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COHERENCIA Y CORRESPONDENCIA

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Leyder Lasprilla

2011

COHERENCIA Y CORRESPONDENCIA:
DOS CRITERIOS FUNDAMENTALES PARA ESTABLECER LA VALIDEZ DE UNA TEORÍA
(Aclaraciones Teoréticas)

Deber es de la filosofía el disipar los engaños producidos por la mala inteligencia, aunque para ello sea menester destruir las más queridas y encantadoras ilusiones.

I. Kant
“…La búsqueda de la verdad necesita la búsqueda y elaboración de mea-puntos de vista que permitan la reflexividad…”

E. Moran

Introducción
A excepción de la teorización sobre las realidades post-postconvencionales vividas en la involución y la evolución de un alma, cualquier modelo conceptual que se aplique a un fragmento de la realidad debe cumplir, fundamentalmente, con dos criterios de validez: a) que se corresponda con ella y b) que tenga unidad lógica. Cuando alguno de estos dos elementos faltan -o no se cumplen-, es menester revisar las gafas mentales (a decir de Kant) con las cuales estamos observando y legitimando, lo que epistemológicamente se ha denominado el observable, que siempre es promulgado por los paradigmas que seguimos (Wilber, 2003). La finalidad de este artículo es definir, explicar y ejemplificar la suprema importancia que tienen los dos criterios señalados en cualquier actividad que el hombre realice, pues donde quiera que haya mente habrá una teoría, ya que, como dijo David González Raga (2009): “nos guste o nos desagrade, vivimos inmersos en los mapas. Seamos o no conscientes de ello, el

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nuestro es un mundo simbólico y las palabras, las descripciones, las interpretaciones y las visiones del mundo nos son tan necesarias como el aire que respiramos”.

1. ¿Qué es una teoría?
Con la emergencia (y madurez) del símbolo1 y el concepto2, el hombre, por primera vez, pudo interrelacionar diferentes ideas para describir y explicar los fenómenos que iba percibiendo en cada uno de los reinos kósmicos: teosfera, noosfera, biosfera y fisiosfera. Cuando este conjunto de ideas no ha sido puesto a prueba en la práctica, se conoce como hipótesis y cuando lo ha sido, y ha salido triunfante, aunque sea provisionalmente, se denomina teoría3. Como las teorías son holones creados por la noosfera, en su intento de reflejar la realidad percibida por el sujeto4, ellas en sí mismas son entes reales que son captados directamente por aquellos que tienen el nivel de desarrollo para verlas. En palabras de Wilber: “Una teoría, o una hipótesis, es el conjunto de datos mentales aprehendidos directamente que utilizamos como mediadores para cartografiar, explicar y organizar otros datos aprehendidos directamente” (1983, p.93)5. Una hormiga, un gato o un infante no están en condiciones de percibir teorías, pues su nivel de desarrollo se los impide. Lo “semejante se conoce por lo semejante” (Aristóteles, 2005, p. 65), por lo que para captar símbolos y conceptos interrelacionados, primero hay que tener la facultad de acceder a ellos en nosotros mismos. Así, para el mundo de estos seres vivos no hay nada que se pueda identificar como teoría; simplemente, es una realidad que para ellos no lo es, ya que va más allá de su organización (Varela) o patrón profundo (Wilber) e, ipso facto, de su traducción de la realidad. Ahora bien, si las teorías buscan reflejar realidades percibidas, primero es preciso poner de manifiesto esas realidades para después cartografiarlas. Uno de los grandes aportes de la teorética postmoderna es la deconstrucción del “mito de lo dado”, la tesis de que hay una realidad “allí fuera” esperando ser observada por nosotros sin tener en cuenta el papel que juega el sujeto en dicha percepción. Como dijo Wilber: “la esencia de la revolución postmoderna, postkantiana… es que los fenómenos (como el átomo de hidrógeno) simplemente no están descansando ahí fuera esperando por todos para ser vistos, una visión considerada ahora “desesperadamente ingenua” y llamada el “mito de lo dado” (el punto es que ningún fenómeno es meramente dado). Más bien, los fenómenos son promulgados,
El símbolo es un constructo intelectual (holón) que representa a un miembro de una clase dada. El concepto es un constructo intelectual (holón) que representa a una clase, no a uno de sus miembros. 3 La palabra teoría derivó del griego θεωρία (contemplación), pero con Sócrates, Platón y Aristóteles, pasó a tener el significado intelectual que hoy le damos. Recordemos que para Sócrates saber algo era tener un concepto claro de ello (lo mismo que para Aristóteles). 4 Recordemos la intencionalidad de la noosfera puesta al descubierto por Brentano y que toma su discípulo, Husserl, en la fenomenología. 5 Más adelante haré una aclaración sobre la palabra dato.
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originados, descubiertos e iluminados por una serie de comportamientos de un sujeto perceptor… Los fenómenos son promulgados y originados por las instrucciones, paradigmas o prácticas sociales (“si quieres saber esto, debes hacer esto”)” (2003, p. 17). Así, teorización que aspire a ser válida debe estar precedida por un paradigma que promulgue los referentes reales en cuestión, de lo contrario caeríamos en la especulación, que defino como la teorización sin paradigma6. No obstante, no debe entenderse que “no hay una realidad independiente de nosotros”, porque los átomos existían mucho antes de que el homo sapiens apareciera en la Tierra. Lo que debemos ver es que los referentes reales están “allí” pero solo podrán ser percibidos por quienes los promulguen mediante una instrucción o paradigma concreto. Citemos de nuevo a Wilber: “Esto no significa que los fenómenos no están objetivamente allí en un sentido significativo; significa que los fenómenos no están allí para todo el mundo. Macbeth existe, pero no para mi perro. Las células con ADN existen, pero solo pueden verse por sujetos que dispongan de microscopio (que no existió hasta la ola naranja, que es por lo que las células no existen o no existía constancia de ellas para las visiones del mundo mágica y mítica; no encontramos ninguna alusión al ADN en cualquier texto mágico o mítico. Esto no significa que el ADN no estuviera allí, solo que no existían en sus visiones del mundo). El nirvana existe, pero no para un estado dualista de consciencia, y así sucesivamente. Los fenómenos existen, están presentes o solo brillan para sujetos que pueden promulgarlos y cocrearlos…” (2003, pp.17-18).

