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Atanasio Girardot

Atanasio Girardot

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ATANASIO GIRARDOT PROCER DE DOS PATRIAS
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Ezequiel Vivas Terán

ATANASIO GIRARDOT PRÓCER DE DOS PATRIAS

Naguanagua - MMVII
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FOTOGRAFÍA DE PORTADA. MUERTE DE ATANASIO GIRARDOT EN BÁRBULA, 1883 CRISTÓBAL ROJAS - CÚA 1857 - CARACAS 1890 ARTES VISUALES / PINTURA DE CABALLETE - ÓLEO SOBRE TELA - 280 X 210,5CM MUSEO BOLIVARIANO. CARACAS - VENEZUELA. TÍTULO A TANASIO GIRARDOT PRÓCER DE DOS PATRIAS 1ª EDICIÓN, 1998. 2ª EDICIÓN, 2007 AUTOR EZEQUIEL VIVAS TERÁN FOTOGRAFÍAS A RCHIVO DEL AUTOR - MUSEO BOLIVARIANO. CARACAS - CURIA ARZOBISPAL. VALENCIA.

. PUBLICACIONES DE LA A LCALDÍA DE NAGUANAGUA WWW .ALCALDIANAGUANAGUA .GOB.VE D ISTRIBUCIÓN GRATUIDA. DISPONIBLE EN LA PÁGINA: WWW.ALCALDIANAGUANAGUA.GOB.VE COORDINADOR DE LA EDICIÓN: RAFAEL RODRÍGUEZ CORONEL TIRAJE 1.000 EJEMPLARES ISBN: 980 – 328 – 596 – 3 DEPÓSITO LEGAL: LF252199893274 DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN: MIRIAM RÍOS DISEÑO DE PORTADA: MIRIAM RÍOS IMPRESO EN VENEZUELA POR: CORPORACIÓN ASM, C.A. PRINTED IN VENEZUELA

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AGRADECIMIENTO DEL EDITOR
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gradecemos la cooperación de las siguientes instituciones y personas:

Curia Arzobispal de Valencia Dirección General de Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, del Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia Galería Universitaria Braulio Salazar, Universidad de Carabobo Museo Bolivariano de Caracas
Oficina del Cronista de Naguanagua

Mons. Pbro. Tulio Ramírez Padilla Prof. Luis Cubillán Fonseca

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Sr. Armando Alcántara B. Prof. Rosario Clemente Dra. Eliana Gherardi Lic. Mailiz Bracamonte Lic. Lunes Rodríguez Coronel Maestro Antonio Frío

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PRESENTACIÓN
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ada hombre nace donde no decide, y muere donde la vida lo abandona, la diferencia entre su obra y su estancia en la tierra, es una especie de resultado, que con los años, se vuelve colofón de su vida. Esta publicación, ha sido concebida en tributo a quienes el desprendimiento y dedicación por la consecución de las ideas se les convirtió en causa de vida, abandonando la comodidad particular, y abrazando la nobleza de la libertad y bienestar para todos. Hoy, cuando presentamos este nuevo libro, dando continuidad a la política editorial que iniciamos hace más de un lustro desde la alcaldía, tenemos el agrado de entregar este valioso documento, redactado desde la intimidad de quien conoce la historia de vida de un hombre, del inmortal Atanasio Girardot.

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El libro materialmente ha sido planteado en una reedición corregida y mejorada, de formato medio de impresión, con adicionados que amplían documental e ilustrativamente el texto, es el caso de la reproducción facsimilar del acta original de enterramiento de Coronel Girardot, la cual, como él, reposan físicamente en la siempre grande Catedral de Valencia. Los invitamos entonces, a recorrer en compañía de Ezequiel los caminos de esta tierra procera, tras la impronta del grande Cnel. Atanasio Girardot.

Julio Castillo Sagarzazu Alcalde
Ciudad de Naguanagua

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INTRODUCCIÓN
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ace ya muchos años, viviendo yo en Maracay, estado Aragua, en el para ese entonces Distrito Girardot, concebí la idea de escribir un relato sobre la vida del héroe neogranadino cuyo nombre se da a la mencionada zona aragüeña. El interés que me movía era el de llevar a mis conciudadanos y también a los hermanos colombianos, en una forma sencilla, comprensible y auténtica de afecto, los rasgos más notables de este prohombre de la Independencia, ejemplo en medio de una generación excepcional, cuya familia se sacrificó totalmente en la lucha por la libertad. Siempre me ha gustado visitar los sitios históricos en el ánimo de acompañar, aunque sea con el espíritu y la mente, a los hombres que forjaron los hechos positivos o negativos, afortunados o desgraciados, que son los ladrillos con los cuales se construye la historia. Aprovechando,

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pues, que habitaba por ese tiempo en Maracay, volví a la ruta de mi padre, Abdón Vivas Márquez quien, siendo yo un niño me llevó en una visita a Bárbula, relatándome los hechos y significado de lo allí sucedido, en la llanura y en la altura donde se encuentra el monumento que recuerda el tránsito a la inmortalidad del coronel Atanasio Girardot, en la cumbre del cerro. Desde allí pude observar el campo llano donde se encontraba el Ejército Libertador, estando yo situado precisamente en el área alta, donde se había posesionado la vanguardia de Monteverde, avanzada después de haberse suspendido el sitio de Puerto Cabello por parte de los patriotas; pude, entonces, comprender el por qué Girardot trepara la altura para colocar el pabellón patrio donde pudiere verse, como una enseña de triunfo para terror de los huyentes enemigos. Allí me convencí de dar forma al objetivo de escribir sobre el prócer caído en este mismo sitio. Este trabajo no es académico, no lo pretende. Quiere ser, más bien, una historia de amor patrio, en la cual se destacarán solamente las circunstancias más importantes en la vida del biografiado, sin citas documentales de ninguna especie. Hablaremos de Girardot como en familia, sin fuentes específicas u obligantes, pues estamos contando el cuento de nuestra libertad. No nos encasillaremos en tesis ni en metodologías, que limitan el espíritu y castran la imaginación. Sin embargo, no seremos fabuladores y seguiremos, dentro de lo posible, los hechos reales, conocidos y documentados para nosotros, pero que se comenta para que el pueblo conozca y ame a una persona que lo colocó antes
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de su propia seguridad y vida. Atanasio Girardot fue un joven que no se detuvo en consideraciones mezquinas ni en disputas jerárquicas y se entregó a su patria así, con pasión y muerte. Atanasio Girardot debería ser destacado como ejemplo a nuestra juventud, como insignia de lo que se debe ser, un principio excepcional de conducta y entrega. Insistente por alcanzar una altura se expuso abiertamente y sin pensarlo a la bala anónima que le cegara la vida, sin que la mano del fusilero supiera lo que había hecho, ni de la enorme pérdida que significaba para la naciente patria la desaparición física del esforzado soldado que, desprendido de su tierra natal, venía a dejar su vida entre los mogotes y quebradas de un cerro por seguir, parodiando a Andrés Eloy, a un hombre a caballo. Como veremos en el curso de este trabajo, los gestos de arrojo no fueron raros en su carácter sino que se presentaron, frecuentes y audaces, en su corta existencia, incluyendo varios que lo muestran portando en batalla el pabellón nacional, circunstancia que se repite en el episodio final: Bárbula. El debía morir así, en combate, con las botas puestas del guerrero, sosteniendo la bandera que significaba el nacer de las nuevas repúblicas a la luz del mundo. Si el propio Girardot hubiera podido escoger un modo de pasar a la eternidad, no lo hubiera conseguido mejor. Allí, en Bárbula el Coronel se bautizó para la gloria. El Autor

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LA DANZA DE LA MUERTE

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tardece ya el terrible día del 30 de septiembre de 1813. La Victoria ha coronado a los libertadores que invadieron el país bajo la dirección de Simón Bolívar, que como viento impetuoso revivieron la Patria. Es el momento cuando El Libertador ordena el ataque contra las tropas de Remigio Bobadilla, que se habían adelantado hasta Las Trincheras y de allí hasta las colinas y planicie de Bárbula, ocupando los altos y derrames del cerro conocido como “Bárbula”, en posiciones evidentemente ventajosas sobre las columnas republicanas. Los tres batallones patriotas encargados del ataque eran comandados por Girardot, Urdaneta y D’Elhuyart, rodean el pié del cerro e inician una audaz ascensión al mismo bajo un fuego cruzado del enemigo, asegurado en la ventaja de la altura que da visión y resguardo.

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Los atacantes son soldados veteranos que vienen de una hilada de triunfos, desde su entrada en Venezuela por el Táchira en este mismo año. Están acostumbrados a la victoria y confían en sus jefes. Son un conjunto imponente, no por el número, sino por sus probados valor y decisión. Las tropas se desplazan por el flanco derecho de los realistas hasta alcanzar una cota pareja con la de estos, desde donde disparan a placer sobre las tropas españolas; al mismo tiempo y de frente al enemigo, en el llano, Urdaneta y Girardot emprenden un ataque al centro. La soldadesca enemiga se confunde y dispersa, emprendiendo una retirada en desorden en medio de un ¡Sálvese quien pueda! Van perseguidos de cerca por infantes patriotas, los que los cazan en las resbaladizas cuestas, detrás de los riscos o en el escondite de los callejones, mientras que la masa en huida trata de alcanzar la garganta al fondo del valle, para precipitarse en barahúnda hacia Las Trincheras, donde se apostaba Monteverde, quién no se presentó en el frente, quedándose al refugio de la retaguardia. Sin embargo, este día va a tener un costo inapreciable, pues en el fragor de la batalla y mientras lleva la insignia nacional, en algún lugar del cerro, una bala perdida se lleva la vida de Atanasio Girardot, el valiente coronel neogranadino, quien cae envuelto en los colores patrios. La muerte ha danzado en Bárbula y, enamorada, se apodera del bizarro coronel, que 1a enfrentó sin desearla, pero sin rehuirla, pues la esperó siempre en el camino que le planteaba el futuro de su joven vida, destinada al sacrificio, como la de todos los hombres de su familia.
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II
Pero, ¿Cuáles son los antecedentes de esta batalla, ya un tanto al margen de la médula espinal de la Campaña Admirable? La batalla de Bárbula es una, consecuencia del avance de las tropas republicanas sobre Caracas en la campaña que iniciara El Libertador, entrando a Venezuela por San Antonio del Táchira en ese mismo año de 1813. Pero veamos los hechos: para su momento, Bolívar se encuentra ya en las cercanías de San Carlos y ordena el 25 de julio a Urdaneta que avance sobre dicha población, la cual es abandonada por el comandante Izquierdo y por José Yánez, el cruel jefe realista. Los españoles se retiran por la vía hacia Valencia, pues esperan pronta ayuda de Monteverde. El Libertador comprende que debe hacerles presentar batalla antes de que se reúnan y junten un cuerpo poderoso, difícil de batir. El día 30 Bolívar presenta combate en la llanura de Taguanes, muy favorable a la caballería; pero ésta sola no podrá vencer al conjunto de las unidades españolas, por lo cual se sucede uno de los espectáculos más pintorescos en batallas de la independencia. El Libertador ordena montar a los infantes en las grupas de los caballos para alcanzar a Izquierdo antes de que éste se adentre en los montes que ascienden hacia Valencia. Efectivamente, el enemigo es alcanzado a tiempo y se ve obligado a hacer frente a la avalancha de jinetes e infantes que se les encima; detiene su marcha, pero es rodeado, infiltrado velozmente, dispersado y destruido. La batalla de Taguanes abre el camino de Valencia y Caracas. Julián Izquierdo, el jefe realista cae herido y fallece pocos días después en San Carlos y en prisión.
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Será Taguanes la última gran acción de importancia, en la clave del camino al éxito de la Campaña Admirable. El Ejército Libertador entra en Valencia el 1º de agosto, en tanto que Monteverde se retira precipitadamente hacia Puerto Cabello donde se refugia. El Libertador sigue a Caracas donde restaura la República el 8 de agosto. El 16 del mismo mes ordena el sitio de Puerto Cabello, al cual dan comienzo las columnas de Girardot y de Urdaneta con relativo buen suceso. Pero el destino se juega sus trucos. Coincidiendo con el sitio de Puerto Cabello, se presenta frente a La Guaira una flotilla española que trae desde la Península al batallón Granada con 1.200 soldados veteranos de las guerras napoleónicas, los que no se atreven a desembarcar, por sospechar que la ciudad se encuentra en manos de la república, en lo que tenían razón y cambian rumbo hacia Puerto Cabello, donde vienen a reforzar al asediado Monteverde. Evidentemente que esta circunstancia hace muy gravoso el sitio y militarmente más difícil, por lo cual El Libertador decide posponer el asunto y ordena levantar el cerco, para ocuparse de cosas más transcendentales en tales momentos para la nación. Monteverde se crece y trata de hacer salida, avanzando sobre Valencia con el grueso de sus tropas, las que sitúa en la estrechura de Las Trincheras mientras envía una avanzada al mando de Bobadilla con unos quinientos hombres. Este movimiento era esperado por el Estado Mayor, el cual pretendía batir a los realistas en campo abierto y no en la cerrada plaza de Puerto Cabello ni en la garganta de Las
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Trincheras. La planicie de Naguanagua fue el lugar escogido para presentar batalla, en tanto que hasta las alturas de Bárbula iban llegando las avanzadillas de Monteverde. Durante varios días los contendientes se observaron mutuamente. Bolívar parecía no aceptar que Monteverde arriesgase un cuerpo que podría necesitar prontamente, dejándolo solo frente al ejército patriota y preveía una añagaza del jefe realista. Se hizo lo posible por provocar al enemigo a bajar al llano, pero no fue logrado, hasta que el 30 de septiembre, como se ha dicho, se ordenó el ataque. Oigamos del propio general Rafael Urdaneta el meollo del suceso de la muerte de Girardot, pues él estaba a su lado cuando el fatídico proyectil tronchó su vida: “La caballería de Bolívar quedó fuera de acción, porque estando el enemigo sobre la pendiente de Bárbula sólo podía obrar la infantería, que dividida en tres columnas, mandadas por Urdaneta, Girardot y D’Elhuyart, no tuvieron más trabajo que el de trepar con arma al brazo hasta la cima del cerro en donde el enemigo hizo algún fuego, pero ya en desorden y huyendo. Un tiro perdido de los españoles arrebató la vida al coronel Girardot en el momento mismo en el que vencida la subida, decía a Urdaneta, que por otro lado había llegado: ‘Mire Ud. compañero, cómo huyen esos cobardes’. Persigióse a los españoles, hiciéronse numerosos prisioneros y
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entrada la noche volvieron los patriotas a su campamento de Naguanagua”.

