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MAl1111W JOI1NSONes profesor

do Anur eotogta en la Univer sidad de
Ilurham. Ha ejerci do en las Universidades
de Sheffield y SI. David en Lampet er.
Aclualrnente se dedi ca a la arqueol ogía
nuxlieval. fundamental ment e cast illos
do la baj a Edad Media en Ingl aterra.
Otros títulos de la colección:
José Fernández Arenas
Introducción a la conservación
del patrimonio y técnicas ar tísticas
Josep Ball art
El patrimonio hi st órico y arqueológico:
valor y uso
Emili o Cabrera
Historin de Bizancio
lgnacl n Bar andiarán, Bern at Marlí ,
Mmía ÍI . del Rincón, José Lui s Maya
Prehi storia de la Península Ibéri ca
Manuel Ant oni o Castiñeiras González
Introducción al método iconográfico
11mr y Lord y Gail Dexter Lord
M illlllill rl o J;vstión de museos
Jllill' I llOil . Jos l, Alherlo lIilchill or,
1,11 11 ' ,100 Cil '. I. o y JOilll lllll 1. 01llhil
NI "'IOIJ""; tll' 1,''''lJoIO¡ :liJ V1/1
"IJ I ', t'l w iltll /, /
Teoría
arqueológica
Arie!
ArielHistoria
Matthew Johnson
Teoría
arqueológica
Una introducción
EditorialAriel, 8.A
Barcelona
Diseño cubierta: Nacho Soriano
Titulo origi nal:
Arcnacotogica! Thearv. Anlntroduction
lD 2000: Matthcw Johnson
Traducción de
JOSEl' B.\ l L \ RT
l o' edición: junio 2000
Derechos exclusivos de edición cu español
reservados para todo el rnumlo
y propiedad J.;: la traducción:
ID 2000: Editorial Aricl. S. A.
Provencn. 260 - 0800S Barcelona
ISBN: 84-.144-6623- 6
Depósito legal: B. 22 6Ji - 2000
Impresoen España
Nmguna parte de esta publicación. incluido el diseño
de la cubiert a. puede ser reproducida. alma cenada Ounn snutid a
<.:11 manera alguna ni por ningún medio, ya sea eíécwico.
químico, mecánico, optl co. tic gr:l.bción o de fotocopi a.
sin permiso previo del editor.
Para Jo que aprendió a apreciar la teoría
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
Quisiera agradecer a Editorial Ariel por su traducción al espa-
1101 de Teoria Arqueológica, y por ofreccrnlc la oportunidad de diri
girrnc a una audiencia mucho 111ás extensa.
Cuando recibí la noticia de que Editorial Aríel estaba íntere-
sada en traducir mi libro, lo volví a leer pensando en el público es-
pañol y Iatinoamer-icnno l'vIc sorprendió cornprobnr que mientras
que las inquierudcs que reflejaba respondían a las preocupaciones
de! conjunto del pensamiento arqueológico, e! lenguaje utilizado y
los ejemplos dados se circunscribían al espacio angloamericano
Ello es debido en parte a la forma como se concibió el libro. Cuan-
do empecé el trabajo, I11i intención era realizar una introducción a
la teoría arqueológica desde las islas, destinada al lector británico.
NIi editor acertadamente lTIC persuadió ele que abandonara una
perspectiva tan limitada y procurara ampliar e! alcance del libro
con el fin de cubrir también las aportaciones y puntos de vista de
la arqueología norteamericana.
La bibliografía que se incluye al final da cuenta de la existencia
de los 11115n105 fundall1entos teoréticos entre la arqueología españo-
la, la latinoanlericana y las demás tradiciones. En los últimos a110S
se ha insistido en la necesidad de alentar perspectivas «europeas»
y «mundiales» C0111UneS en el pensamiento arqueológico. Por 111i
parte apruebo este punto de vista y espero que vaya a más. Sin ern
bargo, existe una cierta tensión entre el deseo de ser «globai» y la
necesidad dc ser sensible a las realidades locales y sus tradiciones.
Muchos de nosotros enfatizamos la necesidad de comprender de-
terminados contextos culturales específicos en el pasado antes de
procurar establecer generalizaciones; cosa que es tan cierta con
respecto al análisis de la arqueología en el presente, como con res-
6
TEORÍA ARQUEOLÓGJCA. UNA INTROIHJCUÚN
J'I{O!,O{;() A l.A FIHU()N 1':SI'A:'\OLA 7
pecto al análisis dc las sociedades del pasado. Las tradiciones re-
gionales y nacionales de la investigación arqueológica se nutren de
tradiciones intelectuales distintas y se enmarcan en contextos di-
ferentes por lo que requieren ser discutidas por propio derecho. No
creo, por ejemplo, que tradiciones del pensamiento arqueológico
en la Europa continental o cn América Latina puedan o deban ser
fácilmente asimiladas a categorías del pensamiento arqucológico
angloaITIcricano tales corno la arqueología «procesuah y «post pro-
cesual».
En el prefacio de estc libro sugiero quc cualquier guía para la
teoría es como un «libro ele ruta» en el que el terreno descrito es el
mismo, pero sobre el que se pueden tornar rutas alternativas que
varían de acuerdo con las preferencias del autor. Si tuviera que es-
cribir una introducción a la teoría destinada a las audiencias espa-
ñola y Iatinoarnericana. el ámbito teorético que cubriría no variaría
snstancialmente; sin embargo, modificaría el trayecto en tres áreas.
En primer lugar en el apartado en quc examino la arqueología
en su contexto social y político, abordaría de forma más extensa
las relacioncs entre arqueología y nacionalismo. Pienso que el de-
sarrollo de la arqueología está entrelazado en todos los países con
las inquietudes nacionalistas. Creo que uno de los desarrollos más
interesantes del pensamiento arqueológico dc los últimos tiempos
ha sido la predisposición de los arqueólogos a examinar de una
Iorma honesta, humana y autocrítica estos lazos.
