A MODO DE EXPLICACIÓN

Si endo repórter policial del diario Critica, en el año
1927, tuve, una mañana del mes de septiembre, que hacer una
crónica del suicidio de una sirvienta española, soltera, de
veinte años de edad. que ,e mató arrojándose bajo l as ruedas
de un tranvía que pasaba frente a la puerta de la casa donde
trabaj,ba. a las cinco de la madrugada,
Ll egué al lugar del hecho cuando el cuerpo despeda­
zado había sido retirado de allí. Posiblemente no le hubiera
dado ninguna importancia al suceso (en aquella época veía
cadáveres casi todos los días) si investigaciones que efectué
po,teriormente en la casa de la suicida no me hubieran pro­
porcionado dos detalles singulares.
l\le manifestó la dueña de casa Que la noche en que la
sirvienta maduró su suicidio, la criada no durmió.
Un examen ocular de la cama de la criada permitió es·
tablecer que la sirvienta 110 se había acostado', suponiéndose
con , todo fundamento (TUe elIa pasó la noche en su
baúl de inmigrante. (Hacía un año que había llegado de
EspañA). Al salir la criada a la calle para arrojarse bajo el
tranvla se olvidó de apagar la luz.
La mma de estos det aIl es simples me produjo una im­
presión profunda,
Durante meses y meses caminé teniendo ante los ojos él
espectáculo de una pobre muchacha trist e, que sentada a Id
orilla de un baúl. en un cuartujo de paredes encaladas, pien­
sa en su destino sin espernnza, al amarillo resplandor de una
lamparita de veinticinco bujías,
De em obsesión, que llegó a tener caracteres dolorosos,
nació esta obra, que posiblemente nunca hubiera escrHo de
no haber mediado Leónidas Barletta,
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Cuando Barletta organizó el Teatro del Pueblo me
pidió que colaborara con él escribiendo una obra para su
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empresa, en la cual no creía nadie, incluso yo; pero, a pesar
de todo, un día me puse a trabajar en ella sin la menor es­
peranza de éxito.
El estreno, las representaciones (alcanzan a treinta). lo
rual es un fenómeno en un teatro de arte como el de Bar­
lelta. me han convencido de que ,¡ técnicamente no he cons­
truÍdo una obra perfecta, la dosis de humanidad y piedad
que hay en ella llega al público. Conrnoviéndolo por la pu­
reza de su intención.
Roberto Arrt.
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PRÓLOGO
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DECORACIÓN. - Z ona astral donde la ima.ginación de los
llOmbres fabrica con línoos de fuerzas los fantasmas que los
a.cosan O rec:rpctn en s.us SHcños.
r-larco de caverna, más allá del cual se dislin¡:¡ue una
tlanurude cobre blúquead.a por monfartas. Cambiantes l lLceS
vioietas le pre"tan al panorama la s-equ<?dad del desi erlo y
la magia irr(!'(tl ele los escenarios de fantasmagoría.
Conciliábulo de fantasmas pueriles e ingenlLos.
ROCAMROLE. - En 1" es lampa que lo pr""entan los gra­
bados de madera de las prime""s ediciones Maueci que apa­
recieron en B",.ccbna. Tubo 9"is. jaquel neg''o, pant'llón a
cuadros ""drinos y blancos. prendido sobre el empei ne del pie '
por trabillas que cruzan bajo la suela del calzaJo. Látigo
de cochero de "un to bajo ,,( sobaco. Esta ar/' itrarieelad explica
la ima{¡inactón del ilustrador de crOmOS populares en Barce­
lona. El pfcaro puede ,<'r confundido CO'n un empLeaelo de
segr¡ros, de pompas fú,n el>res o ele asuntos judiciales. Repre­
S'eTlta cuarenta años.
HOMBRE CÚBICO. - T ronco ele Nldera cúbica con dos
paralelógrarnos por piernas. Un triángul o equilátero sustitu­
ye La col.>"za. Carece ele brazos como to·Jas las ,..tmcluras que
ideiln los inventores ele homúnculos y 11Om[,res mecánicos.
REINA BIZANTINA. - Veinte aftos. Insignificante, a seme­
. jonza de Las reinas de Carnaval. Traje coludo en rojo mayor,
y en La c a b ~ w un chirimbolo d e carey ·escarlata que es atribu­
to de las monarquías de came;tolendas. e innumerab/.es len­
tejuelas, s1m bolo ele los esple""do",,s ele las reyecías.
CALAN, - Pinta cínica: smoking y gardenia en el' ojal.
Bigotuelos de pederasta y enjundia ele cómico ele la legua.
DEJl.lONIO. - Un truhán con capa me fistofélica COmo todos
los diablejos de circo, cejas regLamentariru el/? arco, calzCUl rO­
137
f
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¡as y pantuflas n egras. más <2'TICOi'VC1Jrlas que la proa de una
piragua. Pana de estopa roja y gesto desaforado.
ESCENA ÚNICA
ROCAMBOLE. - (Entrando por el cost(do dereclto). Ano­
chece.
HOMBRE CÚBICO. - (ldem por el lado izqUierdo). Yo
no me puedo sentar. Mi padre se olvidó de ponerme bisagras
en las piernas.
ROCAMBOLE. - (Sentándose en un peña.sco). Llega la
hora de trabajar.
REINA BIZANTINA. - En días como hoy. cuando era per­
sona humana . me dolía el hígado. ¿Quién diría que pasaría
luego a ser constructurn de sueños?
ROCAMllOLE. - . No; los constructores son ell os, los hom­
bres.
GALÁN. - (Incorporándose al grupo al ti empo que se lim­
pia los zapatos cnn un golpe de pnñudo). Somos los [antas­
fas de sus sueños.
DEMONIO. - (Que se 110. sentado silenciosamente). IEx­
prése, e con más propiedad] Somos los protagonistas de sus
sueños.
ROCA1-tBOLE. - No está bien esa definición. ¡Represen­
tamos los des eos del hombre]
DEl'IONIO. - Existimos sin forma. como nubes. D e pron­
to el deseo de !ln hombre nos atrapa y no' imprime su [alma.
HOMBRF CÚBICO. - E,toy confundido.
REINA BIZANTINA. - Usted nos confunde.
DEMorúo. - Yo me entiendo.
GALÁN. - ¿y qué nos importa que usted se entienda.
si no 10 ente.ndemos nosotros?
HOMBRE CÚBICO. - A ver. ... déjenme a mi. que soy
de origen puramente cientíFico.
REINA BIZANTINA. - Ahora me explico >TI f"rma grotesca.
GALÁN. - INo es corredo e, o, señora1 Es lo mismo
que si el Hombre Cúbico le dijera a usted que es un ma­
marrarho.
H01-IBRE CÚBICO. - Nosotros somos eje. de. fuerza.
138
ROCAMBOLE. - Eso .. . . ejes de fuerza como este mango
de látigo ...
HOl'lBRE CÚBICO. - En tomo de estos ejes como en tomo
de este mango de l á t i g ~ se acumulan los sueños de los hom­
bres. De manera que el eje se conserva independiente de su
lorma. como el vino del barril ...
GALÁN. - Muy bien por el hombre caldera ...
HOMBRE CÚ¡j,CO. - Si yo tuvi era brazos le daba a usted
una lección.
ROCAMBOLE. - Eso les pasa a ustedes. que son apren­
dices de fantasmas. pero yo wy Rccambole desde que tengo
uso de inteligencia.
DEMONlO. - i Qué gracia1. .. También a usted lo labricó
la imaginación de un novelista.
. GALÁN. - De cualquier modo, el hombre es esclavo de
su su eño ... E s decir. esclavo nuestro. Así. yo antes de hacer
este papel de galán hice el de pirata mel ancólico y degolla­
dor. Fué un chico que de, pués se · suicidó porque la hija de
la c.arbonera. que era ,:;u vecina, no querí a es'caparse con él
en una barca de oro. Así decía el chico.
ROCAMBOLE..- Si empezamos a contar lo que dijeron
los chicos y lo que cada uno ha sido. es historia de nunca
acabar ...
HOMBRE CÚBICO. - ¿Ya mí no me encuentran absurdo'l
¿A que no adivinan quién me imaginó asi?
REINA B,ZANTINA. - Algún ca lderero loco.
HOl'IBRE CÚBICO. - Me ofende que me trate así. No.
no es un calderero mi pi'\dre. no, sino un geómetra. Quiere
inventar un aparato de buzo que resista todas las presiones
submarinas. Ayer. para no ir más lejOS, me convirtió la ca­
beza en una elíptica, después en el parale!ógramo de fuerzas.
hasta que por fin me la rgó con este triángulo por cráneo.
DEMONIO. - Es desagradable semejante calabaza.
HOMBRE CÚBICO. - Y vaya a saber en qué
GALÁN. - Realmente uno hace todos los papel es.
REINA BIZANTINA. - Igual que los artistas ...
DEMONIO. - Que un día son porteros ...
ROCAMLlOLE. - Y otro generales . . .
GALÁN. - O emperadores .. .
termina ...
HOMBRE CÚBICO. - Sin embargo, da gusto oÍroe ha­
blar ...
REI NA BIZANTINA. - Si por mi fuera me pasaría el santo
día y 'a noche charlando.
GALÁN. - (A la' Reina Bizantina). Usted como de cos­
lumbre . ..
REINA B IZANTIN A. -- SÍ, a visitarlo a mi corre.dor de sar­
dinas . . .
CAL,' N. - i Oh. el hombre ... , el homhre ! . ..
REINA B'7ANTlNA. - Camina todo el dia. Sus botines
parecen los del Judío Errante. Con su sombrero se podría
¡flstf'lnr unA Q' l'ase:rlf\. Y ". -te em e I·iemblp\. cuan­
do el jefe le hAce una observación. por la noche sueña que
es ernlJe.rador de Biz¡:,ncfo.
- Debe ser
1
,
REI NA BIZANTINA. - Es tri , te y fantás tico. Unas veces
se imagina que le h ece la guerra a los reyes de Europa. otras
!
que. .. .
1
DEMONlO. - (Al Gdán) . ¿y usted continúa con esa
eh
·
ICñ.
?
· ...
REIl"A ­
GALÁN. - La v ;<'tn
R OCAl'IBOLE. - i F s
¿y <Tué se de la jorobadita? .,
todas las noches.
cierto ('ue es muy conheJ., echa?
G A' .ÁN. - ]-lAr, 'ble v ", ala. Además de ser feo. es per-
Tipne l o.e: cl pdos caPo <:: ", "" v una veml ga 1"''1 la nar1z.
A pesar Je su estoy obli'lado a fin "irme d osesr¡erada­
mente: f''f''\¡:-rilorado. l ..... nnto crue no Cfuf'da conForme I' i no
¡
,
r"'P fl:rrodi )lo anh" plf¡,¡. F"p.... se (rne vive en un enarto ¡.... f..,.,.. ...... .
Al ........ .... "''''J1tArme rleh .... (d"'rla­
m a ) .. Amo
T
fA'". i r ',f>ndo pcnnitirás que mi s labios cubran
tus 1, hio.' de 7"
]-lOMBRE C ÚI\¡CO. - 101,1... ¡Oh1. . .
ROCAi'IeOLE. - ¿Por qué ese di,fonne hace ¡ oh!. [oh! ... 7
GALÁN. - Después digo: "Querida mía. tu indife­
renci n me hiela el almn; deja que te estreche contra mi
pecho".
HOMBRE CÚBICO. - 10h! ... iOh l ...
ROCi\MUOLE. - ¿ Por q ué d iab'os hace ioh!, 1oh!. .. 7
HOMBRE CÚBICO. - f'.1e gustaría estar en el papel del
140
I
;
,
,
¡
Ga¡án. Es más divertido que pasarse las horas con un geu­
. 1 é '1
metra {mD eL.
REINA BIZANTI NA. - Déjense de Interrumpir ustedes . . ,
(Al Galán). ¿Y ella qué dice?
GALÁN. - Se. retuerce las manos y me que me
retire. que la madre me puede ver. y l o curioso es que es
huérfana; pero ella h"ce más sabosa a la comedia diciéndome:
"Querido. anda. ándnte antes que mamá nos sorprenda ... "
DEMONIO. - Interesante.. . ¿y usted qué le contesta?
GALAN. - A l llegar a este punto, yo ya no tengo que
contestarle nada. sino tomB da dulcemente de 1" cintura y . ..
HOMBRE CÚBICO. - IOh1. .. i Oh!. .. i O h 1. .. (E, tos
jah! son alaridos (( hora). Yo quiero hacer el papel de Galán,
aunque sea con una jorobada ...
REINA BIZANTINA. - (Al fiombre Cúbico). iQué fogoso
es usted r . .. Sosiéguese, hombre.
DEMON'O. - IJar iJa!. ..
ROCAMllOLE. - Ca!dera parece nuevo en n egocios de
i magil1adón ...
GALÁN. _. Le regalo el papel .. .
Cúnlco. - Sí. hace poco que soy fant asma . . .
ROCM.tBOLE. - Ya se acostumbrará. Aquí, CO;110 usted
me ve, con est" cochambrosa y polainas indecentes,
he h echo el papel de marqués y figuro en una novela de
cuarenta tomos.
REINA BIZANTINA. - ¿Cuarent" tomos, ,eñor Rocambo!e?
Roc.'MnoLE. - (QuUándose el sombrero). Ni uno más ni
uno menos, que los el muy insigne sel'l or Ponson du
T errai J.
DEMONIO. - i Cusrcnta tomos! ...
GALÁN. -- ¿y usted es siempre el persona je? ..
ROCA}\'[BOLE. - Soy !;iempre e! mismo per.::o naje a través
de d istintos nombres . Una vez me llamo el Hombre Gris, otra
el ¡Vlarqués de C hame",. otras ...
HOMBRE CÚBICO. - iAsi sí que da gu sto ser perso­
naj e!. ..
ROCAMOOLE. - Y le he hecho ganar millates y millares
de francos a mi patrón. el ilustre , eñor Ponson du Terrai!.
HOMBRE CÚBICO. - j Cuarenta t ornos ¡ . ..
141
ROCAMBOLE. - Que han leido todas las
distil'as y planchadoras del mundo : ..
D EI''iONlo. - ¿y usted señor Rocambole, sigue Ilel a' su
• . t ?
SltVlen a, ...
ROCAMBOLE. - No merece ser sirvienta, sino gran se­
ñora .. .
REINA B,ZANT,NA. - i Qué honor para ella T..•
RocAJVlOoLE. "- ¡Vji pape! es fácil y simpático. aunque
ustedes duden . ..
Cúmco. "- ¡Cómo no l e vamos a creer ' al per­
sonaje de cuarenta {-omos
ROCAMBOLE. - Los hombres tiene una simpatía desco­
munal por los pi ll etes y bribones ...
GAL,\N . . _. Posiblemente porque en cada hombre hay un
pillete .. ,
REINA B,ZANTINA. - Eso cae de bien como aceite a la
ensal ada .
DEMONIO. - O anillo al dedo .. .
GALÁN. -- ¿y su papel cuál es?
ROCAMBOLE. - Cuando ia sirvienta , e acuesta. cansada
de trabaiar todo el d ía . yo me acerco y le digo: "Señorita.
soy el H ombre de Negocios; vengo a comuni carle que ha
heredado treinta millones".
REINA B,ZANTINA. - ¿ Cuánto?
ROCAMaOLE. - Me equivoqué. Son trescien tos millones.
HOJVIBRE CÚBICO. - ¡Pero es una barbarid,d! ¿Por qué
trescientos millones 7 ¿No podrían ser treinta mil pesos?
ROCAMBOLE. - Si un ciudadano, pudiendo soñar que he­
reda trescientos millone" se imagina que hereda treinta mil
pesos. merece que lo fusilen por la espalda.
CALAN. - (Al fi ambre Cúbico). i Había sido tacaño
usted. Caldera! Economiza .hasta en los sueños ...
REINA B,ZANT1NA. - (Diplomática). No está acostumbra­
do a soñar el amigo Caldera.
HOMBRE CÚBICO. "- Yo no quiero que me llamen Cal­
dera .. .
REINA B,ZANTINA. - Bueno, no se enoje; lo ll amaremos
Querubín.
HONBRE CÚBICO. - Ve, ese nombre me gusta .. ,
,
.
,
.
;