III
Unas preguntas quedan en el aire. Unas preguntas que han sido objeto de respuestas malintencionadas, destinadas a destruir una de las más hermosas y dolorosas acciones de nuestra guerra de independencia, así como también materia de apasionadas defensas de la tradición. ¿Cayó realmente Girardot envuelto en la bandera o, portándola en su mano para colocarla en la cumbre? ¿Por qué el jefe del batallón estaba actuando como un abanderado personalmente, ya que esta posición se da generalmente a un soldado joven? ¿Creó El Libertador la leyenda con unos fines patrióticos muy comprensibles? Ciertamente que en 1as memorias de Urdaneta no se da la versión de la bandera en las manos del Coronel, habiendo estado a su lado, pero es posible que no le llamara poderosamente la atención el que Girardot la portase. Estaban en batalla. No es frecuente observar los detalles de semejantes cosas en momentos como ese, donde cada cual busca su propia protección. José María Baraya, en su obra “Historia Militar de Colombia”, escribe el siguiente pasaje: “Pocos momentos antes de librarse el combate de Bárbula, Girardot dirigió a su columna una arenga, que podemos decir divinamente inspirada; pues arrebatando, al concluirla, el pabellón Nacional al portaestandarte del Batallón Nº 4º de la Unión, exclamó entusiasmado: “PERMI26

TID, DIOS MIO, QUE YO PLANTE ESTA BANDERA SOBRE LA CIMA DE AQUEL MONTE; Y SI ES VUESTRA VOLUNTAD QUE YO PEREZCA EN ESTA EMPRESA, DICHOSO MORIRÉ”. Demasiado fielmente se cumplió la piadosa invocación. No nos explica el mencionado historiador el origen de donde extrajo el texto de la arenga del coronel, pero no es de extrañar que algo así haya sucedido. Antes de cada entrada en batalla era frecuente, aún lo es y lo fue, que el jefe o los jefes se dirijan a los soldados para insuflarles valor con especiales exhortaciones al cometido a llevar a cabo. Girardot, especialmente según la moda de su tiempo, bien pudo actuar de la manera como se le describe. Como el caso era también tomar una altura, pudo entender que llevar él mismo el pabellón podría ser un inestimable impulso para sus hombres, que de paso tenían meses siguiéndolo y admirándolo. Este era el tipo de acto muy frecuente en su tiempo, estando nuestra historia y otras historias llenas de actos semejantes. Por otra parte, un oficial de cualquier ejército para ese momento no se pondría un “arma bajo el brazo” sino en especialísimas circunstancias. Llevaría la espada señaladora de jerarquía y de dirección y a lo más una pistola, de no grande utilidad. El hecho de tomar la bandera de manos del designado, significaba que iba a lo último, a1 final sin regreso, que debería seguírsele a todo evento. Sin vacilaciones. Como diríamos hoy, con todos los hierros. Así lo siguieron. Desplazaron al enemigo, pero el líder transformado en luminaria de colores, caería frente a sus huestes en el
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seco y duro cerro barbuleño. Si la bandera le sirvió de cobija en la muerte, como sus ruanas santafereñas en la vida, es una cosa; si le sirvió de lecho y sorbió su sangre, es otra cosa; si se acostó con ella a su lado, amante sangrienta, es otra cosa; si saltó de su mano, herido su cuerpo y rodó deslizadero abajo anunciando su muerte, es otra cosa; si su corazón de patria palpitaba todavía, es otra cosa; si el joven abanderado del batallón al cual Girardot arrebató la bandera o si el muchacho la llevó en su mano, o si subió a recogerla y besarla, es otra cosa. Pero algo es indiscutible: el coronel Girardot quiso poner el tricolor en lo alto del cerro; ello tenía una clara indicación estratégica, pues era un mensaje. Un mensaje a los que se ahuyentaban y un mensaje a los suyos. Para aquellos era de derrota, para los republicanos de triunfo. El plan no era descabellado y se presenta digno de un espíritu muy especial y valeroso, en esa guerra de guerrillas frecuentes en la que consistió nuestra lucha de independencia, especialmente en sus etapas iniciales. Además, no debemos olvidar la especie de emulación en retos personales de valor, que constituyó una constante en las luchas independentistas americanas. El valor era algo personal. El liderazgo era algo personal. Ello fue un gran problema en los tiempos primigenios de la República, el cual problema se exacerbó al momento de la destrucción, deliberada y consciente de la llamada Gran Colombia. Si El Libertador hubiese creado el mito de Atanasio Girardot, no se entiende por qué se le critica. De haber sido así y en momentos de asentar la nacionalidad ¿Cuál es el
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problema? Los hechos sucedieron de la manera narrada y Girardot era ya una leyenda joven corriendo por Nueva Granada desde mucho antes. Sí, se necesitaban héroes para vender la idea de la patria, no había que desperdiciarlos. Pero recordemos que, al llegar Bolívar a la raya de San Antonio, muchos oficiales granadinos se alejaron y lo dejaron solo en su aventura, entre ellos un futuro Vice Presidente y Presidente; pero Girardot, con un nombre ganado en la lucha de independencia de su país, siguió a Bolívar y a los ideales de libertad, de triunfo en triunfo, jefe de la vanguardia, hasta Caracas y hasta los despeñaderos de Bárbula. La Guerra es también política y en aquellos momentos no podía separarse. Su último servicio fue prestar su corazón y su cuerpo para que la masa informe conociera lo que es un héroe, un mito, y se sintiera extendida en un nombre chorreando de un cerro, en un corazón, en una Ley de Honores, en una mano, en una espada y en la muerte que rondó aquel treinta de septiembre, como un buitre, sobre los cerrotes de Bárbula para escoger su vanguardia de grandes.

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Basílica Menor. Catedral de Valencia - Venezuela, donde reposan los restos de Atanasio Girardot, en sitio desconocido.

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Acta de Enterramiento de Atanasio Girardot. Archivo de la Curia Arzobispal de Valencia.

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En treinta de septiembre de mil ochocientos trece, el C.R P. Fray Joseph Llorante, Cura Coadjuntor, dí sepultura eclesiástica en esta Santa Iglesia de mi cargo con oficio cantado por mayor, con Vigilia y Misa y Honras al cadáver del Coronel Atanasio Girardot Adto. soltero, el cual no pudo recibir los Santos Sacramentos. No hubo ingreso en la fábrica, de que certifico. Fray Joseph Llorante

Paleografía: Armando Alcántara Borges 34

EL BAUTISMO DE FUEGO

I
ra el día del 28 de marzo de 1811. El lugar: puente del Bajo Palacé, sobre el río Palacé, actual departamento de El Cauca, Colombia. Bastante calor y tensión entre las tropas republicanas apostadas cerca de las cabeceras del puente, sobre el camino que va a la población de La Plata. La fuerza patriota consistía en 75 fusileros y 115 lanceros al mando de un joven teniente que no llegaba a 20 años de nombre Manuel Atanasio Girardot Díaz. La tropa se encuentra nerviosa; saben que una poderosa columna realista comandada por el gobernador español de Popayán D. Miguel Tacón se acerca belicosa, para derruir la declarada independencia de la Suprema Junta de Santa Fe. Allí, en ese lugar y día, Girardot va a recibir su bautismo de fuego, al igual que la nación, pues a partir de cerca de la una

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de la tarde y en adelante se librará la primera batalla de la independencia colombiana y hasta sudamericana; allí el joven teniente saboreará por primera vez el placer de la victoria, no contentándose nunca más sino con el embriagante licor del triunfo.

II
Pero ¿Por qué estaba allí este jovencito? Pues, cuando llegó el momento de declarar el movimiento favorable a la independencia en Bogotá, ya el Gobernador Tacón de Popayán había aplastado la primera declaración directa de independencia en la América española que se había llevado a cabo en Quito, Ecuador, apoyándose Tacón en tropas de Popayán y Pasto. Recordemos que la acción del 19 de abril de 1810 en Caracas no declaró la independencia, sino que fundó una junta para la defensa de los derechos de la corona española en la persona de Fernando VII, forma disfrazada que culminaría el 5 de julio de 1811 con la declaración formal de la independencia, ya que en la realidad los criollos tomaron el poder, pero el mismo no se devolverá sino ocasionalmente en una larga guerra, que terminará con el triunfo de las armas republicanas, encabezadas por el Libertador Bolívar en el norte y centro de América del Sur. La Junta Suprema de Santa Fe no podía esperar de Tacón una actitud en contra de los colonialistas, pero como era en la presencia el Gobernador de Popayán por designación española, la Junta debía solicitarle formalmente que enviase de la provincia diputados a Bogotá, para dirimir el tema independentista. Tacón aparentó cumplir con una con36

vocatoria a elecciones, pero al final no lo hizo y amenazó a la Junta de Cali, que tenía más a la mano. Debido a esta circunstancia, la Junta bogotana decidió probar suerte y poner en acción su incipiente cuerpo militar, formando una columna de ayuda, casi preventiva, contra el Gobernador Tacón, que se mostraba tan agresivo. La junta Suprema tenía un gran cuidado de no ofender la autonomía de las demás Juntas que, de paso, se sentían independientes o soberanas ante lo que podría considerarse un proyecto de poder central. Debido a ello no envía sino un cuerpo militar “auxiliar”. Sin embargo, debido a que nadie tenía un poder militar suficiente, a la columna donde militaba Girardot puede considerársele el ejército que representaba al movimiento patriota en ese momento. La misión de la columna, ambiciosa por cierto, no es sólo auxiliar a Cali, sino la de tomar y reducir a la propia Popayán. Es por ello que en su mensaje a la Junta caleña, la Junta Suprema de Santa Fe expresa que: “...envía un pequeño refuerzo de tropas a dichas ciudades, no para hacer agravios a su capital, sino para precaverlas contra la hostilidad de Tacón”. Diplomática forma, impuesta por la necesidad de declarar que son uno y que la meseta tiene la condición de directora de la orquesta. Por eso está allí, comandando un cuerpo de combatientes, en el lado este del puente sobre el río Palacé, en su parte baja, cuidando de que el nombrado Tacón no pueda acercarse a la zona liberada de Cundinamarca. Sin embargo, parece que la diminuta tropa dada al coronel Baraya, ahora un poco crecida por voluntarios y reclutas, ha llegado
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ya con los nuevos soldados, a enfrentarse con toda decisión a las fuerzas enemigas, dispuestos a defensa de los derechos ciudadanos. No sabemos si Girardot era, para ese momento, el más joven oficial del naciente ejército republicano que, a su vez era joven él mismo; era joven el jefe coronel Baraya; era joven el país; era joven la esperanza; era joven la república. Pero la columna del novel coronel Baraya, de increíble coraje, no se va a quedar en las comodidades de Cali. Debe ir la misión que le ha sido encomendada: liberar Popayán.