2. ¿Qué es la teorética?
Con el surgimiento de la modernidad, en el pensar y accionar de los hombres, los pensadores –más no el vulgo- comenzaron a ver todos los errores conceptuales que la premodernidad les había dejado: la mecánica de Aristóteles, la cosmología platónica, la óptica atomista, la fisiología galénica, entre otros, fueron algunos de los modelos conceptuales (teorías) revisados porque la experiencia estaba mostrando que no concordaban con ella. Esto llevó, por primera vez, de manera generalizada7 –entre los intelectuales, repito-, en la historia de Occidente, a ver que la mente no siempre podía reflejar fielmente con sus ideas lo que los sentidos mostraban. Así, comenzó a tener peso la siguiente pregunta: ¿cómo saber si lo que yo digo es verdadero? Citemos a Manuel García Morente: “…la característica del pensamiento moderno es que antes de plantearse el problema metafísico se plantea otro problema previo: el problema de cómo evitar el error; el problema del método, que hay que descubrir para aplicarlo de suerte que no se cometan errores; el problema de la capacidad que tenga el pensamiento… para descubrir la verdad; el problema de si el pensamiento… puede o
La especulación es a priori, en tanto que la correcta teorización es a posteriori. Digo generalizada, porque ya antes otros sujetos lo habían visto, pero eran casos individuales o de muy pocos, pues el zeitgeist (a decir de Jung) era el realismo ingenuo.
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no puede descubrir la verdad; el problema de los caracteres que haya de tener un pensamiento para ser verdadero. En suma, toda una serie de problemas que los filósofos hoy comprendemos bajo la denominación de “teoría del conocimiento” (2005, p. 142). De esta forma, empezaron a surgir propuestas que intentaban dar solución a dicha pregunta. Por ejemplo, Francis Bacon (1561-1626) –apoyado en Roger Bacon, un monje franciscano del siglo XIII- planteó, en su Novum Organum, que era la experiencia misma la que tenía la respuesta: solo preguntándole directamente a la naturaleza con experimentos –o lo que él llamaba retorcerle la cola al león-, era que uno podía saber si lo que pensaba se ajustaba a la realidad percibida. También Descartes dio respuesta a esta pregunta; recordemos su famosa duda metódica: poner en tela de juicio lo que en nuestra mente no aparece “claro y distinto” (como solía llamar a sus ideas verdaderas), hasta que lleguemos a un punto en donde todo sea evidente. Todas estas afirmaciones constituyen juicios sobre la validez de los juicios o teorías sobre la validez de las teorías. Es decir, son el pensamiento volviendo sobre sí mismo para ver cuándo da en el blanco y cuándo no. Esto es la teorética: la teorización sobre la teoría. Ella nos permite, por decirlo así, quitarnos las “gafas mentales” -que son las teorías- y observarlas desde lejos de tal forma que podamos cumplir la contundente paremia de Sri Aurobindo: “para ver el cuadro hay que estar fuera de él” (citado por Lasprilla, E., 2008). La teorética, estabilizándose como hábito kósmico en el cuadrante inferior izquierdo (Wilber) en la modernidad (con pensadores como Descartes, Bacon, Hume, Lock, Berkeley, Wolf, Leibniz, Malebranche, etc. ), se fortalece en la postmodernidad: pensadores como Kant, Schopenhauer, Hegel, Fichte, Schelling, Marx, Engels, Peirce, James, Mao, Lenin, Ferrier, Einstein, Heisenberg, Fleck, Koyré, Popper, Kuhn, Feyerabend, Lákatos, entre otros, han hecho aportes incalculables a esta rama del conocimiento. Por ello, considero que hoy es imperdonable para el profesional -también para el especialista, el superespecialista, el máster y el Ph.D.-, ser un analfabeta en estas cuestiones. Sin embargo, el diario vivir, desafortunadamente, nos muestra precisamente esto: personas –incluidos científicos de alto nivel, como Stephen Hawking- que no tienen claridad sobre las bases desde donde piensan y enjuician la realidad. Desconocer la teorética es hablar sin poder decir por qué sé que lo que digo es una verdad; es pensar y no saber cómo se llegó a pensar lo que se pensó, es actuar y no ver cómo los dispositivos8 y las epistemes9 (a decir de Foucault) regulan nuestras acciones; es juzgar y no saber desde dónde se juzga, es razonar y no saber con qué elementos contamos para el
Se refiere a todas las prácticas no discursivas que influyen sobre nuestra percepción de la realidad y de las que normalmente no somos conscientes. Es abordado por su genealogía del saber. 9 Hace alusión a las prácticas discursivas que sirven de fundamento a las teorizaciones científicas, filosóficas y tecnológicas en una determinada época. También es inconsciente y es estudiada por su arqueología del saber.
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raciocinio. En últimas, es no saber en dónde estamos parados, es decir, es estar desubicados, con el agravante de que el sujeto se considera bien ubicado y con toda la autoridad para hablar de lo que no sabe. Esta es, precisamente, una de las formas que asume la necedad: ignorar que se ignora o ignorar que se desconoce. Generalmente, los académicos tienden a ser necios, pues su teorética es obsoleta. No es casualidad que Edgar Morán dijese: “Es muy diciente el hecho de que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento…, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es el conocer” (2000, p. 9). Pero, lo más grave no es eso -que es por supuesto muy grave-, sino que, peor aún, es la falta de interés que muestran los sujetos de marras por estas temáticas. Cuando se les plantea en una tertulia la necesidad de la teorética, hacen caso omiso –si son muy educados- cambiando el tema o muestran un abierto sarcasmo –cuando no lo son- ante las personas que sí ven la importancia de ella o, todavía peor, se tornan agresivos porque se quedan sin argumentos – cuando tienen algo de trogloditas-10. Estos, tras de que están en el fango, no quieren salir del mismo, pues se sienten maravillosamente en él. Por ello, aquí -guardando las proporciones respecto de lo que él quería señalar a nivel místico- me acojo a las palabras de Jesús: “…no echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y se vuelvan y os despedacen” (citado por Jaspers, 2001, p. 123). El establishment universitario es en gran parte culpable de esta situación, pues da muy poca importancia en sus planes de estudio a la teorética. Esto conduce a que el profesorado contratado sea igualmente ignorante de la misma, lo que, a su vez, lleva a que los alumnos terminen su pregrado o su postgrado, llenos de información, muy poco conocimiento y poca claridad acerca de los límites y posibilidades de su cognición. Y, como dijo Lao Tsé: “no conocer los límites de [nuestro] saber es enfermedad” (citado por Jaspers, 2001, p. 86)11.

