas. Cuando son dos, la primera ha de ser del Antiguo Testamento o de las cartas apostólicas y la segunda del evangelio. De hacerse tres, la primera es del Antiguo Testamento, la segunda de las cartas apostólicas y la tercera del evangelio. Entre lecturas se canta o se recita un salmo acompañado del canto de una antífona por la asamblea. Antes del evangelio se canta el aleluya. Si es posible, los novios deberían participar en la selección de las lecturas (evangelio incluído: no es razonable que el celebrante escoja el evangelio y los novios las demás lecturas; la selección, si se ve conveniente, puede hacerse de común acuerdo). El folleto Lecturas para el matrimonio, de la colección “Celebrar” del CPL, será una ayuda útil. Si no se puede lograr esa participación de los novios, el celebrante seleccionará el número y contenido de las lecturas según el nivel de los novios y de la asamblea, para que lo que se lea les resulte realmente significativo y estimulante para su vida y para su fe. Aquí ofrecemos modelos de introducción general para la liturgia de la Palabra y también –para cuando se lee más de una lectura– para el salmo.

4. Lectura (o lecturas) de la Palabra de Dios
Antes de la lectura (o lecturas) se puede hacer una monición como las siguientes:

a) Podéis sentaros (pausa). Vamos a escuchar ahora una lectura (unas lecturas) que nos ayudarán a entender y vivir mejor lo que hoy estamos celebrando. Una lectura (unas lecturas) que nos hablan del amor que nos reúne hoy aquí. b) Podéis sentaros (pausa). Como siempre que los cristianos nos reunimos, comenzaremos ahora escuchando la Palabra de Dios. Las cartas de los apóstoles, las lecturas de la historia de Israel, las palabras del evangelio, nos transmiten lo que Dios quiere decirnos sobre lo que hoy estamos celebrando.
Si se canta un salmo (o se recita alternándolo con el canto de una antífona sencilla y conocida por la asamblea), se puede introducir con una monición como las siguientes:

a) Salmo 127: Unámonos ahora, con el salmo, a un augurio de felicidad dirigido a unos novios de muchos siglos atrás. Un augurio que les desea aquello a lo que toda pareja entonces aspiraba: tener suerte y trabajo, y tener muchos hijos. También nosotros, hoy, les deseamos que sean muy felices y que el Señor siempre les bendiga. b) Otros salmos: Al hacer nuestras ahora las palabras del salmo, bendecimos al Señor y deseamos que su amor nos llene siempre de gozo.
Si sólo se lee una lectura del evangelio, puede introducirse con una monición como ésta:

Vamos a escuchar ahora, con todo interés, una lectura del evangelio. En ella Jesús nos habla del amor que nos ha reunido hoy aquí y que celebramos con alegría. 5. Homilía
Véanse modelos en Homilías para el Matrimonio, de esta misma colección.

EL CANTO Y LA MÚSICA EN LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO
Si el matrimonio se celebra dentro de la misa, los cantos habrá que escogerlos como se hace en general para la celebración eucarística, evitando utilizar criterios que desnaturalicen lo que la celebración es en sí misma. En este sentido, habría que evitar algo que a veces ocurre: llenar la celebración de pequeños conciertos de organistas, solistas o corales, sin preocuparse por la participación de la asamblea: estos pequeños conciertos, si se quiere, pueden situarse en momentos

aptos como la preparación de las ofrendas o el momento de después de la comunión (o incluso durante la misma comunión); pero sobre todo habrá que preocuparse de que la asamblea pueda cantar en los momentos en los que corresponde hacerlo. Es decir, el canto de entrada, la antífona del salmo responsorial, el Santo y, a ser posible, la comunión. Y, también, como momento significativo dentro de la celebración del matrimonio, la aclamación que el Ritual prevé después del consentimiento matrimonial: esta aclamación puede ser un canto muy sencillo, como por ejemplo un aleluya. Si realmente no es posible lograr que la asamblea cante nada, y en cambio hay música (instrumental o vocal) disponible, se podrá utilizar también entre las lecturas, en lugar del salmo responsorial (lo ideal sería que, si se dispone de un solista o una coral, cantasen un salmo en este momento; si no, se puede hacer música sola, o un canto que no desentone del momento: por ejemplo, no pegaría nada cantar entre las lecturas un Ave María...). Si el matrimonio se celebra fuera de la misa, los criterios serán los mismos: canto de entrada, antífona del salmo, aclamación después del consentimiento matrimonial. En el matrimonio fuera de la misa, si se quiere introducir alguna intervención tipo concierto, se podría poner después de la bendición nupcial y antes del padrenuestro (y, si la asamblea no es capaz de cantar nada, se puede poner también entre las lecturas). Señalemos finalmente la existencia de un canto propio de la celebración del matrimonio (quizá, en sentido estricto, el único existente), utilizable sólo en las celebraciones dentro de la misa, y que vale tanto como canto de entrada como de comunión: Juntos marchamos a ti (CLN 431 / MD 623). “Como escoger y dirigir los cantos” (CPL, colección “Celebrar”, n. 22)

LITURGIA DEL MATRIMONIO
Después de la homilía (y del breve silencio de reflexión que la pueda seguir) todos se ponen de pie. La liturgia del matrimonio tiene las siguientes partes: – El interrogatorio, en el que el sacerdote pregunta a los novios por su libertad y fidelidad en la futura vida matrimonial. – El consentimiento, momento central de la celebración, en el que los novios manifiestan su compromiso mutuo de amor y de fidelidad permanentes. Durante el consentimiento, los novios se cogen de la mano. – La aclamación, un canto breve y alegre de acción de gracias. – La imposición de los anillos, como un signo del consentimiento manifestado (los anillos puede sostenerlos, desde el principio del interrogatorio, alguno de los testigos). – La entrega de las arras, allí donde sea costumbre, puede servir para hacer expresiva la función providencial de Dios en el matrimonio. – La oración de los fieles, en la que se pide por los novios y por las necesidades de los reunidos, y de la Iglesia y del mundo. La oración de los fieles termina con el padrenuestro. – La bendición sobre los esposos, que se dice con las manos extendidas sobre ellos, es la oración que concluye todo el rito matrimonial.

6. Introducción al interrogatorio a) Habéis venido aquí, N. y N., para que Dios garantice con su gracia vuestro amor, ante el Pueblo de Dios aquí congregado y presidido por su ministro. Un día fuísteis consagrados en el bautismo; hoy, con un nuevo sacramento, Cristo va a bendecir vuestro amor, y os enriquecerá y dará fuerza, para que seáis fieles a este camino de amor mutuo y podáis cumplir con vuestra misión de casados. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto sobre vuestra intención:

b) Queridos N. y N. Habéis venido para que el Señor consagre vuestro amor, ante la comunidad aquí reunida, ante la Iglesia. Jesucristo bendice hoy con toda su fuerza vuestro amor; él es el primer testigo del compromiso que deseáis contraer. Él, por el bautismo os hizo miembros de la familia de Dios. Ahora, por el sacramento del matrimonio, os fortalecerá y os acompañará a lo largo de toda vuestra vida. Es un compromiso que ahora expresaréis ante todos nosotros: 5. Interrogatorio a) – N. y N., ¿venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente? * Sí, venimos libremente. – ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del matrimonio, durante toda la vida? * Sí, estamos decididos. – ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia? * Sí, estamos dispuestos. b) – N. y N., ¿venís a casaros con entera libertad? * Sí. – ¿Os comprometéis a quereros y guardaros fidelidad durante toda la vida? * Sí. – ¿Estáis dispuestos a recibir con amor a los hijos que tengáis, y a educarlos en la fe de Cristo? * Sí.

6. Introducción al consentimiento a) Así, pues, ya que queréis contraer santo matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia. b) Ahora, pues, ya que queréis uniros en la alianza del matrimonio, daos la mano derecha y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y ante su Iglesia. 7. Consentimiento a) Esposo: Yo, N., te recibo a ti, N., como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. Esposa: Yo, N., te recibo a ti, N., como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

b) Esposo: Esposa: Esposa: Esposo: Esposo:

N., ¿quieres ser mi mujer? Sí, quiero. N., ¿quieres ser mi marido? Sí, quiero. N., yo te recibo como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.

Esposa:

N., yo te recibo como esposo y prometo amarte fielmente durante toda mi vida. N., ¿quieres a N. por tu esposo y marido? Sí, lo quiero. ¿Te entregas por su esposa y mujer? Sí, me entrego. ¿Le recibes por tu esposo y marido? Sí, lo recibo. N., ¿quieres a N. por tu esposa y mujer? Sí, la quiero. ¿Te entregas por su esposo y marido? Sí, me entrego. ¿La recibes por tu esposa y mujer? Sí, la recibo.

c) Celebrante: Esposa: Celebrante: Esposa: Celebrante: Esposa: Celebrante: Esposo: Celebrante: Esposo: Celebrante: Esposo:

d) Celebrante: N., ¿quieres recibir a N., como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así, amarla y respetarla todos los días de tu vida? Esposo: Sí, quiero. Celebrante: N., ¿quieres recibir a N. como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida? Esposa: Sí, quiero.

8. Confirmación del consentimiento

El Señor, que hizo nacer en vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia y os otorgue su copiosa bendición. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Amén.

9. Aclamación Puede cantarse, por ejemplo: a) A Dios den gracias los pueblos; alaben los pueblos a Dios. (bis) (CLN 510 / MD 840) b) Te damos gracias, Señor, de todo corazón. Te damos gracias, Señor, cantamos para Ti. (CLN 531 / MD 833). c) Que el Señor nos construya la casa, que el Señor nos guarde la ciudad, que nos llene de su riqueza, que nos guarde siempre del mal (MD 827). d) Bendigamos al Señor. Demos gracias a Dios (Ritual)

10. Bendición de los anillos a) El Señor bendiga estos anillos que vais a entregaros el uno al otro en señal de amor y de fidelidad. b) Bendice y santifica, Señor, el amor de N. y N., y que estos anillos, signo de fidelidad, les recuerden su promesa de amor mutuo.

11. Imposición de los anillos Esposo: N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esposa: N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 12. Entrega de las arras (si es costumbre) Sacerdote: Bendice, Señor, estas arras, que N. y N. se entregan, y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.

Esposo:

Esposa:

N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir. N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.

(Al terminar la entrega de las arras –o de los anillos, si no se entregan las arras– se puede cantar un canto de alabanza).

13. Oración de los fieles Pidamos hoy especialmente para que Dios bendiga y acompañe en su camino a N. y N. que se han unido en matrimonio. Oremos por ellos y por todos los hombres, diciendo:
ESCÚCHANOS, PADRE.

1. Por N. y N.: que Dios conserve y aumente su amor, y les ayude a mantener la fidelidad y confianza mutua. ROGUEMOS AL SEÑOR: 2. Que cada día logren vencer el egoísmo y cada uno busque sólo el bien del otro, y no se cansen nunca de perdonarse y aceptarse mutuamente. ROGUEMOS AL SEÑOR: 3. Que vivan muchos años rodeados del amor y la compañía de sus familiares y amigos. ROGUEMOS AL SEÑOR: 4. Por los difuntos de nuestras familias: que Dios les conceda la plenitud de su amor en la vida eterna. ROGUEMOS AL SEÑOR: 5. Por los hombres y mujeres del mundo entero: que en todos crezcan sentimientos de generosidad y de amor, de paz y de deseo de justicia. ROGUEMOS AL SEÑOR: 6. Por todos aquellos que, en cualquier lugar del mundo, son víctimas de la guerra o del hambre, de las desigualdades, de la falta de amor: que no les falte esperanza, y puedan encontrar caminos de liberación. ROGUEMOS AL SEÑOR: 7. Por los cristianos, por todos los que creemos en Jesucristo: que vivamos de verdad según su Evangelio y seamos así testigos de su amor. ROGUEMOS AL SEÑOR: 8. Por todos los que nos hemos reunido aquí: que el Señor proteja nuestros hogares, aumente el amor entre nosotros y nos dé más esperanza y alegría. ROGUEMOS AL
SEÑOR:

(Al acabar las plegarias no se dice oración conclusiva, sino que directamente se pasa al Padrenuestro. Ver otros modelos de oración de los fieles en el Ritual).

14. Padrenuestro a) Digamos ahora la oración que Jesucristo nos ha enseñado, la oración de los hijos de Dios, el padrenuestro. b) Digamos ahora unidos la oración de Jesucristo, el padrenuestro:

15. Introducción a la bendición a) Pidamos ahora la bendición de Dios para estos nuevos esposos. b) Oremos, hermanos, a Dios nuestro Señor, para que bendiga y llene de su gracia a estos hijos suyos que hoy se han unido en matrimonio y les haga vivir siempre en la concordia del amor. 16. Bendición sobre los esposos

Padre santo, autor del universo, que creaste al hombre y la mujer a tu imagen, y has bendecido la unión matrimonial. Te rogamos humildemente por estos hijos tuyos que hoy se unen en alianza de bodas. Descienda, Señor, sobre esta esposa N. y sobre su esposo N. tu abundante bendición, y que la gracia de tu Espíritu Santo inflame desde el cielo sus corazones, para que en el gozo de su mutua entrega reciban a los hijos, riqueza de la Iglesia. Que en la alegría te alaben, Señor, y en la tristeza te busquen; en el trabajo encuentren el gozo de tu ayuda y en la necesidad sientan cercano tu consuelo; que participen en la oración de tu Iglesia, y den testimonio de ti entre los hombres; y, después de una feliz ancianidad, lleguen al reino de los cielos con estos amigos que hoy los acompañan. Por Jesucristo nuestro Señor.
(Ver más modelos en la página 83 y en el Ritual).

17. Bendición final. Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Enhorabuena!

5. MATRIMONIO DENTRO DE LA MISA

ENTRADA
El inicio de la celebración consta de estos elementos: acogida y entrada de los novios, canto de entrada, saludo y oración colecta.

– La entrada de los novios se realiza de una de las dos maneras previstas: el celebrante sale a su encuentro a la puerta y entra con ellos en la iglesia (y con los padres y testigos, según la costumbre); o bien entran los novios (acompañados según costumbre) y el celebrante los recibe. – El canto de entrada tiene siempre –y también, por tanto, en la celebración del matrimonio– la función de unir a la asamblea en el momento de comenzar la celebración. Si el sacerdote sale a recibir a los novios a la puerta de la iglesia, se canta mientras entran; si no, se canta mientras el sacerdote sale al altar. En muchos lugares, sin embargo, se acostumbra a tocar en este momento la marcha nupcial; si se considera necesario mantener esta costumbre (aunque mejor sería tocarla al final de la celebración), debería intentar cantarse también, al terminar la marcha nupcial, algún canto en el que participase toda la asamblea. Algunos posibles cantos de entrada son: Juntos marchamos (CLN 431 / MD 623); Juntos como hermanos (CLN 403 / MD 635); Danos un corazón (CLN 718 / MD 659); Vienen con alegría (CLN 728 / MD 665); Qué alegría cuando me dijeron (CLN 525 / MD 822). (Sobre el canto y la

música en la celebración del matrimonio, véase también el recuadro de la página 64).

