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Función paterna. la angustia ante la falla

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IMPAC: MAESTRÍA EN CLÍNICA Y PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA

Función paterna
La angustia ante la falla
Alberti, T. Silvina I. S. [28/03/09]

Ciertamente, no hay angustia mayor que la de quedar atrapado en el deseo devorador de la madre. ¿Cómo articular la función paterna, el deseo del Otro y la Angustia de Castración; desde la posición de hijo(a), en Psicoanálisis?

Función paterna
La angustia ante la falla Alberti, T. Silvina, I. S.

RESUMEN

La inquietud que mueve a este trabajo radica principalmente en las fallas de la función paterna, desde el particular vínculo que guarda con el Complejo de Edipo, como portador de la ley de Prohibición del Incesto, articuladora del corte de la relación simbiótica madre – hijo; y a su vez, del deseo “devorador” de ésta a partir de irrumpir como tercero. La falla de esta función, será considerada desde la posición de hijo(a), considerando la emergencia de angustia que experimenta en concordancia con éste deseo de la madre, que además produce en el sujeto, sentimientos ambivalentes respecto a colocarse en este lugar que es simultáneamente, tanto prohibido como deseado. Los sustentos del presente trabajo serán examinados a partir de dos posturas teórico – metodológicas, en cierta forma, complementarias: la postura freudiana y la lacaniana. A tales fines, se emprenderá un recorrido en función de dichas teorías, con el objetivo de definir las conceptualizaciones que nos ayuden a aclarar el problema de investigación o en todo caso, a encontrar nuevas líneas de investigación al respecto.

PALABRAS CLAVE: función paterna, angustia, Complejo de Edipo, castración, deseo del Otro, Lacan, Freud.

SUMMARY The concern that drives this work is mainly the fault of the paternal function, especially since the link to save the Oedipus complex, as the bearer of the Law of Prohibition of Incest, articulator Cutting the symbiotic relationship of mother - child; and in turn, the desire "devourer" of it as breaking from third. The failure of this function will be considered from the position of child considering the emergence of anguish experienced in keeping with this desire of the mother, who also produces the subject, feeling ambivalent about this place that put it together, therefore prohibited as desired. The peacefulness of this work will be examined from two theoretical positions - Methodology in a way complementary: the Freudian and Lacanian position. To these ends, it will undertake a tour according to such theories, in order to define concepts that help us clarify the research problem in any case, to find new lines of inquiry.

KEY WORDS: paternal function, anguish, Oedipus complex, castration, desire of the Other, Lacan, Freud.

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Función paterna
La angustia ante la falla Alberti, T. Silvina, I. S.

INTRODUCCION

Desde la teoría freudiana, el Complejo de Edipo, sería el pivote articulador de toda neurosis (y de toda estructura psíquica). Dicho complejo, a su vez se encuentra regulado por una Ley (de Prohibición del Incesto), cuyo representante designado desde la cultura, es el padre. Este padre cumplirá una doble función: sobre el hijo(a) pero también, sobre la madre. En el caso del hijo(a), esta función causa ambivalencia, la cual también podemos entender en dos direcciones, ambas, dirigidas hacia el padre. La primera dicotomía sería amor-odio. Odio ante la prohibición ejercida por el padre, según la cual no puede cumplir sus deseos incestuosos hacia su madre; y amor hacia ese padre, en tanto ideal (del Yo). Pero también, el deseo de concretar sus pulsiones incestuosas hacia la madre, es fuente de sentimientos encontrados, en este caso, hacia la madre. Gran ambivalencia produce, por un lado, el deseo de ser ese ser capaz de colmar el deseo de la madre (en tanto Otro, lo que equivaldría a ser el deseo del Otro, también llamado en la teoría lacaniana, objeto a); por un lado y por el otro, la angustia que genera el quedar devorado por este deseo insaciable. Ahora bien, el objetivo de este trabajo radica en abrir la posibilidad de investigación a una tercera ambivalencia; aquella que quedaría articulada entre, el deseo de que la función paterna nunca surja (suceso capaz de favorecer el surgimiento de una psicosis, como psicopatología), y la angustia que causa la presencia de una función paterna fallida (neurosis). Lo que nos llevará a la pregunta por ¿cuáles son los acontecimientos que favorecen el pasaje de esta posición psicótica del infans, a la posición neurótica angustiante del sujeto? A dichos fines se utilizarán los principios teóricos-metodológicos que aportan autores como, Freud, Lacan, Tappan, Salamonivitz; entre otros. Con el objetivo de encontrar un soporte desde el cual podamos abordar nuestras inquietudes, más allá de las hipótesis, organizando los fundamentos para una correcta práctica analítica. De tal forma, creemos conveniente iniciar este estudio a partir de la delimitación del concepto de “padre”, tanto para el psicoanálisis freudiano, como para las relecturas lacanianas. Continuando por la misma vía, se caracterizarán el Complejo de Edipo y la Castración, fundamentos sin los cuales sería imposible entender la función paterna. Posteriormente, se establecerán los parámetros de discusión en torno a la pregunta inicial, para desembocar en las conclusiones o/y cuestionamientos, a los que lleve el presente ensayo.

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ANTECEDENTES

1. EL PADRE Desde el padre como mito ontogenético y filogenético del Psicoanálisis freudiano; o desde el padre en tanto función, metáfora, Nombre, etc. de las reelaboraciones lacanianas. El padre en Psicoanálisis es más que el progenitor, que el padre biológico, del que se puede dudar. Hechas las aclaraciones pertinentes, es momento de poner a los protagonistas en escena. 1. 1. EL PADRE EN LA TEORÍA FREUDIANA EL PADRE PRIMORDIAL (URVATER)… corresponde al padre de la horda primitiva descrita por Freud en su obra “Tótem y tabú” (1913). Este mito corresponde, a una supuesta familia primordial, cuyo patriarca detentaba un poder despótico sobre sus hijos, a los cuales había expulsado prohibiéndole además, el acceso a las mujeres de su familia (madre y hermanas). Estas fuertes restricciones hicieron tomar la iniciativa al grupo de hermanos de amotinarse y matar al padre, para luego, a la usanza de los pueblos primitivos, devorarlo (en un banquete totémico, dirá Freud). Pero este acto, trajo consigo sentimientos de culpa, productos de la ambivalencia entre el odio producto del poder totalitarista del padre; y el amor ante la protección que este les brindaba como miembros del clan. Los sentimientos de culpa, movieron a los hermanos, a acatar el mandato, infructuoso en vida, del padre muerto.
“…Freud entendía con esta parábola, que la moral societaria y la organización social de la vida humana tenían 1 su fundamento en esta autoprohibición”