III
En orden a la mencionada meta que le fuera fijada, Baraya destaca a Girardot con una pequeña fuerza de avanzada, para que se sitúe a la boca del puente e impida que éste pueda ser tomado por los realistas, buscando asegurar el paso de sus fuerzas hacia Popayán. Pero ya Tacón se ha dado cuenta de la importancia de esta posición y decide tomarla para sí y, de este modo, asegurarse en su lado del río. Así las cosas, el día 28 de marzo de 1811 se ordena el ataque contra la avanzada de Girardot. Los realistas cuentan con una fuerza muy potente en relación con aquella que defiende el puente, pues presentaban a la batalla algo más de dos mil hombres con seis piezas de artillería compuesta de culebrinas y pedreros. Las culebrinas eran un cañón portátil capaz de disparar bolas de hierro de varias libras de peso y los pedreros eran cañones cortos de boca ancha que disparaban pelotas de piedra. Al otro lado del puente se encuen38

tra Girardot, al mando de 75 fusileros y 115 lanceros, columna muy débil para enfrentar lo que se le venía encima. Militarmente hablando, el defender un puente bien protegido naturalmente en un paso difícil de montaña no requiere de muchos hombres, sino que depende, más bien, de la valentía y del coraje decidido de los defensores. Esto es precisamente lo que allí demostró Girardot. Este, al percibir al enemigo, que avanzaba aceleradamente envió tres partes a Baraya, para asegurarse que los recibiera y proveyese el auxilio con refuerzos, encontrándose éste organizando el ejército en Piendamó, a unas dos horas de Bajo Palacé. Pero bien lo sabía el joven guerrero, puesto que le tocaría a él presentar batalla y sostener lo que le ha sido confiado, todo con los escasos recursos que esa tarde estaban a su disposición en el sitio, si Baraya, por cualquier contratiempo, no se presentaba. Casi inmediatamente los realistas abrieron fuego con las culebrinas y los pedreros muy cerradamente. Les fue contestado el ataque con disparos de fusilería, manteniéndose un duro fuego hasta las cinco y media de la misma tarde. A esta hora se ordenó atacar a la bayoneta y los soldados patriotas entraron de tal forma que los enemigos empezaron a desmoronarse y huyeron precipitadamente, abandonando artillería y abastecimientos en su regreso a la protección de Popayán. En total se enfrentaron a los realistas unos novecientos hombres, quienes lograron un triunfo indiscutible sobre Tacón, que en ningún momento entró o se acercó al combate, observando los eventos desde muy lejos. Baraya obtenía así el primer triunfo militar para la República y Girardot pudo verse y actuar en un verdadero combate, donde
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las tropas llegaron a quedar a tiro cercano de fusil, recibiendo allí el bautismo de fuego, frente a una de las cabeceras del puente sobre el río en ese lugar del Bajo Palacé.

IV
Pero dejemos que sea el mismo Girardot quién nos describa la batalla del Bajo Palacé: “El 28 me hallaba en el sitio de Palacé, destacado con 75 fusileros y 115 lanceros; a las siete de la mañana descubrí que del lado de Popayán avanzaban tropas que ascendían a 500 hombres; marchaban aceleradamente y puse mi gente en orden para resistir cualquier ataque. Envié tres partes al coronel Baraya, que estaba con el ejército en Piendamó, a dos horas. Inmediatamente éste se puso en camino, dejando órdenes a la tropa para que lo siguiera. El enemigo seguía reforzándose, y a las doce y media llegó el coronel Baraya. A poco el enemigo avanza y rompe fuego de culebrinas y pedreros. Cinco tiros nos hicieron y hasta el sexto no quiso el Coronel que fuera correspondido el fuego; a la una menos cuarto empezó el fuego, que duró hasta las cinco y media, sin intervalos. A esta hora comenzamos a usar las bayonetas, y el enemigo, en vista de tal valor, empezó a desmoralizarse y huir. Ellos eran aproximadamente dos mil hombres y los patriotas menos de novecientos; se intimidaron y huyeron, dejando un pedrero, una culebrina y dos piezas de artillería que botaron al río, fusiles, algunas lanzas y algunos cajoncitos de pertrechos. De los nuestros murieron ocho soldados y dos oficiales. El capitán de voluntarios, Dn. Miguel Cabal y el subteniente Manuel María
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Larrahondo, de Buga y de Cali, respectivamente, peleando valerosamente y sus agresores no quedaron con vida. De los contrarios murieron sesenta y tres que encontramos, aparte de tres que cayeron al río al primer tiro de pedrero y del alférez de artillería y de otros que quedaron en las vecindades. Por último huyeron con el tirano Tacón, que estuvo viendo de lejos, junto con Dupré, Mendizabal y otros. A mí me queda la satisfacción de haber hecho en obsequio de nuestra sagrada libertad y de las ciudades aliadas a esa capital, que depositó en nosotros el honor de las armas, todo cuanto pudieron mis débiles brazos”. El valiente coronel Baraya logrará el objetivo de tomar Popayán unos días después, concretamente el tres de abril, cinco días a posteriori de la batalla del Bajo Palacé. Popayán ya está en manos patriotas y el coronel Baraya envía el parte de la batalla a la Junta de Santa Fe de Bogota. Comienza ahora un largo trayecto que culminará en Ayacucho, el campo de los muertos, dentro de las alturas andinas del Perú. Pero por ahora, ya recibió una nueva experiencia el joven Atanasio; mientras la aprovecha subirá a la cumbre de lo justo y de lo audaz. Lejos están todavía las alzadas de Bárbula en Valencia, tan lejos de su nativa tierra de nacimiento, sin un sitio, sin una referencia geográfica o caminera.

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LA SANGRE DE LA LIBERTAD

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tanasio Girardot es el resultado de una mezcla étnica frecuentemente encontrada en próceres latinoamericanos. De ascendencia europea por un lado (no española) y por el otro sangre de esta tierra o asentada en ella con tan profundas raíces que podría ser considerada nativa. Su padre fue el inmigrante de origen francés Jean Louis Girardot, quien llegara hasta estos lares luego de un periplo dentro de las tropas de Su Majestad, con lo que consigue los méritos suficientes para lograr su objetivo americano. Jean Louis Girardot nació en París, Francia, el 23 de junio de 1752, hijo del matrimonio de Nicolás Girardot y María Marcou, pequeños artesanos parisienses que se habían radicado en la calle de San Nicolás, en pleno centro de la urbe la que sobrevivía, aún medioeval en su estructura

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arquitectónica. Dentro de la misma área se encontraban y trabajaban multitud de toda clase de artesanos, los que formaban una especie de pequeña burguesía, que se manifestaba en su modo de vida relativamente bueno, en el orgullo de las obras que realizaban, con una acendrada fe católica que todavía no había disminuido la futura oleada de la revolución, que ya se gestaba en lo profundo de esta sociedad francesa del momento, tan duramente estratificada. Una muestra de ello es el hecho de que el pequeño Jean Louis fue bautizado el mismo día de su nacimiento, suceso tan rápido que solamente se explica por un sentimiento de profunda religiosidad y por la costumbre, puesto que el niño no presentó problemas de salud, no habiendo existido en verdad una urgencia especial. En la vida de las familias francesas de su tiempo, la profesión de los padres, especialmente la de los artesanos se transmitía a los hijos, si no estrictamente, por lo menos en el nivel de producción. Es por ello que Jean Louis se va entrenar desde muy joven en el arte de la talla de madera y en la escultura, artes que ejerce durante su primera juventud en los mismos talleres de su padre Nicolás. Pero, por otra parte, la familia de esos tiempos se encontraba regida estrictamente por el padre, cuya figura se presentaba imponente e indiscutible, al extremo de poder ejercer de hecho una pequeña tiranía. El espíritu independiente y rebelde de Jean Louis no estaba hecho para soportar tal sumisión; un grave conflicto con su padre por razones familiares lo exaspera, decidiendo entonces apartarse de su casa, para probar fortuna bajo otros cielos y otras banderas.
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Puesto en camino de la aventura y del destino, nuestro amigo francés con apenas 23 años, se dirige a España, precisamente a España, lo que parece difícil de comprender, pues este país era un contrario tradicional de Francia y de su pensamiento liberal que ya se manifestaba claramente; se ha de destacar que Jean Louis llegó a la península en 1775 casi en vísperas de la revolución francesa que estallaría en 1779, con las extraordinarias consecuencias para el mundo entero que bien son conocidas. Pero es el caso que Jean Louis no se proyecta como un inmigrante común, sino que solicita su incorporación como voluntario para enrolarse en el Real Cuerpo de Guardias Valones, ente militar de élite formado por personal nacido en los Países Bajos, durante la ocupación española de los mismos. Evidentemente que para cuando nuestro voluntario se presenta al servicio, el cuerpo de valores existe solamente como un recuerdo de poder nostálgico, puesto que ya España no rige los Países Bajos, que se habían liberado, a la sazón del mandato ibero. Sin embargo, se mantenía el Real Cuerpo de Guardias Valones en España, pero sus integrantes, como es comprensible ya no eran valones de estirpe absoluta, por lo cual la Corona había dispuesto que se aceptaran en él aquellos hombres que pudieran demostrar poseer, cuando menos, un cuarta parte de sangre valona, sin necesariamente haber nacido en los países bajos. No tenemos idea de qué medios se valió Jean Louis para demostrar tal extremo, pero es posible que dentro de su familia hubiera algún ascendiente del mencionado origen. El caso es que fue aceptado e ingresó al cuerpo militar, juramentando sus banderas y sometiéndose a nueva corona.
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Dejará el joven conscripto muy atrás a su Francia materna, sin mayores remordimientos ni saudades, lo que parece no haber sentido en grado acentuado a lo largo de su interesante, aventurera y grande existencia. Durante ocho años sirvió en la filas del ejército español. Su hoja de servicios ameritó que el Rey Carlos IV le concediera carta de naturalización para el 11 de diciembre de 1802, dejando definitivamente su condición de extranjero, tanto en España como en las Américas españolas; sin embargo, su condición de nacido francés le trajo algunos inconvenientes en Nueva Granada, pero pudiendo superar cualquier amenaza sobre su persona a este respecto con ingenio y habilidad. Lo que es más, la condición de naturalizado, otorgada por sus servicios a la corona será lo que le facilitará en definitiva su radicación en esta tierras, su papel en la vida social y su ubicación histórica en los anales de la República. Girardot padre debió llegar a la Provincia entre los años de 1780-1781 (notemos que pasarán 22 años hasta su naturalización en 1802) en compañía de un grupo de inmigrantes españoles. De llegada se dedicó a la talla de madera y a la escultura, que no le salían mal, al decir de varios de sus contemporáneos, pero no puede reprimir su formación militar y se enrola, como Cabo, en la expedición que se organiza para pacificar a los indios Támare y Pore que se habían rebelado contra la opresión de sus amos españoles en los llanos de Casanare. Efectivamente, los mismos son reprimidos y sus jefes enviados a Bogotá como prisioneros. Girardot, según los partes, se distinguió por su valor
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frente al enemigo y fue el encargado de custodiar a los caciques hasta la capital. Este es su debut en los asuntos públicos de la provincia. Pero no es necesario, a los efectos de este trabajo, entrar en demasiados detalles sobre la vida de Jean Louis Girardot, baste decir que se ganó el aprecio de la generalidad de sus conciudadanos, no faltándole problemas con algunas personas, los cuales resolvió generalmente a su favor. Fue un hombre audaz en los negocios y muy hábil en las transacciones comerciales; llegó a ser propietario de una mina de oro, sin gran éxito; se enredó en pleito de tierras; fue víctima de xenofobia y de falsas acusaciones de haber abandonado en Cartagena a su supuesta primera esposa, doña María Teresa Larrota, con quien habría contraído matrimonio en Tunja, lo cual no se ha podido comprobar. Sin embargo, alguna relación íntima existió entre él y la mencionada señora, ya que vivió con ella en Cartagena públicamente a manera de esposos, encontrándose en Medellín, según se decía, apartado de ella y sin su licencia, asunto que casi lo lleva a prisión, pero cuyo matrimonio no pudo probársele. Llegó a ser conocido comerciante actuando a través de Cartagena, al único puerto de importación del Virreinato, hasta convertirse en proveedor de la Marina de Su Majestad y de los corsarios españoles que se abastecían en el puerto. En fin, Jean Louis Girardot llegó a ser un hombre de notable riqueza, justificada por un trabajo incansable y un ingenio agudo y oportuno. Debido al pleito sobre el primer matrimonio, Jean Louis se ve obligado a trasladarse a la ciudad de Antioquia,
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sede del gobernador y comandante general Francisco de Baraya y La Campa, ante el que pretende justificarse, demostrando la falsedad que se le imputa sobre el mencionado matrimonio cartaginés. Y bien debió de salirle el asunto, puesto que no se le molestó más con ello, hallándose al poco tiempo de nuevo al frente de su próspero almacén de Medellín. Pero lo más importante de esta breve estancia antioqueña es la circunstancia de que allí conoció a una bella joven, doña María Josefa Díaz y Hoyos, su futura esposa, con quien contraerá nupcias once meses después de haberse presentado ante el gobernador Baraya, la que le dará seis hijos. María Josefa era hija de don Juan Antonio Díaz, Regidor y Fiel Ejecutor de la Villa de Antioquia, casado con doña Magdalena de Hoyos y Zapata, de prosapia colonial y peninsular. Como punto aparte digno de destacarse, se presenta el caso de que el justificante Girardot y el justificador Baraya, van a ser los padres de los héroes de la batalla del Bajo Palacé, primer combate de la independencia neogranadina, puesto que Antonio Baraya comandaba la columna auxiliar a los patriotas del Valle del Cauca y Atanasio Girardot, casi imberbe, era Teniente en sus filas recibiendo los dos el bautismo de fuego en la mencionada acción de armas. Jugadas del destino o de los dioses, que se gozan en las casualidades, para desconcierto de los mortales. El padre del gobernador Baraya era de origen austríaco, concretamente vienés y, como ya sabemos, Louis Girardot era francés, parisino por más señas. Ambos extranjeros dieron sus hijos a la Patria sin vacilaciones.
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II
Después de su matrimonio Jean Louis se establece en Honda por un tiempo y al fin se radica en Santa Fe de Bogotá definitivamente, donde se educarán sus hijos y donde la revolución independentista arrastrará a toda la familia en una vorágine de fuego, muerte y gloria. Del matrimonio de Jean Louis y María Josefa nacerán: Manuel Atanasio, el mayor, el 2 de mayo de 1791; María Josefa Manuela, en Medellín el lº de junio de 1793; María Mercedes Luisa, en Medellín el 26 de septiembre de 1795; Josefa Joaquina de los Dolores, en Honda el 17 de agosto de 1800; Bárbara, en Bogotá ¿1908?; Miguel, el último, en Bogotá el 6 de julio de 1803. Expresamente se ha dejado en blanco el lugar de nacimiento de Manuel Atanasio Girardot, puesto que existen dudas al respecto. Antioquia, Sopetrán y Medellín, entre otros lugares se han disputado el honor de su venida al mundo. Sin embargo, la versión más aceptada es la que aporta el Dr. José María Martínez del Pardo, médico notable y sacrificado, amigo de la familia Girardot, a la cual visitaba con frecuencia en Bogotá en sus tiempos de estudiante. En efecto, nos cuenta que una hermana de Atanasio, a la que no identifica por nombre le relató que cuando la mudanza de la familia de Honda a Bogotá su madre se encontraba delicada, ya que estaba en tiempo de dar a luz, por lo cual la transportaron en “silleta”, que debe ser en silla de manos o más primitivamente en una “silleta” sustentada en alto por varas a los hombros de los transportadores y que, llegando al caserío de San Jerónimo la noche del mismo día cuando salieron,
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nació Manuel Atanasio y que posteriormente lo bautizaron en Medellín. La partida de nacimiento omite el lugar preciso donde vio la luz el personaje; cosa curiosa, pues era un requisito muy importante en el asentamiento de tales partidas en las parroquias eclesiásticas. En fin, el asunto no es de extremada importancia. Lo que sí parece cierto es el que el nacimiento ocurrió en Antioquia y su bautismo en Medellín. El propio Libertador Simón Bolívar en la Ley de Honras Fúnebres a Girardot ordena que sus restos sean enviados a la ciudad de su nacimiento Antioquia, por lo cual se deduce que para el momento de su muerte se le consideraba de ese origen, lo cual no debía, en vida, molestar en absoluto al joven Coronel.

