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Estudios sobre fetichismo

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Maestría en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica

Freud I

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29/11/2008

Psic. Silvina Alberti Trepicchio

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ESTUDIOS SOBRE FETICHISMO

ÍNDICE

I. Introducción

2

II. Desarrollo

4

A. El Fetiche

4

B. Leonardo Da Vinci

6

C. Análisis sobre el texto de S. Freud

9

III. Conclusiones

13

Bibliografía

15

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ESTUDIOS SOBRE FETICHISMO

I. Introducción

Kart Abraham señala que, en la primera edición de los “Tres Ensayos de Teoría Sexual”, Freud le asignó al fetichismo una posición particular en el estudio de la neurosis y de la perversión 1 . La misma, fue reevaluada en la segunda edición de dicho texto, en donde el autor destaca que el contraste que parecía existir entre el fetichismo y la neurosis desaparecía, cuando el primero era sometido a un atento estudio.

En efecto, el fetichismo se encuentra clasificado dentro de las perversiones, que a su vez son consideradas por el autor, como opuestas a las neurosis (negativo, es el término que emplea Freud, aludiendo a la fotografía). Sin embargo, autores como Jacques Lacan, entran en discordancia con esta aseveración 2 .

En el capítulo I del libro “El objeto en Psicoanálisis” 3 , aparentemente Lacan, apunta al concepto de “fetiche” freudiano, destacando la importancia que éste le había adjudicado, a la hora de intentar entender el Complejo de Edipo:

“Pues como Freud había señalado, el estudio del fetichismo es y seguirá siendo el más esclarecedor para todo aquel que desee concentrarse en la dinámica del Edipo a fin de comprender plenamente que es el ego” 4 .

De la misma forma, destaca que esta importancia es determinante a la hora de entender el curso de la transferencia y la contratransferencia en Psicoanálisis, pues el tipo de resolución, o de no resolución del Edipo, es vital en relación a la actitud que guarde el paciente hacia el analista y viceversa.

Estas consideraciones señaladas respecto al concepto de “fetiche” planteado por Freud, abren la expectativa de poder encontrar una luz en su obra, que esclarezca un concepto nodal en la Teoría Psicoanalítica pero a su vez, en mi opinión, con muchos baches, como es el del Complejo de Edipo.

A fin de encontrar esta claridad, es menester volver sobre lo que planteáramos en un principio. La ambigua frase respecto hasta que punto, la perversión es el negativo de la neurosis, nos insta necesariamente, a releer las aportaciones más significativas hechas por Freud, a lo largo de su obra, al concepto de “fetiche” para de esta manera, poder encontrar los nexos que me posibiliten entender de más pormenorizadamente, la dinámica del complejo de Edipo y su vital importancia en la constitución del Yo, partiendo

1 Abraham, K. (1927) “Observaciones sobre el psicoanálisis de un caso de fetichismo de pie y de corsé” en Obras escogidas, Londres: S/E.

2 Lacan, J. y Granoff, W. S/A. “Fetichismo: lo simbólico, lo imaginario y lo real”, en: http://www.lituraterre.org/Iletrismo- Real_Simbolico_Imaginaire.htm

3 Augé, M. David-Ménard, W. Granoff, J.-L y O. Mannoni (2002), “El fetichismo”, en El objeto en Psicoanálisis, Barcelona:

Editorial Gedisa.

4 Ídem. Pág. 18

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de la relación fetiche-perversión/perversión negativo de la neurosis, como se señaló en párrafos anteriores; así como también considerando la oposición que plantea Lacan a esta relación.

He aquí las intenciones, abierto fue el camino por una sombría publicación que en 1956, firmara Lacan y Wladimir Granoff, pero que a ciencia cierta, no se sabe si es de ellos la autoría, según refuta Jacques-Alain Miller, yerno de Lacan y heredero de su obra. De este texto de tan ambigua autoría tomaremos algunas referencias, pero será la obra de Freud y los conceptos básicos analizados a lo largo de estos meses, los pabilos que alumbren las tenues sombras de Edipo.