En segundo lugar trataría con más extensión las diferentes tra-
diciones del marxismo. Ni que decir tiene que el corpus teorético
que conocemos por «arqueología sociallatinoamericaml» requeri-
ría por lo menos un capítulo entero. También dedicaría más aten-
ción a las relaciones entre las distintas tradiciones del marxismo.
Los debates entre las diferentes escuelas marxistas a menudo se
hacen en paralelo a debates que ocurren fuera del mm-xismo. por
ejemplo, el debate que enfrenta al entorno medioambietltal con la
lucha dc clases como motores del cambio cultural .Y social.
En tercer lugar serían examinadas COIl 111tldH) III;\S ddalle y cri-
ticadas más extensamcute tanto la «¡¡H1IIl'O!o}l,i;1 lr;ldiciol1al» C01110
la «historia cultural». La historia cnluu.rl ~ i " , l l l ' Cll'11P;llldo un lugar
de privilegio en gran parte de \;\ ;n-qtll'C dOj',I;' l'sp;lllola y latino-
americana de modo parecido;, 14) (11W 1)('11111' ("()Il 1;1 arqueología
británica medieval. La prilwip;ll ddlllllLllllit' ('scrihir sobre histo-
ria cultural corno cnr()qlll' (1"II(,till) It",i(1t- ... '11 d hecho de que la
historia cultural ¡lO ;WqJl.l ',(1 1111,\)[.1 ll;lllll";dl'/.<.l tcorctica. El his-
tariador cultural dice: «No soy un teórico; sólo describo, clasifico
y organizo la información que obtengo de acuerdo con el método
tradicional». De ahí que gran parte de lo que se clice en el capítulo 1
acerca de estc tipo de afirmaciones es particularmente pertinente.
He aprovechado la oportunidad de añadir una corta introduc-
ción bibliográfica a este prólogo, proporcionando bibliografía co-
mentada que cubre este y otros temas en la literatura española y
latinoamericana. Agradezco a mi colega en Durharn, Margarita
Díaz-Andreu, su ayuda al aconsejarme sobre la misma, aunque
hay que decir que si hubiera errores son de mi sola responsabi-
lidad. En la bibliografía comentada y en la bibliografía genera]
pueden encontrarse los trabajos editados en inglés sobre todos es-
tos temas.
MATTHEW JOHNSON
Durham, England, abril 2000
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PREFACIO
LAS CONTRADICCIONES DE LA TEORÍA
Este libro es un ensayo introduct orio sobre teoría arqueológi- ._
ca. Intenta explicar algunas cosas sobre qué es «teoría », sobre sus
relacion es con la práct ica arqueológica , sobre cómo se ha desarro-
llado la teorí a arqueológica duran te las últimas décadas, .Y so br e
cómo el pensamiento arqueológi co se relaciona con la teoría en el
conj unto de las cie ncias humanas .Y el pensamiento en general.
Dentro y fuera de la arqu eología hay mucha gente a la que la
pal abra «teor ía» les suena muy mal. El príncipe Carlos de Inglate-
rra se ganó un ap lauso casi general cua ndo cond enó a los «teóri-
cos de mod a » del mundo de la educación; sin emba rgo, nad ie, in-
cluido el mismo prí ncipe, pareció entender clara mente a quién se
refería . Hace pocos años , estando de visita en un yacimiento ar-
queol ógic o, a una sugere ncia de mi par te se me r espondió co n ri-
sas y con es tas pa labras: «ésta es la típic a indicación de un teóri -
co». No recuerdo a nadie que me explicara por qué mi sugerencia
resulta ba tan absurda, pero cuando visité de nuevo el yaci miento
al añ o siguiente result ó que la es tra tegia había sido adop tada. En
el mundo anglosa jón en particular parece que la teoría es algo que
levanta profundas sospechas. En Inglat erra, la cultura popular
sostien e que ser llamado intelec tual es convertirse cn sospechoso
de querer robar la mujer de alguien (as í de sexista). La teoría, lo
"políticamente correcto» y ser extra nj ero, son tres cosas candida-
tas a ser contempladas, al menos en el mundo de ha bla inglesa,
con gra n hostilidad. En el capít ulo 1 dedicaré un as páginas a al-
gunas de las razones que sustentan tales comportamientos.
Al mismo tiempo, sin embargo, la teoría goza de creci ente po-
pularidad .Y es vista como algo cada vez más importante, tanto
dentro como fuera de la arqueología. Valentino Cunningham r e-
10 TEORíA AKUUEO!.<)(; ICI\ . UNA INT IHJl HJCU ÓN I ' I ~ l ' 1,. \ ( Il )
1I
cientemcnte comenta ba en el suplemento de educación del di ario
Tim es que los te óricos académicos constituían «un gr upo en as -
censo, engreídos, confiados en sus credenciales académicas , con el
puesto de tra bajo asegurado y con un alto pres tigio intelectual ».
Hay varios indicadores del «éxito» de la arqueología teórica; pu-
diéndose ci tar la frecue ncia de simposiums sobre cuestio nes teóri -
cas como parl e del programa de los princi pales congresos sobre
arqueología, co mo los que organi za la Sociedad Amer icana de Ar-
queólogos; o el éxito de Michael Schiffer con sus publicacion es re -
cog idas en Advances in Arcliacological Me/Izad and Th eory, Un in-
di cador especial mente signi ficativo es el impact o creciente de las
convocator ias del Grupo Británico de Arqueología Teórica (TAG).
Est e grupo se formó hacia finales de los añ os setenta como un pe-
queño taller de di scusión de los arqueólogos teóri cos de Gr an Bre-
taña; desde entonces sus congresos anuales se han convertido en
los más concurridos de las Is las, dentro del ámbito de la arqueolo-
gía, con par lici pación de gente procedente de Euro pa y América
del Norte. Los congresos de Durham y Bradford , en I 993 Y 1994,
re spec tivamente, Ilcgaron a reunir cada uno a más de 650 partici -
pantes .