,
•,

DEMONIO, - En cambi o. mi hombr e es un ct.i qui l in de
catorce años , El también, como los hombres de ustedes. me
llama an tes de dormir: Soy su demoni o. Me ll ama así. su
"demonio". Estcy obligado a· presentarme iodas las noches
y decirle: "Soy Lucifer; puedo concederte todos los poderes
de la ti erra, El egí. qué preferís ser: ¿el hombre más lindo
del mundo, el más fuert e. el más sébio. el más ri co?" Y mi
muchachito se convierte una noche en el chi co más ruerle.
otra en el más sabio . . . Creo. que esta noche qui ere vencer a
Ton)' C anzon eri en el primer round, y por knock-out. ..
GAUí. N. - (Pensolivomenle), El hombre . " (Camina p or
el estrado y s o ¡,,,. tu. roto desele un extremo a los otros), ¿Qué
me dicen ustedes del hom6re? ..
REINA B, ZANT,NA, - E s inrinilamnte trisle,.,
DEMONIO, - Dios le ha dado un alma cambi ante como
el maL"
R OCAM IlO LE. . I3uscn el suFrimiento: eso es evidente. _
HOM BRE Cúmco, - Más ; busca la feli ci dad " ,
REI NA BIZANTi NA, - He vi sto hombres terribl es: e3taban
entre Dios y la bestia.
D U. I ONIO. - Convengamos que casi siempre están más
cerca de las besti as que de Dios. ¿eh?
GALÁ. N, - Sí ; no todas las veces es agradable ser ins­
de la imaginaci ón de los hombres,
ROCAi\'lBOLE. - A mí francamente me gusta tomarme en
serio.
!-JOiVIBRE CÚBICO, - ¿Qué quiere decir con eso?
ROCAiVlROLL - Que cuando hago el personaje de al gún
drama, me gm ta sufrir y soñar como si fuera hombre de carne
y hueso en vez de fantasma.
REINA BIZANTI NA, - ¿De modo que si usted pudi era
concederl e trescielltos mill ones a la sirvienta se los facilitaría?
ROCAiVlSOLE. - C laro, ¿Se imaginan mtedes lo que sig­
nifican trescientos mill ones electi vos, cont ant es y sona nt es 7
¿Trescientos millones en bill etes de a cien pesos ? Diez bille­
tes form 2n un espesor de un
HOi'IBRE C ÚBICO, - Está hecho el cálculo: se formaría
una columna de tresci entos metros de altura,
( " '\ '1 ,,' "'d 'd' Q' ·{,\ L \N. i ' uy por \_, U: era , q tuero eCl t po r ue­
rubín,
ROCAMROLE. - Eso .. ' Un pilar alto como la torre de;
EiffeI, . . ¿Se ima ginan u stedes un a sirvien ta con tal canti·
d, d de dinero7
( JALÁN. - S i ("1 hombre supiera que t odo lo efUe sueña
qued a impreso en zona ast r¿Jl, se espantaría. N o podría
creer en e- l poder de su
ROCAlIvU30LE. - Yo Cf(-' O que hqy h omh res cuya imag'jna­
ci ón fr brj ca mundos y In.'. rr1. nnidades en los espacios.
HOMBRE CÚB!CO. - Si es co"w usted dice. tamb ién de,
b en ('.':ear r, )onstru.os espel uznantes . ..
DEl.lON10. - Es me jor no habtar de esos a suntos. , .
RUNA BIZA!' Tl NA. - Sí. po!que a mí ::;e n, e pone la piel
de ga :lina , .. U na vez di stinguí a un monstruo galop ar en
<" I
1RS LIn I €.J a s ...
- Sl e1 hombre tuviera la vista más sensible
nos vería ...
ROUMEOLE. - iQ"é simple es 'u sted l C laro (jue nos
ven. E l hombre (rue jo íma¡:;' nó a usted l o ve a usted . .. Sí
nosotr os $omos hij os de su fantasi8.
GAL.o.N. - Lo que ,!uería dee;, es que todes 10$ hom­
hres nos verí a n ccm o a i os pájaros y a las nubes, . .
ROCAHnOLE. -- .L\ Igún dj a n os v erán.
J:-fO!'-1BRE C{¡ mco. -' S.i eso ocurre, los hombres no se
atreverán a pensar ...
DEMONIO. - ¡Muv bien por Calderal iEs todo un fi­
lósof
o
! '
HO'lBRE CÚBICO, - (Co?> tOllO laCl'>C<lOsD). Yo no quiero
que me llamen Caldc,".
REI N A BIZAN TINA. - I"Jo; ocurrirá q ue los seres -huma nos
en vez de pensar cavi larán CO,SDS li ndas . . .
. ' -" (iALAN. - (Ll.evánc!ose L-a m.ano a la· orcjo ), Si ento qu e
llaman ...
LiNA voz REMOTA. - ¿D6nde estás, r:nÍ reina?
REI NA BIZANT INA. - d.e3a.!entadamente los
lH'az() s). Ya voy. mi augusto esposo ... (Sede) .
ROC." HBOLE. - ¡vIoldito sea. ¿Dónde dejé mi lá tigo 7
144
UNA VOz. -Te esto)" esperando, amor ... Ven: a;f¡ot .. .
Vení.
C."LÁN. - Es la contrahecha y el diablo . .. ¡Maldita
oea mi suerte! (Sale).
TERCERA voz DISTANTE. - Quiero ser el hombre lindo
del mundo.
D EMONIO. -- Mi chico. Voy vol ando. (Sal e).
OTRA voz LE.JANA. - Rocambole . . . ¿Dónde es tás, Hom­
b re Gris?
ROCAMBOLE. - (Enfútico). Ya va el gran criminal. Ya
va, pero va arrepentido de sus crímenes ... (Sale).
H OMBRE CÚBICO. - (Deso lado en las semitini eblas). E sta
noche mi geómetra no me ll ama. ¿Qué hago si ,e olvida
de mí? Me dejará revestido de esta forma absurda. iY la cara
que muestra la luna! ... (Se apoya en una roca). ¿Qué hago
sin br'lzos y con esta catadura interplanetaria? (El Hombre
Cúbi co empieza a sollozar con mugidos a través de la corne­
ulla ele su boca. Una lun.a gris como un. huevo de aves truz
lo guiña un ojo al {"'ntoche en la desolación de. la noche astral.
UNA voz LEJANA. ·- ¿Dónde estás. bribón lciangulnr? ..
HOMBRE C ÚBICO. - (S dtando). Gracias a Dios que no
se olvidó de mí ... (Sale bamboleándose parcddo (L un mons­
truo marciano).
TELON
145
PERSONAJES
(Por order. de aparición)
ROCAMBOLE
HOMBRE C Ú B:CO
REINA BIZANTiNA
GALÁN
DEMONIO
SIRV1ENTA'
rVluERTE
j'VTARlNERO
CAPIT.\N
A7UCENA (V;cin 1')
GRlSE' DA (V;eja 2')
NIÑERA
J ACAy0
í'ENlCENTA (Hija)
C'01vIPADRE VUl C"NO
RUFIÁN PONRADO (Viejo)
P .HRON A
GALANr'To
Huo DE L A P AT RONA
V oees - Etcétera
"
TREscr ENTOS M ¡LlONES
PIEZA EN UN PRÓLOGO Y TRES ACTOS. EL PRIHERO
DIVIDIDO EN TRES CUADROS
E strenada por el Teatro del Pueblo,
e/ 17 de junio de /932.
,
I
,
"
,
,
, "
AcrO PRIHERO
CUADRO PRI ME RO
Ctharlo d e serv icio. Ca:mita d e una plaza: en tm ángulo.
ropero de maelero blanca. un velador, un banqui llo COJ1ltinero
de tres pies. Al fo ro, puerta. Al costado de la puerta, un ven­
¡<millo. El cuartujo, encalado de verde claro. ti ene desolada
perspectiva de policromía de u na lWvcla de enh'egas, por Luis
de Val. Durant e wnos segundos la es cena queda en silencio.
Un rayo de luna ent ra cd cuarto, y ""molos se escuchan rechi­
" amwntos de tranvías)' un distant e final de va ls al piano.
Persorwje reol:
SIRVIENTA. - Mujer de veinticuatro años . Expresión dura
o insolente que de pronto se atemper.a en un aniñamiento
volupl uOSQ de enst,eño barato. Recuerda a Rina, el Angel
de los A lpes o cualquier ofra pelandusca d"sUnada a enter­
necer el corazón ele est opa de las lect oras dra Carolina lnver­
nizio o Pérez Esmcl1-.
Personajes de humo:
LA MUERTE. ROCAMBOLE, de trasatlántico, MA'
RINERO, GALÁN, N,i{ERA, L ACAYO con patiNas, las amigas
GRlSELDA y AzUCENA, C ENICIENTA en pañales.
ESCENA 1
S IRVIENTA. - (Recostada en el lecho. con las manos
bajo la nuca. guarda un momento de si /!encio). S i yo fuera
rica esto no me pasaría. (Perm.aneoe nuevanl2'¡n..te ·en silencio
y se repiten los z«mhidos de los tJ-anvías que pasan, todos los
ruidos de la noche <m 1" ciudad. La S¡¡-vien t<J se ha incorpo­
rado en la Cilma. y pe¡-manece sentada en la cabeoera del
lecho tomándose ¡(];S rodillas con las manos). Digo que si fuera
rica esto no me pasaría. (Se oye un ruido blando en el piso, y la
Simienta envuelt a en una frazada, <lueda revelada encen­
146
dí endo la lu:: . [U,.2qO se (,u.:'OrCQ al espG jo y se rn:ra,i . F síoy
flaca y fea. .. N¡ la muerte me querría . . .
ESCENA TI
De ¡u,nio (t la p r ...:3-i'ta se Je& ;Wend2, C0jc.a.ndo con escrú­
pulos de al cah,[l eta. la f"·}u€rte. Se cuhre la ca[,c'ZQ C':> 11 1':'1.
pafw i.ón que torna más r:gido y duro su rosÍJ'o (Te
yeso. con ojos clcsnivcl cd 0s a le !a:"g::J de la nar: .::; t' :Jc::Ü::C-:1.
Urws el e lala y ojeras ele bet ún.
tvIUEnTE. - ¿Me ll amabas. queri úhl? ..
SIRVIENTA, - (Fr<Jnre ol espe jo, tocándose el TCS ¿:-O sir. vDl­
ver la cal'BZ!l). A a ui en llamo es a la vida.
MUERTE. - (J)et·en¡j,,, en meelio Jel cuarto). T e reco­
mendaron comieras jamón d el d 'ublo y que te abri ¡r,ms. y.
'en camb io . como una 'lujuriosa te los d:enl"es en el es;;ejo.
Además. ses descortés : ¿ no rr:e oheces a : ien to ?
(La Si rv;enta Ol1lln::a h.as!n el taSur8te, y {uejo
se."ltacl" en la orilla el e él c:m las manos a:>oyaJos e" el C'.:'n l.;;"
)' los codos e" las rodillas. M ira " sí. La Mus.!e. d 8!2­
niela, la observa )
MUERTE. - Todas u stedes son igua'es. Ll ar.litn a la
Ml,erte y cuando ll efOo me reciben con cara larga como sí r,'e
hicieran un Favor. Todé:vía no he encontrado un pia­
dosa que me ofrezca un vaso de vino.
SmvIENTA. - fVlás ti ene traza de rufiana (!ue de Muerte.
D éj ere hanqui!a.
Iv1uEnTE. - (Dogmática, atisba en rededor). Ves. eso
te por no comer jamón dd ¿ ir. bl o. Si pasearas en
móvi l y fueras a la Opera en yez de echar snng:e por la
boca venderí as salud, y la salud es un" ar'en cosa . ·hij ;ta.
Una gran cosa. Por otra pade. continúas sIn cf:'ecerme asiento.
SIRVIENTA. - Soy sirvienta y no tengo más que un bi!n.­
quHo en mi cuarto.
]\ ltJERTE. -- Tú hes ido a la escuda ¿no?
c · . ¡ 1 . I . I • ,. . el ,,¿. ,-, ,
(r.Q ...:'H.fVrc n a a I':H,:-a gl1 ']SS. O ('omo
hay con (;sto ?")
/47
1
l\1UEllTE. - ¿Yen la escuela no te han enseñado a ser
, r t"'sy.: eduf) ga ron 1(':$ mayores?
SI RVI ENTA. - Si én tese en la cama, si quiere ...
j\ ¡UERTE. - Es que tener pu' gas tu cama. Ustedes
1[5 fórnulas son descuidadas ...
S I RVi ENTA. - Entonces siéntese en el suelo.
f\l uERTE. - Yo no soy gitana pElra sentarme en el suelo.