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A. El Fetiche

II. Desarrollo

La primera vez que nos encontramos con este término en la obra freudiana es en 1905, en “Tres ensayos sobre Teoría sexual” 5 , cuando Freud hace referencia en el primer ensayo al fetiche, considerándolo un “sustituto inapropiado del objeto sexual”, a partir de su estudio de las neurosis y las perversiones.

“… en la segunda edición, donde Freud iba más lejos al destacar que la distinción -el contraste que parecía surgir entre el fetichismo y la neurosis desaparecía cuando el fetichismo es sometido a un estudio más conciso. Por cierto, el fetichismo es asimilado a una perversión, y una perversión es ella misma -según la fórmula bien conocida- el negativo de una neurosis.”

[…]

“El mismo Freud recomienda el estudio del fetichismo a todos aquellos que anhelen comprender la angustia de castración y el complejo de Edipo.” 6

Aquí, en apariencia, se plantea una contradicción; porque si el término fetichismo es análogo a perversión y ésta como tal, es diferente a la neurosis. Por simple razonamiento deductivo, la única relación que podría existir entre neurosis y fetichismo, es la de oposición.

De igual modo, resulta objetable la idea de encontrar en un tipo de perversión, como supone el fetichismo, la vía para esclarecer, los vacíos conceptuales que hallamos en la angustia de castración y el complejo de Edipo freudianos. Si Freud asevera que el fetiche sirve para articular ambos conceptos, ¿acaso no estaría dando a entender que existe una relación directa entre la perversión y la neurosis? y si esto fuera así, la famosa metáfora fotográfica de Freud en cuanto a la fórmula neurosis/perversión ¿no se iría al fundamento (parafraseando las traducciones de la editorial Amorrortu)?.

Según Roberto Mazzuca, la intención de Freud en esta fórmula, era “esclarecer la naturaleza de la neurosis, no de la perversión…” 7 a pesar de que estuviera citando al fetichismo como una conducta perversa, en cuanto a desviada de la meta sexual,

5 Freud, S. (1992) “Tres ensayos de teoría sexual”, en Obras completas, Vol. VII, Buenos Aires: Amorrortu editores, Pág.

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6 Ob. Cit. Augé, M. David-Ménard, W. Granoff, J.-L y O. Mannoni 2002. Págs. 17-18.

7 Mazzuca, R. (2004) 4. La elaboración freudiana (1). Los textos sobre Leonardo y el fetichismo, en “Perversión”, de la psychopathia sexualis a la subjetividad perversa, Bs. As. : Berggasse 19, Ediciones. Pág. 87

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buscando satisfacerse en un objeto inapropiado para los fines mismos de la pulsión. Dicho autor refuta el contenido manifiesto de este enunciado, y va más allá, interpretando que lo que en realidad estaba señalando Freud era que aquellos impulsos reprimidos que regresan deformados en síntomas en la neurosis, son de naturaleza perversa.

Si el análisis de Mazzuca es acertado, no sería errado suponer que la idea latente en este enunciado, se referiría a la hipótesis de que: en todo neurótico hay encubierto, algo del orden de lo perverso.

Esto no quita la definición de perversión que plantea Freud, en forma se podría decir, más cercana a la psiquiatría, al referirla como una patología de la función sexual, según la lógica enunciada en Tres ensayos, donde las desviaciones de la meta sexual son consideradas aberradas o, podría agregarse, patológicas. Lo que supone una contradicción dentro del mismo texto, donde posteriormente nos hablará de la sexualidad infantil como perversa y polimorfa (punto que desarrollaremos a continuación). Por lo tanto, este uso ambiguo del término perversión trae consigo, más de una complicación.

