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Estudios Culturales

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el término latinoamericanismo tal como es
usado en los estudios culturales proviene, en
rigor, de debates académicos en la academia
norteamericana. sin embargo, no es un tér-
mino ajeno a los intereses de los intelectua-
les de la región quienes, desde José martí a
Hugo chávez, en la larga tradición conti-
nental de pensamiento latinoamericanista
de base nacional, lo han defnido precisa-
mente a partir de una relación negativa con
los estados unidos.
el latinoamericanismo o latin/o america-
nism /o (que abarca las culturas de los lati-
noamericanos en estados unidos y canadá)
es parte de un esfuerzo emprendido en la
academia norteamericana por repensar los
límites y los diseños geopolíticos y geocul-
turales de américa latina, los objetos, su-
jetos y procesos así involucrados en su es-
tudio y las categorías epistémicas así como
los procedimientos metodológicos que dan
cuenta de ellos y permiten su estudio y com-
prensión. esto ocurre en la confuencia de
lo que primero se llamó el debate sobre la
posmodernidad en américa latina y lo que
ahora conocemos como la globalización de
y en el continente. la discusión sobre la pos-
modernidad se centró en la revisión de la
capacidad heurística de los grandes relatos
históricos occidentales (el progreso, la ra-
zón occidental, la democratización progresi-
va, la política) y los relatos disciplinarios de
las ciencias sociales (la sociología, la econo-
mía, la antropología) y las humanidades (la
flosofía, los estudios literarios, la historia)
para dar cuenta de las transformaciones de
un mundo que se desordenaba rápidamente
sin lograr, aparentemente, rearmarse como
un todo inteligible. en este sentido el deba-
te posmoderno tuvo una orientación funda-

mentalmente temporal, vertical e histórica
centrada en la noción de cambio epocal.
la discusión sobre la globalización, por su
parte, se ha centrado en la supuesta emer-
gencia de una cultura global homogénea,
en la expansión de un horizonte experien-
cial cuasiplanetario ligado a la mercantili-
zación y a la emergencia de lo local como
una instancia diferente de lo nacional, que
mediaría las relaciones entre lo global y lo
nacional. a propósito de ello se ha hablado
de procesos trasnacionales o posnacionales
o incluso translocales para referirse a los
múltiples fujos de bienes, capitales, discur-
sos y poblaciones que cruzan hoy el mundo
en general y, más específcamente, la región-
mundo que llamamos latin/o américa (Fox,
tomlinson). en este sentido, la discusión
sobre la globalización ha traído al debate
la horizontalidad de las dimensiones espa-
ciales y geográfcas y las nociones de fujos
y desplazamientos. ambas discusiones, la de
la posmodernidad y la de la globalización,
comparten una sospecha sobre los límites y
consecuencias que una perspectiva estado-
céntrica (ya sea en su versión liberal o socia-
lista) tuvo y tiene sobre la comprensión de
la heterogeneidad efectiva de los procesos y
fenómenos sociales que intenta describir. de
este modo, surgen con nitidez algunos de los
desafíos que cualquier reconceptualización
de lo latin/o american/o en una perspectiva
global debe enfrentar: cómo pensar “en un
momento de reterritorialización de la vida
nacional en los distintos países de américa
latina y de sus relaciones con los estados
unidos y europa” las conexiones entre a]
los legados coloniales y poscoloniales en el
cruce de las temporalidades históricas de los
múltiples proyectos imperiales que han teni-
do como objeto a la región y b] las dimen-
siones geoculturales y geopolíticas que han

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organizado estos proyectos en regiones cul-
turalmente homogéneas y autocontenidas.
las consecuencias discursivas de esta
confuencia de macromarcos epistemológi-
cos y políticos (posmodernidad y globaliza-
ción) han seguido trayectorias distintas en
las diferentes disciplinas. en las humanida-
des, ciertos temas de debate han dominando
la discusión sobre el latin/o americanism/o:
testimonio y subalternismo, literatura y es-
tudios culturales, subalternismo y poscolo-
nialismo. en las ciencias sociales se ha rea-
lizado más bien un intento por darse cuenta
de lo que se ha llamado la condición global
de lo latin/o american/o.