– Después viene el saludo a los novios y a la asamblea. Puede consistir en la señal de la cruz, una de las fórmulas litúrgicas de saludo y unas palabras amables de acogida. – Finalmente, el rito de entrada acaba con la oración colecta. – Otras posibilidades pueden dar mayor relieve a este momento inicial, si los novios así lo desean. Concretamente, los novios pueden aquí saludar también ellos brevemente a la asamblea, expresando el sentido que para ellos tiene lo que allí se celebra, y el valor que tiene el celebrarlo comunitariamente; también se puede leer aquí como introducción algún texto que resulte significativo para los novios. (Nótese que, si los novios hacen una introducción, el celebrante no ha de hacer otra, sino que debe limitarse al saludo litúrgico).

1. Entrada de los novios y del celebrante, y canto de entrada 2. Saludo a) ¡Sed bienvenidos a la boda de N. y N. Y que Dios, fuente de todo amor, esté con todos vosotros! Después de un tiempo de caminar juntos, llenos de ilusión y de esperanza, N. y N. nos convocan aquí para decirnos que se aman y que quieren construir juntos sus vidas, unidas por el matrimonio. Los aquí presentes nos alegramos de vuestra decisión. – Vuestros familiares se alegran porque, habiendo seguido, desde el primer momento, vuestra vida, ven que vuestro matrimonio os ayudará a crecer todavía más. – Y vuestros amigos también nos alegramos porque entendemos vuestro compromiso como un paso más en el amor que sentís el uno por el otro, y también hacia los demás. Por eso todos estamos en fiesta: nos disponemos a compartir vuestra alegría, a aceptar vuestro compromiso, a renovar de algún modo también el nuestro, y a celebrar el amor de Dios que se hace visible allí donde las personas se aman. b) N. y N., bienvenidos aquí a la iglesia para celebrar vuestra boda. Y bienvenidos todos los que les acompañáis. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. Celebramos hoy con alegría que N. y N. se aman y quieren casarse. Quieren que su amor empiece una nueva etapa, se convierta en una unión firme y fuerte para toda la vida. Esta fiesta es como una señal, como una llamada para todos. Para ellos dos, porque el paso que hoy realizan gozosamente es un paso decisivo para su vida, y lo recordarán siempre, y este recuerdo les invitará constantemente a crecer en su amor. También para los demás, los que les acompañamos, esta fiesta es una señal que nos invita a aprender cada día de nuevo a amar, a vivir la alegría del amor. Y aún más allá de los que estamos aquí reunidos, esta fiesta es para todos una señal del amor de Dios para con los creyentes. Porque el amor de N. y N., celebrado aquí en la Iglesia, será –tendrá que ser– algo que recuerde este amor grande y pleno que Dios nos da, esa presencia viva de Jesucristo entre nosotros. Y todo ello será, para

N. y N. y para los demás, una llamada a abrirnos a la gracia y al amor que Dios derrama sobre los hombres.
(Véanse más modelos en la página 60).

3. Colecta
(Véase página 61).

LITURGIA DE LA PALABRA
Para la Liturgia de la Palabra el Ritual prevé un amplio número de lecturas a elegir, que destacan aspectos diversos de lo que es el matrimonio y del espíritu con que debe ser vivido. Los novios, por tanto, al escoger, deberán procurar que se encuentren presentes en las lecturas los aspectos del matrimonio que consideren más importantes y significativos para sí y para la asamblea. Un repaso atento, realizado en común entre los dos, de las lecturas que ofrece el folleto Lecturas del matrimonio, de la colección “Celebrar” del CPL puede dar pie a una buena reflexión sobre el matrimonio y su sentido; de dicho repaso saldrá, luego, la selección de las lecturas que se proclamarán ante la asamblea en el día de la boda (de todas ellas, incluido el evangelio: no es razonable que el celebrante elija el evangelio y los novios el resto; en todo caso la selección debiera hacerse de común acuerdo). Si la boda se celebra en una misa dominical o en una solemnidad, las lecturas tendrán que ser las del día, –a lo máximo se cambiará una–, en atención y como señal de comunión con lo que la Iglesia celebra aquel día. Se pueden leer tres lecturas o dos (si son tres, la primera será del Antiguo Testamento, la segunda de las cartas apostólicas y la tercera del evangelio; si son dos, la primera será del Antiguo Testamento o de las cartas apostólicas, y la segunda del evangelio). Después de la primera lectura, como momento de oración y reflexión, se recita un salmo (se encuentran también en Lecturas del matrimonio) alternado con el canto de una breve antífona por parte de la asamblea; si no es posible, puede sustituirse el salmo por unos momentos de silencio con música de fondo, o algo semejante. Antes del evangelio, se canta, como una aclamación a Jesucristo, el aleluya. Cuando no hay posibilidades de que la asamblea cante es importante evitar que las lecturas se lean atropelladamente, uniéndolo todo sin ninguna pausa: tendrá mayor sentido leer una sola lectura y el evangelio separados por un silencio con música, que tres lecturas y un salmo leídos sin interrupción. En algunas bodas, ocurre también que los novios desean que se lea, además de las lecturas de la Escritura, alguna lectura de algún autor moderno que les resulte especialmente significativa. Si se hace así, conviene que ese tipo de lectura se distinga de lo que son las lecturas bíblicas, la

Palabra de Dios (puesto que las lecturas bíblicas son como los textos constituyentes de la fe cristiana; mientras que las demás lecturas, por interesantes que puedan ser, no tienen ese carácter). La forma de distinguirlas podría ser introducir la lectura no bíblica con unas palabras en las que se diga por ejemplo: “Ahora, antes de escuchar la Palabra de Dios, leeremos un texto de...”. Finalmente conviene recordar que, el preparar esta parte de la celebración debe preverse quién leerá las lecturas, y asegurar que el lector o lectores se las preparen bien. La Liturgia de la Palabra concluye con la homilía.

4. Lecturas a) Pueden sentarse (pausa, hasta que se hayan acomodado). Vamos a iniciar la primera parte de nuestra celebración de hoy: la lectura de la Palabra de Dios. Las palabras de los apóstoles y de los profetas, la palabra de Jesús en el evangelio, iluminan ahora nuestro encuentro y nos hablan del amor que hoy nos ha reunido aquí. Escuchemos con atención. b) Pueden sentarse (pausa, hasta que se hayan acomodado). Escucharemos ahora las lecturas de la palabra de Dios. Nos hablarán de lo que ahora celebramos aquí, y nos ayudarán a vivir más intensamente nuestra fiesta. 5. Salmo responsorial a) Salmo 127: En el salmo, hacemos nuestro un deseo de felicidad dirigido a unos novios de hace muchos siglos. Un augurio que expresa lo que entonces toda pareja deseaba: tener suerte y trabajo, y tener muchos hijos. Hoy, también nosotros, les deseamos que sean muy felices y que el Señor les bendiga siempre. b) Otros salmos: Hacemos nuestras las palabras del salmo bendiciendo el Señor y deseando que su amor nos llene siempre de alegría.

6. Aleluya Ahora escucharemos a Jesús que nos habla en el evangelio. Su palabra es siempre una invitación al amor. Hoy, en esta fiesta, esa invitación es más intensa que nunca. Antes, le aclamamos cantando el Aleluya. 7. Evangelio 8. Homilía
Véanse modelos en el libro Homilías para el Matrimonio, de esta misma colección.

LITURGIA DEL MATRIMONIO
Después de la homilía (y del breve silencio de reflexión que la pueda seguir) todos se ponen de pie. La liturgia de matrimonio tiene las siguientes partes: – El interrogatorio, en el que el sacerdote pregunta a los novios por su libertad y fidelidad en la futura vida matrimonial. – El consentimiento, momento central de la celebración, en el que los novios manifiestan su compromiso mutuo de amor y fidelidad permanentes. Durante el consentimiento, los novios se cogen de la mano. – La aclamación, un canto breve y gozoso de acción de gracias. Por ejemplo, los estribillos de: Que Dios sea alabado (CLN 601 / MD 624); Demos gracias al Señor (CLN 605 / MD 625); Te damos gracias, Señor (CLN 531 / MD 833). O, si es posible, la que propone el Ritual: “Bendigamos al Señor. Demos gracias a Dios”. – La imposición de los anillos, como un signo del consentimiento manifestado (los anillos puede sostenerlos, desde el principio del interrogatorio, alguno de los testigos). – La entrega de las arras, allí donde sea costumbre, puede servir para hacer expresiva la función providencial de Dios en el matrimonio. – La oración de los fieles, en la que se pide por los novios, pero no sólo por ellos: la

asamblea recuerda, en estos momentos, a los que están más cerca (los nuevos esposos, sus familiares, sus difuntos...) y los que están lejos: las necesidades del mundo y de la Iglesia estarán presentes, también, en este día. Cuando se celebra el matrimonio dentro de la misa, la oración de los fieles no se acaba con la bendición, sino con la oración conclusiva, y sigue a continuación la preparación de las ofrendas para la Eucaristía. La bendición sobre los esposos se hará después del Padrenuestro.

9. Interrogatorio, consentimiento, aclamación e imposición de anillos y arras
Véase página 65.

10. Oración de los fieles a) Juntos, demos ahora gracias a Dios y oremos diciendo: ESCÚCHANOS, SEÑOR. 1. Gracias a ti, Señor, que nos has creado para que nos amemos. Te pedimos hoy por N. y N.: ayúdales en el camino de su matrimonio, a fin de que, amándose, den testimonio de tu amor. OREMOS UNIDOS: 2. Te damos gracias, Señor, porque quisiste asistir a las bodas de Caná. Te pedimos que también hoy estés presente en la boda que estamos celebrando.
OREMOS UNIDOS:

3. Te damos gracias, Señor, porque has querido que todos los presentes acompañáramos hoy a N. y N. Haz que los que ahora somos testigos de su unión, siempre estemos dispuestos a ayudarles. OREMOS UNIDOS:

4. Te damos gracias, Señor, porque a pesar de que en nuestro mundo se encuentra tanto dolor y tanto mal, tú no dejas de hacer crecer en el corazón de los hombres anhelos de libertad y de justicia. Te pedimos que en nuestra vida, y en la vida de todos, estos anhelos se conviertan en acciones concretas al servicio de los demás. OREMOS UNIDOS: 5. Te damos gracias, Señor, porque nos has dado a la Iglesia como mensajera de tu Palabra. Te pedimos que esta Palabra tuya ilumine siempre el hogar de N. y N. y todos los hogares. OREMOS UNIDOS: Señor rico en bondad y Padre lleno de misericordia: al alabarte hoy y al bendecirte por tu inmenso amor, te pedimos que quieras escuchar estas nuestras plegarias que te dirigimos por Jesucristo ... b) Presentemos ahora nuestra oración al Padre por todos los hombres, y hoy especialmente por N. y N., para que Dios los bendiga y acompañe en el nuevo camino que empiezan. Respondamos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE NUESTRO. 1. Pidamos por todos los hombres y por todas las naciones. Para que allí donde hay guerra y violencia llegue la paz. Para que los que sufren opresión y explotación obengan libertad y justicia. Para que los enfermos, los que se sienten solos, los tristes, encuentren compañía, curación y fortaleza. Para que las familias que pasan dificultades puedan superarlas. Para que los que tienen el poder político y económico lo pongan al servicio de todos. Por todo esto, OREMOS JUNTOS DICIENDO: 2. Pidamos por la Iglesia. Para que reciba el amor y la gracia de Jesucristo, este amor que ahora vemos representado en el matrimonio de N. y N. Para que verdaderamente seamos testigos de amor y de esperanza. Para que el papa y los obispos sean fieles en su tarea. Para que todos los que tienen alguna

responsabilidad en las comunidades cristianas la ejerzan con dedicación y espíritu de servicio. OREMOS JUNTOS DICIENDO: 3. Pidamos hoy, muy especialmente, por N. y N. Para que el Señor los bendiga y los acompañe. Para que la etapa nueva que hoy empiezan sea fecunda y llena de vitalidad. Para que su vida sea un estímulo de ilusión y de amor para todos los que les conozcan y traten. Para que su amor sea cada día más fuerte. Para que sean felices en todo lo que emprendan. OREMOS JUNTOS DICIENDO: 4. Pidamos finalmente por todos nosotros. Para que aumente en nosotros la fe, la esperanza y el amor. Para que el Señor nos bendiga y bendiga a nuestras familias. OREMOS JUNTOS DICIENDO: Padre, escucha nuestra oración y derrama sobre nosotros y sobre el mundo entero la fuerza de tu Espíritu Santo. Por... c) Las plegarias de la página 70, con esta oración conclusiva: Padre, rico en amor y ternura, escucha nuestras plegarias, y concede a tus hijos N. y N. los dones de tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
La liturgia de la Eucaristía tendrá los mismos elementos que las celebraciones normales, y es conveniente que tenga el relieve que merece (y no quede como un añadido final a la celebración del matrimonio). Entre los elementos que pueden ayudar a darle ese relieve están, por una parte el canto, y por el otro el que los novios ejerzan un papel propio en determinados momentos.

11. Presentación de las ofrendas
Será conveniente que los novios lleven las ofrendas al altar, como un signo más de la vinculación de su unión con la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.

12. Oración sobre las ofrendas
Véase el Misal páginas 861, 866 y 870 (o también el Ritual).

13. Monición al prefacio a) Después de celebrar el compromiso de amor incondicional entre N. y N., celebraremos ahora el gesto de amor, la prueba más grande de amor que nos une a todos los cristianos: Jesús, que nos ha amado hasta el extremo de dar la vida por todos, viene a nosotros en el pan y el vino que él mismo nos dejó. Para fortalecer, con este alimento, el amor de N. y N. Para llenarnos a todos de su amor. Demos gracias. b) Ahora daremos gracias al Padre por su amor. Por el amor que ha hecho crecer entre N. y N., y por el amor que nos ha demostrado a todos al darnos a su Hijo Jesucristo. Hoy, en nuestra fiesta, él se hace presente por medio de esta Eucaristía. 14. Plegaria eucarística
El prefacio se elige de una de las tres misas por los esposos (recomendaríamos utilizar, o bien el de la misa B –de contenido más teológico–, o el de la misa C –más sencillo–. Es conveniente asegurar, en la plegaria eucarística, el canto del Santo y, si es posible, de la aclamación después de la consagración y el Amén final.