SIRVIENTA. - Entonces quédese parada.
¡"·lUERTE. - (Si emp,e gimndo la cabeza y husmeando en
,,,.do,). C hi qui ta. ¡.sabés qu e sos mol educada ?
S' RV' ENTA. - D ios mío. usted más que la Muerte parece
una pnr1'C'ra por lo charl atana.
¡" ¡UERTE. - ¿y quién te dice que no sea una partera ?
¿No acaso salir de este mundo a los vivos para que
enlren otros ? Ad emás. si es toy aquí es porque me has lla­
mado. ¿O te crees que , ay sordaí Hace mucho tiempo que
me lI amás. Bueno. me re dicho : vamos a compl acerl a a esta '
chica. Y ac: ui estoy. hermosa . ..
SIRVI ENTA. - (Obsarucindok). ¡Q ué trazo horri ble!. ..
j\IUWTE. - Queridi la . . . , yo tombién he sido joven.
SIRVIEl'óTA. - Es que yo no quiero morir. N o quiero.
f\luERT E. - Hágase tu vo:untad, pichona. La gente
mUPrt' en reali dad cuundo quiere morir. Q u :en tiene la vo­
lunlad de vivir. vive. Se arrast ra . pero vive. ¿No te has fija­
do. por ejemplo, en e $OS viejos avaros que agonizan años y
entre telarañ(1s? ..
S IRVIENTA. - Bueno .. " hablaste demas iado.,. podés
irte ...
!"IUERTE. -- (Acercándose co;eanclo). ¿ Sabés que sos
linda. chico "l (La Sirvient". al oír los pasos sordos de la Muer­
te, se pone viotentamente eLa pie, con el rostro rígido, la mi­
rudo clauada en el horizon.te). Sos linda ... A ver ... son­
reí. (La Siruie!1tCl mu er¡uea hipnoii=rLda). Ci erto que sos lin­
da ... ¿ Silbés que quisiera verte desnuda? .. A ver ... (Hace
s<, nta, a ta Sirvi enta en el banqUillo y le abre la frazada de
modo que los senos quedan al descubierto. La M uerte retro­
cc>de con movi mientos de dromedario y estudia a la muchach-a
como a n pi ntor (l !"U mode:o. LU'2g0 le señala el seno izquierdo
a'ar[Janelo el brazo). ¡Qué lás tima] ¡Allí está el tirabuzón
148
que te agujerea el pecho. Y sos linda ... Bueno, vos tenés
la"cul
p
... " te manda no comer jamón del diablo!
ISI te al,mentaras a e pollos asados no te pasaría eso! ¡y sos
linda! (Menea la cabeza pensativam'mte). Si no trabaj "as de
sirvienta podrías vivir un ti empo. (Confidencialmente). ¿Por
qué no te busc8.s un v: e :o ri co? Los y' ej os S'J(1 lujuriosos y
cegatone<. Un vkjo te dinía jar.16n eL! d ·o bl ) . no te quede
dud o. y te ll amarí a su su t,erna pal or,te. (S c· o".
chan ¡res golpes en las tablas de la puerta. La M,,(! r(e s·o
escurre p or un muro el e papel, y la Sirvien.ta. escalo friada..
cierra sobre su pecho la frazada. Golpoon otras tres ueees y
se abre la puerta),
ESCENA III
Ent r'a Rocant l,ole caracterizado COmo en el con
la diferencia que gas la gafas ele monedero falso y bo­
tas ·de con trnband!sta. A la espelcla, el látigo eterno ele pos ul'ón
vonclcano. La Sirvi pntu. pcrmanc<... -..e tnmóvll. Rocambole se
deUene unos pnsos tres elln.
ROCAMGOLE. - ¡Diab'os! H ace frío. (Saca una pipa del
bohllo )' la eociende; luego avanza hasta La Sirvienta. y se
para fr en/.e a el/e. ohseruándol" con detenimi ento de
que va a comprar n :t penco y que lo exan:in.a pravimnent e )
¿Así que usted es la h :érfana? (Lá SiJ1Jienta no conlcs :a),
Disculpe que haya entrado sin esperar a que u sted me abriera.
Soy el Hombre ele Negocios.,.
SiRVIENTA. - ¿Fh?.,
R0C"" SOI.E. - Sov el Hombre Gris." Por otro nombre
más terrible, Rocambole. (Se quHa l-cs gafas enreja.das y neo
gros), Vea mis ojos quemados por la pólvora cuando quise
esco. pürme del pres idio.
SIRV!ENTA. - (Saliendo ele su sopor). Usted en perso·
na ... ¡Qué m¡nav-¡fJn1 . ..
R OCAMBOLE. - En algunas me ll aman e! ex pre­
sidiariQ. En otras el ex jefe del Club de Satns . (I-l ace un gesto
ele {,,,,toche ,enlimenlal y l:beriario. Ileuándos" un pañ"olo
l"briego a los ojos). Un ángel. la duquesa de Chamcry, me
redimió . ..
149
S my: r:l" TA. - Sí, va saLiD. ... lQué b uenB. la dut:utsa. T.. ,
A r::í se me cuunde> leí, esa parte. Y usted
se c;ucdó per:.s a.!1 do en París.
- Eso e3 v,,:dad COl7l0 la B;blia. Yo me
cTc -'é !",F' Y"'¡::,':1r_do en ' P8.. ;-Ís . Y cl,;:J, :"d') cm á ngel Hora
rorel d"sti,.,,, de un el fantasma cob:a vi da. su
. . '
S<3 n ,gre SOr:! ag:ranas .. .
- "farol P :? fC. a ve"!". crue lo t o­
ere.e. (S e y le lpa lo ¡:: !1.oii:bíOS ). Efer: t; va'mente, u sted
¿Por qc¿ V2 tan. vestido a lél a nti :;u 3? .I-1oy se venden
unifnrmes ue chófer y cocI: eros muy baratos.
'.
R OCAlvl nOLE. - Es la viej a p iel del bandido, 3eñod ta.
P ero t I murió redimido Dor u n ángel, y qued a el
[-Ion:b-e Gris.
Smv".o NTA. -Si. y" sé ... Yo lo [ dmi ro Leí toda
su vida cUGr c!') t... dp en la casn de una
C'ue En h:jc h¡drocéfab.
..... r- O' E .......... (' :...
I , ._ .. \. ... ( __ . .. . . . nOfLi Ft .
S-r.V: E:-¡TA. n w!:"(>n.tf!. :f"' P1. <:.) S ce leí ...
POC.\IVDO' r::. - rr)csntbrré"' aDse map,..... áni mo). L os
el señor Ponson du Tei" raiJ. Muy noble señor ...
- E so , .. pero yo nunca me puedo acordar
del "!"en ,do de ese señor. De la duquesa de Chamery. sí.
_ b"en0 T
F.. -1 1" i'1" ffel en "na mujer .,.
,'; rr. V' ENTA. - me (cu erdo de B8Cat ?t ...
P OCt-.!'.l ':', 'JI E. - si cue f:' f :l una Pero tam -:
1;,; ,-o " ' ..! ;"-': (Í T' ,," r "" d e 'l '>"'\ 1 1 1- ™e
J' n" ,-<'-'-" ....l _ . u. .
D .C.1 ,_ , e ... , ' ._ . '-- _' LiD u
T
,- V,- i" rr .,' , ... o a os .10, lD, s.
pa;a d'?d:ca:.-!."p a l a:- ob:·as. P ero u sted nunca conoci ó
un hOlYi bT€ 80bre el que hubier a.n escrito cucrent a tomos , ¿no
es verdf!d ? (S(' pasea enfálicaf!wnt e por le. pieza). Cuarenta
tomos. ¿1\10 es cierto que es un honor 7
SmviENTA. - (Con a:.tm.:rr'.ción ingenua). Y daro que es
un honor, y h: ..:: n g::-unde. 1Cuarenta tomos I
,- Es ío que yo d:go. Cuarent a tonos. ¿Us­
ted sr.be que me lee tode el mundo?
S !RV! ENTA. - Si viera todo lo que lloré cuando leía sus
aventuras .. .
150
ROCANBOL'E. - y si mi muy ncble patrón (vII.Je'l ue a des­
I
,
cubrirs e), el señor Ponson du Terrad, no hubiera muerto, se
escribe otros cuarenta tomos, ISe da cuenta! Y en vez de I
!
cuarenta hubieran sido ochenta tornos ... Entonces sí que mi
felicidad habría sido completa. " i Ochenta tomosl ... Pero
hay que conformarse, ¿no le parece, señorita! Todos los días
nacen miles de personas y se mueren otras tantas y nadie
escribe una línea sobre ellos. En cambio, sobre mí se han
escrito cuarenta tomos. Dígame, ¿no I.e parece que tengo
razón de estar orgulloso?
S'R"'F.NTA. - y bien orgulloso. " Si fuera yo no sé lo
que haría...
ROCAM130LE. - No es que yo sea vanidoso .. , peTO t a m ~
bién hici eron películas.
SIRVIENTA. - Las vi. En series ...
ROCAMBOLE. - No pusieron ni la décima parte de los
cuarenta lomos ... Lo que hay es que Jos empresarios de cine
son unos ladrones ... ¿Usted no cree que es · la envidia? ..
(Confidencialmente). Hay mucha gente que me tiene envidia.
(Lamentán.dose). ¿y por qué? .. ¿Quiere decirme por qué,
señorita 7 Por que el muy noble ser,or Ponson du Terrai!
(toma 'al quitarse el sombrero) escribió cuarenta tomos sobre
mí. .. aunque a decir la verdad yo no he venido a hacer mi
propio elogio aquÍ, no, sino para algo nlucho más importante.
Usted ha recibido una herencia ...
SIRVIENTA. - iUna herenciaT•••
ROCAi'lBOLE. - Sí. treinta millones ...
SIR"'ENTA. - iTreinta millonesl ...
ROCAMBOLE. - Me equivoqué... Queria decir .. . tres­
cientos millones . . .
SIRVIENTA. - (Llevando las manos al pecho). lEs posi­
ble! . .. ¿Trescientos millones?
ROCAMBOLE. - Con. cincuenta y tres centavos ...
SlRVIENTA. - (Tambaleándose en la silla). Estoy marea­
da ... No sé ...
ROCAMBOLE. - Pero usted ya no es la sirvienta, ¿me
entiende? No. Usted es la huérfana. (Enfáti camente). La
pobre huerfanita. La huérfana menesterosa.
SIRVIENTA. - Es¡'o es demasiado. No lo resisto, señor ...
ROCAMBOLE, - Hay que resistirlo. .. ¿Qué haría enton­
ces si se escribieran cuarenta tomos sobre su vida? ¿Cómo
resistiría? He resistido yo.,.
SIRVIENTA. - (Tímidamente). Es que trescientos millones
no son cuarenta tomos ...
ROCAMBOLE. ·- (Indignado). Señorita.,., por favor ...
Usted no va a comparar la despreciable e innoble can'tidad
de tresci entos mdJones con cuarenta tomos. Trescientos mi­
llones los tiene cualquier salchichero enriquecido, cualquier
tendero de N ueva Yorf<. cualquier analfabeto australiano, , ..
pero cuarenta tomos .. " no me indigne. señorita", ¿Usted
puede citar algún hombre wbre el cual se hayan escrito cua­
renta tomos ? ¿ Puede citarlo? Contésteme,
S,RV,ENTA. - N o, en verdad.
ROC"MBOLE. - (SatisfecllO. respimndo) , Ya ve, , " no hay
que confundir ... (Im perativo). Usted es la huérfa na, " Yo he
descubierto al que le robó los trescientos millones ... y se los
entrego a us. ted; magnánimamente le entrego trescientos mi­
llones con cincuenta y tres centavos. (Descarga un bulto en
,,1 suelo). Y usted me firma recibo ahora. (Extrae un papel elel
bolsillo )1 una estiloc¡rúfica). ,
S,RVIENTA. - ¿ Firmar recibo7
ROCAMDOLE. - Los principios son princlplOs, señorita.
Hay que respetarlos. Esta es una operación comerci al. Yo le
entregn a usted trescientos millono; y u sted me firma recibo.
No salgamos después con que yo no le he entregado ...
SIRVIENTA. -- Pero, señor.,.
ROCAMBOLE. - (Dogmático). Hay que respetar los prin­
,
cipi os. señorita. Firme ...

