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MAS ALLA DE MENTE Y CONDUCTA José Del Grosso

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El paradigma cartesiano-newtoniano constituyó durante casi tres siglos el
marco conceptual o conjunto de principios cognitivos subyacentes de la ciencia
moderna, radicalizándose, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo
pasado y las primeras décadas de éste, en la figura del positivismo lógico, que
luego veremos más adelante. El nombre de paradigma cartesiano-newtoniano
se debe a que fueron, respectivamente, Descartes y Newton, quienes le
proporcionaron las bases filosóficas y físicas al mismo. Martínez (1999) lo
sintetiza magníficamente de la siguiente manera:

“Si tuviéramos que sintetizar en pocos conceptos este modelo o
paradigma newtoniano-cartesiano, señalaríamos que valora, privilegia
y propugna la objetividad del conocimiento, el determinismo de los
fenómenos, la experiencia sensible, la cuantificación aleatoria de las
medidas, la lógica formal, y la verificación empírica” (p. 35).

El paradigma cartesiano-newtoniano se fundamenta en equiparar al Universo con
la máquina. De esta equiparación y de los razonamientos derivados de ella
surgen en detalle como principios cognitivos fundamentales:

1. El interrogante fundamental que todo investigador se debe plantear es el
cómo de las cosas, y no los por qué o la esencia.

2. Lo más importante de todo proceso de investigación es experimentar, medir
y predecir.

3. Las leyes son una construcción necesaria de nuestra lógica, pues si hay un
orden en la naturaleza es porque detrás de él deben existir unas leyes de las
cuales depende ese orden.

4. La naturaleza está escrita en un lenguaje matemático, debemos entonces
aprender a entender esta lengua y conocer los caracteres en que está escrita,
y es por ello que toda ciencia que se precie de tal, deba intentar escribir en
términos matemáticos los fenómenos de los cuales se ocupa.

5. En el momento de investigar, de entre todos los elementos que integran un
fenómeno, sólo se deben tomar en cuenta aquellos que son significativos o
relevantes: materiales, cuantificables y locales -se podría decir, aquellos que
el sentido común o la lógica nos sugieren que influyen o son causa del
fenómeno- a fin de reproducir las condiciones de la naturaleza en el
laboratorio, y poder experimentar.

6. Se busca la objetividad y ésta está sustentada en la eliminación de las
cualidades de los objetos, pues son consideradas como creaciones mentales;

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y en el principio de que el sujeto es capaz de tomar distancia del objeto, pues
ambos son considerados como autónomos e independientes.

7. El método científico es vital para mantener la objetividad y poder captar la
regularidad y el orden del Universo.

8. Ya que el Universo está constituido por pequeños ladrillos que constituyen
su realidad básica y última, y ya que el Universo está constituido por la
suma de sus elementos, el análisis constituye el método básico de
investigación en el hallazgo de la verdad, independientemente de que se
considere como fuente primaria del conocimiento a la razón o a los sentidos.

9. Los acontecimientos pueden ser descompuestos y considerados en sus
partes, aisladas y establecer entre ellas relaciones de causa-efecto.

10. Las leyes y teorías no son consideradas como elaboraciones mentales
porque según los principios del paradigma cartesiano-newtoniano, el
científico lo que hace es copiar lo que está dado en la naturaleza. Lo que
hacemos al describir los fenómenos es enunciar las regularidades y
constantes que observamos, las cuales se reafirman en la posibilidad de
predecir y controlar los fenómenos.

11. Un orden único y estable son también características de la realidad
cartesiana-newtoniana, lo que quiere decir que no puede existir sino una
sola realidad y un único punto de vista.

12. Aunque la mecánica newtoniana es dinámica y se basa en el movimiento,
las teorías basadas en sus principios subyacentes nos representan este
mundo como una fotografía. Todo aquello que se mueve lo hace de modo
repetitivo, monótono, regular, de modo similar a una máquina.

13. La individualidad y la diversidad carecen de importancia en el paradigma
cartesiano-newtoniano.

14. Hay un intento por explicar todo de la manera más sencilla y exacta posible
en términos de generalizaciones. Los casos particulares tienden a ser vistos
como excepciones poco dignas de atención.

Hay que tener presente en todo momento que las anteriores son reglas
inconscientes sobre cómo ver, cómo conocer y cómo explicar todo cuanto existe
en el Universo y que ello implicó un viraje en cuanto a la forma de vernos y
tratarnos.

Hasta el momento de la revolución científica, entre los siglos XVI y XVII, el
Hombre se sentía parte de la naturaleza. Consideraba que la naturaleza era tan
sagrada como él y que compartía su destino.

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Con la Revolución Científica comenzó la formación de lo que Berman (1992)
llama “consciencia no participativa”. Los padres de la Revolución Científica
cambiaron todos los parámetros cognoscitivos de percepción y de pensamiento
y visualizaron el cosmos como un agregado de átomos desvinculados entre sí.
Por ello, su insistencia en la separación y antagonismo entre el observador y lo
observado, lo cual se tradujo en una profunda alienación de la consciencia.
A partir de este modelo privilegiado de cómo conocer, nuestra mente se
habituó a ver todo lo que nos rodea como islas fragmentadas.

“La visión del mundo que predominó en Occidente hasta la
víspera de la Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las
rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo
maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en
este ambiente… el cosmos era su lugar de pertenencia, de
correspondencia. Un miembro de este cosmos participaba directamente
en su drama, no era un observador alienado… (Berman, 1992, p. 16).

Lo anterior se convirtió en motivo de una angustia existencial que aún no
hemos podido superar. La ciencia moderna nos arrebató nuestra espiritualidad
y nuestras experiencias, pues de sus contenidos filosóficos y epistemológicos se
deduce que no somos nuestras experiencias, por ende, no somos parte del
mundo que nos rodea: “todo es un objeto ajeno, distinto y aparte de mí.
Finalmente, yo también soy un objeto, también soy una cosa alienada en un
mundo de otras cosas igualmente insignificantes y carentes de sentido”
(Berman, 1992, pp. 16-17).
En el ámbito de las ciencias del hombre esto fue mucho más trágico. El
¿científico? social se convirtió en un verdadero esquizofrénico. En virtud de la
supuesta búsqueda de la verdad objetiva, se disoció de sus emociones y se
separó del sujeto, nosotros, (olvidando que él también formaba parte del
nosotros) y nos pidió que junto con nuestros rollos existenciales, también nos
volviéramos esquizofrénicos y dirigiéramos nuestras vidas hacia unas metas
conductuales que supuestamente nos conducirían a un mundo mejor.
A través de diferentes medios, las ideas anteriores fueron penetrando en el
inconsciente colectivo de la cultura occidental y creó las condiciones
psicológicas favorables para una más hábil manipulación y control del ser
humano por parte de las elites de poder económico, político, militar y religioso.

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