3. ¿Qué es la Gnoseología?
A Kant le debemos el significante gnoseología12 para referirse a la teorética de cualquier forma de conocimiento. En su Crítica de la Razón Pura, busca, como dijo Kuno Fischer, “someter todo acto de entendimiento a principios sabidos con claridad y acompañar todo juicio con la conciencia perfecta de su posibilidad y necesidad” (2006). Pero, además de esto,
La salida del necio que se ve descubierto en su farsa, casi siempre, es el ataque ad hominem, que podemos resumir así: “ya que no puedo con tus argumentos te ataco directamente a ti”. 11 También es importante conocer la opinión de Swami Paramadvaiti y Atulananda Das Adhikary: “debemos cambiar la estructura educativa por completo si queremos liberarnos de la ignorancia aguda del mundo actual” (1999, p. 80). 12 Esta palabra deriva de los vocablos griegos γνῶσις (conocimiento) y λóγοσ (tratado). Para los gnósticos, γνῶσις es conocimiento del corazón, es decir, sabiduría.
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la gnoseología va más allá: no solo es la teorética que busca clarificar el origen y la validez de todo tipo de conocimiento, sino que clarifica lo que la sabiduría es, permitiendo al sujeto instruido en ella diferenciar lo que en él es información, conocimiento o sabiduría. Pero antes de continuar con esto, veamos lo que es el concepto de capto. A Ronald David Laing (1927-1989), el famoso psiquiatra escocés, le debemos la creación de este término. Él se da cuenta de que la palabra dato, implícitamente, involucra la idea de que el sujeto, pasivamente, registra la realidad que le llega a sus instrumentos de percepción, cuando lo que sucede es que el sujeto participa activamente en la percepción de la misma, pues la forma en la que un individuo registra los fenómenos está muy influenciada por sus costumbres, emociones, pensamientos y contextos en que se haya sumergido13. Así que en vez de hablar de dato, él propone hablar de capto, es decir, lo captado por nosotros de acuerdo con nuestra posición en el mundo. Siendo esto así, podemos ver que las teorías son captos mentales que buscan ordenar, describir y explicar otros captos (que pueden ser fisiosféricos, biosféricos, noosféricos o teosféricos). Son holones que señalan a otros holones percibidos con el ojo de la carne, con el ojo del corazón, con el ojo de la misma mente o con el ojo de la contemplación. Por ello, en la definición que da Wilber de teoría, es menester cambiar el significante dato por el de capto. Así, nos queda claro que las teorías son captos mentales o mapas que reflejan referentes reales o territorios puestos de manifiesto por metodologías específicas. “…Una teoría es un mapa de un territorio, mientras un paradigma es una práctica que origina un territorio en primer lugar…” (Wilber, 2003, p. 2). Pues bien, cuando lo que yo capto directamente con mis instrumentos de percepción lo comprendo, emerge la sabiduría. Cuando escucho hablar, leo u observo imágenes de un referente real y lo mantengo de manera aislada en mi mente, tengo información y, cuando integro dicha información en un complejo coherente, tengo conocimiento respecto de dicho referente real. La sabiduría es la expansión perceptiva del alma cuando ha comprendido lo que ha sucedido en el contacto directo con un referente real. La comprensión es el abrazo sensitivo de la realidad, que precede a dicha expansión. El conocimiento es la tematización integrada, puramente intelectual, de uno o más referentes reales. Y, la información, un conjunto de captos aislados o poco correlacionados que nos mantienen en la superficie de las cosas14.

