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Economía de Los Recursos Naturales

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Universidad de Costa Rica Escuela de Geografía GF-0206- Geografía Económica

Notas de Clase, Setiembre del 2008. Elaboró. Melvin Lizano Araya

Economía de los recursos naturales La economía de los recursos naturales puede definirse como el estudio de cómo las sociedad asigna recursos naturales escasos tales como reservas pesqueras, plantaciones de árboles, agua dulce, petróleo, entre otros. Debe distinguirse este concepto del de, economía ambiental cuyo objeto de estudio es la forma en que son dispuestos los residuos, y la calidad resultante del agua, el aire y el suelo como receptores de dichos residuos. La economía ambiental también se encarga del estudio de la conservación de los ambientes naturales y la biodiversidad. Los recursos naturales se categorizan frecuentemente en recursos renovables y no renovables. Un recurso natural renovable presenta una tasa de crecimiento o renovación significativa en una escala económica relevante de tiempo. Una escala de tiempo económica es un intervalo de tiempo para la que la planeación y el manejo son significativas. Un recurso natural no renovable se entiende como aquel cuya utilización económica disminuye necesariamente las reservas. El ritmo de extracción es mucho mayor que el ritmo de producción geológica, de manera que para efectos prácticos, se considera la tasa de renovación nula. Una pregunta crítica en la asignación de recursos naturales es ¿Qué cantidad del recurso debe ser extraído o cosechado en el presente?. Encontrar la mejor asignación del recurso a través del tiempo se considera un problema de optimización dinámica. En tales problemas es común tratar de maximizar alguna medida de valor económico neto a través de un horizonte futuro, sujeto a la dinámica del recurso extraído y cualesquiera otras restricciones. La solución a la optimización dinámica de un recurso natural es un programa o patrón de tiempos que indica la cantidad óptima de extracción o cosecha en cada período. Con el objeto determinar la óptima asignación de los recursos a través del tiempo, uno debe inmediatamente confrontar el problema de la preferencia temporal. La mayoría de los individuos muestran preferencia por recibir beneficios en el presente en oposición a recibir el mismo nivel de beneficios en el futuro. Se dice que estos individuos tienen preferencia temporal positiva. Un individuo con una preferencia temporal positiva descontará el valor de un contrato que promete pagar una cantidad fija de dinero en alguna fecha futura, a una tasa de descuento. El valor resultante de ese descuento es el valor presente de los beneficios netos (los ingresos de la extracción una vez restados los costos), que al ser maximizado en la extracción o aprovechamiento del recurso natural, se encuentra la óptima asignación del recurso. Recurso Natural Se denominan recursos naturales a aquellos bienes materiales y servicios que proporciona la naturaleza sin alteración por parte del hombre; y que son valiosos para las sociedades humanas por contribuir a su bienestar y desarrollo de manera directa (materias primas, minerales, alimentos) o indirecta (servicios ecológicos sin dispensables para la continuidad de la vida en el planeta).