Así que, volvamos a los Tres ensayos… y sigamos relacionando la sexualidad con la perversión, a fin de reencontrarnos con el fetiche, el Complejo de Edipo/angustia de castración para tratar de entender mejor el vínculo o la relación, que antes hubiéramos hipotetizado, con la neurosis.

En esta obra, donde se hace una especie de etiología de la sexualidad, las bases de la misma tendrían un cimiento perverso dado que, como señalamos anteriormente, el niño freudiano es un perverso polimorfo. Lo que traería consigo un nuevo cuestionamiento respecto a la perversión. ¿Sería válido decir que un perverso es un sujeto fijado en la sexualidad infantil, que por lo tanto, estaría separado de la neurosis por el proceso de represión?

Recurramos a Freud, en una obra posterior, (1917) “La conferencia 238 . Aquí plantea una clara diferenciación entre “perversión” e “infantilismo sexual”:

“La sexualidad perversa está, por regla general, notablemente centrada; todas las acciones presionan hacia una meta - casi siempre única- y una pulsión parcial tiene la primacía: o bien es la única pesquisable o bien ha sometido a las otras a sus propósitos. En este sentido, no hay entre la sexualidad perversa y la normal

más diferencia que la diversidad de las pulsiones parciales dominantes 9 (

En cambio, la sexualidad

infantil carece, globalmente considerada, de semejante centramiento y organización; sus diversas pulsiones

parciales tienen iguales derechos (

Por lo demás, también hay casos de sexualidad perversa que presentan

una semejanza mucho mayor con la infantil: son aquellos en que numerosas pulsiones parciales han impuesto

)

)

8 Freud, S. (1978), “23a Conferencia. Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales”. en Obras Completas. Tomo XVI. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

9 La oración resaltada es nota mía.

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sus metas o, mejor, han persistido en ellas con independencia unas de otras. En tales casos es más correcto hablar de infantilismo de la vida sexual que de perversión.” 10

De esta forma, el camino de la sexualidad infantil o de los orígenes de nuestra sexualidad, no hizo más que complicar más este asunto, pues la diferenciación de la perversión y el infantilismo, pone más puntos en común entre el primero y la neurosis. Dado que ambos, únicamente se distinguirían, como señala Freud, en la diversidad de las pulsiones parciales dominantes. Diferenciándose netamente de lo infantil, donde lo esencial no sería lo perverso en sí, sino en cuanto a “polimorfo”, en el sentido de la anarquía y desorganización en el accionar de la pulsión.

Ahora bien, dado que la fuente de distanciamiento entre neurosis y perversión no ha de ser encontrada en lo infantil fortaleciéndose, por el contrario, más la hipótesis de que “en toda neurosis existe algo del orden de lo perverso”, continuemos con los demás conceptos de esta cadena asociativa, a ver si en ellos logramos nuevos argumentos que refuten o terminen de fundamentar, dicha hipótesis.

Retomemos el consejo de Freud respecto a la importancia del fetichismo para esclarecer la dinámica del Edipo, que señalamos al principio, y agreguémosle otro concepto trascendente, el de “Yo”. Ya que el complejo de Edipo es fundamental para entender la constitución y estructuración del Yo.

Para lo cual, recurriremos nuevamente a la obra de Mazzuca, donde presenta un análisis del texto de Freud sobre Leonardo 11 , que será de suma utilidad para articular los conceptos de “fetiche-Complejo de Edipo-constitución del Yo-perversión”.

B. Leonardo Da Vinci, articulador entre “fetiche-Edipo-Yo-perversión (¿Cómo homosexualidad masculina?) 12

En su análisis sobre el análisis, valga la redundancia, del texto sobre el recuerdo infantil de Leonardo hecho por Freud. Mazzuca comienza por plantear seis hipótesis, a fin de organizar las ideas que va a destacar.

La primera hipótesis, se refiere a la suposición de que el niño, por su atracción erótica hacia la madre (previa a la angustia de castración), “desea poseer el pene de esta”. Deseo que deberá ir modificando pero que no obstante, dejará una huella psíquica indeleble.