Además de sus niveles de consciencia en cada una de sus líneas de desarrollo. Podemos decir que la información es el primer nivel de acercamiento a la realidad, en donde legitimo un referente real pero en mi mente todavía hay oscuridad sobre el mismo. Con el conocimiento, a pesar de que sigue siendo mental, el nivel de acercamiento es mucho mayor, pues me encuentro en condiciones de manejar el referente real, razón por la cual, considero, es el segundo nivel. Y, con la sabiduría, le compenetración es máxima: la mente ya no está de mediadora y el sujeto percibe el referente directamente, tal cual es.
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El conocimiento tiene en común con la sabiduría el hecho de ser intransferible, pues debe ser construido por el sujeto –como brillantemente mostraron Piaget y Vigotsky- a través de la información, pero se parece a esta en cuanto que es puramente noosférico. Por ello, tanto la información como el conocimiento mantienen el hiato sujeto-objeto (o, como diría A. Besant, el yo y el no-yo), en tanto que la sabiduría la disuelve en una unidad. El conocimiento y la sabiduría permiten definir, explicar, ejemplificar y aplicar lo discursado, en tanto que la información no. Con la información es posible que usted defina, aunque no pueda explicar y si hace esto, posiblemente no defina; o, si ejemplifica puede que no aplique; o si aplica es posible que no defina. En últimas, con la información se pueden cumplir tres de las condiciones, mas no todas15. Cuando una persona confunde el conocimiento con la sabiduría, o peor aún, la sabiduría con la información, ha perdido todo norte. No sabe dónde está ni para dónde va. Confunde al sabio con el intelectual y a este con el profesional. No respeta jerarquía en esta tríada y es capaz de ubicar su ignorancia por encima de la sapiencia del sabio o de los conocimientos del intelectual. Ejemplos de lo primero los vemos en los que crucificaron a Jesús, los que mataron a Mansur y los que quemaron vivo a Giordano Bruno. Ejemplos de lo segundo, los encontramos en los estúpidos académicos que han vituperado a Hamer, en los médicos y hierbateros que le hicieron la vida imposible a Hahnemann y en los que le negaron el premio Nobel a Louis Kervran, por no tener título de físico cuántico16. Cuánta razón tenía Osho al expresar: “para ser respetado por idiotas tienes que actuar de acuerdo con sus modales, con sus expectativas. Para ser respetado por esta humanidad enferma tienes que ser más enfermo que ella” (2005, p. 222). Son precisamente estos individuos los que con su parálisis paradigmática (a decir de Barker) impiden el avance da la ciencia, la espiritualidad y la intelectualidad en general. Algunos son médicos, otros biólogos, otros especialistas en educación, otros ingenieros, en fin, personas con formación universitaria. Esta situación indica que los títulos por sí solos no dicen nada y que, como me dijo en una ocasión un profesor: “la sociedad nos prepara para la mediocridad”.

