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Guía de la Mujer Consciente para un Parto Mejor

Henci Goer

Editorial OB STARE

A mis tres hijos, cuyo nacimiento, entre otras alegrías, me condujo a realizar el trabajo al que dedico mi vida. Y a mi querido esposo, que me dio esos hijos.

Quiero también agradecer la inestimable ayuda de los miembros de mi grupo de crítica lite- raria, Alexis Rubin y Cindy Tolliver.

Índice

Prólogo

7

Introducción: La Medicalización del Parto ¿qué tiene de malo?

9

Capítulo 1: La Epidemia de Cesáreas:

lo último de la obstetricia

21

Capítulo 2: El Bebé de Nalgas a Término:

la cesárea no es la única solución

41

Capítulo 3: La Inducción del Parto:

la madre naturaleza sabe más

59

Capítulo 4: Los Goteros:

líquido y más líquido pero nada de beber

85

Capítulo 5: Monitorización Electrónica Fetal y Cesá- rea por Sufrimiento Fetal:

la máquina que hace “ping”

97

Capítulo 6: Cuando los Médicos Rompen la Bolsa Amniótica:

si no está rota, que no la rompan

111

Capítulo 7: La Duración del Parto:

la virtud de la paciencia

121

Capítulo 8: Epidural y Opiáceos:

dando palos de ciego

139

Capítulo 9: La Episiotomía:

un cortecito nada limpio

161

Capítulo 10: Cesárea de Repetición Electiva:

simplemente, diga “no”

175

Capítulo 11: El Acompañamiento Profesional duran- te el parto:

cuidar de la madre como una madre

193

Capítulo 12: Ginecólogos, Comadronas y Médicos de Familia:

¿a quién elegir?

205

Capítulo 13: Dónde Dar a Luz:

una elección fundamental

221

Apéndices

239

Bibliografía

351

Iniciativa para un Parto Respetuoso con la Madre

367

Recursos

375

Prólogo

Henci Goer es una de las autoras esenciales del mundo de la obstetricia. Poder contar con este libro publicado en español no es sólo una buena noticia; es también una herramienta de cambio inestimable que

llega en el mejor momento. En la “Guía de la mujer consciente para un parto mejor”, Henci Goer analiza en profundidad cada una de las prácticas hospitalarias en obstetricia a la luz de la literatura científica más actual. Analizando las indicaciones, contraindicaciones y consecuencias de cada una de las intervenciones en el paritorio, la autora coloca cada cosa en su sitio y proporciona información y herramientas para poder tomar deci- siones con la máxima seguridad y con sentido común, sacando a la luz la cara oculta de muchas de las prácticas rutinarias consideradas inocuas y desmitificando de paso la creencia de que el parto medicalizado es, a priori, más seguro. Que el libro hable de “la mujer consciente” es, a mi juicio, un gran acierto. La información es poder, y es libertad; sólo el acceso a una información veraz puede devolvernos a las mujeres la confianza en nuestro cuerpo, y el criterio para poder decidir. Lo que ocurre en las escasas horas

y días de hospitalización tiene consecuencias físicas, psicológicas y sociales

a largo plazo: para el bebé, para la mamá, para la relación entre ambos, en suma, para la sociedad. Que estas consecuencias no sean evidentes a nues- tra mirada racional no significa que no se produzcan. Ser consciente de esta realidad y de las implicaciones que tiene parir y nacer de una forma u otra es probablemente el mejor estímulo para transformar en profundidad el modo de proceder de los servicios de atención al parto allí donde hace falta.