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En economía se consideran recursos todos aquellos medios que contribuyen a la producción y distribución de los bienes y servicios de que los seres humanos hacen uso. Los economistas entienden que todos los medios son siempre escasos frente a la amplitud y diversidad de los deseos humanos, que es como explican las necesidades; definiéndose precisamente la economía como la ciencia que estudia las leyes que rigen la distribución de esos recursos entre los distintos fines posibles. Bajo esta óptica, los recursos naturales se refieren a los factores de producción proporcionados por la naturaleza sin modificación previa realizada por el hombre; y se diferencian de los recursos culturales y humanos en que no son generados por el hombre (como los bienes transformados, el trabajo o la tecnología). El uso de cualquier recurso natural acarrea dos conceptos a tener en cuenta: resistencia, que debe vencerse para lograr la explotación, e interdependencia. Tipos de recursos naturales Algunos recursos naturales pueden presentar un carácter de fondo, mientras otros se consideran más como flujos. Los primeros son inherentemente agotables, mientras que los segundos sólo se agotarán si son empleados o extraídos a una tasa superior a la de su renovación. Los fondos que proporciona la naturaleza, como son los recursos mineros, pueden ser consumidos rápidamente o ahorrados para prolongar su disponibilidad. La imposibilidad de las generaciones futuras de participar en el mercado actual, interviniendo en esta decisión, constituye uno de los temas más importantes de la Economía. De acuerdo a la disponibilidad en el tiempo, tasa de generación (o regeneración) y ritmo de uso o consumo se clasifican en renovables y no renovables. Los recursos naturales renovables hacen referencia a recursos bióticos, recursos con ciclos de regeneración por encima de su extracción, el uso excesivo del mismo lo puede convertir en un recurso extinto (bosques, pesquerías, etc) o no limitados (luz solar, mareas, vientos, entre otros); mientras que los recursos naturales no renovables son generalmente depósitos limitados o con ciclos de regeneración muy por debajo de los ritmos de extracción o explotación (minería, hidrocarburos, etc). En ocasiones es el uso abusivo y sin control lo que los convierte en agotados, como por ejemplo en el caso de la extinción de especies. Otro fenómeno puede ser que el recurso exista, pero que no pueda utilizarse, como sucede con el agua contaminada. El consumo de recursos está asociado a la producción de residuos: cuántos más recursos se consumen más residuos se generan. Se calcula que en España cada ciudadano genera más de 1,38 kg de basura al día, lo que al final del año representan más de 500 kg de residuos Recursos renovables En los recursos renovables podemos encontrar las fuentes de energía: que son aquellos materiales o fenómenos de la naturaleza capaces de suministrar energía en una cualquiera de sus formas. También se les llama recursos energéticos. Hay de dos tipos, las fuentes renovables y las no renovables: • Fuentes renovables, si al usarlas no se agotan; como la luz del Sol, el viento, las corrientes de los ríos o las mareas de los mares. • Fuentes no renovables, si se agotan cuando las usamos; como el petróleo, el carbón o el gas natural.

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Recursos no renovables Se denomina reservas a los contingentes de recursos que pueden ser extraídos con provecho. El valor económico (monetario) depende de su escasez y demanda y es el tema que preocupa a la Economía. Su utilidad como recursos depende de su aplicabilidad, pero también del costo económico y del coste energético de su localización y explotación. Por ejemplo, si para extraer el petróleo de un yacimiento hay que invertir más energía que la que va a proporcionar no puede considerarse un recurso. Como es también el carbón y la madera. La contabilidad de las reservas produce muchas disputas, con las estimaciones más optimistas por parte de las empresas, y las más pesimistas por parte de los grupos ecologistas y los científicos académicos. Donde la confrontación es más visible es en el campo de las reservas de hidrocarburos. Aquí los primeros tienden a presentar como reservas todos los yacimientos conocidos más los que prevén encontrar. Los segundos ponen el acento en el coste monetario creciente de la exploración y de la extracción, con sólo un nuevo barril hallado por cada cuatro consumidos, y en el coste termodinámico (energético) creciente, que disminuye el valor de uso medio de los nuevos hallazgos. Rendimiento Máximo Sostenible Una explotación racional supone el retiro periódico de organismos viejos, lo que permite el crecimiento y dinamismo de las poblaciones, aumentando el esfuerzo reproductivo de los organismos y la reducción de la mortalidad. Si se sobreexplota una población, se consumen los organismos maduros y los jóvenes que quedan, son incapaces de generar desarrollo, y la población se colapsa. El objetivo del desarrollo sostenible, es evitar ese colapso. La tasa de explotación para que tenga un rendimiento sostenible, depende directamente de la tasa de incremento (r). Este rendimiento no supone el mantenimiento de una población a la capacidad de carga del ecosistema (k), para la cual dN/dt = 0 (tasa instantánea de cambio en la densidad poblacional N es igual a cero). Una población estable, sin recolección, puede administrarse bajo rendimiento sostenible sólo si se logra aumentar la tasa de incremento. Esto se puede lograr aumentando los recursos disponibles (nutrientes, espacio, etc), lo que fomenta la supervivencia y la reproducción. Otra forma consiste en eliminar aquellos organismos más viejos, con lo que la demanda de recursos disminuye y aumenta su disponibilidad. La tasa de recolección debe igualar a la tasa de crecimiento para mantener estable la densidad de la población reproductiva. El rendimiento máximo sostenible (RMS) es aquel que se obtiene en el punto inmediato anterior en el cual una población empieza a declinar. Este punto no corresponde a un valor fijo ya que depende de la población, del ecosistema, de las fluctuaciones del ambiente y del tipo de gestión que se realiza. La interacción de estos elementos es compleja y tiene que revisarse continua y cuidadosamente ya que fácilmente se rompe el equilibrio y las poblaciones se colocan en una difícil situación.