15. Padrenuestro a) Como hijos de un mismo Padre, el del cielo, digamos juntos el padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó: b) Alrededor de la misma mesa, a la que Jesucristo nos invita, antes de participar del alimento que él nos da, digamos el padrenuestro, la oración de los hijos de Dios. c) Ahora, antes de comulgar, digamos el padrenuestro, la oración de los hijos de Dios, aquella que Jesús nos enseñó para dirigirnos a nuestro Padre.
Al concluir el Padrenuestro, se suprime el “Líbranos, Señor...” y se dice la ben-dición sobre los esposos.

16. Introducción a la bendición Ahora, antes de participar de la mesa de Jesucristo, oremos a Dios nuestro Padre para que bendiga y llene de su gracia a estos hijos suyos que hoy se han unido en matrimonio. 17. Bendición Padre santo, que has creado al hombre y a la mujer para que, siendo los dos una sola carne, y un sólo corazón, sean imagen tuya y realicen su misión en el mundo. Padre santo, que para revelar tus designios quisiste que el amor del hombre y la mujer fuera signo de la alianza que estableciste con tu pueblo, y que la unión de los esposos en el sacramento del Matrimonio manifestara las bodas de Cristo con la Iglesia. Extiende tu mano protectora sobre estos hijos tuyos N. y N. y derrama en sus corazones la gracia del Espíritu Santo. Que a lo largo de su nueva vida común, santificada por este sacramento, se comuniquen los dones de tu amor; y que, siendo el uno para el otro signo de tu presencia, sean en verdad un solo corazón y un solo espíritu. Concédeles, Señor, mantener con su trabajo la vida de su hogar, y educar a sus hijos según el Evangelio, para que formen parte de tu familia santa.

Colma de bendiciones a tu hija N., para que pueda cumplir sus deberes de esposa y madre, y sea el alma y la alegría del hogar. Bendice también a tu hijo N., para que cumpla su misión de esposo fiel y padre solícito. Concede, Padre santo, a quienes se han unido ante ti (y desean acercarse a tu mesa) participar un día en la alegría del banquete eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.
(Ver otros modelos en la página 72 y en el Ritual).

18. Oración de la paz y gesto de paz 19. Comunión
Es conveniente que los novios comulguen bajo las dos especies, comiendo el pan y bebiendo del cáliz (no mojando), para significar así mejor su participación en el cuerpo y la sangre de Cristo. Quizás la manera más sencilla de hacerlo, será que los novios se acerquen al altar durante el rito de la paz y allí comulguen a continuación del celebrante. Durante la comunión la asamblea canta algún canto sencillo y conocido. De no ser posible, puede haber música de fondo.

20. Poscomunión

a) Oremos. Te pedimos, Dios todopoderoso, que aumente en estos hijos tuyos la gracia del sacramento recibido, y los frutos de esta celebración lleguen a todos nosotros. Por Jesucristo N.S. b) Oremos. Después de participar en tu mesa, Señor, te pedimos por N. y N. que hoy se han unido en santo matrimonio, para que te sean siempre fieles y sean testigos de tu amor. Por Jesucristo N.S. c) Oremos. Por medio de este sacrificio, Señor, guarda con tu providencia y haz vivir en un mismo amor a quienes has unido en santo matrimonio (y alimentado con un mismo pan y un mismo cáliz). Por Jesucristo N.S. d) Oremos. Señor Jesús, hemos participado de tu mesa, y tú nos has alimentado con el pan de vida. Por la fuerza de este sacramento, haz que N. y N,. se amen cada día más, y que a lo largo de su vida sean testigos de tu amor. Tú que vives y reinas por... 21. Bendición final a) Queridos novios: que Dios, nuestro Padre, os mantenga siempre en la unidad de su amor, y que la paz de Cristo habite siempre en vosotros y en vuestro hogar. Que disfrutéis de la bendición de los hijos, de la alegría de los amigos, de la paz con todos. Sed testigos del amor de Cristo entre los hombres, para que juntos llegéis un día a la felicidad del cielo. Vosotros, pues, esposos, y todos los que habéis venido a esta fiesta, recibid la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Enhorabuena! b) Dios, Padre todopoderoso, os conceda su felicidad y su bendición. El Hijo Unigénito de Dios, con su misericordia, os asista en las horas favorables y en las adversas. El Espíritu Santo alimente vuestras vidas con su amor. A vosotros dos, nuevos esposos, y a todos los que habéis venido a esta fiesta, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Muchas felicidades! c) Nuestro Señor Jesucristo, que santificó con su presencia las bodas de Caná, os conceda a vosotros, y a vuestros familiares y amigos, su bendición.

Nuestro Señor Jesucristo, que amó a su Iglesia hasta el extremo, os conceda amaros el uno al otro de la misma manera. Nuestro Señor Jesucristo os conceda ser testigos fieles de su resurrección en el mundo y esperar con alegría su venida gloriosa. Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Enhorabuena!

6. ANIVERSARIO DEL MATRIMONIO

Las celebraciones de los aniversarios de matrimonio –especialmente los aniversarios más relevantes, en los 25 y 50 años– pueden revestir diversas formas, y en cada caso conviene elegir la más adecuada. Básicamente, estas formas pueden ser tres: 1. Celebración colectiva dentro de una misa dominical. Unos cuantos matrimonios que en fechas próximas –o durante el mismo año– celebran sus bodas de plata o de oro se reúnen y lo celebran colectivamente en una misa dominical de la parroquia. En este caso se celebrará la misa del domingo, con un tono de misa de acción de gracias (en los cantos, etc.) y después de la homilía se puede introducir un rito de renovación del compromiso matrimonial y si se quiere de bendición de los anillos, según el modelo indicado más abajo; del mismo modo, en la oración de los fieles se tiene en cuenta la celebración de estos aniversarios, y puede hacerse también la bendición de los esposos después del padrenuestro. Se verá en cada caso qué elementos conviene utilizar y cuáles no. 2. Celebración de un solo matrimonio dentro de una misa dominical. Una buena manera de celebrar las bodas de oro o de plata es hacerlo dentro de la misa dominical a la que habitualmente asisten aquellos esposos. En este caso se dice la misa dominical normal, haciendo una alusión al acontecimiento al inicio o durante la homilía; después de la homilía puede hacerse la renovación del compromiso matrimonial y la bendición de los anillos si se desea. En la oración de los fieles de nuevo se menciona el aniversario, y se puede añadir la bendición de los esposos después del padrenuestro. Como en el caso anterior, se verá cuáles de esos elementos posibles es conveniente yutilizar y cuáles no. 3. Celebración de la misa de aniversario. Cuando la celebración del aniversario se hace de

manera privada y las normas litúrgicas lo permiten, se dice una de las misas previstas para el aniversario del matrimonio. Las oraciones se encuentran en el Misal y en el Ritual; las lecturas pueden tomarse del Leccionario para el Matrimonio o bien de las lecturas para la misa en acción de gracias (Leccionario VI). En ese caso, como en el de la celebración dentro de la misa dominical, después de la homilía puede hacerse la renovación del compromiso matrimonial y la bendición de los anillos, y luego la bendición de los esposos después del padrenuestro.

RENOVACIÓN DEL COMPROMISO MATRIMONIAL
Sacerdote: Queridos hermanos: Hace ya 25 (50) años, iniciásteis esta obra que el Señor ha bendecido generosamente. Con corazón agradecido, renovaréis ahora aquel compromiso que con tanta ilusión hicisteis entonces ante el Señor. Él, que a lo largo de estos años de vuestro matrimonio nunca ha dejado de acompañaros, seguirá bendiciéndoos con su amor. Ahora pues, renovando aquella gracia de hace 25 (50) años, bendecid al Señor. Bendito seas, Señor, porque ha sido un regalo tuyo recibir a N. por mujer. Bendito seas, Señor, porque ha sido un regalo tuyo, recibir a N. por marido. Bendito seas, Señor, porque nos has asistido amorosamente en las alegrías y en las penas de nuestra vida.

Esposo:

Esposa:

Ambos:

Sacerdote:

Te pedimos que nos ayudes a guardar fielmente nuestro amor mutuo para que seamos fieles testigos de la alianza que has establecido con los hombres. El Señor os guarde todos los días de vuestra vida. Que él sea para vosotros consuelo en la adversidad, compañero en la prosperidad y derrame copiosamente sus bendiciones sobre vuestra casa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

BENDICIÓN DE LOS ANILLOS
Si se desea bendecir los anillos, puede decirse una de las dos oraciones siguientes. La primera es para bendecir los mismos anillos del matrimonio, la segunda si se trata de anillos nuevos.

a) Acrecienta y santifica, Señor, el amor de tus servidores y, pues se entregaron mutuamente estos anillos

en señal de fidelidad, haz que progresen en la gracia del sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor. b) Bendice y santifica, Señor, el amor de tus servidores y, ya que estos anillos representan para ellos un signo de su fidelidad, haz que también les recuerden su amor recíproco y la gracia del sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES
(Esta oración de los fieles es igualmente adecuada tanto para una misa dominical como para una celebración particular).

Presentamos ahora nuestras plegarias al Padre, por nosotros y por todos los hombres. Oremos, diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS. 1. Oremos por los cristianos, por todos los que creemos en Jesucristo: que de verdad vivamos según el Evangelio y seamos testigos de su amor. OREMOS AL SEÑOR. 2. Oremos por los hombres y mujeres del mundo entero: que crezcan en todos deseos de generosidad y de amor, de paz y de justicia. OREMOS AL SEÑOR. 3. Oremos por todos aquellos que en el mundo entero son víctimas de la guerra o del hambre, de las desigualdades o de la falta de amor: que no les falte fortaleza y hallen caminos para liberarse de su situación. OREMOS AL SEÑOR. 4. Oremos hoy especialmente por N. y N., que celebran sus bodas de plata (oro) matrimoniales: que Dios los bendiga con su amor y con su gracia. OREMOS AL SEÑOR. 5. Oremos por nuestros difuntos: que Dios les conceda la plenitud de su amor en la vida eterna. OREMOS AL SEÑOR. 6. Oremos finalmente por todos nosotros: que el Señor proteja nuestras familias, y nos dé a todos confianza y alegría. OREMOS AL SEÑOR. Escucha, Padre, nuestras plegarias, y derrama tu inmenso amor sobre el mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

BENDICIÓN DE LOS ESPOSOS
Después del Padrenuestro se omite el Líbranos, Señor, y el celebrante, vuelto hacia los esposos, con las manos extendidas, dice:

Te alabamos y te bendecimos, oh Dios, creador de todas las cosas, que al principio creaste al hombre y a la mujer para que formaran una unidad de vida y de amor, también te damos gracias,

porque te dignaste bendecir la unión familiar de tus servidores N. y N., para que fuera imagen de la unión de Cristo con su Iglesia; tú que los has mantenido unidos por el amor en sus penas y alegrías, míralos hoy con benevolencia; renueva constantemente su alianza nupcial, acrecienta su amor, fortalece su vínculo de paz, para que (junto con esta corona de hijos que los rodea) gocen siempre de tu bendición. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

EXEQUIAS

7. 8. 9. 10.

Exequias sin misa Exequias con misa Misa por los difuntos Exequias de niños

95 113 129 137

7. EXEQUIAS SIN MISA

Todos los textos que aquí publicamos están en género masculino. En su caso, habrá que adaptarlos al femenino.

ACOGIDA Y RITOS INICIALES
Esta primera parte tiene una doble función: acoger y saludar por última vez un cuerpo que es la presencia que nos queda de una persona que habíamos tratado y era hija de Dios, y compartir los sentimientos de dolor y tristeza, y de fe y esperanza cristianas que corresponden a tal situación. Si es posible, el celebrante recibe a los familiares más allegados, junto con el difunto, en la puerta de la iglesia; allí les saluda, les dirige unas palabras de consuelo, y a continuación todos entran en la iglesia mientras se canta el canto de entrada. Si la situación o las condiciones del lugar no permiten esta acogida, sólo el celebrante va a recibir el cuerpo del difunto, y entra con él en la iglesia mientras se canta el canto de entrada. El cadáver se sitúa al pie del altar, normalmente acompañado del cirio pascual, signo de fe en la resurrección. Si el cadáver no entra en la iglesia, igualmente conviene tener en el presbiterio el cirio pascual (ver recuadro de la página 106). Después del canto de entrada, el celebrante saluda, pronuncia unas palabras de introducción, enciende el cirio pascual (si parece oportuno; si no, estará encendido ya desde el principio), y reza la oración colecta. (Otra posibilidad, a menudo difícil de realizar, es que el celebrante salga a recibir a todos los asistentes, y al difunto, a la puerta de la iglesia. En este caso, el saludo y las palabras introductorias se dicen en la puerta de la iglesia, a continuación se entra entonando el canto de entrada y finalmente, cuando cada uno está en su sitio, se reza la oración colecta). Para realizar correctamente toda esta primera parte de la celebración –y también después, a lo largo de todo el rito– se ha de tener muy en cuenta el tipo de muerte, y cómo la han vivido los familiares y amigos más próximos: es diferente la muerte de una persona anciana que la de un joven; es diferente la muerte que llega después de larga enfermedad que la muerte repentina. Así, por ejemplo, no se debe insistir en el dolor que la muerte ha provocado, si de hecho no lo ha provocado; y al revés, cuando la muerte se ha vivido como una gran e incomprensible ruptura, se tendrá que expresar la solidaridad con ese dolor, y a partir de él, en la medida que los asistentes puedan asumirlo, hablar de la esperanza cristiana (sin pretender nunca que esta esperanza pueda anular el dolor).

1. Palabras en la puerta de la iglesia a) Hermanas y hermanos: Habéis sufrido al perder un ser querido. Pero también en este momento de dolor podemos decir, llenos de esperanza: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo: él nos conforta en toda tribulación” (1 Cor 1,3). b) Hermanos: Nos encontramos aquí para orar por nuestro hermano N. y para reafirmar ante Dios nuestra fe y nuestra esperanza. Las sagradas Escrituras nos invitan así a confiar en él: “Confiad en Dios, que él os ayudará; esperad en él y os allanará el camino” (Eclo 2,6). c) Hermanos: Nos reúne hoy el dolor por la muerte de nuestro hermano N. Nos encontramos aquí en la Iglesia para compartir de una manera especial este vuestro dolor, el que sentís los familiares y amigos más allegados de N. En estos momentos queremos recordar las palabras de esperanza que Jesús nos dice: “Venid a

mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). d) Hermanos: Estamos aquí para despedir a este hermano nuestro, que ha acabado el camino de su vida en este mundo. Juntos rezaremos por él, y afirmaremos la esperanza de la vida eterna que Dios ofrece a todos sus hijos. Jesucristo, nuestro Señor, nos ha dicho: “Creed en Dios y creed también en mi... Volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros” (Jn 14,1.3). 2. Canto de entrada
Se canta el salmo 113, como propone el Ritual. Si no, pueden cantarse, por ejemplo: por ti, Patria esperada, CLN 711/MD 609; Acuérdate de Jesucristo, CLN 202/MD 952; Errante voy, soy peregrino, CLN 715/MD 638; Tú nos dijiste que la muerte, CLN 454/MD 685; Creo que Cristo vive, CLN 455; Si vivimos, vivimos para Dios, CLN 456/MD 686; Ciudadanos del Cielo, CLN 709/MD 611; Juntos como hermanos, CLN 403/MD 635; Gloria y honor a ti, MD 604.