Las mujeres necesitamos que las cosas cambien, y que lo hagan ya. La Asociación “El Parto es Nuestro” tiene ese objetivo, y nuestra prin- cipal herramienta es la información. Aunque siempre he pensado que una mujer no tendría por qué hacer un posgrado en obstetricia para obtener una atención de calidad, la realidad es que con el sistema de atención actual es necesario que estemos bien informadas. Pues bien, este libro constituye en sí mismo ese posgrado en obstetricia accesible a cualquiera. Pero esta

obra va más mucho más allá; quizá por ello en algunos países es un libro de texto para matronas. Henci Goer no sólo demuestra científicamente por qué determinadas intervenciones rutinarias a menudo crean más proble- mas de los que se supone que resuelven sino que responde a preguntas de segundo y tercer nivel, analizando con agudeza y sentido común la infini-

dad de situaciones que pueden producirse en el escenario del nacimiento. Este libro es una guía práctica para hacer elecciones también en situaciones en las que nuestra capacidad de elección parece mermada: cuando los be- bés están de nalgas, cuando hay una cesárea anterior, cuando el parto ha de ser por cesárea, cuando las circunstancias nos obligan a acudir a un centro poco proclive a respetar nuestros deseos… Henci Goer intenta presentar

a las mujeres y los profesionales, de forma objetiva, las alternativas que

tienen ante sí en cualquier situación a la que tengan que enfrentarse duran-

te el parto. Por ese motivo, la “Guía de la mujer consciente para un parto mejor” es un libro valioso no sólo para las mujeres sino sobre todo para los profesionales que tienen ante sí el reto de tener que desaprender mucho de lo que han aprendido en su carrera profesional y reaprender todo bajo un paradigma completamente diferente. Realmente podemos agradecer a Henci Goer el haber realizado

y reunido en un solo volumen el resultado de un tan exhaustivo trabajo de

revisión de tantos estudios científicos publicados en los últimos años. Este libro es una auténtica mina de oro de información. Analizando los efectos secundarios, indicaciones y contraindicaciones de las prácticas de rutina en los paritorios intervencionistas: rasurado y enema, rotura de bolsa, pro-

hibición de comer y beber, restricción de postura, oxitocina intravenosa,

monitorización continua, episiotomía, pinzamiento del cordón

Goer contesta indirectamente a la pregunta de porqué la OMS recomienda

el uso de tecnologías apropiadas en el parto e insta a los profesionales a reducir

el uso excesivo de tecnología o la aplicación de tecnología sofisticada o compleja

cuando procedimientos más simples pueden ser suficientes o aún ser superiores. Yo recomiendo fervientemente este libro a toda mujer (y pare- ja) que desee vivir con plenitud y seguridad el nacimiento de su bebé, que necesite información que respalde su intuición y su anhelo de dar a luz de una forma lo más segura, humana y amorosa posible. Y también a tantos profesionales que ya han vislumbrado su privilegiada posición para contri- buir de verdad a crear un mundo más amoroso, más pacífico, en suma, un mundo mejor.

Henci

,

Isabel F. del Castillo, autora de “La revolución del nacimiento”.

Introducción:

La Medicalización del Parto:

¿qué tiene de malo?

La medicalización del parto

¿ Espera un bebé o planea quedarse embarazada? ¡Enhorabuena! Se embarca en una travesía llena de desafíos en la que podrá disfrutar de grandes compensaciones. Sin duda, desea que la experiencia del parto sea sana y satisfactoria. Yo también se lo deseo, y si escribí este libro fue precisa-

mente porque lograr ese objetivo no resulta tan sencillo como debiera.

Durante los últimos treinta años, la progresiva medicalización del parto ha convertido lo que en la mayoría de los casos debería ser un proceso saludable y normal en un evento sumamente tecnificado. Sin que nadie se lo propusiera, y con escaso reconocimiento de lo que ha sucedido, la atención a la maternidad se ha deteriorado terriblemente en EE.UU. y en muchos otros países. Observe:

• La cesárea es la operación de cirugía mayor que más se rea-

liza en EE.UU., en donde una de cada cinco embarazadas —cerca de un millón— da a luz por cesárea, a pesar del riesgo para su salud, del dolor, del tiempo de recuperación y del coste que supone. La bibliogra- fía médica es unánime en cuanto a que la mitad de esas operaciones es

innecesaria. En España, el 23% de las mujeres da a luz por cesárea, y se estima que cada año se realizan al menos 36.000 cesáreas innecesarias.