Por lo tanto la prohibición de las hembras del grupo, provocó en consecuencia, La Ley de Prohibición del Incesto y el orden genealógico (temas en que nos detendremos al abordar la problemática del Edipo). De esta forma Freud dirá que el padre como tal, corresponde al “Padre muerto”, es decir, a la desaparición de la idea de padre como agente privador.
“Es desde el padre de construcción del concepto de Inconsciente de “La interpretación de los sueños”; el del asesinato del protopadre por la horda primitiva en “Totem y Tabú” (padre simbólico); el padre seductor de
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Tappan, E. (2006) El Nombre del Padre. In principio erat Verbum. México: Palimsesto. P. 68

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“Análisis fragmentario de una histeria” (Dora), el padre en la constitución del fantasma de “Pegan a un niño”, el padre de la cultura de “Moisés y la religión monoteísta”, el padre legislador del “Moisés de Miguel Ángel”, el padre imaginario de “El presidente Wilson”, el padre forcluído de “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (dementia paranoides) autobiográficamente descripto”, como Freud trata un tema trascendental en la construcción del edificio de la teoría psicoanalítica. Entonces podríamos decir que un padre es quien construye y constituye la realidad psíquica. Ustedes recordarán que para Freud, el concepto de realidad psíquica, implica una construcción teórica donde ubica los conceptos de inconsciente, preconciente y conciente. Es lo que desde Freud se denomina la primera tópica. Luego, en la segunda tópica Freud va a hablar de Ello, Yo y Superyo. En las dos tópicas aparece la escisión del aparato psíquico. A partir de esta escisión del aparato psíquico, Freud construye el concepto de realidad 2 psíquica.”

¿En qué sentido el padre es quien construye y constituye la realidad psíquica? En relación a dos funciones, destacará Tappan, “una función lógica y una estructurante”. Lógica en cuanto a la autocensura, producto de los excesos del padre primitivo (violencia), lo que trae en consecuencia la necesidad de constituir una Ley, la de la prohibición fundamental del incesto. Aparejada a la misma, aparecerá el parentesco, sustentado en el sistema de filiación y matrimonio. De esta forma el autor concluye en que ambas funciones son de carácter Universal, y que responden a su vez, a la Naturaleza y a la Cultura. El segundo concepto que articulará Tappan bajo esta lógica es el de identidad. Para lo cual dirá, que es necesario al menos uno, con quien identificarse y otro para diferenciarse. De esta forma, el Urvater, operará como agente de la diferencia, al ser el único que goce de todas las mujeres, que no acata las leyes impuestas para los demás.

1. 2. El PADRE EN LA TEORÍA LACANIANA Ahora bien, en la teoría lacaniana, este padre primordial, Urvater, o el uno de la diferencia; será también el gran Otro, el no castrado, el que tiene acceso a todo, al que nada le falta; al que el conjunto de “los castrados”:
“… lo “ven este “al menos Uno” (el que quedó fuera del conjunto), será el soporte de la diferencia, de eso que será llamado por Lacan: Padre Real. Pero si bien el Urvater es el soporte de la diferencia. Es la condición para que surja el padre muerto, a quien se puede amar y venerar, pero siempre mantendrá esa cara oscura que 3 representa al protopadre terrible”

Ahora bien, otra articulación que plantea Lacan de éste Urvater, es en cuanto a la castración. La misma puede operar a partir del deseo de la madre, en tanto que favorezca la emergencia de un tercero, entre su relación con su hijo. Este tercero, “nombrado” por el deseo de la madre, es a quien Lacan llamará, El Nombre-del-Padre, en tanto es nombrado y a su vez, nombra al hijo como castrado al ser el representante de
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http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=5896 Tappan, J. (2006) Ob. Cit. P. 71

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ese corte entre el hijo y su madre. Lo que corresponde a decir también, que es el Padre Real. En tanto a que su significado reside en ser nombrado, Lacan dirá en el Seminario XVII, que el Padre Real, “no es más que un efecto de lenguaje”. En cuanto al padre real, para Lacan solo podrá ser entendido, en la medida en que su hijo se posicione en el lugar del falo imaginario para su madre, es decir, en la medida en que se convierta en el objeto de deseo del Otro (objeto a). Por lo tanto, Lacan dirá que corresponde al agente de la castración, entendido no como el padre biológico, sino como aquello otro que más allá, que impide que el hijo colme la demanda del deseo de la madre. Este es el motivo por el cual Lacan busca en la respuesta de la madre, el significado del padre real; que se diferencia del Padre Real en tanto este segundo, más allá del Edipo, es un “operador estructural”:
“Este Padre Real sería por lo tanto, uno de los rostros del Otro: “El Padre Real marca de goce, es lo que no 4 cesa de escribir la castración” .

Así vemos que este Padre, se relaciona íntimamente, por un lado, con el Otro y por el otro, con el Urvater; y en tanto tal, será principio de toda desigualdad y disimetría:
“… se trata de una presencia referencial de toda forma de estructuración psíquica”
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Dentro de los enmascaramientos del padre real, encontramos al padre Imaginario, como aquel padre del que se puede hablar en análisis. Como aquel en donde la geografía, la cultura y la historia bordan sus características, capaces a su vez, de mutar. En este sentido, es una dependencia estructural necesaria, del padre real, en cuanto instancia de difícil acceso. Es secundario al Padre Real y su posición en la estructura subjetiva es determinada por él; al igual que la del padre Simbólico. Que se corresponde con el padre que impide a los hermanos de la horda primitiva, el acceso a las mujeres. Produciendo una frustración, entendida como el fracaso y la inhibición de éste deseo. Para continuar ahondando en el tema del padre en psicoanálisis, es necesario detenerse en dos aspectos fundamentales, a partir de los cuales tendremos oportunidad de profundizar en el tema que ha dado motivo al siguiente ensayo, “la angustia (del hijo) ante la falla de la función paterna”. De esta forma pasemos a presentar el Complejo de Edipo y la Castración, en cuanto a la teoría freudiana y su continuación (o viraje, según sea el caso) en la teoría lacaniana.

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Tappan, E. (2006) p. 73 Ídem, p. 74

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2. COMPLEJO DE EDIPO ACERCA DEL MITO… Elizabeth Roudinesco en el tercer capítulo de su texto, “La familia en desorden”, comenta que del mito de Edipo, Freud “intenta”6 extraer todas las transgresiones que posibilitarían la ruptura con el orden social y las estructuras fundamentales de la familia:
“… había conjugado el parricidio y el incesto cuando se creía igual a los dioses, el mejor de los hombres y el más sublime de los soberanos. Peor aún, había atentado contra la regla sagrada de la diferencia de las 7 generaciones, necesaria para el orden social y las estructuras fundamentales de la familia.”

