P. 1
La caída de la casa Lynch

La caída de la casa Lynch

|Views: 118|Likes:
Publicado portryingtolauramodeon

More info:

Published by: tryingtolauramodeon on Aug 08, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

01/08/2013

pdf

text

original

La caída de la casa Lynch

Historia 1: La caída de la casa Lynch
La historia hasta ahora….
El despacho está inundado por humo de tabaco. Hay varios ficheros alineados en las paredes, y calzando la pata de un escritorio de madera barata asoma un montón de revistas apiladas. Tras el escritorio hay un hombre calvo y rollizo en estado de incontenible nerviosismo. – Ya iba siendo hora – Dice mientras tamborilea con los dedos sobre la mesa. – El tiempo es oro, y lo estamos perdiendo a espuertas. Nuestro socio ha desaparecido, y necesito vuestra ayuda para encontrarlo. El hombre arroja a un joven investigador una carpeta de papel manila bastante sucia. – Su nombre es Walter Lynch. Siempre ha sido el cerebro de esta empresa, y sin él no tardaremos en irnos a pique. Hace mucho que no responde nuestras cartas, y todas nuestras investigaciones han resultado…– hace una pausa, como buscando la palabra adecuada –…infructuosas. Este informe contiene todo lo que sabemos del tema – continúa, señalando a la carpeta con la mirada. – Averiguad qué ha sido de él y traedlo de vuelta. Aquí hay mucho más en juego de lo que os imagináis. Más tarde, ya en el coche, el chico abre con cuidado la mugrienta carpeta. En su interior hallan un mapa dibujado con indicaciones para llegar a una mansión situada en las afueras de Arkham, Massachusetts. El dibujo es bastante rudimentario, como si lo hubiese hecho un niño. Además del mapa, encuentran una página arrancada de lo que parece ser un diario. “8 de junio de 1928. Ha pasado casi un año desde que la enfermedad se llevó a mi hijo. Los médicos estaban desconcertados y no alcanzaban a entender qué era aquello que consumía paulatinamente su carne. Yo siempre he sido hombre de acción, y me negué a quedarme de brazos cruzados mientras mi único heredero se marchitaba. Pasé nueve meses recorriendo el mundo en busca de una cura, indagué por todas partes, desde el corazón de las selvas hasta la sabiduría del lejano oriente, más no hallé nada. Proseguí la búsqueda, adentrándome en parajes cada vez más ignotos y aún más allá. Presencié numerosos misterios y horrores, pero la cura me eludía constantemente. Poco podía yo sospechar que ya era demasiado tarde; mi pobre hijo falleció mientras yo exploraba los rincones del mundo. Murió, y su padre no estuvo junto a él para consolarle en sus últimos momentos. Regresé a casa, junto a mi esposa Edith, con la intención de quedarme en ella para siempre. Lloramos a nuestro hijo. Poco a poco la vida volvió a su cauce y yo me reincorporé al trabajo. Emprendí un nuevo negocio, y mi fortuna aumentó a medida que mi alma languidecía. No fue fácil superar la pérdida de mi hijo, pero descubrí que consolar a mi pobre Edith me ayudaba a ignorar mi propio dolor” En la otra cara de la página hay una anotación, más breve. “21 de enero de 1919. ¿Cómo ha podido pasar? ¿Por qué a mí? Intenté protegerme. Intenté proteger a mi familia, pero no había nada que hacer. Oh, Edith, tú eres todo lo que me queda. ¿Por qué te ha tenido que pasar a ti? Debo profundizar aún más. No dejaré piedra sin remover, por graves que sean las consecuencias. ¡Debo hallar una respuesta!”

1

La caída de la casa Lynch

Prólogo
Una suave lluvia acaricia el rostro de Joe Diamond al salir del coche que se encuentra frente a la finca. Joe es un detective privado de bastante renombre, su gabardina y sombrero púrpura es sin duda su distintivo más notorio. Por la otra puerta aparece Jenny Barnes una diletante de la moda socia de Joe, desde fuera parecerían una pareja de las que se visten igual, ese día se había decidido por un vestido ligeramente ajustado, una pamela púrpura y unos tacones con los que nadie se atrevería a correr con ellos. La mansión es inmensa y no parece que nadie se encargue de su mantenimiento. Reina un silencio sepulcral, roto únicamente por las pisadas de los investigadores al aproximarse. Llaman a la puerta y no obtienen respuesta. – Parece que nos lo quieren poner difícil. – Dice Joe con mala cara. Un instante después se abre con un chirrido, como por voluntad propia, y entran en el vestíbulo del majestuoso caserón. – Parece que el famoso detective se vuelve a equivocar. – Contesta Jenny en tono burlón. Pese a la antigüedad de la casa, no se escucha ni un solo crujido de la madera. Es como si la mansión estuviese conteniendo el aliento, a la espera de que suceda algo terrible. De repente, un alarido escalofriante rompe el silencio; parece provenir de una de las habitaciones de arriba. La casa entera se sacude como si se produjera un terremoto, y varios cuadros polvorientos se descuelgan de las paredes.