• Ahora, los médicos utilizan el monitor fetal electrónico,

una máquina que registra el ritmo cardíaco fetal en conjunción con las contracciones de la madre, con cuatro de cada cinco parturientas. El porcentaje ha aumentado incesantemente, a pesar de la avalancha de estudios que demuestran que su uso no mejora la salud de los bebés. De hecho, su utilización rutinaria es una amenaza para la salud de la madre al incrementar la probabilidad de parto con forceps o ventosa y

nacimiento por cesárea.

• En algunos hospitales, se pone la epidural a casi todas las

parturientas. Los médicos garantizan a las mujeres que es segura y, sin

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embargo, los estudios han registrado gran cantidad de complicaciones que afectan a la madre, al bebé o a ambos.

• Todavía hoy, casi la mitad de las mujeres que da a luz vagi-

nalmente sufre una episiotomía (un tijeretazo en el borde de la abertura

vaginal). Las investigaciones demuestran que, se mire por donde se mire, este procedimiento no hace ningún bien —salvo raras excepciones— y puede causar daños a veces graves y permanentes.

• La mayoría de las mujeres que da a luz por cesárea pasa

automáticamente por otra con los bebés siguientes. Hay toneladas de datos que confirman que el parto vaginal después de cesárea (PVDC) es más seguro para las madres y tiene ventajas para los bebés. Casi tres de

cada cuatro mujeres que lo intenta lo consigue.

• Pocas estadounidenses dan a luz asistidas por una coma-

drona. Ello, a pesar de que los estudios confirman reiteradamente que la madre y el bebé sufren menos complicaciones cuando es una co- madrona quien atiende el parto y son sometidos a menos pruebas y procedimientos en comparación con mujeres de características similares atendidas por ginecólogos. Hay amplios y numerosos estudios que atri- buyen a las comadronas tasas de cesárea tan bajas como el 4%.

• Prácticamente ninguna embarazada controlada dentro del

sistema médico convencional escapa de pruebas, fármacos, procedi- mientos o restricciones que, usados indiscriminadamente, ofrecen poco

o ningún beneficio en comparación con los riesgos que acarrean. En resumen, existe un abismo entre la forma de actuar de los ginecólogos convencionales y la práctica respaldada por la biblio-

grafía médica. Ese abismo viene siendo ampliamente ignorado por los propios ginecólogos. Resulta lógico preguntarse cómo hemos llegado a esta situación.

¿POR QUÉ ESE ABISMO?

La práctica obstétrica no refleja la evidencia científica porque,

en realidad, los ginecólogos basan sus actuaciones en un conjunto de creencias preconcebidas. Si partimos de esa premisa, todo respecto de

la obstetricia, incluyendo la incoherencia entre investigación y práctica,

cobrará sentido. Amoldar la atención a las embarazadas a las creencias propias no es nada extraordinario: todas las culturas lo hacen. El problema es que las creencias obstétricas no se ajustan a la realidad del embarazo y

La medicalización del parto

el parto. Los especialistas en ginecología y obstetricia son cirujanos es- pecializados en las patologías de los órganos reproductivos de la mujer. La formación que habitualmente reciben les hace ver a embarazadas y parturientas como una serie de problemas en potencia, a pesar de que el embarazo y el parto sean procesos fisiológicos normales que no tienen más probabilidades de salir mal que, pongamos por caso, la digestión. Pero las creencias obstétricas tienden a convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas. Como suele decirse, “una persona sana es alguien

a quien los especialistas no han hecho suficientes pruebas”. Los ginecólogos trabajan dentro del modelo médico, un mo- delo en el que los fármacos y las intervenciones son la respuesta para cualquier cosa que vaya mal. Sin embargo, las dificultades en el parto se