4. ¿Qué es la Epistemología?
En 1854, James Frederick Ferrier (1808-1864) publica un libro llamado Fundamentos de la Metafísica, en donde divide la filosofía en ontología y epistemología Aquí hace su aparición por primera vez esta palabra. Deriva del griego ἐπιστήµη, cuyo equivalente, hoy, es el

Esto lo vemos en personas a las que uno les pregunta por la definición de algo y dan un ejemplo, cuando eso no fue lo que se les pidió. 16 A pesar de que descubrió, siendo biólogo, las transmutaciones alquímico-biológicas a través de las corrientes neutras de baja energía.

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conocimiento científico. Razón por la cual la epistemología es considerada como la teorética del conocimiento científico; la que clarifica el origen, proceder y validez del mismo17. Aunque la gnoseología subroga a la epistemología, muchos son los aportes teoréticos que desde la epistemología los intelectuales han hecho a la gnoseología. Recordemos el estilo de pensamiento y el colectivo de pensamiento de Fleck; la parálisis paradigmática, el efecto paradigma y la ley de retorno a cero, de Barker; la contaminación afectiva y el obstáculo epistemológico de Bachelard; la matriz disciplinaria de Kuhn; el marco epistémico de Piaget; etc. Sin un claro dominio de la epistemología, un científico -o cualquiera que haga uso del conocimiento científico- está bastante desarmado ante su actividad, pues fácilmente será víctima, por ejemplo, del efecto paradigma, la parálisis paradigmática o la contaminación afectiva. No debemos olvidar que: “… el paradigma es inconsciente pero irriga el pensamiento consciente” (2000, p. 17) y una de las formas de salir de esta encerrona es la epistemología – o todavía mejor, la teorética en general-. Una de las metodologías más fructíferas de la epistemología se la debemos a Popper: la falsación. Él la estructuró con base en los estudios que hizo de Einstein y de Freud durante su adolescencia. Según él, la teoría de la relatividad de Einstein estaba planteada de tal forma que podía ser refutada por la experiencia (Einstein hizo predicciones que las observaciones podían refutar), en tanto que el psicoanálisis de Freud no, pues era muy especulativo y no daba hipótesis que fuesen susceptibles de comprobarse en una situación concreta. Por ello, para él científico era lo que tenía la posibilidad de ser refutado: “Ninguna teoría puede decirnos nada sobre el mundo empírico a menos que, en principio, sea capaz de entrar en colisión con el mundo empírico; eso significa exactamente que debe ser refutable” (ciado por Mardones y Ursua, 1997, pp. 115-116). Dos son las formas a través de las cuales una teoría puede ser refutada: porque se encuentren una o más contradicciones en ella o porque no concuerde con los fenómenos que busca explicar. Aunque Popper dijo esto en el terreno científico, la verdad es que es aplicable a cualquier planteamiento sobre la realidad: tanto en ciencias, como en filosofía, tanto en espiritualidad como en tecnología. Por ello Wilber, en su Sistema Operativo Integral, tiene a la falsación como su tercer criterio de validez gnoseológico. Con esto entramos a los dos criterios esbozados en el título de este escrito: coherencia y correspondencia.