Es verdad qu e muc has de las ponencias presentadas en esos en -
cuentros no merecen el calificativo de «te óricas» y que muchos de
ios que allí ac uden lo hacen movidos s ólo por la aureola de «infa-
mes» qu e los del TAG se han ganado. Hay qu e conceder también
que el ni vel de impacto del TAG Yla intluencia que la «teoría » eje r-
ce sobre el mundo real de la práctica arqueol ógica es, sin embar-
go, discutible . Al fina l de este libro explicaré mejor mi punto de vis-
ta personal acerca de si el avance de la teoría de los últimos tiem-
pos ha creado una división cada vez más artificial de la act ividad
arqueológica entre una «arqueolog ía de orientación cient ífica » y
«lodo lo dem ás ». Es te punto de vista ya fue alimenta do por Lewis
Binford hace quince años en su obra In Pursu it o( the Past ( 1983a:
15- 16), con sus comentarios sobre la arqueología británica. A pesar
de ta l crítica, los laboratorios de dataciones y medio ambiente si-
guen siendo financiados por el NERC (Consejo de Investigación de l
Med io Natural), mi entras que la arqueología «humanística» o «cul-
tural» lo es por la Academia Bri tánica y el Patronato de Investiga-
ció n en Art es y Humanidades. Los teóricos, a menudo se s ienten
como Casan dra, constantemente ofreciendo lo qu e entienden como
profundas reflexiones y predicciones y al mi smo tie mpo ignorados
en todo momento por los responsables de tomar decisiones.
' -
') .
L/
Es te lihru ~ c IIa ~ : S l ' l j lo pa ra propo rci onar a l es t udian te una in-
troducción , obre a lgunas de las pri ncipal es corrientes del pensa-
miento actuaI so bre teoría de la arqueología. Es deliberadamente
una ohra introduct oria, eserila buscando la m áxima claridad ex-
positiva y evitando en lo posi ble la j erga cienlíri ca (a unque como
veremos, juzgar sobre lo qu e es claro y lo que constituye jerga no
está exento de problemas) . Se ha concebido como un «libro de ru-
ta» pa ra el estudian te ; est o es, in ten ta señ alar los hitos ll1ÚS si gn i-
ficativos en el ter ren o de la teoría, come ntar las relaci oncs entrc
los di ferentes corpus te óri cos y clarificar los fimdamcnl os intelec-
tuale s de determinados puntos de visla. Por lo tan to, no es en ab-
soluto una enciclopedia; apenas es una déci ma parte de una guía
comprensiva sobr e el tema, si tal guía pudiera escribirse. Por
ejempl o, en el ca pí tulo 4, la teoría de Binford sobre el alcance me-
dio es enfatizada a expensas de la arqueo logía del eomportamicn-
to de Schiffe r; y cn el capítulo 7 los modelos lingüís ticos sobre el
signifi cado tienen más presencia que la moda actu al por la feno-
menología, El te xto debería leerse prest ando atención para lela a
las secci ones dcdieadas a la bibliografía comentada y al glosario.
Si gu iendo con la analogía del libro de rula, la ru ta escogida
aquí es una de las muchas posibles qu e podríamos tomar una vez
adentrados cn el territorio de la teoría arqueológica, Podría haber
de dicado un capít ulo a cada un a de las posibles áreas temáticas, a
sa ber: espacio, producci ón e intercambio, cult uras, formación de
entidades est atales, etc, En cada caso se podrían ofre cer aproxi-
macioncs di stintas al tema para mostrar c ómo di ferent es teorias
se contradicen o se complementan para producir distint as inter-
pr etacion es del regis tro arqueo lógico, De forma alternat iva se po-
dría a bordar la cue sti ón sirviéndonos de los di ferentes «ismos»:
positivismo, funcionalisrno, marxismo, cstru ctur alismn, postes -
tr uct ura lismo, feminismo. Se trataría de se nderos muy ra zonables
de segu ir, qu e otros autores, por otra part e, ya han tomad o,
Este libro, sin embargo, opta por a bordar las rela ciones exis -
lentes entre el pensa micnto arqueológico y la teoría general que
sustent a la vida in telectual. Per sigu e mostrar cómo las opciones
teoréti cas específicas qu e los arque ól ogos toman individu almente,
adquieren sentido dentro de un contexto más general de carácter
cult ura l, social y político, así como académico. Este libro pretende
ta mbién mostrar de forma más clara que en anteri ores tenta tivas
las relaciones entre teoría y práctica arqueológicas , A tal fin se ha
ad opt ado un a est ructura a propósito, Con una aproximación h ist ó-
12
TEOR I,\ .'\ROl JEOIÚ ( ;(CA. UNA I NTIH HHi('U ÚN
I' REh \ { ' I( ) 13
ric a que ati ende de ent ra da a la Nueva Arqueología y a las reac-
ciones que susci tó, para proseguir con los debat es del momento
presente,
Hay muchas áreas de in terés que han quedado fuera del libro
de ruta. Por ejemplo, sólo se abarca la arqueología anglo-america-
na; importantes tradi ci on es del pen samiento arqueológico en
América Latina, Asi a, África y Euro pa co nti ne nta l no ban sido
a bordadas. Una vez más, he de deci r que sobre estos lemas se han
realizado algunas sugerencias de lectura en el aparta do dedicad o a
la bibliografía comentada.
Se ha di ch o más arriba que este libro pret end e ser una guía
para "el est udi ant e»; me re fiero a estudi ante en un sentido amplio.
Distintos arque ólogos que hacen arqueol ogía práctica y tr abajan
fuera de la universidad me han informado de su int erés por los de-
bates teoréti cos y de la importancia de los mi smos para su traba-
j o. No cabe duda de qu e hay un número importante de ellos qu e se
sienten alie nados por lo que para ellos es un exceso de pret encio-
sidad y un inneces ario oscurantis mo, que, s in embargo, parecen
cons us tanciales con el escenario te órico. Aunque personalmente
no subscriba este punto de vista, debo reconocer qu e es muy habi -
tual. Esté en lo cierto o no, confío qu e lo que van a encont rar aquí
les sea de ayuda.
Al i ntentar examinar las distintas perspectivas teoréticas he du-
dado entr e optar por un análisis neu tro , objetivo de las diferentes
cor ri entes de pen sami ento o desarrollar mi s propi os puntos de vis-
ta necesariamente po lémi cos. El producto final creo que se sit úa ,
aun a mi pesar, en un punto inter medio ent re ambos extremos.
