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La Historia Perdida de Venezuela.

La Historia Perdida de Venezuela.

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El Maestro Sri Deva Fénix, investigador por naturaleza, nos devela una parte de la historia perdida de Venezuela, poco conocida por la gran mayoría de sus habitantes... El proceso evolutivo de la cultura venezolana es corto. Empieza con la llegada de los españoles y corre hasta nuestros días. Cuenta apenas 5 siglos.
Un sentimiento de venezolanidad, de identidad no se debe limitar al estudio de los 5 siglos, sino bucear en las grandes heredades indígenas, africanas e ibéricas de donde proceden los pueblos, los arquetipos y los símbolos que nos alientan y explican en el tránsito de existir y de ser, de donde venimos y a donde vamos...
El Maestro Sri Deva Fénix, investigador por naturaleza, nos devela una parte de la historia perdida de Venezuela, poco conocida por la gran mayoría de sus habitantes... El proceso evolutivo de la cultura venezolana es corto. Empieza con la llegada de los españoles y corre hasta nuestros días. Cuenta apenas 5 siglos.
Un sentimiento de venezolanidad, de identidad no se debe limitar al estudio de los 5 siglos, sino bucear en las grandes heredades indígenas, africanas e ibéricas de donde proceden los pueblos, los arquetipos y los símbolos que nos alientan y explican en el tránsito de existir y de ser, de donde venimos y a donde vamos...

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Introducción:
La cultura, en sus diversas manifestaciones, desde la planetaria hasta la tribal y primitiva, tiene su origen en la naturaleza humana y no sería concebible si la esencia de nuestra especie desapareciera. Resulta obvio decirlo aunque evidencias como éstas no las percibe la mayoría por estar inserta en ellas. La inmersión en el bosque no deja ver el árbol. Cultura es sentir nuestras Raices, hacer, pensar, construir, edificar, derrumbar, obrar con la inteligencia, con la mano y con sus extensiones, las herramientas, la técnica que en su increíble crecimiento constituye ya una supranaturaleza. La cultura empieza siendo fruto de la cría y del cultivo de la tierra. Su cuerpo ritual, ceremonial, religioso, nace de esa confrontación con la naturaleza que le fue dada al hombre. Luego modifica y crea nuevas formas cuando se vuelve urbana. En ese largo hacer cultural, la especie alcanza hoy la posibilidad inaudita de destruirse a sí misma de un golpe, y de destruir las formas de la vida animal y agrarias indispensables a la especie. Hoy más que nunca, más que en los tiempos de intensa religiosidad, más que en las sectas místicas o esotéricas de todos los países y edades, se impone la pregunta más importante , a la cual no contestan la ciencia ni la técnica, del fin último del hombre. La ausencia de respuesta está en el centro de la gran neurosis contemporánea occidental. El proceso evolutivo de la cultura venezolana es corto. Empieza con la llegada de los españoles y corre hasta nuestros días. Cuenta apenas 5 siglos. En comparación con las culturas del Asia, del Medio Oriente, de los indoeuropeos, nos estamos asomando al mundo. Somos testigos de nuestro breve acaecer cultural. Esta circunstancia es única en el mundo. Llegamos de últimos y el descubrimiento, la Conquista, la Colonia, la Independencia, fueron ayer. Esta cercanía al origen, esa falta de memoria de nuestro pasado, nos ata a señales finiquitadas de presunta identidad cultural. La transculturación producida en algo más de medio siglo, por el desarrollo de la industria de hidrocarburos,y una penetración de una tecnología desechable, nos despojó de algunas señales de identidad, tradicionales, bastante relativas por lo demás: la casona colonial, la hacienda de gran patio para secar el café o el cacao, el conuco, la leyenda del llano con sus centauros, las estampas de conquistadores acorazados y armados, el campesino de blusa y alpargatas, el jefe civil de franela y con ancho cinturón de cuero, el sombrero de cogollo, el joropo bajo las palmeras, los tambores en los cacaotales, el villancico navideño y el minucioso pesebre convertido en
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microcosmos, ciertas noches de cuentos de espantos, el palo ensebaó, la echada de cocos, la edad del caballo, y más al fondo, escondido en los repliegues del alma, el llamado de las voces ancestrales de nuestros antepasados Indígenas. También la naturaleza profunda, subyacente de los venezolanos, en un aspecto es la consecuencia política del mal gobernarse a sí mismo, de una sociedad inestable y pobre de valores; en otro es producto de un inconsciente colectivo fascinado por la idea de poder sin freno por la imagen del «Padre terrible» Los famosos pactos con el diablo, maravillosos amuletos que le otorgan poderes extraordinarios tanto en el azar como en el Amor etc. y la Madre correspondiente y severa al mismo tiempo, que lo premia y lo castiga. María Lionza que aglutina en su culto un moderno hecho de transculturaciones caribeñas, africanas y venezolanas, las más diversas manifestaciones culturales, desde un arquetipo aborigen, hasta aportes recientes de religiones afroamericanas (vudú, santería cubana, macumba brasileña, Magia negra, changó caribeño) todo ello centrado en torno a la figuración de una poderosa y bella mujer blanca que recorre sus dominios montada en una danta y acompañada por una corte de tipología variable. Doña Bárbara, Santa Bárbara, María Lionza son aspectos benéficos o maléficos de la Madre Terrible. Todos estos aspectos han sido asociados más de una vez y son consecuencias de la violencia de los hombres y una naturaleza predominante, llena de escenarios naturales de una memoria perdida , extraviada o tal ves anhelada; capaz de reflejar la lucha entre la barbarie y la civilización, que contienen elementos numinosos del inconsciente colectivo venezolano, mestizo o no, capaces de atraer, seducir, matar, al igual que esas damas nocturnas que aparecían en las plazas desiertas de las ciudades o en ciertos lugares del campo, caminos y orillas de río, como una ofrenda erótica inesperada, objeto sexual siempre fantaseado en aquella sociedad puritana, y que al ser besadas, se transformaban en monstruos, Sayonas o Lloronas que enloquecían al noctámbulo y podían causarle la muerte. Ignoramos hasta qué punto el tiempo transcurrido, propició el esclarecimiento del ser venezolano y la superación de esas formas numinosas. En cambio la ficción de Doña Bárbara ha perdido vigencia en el campo literario, porque los narradores ulteriores a Gallegos trillaron otros caminos y dejaron de sentir sus personajes esquemáticos, simbólicos o folklóricos, así como desecharon la composición lineal, argumental y simétrica de sus novelas y rechazaron las intenciones moralizantes, juzgando que éstas se cumplían en detrimento de la autenticidad existencial.

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Presencias arquetipales y tipificaciones finiquitadas nos sitúan en el limbo de los orígenes, es decir vinculan a nuestro ser con vivencias primitivas cuya analogía con otras semejantes le permitieron a Carl Jung crear su teoría general del inconsciente colectivo y debería vincularnos también con la heredad africana y con la de los iberos, nunca suficientemente vivenciada y conocida en razón de los resentimientos y desgarrones producidos por el matricidio o parricidio culturales producto de un bombardeo despiadado que nos margina cada ves mas, hundiéndonos en un pozo oscuro y cuyo fin es el olvido de nuestra esencia, saturados de basuras programadas por parte de la Televisión, y de un sistema social cuyo mayor interés es la explotación del hombre por el hombre. Un sentimiento de venezolanidad, de identidad no se debe limitar al estudio de los 5 siglos, sino bucear en las grandes heredades indígenas, africanas e ibéricas de donde proceden los pueblos, los arquetipos y los símbolos que nos alientan y explican en el tránsito de existir y de ser, de donde venimos y a donde vamos... Profesor Felix E. Diaz. Maestro Sri- Deva Fénix.

Algo sobre nuestra Cultura.
La cultura en Venezuela comenzó con la simbiosis de dos elementos enteramente distintos que se encuentran en el momento del descubrimiento colombino: el indio y el español. El choque de estas dos culturas es el punto de partida de la formación de Venezuela como pueblo y de su conciencia como ente social, gracias al mestizaje. En el fenómeno cultural, según apunta Guillermo Morón, “predominan en nuestro pueblo las formas de pensamiento, los hábitos, las estructuras de los conquistadores o pacificadores, que fueron, después de todo, los fundadores del pueblo. La psicología, el modo, el ser cultural del venezolano, están plasmados en el alma del conquistador, con todas las normales y eficaces transformaciones ocurridas en un escenario geográfico diferente al originario y con la poderosa aportación del aborigen y el negro”.

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Algo sobre la Historia geológica.
El elemento estructural más antiguo y estable del subcontinente está constituida por la capa litológica que se halla en la región de los macizos Brasileño y de las Guayanas, en el este y noreste de Sudamérica. Comprende un complejo de rocas ígneas y metamórficas precámbricas de hace 570 millones de años. La capa está revestida en su mayor parte por roca sedimentaria, principalmente del periodo paleozoico (desde hace 570 millones hasta hace 225 millones de años), aunque en algunas zonas se encuentran basaltos más recientes, sobre todo en el sur de Brasil. Se han encontrado fósiles en los macizos brasileños que muestran evidencias del desplazamiento continental e indican que en la era pérmica el subcontinente estuvo unido a Gondwana, la gran masa terrestre que comprendía también África y Asia.

Algo sobre la Teoría glaciar
La teoría glaciar derivó del trabajo de Lyell, entre otros. Propuesta por primera vez hacia 1840 y aceptada después universalmente, esta teoría enuncia que los depósitos originados por glaciares y planos de hielo se han sucedido en un movimiento lento desde latitudes altas hasta otras más bajas durante el pleistoceno. Se han acumulado diversas evidencias que apoyan el concepto del avance y del retroceso de los glaciares continentales y montañosos

Algo sobre las edades de la Tierra Periodo cámbrico (570 a 510 millones de años)
Una explosión de vida pobló los mares, pero la tierra firme permaneció estéril. Toda la vida animal era invertebrada, y los animales más comunes eran los artrópodos llamados trilobites (extintos en la actualidad) con miles de especies diferentes. Colisiones múltiples entre las placas de la corteza terrestre crearon el primer supercontinente, llamado Gondwana.

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Periodo ordovícico (510 a 439 millones de años)
El predecesor del océano Atlántico actual empezó a contraerse mientras que los continentes de esa época se acercaban unos a otros. Los trilobites seguían siendo abundantes; importantes grupos hicieron su primera aparición, entre ellos estaban los corales, los crinoideos, los briozoos y los pelecípodos. Surgieron también peces con escudo óseo externo y sin mandíbula, que son los primeros vertebrados conocidos; sus fósiles se encuentran en lechos de antiguos estuarios de América del Norte.

Periodo silúrico (439 a 408,5 millones de años)
La vida se aventuró en tierra bajo la forma de plantas simples llamadas psilofitas, que tenían un sistema vascular para la circulación de agua, y de animales parecidos a los escorpiones, parientes de los artrópodos marinos, extintos en la actualidad, llamados euriptéridos. La cantidad y la variedad de trilobites disminuyeron, pero los mares abundaban en corales, en cefalópodos y en peces mandibulados.

Periodo devónico (408,5 a 362,5 millones de años)
Este periodo se conoce también como la edad de los peces, por la abundancia de sus fósiles entre las rocas de este periodo. Los peces se adaptaron tanto al agua dulce como al agua salada. Entre ellos había algunos con escudo óseo externo, con o sin mandíbula, tiburones primitivos (aún existe una subespecie de los tiburones de esta época) y peces óseos a partir de los cuales evolucionaron los anfibios. En las zonas de tierra, se hallaban muchos helechos gigantes.

Periodo carbonífero (362,5 a 290 millones de años)
Los trilobites estaban casi extinguidos, pero los corales, los crinoideos y los braquiópodos eran abundantes, así como todos los grupos de moluscos. Los climas húmedos y cálidos fomentaron la aparición de bosques exuberantes en los pantanales, que dieron lugar a los principales yacimientos de carbón que existen en la actualidad. Las plantas dominantes eran los licopodios con

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forma de árbol, los equisetos, los helechos y unas plantas extintas llamadas pteridospermas o semillas de helecho. Los anfibios se extendieron y dieron nacimiento a los reptiles, primeros vertebrados que vivían sólo en tierra. Aparecieron también insectos alados como las libélulas.

Periodo pérmico (290 a 245 millones de años)
Las zonas de tierra se unieron en un único continente llamado Pangea, y en la región que correspondía con América del Norte se formaron los Apalaches. En el hemisferio norte aparecieron plantas semejantes a las palmeras y coníferas que sustituyeron a los bosques formadores de carbón. Los cambios en el medio, resultado de la redistribución de tierra y agua, provocaron la mayor extinción de todos los tiempos. Los trilobites y muchos peces y corales desaparecieron cuando terminó el paleozoico.

Periodo triásico (245 a 208 millones de años)
El principio de la era mesozoica quedó marcado por la reaparición de Gondwana cuando Pangea se dividió en los supercontinentes del Norte (Laurasia) y del Sur (Gondwana). Las formas de vida cambiaron considerablemente en esta era, conocida como la edad de los reptiles. Aparecieron nuevas familias de pteridospermas, y las coníferas y los cicadofitos se convirtieron en los mayores grupos florales, junto a los ginkgos y a otros géneros. Surgieron reptiles, como los dinosaurios y las tortugas, además de los mamíferos.

Periodo jurásico (208 a 145,6 millones de años)
Al desplazarse Gondwana, el norte del océano Atlántico se ensanchaba y nacía el Atlántico sur. Los dinosaurios dominaban en tierra, mientras crecía el número de reptiles marinos, como los ictiosaurios y los plesiosaurios. Aparecieron los pájaros primitivos y los corales formadores de arrecifes crecían en las aguas poco profundas de las costas. Entre los artrópodos evolucionaron animales semejantes a los cangrejos y a las langostas.

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Periodo cretácico (145,6 a 65 millones de años)
Los dinosaurios prosperaron y evolucionaron hacia formas más especializadas, para desaparecer de forma brusca al final de este periodo, junto a muchas otras formas de vida. Las teorías para explicar esta extinción masiva tienen en la actualidad un gran interés científico. Los cambios florales de este periodo fueron los más notables de los ocurridos en la historia terrestre. Las gimnospermas estaban extendidas, pero al final del periodo aparecieron las angiospermas (plantas con flores).

Periodo terciario (65 a 1,64 millones de años)
En el terciario se rompió el enlace de tierra entre América del Norte y Europa y, al final del periodo, se fraguó el que une América del Norte y América del Sur. Durante el cenozoico, las formas de vida de la tierra y del mar se hicieron más parecidas a las existentes en la actualidad. Se termina de formar la Patagonia y el levantamiento de la cordillera de los Andes. La hierba era más prominente, y esto provocó cambios en la dentición de los animales herbívoros. Al haber desaparecido la mayoría de los reptiles dominantes al final del cretácico, el cenozoico fue la edad de los mamíferos. De esta forma, en la época del eoceno se desarrollaron nuevos grupos de mamíferos, como ciertos animales pequeños parecidos a los caballos actuales, rinocerontes, tapires, rumiantes, ballenas y ancestros de los elefantes. En el oligoceno aparecieron miembros de las familias de los gatos y de los perros, así como algunas especies de monos. En el mioceno los marsupiales eran numerosos, y surgieron los antropoides (semejantes a los humanos). En el plioceno, los mamíferos con placenta alcanzaron su apogeo, en número y diversidad de especies, extendiéndose hasta el periodo cuaternario.

Periodo cuaternario (desde hace 1,64 millones de años hasta la actualidad)
Capas de hielo continentales intermitentes cubrieron gran parte del hemisferio norte. Los restos fósiles ponen de manifiesto que hubo muchos tipos de prehumanos primitivos en el centro y sur de África, en China y en Java, en el pleistoceno bajo y medio; pero los seres humanos modernos (Homo sapiens) no surgieron hasta el final del pleistoceno. Más tarde, en
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este periodo, los humanos cruzaron al Nuevo Mundo a través del estrecho de Bering. Las capas de hielo retrocedieron al final y empezó la época reciente, el holoceno. Se inició el descenso y el retroceso continental desde el estrecho de Magallanes hasta las Antillas y se formaron ríos y lagunas.

Algo sobre la Geografía de Venezuela
El país cuenta en la actualidad con una superficie continental e insular de 912.050 km². Estos extensos territorios se expresan en una compacta superficie continental, cuya longitud máxima es de 1.493 km en dirección este-oeste y de 1.271 km en dirección norte-sur, lo que contribuye a facilitar la integración y cohesión interna. Cuenta con una amplia línea de costa, que alcanza en el mar Caribe los 2.183 km de longitud desde Castilletes al promontorio de Paria; su forma es irregular y está constituida por numerosos golfos y bahías, entre los que destacan el golfo de Venezuela y los de Triste y Cariaco, y más de 314 islas, cayos e islotes de soberanía venezolana que se extienden por el norte hasta la isla de Aves y su correspondiente zona de exclusividad económica marítima. A su vez, cuenta con 1.008 km de riberas continentales en el océano Atlántico, desde el promontorio de Paria hasta punta Playa, incluyendo el golfo de Paria, la isla de Patos y la fachada litoral del delta del Orinoco e islas adyacentes, donde destacan las bajas costas selváticas, cenagosas y cubiertas de manglares. En el territorio venezolano se combinan los imponentes relieves de la cordillera de los Andes, la cordillera de la Costa y el macizo Guayanés, con las formaciones de altitud media del sistema Coriano y las depresiones de los estados de Yaracuy y Lara, donde se encuentran las ciudades de Barquisimeto y Carora; asimismo, también se reconoce la topografía de las tierras bajas de la cuenca del lago de Maracaibo, de Los Llanos, en el sistema del delta del Orinoco, y de la llanura del río Casiquiare en el Amazonas venezolano. En el occidente del país se encuentran las tierras montañosas de los Andes venezolanos, que se dividen en la cordillera de Perijá, con su altitud máxima en el pico Tutari (3.750 m) situado en la sierra de los Motilones, y en la cordillera de Mérida, donde se ubica el punto más alto del país, el pico Bolívar (5.007 m) en la sierra Nevada de Mérida. En el norte se distingue otro importante conjunto montañoso, la cordillera de la Costa, dividida en serranía del Litoral Central, cuya máxima altitud la constituye el pico Naiguatá (2.765 m), serranía del Litoral y serranía del Interior, con su máxima altitud en el pico Turimiquire (2.596 m) en el este de la misma.
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Cercanas a la costa del mar Caribe se ubican las tierras bajas de la depresión de Maracaibo, donde se encuentra el lago de Maracaibo, una extensión hacia el interior del golfo de Venezuela. Tienen singular importancia las formaciones de tierras bajas de Los Llanos, donde se distingue entre Los Llanos altos y Los Llanos bajos, separados por la curva de nivel de los 100 metros. Los Llanos altos no son susceptibles de inundación y presentan ondulaciones originadas por la erosión fluvial; alcanzan sus máximas altitudes en el piedemonte llanero-andino, donde se reconocen suelos de gran fertilidad. Los Llanos bajos están conformados por llanuras aluviales que se inundan en la época de lluvias, convergiendo su red hidrográfica con el sistema del río Orinoco; su vegetación es de pastizales tropicales de sabana. Las formaciones del escudo o macizo Guayanés están separadas del resto del país por el amplio arco del río Orinoco y se prolongan por la Amazonia venezolana en las imponentes sierras de Parima y Pacaraima, con numerosos tepuis (en singular tepuy, nombre local que alude a mesetas tabulares) ubicados junto a la frontera con Brasil. En su extremo nororiental destacan las tierras bajas deltaicas del Orinoco. A su vez, entre las riberas del Orinoco y los 6° latitud N, el paisaje guayanés se manifiesta en llanuras con altitudes que oscilan entre los 200 y los 500 m, dominando el clima llanero y las formaciones de sabana. Al sur de este paralelo predominan grandes tepuys, entre los que destaca el Auyan Tepuy (3.000 m) que alberga el Salto Ángel, en el río Churún, afluente del Carrao, una espectacular cascada de 979 m, la más elevada del mundo. Aquí dominan las formaciones selváticas.