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No obstante, para Ferrier la epistemología era una nueva forma de llamar a la gnoseología. La diferenciación que hago aquí se hizo mucho después.

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5. ¿Qué es la Coherencia?
De acuerdo con el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, de Guido Gómez De Silva, la palaba coherencia deriva del latín cohaerentia , que derivó de cohaerens (que tiene conexión), participio activo de cohaerere (tener conexión, estar pegado en un todo), de co (con, junto) y haerere (estar pegado). Por lo que coherencia es la unión o armonía entre dos o más ideas, pensamientos o juicios. “La coherencia alude a una relación lógica y consistente de varios aspectos conjugados en un conjunto (Lasprilla, E. 2009, p.178). Una teoría debe ser consistente consigo misma, no dar lugar a inviabilidades lógicas que hagan de sus fundamentos algo deleznable, pues una teoría contradictoria no es nada coherente y por ello mismo no debe llamarse teoría. La contradicción es una fuente de refutación inmediata en la teorética, es decir, obliga a buscar mejores teorías. Así, cuando la teoría de la relatividad restringida dice que un cuerpo que alcance la rapidez de la luz se hace indefinidamente grande pero que al mismo tiempo desaparece en una de las tres dimensiones del espacio (aquella en la que se da el movimiento), es inconsistente, pues ¿cómo ver un objeto indefinidamente grande que no ocupe lugar en una de las dimensiones en el espacio? La bidimensionalidad solo tiene presencia en nuestras cabezas, no en la fisiosfera. O, cuando en filosofía un relativista dice que no hay verdades últimas, cae en lo que se denomina “contradicción performativa” (Wilber, 1998, p. 51), ya que si ningún juicio refleja fielmente la realidad este mismo juicio no lo hace, pero al expresarlo así da la idea de que sí puede. Ya Aristóteles había apuntado a ello cando dijo: “si no se puede afirmar nada con verdad, se incurrirá en error diciendo que ninguna afirmación es verdadera” (2006, p. 265). Sin embargo, cuando la teoría busca organizar o reflejar lo transpersonal –y cuanto más elevado sea, peor-, se ve abocada a plantear las cosas de manera contradictoria. Lo metamental no se acoge a las formas de traslación o traducción mentales (Wilber, 1987); se rige por formas de traslación superiores. Por ello, cuando la mente busca cartografiar esa ontología (que requiere una operatividad gnoseológica superior), aparece la contradicción. Esta forma de conocimiento se ha denominado mandálico (Wilber, 1987) y es la única en la que la falta de coherencia no se toma como evidencia de refutación. Por ejemplo, en la doctrina identicopática del Dr. Alfonso Masi Elizalde (1930-2003), se dice que el alma se desgaja de Dios porque codicia o rechaza una cualidad divina teniendo como pivote su ὕβρις, pero la codicia y el rechazo forman parte de la Creación y no se actualizan en lo Increado, por ello ¿cómo es que antes de la Creación el alma llevó a cabo un proceso que solo es posible en Esta? Esto, desde luego, es contradictorio, pero como sabemos que lo que sucedió en lo transtemporal no se acoge a la lógica, se acepta como un intento de conceptualizar –para tener una idea de ello- lo que solo se puede abordar cabalmente desde la contemplación divina.