Elec tivame nte, la ela boración de un an álisi s totalmente objetivo es
intelectual mente una entelequia; los puntos de vista más parci ales
y ses gados sobre cualquier tema académi co acost umbran a prove-
nir de aquell os qu e abiertament e procl aman que su posición es
neutral, distante y desinteresada. Además, sería insincero afi rmar
que el libro ha sido escr ito desde una neut ralidad desinteresada.
Es obvio que el interés por la teor ía va de la mano de un apasio-
na do convencimi ent o de su importancia y de la proximidad a de-
terminadas opini ones, más o menos polémi cas, dentro del ámbi to.
Por otro lado, si que remos entender el lugar que ocupa boy la
teoría, cualquier repaso a la extensa variedad de posiciones inte-
lectuales debe procurar ser razonablemente compre nsivo con to-
das las partes, Tal como R. G. Collin gwood se ñal ó con relación a
la historia de la filosofía, la mayoría de las po siciones tcoréticas
emanan de la importancia concedida a det erminados contextos o
problemáti cas; es decir, las creen cias filosóficas so n, en part e, res -
puest as a gr upos de problemas, debiendo ser comprendidas co mo
ta les, en vez de t ratar de concederles una apariencia intelectual.
Los op onentes in telectuales de cada uno de nosotros no son todos
unos in eptos charl atanes, ni todos los compa ñeros de nuestra mi s-
ma cu erda , una maravilla de sabios. Con todo, hay que recordar
que ell o no significa qu e ciertas posiciones no deban salir inmunes
a la crít ica. Por e jemplo, las metas y puntos de partida de la Nue-
va Arqueol ogí a aparecen más claros cuando se contemplan en tér-
minos del context o intele ctual y pr áctico de su momento, en pa rti-
cular con relación al tipo de arqueología qu e se hacía hast a ento n-
ce s. Su énfasis en In idea «ci enci a» es, as í, inteli gible en aquel co n-
texto (véase ca pítulo 2). Este t ipo de observaciones ayuda al es tu-
diante a entender los orígenes y el ímpetu qu e adquiri ó la Nueva
Arqueología. Ello no significa que el programa de la Nueva Arqu eo-
logía no conllevara problemas intelectual es y prácticos.
La ado pción de un tono informal y la omisión de referen cias
deta lladas a pie de página es deliberada, La intención ha sido ha -
cer más claro s los argumentos y facilitar la lectura . Muchos auto-
res «académi cos» hemos sido advertidos de la necesidad de a ban-
donar el uso de la primera persona en nu est ros textos para apare-
ce r m ás neutral es y distante s, así corno evitar un tono informal o
po lémico. Todo ello puede ser muy válido en ocasiones. Aquí, sin
embargo, la in tención es instructiva y no eru dita en un sent ido res -
tringido.
Una de mis cuestiones clave, particularmente en el cap üul o pri-
mero, ha sido dar a entender que lodos los arque ólogos utilizan la
teoría , qui eran o no. Pa ra dej ar la idea clara y proporcionar ejem-
plos, a menudo he aport ado citas de autores «at eór icos» declara -
dos y las he comen tado para se ñal ar las teorías y presunciones im-
plícitas en tal es text os. En much os casos las citaciones provenían
del primer lib ro que tenía a mano. Debo puntualizar qu e las crít i-
cas vertidas a prop ósi to de tales ejemplos no son ataques persona-
les a sus autores. A veces, la necesidad de usar ejemplos prá cticos
par a clarificar una cuesti ón teór ica choca con el deseo de evitar la
percepci ón de una crítica personal y deshonest a.
Este texto se basa en parte en notas tomadas al hilo de las cla-
ses impartidas a diversos cu rsos en las uni versid ades de Shcffield,
Larnpet er y Durham. Los estudi antes de las tr es uni versidades me-
re cen mi agra decimiento por sus res puestas const ructivas y enri-
14 TEORÍi' ARQUEOLÓG.lCA. L: N/\ I\: TRODUCU ÓN
qu eced ora s. Algunos est udiantes de Durha rn quizás se reconozcan
en los di ál ogos r eproducidos en algunos de los ca pít ulos, por lo
qu e les pi do disculpas.
El libro fue en parte concebido mi entr as realizaba una esta ncia
en la Universi dad de Californ ia en Ber kcley como invest igador in-
vitado durante la primavera de 1995. Quisiera agradecer a Meg
Conkey, Cr istine Hastorf, Marcia-Ami Dob re, Margot Winer y ot ros
much os m ás, demasiado numerosos para mencionarlos a todos
aqu í, su hospita lidad durante el tiempo que pasé en California y
por hacer mi estancia allí tan provechosa y agra dable. También
quisiera agradecer a la Universidad de Dur ham haberme concedi-
do tal licencia de es tudios y de for ma más general por apoyar me
en mi cambiante visión sobre la arqueología a Jo largo de estos úl-
timos siete años.
Debo ci ta r también a la gente qu e ha revisado el texto, algunos
anón imos, y han opinado sobre el mi smo, puesto que sin sus co-
mentarios la obra serí a más dogmáti ca, ten dvía miras much o más
estrechas y sería mucho men os co mprens ible. En este capít ulo in-
cl uyo especialmente a Randy McGuire, Jim Hil!, Chris Tilley y Eli-
sa bet h Brumfi el. Robert Prcu cel y lan Hodder revisaron el último
borrador de for ma pro funda. Domini c McNamara me proporcionó
la ci tación de Foucault del ca pítulo 6.
