Territorio y territorialidad (pp. 82-84) L’espace social.

Lecture geographique des societes (Di Meo & Buelon, 2005) [Traducción propia, no citar] Otro asunto es inevitable para comprender la verdadera naturaleza de territorio. Para comprender el misterio de su génesis además de su fragilidad y variabilidad, es indispensable evocar previamente el concepto de territorialidad. Claude Raffestein ha dado una definición particularmente productiva de la territorialidad. De acuerdo a él, ella “refleja la multidimensionalidad de la experiencia territorial vivida por los miembros de un colectivo, por las sociedades en general”. Así se trate que ella hable de espacios socialmente definidos, cualificados, divididos, la territorialidad concierne efectivamente, a priori, a los sujetos socializados. Ella pone de manifiesto su lógica, su sensibilidad, sus capacidades reflexivas e imaginarios personales. Ella se calca sobre el espacio vivido, entrelaza sus relaciones íntimas pero sin embargo interactivas con los lugares y las personas que lo frecuentan. Ella se enriquece de sus experiencias, de sus aprendizajes sociales. En total, la territorialidad obedece a tres series de leyes imbricadas e interdependientes: esas de la experiencia existencial de cada uno, esas de la co-determinación dialéctica del sujeto y de su contexto social, esas de la organización del espacio geográfico objetivo (fenómenos de polarización, de gravitación, de difusión, etc.) que las relaciones sociales (re)inventan permanentemente. Las territorialidades, presentadas en diferentes escalas, revelan las maneras en las que los territorios se edifican y se identifican, se articulan los unos con los otros, se reproducen en función de sus representaciones y de de las prácticas propuestas a los miembros del colectivo, a los individuos comprometidos por una acción común que exige un mínimo de mediación espacial. Para explicar ese juego complejo entre la interioridad (individual) y la exterioridad (social) conjuntamente definidas por sólidas estructuras sobre sus relaciones con el espacio, hemos propuesto con anterioridad, el modelo conceptual de la “meta-estructura socio-espacial” (Di Meo, 1991). No sería en absoluto ilógica volver a pensar sobre ello hoy en día para expresar la construcción social, compleja y progresiva del sujeto, sobre los términos que hemos previsto en el décimo capítulo de este libro. […] Para resumir, reiteramos que la territorialidad define una relación individual y/o colectiva con el territorio. […] Entre territorios y territorialidades existe para todo ser humano una tensión permanente. La imposición de los territorios objetivos entra en lucha con nuestra subjetividad, sus divagaciones, sus movilidades, su racionalidad situada. Repentinamente sobre nuestras representaciones, los territorios emergen con innombrables deformaciones, se aproximan

a nuestros lugares de vida, se desvanecen, escapan de nuestra verbalización. Por otro lado, se manifiestan de manera exagerada, invasora… colonizan nuestra territorialidad. […]

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