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Si la RMS considera además, los factores sociológicos que la afectan, la planeación es mucho más compleja, pero los resultados pueden ser mejores al considerar y contender con las presiones sociales, incluyendo las políticas. Mientras mayor es el crecimiento de la población, mayor puede ser la cantidad de biomasa que se puede cosechar o explotar. La conformación de la población por sexo y edad tiene mucho que ver con la productividad, así como las características de viabilidad de los individuos que la conforman. El desarrollo sostenible puede considerar diferentes formas de explotación o captura. La tasa o cuota fija se aplica con frecuencia y en ella se establece previamente el tamaño de la población que se va a retirar periódicamente. Si este método de captura o recolección no está atento a las fluctuaciones ambientales o de la misma población, puede poner el riesgo el recurso. No se debe utilizar sin hacer evaluaciones continuas, para confirmar la decisión. Otro método es el del esfuerzo de recolección, en el que se consideran al mismo tiempo, el tamaño de la población, el tiempo en que se puede colectar o capturar y los métodos que se pueden utilizar. Esto se aplica con frecuencia en la caza deportiva y requiere un esfuerzo continuo para planear la explotación. El modelo del pool dinámico es otra forma de explotación, en la que se pone cuidado especial en la edad óptima de los especímenes a capturar. El uso de redes de determinado tamaño de malla, permite, por ejemplo, capturar sólo organismos de cierta talla y por ende, de cierta edad, evitando aquellos que no han alcanzado esas dimensiones. Cualquiera de los métodos que se utilizan chocan inevitablemente con la presión social que los rodea. Se tiene la tendencia de que siempre hay que aumentar la captura, superar la marca anterior. Es difícil que los grupos humanos involucrados acepten que hay un límite que no se debe rebasar. La idea de que se perderán empleos, de que se tiene que amortizar la inversión y de que los beneficios deben obtenerse de manera inmediata, nunca a mediano o largo plazo, son los obstáculos que constantemente amenazan la explotación racional o sostenible. Pocas veces e soportan esas presiones; frecuentemente se sucumbe ante ellas. Es la historia de la desaparición de muchas especies. Parece que los humanos carecemos de una visión a futuro, el nosotros, ahora y aquí parece que es todo lo que importa. Las regulaciones nacionales e internacionales que establecen las políticas de captura que se deben cumplir, quedan siempre como recomendaciones que muy pocos atienden. La captura de ballenas, de distintos felinos, de zorros, de diversos animales que producen marfil, constantemente nos recuerda la fragilidad de los acuerdos internacionales. La nueva geografía económica Geografía económica versus nueva geografía económica Tradicionalmente se hablaba de geografía económica para referirse a los profesionales (geógrafos y economistas) que enfatizaban las relaciones entre la actividad económica y el espacio para explicar fenómenos tales como la concentración de una industria o de la población en un lugar determinado. Sin embargo, en las últimas décadas, los avances en la modelización y el análisis económico, con la introducción, entre otros, de la simulación