Dentro del Depart amento de Arqueol ogía de la Univers idad de
Durham, Helena Harnerow, Colin Haselgrove, Anthony Harding,
Simon James, Sam Lucy y Marti n Mil lett leyeron el primer borra-
dor y reali zaron comentarios IT1UY oportunos . Algunas conversa-
ciones con mi pad re, C. David Johnson, sobre filosofía de la cien-
cia sirvieron para clarificar diversos puntos. Más conversaciones
con Chris TayJor, Paul Ever son y David St ocker si rvieron para in-
for mar la d iscusi ón sobre Bodiarn del capít ulo 10; sin embargo,
los posibles er rore s que pued an detect arse son todos de mi res-
ponsabilidad. John Davcy y Tess a Harvev, de la empresa editora, se
co mporta ro n conmigo pacientemen te, animándome en todo mo-
mento y apareciendo siempre a punt o para pro porcionarme cual-
quicr tipo de ayuda. Mi mujer Becky hi zo comentarios a los s uce-
si vos borradores, corrigió el manuscri to final, y, m ás important e
aún, me apoyó emocional e intelectualme nte en todo momento;
sin ta les apoyos, este libro nunca hu biera vist o la luz. En retorno.
espero qu e este libro le acl are por qué los arqueólogos constituyen
un ramillet e tan peculiar de seres humanos, aunque sé que ella ya
tien e al res pecto sus propias teorí as. Gracias a todos.
C APiT ULO l
EL SENTIDO COMÚN NO BASTA
La arqueología puede ser muy aburrida, penosa y pesada físi-
camente. Cada año excavamos miles de yacimie ntos , algunos con
paci enci a dol orosa hasta emborra- la merit e, otros con gran e in-
dign a prisa. Cada año pasamos un fr ío que nos llega a los tuétanos
o somos comidos a picotazos por los insectos mi entras visitamos
un mont ículo poco atracti vo s ituado en medio de la nada. A varios
kilómetros del restaurante o el a lbergue más próximo intentamos
Inost rarnos intere sados mientras la lluvia cae a cántaros y algún
a fa mado profesor, cuyo mej or t rabajo ya tiene más de veinte años,
diserta sobre lo que fue encontrado en la ca la 4B. Cada a ño pro-
ducimos miles de i nt erminables e insul sas memor ias de excava-
c i ón .Y nos preocupamos por la preci si ón de innúmeros planos y
diagramas, así corno po r cotej ar largas listas de obj etos para llen ar
con ellas una mi crofich a que muy pocos llegarán nunca a consul-
tar o usar. ¿Por qué ?
Podríamos usar el di nero invertido en hospit al es, o qu izás des-
viar parte del dinero para escribir una versión más entretenida .Y
fictici a sobre el pasado, sentados en una ter raza mi entra s toma-
mos el sol. Si tuviéra mos inqu ietudes ideológicas muy serias qui-
z ás crearíamos una brigada internaci onal para luchar a favor de la
liber tad en algu na parte. Cada una de esas alternativas tiene su
atractivo pero nosotros 110 hacernos esas cosas. Seguirnos con lo
nuestro como siempre hemos hecho.
Una de las razones por las que no hacemos esas cosa s es por-
que la arqueologta es algo muy importante , El pasado ha muerto, ya
no exis te, pero es algo muy podero so. Es tan poderoso que un a na-
ción ente ra (Zimbabwe) puede tomar el nombre de un yaci miento
arqueo lógico. Es tan poderoso que los yacimientos arqueológicos
Definiciones de «t eoría»
han de ser vigilados por la policía para expulsar de ellos a los i LJ-
trusas. Es tan poder oso que incluso grupos de obj et os part iculares
como los fragmentos del fri so del Partenón constit uyen el argu-
mento de important es di sputas internacionalcs,
La prcgunta «¿por qué hacemos arqueología?» se relacion a nc-
cesali amente con la pregunta «¿por qu é la arqueol ogí a - el es tu-
di o del pasado a t ravés de sus restos mawli ales- es tan impor-
tante para nosotros?». y ello nOSco nduce otra vez a la cuestión del
«nosotros». de nuest ra identidad ¿qu iél1CS SOlJ10S? Y esta s cuest io-
nes son to das t eór icas.
"Teoría» es una palabra difí cil de definir. Forzosament e deberé
volver a tratar est e tema en el capít ulo final, pue sto que di stint os
puntos de vist a icor éücos definen «te orí a» de manera disti nta . Las
di ferentes defi niciones no pue den se r exploradas a fondo sin pre-
viamente explicar tales puntos de vista.
Por Jo tanto, en vez de ava nzar aquí una defini ción completa de
teoría la pospond" é hast a el últ imo capít ulo. Mientras tanto, se ña-
laremos qu e muchos arqueólogos incluirían dcntro del alca nce del
concepto de teoría las 'llut ivaciolles de la práct ica de la arqueolog
fa
,
así como el context o social y cult u ral de la arqu eología. Segura-
mente también se referirían a la problemática de la int el1Jrewó ón .
La mayoría de los arque ólogos estarían de acuerdo en qu e la for-
ma de interpretar el pasado implica aspectos teoréti cos en un sen-
tido amplio. Por ejemplo, se podrían citar teorías generales rel a-
cionadas con la evolución social y biológica , o problemas asoci a-
dos a la forma de contrastar las hipótesis formuladas o incluso de-
batir sobre cómo hay qu e int erpretar los camhios es tilísticos o
decorativos observados en los objetos.
Existe un desacuerdo acer ca de si deter minados conce ptos hay
que consider arl os «teorélicos» o si, en cambio, se t ra ta de mer as
adaptaciones técnicas o formas de trabajar, comprens ibles fuera
del a\cance de la teoría. Unos, por ejemplo, cons idcran la es trati-
grafía , las técn icas de e:<cavación Y registro, y el uso de mét odos
estadísti cos como proble mas «teoréti cos», mi en tra s qu e otros los
consideran simplclnentc cuestiones "pr ácticas») o «técnicas», La
teoría y el método a menudo se confunden . Podríamos pensar en
un sentido estricto qu e, si la teoría cubr e el «porqué», el método o
El. SENTI DO lOJ\1l JN NO B/\ ST,\
Sient o entrometerme, pero toda esa discusión sobre la teoria y el método
demuestra claramente. la est érilv aburrida que es la teoria. Usted se ha per-
dido en defini ciones y semántica sin habe r mencionado Wl solo hecho cml -
creto acerca del pasado. Empiezo (/ pens ar que ojalá 110 hubiera empezado a
leer est e libro, pu esto que. hubiera aprovechado mejor el t iempo CO/1 ol ras
lect uras. La teoria es irrelevante COIl relación a la práctica de la arqueología;
sólo hay que utilizar el sentido común.