el latin/oamericanism/o en las humanida-

des. en 1989, en un famoso ensayo so-
bre el testimonio, el crítico estadunidense
John beverley comenzaba preguntándose:
“¿generan las luchas sociales nuevas formas
de literatura y cultura, o se trata más bien
del asunto de cómo se representan [estas
nuevas luchas] en las formas ya existentes?”
(Against Literatura: 69) beverley proponía
que el testimonio, que en su obra tempra-
na en colaboración con marc zimmerman,
estaba asociado siempre a las luchas centro-
americanas en los años setenta y ochenta,
sería una forma nueva de representación
literaria. a diferencia de la novela que está
centrada en sus presupuestos culturales
burgueses (el privilegio de la vida individual
y la familia nuclear, por un lado, y de los
espacios privados y urbanos, por otro), el
testimonio podría ser la forma cultural de
una nueva política de lo neopopular emer-
gente en las luchas revolucionarias centro-
americanas. el testimonio es defnido por
beverley como una forma literaria que narra
una vida real en las palabras de su propio
protagonista o de un testigo, a menudo ile-
trado y que requiere, para su transcripción,
de la colaboración de un interlocutor que
es un intelectual. con el correr del tiempo
beverley habría de radicalizar su hipótesis
para proponer que el testimonio en tanto
representación de lo subalterno, era una for-
ma de posliteratura o anunciaba al menos
el fn de lo literario y del humanismo tradi-
cional en que aquel se asentaba. en tanto
posliterario, el testimonio se deshacía de la
carga de la distinción entre lo fccional y lo
no fccional que defnía a lo estético-litera-

rio, para abrazar las luchas y las voces de
sujetos colectivos y reales largamente some-
tidos a una historia de subalternización, por
el estado colonial español primero, y, luego,
por sus herederos poscoloniales criollos en
el continente americano. en este sentido el
estudio de los testimonios se ofrecía como
una alternativa radical a los esfuerzos coetá-
neos en los estados unidos por desarrollar
la agenda de los estudios culturales. a di-
ferencia de éstos –que beverley veía como
inscritos aun dentro de las coordenadas
culturales, ahora masivas y mediáticas, del
capitalismo dominante– el testimonio ha-
blaba de unos actores colectivos y emergen-
tes que luchaban contra ese capitalismo y
anunciaban la (re)aparición de una cultura
neopopular no capitalista o al menos, anti-
capitalista. de este modo, el testimonio era
el heraldo de una época poshumanista y tal
vez posliteraria, liberada de la herencia cul-
tural y subjetivo-burguesa del humanismo
clásico (beverley, gugelberger).
reaccionando también frente a esa
emergencia de los estudios culturales, que
ampliaban el terreno de lo estudiable bajo
la rúbrica de lo cultural en el capitalismo
tardío, alberto moreiras, compañero de
beverley en el grupo de estudios subalternos
latinoamericanos en los estados unidos,
proponía su propia visión del subalternis-
mo, inspirado ahora más por la deconstruc-
ción que por el marxismo. para moreiras, lo
que el testimonio ejemplifcaba era menos
una propuesta positiva que una crítica ra-
dical o una pura negatividad. el testimonio,
sostendría moreiras apoyándose también en
el trabajo de los subalternistas indios como
gayatri spivak y ranajit guha, pero sobre
todo en la deconstrucción derridiana, reve-
laba las aporías de la representación de lo
subalterno en el aparato gnoseológico y epis-
temológico de la crítica latinoamericanista
estadunidense. en tanto crisis de la repre-
sentación, el testimonio era un síntoma que
revelaba los límites de toda representación
de lo latinoamericano en el aparato acadé-
mico de estados unidos. en este sentido,
más que oponerse a ella, el testimonio com-
partía con la mejor literatura su capacidad
para explorar esos límites de lo representa-
ble y, para decirlo de otra manera, aquello
que sólo podía ser indicado indirectamente
(moreiras, Exhaustion).