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numérica o el desarrollo de los modelos de competencia imperfecta, ha provocado una revisión del término geografía económica dando lugar al de «nueva geografía económica». Como tendremos ocasión de comprobar seguidamente, el nuevo término supone un cambio cualitativo, que enfatiza nuevos aspectos como los rendimientos crecientes o las economías de aglomeración, pero que no modifica, en lo esencial, el objeto de estudio de la geografía económica. ¿Cuál es el objeto de estudio de la geografía económica? Cualquier análisis que se haga sobre una realidad espacial, ya sea un área metropolitana, una región, un país, una comarca o un conjunto de ciudades, necesita introducir una multiplicidad de factores que interactúan en el espacio. Así, además de los condicionamientos naturales, otros factores como la historia que impregna esa realidad espacial, las características de la población, el sistema de relaciones sociales implantado, las pautas culturales dominantes o la organización político-institucional constituirán variables claves para explicar la situación actual de esa localización humana y económica que intentamos conocer. Ahora bien, entre ese conjunto de variables que acabamos de enumerar, resulta crucial el papel de las condiciones económicas sobre la estructura y el dinamismo de los territorios. Aspectos tales como el tamaño de las empresas ubicadas en un determinado territorio, su organización interna, sus objetivos prioritarios y las estrategias para conseguirlos tienen una consecuencia directa sobre el número de puestos de trabajo y su distribución espacial, la movilidad de la población, los flujos comerciales entre países (es decir el comercio internacional) o dentro de un país (comercio interregional), el grado de urbanización o el impacto de la actividad económica sobre el medio ambiente. En definitiva, las condiciones de vidas mejores o peores que tienen los habitantes de las diferentes regiones del mundo, de nuestras ciudades y de nuestros pueblos están íntimamente condicionadas por la estructura económica que las singulariza y que a su vez influye sobre el uso del espacio y del tiempo por parte de las personas que viven en cada área. Ahora bien, limitar la vinculación entre la economía y el espacio a una relación causaefecto como la que acabamos de describir no deja de ser una visión miope pues reduce el territorio a un escenario inerte sobre el que actúan múltiples factores. Por el contrario, el territorio debe entenderse como un agente activo más, que influye de forma directa sobre las iniciativas empresariales, favoreciendo o dificultando su desarrollo posterior al tiempo que incide sobre las decisiones empresariales de implantarse en un determinado lugar y no en otro. Los modelos de excelencia (1) ilustran muy bien esta idea. Algunos ejemplos serían el Cambridge Scientific Park, el Silicon Valley o la Ciudad Científica de París. También los polos tecnológicos o clusters de empresas de altas tecnologías atraen a grandes plantas para disponer de mano de obra cualificada, centros de I+D y estar cerca de mercados de productos nuevos en expansión; tales serían los casos de Toulouse o Seatlle que concentran actividades aeronáuticas. Sin embargo la geografía económica no agota su campo de investigación en estas cuestiones. La creencia de que una eficaz relación entre la actividad económica y el espacio puede impulsar el crecimiento y el bienestar de la población, justifican la intervención pública para compensar los desequilibrios territoriales que se agudizarían por las asignaciones del mercado. Por ello, los geógrafos económicos también valoran la influencia