17
la metodología cubre n el «cómo». Así, la teoría cubri rí a los moti-
vos que nos impulsan a seleccionar un de terminado lugar para ex-
cavar y el mét odo la manera en que 10 hacemos. Sín embargo,
como teoría y método está n ínti mamente rel acionados, muchos ar-
queólogos pensarnos que esta divisíón tan element al es demasi ad o
pobre.
Para dar un eje mplo de las rela ciones ent re teoría y método po-
dríamos examinar di ferent es métod os de investigaci ón de la est ra -
tifi ca ción soci al a partir del regis tro arqueol ógico. Podrí amos uti-
lizar el método de co mparar tu mbas «ricamente- provistas de
ofrendas, con tu mbas sencill as sin apenas decora ci ón. Es evidente
en este ejercicio que se presu ponen ciertas ideas o teor ías acerca
de la natural eza de la cstrat íficacíón soci al (que la esca la social se
re flejará en el trata miento que el cue rpo del di funto recibe , qu e los
bienes mat eri a les se di stribuyen de forma desigual dent ro del co-
lecti vo socia l y que ello es tá relacionado direct amente con la desi -
gualdad social, ctc .). Estas ideas son en sí mismas de nat ural eza
teórica .
Qui zás la teoría y el mét odo son la misma cosa y no pueden se-
pararse; quizás han de separarse si la arqueología qu iere ser una
discipl in a rigu rosa ca paz de cont rastar sus teorías con la informa-
ci ón obte nida de la excavación. És te es un debate sobre el que se-
rá necesar io ret ornar en el capítulo 4.
Ah, se trata de Roger, el eterno empírico. (Roger es un alumno de
la Universidad del Nort e, en Inglaterra, aunque personas co mo Ro-
ger se pueden enco ntrar en cualquier parte. Roger se apas ionó por
la arqueología cuando era ni ño recorriendo los lugares con ruinas
de castillos de su comarca y visita ndo muchos otros yaci mientos
arqueológicos. Ant es de entrar en la universidad ya realizó algunos
trabaj os de auxiliar de excavación y colaboró con un museo. A Ro-
gel' le gusta ver y tocar cl material que sal e de una excavación y le
encanta dis cu tir acaloradam ente con sus cole gas sobre cuestiones
TEORí A ARQCEOLÓGLCA. CNA I I\TRODUCCl Ót-:
16
"
La arqueología sustenta en parte su credibilidad intelectual en
su capacidad de distinguir entre «buenas» y «malas» interpreta-
ciones del pasado. ¿La gente que vivió en este lugar eran cazado-
res-recolectores o eran alienígenas procedentes del planeta Zog?
¿Cuál es la interpretación más sólida?
Es imposible decidir cuál es la interpretación más sólida sólo a
partir de la base del «sentido COllTÚn)). El sentido C0111Ún puede su-
gerir, por ejemplo, que aceptarnos la explicación que abarca al ma-
yor número de hechos, Puede haber miles de pedazos de cerámica
que daten del primer milenio antes de nuestra era en un yaci-
miento, pero otro hecho -una datación del año 750 de nuestra era
a partir del estudio de los anillos de crecimiento de los árboles-
puede sugerir que aquellos test.imoriios son «residuales» o que fue-
ron abandonados durante un período anterior. En la práctica, cada
día de trabajo como arqueólogos nos toca decidir en qué orden
colocamos los hechos que tenernos, qué grado de importancia adju-
dicarnos a las diferentes pruebas de las que disponemos. Cuando
así obramos usamos, queramos ü no, criterios teoréticos para de-
cidir qué hechos son importantes y qué otros no lo son tanto.
Un buen ejemplo de la insuficiencia del sentido común a la
hora de decidir entre una explicación floja y una explicación sólida
en arqueología proviene de las debatidas «líneas de conexión». Es-
tos trazados fueron descubiertos por Alfrecl Watkins en los años
veinte cuando observó que muchos vacimientos arqueológicos an-
tiguos en Gran Bretaña podían enlazarse mediante líneas rectas.
La hipótesis de que los lugares arqueológicos antiguos se asenta-
ban a lo largo de líneas rectas pudo ser fácilmente probada a base
de trasladar a un mapa estos antiguos monumentos y trazar unas
rectas entre ellos. Watkins sugirió que estas líneas representaban
vías de comunicación prehistóricas. La comunidad profesional de
arqueólogos respondió al unísono que se trataba de un disparate.
El sentido común indicaba que los pueblos prehistóricos, que vi-
vieron miles de años antes de inventarse la escritura y establecer-
se las bases de la geometría, eran demasiado primitivos como para
trazar sobre el paisaje tales sofisticadas guías. Watkins estaba
convencido de que con su libro hacia una auténtica contribución
al progreso de la arqueología) pero sus investigaciones, serias .Y
sinceras, fueron desautorizadas y su trabajo considerado el propio
IL
18 TEORíA AROlJEOLÓGICA. U;:...¡A INTRODUCCIÓN
como las técnicas de seriación. Ahora que está en segundo año le
ha tocado hacer una asignatura de teoría. Con la cabeza llena de
fraseología accrca de la teoría dc alcance medio, dc hermenéutica
y de postestructuralismo, parece que aquello que tanto le apasiona
ahora se le cae de las manos.)
Si alguien quiere saber por qué la teoría es perLinente con rela-
ción a la práctica arqueológica, quizás mejor que me siga mientras
examino cuatro posibles razones.
1. JLSTJHCAR LO QUt' HACt'MOS
Nuestra audiencia (los demás arqueólogos, la gente que trabaja
en otras disciplinas, el «público en generaL» precisa tener una
idea clara de nuestra parte de por qué nuestra investigación es im-
portante, de por qué valc la pena financiar1a, del valor que tiene
escucharnos. Hay mil posibles respuestas a ese reto de la justifica-
ción, por ejemplo:
• El pasado es intrlnSeCanlente importante, por lo que necesi
tamos saber del mismo por sí mismo.