3. Saludo a la asamblea a) “Creo que mi Redentor vive, y que al final de los tiempos he de resucitar del polvo, y en esta carne mía contemplaré a Dios, mi Salvador. Lo veré yo mismo, mis propios ojos lo contemplarán. Y en esta carne mía contemplaré a Dios, mi Salvador”. Hermanos, que la paz de Jesucristo esté hoy muy especialmente con todos vosotros. b) Hermanas y hermanos, el amor y la paz de Jesucristo esté hoy, más que nunca, con todos vosotros. c) Hermanos, la paz de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios, nuestro Padre, estén con todos vosotros.

4. Palabras de introducción a) Nos hemos reunido en esta iglesia para despedir a este hermano nuestro. Juntos rezaremos por él, y pediremos a Dios nuestro Padre que lo admita para siempre en su reino eterno, en el lugar de la luz y de la paz. Al mismo tiempo, fortaleceremos en nosotros la fe y la esperanza en la vida plena que Dios ofrece a todos sus hijos, después de nuestro paso por este mundo. b) El motivo de nuestro encuentro es hoy compartir el dolor por la muerte de nuestro familiar, de nuestro amigo N. Le queríamos, y ahora sentimos la tristeza de decirle

adiós. Que esta celebración nos una, nos consuele y nos llene de confianza. Porque nosotros creemos que Dios, nuestro Padre, nos ama y no quiere que ninguno de sus hijos se pierda; nos quiere a todos en su Reino de amor y de vida. Por eso, porque compartimos esta esperanza, hoy rezaremos juntos por este hermano que nos ha dejado. Para que Dios lo tenga junto a él para siempre; y para que a nosotros nos conceda su paz. c) Nos encontramos aquí reunidos compartiendo el dolor por la muerte de nuestro familiar, de nuestro amigo N. Lo habíamos conocido, lo habíamos querido y ahora vivimos la tristeza de despedirnos de él. Pero ahora, junto al dolor de la despedida, debe unirnos también, de modo muy especial, el consuelo de la esperanza. Creemos que, por encima de todo, Dios nos ama y nos acoge. Y, también ahora, en el dolor de la muerte, esperamos que él acogerá a N., como a su hijo querido. El bien que él hizo entre nosotros, todo lo que ayudó a los demás, no se pierde, sino que el propio Dios, nuestro Padre, lo recibe como suyo y lo convierte en fuente de paz y de confianza. Oremos pues. Pidamos al Señor que reciba a nuestro hermano que ha muerto, le perdone y lo llene para siempre con su amor. Y pidamos también los unos por los otros, para que también a nosotros nos consuele y nos dé fuerza la confianza en el amor del Padre. d) Nos encontramos aquí para compartir el dolor por la muerte de nuestro hermano N. De una manera especial, hoy queremos estar a vuestro lado, con los familiares y amigos más allegados a N., acompañando vuestra tristeza. Pero a la vez, queremos también que este encuentro sea señal, afirmación, de esperanza. Y aunque a menudo esta esperanza es demasiado débil en nosotros, hoy queremos aumentar nuestra confianza en Dios, nuestro Padre, que ofrece la vida para siempre a todos sus hijos. e) Hermanos: Hemos venido aquí a la iglesia, a orar y a comunicarnos con Dios con motivo de la despedida a nuestro hermano N. y lo hacemos porque tenemos esperanza y fe. Jesús nos dice que todo lo que hacemos por los demás, es como si se lo hiciéramos a él mismo. Por eso hoy tenemos esperanza, porque sabemos que todo el bien que hizo este hermano nuestro, toda atención que tuvo con los demás, por pequeño que fuera, Dios lo convierte en vida para siempre. Ojalá podamos escuchar todos un día esta llamada: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve necesidad y me ayudásteis”.
Ver otras palabras de introducción en la página 114.

5. Encendido del cirio pascual Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad

eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén. 6. Colecta a) Oremos (pausa). Padre, escucha en tu bondad nuestra oración por tu hijo N., a quien has llamado de este mundo. Llévalo junto a ti, al lugar de la luz y de la paz, para que viva en el gozo de tu amor, en la asamblea de tus santos. Por... b) Oremos (pausa). Dios, Padre nuestro: nuestra fe confiesa que tu Hijo ha muerto y ha resucitado. Concede a tu siervo N., que ha participado ya en la muerte de Cristo, participar también en su resurrección. Por... c) Oremos (pausa). Señor misericordioso, te pedimos humildemente que acojas a tu siervo N., y le concedas la abundancia de tu perdón; dígnate purificarle de todo lo que le manchó en este mundo, para que, libre de toda atadura mortal, merezca pasar a la vida eterna. Por... d) Oremos (pausa). Padre, venimos ante ti para orar por tu hijo N., a quien has llamado de este mundo. Prepara nuestros corazones a escuchar tu Palabra, para que encontremos por ella luz en nuestra oscuridad, fe en nuestra duda y nos consolemos mútuamente. Por... e) Oremos unidos (pausa). Te pedimos, Padre de bondad, que acojas nuestra oración por nuestro hermano N.. Que participe de la alegría eterna que tú quieres para todos los hombres. Tú que lo creaste a imagen y semejanza tuya, tú que lo amas como hijo, haz que ahora viva en la felicidad de tu reino. Por...

f) Oremos (pausa). Dios vivo, tú eres quien dices la primera y la última palabra sobre la vida de todos y cada uno de nosotros. La muerte de N. nos ha helado las palabras; no sabemos qué decir, ni qué hacer ni a quién acudir. Que el Espíritu nos haga confiar en tu Palabra que da vida, para que no desfallezcamos en la esperanza de que la vida vencerá a la muerte. Te lo pedimos por Jesucristo, a quien has resucitado de entre los muertos y ahora vive contigo, en la unidad del Espíritu Santo, Dios por por los siglos de los siglos. g) Oremos (pausa). Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos; nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a tu hijo N., y pues creyó en la futura resurrección, merezca alcanzar la alegría de la eterna bienaventuranza. Por... h) En un muerte repentina Oremos (pausa). Que tu infinita bondad, Señor, nos consuele en el dolor de esta muerte inesperada, y mitigue nuestra tristeza con la esperanza de que tu hijo N., vive ya en tu compañía. Por... i) En una muerte repentina Oremos (pausa). Señor, la muerte de N. nos ha sorprendido y ni tiempo hemos tenido de reaccionar; pero más que nunca creemos que nos has hecho para la vida y queremos vivir. Haz que contemplando la cruz, en la que Jesucristo entregó toda su vida, entendamos que sólo dando con amor la propia vida en favor de los demás,

conseguiremos la plenitud de la vida. Te lo pedimos por Jesucristo, a quien resucitaste de entre los muertos y que ahora vive contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos.

j) Por un joven Oremos (pausa). Oh Dios que riges el curso de la vida humana, te encomendamos a tu hijo N., cuya muerte prematura lloramos, para que le concedas vivir la perenne juventud de tu bienaventuranza. Por...
En el Ritual y en el Misal se hallan más modelos de colectas de tipo general y también para casos específicos (difunto que ha padecido larga enfermedad, difunto que ha trabajado por la causa del evangelio, presbítero, diácono, religioso, esposos, padres del celebrante...).

LITURGIA DE LA PALABRA
Después de los ritos iniciales, tiene lugar la Liturgia de la Palabra. Puede leerse una sola lectura o más de una. Mientras se lee la lectura o lecturas la asamblea permanece sentada, incluso cuando se lee un texto del evangelio (no obstante, si se quiere, también puede invitarse a la asamblea a escuchar el evangelio de pie). De hacerse más de una lectura, puede recitarse o cantarse entre las lecturas un salmo responsorial, alternando con el canto de una antífona adecuada y sencilla por parte de la asamblea. Lecturas y salmos se encuentran en el Ritual de Exequias y en el Leccionario, pero también pueden leerse otros fragmentos que parezcan adecuados. Después de las lecturas se pronuncia una breve homilía. Y después, la Oración de los fieles, que se acaba con el Padrenuestro.

7. Lecturas de la Palabra de Dios
Es conveniente decir unas palabras de introducción invitando a la asamblea a escuchar la lectura o lecturas. También se pueden hacer moniciones acordes a los textos concretos que serán leidos. (Veánse modelos en la página 117).

a) Escuchemos ahora lo que Dios quiere decirnos hoy. La lectura (las lecturas) que vamos a oir nos ayudará a reforzar nuestra esperanza. Dios nos promete que acogerá a todos los hombres. Dios promete su vida a todos. Escuchemos, pues, atentamente y mantengamos viva la confianza. La debilidad de nuestra esperanza necesita ser fortalecida. Por eso leemos ahora la Palabra de Dios. Escuchémosla con atención, con sencillez. Que estas lecturas de la Sagrada Escritura alimenten nuestra fe en el Dios de Jesucristo, en el Dios que da siempre vida y vida abundante. ¿Cuál es la suerte de los difuntos? ¿Qué les espera más allá de la muerte? Escucharemos ahora las palabras de la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios que nos ilumina hoy con su mensaje de vida y de esperanza. (Si sólo se lee un texto del Evangelio). Escuchemos ahora la palabra de Jesús en el evangelio. Es él quien nos habla hoy, nos ilumina, afianza nuestra fe y nuestra esperanza. (Si se lee alguno de los relatos de la Pasión). Hoy, ante la muerte de nuestro hermano, escucharemos un relato de los últimos instantes de la vida de Jesús. Él,

b)

c)

d)

e)

hombre como nosotros, muere por amor, y nos abre las puertas de su Reino.
Si se canta un salmo o se recita acompañado de una antífona (p.e.: Tu Palabra me da vida, CLN 523/MD 832; En Dios pongo mi esperanza, MD 704; El Señor es mi pastor, CLN 504 y D 25/MD 801; El Señor es mi fuerza, CLN 717/MD 647; El Señor es mi luz, CLN D 11 y 505/MD 723 y 842; Mi alma espera en el Señor, CLN 529/MD 825) se podría introducir con una monición de este tipo:

a) Cantemos ahora nuestra esperanza en el Señor. Él nos guía, él conduce con amor a sus hijos como un pastor conduce su rebaño. Porque él no quiere que nadie se pierda, sino que todos podamos vivir para siempre en su luz y en su paz. b) Respondamos a esta lectura con espíritu de plegaria confiada. Hagamos nuestras las palabras del salmo que ahora escucharemos, mientras cantamos: c) Cantemos ahora, con las palabras del salmo, la vida gozosa de Dios a la que nuestro hermano ha sido llamado. 8. Homilía
Véanse modelos en el libro Homilías exequiales, publicado en esta misma colección.

9. Oración de los fieles a) Ahora, juntos, oremos confiadamente a Dios, nuestro Padre, por nuestro hermano N. Podéis responder a cada petición, diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE. 1. Para que Dios acoja a su hijo N. y lo llene del gozo y de la vida para siempre.
OREMOS AL SEÑOR.

2. Para que acepte todo el bien que hiciera en este mundo, y le perdone todo pecado. OREMOS AL SEÑOR. 3. Para que reciba también en la felicidad de su Reino a todos los que han muerto.
OREMOS AL SEÑOR.

4. Para que dé consuelo y esperanza a todos los que sufren. OREMOS AL SEÑOR. b) Oremos ahora confiadamente por nuestro hermano N., y también por todos los hombres. Podéis responder: ESCUÚCHANOS, PADRE. 1. Para que Dios acoja a su hijo N., y lo llene del gozo y de la vida que él deseó.
OREMOS UNIDOS:

2. Para que acepte el bien que hizo en este mundo, y le dé ahora la plenitud del amor. OREMOS UNIDOS: 3. Para que le perdone y su pecado, y lo libere para siempre de la tristeza y de la muerte. OREMOS UNIDOS: 4. Para que quiera consolar a sus familiares y amigos que lo echan en falta.
UNIDOS: OREMOS

5. Para que reciba también en la felicidad de su Reino a todos los que han muerto, en la fiesta eterna de la paz. OREMOS UNIDOS: 6. Para que dé fortaleza y esperanza a todos los que sufren. OREMOS UNIDOS: 7. Para que llene a todos los hombres de sincero deseo de construir un mundo más fraterno y justo. OREMOS UNIDOS: 8. Para que haga de su Iglesia un signo de vida y de amor. OREMOS UNIDOS: 9. Para que a cuantos estamos aquí nos haga crecer en fidelidad al Evangelio que Jesús nos enseñó. OREMOS UNIDOS: c) Llenos de confianza, presentemos nuestras peticiones al Dios de la vida, que quiere

que todos los hombres se salven. Responderemos: ESCÚCHANOS, SEÑOR, Y TEN PIEDAD 1. Que nuestro hermano N. reciba el abrazo definitivo de Dios, ahora que la muerte lo ha arrancado de este mundo. OREMOS: 2. Que a través nuestro, Dios comunique su amor y su consuelo a la familia y a los amigos de N. OREMOS: 3. Que los moribundos y los que no tienen esperanza de curación, se vean acompañados del amor de los cristianos y eso les ayude a mantener la fe y la fortaleza. OREMOS: 4. Que los seguidores de Jesús manifestemos con mayor claridad nuestra fe en la vida eterna trabajando en favor de la vida de las personas. OREMOS: 5. Que nuestro encuentro de hoy nos ayude a mirar la muerte con serenidad, y nos impulse a amar para obtener así la vida eterna. OREMOS:

CUANDO NO SE ENTRA EL CADÁVER EN LA IGLESIA
En algunos lugares, por distintos motivos, no se entra el cadáver en la iglesia. A veces, si el motivo es una decisión de las funerarias, será posible sugerir a las familias que se responsabilicen ellas de la conducción del carro mortuorio para realizar así la última entrada del difunto en la casa de la comunidad cristiana. Si con todo no se entra el cadáver, habrá que tener en cuenta lo siguiente: pEn la acogida y ritos iniciales, el celebrante debería ir a la puerta de la iglesia y recibir allí a los familiares, decir unas palabras de acogida ante el féretro y entrar con los familiares en la iglesia, mientras se canta el canto de entrada. pEn la última recomendación y despedida, se puede hacer todo el rito desde el altar, menos la aspersión (invitación a la oración, canto de despedida, oración final); y luego explicar que nos trasladaremos allí donde se encuentra el cadáver para asperjarlo como último adiós, en recuerdo del bautismo que recibió y que ahora es para él prenda de vida eterna. El celebrante, los familiares y los demás asistentes se dirigen luego a la puerta de la iglesia para realizar la aspersión, mientras se canta alguno de los cantos previstos para el traslado del cadáver.