10 Ídem Pág. 294

11 Freud, S. (1992) Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci en Obras completas, Vol. XI, Buenos Aires: Amorrortu editores.

12 Ob. Cit. Mazzuca, R. (2004). Págs. 89-98.

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En la segunda, Freud supone que todos los homosexuales tuvieron una madre 13 que híper-erotizó al niño, con la cual además, éste habría tenido una fuerte ligazón.

En la tercera hipótesis, parece decir que un padre enérgico es garantía de que el niño haga una “acertada elección de objeto”. Atribuyendo la homosexualidad a casos donde el padre estuviera ausente, ya sea en forma definitiva o por lo menos, durante la infancia.

Cuarta. Cuando el amor hacia la madre debe reprimirse, ésta operación no se ejerce por lo tanto la identificación, ocupa su lugar, tomando como modelo a la madre. Por lo tanto el amor hacia la madre es sustituido por una amplia identificación con ésta, lo que supone, que el niño se tome a sí mismo como modelo, para su posterior elección de objeto sexual. Este sería el punto en donde, según Freud, el niño se transformaría en homosexual o retornaría al autoerotismo, amándose como su madre lo amo a él.

En la quinta hipótesis, por lo tanto, se observa una elección de objeto narcisista 14

Finalmente en la última hipótesis, podría extraerse la siguiente conclusión:

“homosexual= hombre que en lo Icc., permanece fijado a la imagen de su madre”, y para conservar su fidelidad hacia ese amor, desplaza el amor que sentiría hacia otra mujer u hombre, repitiendo incesantemente el mecanismo que lo llevó a la homosexualidad.

Como conclusión de lo hasta aquí expuesto vemos junto a Mazzuca, que la homosexualidad en primer lugar, nada tendría que ver con un Edipo invertido o negativo (en el caso del varón, amor hacia el padre- rechazo hacia la madre), debido a que las fijaciones hiper-intensas del niño, son hacia su madre; siendo la homosexualidad una forma de reprimirlas, o mejor dicho de desplazarlas, en virtud de un previo proceso identificatorio con la figura materna (de una madre híper-erótica, que tomaría a su hijo como objeto de amor) eligiendo por lo tanto, objetos de amor a su propia imagen, lo que Freud definiría como “elección de objeto narcisista” 15 .

En cuanto al camino recorrido por Freud para estas elaboraciones, Mazzuca destaca que el capítulo más ad-hoc a nuestra problemática es el tercero, por ser un antecedente importante para el texto que Freud escribirá años después (1927) sobre el Fetichismo:

“… el impacto que produce en el varón acceder a la experiencia de que este órgano falta en el cuerpo de las mujeres, sobre todo en la madre, y como hay algunos sujetos que nunca se reponen de ese impacto y conservan siempre una cierta aversión sobre la vista de los órganos genitales femeninos… Esta experiencia,

13 No es necesario que sea la madre, puede ser cualquier personaje femenino que haya cumplido un papel importante en esta etapa primitiva, en el niño.

14 Supuestamente, este es el primer texto en el que Freud utiliza la palabra Narcisismo, para relacionarla con un tipo de elección de objeto.

15 Freud, S. (1992). “Introducción al Narcisismo”, en Obras Completas, Vol. XIV, Bs. As: Amorrortu editores.

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que después será vinculada con el surgimiento del fetiche, puede llevar también a la homosexualidad, imponiendo como condición de elección de objeto que se trate de alguien con pene, justamente para evitar ese horror a la castración. A su vez, el fetichismo, es una manera de no convertirse en homosexual.” 16

Ahora bien, otro punto importante al respecto de esta particular salida de la sexualidad de Leonardo, es el que Freud menciona en el cuarto capítulo, donde, además de hablar de sus más célebres producciones pictóricas, hace interpretaciones de éstas en cuanto a la vida personal del autor, así como a su psiquismo. Por ejemplo, “La Giocondao “Santa Ana, la Virgen y el niño”.