Algo sobre la Geo-Morfología de Venezuela.
Sobre el lago de Maracaibo.
En la actualidad cubre una superficie de 13.280 km2 y sus costas se extienden por 728 km. La profundidad máxima alcanza los 50 m. Por un canal natural de 39 km de longitud y de una anchura entre los 8 km y los 20 km, se relaciona con la bahía de El Tablazo y ésta lo hace con el golfo de Venezuela. Este lago es el mayor del mundo relacionado directamente con el mar y en su parte septentrional se registran las mareas marítimas. Las aguas de este sector son marcadamente salobres a pesar que afluyen al lago ríos de alto caudal como son, entre otros, el Catatumbo, el Chama, el Escalante, el Motatán, el Santa Ana, el Apón y el Palmar. A la bahía El Tablazo desemboca el río Limón de extenso estuario. Los orígenes del lago
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de Maracaibo se relacionan con la depresión que se originó a lo largo de un complejo proceso geológico y que se inició en el Mioceno. En el Plioceno fue cuando la depresión entre la serranía de Perijá y la cordillera de Mérida, el arco andino, llegó a una configuración muy semejante a la actual, ocupando el lago la porción más baja. Los ríos que afluyen al lago fueron dibujando su perímetro en el cual se destaca el gran delta de suelos empantanados formado por los ríos Escalante, Catatumbo y Santa Ana. Este delta prosigue en su avance lago adentro. Las precipitaciones se incrementan intensamente de N a S pasando de medias anuales de 570 mm a 2.550 mm. Los vientos alisios cruzan la superficie lacustre de NE a SO. La temperatura media que al norte alcanza los 28,3 °C, al sur es de 27,5 °C debido a la mayor nubosidad. Desde el lago y hacia el SO, puede verse en muchas noches un continuo centelleo en las altas capas atmosféricas: fenómeno llamado el «Relámpago del Catatumbo».

Sobre El Pico Bolívar.
Es la cumbre más alta de Venezuela (5.007 m). Situado en el surco central de la Sierra Nevada de Mérida en los Andes venezolanos; son éstos formaciones del Precámbrico con sedimentaciones hacia el final del Eoceno y de violenta orogénesis posterior hasta el Cuaternario, cuando los glaciares le dan su aspecto característico a los valles de la cordillera. Modernas mediciones por medio de satélites, han dado una altura para el pico Bolívar de 4.980 m, aunque la cifra oficial continúa siendo en Venezuela la de 5.007 m. El pico Bolívar está en el macizo llamado de La Columna, junto a los picos El León (4.743 m) y El Toro (4.695 m).

Sobre el río Orinoco
Es el mayor río de Venezuela. Tiene una longitud de 2.063 km y su hoya comprende superficies de Venezuela y Colombia; cubre 880.000 km2; nace a 1.047,35 m de altitud en la frontera con el Brasil, y desde sus inicios se le añaden otras corrientes. Las coordenadas geográficas son: 2° 19,05' 7" latitud N y 63° 21' 42,63" longitud O. El recorrido del Orinoco forma un gran arco debido al macizo guayanés y al encontrarse con el cerro Delgado Chalbaud, el río toma rumbo al NO y hasta Santa María de los Guaicas es una corriente constantemente interrumpida por saltos y raudales; en este primer tramo recibe, entre otras aguas, las del río Ugueto. Al penetrar a las tierras bajas, se le desprende el caño Casiquiare, el cual le sustrae aguas que traslada al río Guainía-Negro, un afluente del Amazonas. Este brazo Casiquiare es uno de los casos más extraordinarios en el mundo de una
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captura de aguas; la pérdida de este cuantioso caudal, es compensada por las que el Orinoco recibe de los ríos Ocamo, Matacuni, Padamo y Maraca; y a continuación de la salida de aguas del caño Casiquiare, le afluyen los ríos Cunucunuma y Ventuari entre otros. La afluencia del Ventuari se realiza en un sector rocoso y no de materiales aluvionales, que recibe impropiamente el nombre de delta del Ventuari. El río Atabapo se une al Orinoco por el S en San Fernando de Atabapo; y desde esta afluencia el gran río toma el rumbo N; prosigue su marcha arqueando algo su curso hasta donde le afluye, por el O, el río llanero de Apure. En este trayecto se hallan los raudales de Maipures y Atures que impiden toda navegación al alto Orinoco. Entre San Fernando de Atabapo y la boca del Apure, el Orinoco se incrementa con los abundantes caudales de los ríos Guaviare, Vichada y Tomo provenientes de los llanos colombianos y por el río Meta que por largo trecho hace de frontera entre Venezuela y Colombia; a continuación del mismo, y siempre por el O, le aportan sus aguas los ríos Cinaruco, Capanaparo, Arauca y Apure. El cauce de este último es la prolongación hacia occidente de la directriz del cauce del Orinoco hasta su desembocadura en el Atlántico; se puede, pues, hablar del sistema fluvial Orinoco-Apure. El alto nivel de las aguas del Orinoco durante la época de lluvias, ascendente a partir de septiembre, actúa de dique acuoso que frena la salida de las aguas de los ríos últimamente citados por lo cual éstas represan e inundan los llanos bajos del estado Apure. Las montañas que constituyen el macizo guayanés avenan al Orinoco, excepto las que rodean la cuenca del Cuyuní, que lleva sus aguas al río Esequibo en tierras de la zona en reclamación. De los afluentes guayaneses del Orinoco se destacan el Suapure, Cuchivero, Caura, Aro y Caroní. Debido al relieve pronunciadamente escalonado del macizo guayanés, todas estas corrientes tienen que vencer fuertes desniveles que originan gran número de raudales y saltos. Las formaciones tabulares de los tepuyes proporcionan caídas de aguas grandiosas en diversos afluentes de los mencionados ríos: el Churún Merú (salto Ángel) en la región de Canaima, tiene una caída libre de 979 m y es el más alto del mundo. En la misma región están la catarata de Canaima; en el bajo Caroní, el salto de la Llovizna; en el Carrao, el salto del Hacha, y otros muchos. Antiguas culturas precolombinas tuvieron su asiento a orillas del Orinoco, como lo demuestran los hallazgos arqueológicos de Barrancas. El río era conocido por los indígenas como Huyaparí, Uriaparia o Barraguán. Su existencia fue presumida por Cristóbal Colón, en 1498, en su tercer viaje, cuando recorría las costas de Trinidad y Paria; la fuerza de la corriente hacía dulces las aguas del mar aun sin estar a la vista de tierra, por lo cual el

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Almirante supo de la existencia de un enorme río aun sin verlo. Vicente Yáñez Pinzón lo avistó en 1500 y, hacia 1516 un aventurero y esclavista español, Juan Bono de Quejo, recorrió por primera vez los caños del delta. Fue, empero, Diego de Ordaz quien penetró por primera vez en él en junio de 1531. Los conquistadores vieron en el Orinoco una vía que facilitaba la penetración hacia el interior del continente. Es muy posible que cuando Nicolás de Federmann en 1530 salió de Coro en busca del «Mar del Sur», al preguntar por éste a los indios de tierra adentro, éstos, al nombrar la Gran Agua, se refirieran al Orinoco. A Ordaz le siguieron Gerónimo de Ortal y Alonso de Herrera en 1553 y aunque se dice que llegaron hasta el Meta, no se tiene la certidumbre de ello. Lo que sí es verdad es que surgió en esta época el mito de El Dorado, que sirvió para que otros se aventuraran a surcar el río. Hubo refriegas con los indígenas, lo cual retrasó por un tiempo el reconocimiento del río a partir de sus desembocaduras. BIBLIOGRAFÍA: ANDUZE, PABLO J. Shailili-ko: relato de un naturalista que también llegó a las fuentes del Orinoco. Caracas: Talleres Gráficos Ilustraciones, 1960; descubrimientos del Orinoco. Caracas: Ministerio de Educación, 1952; WICKHAM, HENRY A. El Orinoco en dos direcciones: relatos de viaje de sir Henry Alexander Wickham, 1869- 1870 y Jules Crevaux, 1880-1881. Caracas: Organización Orinoco, 1988.

Sobre el Salto Angel.
Denominado Churún Merú por los indígenas pemones de la Gran Sabana (Edo. Bolívar) que significa, en lengua pemón, cascada del Merú. Geológicamente el Auyantepuy es una meseta de arenisca (gneis y granito) enclavada en el macizo occidental del Escudo Guayanés, cuyo origen es una altiplanicie prepaleozoica y paleozoica, orientada de E a O y con inclinación N; durante las eras geológicas, las corrientes fluviales erosionaron la altiplanicie hasta formar las típicas mesetas tabulares propias de la región; el tepuy tiene una altura máxima de 2.450 m elevándose sobre el valle de Camarata, con 35 km de largo en dirección SE-NO, y 25 km de ancho; está enmarcado entre los ríos Carrao al N y O; Kukurital al E; y el Aicha al S. El salto se origina en la caída de una corriente que según la toponimia indígena debería llamarse Kerepa-kupa-merú o Pare-kupa-merú (salto o caída hasta el fondo del pozo o de la laguna o pozo). Tradicionalmente se ha supuesto que es el río Churún, que también nace en

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la cima del tepuy y es un afluente del río Carrao pero en realidad se origina en otro, situado a unos 10 km al S del salto Ángel. Debido a las continuas precipitaciones lluviosas y a la ligera inclinación de la meseta, cae en forma de cascada por la pared NE de la misma y por su gran altura, llega al suelo en forma de lluvia torrencial; aquí vuelve a formarse esta corriente, que poco después desemboca en el Carrao, afluente a su vez del Caroní.

Sobre el cerro Ávila. (Guaraira-Repano)
Situado en la cordillera de la Costa, limita al N con el mar Caribe y al S con el valle de Caracas y la serranía del Interior. Se le conoce también como Silla de Caracas, por su forma característica. Geológicamente es parte del sistema orográfico central, situado entre las depresiones Turbio-Yaracuy al occidente del país y Unare al oriente. Está constituido por formaciones rocosas originadas en el cretáceo o precretáceo, sumergidas posteriormente y vueltas a emerger en el terciario, por los empujes geotectónicos que también originaron los Andes y el sistema Coriano. La erosión transformaría las elevaciones en plenillanuras, que, a su vez, sufrieron plegamientos y serían afectadas por las corrientes de agua y la continua actividad orogénica, que le dieron a la cordillera el aspecto actual. Las rocas que la constituyen son gneis microclínicos y esquistos y conglomerados muscovíticos, cuarcíferos y graníticos. Tiene también intrusiones de rocas ígneas ácidas (granitos). La mayor altura la constituye el pico Naiguatá (2.765 m), seguido de la Silla (2.640 m) y el Ávila (2.159 m); estos 2, conocidos también como picos oriental y occidental respectivamente. Presenta variaciones de temperatura que van desde los 27 °C a nivel del mar, hasta los 5 °C en las alturas máximas; su clima es húmedo, cálido-templado de altura tropical y las precipitaciones promedio anuales oscilan entre los 600 mm y los 1.400 mm. En las zonas boscosas crecen apamates, ceibas, bucares, copeyes, zamuros, urapes, acacias, amarillos, helechos arborescentes y palmeras. Abundan las orquídeas, helechos, bromeliáceas, aráceas, peperonmias, generiáceas, rubiáceas y mustáceas. A la llegada de los españoles estaba habitado por Aborígenes denominados Caracas, Toromaimas y Mariches, de nación Caribe y Aruaca. El nombre que le daban a la montaña era Guaraira-Repano. La denominación de Ávila se origina en Gabriel de Ávila, alférez mayor de campo, uno de los fundadores de Santiago de León de Caracas, quien tuvo
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las tierras que iban desde la falda del cerro hasta la cumbre; conocida como Estancia de los Ávila, cerro o montaña de Ávila, el apellido se convirtió en topónimo. De la montaña bajan al valle de Caracas pequeñas corrientes de agua como la quebrada Catuche, que le daba nombre indígena a aquél: Catuchacuao, asiento de los toromaimas y la quebrada Caroata, entre las cuales se fundó la ciudad de Santiago de León.

Sobre la Cueva del Guácharo.
Monumento natural localizado cerca del pueblo de Caripe al norte del estado Monagas, con 10.650 m de desarrollo conocido y uno de los más singulares del mundo debido a sus características excepcionales. Su entrada se encuentra a 1.066 m de altitud y presenta en su parte interior una temperatura casi constante de 19 °C. La caverna tiene 2 grandes sectores: uno de unos 1.500 m de longitud, formado por los salones de Humboldt, del Silencio y Precioso. Está recorrido por un riachuelo cuyo extremo más cercano es la poza de Humboldt, y el tercero, ornamentado con extrañas y hermosas formas producidas por el gotear del agua subterránea. El otro sector, denominado Cuarto del Viento, mide unos 9.150 m y lo integran innumerables galerías entre las que sobresalen el Paso del Viento, el Cuarto de la Piedra del Mecate, el Cuarto del Chorro, el Cuarto del Derrumbe, el Salón de Alén, el Paso de las Bóvedas, el Paso de los Cuchillos, la Galería de los Italianos, el Paso de las Lanzas y el Gran Cañón. En este sector se encuentran las formaciones geológicas más admirables e interesantes de la parte explorada. Se tienen noticias de que la caverna era visitada por los indios chaimas desde época remota con el fin de capturar los pichones de los guácharos para quitarles la grasa y elaborar una manteca muy apreciada; además, se sabe que éstos tenían la creencia de que al morir sus almas se recluían en el interior de la cueva.. Luego, en 1799, estuvieron en ella Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland, quienes se introdujeron unos 472 m. Humboldt consigna sus observaciones en su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, donde estudia el guácharo, ave nocturna y granívora, la clasifica como del género Steatornis caripensis y suministra noticias sobre su aspecto físico, características y costumbres

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Cronología Estimada:
20.000 años AC. Grupos humanos cruzaron al Nuevo Mundo a través del
estrecho de Bering. Las capas de hielo retrocedieron al final y empezó la época reciente, el holoceno. Se inició el descenso y el retroceso continental desde el estrecho de Magallanes hasta las Antillas y se formaron ríos y grandes lagunas.

15.800 años AC. Grupos humanos provenientes del Norte llegan al Golfo
de Venezuela a lo que es hoy el litoral Falconiano a través del Istmo de Panamá, la Costa del caribe Colombiana y la Guajira.

14.000 años AC. El Noroeste de lo que es hoy Venezuela comienza a ser
poblado- Grupos de Cazadores y Recolectores se extienden por tierras de los actuales estados Falcón, Lara y Zulia-

12.000 años AC. Los cazadores nómadas elaboran instrumentos con
piedras (hachas ovaladas y puntas de flechas), utilizando materiales existentes en las canteras del río Pedregal al Sur del estado Falcón.

10.000.años AC. El numero de cazadores se ha multiplicado en el
Noroeste- Bandas de ellos se movilizan por extensas áreas persiguiendo a los grandes animales del Pleistoceno. Gliptodontes, Mastodontes, Megaterios, Jaguares gigantes, Tigres dientes de sable, Conejos etc-

9.000.AC. Al Sur de lo que será el valle de Caracas, las abundantes lluvias
de finales de la ultima Glaciación han rellenado grandes depresiones formando inmensas laguna en lo que hoy se conoce como Plaza Venezuela, Av. Páez del Paraíso y en la Av. Los Ilustres-

8.000.AC. Los grupos de recolectores marinos comienzan a extenderse por
las costas de Falcón hasta Sucre y se produce un aumento de población debido a lo favorable de las condiciones climáticas y alimentarías-

7.000.AC. Gente de hable Caribe se expande por Guayana y Surinam,
dominan el cultivo de la Yuca. Algunos yacimientos Líticos encontrados en la Gran Sabana lo demuestran-

4.300 AC. Grupos de recolectores se establecen en las zonas de los
manglares de Paría.

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4.000.AC. Los grupos de recolectores necesitan un medio de transporte
para desplazarse entre los caños, extraen parte de las cortezas de los árboles y les dan forma de embarcaciones.

Sobre las familias indígenas.
Obviamente, antes de la llegada de Colón ya existía una organización social entre los indígenas venezolanos; por lo tanto, en la medida en que las comunidades lograron una unidad étnico-cultural, se inició el proceso de formación de la nación venezolana. Desde el punto de vista de la agrupación lingüística, el etnólogo Miguel Acosta Saignes distinguió 10 áreas que aquí se resumen: área de la costa caribe, desde Paria hasta Borburata, comprende tres subáreas: de los cumanagotos, los palenques y los caracas; área de los ciparicotos, que aparecen como una inclusión entre pueblos caquetíos; área de los arawakos occidentales, comprende los caquetíos (estados de Falcón, Lara y Yaracuy, y los llanos de Apure); área de los jirajaras, comprende a los jirajaras, ayamanes, axaguas y gayones; área de La Guajira y del lago de Maracaibo, en la que aparecieron sólo grupos de cazadores-recolectores y pescadores en el siglo XVI; área de los caribes occidentales, comprende a los pemones, bobures y motilones; área de los Andes venezolanos, comprende a los timoto-cuicas; área de los recolectores, incluye a los actuales guaraúnos del delta del Orinoco y a los cazadores-recolectores y pescadores de Los Llanos hasta los estados de Portuguesa y Lara; área de los otomacos, incluye a los otomacos, guamos, taparitas y yaruros; área de Guayana, engloba todo el territorio al sur del Orinoco. Si bien los indígenas venezolanos no trabajaron los metales como en otras regiones, en cambio sí destacaron en la agricultura, particularmente los andinos, que cultivaron con éxito la papa (patata), el maíz, la yuca y otros frutos que de inmediato fueron asimilados por la gastronomía europea. El hombre venezolano tiene una existencia de aproximadamente 16 siglos, como quiera que la historia de Venezuela no comienza con la llegada de las naves de Cristóbal Colón, sino con el arraigo del llamado Homo venezuelanensis que ha venido evolucionando, lentamente en los primeros años, y luego arrolladora y definitivamente incorporado al progreso y a la civilización occidental a partir del mestizaje.El hombre venezolano, tal como respira, vive, siente y actúa en nuestros días, se viene formando desde el siglo XVI.

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Sobre las primeras migraciones.
A grandes rasgos, podría decirse que los indígenas americanos probablemente descendieran de los pobladores asiáticos que emigraron a través de la lengüeta de tierra del estrecho de Bering durante el periodo cuaternario, que se inició hace unos 30.000 años. Según los testimonios de las migraciones humanas, los primeros pueblos que se desplazaron hacia el continente americano, procedentes del noreste de Siberia hacia Alaska, portaban utensilios de piedra y otras herramientas típicas de mediados y finales del periodo paleolítico de la edad de piedra. Estos pueblos probablemente vivían en grupos de unos 100 individuos, pescando y cazando animales como venados y mamuts. Eran nómadas y trasladaban su campamento unas cuantas veces al cabo del año para aprovechar los alimentos de cada estación. Es probable que se reunieran durante algunas semanas con otros grupos con el fin de celebrar ceremonias religiosas y realizar trueques de productos, además de intercambiar información. Al parecer, los primeros asentamientos se ubicaron en Alaska y más tarde fueron desplazándose hacia el interior del continente americano. Los hallazgos de las primeras migraciones son muy escasos. Los testimonios que se desprenden del estudio comparativo de las lenguas indígenas, así como del análisis de algunos materiales genéticos, sugieren la posibilidad de que estas migraciones tuvieran lugar hace unos 30.000 años. Algunas pruebas más directas, procedentes de yacimientos arqueológicos, sitúan esa fecha algo más tarde. Por ejemplo, en el Yukón, en el actual Canadá, se han descubierto utensilios de hueso cuya antigüedad ha quedado fijada en el 22.000 a.C. mediante las técnicas de carbono radiactivo. Los restos de hogueras descubiertas en el valle de México datan del 21.000 a.C.; se han hallado algunas lascas de herramientas de piedra cerca de ellas, lo cual determina la presencia humana en aquella época. En una cueva de la cordillera de los Andes peruanos, cerca de Ayacucho, los arqueólogos han hallado utensilios de piedra y huesos de animales triturados, cuyo origen se ha datado en el 18.000 a.C. Otra cueva de Idaho, Estados Unidos, contiene restos parecidos que datan del 12.500 a.C. En ninguno de estos yacimientos aparecen objetos o herramientas con un estilo diferenciado. El único objeto hallado que sí tiene un estilo propio apareció hacia el 11.000 a.C. y se conoce como puntas ‘clovis’, tipo de punta de jabalina de base cóncava y con acanaladuras en una o dos de sus caras.

Sobre los antiguos pobladores.
Se calcula que en el momento de los primeros contactos con los europeos el continente americano estaba habitado por más de 90 millones de personas:
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unos 10 millones en el actual territorio de Estados Unidos y Canadá, 30 millones en México, 11 millones en Centroamérica, 445.000 en las islas del Caribe, 30 millones en la región de la cordillera de los Andes y 9 millones en el resto de Sudamérica. Estas cifras de población corresponden a estimaciones muy relativas (algunas fuentes citan magnitudes mucho menores), ya que resulta imposible dar cifras exactas. Cuando los europeos empezaron a realizar los primeros registros, la población indígena ya se había visto diezmada por las guerras, el hambre, los trabajos forzosos y las epidemias de enfermedades introducidas por los europeos.