S,RV1ENTA. _. (Dichosamé'nte of<mdida). ¡Cómo no ... ,
cómo no le vaya firmal!... (Firma).
ROCAMROLE. - (Ecllándos e el recil)oal bolsilla). Porque,
usted sabe, nunca puede preverse lo que ocurre en la vida ...
(Suena el fim bre de servicio y la S irvienta sale. Rocam­
¡,,,le se QSCW're por la puerta, y la escena queda por un im­
,
~ ..
lant. vacia)
,


1
,

.1
r
,
CUADRO SEGUNDO
ESCENA 1
Lenlamen!e la luz decreoe en el cuohitri l 'lasta conver­
tirse la. progresivf'l oscuridad en ffni c>blc:t cimeriana. Se escu.chan
pasOS. e insensil)lemente una lllz inunda el la habi­
tación, revelando "hora a la Sirvienta sentada a 1" orilla de
su camastro. Pero c! cuchitri l ha crecido, pl'Olongál1dos-e SU
mUl'O en el puente de un trasatlétntico, con amarilla c/'imenea
ohlicua )1 las p[.umas de los guindlOs abi er tas en (l[,.amico.
Claridad anaranju¿" merla sohre la nave y la perspectiva
(l/ateada y verdegay del océano quimérico.
Un Marinam enlm a la zona de! puenle y dn decir esta
boca eS mía depasita una hamaca. Luego mira el mar, y sa,!e.
La Si/vien to lentomenle se desprende de su ensueño y
auo,nza hndu lo. pa.sarelrz. de la nave, poniéndose una. mano 50­
hre los ojos a moclo de vis era para mirt1f el horizonte. La cria­
. da, enC{)gicÍa y tri sle, se ha transformado en una criatura
voluptuo,<, y e!ásUc(t que sonríe con delect ación al paisaje
'tue la rodea,
l!vIPORTANTE. - La Sirvienta en el t'ranscurso de toda
la obr'a continúa vistiendo su guardapolvo de menes!r" la, y
los personajes de humo afectarán no darse cuenta ¿,e ello,
ESCENA II
Con andar (le gato so'apado se cue/a CL 1" eseenCl , tras
la Sirvien/.a, el Capitán, E ste obsgrva un instante a la criada.
ydespués sonríe con sonrisa fisgona.
CAPITM,. - ¿ Le gusfa el señorita? (En la posi­
ción que están colocado. ambos el ss ¡nvisihle, pero
ellos actúan como si Gstuviero allí ante sus ojos, presHgíándose
"
,
,
"
.:.;,
de este m"do la maravilla de fa imaginación creadora y el
poder SOñador de la Sirvienta).
SIRVIENTA. - Qué curiosas esas calles que suben y bajan
entre montañHas .
CAPITÁN. - Se ll aman cerros. Ese. a su izqui erda, es el
de San Andrés: el otro, por donde beja la fila de burros, el
de San Antonio ...
SI RVIENTA. - ¿y aquell a cúpula de oro? ..
CAPITÁN. - De la catedral. Esas callecitas eran antes el
<.-amino que I!evaba al pueblo de los gitanos... Por aquí
anduvo un cómplice de Rocambole antes de que a Rocam­
bale lo sal vara un ángel ...
SIRVIENTA. - La duquesa de Chamery ...
CAPITÁN. - Eso mismo.
SIRV1ENTA. - Ah ora parece de fuego la montaña. iQué
roja!
CAPITÁN. - Un efect o de sol.
SIRVIENTA. - ¿y ese camino tan 'blanco?
CAPITÁN. - No es camino. sino canal aban¿onado. Se
ha llenado de lirios de Agua.
SIRVIENTA. - V ea si no parece de diamante esa cascada
junto a los á rboles rojos .. .
C APITÁN. - Granados en flor. Es la estación.
SIRVIENTA. - Yo sabía . perfectamente que eran grana­
dos . .. Pero no se lo dije para dejarl e a usted' ese gusto,
Capitán.
CAPIT . .\N. - i O ué curioso J
SlRV1ENTA. - Se me ocurre que debe ser desabrido un
viajero que no pretl unte n ada y 10 ,abe todo. Viajar sabiendo
no tendría graci a. Y. además, ¿cómo luciría sus conOCImIen­
to, el capitán del barco? ¿No le parece? .. ¿y esa torre de
,
oro .
?
. . .
A}'
tOra SI que no se . ..
CAPIT,\N. -Mármol ama rillo. Pertenece al castillo de un
,
grande de E spaña.
S'RVIENT A. - i Qué curiosa la coincidencia, CapitánJ
C ~ P ¡ T . ~ N . -¿Qué coincidencia?
SIRVIENTA. - Este pai saj e es idéntico a uno que vi en
"La Esfera". Me acuerdo perfectamente.
154
CAPITÁN. - iAhT.. ' La revista española ... Sí, efectiva.
mente. ahora recuerdo yo también lo reproduj o. Ve. en
aquel monte se dice que se reúnen los gitanos .
SIRVIENTA. - Se di stingue bien a la pastora ...
CAPITÁN. - Y lo, corderitos. .
SIRVI ENTA. - El de atrás es el pastor ...
CAPITÁN. - Sí. el que lleva la gaita.
S,RVIENTA. - ¿y ese de t,,, buco y faja colorada?
CAPJTÁN. - Dehe ser un b , nd;do o un contrabandi sta . . .
S,RVIENTA. - i Q ué notl:ble! De colorada que estaba la
montaña se pone violeta.
CAPITÁN. - E s debido a la puesta de sol. . . ¿Usted
nunCFI vinió?
SIRVIENTA. - No. como hace poco recibí una he.
..
,
rencin de mi l{ones . viajo ...
CAPITÁN. - iTre'cientos millones ! Es una suma lespe·
.. .
- rl fl ro 10 es . ..
CAPITÁN. - Con ('fue yo me decía; "¿0uién será
(' sta seIloritn di stlo!:'uidR 0"tle viaja con t::tnto lUjo7" . ..
P"l" p,'0 que está conforme de la atención del servicio aquí en
el barco ...
SIRVIENTA. - Sí. .. Las mucamas son muy buenas chi cas.
CAPITÁN. - P ersonal seleccionado. Mi barco es como un
templo. Los CAmareros son castos'y l as mucamas virtuosas.
¿Le comida es de Sil agrado 7
SIRVI ENTA. - Sí. .. Además. yo no me fijo mucho ...
- Cuando se tienen trescientos millones hay
que en todo.
SlRVI ENTA. - ¿ Por qué?
CAPITÁN. - i. Y para qué tencr trescientos . millones en·
tonces? .. ¿No le parece? Si no fu era así tan to d erecho
tendría a fij arse y a tener pre:cnsiones el que no ti ene un
centavo como el que es mul tirnill onc,rio. como usted. (MiMndo
en rodor) . iQu é rápi do que ha salido la luna!
SlRV: ENTA. - Es maravilloso. Las montañas parecen de
plata.
CAPITÁN. - ¿No distingue esa hoguera? ..


SIRVIENTA. - Sí. lo más bien ... lPero qué notable1. ..
Fíjese esas mujeres . ..
CAPITÁN. - Bailan un bolero ...
SIRVIENTA. - (Poniéndose las manos en las orejas). Se
oyen las guit arras .. .
CAPIT.'\N . - F íjese cómo zapatea ese gitano . . .
SIRVIENTA. - de rodillas). S el'\or. te d0Y las
por haber pennitido que goce tamañas mrravil'as . .. .
CAPITÁN. - ¿Qué le pasa, señorita? (La Sirvienta se
pone de pie).
SIRVIENTA. - Estoy conmovida. C a pitán. ¡Ah. si usted
supi era1 Cuando yo vivía en Buenos Aires y no había reci- '
bido la he rencia. para di straerme iba a las estaciones ... Via­
jaba en tren... Naturalmenle .... viajes cortos.... med;a
hora . . . l'v1e parecerla que me iba muy lejos . .. no ,é adónde.
Tenía Ia que el tren sólo podía parar en una esta­
ción donde hubier a casas en que todo el mundo era feliz ...
CAPITÁN. -- Es muy instructivo viajar. .
SfRV1ENTA. - A mí no me interesa la Me
gusta el tren porque va (ejos ... y. ad emás , ¿ usted vió ese
,,,lar a carbonill. majad" que tienen las locomotoras? ..
(Cambiando d-e tono).! Oh, qué lástima, ya no se ve más l.
hoguera1 . ..
CAPITÁN: - Comienza el desierto ahora. P ermHame que
me ll ama el segundo. (Sale. [;0 Sirvienta se sienta en su
hamaca).
ESCENA 1II
Aparece el , Garán caracteri:aJo como en el prólogo. So­
bre la hamaca de la Sirvienta cae un ci lindro de luz bknoa,
{ría y lunar.
GALÁN. - (De pie ¡,,"'fa Q la hamaca). Señorita ... , se­
ñorita . ..
SIRVIENTA. - ¡Ah1 E , us ted ...
CALV<. - (Lentamente). Sí. soy yo .. " soy yo ...
(La Sirpienfa lo nlira (In instante, y lu. ef:JO seguiT
el juego de la comedóa amorosa)
S,RVIENTA. - ¡Ah!. .. Es usted ... , es usted ...
GAL,\N. - ¿Me permite decirle que la amo?
,
S,RV,ENTA. - (Con dub,ra irónica). ¿No podría decír­
~
¡ melo de otra manera?
.
r:
GALAN. -- (Sorf"Pnclido). ¿Por qué?
SIRVIENTA. - (Siempre con su madito iTÓnico). Porque
de esa manero se me han declarado varios dependientes de
tienda. hlrmoci a y panndería.
GALÁN. - JOh, no me compare}.' .. Usted desea que yo
sea un escogiJo.
SIRVI ENTA. - Sí .... un poco más t'xpresivo.
GALÁN. - ¿ Quiere que me arrodi'le?
SIRV1ENTA. -- i Oh! ... No. es viejo y, además. se le mano
c h a r Í a ~ lo> pante Iones.
GALÁN. - ¿Enlonces quiere que finja el Galán melan.
cólico?
SmV1ENTA. _. iHombre. "ué cluro de entender es usted!
S i yo fuera hombre me vendría por detrás de la hamaca y,
besándola fuertemente a la muchacha que quisiera. le diría
despacito; "Te qu iero mucho .... mucho ... "
GALÁN. - ¡Oh! Entonces lo que usted pide es un pro­
cedimiento d e novela alemana ...
SiRVIENTA. - (Tem:inante). No he leído nunca novelas
alemanas. He leido "Rocambole". eue es bien l argo .... cua·
renta tomos ... y nada más ... (El Galón calla y retrocede;
la Sinli"nta cierra los oios )' el Galán, aceroondose de pun­
tillas. la l oma por los maxilares y la besa en la boca).
GALÁN. - Te qui ero mucha .. . , mucho ...
S,RV1ENTA. - (Con displicencia). No está del todo mal ...
Yo también. dueño mío. (Se siente a la distancia el rugido
del león arenero).
SIRVIENTA. - ¡El león! . ..
GALÁN. - Ruge de amor ...
SIRVIENTA. - Igu al que en el Jardín Zool ógico.
GALÁN. - ¿Dónde queda eso?
SIRVIENTA. - Allá ... en Buenos Aires ... Pero, hablan­
do de todo un pocO .... ¿as í que usted me ama?
GALÁN. - La amo desde que la vi en el comedor. Y me
157
'.
juré interiormente que sí u sted me daba su mano la haría
mi esposa ante Dios y los hombres.
SJRV1ENTA. - ¿Por qué no habla de otTa manera? Si yo
.,
luera hombre me declararía en otra forma . . .