III
Por último, en este campo familiar hay otro Girardot, cuyo origen no se ha aclarado suficientemente. Era indudablemente hijo de Jean Louis Girardot, pero según parece en otra mujer, no de su esposa. Su nombre era Pedro y seguirá el camino trágico de los varones Girardot. Doña María Josefa Díaz no lo menciona en sus solicitudes de asistencia al Congreso en 1823 y en 1848, por lo cual la deducción más lógica es la de que no era su hijo, pero sí era conocido como hijo de Jean Louis que le dio su nombre sin restricciones. En todo caso Pedro Girardot fue subteniente de milicias y estuvo presente en muchas acciones de guerra civiles y de la independencia, hasta su trágico destino. El duro término, siempre de entrega generosa de Jean Louis, Manuel Atanasio, Miguel y Pedro Girardot, es
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símbolo del sacrificio sin vacilaciones por la patria naciente, lo cual debemos agradecer a los herederos de estas naciones libres, que sin su esfuerzo y sacrificio no hubieran nacido del duro parto de la emancipación. Más adelante y con detalle describiremos los tiempos y las circunstancia de la desaparición física de cada uno de estos hombre de ambas Patrias. Nota: Jean Louis Girardot castellanizó su nombre de pila por “Luis”, de la manera como se le llamará de acá en adelante y tal como firmara desde entonces: Luis Girardot.

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PARA LA VIDA

I
o se han encontrado muchos datos sobre la formación de Atanasio desde el punto de vista intelectual. Se asevera que el padre lo inscribió en el Colegio del Rosario, el más exclusivo de la capital, para hacer los estudios secundarios. De esto no existe constancia alguna, puesto que de ser cierto Atanasio no ingresó como regular sino como una especie de “oyente” o “capista”, sin mayores derechos, ya que su condición de origen francés le pesaba ante las autoridades académicas. Con posterioridad se incorpora al Colegio de Santo Tomás, donde se gradúa a pocos meses de la declaración de independencia con el grado de Doctor en Jurisprudencia y Humanidades. Los grados fueron otorgados, existiendo la comprobación correspondiente, destacándose que para ese

N

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momento Girardot es apenas un adolescente. ¿Doctor y todo? Nacido en 1771 los títulos los obtiene en 1810 a los diecinueve escasos años. Si se piensa solamente en las complejidades teóricas contenidas en los estudios jurídicos españoles, sin contar lo de las “Humanidades”, estas graduaciones parecerían imposibles, pero allí están. No se han localizado otros datos de sus estudios, tales como desempeño académico, calificaciones obtenidas y cualquier otro dato esclarecedor. Así consta sin más comentarios. Por este tiempo se presentan problemas a los Girardot por razón de Francia. Este país ha invadido a España y sustituido al Rey por el hermano de Napoleón, José Bonaparte, conocido, según diversas versiones, como “Pepe Botella”. Al fin son exculpados por la Junta Suprema con alegatos del propio Atanasio, en su primer y último triunfo judicial. Reivindicado el nombre se alista en el Batallón de Voluntarios de Guardias Nacionales, bajo el mando del teniente coronel Antonio Baraya y del sargento mayor don Joaquín Ricaurte. E1 círculo de la historia se va cerrando; Baraya, Girardot, Ricaurte, atrapados en la misma tela de araña de la fatalidad. Apenas unos días permanecerá ahora Girardot en Bogotá antes ser destinado a la columna del capitán Ignacio Salcedo, enviada por Nariño para auxiliar a San Gil contra El Socorro que amenazaba con anexarlos, separándolos del Poder Central. El 13 de enero de 1812 sale la fuerza auxiliar y el 20 de enero se hace el primer contacto con el enemigo, lo que fuera una gloriosa jornada militar para el capitán Ata54

nasio Girardot. En realidad fue una acción pequeña por los combatientes, pero peligrosa en extremo. Girardot atacó una cumbre (Cerros de Gaque) con ayuda de artillería desalojando al enemigo, procediendo luego a desemboscar a otra tropa tras el cerro, atacando de frente y encabezando las tropas. Su valentía es reconocida en el parte que pasa Salcedo a Joaquín Ricaurte, en muestra del coraje del novel capitán.

II
No se entrará en el presente opúsculo en el análisis de los terribles tiempos que significó la guerra civil, que azotara a la Nueva Granada en los primeros pasos de su vida independiente. Entre el Congreso de la República y Cundinamarca; federales contra centralistas; el Congreso itinerante contra Nariño. Presagian estos sucesos lo que vendrá en casi todos las nuevas naciones hispanoamericanas, con su cohorte de tragedias sociales, retraso político y estancamiento económico. Nos interesa, por ahora, la suerte de los Girardot, que se vieron inmersos en el violento y cambiante escenario de horribles intrigas, de acusaciones y contraacusaciones, que sumergen el proceso independentista en grandes confusiones y desánimo. Antes que prepararse para enfrentar a1 español, enemigo común, se entregan a un conflicto interno paralizador y fragmentador, que destroza las bases de la nación. Hará falta el desastre total y el advenimiento de un Simón Bolívar, para lograr que el país se unifique, tomado conciencia de sí mismo.
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Es conveniente señalar que Baraya y sus compañeros de armas, entre ellos Girardot, al principio partidarios de Nariño lo abandonan y se pasan a las filas del Congreso, en un caso que no ha tenido una clara explicación. Probablemente los argumentos de legalidad expuestos por Camilo Torres los convencieron de que luchaban en el bando equivocado; tal vez inmadurez en el ejercicio de las funciones militares y públicas, etc. Para otros es una simple traición y una insubordinación condenable. Puede que se hayan convencido de que el Congreso representaba la base de la unidad del país y que Nariño sería sólo un dictador disfrazado de presidente que imponía su voluntad y no la del colegiado como pretendía presentarse el Congreso. Por los motivos que fueran, Baraya y los suyos invierten su apoyo y se pliegan al Congreso, con razón o sin ella. Por ello vemos a Girardot hasta ahora, peleando a favor de uno u otro bando, pero siempre audaz y valiente. En medio de la barahúnda de la guerra civil encontramos a Atanasio el 5 de enero de 1813, enviado por Baraya a nombre de la Unión para tomar el cerro de Monserrate, atalaya de Santa Fe de Bogotá, el cual se encontraba en manos de una fuerza de Cundinamarca, acción que completa con todo éxito desalojando a los defensores y tomándoles algunos prisioneros y abastecimientos. Muchas escaramuzas siguieron entre los contendientes, hasta que el día 9 de julio las tropas de la Unión deciden atacar Bogotá, siendo derrotadas y humilladas por las fuerzas de Nariño. A pesar de que Girardot desde la eminencia donde se encontraba pudo observar la batalla y la derrota, no intervino en auxilio de
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Baraya; éste le había ordenado, por medio de un mensajero, que bajase al plano al amanecer del día nueve, para incorporarse al ataque, lo que podría haber cambiado los resultados de la acción. Pero no bajó, atrincherándose en la cumbre montserratina. Pero ¿por qué no descendió a la planicie? Se conoce que el mensajero enviado por Baraya fue apresado por soldados nariñistas, los cuales los llevaron ante el Presidente, quien al darse cuenta del contenido del mensaje, elaboró otro en el cual se le ordenaba a Girardot permanecer en la altura con el objeto de impedir la retirada del enemigo, haciendo llegar el nuevo mensaje a Girardot que, engañado, cumplió cabalmente sus instrucciones que creía provenientes de Baraya. Conseguido el triunfo, Nariño le intimó rendición, pero Girardot se negó de plano; no se entregó de ninguna manera. Sin embargo, su conducta durante la batalla apareció como favorable a Cundinamarca, por lo cual es llamado con la intención de juzgarlo por no haber auxiliado a Baraya en la contienda. Se presentó en Tunja y logró justificarse con las órdenes escritas que tenía, aparentemente procedentes de Baraya: había caído en una celada, pero no por cobardía o traición. El Congreso lo justifica y lo que es más, lo encarga de la organización de la Guardia del Congreso, lo que realiza con gran éxito.