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de las políticas territoriales sobre el desarrollo regional y local o el impacto medioambiental y urbanístico de determinadas actividades económicas. El resultado es una participación cada vez más activa de los geógrafos económicos en materias de planificación y gestión territorial. ¿Qué diferencia la geografía económica de la «nueva geografía económica»? La «nueva geografía económica» se diferencia de su antecesora en la introducción de nuevos instrumentos para explicar la localización económica en el espacio. Los avances en la simulación numérica y la sofisticación cada vez mayor de los modelos de competencia imperfecta permiten incluir la variable geográfica en las modelizaciones más recientes de la teoría del comercio internacional. No obstante, la «nueva geografía económica » también hace suyas ideas expuestas por Smith o Marshall hace más de dos siglos. Del maestro de los economistas clásicos, la «nueva geografía económica» retoma ideas como la expansión del mercado y la división del trabajo para fomentar el crecimiento económico. De Marshall recupera y utiliza ampliamente el concepto de economías externas. Este interés renovado por las relaciones entre comercio y economía se produce tras la publicación en 1991 del libro de Krugman titulado «Geografía y Comercio». A partir de ese momento se acuña un nuevo término, el de «nueva geografía económica» que explora la incidencia de los efectos externos sobre la localización espacial de las actividades económicas. Los rasgos distintivos de la «nueva geografía económica» son el énfasis en la localización y en todas las variables relacionadas con ella, como la distancia, los costes de transporte o la dimensión espacial de cualquier actividad económica; la introducción de rendimientos crecientes para justificar la desigual distribución, nacional y mundial, de la actividad económica; la incorporación de externalidades espaciales o economías de aglomeración para explicar los procesos de acumulación de riqueza en los lugares inicialmente favorecidos por la localización de un conjunto de actividades económicas y la importancia de las multinacionales. Pero probablemente el esfuerzo principal de la «nueva geografía económica» consista en desentrañar el significado de esa «caja negra» constituida por las economías de aglomeración y explicar cómo refuerzan la concentración espacial. Estas economías de aglomeración hacen referencia a la proximidad geográfica a un gran mercado que permita reducir costes de transporte, a las ventajas de comunicación que se pueden lograr con unas infraestructuras adecuadas, a los desbordamientos tecnológicos, a la cultura empresarial, a la voluntad de proximidad geográfica entre productores y proveedores o al «imán» que tiene una industria para atraer trabajadores con cualificaciones adecuadas para sus empresas. El cinturón industrial en torno a los Grandes Lagos en Estados Unidos o la denominada «banana caliente» que aglutina todo un conjunto de ciudades que van aproximadamente desde Liverpool hasta Praga reflejan este concepto de economías de aglomeración. Yendo aún más lejos, algunos estudios señalan que el centro de gravedad de Europa se desplazará progresivamente hacia el norte y el este, configurando la «dorsal europea» que iría desde Londres a Lombardía, pasando por Bélgica, Holanda, Alemania occidental y Suiza. En sus ciudades se concentrarían la mano de obra más cualificada, los segmentos más dinámicos del sistema productivo y los centros de decisión económica y política. Además,

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se consolidaría un área con externalidades de conocimiento, alrededor del Arco Mediterráneo, que iría desde Valencia hasta la Emilia Romagna, en cuyos territorios se estarían impulsando ya centros urbanos innovadores. En los últimos años, una de las líneas de investigación más fructíferas dentro de la «nueva geografía económica» es aquélla que vincula la integración comercial y económica con las economías de aglomeración. Conclusiones La geografía económica y su versión más actual y renovada de «nueva geografía económica » ofrecen un claro ejemplo de materia interdisciplinaria, donde confluyen conceptos que han dejado de ser exclusivos de la geografía o la economía. La conclusión más importante que obtenemos de la evolución de la geografía económica es que la relación entre ámbitos profesionales diferentes pero interesados en cuestiones próximas favorece el trasvase de ideas, de conceptos, de teorías y de técnicas de análisis a partir de un lenguaje y unos métodos de investigación marcados por crecientes similitudes. Este proceso parece que se está acelerando en las últimas dos décadas y está siendo muy próspero para responder, bajo un nuevo prisma, a cuestiones que tradicional mente se habían abordado de forma aislada; también permite suscitar preguntas nuevas, capaces de orientar líneas de investigación originales. Por ejemplo, sería interesante preguntarse cómo la climatología o los recursos naturales pueden condicionar el desarrollo económico. ¿Por qué los países más desarrollados se concentran en el hemisferio Norte y no en el Sur?

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Naredo, J.M. & Parra, F. (compiladores) (1993). Hacia una ciencia de los recursos naturales. Siglo XXI de España Editores, Madrid. Boletín Económico de ICE N° 2740 Del 23 al 29 de setiembre del 2002. Madrid. España El rendimiento máximo sostenible. Fecha de revisión1 Setiembre 2008 página de internet http://www.sagagea.org/hojared_biodiversidad/paginas/hoja28.html

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