Algo sobre los primeros pobladores de Sudamérica
Las áreas culturales de Sudamérica abarcan desde la parte inferior de Centroamérica —el este de Honduras, Nicaragua y Costa Rica— hasta el extremo meridional de América del Sur. Cabe distinguir cuatro áreas principales: 1) la parte norte de Sudamérica y el Caribe; 2) los Andes centrales y meridionales y la costa adyacente del Pacífico; 3) la selva tropical del este de Sudamérica, y 4) la Sudamérica meridional, un área que alberga sólo a pueblos nómadas de cazadores-recolectores. La parte norte de Sudamérica y el Caribe El área cultural de la parte norte de Sudamérica y el Caribe incluye tierras bajas de selva, sabanas cubiertas de hierba, la parte septentrional de la cordillera de los Andes, algunos territorios áridos del oeste de Ecuador y las islas del Caribe. Debido a su ubicación geográfica, la región podría prestarse a servir de vínculo entre las grandes civilizaciones de México y Perú, pero por la dificultad que entrañan los desplazamientos por tierra a través de la selva y las montañas de la parte baja de Centroamérica, los contactos precolombinos entre Perú y México se desarrollaron sobre todo por mar, desde el golfo de Guayaquil en Ecuador hasta los puertos occidentales de México. Los pueblos indígenas de la parte norte de Sudamérica y el Caribe vivían en pequeños estados independientes. Aunque comerciaban directamente con México y Perú a través de Ecuador, estos grandes imperios nunca entraron en contacto con ellos.

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cazadores en la zona ya en el 9000 a.C.; otros testimonios sugieren que en la zona septentrional ya existían habitantes hacia el 18.000 a.C. El estilo arcaico de vida se prolongó desde los tiempos de la desaparición de los mastodontes y los mamuts, en el periodo Clovis, hasta el 3000 a.C. aproximadamente. En esta época, los moradores de los poblados desarrollaron el cultivo del maíz en Ecuador y de la mandioca en Venezuela, además de que prosperó la alfarería. Con fecha posterior fueron colonizadas por primera vez las islas del Caribe. Hacia el 500 a.C., en las ciudades de algunas áreas del norte de Sudamérica aparecieron estilos locales específicos de escultura y metalistería. El crecimiento de la población y el progreso tecnológico prosiguieron hasta que los españoles conquistaron esta región; por entonces, los reinos Chibcha de Colombia ya eran célebres por su exquisita artesanía en oro. En el entorno del mar Caribe, los pequeños grupos como los misquito de Nicaragua, los cuna de Panamá y los arawak y caribe de las islas se dedicaban a la agricultura y la pesca en las proximidades de sus poblados; los caribes también vivían a lo largo de la costa de Venezuela. Estos pueblos practicaban un estilo de vida más sencillo que el de los pueblos de los estados septentrionales andinos.

Algo sobre la selva tropical
Se cree que los territorios bajos de la selva en el este de Sudamérica fueron colonizados después del año 3000 a.C., ya que los arqueólogos no han encontrado rastros de pueblos anteriores. La población siempre fue relativamente escasa, concentrada en las orillas de los ríos, de donde
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obtenían sus alimentos y plantaban diversos cultivos, incluidas algunas plantas alucinógenas para celebrar sus ceremonias religiosas, que además exportaban hacia el Perú. Aunque cazaban animales como los tapires y los monos, la selva protegía a muy pocas especies. No había grandes ciudades y la gente vivía en poblados de chozas. Apenas llevaban vestimenta, debido al calor húmedo, pero tejían telas de algodón y se adornaban con pinturas corporales. Entre la multitud de pequeños grupos del área cultural de la selva tropical se encuentran los makiritares, yanomami, bororó, botocudo, tapuya, mundurucu, tupinambá, shipibo y cayapó. En la parte septentrional de la selva tropical habitan algunos grupos de lengua arawaka y caribe. Aunque los grupos de la selva tropical hoy conservan gran parte de su tradicional forma de vida, padecen enfermedades importadas por los europeos, así como la destrucción de su territorio por parte de los granjeros, madereros, mineros y empresas de explotación agrícola.

Algo sobre el Período Prehispánico
Una de las metas de la arqueología es la reconstrucción de la historia cultural de los pueblos antiguos. A un nivel muy general, se ha podido delinear una secuencia de desarrollo evolutivo, en la cual el hombre se inicia en el pasado muy remoto como cazador-recolector con una tecnología muy sencilla. Después de varios millones de años de evolución física y cultural, el hombre perfeccionó sus posibilidades adaptativas a tal punto que llegó a poblar todas las regiones de la tierra, incluyendo las zonas afectadas por las glaciaciones durante el Pleistoceno. Hace unos 10.000 años, se iniciaron cambios climáticos que condujeron lentamente a las condiciones actuales y muchas sociedades de cazadores tuvieron que adaptarse a un nuevo régimen alimenticio debido a la violenta extinción de la megafauna. Hubo en este período de readaptación una tendencia hacia la utilización de nuevos recursos tales como los alimentos marinos, fluviales, plantas silvestres y cacería menor. El hombre desarrolló nuevas tecnologías para mejorar la explotación de estos recursos en los diferentes medio ambientes (costa, desierto, selva, sabana, montaña o bosque). La observación de los ciclos de vida de los animales y vegetales, así como la adopción de hábitos más sedentarios, le permitieron la explotación de ciertos recursos abundantes, como los moluscos y algunos granos silvestres. Esto también condujo a la experimentación con la agricultura y un lento proceso de domesticación de plantas y animales. Como consecuencia de este proceso, se dio un marcado incremento de la población, una mayor sedentarización, el establecimiento de aldeas y un aumento en el

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ajuar tecnológico que incluye la aparición de la cerámica, los tejidos en telar y el trabajo en metal. Posteriormente, en ciertas áreas del mundo, hubo una tendencia hacia la concentración de la población en centros urbanos y el surgimiento de sociedades políticamente jerarquizadas, que se caracterizaban por una arquitectura monumental, economía de mercado, religiones estatales, militarismo e imperialismo e innovaciones tales como sistemas de riego a gran escala, escritura y estudios astronómicos. Para facilitar la descripción de ese tipo de desarrollo evolutivo del hombre, se han creado varios sistemas clasificatorios que dividen la historia en etapas, eras, edades o épocas. Para Europa es bien conocido el esquema que divide la historia cultural en 5 etapas: Paleolítico, Mesolítico, Neolítico, Edad de Bronce y la Edad de Hierro. En el Nuevo Mundo, se han propuesto otros esquemas parecidos, tal como el de Willey y Phillips: Lítico, Arcaico, Formativo, Clásico y Post-Clásico. En este trabajo de investigacion se seguirá la formulación propuesta por José María Cruxent e Irving Rouse en su obra de 1961, una Cronología arqueológica de Venezuela, de 4 etapas denominadas Paleo-Indio (20.000 a. C.-5.000 a. C.), Meso-Indio (5.000 a. C.-1.000 a. C.), Neo-Indio (1.000 a. C..-1.500 d. C..) e Indo-Hispano (1.500 d. C.- presente) no obstante, es preciso tener en cuenta que son divisiones cronológicas aproximadas. Tal es el caso en Venezuela, donde para el momento del contacto, algunas sociedades como los waraos todavía mantenían una subsistencia en base a la recolección, debido a la riqueza de recursos silvestres que les brindaba el delta del Orinoco, mientras que otros grupos derivaban su principal sustento de la agricultura. Los logros tanto materiales como intangibles de los aborígenes venezolanos fueron el resultado de milenios de adaptación a su medio ambiente natural y social.

El Paleo-Indio: 20.000 a. C. - 5.000 a. C.
Esta época tiene sus comienzos con la entrada del hombre en el continente americano desde Siberia durante la última era glacial. La proveniencia asiática de los aborígenes americanos se comprueba por evidencias genéticas, lingüísticas, osteológicas y odontológicas. Algunas investigaciones recientes demuestran, por ejemplo, que la morfología dental de las poblaciones autóctonas de las Américas tiene mayor relación con la de grupos asiáticos septentrionales que con otros de procedencia europea. Esta misma evidencia apoya un poblamiento en 3 oleadas distintas: una muy antigua correspondiente a una primera oleada de cazadores, otra más reciente que se relaciona con los Na-Dene (un grupo lingüístico del noroeste de los Estados Unidos y Canadá)
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y una última oleada migratoria que corresponde a los esquimales aleutianos, quienes tienen la mayor similitud física con sus parientes asiáticos. La primera de estas migraciones se difundió desde el estrecho de Bering hasta el extremo meridional de Suramérica en un largo proceso de movimiento y adaptación a nuevos medio-ambientes. Aparentemente, ya eran hombres evolucionados, con suficientes conocimientos tecnológicos para enfrentarse a las severas condiciones climáticas producidas por la era glacial: tenían que saber construir refugios, elaborar ropa y calzado adecuados para el frío, tener conocimientos sobre medios de transporte para atravesar la nieve, hielo y agua, y poder procurarse alimento y agua aun en las condiciones más severas. Para llegar a América desde Asia, pudieron haber aprovechado el puente de tierra expuesto durante una de las culminaciones del último período glacial (aproximadamente 70.000-10.000 años antes del presente), cuando el nivel del mar era más bajo debido a que las aguas habían sido retenidas durante el crecimiento de las grandes masas de hielo polar. La fecha de entrada del hombre a América es un asunto controversial. Algunos investigadores consideran que existe evidencia que indica la presencia del hombre hace más de 70.000 años en la zona de Beringia. Otros, quienes dudan de la veracidad de los artefactos hallados, o de su contexto de deposición, consideran que las fechas más aceptables son del orden de 20.000 años como máximo (el último máximo glacial ha sido fechado consistentemente como alrededor de 18.000 años antes del presente). La evidencia lítica asociada a esta etapa hipotética, ha sido denominada industria de núcleo y lasca y consta de artefactos de piedra hechos por percusión, o sea, golpeando una piedra contra otra (el núcleo) a fin de lograr un filo cortante tosco, y a la vez, obtener lascas que sirven para cortar y raspar. Estos instrumentos se utilizaban, a su vez, para fabricar otros utensilios, probablemente de hueso o madera. Se han hallado numerosos yacimientos con artefactos de este tipo en Norte, Centro y Suramérica; sin embargo, debido al aspecto rudimentario de los instrumentos, se ha dudado de su autenticidad atribuyendo a factores naturales su apariencia, o en otros casos, sugiriendo que representan resultados de una primera etapa en la manufactura de instrumentos más sofisticados, que fueron desechados por presentar fallas o errores. Las hipótesis que favorecen la posibilidad de un poblamiento muy antiguo proponen, además, que la tecnología lítica tuvo una evolución local en América, posiblemente con influencias de oleadas posteriores desde Siberia, hasta perfeccionar la técnica de la formación de artefactos con la técnica de la presión. Con esta técnica, se pueden obtener formas tales como las puntas de proyectil bifaciales (trabajados por ambos lados) que son tan comunes en toda América a partir de 14.000 años antes del presente. Estos son los primeros
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artefactos que los arqueólogos que apoyan la posición de una entrada tardía, aceptan como evidencia incontrovertible de la presencia del hombre en este continente Tal como en otras partes del continente, las condiciones que prevalecían en Venezuela durante el Pleistoceno eran muy distintas a las actuales. El nivel del mar era más bajo y en consecuencia, existía una mayor extensión de costa: inclusive, lo que hoy es Trinidad formaba parte del continente suramericano. Aunque no existieron en esta parte del hemisferio masas de hielo como las que ocuparon extensas áreas del norte, la temperatura era más baja y hubo cierta formación glacial en los Andes y la cordillera de la Costa en Venezuela. Se ha propuesto que hubo considerable fluctuación en cuanto a la pluviosidad, la cual influyó para que regiones que hoy en día son muy áridas, tales como la costa de Falcón, hubiesen sido más húmedas durante la última glaciación, lo cual favorecía una abundante población de megafauna. Entre los ejemplares de megafauna ya extinta que se han hallado en Venezuela se cuentan eremotherium sp., glossotherium sp., haplomastodon sp., equus sp. y glyptodon sp. Por otra parte, existen indicios de que la región amazónica estuvo sujeta a ciclos de aridez y humedad durante esta misma era, lo cual afectó la distribución de las múltiples especies de fauna y flora tan características de esa área. Como el hombre tuvo que atravesar el istmo de Panamá para llegar por vía terrestre a Suramérica, no es sorprendente que en Venezuela se hayan encontrado algunas de las evidencias más tempranas del hombre en el continente. Siguiendo el modelo propuesto en 1983 por Alan Bryan, los primeros pobladores de Venezuela entraron con una tecnología tipo núcleo y lasca compuesta de artefactos rudimentarios unifaciales diseñados para trabajar la madera, fibra, hueso, cuero y concha. Además de estos núcleos, las lascas que se obtenían al golpear las piedras se modificaban después para utilizarlas como cuchillos y raspadores. El sitio de El Muaco (Edo. Falcón), excavado por José María Cruxent, ha arrojado fechas de 16.870 años antes del presente, para huesos de megafauna quemados que fueron encontrados cerca de otros que presentaban incisiones aparentemente hechas por el hombre cuando utilizó el hueso como una plataforma para cortar. Esta evolución tecnológica es especialmente evidente en la secuencia de El Jobo (Edo. Falcón) tal como lo ha interpretado José María Cruxent. En este sitio, localizado en el valle del río Pedregal, existen varias terrazas geológicas que se formaron en diferentes épocas, las cuales se asocian con artefactos líticos distintivos, clasificados por Cruxent en 4 complejos: Camare, Las Lagunas, El Jobo y Las Casitas. Aparentemente estos yacimientos son mataderos ya que los únicos artefactos encontrados servían para la caza y descuartizamiento de la presa, sin estar
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asociados con restos de habitación ni cementerios. Las armas más antiguas asociadas con la cacería (aproximadamente 20.000-22.000 antes del presente) y provenientes de este yacimiento y de otros de Manzanillo (Edo. Zulia) de Tupukén (Edo. Bolívar) indican la práctica de una cacería directa en la cual varios cazadores, después de aislar uno o más animales, les darían muerte con palos afilados y a golpes con artefactos de piedra enmangados. También es posible que estos artefactos fueran empleados para la extracción de raíces y tubérculos. Los nuevos artefactos, o litos alargados trianguloides, son típicos del complejo Las Lagunas (16.000-22.000 antes del presente); Cruxent presume que iban atados en forma de lanza o azagaya y se utilizaban para la cacería semidirecta ya que su peso facilitaba el lanzamiento y la perforación del cuero del animal. La siguiente innovación en la tecnología lítica, asociada con el complejo El Jobo (16.000-9.000 antes del presente), es la introducción de la punta de proyectil en forma de dardo y el ingenioso propulsor que, actuando como una prolongación de la palanca constituida por el brazo y antebrazo, permitía un aumento considerable en la velocidad, la precisión y el alcance del proyectil. Sin embargo, la megafauna seguía siendo objeto de la cacería de estos paleo-indios, tal como lo indica la evidencia proveniente del sitio de Taima-Taima (Edo. Falcón). En este yacimiento se encontraron artefactos similares a los del complejo El Jobo, en asociación directa con el esqueleto de un joven mastodonte que fue muerto y descuartizado in situ. Las fechas obtenidas de fragmentos de madera oscilan entre 12.980 y 14.200 antes del presente. Esto demuestra que una tecnología especializada para la cacería de megafauna estuvo presente en Suramérica más de un milenio antes que la evidencia disponible actualmente para una tecnología similar en Norteamérica, y sugiere que se dio una evolución independiente de esas 2 tradiciones líticas. La aparición de las puntas de flecha (alrededor de 9.000 años antes del presente) en el complejo Las Casitas, que probablemente se usaban con el arco, refleja los cambios climáticos y ambientales que culminaron con la extinción de la megafauna y la consiguiente necesidad del hombre de buscar nuevas fuentes alimenticias. El arco y la flecha facilitan la caza de animales pequeños, aves y peces, presas que al parecer eran poco explotadas en épocas anteriores. Las sociedades de esta época probablemente se organizaban en bandas compuestas de 100 a 500 personas. Estas bandas estaban integradas por microbandas, o familias extendidas de 12 a 35 personas, las cuales eran las unidades sociales básicas; a cada una de éstas pertenecían suficientes hombres maduros (4-5) como para llevar a cabo estrategias de cacería en grupo, tales como emboscadas, seguimientos, etc. Además, los hombres
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probablemente se encargaban de la manufactura de los instrumentos de piedra y de los otros artefactos necesarios para el campamento. Por su parte, las mujeres de la microbanda se encargaban de recolectar frutos, semillas y raíces para complementar la dieta. También tenían a su cargo la crianza de los niños, la preparación de las comidas y posiblemente la manufactura de la vestimenta. Aunque nadie tenía el derecho de mandar a los demás, la gente mayor era muy respetada por su sabiduría y conocimiento. La tradición oral recogía esta sabiduría en forma de mitos y leyendas cuyo relato, además de un entretenimiento, aseguraba la preservación de la memoria. También los chamanes o especialistas en ritual y curación, eran miembros venerados de la comunidad. La microbanda se desplazaba sola la mayor parte del año, siguiendo a los rebaños de la megafauna y explotando las diferentes fuentes de alimento vegetal según la abundancia estacional. Es probable que en ocasiones se reunieran todas las microbandas para la celebración de ciertos ritos y para compartir información acerca de la cacería, recolección y, no menos importante, sobre los miembros y actividades de las diferentes microbandas y bandas vecinas. Estas ocasiones servían, además, para formar matrimonios entre miembros de diferentes microbandas, ya que la exogamia (matrimonio fuera de la comunidad) era común en este tipo de sociedad. Este modo de vida, aunque nómada, proporcionaba una base de subsistencia amplia y variada. Estudios recientes sobre sociedades de cazadores-recolectores demuestran que con poca inversión de trabajo (un promedio de 4 horas diarias) en actividades de subsistencia se consigue una dieta balanceada con un contenido calórico suficiente. Sin embargo, un modo de producción dominado por la extracción de recursos silvestres impone la movilidad constante; este nomadismo evita la sobre-explotación de recursos. Por eso, es evidente que la cultura material de este tipo de sociedad esté limitada a lo que es fácil transportar. De igual forma, este modo de vida está relacionado con ciertas medidas sociales que facilitan dicha movilidad; entre éstas se destacan el control de la natalidad para evitar que una mujer tenga que cargar más de un hijo a la vez y el geriacidio e infanticidio (muerte de ancianos y niños pequeños) en casos de deformaciones o enfermedades que impedían el traslado normal. A pesar de su limitada cultura material, tenemos alguna evidencia de aspectos de la cosmovisión y expresión artística de estas sociedades paleo-indias. Nos han dejado grabados en hueso y piedra con escenas de cacería y de otros episodios de la vida cotidiana y ceremonial. Sin embargo, debido a su abstracción, algunos son difíciles de interpretar. Por otra parte, son tan difundidos y comunes algunos aspectos de la mitología y cosmovisión de las tribus americanas actuales, que se ha propuesto la hipótesis de que estos elementos tengan su origen en la remota época paleo-india.
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El Meso-Indio: 5.000 a. C. - 1.000 a. C.
Representa una transición entre la etapa paleo-india, en la que el hombre, con una tecnología de artefactos líticos, subsistía de la recolección y la caza de grandes mamíferos, y la época neo-india, caracterizada por la presencia de poblaciones sedentarias que practicaban la agricultura y fabricaban cerámica. El meso-indio tuvo su inicio en Venezuela alrededor de 7.000 años antes del presente cuando se produjeron los cambios climáticos que condujeron a la extinción de la megafauna del pleistoceno y al surgimiento de nuevos patrones de subsistencia, tales como la explotación de recursos marinos en las costas, la recolección intensificada, y la caza de pequeños mamíferos. Durante este período se produjo una mayor especialización tecnológica que permitió la explotación de medios ambientes específicos. Por otra parte, se evidencia un aumento progresivo de la población en el continente americano. La adopción de la agricultura como estrategia de subsistencia principal a partir de 3.000 años antes del presente, marca el fin de la época meso-india, pero es preciso destacar que las fronteras cronológicas de 7.000 años antes del presente o 3.000 años antes del presente, son límites aproximados. Esta fue una época de navegación y de exploración marítima, de ahí que fueran pobladas nuevas áreas, particularmente en las Antillas, con contingentes que vendrían de Tierra Firme. Tal como hemos visto, la evidencia arqueológica indica que la presencia del hombre en el continente suramericano parece extenderse más allá de los 20.000 años. Al desaparecer la megafauna después de la última glaciación, los antiguos habitantes de la actual Venezuela se vieron forzados a cambiar su estrategia de subsistencia. En respuesta a las nuevas condiciones los mesoindios adoptaron algunas de las 3 alternativas siguientes: 1) la explotación de recursos marinos, especialmente moluscos, cuya evidencia reside en los concheros costeros; 2) la recolección en el interior del territorio, con una subsistencia basada principalmente en recursos vegetales, la cual es inferida de artefactos especializados, tales como manos, metates, moledores, etc.; y 3) una subsistencia basada posiblemente en la caza de pequeños mamíferos, sugerida por los hallazgos de puntas de piedras de tamaño reducido encontradas en la región de Guayana. El sedentarismo que tuvo lugar durante las 2 primeras alternativas dio origen a una agricultura incipiente. Los yacimientos correspondientes a la recolección de recursos marinos son los más conocidos del meso-indio en Venezuela. Por una parte, son fáciles de localizar por la gran cantidad de conchas marinas que aparecen asociadas al yacimiento, y por la otra, la zona de la costa es más accesible, lo que facilita