latinoamericanismo

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de este modo, mientras moreiras aboga-
ba por la capacidad única de la literatura de
deconstruir los aparatos de la representa-
ción, beverley declaraba el fn de lo literario
y el comienzo de una época posliteraria.
moreiras encontraba mayores poderes re-
presentacionales en la literatura, que en los
estudios literarios. la literatura era concebi-
da aquí como el otro lado del pensar crítico,
que junto a la flosofía se planteaba como
algo muy distinto a la capacidad acomodati-
cia y a las limitaciones internas de las mira-
das “expertas” de las ciencias sociales. estos
poderes, en la coyuntura traumática de las
posdictaduras del cono sur y las violencias
centroamericanas, eran para moreiras para-
dójicos, pues se referían a la capacidad de
lo literario de interrumpir la representación
y cuestionar su estatus. beverley, por su par-
te, encontraba esa misma capacidad en el
testimonio mucho más que en la literatura.
ambos compartían, por otro lado, su sospe-
cha frente a lo que llamaban el populismo
de los estudios culturales y la, supuestamen-
te, acrítica pertenencia y funcionalidad de
esos estudios culturales al capitalismo avan-
zado y a su cultura de la diferencia comer-
cializable.

entre otras fuentes, el tema de los lími-
tes de la capacidad representativa del dis-
curso
escrito y de las limitaciones de las
formas de conocimiento histórico y cientí-
fco dominantes para dar cuenta crítica de
objetos, procesos y sujetos tercermundistas
constituidos por los mismos legados colo-
niales y estatales, que estaban en la base de
esos discursos, proviene del trabajo de los
subalternistas indios (ranajit guha, partha
chatterjee) y de los críticos poscoloniales
(Homi bhabha, gayatri spivak entre otros.)
de estas fuentes el latin/oamericanism/o re-
cibe un énfasis en las categorías de subalter-
nidad, subjetividad colonial y poscolonial e
i/representabilidad (loomba). estas nuevas
categorías relacionales tienen la gran ven-
taja de mapear una serie de interrogantes
que la tradición latinoamericana, en su fuer-
te orientación nacional-estatal y sociológica,
nunca había explorado sufcientemente. la
confuencia de raza, clase, género y etni-
cidad en el análisis y psicoanálisis, teoría
literaria y cultural, feminismo y antropolo-
gía en las miradas, permiten vislumbrar la
verdadera complejidad histórica del proceso

de colonización/descolonización, según éste
afectó a múltiples y heterogéneos sujetos so-
ciales diversamente constituidos: indígenas,
afroamericanos, minorías sexuales y muje-
res, mestizos, etcétera.
por otro lado, el origen indio y anglocéntri-
co de la teoría subalternista y poscolonialista,
y la misma relacionalidad vacía de muchas
de sus categorías principales (subalternidad,
subjetividad colonial y poscolonial e i/repre-
sentabilidad) dio pie a un interesante debate
acerca de su aplicabilidad en américa latina
y de su a veces paradójica exportación me-
tropolitana hacia la periferia como otra
forma más de neocolonización intelectual y
moda teórica (thurner). transformada ade-
más en el mundo anglosajón en una con-
veniente y monolingüe práctica pedagógica
que divide el mundo entre un “nosotros”
altamente defnido y un “ellos” fuertemente
indiferenciado y capaz de involucrar tanto a
los indios de la india como a los indígenas
latinoamericanos, a los caribeños como a
los pakistanís o los aborígenes australianos,
la teoría postcolonial ha necesitado siempre
de su aterrizaje en las condiciones sociales,
culturales e históricas de una localización
concreta (loomba). pero este conocimiento
concreto producido en los estados unidos
por los llamados estudios de área (estudios
asiáticos, africanos y latinoamericanos) era
precisamente, en su orientación moder-
nizante –y por lo tanto homogenizante,
estado-céntrica y eurocéntrica– una de las
formas de conocimiento que el subalternis-
mo y el postcolonialismo en sus versiones
latinoamericanistas se habían propuesto
desmantelar. una de las formulaciones más
sucintas de este programa y esta crítica se
encuentra en el manifesto del grupo de
estudios subalternos latinoamericanos. se
destaca allí la necesidad de distinguir entre
el estado, la nación (que fue en la construc-
ción historico-discursiva dominante el re-
sultado cuasi exclusivo de la labor del esta-
do y sus instituciones) y el pueblo, que sería
el conjunto de las poblaciones subalternas
cuya participación, formas de organización
cultural, social y política deben ser visi-
bilizadas y desinvisibilizadas (rodríguez,
“reading subalterns”).