La interpretación de estas obras permite a Freud, ahondar más sobre el triángulo edípico en la vida de éste artista. Atribuyendo a la ausencia del padre, durante sus primeros años, el particular carácter de su homosexualidad (como veíamos en las hipótesis de Mazzuca). Pero agrega finalmente, que esta ausencia también traerá consecuencias en la madre, que intentará suplir este vacío siendo híper-tierna con su hijo en dos sentidos, para mitigar su propio vacio y, para suplir el amor que el hijo demandaría a su padre. Todo esto:

“…determina una mayor intensidad en el vínculo erótico con el hijo […] crió a su hijo, dice, como las madres insatisfechas; lo colocó en el lugar del marido y lo despojó de su virilidad” 17

Pues hasta aquí podríamos determinar el camino de los nexos entre Complejo de Edipo- angustia de castración, pero no por temor al padre, sino por el intenso vínculo con la madre y un exagerado horror, ante el descubrimiento de la diferencia anatómica de los sexos.

Este exagerado horror, es analizado por Freud en su obra (1922) “La cabeza de Medusa” 18 donde dirá que, la cabeza cortada de Medusa simboliza la castración (como premisa en el hombre, como acto consumado en la mujer), lo que hace que los hombres se queden de piedra19 al contemplarla. Pero, ¿la castración de qué mujer en particular? De la madre. Que en tanto que sobrevalorada a pesar de ser castrada, reaparece con su poder como la cabeza de Medusa, perfilándose como eterna.

El mito de la Medusa muestra entonces, en un mismo acto, el reconocimiento de la castración y su denegación (renegación, desmentida, etc.); en tanto que siendo mortal se perpetúa como inmortal.

16 Ob. Cit. Mazzuca, R. (2004). Pág.96

17 Ídem, pág. 98

18 Freud, S. (1978) “La cabeza de Medusa” en Obras Completas Tomo XVIII. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

19 Dice en dicho texto Freud, respecto al quedarse rígido que aparece una vez más el mismo origen del complejo de castración y la misma transformación del afecto. Donde quedar rígido significa, la erección, es decir, en la situación de origen ofrece un consuelo al espectador: todavía posee un pene, y el ponerse rígido viene a confirmárselo.

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A fin de no dividir nuestra cadena, utilizaremos este eslabón de la denegación (die verleugnung) de la castración para pasar al análisis del texto nodal de este trabajo, “El Fetichismo” (1927).

C. Análisis sobre el texto de S. Freud, “El Fetichismo” (1927) 20

Antes de centrarnos en el análisis de este texto, introduzcamos un concepto que será fundamental para entender el tema del Fetiche: la denegación (verleugnung). Lo que nos llevará a profundizar respecto a otro de los eslabones de nuestra cadena, el Yo, en cuanto a su relación con la denegación.

Denegación- Fetichismo: según un artículo publicado en julio de 2004 en la Revista Electrónica de Psicología "La Misión", de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro 21 , en esta obra, Freud diferenciará la represión de la denegación; entendiendo por esta última, un proceso que siéndole en algo similar, proviene básicamente de la falla producida por una alteración del Yo al tratar de proteger al Narcisismo. Que al sentirse insultado por la posibilidad de castración, favorece el surgimiento de la die verleugnung (denegación).

Por lo tanto la denegación se diferenciaría de la represión, por ser el mecanismo que se presenta para la representación psíquica, separada del afecto inconsciente (que así permanecería reprimido, o mejor dicho, despojado de su representación originaria). Denegar la realidad implica reelaborarla a través de los procesos de pensamiento inherentes al Yo.

También la diferencia de la negación, puesto que no puede negarse lo que no existe (en este caso, el pene de la madre), sino de-negarse, desmentirse.

