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Columpio l la amaba. Amaba con su fro metal aquella piel de nia.

Como todas las tardes desde que ella empez a caminar, la vea deambular por la casa y el jardn, donde l aguardaba que llegara a mecerse. Pero esa ocasin no supo contener su amor. Tiempo haca ya que la chiquilina no sala para asir las cuerdas con esas pequeas manos, a sentarse en l, a impulsarse con los zapatos escolares, a rer, a sentir esa forma de equilibrio, velocidad y diversin que l era. Tiempos felices, en que irremediablemente se enamor. Con su firme cuerpo la balanceaba, la paseaba en el aire, con lo que tanto disfrutaban. Fierro olvidado, insignificante, enrollado y abandonado, columpio solo mecedor de olvido, hasta que una tarde, respondiendo al destino, la chiquilla vino. Al verlo sinti nostalgia, o lo que eso es a los nueve aos. Record sus tardes juntos e intent alistarlo: haca tanto que no columpiaban. Le pareci sencillo prepararlo para revivir su felicidad. La encontraron pendiendo del cuello, amor torcido, con el cuerpecito entre las cuerdas del columpio. Las autoridades no pudieron consignar al asesino porque, si bien la ley prev la situacin, la averiguacin previa estuvo mal integrada.