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la exploración arqueológica. Los yacimientos aparecen en «concheros» o montículos de concha, generalmente de forma ovalada y la superficie plana. Los montículos se formaron por la acumulación de los desperdicios de comida a base de mariscos. Además de las conchas se encuentran restos de pescado y de fauna acuática como tortugas, rayas o equidermos y pequeñas cantidades de huesos de animales terrestres. Es posible que las superficies de los concheros sirvieran de base para las viviendas, ya que se han encontrado restos de fogones en distintos niveles. También se han descubierto entierros en el interior de estos montículos. Los concheros se encuentran generalmente en la costa muy cerca del mar. Sin embargo, se han encontrado yacimientos lejos de la costa, como el de La Pitía (a 9 km del mar), o en la península de Paria (a 8 o 10 km), lo cual se podría explicar por factores geológicos, tales como fluctuaciones en el nivel del mar o cambios tectónicos. En el caso de la Guajira, la costa avanzó progresivamente en los últimos milenios. La ausencia casi total de puntas de proyectil de piedra y de huesos de fauna terrestre, permite afirmar que estos hombres no eran grandes cazadores. En cambio la presencia de anzuelos, pesas de redes, puntas de hueso y concha, lascas de madera para fabricar arpones de madera, y martillos para facilitar la abertura de las conchas, indican una tecnología adecuada para la pesca, recolección y consumo de productos marinos. La orientación marítima se manifiesta también por la presencia de otros artefactos, especialmente las gubias o raspadores de concha que servían para la fabricación de canoas monóxilas es decir, hechas de un solo tronco. Los meso-indios debían ser excelentes navegantes. Posiblemente utilizaban balsas, aun antes de conocer la gubia de concha, la cual aparece relativamente tarde en la secuencia cronológica y solamente en algunos yacimientos. La presencia de manos de moler, metates, morteros y el hallazgo de frutas de la especie bactris, indican actividades de esta índole. También se ha señalado la importancia del magüey en la dieta de los habitantes actuales de la zona costera-oriental, y probablemente en los fogones encontrados en los concheros, éste era asado para comerlo. A finales del meso-indio es posible que algunos de estos grupos estuvieran practicando algún tipo de agricultura incipiente, de baja producción, y complementaria de las demás fuentes de subsistencia. Otras actividades de los meso-indios costeros que se pueden inferir de los hallazgos serían: la práctica usual del tejido, en la fabricación de las redes de pesca; la manufactura de adornos tales como cuentas discoidales de concha o dientes de caimán, y la preparación de pintura con óxido de hierro para la decoración corporal. A partir de 7.000 años antes del presente hubo una diferenciación creciente entre las poblaciones de las distintas zonas hasta que éstas alcanzaron una vida
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sedentaria o semisedentaria, con la explotación y domesticación de tubérculos y frutos en el interior, y la explotación intensiva de recursos marinos en la costa. Es muy probable que el interior de Venezuela también estuviera ocupado desde muy temprano. Los grupos pre-agrícolas de la época mesoindia debían estar organizados en bandas nómadas o seminómadas, relativamente pequeñas (menos de 100 personas) con una estructura social flexible que permitiera el aumento o disminución de miembros según los recursos disponibles. Basándonos en los artefactos encontrados hasta ahora en Venezuela, podemos discriminar 2 grandes patrones de subsistencia en el interior del país para la época meso-india. Uno, asociado con puntas de proyectil, hechas de piedra, el cual hacía de la caza su principal fuente alimenticia; y el otro, asociado con moledores, metates, hachas y martillos, orientado sobre todo hacia la recolección de recursos vegetales. El patrón de subsistencia recolección-caza no se extinguió por completo con la aparición de la agricultura. Algunas poblaciones indígenas no se convirtieron en agricultores a pesar de tener vecinos que sí lo eran. Los yacimientos de la costa oriental (Pedro García y los complejos tardíos de la serie Manicuoaroide) indican la presencia de recolectores-cazadores que coexistían con grupos de neo-indios agricultores y portadores de cerámica. Hubo otras poblaciones indígenas que mantuvieron un modo de subsistencia basado en la caza hasta la llegada de los europeos. Los waraos del delta del Orinoco, por ejemplo, no poseían cerámica ni agricultura cuando fueron descritos por los primeros cronistas. Su fuente principal de alimentación se derivaba de la palma del moriche la cual, además, les abastecía de la materia prima para su vivienda, así como para la cestería y otras artesanías. Esto no significa que hubiese estancamiento cultural, ni falta de iniciativa por parte de los indígenas. Bajo ciertas condiciones ambientales en las que los recursos de recolección son abundantes (por ejemplo zonas de manglar, morichales o ríos ricos en pesca) la adopción de la agricultura no resulta tan atractiva ya que existen recursos disponibles que exigen menos inversión de energía y tiempo para la explotación. Cuando ocurre el contacto europeo, muchos de estos grupos nómadas o seminómadas, con una subsistencia basada en la caza y la recolección, tales como los yaruros, guahíbos y guaiqueríes, mantenían una relación simbiótica con los agricultores vecinos, de manera que intercambiaban la cacería o los productos recolectados por productos cultivados y de este modo se beneficiaban mutuamente. A la luz de esta información se puede apreciar que la subsistencia basada en la caza y la recolección pudo ser resultado de una adaptación adecuada a ciertos tipos de medio ambiente.
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El Neo-Indio: 1.000 a. C.-1.500 d. C.
Aún se desconoce con certeza la fecha del inicio de ésta época. Las evidencias más tempranas provienen de la costa noroccidental de Suramérica y se remontan a más de 5.000 años antes del presente y termina alrededor de 500 años antes del presente con la llegada de los primeros europeos. En líneas generales, la época neo-india se caracterizó por la adopción de un sistema agrícola eficiente, lo cual permitió el establecimiento de comunidades permanentes cuya subsistencia se basó principalmente en las plantas cultivadas. La agricultura se complementó con la caza, la pesca, la recolección y la cría de animales domésticos. Esta nueva estrategia de subsistencia generó un aumento poblacional considerable, la producción variada de bienes materiales elaborados de diversas materias primas (piedra, barro, hueso, concha, madera y otros productos más perecederos como plumas, semillas y fibras) y la eventual especialización de diversas artesanías. La cerámica constituye uno de los indicadores más abundantes y diagnósticos de esta época. Tres cambios cualitativos y cuantitativos claves están vinculados a la época neo-india: 1) modificaciones genéticas considerables en las plantas y animales domesticados; 2) un incremento en la planificación y organización dirigida de las actividades humanas; y 3) un aumento demográfico sustancial. Como ya señalamos, la vida sedentaria, la agricultura y la cerámica son los indicadores principales de la época neo-india, pero estos 3 componentes no siempre se originaron simultáneamente. tradiciones cerámicas formativas tempranas están representadas por Puerto Hormiga, Barlovento y Canapote en Colombia, y San Pedro y Valdivia en Ecuador. Todas estas tradiciones datan al menos de 5.000 años antes del presente, y todas son distintas y claramente diferenciadas una de otra. Buscar los orígenes de estas tradiciones nos llevaría al sexto o séptimo milenio antes de ahora. Estas culturas formativas tempranas transmitieron su impulso a Mesoamérica y el área andina, donde posteriormente llegaron a desarrollarse sociedades de una alta complejidad cultural. Sin embargo, en aquella época temprana tanto la región andina como Mesoamérica eran marginales en relación con el gran foco cultural formativo que fue la costa nor-occidental de Suramérica. Las razones para ello aún no se conocen, pero debieron incidir múltiples factores, tanto ambientales como culturales El neo-indio es la época mejor conocida en la arqueología venezolana, porque los yacimientos arqueológicos correspondientes son más abundantes y extensos que los de las épocas anteriores y de más fácil detección, sobre todo
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aquellos que muestran una arquitectura incipiente o construcciones artificiales asociadas a la agricultura. Además, la mayor parte de los arqueólogos se han dedicado al estudio de esta época, cuyos comienzos, según lo sugieren las evidencias hasta ahora disponibles, se remontan alrededor de 4.000 años antes del presente en el sitio de La Gruta, en la región del Orinoco medio. Sin embargo, no todos los especialistas coinciden en esta afirmación y se sostiene que la fecha más antigua válida para este sitio es 2.600 años antes del presente. En occidente, hasta hace poco la evidencia más antigua estaba asociada al sitio de Rancho Peludo, ubicado en la región del río Guasare (norte Edo. Zulia) para el cual se obtuvo una fecha de 4.600 años antes del presente, lo cual convertía la cerámica de Rancho Peludo en la más antigua del continente antes del descubrimiento de Monsú. Sin embargo, en base al análisis minucioso y fechados adicionales por el método de 14C (carbono catorce) y TL (termoluminiscencia), se demostró que la muestra anterior estaba contaminada con carbón mineral y las nuevas fechas ubican la secuencia de Rancho Peludo entre 2.000 y 650 años antes del presente. En todo caso, está bien documentado que la época neo-india se estableció en territorio venezolano alrededor de 3.000 años antes del presente.

l indo-hispano: 1.500 d. C.-presente
La época indo-hispana o histórica se inicia en América con la llegada de los primeros europeos a fines del siglo XV y se extiende aproximadamente hasta finales del siglo XVIII. Es la época menos estudiada en la arqueología venezolana y americana en general, aunque se han realizado avances significativos en la República Dominicana, Panamá, Guatemala y Venezuela. Para esta época, además de la evidencia arqueológica propiamente dicha, también se posee información basada en las fuentes escritas emanadas de los primeros conquistadores, cronistas, misioneros y administradores europeos. La información escrita se encuentra dispersa en diversos archivos tanto europeos como americanos. También han sido publicados muchos datos en documentos como las Relaciones geográficas y las «visitas» de eclesiásticos o funcionarios judiciales, además de multitud de libros que contienen anotaciones de los testigos presenciales del período del encuentro de los 2 mundos: Europa y América y las observaciones posteriores de fuentes secundarias. Estos textos contienen mucha información detallada, la cual jamás se podrá obtener de las fuentes de la época pre-hispánica, pero a su vez introducen un elemento dudoso: el juicio muchas veces subjetivo de los actores de los acontecimientos, el cual no siempre se ajusta a la realidad. La mayoría de los escritores que tratan de los
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eventos del Nuevo Mundo a partir del contacto europeo se ocupan primordialmente de los hechos de los europeos, la fundación de sus ciudades, sus actividades bélicas de conquista y otros aspectos que reflejan primordialmente sus raíces europeas. Muchos de estos informes no ofrecen una visión objetiva del modo de vida de los aborígenes ni sobre los efectos de la fusión de ambas culturas. Es allí donde es importante la evidencia arqueológica, ya que proporciona información sobre patrones de asentamiento, composición étnica de comunidades y relaciones comerciales, datos sobre la vida cotidiana, que no son descritos en detalle por los cronistas. El impacto de la invasión se puede medir en la reducción de asentamientos indígenas por la evidencia de enfrentamientos bélicos y enfermedades, así como por la pérdida de estilos decorativos tradicionales, que puede deberse a la influencia misionera, entre otros hechos.. En Venezuela se conocen diversos tipos de mayólica de la zona de Cubagua, isla de Margarita, castillo de Araya, los castillos de Guayana, y Maurica en el estado Anzoátegui, y varias localidades en el occidente del país como Hato Nuevo (Edo. Zulia), Tierra de los Indios y Santa María Arenales (Edo. Lara), Mucuchíes (Edo. Mérida) y Boconó y Carache (Edo. Trujillo). En líneas generales en la época indo-hispana la cerámica indígena se torna más sencilla que en los períodos anteriores y se encuentra menor sofisticación y variedad de estilos. Los aborígenes calentaban sus alimentos a la brasa o parrilla sobre barbacoas o andamios, o envueltos en hojas, a fuego lento.

Algo sobre: Poblamiento Prehispánico
La utilización conjunta de las evidencias arqueológicas, lingüísticas y etnohistóricas para analizar las características del poblamiento prehispánico de Venezuela, muestra, en todos los casos, la presencia de influencias culturales de múltiple procedencia que se fusionaron dentro del actual territorio nacional. Los estudios realizados entre 1935 y 1944 por distintas misiones arqueológicas señalan, por una parte, la presencia de un eje occidental N-S, a través del cual habrían llegado influencias tanto de América Central como del O de Suramérica y por la otra, la existencia de un eje cultural N-S en el oriente de Venezuela que habría canalizado las influencias provenientes del E de Suramérica de paso hacia las Antillas, así como también las provenientes del NE de Suramérica que se habrían difundido hacia el SE del subcontinente. Tanto en el oriente como en el occidente de Venezuela, estos grandes ejes migratorios dieron origen a la penetración de patrones diversos, los cuales posteriormente entraron en contacto al producirse movimientos migratorios transversales E-O y
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viceversa. Se conformó así un patrón de rutas de poblamiento y dispersión cultural que se asemejaría a la forma de una «H». Sobre la base de esta teoría de las migraciones prehispánicas venezolanas, se han elaborado otros modelos complementarios, según los cuales la existencia de estas 2 grandes rutas migratorias N-S en el E y el O respectivamente, habrían dado origen a una dicotomía cultural: las poblaciones de occidente se habrían caracterizado por el cultivo del maíz y una alfarería decorada con motivos pintados policromados; en contraste, las poblaciones del oriente cultivaban la yuca y tenían una alfarería decorada con motivos y modelado incisos. La historia de las sociedades agricultoras precolombinas habría estado determinada en consecuencia por la interacción de influencias culturales que se cruzaron entre oriente y occidente. Otra hipótesis parecida en relación con el poblamiento de Venezuela, plantea que las oleadas migratorias formaron 2 troncos: uno occidental caracterizado principalmente por movimientos de grupos humanos e influencias culturales provenientes del O de Suramérica y América Central que habrían originado culturas como la timoto-cuica, la achagua; y otro oriental, cuyo origen estaría localizado en la cuenca amazónica. Las oleadas migratorias prehispánicas también han sido caracterizadas como pertenecientes a 2 grandes familias lingüísticas suramericanas: la arawak y la caribe, cuyos orígenes más remotos han sido ubicados en la región central de Suramérica. En general, se ha considerado que los grupos sedentarios más antiguos que se asentaron en el actual territorio venezolano eran de filiación lingüística arawak y a ellos se les atribuye la introducción y desarrollo de la agricultura. Estas poblaciones arawakas habrían constituido una especie de estrato étnico básico para Venezuela, que se habría roto o fragmentado con la irrupción posterior de una oleada migratoria oriental, que también se habría extendido hacia el occidente de Venezuela pasando por el territorio actual de Colombia, originando así una división cultural entre caribes orientales y caribes occidentales. Se supone que la presencia continua de toponímicos dispersos desde el Orinoco hasta la región central de Venezuela, podría inferir en ésta la presencia de enclaves de población de posible filiación caribe. Asimismo, se puede explicar la influencia caribe hacia el occidente, por la presencia de grupos indígenas de esa filiación en el lago de Maracaibo y la sierra de Perijá. Conjuntamente a estas grandes corrientes migratorias de arawakos y caribes pudo haber otras migraciones, quizás de menor intensidad, que también dejaron su huella. Es el caso de algunos rasgos mesoamericanos como el juego de pelota, autosacrificio de sangre o el uso de la barba que estuvieron presentes entre los guamos, otomacos y guamonteyes del Orinoco y el de los ritos de sacrificio y degollamiento de víctimas humanas, entre los
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caribes, muy similares al denominado tlacaxipeualiztli de los nahuas mexicanos. Tal como hemos visto, la etnología, relacionando datos lingüísticos, etnográficos y arqueológicos, ha podido determinar un modelo de migraciones prehispánicas en el que resaltan los movimientos efectuados a lo largo de 2 ejes N-S, ubicados al E y el O de Venezuela y una serie de líneas de flujo entre uno y otro, las cuales constituirían movimientos de población expansivos, cíclicos o esporádicos. Desde el punto de vista arqueológico esta teoría se enriquece al señalar, además de estas grandes líneas de flujo migratorio, puntos culturales nodales en el territorio. Con la evidencia arqueológica, Venezuela deja de ser una simple encrucijada o zona de paso de las oleadas migratorias, y se convierte en un centro de confluencia de un importante número de grupos humanos, los cuales, por los procesos de adaptación a los nuevos ambientes donde se asentaban, y el mestizaje de culturas, produjeron formas sociales nuevas que sirvieron de arquetipos a otras poblaciones de territorios vecinos. En tal sentido, podemos establecer 3 grandes períodos histórico-sociales para el análisis de las corrientes de población que contribuyeron a conformar la sociedad precolombina venezolana: a) Migraciones de cazadores: Las evidencias arqueológicas más antiguas nos indican que las primeras oleadas de población que penetraron el territorio venezolano por lo menos 15.000 años a. C., estuvieron constituidas por grupos humanos que derivaban su subsistencia de la caza de mamíferos y de la recolección de frutos y raíces silvestres. Al parecer, los antiguos cazadores convivieron al menos durante cierta época, con una megafauna caracterizada por mastodontes, caballos, megaterios y gliptodontes. Como consecuencia del fin de las glaciaciones alrededor de 12.000 años a. C., reinaban condiciones climáticas distintas a las actuales. Posiblemente hubo mayor humedad, y la flora más abundante permitía la sobrevivencia de los hervíboros de la megafauna. Los cazadores de esa época formaron parte de la oleada migratoria que vino de Norteamérica, adonde habían llegado desde Asia atravesando el estrecho de Behring en una fecha que podría estimarse entre 28.000 y 40.000 años a. C. Las puntas de proyectil que fabricaban estos cazadores eran confeccionadas con núcleos de piedra, y sus formas recuerdan los artefactos que fabricaban los grandes cazadores de la llamada «tradición plana», la cual está caracterizada por puntas para armas arrojadizas de forma oval, con lados paralelos y ambos extremos aguzados. La presencia de dichas puntas en el sur de Norteamérica, Mesoamérica y el litoral Pacífico de Suramérica, deja entrever la existencia de migración humana en dirección NS. Pero, ¿en qué momento y cómo se dispersa de ese grupo principal la rama que se desvía
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hacia el NE de Venezuela y cuyos principales exponentes los encontramos hasta el presente en sitios arqueológicos tempranos del estado Falcón? La ruta terrestre más obvia pasaría por Centroamérica, entraría al subcontinente por Colombia y de allí se dirigiría hacia el NE alcanzando a Venezuela. Pero las evidencias halladas hasta el presente en Colombia no comprueban que hubiese existido esa vía migratoria, ya que los hallazgos realizados hasta hoy por los arqueólogos colombianos sólo indican la presencia, desde 12.000 a 14.000 años a. C., de cazadores que poseían una industria lítica y ósea muy rudimentaria, totalmente distinta al instrumental especializado de los cazadores del NE de Venezuela. b) Migraciones de recolectores: El fin de la sociedad de cazadores, parece haber sido coetáneo con el clímax de los grandes cambios climáticos que marcaron el desarrollo del Cuaternario. Posiblemente ocurrieron extensas modificaciones del antiguo litoral venezolano como consecuencia del levantamiento general del nivel del mar, por lo cual muchas de las antiguas zonas costeras fueron sumergidas por las aguas, cambiándose quizás también las características de la fauna y la flora en dichas regiones. Estos cambios determinaron, por una parte, la desaparición de la megafauna que hasta entonces parece haber estado asociada con los cazadores y por la otra, que tuviera lugar una redistribución general de la fauna terrestre, la cual pudo haber influido para que aquellas poblaciones o parte de las mismas, buscaran su subsistencia en la fauna marina. La abundancia y relativa estabilidad de los recursos marinos le dieron tanto a los recolectores venezolanos como a los del resto del continente, la oportunidad de formar comunidades más sedentarias. Hasta el presente, las evidencias arqueológicas indican que el área de mayor concentración de estos grupos recolectores era en el N de Venezuela. Estuvieron presentes en la península de Paria, alrededor de los 4.000 a 5.000 años a. C., y se supone que tuvieron una industria rudimentaria de piedra tallada, posible supervivencia de técnicas utilizadas por los antiguos cazadores. Los sitios arqueológicos localizados en las costas de los estados Sucre y Anzoátegui y en la isla de Cubagua testimonian el desarrollo de una sociedad especializada en la explotación del ámbito marino, la cual abandonó la piedra como materia prima, para fabricar artefactos de conchas de caracol gigante (Strombus gigas) tales como escoplos, raspadores, puntas de proyectil, recipientes, etc. Esta capacidad adaptativa, que parece haber incluido también el arte de navegar, permitió la expansión de los recolectores marinos hacia las islas antillanas, muchas de las cuales se encontraban todavía deshabitadas, convirtiéndose por tanto en descubridores y primeros pobladores de las tierras insulares. Hubo grupos de recolectores que posiblemente migraron al S, siguiendo el litoral Atlántico del NE de Suramérica dando origen al desarrollo
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de nuevas comunidades que conservaron muchas de las características ancestrales tales como el uso de la piedra para fabricar artefactos de trabajo. c) Migraciones de agricultores: Los 2 últimos milenios antes del inicio de la era cristiana constituyeron para los indígenas suramericanos la fase final de la experimentación con el cultivo de plantas el cual fue fundamento del desarrollo ulterior de la agricultura. Este período fue también de reajuste y consolidación social para muchas etnias; el paso de una economía recolectora a una economía agrícola implicaba igualmente la búsqueda de nuevas tierras que permitiesen desplegar las tecnologías de una nueva forma de vida social. Fue posiblemente en este contexto cuando tuvieron lugar los movimientos migratorios en Suramérica que iban a determinar las características finales del poblamiento prehispánico venezolano. En el oriente de Venezuela, la cuenca del Orinoco constituyó uno de los polos de atracción para grupos humanos con una alfarería cuya caracterización permite establecer relaciones con otras culturas del O de Suramérica y de la cuenca amazónica. Estos grupos humanos trajeron consigo técnicas de cultivo y procesamiento de la yuca amarga (Manihot utilissima), ya conocida por grupos indígenas del NE de Suramérica. Sobre la base de la agricultura vegetativa, se formaron 2 importantes centros de población, cuya cultura había luego de irradiar hacia el oriente de Venezuela, merced a los desplazamientos humanos que ocurrieron en períodos posteriores. En el bajo Orinoco, el sitio ancestral de Barrancas, originó lo que conocemos como tradición Barrancas, alrededor de 1.000 a 600 años a. C., cuyos portadores se difundieron hacia la costa central de Venezuela formando o contribuyendo a formar nuevos asentamientos humanos en la región del lago de Valencia y en el litoral del actual estado Carabobo alrededor de 200 años a. C. Otros grupos barrancoides migraron hacia el NE de Suramérica invadiendo el N de la cuenca amazónica y la región oriental de Venezuela. En el Orinoco medio, para fecha similar, la región de Parmana al S del estado Guárico constituye el asiento de pequeñas aldeas tipificadas por los sitios de la gruta Ronquín, a partir de los cuales se desarrolló una nueva tradición cultural conocida como Saladero. Al igual que los barrancoides, estos individuos iniciarán hacia comienzos de la era cristiana, un movimiento migratorio hacia el NE de Venezuela, fusionándose con los grupos barrancoides que ya habían llegado también a dicha región y desplazando o absorbiendo a las viejas poblaciones recolectoras que aún para esa fecha ocupaban el litoral y las islas del oriente de Venezuela. De la confluencia de estas tradiciones, surgió una nueva tradición conocida como saladoide costero, cuyos portadores iniciaron un rápido movimiento migratorio a lo largo del arco insular antillano, desplazando y absorbiendo a su vez a los recolectores de dichas islas, y llegando a Puerto Rico alrededor de
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200 años a. C. Estos emigrantes provenientes del territorio que luego sería Venezuela, llevaron a las Antillas el conocimiento de la alfarería, la agricultura y las pautas de vida sedentaria que luego serían fundamento de la vida social de las etnias precolombinas de dicha región. Durante los primeros siglos de la era cristiana, el Orinoco medio recibió una nueva oleada de población conocida como tradición Arauquín, cuyas características alfareras permiten señalar a la cuenca amazónica como el área posible de origen. Los recién llegados dieron muestra de poseer una cultura vigorosa y organizada, ya que introdujeron importantes cambios en el modo de vida de las poblaciones indígenas autóctonas. Partiendo del Orinoco medio, grupos pertenecientes a esta tradición emigraron hacia los valles de Aragua y la cuenca del lago de Valencia ocupando, para finales del período prehispánico, prácticamente todos los valles del litoral central incluyendo el valle de Caracas. Por otra parte, los arauquinoides comenzaron a desplazarse hacia el bajo Orinoco alrededor de 200 años d. C., buscando quizás asentarse en las riberas fértiles que bordeaban el río pero que estaban ocupadas por las etnias barrancoides. Este movimiento río abajo parece haber sido lento, pero culminó en el siglo XVI de nuestra era con el ejercicio del control total del hábitat orinoquense por parte de los arauquinoides. Aunque no podemos establecer un paralelo entre estas poblaciones y las etnias conocidas históricamente, si es posible decir que las aldeas tardías del Orinoco donde se ha encontrado alfarería arauquinoide fueron asiento de grupos humanos históricos de lengua caribe. Lo mismo podemos decir del lago de Valencia, los valles de Aragua y el valle de Caracas, hecho que puede darnos una base de análisis para comprender la importancia de esta onda migratoria orinoquense en el poblamiento prehispánico venezolano. Al SO de Venezuela, en los últimos siglos antes de Cristo, los llanos altos occidentales acogieron otra oleada migratoria conocida como complejo Caño del Oso y complejo La Betania, cuyo punto de partida puede ser ubicado al NE de Colombia o del Ecuador. Estos individuos lograron diseñar y ejecutar complejas obras de terracería que incluían montículos para viviendas, calzadas que servían como vías de comunicación y diques para el control de las inundaciones y campos de cultivo formados por largos camellones artificiales de tierra que servían para preservar las plantas del exceso de agua durante las crecidas de los ríos. Estos grupos humanos se extendieron sobre gran parte del territorio de los actuales estados Barinas, Apure y Portuguesa, correspondiendo en sentido general con el territorio ocupado históricamente por los grupos indígenas conocidos como achaguas y betoyes. En la región S del lago de Maracaibo, las evidencias arqueológicas señalan para 600 años a. C., la llegada de grupos de inmigrantes emparentados posiblemente con las
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etnias que habitaban el litoral Caribe colombiano desde el siglo XII. Al igual que los del Orinoco, cultivaban y consumían la yuca amarga y se asentaron a lo largo de los ríos que descienden de la vertiente occidental de la cordillera andina. Por otra parte, alrededor de 1.100 años a. C., otros grupos inmigrantes, conocidos como fases El Danto y El Guamo, afiliados también posiblemente a etnias que habitaban el N de la actual Colombia, se asentaron a lo largo de los ríos Escalante y Zulia, dando origen a grandes poblados donde se cultivaba no sólo la yuca, sino también el maíz. Es posible que las ondas migratorias ya señaladas, estén en el origen de las actuales poblaciones indígenas del occidente del lago, afiliados a la familia lingüística caribe y otros a la chibcha.

