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Los Periodistas de la Generación X en Chile

Los Periodistas de la Generación X en Chile

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Publicado porPaloma Baytelman
Tesis de Grado: Los Periodistas de la Generación X en Chile (Paloma Baytelman, Santiago, Chile, 2001)

El presente documento es una mirada exploratoria al quehacer de un grupo de jóvenes profesionales, conocidos como “la Generación X del periodismo en Chile”, que a principios de los ‘90 abrió una serie de espacios apuntados al segmento juvenil en diversos medios de comunicación nacionales.
Con el objetivo de comprender a que nos referiremos al decir que son una generación joven, se abordan los conceptos “Generación” y “Juventud”, para luego determinar las características propias de este grupo y sus protagonistas.
El entorno mundial en que este colectivo aparece, es otro aspecto que será presentado por la importancia que revierten los cambios tecnológicos, sociales y culturales que marcaron el rumbo del planeta desde mediados del siglo XX y que se vieron acentuados gracias a la globalización. En este sentido, se ahonda en el fenómeno conocido como Generación X en el mundo occidental, puesto que toca a gran parte de un grupo etario, incluso en América Latina, prestando su nombre a este conjunto de jóvenes profesionales.
En el plano nacional, se realiza un acercamiento a los antecedentes directos de la labor de estos profesionales, tales como la realidad de los jóvenes en Chile a principios de los ‘90 y la situación del periodismo durante los últimos años del gobierno militar.
A continuación se presenta a los protagonistas de esta generación de profesionales – Felipe Bianchi, Alberto Fuguet, Consuelo Saavedra e Iván Valenzuela- y a partir de sus relatos y de las percepciones de otros importantes personajes, se cuenta la historia de los espacios que fueron abriendo: el programa de Televisión Nacional “Ene TV”; el suplemento del diario “El Mercurio”, “Zona de Contacto”; la radio, revista y canal “Rock and Pop”.
En último termino se desarrolla una discusión a partir de las opiniones de diversos entrevistados sobre la retirada generacional, la absorción del sistema y el aporte que estos jóvenes profesionales dejaron al periodismo nacional y a los medios de comunicación chilenos.
Tesis de Grado: Los Periodistas de la Generación X en Chile (Paloma Baytelman, Santiago, Chile, 2001)

El presente documento es una mirada exploratoria al quehacer de un grupo de jóvenes profesionales, conocidos como “la Generación X del periodismo en Chile”, que a principios de los ‘90 abrió una serie de espacios apuntados al segmento juvenil en diversos medios de comunicación nacionales.
Con el objetivo de comprender a que nos referiremos al decir que son una generación joven, se abordan los conceptos “Generación” y “Juventud”, para luego determinar las características propias de este grupo y sus protagonistas.
El entorno mundial en que este colectivo aparece, es otro aspecto que será presentado por la importancia que revierten los cambios tecnológicos, sociales y culturales que marcaron el rumbo del planeta desde mediados del siglo XX y que se vieron acentuados gracias a la globalización. En este sentido, se ahonda en el fenómeno conocido como Generación X en el mundo occidental, puesto que toca a gran parte de un grupo etario, incluso en América Latina, prestando su nombre a este conjunto de jóvenes profesionales.
En el plano nacional, se realiza un acercamiento a los antecedentes directos de la labor de estos profesionales, tales como la realidad de los jóvenes en Chile a principios de los ‘90 y la situación del periodismo durante los últimos años del gobierno militar.
A continuación se presenta a los protagonistas de esta generación de profesionales – Felipe Bianchi, Alberto Fuguet, Consuelo Saavedra e Iván Valenzuela- y a partir de sus relatos y de las percepciones de otros importantes personajes, se cuenta la historia de los espacios que fueron abriendo: el programa de Televisión Nacional “Ene TV”; el suplemento del diario “El Mercurio”, “Zona de Contacto”; la radio, revista y canal “Rock and Pop”.
En último termino se desarrolla una discusión a partir de las opiniones de diversos entrevistados sobre la retirada generacional, la absorción del sistema y el aporte que estos jóvenes profesionales dejaron al periodismo nacional y a los medios de comunicación chilenos.

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Desde su fundación en Valparaíso el 12 de septiembre de 1827, el diario “El Mercurio”

ha sido uno de los principales medios de prensa escrita en nuestro país y de América Latina.
Tras ser una simple gaceta de tipo comercial, en las postrimerías del siglo XIX ese

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proyecto original fue reformulado dando paso a una seguidilla de pequeños cambios que lo
convertirían en un medio con un fuerte acento político y social, sin embargo, el paso más

importante en la transformación de este matutino, fue la aparición del primer número de “El
Mercurio” de Santiago, el 1 de junio de 1900.