Capítulo 1 El reloj marca las 10
El vestíbulo es amplio y lujoso, con dos grandes escaleras de marfil que llevaban a alguna habitación y otra más que debería conducir a lo que Joe intuye que es la cocina. Movido por la curiosidad investiga en el vestíbulo pero no encuentra nada de interés, así que decide ir hacia una de las habitaciones de la primera planta. –Jenny no creo que aquí abajo encontremos pistas, vayamos arriba, yo por la izquierda y tú por la derecha a ver que encontramos. La puerta de Joe da a una escalera carcomida que conduce al sótano iluminada por una pequeña bombilla al final de las escaleras hay otra puerta y justo apoyada en ésta hay una botella de Whisky, Duton Courage que Joe decide quedarse para celebrar su éxito más tarde. Apunto de entrar en la habitación contigua, escucha una maldición a voz de grito y decide salir al vestíbulo a ver qué es lo que sucede. Por su parte Jenny va a la otra habitación superior que conduce a lo que se le antoja como un laboratorio, sobre una mesa larga hay un microscopio binocular, una balanza analítica; en una estantería pipetas, placas Petri, probetas, un rotador serológico; al lado de otra puerta estaba lo que parecía un autoclave en miniatura y un horno. Intrigada por ver que se esconde detrás de la otra puerta camina entre todo el aparataje para acceder a la siguiente habitación que está completamente a oscuras, las luces de la habitación se niegan a encenderse, al intentar hacer un empalme improvisado recibe una pequeña descarga. – ¡Maldita luz! – Grita en un tono más agudo de lo normal. De una de las habitaciones se escucha un murmullo... –Qué coj…– Intenta decir Joe Sin previo aviso detrás de Joe la puerta por la que acababa de salir salta en pedazos y un psicópata 2

La caída de la casa Lynch rabioso entra en el vestíbulo al lado de Joe al que tumba y le arranca un mechón de pelo para después alejarse de él. Horrorizado por la escena se levanta no sin esfuerzo y entra por la siguiente puerta buscando a Jenny. De repente la luz vuelve a iluminar la sala de operaciones dejando al descubierto una cruenta escena. Sobre la mesa de operaciones yace el cuerpo ensangrentado de un hombre. A su alrededor hay dispuesto instrumental quirúrgico oxidado y herramientas rudimentarias. El hombre está desollado, y de su boca sin labios brota una horrorizada advertencia. – Dios mío... quería mi piel, quería mi carne... yo sólo buscaba un sitio donde pasar la noche – masculla, le entrega una llavecita plateada antes de exhalar su último suspiro. En ese momento a Jenny le viene un amargo recuerdo de la infancia, ella había vivido en el seno de la familia más poderosa del cártel en Boston. A su tierna infancia, ella tuvo que presenciar una escena similar cuando un pordiosero penetró en un almacén de su familia en el que desafortunadamente estaba de visita acompañando a su padre. Intuye que el pobre desgraciado quería ir a una habitación para descansar, apartando la vista del pobre hombre, se dirige hacia los dormitorios, quizá allí podría encontrar al autor de esta obra de “justicia”. Joe avanza por un pasillo largo, en el suelo hay una fantástica alfombra pero que a causa de la sacudida anterior, estaba llena de trozos de porcelana de probablemente un jarrón caro, las mesitas donde presumiblemente estuvieron los jarrones no habían caído, por lo cual, alguien las debió poner de nuevo al sitio o alguien tiró los jarrones. La iluminación era ligeramente tenue, una bombilla había estallado, y el ambiente estaba bastante cargado. Se escucha un sonido como si alguien se hubiera puesto a dar portazos, pero Joe sabe que no debe distraerse, es imperativo reunirse con Jenny para saber que está bien, así que se concentra de nuevo en la habitación. Había tres puertas, indeciso y lleno de preocupación intenta acceder a una habitación pero, la puerta que da a esta habitación está cerrada, le llamó la atención el hecho de que la cerradura fuera como de plata. Quedándose con ese dato, dio media vuelta a ver si había suerte con otra puerta. El maníaco se dirige al sótano lentamente como poseído, totalmente ajeno a nuestros investigadores, persiguiendo un murmullo que le insta a avanzar. Aún con los fantasmas del pasando asolando su mente, Jenny sale del laboratorio agradecida de no necesitar nada más de allí. De pronto, da un respingo cuando todas las puertas del vestíbulo se cierran al unísono dando sonoros portazos, desesperada, intenta abrir la que da al pasillo pero ésta se abre sin problemas. Al verse a Joe en el pasillo jugando con las puertas, se llevó otro susto. – ¡Joe!, me has dado un susto de muerte. – Por fin te encuentro, esto parece ser algo más que una desaparición, creo haber visto a Walter pero de ser él, está más que desquiciado. – Ese tío tiene a un pobre hombre completamente desollado en una especie de laboratorio, mira, me ha dado esta llave. – Vale, es perfecta – dice Joe probándola con la puerta de la cerradura homóloga – quédate aquí, voy a ver que encuentro y nos pondremos a buscar a Walter pero esta vez sin separarnos. 3