el latin/oamericanism/o en las ciencias socia-

les. otra de las fuentes de aquella crítica de

latinoamericanismo

160

las formas tradicionales de estudiar lo lati-
noamericano en los estados unidos, que el
latin/o americanism/o quiere o puede repre-
sentar, fue el resultado del proceso de globa-
lización de las poblaciones latinoamericanas
y en particular, de su impacto transformador
de los paradigmas nacionales de asimilación
de lo étnico en los estados unidos.
de acuerdo con la cepal en 1980 el 34.7 %
de las familias de américa latina y el caribe
vivían en la pobreza. Hacia 1990 ese porcenta-
je había subido a 41% y era todavía del 35.3%
en 1999. en términos absolutos de población,
el número de pobres en la región había pasa-
do de 135.9 millones en 1980 a 211.4 millo-
nes en 1999. la situación es particularmente
grave en aquellos países que más inmigrantes
mandan a los estados unidos. en 1999, en
méxico el 46.9% de la población era pobre,
el 49.8 en el salvador, el 54.9 en colombia,
el 60.5 en guatemala, el 69.9 en nicaragua y
un asombroso 79.7% en Honduras (addiechi:
70-71). si los migrantes que dejaban américa
latina sumaban 21 millones en el año 2000,
hacia el año 2005 ya eran 25 millones o 12%
del total de 200 millones de migrantes en el
mundo ese año (gainza: 1).
los estados unidos recibieron un pro-
medio de 1.226.000 inmigrantes por año
entre 1992 y 2004. de esos migrantes un ter-
cio eran de origen mexicano y un cuarto
más eran latinoamericanos de otros países.
en los últimos treinta años el número de la
población latina en los estados unidos ha
pasado de ser en 1980 14,6 millones o el
6,4% de la población del país a ser en el año
2003 la minoría étnica más grande con el
14% de la población total y cerca de 41 mi-
llones de personas. entre 1980 y el año 2000
la población total de latinos se duplicó en
los estados unidos, constituyendo el 40%
del crecimiento demográfco total y pasando
de ser la mitad de la población afronorte-
americana en 1980 a su status actual (

esta masiva migración de latinoameri-
canos en el último cuarto del siglo veinte
y en lo que va corrido del presente, alteró
de manera muy signifcativa el paisaje po-
lítico y social de los estados unidos y de
varios países latinoamericanos, desafando
así las formas establecidas de estudiar las
dimensiones nacionales y las conexiones in-
ter-nacionales de los latino/americanos. en