Con el paso de los años, el matutino fue creando diversos suplementos que se han

especializado para cubrir los intereses de sus lectores. En la actualidad, “El Mercurio” es una

empresa periodística que tiene una extensa cadena de diarios en todo Chile y cuenta con ocho

suplementos: “Revista del Campo”, “Revista Ya”, “Timón” “Wikén”, “Zona de Contacto”,
“Vivienda y Decoración”, “El Sábado”, “Revista del Domingo en Viaje” y “Revista de Libros”,

además de publicaciones especiales esporádicas.
Pensando en la segmentación de su público, por muchos años el suplemento “Wikén” del
diario “El Mercurio” estuvo destinado a cubrir los intereses de información y entretenimiento de

los jóvenes y los adultos jóvenes, con énfasis en el mundo del espectáculo y con un tratamiento
más bien superficial de las noticias. En 1990, este espacio logró llegar a la cúspide de su éxito

gracias a las páginas de música y cine, pero sobre todo debido a la columna de “Alekán”.
María Olga Delpiano, entonces jefa de la sección de espectáculos de “El Mercurio”, le

pidió a Alberto Fuguet que escribiera media página con la que los jóvenes se sintieran

identificados, algo así como lo que hacía Enrique Lafourcade en el “cuerpo D” los domingos.

Una columna entre literaria y periodística que hablara de los lugares y las cosas de moda. A
Fuguet no le atrajo mucho la idea, pues ni siquiera frecuentaba aquellos sitios y mucho menos le
interesaba la moda, pero aceptó el desafío escondiéndose tras el seudónimo de Henry Alekán, un
veterano director de fotografía del cine francés.

“Pensaba que los jóvenes necesitaban tener un espacio en el diario, porque ‘El Mercurio’
es definido como un diario familiar, pues supuestamente llega a toda la familia y es ‘diariamente
necesario’, slogan que a mi juicio no estaba cumpliendo al no llegar a los jóvenes”, explica

María Olga Delpiano.

Según Iván Valenzuela, Delpiano siempre tuvo la obsesión de crear un público para “El
Mercurio” del futuro y así fue como desde agosto de 1989, cada viernes, un exitoso ejecutivo

llamado Alekán, separado y acostumbrado a los panoramas más extravagantes y extremos,

narraba sus peripecias en la columna “Capitalinos” del suplemento “Wikén”. Tanta fue la

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identificación de muchos lectores con este “yuppie”, que llegaron a creer que era una persona

real, que utilizaba un nombre falso para proteger a los inocentes. Para desilusión de sus

seguidores, la columna de “Alekan” no alcanzó a cumplir un año cuando sus relatos fueron

recopilados en un libro que delataba al verdadero autor: Alberto Fuguet.
Según el sociólogo Carlos Catalán, lo que hizo Fuguet fue muy sintomático de lo que

vendría en el quehacer de este grupo de profesionales. “Alekán generó una gran identificación

entre los miembros de un grupo generacional, que habían estado sometidos a modelos antiguos,
porque la columna mostraba a un joven totalmente diferente, sin miedo a ser y parase de una

forma distinta frente a la sociedad”.
“Nunca he vuelto a ver un fenómeno editorial de la magnitud de la columna de ‘Alekán’.
Todo el mundo la leía, era como ‘Viva el Lunes’, todo el mundo hablaba de la columna
‘Capitalinos’. Eso era súper fuerte y acompañaba al “Wikén” que era una revista muy potente,

porque estaba bien metida en los temas del día y captaba muy bien la sensibilidad de un público

masivo que está en todos los estratos”, recuerda Iván Valenzuela.

Al ver la efervescente respuesta del público joven frente a la columna, la plana superior
del diario encargó a una empresa de estudios sociales, una investigación que les mostrara algunas
directrices sobre la percepción que tenían los jóvenes sobre el diario, el suplemento “Wikén” y
acerca de sus necesidades como lectores. Los resultados mostraron que gran parte de la juventud
sentía interés por algunos de los temas que ahí se trataban, pero que había una amplia gama de
inquietudes que no eran satisfechas por ninguna de las secciones ni suplementos del matutino y,
al parecer, por ningún otro medio de comunicación.
De este modo, quedó al descubierto un nicho del mercado mediático el cual era necesario
atacar con productos que estuvieran hechos especialmente para los jóvenes. Además, para “El
Mercurio” era necesario captar nuevos lectores con urgencia, pues según lo que demostraban las

encuestas, su público estaba envejeciendo y disminuyendo de un modo preocupante.
Esta última razón fue uno de los principales pretextos que María Olga Delpiano utilizó

para convencer a la plana mayor del periódico. “En una reunión de ejecutivos del diario me

encontré con que se estaba implementando un sistema de avisos económicos gratis para los
jóvenes y estaba funcionando muy bien. Al darme cuenta de eso les dije ‘si están creando esos
avisos ¿Por qué no hacemos un suplemento exclusivamente para los jóvenes?’ No logré

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convencer con la idea de que fuera un suplemento, pero sí conseguí que le dedicáramos algunas

páginas del ‘Wikén’ a temáticas juveniles”. Así nació la sección “Zona de Contacto”.