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Atanasio Girardot. Dibujo de José María Espinosa. Museo Nacional de Colombia. Bogotá.

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CAMINO DE LA GLORIA

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eis grandes combates que valen batallas, ganados en un trayecto de 1.200 kilómetros, sin un solo revés a través de dos cordilleras; cinco gruesos cuerpos de ejército que sumaban 4.500 hombres, dispersados, muertos o prisioneros o rendidos con sus armas y banderas; la captura de 50 piezas de artillería y tres grandes depósitos de guerra; la reconquista de todo el occidente de Venezuela de cordillera a mar, ligando sus operaciones con el ejército de oriente ya rescatado, y la reestructuración de la República independiente de Venezuela. Y todo con 600 hombres y en 90 días. Nunca con menos se hizo más en tan vasto espacio y en tan breve tiempo”. (Bartolomé Mitre). En el año de 1812, las tropas españolas de Monteverde ponen fin a la Primera República en Venezuela, lo que queda sellado con la caída del Castillo de Puerto Cabello, el “

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cual era defendido por Bolívar, hecho causado principalmente debido al acto del traidor Vinoni, que abrió las puertas de la fortaleza. Bolívar pudo salir a las Antillas. En Jamaica escribe la célebre Carta de Jamaica, visión premonitora de la realidad americana. De allí pasa a Cartagena, donde lanza el Manifiesto de Cartagena, explicando las razones de 1a caída de la República y se ofrece a disposición de las autoridades independentistas de la región. Estas ponen a sus órdenes un cuerpo de tropas modesto y le encargan de someter a los rebeldes de Santa Marta. Bolívar desvía la intención inicial y se lanza hacia el sur, en una fulgurante campaña de grandes éxitos que le lleva desde Cartagena a Ocaña, superando las órdenes recibidas, tomando una iniciativa personal que lo eleva en el aprecio de sus facultades militares y le abren el camino a la liberación de Venezuela en la Campaña Admirable. Veamos en las propias palabras del Libertador, cuando llegado a Ocaña informa al Congreso de la Unión por medio del secretario del mismo: “Tengo la satisfacción de participar a US que habiendo sido encargado por el Gobierno del Estado de Cartagena, de pacificar los lugares que ocupaban los enemigos en el sur de la Provincia de Santa Marta, desde la villa de Tenerife hasta la ciudad de Ocaña, he logrado poner en libertad la navegación del Magdalena, reconquistar toda la parte enemiga, derrotar completamente sus tropas, tomarle 100 prisioneros, muchos oficiales, 200 fusiles, la mayor parte de su artillería montada, 5 buques de guerra, sus pertrechos y municiones de boca y puesto en una vergonzosa fuga las
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reliquias del Guamal, Banco, Cairiguaná y Tamalameque. Bien pronto tomaré posesión de Ocaña. Todas esta operaciones se han ejecutado en el término de quince días; le suplico a US se sirva elevarlo al conocimiento de S.A.S. Dios guarde a Ud. muchos años. Cuartel del Puerto Nacional de Ocaña, enero 8 de 1813”. Estos triunfos iniciales de Bolívar cayeron como bomba en los gobiernos de la Nueva Granada. Aparecía, por fin, lo que podría ser un gran caudillo militar, capaz de reunir a su alrededor todas las posibilidades nacionales dirigidas al logro del objetivo final: la independencia definitiva. Aún no se comprendía una tan amplia posibilidad como la de la liberación de otros países a partir de una base granadina; esto era demasiado, sonaba a sueño demencial. No había ni siquiera unidad interna y el país se estremecía todavía por las heridas de la guerra civil. Locura entre locuras, con una espada de Damocles española sobre su cabeza, se enfrascaban en la pelea entre hermanos por razones nimias, cuando lo que se encuentra en juego es la propia existencia personal y de la nación. La llegada y el triunfo en la campaña del Magdalena de Simón Bolívar, fue bálsamo de esperanza, pero también empezaron a levantarse los primeros resentimientos y envidias de los que no pudieron hacer lo que Bolívar había logrado, advenedizo y todo. Uno de los primeros militares en reaccionar ante Bolívar fue el coronel Manuel Castillo, comandante de las fuerzas del Congreso en el Norte; Bolívar, prudentemente se dirige al Comandante, comprendiendo que había incursionado dentro de sus territorios sin su aquiescencia expresa;
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se coloca a sus órdenes y le ofrece colaborar con él en la liberación de los Valles de Cúcuta, previa la aprobación del Gobierno de Cartagena. Castillo, en un principio, ofrece a Bolívar el mando de las tropas combinadas y le da información sobre los hechos de la guerra civil y de la situación en Cúcuta. Pronto estas gentilezas se transforman en duras disputas. Castillo resulta ser el principal opositor al proyecto de Bolívar de iniciar una campaña a partir de Cúcuta para liberar a Venezuela. En verdad, no le faltaba razón a Castillo en el sentido de que parecía una cosa de locura pretender una operación de tal magnitud, yendo contra fuerzas absolutamente superiores, imponentemente mayores a los seiscientos hombres de que se disponía, sin contar las dificultades de los abastecimientos y del terreno, sobre todo en las primeras etapas del intento. Claro, Castillo no podía comprender ni presentir el genio de Bolívar, acompañado por la determinación de devolver a su patria sus propios destinos. La grandeza no es, muchas veces visible si la tenemos enfrente. “¿Para qué arriesgar una parte importante de las fuerzas granadinas en una acción aventurera, sin reales posibilidades de triunfo? No pueden comprender que se debilitará la nación con esta locura; debemos cuidarnos nosotros primero”; todos ellos pensaban, Castillo y otros jefes, lo que manifestarán abiertamente muy pronto. De todos modos se efectúa una acción combinada, Bolívar-Castillo sobre Cúcuta, la cual es abandonada sin mayor resistencia por las tropas del brigadier Correa, el cual se repliega hasta La Grita, en el Táchira, territorio venezolano. Bolívar está a las puertas de la fortaleza española
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al occidente de Venezuela. Su ansiada meta, su tierra prometida personal, la tiene enfrente; ahora queda avanzar y triunfar.

II
Pero hace falta el respaldo legal y moral de los gobiernos del Congreso y de Cundinamarca. Bolívar los solicita y ambos responden afirmativamente, con toda nobleza. Camilo Torres aporta tropas y elementos de guerra; Nariño entrega dinero y unos cuantos hombres. Pronto estos soldados de la libertad pondrán sus nombres en las flamas de la gloria. Vienen Joaquín de Ricaurte y Torrijos, Atanasio Girardot, Luciano D’Elhuyart, Antonio Ricaurte, Francisco de Paula Santander, Rafael Urdaneta y muchos más, quienes escribirán las páginas de la historia por venir. El Gobierno de Cartagena autoriza a Bolívar a utilizar parte de las tropas que por su disposición están bajo su comando. Así las cosas, el 27 de abril de 1813 se recibe la autorización del Congreso para iniciar la expedición, pero con alcances solamente hasta La Grita; posteriormente por protesta de Bolívar, se extiende a Mérida o Trujillo. Ya tiene Bolívar lo que quería; las acciones posteriores se regirán por ellas mismas y pronto se sacudirá el bozal geográfico que se le impone, no por limitarlo severamente, sino debido a una comprensible prudencia de los legisladores. Castillo continúa con su oposición a Bolívar, llegando a reunir en Táriba lo que llamó un Consejo de Guerra, donde él y sus oficiales se acuerdan para acusar a Bolívar ante el Congreso, por ordenar marchas sin autorización
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expresa. Todo ello enardece al brigadier Bolívar, que llega a quejarse a Camilo Torres sobre la conducta obstructiva y casi agresiva de Castillo, pidiendo su sustitución, lo que se dará más adelante, cuando ya había comenzado la campaña. Pero, regresemos de momento a Girardot. Ya hemos dicho que se encontraba entre los oficiales que se incorporan a Bolívar por los gobiernos granadinos. El coronel Joaquín Ricaurte comanda la fuerza que ha de procurar, marchando al norte, reunirse con Castillo. En esta agrupación que parte el 30 de enero de 1813, va Girardot al frente de su batallón. Toman la ruta de Pamplona y de allí descienden al amplio y fértil Valle de Cúcuta, que ya ha sido liberado, como se ha dicho, así que Ricaurte encuentra franco el camino y se incorpora al futuro conjunto invasor. Bolívar ocupa San Antonio del Táchira el 1º de marzo, donde establece su Cuartel General y dirige su primera proclama a los habitantes de Venezuela. Integrado el cuerpo recién llegado, Castillo recibe instrucciones de avanzar hacia La Grita, lo cual hace remolonamente, llevando a Girardot a la vanguardia. El día 11 se encuentran con las avanzadillas de Correa que son desalojadas por Girardot y el día 13 se produce el encuentro frontal en la llamada Angostura de La Grita. Las tropas del brigadier Correa son derrotadas y no pueden sostenerse ante el empuje del Batallón 4º de la Unión comandado por Girardot. Luego de esta acción se produce la sustitución de Castillo, el cual es reemplazado por el mayor Francisco de Paula Santander. Este último seguía fielmente la posición de Manuel Castillo, por lo que la situación siguió siendo
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más o menos la misma con respecto a esas tropas. El 16 de mayo Bolívar se reúne con las fuerzas de Urdaneta en La Grita y el 18 se sucede el incidente más grave hasta ese momento, con el mayor Santander. Este se niega a seguir la marcha en actitud de insubordinación, con la tropa ya formada, pero diezmada por las deserciones, consecuencia de la falta de disciplina y de recursos. Bolívar comprende de inmediato que se encuentra ante una inminente sublevación de la soldadesca. Ordena a Santander que marche hacia Mérida de inmediato, pero éste se niega. Hay varias versiones del incidente, pero la siguiente parece muy cercana a la realidad: Bolívar ordena: — “Mayor Santander... ¡Haga Ud. formar el batallón”! — “Santander: Señor General... está la tropa a sus órdenes, pero me permito manifestarle que estoy resuelto a solicitar mi retiro inmediato de este ejército”. Bolívar: “¿Qué dice Ud.? Marcha Ud. inmediatamente o entrega e1 mando al coronel Urdaneta. ¡No hay alternativa; o Ud. me fusila, o, positivamente yo lo fusilo a Ud.!” De esta manera Santander regresará a la relativa seguridad de Nueva Granada y a reunirse de inmediato con Castillo. Se ha producido la primera ruptura entre estos hombres, ambos, a su manera, fichas claves en la revolución y la libertad americana. De esta separación quedará abierta una herida que no sanará y que será una traba importante para el logro de la emancipación. Santander y Castillo abandonan a Bolívar, de quien piensan es temerario y presumido, pero abandonan también la oportunidad de ver de cerca el ángel de la gloria, dibujado en e1 cielo de la Patria. La acción de Bolívar asentaba su comando y ejemplarizaba, mostrando que
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no toleraría indisciplinas que pusieran en peligro la expedición libertadora. El mando se había unificado en la jefatura del general Bolívar, la disciplina salió fortalecida y el fruto fue la victoria. Correa se repliega a Bailadores y de allí a Mérida; pero no para Correa en esa ciudad, sino que sigue hasta el punto de Ponemesa, una altura situada entre Escuque y Betijoque (Trujillo), sujeto a persecución. Liberado el camino, Bolívar entra a Mérida el 23 de junio, donde recibirá una gran ayuda en dinero, armamentos y voluntarios; en esa preclara ciudad recibirá también el título de LIBERTADOR por primera vez, el cual le será nuevamente entregado en Caracas, al final de la campaña. Ya en Mérida recibió Bolívar información sobre Barinas y Trujillo y las fuerzas realistas que en ambas zonas operaban, comprendiendo que debía actuar rápidamente para evitar que ambos cuerpos armados se uniesen, tratando de batirlos separadamente; ratificó a Girardot en la Vanguardia y lo despachó hacia Trujillo, para rendir las fuerzas contrarias. Avanza Girardot con la descubierta mandada por el capitán Hermógenes Maza, la avanzada dirigida por el capitán Francisco Yánez y la vanguardia de sus batallones encabezada por el capitán Ricaurte; otro destacamento al mando del capitán Manuel Gogorza se dirigió a Niquitao, todo con el objetivo de batir al enemigo y concentrarse en Trujillo. El 3 de junio D’Elhuyart y Maza batieron una partida de Correa y procedieron de inmediato a desalojarlo de Ponemesa. Correa huyó hacia Maracaibo, despejando la ruta hacia el centro de la nación. Girardot ocupó Trujillo el 9 de
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junio, procediendo a organizar su administración civil. Sin embargo, el jefe realista Manuel Cañas se replegó a Carache, adonde lo fue a buscar Girardot. Cañas se hizo fuerte en las alturas de Agua de Obispos, ocupando una posición que le era favorable entre dos cañadas. Procedió al ataque el 18 de junio, pelea que duró más de una hora, logrando dispersar a Cañas y eliminando el último obstáculo valedero al avance patriota. Bolívar había llegado a Trujillo el 14 de junio. En esta ciudad de Trujillo, al día siguiente de su llegada, el 15 de junio de 1813, El Libertador dictará uno de los decretos más importantes y controvertidos de su vida: el de Guerra a Muerte. Este horrible manifiesto no hacía otra cosa que tratar de contener los espantosos abusos que los realistas habían cometido y cometerían contra la población civil y los militares patriotas. Era algo así como la Ley del Talión, OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE. Pero, además, tenía el objetivo de definir la nacionalidad americana en medio de una lucha mayormente fratricida, estableciendo las diferencias no solamente clasistas o raciales, todo ello confundido, fundando la idea de: españoles por un lado, por el otro americanos; éstos últimos, aún con culpa se liberarían de sanciones. Con ello los campos quedaban diferenciados, definitivamente claros en forma total e indudable. Ordenó, entonces Bolívar la campaña de Barinas, reuniéndose con Rivas y llegando a Guanare el lº de julio de 1813. Bolívar esperaba que las tropas de Tíscar se le opusiesen. (Nota curiosa: por allí, con Antonio Tiscar, se hallaba un joven sargento, que empezó su vida de aventuras siendo un voluntario realista, su nombre: José Antonio Páez.)
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Guanare fue abandonada por los realistas ante la presión de las fuerzas patriotas. El 6 de julio se ocupó la ciudad de Barinas, sin resistencia, pues Tíscar se había retirado hacia Guayana. Mientras tanto José Félix Rivas derrotaba a los realistas el 2 de julio en Niquitao y el 22 de julio derrotó al coronel José Oberto en la llanura de Los Horcones. El 26 de julio llegó Bolívar a San Carlos, por la vía de Guanare. Ya sabemos por el comienzo de nuestra relación que el coronel Julián Izquierdo, al tener conocimiento de la derrota de Oberto en Los Horcones, decidió replegarse hacia Valencia, en busca de la protección de Monteverde. Sin embargo, Monteverde le ordena regresar a San Carlos. Bolívar es informado de la presencia de Izquierdo en Tinaquillo, e inmediatamente se puso en marcha, con Girardot siempre en la vanguardia, para atacarlo. El 31 de julio se hizo contacto con las avanzadas españolas en la sabana de Pegones. Izquierdo se replegó hasta los llanos de Taguanes, donde el ejército realista fue descalabrado. Este triunfo abrió las puertas de Valencia, a la cual entró El Libertador el 2 de agosto de 1813. El día 4 de agosto Bolívar se encontraba ya en La Victoria, lugar en el cual aceptó la capitulación de las autoridades españolas. El 6 de agosto, Girardot entró en Caracas con el ejército libertador de Simón Bolívar. Ese día, luminoso para la historia nacional, finalizó con gloria la mítica Campaña Admirable. Pero todo no estaba concluido. Vendrían días muy aciagos y la Segunda República, instaurada por Bolívar en esta increíble campaña, caerá bajo los cascos de la caballería de un tendero transformado en belicoso guerrero, vio70