el entorno estadunidense, estas formas de
estudio se llamaron estudios étnicos y estu-
dios latinoamericanos de área. mientras los
primeros se encargaban de poblaciones con-
ceptualizadas, como en el proceso de devenir
minorías étnicas en la nación (los estados
unidos); los estudios latinoamericanos (o de
área) se concentraban en poblaciones loca-
lizadas en un área geocultural y geopolítica
diferente y externa. en el primer paradigma
era central la noción de una mayoría blanca
y, por lo tanto, de minorías étnicas en un
proceso de integración diferencial a ese nú-
cleo blanco. por otro lado, para el segundo
paradigma era fundamental la naturaleza
limitada del área en cuestión, su lógica y
su coherencia interna. para decirlo de una
manera rápida: estos presupuestos básicos
de los estudios étnicos y de área referentes
a las poblaciones de origen latinoamericano
en los estados unidos deben ser hoy crítica-
mente interrogados (poblete, Critical Latin
American and Latino Studies). de este modo,
el latin/o americanism/o puede ser concebi-
do ahora, al menos en una de sus formas
posibles, y para mi deseables, como el lugar
de conversación de esas dos tradiciones y
de sus contrapartes en américa latina en
un momento epocal de globalización de lo
latin/o/american/o.
las tareas de dicho latin/oamericanism/o
son muchas y se han manifestado de mane-
ra más convincente en las ciencias sociales o
en los estudios culturales de base empírica.
ellas tienen que ver, por un lado, con los des-
plazamientos de poblaciones masivas arriba
indicados. lo que debe ser visibilizado (por-
que antes era invisibilizado) o revisibilizado
(porque hasta ahora ha sido percibido desde
un solo prisma) son las formas de pertenen-
cia y afliación de los sujetos en relación con
los distintos niveles de comunidades en las
cuales eligen participar o se ven obligados
o invitados a hacerlo. la bibliografía sobre
la ciudadanía “desde su ampliación para
incorporar formas no tradicionales como
la social y cultural, que van más allá de la
ciudadanía política formal, hasta su mul-
tiplicación en ciudadanías dobles y múlti-
ples o su cuestionamiento en ciudadanías
nulas o de exclusión/inclusión diferencial“
es un buen indicador de la batería de pro-
blemas abiertos por estas reconsideraciones
(Flores, Flores y benmayor, rotker, shafr).

latinoamericanismo

161

esto, por cierto, es algo que ha visto un fuer-
te desarrollo no sólo en los estados unidos
a propósito de las poblaciones latinas, sino
también en américa latina en relación con
las migraciones internas y externas, los
nuevos mapas geoculturales y políticos, la
racialización de la fuerza de trabajo a es-
cala continental: países que mandan inmi-
grantes, países que los reciben para explo-
tarlos bajo su condición altamente fexible
y productiva de indocumentación (Quijano,
de genova, grimson); y, en general, los de-
safíos que la falta de concordancia entre la
geografía social y cultural del capitalismo
central y periférico supone (Quijano).
por otro lado, desde de la cultura y la ex-
periencia cotidiana de la globalización esa
falta de concordancia se manifesta en la
vida de aquellos que “viajan“ todos los días
sin moverse de sus sitios o son relegados a
una marginalidad que los excluye de mane-
ra cuasiestructural. algunos de los temas
de esta nueva agenda incluyen: el consumo
cultural diario de productos trasnacionales o
fuertemente infuido por sus formatos, conte-
nidos y técnicas (garcía canclini, Diferentes;
Consumidores); la emergencia de un paisa-
je mediático complejo en el que alternan la
fuerte especifcidad y densidad de las comu-
nicaciones locales, facilitadas a menudo por
nuevas y viejas pero refuncionalizadas tecno-
logías como la internet o la radio, con una
creciente presencia de los conglomerados
transnacionales (pobrete, “culture“); el desa-
rrollo de la práctica social, cultural y política
de múltiples y complejos actores funcionan-
do simultáneamente en escalas locales, regio-
nales, nacionales y globales (mato, Políticas;
yúdice, Recurso), la criminalización de la po-
breza y el culpar a las víctimas juveniles de
la cultura de la violencia, la droga y la exclu-
sión (Hopenhayn, América Latina; reguillo,
Emergencia), etcétera.
en todos estos ejemplos la nación ya
no coincide por completo (si alguna vez
lo hizo) con sus poblaciones, ni social ni
culturalmente. este desfase fundamental
es el que motiva la necesidad, y ofrece la
oportunidad, de las nuevas cartografías de
lo latin/o american/o en el momento de su
globalización. y esto ocurre –aunque no
necesariamente del mismo modo y con la
misma intensidad en los diferentes paí-
ses– tanto en américa latina como en los

estados unidos. estos nuevos mapeos –que
no pueden deshacerse de la nación como te-
rritorialización social, económica y cultural
sino que deben intentar entender tanto sus
transformaciones y funcionamiento, como
espacio de hegemonía interna y autonomía
relativa externa cuanto los nuevos fujos de
interconexión e interdependencia interna-
cional o transnacional– son lo que podemos
llamar el latin/o americanism/o.

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[juan pobrete]

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