Según Iván Valenzuela, el proyecto fue aceptado porque se conjugó el carisma de la

periodista con una coyuntura política compleja. “Ella lo consiguió por ‘patuda’ no más y porque
finalmente le dijeron ‘¿Sabes? Haz lo que quieras’, como eran la mayoría de las cosas en ‘El
Mercurio’. Creo que tenían cosas más importantes de que preocuparse, como por ejemplo que
estaba empezando el gobierno de Aylwin y la industria mediática estaba cambiando”.
Pero si algo tenía claro María Olga Delpiano, era que para llegar a los jóvenes había que
ser novedosos y vanguardistas, pues muchos intentos periodísticos paralelos que intentaban
llegar a ellos y plantearles lo que se creían eran sus problemas, estaban fracasando, como por

ejemplo “La Ventana” del diario “Las Últimas Noticias”, “La Escalera” de “La Tercera” y “La
Iguana” en “La Nación”.

Había que hacer algo distinto, que realmente llamara la atención y qué mejor que darle
espacios a los propios jóvenes para que hablaran de lo que a ellos realmente les interesaba.

“Estaba convencida de que aquí tenían que ser los jóvenes los que escribieran, no sacábamos
nada con tener un suplemento de jóvenes escrito por viejos”.

La idea inicial era publicar noticias hechas por jóvenes, para lo cual necesitaban tener
reporteros y corresponsales en los colegios y en las universidades. Para convocar a los jóvenes,
la periodista recorrió junto a Iván Valenzuela numerosos centros de alumnos de colegios y

universidades. “Conseguíamos discoteques en el día y juntábamos a los ‘cabros’ ahí; les

contábamos del proyecto, les pedíamos que por favor se inscribieran y escuchábamos ideas. Eso

era algo muy masivo, los chiquillos estaban vueltos locos”.
Así formaron un grupo de 60 jóvenes. “Partimos organizando reuniones de pauta aquí en
un sector del diario, que con tantos chiquillos eran algo caótico. Pero ahí nos poníamos de
acuerdo en algunos temas y cuando me los traían ya escritos, eran opinantes de la primera a la
última línea. Pasaron dos o tres meses en que luché por mantener el proyecto original y al final
me di cuenta de que si quería darle voz a los jóvenes, tenía que darle la voz que ellos quisieran y
no forzarlos, así que partimos con una cuestión bien opinante, con temas completamente jóvenes
(cine, literatura, moda, deportes, teatro, la vida misma, la realidad, relaciones con sus padres,

amigos, el amor, el colegio, la universidad, fiestas), como finalmente sería la ‘Zona”, dice la

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periodista.

Iván Valenzuela destaca que había dos cosas inevitables: “una, que estábamos trabajando
con ‘cabros’ chicos, que no tenían idea ni de cómo se escribía, ni de lo que era noticioso, del tipo

de cosas que a nosotros nos parecía interesante publicar. Segundo, es que a una cuestión de
escritura llegaban todos los ‘freaks’ (raros, extraños) que quieren ser escritores, lo que es muy
respetable, pero que no sirven para el periodismo. De todas formas al poco tiempo, nos dimos
cuenta de que había un material creativo periodístico y literario muy importante”.
De esta forma, en 1991, en un contexto de diversos cambios políticos y sociales en Chile,
a un año del ascenso de Patricio Aylwin como Presidente de la República y en los inicios de la
transición democrática comenzó a aparecer en las últimas páginas del “Wikén”, bajo la edición
de Iván Valenzuela, el espacio “Zona de Contacto”; mucha literatura, un poco de poesía, unas

cucharaditas de actualidad, una pizca de música y uno que otro reportaje, eran los ingredientes de
este experimento que a poco andar se convirtió en un fenómeno juvenil, pues estos temas, a pesar
de que eran comunes para los jóvenes de la época, no eran tratados en los medios de
comunicación, no por lo menos con un lenguaje tan cotidiano. Así, de las dos páginas iniciales,
pasaron a ser tres y luego cuatro.
El espacio se componía de cuentos y artículos, escritos por jóvenes alumnos de
Enseñanza Media y universitarios en sus primeros años de carrera. Luego de un tiempo quienes
estaban al frente del suplemento decidieron realizar talleres, pues se percataron de que esta masa
de jóvenes no podía estar en las reuniones de pauta. Así nacieron dos áreas bastante separadas:
los cuentos y relatos, fruto del taller literario que hacía Alberto Fuguet y el taller periodístico,
que realizaba Felipe Bianchi. Ambos productos finales eran editados por Iván Valenzuela.
“María Olga (Delpiano) consiguió un poco de presupuesto, entonces reclutamos a Alberto
y a Felipe Bianchi y les pagamos por hacer los talleres. Ahí se armó un grupo de verdad. Yo
editaba el material que me pasaban, que ya venía filtrado por ellos, por lo que era bastante bueno,
y además teníamos gente que dibujaba y hacía comics”, recuerda Valenzuela.
Alberto Fuguet aceptó realizar el taller literario de la “Zona de Contacto”, pero en un

comienzo estaba completamente desvinculado del espacio porque veía en él cosas que no le
interesaban, como un carácter muy marcado en lo estrictamente periodístico y un tono bastante

escolar. “Al comienzo Iván me invitó a la ‘Zona’ y lo rechacé. Hacerle tallercitos a colegiales de

