Está en la página 1de 2

Nuestra Seora del Trnsito

Hace ya muchos aos, cuando todo era terreno desolado, con calles hechas a mano y desprolijas, con alguna que otra casucha all a lo lejos, viva feliz Horacio Gmez con su esposa Estela Fernndez. Tenan un terreno inmenso con su casa adelante y una especie de depsito atrs, que ya estaba ah cuando se mudaron. La calle en la que estaba la casa era la ms transitada por los campesinos y sus carretas, ya que sta daba al mercado donde vendan sus cosechas y a la gran ruta que recorra el territorio hasta el interior del pas. A Horacio, un da a la madrugada, se le apareci una seora vestida con una tnica de color marrn claro, con detalles en negro, y en su cabeza una corona dorada con una cruz en la punta. Horacio, exaltado, le pregunt a la extraa figura quin era, y ella no le contest y se dirigi a esa especie de depsito que tenan en el fondo. Horacio la sigui y, cuando lleg, encontr a la seora pero hecha de yeso. Despert a su esposa y ella le dijo que tena la cara de la virgen Mara, pero que nunca la haba visto as vestida. Horacio volvi a acostarse pero antes guard la estatuilla. So con una luz que le daba de frente, que no le permita ver nada y que le dijo: -Es Nuestra Seora del Trnsito, aquella que ayuda y da suerte a los que viajan por las calles.
1 Ignacio Gonzalez 4 3 - I.A.A

Horacio se despert, y se dio cuenta de que aquella luz que lo encandilaba en sus sueos, hablaba de la estatua que haba encontrado. Despus de cinco semanas, Horacio empez a creer en la Virgen, luego de varios accidentes en la carretera donde l estuvo presente. Los accidentes fueron uno el lunes, otro el mircoles, otro el sbado y el ltimo, el ms terrible, donde un caballo se asust por una causa desconocida, e hizo que todas las dems bestias se descontrolaran, y empezaran a galopar sin importarle a quien tenan adelante, el martes de la otra semana. El nico que no tuvo ni un rasguo fue Horacio. Desde los accidentes, Horacio decidi compartir la gracia divina de la Virgen, construyendo una pequea capilla, que se fue agrandando, a causa de la gran multitud de personas que asistan diariamente. Fue tanta la cantidad de gente que iba que ya no soportaban esa vida. Eran pocas las horas que dorman, porque los creyentes se presentaban en todo momento. Horacio y Estela decidieron mudarse, dejndole la gran capilla a un joven llamado Mateo. Hoy en da es una reconocida iglesia de Ministro Rivadavia. Y Mateo, con sus noventa y tres aos, sigue cuidando de la iglesia.

2 Ignacio Gonzalez 4 3 - I.A.A