La caída de la casa Lynch Joe se adentra en el cuarto dejando la puerta abierta de par en par. Saltaba a la vista, por la decoración, que era una habitación para invitados. En la habitación sólo está amueblada por una cama anodina adornada por una colcha bastante envejecida con dibujos de florecillas, a un lado una pequeña mesita de noche en la que sólo cabía la lamparita que ayudaba como podía a combatir la oscuridad de la habitación y en el lado opuesto, una banqueta haciéndose pasar por mesita auxiliar. En el suelo se hallaba una alfombra mal colocada y con manchas de aparentemente y por no pensar en lo peor, vino. Una vez visto todo por encima, toca hurgar en los cajones de la cómoda, el primero está vacío pero en el segundo Joe encuentra la anotación de un diario fechada en julio de 1918: “El estado de mi mujer empeora por momentos. Sé que es sólo cuestión de tiempo, y le he preparado un lugar de descanso en las profundidades de la mansión, junto a los demás cuerpos” Anotado más abajo hay unas extrañas palabras ¡Tekeli-li! ¡Tekeli-li! que al leerlas en voz alta Joe se percata que algo, justo debajo de sus pies se quiere mover. Jenny inquieta entra en la habitación, perturbando la concentración de Joe. – ¡Jenny! Te dije que esperaras fuera. – Pero tardabas tanto que vine a ver si podía echarte una mano. – Bueno, mira esto – Le dice entregándole la hoja del diario. – Parece ser que nuestro amigo tiene en algún rincón profundo de la casa su propia morgue. – Seguro que están en el sótano. – De acuerdo, deja que termine de inspeccionar esto y vamos.