Esta regla que sita Roudinesco, corresponde al “principio mismo de la diferencia”:
“… en cuanto paradigma de la ley simbólica humana que impone la separación de lo uno y lo múltiple, a fin de 8 que no se borren las diferencias necesarias para el género humano.”

De esta forma, Edipo se habría convertido en “el asesino de la diferencia”, concluye la autora valiéndose de una sita de René Girard, por lo tanto, la única forma de salvar a Tebas de la ausencia total de toda diferencia consistiría, en asumir su culpabilidad y pagar su castigo. Estos dos sentimientos son el complejo imperante en toda neurosis. Culpabilidad ante (la posibilidad) el incesto y castigo ante (la posibilidad) del parricidio. Dado que según Freud, la madre sería el primer objeto de amor de todo ser humano, tanto hombres como mujeres, siendo en consecuencia el padre, el adversario primordial. A la vez amado y odiado, ambivalencia que también supone sentimientos de culpabilidad. Ahora bien pero, ¿a quién corresponde Edipo?, ¿quién es el neurótico de esta novela mitológica? Ciertamente, el hijo. Detengámonos entonces, en otra de las partes de esta tríada griega. Yocasta. Roudinesco dice respecto a esta madre, que su empeño fundamental residía en borrar (denegar, en tanto desmentir algo de lo cual se conoce su veracidad, como ocurre en el caso del fetichismo, el cual coincide con la denegación de la castración materna, en tanto negar el conocimiento de la ausencia de falo en la madre) el pasado y procurar el presente, la unidad de Tebas: “Inmersa en el presente y preocupada por la unidad de la ciudad, ella falta por el mismo motivo que Layo, el
gran ausente del drama sofocleano. Es cierto, no es culpable de incesto porque no sabe que se ha casado

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enfatizamos la intención de Freud debido a que según la autora, forzó el mito griego en pos a su necesidad de fijar un modelo único de familia, universal, donde la culpa de Edipo pasará del asesinato en Sófocles, al deseo por poseer a su madre en Freud. 7 Roudinesco, E. (2006): La familia en desorden. México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 56 - 57 8 Ídem, p. 57

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con su hijo, pero ha querido sustraerse al oráculo. Fue ella quien antaño decidió exponer al niño en el 9 Citerón.”

Pero a medida que la verdad se va haciendo más evidente, ella la niega intentando proteger a Edipo, quien teme el cumplimiento de la profecía del oráculo, persuadiéndolo con el hecho de mostrar a los sueños incestuosos como propios de todo sujeto. No obstante, cuando la verdad es inevitable se suicida, antes de ver como su hijo se entera de ésta. La autora dirá en tanto a Layo, padre ausente, que fue el responsable de su propia muerte:
“En cuanto a Layo, primer responsable de la afrenta sufrida por Edipo en la encrucijada de los tres caminos, 10 suscitó en cierta forma el altercado que provocó su pérdida.”

Finalmente en cuanto al mito podemos referir, que el nombre de Edipo, que significa “pie hinchado”, es dado indirectamente por sus progenitores. Cuando éstos mandan al pastor a que lleve a su hijo al monte Citerón para dejarlo morir allí; el pastor ató un cordel a su pie para colgarlo. Pero en lugar de hacer esto, lo entregó a un criado del rey de Corinto. Según la autora, este hecho redimiría a Edipo de toda culpa. Pero esto no pudo ser así debido a que:
“… en su hybris, pretenderá ser el “hijo de la Fortuna”, luego de preguntarse en vano si debe su nombre al 11 padre o a la madre.”

2. 1. EL EDIPO EN FREUD De esta forma, Freud tendrá elementos suficientes en Edipo para dilucidar su teoría del inconsciente, en tanto su eficacia simbólica, la cual escapa al actuar volitivo del sujeto. La falla de Edipo, su culpa, reside en querer burlar el “carácter implacable del destino”. Así la autora concluye que Freud se basa en este personaje de la tragedia de Sófocles, al que adapta en función del pasaje de:
“… una concepción traumática del conflicto neurótico a una teoría del psiquismo inconsciente. Los dos gestos 12 eran complementarios.”

Será tras la consecución de la tragedia griega en la shakesperiana (Hamlet); aunada al análisis del mito griego respecto al origen del universo en La interpretación de los sueños (1900); que tendrá elementos suficientes para derrocar la tiranía patriarcal imperante,
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Ídem, p. 60 Roudinesco (2006), Ob. Cit. P. 60 11 Ídem, p. 60 12 Ídem, p. 62
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posibilitando el surgimiento de un nuevo modelo de familia13, sustentado en el mito de la horda primitiva:
“… una fundación de familia fundada sobre el asesinato del padre por el hijo, la rivalidad de éste con él, el cuestionamiento de la omnipotencia patriarcal y, por último, la necesidad de que las hijas se emancipen 14 sexualmente de la opresión materna.”

Ahora bien, detengámonos un momento para situar y conceptualizar el complejo de Edipo, en el cuerpo teórico del psicoanálisis clásico. Durante la Etapa Fálica15, (en un principio llamada fase genital, constructo desmentido por Freud) el niño/a aún no comprenden la existencia de dos genitales específicos; solo reconoce uno: el pene (falo). Hecho que contribuirá, a la configuración de esta fase. En la misma, la zona erógena rectora son los genitales y el objeto de la pulsión es el falo. La conciencia de un mundo exterior, que a diferencia de la etapa anterior, no es dominado por el niño/a (sadismo anal), le permitirá dirigir su libido hacia los objetos (libido de objeto) externos, efectuándose la primera elección de objeto de amor16; generalmente, la madre. El niño es víctima de la influencia de la seducción adulta y de la erogenización de sus genitales a través de los cuidados que recibe y de su propia masturbación. De esta forma, la elección de objeto, se basará en una corriente sensual que por inmadurez genésica, no podrá llegar a su meta convirtiendo al individuo en un perverso polimorfo (que acudirá a todo tipo de transgresiones, debido a que los diques anímicos están recién en formación, con tal de satisfacerse aunque sea, de manera parcial). Tal frustración, mudará la corriente, de sensual a corriente tierna. Las pulsiones yoicas y sexuales depositadas en los objetos cambiarán de destino produciendo distintos tipos de efectos. La pulsión de saber (que nace del sadismo anal respecto al mundo exterior) incidirá en la investigación que el niño efectúe sobre aspectos como: el nacimiento, la posesión del pene, el comercio sexual, etc. Investigación, por cierto, siempre frustrada a pesar del empeño e interés del niño, pues ignorará -hasta la pubertad- la función del material genésico.