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Las Condes era una ‘lata’, pero después le vi las posibilidades. Una vez fuimos a almorzar con
María Olga y le dije ‘a mí no me interesa saber lo que opinan los ‘chicos’ de colegio, yo siento

que la gente debería hacer mucho más contacto con lo cotidiano, con hablar de lo que a uno le

pasa, con hablar en primera persona’. Mi idea era expresarse, mostrar sentimientos, porque fui
viendo que lo único bueno que encontraba en la ‘Zona’ eran algunas columnas personales,
entonces ella me escuchó y surgió la idea de los talleres literarios. Ahí me mostré encantado y

me involucré más en el proyecto”.

Valenzuela cuenta que tenían algunos columnistas, entre los que estaban Rafael

Gumucio, Andrea Maturana, Ernesto Ayala y Felipe Merino. “Fomentábamos que nos llegaran
cartas, teníamos un personaje que se llamaba ‘Pilo el cartero’ y empezamos a crear una cosa
donde tuviera sentido la creación, no sólo el periodismo”.
Felipe Bianchi explica que la idea de “Zona de Contacto” era cambiar el lenguaje con que

se estaba escribiendo en los diarios y arriesgarse a contar historias que tenían que ver más con
emociones que con noticias. “Al principio fue muy complicado, porque nadie entendía que
hubiera una revista así en ‘El Mercurio’ y había problemas a cada rato por el lenguaje y por los
temas. Pero nos fue muy bien porque ‘enganchó’ toda una generación que en ese momento se
sentía insatisfecha con lo que había en los medios”.
María Olga Delpiano opina que fueron muy transgresores. “Si hay algo que yo le
agradezco a los directivos de ‘El Mercurio’ es la confianza que tuvieron en mí, porque lo más
probable era que hubieran cerrado una cosa tan loca como en lo que se convirtió la ‘Zona de
Contacto’. Tuvimos muchos problemas, me llamaron para retarme mil veces porque los

chiquillos se pasaban para la punta, iban mucho más allá de lo que yo pensaba en los temas y en
el lenguaje. En cada reunión de pauta gastaba harto rato diciendo ‘por favor digan las cosas que
quieren decir, no les quiero coartar la libertad de expresar lo que quieran, pero díganlas de una
manera decente, sin garabatos, sin groserías y sin agresiones inútiles, porque si tenemos un
vehículo donde podemos decir lo que ustedes quieren, cuidémoslo y no lo echemos a perder’. Al
final llegó un momento en que entendieron lo que les decía, pero hubo veces en que realmente se

les pasaba la mano”.

Alberto Fuguet no opina igual que la periodista. Según él no fueron trasgresores en el

sentido literal. “Creo que no fue tan revolucionario estrictamente hablando, pero sí fue trasgresor

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en el sentido de lo cotidiano, de no tenerle miedo a contar lo que pasaba en la calle. La ‘Zona’
ayudó mucho porque dejamos que los ‘cabros’ describieran sus propias cosas y resultó. Además
fuimos demócratas porque hablamos de todo, de la gente, de los chiquillos, le metimos un poco

de frivolidad, pero todo desde lo cotidiano. ‘El Mercurio’ sigue siendo conservador, pero la
‘Zona’ se le escapó un poco de las manos, sin embargo, tenían que tolerarla porque les
convenía”.

El periodista piensa que una de las cosas que más ayudó a la “Zona de Contacto” en un

primer momento, fue que por motivos de espacio, el grupo humano que trabajaba en la sección
hacía sus reuniones de pauta en un lugar muy alejado de las salas de redacción general y de

suplementos. “No estábamos mezclados con la parte periodística. Como no cabíamos ahí,

teníamos nuestro propio mundo en un cuarto cerca de los vendedores de avisos clasificados,
entonces garabateábamos de lo lindo, nos hacíamos más amigos sin otra gente del ambiente y

teníamos esa mística de grupo ajeno y lejano a ‘El Mercurio’. Creo que la ‘Zona’ nunca va a
recuperar eso, porque ahora la mezclaron con gente de espectáculos, la ‘Revista del domingo’ y
eso lo encuentro un asco. Ya no voy al suplemento porque tienes que saludar a todos los
periodistas y quienes están ahí ahora ya no tienen la privacidad ni las ganas del principio, es un
producto más del diario”.