resuelven habitualmente por sí mismas con jarabe de paciencia y reme- dios sencillos, y es raro que se requieran medidas extremas y arriesgadas. Los ginecólogos también están inmersos en una cultura general que cree que la tecnología es superior a la naturaleza y que las máquinas son más fiables que las personas. Eso explica por qué no se desprenden de las tecnologías que han demostrado ser un fracaso si no es para rem- plazarlas por otras más nuevas, más caras y aún menos testadas. Esto también explica por qué la carga de la prueba recae en la ausencia de intervención, y no al contrario. Por último, hasta hace muy poco, todos los ginecólogos eran hombres e, incluso hoy, las ginecólogas siguen pla- nes de estudio diseñados y supervisados en su mayor parte por hom- bres. Esto significa que los prejuicios de género impregnan el sistema —como de hecho impregnan todos los ámbitos de la medicina—, con la diferencia de que, en este caso, todos los pacientes son mujeres, lo que intensifica sus efectos. Un principio del prejuicio sexista es que los cuerpos de las mujeres son débiles y defectuosos y no hay que fiarse de que hagan lo que se supone que deben hacer. Con esta forma de ver las cosas, no es de extrañar que el fundamento de la obstetricia sea que los ginecólogos han de rescatar a los niños de los cuerpos de sus madres. Tampoco que los tratamientos obstétricos raramente impliquen acción por parte de la madre sino cosas que se le hacen “a” la madre. Si uno ve

a la madre como problema, no la ve como solución. Los prejuicios de

género también valoran las cualidades masculinas de control, eficiencia

y previsibilidad. Ello explica que los ginecólogos definan “lo normal”

dentro de límites cada vez más estrechos en torno a la media cuando, por el contrario, y como ocurre con cualquier proceso físico, el rango de “lo normal” es muy amplio. Los ginecólogos valoran la acción frente a la inactividad, y de ahí su inclinación a hacer algo, cualquier cosa, antes

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que estarse quietos (incluso cuando estarse quietos es lo mejor que se puede hacer). También se encuentran más cómodos en las relaciones verticales, lo que explica por qué muchos de ellos se toman cualquier cuestionamiento de sus acciones como un desafío a su autoridad y no aprenden de ninguna otra fuente —por ejemplo comadronas o enfer- meras— aparte de ellos mismos. Volviendo a la cuestión de por qué hay un abismo, una ca- racterística de las creencias es que tiñen inconscientemente todo lo que piensan y hacen quienes las adoptan. Los creyentes “saben” que su for- ma de pensar y hacer las cosas es la única correcta. Esto significa que la obstetricia carece de mecanismos de autocorrección. La investigación no hace que cambie la práctica porque una característica básica de las creencias es que las pruebas en contra no les afectan: Mis creencias son firmes, no las perturbe con verdades. Por esta razón, cualquier cosa que no se ajuste a las creencias obstétricas será rechazada o rebatida, y las que sí lo hagan serán aceptadas sin rechistar. Ello les impide admitir que, con frecuencia, el intervencionismo no funciona, y las estrategias alter- nativas sí y, lo que es más importante, que la medicalización del parto puede causar daño. En otras palabras, puede que la ciencia y la lógica no resulten eficaces si los ginecólogos no cambian sus creencias, lo cual es improbable porque la creencia es el fundamento de la obstetricia.

¿POR QUÉ ESTE LIBRO?

Esta pregunta me recuerda las razones que tuve para escribir esta “Guía de la mujer consciente para un parto mejor”: existe otro modelo de atención. Se trata de un modelo que, a diferencia del in- tervensionismo médico, es coherente con la naturaleza del embarazo y el parto. El oficio de la comadrona se basa en la creencia de que lo esperable es que el embarazo y el parto marchen bien la mayoría de las veces. Como ha dicho el reputado médico francés Michel Odent: Un proceso involuntario no puede facilitarse, basta con no entorpecerlo. Pero éstas son las palabras de un filósofo, no las de un médico. La mayoría de los ginecólogos medicaliza los partos, mientras que las comadronas asisten conforme a los principios de su profesión, y no al revés. Al centrarse en prestar apoyo más que en intervenir, está demostrado que el modelo de asistencia al parto de las comadronas logra resultados igualmente buenos y muchas veces mejores. Espero poder demostrarle a lo largo de este libro que esta afirmación es cierta. También espero poder transmi-