lento y terrible, cuyo nombre será temido, odiado y, en el fondo respetado, por todo el pueblo de Venezuela. Pero eso es otra historia. Preferimos quedarnos en Caracas ese brillante 6 de agosto de 1813. Seguirá luego el nuevo intento de Monteverde para tomar la iniciativa, ya que se había quedado encerrado en la fortaleza de Puerto Cabello. Pero esta historia ya se ha contado. Las cintas del destino se van entrelazando hasta constituirse en unas serpientes, que como en la figura conocida se van comiendo desde la cola cada una. Girardot, Urdaneta, D’Elhuyart, Maza, Ortega, Ricaurte y demás, regresan en campaña contra Domingo Monteverde en Puerto Cabello, quien no parece demasiado impresionado por los triunfos de la Campaña Admirable, que de paso, él no sabrá nunca que se le llamará de esta manera. Regresa el vencedor del Bajo Palacé y de tantos encuentros. Lo que no sabe el joven Coronel, ignora del todo, es la presencia de la muerte, la cual lo ha venido siguiendo pacientemente, ahora recostada indolente en las roqueñas cuestas de Bárbula en la forma de una bala perdida. Pero el héroe no estaba acostumbrado a la derrota, por lo que su sangre, transformada en torrente, saltó sobre las piedras de la pendiente, llegó al plano y siguió corriendo hacia Naguanagua y al sur, manchando de amor patrio al Orinoco; fluyó hacia Las Trincheras y Puerto Cabello en el Norte tiñendo de púrpura el Caribe, mientras la cuenca del Río Padre se enriqueció de esperanza. De allí brotará de nuevo en la semilla que tantos como él sembraran, alimentándose con esas sangres la Patria en Angostura, Gámeza, Pantano de Vargas, Boyacá, Las Queseras,
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Carabobo, el Congreso Admirable, Bomboná, Pichincha, Junín, Ayacucho, Maracaibo y de combates sin número para la grandeza. Una fuente brotó de sus heridas, manantiales de gloria, que alimentará la vida de mil generaciones. Por cierto que una leyenda carabobeña asegura que la noche del 29 de septiembre, víspera de la batalla de Bárbula, algunos oficiales, entre ellos Girardot, se detuvieron durante un rato en una pequeña posada o mesón que existía en la parte norte de Naguanagua y a la salida del pueblo. Allí la hija de la dueña, hermosa joven de mucha gracia y de agradable trato, bromeó un poco con los jóvenes militares. Cuando éstos salían hacia sus puestos, la joven tomó una rosa del incipiente jardín y mostrándola a los jóvenes les dijo: — “Esta flor será mañana para el que de Uds. haya sido el más valiente”. Al final de la batalla los soldados regresaban, trayendo en parihuela el cuerpo exánime de Atanasio Girardot; la joven esperaba y al pasar el grupo frente a la posada, ella colocó la flor en el pecho del muchacho sacrificado. Cierto o incierto, no pude resistir la tentación de traer a estas páginas tan tierna y conmovedora historia.

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Plaza Girardot. Maracay - Estado Aragua.

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RAZA DE MÁRTIRES

I
a familia Girardot semeja un caso, si no úni co, muy impresionante en la vida por la lucha republicana e independiente de la América española y, tal vez, de la vida social de cualquier pueblo. En efecto, el padre fundador del grupo familiar Luis Girardot, francés de origen, naturalizado español y entregado a la revolución liberadora y sus tres hijos varones, murieron todos en la defensa absoluta de la libertad. Ya hemos conocido sobre los tiempos de Luis Girardot antes y después de su llegada a América. No los repetiremos. Interesa sí, saber que cuando se sucede en Bogotá el grito del 20 de julio de 1810, iniciador del proceso de liberación, empieza una nueva etapa en su vida, 1a cual va a rendir, precisamente por esa circunstancia. Peligroso para

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un ciudadano de origen francés, se pronunció de inmediato por la independencia, siendo el primer ciudadano de origen extranjero (no era español ni americano) que se ofreció a servir a la primera Junta de Gobierno. En atención a lo anterior, debe entenderse que hubo muchas personas que no comprendieron, de principio, la actitud de Luis Girardot. Aprovechándose de algunas circunstancias favorables, un poetilla, realista de corazón, escribió para hacer burla de muchos patriotas, que a su parecer eran unos simples tontos. A Luis Girardot le dedica versos como los siguientes: Es Girardot, por el aire que allá en Francia respiró, un compendio del Rusó y Volter o sea Voltaire; Dice con tosco donaire “Que tiene muchos novicios” Y en verdad que estos patricios, con negras ingratitudes Dejan hispanas virtudes Por tomar gálicos vicios. He nombrado a este extranjero, Por que aunque no es patriota, Embarcado en esta flota va en ella de pasajero; Y así mismo considero Que el modo de pensar Y en el de representar
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Libertinos entremeses los criollos y los franceses se pueden equiparar. Pacho Urdaneta es un pillo Ya de Girardot es yerno Y con su influjo paterno Es pillo a macha y martillo; El suegro como a un chiquillo De las francesas traiciones, Le embutió las instrucciones, y el yerno salió tan diestro al lado de tal maestro que le puede dar lecciones. Así se presentaba la situación independentista. Algunos ciudadanos no compartían los ideales independentistas, acostumbrados por tradición a la dependencia de la metrópoli, partidarios de otra posición. Todos eran hermanos, pero las pasiones del siglo los separarían. Los Girardot permanecieron unidos en sus principios y así lo seguirán, puesto que todos entregaron sus vidas para que nosotros, ahora, la tengamos. Esta familia Girardot finalizará entregándose al sacrificio; todos ellos perecerán en razón de la Patria y el propio padre será sacrificado también debido a su amor por la libertad y mientras la buscaba.

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II
El primero en desaparecer, fue el hijo Manuel Atanasio, aquel que fuera incorporado a la expedición bolivariana para la liberación de Venezuela en 1813, como ya se ha indicado. El Libertador consideró necesario rendir homenaje a la figura desaparecida de Atanasio Girardot, promulgando una ley, llamada Ley de Honores, el 30 de septiembre de 1813, la cual dice: “El Coronel ATANASIO GIRARDOT ha muerto en este día en los campos del honor. Las Repúblicas de Nueva Granada y Venezuela le deben en gran parte la gloria que cubre sus armas y la libertad de nuestro suelo. Vencedor de un tirano formidable, llevó por primera vez el estandarte de la independencia, bajo las órdenes del General Baraya, a la oprimida Popayán. Las circunstancias especiales de esta batalla memorable la harán interesante no solo en el mundo americano sino a los guerreros valientes de todas partes de la tierra. El joven Girardot osó aguardar al ejército enemigo en número de 200 contra 75 soldados, en el puente del río Palacé. Tacón, el tirano de Popayán, no dudaba subyugar con aquellas fuerzas el extenso país de la Nueva Granada. Destinó 700 hombres para desalojar a los defensores del puente, pero el nuevo Leonidas resolvió perecer antes con sus dig78

nos soldados que ceder un punto al poder del enemigo. La fortuna preservó su suerte de la desgracia de sus soldados que fueron muertos o heridos, y la victoria más completa premió su esforzado valor y virtud. Más de 200 cadáveres enemigos regaron con su sangre aquel campo célebre, para consagrar con caracteres terribles un monumento propio al genio guerrero del héroe. Hasta entonces la Nueva Granada no había visto un peligro mayor para su libertad recientemente adquirida, y las consecuencias del triunfo de Girardot salvaron a un tiempo a su patria de la esclavitud y del exterminio con la que amenazaba el tirano”. “En la actual campaña de Venezuela, la audacia y el talento militar de Girardot han unido constantemente la victoria a las banderas que mandaba. Las provincias de Trujillo, Mérida, Barinas y Caracas, que perecían bajo el cuchillo o gemían bajo las cadenas respiran libres y aseguradas por los esfuerzos con que él ha cooperado bajo las órdenes de los jefes de la Unión. Le han visto buscar en estos campos a los ejércitos opresores, vencerlos intrépidamente desafiando la muerte por libertar a Venezuela”. “Hoy volaba a sacrificarse por ella sobre las cumbres de Bárbula, y al momento
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que consiguió al triunfo más decidido, terminó por siempre su carrera”. “Siendo por lo tanto el Coronel Atanasio Girardot a quien muy principalmente debe la República de Venezuela su restablecimiento y la Nueva Granada sus victorias más importantes, para consagrar en los anales de la América la gratitud del suelo venezolano a uno de sus libertadores, he resuelto lo siguiente: “1º.- El 30 de septiembre será un día aciago para la República, a pesar de la gloria con que se han cubierto las armas en este mismo día, y se hará siempre un aniversario fúnebre, que será un día de luto para los venezolanos. 2º.- Todos los venezolanos llevarán un mes consecutivo de luto por la muerte del Coronel Girardot. 3º.- Su corazón será llevado en triunfo a la capital de Caracas, donde se hará la recepción de los libertadores, y se depositará en un mausoleo que se erigirá en la Catedral Metropolitana. 4º.- Sus huesos serán transportados a su país nativo, la ciudad de Antioquia, en la Nueva Granada. 5º.- El Batallón lº de Líneas, instrumento de sus glorias, se titulará en lo futuro Batallón Girardot. 6º.- El nombre de este benemérito ciuda80