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6. ¿Qué es la Correspondencia?
Siguiendo la misma línea, la palabra correspondencia, de acuerdo con el mismo diccionario antes nombrado, deriva del latín correspondentia (hecho de corresponder), que derivó del verbo correspondere (ser equivalente, pagar de modo semejante), que se compone del prefijo com (recíprocamente) y el verbo respondere (responder, devolver, contestar). Así, correspondencia es la condición de concordancia que la teoría tiene con la realidad a la que apunta; la coincidencia entre las realidades promulgadas y lo que digo de ellas; la equivalencia entre gnoseología (conocer/saber) y ontología (ser). Cuando lo que yo digo no se corresponde con la realidad en cuestión, así sea coherente, es falso. Este criterio es más determinante que el otro, pues la lógica da para enlazar armónicamente palabras desde el punto de vista de la forma sin tener en cuenta el contenido. Por ejemplo, si yo digo que “las vacas vuelan porque tienen alas”, estoy diciendo algo lógicamente bien estructurado pero empíricamente absurdo, pues las vacas no tiene alas y mucho menos vuelan. En este juicio hay coherencia más no correspondencia. Refiriéndose a los modelos filosóficos, Bertrand Russell lo expresa así: “Una filosofía que no es consecuente consigo misma no puede ser totalmente verdadera, pero una filosofía que es consecuente puede muy bien ser completamente falsa” (1995, p. 230). De ahí que discursos muy lógicos no deben llevarnos a considerar, por ello mismo, que sean totalmente verdaderos. No debe confundirse la correspondencia con la coherencia, aunque muchos, por ignorancia, así lo hagan. Pero, ¿de qué forma es posible ver cuánta correspondencia hay entre lo que digo y la realidad? Aquí entra en escena la evidencia18. Como la teorización correcta es la que sucede a la promulgación de fenómenos –la que es a posteriori-, lo que digo debe estar sustentando en algo que lo pruebe. Si mi juicio va dirigido a la fisiosfera, la evidencia debe ser pasible de observación con el ojo de la carne. Si lo que digo va dirigido a la biosfera, la prueba de validez debe poder observarse con el ojo del corazón. Si lo que digo va dirigido a la noosfera, las pruebas que ofrezca tienen que corroborarse con el ojo de la mente. Y, si lo que digo se refiere a la teosfera, la evidencia debe constatarse con el ojo de la contemplación. Así de simple. Por ello para Popper la objetividad científica radica en la posibilidad intersubjetiva de percepción de la evidencia: “…la objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente” (citado por Mardones y Ursua, 2005, p. 100). La evidencia, que resulta del paradigma o instrucción, es lo que nos hace poner “los pies sobre la tierra”; lo que destruye todo intento de especulación; lo que nos permite saber si vamos bien o vamos mal; lo que impide que cada quien imponga a la realidad lo que sin
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Del latín e (completamente) y videre (ver). Luego, la evidencia es lo que puede verse completamente en cualquiera de los reinos del Kosmos.

