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EL POSTE DE ALUMBRADO

Soneto Pentadecaslabo

Que silueta inmutable, como siempre vigilando, dcadas que viajando, en estaciones ya doblaron, por la esquina de taberna, y de amores que volaron, en un tango amarillento, que el siglo fue blanqueando. La calle de adoquines, que en los veinte l fue alumbrando, hoy luce trenza de vergel, y piel de pavimento, y con noche de cartel, le sonre de momento, porque ya Avenida, desde el vapor lo sigue amando. Por el da l parece, ente de barrio en penitencia, pues sirve de ancla, para encadenar algn objeto, y espera sombra, como para gritar su existencia. Lleva oculto un recuerdo en su luminosa conciencia, atrap un rayo, y salv su primera flor de abeto y adolescencia, actos que no los explica la ciencia.

Diego Fernando Brignone