4

La caída de la casa Lynch

Capítulo 2 El reloj marca las 10
El cadáver despellejado de un hombre abre de par en par las puertas del laboratorio y sale al vestíbulo. En la misma habitación además del escaso mobiliario hay un armario trastero, Joe que quería comprobar que no quedaba nada en esa habitación de interés, se dirige al armario pero la puerta que conducía a éste estaba cerrada con un herrumbroso candado de combinación. Había desmantelado cientos de estos, así que no tuvo ningún problema en resolverlo y entrar en el trastero. Trastos aparte, en una estantería medio destartalada encuentra una Remington .12 a la que se le estaba comiendo el polvo y unos cartuchos, así que Joe decide darle una segunda oportunidad, mientras está comprobando su estado, siente como si las paredes se le estuvieran viniendo encima, así que decide salir corriendo al pasillo con la escopeta en mano. – ¡Fuera! – Gritó desesperado. Alarmada por el tono de voz de Joe, Jenny decide cruzar el pasillo y salir al vestíbulo para darse de bruces con su amiguito del laboratorio al que por lo visto le apetecía charlar un poco más con ella o a lo mejor, quería otra cosa. – ¿Tú no tendrías que estar muerto? – Aaaaah… Aterrada se dispone a pegarle y lanza un gancho de derecha hacia la mandíbula del zombie, le asesta un contundente puñetazo en la cara y asustada, huye hacia la habitación opuesta. – Joe, ayúdame, Dios, está vivo. ¡Es un zombi! El zombi se arrastra hacia Jenny y le asesta un mazazo con ambos puños dirigidos hacia su cabeza aunque falla por muy poco. Joe aparece en el vestíbulo cargando la escopeta, a su derecha ve los restos de lo que otrora fue un hombre, de repente se escucha un disparo, y con la emoción del momento Joe ni siquiera se percata de que lo ha efectuado él, sin embargo el perdigón se incrusta en el suelo, ahora astillado. – Aw, mierda. – Grita Joe mientras recarga de nuevo. – Jenny, ¿estás bien? Jenny sin darse cuenta por querer alejarse de su enemigo empieza a descender por la vieja escalera que conduce al sótano mientras le grita a Joe: – ¡No! Se está acercando a mí. El zombi sigue con su frenética obsesión de coger un mechón de pelo a Jenny y hasta que no lo consigue no deja de perseguirla por las escaleras del sótano, una vez con el mechón, movido por una energía superior continúa su marcha hacia el altar donde el maníaco ya ha dejado el mechón de Joe... En ese instante los ojos de Joe se tornan vidriosos: una fuerza invisible le conmina a beberse la botella de Whisky.

5

La caída de la casa Lynch

Capítulo 3 El reloj marca las 11
Se escucha un grito, el lunático empuña su hacha y corre hacia el rellano del sótano. Jenny ve entrar a Joe tambaleándose por la puerta que da al vestíbulo. – Joe, aquí pasa algo raro, los muertos no se levantan a coger el pelo de la última mujer con la que han hablado. – ¿Te ha arrancado pelo? Ese loco de Walter también me lo ha hecho a mí. – ¿Pero qué quiere de nosotros? – No lo sé, así que vamos a averiguarlo. Joe mareado, entra en el rellano del sótano y la puerta que conduce a esta habitación está cerrada, no sabe cómo abrir la puerta pero al pensar detenidamente decide recitar las palabras extrañas que encontró en el cuarto de invitados. Por arte de magia, la puerta se abre. Sigue a Joe y se horroriza al ver de nuevo al zombi, así que lo esquiva empero de repente el maníaco le atesta un duro golpe con la culata del hacha, medio aturdida y alentada por una corazonada, mueve la estantería para atrancar la puerta y así quedarse todos atrapados allí. El maníaco arroja todo su peso contra la estantería para derribarla. El zombie por su lado, ataca a Jenny de nuevo avanzando hacia ella con una sonrisa demente pero ella lo derriba de un empujón y le deja aturdido. Joe se abalanza contra el maníaco y dispara sin detenerse a quemarropa no obstante, la tierra se mueve, da un traspié y yerra el blanco. En algún lugar de la casa, Walter trata de usar los cabellos para llevar a cabo una antigua ceremonia de invocación. El suelo tiembla, derribando libros y demás trastos de las estanterías. Jenny forcejea con el zombi y le agarra de la cabeza, su cuello se retuerce con un repulsivo chasquido y le atesta un fuerte pisotón a su cráneo ya en el suelo clavándole su tacón. El maniático asesta un violento hachazo a Joe que se aparta de la trayectoria del hacha en el último segundo. Joe dispara sin pensar, empujado por su instinto y la adrenalina, la bala alcanza la pierna del maníaco, que grita de dolor. Por la puerta que estaba atrancada por la estantería aparece algo horrendo e indescriptible, mayor que un vagón de metro; una congestión informe de burbujas protoplasmáticas, vagamente luminiscentes, y con millares de ojos temporales formándose y deshaciéndose como pústulas de luz verdosa por toda la masa que se acercaba a los investigadores. Era un ser artificial creado por los Antiguos con el propósito de servirles, era un Shoggoth. Éste se arrastra hacia Jenny y uno de sus tentáculos se enrosca alrededor de su pierna. El maníaco por su parte se abalanza hacia Joe directo a su garganta sin embargo evita sus manos en el momento justo. 6