Algo Sobre Nuestros Aborígenes
La historia cultural de los aborígenes que ocuparon el territorio venezolano durante la época prehispánica, está basada en la reconstrucción arqueológica. Hubo migraciones desde el continente asiático que penetraron en el Nuevo Mundo por el estrecho de Behring y llegaron hasta Alaska, dirigiéndose luego al E y al S, hacia las llanuras centrales de Norteamérica. De ahí se dispersaron a México, Centroamérica y Suramérica, y se ha podido establecer que las primeras poblaciones que ocuparon el territorio venezolano datan de la época paleoindia, 15.000 años a. C. En un clima frío y templado, los aborígenes paleoindios subsistieron de la cacería de enormes mamíferos y de la recolección de frutos silvestres. Los paleoindios habitaban en cuevas o en campamentos no permanentes y sus instrumentos eran de hueso y piedra. Puntas de proyectil lanceoladas, artefactos cortantes o lascas obtenidas al golpear trozos de cuarcita, raspadores, hojas bifaciales usadas como hachas y hojas con pedúnculo, han sido encontrados en los principales yacimientos de esa época: Muaco y Taima-Taima y El Jobo en el estado Falcón, Manzanillo en la península de la Guajira y Rancho Peludo en el río Guasare al NO de Maracaibo. En esos yacimientos el material arqueológico ha aparecido conjuntamente con los restos de osamentas de mastodontes y megaterios y la determinación de las fechas ha sido posible gracias al radiocarbono. La época paleoindia terminó cuando se modificaron las condiciones del clima alrededor de 5.000 años a. C. A partir de ese momento, la temperatura se volvió cálida, se fueron extinguiendo hasta desaparecer los enormes mamíferos que servían de fuente de alimentación a los paleoindios y tuvo su inicio la época mesoindia. La subsistencia de los mesoindios dependió entonces de la pesca y de la explotación de recursos del ecosistema del manglar. Restos de esta época son los concheros o depósitos de desperdicios de comida de los estados Falcón y Sucre. Conchas, restos de equinodermos y huesos de animales han sido encontrados en esos yacimientos, conjuntamente con puntas óseas que fueron
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utilizadas como anzuelos o flechas, y con puntas de proyectil, raspadores o gubias hechos con conchas. Los mesoindios eran expertos navegantes, construían embarcaciones con las que recorrían las costas y las islas vecinas. La recolección de plantas silvestres y la práctica de una agricultura incipiente complementaban la dieta de esa época. En el año 1000 a. C. el clima era similar al actual y los aborígenes comenzaron a practicar una agricultura intensiva y a fabricar cerámica iniciándose así la época neoindia. Ésta terminó alrededor de 1500 con la Conquista. Si bien para ese entonces persistían en el territorio núcleos de población paleoindia y mesoindia, la mayor parte de los aborígenes neoindios cultivaban especies comestibles. Los asentamientos humanos fueron más estables y además de la cerámica de uso práctico, fabricaron instrumentos líticos pulidos y objetos ceremoniales. Los neoindios dieron origen a una dicotomía cultural basada en el cultivo del maíz en occidente y de la yuca en oriente. La cerámica occidental estuvo caracterizada por vasijas multípodas y bases anulares altas, incisiones sin modelado y pintura negra sobre blanco. Los diseños fueron hechos con líneas gruesas. Metates y manos de moler para pilar el maíz, mintoyes y urnas acompañadas de objetos votivos y ceremoniales tales como figurinas de barro, incensarios y amuletos, sugieren un desarrollo cultural específico para el occidente. En contraste, en el oriente del país han sido encontrados budares para la preparación del casabe de yuca amarga, y una cerámica de bases anulares simples, boles abiertos, bordes de pestaña, asas acintadas e incisiones pintadas en blanco sobre rojo. Los hallazgos neoindios sugieren que el maíz y la yuca fueron fuentes básicas de alimentación en occidente y en oriente respectivamente, y que alrededor de ambos cultivos se formaron 2 centros extremos de desarrollo cultural, mientras que en el centro del país hubo una zona de transición en la que coincidieron rasgos occidentales y orientales. Con el contacto europeo a partir del 1500 se inició la época indohispana la cual aún perdura. Comenzó así el registro en crónicas y otras fuentes etnohistóricas de las poblaciones aborígenes que encontraban a su paso los colonizadores europeos y la consecuente identificación de los diferentes grupos indígenas. Durante la conquista, las poblaciones aborígenes que habitaban el territorio venezolano, pertenecían en su mayor parte a los grupos caribe y arawak. Los caribes estaban localizados en la costa, entre Paria y Borburata y en los alrededores del lago de Maracaibo; también ocuparon las islas vecinas al N de la isla de Trinidad y las márgenes del Orinoco y sus afluentes. Los caribes eran temidos por su destreza en la guerra, por la práctica del canibalismo y por el comercio de esclavos. Los arawak estaban localizados en el golfo de Paria y se concentraban desde el S del delta del Orinoco, hasta la desembocadura del Amazonas. Estos indígenas conocidos por su
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mansedumbre y docilidad con los conquistadores españoles, fueron aguerridos enemigos de los caribes: «…los aruacas [arawak] es gente muy amiga de los cristianos y de otros indios siempre que no coman carne humana, y son enemigos mortales de otros indios que se llaman caribes, y los odian…» Los arawak tenían sus asentamientos en las riberas de los ríos. «…Dicen que vinieron de donde sale el sol en unos navíos y costearon aquella costa, y porque hallaron aquellos ríos tan fértiles (...) se metieron en ellos e hicieron amistad con los caribes que los poseían. Que viendo las costumbres de los caribes que eran malos y comían a otros indios, se alzaron contra ellos y en grandes guerras los echaron de los dichos ríos, y se quedaron ellos como posesores y poblados en ellos», escribía Rodrigo de Navarrete en 1750. Otros grupos aborígenes que también ocupaban el territorio venezolano cuando se produjo la conquista fueron, entre otros, los sálivas, los maipures, los guamos, los otomacos, los guahíbos, los yaruros y los guaraúnos. Las lenguas de estas poblaciones, junto a las caribe y arawak, fueron identificadas por Felipe Salvador Gilij en 1780-1784, como matrices de la región orinoquense. José Gumilla en 1741 se refirió a estos indígenas destacando sus rasgos etnográficos. Así, los sálivas, localizados en el Orinoco medio entre los ríos Sinaruco y Guaviare, creían que eran hijos de la tierra y que un enviado del cielo venció y mató una serpiente horrible que devoraba seres humanos. Ellos contaban que de las entrañas corrompidas de este animal surgieron gusanos que se fueron convirtiendo en caribes «bravos, inhumanos y crueles». Fueron perseguidos y esclavizados por caribes y españoles hasta su extinción definitiva. Los maipures: localizados en los alrededores de Cabruta, se destacaban por «…la afabilidad y amorosidad con que tratan a los extranjeros. De aquí el amor que les tienen todos los europeos que los conocen». A comienzos del siglo XIX, los maipures eran entre los indígenas del Orinoco «…los más racionales (...) su color mixturado, morenos y blancos (...) el pelo ellos y ellas tejidos en clinejas, los hombres con calzón y camisa, y las mujeres fustán terciado, hablan unos y otros el castellano claro y ellas muy afectas a los españoles…» Los guamos: localizados también en los alrededores de Cabruta, son conocidos por las deformaciones corporales que se practicaban, por sus laboriosas artesanías de algodón y por fiestas que hacían de ellos «…juglares bailarines (...) desnudos de rubor y vergüenza de cuantos hemos visto desde las bocas del Orinoco hasta éstas de Apure». Los otomacos: eran vecinos de los guamos, se casaban con ellos y entre sus rasgos etnográficos destacaban el llanto ritual en honor a los difuntos y el juego de pelota. Los otomacos, «…quinta esencia de la misma barbaridad, barbarísimos entre todos los bárbaros de Orinoco (...) de un valor brutal y temerario: salían a pelear con los caribes a campaña rasa, y jamás volvieron pie atrás hasta que
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los aterraron las armas de fuego; antes de la batalla se excitaban y enfurecían cada uno contra sí mismo, hiriéndose con puntas de hueso el cuerpo», para luego decir: «cuenta que si no eres valiente, te han de comer los caribes». En Venezuela, los maipures, guamos y otomacos, al igual que los sálivas, se han extinguido. Los guahíbos, cuya lengua según Gilij era semejante a la de sus vecinos chiricoas, estaban localizados en los márgenes del Meta: «…bien musculados de talla abultada (...) el carácter de estos indígenas es guerrero y sanguinario (...) prefieren la vida errante (...) y no cultivan la tierra». Guahíbos y chiricoas eran grupos que practicaban el nomadismo y la recolección de alimentos. Los yaruros, localizados también en las márgenes del Meta, fueron conocidos como apáticos, sociables y hospitalarios, pero además «…esta nación (...) gusta de la vida sedentaria, y se aplica a las artes, su industria se halla ceñida a algunos tejidos de esteros y hamacas (...) fabrican flechas, y canjean estos artículos con las tribus inmediatas. Las personas adultas de ambos sexos usan del colorido, y se pintan de encarnado y negro (...) su talla es corpulenta y bien constitucionada (...) en suma estos indios son guerreros y valientes, sin ser sanguinarios…» Los guaraúnos: tenían viviendas palafíticas en los márgenes de los caños del delta del Orinoco y explotaban la palma del moriche (Mauritia flexuosa), que era fundamento de la subsistencia: «…todo su vivir, comer, vestir a su modo, pan, vianda, casas, aperos de ellas y todo los menesteres para sus piraguas y pesquerías (...) sale de las palmas que Dios les ha dado en aquellas islas, con una abundancia increíble de ellas; que llaman en su lengua murichi». Otros grupos aborígenes de la cuenca del Orinoco que igualmente Gumilla describe, fueron los achaguas, anabalis, atabacas, betoyes, guaybas, guayquiris, jiraras, mapoyes y tunebos. En lo que respecta a las poblaciones aborígenes del occidente de Venezuela los grupos más importantes fueron los motilones, los guajiros y los caquetíos. Los motilones, de los valles de Machiques, del río Catatumbo, y de la sierra de Perijá, realizaban continuas invasiones en los siglos XVII y XVIII a los asentamientos españoles de las costas del lago de Maracaibo y aterrorizaban a la población perturbando las labores agrícolas en las fértiles haciendas de cacao situadas en las riberas de los ríos. Sometidos a las misiones capuchinas en el siglo XVIII fueron descritos por fray Andrés de los Arcos como una «…nación fiera e implacable contra los españoles, que lo mismo es verles que disparar contra ellos una infinidad de flechas». Los guajiros: fueron descritos por fray Pedro Simón como «gente desnuda del todo, hasta las partes de la honestidad, que también traían descubiertas hombres y mujeres, salteadores, vagabundos (...) pues siempre andan a noche y mesón, estando 4 días debaxo de un árbol y 2 a la sombra de otro, y desta suerte pasan su vida, tan holgazanes que no cultivan tierras, ni les siembran cosa alguna, por bastarles
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para su sustento los frutos de los árboles (...) desde Bahía Honda y El Portete, hasta el Cabo de la Vela y de éste hasta el río de La Hacha, que son 12 leguas, es toda tierra despoblada y sin agua; y algunos indios que en ella hay, que se llaman los goajiros, no tienen casas ni sitios ciertos ni labranzas, se sustentan de pesquerías y de la casa de venados y conejos». Entre los aborígenes que habitaban las riberas del lago de Maracaibo, los onotos fueron descritos por Juan Pérez de Tolosa como «señores de la laguna y pescan con redes y anzuelos mucho género de pescado (...) muy excelente, y lo venden en sus mercados a los indios bubures (...) a trueque de maíz, y otras cosas. Y de esta manera, los unos y los otros tienen pescado y maíz. Estos indios onotos tienen sus casas dentro de la misma laguna. Son hombres valientes, y pelean con arcos y flechas y macanas». Otras poblaciones vecinas de los onotos, según Juan Pacheco Maldonado fueron los zaparos, aliles, ambaes, toas y quiriquires, indios «alzados, que no se han podido reducir a servidumbre, ni a verdadera paz, a costa de muchas vidas de españoles que ha costado el dicho alzamiento, y [de] muchas haciendas que han consumido, robándolas en la barra de esta laguna, en la cual impedían que no (se pudiera entrar ni salir por ella) [sic]». Los caquetíos: estaban localizados en la costa entre Coro y el lago de Maracaibo: «Esta costa, a sotavento y barlovento, solía estar poblada de indios de nación caquetíos, y tenían pueblos medianos y mucha caza y pesca, y ropa de hamacas. Es gente muy pulida y limpia, y muy amiga de los españoles (...) sustentan a los españoles que residen en Coro, de caza y pesca, porque son indios muy domésticos», según el recuento de Juan Pérez de Tolosa. Por esa mansedumbre característica, la extinción de estos indígenas fue una de las más rápidas. En la cordillera andina había, para la época de la Conquista, 20 o más grupos independientes de toponimia Mucu y en el valle del río Chama estaban ubicados: los mucuchíes, mucurubaes, mucujunes, mucaquetaes, mucarias, mucusiríes, mucutucúas, mucumbaes, mucusquis, mucuunes, mucutíes, mucuñoques, mucubaches, mucurandaes, tabayes, tateyes, escaqueyes, chichuyes, guaques y jajíes. Chamas y giros con sus respectivos subgrupos, estuvieron localizados en Mérida mientras que en Trujillo predominaron los cuicas y los timotes. Los indígenas andinos eran agricultores sedentarios y fueron conocidos por la construcción de andenes, terrazas y sistemas de riego para prevenir la erosión en los campos de cultivo. Las evidencias etnohistóricas han demostrado que los aborígenes prehispánicos mantuvieron estrechas relaciones interétnicas gracias al comercio. Los llanos de Barinas, Portuguesa, Cojedes y Apure fueron una encrucijada estratégica entre la cordillera andina, la costa caribe y la cuenca del Orinoco. Allí se produjeron contactos culturales y comerciales en los que
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se utilizaba como medio de canje monedas de conchas de caracoles de agua dulce o quiripa. Estos intercambios tenían lugar a través del establecimiento de redes comerciales, como fue el caso de las playas de tortugas y el mercado de pescado del Orinoco medio, las playas de tortugas del río Guaviare y el mercado de curare del alto Orinoco. A partir de 1545, las poblaciones aborígenes fueron sometidas al régimen de encomiendas y los caribes en particular, fueron sujetos de cautiverio y esclavitud por real cédula de agosto de 1503. Durante el siglo XVIII era frecuente que los aborígenes huyeran de los conquistadores buscando la protección de la selva y que la población decreciera, entre otras causas, por las enfermedades, las guerras, los maltratos o los servicios personales prestados en las encomiendas. Durante la Independencia, la población aborigen que sobrevivió al mestizaje y a la destrucción cultural permaneció en su mayor parte en las regiones selváticas del país, al margen de los principales acontecimientos históricos que condujeron a la emancipación. En 1815, Simón Bolívar, al afirmar la nacionalidad y el destino de la patria, en la Carta de Jamaica, reconoció que para ese entonces la población venezolana ya no era ni indígena ni europea sino fundamentalmente americana: «…mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro tiempo fue, y por otra parte no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles». En una sociedad colonial en la que predominaba una élite criolla que tomaba en cuenta la «limpieza de sangre» y el color de la piel, los negros esclavos ocupaban la posición más baja en la jerarquía social y fueron ellos y no los indígenas quienes, llamados a combatir, dejaron el trabajo esclavo en las haciendas para formar filas en el ejército patriota. Asimismo, el mestizaje, cuyas raíces históricas se remontan a la conquista, ha contribuido a acelerar aún más en el presente la pérdida del modo de vida tradicional de los grupos todavía existentes. La población aborigen actual está distribuida en 4 familias lingüísticas: caribe: akawaio, mapoyo, yabarana, yekuana, eñepa (panare), pemón, kariña y yukpa; arawak: aruaco, wayuu (guajiro), añú (paraujano) y los arawak del río Negro (curripaco, guarekena, baré, piapoco y baniva). Independientes: guahíbo, warao (guaraúno), cuiva, yanomami, hoti y yaruro; y chibcha: barí.