De todos quienes trabajaban en el suplemento, nadie dimensionaba realmente el
fenómeno que estaban provocando a nivel juvenil, hasta que organizaron en 1992 el encuentro

“Contacto en la Estación”. La idea era juntar a los que escribían en la “Zona de Contacto” con

sus lectores para hablar sobre literatura, periodismo, cine, música, plástica, moda y todos
aquellos diversos y cotidianos temas que eran tratados en sus páginas.
Esperaban que asistieran muchas personas, pero querían lograr un ambiente “íntimo”, de
acercamiento real, en un lugar apropiado, por lo que escogieron la “Estación Mapocho”.
El encuentro fue organizado a cabalidad por la gente de la “Zona de Contacto”. “Lo

hicimos todo, incluso cuando ya no cabía más gente, ahí estábamos afirmando las puertas de la

‘Estación Mapocho’ para que no las echaran abajo, porque entró la cuarta parte de la gente que

fue y el resto quedó afuera. Cuando lo planificamos partió como una cosa muy doméstica, de un

grupo de amigos que estaba haciendo una ‘leserita’ no más. Recuerdo cómo nosotros mismos

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estuvimos todas las noches anteriores pegando cosas en los paneles, armándolos, pintando, todo

fue muy familiar”, dice María Olga Delpiano.

La respuesta de los jóvenes superó todas sus expectativas; llegaron más de 25 mil
personas, lo que sobrepasa con creces la capacidad del lugar, por lo que muchos no pudieron
entrar y se quedaron afuera agolpados en las puertas del recinto. De esta forma, se dieron cuenta
de que lo que estaban provocando era algo muy potente, para algunos de los protagonistas, casi
inimaginable.

Según la entonces editora de suplementos, nunca creyeron que se iba a gestar una

expectativa tan grande. “Lo hicimos con mucho entusiasmo, pero nunca pensamos que
estábamos generando un fenómeno, porque -sin falta de modestia- pienso que la ‘Zona de
Contacto’ fue generadora de un fenómeno. Dejó el terreno fértil para que apareciera la radio
‘Rock and Pop’ y después la revista y el canal”.

Este acontecimiento disipó las dudas que tenía la dirección del diario sobre el impacto y
recepción del espacio, y fue un fuerte aliciente cuando María Olga Delpiano trató de

convencerlos de que convirtieran esas hojas finales del “Wikén” en un suplemento
independiente. “Fue difícil, pero siempre he tenido muy buena capacidad de negociación con la
parte comercial del diario. Les propuse que lo convirtiéramos en un suplemento de ocho páginas
si encontrábamos dos avisadores por un año, para así tener la seguridad del financiamiento por
ese período y los conseguí. Fue una gestión más comercial que periodística.”.
Su propuesta fue aceptada y el 16 de abril de 1993 la “Zona de Contacto” vio la luz con

Felipe Bianchi como su nuevo editor. Así, de un apéndice se convirtió en una publicación de
ocho páginas, que un año más tarde pasó a tener doce.

Sin embargo, no fue una decisión fácil porque, según un “focus group” que encargó la
gerencia del periódico, a los lectores de la “Zona” les encantaba que la sección fuera un par de

paginitas perdidas al final de una revista, algo así como unas hojas clandestinas, por lo que el
hecho de lanzar un suplemento, parecía como si les quisieran vender algo a los jóvenes.

Cuando el suplemento se independizó, Iván Valenzuela abandonó el proyecto. “Ya estaba
en la radio ‘Rock and Pop’ y en Televisión Nacional, cuando decidimos editarlo como
suplemento, además me fui porque ya había crecido lo suficiente. Entonces me salí de la ‘Zona’
porque dije ‘para tener un suplemento hay que tener una persona dedicada’ y yo tenía el 120 por

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ciento de mi tiempo ocupado, entonces no podía seguir trabajando ahí”. .
En junio de 1994 se realizó “Contacto en la Estación 2”, encuentro al que asistieron más
de 20.000 jóvenes. “Fue increíble. Como yo estaba en la radio ‘Rock and Pop’, pusimos un

estudio en la Estación Mapocho para transmitir desde ahí. Pero, el encuentro realmente
impactante fue el primero, porque pensamos que iban a llegar dos mil o tres mil personas y

fueron más de veinte mil. Fue muy impresionante, porque esas cosas no se hacían en Santiago”,

recuerda Iván Valenzuela.