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el modelo de familia presentado aquí por Freud, es el que la autora cuestionará ante un posible colapso favorecido por la emergencia del matriarcado, como omnipotente apuntalado a su vez, por una “sociedad comunitarista amenazada por dos grandes espectros: el culto de sí mismo y la clonación”. Roudinesco, E. (2006), p. 12 14 Ídem, p. 64 15 Freud, S. (1992) “Tres ensayos de Teoría sexual”…
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La madre, para niños de ambos sexos, lo que marcará la diferenciación fundamental entre el Complejo de Edipo femenino y el masculino, debido a que la niña deberá resignar este primer objeto y tramitar su amor del objeto-madre al objeto-padre. Más adelante volveremos sobre este tema con mayor profundidad.

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Un hecho cultural importante, Universal diría C. Lèvi-Strauss en su obra “Las estructuras elementales de parentesco”17, en cuanto a considerarlo fundante de la sociedad, es la “Ley universal de la prohibición del Incesto” (Tabú del Incesto, diría Freud en “Tótem y Tabú”, 1912/13?). El pasaje de una elección de objeto autoerótica, a un objeto del mundo exterior favorecerá el tránsito del Narcisismo Primario al Secundario. De esta forma la libido pasará de catectizar el propio cuerpo, en tanto objeto del mundo exterior, según el modelo a partir del cual “yo me amo a mi mismo a partir de lo que el otro ama de mí” de esta forma, amando al otro me amo a mi mismo. El Complejo de Edipo y la represión impuesta por necesidades culturales, tendrá un factor decisivo en esta fase, dando lugar al ingreso en el período de latencia. Es quizás esta, la fase en que la cultura se hace sentir con más fuerza y obliga al sujeto a sacrificar sus deseos pulsionales; haciendo de él un ser frustrado, en constante ambivalencia en cuanto a su relación con el mundo exterior. Es también en esta fase, donde terminan de constituirse los diques anímicos y dónde se forma el Súper-Yo, como “heredero del Complejo de Edipo”, la conciencia moral moralizante. Pero el Edipo presentará sus particularidades en cuanto a su origen y curso, según se trate de un niño o una niña. Prestemos atención a las particularidades y obstáculos con los que se encontró Freud en la construcción de dicho concepto, nodal para entender la estructuración psíquica del sujeto humano. 2. 1. 1. El Edipo en el varón Existe primero una identificación tierna con el padre, cuando aún no se ha desarrollado la rivalidad por la madre, propia del complejo de Edipo negativo. También hay que tener en cuenta la masturbación que, ante las amenazas de padres y niñeras, pone en marcha el complejo de castración (en el que nos detendremos luego). La educación de los esfínteres, o más bien la lucha contra la enuresis, tiene el mismo significado que la amenaza de castración debido a que, el hecho de ver que el niño sigue orinándose en la cama, es homologado a la masturbación. La disolución del complejo de Edipo, implica que el niño logre sustituir el deseo incestuoso hacia la madre, por la identificación con el padre. Para lo cual es menester, que el niño reconozca la diferencia anatómica de los sexos.

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Lèvi-Strauss, C.: (1991), “Las estructuras elementales de parentesco”, Barcelona, Ediciones Paidós.

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El niño percibe en la niña la ausencia de pene y aplica todo tipo de mecanismos para desmentirla. La amenaza de ser desprovisto del órgano que tantas sensaciones de placer produce, lo lleva a construir una fantasía sobre las niñas al estilo de un castigo que motivó la castración. Pero el paso más difícil, consiste en asumir la castración materna. El pene, por su valor fálico, hace suponer al niño que todos poseen uno, luego de observar a las niñas, debe aceptar la falsedad de su creencia no obstante, guarda la esperanza de que su madre si tenga. De no poder asimilar el horror de los genitales castrados de la mujer, se verá obligado a denegar tal conocimiento, lo que corresponde a la sustitución del pene materno por un objeto fetiche (Fetichismo18). Tal es el caso propio de las estructuras perversas, siendo la denegación, el mecanismo defensivo de las mismas por excelencia. La angustia ante la castración, favorecida además por la sobrevaloración narcisista del pene, le permitirá al niño extrañarse del objeto madre, resignando sus fantasías incestuosas hacia ella. A partir de aquí, el niño será capaz de trasmutar las pulsiones agresivas y ambivalentes hacia el padre identificándose con él, por ser el poseedor del pene. De esta forma dejará de ser un rival ante sus deseos de poseer a la madre, para convertirse en un ideal, como el poseedor del pene-falo (Ideal del Yo). El Sepultamiento del complejo de Edipo19 implica la represión de las teorías sexuales infantiles, que solo reaparecerán disfrazadas mediante fantasías y sueños en el adulto. La investigación sexual, será sublimada por el interés de los conocimientos que brindará la nueva instancia socializadora de la escuela. Las mociones edípicas serán desexualizadas a través de la identificación con el padre y la resignación del objeto madre por la angustia de castración20. Este es el pasaje de la etapa perverso polimorfa a la creación del Ideal del yo y el Súper- yo.

2. 1. 2. El Edipo en la niña Además de los problemas antes señalados para el Edipo en el varón, la mujer presenta sus particularidades.

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El tema del fetichismo es desarrollado con precisión en la obra: Freud, S. (1992) “El fetichismo”, en Obras Completas, Vol. XXI, Bs. As., Amorrortu editores. 19 Freud, S. (1992). “El sepultamiento del Complejo de Edipo”, en Obras Completas, Vol. XIX, Bs. As., Amorrortu editores. 20 Miedo a que el padre, como rival, le corte el pene por desear a la madre. Esta angustia es producto de las proyecciones de las mociones agresivas del parricidio, que desplazan los deseos de asesinar al padre por parte del niño, por el temor de que el padre quiera castrarlo. Perdiendo de esta forma, al órgano que tanto placer le brinda, el pene. Es así como el niño renunciará a la madre como objeto de amor y pasará a idealizar al padre como poseedor del pene-falo. La prohibición del incesto es introyectada por el niño formando el núcleo del Súper- Yo, es por este motivo que Freud dirá que “el Súper-Yo es el heredero del Complejo de Edipo”. Porque a partir de este mecanismo el Complejo de Edipo es sepultado. Aunque esto no debe ser entendido en forma lineal, ya que los modelos parentales serán la matriz de las posteriores elecciones de objeto.