Algo sobre el Legendario Amalivaca.
Es el principal héroe cultural de los tamanacos. En la época del contacto europeo, las naciones indígenas de la cuenca del Orinoco conformaban, en un marco de horizontalidad política, un amplio sistema de redistribución e

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interdependencia regional que abarcaba las áreas ribereñas e interfluviales del gran río, los llanos actuales de Venezuela y Colombia, e inclusive, se extendía hasta las Antillas. En este contexto más amplio se debe entender el funcionamiento de esas culturas indígenas llamadas de selva tropical, muchas de las cuales compartían similares tradiciones regionales. En el caso de las religiones indígenas, éstas acusan influencias recíprocas, como lo evidencian las semejanzas entre las diversas cosmogonías. Dentro de la cosmogonía tamanaca, Amalivaca era visto como un hombre supuestamente blanco, como lo eran todos los tamanacos al principio de los tiempos, e iba vestido; tenía un hermano llamado Uochí; juntos crearon el mundo, la naturaleza y los hombres. Al detenerse a hacer el Orinoco discutieron largamente, pues querían lograrlo de tal manera que se pudiera remar a favor de la corriente tanto aguas arriba como aguas abajo, a fin de que los remeros no se cansaran en el recorrido; pero ante la gran dificultad que ello planteaba desistieron de su empeño inicial. Amalivaca vivió entre los tamanacos largo tiempo, en el sitio denominado Maita, en donde existe una gruta de piedras en lo alto de un cerro llamada Amalivaca Yeutitpe (Casa de Amalivaca) por haber habitado éste allí; y una gran roca conocida como Amalivaca Chamburai (Tambor de Amalivaca), que era precisamente su tambor. Un día Amalivaca decidió regresar en canoa al otro lado del mar, de donde había venido y adonde van las almas de los hombres después de la muerte. Cuando estaba listo para irse, ya en su canoa, les dijo a los tamanacos con otra voz distinta a la usual: uopicachetpe mapicatechí (mudarán únicamente la piel). Esto significaba que tendrían vida eterna, pues se rejuvenecerían constantemente como hacen algunos animales al cambiar la piel. Una mujer vieja que lo oía dudó de lo que decía Amalivaca y pronunció un «oh» que parecía poner en tela de juicio lo anunciado por el héroe; éste se enfureció y de inmediato les comunicó que todos tendrían una vida finita al decir con firmeza estas palabras: mattageptechí (morirán). Los tamanacos atribuían, en consecuencia, la culpa de la existencia perecedera de los hombres a la incredulidad de la vieja. Creían que Amalivaca aún debía vivir al otro lado del mar y preguntaban al misionero si por casualidad lo conocía, puesto que éste también decía venir de un lugar que quedaba al otro lado del mar. Los datos sobre Amalivaca están tomados en su totalidad de las noticias aportadas por Gilij, que son de primera mano debido a su convivencia con los tamanacos, cuyo idioma dominaba. Sin embargo, las noticias proporcionadas por Gilij son sólo fragmentarias y es preciso considerar que fueron recogidas por un misionero del siglo XVIII, muy ilustrado y riguroso ciertamente, pero sin las herramientas adecuadas. Así, pues, estos datos que se poseen sobre Amalivaca junto con otros diversos sobre las creencias tamanacas, proporcionados por el propio Gilij, sirven para
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hacer una reconstrucción parcial hipotética, auxiliada por el método comparativo, de la historia sagrada de los tamanacos. Incluso el mismo Gilij anota que versiones similares de la historia de Amalivaca eran compartidas por grupos vecinos, algunos de ellos lingüísticamente emparentados. La pareja de hermanos héroes, por ejemplo, se encuentra en diversas historias sagradas de pueblos indígenas de la región. Podemos afirmar, y quizá ello sea lo más importante de todo, que los tamanacos poseían una historia sagrada propia y una religión coherente y no simples creencias rudimentarias, como las presentaron los prejuicios ideológicos de conquistadores y misioneros europeos que veían erróneamente en las religiones indígenas falsas manifestaciones y cultos diabólicos que era preciso erradicar.

Fragmento de Brevísima relación de la destruición de las Indias.
De Bartolomé de las Casas. Introducción general.
“Descubriéronse las Indias en el año de mil e cuatrocientos y noventa y dos. Fuéronse a poblar el año siguiente de cristianos españoles, por manera que ha cuarenta e nueve años que fueron a ellas cantidad de españoles; e la primera tierra donde entraron para hecho de poblar fue la grande y felicísima isla Española, que tiene seiscientas leguas en torno. Hay otras muy grandes e infinitas islas alrededor, por todas las partes della, que todas estaban e las vimos las más pobladas e llenas de naturales gentes, indios dellas, que puede ser tierra poblada en el mundo. La tierra firme, que está de esta isla por lo más cercano docientas e cicuenta leguas, pocas más, tiene de costa de mar más de diez mil leguas descubiertas e cada día se descubren más, todas llenas como una colmena de gentes en lo que hasta el año de cuarenta e uno se ha descubierto, que parece que puso Dios en aquellas tierras todo el golpe o la mayor cantidad de todo el linaje humano. Todas estas universas e infinitas gentes a toto genere crió Dios las más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas y fidelísimas a sus señores naturales e a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas e quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo. Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión e que menos pueden
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sufrir trabajos y que más facilmente mueren de cualquiera enfermedad; que ni hijos de príncipes e señores entre nosotros, criados en regalos e delicada vida, no son más delicados que ellos, aunque sean de los que entre ellos son de linaje de labradores. Son también gentes paupérrimas y que menos poseen ni quieren poseer de bienes temporales; e por esto no soberbias, no ambiciosas, no cubdiciosas. Su comida es tal que la de los sanctos padres en el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos deleitosa ni pobre. Sus vestidos comúnmente son en cueros, cubiertas sus vergüenzas, e cuando mucho cúbrense con una manta de algodón, que será como vara y media o dos varas de lienzo en cuadra. Sus camas son encima de una estera e, cuando mucho, duermen en unas como redes colgadas, que en lengua de isla Española llamaban hamacas. Son eso mesmo de limpios e desocupados e vivos entendimientos, muy capaces e dóciles para toda buena doctrina, aptísimos para recibir nuestra sancta fe católica e ser dotados de virtuosas costumbres, e las que menos impedimentos tienen para esto que Dios crió en el mundo. Y son tan importunas desque una vez comienzan a tener noticia de las cosas de la fe, para saberlas, y en exercitar los sacramentos de la Iglesia y el culto divino, que digo verdad que han menester los religiosos, para sufrillos, ser dotados por Dios de don muy señalado de paciencia; e, finalmente, yo he oído decir a muchos seglares españoles de muchos años acá e muchas veces, no pudiendo negar la bondad que en ellos veen: «cierto, estas gentes eran las más bienaventuradas del mundo si solamente conocieran a Dios». En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazallas, matallas, angustiallas, afligillas, atormentallas y destruillas por las estrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán. En tanto grado que, habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales della docientas personas. La isla de Cuba es cuasi tan luenga como desde Valladolid a Roma; está hoy cuasi toda despoblada. La isla de Sant Juan e la de Jamaica, islas muy grandes e muy felices e graciosas, ambas están asoladas. [En] las islas de los Lucayos, que están comarcanas a la Española e Cuba por la parte del norte, que son más de sesenta, con las que llamaban de Gigantes e otras islas grandes e chicas, e que la peor dellas es más fértil e graciosa que la huerta del rey de Sevilla e la más sana tierra del mundo, en las cuales había más de quinientas mil ánimas, no hay hoy una sola criatura; todas las mataron trayéndolas e por traellas a la isla Española después que veían que se les acababan los naturales della. Andando
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un navío tres años a rebuscar por ellas la gente que había después de haber sido vendimiadas, porque un buen cristiano se movió por piedad para los que se hallasen convertillos e ganallos a Cristo, no se hallaron sino once personas, las cuales yo vide. Otras más de treinta islas, que están en comarca de la isla de Sant Juan, por la mesma causa están despobladas e perdidas. Serán todas estas islas, de tierra, más de dos mil leguas, que todas están despobladas e desiertas de gente. De la gran tierra firme somos ciertos que nuestros españoles, por sus crueldades y nefandas obras, han despoblado y asolado y que están hoy desiertas, estando llenos de hombres racionales, más de diez reinos mayores que toda España, aunque entre Aragón y Portugal en ellos, y más tierra que hay de Sevilla a Jerusalén dos veces, que son más de dos mil leguas. Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranías e infernales obras de los cristianos, injusta y tiránicamente, más de doce cuentos de ánimas, hombres y mujeres y niños; y en verdad que creo, sin pensar engañarme, que son más de quince cuentos. Dos maneras generales y principales han tenido los que allá han pasado, que se llaman cristianos, en estirpar y raer de la haz de la tierra a aquellas miserandas naciones. La una, por injustas, crueles, sangrientas y tiránicas guerras. La otra, después que han muerto todos los que podrían anhelar o sospirar o pensar en libertad o en salir de los tormentos que padecen, como son todos los señores naturales y los hombres varones (porque comúnmente no dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres), oprimiéndolos con la más dura, horrible y áspera servidumbre en que jamás hombres ni bestias pudieron ser puestas. A estas dos maneras de tiranía infernal se reducen e se resuelven o subalternan como a géneros, todas las otras diversas y varias de asolar aquellas gentes, que son infinitas. La causa por que han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días e subir a estados muy altos e sin proporción de sus personas; conviene a saber, por la insaciable cudicia e ambición que han tenido, que ha sido mayor que en el mundo ser pudo por ser aquellas tierras tan felices e tan ricas e las gentes tan humildes tan pacientes y tan fáciles a subjectarlas. A las cuales no han tenido más respecto ni dellas han hecho más cuenta ni estima (hablo con verdad por lo que sé y he visto todo el dicho tiempo), no digo que de bestias (porque pluguiera a Dios que como bestias las hubieran tractado y estimado) pero como y menos que estiércol de las plazas. Y así han
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curado de sus vidas e de sus ánimas, e por esto todos los números e cuentos dichos han muerto sin fe e sin sacramentos. Y ésta es una muy notoria e averiguada verdad que todos, aunque sean los tiranos e matadores, la saben e la confiesan: que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo, hasta que, primero, muchas veces hobieron recebido ellos o sus vecinos muchos males, robos, muertes, violencias y vejaciones dellos mesmos.” Fuente: Casas, Bartolomé de las. Brevísima relación de la destruición de las Indias. Edición de Isacio Pérez Fernández. Madrid. Editorial Tecnos, 1992.

Sobre las relaciones con las potencias Extranjeras.
“Hemos venido aquí para servir a Dios y para hacernos ricos”, proclamaba un miembro del séquito del conquistador español Hernán Cortés. Estos dos objetivos, el comercial y el religioso, precisaban de los propios indígenas para verse coronados por el éxito. Los conquistadores y demás aventureros españoles ansiaban las tierras y el trabajo de los indígenas; los sacerdotes y frailes reclamaban sus almas. En última instancia, ambos propósitos resultaron destructivos para muchos pueblos indígenas del continente americano. El primero los privó de su libertad y, en muchos casos, de sus vidas; el segundo los despojó de su religión y su cultura. Sin embargo, hubo numerosos españoles del siglo XVI que mostraron sus dudas acerca de la ética de la conquista. Notables juristas y humanistas debatieron en profundidad la legalidad de privar a los indígenas de sus tierras y obligarlos a someterse a la autoridad española. A los indígenas, sin embargo, estas discusiones éticas no les reportaron ningún beneficio.

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CREACIÓN DEL DERECHO INDIANO
El Consejo de Indias y las secretarías de Estado dieron salida, tras las correspondientes consultas al rey, a un gran número de decretos, órdenes, autos, instrucciones, cédulas y provisiones como instrumentos legales que sirvieron para reglamentar el gobierno de las provincias americanas. Todas estas disposiciones quedaron reflejadas en los libros de registro que se fueron multiplicando en relación con su contenido general o específico, ya que los documentos originales eran enviados directamente a las autoridades o a las personas implicadas en el tema. Los libros generales se iniciaron en 1492 y estuvieron activos hasta 1717, con una breve interrupción de 1505 a 1509. Posteriormente se fueron abriendo nuevos libros relacionados con la Casa de Contratación de Sevilla, áreas concretas de América, como Nueva España, Perú o Río de la Plata, entre otros, y materias específicas. Se calcula que las disposiciones dictadas durante este periodo superan el millón y fueron recogidas en cerca de dos mil libros. El volumen y la diversidad de este conjunto legal en permanente aumento creó numerosas dificultades a las autoridades para su puesta en práctica. A mediados del siglo XVI, cuando el establecimiento en el continente abarcaba una extensión insospechada treinta años antes, las normas de diferente rango
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se superponían unas a otras sin que los encargados de su cumplimiento dispusieran de los repertorios legales imprescindibles para su trabajo. Las polémicas Leyes Nuevas de 1542 habían sido publicadas en su momento con el título de Leyes y Ordenanzas nuevamente hechas por su Magestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios, pero al poco tiempo fueron derogadas parcialmente y de forma desigual en los diferentes virreinatos, a causa de los duros enfrentamientos con los encomenderos.

Sobre los estragos de las Enfermedades.
En 1492, el Caribe, México, Centroamérica y la región andina de Sudamérica se contaban entre las regiones de mayor densidad de población del hemisferio. Al cabo de unas décadas, todas ellas sufrieron un descenso demográfico catastrófico, debido, en gran medida, a las infecciones por microbios: enfermedades como la viruela, el tifus, la gripe y otras, todas ellas desconocidas en América antes de la conquista. Los indígenas eran vulnerables, desde el punto de vista inmunológico, a este conquistador invisible. Debido a que la población indígena desaparecía lentamente en la región del Caribe, los españoles recurrieron a la captura de esclavos en tierras de la actual Florida para reforzar la mano de obra. Cuando esta medida también resultó insuficiente comenzaron a importar africanos para trabajar en los cultivos de caña de azúcar y en las minas de plata. Los indígenas que lograban sobrevivir se asignaban a una plantación o explotación minera, a cuyo dueño debían todos sus servicios. El sistema de la encomienda equivalía en la práctica a la esclavitud. Esto influyó en la degradación del espíritu y la salud de los indígenas, haciéndolos todavía más vulnerables frente a las enfermedades.

Algo Sobre nuestra Gente y Caciques.
Acaprapocón
Cacique de la región de Los Teques. Hacia 1573 junto con Conopoima, una vez muerto Guacaipuro, luchó contra Garci González de Silva. Según el historiador José de Oviedo y Baños, en un ataque al pueblo de Acaprapocón los españoles lograron capturar a 2 de las hijas de éste, a quienes el cacique quería mucho, así como también a una de las esposas de Conopoima. Ambos jefes, ante el cruel comportamiento de algunos soldados de la expedición,

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hicieron las paces con los españoles, pues temían que mataran a los familiares capturados.

Acarigua
Capital del municipio Páez en el estado Portuguesa. Forma una sola unidad urbana junto con la vecina ciudad de Araure; se trata de una localidad del piedemonte andino-llanero por lo cual cuenta con amplias tierras fértiles y libre de inundaciones, a 190 m de altitud. Temperatura media de 26,8 °C y precipitaciones medias anuales de 1.523 mm. De origen indígena. Escribía Nicolás de Federmann: «El 15 de diciembre del año treinta [1530] llegamos a un gran pueblo o aldea de la misma nación llamada Hacarygua, situado al lado de un gran río [el Acarigua]…» Los indígenas, según aquél, eran en parte caquetíos y cuybas; un poco más lejos estaban los coyones. Constituía, al parecer, una concentración al mando del cacique de aquel nombre, capaz de poner en pie de guerra a 16.000 indígenas.

Araguare.
Tácata (Edo. Miranda) 1575 Según el historiador José de Oviedo y Baños, Araguare o Araguaire fue cacique de la región de Tácata (Edo. Miranda) que hacia 1568 participó en la concentración de caciques convocada por Guacaipuro. El teniente Francisco Carrizo, presidió una expedición punitiva para investigar la muerte de 2 soldados españoles que habían ido a hacer un rescate en la región de Tácata; la crueldad de este teniente agudizó las hostilidades entre indígenas y conquistadores y dificultó la pacificación de la zona. Carrizo había ofrecido la paz a los jefes indígenas de la región, pero cuando éstos acudieron al llamado incumplió su palabra, los redujo a prisión y ordenó la muerte de algunos, entre ellos la de Araguare, quien fue ahorcado.

Sobre los Arawak.
pueblo amerindio cuyas numerosas tribus habitaban en sus orígenes una zona comprendida entre la actual Florida y las Antillas, y la zona costera de Sudamérica hasta el sur de Brasil. El grupo pertenece a la familia lingüística arauaca o arawaka. Los arawak, también llamados arawacos, fueron los primeros indígenas del continente americano con los que se encontró Cristóbal Colón. Buena parte de los pueblos arawacos desaparecieron hace varios siglos. Los de las Antillas Menores fueron sometidos en la guerra contra los pueblos caribes a finales del siglo XV. En los primeros años del siglo XVI la población arawaca de las Antillas disminuyó en millones y a finales de siglo se había extinguido. Esta catastrófica tasa de mortalidad se debió a la llegada de enfermedades europeas (a las que
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los arawacos no eran inmunes), a la desaparición de sus fuentes de alimentación y a la crueldad y esclavitud impuestas por los españoles. Antes de la conquista española, los sistemas ecológicos de las grandes islas, con sus copiosas cosechas y abundancia de peces, junto con las poblaciones compactas y estables, favorecieron el desarrollo de una evolucionada estructura política y social. Una casta de jefes hereditarios gobernaba a otras tres castas, la más baja de las cuales estaba formada por esclavos. Los conflictos entre las castas parece ser que eran mínimos. En esta sociedad matrilineal (en la que la sucesión se establece por línea materna), a un jefe le sucedía el hijo mayor de su hermana mayor. La religión presentaba una jerarquía de deidades paralela a la estructura social. Los grupos arawacos de Sudamérica resistieron mejor el contacto europeo debido a que sus grupos eran más pequeños y estaban más dispersos. Su estructura social también era matrilineal, pero mucho menos compleja. Los arawacos de tierra firme comerciaban con los holandeses y los ingleses. Durante los siglos XVII y XVIII evolucionaron hacia una agricultura de plantaciones. En el transcurso del siglo XX, los arawacos comenzaron a aceptar trabajos asalariados para suplir los escasos beneficios de la agricultura, la caza y la pesca. Aunque su cultura actual refleja diversas influencias externas, este grupo se ha distinguido desde la época prehispánica por su destreza en la alfarería,los tejidos, la talla en madera y los metales. En la actualidad viven unos 30.000 arawacos en Guyana y poblaciones menores en Surinam y en la Guayana Francesa. Otros grupos de habla arawaca se hallan dispersos por diversas partes de Sudamérica.