GALÁN. - (M<ill!Umúrado). ¿ Puede decirme qué papel
.
hago yo aquí 7¿Soy yo o es usted la que se tiene que declarar?
SIRVIENTA. - ¡No se enoje. hombre! ... P ero u sted es
bastante es túpido como gal án. ¿A quién se l e ocurre decirle
R una mujer: iTe amor Eso se dice en el teatro ; en la rea·
lidad se procede de otra manera. En la rea.l¡d" d. cuando un
hombre desea a una mujer, trata de engEñarla. Lo creía m5.s
inteligente. A nosotras l as mujeres nos gustan los deJacha.
tados . . . ' '
GALÁN. - Hay que vrVlr para ver ... y creer ...
SlRVIENTA. - Sea positivo. Yo soy una mujer positiva
como todas I 1. 5 mujf:'res. Y a ¡<'l B mujeres no les gu-tan los
prólogos en el amor. No, señor Galán. convénzase (lm·
peraliva). Le voy a dar una lección. Siéntese en esa hamaca.
(Eí se si-enta ; la Sif'vienfa rc¡'¡-ocede, luego se acerO[!
inclinándos'e sohre él) . Bueno, haga de cuenta que yo EO)' el
hombre y usted la mujer. (Dice en l'OZ muy d :l.lce). Niña ...
1
me gust;Hla estar como un en tu re;;azo. (Se incli na
·1
bien sobre el homf)Te). Quisiera que me convirtieras en tu
I
esd¿;vo. Quisiera eocannIInrme por vos. '. Bueno, ahora haga !
nsted 1" que C[uiera, pero compréndame. (El Galán de ja su
I
asiento; lo ocupa la Sirvien.ta).
I
G ALÁN. - ¿No se da cuenta que una persona decente
no puede hacer eso? I
StRV1ENTA. - Si. en ese tren no terminmnos más.
Aquí no se trata de pedirle un certificado de buena conducta.
sino" de que proceda como a mí me €f usta. Usted es , . . Yo
\
tengo lrescientos millones ... !
GAL\N. - Es que yo nunca tropecé con una mujer como
i
usted.
SJRV'ENTA. - (Menea la cabeza, luego se rí e). [Qué hom·
1
!
bre este ... qué .'\dolfo 1. .. !
GALÁN. - ¡Oh!. .. iUs ted sab e (me r"e Tlafio Adolfo!
[Oh! ¡Usted pronunció mi nombre! iOh! iPuedo morir tran·
quilo1
1
158
I
,
I
I
i
SIRVIENTA. - En decto, nada se perdería si usted reveno
tara , , ., pero ¿por qué quiere morir joven?
GALÁN. ~ Mi vida se desenvuelve bajo un signo fataL
Me persigue el homicida amor de una gitana, ..
,.
SIRVI ENTA. - iJoróbese, por ' sonso! . ..
GALÁN. - (lracund'Ü). Esto es imposible... Usted me
echa " perder Jos electos.
SIRVIEN TA. - eá lmcse; l e vaya seguir el juego .. . (Ha.
ciendo 9,,,tos de (nimera actriz). ¿Cómo . . ., tú me eres infieJ?
GALÁN. - No, no le h.e correspondido nunca ... pero
ella m e sigue a través de montañas y de mares ...
SIRVI ENTA. - (Cariñosa). Chiquito, cuá nt a novelería."
GALÁN, - Es una mujer fat al.
SIRVIEN TA. - C hiquito ... , las mujeres fataJ es sóJo se en·
cuentran en el cine, Nosotros nos casamos y sanseacabó la
mujer lataL
GAL.'N, - No tengo dinero para casarme, Además, un
galán que se casa es ridículo y -hace reír a las muj eres a
qui enes engañó y con quienes no se casó.
SIRVIEN TA. - Me gustas y te compro. Tengo trescientos
mill ones.
GAL.\N. - (Ra5cán-dose la cabeza). La suma es respeta·
ble, ¡Trescientos millones! ¿ Pero qué dirá ell a, que atravesó
montes y mares 7.. ,
SIRVI ENTA. - i Qué duro de e n t e ~ d e r que es usted! Ob·
serve que mares y montañas son una mentira para darle un
poquito de poesía a mi sueño. Aquí la úni ca que sueña soy
yo, nadi e más que yo.
GALÁN. - ¡vIe arrodillo entonces., .
SIRViENTA, - (MaLhumorada), Haga lo que qui era.
(Aparte). Este hombr·e es un perfecto imbécil como todos los
.' galanes .. ,
GALÁN, -(Declamatodo). Recorrió los ma res y las mono
e tañas,
SIRVIENTA. - Y los bosques, ¿dónde los deja 7.. .
GALÁN. - (Por 51.1 cuenta). Yo miraba a una mujer: . .
, miraba a otra y ninguna me gustaba.. . (La Siruien ta lo
. y menea la cabeza consternada an te el latoso). Y me
" ,·ceCla: "¿Por qué n in guna doncella me ama? ¿Por qué nin·
159
.:-.
guna jovencita corre a encuentro y rne estrecha contra su
pecho? .. ¿ P or qué las ciudades no se derrumban cuando
paso y los gobernadores no me coronan de Hores .... y el
cordero no come pasto junto al león. ni el león juega COI);.
el cabrito. si mi comzón está repleto de amor? .. " ,
SlRVIENTA. - E so es interesante.
GALÁN. - (P.ensatiPClmente). ¡Qué se CTe e que no sé pen·
sar por mi cuenta! ¡Claro que he pensado! El papel de galán
es simultáneamente ridí culo y dramático. Ya ve, usted y yo
estamos aquÍ con el mar al frente y todavía no nos hemos
dado un beso sincero.
SIRVJENTA. - ¿y a usted le gustaría besarme?
GALÁN. - rvle gustaría quererla. a pesar de su carácter
endiablado.
SIRVIENTA. - (Cavil osamente). ¿Querer? ..
- Sí. me gustaría quererl a mucho. aunque u sted
no me quisiera. y humillarme ante ust ed como un perro.
SIRVtENTA. -¿Por qué ..
GALÁN. - (Con revenUna angustia en la voz). No sé . .. .
pero hay m'l jeres que nos producen e,e efecto. Primero las
tratamos irónÍcamente . . . . es como si tuvi éramos la sensación
de que r odemos azotarlas ... y de pron to esa sensación se
nos rompe y en el corazón nos queda el dulce deseo de ser
humillados por esa mujer. sufrir ...
SfRVIENTA. - Es muy l indo lo que dice usted. Siéntese
a mi lado. (E l Galún se sienta). Nosotras a veces sentimos
tRmbién esa :::ensaci 6n: que nos conquiste un hombre que
de uno so'a mirada nos haga temblar ... y que nos pegue ...
y que nos b ese ... ¿Por qué no me besa ahora? .. Me gus­
taría qUf> me hesara.
GALÁN. - No ganas de besarla. (Se levanta y va
hasta la pasarela de la naue). El mar .... la luna .. . • el cora­
Zón del hombre es más cambiante que el mar ...
SJRVIENTA. - ¿Es cierto lo de la gitana?
GAL¡.N. - ¿Para qué me pregunta eso 7
SIRVIENTA. - E s que nosotros estamos enamorados, de
algo tenemos que hah' aL
GALJ.N. - ¿Nos engei'íamos mutuamente entonces?
SIRVIENTA_ - ¿Y si no nos engai'íamos ni mentimos? ..
/60
..
GALl.N. - Tendremos que decir enormidades ...
SIRVIENTA. - Dígalas.
GALÁN. -Bueno ... Me revientan todas las mujere•. em·
pezando por usted. Me revientan la forma como besan . ..
la comedia que hacen ... Me revientan porque todo el placer .'
que proporcionan no val en los copetines que se beben a costa
de uno. (Súbita transición). Perdóneme .... me olvidaba que
estaba haciendo el papel de Galán. . . .
SIRVIENTA. - ¿y por qué me pidió un beso anles?
GAÜN. - Por pedirlo ... Un galán está obligado siem·
pre a pedir besos como un boxeador a dar trompadas. Es
el "metier".
SIRVIENTA. - Usted es un cínico... (Amablemente).
GAÜN. - Es el único elogio que me encanta. Sí. soy
dnico y desvergonzado Y. además. roe gusta serlo. En cuanto
dejo de ser desvergonzado se me oprime el corazón .... me
ataco el asma. Voy por el mundo hacien<l o comedia. Co·
nazco los mil gestos que hay que dibujar para engañar a una
tonta: la sonrisa diluida. la mirada sombría y en el fondo
de mí mismo la brul a hacia la inconsistencia humana. A veces
estudio una pareja de enamorados. y en la expresión Je ella
me doy c u ~ n t a qué sistema utilizará para .avinagrarle la vida
a su marido. así como en la fisonomía de él descubro los
minutos que durará su fidelidad ...
SIRVIENTA. - ¿y cuáles son las mujeres que le gustan
a usted?
GALÁN. - Las bien vestidas. No importa que sean feas. ¡, '
Entre una mujer fea bien vestida y una linda modestamente
trajeada. me quedo con la fea. La mujer no es nada más
que un vestido. .. una piel y un sombrero .. .
SIRVIENTA. - ¡VIe gusta y lo compro a .. .
GAÜN. - Usted tieue trescientos millones y yo me
vendo ...
SIRVIENTA. - P erfectamente. Trato hecho. Allí vienen el
Capitán y Azucena: anúncieles nuestro compromiso.
161
ESCENA IV
Por la izquierda ap<1,necen el Capitán, GriseUa y Azuce­
na. Las amigas' llevan un traje de crepe sutin marfil y esme­
'rolda, oeñido al cuerpo de manera qu-e dibuja una silueta ele·
gante destinada 'a C01>trastar con ¡zl guardapolvo proletariO de
la menestrala, El Capitán: las Amigas y el Galán
irónicas miradas de gente de otra sociedad qUA? ,,¡rema por
compasión can una pelafustana oolocoda en su "esfera" por
un instante. Luego se doblan a las exi genóa\s de la oomedia
y ya es imposihCe dtscemir si 'ellos son camaradas o enemigos,
CAPITÁN. - ¿Mirando el mar?
AZUCENA y GRISELDA. - ' (A un tiempo), Buenas noches ...
GALÁN. - Señoritas. .. Capitán ... llegan ustedes en un
momento muy feliz para mí. Acabo de comprometerme con
la señorita Sofía.
CAPITÁN. - La felicito, señorita... Lo felicito, caba­
llera ...
AzUCENA. - Te felicito, queridísima... y a usted. se­
ñor, también ...
- Gracias ...
GRISELDA. - Espero que será este para vos un ...
(Suena repetidamente el tiTTlbre de y la Sirvien.ta pasa
a su cuarto y hace mutis. La iluminación del baroo decrece y
los personajes continúan ahora el diálogo en escena por su
cu:enta)
ESCENA V
GRISELDA. - Esta mujer está loca .. .
GALÁN. - (FlN'iosamente). Todas ustedes son unas eh¡·
fl«das ...
AzUCENA. - ¿Qué tenemos que ver nosotras con su lío 7...
GRISELDA. - No se olvide que somos fantasmas como
usted.
CAPITÁN. - Su imaginación es base de "Rocambole" J
su geografía la estudió en la revista "La Esfera".
l62
GRISELDA. - Lo único que ha leído y h a visto.
AzUCENA. - Me dan ganas de no seguir trabajando ...
GALÁN. - (Apaciguado) . Usted sabe que no se puede.
CAPITÁl" , - Y se cree seriamente millonaria.
GRISELDA. - (Al Capitán). ¿Vió usted cómo nos tutea?
AZUCENA. - (Al C'TCllán). ¿y cómo le rué a usted?
GAL..\N. - Como al diablo.
CAPITÁN. - ¿Le hizo hacer la comedia?
AZUCENA. - ¿No se desmayó?
GRISELDA. - ¿No se hacía la pudorosa? ..
GALÁN. - ¿La vergonzosa? .. ¿Ella hacerse la vergon­
zosa? Están locas ustedes. Casi me da de cachetadas porque
-
.. '
yo, siguiendo mi sis tema, ' no querí a representar como se ·Ie
- .
antojó.
CAPITÁN. - Es un oficio bien sucio el nuestro.
AzUCENA. - Me iría .. pero tengo los zapatos como en­
colados al piso.
GALÁN. - Yo estoy .. . Después de la joro­
bada me toca [a Sirvienta. Voy.de mal en peor.
GRISELDA. - Y yo.
'.
CAPITÁN. - Y yo.
GALAN. i Cuando me acuerdo de mis buenos tiem­
pos 1. . .
GRISELDA. - Debía prohibírseles soñar a los pobres ...
AZUCENA. - Verdad. Un pobre soñando imagina los dis­
parales más truculentos.
GALÁN. - Es la falta de cultura.
CAPITÁN. - De un tiempo a esta parte el último lava­
plalos se cree con derecho a tener imaginación.
GRISELDA. - La culpa la tiene el cine ... créanme.
GALÁN. - [Qué tranqui los estábamos antes e n nuestro
mundo astral!
GRISELDA. - (A Azucena). lQué bien habla el Galán!
"
(Al GaLin). ¿Sabe que me enamora usted? ..
GALÁN. - Lástima. . . pues no soy nada más que un
poco de humo y éter.
CAPITÁN. - H emos perdido nuestra fuerza antigua: cual­
quiera nos esclaviza.
163