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fundamentos considera19. En palabras de Wilber: “…donde se niega la evidencia, florece el narcisismo. Las demandas de evidencia –o pruebas de validez- que siempre se han anclado en la ciencia auténtica y progresiva significan, simplemente, que mi ego no puede imponer al Universo una visión de la realidad que no se apoye en el Universo mismo. La evidencia y las pruebas de validez constituyen la forma en que nos sintonizamos con el Kosmos. Las pruebas de validez nos obligan a afrontar la realidad, refrenan nuestras fantasías egoicas y nuestro egocentrismo; exigen la evidencia del resto del Kosmos -¡obligándonos desde el exterior!-; son los contrapesos, por así decirlo, que se encargan de equilibrar el Kosmos” (1998, p.p. 4950). Por ello cuando los postmodernistas radicales dicen que las teorías que el hombre crea son arbitrarias (como Feyerabend y su anarquismo epistemológico) y cuando Gary Zukav escribe: “los modelos que utilizamos en ciencia son creaciones libres de la mente humana, que satisfacen nuestra innata necesidad de correlacionar experiencias de manera racional” (1991, p. 260), están parcialmente equivocados, ya que, a pesar de que hay un margen de libertad en la creación del modelo conceptual, esta se ve restringida por la evidencia. Es decir, en la teorización podemos movernos libremente dentro de los límites impuestos por la evidencia. Salirnos de esos límites es decir absurdos. En palabras de Wilber: “…las visiones del mundo no son tan arbitrarias sino que están constreñidas por las corrientes mismas del Kosmos, corrientes que delimitan lo que una determinada cultura puede llegar a construir. No encontrará usted una visión del mundo consensual, por ejemplo, en la que los hombres den a luz o en la que las manzanas caigan hacia arriba” (Wilber, 1996, p. 95). Ahora bien, teniendo en cuenta la importancia de la evidencia para hablar de algo, ¿de dónde saca la gente que, sin haber promulgado realidades por ellos mismos, están autorizados para hablar con certeza de ellas? Si usted no ha llevado a cabo el paradigma con la consecuente vivencia que le devela, no está en condiciones de hablar positiva o negativamente acerca de la realidad que solo con ese paradigma se manifiesta. Mejor guarde silencio y pregunte cómo puede usted cualificarse para ello a quien lo sepa. Y si ha escuchado algo al respecto o lo ha leído, diga simplemente eso: que ha tenido información de segunda mano sobre el referente real, pero que usted mismo no lo ha promulgado. Cuando hablamos de algo que no nos consta ,estamos en el terreno de la creencia. Esta no es más que dar por sentado mentalmente aquello que no hemos vivido (percibido, sentido, visto, escuchado, etc.). Luego, cuando una persona pretende que se la escuche por el solo hecho de que “yo creo que”, está haciéndole perder el tiempo a los demás, pues cuando un ciego conduce a otro ciego, ambos terminan en la misma zanja. Por eso dijo Osho: “en la creencia existe este peligro: te hace sentir que conoces la verdad. Y esto se convierte en la mayor barrera para la búsqueda; si crees o no crees estarás perdido, porque la incredulidad no es…

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Aunque, a pesar de ello, la mayoría lo hace.

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más que una creencia en forma negativa” (2004, p. 24) Si hay algo que impide la promulgación de realidades es la creencia.

Conclusión
Como hemos podido ver, la teorética es un proceder necesario para el hombre en su diario vivir, pues sin el conocimiento del propio instrumento conocedor, seremos víctimas inconscientes de él. Ella nos permite saber cuándo lo que decimos es verdadero o es falso; cuándo hay coherencia más no correspondencia y viceversa, para no caer en errores. Por ello dijo Kant: “…el entendimiento que se ocupa exclusivamente de su uso empírico, pero sin reflexionar sobre las fuentes de su propio conocimiento, sin duda puede muy bien adelantar, lo que no puede lograr es determinarse a sí mismo los límites de su uso ni saber qué es lo que está dentro o fuera, pues para eso se requieren precisamente las profundas investigaciones que hemos llevado a cabo. Y si no puede distinguir si están o no en horizonte ciertas cuestiones, nunca estará seguro de sus derechos y de su posesión, sino que deberá preparase para recibir numerosas y vergonzosas reprimendas si se sale continuamente de los límites de su esfera (como es inevitable) y se extraviará en ilusiones y ofuscaciones” (2006, p.p. 10-11). Por último, es claro el hecho de que sin evidencia nuestras convicciones carecerán de fundamento. Es la evidencia lo que marca la directriz en la búsqueda de la verdad20, no el poder, tampoco la creencia y mucho menos la edad cronológica, pues ninguno de ellos es criterio de verdad. Y a pesar de que esto es tan claro como el agua, muchos descalifican los trabajos ajenos basándose en la mayor edad cronológica que tengan sobre el otro. Quienes por cuestiones de poder, creencia o cronología niegan la validez de un planteamiento verdadero que otro haga, tienen un encéfalo escatológico. No me es posible llegar a otra conclusión21.

Aunque la intuición es una excelente guía cuando la evidencia falta. Joel Barker la definió como la capacidad de tomar acertadas decisiones teniendo disponible poca información. Los pioneros de paradigmas –como él los llama- tienen buena intuición. 21 Llama mucho la atención que las personas con un orgullo infundado –es decir, que no hecho nada trascendente en su vida-, llegados a una determinada edad, comiencen a usar esta como algo de lo que sentirse orgullosos, razón por la cual cada vez que pueden se la espetan a los demás como una prueba de que lo que dicen y hacen es verdadero y correcto, respectivamente. A estos les recuerdo las palabras de B. Weiss: “…vidas medidas por lecciones aprendidas y tareas completadas, no por años” (2000, p. 107).

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