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Su primer objeto de amor, al igual que en el varón, es la madre. Lo que implica necesariamente, un cambio o pasaje, en la elección de objeto; de la madre al padre. Este pasaje será favorecido por el reconocimiento de la diferencia anatómica de los sexos. La niña al reconocer que no posee un miembro como el varoncito, primeramente guarda la esperanza de que el suyo ya crezca, pero al ver que esto no sucede, culpa a su madre por no haberla dotado de un órgano similar al del varón. Movida por esta hostilidad se separa de la madre y se vuelve al padre, con la esperanza de cumplir la ecuación simbólica con el intercambio, “pene del padre” por “esperar un hijo del padre”. Así se favorece el pasaje del Edipo negativo (objeto-madre) al positivo (objetopadre). Otro cambio que debe experimentar la niña, es en cuanto a zona erógena rectora. Antes de la fase fálica, es el clítoris la zona erógena rectora, el órgano eréctil, equivalente al pene en el varón (carácter activo de la sexualidad). Con el acceso a la feminidad, el clítoris debe ceder, en parte o totalmente, su sensibilidad a la vagina (carácter pasivo de la sexualidad, propiamente femenino, según Freud). Este pasaje se produce gracias a lo que Freud denomina la envidia de pene. Cuando la niña reconoce la diferencia anatómica de los sexos, compara su clítoris con el pene del varón y siente menosprecio hacia él por la diferencia de tamaño, motivo por el cual pierde paulatino interés al ver que su clítoris no crece como el pene del varón. A MODO DE CONCLUSIÓN… Como se puede ver, del estudio de la prehistoria del complejo de Edipo, se deduce que, a diferencia del varón en la niña es una formación secundaria, pues ésta reconoce que la castración ya fue realizada. El varón vive la angustia de la amenaza, mientras que la niña experimenta el deseo de poseer lo que no tiene (envidia). Esta diferencia entre castración consumada y amenaza de castración es la consecuencia de la diferencia anatómica de los genitales, y de la situación psíquica a ella enlazada. Por lo tanto, mientras que en el varón el complejo de castración manda a pique al complejo de Edipo, en la niña la conduce e introduce en él. Ya en la infancia se da una elección de objeto semejante a la que caracteriza a la pubertad. Todas las metas sexuales se dirigen hacia ella. El interés también recae sobre los genitales y la actividad genital, pero la diferencia radica en que el niño/a al principio admite la existencia de un solo órgano genital, el masculino. Por lo tanto, no existe una primacía genital, sino una primacía del “falo”. El complejo de Edipo en el varón fue el primero que Freud describió porque le fue más sencillo, dado que retiene el mismo objeto del período preedípico o sea, la madre. Además se observa universalmente que el complejo es de sentido doble, activo y pasivo, como marca la disposición bisexual del ser humano. Activo, en el sentido que quiere ocupar el lugar del padre ante la madre, siendo este un rival que le impide consumar su 12

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amor con ésta. Y Pasivo, porque quiere sustituir a la madre como objeto de amor, dejarse amar por el padre, por lo tanto la madre es el obstáculo.

2. 2. EL EDIPO EN LACAN 2. 2. 1. El Estadio del Espejo Cuando el niño nace, es como un It (haciendo alusión al artículo inglés con el que se designa a las cosas), lo que contradice a la interpretación errónea respecto a la cual sería “todo Ello”. Podría pensarse que se trata de un ser “natural”. Es a partir del contacto con el Otro, que perderá esta condición, convirtiéndose en un ser propiamente “humano”21. Es el Otro quien inscribe en este “cachorro humano” (como lo llamará Lacan22) la desnaturalización, que marca su entrada al Universo simbólico de la Cultura. El cachorro humano está psíquicamente indiferenciado de su madre (no existe diferenciación entre Yo y No Yo). Será a partir de los cuidados (sensopercepción) propiciados por la madre, que se favorecerá dicha inscripción y el sujeto entrará en la Etapa Oral. Lo que se inscribe en este It, son las expectativas que sus padres tiene hacia él, incluso, desde antes de su nacimiento. Por lo tanto, este “No Yo”, podrá comenzar a reconocerse a través de la Identificación respecto a las expectativas de sus padres. Produciéndose, la primera identificación de sí mismo y en consecuencia, el comienzo de la formación del Yo, a partir de este primer contacto con la realidad (al cual Lacan llama alienación). Posteriormente, empezará a diferenciar más a su Yo del No Yo, lo que determinará el surgimiento de sentimientos de angustia ante el hecho de separarse de su madre. Con la marcha independiente, logra corroborar su diferenciación de la madre (como se puede ver en el juego del Fort – da, que Freud describió en su obra de 1920, Más allá del Principio del Placer). Lo que favorecerá la superación de este período inicial de tipo psicótico, producto de la relación diádica que mantenía con su madre. Ya que en este momento, el deseo de la madre producirá angustia; la angustia que causa la experiencia del deseo devorador de la madre. De esta forma, por identificación con ella, para ganar sentimientos de omnipotencia, buscará deshacerse de la madre. Lo que correspondería a la Etapa Sádico-Anal, con la supremacía de las pulsiones agresivas.

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La madre, en tanto Otro, es omnipotente y omnipresente y es su deseo, el que comienza a desnaturalizar al bebe. 22 Lacan, J. El estadío del espejo como formador de la función del Yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, en Escritos I, Seminario 2.

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Posteriormente, pasará a una fase intermedia, en donde preferirá manipular el deseo de la madre, en lugar de destruirla, lo que correspondería a un juego de tipo perverso o límite. Finalmente, el niño se percatará que el deseo de la madre se dirige en una dirección diferente a él, lo que corresponde a la función paterna en Lacan (tema en el que nos detendremos posteriormente) y a la Etapa Fálica, según el desarrollo psicosexual trazado por Freud (1905). Y de esta forma, la díada madre-hijo, se convierte en la Tríada, que dará cabida al complejo de Edipo y a la inscripción del Nombre- del- Padre, no del padre como biológico, sino en todo caso del significante en tanto otorga a la función del padre un lugar en la estructura del Edipo.
“Esto viene a fundamentar que el Edipo no es una mera anécdota de amor y odio, sino una estructura que como tal preexiste al sujeto, lo espera, y por lo tanto es una estructura legal, que como tal, deberá entenderse de manera doble:   Por un lado, en tanto legalidad positiva, es decir prohibición efectiva de algo. Y por el otro, en el sentido de un orden simbólico; o sea un orden legal que ordena y distribuye lugares.

Para resumir, el Nombre del Padre sería el fundamento de la ley. Hay algo que es irreducible en el decir y sólo se puede decir mal: el Nombre del Padre. No se trata de una 23 prohibición de nombrarlo, se trata de una imposibilidad”.