Luego de los exitosos encuentros, quienes estaban, o habían estado a la cabeza de la

“Zona de Contacto”, constataron por sí mismos que la recepción de los jóvenes era un elemento
muy poderoso. “Nos dimos cuenta que era importante lo que hacíamos y que podíamos tener la
capacidad de movilizar a muchas personas. Hasta antes de eso, tú tienes la noción de que lo que
haces puede interesarle a la gente, pero hacer un evento así, de esa magnitud, es fuerte porque te
compromete con esa realidad”, comenta el periodista.
Consuelo Saavedra participó en la “Zona” ayudando sólo en la producción de eventos
como el concurso de moda “Dale dale con el look”, pero siempre estuvo muy vinculada porque
muchos de los que allí trabajaban eran sus amigos. “El ‘94 venía llegando de Alemania, no tenía
‘pega’ y María Olga me dio el ‘pituto’ de organizar el concurso de moda. Hicimos un desfile que
se dio por la televisión, que eran cosas chicas pero tú decías: ‘a ver, los diseñadores jóvenes de
ropa ¿Dónde muestran sus cosas? ¿Dónde trabajan? Hagamos un concurso de moda’. Entonces
llegaron miles de bocetos, se seleccionaron y se hicieron los trajes”.

Según la periodista, la labor de María Olga Delpiano en el nacimiento y posterior
independencia del suplemento fue fundamental, “ella fue como la gallina con los pollos, los
potenció y se la jugó porque la ‘Zona de Contacto’ fuera un suplemento independiente”.
Luego, se organizó un concierto de “Los Tres” “Unplugged” (desenchufados, sin equipos

electrónicos), que fue la primera vez en Chile que se hizo un recital de este tipo, cuando recién se

estaba hablando de los conciertos “unplugged” que hacía “MTV”, la cadena estadounidense de

música juvenil las 24 horas y que fue pionera en este tipo de eventos musicales.
En 1993 la “Zona de Contacto” inició la publicación de libros recopilatorios con los
mejores artículos de cada viernes. Así, y de la mano de Editorial Planeta, salieron a la venta
"Cuentos con Walkman" y, posteriormente, "Disco Duro". La idea era poner en el tapete a

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noveles autores en los cuales no sólo se tenía confianza, sino que se hacía una apuesta como los
futuros escritores del siglo XXI.

Todos los creadores que aparecían en esos libros pasaron por los talleres literarios de la

“Zona de Contacto”, “suerte de usina narrativa que, bajo el audaz alero de ‘El Mercurio’ dio un
montón de voces absolutamente frescas”.

“A los autores de estos cuentos y relatos los unen muchas cosas. Partiendo por

la edad: son lo que se llama jóvenes -entre 17 y 25 años-. Pero hay más, mucho más.
Pertenecen, por ejemplo, a la llamada era de la realidad virtual y casi todos escriben

directo al computador. Están enchufados y están haciendo contacto.”

La “Zona de Contacto”, aunque estaba orientada a un público juvenil, marcó una apertura
en la forma en que se decían las cosas en la prensa escrita hasta ese momento.
Felipe Bianchi dice que los temas que les interesaba contar, eran los que tenían que ver
con personas, situaciones y cultura popular. “Nos largamos a escribir crítica de espectáculos,
música y cine porque sentíamos que la gente que estaba escribiendo de esos temas no sabía de lo
que estaba hablando. Uno sentía que el público de afuera sabía más que los que estaban
escribiendo. Por eso, todos teníamos la sensación de que había que hacer un cambio, ya que

estábamos en desacuerdo con las cosas que en cine gustaban o que en televisión gustaban”.
En la introducción del libro "Disco Duro", el entonces jefe de redacción de la “Zona”,

Ernesto Ayala, y el editor, Alfredo Sepúlveda, como una forma de defender al suplemento frente

a las constantes críticas que había recibido durante toda su existencia, hicieron una “declaración
de principios”, la que es de especial relevancia a la hora de entender qué tipo de contenidos se

trataban en la publicación -más bien cuales no se abordaban- y porqué dicho grupo era atípico
para el periodismo que se hacía hasta ese momento:

“Los que aquí trabajamos, pensamos que el periodismo no tiene porqué tener

una misión profunda, salvo la vieja búsqueda por descubrir una buena historia. No
estamos acá para dictar cátedra, ni para que el rock chileno prospere, ni para elevar el
nivel cultural de la juventud, ni para conseguir que Chile clasifique para el Mundial de
Francia ‘98, ni para que seamos más o menos religiosos, ni para detener los ensayos

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nucleares franceses en el atolón de Mururoa. Tal vez por eso la ‘Zona’, a la par de las

buenas vibras que ha recibido en todo este tiempo, ha generado críticas despiadadas.
Para muchos, no hay en su periodismo valor alguno. Básicamente, por que no se ha
preocupado de abarcar a toda la juventud (¿existe?) y porque no pesca temas
trascendentes... ¿Y? ¿Acaso son esos los temas que los jóvenes comentan en fiestas,
recitales, universidades, colegios, institutos o en la calle? Puede ser, pero ya hay
decenas de medios que los cubren. ¿Que no pescamos a toda la juventud, que casi
nunca contamos lo que sucede en regiones? Es cierto. No conocemos esas realidades,
y creemos que la verdadera falta de respeto no sería ignorarlas, sino informar mal

sobre ellas”.