"
GALÁN. - y esta mujer tiene una endiablada fuerz.a de
obsesión.
GRISEl.DA. - No es cierto.
CAPITÁN. - Es como un imán.
GAI..ÁN. - Yo siento que me sacude. el ir y venir de ou
pensamiento. .
AZUCENA. - Lo que yo me pregunto desde hoy es en
qué va a term'inar esto.
GAI..ÁN. - Somos como los actores de una obra de teatro.
CAPITÁN. - La autora es ella ...
GRISELDA. - Con la diferencia que sólo ella nos ve.
AZUCENA. - De cualquier manera. tengo unas ganas bár­
baras de irme.
CAPITÁN. - Sí .. " uno se harta de fantochadas.
GALÁN. - Las ligaduras que me ataban se aflojan ...
GRISELDA. - Efectivamente.
CAPITÁN. - Ella está con el pensamiento en otra parte.
(Nue¡,amente la luz decneCe en escena, hasta m,blorse el pai­
saje en la incertidumbre de b noche)
GALÁN, - Levantemos el vuelo. (Vánse. La escena que­
da desierta durarúe algunos minutos. En ese silencio se oye
eje<:lItado a la en el piano "Asturias", de Albéniz.
Todo se oscurece tqtalmente, y, como en "V cw:vd'ro anterior, se
repi/M los pasos de la criada, que camina en su cuchitril),
CUADRO TERCERO
ESCENt\ 1
Al encenderse la luz la escena aparece desierta. En lo
extensión del muro anteriormente ocupucTa por el puente de
1<: nave abre aflo),a. un ventanal inmenso con vitraux de co- .
lores, emplomados, )' una. hoja entreabierta que deja ver hi­
leras de oliuos y cordones de m<>ntes. La primera personn qu:e
aparece en escena es una Niñera, cofia blanca, y U100l criatura· .
de meses en los brazos. Tras ella, par puerta lateral, entra el.
Galán del brazo Je la Sirvienlla.
164
GAl.ÁN. - Baeno. hasta luego, querida.
SIRVIENTA. - No vengas tarde.
GALÁN. - Duré una vuel ta por la montaña.
SIRVIENTA. - No tardes. porque al anochecer. no sé por
qué. me pongo inquieta.
GALÁN. - Quedate tranquila. (Se inclina sobre la cria­
tura que sostiene la Niñera. y la besa. diciénJdole:) Digale adiós
• su papito. (Sale salud",ndo oon la mano).
SIR';'IENTA. - Hasta luego. querido. (A la Niñeta). ¿Está
bueno el tiempo 7
NIÑERA. - Templado. señora.
SIRVIENTA. -Vaya hasta el jardín. Tenga cuidado CO"
la nena:
NIÑERA. - Sí.•eñora.
SIRVIENTA. - Póngase a la sombra. pero donde no haya
humedad ni viento.
NIÑERA. - Sí, señora.
SIRVI ENTA. - Si se duerme tráigala en seguida.
NIÑERA. - Sí. señora.
S,RVIENTA. - Póngala en el cochecito.
NIÑERA. - ¿Nada más. señora 7
SIRVIENTA. - Vuélvase dentro de media hora.
NIÑERA. - Hasta luego. señora.
SIRVIENTA. - Hasta luego. (Mutis de la Niñera).
ESCENA 1I
Entra ~ l Lacayo y anuncia.
LACAYO. - Con su permiso. señora. Las niñas Griseld"
y Azucena preguntan por usted.
SIRVIENTA. - - Que pasen. (Mutis del Lacayo). "
ESCENA III
Entran Griselda y Azucena y oorren al encuentro ele la
Sirvienta, abrazándola por ,tumo.
GRISELDA. - iTanto tiempo sin verte!
AzUCENA. - i Qué linda que estás1
t6i
-.­
SIRVIENTA. - "Ustedes sí que están bien ...
GRISELDA. - Estás más gruesa... qué buen color.
AzUCENA. - ¿y la nena? .. Quiero ver la nena.
SIRVIENTA. - Está en el jardín... Ahora la hago traer.
GRISELDA. - ¿ Cómo es?.. . lA quién se parece?
AZUCENA. - Un momento. cállate. a ver si adiviné yo.
¿Es rubia?
SIRVIENTA. - No. tiene el cabello negro.
GRISELDA. - ¿Viste cómo acerté yo?
"SIRVIENTA. - La nariz es del padre... En cambio. la
frente y la boquita 'igual a la mía.
AzUCENA. - iQué monada debe ser! Me muero por
verla.
GRlSELOA. - ¿y Adolfo?
SIRVIENTA. - Salió hace un momentito.
AzUCENA. - lY que tal es la vida de oasada, che?
GRISELDA. - ¿Sos feliz? ..
SIRVIENTA. - Si .... dentro de lo relativo.
J\ZUCENA. - i Qué fría lo decís!
SIRVIENTA. - Te soy ; incera. no vale la pena de casar, e.
GRISELDA. - ¿ Adolfo no se porta bien?
SIRVIENTA. - No es eso ... Además. no sé por qué me
parece que de un tiempo a esta parte Adolfo anda preocupado.
ESCENA IV
Alboroto exterior compuesto de gritos femeninos. de pJ'e­
guntas. y TOncas voces detrás de! t,elón. La Sirvienta se po<ne
in¡<¡,tantáneamente de pie. imitándola sus amigas.
SJRVIENTA. - ¿Qué pasa?
LACAYO. -" (Entra desaforadamente). ¡Señora, la nena! ...
NIÑERA. - (Se presenta manchada de sangre). ¡Me ro­
baron la nena. me robaron la nena]" .. .
SIRVIENTA. - (Avanza {I'Wm<l'nte. tomándose las sienes con
las m'mos). ¿Qué dice esta mujer?
166
ESCENA V
Dando grandes zancadas aparece el Galán, el bu.sto do­
blado. 'lns manos tomándose el corazón.
GALÁN. - Me ·han muerto... la gitana.... mi hija ...
Dios. (Se desploma en los brazos de la Sirvienta).
SIRVIENTA. - Me vuelvo loca.
GALÁN. - Es la venganza de la gitana. ¡Qué busquen a
mi hij a 1 (Cae por Herraj.
SIRVIENTA. - Esto es un sueño. (Volvie:ndo el bu.sto. con
los brazos al aire).
ESCENA VI
Sonambúlico y fanloch.e aparece Rocambore en el umbral
&el cuau'10, extendiendo el brazo melodramáticamenli!.
ROCAMBOLE. - iJuro que encontraré a su hija. señora1
(La Sirvienta cae de roclillas junto al Galán. Griseldo: y Azu­
cena se aprietan una junto a olro. Suena el limbre Ck servi­
cio tan fUlio samente. que la Sirvienta de un salto se precipi.tn
en su cuarto. Mutis de Rocambole y la Siro;,enta)
ESCENA VII
GALÁN. - (lncoJ'porándose del suelo dorMe I.acla la farsa
de oa:dáver). Juro por mi honor que esta mujer está más loca
que una cabra.
GRISELDA. - No se anda con chiquitas. Su drama neceo
sita una docena de cadáveres. por lo menos.
AzUCENA. - A sí es la imaginación plebeya.
GALÁN. - IAldiablo con el oficio de personaje1
NIÑERA. - Gracias a Dios que no tengo nada más que
hacer aquí.
GRISELDA. - ¿De modo que usted se va?
GALÁN. - Afortunadamente.
AzUCENA. - Tiene suerte.
167
GRISELDA, - ¿No quiere que lo acompañe?
GALÁN, - No quiero líos. tramoyas ni complicaciones;
bastante me amargan ,La vida las corcovadas y las demente6.
· '.
para entramparme con fantasmas,
NIÑERA, - Como si ust ed no lo fuera,
GALÁN, - No discuto eso", pero me voy, (Sale el Ga­
lán y defrá.s. enoorvados y graves. uno tras olro, los fantasrnaJI
¿el drama, Lentamente se' apag,a la iluminación brujesca del
decorodo, En la desolación gris del rectángulo de los sueño.
aparece, alcahueta y oojoonclo. r:a Muerte, Espía por un "..­
quicio"l cuarto de la Sirvienta),
MUERTE, - Todavía no está a punto la palomita fanta­
.iosa. Todo esto le pasa por no comer jamón del diablo,
TELóN
168
,
<
ACTO SEGUNDO
'Ahora el cuarto de la Sirvienta es prolongado en la zonn
de! ensueño por una carbonería de anrabal. 'A los costados del
foro, pilas de carhón que dejan un pasillo estrecho, 'AUí se
oc;ultan rúpiclamente Rocambol., y la Sirvienta. No terminan
de escanderse tras la pila cuanclo avanza hacia la escena una
chiq"illia de catorce añOiS en alpargatas. Largo vestido rojo,
y el· cabello suelto sobre la ""palda como reproJucen a .Ce­
noveva de Brabant e ciertas tricromías que ilustran los salones
de barberos y betuneros. La niña arrastra una' pala de carbón
con una mano y en la ot.ra lleva una bolsa. Comienza a lle­
n"," la bolsa. luego se dietiene "fI'7'<X:!illúnclOlSe en medio de la
escena.
Personajes reales: SiRVIENTA, PATRONA.
Pers onajes de humo: CENICIENTA, COMPADRE VULCANO,
R UFIÁN H ONRAOO, ROCAMBOLE.
ESCENA 1
r
CENICIENTA, - Dios mío, ¿por qué no me diste una ma·
dre buena como a las otras chicas 7 ¿Por qué estoy sola e.
este mundo, Señor de los Cielos, si yo nunca he hecho ningún
mal? (Tras de la pila visible pora el público, en esla escerna.
la Sirvienta trola de precipitarse hacia la 'éliña, pero Rocambo­
le la contiene con un gesto, y luego saca de su bolsillo unl
revólver, La Sirvienta se sosiega. [ 'a Cenicienta incorporán­
dose). iDios mío, si vos existís hacé que encuentren a mi ma­
mita ! (Cuando la Cenicienta pronl./.Tlcia estas polabras pene­
tm al antro por el p'aSil'lo un hombre gigantesco, el rostro
manchaiclo de carbón, gorra de visera de hule y blusa proleta­
/69
, ~ - -
ria. El gandul, llamado Compadre Vulcano, escucha la im·
p'k.ración de la Cenicienta, avanza hasta ella en punlas da
pie, La toma de la oreja y exclama:} ,
VULCANO. - Así correspondés a mis sacrificios. Invocan­
do a Dios para que perjudique mi comercio.
(Dicho es/o, el Compadre Vu/cano suelta de La oreja a La niña
y con las 'manos en ¡auras se queda contemplándola)
CENICIENTA. - Rezaba, tío ...
VULCANO. - En mi carboneria está prohibido rezar. ¿Qué
necesidad tenés de rezar? ¿No estás bien acaso; gorda y lus­
trosa como una liebre?
CENICIENTA. - Tío ... perdóneme ...
VULCANO. - No soy tu tío. No quiero serlo. Además no
lo soy. Jurídicamente no puedo ser tu tío. Que lo sea Satanás.
Sí, Satanás. iY correspondés a mi s sacrificios invocando la
ayuda de Dios en mi propia carbonería p ara que me perjudiqll'
porque la cli entela no quiere saber nad a con ' Dios)
(El tmhán se pasea de un lado a otro deiI! "est:aiblecimie<tto",
mientras que la Cenicienta constentada m<linea la cabeza. Vul­
cano se enjuga la frente con un pañuelo de cuadros, y luego
continúa con su tono de bufón consternado)
VULCANO. - No sé por qué me parece que h. visto a
Rocambole en los alrededores de esta casa. Maldito sea el
bandolero. (Dirigiéndose a la chica). ¿Negarás que soy bono
dadoso con vos? lNo! ¿Podés negar que tengo el corazón de
p ~ s t a . Rora? ¡No! Cuando te trajeron fué para que te cortara
la lengua y te quemara los ojos con vitriol o.
(Tras La bolsa de carbón la SirviJenla se toma la oabeza, en
compañía de Rocambore que aventulYll un gesto de fa!nlocTte
justiciero)
VULCANO. - Si yo me hubiera portado honradamente
con la gitana que le hizo robar, no podrfas ahora invocar ·la
ayuda de Dios para que me perjudicara. (La Cenicienta se es·
170
", .. tremeoe juntando los brazos encogidos por e1 codo al cuerpo).
'. Ya ves si soy bondadoso. No te corté la lengua. ¿Quién me
lo impedía? En la T aberna de la Sangre le corté la lengua a
' una chica. Que lo diga el maldito Rocambole si no se la
.corté. Ya ves. P ero escuchando' los pedidos de mi tierno ca.
razón no te corté l a lengua.
(El baniclido se paooa (le un lado a otro y luego continúa en·
fático y magnánimo)
VULCAN·O. - Es que soy un sentimental. No puedo neo
!

garla. Mi santa madre me lo decía. No irás a ni nguna parte
Vulcanita con tu tierno corazón. Sos demasiado virtuoso. Te.
. nía razón la pobre. Soy un sentimental. Perjudicando mis in·
tereses te visto y te alimento. Y cómo me lo agradeces. ¿se
puede saber? Invocando la .ayuda de Dios para que me per­
judique. ¿No sabés que está prohibido invocar el nombre de
Dios en vano? ¿No leíste los libros santos? No invocarás el
nombre de Dios en vano. Y vos obstinadamente con tu mala
conducta llamando la cólera de Dios sobre mi establecimiento
comercial. Y la indignación de mis clientes. Tenías que ll e­
nar diez bolsas de carbón ... ¿y dónde están? ..
CENICIENTA. - Llené cuatro ... tío.
VULCANO. - Y yo sacrificándome. Para esto te engordo
con alimentos nutritivos. Y mientras que yo exploro las call es
de esta ciudad, porque es necesario que un honrado ciudadano
observe la vida de sus prójimos para saber cómo robarlos ...
tú holgazaneas en mi carbonería igual que la hija de un ge­
neral y te di viertes como si tuvieras que heredar a un ban­
quero.
CENICIENTA. -Tío... ¿ divertirme yo? ..
VULCANo.- ¿Cómo ? .. ¿No es un divertimiento ll enar
bolsas de carbón? i O", ingratitud humanal ¿y con qué me
pagarás entonces el vestido que llevas puesto7 ¿y esas hermo­
sas zapatillas? ¿Qué sería de ti si hubieras naufragado en una
des ierta? ¿ Con qué te alimentarías? ¿Qué querés vos,
que traiga la ópera lírica a mi establecimiento? ¿Que contra ­
.. ·te el circo Hagembeck7 ¿Pretenderás acaso que .. implore la
caridad pública para que tú con el producto de mis sacrifi cios
171
¡'
·
· ,

!- .
te emperifolles como la hija de un espadón? No. no .. .
cias al diablo. esto termina. Escuchá. ven\.
(La Cenicienta se acerca a Vulcano y éste unos momentos
hahla oído. Se oyé que golpe.an !as afuera. y
dano exclama:)
VULCANO. - Allí está. Adelante.
ESCENA II
Entra un melo gordo. grasiento y granu{imto con
color canela, hasMn-garo<ote y .un chiste.rin jouial.
V,EJO. - Buenas tardes, señor Vulcano.
VULCANO. - (A la Cenicienta). Querida sobrina.
Rufián Honrado. de quien te hablaba recién.
V,EJO. -lOh!. .. en cuanto a honrado ... nadie como
yo. .. en cuanto a rufián. es mi profesión, porque yo desde
chico siempre me atuve a esta máxima: la ociosidad es [a ma·
dre de todos [os vicios.
VULCANO. - ¿Ves. sobrina. cómo coincide conmigo este
hombre de bien7
V,EJO. - (Estirando el y tocando a la Cenicienta
con él). ¿ Esta es la paloma que vas a vender?
VULCANO. - La misma.
V,EJO. - Flaca está.
VULCANO. - En eso se demuestra su buena condición.
No es golosa. Sólo engordan las perezosas. Además las gor­
das no le gustan tanto a los hombres como las flacas.
V,EJO. - Es un parecer.
CENICIENTA. - iDios mío!
VIEJO. - ¿Qué le pasa a esta cabrita?
VULCANO. - Exclama ¡Dios mÍol por la alegría que k ·
causa ir a vuestra casa.
VIEJO. - ¿Es cierto, palomita?
CENICIENTA. - (Trist&m€nte). Sí. señor.
VIEJO. - Demuestras una excelente educación.
VULCANO. - Son mis sacrificios. El sudor de mi frente ...
/72
.