Para Lacan, será en torno al Nombre- del- Padre, que girarán los tres tiempos en los cuales según él, debe entenderse el Edipo. 2. 2. 4. Los tres tiempos del Edipo en Lacan a) Primer tiempo (psicosis): a partir de la díada madre-hijo, el segundo buscará satisfacer el deseo del primero, con la intención de convertirse en el “falo de la madre”. por su parte, la madre en tanto tiene al hijo, se siente completa. Esto a lo que Lacan llama “goce materno”. b) Segundo tiempo (perversión): el padre hace su aparición como privador de la madre, para lo cual, es menester que la madre reconozca que su hijo no es el falo que la completa, dirigiendo su mirada hacia este tercero, a quien cree poseedor del falo. Resulta de suma importancia destacar, que este tercero no tiene por qué coincidir con el padre biológico, sino que puede ser cualquier cosa que captura la atención de la madre por sobre el hijo.

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Es la metáfora del Nombre- del- Padre, en tanto “nombrado” por la madre como agente de realidad, en tanto agente de castración. Así se transmite la noción respecto a la castración de la propia madre y en consecuencia, la diferencia anatómica de los sexos (dado que la realidad de la castración solo puede ser aceptada si se admite la castración de la madre), y de las generaciones. El hijo al recibir el mensaje de la madre de que el no es el falo, supone que alguien debe tenerlo. Esto lo llevará al deseo de destruir al padre para ser él mismo el falo que satisfaga el deseo de la madre. Lo que se corresponde con la intención de denegar la Ley del padre. c) Tercer tiempo (neurosis): es el tiempo del padre primordial de la teoría freudiana, en tanto pretende tener el falo y por lo tanto, es lo que la madre desea. Es el padre como portador de la Ley, la cual le permitirá al hijo asumirse castrado (ser diferente del falo de la madre), saliendo de la angustia insoportable que supone el ser devorado por el deseo de la madre. Será el identificarse con el padre de la Ley (Ideal del Yo), lo que le permita al hijo formar su Súper- Yo, a la manera de la autoprohibición autoimpuesta por el conjunto de los castrados, en el mito de la horda primitiva. 2. 2. 3. La metáfora paterna Aparece en Lacan cuando un significante puede ser sustituido por otro, es decir, cuando el significante del deseo de la madre es sustituido por el del Nombre- del- Padre:
“La metáfora paterna es la metáfora producida por el significante Nombre del Padre”
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Es específicamente, “la referencia misma de todas las metáforas”, dirá Tappan (2006), que se constituyen con posterioridad, con la intromisión en la estructura misma del lenguaje de posiciones subjetivas que lo determinaron. Es aquellos que al cortar crea las condiciones para que, cuando el sujeto sea desnaturalizado por ese corte, permita emerger al sujeto, en tanto “sujetado” tanto al deseo del Otro, como al lenguaje, la metáfora y el fantasma (phatos). Esta metáfora que permite la diferenciación respecto de la madre, de su deseo; posibilita a su vez, dejar de ser el objeto de deseo de la madre (objeto a) y en consecuencia, la emergencia de la propia subjetividad, de la identidad como sujeto de su propio deseo. Implica desarrollar el concepto de escritura que, a partir de la metáfora, se relaciona con el “falo” en tanto simbólico. Por lo que al separarnos de él, salimos de la posibilidad de los lazos con lo público, entrando a un lenguaje privado, autorreferencial.

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3. LA CASTRACIÓN 3. 1. LA CASTRACIÓN EN FREUD
Se desprende de la lectura de los textos freudianos la fundamental importancia que él le otorga al Complejo de Castración en la estructuración de todo sujeto. El Complejo de Castración enhebrará al Complejo de Edipo y le imprimirá a cada sujeto su marca, de acuerdo a las vicisitudes particulares que se susciten en el devenir de la relación que este establezca con: los "otros significativos" de su crianza, sus padres o quienes ejerzan 25 esa función y con los objetos pulsionales que irán sellando su cuerpo.

La carencia de pene en la mujer es interpretada como producto de una castración, este hecho favorece al reconocimiento por parte del niño/a, de la diferencia anatómica de los sexos. De esta manera, el complejo de castración cobra significación a posteriori. En el varón abre el camino a la angustia de castración y en la niña a la envidia del pene. La condición previa y necesaria para que se dé el complejo de castración es “la premisa universal del falo”. Experiencia rica en consecuencias porque es decisiva para la adquisición de la identidad sexual marcando la diferencia del destino sexual del varón y de la mujer y en esta última, la esencia misma de su femineidad. Estar castrado corresponde al hecho de “estar castrado del otro sexo”. Por efecto de la angustia de castración, triunfa el interés narcisista, el varón renuncia a la madre como objeto sexual y acepta la ley paterna poniendo fin al Complejo de Edipo. El descubrimiento de la castración, lleva a la niña a separarse de la madre, con odio, y a elegir al padre como objeto de amor, a partir de la ecuación pene- hijo, ingresando en el Complejo de Edipo positivo. 3. 2. LA CASTRACIÓN EN LACAN 3. 2. 1. El Deseo del Otro http://www.psikeba.com.ar/recursos/introdlacan.htm
Necesidad, Demanda y Deseo La diferencia entre la demanda (D) y la necesidad da por resultado el deseo (d), que tiene su causa en el objeto a. este objeto no está adelante del deseo, por el contrario es la causa del deseo. No es el señuelo del deseo, es la causa, la causa perdida.

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http://209.85.173.132/search?q=cache:Dr2GHEaUXNwJ:www.fortda.org/castracion10.htm+funci%C3%B3n+paterna+y+angustia+en+psicoan%C3%A1lisis&cd=2&hl=es&ct=c lnk&gl=us&client=firefox-a Número 10 - Noviembre 2008: Presentación de la sección: "Función paterna y complejo de castración"