Más adelante en uno de sus últimos trabajos, en el séptimo capítulo del “Esquema de Psicoanálisis” 22 (1940) va a ahondar en la distinción represión desmentida, donde la represión sería la embestida de la defensa contra una moción pulsional (proveniente del interior). Mientras que la desmentida, sería una alteración del Yo, que surge como respuesta ante ciertas partes de las percepciones (como tales, externas).

20 Freud, S. (1978) “El Fetichismo”. en Obras Completas Tomo XXI. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

21 Villa Alarcón, M. De la Sentencia: “la perversión es el negativo de la neurosis”, de la página:

UAQmhtml:file://C:\Documents%20maestría\Freud%20I\perverso%20polimorfo.mht!http://www.acosomoral.org/psico33.htm

visitada el día 3 de diciembre de 2008 a las 2 a.m.

22 Freud, S. (1978) “Esquema del Psicoanálisis” en Obras Completas Tomo XXIII. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

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Hasta aquí, el Yo no habría tenido un papel importante en la cadena trazada, entonces ¿por qué se presenta a la denegación como una alteración del Yo?

Siguiendo el texto sobre el Fetiche podemos resaltar, en primera parte, que se debe a que lo que se deniega proviene del exterior, siendo la percepción (recuérdese el sistema P- Cc.) 23 , una de las funciones exclusivas del Yo.

En segundo lugar, porque la segunda función del juicio intelectual es la de contrastar la existencia de los objetos del Yo, con su permanencia en la realidad, con la intención de evaluar las posibilidades de un reencuentro con el objeto.

Freud argumenta en el mismo artículo, que fue necesaria para que la segunda función del juicio se creara, la previa pérdida de un objeto (si no existiera un objeto primordial que fue perdido, no existiría posibilidad de contraste)

Ahora pasemos a otro concepto importante, que constituye otro de los eslabones, la angustia de castración.

Hablar de angustia es hablar de pérdida, y ésta última supone la castración. La cadena es simple, nacimiento (pérdida de la unidad con la madre), advenimiento del padre (pérdida del ser falo de la madre), complejo de Edipo (pérdida de la madre como objeto de amor), complejo de castración (pérdida de la representación del pene de la madre), duelo (pérdida de objetos de amor secundarios). Es el camino prototípico de la angustia que, además, vuelve a unirse con la perversión en cuanto a la denegación, a través del vínculo particular que ambas guardan con la realidad.

La angustia es siempre real, pues la manera en que se genera siempre tiene como miramiento último, la realidad. Si el peligro proviene del exterior el apronte de angustia prepara para la huida o el contraataque; si es interno, considerando que la pulsión siempre tiene como meta el placer, se vuelve displacentera y por lo mismo, una posibilidad de peligro para el Yo. Son solamente las consecuencias displacenteras que conllevarían, para el aparato psíquico, la plena manifestación de la pulsión en la realidad.

Es en este punto donde, a través de la castración, podemos relacionar a la denegación con la angustia; y a través de ésta, situarnos únicamente en el campo del Yo.

Recordemos por una parte, que la distinción entre represión y denegación es, no tanto “el qué se hace”, sino “el con qué”. La represión se ocupará de tramitar lo afectivo de las representaciones, mientras que del contenido cualitativo de éstas, se encargará la denegación.

23 Para mayores referencias sobre los sistemas Icc, Pre-Cc y P-Cc, leer el texto de Freud, S. (1978) “Lo Inconsciente” en Obras Completas Tomo XIV. Buenos Aires: Ed. Amorrortu.

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De esta forma podríamos hacer una primera conclusión en donde, la denegación será siempre una denegación de la castración. Este enunciado se hace evidente si lo analizamos bajo la lógica según la cual, el no percibir la ausencia deja siempre intacta la posibilidad de la presencia. Y será en esta posible presencia sobre la cual, a lo largo de todo el desarrollo libidinal y en especial de la fase fálica, se jugará la estabilidad del narcisismo primario.