La medicalización del parto

tirle los conocimientos que le permitirán tomar decisiones informadas respecto de usted y su bebé y que, a menos que tenga usted formación médica y un montón de tiempo libre, le sería difícil adquirir. Como acabamos de ver, lo que los profesionales de la salud le digan puede estar mediatizado. Simplemente, es humano que le cuenten solamente aquello que pueda convencerla para que acepte lo que ellos piensan que es mejor. El mero concepto de “consentimiento informa- do” implica que, una vez haya sido usted informada, consentirá. Sin formación médica, no tiene usted posibilidad de evaluar la calidad de la asistencia que recibe, elegir a los facultativos cuya práctica se ajuste a la mejor investigación o cuestionar un tratamiento. Como en las revistas especializadas en consumo, le ofreceré la información que necesita para elegir con acierto y practicar el “rechazo informado” tanto como el “consentimiento informado”. Por último, le proporcionaré estrategias que le permitan evi- tar intervenciones médicas innecesarias. Un editor para el que escribí una vez me dijo que no tiene ningún sentido dar información que los lectores no puedan utilizar. Hay que darles “algo provechoso”. Conside- re las estrategias que le propongo como ese “algo provechoso”. Sin duda, habrá deducido que este libro no es neutral. No digo que yo sea más objetiva que nadie sobre lo que ha de considerarse una asistencia óptima. Y sí, es verdad, intentaré acercarla a mi manera de pensar. Pero con algunas puntualizaciones: en primer lugar, jugaré limpio. Facilitaré los datos de las investigaciones en las que sustento mis ideas para que pueda formarse su propia opinión. No tiene por qué estar de acuerdo conmigo. En segundo lugar, quiero dotarla de la habilidad necesaria para decidir qué es lo mejor para usted, no necesa- riamente lo que yo creo que sería mejor para mí. Para ello, le ofreceré una amplia gama de opciones y las contrastaré y compararé. Debo añadir también que mis opiniones están muy bien res- paldadas. La “Guía de cuidados efectivos en el embarazo y el parto”, el resumen de conclusiones de la base de datos de revisiones sistemáticas Cochrane, y “Pursuing the Birth Machine”, un análisis de las recomen- daciones de las conferencias de consenso de la Organización Mundial de la Salud en materia de tecnología apropiada para la atención antes, durante y después del parto, coinciden bastante conmigo en casi todos los puntos. Los problemas relacionados con la medicalización y la tecni- ficación son bien conocidos para muchas de las personas implicadas en la atención a la maternidad en EE.UU. Algunas de estas organizaciones

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e individuos, incluida yo, se han agrupado en torno a la Coalición para la Mejora de los Servicios de Maternidad (CIMS, por sus siglas en in- glés). Tras una serie de reuniones, la CIMS elaboró una declaración con- sensuada titulada “Iniciativa para un Parto Respetuoso con la Madre”. Veintiséis organizaciones que representan a miles de profesionales de la atención al parto ratificaron el documento, incluyendo las asociaciones profesionales de enfermeras especialistas en obstetricia, comadronas de acceso directo, enfermeras de maternidad, especialistas en preparación

al parto, profesionales de apoyo durante el parto y consultores de lac- tancia. También la ratificaron veintisiete escritores eminentes, investiga- dores y activistas para la mejora de la atención al parto. Tengo el honor de estar entre ellos. Desde su publicación, han suscrito el documento 25 organizaciones más y varios particulares. Las premisas y conclusiones de este libro coinciden completamente con la “Iniciativa para un Parto Respetuoso con la Madre” que se reproduce al final de este libro. Sin embargo, puesto que tengo mis propias convicciones (aunque espero no estar llena de prejuicios), creo que debe saber desde el primer momento cuáles son. Aquí va una “declaración completa”: yo creo que los principios que subyacen en la medicalización del parto —y las prácticas en las que se materializan— no son coherentes con las ne- cesidades de las mujeres y los bebés y causan muchos de los problemas que dicen prevenir o curar. No estoy en contra de la tecnología, pero me opongo a la intervención rutinaria. He asistido a partos en los que probablemente el uso prudente de la tecnología salvó al bebé e incluso en uno o dos casos también a la madre. Pero la palabra clave es “pru- dente”. Pienso que el uso imprudente de la tecnología está haciendo un daño físico y psicológico considerable a madres y bebés. No estoy en contra de los ginecólogos. Conozco personalmente y por su buena reputación a muchos profesionales excelentes y opino que la mayoría de los médicos quiere hacer lo mejor para sus pacientes. Pero he pre- senciado, experimentado y leído sobre demasiados casos de arrogancia, indiferencia e incluso crueldad como para tener una imagen idílica al respecto. Aun así, el principal problema es acotar la definición de “bue- na práctica”. A continuación, enumero lo que yo considero que define una buena asistencia. Los buenos ginecólogos, médicos de familia y comadronas:

• Consideran el parto como una parte normal y básicamente saludable

de la vida de una mujer.

• Tratan a la mujer holísticamente, teniendo en cuenta sus pensamientos, sentimientos, preocupaciones y prioridades.

La medicalización del parto

• Respetan el derecho de las mujeres a tomar, con información, las deci- siones que les afecten a ellas mismas y a sus bebés.

• Respetan el parto como una experiencia que tiene sus propias lecciones y recompensas.

• Ofrecen una atención basada en el apoyo más que en la intervención.

• Hacen evaluaciones individuales en lugar de aplicar reglas generales.

• Cuando se hace necesario intervenir, lo hacen comenzando por la inter- vención menos agresiva en lugar de emplear la más drástica.

• Están actualizados en cuanto a bibliografía médica.

SOBRE EL LIBRO

He aquí los cómos y porqués de la estructura de este libro. El Capítulo 1 trata la cuestión más acuciante en torno a la maternidad:

la epidemia de cesáreas. Sirve para dar una perspectiva general de los problemas y como introducción del resto del libro. En el capítulo que le sigue se analizan varias cuestiones relativas a la medicalización del parto en orden cronológico, tal y como se enfrentaría usted con ellas al final del embarazo y durante el parto. Esto la preparará para los últimos capítulos, que proporcionan consejos prácticos sobre cómo elegir a un profesional que le preste apoyo emocional durante el parto (“doula” o monitora), un médico o comadrona y un lugar para dar a luz. Todos los capítulos siguen el mismo patrón: cada uno de ellos comienza con una perspectiva global que critica las creencias y prácticas generalizadas seguida, en su caso, de la descripción de las intervenciones correspondientes. Después viene un resumen de los puntos más impor- tantes o “conclusiones” de cada capítulo. Aquí es donde encontrará un balance resumido de las ventajas y desventajas de cada opción, así como consejos para evitar intervenciones innecesarias. Todos, excepto el Capítulo 1, “La epidemia de cesáreas”, aca- ban con un epígrafe titulado “Conclusiones extraídas de la literatura médica”. Esta sección enumera las conclusiones que pienso que pueden extraerse de los resultados de la investigación científica. He enlazado las afirmaciones contenidas en esta sección con un apéndice por capí- tulos que contiene resúmenes de los estudios que avalan cada una de las conclusiones. Los resúmenes incluyen notas a pie de página y listas de referencia. Elegí este procedimiento para que pueda usted mirar lo que le interese sin que las mini-revisiones de la bibliografía la distraigan. Otros apéndices contienen el texto completo de la “Iniciativa para un