Baruta
Capital del municipio de su denominación en el estado Miranda. Situada en una hondonada de las montañas al S del valle de Caracas, a orillas de la quebrada Baruta. Forma parte del área metropolitana capitalina. Se halla a 880 m de altitud. La temperatura media es de 21,5 °C con precipitaciones anuales medias de 900 mm. Este nombre aparece mencionado por vez primera como el de uno de los caciques que integraron la coalición que, al mando de Guacaipuro, intentó atacar en 1568 la recién fundada ciudad de Santiago de León de Caracas. Para el 12 de mayo de ese año, este cacique y sus indios le fueron encomendados al capitán Alonso Andrea de Ledesma, uno de los fundadores; encomienda que le fue confirmada en 1582 y 1593. Ledesma tenía en el sitio, al parecer, 20 fanegadas de tierra y un molino de tribu. El 21 de mayo de 1594, el gobernador Diego de Osorio volvió a confirmar dicha encomienda, pero asignándoles tierras separadas a los indios.
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Caraballeda (El Collado)
En 1558 Francisco Fajardo, navegando desde la isla de Margarita, llegó a la costa de la comarca de los indios toromaymas, quienes habitaban en una región del litoral central de la costa venezolana denominada por ellos Amanaure. Fajardo desembarcó a sus hombres en el sitio que luego denominó Panecillo. Desde allí emprendió la conquista de los toromaymas, lo cual logró, pero muy pronto hubo un alzamiento y los españoles tuvieron que huir. En 1560 regresó Fajardo con más gente, y a pesar de que nuevamente se vieron atacados por los indios, lograron fortificarse y durante meses resistieron las guazábaras de que eran objeto. Al fin lograron fundar un poblado. El gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Pablo Collado, le otorgó el título de capitán a Fajardo y éste, en retribución, bautizó el poblado con el nombre de Villa del Collado. Los toromaymas continuaron atacando y el pueblo no pudo subsistir, por lo cual los pocos sobrevivientes que quedaron regresaron en piraguas a Margarita. En 1567, llega Diego de Losada con 136 españoles y un rebaño de ganado tocuyano y funda la ciudad de Santiago de León de Caracas, pero ve la necesidad de una salida al mar que facilite las comunicaciones para su recién fundada ciudad, la cual había quedado establecida en un valle. Surge el recuerdo del caserío fundado por Fajardo 7 años antes, a sólo 6 leguas de distancia de Santiago de León. Va con sus tropas hacia el mismo sitio del antiguo Collado y asienta allí a sus hombres: así se fundó la ciudad de Nuestra Señora de Caraballeda, en 1567. Caraballeda queda así como núcleo primigenio de la economía y la sociedad costera, debido en gran parte a su ubicación geográfica: cerca de Caracas y al lado del mar. La primitiva Caraballeda fundada por Losada dejó de existir como ciudad a comienzos de 1586, por haber entrado sus vecinos en conflicto con el gobernador Luis de Rojas; más tarde se formó allí un pueblo.

Carache
Capital del municipio de su denominación en el estado Trujillo. De origen indígena. Karak es voz cuica que significa indio o cacique mudo. Se halla a orillas del río Carache a 1.208 m de altitud y está dominado por el páramo La Nariz en la sierra de Barbacoas. La temperatura media es de 21,2 °C con precipitaciones medias anuales de 670 mm. Región habitada por indios de nación cuica; en 1548 Damián del Barrio tuvo un enfrentamiento con ellos mientras buscaba minas de oro, pero sin llegar a ocupar el valle. En 1558 y 1559, tenían encomiendas allí Francisco Infante, Luis de Villegas y Francisco Terán. En auto del 20 de enero de 1565, el capitán Juan Román recibió la encomienda del valle de Carache, por servicios prestados a la Corona, entre

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ellos, el haber combatido contra el Tirano Aguirre. Comprendía 7 caciques, uno de ellos de nombre Carachy, los otros eran: Pitijay, Buqu, Buscabi, Bombas, Baján y Bibiyu; confirmó su posesión el 16 de diciembre de 1575. En 1597 el gobernador Diego de Osorio envió al capitán Andrés Sanz como justicia y juez poblador de los valles de Carache y Burbusay, a fundar un pueblo con los indios de las encomiendas del lugar, pero no se llevó a cabo.

Carapaica
c. 1567 Guerrero taramaina que se distinguió por su valor en combate. En la conquista de Caracas efectuada por Diego de Losada, en 1567, formó parte de la resistencia indígena. En uno de los encuentros armados, Carapaica logró arrebatarle la espada al capitán Rodrigo Ponce León. Esta arma la utilizó en la batalla de la Quebrada, según el historiador José de Oviedo y Baños, para enfrentarse al mestizo Alonso Ruiz Vallejo.

Sobre los Caribes.
miembro de los pueblos indígenas pertenecientes a la familia lingüística caribe, ocupó diversas zonas del continente americano, aunque probablemente sea oriundo del valle del río Orinoco. A finales del siglo XV los caribes poblaron la mayoría de las islas de las Antillas Menores y la costa de la actual Venezuela, territorios de los que expulsaron al pueblo arawaco. Los caribes valoraban por encima de todo las hazañas en combate. No estaban organizados en estructuras jerárquicas bajo el mando de un jefe, sino que peleaban como guerreros solitarios y asaltaban otros pueblos. Semejantes a los arawacos, los caribes manejaban la canoa con destreza y sus flotas a veces llegaron a tener hasta 100 piraguas dotadas de velas. En tierra vivían en pequeños asentamientos, practicaban la agricultura y pescaban y cazaban animales con cerbatanas, mazas, hachas de piedra, arcos y flechas —cuya punta envenenaban con curare. Las comunidades caribes estaban constituidas generalmente por varios grupos emparentados por línea materna. En el transcurso del siglo XVII, época en la que varios países europeos combatieron por hacerse con el control de las Antillas Menores, los caribes fueron prácticamente exterminados; sólo quedaron algunos grupos en las islas de San Vicente y Dominica. En 1796 el gobierno británico deportó a la mayoría de los 5.000 supervivientes desde San Vicente a la isla de Roatán en la costa hondureña del mar Caribe. Los caribes se dispersaron por tierra firme y en la actualidad forman un grupo de unos 40.000 individuos, cuyo núcleo se encuentra situado en Venezuela y la Guayana.
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Caricuao
Cacique del valle de Caracas. La referencia histórica que se tiene de él es ínfima. El historiador José de Oviedo y Baños lo menciona en la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela en el capítulo titulado «Prosigue Losada con su marcha: desbarata en batalla á Guacaipuro y llega con su campo al Valle de la Pascua». Allí se dice que una vez que el conquistador derrota a Guacaipuro, prosigue camino evadiendo, la margen del Guaire «...cojiendo á mano derecha por los pueblos del Cacique Caricuao, salió a un valle tan alegre como fértil, que bañado de las corrientes del Río Turmero, y abundante de bastimentos, le ofrecía acomodada conveniencia...»

Cayaurima
Cacique de los indios cumanagotos de la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná. Logró imponerse como jefe de su parcialidad después de someter a varias tribus en la región oriental. En su lucha contra los conquistadores españoles deseosos de dominar las tierras cumanagotas enfrentó varias expediciones: en 1570, la de Diego Fernández de Serpa, quien recién nombrado gobernador y capitán general de la provincia, murió en los enfrentamientos; en 1579, la de Garci González de Silva, enviado por el gobernador de la provincia de Venezuela, Juan de Pimentel, con la misión de pacificar y reducir a los naturales de la región situada entre los ríos Unare y Neverí, e incorporar dicho territorio a la provincia de Venezuela, lo cual no pudo ejecutar debido a la fuerte resistencia de los indígenas, quienes lo derrotaron y persiguieron; y, en 1585, la de Cristóbal Cobos, mandado por la Audiencia de Santo Domingo para someter a los indómitos indígenas de la provincia oriental, objetivo que logró con mucha dificultad. Sobre esta última expedición se puede decir lo siguiente: al primer encuentro, luego de 3 horas de combate, la habilidad de Cobos en la lucha le permitió, sin que hubiera vencidos ni vencedores, avanzar hasta el jagüey de Macarón; Cayaurima pidió ayuda a otros caciques y sorprendió a los conquistadores, librándose la batalla de Macarón. Cobos comandaba la caballería, pero siendo más los hombres de Cayaurima, éstos creyeron obtener la victoria fácil; sorpresivamente, 2 soldados españoles penetraron las filas enemigas y reconociendo al cacique, entablaron con él una lucha cuerpo a cuerpo, hasta que Cobos los auxilió y lograron apresar al cacique. Buscando la libertad de su jefe, los indígenas se rindieron y ofrecieron obediencia, ayudaron en la construcción de las casas del asentamiento que después sería San Cristóbal de los Cumanagotos. Visto esto, Cobos liberó a Cayaurima, quien cambió su actitud opositora y lideró a sus hombres en la edificación de la mencionada ciudad.

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BIBLIOGRAFÍA: CAMACHO, SIMÓN. Cayaurima: canto indiano. Caracas: Imprenta Bolivariana por Domingo Salazar, 1844. HEMEROGRAFÍA: FORZAN DAGGER, S. T. «Cayaurima y la conquista de la Nueva Andalucía venezolana». EN: Boletín Cultural y Bibliográfico. Bogotá, núm. 12, 1964.

Conopoima
Cacique de la región de Los Teques, estado Miranda. A la muerte de Guacaipuro, se distinguió como defensor de la integridad de su gente. Hacia 1573 guerreó contra Garci González de Silva. Según el historiador José de Oviedo y Baños, Conopoima se rindió después de contemplar la mutilación a la que fue sometido el indígena Sorocaima y de haber sido capturadas por los españoles una de sus esposas y 2 hijas de su compañero Acaprapocón.

Guaimacuare (Caruao)
Cacique de la región de Chuspa y Caruao en el Litoral Central de Venezuela, que al llegar a esos lugares en abril de 1555 el conquistador mestizo Francisco Fajardo hizo amistad con él. Cuando el conquistador regresó hacia 1557 en compañía de su madre la cacica Isabel y de una hueste para poblar, Guaimacuare y otros caciques de la región, entre ellos Paisana, lo recibieron pacíficamente y le instaron a establecerse allí, como lo hizo en el lugar llamado El Panecillo en 1558. Los abusos cometidos por los españoles indignaron a los indígenas, quienes decidieron arrojarlos del lugar que ocupaban. Los 2 caciques no coincidían en las acciones a emprender, pues Guaimacuare era partidario de contemporizar y Paisana de atacar de inmediato. A pesar de que prevaleció el criterio del segundo, Guaimacuare tuvo tiempo de prevenir a Fajardo y éste pudo rechazar el asalto. De común acuerdo, ambos amigos tendieron una celada a Paisana, quien al intentar parlamentar con el conquistador fue apresado y ahorcado junto con varios de sus compañeros. De todos modos, la presión ejercida por los indígenas hostiles obligó a Fajardo y a su gente a retirarse a la isla de Margarita, quedando despoblado El Panecillo ese mismo año de 1558. En el curso del año siguiente volvió el conquistador con nuevas fuerzas y después de haberse puesto de acuerdo con Guaimacuare y de pedir autorización al gobernador Pablo Collado, fundó la villa del Collado en la zona de Caraballeda en los primeros meses de 1560. Al parecer, Guaimacuare apoyó a Fajardo en los conflictos de éste con Antonio Cobos, justicia mayor de Nueva Córdoba (Cumaná), cuyas respectivas jurisdicciones no estaban bien delimitadas. A comienzos de 1562 se produjo una insurrección general de indígenas del valle de Caracas y del litoral, acaudillada, entre otros, por Guacaipuro y Guaimacuare, ahora enemigo de los españoles. Los habitantes de El Collado

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se vieron obligados a abandonar el pueblo, que fue destruido entre febrero y marzo del mismo año. Hasta 1567, con la llegada de Diego de Losada y la fundación de las ciudades de Caracas y Caraballeda (ésta en el mismo lugar donde estuvo El Collado), los Aborígenes de la región central vivieron libres del dominio español. Ante el acoso de los pobladores de Caraballeda, Guaimacuare y su gente se retiraron a la serranía, y a fines de aquel año o comienzos del siguiente participaron en el fracasado intento de destruir a Caracas organizado por Guacaipuro. Muerto éste en 1568, Guaimacuare continuó guerreando contra los españoles, quienes se vieron obligados a organizar hacia 1570 o 1571 una operación combinada de las fuerzas de Caracas y de Caraballeda para someter al cacique y sus hombres, que refugiados en los montes cercanos ponían en peligro la comunicación entre las 2 ciudades; pero a pesar de esto, lo defensores fueron obligados a retroceder, perdiendo a Gaspar Pinto, uno de los primeros regidores de Caraballeda. El cacique permaneció insumiso, pero poco a poco algunos de sus hombres entraron en contacto con los españoles o murieron combatiéndolos. Después de esto no se tienen más noticias del aguerrido indígena, también conocido como Caruao o Carguao.

Cuairicuarián
Indio mariche que da su vida por la de su cacique Chicuramay. Según el historiador José de Oviedo y Baños cuando en 1569 los alcaldes ordinarios de Santiago de León de Caracas, Pedro Ponce de León y Martín Fernández de Antequera, condenaron a muerte por empalamiento a 23 caciques acusados de incitar a la rebelión en contra del dominio español, Chicuramay era uno de ellos. Cuairicuarián se presentó ante los españoles poco antes de iniciarse el suplicio y en voz alta les señaló que la persona que tenían por Chicuramay era inocente porque él era el verdadero Chicuramay y como tal venía a entregarse a cambio de la libertad de la persona aludida. Con este gesto de fidelidad se salvó la vida del cacique Chicuramay. Según el hermano Nectario María los hechos relatados no se llevaron a cabo.

Chacao
Cacique indígena que habitaba en el valle de San Francisco (actual ciudad de Caracas). Hacia 1567, Chacao fue hecho prisionero por Juan de Gámez, a quien Diego de Losada había ordenado realizar una «entrada» para capturar indígenas. Sin embargo, fue puesto en libertad por Losada, hecho que permite suponer el interés de éste en granjearse la confianza y amistad del jefe indígena para facilitar así la pacificación de la región. No obstante, su intento resultó fallido pues en 1568 Chacao se alió con Guacaipuro y otros jefes indígenas para hacer frente al avance de la conquista española, siendo

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enfrentados y derrotados por el propio Losada en la llamada Batalla de

Maracapana. Su nombre se conservó como un poblado al E de Caracas,
incorporado hoy al área metropolitana.

Chicuramay
Cacique mariche. Según el historiador José de Oviedo y Baños, en 1569 los alcaldes ordinarios de Caracas, Pedro Ponce de León y Martín Fernández de Antequera, lo condenaron a morir por empalamiento junto con otros 23 caciques acusados de propiciar la rebelión en contra del dominio español. Chicuramay se salvó de morir porque el indio Cuaricurián se presentó antes de empezar el suplicio indicando que el verdadero Chicuramay era él y no la persona que tenían detenida. Fue así como Chicuramay salvó su vida.

Chiparara
Cacique de varias tribus que a mediados del siglo XVII habitaban la región llanera ubicada al sur de San Sebastián de los Reyes, en tierras cercanas al río Portuguesa. Esos eran indígenas que habían sido desplazados de su territorio original por los españoles con el fin de establecer hatos. Por tanto, no es raro que se dieran frecuentes enfrentamientos en la región que hoy constituye el estado Guárico. Para poner fin a esa situación el gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Diego Francisco de Quero, encomendó al capitán Diego Velásquez de Ledezma, organizar una expedición pacificadora, la cual partió a fines de febrero de 1653. Acompañado de algunos vecinos y soldados, Velásquez se internó hacia los llanos llegando a las riberas del río Portuguesa el 1 de marzo. Allí pasó revista a sus hombres y contando con la colaboración de indígenas guamonteyes se internaron por varios ríos y caños hasta encontrar el río Blanco, en cuyas riberas se enfrentaron a numerosos indígenas armados con arcos, flechas y macanas. Después de mucho esfuerzo lograron desarmar y apresar a los belicosos naturales sin disparar las armas de fuego. Entre los prisioneros tomados, unos 400, contando hombres, mujeres y niños, había varios que fungían de jefes, de los cuales el más notable era conocido como Chiparara, quien al prestar declaración dijo entre otras cosas lo siguiente: que era el «Principal grande» entre su gente y los otomacos; que sus dominios se extendían por las riberas del río Blanco; que siempre había sido enemigo de los españoles a quienes consideraba unos «bellacos y mentirosos» y los había enfrentado en varias ocasiones en compañía de caribes, alquirires, amaibas, atapaimas, otomacos, achaguas y bateas; que también era enemigo de los guamonteyes, tribu coaligada con los españoles; que atacaban los hatos en busca de carne y de caballos, y con la esperanza de que los «blancos» huyeran y los dejaran en posesión de sus antiguas tierras; y, por último, que no deseaba acordar la paz
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con los españoles, ni aceptar a su rey, ni sus leyes y costumbres. Después de levantar el acta con los testimonios de los prisioneros, Velásquez procedió a repartirlos entre sus hombres y a organizar la marcha de regreso.