Ahora bien, en el plano de la perversión, tras la denegación de la diferencia anatómica de los sexos por el horror de la castración (recuérdese la Cabeza de la Medusa), el Yo optará bajo circunstancias especiales, por alterar su conformación en el plano de la escisión, donde la perversión se aleja de la neurosis, para empalmarse ahora con la psicosis (como lo plantea Freud en sus dos artículos de 1924, sobre las “Neurosis y Psicosis).

El hecho de que el Yo aleje del plano de la consciencia a la percepción en sí, no significa que no la haya percibido como tal antes de desfigurarla (principalmente por desplazamiento). Sino que, como hemos visto, deniega de lo percibido, dado que solo así, puede acceder a dicho plano.

Nos encontramos de cara con un nuevo problema, es evidente que la angustia y la denegación, son alteraciones del Yo, pero son alternativas. La segunda se presenta para renegar contra la castración que genera angustia, es decir, protege al Yo de la afrenta narcisista, pero se presenta bajo las mismas circunstancias en las que la angustia se presentaría, ante las situaciones de peligro. Quedará para una posterior investigación descubrir cuáles son las condiciones en el campo de la castración narcisismo que hacen discernir la actividad del yo entre la angustia que se genera en el neurótico al aceptar su castración, o la negación de la negación (re-negación) de la realidad que efectúa el yo del perverso estructurado para desmentirla. 24

Delimitados los conceptos nodales que demarcaran el entorno del fetiche, volveremos a recurrir a las puntuaciones de Mazzuca, en este caso, para delimitar las hipótesis centrales del texto sobre el fetiche de Freud. 25

En primer lugar: universalidad del sentido y el propósito del fetiche, que siempre debe ser entendido como un sustituto del pene, ¿pero de cuál?, de uno sobrevalorado en la infancia que, posteriormente debió ser abandonado viniendo el fetiche, “a preservarlo de la desaparición. En conclusión: “el fetiche es el equivalente al falo de la (madre) mujer 26 ”. Que opera en el niño como una creencia a la que no quiere renunciar.

Segundo: el niño rehúsa a aceptar la percepción de la ausencia de pene femenina. Aquí operaría por primera vez la verleugnung o denegación enunciada aquí, como la

24 Ob. Cit. Villa Alarcón, M.

25 Ob. Cit. Mazzuca, R. (2004). Págs. 99-100

26 Recuérdese que para Freud lo femenino es análogo a lo materno. Para mayor información al respecto léase: Freud, S. (1992). “Sobre la sexualidad femenina”, en Obras Completas, Vol. XXI, Bs. As.: Amorrortu editores.

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operación en que una percepción es registrada pero a la vez, rechazada pero no borrada (lo que coincide con la explicación anterior).

Tercero: hace hincapié en que la percepción se conserva a la misma vez que se abandona.

Cuarto: es importante destacar que Freud dice que la represión opera en el fetichista, dejando como “estigma”, el horror hacia los genitales femeninos (volvemos a recordar el pánico ante la cabeza de la Medusa).

Quinto: en cuanto a la función y a la fuerza que mantienen al fetiche Mazzuca dirá:

como emblema del triunfo sobre la amenaza de castración y como salvaguardia contra ésta;

además le evita al fetichista convertirse en homosexual, pues confiere a la mujer precisamente aquel atributo que la tornó aceptable como objeto sexual. Pero como los demás no reconocen el significado del fetiche tampoco lo prohíben… la gratificación sexual que le proporcionan es así cómodamente alcanzable” 27

subsiste “

Sexto: “el fetiche aloja en su estructura la denegación tanto como la afirmación de la castración” 28

27 Ob. Cit. Mazzuca, R. (2004). Pág. 100

28 Ídem.

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III.

Conclusiones.

Después de dar por “terminado” este primer acercamiento al concepto de Fetiche en Freud, podemos arriesgar algunas conclusiones, o al menos intentar hacerlo.

Para lo cual volveremos sobre las preguntas que fueron surgiendo a lo largo de la cadena.