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Tanto el demandante como el demandado (el que encarna el lugar del Otro) por su sujeción a la demanda se encuentran confrontados con la falta. El primero, por lo que pierde al tener que hacer pasar su necesidad por el desfiladero del significante. El segundo porque más allá de la demanda tendría que responder al deseo. El que demanda apela a la incondicionalidad del Otro, esto es, a que no esté condicionado por ninguna ley. Lo que encuentra es la condición absoluta que es la ley del deseo. Más allá de la particularidad de cada demanda, ese pedido de incondicionalidad es pedido de amor. El amor aparece aquí ligado al narcisismo y encubriendo la falta. Por el lado del Otro se trataría de dar justamente lo que no tiene. La fórmula lacaniana del amor es justamente: dar lo que no se tiene a alguien que no lo es. El don de amor es una de las respuestas posibles, el otro es el rechazo de la demanda. La única posibilidad entonces que se despliegue el campo del amor es precisamente que haya una falta. Si la causa del deseo se produce por efecto del significante, es en el Otro, en tanto tesoro del significante, donde estará planteada la cuestión de la causa; este es el soporte teórico de la sentencia lacaniana: el deseo es el deseo del Otro. Aun cuando el lugar del Otro esté encarnado por otro sujeto, nunca puede haber verdaderamente intersubjetividades (relación entre sujetos) ya que ambos sujetos no pueden ser tales sin estar referidos al Otro. Algunas puntuaciones: El objeto en el campo humano aparece en pérdida respecto del campo animal. Esta pérdida se define con relación al pasaje de la necesidad a la demanda, dicho de otra manera, por efecto del lenguaje. Al revés, si todo pudiera ser dicho, el objeto no estaría en pérdida en cuanto a la significación y podría ser recuperable por el lenguaje. Del lado del sujeto la pérdida de objeto es solidaria con su definición como sujeto deseante. La preexistencia lógica del lenguaje hace referencia obligada al lugar del Otro (tesoro del significante). No es sostenible desde ningún punto de vista que el lenguaje pueda ser pensado como instrumento donde el sujeto se defina como intencional, es decir que el lenguaje no está hecho a la medida de las intenciones de sujeto alguno. Todo lo contrario, el sujeto está sujetado al significante. Sujeción del sujeto al significante es homologable a enunciar que sólo se puede plantear el sujeto en el campo del deseo, campo de la falta, precipitada precisamente por el encuentro con el lenguaje. Es en estas referencias, entre otras, en las que hay que pensar cuando Lacan dice: un significante representa un sujeto para otro significante.

3. 2. 3. La “Función paterna” Corresponde a la acción realizada por el agente castrador. Al inscribir el Nombre- delPadre, la separación misma del hijo de la madre, entra en complicidad con aquellos que la cultura ofrece a la madre como un deseo más allá del propio hijo, algo que permite que no se sienta completada, y que dialogará con la estructura psíquica de la madre, con la manera en que ella habría entrado en el mundo del lenguaje, tramitando su propio Edipo. En este sentido, se relaciona con lo que sea que separe al hijo de su madre. Posibilidad de ese deseo otro, será la entrada del Padre en los tres registros (Simbólico, Imaginario y Real), que permitirá inscribir en la criatura el Nombre- del- Padre. 17

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¿Cómo podemos articular entonces la emergencia de la angustia con la función paterna? “La Función del padre consiste en abrir al Sujeto al deseo, pero si en el análisis intentamos llevar al Sujeto
más allá del padre, agregaría del padre simbólico, es porque el deseo entendido como deseo del Otro, deja sin resolver la cuestión del goce que retorna en el síntoma. Sí, el padre abre al Sujeto al deseo, pero a este deseo, ¿qué lo causa? ¿La ley que el padre instaura? ¿O el deseo necesita de esta ley para realizarse? ¿Y el goce que el síntoma articula y el que deja sin articular, que relación entre síntoma y función paterna? […] Algo del cuerpo pulsional del padre necesita hacerse Nombre del Padre. El peligro que anuncia la señal de angustia para reprimir consiste en que todas las pulsiones implican la castración, lo que sucede es que la falta fálica aporta un saber sobre la falta pulsional. Otro modo de decir esto es hablar del desdoblamiento del padre donde el Nombre del Padre sustituye en la metáfora paterna, condición para la formación del síntoma entendido como metáfora, otro significante Deseo de la Madre pero que necesita como anterioridad lógica lo que en el seminario IV Lacan nombra como sustitución del padre real por el Nombre del Padre, que el padre deba desdoblarse para que el Sujeto no 26 tenga que vérselas directamente con él, que el Sujeto no se vea confrontado con la mismidad del padre.”

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SÍNTOMA Y FUNCIÓN PATERNA: EL PROBLEMA DE LA CAUSA por Lic. María Celeste Smith Función paterna: deseo y causa

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DISCUSIÓN

Acercamiento teórico a partir de la articulación de los actores, en función de la angustia ante la falla de la función paterna: “La tercer ambivalencia” Este recorrido por el padre en el psicoanálisis, nos ha permitido encontrar varios puntos de confluencia, de complementariedad pero también de divergencia, en referencia a las definiciones formales de los conceptos que hemos delimitado como constructos cuyo esclarecimiento resulta indispensable a la hora de buscar sustento a nuestro problema de análisis; ¿cómo explicarnos el pasaje de lo que en Lacan sería, la primera fase del Edipo a la tercera fase? O para plantearlo desde una postura freudiana, ¿cómo articular el pasaje del padre de la horda primitiva, al padre muerto del banquete totémico? No cabe duda que es a partir o por medio, de la resolución del Edipo de la madre. Desde Lacan, podríamos decir, es necesario que la madre se reconozca castrada, para que a su vez, castre al hijo. Es decir, es necesario que esta le niegue la posibilidad de ser su falo, para lo cual, es menester que aparezca un tercero, enmascarado tras el disfraz del padre de la horda primitiva, el Uno de la diferencia, al que nada le falta, el portador del falo. Sólo así éste padre podría cumplir “su función” de agente castrador, salvando al hijo del deseo devorador de la madre y posibilitándole su acceso a la subjetivación y a la individualización, tras la inscripción del Nombre- del- Padre a partir de la consecuente inscripción de los tres registros que propone el autor. De esta forma, será cómplice de la cultura, ofreciéndose ante la madre, como un deseo más allá del hijo (en tanto deseo de la madre). Desde una postura freudiana, podemos agregar, que de esta forma queda inscripto en el sujeto el Súper Yo, por introyección de la Ley del padre (padre muerto del banquete totémico), y del ideal del Yo por identificación con éste. Es esta función paterna de ofrecerse como un deseo más allá del hijo lo que en conclusión, invitará a la madre a renunciar al hijo y a éste, a renunciar a la psicosis (producto de la indiferenciación entre Yo- No Yo, por la fusión primordial con la madre), tras la promesa del padre en tanto, Ideal del Yo, a partir de la cual se inscribe como un sujeto deseante, de ser como ese padre portador del falo. Eterno deseo insatisfecho, en tanto esa promesa, se sostiene en una farsa, la farsa necesaria para soportar la diferencia del, al menos Uno, que posibilita como diría Roudinesco (2006), la existencia del género humano.

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CONCLUSIONES

Ahora bien, el objetivo de este trabajo radica en abrir la posibilidad de investigación a una tercera ambivalencia; aquella que quedaría articulada entre, el deseo de que la función paterna nunca surja (suceso capas de favorecer el surgimiento de una psicosis, como tal), y la angustia que causa la presencia de una función paterna fallida (neurosis). Lo que nos llevará a la pregunta por ¿cómo establecer el vínculo entre la función paterna y la emergencia del deseo del sujeto en el análisis?