Bianchi reconoce que fue un riesgo hacer, en ese momento, un proyecto periodístico

como la “Zona de Contacto” en un diario como “El Mercurio”, pues era complicado que “se

criticara a los padres o al sistema en general, pero no en el sentido de la información, sino que en

el transmitir emociones. En todo caso nunca nos metimos ni en política, ni en sexo”.

Para Consuelo Saavedra, una de las cosas más importantes de la “Zona de Contacto” fue

que le permitió darse cuenta de que había un grupo humano cuyas características estaban

marcando los espacios juveniles en los medios. “Fue una generación que tuvo que ver con edad,

con intereses, con un modo de mirar la vida, que eso también está determinado por el propio
país, por el desarrollo que estaba teniendo Chile. Se estaban abriendo espacios culturales, estaban
estos nichos con contenidos juveniles que no existían antes. Además hay que decir que había

gente talentosa, porque ‘La Tercera’ tenía un suplemento que se llamaba ‘La Escalera’ y no pasó
nada con eso, murió ahí, porque no tenía la ‘onda’ que sí tenía la ‘Zona de Contacto”, dice la
periodista.

Otro de los suplementos que pretendió competir con la “Zona de Contacto” fue la
publicación “La Iguana” del diario “La Nación” que comenzó a circular en 1993. Abraham

Santibáñez, que era director del matutino en esa época, cuenta que la propuesta nació allí

también como una forma de captar al público joven. “Alberto Luengo, que era el subdirector,

propuso la idea, se discutió en el directorio y fue aprobada, pero tuvimos muchos obstáculos para
sacarlo adelante, porque el primer choque fue en cuanto al nombre, pues propusieron algunos

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muy burdos como ‘La Zorra’, pero al final terminamos en ‘La Iguana’, que nos pareció

inofensivo y con un cierto tono irreverente. Luego vinieron otros problemas referentes al

lenguaje. Por ejemplo, en cierta ocasión venía la palabra ‘condón’ en la portada del suplemento y

ahí ya tuvimos uno de los primeros reclamos de la Iglesia y de gente del gobierno, porque
nosotros teníamos que responder a múltiples tendencias que existían dentro de la Concertación.

Finalmente, el suplemento no sobrevivió más de un año por un asunto de presupuesto”.
Según Iván Valenzuela existen poderosas razones por las cuales la “Zona de Contacto”
sobrevivió y no así los suplementos competidores. “Se suponía que estas otras revistas tenían
‘esos temas que a los jóvenes realmente les importan’, como la prostitución, el aborto... Y no
pasó nada. ¿Qué vas a hacer? ¿Otro artículo más sobre el aborto? Algo así como ‘Carolina, 15
años, tuvo un aborto, fue súper difícil’ ¿Qué más vas a hacer? ¡Si ya lo han hecho 400 veces!”.

Aunque Valenzuela los ridiculice, el periodista Sergio Molleda, quien trabajó en el

suplemento “La Escalera” del diario “La Tercera”, recuerda que efectivamente ellos perseguían

abordar en profundidad temas que importaban a la juventud, como el divorcio, la

homosexualidad y el aborto. “Con la ‘Zona de Contacto’ había una cierta rivalidad, ellos eran

más literarios y más libres en el tratamiento de los temas, tenían otro lenguaje. Era un periodismo
más alternativo, pero no tocaban temas tomados de la contingencia. No tenían mucha
profundidad y rigor. Se notaba que era un taller más literario que periodístico. Además no era

una competencia directa, porque ellos salían el viernes y nosotros el domingo”.
Tomando como ejemplo a “La Iguana”, Alberto Fuguet dice que si se le pudo llamar
competencia murió porque finalmente no eran espacios tan abiertos como la “Zona”. “Había toda
una ideología concertacionista y liberal muy forzada detrás, que terminó por ‘joderlo’, sin ser un

mal producto. Había un discurso trasgresor que se notaba que era una pose y el tratamiento de los
temas era ridículo, con cosas como ‘mi hermano es gay y tengo lata de que salga con un travesti
amigo’. Era para reírse y, de hecho, nos reíamos a gritos, porque era como si el nuevo gobierno
estuviera tratando de hacer un ‘destape’ chileno. La ‘Zona’ nunca hubiera hecho algo así,
nosotros éramos mucho más auténticos”.
Para Valenzuela, la clave no estaba en los temas que se abordaban, si no en saber a quién
se le está hablando y cuál es la voz que tendrá un determinado espacio. “El éxito de la ‘Zona de
Contacto’ reside en haber conseguido una voz. Eso es lo que los medios en general no

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encuentran, precisamente porque están más orientados al ‘deber ser’ que al ‘ser’ propiamente tal,

para lo cual es necesario no tener complejos y saber elegir. No existen los medios ni el
comunicador que abarque todos los temas. No es razonable, porque a la gente le interesan

distintas cosas en distintos momentos, entonces hay que tener claro el menú, yo voy a la ‘Zona
de Contacto’ ahí hay esto, no me voy a encontrar con otra cosa, y cuando me encuentro con otra
cosa los demando”.