dano se inscribirá en todos los registros públicos de las municipalidades de Venezuela, como primer bienhechor de la Patria. 7º.- La familia de Girardot disfrutará por toda su posteridad de los sueldos que gozaba este mártir de la Libertad de Venezuela, y de las demás gracias y preeminencias que debe erigir el reconocimiento de este gobierno. 8º.- Se tendrá esta como una ley general, y se cumplirá inviolablemente en todas las provincias de Venezuela. 9º.- Se imprimirá, publicará y circulará para que llegue al conocimiento de todos sus habitantes. Dada en el Cuartel General de Valencia, a 30 de septiembre de 1813, octavo de la independencia, y primero de la guerra a muerte. Firmada de mi mano, sellado con el sello provisional de la República y refrendada por el secretario de Estado”. Simón Bolívar Secretario de Estado Antonio Muñoz Tébar Gaceta de Caracas Nº 8, jueves 14 de octubre de 1813. Por su parte e1 Presidente del Congreso se dirige al Padre en una hermosa carta, que sin transcribirla completa dice:
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“... El 30 de septiembre, completando la derrota del pérfido enemigo y al mismo tiempo su gloriosa carrera, ha dejado de existir para vos, o mas bien para la Patria, para quien únicamente vivió siempre, el Coronel de la Unión, vuestro hijo, Atanasio Girardot. Ella no olvidará nunca su nombre inmortal, que se repetirá con frecuencia en las páginas de nuestra historia, para honor de la Nueva Granada que le dio el ser, y para gloria de Venezuela, a quien ha conquistado su libertad. Las lágrimas de ambas bañarán abundantemente sus cenizas, y cuantos se interesen en la destrucción de los tiranos, llorarán su muerte temprana. El vive y vivirá siempre en el grato recuerdo de la posteridad...” Tunja noviembre 13 de 1813. El dolorido padre le contesta: “El citado mi hijo corrió con buen ánimo a los peligros, buscó las balas y bayonetas enemigas, y ha terminado la vida en defensa de la Patria. Cumplió con su deber sacrificando hasta sus últimos alientos en la lucha de la libertad y del honor; quiera el cielo que de su sepulcro broten ejércitos enteros, que acaben de consumar la obra de la redención total de Venezuela, y de nuestra absoluta independen82

cia del más cruel e injusto de los gobiernos. Bárbaros españoles que me han arrebatado a mi hijo querido, cuya edad no alcanzaba los 23 años. Ojalá tuviera yo otro capaz de tomar las armas, que en el momento volara a vengar la muerte del hermano; pero siendo muy pequeño, el único varón que me queda, yo iré personalmente bajo las órdenes del General de la Unión, si V. E. así lo dispone, y admite mi sincero ofrecimiento, recibiendo en ese caso el Congreso bajo su amparo y protección (aunque nada necesitan) a mi mujer e hijas”. Santafé, 27 de noviembre de 1813. Con la mayor hidalguía, Torres le contesta: “Vuestra carta del 27 de noviembre ha excitado nuevamente la sensibilidad del Congreso y del Poder Ejecutivo de la Unión. Habéis cumplido con la patria dándole lo más precioso que teníais en vuestra familia. Guardad vuestros días para ella, pues vuestra edad os pide descansar. Pero tened entendido que sin el nuevo sacrificio que ofrecéis de vuestra persona, vuestra familia, querida ya de la patria, quedará desde este momento bajo la protección del Congreso, que quizá algún día no será vana”. Tunja Nov. 4 1813
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Bolívar también escribe a Luis Girardot, cuya carta transcribimos: Valencia 5 de octubre de 1813 Ciudadano Luis Girardot. “Temería causarle a U. el más acerbo dolor participándole la muerte de su ilustre hijo, si no estuviera persuadido que más aprecia U. la gloria que cubre las grandes acciones de su vida, que una frágil existencia. Es verdad que la vida del Coronel Atanasio Girardot, mientras más se hubiera prolongado, más timbres hubiera añadido a su gloria, y más beneficios a la libertad de la Patria. Su pérdida es de aquellas que eternamente deben llorarse. Pero la causa sagrada por la que ha perecido debe un tanto suspender el dolor, para pensar en sus grandes hechos, y en el respeto que se debe a sus cenizas inmortales. Ellas vivirán en el corazón de todos los americanos, mientras el amor nacional sea la ley de sus sentimientos, y mientras la sólida gloria tenga atractivo para las almas nobles. La carrera de Girardot y su muerte excitará, aún en la posteridad más remota, la emulación de cuantos aspiren al precio del valor, y sientan en sus pechos el fuego divino con que buscó, la gloria propia, y la de su amada Patria.
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Las armas americanas deben honrarse de que haya militado en ellas el virtuoso Girardot, y la causa de la libertad por la que los hombres más grandes de la Tierra han combatido, nunca ha sido sostenida con más honor que en los campos famosos donde Girardot la ha hecho triunfar de los tiranos. Los españoles que constantemente venció, siempre temerán la espada que castigó sus perfidias, y puso un borrón indeleble a sus almas. El nombre de Girardot será funesto a cuantos tiranos oprimen la humanidad, y sus virtudes republicanas le colocan dentro de los nombres ilustres de Bruto y Scévola. Venezuela se ha cubierto de un luto espontáneo por la muerte del libertador y el dolor amargo que oprime sus corazones no ha dejado pintar las ventajas de la última interesante victoria que proporcionó a la República. El gobierno, ligado por las obligaciones más sagradas a ese benemérito jefe, le ha decretado por ley los primeros honores que pueden honrar la memoria de un mortal: y como comprende a U. y a toda su posteridad la disposición del artículo séptimo, la pongo en su noticia para que se sirva librar contra las cajas nacionales de Venezuela, a efecto de percibir los sueldos que pertenecían al Coronel Atanasio Girardot”.
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Dios guarde a U. muchos años, Simón Bolívar Secretario de Hacienda, Antonio Muñoz Tébar

III
Girardot fue sepultado en la Iglesia Matriz de Valencia, conocida en el presente como Basílica Menor de Nuestra Señora del Socorro, tal como se indica en la partida de defunción. Hoy día se ha perdido el sitió exacto donde reposan sus restos. Dos versiones tratan de explicar esta desaparición, pues una placa señalaba el lugar: se dice que ante la inminencia de que la ciudad cayera en manos de Boves, tal como sucedió, un grupo de patriotas resolvió retirar la placa, para impedir su profanación por las salvajes huestes del asturiano; otra nos dice que durante la refacción del templo, que se realizara por orden de Pablo Morillo, el Pacificador, intencionalmente o por descuido la placa fue desalojada y nunca se restituyó; sea cual sea la verdad los restos no se han encontrado, pero de seguro se sabe que dentro del recinto catedralicio de Valencia, las cenizas del héroe vigilan la libertad de la patria. El cuerpo de Girardot se encuentra en el templo valenciano, pero no su corazón, el cual de acuerdo al decreto de El Libertador en su numeral 3º, fue extraído del cadáver y llevado en triunfo a Caracas, para ser depositado en la Catedral Metropolitana en un monumento especial, monumento que no llegó a construirse. Igualmente que su cuer86

po, el corazón sufrió, por razones similares, igual destino. Nadie ha sabido dónde se encuentra la preciosa reliquia hasta el día de hoy. La historia del corazón de Girardot no termina aquí, puesto que con la ocupación de Caracas por José Tomás Boves, éste se preocupó por la destrucción de la reliquia, exigiendo su entrega por parte del Arzobispo Narciso Coll y Prat. El prelado le explicó a Boves las dificultades canónicas a este tipo de acción y el asturiano pareció comprender; pero su Lugarteniente y en su ausencia de Caracas, exigió nuevamente al obispo la entrega de víscera, en los siguientes términos: Ilmo. y Rvmo. Señor Arzobispo. Mañana a las 10 entregará V. S. el corazón del traidor Girardot en la Puerta Mayor de la Santa Iglesia Metropolitana, donde impunemente se haya (sic) colocado, al verdugo y acompañamiento que tengo dispuesto para recibirlo y darle el destino que merece. Para satisfacción del público conviene que en el acto de la entrega se sirva V. S. manifestar a los espectadores con aquella influencia y energía que le es característica, y el caso exige, lo escandaloso de aquel hecho incompatible con la inmunidad del Santuario y que sólo podía haber permitido V. S. I. a la fuerza y temeridad del monstruo Bolívar.

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Dios guarde a V. S. I. Muchos años. Caracas, agosto 2 de 1814 Juan Nepomuceno Quero El Arzobispo Coll y Prat era un hombre muy prudente. Al notificarle Bolívar la Ley de Honores, accedió de inmediato y por escrito al dispositivo de la misma y notificó a todos los curas párrocos del trayecto entre Valencia y Caracas, para que fueran recibiendo el corazón “con capa, cruz y clero” y lo esperó él mismo con gran cortejo del “clero Secular y Regular” y lo llevó a la Catedral. Al llegar los realistas de Rosete se negó a entregar la reliquia por ser despojo de cristiano. Lo mismo le dirá a Boves y ahora a Quero, como se transcribirá. Pero lo curioso es el pensar si era todo tan cierto y canónico, pues en otro escrito posterior del Prelado explica que tuvo que ceder ante Bolívar pues no tenía otro remedio, tildándolo con palabras bastante gruesas. Otras consejas dicen que el Arzobispo guardaba el corazón en el envase que le fuera entregado y en su propio armario o escaparate, como una especie de seguro. Con los realistas, el argumento de la sacralidad e inviolabilidad del templo, que los españoles no podían quebrantar sin desmentirse a sí mismos, era evidentemente decisivo: no se atreverían a violar el templo; pero, por aquello de que las cosas pueden cambiar, allí estaba el corazón. Nunca se sabe lo que puede pasar. Tal vez regresen los patriotas y el “monstruo Bolívar”, quien al saber que se había perdido el corazón, podría ponerse realmente “monstruoso”. De todos modos se extravió el corazón en los avatares de la guerra y de la propia vida y muerte de Coll y Prat.
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En fin, el Arzobispo contesta al conminante Quero: “Señor Gobernador Militar de Caracas, Don Juan Nepomuceno Quero. En contestación al oficio de V. S. del día de ayer, que las doce y cuarto de éste acabo de recibir, relativo a que mañana a las 10 entregue yo el corazón del difunto ‘Girardot en la Puerta Mayor de la Santa Iglesia Metropolitana, donde se supone colocado, al verdugo y acompañamiento que V. S. tiene dispuesto para recibirlo, y darle el destino que merece: para que en el acto de entrega manifieste ya para satisfacción del público a los espectadores con aquella influencia y energía que el caso exige, lo escandaloso de aquel hecho incompatible con la inmunidad del santuario, y que sólo podía yo permitido a la fuerza y temeridad del monstruo Bolívar’, debo cerciorar a V. S., como lo hago con la presente, de que esta misma solicitud fue confidencialmente insinuada a mí por el Señor Comandante General Don José Tomás Boves en el día mismo de su gloriosa entrada en esta ciudad 16 de julio último y que habiéndome oído con alguna atención me parece haberle dejado aquietado: que la misma ocurrencia tengo ya dado parte a su Real Majestad, el señor Don Fernando VII (que Dios guarde) en representación del 25
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del mismo mes; y no viniendo su real representación me será imposible y oneroso condescender a la menor innovación: que el expresado corazón fue ya sacado de mi orden al momento que hubo fugado Bolívar, detrás del altar mayor donde estaba dentro de un arca vieja entre ruinas del terremoto y que había sido trasladado y enterrado en una de las esquinas de la cárcel eclesiástica situada en el cerco e inmediación al cementerio de la Catedral; y que para mandar yo ahora sacarle de este santo lugar se necesitaba hacer una justificación con audiencia fiscal superior tal vez a lo que con verdad se puede atribuir al mismo difunto por haber él fallecido en el gremio de la Iglesia Militante, como bautizó en su infancia, haber sido confesado y absuelto por Presbítero aprobado, in artículo mortis, y no haber procedido, como se requiere, declaración canónica, de estar segregado en forma de la comunión de los fieles, o privado de sepultura eclesiástica”. No se pretende hacer mofa alguna, pero se puede deducir lo que el seguramente ignorante y militar improvisado del Juan Nepomuceno Quero entendería de esta carta del sagaz Arzobispo. Estaba, como se ve claramente por medio, nada menos que al Rey Fernando VII, el que debía ocuparse de su propia corona tan humillada y tan entregada
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a Napoleón por su padre. Por otra parte hay que darse cuenta de las inmensas dificultades canónicas y hasta físicas que alega el Prelado, verdaderamente impresionantes. Esta forma de hacer las cosas recuerda a Diógenes el Cínico. Si el Obispo hubiera querido acceder a las peticiones de Rosete, de Boves o de Quero, se hubiera todo llevado a cabo haciéndose la vista gorda, sin mayores inconvenientes. ¿Pero si regresara e1 monstruo? Prueba de lo que se manifiesta es la carta que el tal Juan Nepomuceno Quero dirige al Prelado caraqueño aceptando sus argumentos, que solamente por curiosidad se transcribirá: “Ilmo. y Rvmo. Señor Arzobispo. En virtud del oficio de V. S. I. que acabo de recibir por el cual quedo orientado de todo lo ocurrido con respecto al corazón del difunto Girardot y en vista de las interesantes reflexiones que se sirve V. S. I. ofrecer a mi consideración desde luego convengo en un todo con la madura y discreta disposición que ha tomado en este asunto. Dios guarde V. S. I. muchos años, Caracas, 4 de agosto de 1814. Juan Nepomuceno Quero Mejor no meterse en este asunto, no rendirá fruto y menos con la Iglesia, que hace las cosas a su modo; se ha enfrentado a Rosete, Boves, Quero y hasta con Bolívar. Quero no tendrá el corazón de Girardot. No pudieron fusilarlo
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después de muerto, como era la intención y el mancillamiento asqueroso se frustró. Quero no tendrá el corazón de Girardot. Con la Iglesia hemos topado Sancho. En algún lado de lo que hoy se conoce como Museo Sacro de Caracas, al lado de la Catedral, frente a la Plaza Bolívar, se encuentra el corazón de Girardot, que todavía palpita de amor patriótico.