VIEJO. - (Sardónico). Se explica que quiera ya estar en
r
...i establecimiento. (Dirigiéndose a la Cenicienta). Tengo mu­
,:
chas chicas como tú... eso sí... bien y mejor ali­
mentadas. Todas están muy contentas. . ..
,
,
CENICIENTA. - ¡Qué alegría! ¿Es muy grande su cole­
.
gio. señor? ..
VULCANO. - Grande como un barco. Con varios pisos
y muchas luces y hasta música.
VIEJO. - Yo soy para mis muchachas cOmO un padre:
A ver. niña .. . (El Viejo es1ira el Vuélvete .. . (La
Cenici enta gira soh"e sí misma y el Viejo poniéndose la palma
de la mano <n modo de visera sohre las ojos examina at&n1a­
mente).
VULCANO. - No le quitarás méritos a la mercadería. viejo
tramposo.
VIEJO. - Es flaca. Tiene un ·hombro más alto que otro.
(A la Cenicienta). ¿Tú sabes hablar en francés?
CENICIENTA. - No. sellar.
VIEJO. - ¿Bailas d anzas clásicas?
CENICIENTA. - No. señor. .
VIEJO. - ¿Tienes novio?
CENICIENTA. - No. señor.
VIEJO. - MaJo ... maJo ... ¿Qué es lo que sabes hacer
para atraer a los hombres?
ESCENA III
Tras In pila de carbón salta la Sirvienta' e.grimiendo ttn
revólver y tras ella RocamboLe con olro pistolón.
SIRVIENTA. -lCállese. monstruo!. .. ¡Viejo maldito!. ..
;
VULCANO. - ¿ y esta vieja de dónde sale?
• VIEJO. - ¿y este señor con un revólver? (A Vulcano) .
I
,

"
Me has tendido una trampa ... •
i
ROCAMBOLE. - Buenas tardes. caballeros. . 1
VULCANO. - (Enfático). Me quejaré a la policia. ¿Quién
es usted? Ha violado mi domicilio.
ROCAMBOLE. - lBuenas tardes he dicho1
173
,
ViEJO. - Con su revólver interrumpe nuestros tratos co­
merciales.
SIRV1ENTA. - iCállese. bandido!
VIEJO. - Yo no .puedo tolerar que una vieja cabra me
trate de bandido.
SIRVIENTA. - i Y de rufián espantoso!
VIEJO. - Yo no puedo tolerar esto. Soy un comerciante.
Ejerzo una profesión lícita. Pago patente. Soy útil a la so­
ciedad. Estoy al día con mi matrícula. (E! Viejo patea el PÍSO
i.ndignado). ¿Por qué viene a interrumpir nuestras transaccio­
nes comerciales ?
ROCAMBOLE. - He dicho buenas 'tardes y nadie me ha
contestado.
VULCANO. - ¿Qué me importa a mí que usted me desee
buenas tardes?
VIEJO. - ¿Quién diablos es usted para que nosotros le
honremos con nuestro saludo?
SIRViENTA. - (A la Cenici,mta). . V en aquí, pobre cria­
tura.
CENICIENTA. - Sí. señora ... Usted tiene cara de buena.
(Se poone al lado de k; Si4'vi-e<nta).
VULCANO. - (A Rocambole). Usted está violando las le­
yes ... Me amenaza a mano armada ...
ROCAMBOLE. - Soy el ex presidiariO. lSoy Roeambole!
VIEJo. -lRoeambole! ...
VULCANO. - i Muerto soy1. ..
VIEJO. -¿Pero usted no se había muerto?
RocAMBoLE. - Allí donde -hay una huérfana que prote­
ger de malvados o a una viuda de abogados. allí estará Ro­
eambole.
VIEJo. - (Quitándose el sombrero). Si usted es Rocam- _.
bale ... y debe serlo. .. prudentemente retiro todo lo que he '
dicho. Sí señor. retiro lo que he dicho. A usted señora la he
llamado vieja cabra. Desde hoy dej.a de ser una vieja cabra · .
para convertirse en una dignísima dama.
SiRYlENTA. -1Cállese. monstruo!
VIEJO. - Los débiles y los viejos estamos obligados a
<
ser bufones para que no nos echen a punt:'piés de los rineo­
"
.'
"
174
••
.
11
nes donde nos metemos. Además la tormenta es con el señor
I
' .
Vulca,r'l:o. si no me equÍvoco.
CENICIENTA. - Señora. este viejito queda ll evarme a un
colegio.
,;-.
..
. VIEJO, - Digan si no da gusto tanta inocencia. Lo que

yo quiero es dejar constan cia de que no he atentado contra
SU pudor . Como la encontré, queda.
CENICIENTA. - ¿Qué tiene de malo que quisiera llevarme
al colegio?
VULCANO. - (Patético). ¿Ven qué educación más esme·
rada ha recibido? No tiene tanto así de malicia. Son mis sa­
crifi cios. .. el sudor de mi frente.
VIEJ O. - Con perdón de ustedes me escurro ... No quie­
ro sacarle las castañas del fuego a un mal hombre como éste.
(Señala a V.alcano), Señor Rocambole. di gnÍsima dama . . ,
siempre a sus órdenes. (Se retira c a m i n ~ ..do para atrás, CO'Tt e¡l
sombrero en la mano y allfegar al final del pasillo excLama: )
Pueden despellejarlo tranqUilamente que yo no diré palabra,
Quien mal anda mal acaba.
ESCENA IV
, i
,
!
R ocambole, la Sirvienta. Comp<><Ire Valcano y la Ceni­
cienta.
I
ROCAMBOLE, - Bueno .. , ahora que estamos solos vamos
a conversar. amigo Vulcano. ¿Dónde está tu legítima esposa?
VU LCANO, - En la cárcel.
ROCAMBOLE, - ¿Tus hijos?
VULCANO. - En preSidio,
. ROCAMBOLE. - ¿D e manera que toda la familia veranean­
do 7 Vives más tranquilo y sol itario que un canónigo. Los pa­
ri entes no te mol estan,
VULCANO. -Ni la policía tampoco, Me he regenerado,
vivo, y os juro. señor R ocambole. que n o hay satisfacción más
, ,1
-:'
grande que vivir honradamente. (Volviéndose a la Sirvienta),
¿Así que usted es la esposa de este digno caballero? Qué
orguHo debe ensanchar su corazón de matrona virtuosa: al te­
ner por marido tan grande hombre.
,"
,"
/75
I
I

SlRV1ENTA. -1Cállese1(Va!c01W intenta dar un paso n ~
adelante).
ROCAMBOLE. - Queridito .... como te muevas otra vez te
limpio el corazón de porquerías. (Valcano retrocede). Hable­
mos seriamente. ¿De dónde sacaste esta chiquita ?
VULCANO. - M e [a di6 a cuidar una mujer cu ando era
una tierna criatura.
ROCAMIlOLE. - H abla lisa y llanamente. ¿Quién era esa
mujer?
VULCANO. - La madre.
ROCAMBOLE. - ' Estás mintiendo, Vulcano.
VULCANO. - El padre murió en presidio.
ROCAMBOLE. - Compadre Vulcano. hay que mostrar el
juego o terminaremos mal.
VULCANo.-Vino [a madre y me dijo : "T e entrego esta
perlita de mis ojos".
ROCAMBOLE. - Me estoy aburriendo. ¿De modo que la
chiquilla te la dió la madre?
VULCANO. - Lo juro bajo mi honrada palabra.
ROCAMBOLE. - (A la Siroienta). Descúbrale la espalda.
señora.
(La Sirvienta le rasga el vestido y mirando a la criatura eX­
clama)
SIRVIENTA. - Aquí tiene [a cruceci ta que [e hizo la par­
tera a[ nacer. i Hija míaI
CENICIENTA. - ¡Madre mía!, qué alegría.
SIRVIENTA. - H ija mía ... tantos años ... qlleridita.
CENICIENTA. - Yo sabía que tenia que ll egar este día.
(La crialttra y la SirfJi enta se abra:zan repetidamente y se esta­
blecen unos segwndos de silencio)
VULCANO. - Qué grupo más emocionante. (Siempre en
col1't€ldiante). D an ganas de llorar. (Avanza un paso, p.e ro Ro­
cambole estira rápidament e el reoólver).
ROCAMBOLE. - 1Q ui eto, bandidoI
VULCANO. -Estoy emocionado. No en vano decía yo '
siempre que esta criatura era de noble linaje.
176
ROCAMllOI.E. -- Pi chón, tenés que cantar _ _ _ hay que can.
,
tar, querido _ . _
VULCANO. - ¿y si no canto?
..
i
'
ROCA..'1BOLE. - Vos sabés que me enesta mucho m ~ o s . .
trabajo enfriarte que decirlo. .
, ..~
ri"

\ 'ULCANO. - Bueno. patrón, cantaré como un canario.
' Estaba ma l. Me ofrecieron la tenencia de la nena. El que le
dió la pUlí.alada fué Lagarto. El que robó la nena fué Mon.
señor . . .
ROCAMBOLE. - Tú estabas all!. Monseñor en ese tiempo
L
, eslaba preso.

VULCANO. --- Qué diría mi santa madre ...
"
ROCAMBOl.E. - D ejá tranquila a esa vieja maldita.