Guacaipuro (Guaicaipuro)
Cacique de los indios Teques y Caracas, que acaudilló la resistencia a la penetración europea en la zona norcentral de Venezuela durante la década de 1560. La región de Los Teques estaba poblada por muchos indígenas que formaban grupos independientes con sus jefes o caciques propios. El principal de estos grupos era el del cacique Guacaipuro, cuyo asiento era Suruapo o Suruapay, situado en las vecindades del actual San José de los Altos, en la vertiente de la quebrada Paracoto. Aunque la grafía «Guaicaipuro» se ha popularizado, debe tenerse en cuenta que su verdadero nombre era Guacaipuro, y así es mencionado en los documentos coetáneos. Baruta era el nombre del hijo mayor de Guacaipuro, y Tiaora y Caycape el nombre de 2 hermanas suyas y se anotan también los nombres de sus 6 hermanos que vivían con él, así como también Pariamanaco, hijo de su hermana Tiaora, y Quetemne, también hija de esta última; se anotan también 6 sobrinos suyos y un nieto. Además de Suruapo o Suruapay como pueblo muy importante de su jurisdicción, figuran 6 caseríos más, cuyos pobladores eran también de su gobierno. Descubiertas unas minas de oro en tierras de los teques, al comenzar Pedro de Miranda su explotación, fue atacado por Guacaipuro y tuvo que abandonarlas. El gobernador Pablo Collado nombró a Juan Rodríguez Suárez en sustitución de Miranda, el cual venció a Guacaipuro en varios encuentros y creyendo haber pacificado la región, dejó en las minas unos obreros para trabajarlas con 3 hijos suyos menores de edad. Ausente Juan Rodríguez Suárez, Guacaipuro asaltó las minas mató a todos los trabajadores, incluso a los hijos de Juan Rodríguez Suárez, y tras haber incitado a la rebelión a Paramaconi, cacique de los taramainas, pasó al hato de San Francisco, dio muerte a los pastores, quemó las viviendas y dispersó las reses. Enterado Juan Rodríguez Suárez del desembarco del Tirano Lope de Aguirre, se dirigió hacia Valencia con sólo 6 soldados para combatirlo; en el trayecto, sorprendido por Terepaima y Guacaipuro, fue muerto tras una heroica resistencia. Guacaipuro impulsó entonces un levantamiento de todas las tribus y los caciques Naiguatá, Guaicamacuto, Aramaipuro, Chacao, Baruta, Paramaconi y Chicuramay reconocieron a Guacaipuro por su jefe supremo. Sabedor Diego de Losada de que Guacaipuro era quien había promovido un frustrado asalto a la recién fundada ciudad de Caracas (1568), ordenó su aprisionamiento; confió este delicado encargo al alcalde Francisco Infante, quien, con indios fieles que conocían el paradero del cacique, salió de Caracas cierta tarde, al ponerse el sol, con 80 hombres. A la media noche llegaron al
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alto de una fila, en cuya falda estaba el pueblo de Suruapo donde Guacaipuro tenía su vivienda; Infante con 25 hombres se quedó allí para proteger la retaguardia y retirada en caso de una derrota, mientras Sancho del Villar con los demás bajaba a ejecutar la prisión del indio. Conducidos por los guías llegaron a la puerta del inmenso bohío o caney de Guacaipuro los 5 primeros que formaban la delantera, pero como acababan de ser descubiertos, con sus armas en las manos, esperaban la llegada de los compañeros y fue entonces cuando intentaron franquear la entrada, pero Guacaipuro, que manejaba la espada que había sido de Juan Rodríguez Suárez, hirió a cuantos intentaron entrar. A los gritos de la pelea, se alborotó el pueblo y todos acudieron a defender a su cacique, pero nada podían contra los filos de las espadas; y los lamentos y gritos de las mujeres y niños, en la noche oscura, aumentaban la confusión general. Viendo los españoles la imposibilidad de rendir al cacique, resolvieron quemar el gran bohío o caney en el cual estaba guarecido. Como su techo era de paja y madera, arrojaron una bomba de fuego sobre el tejado, que comenzó a arder vorazmente. Viéndose en trance de perecer, Guacaipuro saltó fuera, dando estocadas a diestra y siniestra contra los asaltantes, pero todo fue en vano pues las espadas de éstos lo dejaron muy pronto muerto en el suelo; la misma suerte tuvieron sus acompañantes. BIBLIOGRAFÍA: Bibliografía de Guaicaipuro y de los indios Teques_ Caracas: Organización de Base del Consejo Indio Sud-Americano, Consejo Mundial de Pueblos Indígenas, [entre 1970 y 1980]; FEBRES CORDERO, JULIO. Guaicaipuro, el caudillo legendario. [Caracas]: Edime, [1968]; LAYDERA VILLALOBOS, ANÍBAL. Guaicaipuro. Los Teques: Ediciones de la Casa de la Cultura, 1968; NECTARIO MARÍA, HERMANO. El cacique Guacaipuro. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1975; __. Los indios teques y el cacique Guacaipuro. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1971; OCAMPO, JUAN DE. Los caciques heroicos: Paramaiboa, Guaicaipuro, Nicaroguán.

Guaicamacuto
Uno de los caciques del Litoral Central, establecido cerca de la actual población de Macuto, fue uno de los que recibieron pacíficamente a Francisco Fajardo cuando éste llegó a la región por primera vez en abril de 1555 y también la segunda, alrededor de 1557. Pero los abusos cometidos por la gente de Fajardo asentada en El Panecillo, irritaron a los Aborígenes, y Guaicamacuto, junto con Paisana y otros, fue uno de los caciques dirigentes de la rebelión que estalló en 1558 contra los españoles. Valiéndose de una estratagema, logró atraer fuera de las empalizadas de la población al capitán Jorge Juan Quiñones y a un destacamento, que fue atacado y casi totalmente
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destruido por los indígenas, resultando Quiñones mortalmente herido. A raíz de estos sucesos, Fajardo se retiró de El Panecillo ese mismo año. Después del fracaso de un tercer intento de Fajardo en 1562, los indígenas del litoral se mantuvieron libres del dominio español. En 1567, llegó a la zona donde vivían Guaicamacuto y su tribu, un buque español, que yendo hacia Cartagena de Indias, fue perseguido por un corsario francés y buscó refugio en la costa. Los de Guaicamacuto se apoderaron del buque, mataron a sus tripulantes y lo quemaron, después de haberlo saqueado; entre el botín obtenido había algunos objetos del culto destinados al obispado de Charcas, en el Alto Perú (Bolivia). Hacia fines del mismo año, bajando de Caracas, llegó al territorio de Guaicamacuto el conquistador Diego de Losada, fundó allí la ciudad de Caraballeda. Cuando Guacaipuro convocó, poco después, una gran alianza de caciques para atacar y destruir la ciudad de Caracas; Guaicamacuto fue de los que acudieron a su llamado, pero al fracasar ese intento, decidió rendirse a Losada junto con otros caciques y sus respectivas tribus.

Guanauguta (Guarauguata)
Cacique de una tribu que a mediados del siglo XVI habitaba la región hoy conocida como Catia La Mar, también se le conoce como Guarauguata. Se tienen de este cacique 2 noticias concretas. En 1563 al regresar de España el conquistador Diego García de Paredes, nombrado gobernador de Popayán, decidió desembarcar con algunos hombres en los predios de Guanauguta con el fin de saludar a su amigo el conquistador Luis de Narváez. El cacique los recibió con amabilidad y los obsequió con un banquete, sin que sospecharan los invitados que se les tenía preparada una emboscada. Terminada la reunión los españoles fueron sorprendidos por los indígenas quienes les dieron muerte de inmediato, entre ellos a García de Paredes, el 4 de septiembre del mencionado año. Posteriormente, en 1568, Guanauguta concurrió con sus hombres a la convocatoria realizada por Guacaipuro a 16 caciques de la costa y de la serranía para atacar en masa a la recién fundada Santiago de León de Caracas. En poco tiempo lograron reunir varios miles de hombres que serían conducidos por Guacaipuro, pero éste no se presentó a tiempo al sitio de Maracapana, lugar donde se concentraron los indígenas, lo que dio tiempo a los españoles de emprender la defensa de la ciudad y arremeter con éxito a los atacantes.

Huyapari
Nombre dado por los indígenas al río Orinoco; también Uriapar, Uyapar, Uriaparia. Procede de un cacique aruaco del mismo nombre, cuyo poblado, de unos 200 bohíos según Jerónimo de Ortal, fue utilizado por Diego de Ordaz como base durante su exploración por este río y el Caroní, en 1531. Era

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costumbre que el nombre del cacique sirviera para identificar la región bajo su influencia; así, los cronistas de la época transmitieron el más conocido. Se le identifica casi con seguridad con el poblado de Barrancas (Edo. Monagas), por la descripción que de él hace Juan de Castellanos. Otros cronistas como Fernández de Oviedo y Valdés también identifican río y poblado con este nombre. Otras versiones suponen que el poblado indígena pudo haber estado en la desembocadura del río Uracoa (Edo. Monagas) al caño Mánamo (Edo. Delta Amacuro), ya que esta fue la vía de entrada y salida utilizada por las expediciones al Orinoco durante los siglos XVI y XVII.

Manaure
Cacique que, en las primeras décadas del siglo XVI, habitó en la región de la actual ciudad de Coro (Edo. Falcón). Manaure detentaba un importante cacicazgo, presumiblemente el único constituido como tal en el hoy territorio de Venezuela. Además del poder político también reunía poderes religiosos que lo hacían aún más respetado entre los indígenas. según noticias aportadas por cronistas e historiadores del siglo XVI, en sus recorridos, Manaure era transportado en hamaca o en andas cargadas por sirvientes. Su influencia parece haberse extendido hasta las islas de Curazao, Aruba y Bonaire y en todo el territorio del actual estado Falcón, llegando hasta las riberas del río Yaracuy. Colindaba al sur con caribes y al sureste con jiraharas. Vivía en un poblado grande llamado Todariquiba situado posiblemente en las cercanías de la actual Sabaneta, a orillas del río Mitare, de donde se trasladó a Coro a partir de su fundación, razón por la cual aquél recibió el nombre de Pueblo Viejo. Existían entonces en Coro la casa fuerte y el asentamiento de Juan de Ampíes. Manaure entró en contacto con los españoles hacia 1522-1523 por medio de 2 caciques vasallos, Baracuyra y Baltasar, quienes visitaron a Gonzalo de Sevilla, agente de Ampíes en Aruba. Por medio de sus emisarios, Manaure estableció una alianza con Ampíes y al marcharse Sevilla para Santo Domingo en 1524, ambos caciques le acompañaron. En esa época, las costas de Tierra Firme eran recorridas por traficantes de esclavos y aventureros y la gobernación de Ampíes sufrió tales visitas, en una de las cuales, en 1525, fueron llevados presos a Santo Domingo más de 150 indígenas para ser vendidos como esclavos; entre ellos iban varios familiares de Manaure. Ampíes y Sevilla consiguieron rescatar a muchos de ellos, devolviéndolos a Coro con lo cual la alianza entre ambos caudillos fue definitivamente sellada. En 1528, con motivo de la llegada de Ampíes padre a Coro, Manaure fue bautizado con el nombre de Martín. Una vez llegados los Welser, Juan de Ampíes fue reducido a prisión por presunto delito de soliviantar a los indígenas en contra de los alemanes y desterrado a las Antillas. Manaure debió mantener un trato amistoso con éstos. No obstante, a finales de 1530 o a
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principios de 1531, después del regreso de Ambrosio Alfínger de su primera salida tierra adentro, Manaure fue encarcelado por haber reclamado unas canoas suyas apropiadas por los alemanes. Después de liberado se refugió en un pueblo cercano a Coro, en busca de seguridad para él y sus familiares. Hacia 1532 se había retirado con su gente unas 50 o 60 leguas (250-300 km) tierra adentro. Una leyenda del siglo XVII reseñada por Pedro Manuel Arcaya dice que este viaje se hizo hasta una laguna situada cerca del río Meta (Edo. Apure) con el fin de lanzar allí objetos de oro que tenía en profusión el cacique. según esta misma leyenda las calzadas prehispánicas de Barinas, anteriores a estos hechos, habrían sido construidas por los caquetíos para facilitar el paso del cacique Manaure y su comitiva por las llanuras inundadas. De él arranca el linaje de los Martínez Manaure, quienes todavía en el siglo XVIII apelaban al Rey por el título y posesión del cargo de caciques de los pueblos de Santa Ana de Coro, Caciquiare, Moruy, Río del Tocuyo, Cumarebo, Mitare, Zazárida, Capatárida y Borojó, que en 1712 ponían en duda el cacicazgo de Juan Santiago Martínez Manaure.

Naiguatá
Cacique de la región costera central. Tenía parentesco cercano con la cacica Isabel, madre del conquistador mestizo margariteño Francisco Fajardo, a quien favoreció cuando éste llegó en 1555 al litoral y también en las 2 oportunidades siguientes, de 1557 a 1562. Fue uno de los caciques que acudieron con sus hombres al llamado de Guacaipuro cuando a fines de 1567 o comienzos del año siguiente se propuso destruir la ciudad de Caracas. Pero Naiguatá y los demás caciques fueron derrotados por una hueste española salida de la ciudad, mientras aguardaban la incorporación de Guacaipuro. Su nombre distingue hoy al pico más elevado de la cordillera de la Costa.

Paisana.
Cacique de la costa de los caracas (Distrito Federal). En 1557, cuando Francisco Fajardo incursiona por segunda vez en su territorio, Paisana y el cacique Guaicamacuare le pidieron que se estableciera en la región y le ofrecieron para ello tierras de labranza ubicadas en el valle del Panecillo. Con Fajardo venían algunos españoles y su madre la cacica Isabel. Esta situación de armonía entre indios y españoles, la aprovecha Fajardo para regularizar con las autoridades competentes su incursión en la zona; pasó a Borburata, dio cuenta al Cabildo de esta ciudad de lo hecho por él, y fue en busca del gobernador Gutierre de la Peña, quien le facultó y dio título para gobernar y poblar en toda la costa desde Borburata hasta Maracapana. Al regresar a Panecillo, fundó en la misma ranchería que había dejado, la villa del Rosario, aunque ya las relaciones entre españoles e indios no eran tan cordiales. Los

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caciques Paisana y Guaicamacuare intercambiaron entonces opiniones respecto a cómo sacar a los españoles del territorio: Paisana era partidario de la violencia y Guaicamacuare de la persuasión; éste último informa a Fajardo de lo discutido para que no esté desprevenido. Paisana atacó el poblado de Fajardo y éste pudo resistir el ataque, pero el cacique sitió la villa y envenenó las aguas de los pozos que surtían el poblado. Estos hechos hacían que Fajardo desconfiara de cualquier gesto o movimiento que intentara Paisana y es la razón por la que, cuando éste intentó entrar pacíficamente a la villa, Fajardo lo apresó y ahorcó junto con 10 de los indios que lo acompañaban.

Paramaconi.
Cacique de los indios taramainas (llamados también toromainas) que habitaban en la zona nor-central de Venezuela. Después de haberse establecido los españoles en el valle de Caracas, Paramaconi, aliado con Guacaipuro, fue uno de los jefes de la sublevación general de indígenas de esa zona que estalló a mediados de 1561. Mientras Guacaipuro atacaba las minas de la región de Los Teques, Paramaconi asaltaba con sus guerreros el hato de San Francisco, fundado por Francisco Fajardo en el valle, cerca del río Guaire. Durante este combate, una estampida del ganado vacuno que tenían los españoles desbarató a los taramainas y los obligó a retirarse. Poco más tarde, Paramaconi y otro indígena de nombre Toconai se enfrentaron en un encuentro personal con Juan Rodríguez Suárez y Juan Jorge Quiñones, logrando herir al primero de éstos; el compañero de Paramaconi resultó muerto, pero el cacique se salvó adentrándose en el monte. A comienzos de 1562 participó en la destrucción del hato de San Francisco, que fue definitivamente abandonado por los españoles; es probable que poco después tomara parte con otros caciques en el asalto a la villa del Collado, obligando a Fajardo y sus gentes a retirarse del litoral y regresar a la isla de Margarita. Después de estos éxitos, los indígenas continuaron por algunos años en posesión de sus tierras, pero en 1567 no pudieron impedir que Diego de Losada penetrase en la zona y fundase las ciudades de Santiago de León de Caracas y de Caraballeda. Hacia 1568, Paramaconi y sus hombres concurrieron a la gran concentración convocada por Guacaipuro para atacar la ciudad de Caracas, pero la operación fracasó por falta de coordinación entre las diversas parcialidades indígenas; Paramaconi y los suyos fueron rechazados por Losada y su hueste. A comienzos de la década de 1570, Garci González de Silva asaltó de noche el bohío del cacique, con quien se trabó en combate personal; ambos rodaron por un barranco, y el español dejó al indígena en el fondo, creyéndolo muerto. Paramaconi se recuperó de sus

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heridas y meses más tarde, se sometió a los españoles y mantuvo estrecha amistad con Garci González de Silva.

Parayuata.
Cacique. Jefe guerrero de la región de Tácata (actual estado Miranda). Participó en la muerte de 2 soldados españoles que pretendían practicar rescates entre los tácatas. Este hecho ocasionó el envío de una expedición punitiva que se comportó cruelmente con los indígenas. Éstos se sublevaron y Garci González de Silva (a quien estaban encomendados) debió participar en su pacificación. Hacia 1576, Parayuata se enfrentó a Garci González quien lo aprisionó en una emboscada. Sin embargo, luego le devolvió la libertad al cacique como táctica para conseguir la definitiva pacificación del área.

Parnamacay (Paramacay).
Cacique tarma de la costa central que se opuso a la conquista del valle de Caracas y zonas aledañas. Hacia 1568 se alió con Guacaipuro y otros jefes guerreros de la región a fin de desalojar a los españoles del valle de Caracas, pero fracasaron en su ataque a la recién fundada ciudad. Junto con el cacique Prepocunate y los indígenas de los pueblos de ambos, fue encomendado a Julián de Mendoza; la imposición de este vasallaje originó una serie de actos violentos, entre ellos la muerte del encomendero. Los indígenas lograron imponerse a sendas comisiones enviadas por los españoles bajo el mando de los capitanes Sancho de Villar y Francisco de Vides, respectivamente. En 1573, después de un combate en el cual pereció Prepocunate, Parnamacay se vio obligado a rendirse ante Garci González de Silva, a quien se le había encomendado la pacificación de los tarma. El nombre de este cacique ha sido también escrito Paramacay y Parmanacay.

Pitijay.
Cacique de la región de Betijoque (a la que le da nombre). La historia de este cacique la recoge J. Segundo Salas en un libro que carece de un «aparato crítico» adecuado. Narra episodios de la juventud y niñez de Pitijay o Pitijoc, entre los cuales destacan signos precoces de heroísmo y fortaleza. El autor noveliza la vida del indígena. Mario Briceño Perozo, por su parte, se limita a una mera mención del cacique en una lista de indígenas, incluso cita a Salas en la bibliografía, pero no resalta méritos especiales. Otros autores, entre ellos Mario Briceño Iragorry, Amílcar Fonseca y Julio César Salas, no lo mencionan.

Tamanaco.
¿Enero? 1571 Cacique de los indios mariches que opuso tenaz resistencia a la penetración española en el valle de Caracas. Según el hermano Nectario María, poco
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después de la toma de posesión del gobernador de la provincia de Venezuela Diego de Mazariegos, el 5 de diciembre de 1570, éste se interesó en lograr la pacificación de las tribus del valle de Caracas, especialmente de los mariches y para ello nombró a Francisco Calderón, teniente de la recién fundada ciudad de Santiago de León de Caracas, quien delegó en el capitán Pedro Alonso Galeas la jefatura de una expedición de 80 hombres, destinada a someter a los mariches; con ellos iban Garci González de Silva y el cacique Aricabacuto, quien sirvió de guía. González de Silva logró ubicar el refugio de un grupo de unos 200 indios. Tamanaco, avisado de este hecho, se presentó en el sitio con unos 300 hombres y se libró un combate que resultó indeciso; ante esto, Galeas decidió buscar a Tamanaco y entró en contacto con el cacique Tapiaracay, quien pidió que le enviasen al cacique Aricabacuto en muestra de amistad, pero Tapiaracay intentó infructuosamente de emboscar a Aricabacuto. Los acontecimientos indujeron a acelerar la captura de Tamanaco, hecho que se produjo pocos días después. Luego de un encarnizado combate, González de Silva logró hacer prisionero a Tamanaco. Se le condenó a muerte, pero ofreciéndole la vida si lograba triunfar en una lidia cuerpo a cuerpo con un perro bravío de González de Silva. El cacique murió destrozado por el animal.

Terepaima.
Cacique de los meregotos cuyo territorio se extendía desde el valle superior del río Tuy, pasando por la región de Las Lagunetas y serranías de Terepaima hasta San Pedro (en los actuales estados Aragua y Miranda). Hacia fines de 1559 Francisco Fajardo partió a El Tocuyo a entrevistarse con el gobernador de la provincia de Venezuela, Pablo Collado, pasando por el territorio de Terepaima, quien inicialmente le impide el paso para luego llegar a un acuerdo. A principios de enero de 1561, Luis de Narváez emprendió, desde Barquisimeto, una expedición al valle de los caracas en auxilio de Fajardo, pero es derrotado por Terepaima en la región del Tuy; a fines de septiembre o inicios de octubre de ese año, Juan Rodríguez Suárez salió del valle de Caracas hacia Borburata a fin de combatir a Lope de Aguirre que había desembarcado en ese puerto el 8 de septiembre y Terepaima, advertido por Guacaipuro, lo esperó en la serranía de Las Lagunetas (Edo. Miranda), y luego de 2 días de enfrentamiento, muere Rodríguez Suárez, quien según el historiador Nectario María «…exhausto y agotado, quedó muerto, sin haber percibido herida alguna…» Cuando en enero de 1567 Diego de Losada inició en El Tocuyo la jornada que culminaría con la fundación de Caracas el 25 de julio de ese año, fue con la tribu de Terepaima con la primera que se topó en la región central y no lograría nunca someterlo. Sólo pudo hacerlo Garci González de Silva.
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Tiuna.
Caracas, 1568 Indio de la región de Curucutí, que se enfrentó a Diego de Losada en la batalla de Maracapana en 1568. Cuando la concentración indígena reunida en Maracapana decide, ante la ausencia del Guacaipuro, una parte dispersarse y la otra avanzar hacia la recién fundada ciudad de Santiago de León de Caracas, Losada logró poner en retirada a ésta última luego de un sangriento combate; sólo quedó Tiuna en el campo y desafió a Losada con una media espada enastada en palo de guaica. Losada delegó en Francisco Maldonado la contestación al reto, pero éste fue herido por un lanzazo de Tiuna; en socorro del herido intervinieron Juan Gallegos, Gaspar Pinto y Juan de San Juan; Tiuna logró herir a Gallegos y San Juan y fue muerto de un flechazo disparado a traición por un indio criado de Maldonado.

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