• Necesitamos conocer de dónde venimos para saber adónde
nos dirigimos. El conocimiento del pasado favorece un mejor en-
tendimiento del futuro.
o Sólo la arqueología aborda la profundidad temporal necesa-
ria para generar generalizaciones interculturales acerca de los pro-
cesos culturales de largo a\cance.
o La arqueología es un instrumento de la rcvolución cultural
que ayuda a en1ancipar a la gente de las ideologías represivas.
Existe la probabilidad de que se discrepe por lo menos en uno
de jos argumentos precedentes y se esté completamente de acuer-
do con, al menos, otro. Esto no cambia el hecbo de que cada aY-
gunlento es una proposición teorética que necesita de justificación,
que requiere ser debatida antes de darla por aceptada o rechazada.
Ninguno de los argumentos reseñados es evidente por sí mismo, ni
tiene que ver con el sentido común. Verdadcranlente, pocas cosas
en el mundo son obvias si se exan1inan de cerca, aunque a 111uchos
políticos les gustaría que lo viéramos de otra forma.
EL SE\J']'IDO CO.I'\llLN '0 IJAS']'l\
2. NECESITAMOS COTEJAR UNA INTERPRETACiÓN DH PASADO COi'
OTRA, PARA DECIDIR CUÁL ES LA .'-'1ÁS SÓLIDA
19
20
TEORÍA AROUEOLÓGJCA. UNA 1:<TRODl" eC1Ó," 1;1. .'-'I :,'\J r 1I)f) ( ., l M l 'N r\ () H,\ ST!\
2 1
de un lunático que se sitúa en los mismos límites de lo que es la
verdadera arqueologfa. Algunos aut ore s posteriores retomaron sus
tesi s y las ampliaron sugiriendo qu e las líneas esc ondían un signi -
tlcado reli gioso y un poder mí s tico.
Hoy está claro que los pueblos prehi stóricos podían haber sido
perfecta mente capa ces dc reali zar t ra zados de es te tipo. El cri terio
original basado en el senti do común qu e utili zaro n los arqueólo-
gos pa ra desautorizar las tesis de Watkins no cabe duda de que no
era válido.
Las líneas de conex ión no existen. Fue demost rado por Tom
Williamson y Liz Bcllamy en el est udio Ley Unes ¡,1 Ouestion qu e
analizó est adísticamente tales posibles lín eas y mostró que la den-
sidad de Jugares arqueológicos sobre el paisaj e bri tánico es tan
alta que cualquier posible línea trazada en cua lquier parte, necesa -
riamente tropicza con un ci er to número de ya cimien tos . A Wi-
lIiamson y Bellamy, probar el error les costó un enor me trabajo.
debi endo hacer uso de sofis ticados métodos estadíst icos.
La moral eja del debate sobre las líneas de conexión enseña que
lo que di stingue una explicación floja de una de sólida no es una
simple cuestión de «senti do común». Quisiera argüir que si quere-
mos realmente compren der qué es lo qu e alimen ta el debate de las
líneas de conexión debe ríamos fijarnos en la tr adicion al divi sión
de la arqueología británica entre clases de arqueólogos. En su
tiempo, Wat kins fue tild ado de vulgar amateur; hoy día, la tradi -
ción de los buscadores de líneas de co nexión continú a viva ent re
los círculos ( alternativos» que nnran con recel o a los arqueólogos
profesionales.
3. D EBEMOS SER MUY Cl. AROS EN NUESTRO TRABAJO
DE ARQUEÓLOGOS
Es deci r, debemos ser muy abiertos sobre nues tras razones,
nuestros puntos de vista y nuest ros prejuicios y no pretender disi -
mularlos o afir mar que no existen. Se trata de una re gla básica de
todo di scursos aca démico , aunque no siempre es seguida. Lewis
Binford, una personalidad sobre la que volveremos a habl ar en el
capítulo que sigue, decía que todos los científicos de cualquier dis-
ciplina necesit an ser muy conscientes de las presunci ones que rea-
lizan si quieren de verda d ser productivos. Aunque no hace falta
añ adir qu e nunca podremos ser complet amente explíci tos acerca
dc nucsr n », prejuicios y nuestros a pri orismos, no pOI' ello no de-
hemos int entarl o.
4. No TENEMOS DE LA TEORÍ A, YA QUE EN REALI DAD
LA USAMOS Sl EMPRE, NOS GUST/.' o NO
Dicho el e otra manera , todos sa mas un os teóricos. Éste es el
punto clave. El rn ás lento auxiliar de excavación, el más aburrido
limpi ador de cerámicas, el más despistado ayudante técn ico de la-
horatori o, todos son unos teóricos en el sentido de qu e tod os uri li-
I.an en su trabajo, teorías, conceptos. ideas y presuncion es. (La
teoría pu ede haberles sido impuesta por el director del proyect o o
por la entidad patroci nadora del proyecto, pero no por ello deja de
ser tcoría .) De forma similar, el texto más descripti vo o la memo-
ria m ás seca ta rnbi én son teoréti cos . Cualquier persona que man e-
je una pal a en un yacimien to se fía para real izar Sil trabajo de las
teorías que hablan de los ca mbios de color Ji textura del suelo y de
la estrati grafía; los criterios de pu blicación que dete rmina n el peso
relat ivo y el orden adjud icados a los informes sobr e ce rámica y
sobre otro tipo de tes timonios en una monografía de yac imiento
dependen de un juicio sobre lo qu e es más significati vo del yací-
miento, j uici o que a su vez descansa sobre criterios provenientes
de la t eoría.
Por lo tanto, cualquier arqueólogo que nos habl e de que su tra-
baj o es ajeno a la teoría, de que él no está particularmente intere-
sado en la teo ría . o de que él hace arque ologfa «auténtica» po r
oposici ón a la arque ología de los «teóricos de moda». realmente
no dice toda la verdad. Existen tant os teóricos C0 l110 arqueólogos ,
aunque mu chos de es tos ú ltimos enmascare n sus apr iorismos teo-
réticos co n la etiqueta del pragma tismo o del sentido común.