Relación neurosis-perversión (fetichismo)…

Ambos términos se articulan a partir del concepto de fetiche, como bien destaca Freud, al decir que es fundamental para comprender el Edipo, la angustia de castración y la constitución del Yo. En ambas psicopatologías, el desarrollo psicosexual es similar, lo que difiere es la intensidad de los hechos.

El fetichista será la persona en donde el Edipo tomará un curso particular y tendrá además, características determinantes, según Freud, claro está.

Luego del análisis del texto sobre Leonardo, entendido como núcleo para el posterior desarrollo del concepto de fetiche en la obra freudiana, podemos ver que es necesario que, en primer lugar, haya un “padre ausente” (entiéndase, el padre real, no la función paterna de la que nos hablará Lacan), por lo menos en la infancia del niño. Esto determinará que la madre, al sentirse abandona, desarrolle una relación muy intensa con el hijo no solo para mitigar su desolación, sino para suplir el cariño del niño, lo que en consecuencia, en el caso de Leonardo, inhibirá su virilidad; mientras que en caso del fetichista, le impedirá aceptar la diferencia anatómica de los sexos, haciéndolo víctima de la denegación de la misma. Es decir, el niño, percibirá (según el primer juicio de realidad) los genitales de la mujer-madre, freudiana; no obstante (segundo juicio por contraste) rechazará, desmentirá, denegará, la misma. De esta forma surgirá el fetiche, como el sustituto del falo femenino-(materno).

Por lo tanto, si es cierto que en todo neurótico hay algo de perverso, pues, en un primer momento del desarrollo psicosexual, no se acepta la diferencia anatómica de los sexos, solo después de que aparece la función paterna, tras la angustia e castración, se asimila la diferencia anatómica y se sale del Edipo, tras una elección narcisista de objeto.

En el caso del fetichista, el proceso es el mismo, solo que, como no opera la función paterna, podría decirse, opera el fetiche. Que según Freud, además garantiza que el hombre no se vuelva homosexual, pues el fetiche le permite valorar a la mujer como objeto sexual. Asimismo, el fetiche, vendría a responder a la elección narcisista de objeto.

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ESTUDIOS SOBRE FETICHISMO

Sobre Edipo y angustia de castración…

Rescato como fundamentales, por un lado, la “función del padre”, que debe operar no solo sobre el hijo, sino también, sobre la madre. Es decir, la castración es bivalente. La madre debe renunciar a su hijo como sustituto fálico y el niño, debe renunciar a su posición de ser el falo de la madre. Pues si no opera la castración, entraríamos en el plano de la psicosis.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando la función paterna no opera?, Freud diría, cuando el padre está ausente en forma permanente o por lo menos, durante los primeros años de vida del niño, como hemos visto y por lo que hemos dicho, surgiría la perversión como fetichismo.

En los casos donde opera la función paterna, en sobre manera, sobre hijo y madre, así como el Edipo (con tendencia hiper-hostiles hacia el padre), la castración (hiperintensa por mecanismos proyectivos hacia el padre), estamos en presencia de una posible neurosis casi seguro, de tipo obsesiva, fóbica (como en el caso del pequeño Hans).

La constitución del Yo…

De lo visto hasta aquí podemos concluir, que si el fetiche, el Edipo, la angustia de castración, la función paterna; contribuye a la constitución psicosexual del Yo… pues resulta lógica la famosa frase en la que Freud dice que lo más cercano a la normalidad es la Neurosis, porque, si de por sí resulta, al menos a partir de este recorrido, imposible entender cómo sería una sexualidad “normal”, pues por ende, igualmente inasequible se hace la idea de pensar en un “Yo normal”.

En consecuencia, no resulta caprichoso el hecho de haber partido desde el Fetiche, como representante de la perversión, para llegar a la conclusión de… ¿a dónde queda lo normal?

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ESTUDIOS SOBRE FETICHISMO

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