d) Invoquemos con fe a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos como primicia de salvación para todos los hombres. Oremos diciendo: TE
ROGAMOS, ÓYENOS

1. Por N., que por el bautismo obtuvo el don de ser hijo de Dios; que no le falte ahora un lugar en la casa del Padre. OREMOS AL SEÑOR. 2. Por todos los que más sufren por la muerte de N.; que encuentren en nosotros, y sobre todo en la fe, el consuelo y la esperanza. OREMOS AL SEÑOR. 3. Por todos los hombres; que no dejemos de trabajar en favor de la paz y así Dios libere al mundo de todo mal. OREMOS AL SEÑOR. 4. Por todos los cristianos; que Dios nos reúna en la unidad y reafirme nuestra fe en la vida que no tiene fin. OREMOS AL SEÑOR. 5. Por los que nos hemos reunido aquí en la fe y en el amor; que Dios nos haga testigos y mensajeros de su vida entre los que nos rodean. OREMOS AL SEÑOR. e) Oremos a nuestro Padre Dios, en la seguridad de que escuchará las peticiones que le presentamos con fe y amor. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE 1. Por la Iglesia de Dios, para que acierte a predicar a los hombres de hoy el

mensaje de fe y esperanza en la victoria sobre la muerte. ROGUEMOS AL SEÑOR. 2. Por todos los que dirigen los destinos de las naciones, para que promuevan la justicia, la prosperidad y la paz. ROGUEMOS AL SEÑOR. 3. Por nuestro hermano difunto N., para que comporta la vida eterna prometida por Cristo. ROGUEMOS AL SEÑOR. 4. Por todos los difuntos, para que vivan en la alegría para siempre del Reino de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR 5. Por todos los que nos hemos reunido aquí, para que nuestro vivir de cada día nos lleve hacia el amor de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR f) En una muerte repentina Oremos hermanos, confiados en el poder de Dios, Dueño y Señor de nuestra vida, diciendo: ESCUCHANOS, SEÑOR 1. Por todos los hombres; para que su vida orientada hacia Dios y hacia los hermanos, sea una preparación al encuentro de Cristo. ROGUEMOS AL SEÑOR. 2. Por los que sufren la prueba dura de una muerte repentina; para que encuentren consuelo y esperanza en la fe. ROGUEMOS AL SEÑOR. 3. Por nuestro hermano difunto, para que el Señor le acoja en el mundo nuevo donde no hay llanto, ni lágrimas, ni dolor. ROGUEMOS AL SEÑOR. 4. Por todos los aquí presentes, para que esta celebración cristiana de la muerte de un hermano, nos anime a vivir en actitud de vigilancia cristiana manifestada en obras de amor, sinceridad y respeto a los demás. ROGUEMOS AL SEÑOR. g) En una muerte por accidente Todos nosotros queremos vivir y no aceptamos morir. Dios nos ha hecho para la vida, y nos da vida eterna en su Hijo Jesús. Oremos ahora ante Dios por N., que acaba de morir, diciendo: ESCÚCHANOS, SEÑOR. 1. Oremos por N. que de manera inesperada ha encontrado la muerte. Que su vida no acabe. Que viva junto a Dios. OREMOS AL SEÑOR. 2. Oremos por todos los que le querían: familiares y amigos. Que la palabra de la fe sea para todos palabra de vida. Que el recuerdo de N. nos haga crecer en el amor. OREMOS AL SEÑOR. 3. Oremos por todos los que, en la plenitud de la vida, hallan la muerte en accidentes de carretera o de trabajo, o en accidentes provocados por los errores o la desidia de los hombres. Que Dios los acoja en su Reino eterno. OREMOS AL SEÑOR. 4. Oremos para que todo cuanto hagamos, y todo el progreso de la humanidad, siempre busque el servicio y el bien de las personas. OREMOS AL SEÑOR. 5. Oremos por todos y cada uno de nosotros; por la vida que tenemos por delante. Que sepamos hacer de nuestra existencia un proyecto de amor, y pasemos por el mundo haciendo el bien. OREMOS AL SEÑOR.
Hay más plegarias en las páginas 121 ss, así como también en el Ritual. Para terminar no se dice la oración conclusiva, sino el Padrenuestro.

10. Padrenuestro a) Como Jesús nos enseñó, digamos ahora la oración de los hijos de Dios, el Padrenuestro. b) Digamos ahora juntos, como Jesús nos enseñó, el Padrenuestro. Es la oración de los hijos de Dios, la oración de los que confiamos en el amor del Padre que no abandona

a ninguno de sus hijos. c) Digamos ahora, confiadamente, con esperanza, con fe, la oración de Jesucristo. Digamos el Padrenuestro con nuestros ojos puestos en el Padre que nos ama, y que acogerá con todo amor a su hijo N., y a todos nosotros: d) Acabemos nuestra oración repitiendo las palabras que Jesús nos enseñó, el Padrenuestro:

ÚLTIMA RECOMENDACIÓN Y DESPEDIDA
Después de la Liturgia de la Palabra, las exequias acaban con la última recomendación y la despedida del difunto. La asamblea, unida en la fe y la esperanza, dice su adiós al hermano que ha partido de este mundo y lo encomienda a la misericordia de Dios. El rito de la última recomendación y despedida consta de las siguientes partes: – Invitación a la oración, seguida, si se cree oportuno, de unas palabras de los familiares agradeciendo a los asistentes su presencia. – Canto de despedida del difunto, momento culminante del rito. Durante el canto se asperja el cadáver, como recuerdo del bautismo; también, si parece oportuno, se inciensa (expresando la dignidad de aquel cuerpo, creado por Dios y llamado a resucitar). – Oración final. – El cadáver es llevado hacia la puerta de la iglesia, mientras se puede entonar un canto, o recitar un salmo. La celebración de las exequias acaba sin bendición ni despedida de la asamblea. En cambio, sería conveniente que, al acabar, el celebrante dé su pésame a los familiares.

11. Invitación a la oración a) Según la costumbre cristiana daremos sepultura al cuerpo de nuestro hermano. Oremos con fe a Dios para quien toda criatura vive. Este cuerpo que enterramos ahora en debilidad pidamos que Dios lo resucite en fortaleza, y lo agregue a la asamblea de sus elegidos. Que el Señor sea misericordioso con nuestro hermano, para que, libre de la muerte, absuelto de sus culpas, reconciliado con el Padre y llevado sobre los hombros del buen Pastor, merezca gozar de la perenne alegría de los santos en el séquito del Rey eterno. b) Nuestro hermano ha muerto en la paz de Cristo; con la fe y la esperanza puestas en la vida eterna, lo confiamos al amor de nuestro Padre. Fue adoptado entre los hijos de Dios en el Bautismo, y, unido a sus hermanos, participó en la mesa del Señor; pidamos ahora que sea admitido al banquete del Reino y herede, con los santos, los premios eternos. Y en este momento de la separación oremos al Señor por nosotros, para que podamos con nuestro hermano salir al encuentro de Cristo, cuando él mismo, vida nuestra, aparezca en gloria. c) Antes de separarnos, despidámonos de nuestro hermano, y que este adiós final sea signo de nuestro amor y de nuestro afecto, mitigue nuestro dolor y aliente nuestra esperanza. Esperamos que un día le volveremos a encontrar con gozo en el Reino de Cristo; donde el amor que todo lo vence superará a la misma muerte. d) Hemos orado con fe por nuestro hermano. Vamos a despedirnos de él. Nuestro adiós, aunque no nos quita la tristeza de la separación, nos da, sin embargo, el consuelo de la esperanza. Vendrá un día en que nos alegraremos de nuevo con su

presencia. Esta asamblea que hoy se despide con tristeza, se reunirá un día en la alegría del Reino de Dios. Consolémonos, pues, mutuamente en la fe de Cristo. 12. Aspersión (e incensación) No temas, hermano, Cristo murió por ti y en su resurrección fuiste salvado. El Señor te protegió durante tu vida; por ello, esperamos que también te librará, en el último día, de la muerte que acabas de sufrir. Por el bautismo, fuiste hecho miembro de Cristo resucitado: el agua que ahora derramaremos sobre tu cuerpo nos lo recordará. 13. Canto de despedida
La asamblea despide, cantando esperanzada, al hermano difunto. El Ritual ofrece distintas posibilidades. También se puede ver CLN 451-472 y MD 682-689. Todos están de pie mientras se canta. De no poderse cantar, lo mejor será rezar algunas invocaciones, como las que se hallan en el Ritual para las exequias sin canto. Si no, se guardan unos momentos de silencio y oración.

14. Oración final a) A tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano con la firme esperanza de que resucitará en el último día con todos los que han muerto en Cristo. Te damos gracias por todos los dones con que lo enriqueciste a lo largo de su vida; en ellos reconocemos un signo de tu amor y de la comunión de los santos. Dios de misericordia, acoge las oraciones que te presentamos por este hermano nuestro que acaba de dejarnos y ábrele las puertas de tu mansión. Y a sus familiares y amigos, y a todos nosotros, los que hemos quedado en este mundo, concédenos saber consolarnos con palabras de fe, hasta que también nos llegue el momento de volver a reunirnos con él, junto a ti, en el gozo de tu reino eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. b) Señor Jesucristo, redentor y restaurador del género humano, abre las puertas del paraíso a nuestro hermano N., que cerró sus ojos a la luz de este mundo para volver a ti, luz verdadera; líbrale de la oscuridad de la muerte y condúcele a la luz de la vida, para que se alegre de encontrarse en tu Reino, su verdadera patria, donde no hay ni tristeza ni muerte, donde todo es vida y alegría sin fin. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. c) Te encomendamos, Señor, a nuestro hermano, a quien rodeaste en esta vida con tu amor infinito. Concédele ahora, libre de todos los males, participar en el descanso eterno; y a todos los suyos, dales fortaleza en la tribulación. Por tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.
Después de la oración, alguno de los familiares y amigos puede agradecer a los presentes su participación en las exequias.

15. Traslado del cadáver
Mientras se traslada el cuerpo hacia la puerta de la iglesia se puede cantar alguna de las antífonas previstas (cf. CLN 453/MD 683). También puede entonarse otro canto, o recitar el Salmo 117, o cantar el “In paradisum” en latín, si se sabe.

a) Al paraíso te lleven los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.

b) El coro de los ángeles te reciba, y junto con Lázaro, pobre en esta vida, tengas descanso eterno.

8. EXEQUIAS CON MISA

Todos los textos que aquí publicamos están en género masculino. En su caso, habrá que adaptarlos al femenino.

ACOGIDA Y RITOS INICIALES
La acogida y los ritos iniciales de la celebración de la misa exequial tienen las mismas características que en las exequias sin misa. Véase, pues, la explicación en la página 95, y el recuadro de la página 106. En la misa exequial se suprime el acto penitencial. No obstante, si se cree oportuno hacerlo, se encontrarán algunos formularios en la página 131.

1. Palabras en la puerta de la iglesia
Véase página 96.

2. Canto de entrada
Véase página 97.

3. Saludo a la asamblea
Véase página 98.

4. Palabras de introducción a) El Señor, hoy de una manera muy especial, nos llene de esperanza y de fe, en el momento de decir nuestro adiós a este hermano nuestro a quien conocíamos y queríamos. Que la confianza en su amor inspire nuestra plegaria: Jesús, que permanece vivo entre nosotros, que se hará presente en esta Eucaristía, se ofrece como luz y vida a todos los que creen en él, aquí y más allá de la muerte. b) Hermanos: Nos hemos reunido en la iglesia para decir el último adiós a nuestro hermano N. Él ha llegado ya a la meta después de la peregrinación de esta vida. Que nuestra oración le acompañe. Y ya que en el Bautismo fue hecho Hijo de Dios y recibió el Pan de la vida en la Eucaristía, confiamos que sea admitido ahora en la banquete del reino. Nosotros seremos confortados con la Palabra de Dios y el Pan de la Eucaristía que nos alimenta en nuestro caminar por la vida.

c) Hermanos: Nos cuesta entender el sentido del sufrimiento y de la muerte. Nos quedamos perplejos ante ella. Para muchos hombres, sufrir y morir, aunque sea por los demás por una causa noble, les parece un absurdo, porque piensan que con la muerte todo se acaba. Pero, fijémonos en el grano de trigo. Cuando lo siembran y cae al surco, se pudre, pero da como fruto una espiga fecunda. Cristo con su muerte vence a la muerte e inaugura una nueva vida. La muerte de Jesús es esa semilla de resurrección que ha cambiado de signo la muerte y la vida. Hemos sido injertados en su vida fecunda. Si sabemos vivir una vida de servicio, de donación, de generosidad y entrega, nuestra muerte nos conducirá a la resurrección.

La Eucaristía que vamos a celebrar en recuerdo de nuestro hermano N. nos hará revivir la Muerte y Resurrección de Cristo que es garantía de la nuestra. d) En la muerte de un padre o una madre jóvenes Ante el cuerpo muerto (de un hombre joven, padre de unos hijos pequeños) (de una mujer joven, madre de niños pequeños) nos encontramos con uno de los problemas insolubles a los ojos de los hombres. ¿Qué sentido tiene la vida, cuando se trunca a veces en su mejor momento? ¿Para qué valen nuestros esfuerzos para vivir? Podríamos seguir preguntándonos indefinidamente. Nosotros los cristianos tampoco tenemos la respuesta. En cambio, sí tenemos la presencia de un hombre justo, que desde su cruz ilumina la oscuridad de nuestras vidas. La sombra de esta Cruz, la semilla de la vida nueva de la Resurrección, serena nuestra alma, y nos da fuerza, para seguir caminando, en la oscuridad de nuestras preguntas. e) En la muerte de un joven Estamos aquí para dar nuestro adiós a N. Todos compartimos hoy el dolor, el desconcierto que nos causa su muerte. Pocas cosas podemos afirmar ahora, ante esta pérdida. Estamos aquí sobre todo para hacernos compañía mútua –y acompañaros de una manera muy particular a vosotros, sus familiares– en el dolor, en la tristeza, en el desconcierto. Para ayudarnos en estos momentos en que parece que nada tiene sentido, en que todo se tambalea. Queremos apoyarnos los unos en los otros, y queremos ayudarnos –aunque cueste– a seguir mirando hacia adelante. Porque en verdad el mejor recuerdo, el mejor homenaje que podemos hacer hoy a N. es precisamente este: seguir viviendo, seguir amando la vida, reafirmando todo aquello que más valor tiene: el amor, la generosidad, la solidaridad mutua. Jesucristo está hoy aquí, a nuestro lado. Él, que por amor murió también joven en la cruz, es la luz que ha de iluminar para siempre a nuestro hermano N. (El pan y el vino de la Eucaristía que hoy nos reúne serán para todos nosotros prenda de esa luz eterna).
Véase otros modelos de palabras introductorias en “Exequias sin misa” página 98.