­

VULCANO. - Lagarto fué el que le di ó la puñalada al

padre. Yo robé la nena. Por los Sñntos Evangeli os, patrón, que
yo únicamente robé la nena. La ' gilana no cumpli6 lo esti·
pulado.
,
·
ROCAMBOLE. - Y sólo recibiste cincuenta mil francos en
,- - vez de los cien mil tra tados ...
:
VULCANO. - ¿Cómo sabe eso, patrón?
.'
ROCA/4S0I.E. - Queridito: yo -no estoy aquÍ para cantes·
tar sino para preguntarte ... y si no le arrancaste l a lengua
a la criatura ni la dejaste ciega fué con la esperanza de sacar
más provecho ...
VULCANO. - Esas son mentiras' del Lagarto. Si yo no le
hice daño a la cri a tura fué debido a mi tierno corazón. Que
lo diga la chiquilla. (Dirigiéndose a la Cenicienta) ¿No e.
cierto que te cuidaba corno !'l la hija de un coronel? ¿No es
cierto que he querido darte una educación esmerada? ¿No es
cierto que te daba alimentos nutritivos abundantes en vita·
minas?
CENlCIENTA. - Pero muchas veces -me pegñba ...
VULCANO. - Como un padre. ¿Qué padre no le da una
paliza de vez en cuando a sus hijos?
CENICIENTA. - Me pegaba con alambres cuando se eno·
jaba . ..
SIRVIENTA. -lMonstruol. .. Hijita querida... Pobre
chiquita ·mía ...
177
, .
VULCANO. - 10h! loh! se me desgarra el corazón. No,
yo no le :le pegado ... con alambres, no.
ROCAMBOLE. - ¿Así que te pegaba con alambres?
CENICIENTA. - Pero decía que era por mi bien,
SIRV(ENTA. -IMonstruo! ... ¡Monstruo! ¿No le da ver­
güenza? ..
RocAMBoLE. - Hay que arregl ar cuentas. Compadre Vd- '
cano. Mataste al padre, Robaste a la hij a. D estruis te la vida
de una dama c!¡gnÍsima. Tenés que arrodillarte, Vulcano.
VULCANO. - Yo no qui ero morir.
ROCAl'>1BOLE. Si tu gusto es morir parado, no tengo in .
conveniente. (Vulcano se a,·,oddla. Rocambo1e, con voz to­
nante :) Le cortaste la lengua a la muc!ita de l a Taberna de la
Sangre, VuIcano. Asesinaste a tus semej antes.
VULCANO. - iPerdón!
ROCAMBOLE. - Que te perdone la esposa cuyo marido
mataste.
SIRVIENTA. - Yo no pueda
VULCANO. - ¡Perdón!
ROCAMBOLE. - Que te perdcne la madre cuya hija ro­
baste. .
SlRVIENTA. - No puedo. ,. Rezaré por él ...
VULCANO. - Yo no quiero que recen sohre mi tumba,
Yo quiero vivir. Comer_
ROCAMBOLE. - Que te perdone la sociedad que ofendis­
te con tus graves crímenes. Tenés un minuto para
encomendar tu alma a Dios.
CENICIENTA. - Yo lo perdono, señor Rocamhole.
no se arrastra y le besa los pies).
ROCAMBOLE. - ¿Lo perdonas de todo corazón, niña?
CENICIENTA. - Sí, señor Rocambole. Le perdono
porque no me cortó la lengua ni me dejó ciega.
ROCAMBOLE. - Miserable, la súplica de es te ángel sa
tu inmunda piel. (La Sirvienta y la niña retroceden. /:<.()c(,m-!:
bole saca rápidamente un frasco del borsiHo )' dioe:) Pero
mo no puedes quedar sin castigo ...
178
(Le arroja el conlendo rIel frasco a los ojos; Vulcarto ¿anU!
un terrible grito y se l.evemta moviendo '11os brazos al mismo
tiempo q.{M aúllo)
VULCANO. - Estoy ciego : .. estoy ciego. ¡Oh!
ROCAMBOLE. - Es un castigo misericordioso el que te
hemos dado. (Suena largamente el timbre de servicio, que por
unos instantes ninguno de los personajes escucha. D e pronto
la Sirvienta oye el llamado y retrocede despa,uorida de la zo­
na del sueño al espacio de su =rto).
ESCENA V
Súbitamente ern la puerta del cuartito aSOma la Patro­
na de la casa, mira a la Sirvienta y le dioe:
PATRONA. - Oiga .. . ¿se puede saber lo que le pasa que
no viene cuando la llaman? Hace media hora qt\e está so­
nando el timbre.
S,RV,ENTA. - Disculpe. señora ... (Sal"", ambas. Los per­
sonajes de humo queJan un instante en la posición es tatuaria
'en que los inmovilizó la voz de la Patrona al en1rol' al ruarto
de la criada. La tuz verdosa que inunda la escena disminuye
lentamente).
TELON
. .
;
J
,
,
"
'
179
1
i
,
~
.
.
,
,
O,,? i.
ACTO TERCERO
La pioza de la Sirvienta es ahora prolongada por un sa­
lón ta!)i;:.a:1o COmO aquellos que aparecen en las ceremonias
de"lo!' personajes de cualqui er pajte. Pórticos dorados y cor­
ti nados rojos dan la irnprG"sión ele .una opulencia. exinao.rdina­
ria. Moblaje. y sofás. Una claridad triste flota en
es te último cuadro del sueño.
P ersonnjes reales: HIJO DE LA P ATRONA.
Personajes de humo: AZUCENA y GRISELDA, totalm.ente
envejecidas y ataviados con trai"s " . g"os, L\CAYO con pati llas,
GALANCiTO, ROCAMilOLE. •
ESCENA 1
L acayo gordo, con l¡['rea verde y patillas blancas, entran­
do con bandeja de licor; sirve y s,e va.
VIEJA 1" - i Cómo pasan los años¡
VTEJA 2' -- Y esta es la vida.
SlRVlENTA. - Sufrir.
VIEJA l ' -¿Para qué la vida?
\ i 1.EJA - T cdo es deseng·años.
SiRVI ENTA. - Monotonía.
\ / tE.JA l
Q
-Tristezus.
1 '·
,.
.
\ ' IEJA 2\\ - Q uerer.
VIE.lA 1' - Dejar.
SIRVIENTA. - Empezar ...
VIEJA 1'-- ¿Para qué hemos vivido?
/80
VII!,l A 2' - Cuando me acuerdo , ' ,
S,RVIENTA, - No hables,
. V,EJA 1"-- Sí. es mejor no h ablar.
VIE.lA 2' - No conviene nombrar ciertas dulzuras.
SIRVIENTA. - i. Por qué yo ' habl o como ustedes?
VIEJA 1>- ¿Qué dice?
S,RVIENTA. - Yo ,oy joven,
V,EJA 2' - Está loca.
V1EJA l ' - D ice que es joven ... ji. .. ji. ..
S ,RV,ENTA. - Yo puedo esperar y vivir. No tengo nada
lnás que veinlicuntro años.
VIEJA 1'. - Está loca. Dice que ti ene veinticuatro años .
SmvIENTA. - . iOh!, no ... es cierto . . . Yo también soy
vi eja.
V'EJ A 2" - Era una broma.
VIEJA 1" - Es .. c1aro. Una broma.
SlRVIENTA, - Pero mi cabello es negro.
V'EJA 2' - ¿Empieza otra vez a desvariar? No tenés el
cabello negro. .
VIEJA l ' - Lo tenés blanco como el nuestro.
S,RV,ENTA. - T engo una hija perdida .. .
V,EJA 2' - Delira. No mbe lo que dice.
V,EJA l' - ¿No te acordás que [a encontró Rocambole
h
.. 7
a tu 110. · ...
VIEJA 2'. - En la carbonería del Compadre Vulcano.
VIEJA l' - Y que ahora es una señorita.
SIRVIENTA. - Sí ... No me acordaba,
VIEJ A 2' - Vos estás trascordada.
V, EJA l' - Es la vejez.
VlEJ A 2' - Nosotras estamos más fuert es que ella.
\'lrEJAl' - y más jóvenes.
V,EJA 2' - Es que sufrió mucho.
(Entra el Lacayo, se inclina ante las vieias y die<':)
LACAYO. - Ya está el coche. señorita Griselda.
VIEJ A 2' - Vamos, Azucena.
.. V,EJA 1" - !Inclináriclos" y besando a la S irvienta, que
permanece rígida en su silla), H asta mañana, querida.
181
VIEJA 2' - (Haciendo lo mismo qwe la ViJeja 1 ~ ) . Hasta
mañana, querida.
SIRVIENTA. - Hasta ' mañana.
(E l Lacayo sale detrcis de las viejals'; ele pronto se vwelve, y,
con la memo abierta y el deJo en la punta le hace "pito 00­
lalán" a la S¡.rvionla, . q u ~ no lo ve. La Sirvienta pe,rmCL11€ 'C1l
rígida en su si lla. Se oyen unas carcajadas !.ejanas. y de pron­
to aparece Cenicienta, la hija de la Sirvienta. Es una. mu­
chacha que fione la misma edad que la madre. Viste un traje
blanco. capelina blanca. tomada por la cinta bajo el mentón,
trae un rama de flores entre los brazos. Entra comemz'o a la
sala)
ESCENA II
La Sirvicml.a, sentada, y la Cenicienta, su hija.
HIJA. - ¿Cómo te va, mamita querida? Te traigo una,
flores. (Le pone las floJ'es en el regazo).
SIRVIENTA. - (Reanimán.dos,e .lentamente). ¿Cómo estás,
hijita? ¿De dónde venÍ's?
HIJA. - EstuvÍmós en el campo, juntando flores.
SIRVIENTA. - Yo creía que en el campo no había nada
más que pasto.
HiJ A. - i QUé bromista sos, mamita! El campo está lle­
no de flores. Por donde mirás no se ven nada más que ¡¡ores.
Hasta las nubes parecen que están cargadas de flores. Sen­
tate. mamita, que te vas a cansar.
SIRVIENTA. - ¿ Y te gustan mucho las flores?
HIJ A. - Sí, me gustan las flores. M e gusta todo .Jo que
es lindo. (Mi<Mtras ¡wbia se pa;sea por -el cuCNto). Cuando
una ve flores, le parece que el mundo todo debe ser un jar­
dín. Que por donde vaya no encontrará nada más que per­
fumes, colores, nubes arriba, flores abajo ...
SIRVIENTA. - Yo creía que en el campo no había nada
más que vacas y caballos.
HuA. - Mamita; no tenés imaginación. A vos no te '
gusta soñar. Estoy segura que vos nunca has soñado que '
vol abas,
182
SlkVIENTA. - ¿ Cómo es eso?
HIJA. - Sí. que volás. De pronto el mundo se h ace chi­
quito para toda tu voluntad y en los talones sentís una Fuer­
za elástica... Parece que si quisieras de un salto podrías
. -:
!.Iega.r a las estrellas.
SIRVIENTA. - Son tus veinte años.
HIJA. - Mamita. .. decime... ¿¡as otras mujeres son
como y07 ¿Sueñan como sueño yo? ¿Sienten como siento yo?
SIRVIENTA. - A lgunas. . sÍ.
HIJA. - Mamita. tengo que deci rte una cosa. Estoy ena­
morada.
SIRV1ENTA. -lAh!. .. ¿Sí? . .
HIJA. - ¿No te di sgusta?
SlRV1ENTA. -No ... me encanta ...
HIJA. - (Arrodillándose al ¡a,Jo). T e vaya cont"r. ma­
mita . .. (Súbila tranSición). Es obligatorio que una hija se
arrodi ll e al lado de la madie para contarl e que está enamo­
rada ...
SIRVIENTA. - No. algunas l e hacen esa 'confesión a la
madre mientras que la madre recalienta unas mil anesas.
HIJA. - Sos muy chistosa. mamita . .. mirá que me voy
a enojar . . .
SI RVIENTA. - Bueno, preciosa ... no te enojés . ..
HIJA. -¿No es cierto que estoy predosa ?
SIRV1ENTA. - S í. est ás muy linda.
HIJA. -¿Te acordás qué fea era cuando estaba en la
carbonería del Compadre Vulcano? Bueno, como te decia, es
alto. rubio. buen mozo.
SIRVIENTA. - ¿Joven? ..
H,JA. - P ero. claro.
SIRVIENTA. - ¿No está casado?
HIJA. - Yo me enojo con vos, mamita. Estoy enojada.
No se puede habla r en serío con vos. ¿Por qué no me pre­
guntás cuántos hijos tiene? ¿O si es tuvo procesado por cri­
minal ?
SIRVIENTA. - . Disculpá, mi hijit a ... estoy con el pensa­
miento en otra parte. ¿Así que tu novio es buen mozo? ¿y
te quiere?
183
HIJA. - No es mI novio. marnita . .. o sí . . . sí ... nOvio
es. .. siempre que vos no te opongas.
SIRVIENTA. - ¿ y es por él que ves el campo lleno de .
flores? . .
HIJ A. - Y no el campo... hasta las nubes. . . (A"""
cándose) . Si supieras qué bueno es ...
SIRVIENTA. - Todos los novios son buenos.
HIJA. - Parece que estuvieras envidiosa de que yo ten­
ga novio . . .
SIRVIENTA. - (Retrocediendo). ¿Qué has dicho 7...
HIJA. - (Abrazándola). Perdóname, mamila.
SIRVIENTA. - (Aparte). A veces los autores les tienen en­
vidia a sus personajes. Quisieran destruirlos.

HIJA. - ¿Qué decís, mamila 7...
SIRVIENTA. - Quiero que seas feliz ... ·hijita querida. Yo
no te he dicho nada para ofenderte, sino que nosotros los
viejos tenemos el corazón ll eno de tristeza ...
HIJA. - Estás triste, mamila ... ¿de. qué? .,
SIRVIENTA. - Te casarás ... te irás . .. y yo me quedaré
otra vez sola ... sola olra Vez. ,. (Se aparta de la muchacha,
}' sentándose sobre una butaoa, se pone a llorar).
HIJA. - Mamila ... ¿por qué 1I0rás? .. Si vos no que­
rés . ..
SIRVIENTA. - Sí. yo quiero. Quiero que seas feliz, hijita '.
querida. Que toda la ti erra t ~ parezca siempre llena de fia­
res. Que tu esposo te quiera eternamente.
ESCENA III
Entra el Lacayo de librea verde, con una bandeja en la
mano.
LACAYO. - Señora .. ' (Le alcanza 'la bandeja. La Sir­
vienta toma una tarjeta).
HIJA. - Mamá .. . es eL . .
SIRVIENTA. - Que pas..,. (Sale el Lacayo).
HIJA. - Vas a ver, mamá, qué bueno: de verdad que es.. .
SIRVIENTA. -Te creo, hijita. (Aparece el Lacayo y abre
el portier para que entre el Galancito. que será un joven y
/84
,

simple. La muchacha corre a su encuentro y lo toma de la
mano. La Sirvienla se levanta).
HIJ A. - lVIamita . .. este ...
GALANCITO. - (Tropezando en sus propias palabras). Se­
fío)'a. veneo a decirle que quiero a su hija. los dos
hasta ella). Que nos queremos mucho.
HIJA. - Vos arrodill ale. que yo me arrodi llo también.
(Se arrodillan ambos). Mamita. te pedimos la bendición.
S,RV,ENTA. - Yo, hijos míos, los .. .
ESCENA IV
En ese mi smo ins.tante, en el cristal' del ventanuco del
cuarto de la. Sirvienla se hace visib/.e la curátul" grotesca del
. Hijo de la Patrona. Desmelenado y .eb'io, grita:
HIJO. - Abrí. Sofía ... Abrí. no seas testaruda, Sofía .. ,
(Los de humo pennlmecen inm6vill!s, La Sirvienta

t
lnira COn un gesto de extrañeza dolo.ros,a al fantoche humano
que le pide placer en el instante que eHa b"ndice en Su en­
t sueño la felicidacl de una hija que no 'existe, y a medi da que
¡
f
la luz disminuye en eSC€'l1a ISle 'lace más nítido en el rojo
r,
cristal del ventanillo el masOlll1'ón ·del ebrio atenace ado por
¡:
la reja)
l
t
HIJO. - Abrí ... Abrí. no te llagás la estrecha ...
f
i,
- ; .
(La Sirvienta coge el revólver y apoya el caño· e n su fr ente)

HIJO. - No te hagás la loca, Sofía ...
(Suena el .e-s lampido. La caco se anl o-n­
tonan en el cucu'to de' la S irvienta los .fanlasmas que actuaban
,
en el ·salón -dorado) :
,..
HIJA. - Libres. " por fin estamos libres de esta loca.

i{ GAL,\N.- De la Sirvienta Millonaria.


LACAYO. - Ha muerto pata nuestra tranquilidad.
j,:..•
VIEJA 1· - Respiro ... era inaguantable.
,.
}'.:
lS5
,
"
. I't
.
(Griselda y Azucena, la Cenidenta, el Galancito y el Lacayo '
se dan la mano y comienzWl a dla.nzar en circulo en torno del"
rnonIoncilo humano, oantando al tiempo que en paso de am'l- ',¡
za leV<lJntan 'desaforadamente las piernru:}
Por fin se ha muerto la loca.
Por fin se ha muerto la loca.
ESCENA V
Enfático y lúgubre, entro. Rocambole con paso tardo.
Mi.ro. la danza de los p<2TSOl1JO'jes de humo, luego una cólera
tremenJd'a se apodera de él y, esgrimiendo el látigo, lo des­
carga sobre las espaldas de los fantasmas. Se desbandan és­
tos y hu)"en de La escena'. El ex presidiario se quita las gafas, .
la galera, coloca el IMigo de cochero en el s;u;elo, se arrcdi¡lb
frente a la Sirvienta y la besa en la .frente con gesto com­
pungido.
R OCAMBOLE. - (Juntando las manos en el pecho). Señor,
el empedernido criminal te pide piedad para esta pobrecita .
criatura, que tanto ha padecido sobre la tierra, (Se levanta;
recoge sW utensilios y váse).
HIJO. - (Aún pegado '"n los vidri<>s, cO'n voz ronca).
Abrí, Sofía. Abrí , '. no hagás chistes.
TELON FINAL
·'"
·
!
•,
.
186

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