Para buscar esta voz, María Olga Delpiano opina que lo más importante fue apostar por la

vanguardia. “Cuando empezamos a pensar qué les íbamos a decir a los jóvenes, nos dimos

cuenta que había que decidir a qué chiquillo se lo estábamos diciendo, porque cada joven es
distinto y hay miles, entonces optamos por buscar a los jóvenes más de vanguardia, los que
tuvieran más ideas en la cabeza, porque después se iban a pegar los demás. Por eso nos

buscábamos todos estos ‘cabros’ que eran de vanguardia y les dimos una voz”.
Felipe Bianchi explica que había algunas reglas sobre las cuales trabajaban. “Hubo cosas
importantes que nunca rompimos: trabajar siempre con gente en la que confías o a la que
admiras; nadie escribía sobre lo que no quería escribir y había que saber mucho acerca de lo que

se iba a decir. No se daba esa cosa de ‘a ti te toca hoy día esto o aquello”.

Pero la regla fundamental para los profesionales de la Generación X en Chile, era no
creer en las misiones del periodismo, tales como llevar al país la democracia o que haya menos

violencia. “Para nosotros, periodismo y misión eran cosas totalmente distintas y en ese sentido

para la apertura de espacios, para abrir temas de discusión, funciona mucho mejor nuestro
sistema, antes que otro muy militante”.

Muchas veces se los acusó de ser elitistas y de hacer un periodismo “light”. María Olga
Delpiano recuerda que los criticaron bastante. “Nos decían las tres ‘V’: Vodka, ‘Vitara’,
Vitacura. Incluso unos ‘cabros’ de la Universidad de Chile hicieron un periódico que atacaba a la
‘Zona’, que se llamaba ‘Tócame la Zona’ que era genial. Motivamos mucha simpatía en alguna
gente y odio de verdad en otras personas”.
“Hay que ser elítico, porque siempre hay que apostar por lo que tú crees y sentir que lo
que estás haciendo es importante”, sentencia Alberto Fuguet.
Según Bianchi, “escribir que estoy triste y que me siento solo, puede ser lo más

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importante de la historia si lo sabes contar y transmitir como el radar de lo que le está pasando a

una generación”.

Iván Valenzuela expresa que las acusaciones eran obvias. “Siempre nos criticaron por
todo, a la radio ‘Rock and Pop’ también la criticaban, decían que éramos livianos, que éramos
petulantes. Pero aquí estamos ¿Qué voy a decir? Gozamos de estupenda salud”.
Para Fuguet las críticas tienen su parte de verdad. “Siento que por un lado es cierto, era
una situación tan simple como que la gente que nos hacía esas críticas no tuvo ‘onda’ con
nosotros y eso es absolutamente legítimo. Que nos hayan tildado de ‘light’ está bien, será justo
porque de verdad no tratábamos temas muy densos. Además si uno llama la atención, lo mínimo

es que te ‘pelen’. Sin embargo, de eso que algunos llamaban ‘light’, salió gente como Consuelo
Saavedra que a mi juicio que no es nada de ‘light”.
Según el sociólogo Carlos Catalán, ellos se sentían más elitistas de lo que realmente eran.

“Creo que son mucho más comunes y corrientes de lo que piensan, eso demuestra que tienen un

problema con lo común y corriente y allí reside su contradicción, porque son representantes de

una cultura bastante masiva juvenil contemporánea”.

Al igual que muchos de sus compañeros, Alberto Fuguet abandonó el suplemento porque
ya no era lo suficientemente joven como para interpretar el sentir juvenil. “Una de las cosas que
se habló en la ‘Zona’ cuando se fundó era que estaba inspirada en algo así como el grupo musical
‘Menudo’ o ‘Los Niños Cantores de Viena’, por lo que el propio desarrollo profesional de cada

uno fue determinando el momento de irse. En mi caso llegó un momento en que me fui de viaje a
Iowa, Estados Unidos, para hacer clases en la universidad y estudiar literatura y cuando volví, en
1995, me di cuenta de que ya estaba en edad de retirarme. Aún así, seguí colaborando y hasta

ahora lo sigo haciendo”.

Para Valenzuela, la evolución posterior que tuvo la “Zona de Contacto fue muy
apropiada. “Han hecho un trabajo de periodismo muy ‘choro’, porque han sido creativos y han

evolucionado con la generación. La opción que eligieron de mantenerse adolescentes y jóvenes
me parece razonable, porque el grave error que hubieran podido cometer es haber envejecido,
haber seguido con nosotros. Eso era lo que tenían que hacer y lo han hecho bien. Hasta hoy el
suplemento tiene energía y eso es lo único que hace vivos a los medios”.

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