5. Encendido del cirio pascual
Véase página 98.

6. Acto penitencial (si se hace)
Véase página 131.

7. Colecta
Véase página 100.

LITURGIA DE LA PALABRA
Ahora tiene lugar la Liturgia de la Palabra, como en toda celebración eucarística. Las lecturas se encuentran en el Ritual de Exequias y en el Leccionario V, pero también pueden ser leídas otras que parezcan adecuadas. Puede haber dos o tres lecturas, siendo la última siempre del evangelio. Si sólo se leen dos, la primera puede ser del Antiguo o del Nuevo Testamento, excepto en tiempo pascual en que deberá ser siempre del Nuevo Testamento. Si se leen tres, la primera ha de ser del Antiguo Testamento y la segunda del Nuevo, excepción hecha del tiempo de Pascua en que la primera ha de ser del libro de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis. Después de la primera lectura, se recita o canta un salmo responsorial, alternando con el canto de una antífona adecuada y sencilla por parte de la asamblea. Antes del evangelio se canta el Aleluya u otra aclamación. Después de las lecturas se tiene una breve homilía y la oración de los fieles.

8. Introducción general a las lecturas
Para introducir la Liturgia de la Palabra se puede optar entre hacer una introducción general o moniciones a cada una de las lecturas concretas, o ambas cosas. Para la introducción general, véanse modelos en la página 102.

9. Moniciones a las lecturas
Ofrecemos aquí moniciones a un buen número (no a todas) de las lecturas que propone el Ritual. Las lecturas se encuentran también en el Leccionario V y el Leccionario VIII.

a) Lecturas del Antiguo Testamento I. Job 19,1.23-27a: Escucharemos ahora unas palabras muy antiguas. Desde el dolor, desde el abandono, desde la más profunda tristeza, Job proclama su fe, su esperanza. II. Sabiduría 3,1-9: Las palabras de un sabio del Antiguo Testamento nos ayudarán ahora a reafirmar nuestra fe. El dolor y la muerte son incomprensibles y nos cuesta mucho aceptarlos. Pero el Señor nos invita a mirar más allá de las cosas que vemos. La fuerza y la bondad del Señor son vida eterna para los que han confiado en él y le han seguido. IV. Isaías 25,6a.7-9: Escuchemos ahora la palabra de los profetas que viene a fortalecer nuestra esperanza. El camino de los hombres no está destinado al fracaso, a la desaparición para siempre. El camino de los hombres tiene por término el amor de Dios, la luz y la vida junto a él. V. Lamentaciones 3,17-26: La palabra de Dios que ahora escuchamos nos acompaña hoy en nuestro dolor. La experiencia

dolorosa del profeta es también hoy nuestra experiencia. Pero, como él, también nosotros anhelamos encontrar la luz en el Señor. VII. 2 Macabeos 12,43-46: Estamos aquí para orar por nuestro hermano difunto. Y como este personaje del Antiguo Testamento de quien nos hablará la lectura que ahora escucharemos, nuestra plegaria está inspirada en la fe y la esperanza en la vida para siempre que Dios nos ha prometido. * * * b) Lecturas del Nuevo Testamento I. Hechos 10, 34-43: Escuchemos ahora con fe, con esperanza, unas palabras que nos anuncian lo que es fundamental para nosotros los cristianos: Jesús, quien por amor entregó su vida en la cruz, vive para siempre; y él mismo llama ahora a todos los hombres a compartir su vida eterna. IV. Romanos 6,3-9: Un día, este hermano nuestro a quien hoy damos nuestro adiós, inició su vida cristiana, su vida de unión con Jesucristo. Aquel día, al recibir el bautismo, se le hizo una promesa, una promesa más fuerte que la misma muerte. Escuchémosla. VI. Romanos 8,31b-35.37-39: La Palabra de Dios sale hoy a nuestro encuentro, capaz de darnos ánimo y fortaleza en medio del dolor, incluso de la misma muerte. Porque queremos cimentarnos en aquello que es más fuerte que todo: el amor de Jesucristo, el amor de Dios. VII. Romanos 14,7-9.10b-12: Nuestra vida entera está marcada por la presencia y la llamada del Señor. Todo está en sus manos. Y ahora, ante la muerte, experimentamos más que nunca esta verdad. Nos lo dice san Pablo en el texto que ahora escuchamos. IX. 1 Corintios 15,51-57: Escuchemos ahora con fe y esperanza la promesa que Dios nos hace. En ella se nos habla del término de nuestra vida en este mundo, y de la nueva vida que obtenemos por la fuerza de Jesucristo. XI. Filipenses 3,20-21: Escuchemos ahora unas breves palabras de san Pablo. Unas breves palabras en las que nos anuncia la esperanza en la salvación, la vida para siempre en Dios. XIII. 2 Timoteo 2,8-13: San Pablo, encarcelado por ser fiel al Evangelio, escribe a su discípulo y amigo Timoteo. Sus palabras son una afirmación llena de fe en la fuerza y la vida que vienen de Cristo. Al escucharlas nosotros hoy, reafirmamos también nuestra fe y nuestra esperanza. XIV. 1 Juan 3,1-2: Escuchemos ahora unas palabras que rezuman esperanza. Nuestra vida está llena del amor de Dios, nuestra vida está llamada a vivir totalmente ese amor. Lo escuchamos hoy con fe, al despedir a este hermano nuestro. XV. 1 Juan 3,14-16: Estamos aquí reunidos porque, a pesar de nuestro dolor, creemos que la muerte no puede ser el final de todo. Llenos de esperanza escuchemos ahora cómo la fuerza del amor, la fuerza de Dios, es fuente de vida para siempre. XVI. Apocalipsis 14,13: El texto que ahora escucharemos es muy breve, muy sencillo. Pero rezuma esperanza. Pongamos atención. XVIII. Apocalipsis 21,1-5a.6b-7: En forma de una extraña visión, san Juan nos

hablará ahora, en el texto que escucharemos, de lo que nos espera a nosotros, a todos los hombres. Dios promete que se acabará el dolor, Dios promete su amor, Dios promete vida para siempre. 10. Monición al salmo responsorial
El salmo escogido se canta o se recita acompañado de una antífona (p.e.: Tu Palabra me da vida, CLN 523 / MD 832; En Dios pongo mi esperanza, MD 704; El Señor es mi pastor, CLN 504 y D 25 / MD 801; El Señor es mi fuerza, CLN 717 / MD 647; El Señor es mi luz, CLN D 11 y 505 / MD 723 y 842; Mi alma espera en el Señor, CLN 529 / MD 825; si parece oportuno se puede cantar también el Aleluya), y se podría introducir con una monición de este tipo:

a) Cantemos ahora nuestra esperanza en el Señor. Él nos guía, él conduce con amor a sus hijos como un pastor conduce su rebaño. Porque él no quiere que nadie se pierda, sino que todos podamos vivir para siempre en su luz y en su paz. b) Respondamos a esta lectura con espíritu de plegaria confiada. Hagamos nuestras las palabras del salmo que ahora escucharemos, mientras cantamos: c) Cantemos ahora, con las palabras del salmo, la vida gozosa de Dios a la que ha sido llamado nuestro hermano. 11. Monición al evangelio
De hacerse sólo dos lecturas, después del salmo puede leerse directamente el evangelio, sin aclamación previa. De hacerse tres, convendría cantar, antes del evangelio, una aclamación a Jesucristo, o el Aleluya. Si se quiere hacer monición al evangelio (la cual, en el caso de haber aclamación, será leída antes que ésta), puede elegirse una de éstas:

a) Escuchemos ahora la palabra de Jesús, el evangelio. Él nos habla hoy, nos ilumina, fortalece nuestra fe y nuestra esperanza. b) Dispongámonos a escuchar ahora el evangelio. Jesús es con su palabra, con su vida entera, luz y fuerza para todos aquellos que se proponen seguirle. c) (Si se lee algún fragmento de la pasión). Hoy, motivados por la muerte de nuestro hermano, escucharemos un relato de los últimos momentos de la vida de Jesús. Él, hombre como nosotros, muere por amor, nos abre las puertas de su Reino.

12. Homilía
Véanse modelos en el libro Homilías exequiales publicado en esta misma colección.

13. Oración de los fieles a) Recordamos hoy con afecto a N., a quien Dios ha llamado de este mundo. Oremos confiados a Aquél que venció la muerte y resucitó glorioso del sepulcro, diciendo:
SEÑOR JESÚS, ÓYENOS.

1. Que Jesucristo, el Hijo de Dios, reconozca en N. a uno de sus seguidores, y le haga partícipe de su resurrección. OREMOS: 2. Que Jesucristo, el portador de la misericordia de Dios a los pecadores, libre a N. de todo mal y pecado. OREMOS: 3. Que Jesucristo, que derramó lágrimas ante su amigo muerto, nos conceda la paz del corazón a todos los que hoy lloramos la muerte de N. OREMOS: 4. Que Jesucristo, el Salvador del mundo, conceda su fuerza y envíe su Espíritu a todos los que se esfuerzan por transformar este mundo en el Reino de Dios.

OREMOS:

Señor: Te rogamos por N. a quien mientras vivió en este mundo rodeaste siempre con tu amor. Concédele ahora vivir junto a ti, libre ya de todo mal y de la misma muerte. Que comparta contigo la paz y la alegría sin fin. A ti te lo pedimos, que vives y reinas... b) Oremos hermanos a Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor, esperanza de los que viven en este mundo, vida y resurrección de los que ya han muerto, y digámosle:
ESCÚCHANOS, SEÑOR.

1. Acuérdate, Señor, de tu amor sin límites y acoge a N. en tu presencia, después de su partida de este mundo. OREMOS AL SEÑOR: 2. Tú que eres Dios rico en misericordia, perdona a N. todas sus culpas. OREMOS AL
SEÑOR:

3. Señor, por medio de nuestro consuelo y de nuestra ayuda, muestra a los familiares y amigos de N. el amor que les profesas. OREMOS AL SEÑOR: 4. Señor, no abandones en la dificultad a todos aquellos que se esfuerzan en construir un mundo nuevo, lleno de vida y libre de todo mal. OREMOS AL SEÑOR: 5. A todos los que a ti acudimos, haznos Señor, movidos por tu Espíritu, testigos del Evangelio y de la Vida sin fin. OREMOS AL SEÑOR: Escucha, Señor, la plegaria de tu pueblo, acoge los deseos de nuestro corazón, y admite a N. en la plenitud de tu Reino. Por... c) Oremos a Dios, Padre de todos, por N., a quien ha llegado la hora de la muerte. Oremos diciendo: SEÑOR, TEN PIEDAD. 1. Para que el Señor, compasivo con todos los hombres, conceda a N. participar en la plenitud de su Reino. OREMOS UNIDOS: 2. Para que el Señor, que por el bautismo nos ha reconocido como hijos suyos, acoja ahora a N. en la casa del cielo. OREMOS UNIDOS: 3. Para que el Señor tenga en cuenta todo el amor que N. ha sembrado en el mundo, y lo haga crecer en todos los que le habíamos conocido. OREMOS UNIDOS: 4. Para que el Señor consuele a los que lloran la muerte de N. y dé fortaleza a los que se sienten abatidos por su partida. OREMOS UNIDOS: 5. Para que el Señor nos ayude a descubrir la grandeza de su Reino de Amor y de Verdad, y nos impulse a luchar contra todo lo que sea desamor o mentira. OREMOS
UNIDOS:

Señor, que nuestra oración suplicante sea provechosa para N., para que, libre de todo pecado, participe ya ahora de la victoria alcanzada por Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina...

d) Después de escuchar la Palabra de Dios, luz que nos ilumina en la oscuridad que provoca en nosotros la muerte de N., dirigimos a Jesucristo nuestra oración confiada, repitiendo: SEÑOR, ESCUCHANOS Y TEN PIEDAD. 1. Tú que devolviste la vida a los muertos, dígnate resucitar a N. a la vida que nunca acabará. OREMOS UNIDOS: 2. Tú que en la cruz perdonaste al ladrón arrepentido, dígnate perdonar a N. todos sus pecados. OREMOS UNIDOS: 3. Tú que por el bautismo acogiste a N. en la Iglesia, recíbelo ahora en la plenitud de tu Reino. OREMOS UNIDOS:

4. Tú que lloraste ante el cadáver de tu amigo Lázaro, dígnate enjugar nuestras lágrimas. OREMOS UNIDOS: 5. Tú que anunciaste al Dios de Vida, haznos portadores de vida para nuestros hermanos. OREMOS UNIDOS: Señor y Redentor nuestro, que no dudaste en entregar la vida para que los hombres no quedáramos atrapados por la muerte: Concede a N. la resurrección para que viva junto a ti para siempre. Y acrecienta en nosotros la fe y la esperanza para que irradiemos la vida que de ti hemos recibido y que nunca acabará. A ti te lo pedimos que vives y reinas por los siglos de los siglos. e) Presentemos, hermanos, nuestras peticiones al Padre, que nos da el pan de cada día, y resucitando a Cristo, nos dio la seguridad de nuestra Resurrección. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, SEÑOR. 1. Para que los cristianos saciemos nuestra sed de dicha, de felicidad y de amor con la Palabra de vida y el Pan inmortal. ROGUEMOS AL SEÑOR: 2. Para que nuestro hermano N., injertado por el Bautismo en la muerte de Cristo, participe de su Resurrección. ROGUEMOS AL SEÑOR: 3. Para que nuestro hermano, que se alimentó con el Cuerpo de Cristo, alcance la posesión gozosa de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR: 4. Para que cuantos murieron en la paz de Cristo se alegren eterna-mente con los nuevos cielos y la tierra nueva. ROGUEMOS AL SEÑOR: 5. Para que nosotros nos preparemos al Banquete Eterno con la recepción digna y frecuente del Pan de vida, de fuerza, de inmortalidad. ROGUEMOS AL SEÑOR: Padre bueno, que nos consuelas y acompañas cuando todo lo terreno se derrumba y nos abandona, haz que nos apoyemos siempre en ti, que vivamos la grandeza de nuestro Bautismo y que nos alimentemos del Pan de la inmortalidad. Por Jesucristo nuestro Señor. f) En la muerte de un padre o de una madre jóvenes Supliquemos al Padre Celestial, y presentémosle nuestras peticiones, por medio de Jesucristo. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS. 1. Por la Iglesia, para que proclame al mundo la Buena Nueva de la Paternidad de Dios y la hermandad de todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR: 2. (Madre) Por nuestra hermana N., para que el Señor acoja sus trabajos y sacrificios, como esposa y madre.ROGUEMOS AL SEÑOR: 3. (Madre) Para que nuestra hermana, que en su vida se preocupó por los suyos, ruegue sin cesar por ellos ahora en la presencia de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR: 2. (Padre) Por nuestro hermano N., para que el Señor premie sus trabajos y desvelos para sacar adelante su hogar y la educación de sus hijos. ROGUEMOS AL SEÑOR: 3. (Padre) Para que el Padre de los cielos, siga velando y ayudando a quienes nuestro hermano ha tenido que dejar huérfanos en la tierra. ROGUEMOS AL SEÑOR: 4. Para que María, la Madre del Señor, interceda por todos los hogares cristianos y ruegue por nosotros al Hijo de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR: 5. Por todos nosotros, para que sepamos aportar nuestro grano de arena en aliviar los sufrimientos de los demás. ROGUEMOS AL SEÑOR Padre, mira con bondad a tus hijos que lloran apenados. Haz que del llanto y del dolor pasemos a la luz y paz de tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor

g) En la muerte de un joven Los que compartimos el dolor por la muerte de N. oremos juntos a nuestro Padre. Oremos llenos de fe, diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS. 1. Oremos por nuestro hermano N. Que la luz de la vida le ilumine eternamente. Que viva para siempre en la alegría de Dios, libre de todo mal, de todo dolor, de toda tristeza. OREMOS AL SEÑOR: 2. Oremos por sus padres, hermanos y amigos. Oremos por todos los que hemos venido aquí para darle nuestro adiós. Que Dios nos dé su fuerza y sepamos acompañarnos y consolarnos mutuamente. OREMOS AL SEÑOR: 3. Oremos por los jóvenes, por todos los chicos y chicas de nuestra ciudad (pueblo). Que vivan la vida con espíritu generoso y contagien ilusión y entusiasmo para construir un mundo mejor. Que sean siempre semilla y fermento de esperanza.
OREMOS AL SEÑOR:

4. Oremos finalmente por la Iglesa, por todos los cristianos. Que en nuestra manera de vivir testifiquemos la vida nueva que de Jesucristo hemos recibido. OREMOS AL
SEÑOR:

Escucha, Padre, nuestras plegarias. Derrama tu amor sobre tu hijo N., sobre todos nosotros y sobre el mundo entero. Por Cristo...
En la página 104 y en el Ritual se encuentran otros modelos de oración de los fieles. Recuérdese que en la misa hay que acabar siempre con una oración conclusiva y no con el Padrenuestro, como ocurre en las exequias sin misa.

LITURGIA DE LA EUCARISTIA
14. Preparación de las ofrendas y oración sobre las ofrendas
Véase el Misal.

15. Monición al prefacio a) Jesucristo se hará presente entre nosotros en el pan y el vino de la Eucaristía. Él, muerto en la cruz, es signo de vida y de esperanza para todos los que ponen su fe en él. Por eso, a pesar de nuestro dolor, damos ahora gracias a Dios por la promesa de vida eterna que él nos ha hecho. b) Vamos a empezar ahora la plegaria eucarística. El Señor Jesús, que es vida para todos los que creen en él, se hará presente entre nosotros y renovará nuestra fe, nuestra esperanza. Demos gracias y pidamos que nuestro hermano N. viva ya para siempre la vida plena de la que nosotros participamos a través de estos signos de pan y de vino. 16. Plegaria eucarística
Véase el Misal.

17. Monición al Padrenuestro a) Digamos ahora juntos, con toda confianza, la oración que nos enseñó Jesucristo, la

plegaria de los hijos de Dios, el Padrenuestro. b) Digamos ahora la oración que Jesús mismo nos enseñó. Digámosla confiando en el amor del Padre que llama a todos sus hijos a su Reino de vida eterna. 18. Padrenuestro 19. Gesto de paz Que el gesto de la paz sea hoy un gesto de solidaridad, de unión ante la tristeza por la pérdida de esta persona querida. Y también un gesto de fe en la paz que el Señor quiere darnos. 20. Fracción del pan 21. Invitación a la comunión “Yo soy la resurrección y la vida” –dice el Señor–. “El que cree en mi, aunque haya muerto vivirá; y el que vive y cree en mi, no morirá para siempre”. Este es el Cordero de Dios, el pan vivo bajado del cielo para que el que coma de él no muera. Dichosos los invitados a esta mesa. 22. Comunión
Durante la comunión pueden cantarse algunos de los cantos indicados para la entrada, u otros como Hacia ti, morada santa (CLN 0 16 / MD 649), Quédate con nosotros (CLN 0 28 / MD 774), No podemos caminar (CLN 0 13 / MD 771), las Bienaventuranzas (CLN 735 y 736 / MD 654), Madre de todos los hombres (CLN 312 / MD 991). O algún salmo: El Señor es mi pastor (CLN 504 / MD 806), Gustad y ved (CLN 518 / Md 834), Caminaré en presencia del Señor (CLN 520 / MD 829), Mi alma espera en el Señor (CLN 529 / MD 825). También pueden cantarse otros cantos de comunión, o cantos propios del tiempo litúrgico. Y muchas veces lo mejor será distribuir la comunión en silencio o con música de fondo.

23. Poscomunión a) Oremos. Dios todopoderoso, te pedimos que por este sacrificio purifiques de todo pecado a tu siervo N., a quien has llamado (hoy) de este mundo, y lo admitas a las alegrías de la resurrección. Por... b) Oremos. Te pedimos, Dios todopoderoso, que nuestro hermano N., por cuya salvación hemos celebrado el misterio pascual, pueda llegar a la mansión de la luz y de la paz. Por... c) Oremos. Señor, tú nos has alimentado con estos signos de tu amor que son fuente de vida eterna. Por la fuerza de este sacramento concede la liberación de todo mal a nuestro hermano N., y haz que nosotros crezcamos en este amor que nunca muere. Por...
Véanse otras fórmulas en el Misal.

ÚLTIMA RECOMENDACIÓN Y DESPEDIDA
Después de la poscomunión se omite la bendición y tienen lugar los ritos de la última

recomendación y la despedida. Todo se desarrolla como en las exequias sin misa, página 109. Ver también recuadro página 106.

9. MISA POR LOS DIFUNTOS

Los materiales que aquí ofrecemos son para aquellos casos en los que se celebra la misa por los difuntos en un momento distinto al de las exequias, sea en el caso de la misa por un solo difunto, sea en el de la misa que, por ejemplo una vez a la semana, se celebra a intención de todos los muertos en aquella semana. Dado que las costumbres en este campo son muy variadas, las indicaciones que aquí damos habrán de ser siempre adaptadas. Sobre todo es de destacar que todos los materiales que aquí ofrecemos estarán redactados en plural, mientras que las indicaciones que remiten a otras páginas de este libro se refieren a textos redactados siempre en singular que, si se usan, tendrán que ser adaptados.

RITOS INICIALES
1. Canto de entrada Véase página 97. 2. Saludo a) El amor y la paz de Dios nuestro Padre, que Jesucristo nos ha revelado, esté con todos vosotros. b) Hermanos y hermanas: El amor y la paz de Jesucristo esté con todos vosotros. c) Hermanos: El amor y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo que con su muerte nos ha abierto el camino de la vida, esté hoy muy especialmente con todos vosotros. 3. Palabras de introducción a) Nos hemos reunido para recordar a nuestros hermanos N. y N. Recuerdo por una parte penetrado del dolor que sienten los que más les amaban, y por otra, lleno de esperanza en la vida eterna, en la vida junto a Dios en la que creemos los cristianos. Si creemos en un Padre que ama más de lo que nunca podemos imaginar, si creemos en Jesucristo que resucitando vence a la muerte, hemos de creer también en una esperanza de vida, de felicidad para todos. Que esta esperanza esté muy presente en nuestra celebración. b) Estamos aquí reunidos (esta noche) para celebrar la Eucaristía en memoria de

nuestros hermanos N. y N. que han fallecido. Estamos unidos en el dolor por haber perdido a unos familiares, a unos amigos que apreciábamos; nos duele su muerte y queremos consolarnos mutuamente en estos momentos. Pero si compartimos el dolor ante la muerte, también compartimos la esperanza en la vida eterna. Los cristianos, en la debilidad de nuestra vida humana, dirigimos nuestra mirada a Jesucristo y confiamos en él. Creemos que él, muerto en la cruz por amor, es fuente de vida para todos los que le siguen. Por eso estamos aquí reunidos. Escucharemos la Palabra de Jesús y renovaremos su última cena, en la que nos dejó el pan y el vino como signo de su presencia entre nosotros y como prenda de vida eterna.
– Véanse otros modelos de introducción en las páginas 98 y 114.

4. Acto penitencial Y ahora, al empezar esta celebración de la Eucaristía, en silencio pongámonos ante el Señor implorando su luz, su fuerza y su perdón (Silencio). – Señor Jesús, tú que eres la luz y la esperanza del mundo, SEÑOR, TEN PIEDAD. – Señor Jesús, tú que eres el camino y la verdad para todo hombre. CRISTO, TEN PIEDAD. – Señor Jesús, tú que eres la resurrección y la vida para los que han muerto. SEÑOR, TEN
PIEDAD.

O bien: – Tú que eres el camino que nos conduce hacia el Padre, SEÑOR, TEN PIEDAD – Tú que eres la verdad que ilumina a los hombres. CRISTO, TEN PIEDAD. – Tú que eres la vida que renueva el mundo. SEÑOR, TEN PIEDAD. O bien: – Tú, que nos has llamado a ser hijos de Dios. SEÑOR, TEN PIEDAD. – Tú, que nos has salvado del pecado y de la muerte. CRISTO, TEN PIEDAD. – Tú, que nos llenas con la esperanza de tu Reino.SEÑOR, TEN PIEDAD. 5. Colecta a) Oremos unidos (pausa). Te pedimos, Padre de bondad, que acojas nuestra oración por nuestros hermanos N. y N. Que participen de la alegría eterna que tú quieres para todos los hombres.

Tú que los creaste a imagen y semejanza tuya, tú que los amas como hijos, haz que ahora vivan en la felicidad de tu Reino. Por... b) Oremos (pausa) Dios misericordioso, que das el eterno descanso a tus fieles, concede a tus hijos N. y N., y a todos los que murieron en Cristo, el perdón de sus pecados para que, libres de toda culpa, tengan parte en la resurrección de tu Hijo. Que vive...
Véanse otras colectas en la página 100, así como en el Ritual y en el Misal.

LITURGIA DE LA PALABRA
6. Lecturas
En la página 117 se encuentran moniciones para un buen número de lecturas y de salmos del leccionario de difuntos. Si en lugar de moniciones a las lecturas concretas quiere hacerse una de

tipo general, véanse modelos en la página 102. Recuérdese que probablemente tendrán que ser adaptadas.

7. Homilía 8. Oración universal a) Oremos ahora a Dios, nuestro Padre. Presentémosle nuestras plegarias, movidos por la fe y la esperanza, diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE. 1. Por nuestros hermanos difuntos N. y N. Para que alcancen la felicidad del Reino de Dios. OREMOS AL SEÑOR. 2. Por ellos y por todos los que han muerto. Para que vivan para siempre en la luz y la paz de la casa del Padre. OREMOS AL SEÑOR 3. Por sus familiares y amigos, por todos cuantos lloran su muerte. Para que de nosotros reciban ayuda y compañía en estos momentos, y hallen en el amor de Dios la fuerza que necesitan. OREMOS AL SEÑOR. 4. Por todos los hombres. Para que todos sepamos vivir abiertos a la verdad, al amor, a la esperanza que conduce a la vida. OREMOS AL SEÑOR. Escucha, Padre, nuestra oración. Derrama tu amor sobre nuestros hermanos difuntos, sobre nosotros, y sobre todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. b) Hagamos ahora, unidos, un acto de confianza en Dios nuestro Padre. Pongámonos ante él, y pidámosle que nos llene de su amor, a nosotros y a todos los hombres. Y hoy, de una manera especial, oremos para que ese amor se derrame con toda abundancia sobre nuestros hermanos difuntos. Podemos responder a cada petición diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS. 1. Oremos por todos los cristianos. Que crezca en nosotros la fe y la esperanza en el amor infinito que Dios nos ha prometido. OREMOS HERMANOS: 2. Oremos por todos los hombres y mujeres del mundo. Que florezcan en todos los corazones los deseos de paz, de justicia, de generosidad. OREMOS HERMANOS: 3. Oremos por todos los que sufren por causa de la guerra o del hambre, por la falta de trabajo o por la enfermedad. Que hallen consuelo en el amor de Dios y en nuestra ayuda solidaria. OREMOS HERMANOS: 4. Oremos por nuestros hermanos difuntos N. y N. Que Dios nuestro Padre los libre para siempre de todo mal y de todo dolor, y les reciba en su Reino de luz y de paz. OREMOS HERMANOS: 5. Oremos por todos nosotros, los que estamos aquí reunidos para celebrar la Eucaristía. Que el Señor nos acompañe siempre con su amor y su bondad.
OREMOS HERMANOS:

Padre, escucha bondadoso nuestras peticiones y concédenos lo que te pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Pueden también ser utilizados, previa adaptación, los formularios que se encuentran en las páginas 104 y 121, así como los del Ritual.

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
Todo el material de este apartado se encuentra en las páginas 126 ss., excepto la poscomunión.

9. Preparación de las ofrendas y oración sobre las ofrendas 10. Prefacio 11. Padrenuestro 12. Gesto de paz 13. Fracción del pan 14. Invitación a la comunión 15. Comunión

16. Poscomunión a) Oremos. Por esta Eucaristía que hemos celebrado, derrama, Señor, con largueza, tu misericordia sobre nuestros hermanos difuntos; tú que les concediste la gracia del bautismo, concédeles también la plenitud de la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. b) Oremos. Hemos recibido, Señor, la Eucaristía, el sacramento de Jesucristo muerto y resucitado para nuestra salvación; te pedimos que a nuestros hermanos que han partido ya de este mundo, les concedas la plenitud de esta misma salvación. Por... c) Oremos. Padre de bondad sin límites, que nuestras súplicas ayuden a tus hijos, para que los purifiques de toda culpa y los hagas partícipes de la salvación eterna. Por... d) Oremos. Te pedimos, Dios todopoderoso, que, por la eficacia de este sacramento, concedas a nuestros hermanos difuntos participar en la eterna alegría de la Iglesia de los santos. Por... e) Oremos. Te pedimos, Dios todopoderoso, que la celebración de esta Eucaristía fortalezca nuestra esperanza, y a los difuntos, que hoy hemos recordado, les alcance la abundancia de tu misericordia. Por...
Véanse otros textos en el Misal y también en la página 128.