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Parto Respetuoso con la Madre” y una lista de organizaciones y recur- sos relacionados con el embarazo y el parto. He intentado que este libro responda a muchas necesidades diferentes. Escribí cada capítulo de forma que pudiera leerse indepen- dientemente de los demás. Esto significa que no tiene por qué leerlos secuencialmente y puede saltárselos y leer sólo lo que le interese. En particular, le aconsejo que, si no le entusiasman, no se líe con los resú- menes de las investigaciones. Los incluí pensando en quienes quieren sacar sus propias conclusiones y no les gusta que nadie se las sirva. Tam- bién puede que quiera mostrárselas a su médico o comadrona. He tenido que ser selectiva en cuanto a los datos científicos que aporto, pero creo que he incluido suficientes como para avalar lo que digo. Para escribir la mayoría de los capítulos, leí dos o tres veces el listado de documentos que se citan en la bibliografía y listas de referen- cia de los apéndices. Una táctica para devaluar un trabajo como el mío es decir que uno puede encontrar un estudio para justificar cualquier posición, pero eso no es de aplicación en este caso, pues en la mayoría de los temas que he estudiado el hecho de que la investigación científica no respalde la práctica obstétrica habitual ha sido una constante. Debo también señalar que, aunque por supuesto han continuado publicándo- se estudios desde que terminé este libro, una vez que existe un cuerpo bien consolidado de ellos que llegan a la misma conclusión, los estudios posteriores raramente contradicen sus conclusiones. Allí donde la lite- ratura mostraba un consenso aparente sobre las prácticas habituales de los ginecólogos —viene a mi mente el ejemplo de los embarazos que se prolongan más allá de la fecha probable de parto—, me ha parecido oportuno cuestionarlo profundizando y comprobando la calidad de las investigaciones en las que se basa dicho acuerdo. Por contra, mientras casi siempre estuvo claro que las prácticas actuales deberían ser aban- donadas, con frecuencia estaba menos claro qué hacer en su lugar. He reunido los pros y los contras de estos casos en las “conclusiones” que hay al final de cada capítulo. Quizás se pregunte qué credenciales tengo para escribir un libro como éste, puesto que no soy médica —ni tampoco he hecho una tesis doctoral sobre cuestiones médicas ni de ninguna otra clase— ni comadrona ni enfermera. Soy educadora de preparación al parto titu- lada y poseo una licenciatura en Biología por la Universidad Brandeis. Por lo demás, soy autodidacta. Soy también autora de “Mitos de la obs- tetricia frente a realidades de la investigación: Una guía de la bibliografía médica”. En ese libro, organicé y escribí cientos de resúmenes de artícu-

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los de la prensa médica para que los profesores de preparación al parto, comadronas y otros profesionales pudieran tener a mano los datos que avalaban lo que la mayoría de ellos enseñaba o practicaba. Ese libro tuvo buena aceptación. De hecho, varias escuelas de comadronas adoptaron “Mitos de la obstetricia” como libro de texto, y algunos cursos de certi- ficación de profesores de preparación al parto exigen su lectura. A quienes aleguen que se necesitan más títulos tras el nombre para escribir un libro como éste les pido que me dejen contarles una his- toria: Penny Simkin, famosa educadora, escritora, conferenciante y edi- tora fue reprendida por un anestesista furioso porque había escrito un folleto enumerando los efectos potencialmente adversos de la anestesia epidural sin ser médico (aunque no discutía su credibilidad). ¿Cuáles son sus credenciales?, preguntó. Sé leer, replicó plácidamente. Yo también sé. Una última cuestión: lo que está a punto de leer puede pre- ocuparla o perturbarla e incluso enfadarla. He intentado no ser inne- cesariamente alarmista, pero tampoco mitigar el golpe. Este libro fue escrito bajo el mismo principio de la educación sexual: sobre todo, pre- fiero causarle malestar antes que permitirle permanecer en la ignoran- cia. Mi objetivo es que nunca tenga ocasión de decir, a toro pasado ¡Ay, si yo hubiese sabido que se podía elegir! o Nunca habría aceptado si hubiera sabido lo que podría pasar. Aunque mi intención es ilustrarla y ofrecerle estrategias que le permitan satisfacer una amplia gama de necesidades individuales, puede que se sienta sobrepasada por las muchas posibilidades que le presento y las distintas ventajas e inconvenientes que conllevan. Piense en ellas simplemente como cuestiones de partida a discutir con su médico o co- madrona. De hecho, cómo él o ella reaccionen cuando les plantee esas cuestiones le dirá si está o no ante la persona adecuada. Por supuesto, también puede dejar todas o la mayoría de las decisiones en manos de quien la atienda. Esa opción es perfectamente válida. Lo importante es que sea una decisión verdaderamente consciente y no algo a lo que se ha visto obligada.

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