IV
El segundo en partir hacia la eternidad fue el hijo de don Luis: Pedro Girardot, hijo ilegítimo habido probablemente en la tunjana Larrota. E1 propio Luis lo menciona en su testamento como hijo suyo y por tal era tenido y reconocido por la sociedad. Pedro se alistó primero en el llamado Batallón de Milicias; posteriormente se trasladó al Regimiento de Voluntarios Patriotas. Estuvo presente con valentía en la acción del Alto de la Virgen de Ventaquemada, donde Nariño es derrotado, con graves pérdidas militares y morales. También lucho en la defensa de Santa Fe contra Baraya, triunfo de Nariño, que ya se ha relatado en su oportunidad, acción que presenció su hermano Atanasio. En 1814 fue ascendido a Teniente y salió con Nariño en la expedición contra el sur, habiendo luchado en los encuentros del Alto Palacé y Calibío. El 29 de abril de 1814, lo encontramos en la batalla de Juanambú, que pretendía forzar el paso del puente del mismo nombre; allí el destino le arrebató la vida. El parte de Nariño dice:

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“...Al pie de esta trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del capitán Isaac Calvo y del subteniente Pedro Girardot. Los ojos se humedecen al contemplar los semblantes de estos valerosos republicanos que parece están todavía sonriéndose de la misma muerte”. Otra entrega más del ilustre anciano y su familia por la libertad.

V
Luego de las derrotas sufridas ante Boves, Bolívar regresa a Santa Fe a donde llega el lº de enero de 1815. Viene a rehacer lo perdido y pronto regresará a Venezuela para continuar la guerra. Durante esta estadía en Bogotá se presenta ante él don Luis Girardot, el cual le ofrece sus servicios personales, después de haber perdido dos hijos en la contienda. Trae consigo a su vástago menor, Miguel, de apenas doce años con quien pretende suplir las pérdidas tan dolorosas. Pero Bolívar, que se da cuenta del terrible ofrecimiento, no le acepta sus servicios, pero para darle satisfacción enrola a Miguel con el grado de subteniente y lo destina al Batallón Barlovento. Bolívar sale de Bogotá para después de muchas peripecias concluir en la expedición de los Cayos de San Luis, en la cual recibe la ayuda generosa y amplia del Presidente Petión de Haití. Desembarca primero en Margarita y después de ser reconocido como Jefe máximo, sigue hasta
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Ocumare de la Costa. De combate en combate, muchas veces con desesperación, se produce la Batalla de Calabozo contra las tropas de Morillo. Bolívar sigue hacia el norte, enfrentándose nuevamente con las tropas expedicionarias de Pablo Morillo en la población de El Sombrero, Guárico. Los españoles lo esperaban en posiciones ventajosas, pero Bolívar ordena el ataque el 15 de febrero de 1815. El joven Miguel Girardot, quien salió de Nueva Granada con Bolívar y viene con él desde Los Cayos, era plaza en los Batallones de Honor, que forman el frente de ataque. El combate fue de excepcional violencia y por parte de los patriotas hay más de 80 bajas fatales, entre ellas la de un joven que jugaba a hombre, 1a de un niño que jugaba a soldado, de apenas quince años... ¿Su nombre?... pues Miguel Girardot, la última ofrenda de aquel francés que se vino de París a llenar de tumbas de amor esta lejana tierra.

VI
Ya no queda de esta recia estirpe sino Luis Girardot, el padre. Para el año de 1816, las huestes de El Pacificador, Pablo Morillo, habían llegado a tierra firme con el encargo de sepultar la insurrección independentista, hacían estragos en Nueva Granada. Los patriotas debieron forzosamente retirarse a las llanuras orientales y con ellos ya don Luis, cargado de años y dignidad. La vida se le va a hacer corta en medio del mar interminable de las planicies salvajes, indomables y crueles, para ese entonces plagadas de bandidos y desertores de toda calaña. No pudo tener don Luis la dicha
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de morir en manos de las tropas realistas de El Pacificador, sino que viene a caer en la embestida canalla del bandidaje desatado, que troncha esta existencia ejemplar por la ambición de las pocas monedas que el anciano pudiera poseer, precio absurdo que siempre se ha pagado por las mejores vidas de la humanidad, valor asaltado en este destierro y huida en Casanare. Su familia, doña Josefa Díaz y sus hijas fueron también desterradas por el cruel emisario de la corona y confiscados sus bienes, quedando en la más abyecta miseria. Nada perdonó la muerte o el dolor en esta casta de seres, destinados al sacrificio, a la entrega y a la gloria.

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NOTA FINAL

No se debe cerrar este trabajo, humilde pero sincero, sin mencionar los epitafios que el poeta neogranadino José Fernández Madrid redactara en los funerales celebrados el 19 de octubre de 1813 por el Congreso de las Provincias Unidas.

Epitafios
Aquí yace el terror de los tiranos, ¡El bravo Girardot! ...si estos renglones borra el tiempo y el llanto, americanos su nombre existe en vuestros corazones. Girardot aquí se halla sepultado; Vivió para su Patria un solo instante, Vivió para su gloria demasiado;
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Y siempre vencedor, murió triunfante. Sigue el heroico ejemplo que te ha dado. Mientras haya tiranos, caminante; Pero si libre América reposa, Detente y baña en lágrimas su loza.

FIN

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ANEXOS

Himno del Municipio Naguanagua
Letra y Música: José Giménez Ortega

La noble brisa de tus filas protectoras es fiel testigo, sempiterno en su rumor como sustento cristalino en la memoria del tricolor de una nueva humanidad; y el dulce aliento de la voz inspiradora nos envolvió con la luz y la razón al resonar, cual vibrante torbellino, el eco que al fin nos forjó libertad.

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I
Siendo el agua el origen de tu epónimo y el aire y la tierra, tu dulzor, de los cielos colmados de tisú fue el buen Dios quien sembró tu valor. En tu vientre rebozan tus savias tan cálidas que desbordan llevándolas al mar; con la tez de sínople resplandor brota en tu piel el signo de feracidad.

II
Naguanagua, con calma Caribe de una estirpe que el cielo prodigó cual Cacique en concilio patriarcal en un pueblo a dos mundos unió. Los confines se nutren de tus hijos cándidos, que con musa de orfebre creador van sirviendo a la patria con tesón para ofrendar y merecer nuestra lealtad.

III
En tu nombre Divina Providencia se encomiendan tus fieles en unión, en plegarias de un pueblo que con fe va al encuentro de tu protección. La sabana de flores de pétalo púrpura fue la cuna del seo que albergó

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a Begoña anhiesta majestad, ¡Reina de Paz, de devoción, Reina de amor!

IV
Tu colina es la esencia de tu Gloria entregando su vida Girardot, con la insignia que un céfiro elevó, con una flama de honor despertó en tu valle un crisol que despeja las sombras, con valor y visión universal convirtió tu futuro en esplandor ¡tierra de fe, tierra de luz, tierra de paz!

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Tercera Estrofa del Himno Nacional de Colombia
Letra: Rafael Núñez Música: Oreste Sindici

Del Orinoco el cauce se colma de despojos; de sangre y llanto un río se mira allí correr. En Bárbula no saben las almas ni los ojos si admiración o espanto sentir o padecer

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Retrato Ecuestre de Bolívar, París 1888. Arturo Michelena – Valencia 1863 – Caracas 1898. Artes Visuales / Pintura de Caballete - Óleo sobre tela - 305 cm x 211cm. Actualmente ubicado en el Salón Bolívar del Capitolio de Valencia 103

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Luis Girardot

Atanasio Girardot

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Escudo del Municipio Girardot en Maracay, estado Aragua - Venezuela.

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1929. El 24 de julio, se llevó a efecto la inauguración del busto de bronce del coronel Atanasio Girardot, en Bárbula. El solemne acto estuvo presidido por el Secretario General de Gobierno, Dr. Ramón E. Vargas. Lo acompañaron en esta patriótica jornada el Dr. Eduardo Zuleta y el coronel Dousbebés, Ministro y Agregado Militar, respectivamente, de la República de Colombia en nuestro país, al igual que autoridades militares, civiles y eclesiásticas del Estado. 1930. En diciembre de este año, con motivo del Centenario de la Muerte del Libertador, y por disposición del Ejecutivo Regional, se prosedió a trasladar el busto de Girardot de Bárbula para Valencia, y en su lugar fue colocada una estatua pedestre, la cual corona hoy la cima de la histórica colina de Bárbula.

Alcántara, Armando. (2000) Naguanagua, un poblado cercano. Publicaciones de la Alcaldía de Naguanagua.

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BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Alcántara B., Armando. 2000. Naguanagua, un poblado cercano. Publicaciones de la Alcaldía de Naguanagua. Arquivo Histórico de la Curia Arzobispal de Valencia. Bernal B., Vicente 1965. Atanasio Girardot, El Coronel Abanderado. Casa de la Cultura de Aragua. Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Julio-Septiembre, 1947. Nº 119. Diccionario de Historia de Venezuela. 1988. Fundación Polar. Documentos sobre la Vida del Libertador Simón Bolívar. Gazeta de Caracas. 1813. Morón, Guillermo. 1958. Historia de Venezuela. ARO Artes Gráficas. Caracas.
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ÍNDICE

Agradecimiento del Editor ....................................................... 7 Presentación ........................................................................... 11 Introducción ........................................................................... 15 La Danza de la Muerte ........................................................... 21 El Bautismo de Fuego............................................................ 35 La Sangre de la Libertad ........................................................ 43 Para la Vida ............................................................................ 53 Camino de la Gloria ............................................................... 61 Raza de Mártires .................................................................... 75

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Nota Final .............................................................................. 97 Epitafios .......................................................................... 97 Anexos ................................................................................... 99 Himno del Municipio Naguanagua ................................. 99 Tercera Estrofa del Himno Nacional de Colombia ....... 102 Bibliografía Consultada ........................................................ 111

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Atanasio Girardot Prócer de dos Patrias, de Ezeqiel Vivas Terán se terminó de imprimir en el mes de agosto de 2007 en los Talleres de Corporación ASM, C.A. Caracas - Venezuela.

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