Según Pommier, el análisis debe articular el deseo inconsciente con la instancia de la paternidad de donde procede… Cualquier teoría que oculte esta articulación es el resultado de una concepción perversa del análisis porque preserva a ese padre primordial. La instancia totémica de la paternidad preside la transferencia en los comienzos de un análisis, en tanto esta función es la primera en constituirse en la estructura. Así, el consultante adjudica potencia al analista: usted me va a poder ayudar, suele decir. Empero, la transferencia no se agota en esa dimensión imaginaria, sino que ofrece una herramienta capaz de 27 simbolizar a aquel padre.

De esta forma, el analista con su sola presencia, traerá al analizante la tranquilidad que antaño brindara su padre como garante de protección ante la emergencia de la angustia de castración, en tanto quedar preso del deseo devorador de la madre Esta castración se corresponde con la represión primaria, que le permitirá dejar de identificarse con el falo materno. Esta castración, solo puede ser ejercida por la función paterna
“Salvación paradójica, porque deja al hijo a merced de un padre sin nombre, sólo investido de una cualidad (raza, religión, clase social, nacionalidad, pertenencia político-filosófica o psicoanalítica) a la que el niño adjudica signo de potencia. Cualidad que dice ‘no’ a la identidad y al goce. Ese padre primordial impide el horror al incesto (entendido como unidad ficticia de identificación al falo que busca materializarse gracias al cuerpo) y da nacimiento a un sujeto todavía sin nombre, sólo dominado por la voluntad de “ser”. […] El ‘ideal del yo’, en cambio, conduce a que la deuda contraída con el padre simbólico (que arrancó al pequeño de los brazos maternos) se pague a los hijos. Se establece así una cadena generacional donde cada eslabón paga la deuda contraída con el precedente al que lo sucede. Dividido entre las dos instancias del yo, el sujeto es impulsado hacia el pasado y el futuro. El Ideal del yo alivia las exigencias del yo ideal. No sucede lo contrario, el yo ideal no contrabalancea las contradicciones del Ideal del yo reguladas en el lazo social. “… El yo ideal constituye un punto fijo […] en tanto el Ideal del yo impulsa para adelante y toma envión para escapar del primero […] En la pos-modernidad la caída de los ideales concierne solamente a los que se relacionan con el futuro […] De manera que si los ideales progresistas se derrumban no queda nada que haga de contrapeso a la regresión hacia el pasado: el yo ideal triunfa y con él su sueño autárquico e incestuoso…” (Pommier, 2002).
27

http://www.avatarespsi.org/2008/02/sobre-el-la-funcin-paterna-como.html Sobre La Función Paterna como responsable de las fallas institucionales, por Irma Persichino Publicado originalmente el Domingo 15 de octubre de 2006 en la revista: Re-cortes Psicoanalíticos

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Para que un sujeto tome su nombre no alcanza con recibir el legado paterno, tiene que apropiarse de esa herencia e invertirla según su deseo. De otro modo permanecerá cautivo en la neurosis infantil. Regresa a los amorosos (y terroríficos) brazos maternos. “… Ese vacío existencial, esa incapacidad de amar y de sufrir; de hacer un duelo o gozar; es distinta de la 28 angustia y sólo prolonga la desdicha propia de la infancia…” (Pommier, 1989).”

De esta forma, el objetivo del análisis, consiste en hacer emerger el deseo del analizando, ahí dónde reina, la compulsión de repetición, de las constantes regresiones a los traumas pasados del sujeto, a la búsqueda de ese deseo perdido, en tanto “regresar a los amorosos (y terroríficos) brazos maternos”. Es decir, hacer emerger de las “ruinas circulares” que magníficamente relatara José L. Borges, a un sujeto responsable de su propio deseo:
“La prohibición de un goce imposible, constituye la única prueba de existencia de un padre: al final dependemos de las criaturas que hemos engendrado (Carta de Freud a Lou-Andreas Salomé, 1935) Del mismo modo, la transferencia imaginaria de los comienzos del tratamiento adquiere una dimensión simbólica cuando la operación analítica posibilita la emergencia de un sujeto responsable (no culpable) de lo que hace con los síntomas sociales que lo emplazan. Es decir un sujeto, cuyo deseo lo responsabiliza de las formas coyunturales que adquiere el Malestar estructural en la Cultura.”

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http://www.avatarespsi.org/2008/02/sobre-el-la-funcin-paterna-como.html Sobre La Función Paterna como responsable de las fallas institucionales, por Irma Persichino Publicado originalmente el Domingo 15 de octubre de 2006 en la revista: Re-cortes Psicoanalíticos. publicado
el domingo, febrero 24, 2008

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BIBLIOGRAFIA Listado de referencias bibliográficas. Citar las fuentes con criterios formales:

Articulo de Revista
Murzynski, J., & Degelman, D. (1996). Body language of women and judgments of vulnerability to sexual assault. Journal of Applied Social Psychology, 26, 1617-1626

AUTOR O AUTORES: Apellido del autor coma primera inicial del nombre punto coma si sigue otro autor y la lista termina en punto AÑO DE PUBLICACION: Paréntesis año completo en 4 cifras paréntesis punto TITULO DEL ARTICULO Mayúscula, nombre del artículo punto NOMBRE DE LA REVISTA En cursivas con mayúscula en la primera letra de cada sustantivo coma REFERENCIA Volumen coma páginas punto

Libro
Paloutzian, R. F. (1996). Invitation to the psychology of religion (2nd ed.). Boston: Allyn and Bacon

AUTOR O AUTORES: Apellido del autor coma primera inicial del nombre punto coma si sigue otro autor y la lista termina en punto AÑO DE PUBLICACION: Paréntesis año completo en 4 cifras paréntesis punto TITULO DEL LIBRO En cursivas, mayúscula en la primera palabra, nombre del libro punto REFERENCIA Paréntesis número de edición consultada paréntesis punto lugar de edición dos puntos editorial

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Referencia de Internet
Degelman, D., & Harris, M. L. (2000). APA style essentials. Consultado el día 18 de mayo de 2000, de Vanguard University, Department of Psychology Sitio Web: http://www.vanguard.edu/faculty/ddegelman/index.aspx?doc_id=796

AUTOR O AUTORES: Apellido del autor coma primera inicial del nombre punto coma si sigue otro autor y la lista termina en punto AÑO Paréntesis año completo en 4 cifras paréntesis punto TITULO En cursivas, mayúscula en la primera palabra punto FECHA DE CONSULTA Consultado el día de mes de año INSTITUCION Nombre completo si se tiene DIRECCION WEB http://www. Dirección completa

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