La caída de la casa Lynch

Capítulo 4 el reloj marca las 12
Un muerto viviente despierta de su letargo y abandona su lugar de reposo. A juzgar por las fotos que hay por la casa, se trata sin duda de Edith Lynch, pese a llevar muerta varias semanas. La habitación se vuelve muy fría, y las luces despiden un brillo cegador. Les zumban los oídos y todas las bombillas estallan, sumiendo a los investigadores en la más absoluta oscuridad. Joe apunta ahora a lo que parece ser la zona más vulnerable del Shoggoth que por suerte, brilla y le mete una bala en lo que crees que es uno de sus ojos. Jenny reta a su nuevo adversario a voz en grito y se abalanza hacia donde cree que está el maníaco, lamentablemente su golpe pasa de largo y sufre una aparatosa caída. El maníaco levanta su hacha en dirección a Jenny que se clava en su hombro produciéndole una herida mortal. Joe ciego de ira rocía de plomo al Shoggoth pero los perdigones rebotan en su carne alienígena, y una de ellas alcanza el cuerpo de Joe. El maníaco trata de clavarle a Joe los dientes en el hombro mientras el Shoggoth se dirige al vestíbulo. Por suerte Joe se zafa como puede y persigue al Shoggoth escaleras arriba. A pesar de tener a los investigadores en bandeja de plata el Shoggoth tiene la imperiosa necesidad de salir de la casa, si consiguiese salir provocaría el pánico en Arkham y posteriormente, en todo el mundo ya que se reproduce por fisión binaria en unas semanas él y sus hijos habrían fagocitado todo Massachusetts, en un mes, américa y quién sabe cuánto tardarían en cruzar el charco.

7

La caída de la casa Lynch

Capítulo 5 El reloj marca la 1
El viejo caserón cruje como si se lamentara. Joe persigue al Shoggoth para detenerle y en su huida el maníaco le da un golpe, él ignorando el dolor se acerca al Shoggoth y recuerda haber leído algo en un tomo antiguo sobre el punto débil de la abominación y gracias a ello la criatura brama de dolor cuando el plomo candente destroza su carne. El Shoggoth cae al suelo reducido a un palpitante amasijo de tentáculos. Y detrás se escucha el quejido de un hombre perturbado alejándose. Una imagen golpea la mente de Joe que seguía de pie mirando lo que quedaba de aquella abominación, tenía que volver con Jenny. Fue tan rápido como pudo a causa del dolor, pero al entrar al rellano no pudo ver nada, dado que las bombillas habían estallado. Desesperado, busca en su pitillera las cerillas, al encender una recuerda haber visto en un estante unas velas, por suerte pudo encontrarlas, al inflamar una la habitación se iluminó con su tenue luz y ahora al poder ver la estampa que había quedado empezó a enfermar. Estaba tumbada en el suelo sobre un charco de su propia sangre, la imagen exacerbó su dolor, sumiéndole en una inmensa tristeza. Ya no queda nada que pudiera hacer por ella, así que va en busca del hacedor de esta locura. Al no encontrarle en el rellano, sigue caminando hasta el sótano pero Walter no estaba allí, aun así se encuentra un pasadizo oculto que le conduce hasta el jardín de la casa, bastante desatendido y en frente de un laguito halla lo que busca, una escena que grabó en las retinas. En las banquetas del gazebo una figura de mujer terriblemente desmadejada consuela al maldito maníaco en sus faldas. Joe embriagado, olvide que necesitaba respuestas, carga por última vez la Remington se acerca a la pareja, Walter cuando se da cuenta intenta proteger el cuerpo en proceso de descomposición de lo que fue su esposa, dejándole las cosas más fáciles a Joe que, con un disparo, atina a los dos blancos que caen en forma de objetos inertes. Arrastrándose por el pasadizo llega de vuelta al sótano, encendió más velas y se dejó caer al lado del cadáver de Jenny para no volver a separarse de ella. Fuera cual fuese la locura contraída por Walter en sus viajes, Joe había conseguido erradicarla para siempre a cambio de su cordura. Epílogo Días más tarde, unos agentes de policía entran en la mansión, hallando en su interior un panorama macabro. Walter y Edith Lynch muertos por herida de bala en el jardín y en el sótano de la mansión un hombre consumido abrazado a una mujer muerta, a sus orillas una escopeta del calibre 12 que concuerdan con las heridas de los Lynch. El hombre estaba totalmente desquiciado, hablaba de monstruos y muertos vivientes, nadie podía explicarse que había pasado aunque tampoco querían saberlo, ingresaron a Joe en el manicomio de Arkham y enterraron los cuerpos de los demás. Meses después, enterraban a Joe junto a su compañera. 8

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->