BENDICIÓN Y DESPEDIDA
17. Bendición
En el Misal se encuentra una bendición solemne con la que acabar las celebraciones por los difuntos. También puede despedirse a la asamblea con estas palabras:

a) Acaba ya nuestra reunión en memoria (una memoria esperanzada) de los difuntos N. y N. Gracias a todos por haber acudido. Que siempre sepamos ayudarnos en nuestro camino de cada día, y sobre todo en los momentos más dolorosos y más difíciles

Y que por encima de todo, nuestra fuerza sea la fe en Jesucristo, la fe en el Evangelio, la fe en la vida que triunfa sobre la muerte. Así, estará siempre en nosotros la bendición del amor de Dios, Padre... b) Al recordar a nuestros hermanos difuntos, hemos reavivado hoy en nosotros la fe y la esperanza. Porque confiamos en el amor de Dios, creemos que nuestra vida, esta vida tan débil, está llamada a reafirmarse para siempre en su Reino de bondad y de paz. Por este motivo nos hemos reunido para orar por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los acoja junto a él para siempre. Por esto, también, queremos continuar viviendo unidos a Jesucristo, siguiendo su camino de amor, que es el camino de la vida que no tiene fin. Unidos en la fe y la esperanza, recibid la bendición de Dios todopoderoso, Padre... c) Acabamos ya nuestro encuentro de hoy, nuestro encuentro de oración en favor de nuestros hermanos difuntos. Reavivemos en nosotros la fe y la esperanza. Que el Señor, presente en medio de nosotros, nos acompañe siempre con su amor. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre... 18. Despedida

10. EXEQUIAS DE NIÑOS

ACOGIDA Y RITOS INICIALES
Sobre la manera de organizar los ritos iniciales, véase lo que se dice en la página 95, y el recuadro de la página 106.

1. Palabras en la puerta de la iglesia Desde el dolor que sentimos en estos momentos, ante la muerte de este niño, pidamos a Dios su consuelo y esperanza, y digamos: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo: él nos conforta en toda tribulación” (2 Cor 1,3-4). 2. Canto de entrada
Los que propone el Ritual, o bien: Errante voy, soy peregrino (CLN 715 / MD 638); Por ti, Patria esperada (CLN 711 / MD 602); Alma mía, recobra tu calma (CLN 519 / MD 826); Gloria y honor a ti, Señor (MD 604); Juntos como hermanos (CLN 403 / MD 635); La muerte no es el final (CLN 454 / MD 685); Hacia ti, morada santa (CLN O 16 / MD 649).

3. Saludo a la asamblea Hermanos. La paz, el amor y el consuelo de Dios, nuestro Padre, y de su Hijo Jesucristo, esté hoy muy especialmente con todos vosotros. 4. Palabras de introducción a) Hermanos y hermanas. Nos hemos reunido en esta casa de oración, acompañando a una familia que pasa por el doloroso trance de la muerte de N. Este niño, que fue recibido en la familia de los hijos de Dios por el Bautismo, ha completado en poco tiempo su peregrinación, marcado con la señal de Cristo. Que nuestra oración al encomendarle a la Iglesia del cielo, le dé a él la posesión del Reino. Y a sus padres, hermanos y amigos les fortalezca en la paz y esperanza cristianas. b) Para un niño no bautizado Hermanos. Nos hemos reunido en esta casa de oración, acompañando a una familia que pasa por el doloroso trance de la muerte de N. Unidos en la fe y en la esperanza que el amor de Dios nos da, oremos hoy para que el Señor le dé la posesión del Reino. Y a sus padres, hermanos y amigos les fortalezca en la paz y esperanza cristianas. 5. Encendido del cirio pascual (si se trata de un niño bautizado) Junto al cuerpo, ahora sin vida, del niño N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestros camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos. Amén.

6. Colecta a) Oremos. Escucha, Padre bondadoso, las súplicas con que imploramos tu misericordia, para que un día participemos en la vida eterna con este niño, que ya vive en tu Reino. Por... b) Oremos. Señor, tú que conoces nuestra profunda tristeza por la muerte de este niño, concédenos el consuelo de creer que vive eternamente contigo en la gloria. Por... c) Oremos. Dios de amor y clemencia, que has querido llamar a ti, desde el mismo umbral de la vida, a este niño, a quien hiciste hijo tuyo de adopción en el bautismo; escucha con bondad nuestra plegaria y reúnenos un día con él en tu gloria donde creemos que vive feliz ya contigo. Por... d) Por un niño no bautizado Oremos. Recibe las súplicas de tus fieles, Señor, y conforta con la esperanza de tu misericordia a quienes se sienten abatidos por la pérdida de un hijo. Por ... e) Por un niño no bautizado Oremos. Oh, Dios, conocedor de los corazones y consuelo del espíritu, tú conoces la fe de estos padres que lloran la muerte de su hijo: concédeles la ayuda de tu divina misericordia. Por ...

LITURGIA DE LA PALABRA
Si no se celebra la misa, se puede leer una sola lectura. Si se celebra la misa, la Liturgia de la Palabra se organiza como en toda misa. En el Ritual, en el Leccionario V y en el Leccionario VIII hay un apartado de lecturas más apropiadas para exequias de niños, lo cual no quiere decir que sean las únicas posibles.

7. Lecturas
Pueden ser introducidas con una monición como estas:

a) Escuchemos ahora las palabras que Dios nos quiere dirigir hoy. La lectura (las lecturas) nos ayudará a fortalecer nuestra esperanza. Dios nos acompaña en nuestro dolor, y su palabra nos quiere dar luz y confianza. b) (Si se lee sólo un texto del Evangelio). Escuchemos ahora la palabra de Jesús en el Evangelio. Es él quien nos habla hoy, nos ilumina y quiere fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza.
Si se canta un salmo o se recita acompañado de una antífona, puede ser introducido con una monición como ésta:

Respondamos a esta lectura con espíritu de oración confiada. Unamos nuestras voces, respondiendo al salmo con el canto: 8. Homilía
Véanse modelos en el libro Homilías exequiales, publicado en esta misma colección.

9. Oración universal Oremos ahora con fe a Dios, nuestro Padre. El resucitó a su Hijo Jesús de entre los muertos, abriendo así el camino de la vida y la salvación para todos. Oremos diciendo:
PADRE, ESCÚCHANOS.

1. (Niño bautizado) Por nuestro hermano N. que en tan breve período de vida recibió por el bautismo la semilla de la vida eterna. Que goce de la eterna felicidad en la compañía de los santos. OREMOS AL SEÑOR. 1. (Niño no bautizado): Por este niño N. que ha muerto tan pequeño. Que Dios, en su amor inmenso, le admita para siempre en su Reino. OREMOS AL SEÑOR. 2. Por sus padres y familiares. Que hallen consuelo en el amor de Dios y apoyo en nuestra ayuda fraterna.OREMOS AL SEÑOR. 3. Por todos los que han muerto en la esperanza de la resurrección. Que Dios los acoja y haga brillar en ellos la luz de su rostro. OREMOS AL SEÑOR. 4. Por los pueblos del mundo entero. Que en todas partes crezcan sentimientos de justicia y de solidaridad, y desaparezca el horror de la guerra y del hambre. OREMOS AL
SEÑOR.

5. Por los que hoy nos hemos reunido aquí, y por todos los cristianos. Que nuestras vidas estén penetradas por el amor a Dios y a los hermanos, como Jesús nos enseñó. OREMOS AL SEÑOR.
Si no se celebra la misa, la plegaria universal puede acabar así:

Ahora digamos juntos la oración que Jesús nos enseñó, la oración de los hijos de Dios, el Padrenuestro: Padre nuestro...
Si se celebra la misa, la plegaria acaba así:

Escucha, Padre, nuestras peticiones y derrama tu amor sobre este niño, sobre nosotros, y sobre todos los hombres. Por...

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
Si no se celebra la Eucaristía, después de la plegaria universal se pasa directamente a la última recomendación y despedida. Si se celebra, pueden utilizarse las moniciones aquí indicadas:

10. Preparación de las ofrendas y oración sobre las ofrendas
Véase el Misal.

11. Prefacio Jesucristo se hará presente entre nosotros en el pan y el vino de la Eucaristía. Él, muerto en la cruz, es seguro de vida y de esperanza para todos los que ponen su fe en él. Por eso, a pesar de nuestro dolor, demos ahora gracias a Dios por la promesa de vida eterna que él nos hace. 12. Plegaria eucarística
Véase el Misal.

13. Padrenuestro Digamos ahora la oración que nos enseñó Jesucristo, el Padrenuestro. Digámoslo confiando en el amor del Padre que acoge a todos sus hijos en el Reino de la vida: Padre nuestro... 14. Gesto de paz y fracción del pan 15. Comunión
Para los cantos, ver página 115.

17. Postcomunión a) Oremos. Por la comunión del cuerpo y la sangre de tu Hijo, muerto en la cruz y resucitado a nueva vida, has alimentado, Padre, en nosotros la esperanza de la vida eterna: concede, pues, a los que han participado en estos santos misterios, ayuda en las dificultades y consuelo en las lágrimas de esta vida. Por ... b) Oremos. Padre de bondad, tú que has llamado a este niño y le has dado ya parte en tu Reino, admite también a tu mesa celestial a los que acabas de alimentar en la mesa de la eucaristía. Por Jesucristo...

ÚLTIMA RECOMENDACIÓN Y DESPEDIDA
Si no se ha celebrado la Eucaristía, después de la oración universal y el Padrenuestro tiene lugar la última recomendación y la despedida. Si se ha celebrado la Eucaristía, tienen lugar después de la poscomunión, omitiendo la bendición. Sobre la manera de organizar estos ritos véase la página 109 y el recuadro de la página 106.

18. Invitación a la oración a) Hermanos: Cumpliremos el deber de dar sepultura cristiana a este niño. Lo haremos con dolor, con profunda tristeza. Pero queremos hacerlo también con esperanza. Este niño que ha muerto vivirá para siempre junto a Dios, en una vida nueva y sin fin. Con la esperanza cierta de esa vida, pidamos también al Señor que consuele a sus padres y familiares, y que a todos nos haga más fieles a su amor.

b) Dios ha querido llamar junto a sí a este niño, hijo suyo de adopción por el bautismo. Su cuerpo, que ahora vamos a sepultar, un día resucitará y florecerá eternamente en una nueva vida. Con la esperanza cierta de esa vida, en la que confiamos ha entrado ya, supliquemos a Dios que consuele a sus padres y familiares y nos mueva a todos a desear siempre el cielo. c) (Por un niño no bautizado) Hermanos: unámonos en caridad para encomendar a este niño la misericordia de Dios, y pidamos para sus padres la fortaleza de sobrellevar cristianamente su dolor. 19. Aspersión (e incensación) Este niño, por el bautismo, fue hecho hijo de Dios. Ahora, con la aspersión del agua, recordamos la vida nueva que entonces le fue dada y que ahora disfruta en el cielo, junto al Padre. 20. Canto de despedida
Se canta alguno de los cantos que indica el Ritual, o bien: Si vivimos, vivimos para Dios (CLN 456 / MD 686), Tú nos dijiste que la muerte (CLN 454 / MD 685); Creo que Cristo vive (CLN 455); Al paraíso (CLN 453 / MD 683).

21. Oración final a) Te rogamos, Padre, humildemente por N. (este niño), a quien tanto amas: recíbelo en el paraíso, donde ya no hay ni luto, ni dolor, ni llanto, sino paz y alegría, con tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. b) Te rogamos, Señor, por este niño, a quien tanto amas: acógelo en el paraíso, donde ya no hay ni dolor ni llanto, sino paz y felicidad para siempre. Y concede tu fuerza y tu consuelo a sus padres que lloran su pérdida. Te lo pedimos por... 22. Traslado del cadáver CÓMO USAR EL DISQUETE

Esta edición de Dossiers CPL, n. 87, Bautismo, Matrimonio, Exequias. Material y moniciones incluye un disquete de 3.5’’ que contiene todo el material del libro.

Para facilitar el uso de este material, se pueden seguir los siguientes pasos: 1. Grabar el contenido del disquete en el disco duro. Siempre es mejor trabajar con copias. Así, se puede disponer siempre del original en el disquete. 2. Dentro del disquete hay cuatro documentos. El contenido de los llamados “Documento 1”, “Documento 2” y “Documento 3” es el mismo. Pero hemos querido ofrecer el material en tres formatos diferentes; así se puede usar el que funcione mejor. A saber: –Documento 1: se abre con el programa Adobe Acrobat 3.0 (y superiores). Este formato es compatible con Windows 95 (y superiores) y con Macintosh (versión 7.5 del sistema y superiores). –Documento 2: se abre con el programa Microsoft Word (versión 2.x para Windows, y versión 4.x para Macintosh). Formato compatible con dos sistemas. –Documento 3: se abre con el programa Word Perfect 5.1 para Windows (y versiones superiores). Formato no compatible con Macintosh. –”Léame”: este documento contiene esta página que usted está leyendo. 3. Los cuatro documentos se abren de la siguiente manera: –Documento 1: se debe disponer del programa Adobe Acrobat 3.0 (y versiones superiores). Tan sólo se debe hacer doble clic sobre el icono del documento. –Documento 2: los usuarios de Windows deben hacer doble clic sobre el icono del documento. Los usuarios de Macintosh deben hacer igualmente doble clic sobre el icono del documento. Se abrirá el programa Microsoft Word. Aparecerá la ventana “Convertir archivos”. En la ventana hay un menú con diferentes tipos de archivo. Si no lo está por defecto, se deberá seleccionar “Formato RTF”. Se hace clic en el botón “Aceptar”. En breves segundos se habrá abierto el documento. –Documento 3: quien trabaje con el programa Word Perfect 5.1 (o superiores), tan sólo debe hacer doble clic sobre el icono del documento y se abrirá fácilmente. –”Léame”: se puede abrir haciendo doble clic sobre el icono del documento. 4. Una vez abierto el documento: –quien abra el archivo Documento 1, puede imprimir el material directamente. Y también puede copiarlo y pegarlo en cualquier procesador de texto (Microsoft Word, Word Perfect). –tanto para el Documento 2 como para el Documento 3, se puede copiar lo que interese, pasarlo a otro archivo cómo se hace normalmente y arreglarlo cómo se quiera. Así se mantiene intacto el primer archivo.

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