Comportándose de esta forma, sostengo qu e estos arqueólogos evi-
tan la r esponsabilidad qu e les afe cta de dej ar claros los fundamen-
tos intelect ual es de su trabaj o, pret endi endo así esco nder del exa -
men cr ít ico las presunciones teorét icas que utili zan.
Más aún, la pret ensión de ser a teóri co es un inten to de impo-
ner una es pecie de machismo en la práct ica arqueológica . Como
veremos en el ca pít ulo 8, la práctica arqueológica está asociada a
nociones de género sobre lo que tiene valor o no lo tiene. Porque,
al menos en el mundo anglo-americano, siempre hay alguna cosa
de vagamente femeni no (y por lo tanto implícitament e considera-
22
TEO¡ÚA ARQUE( j l.( ) (i1l'1\ . L NA I NTI{( ) OI ICCl ÚN
1·:1 . :-.L NTI I HI ( '(I I\HI \: NO BASTA
2."l
do de segundo ra ngo) en el habl ar de , en e! di scutir acerca de, o en
el tratar de razonar claramen te y explícit amente sobre.
t íJ. he oído lo sllf/eicl1te sobre todo eso; usted en/pieza a abusar. Estaria
dispuest o a conceder que todos acoStll l71hra m D.'>· a utilizar la teoría en un
cierto sentido, pero al [inal de la [ornatla lo que cuenta son los hechos, los
datos extraídos.
No vaya discutir ahor a acerca de si la información, tal cua l apa-
rece, existe independi entemente de la teorí a, pues tiempo tendré
para ello. Supongamos por e! momento qu e los dat os existen real-
me nt e. ¿A qué nos conducen? Hay una infinidad de hechos que la
arqueología pone de reli eve. Est án amont onados a mil lon es en mu-
scos y en armarios de laboratorio, y a parecen en largos list ados de
datos. Una muest ra: veamos algunos de estos hechos incontestables:
o El vaso qu e sost engo tiene 600 años.
• En Virgi nia se encontró cerá mica colonial.
o En el cas tillo dc Maidcn, en Dorset, Inglater ra, se exhumó un
esqueleto con un proyecti l aloja do en la espina dorsal.
o La Edad del Bro nce preced e a la Edad del Hier ro.
o Tika l fue un importante cent ro ceremonial para los antiguos
maya.
o Es muy habit ual encontrar un gran número de fragmentos
de pipas de cerámi ca en los yacimi entos po steriores a 1500.
o En la región de Dordo ña, en Francia, hay muchas cue vas con
arte rupestr e .
o En e! cañón de El Chaco las aldeas se construían ant igua -
mente usando la piedra como materi al.
Las frases que acabamos de leer, ¿añaden algo a un conoci mien-
to autént ico de! pas ado, a una explicación coherente de carácter ar-
qucológico? No. Amontonar hechos simplemente y esperar a que de
estos hechos salga un relato ordena do sobre el pasado es como po-
ner a un grupo de monos fren te a unas máquinas de escr ibir y es-
perar a que aparezcan las ob ras completas de Shakespearc,
Lo que nos hace arqueólogos, en las antí podas de simples reco-
lectores de trastos viejos , es el conjunto de reglas que usamos para
transformar los hech os en relatos co herentes so bre el pasado;
rel atos que, para nosotros los arqueólogos, «tienen sentido» y que
(esperamos) también lo tengan pa ra la gente en gene ra l. Y tal es
reglas , sea n implí ci tas o explícitas , son de natura leza teórica. Los
hech os so n import antes : sin embargo, sin teoría, los hech os pcr-
manccen completa mcnte mudos .
Tomcmos el ejemplo del distinguido pro fesor de Arq ueología
que asegura escri be basándose en los hechos únic amen te y usand o
el sentido común, claro está . Veamos qué hace realmente: A tal [ i n
he escogido el siguiente tcxto:
Es impo rt ante subraya r que la cultura romano-bri t áníca se basó
en una economía monetaria. En el sudeste de Inglaterra la moneda
ya era cono ci da antes de la conquista , sin em bargo los romanos fue-
ron responsables de difu ndir su ci rculación por toda la isla, haci én-
dose pr esen te hasta en las más sencillas t ransacciones . Podemos
imagi nar hasta qué pun to el uso de la mon eda penetró la vida co-
mercial de todo el terri tor io por el hecho de que St ' ma nifiest a hasta
en los lugares más humil des y en las más remotas parl es de la pro-
vincia. (Alcock. 1976: 174).
Una primera presu nci ón ieorética que observamos en es te tex-
to es que ideas corno «t rans acci ón » o «vida comerci al», que sólo
obtienen su sen tid o modern o hacia finales del siglo XVJlI , puedan
aplica rse a Gra n Bret a ña romana s in más explicacion es. De ello se
siguc que el autor del texto espera del lector que utilice s u expe-
ri cnci a moderna sobre transa ccio nes y vida comerc ia l - regidas
por la economía de mercado , deslig adas dc la s relaciones sociales,
inter mediadas por una uni dad COmún de cambio- para entende r
el senti do de la frase. Ésta y otras presunciones pod rán o no se r
verdaderas, pero en cualquier caso son de naturaleza teorética.
La segunda en un a presunción del tipo «alcance medio »: esto
es, que asocia di rectamente hech os part iculares a teorías generales
(véase ca pít ulo 4). Alcock pre supone que la presencia dc un deter-
minado número de monedas en diferentes tipos de yaci mientos
(nótese el uso de un a jerarquía implícita de yaci mientos a rqueoló-
gicos qu e equivale a una jerarquía social, asumida más que de-
mostrada: «los lugares más humildes») refleja de forma preci sa el
rango de lo qu e Alcock den omina «actividad o vida comercia l".
Por supuesto que reconocemos que «actividad comercial » es una
figu ra teorét icamen te mucho más complcja. El relato de Alcock
puede ser tot almente cierto o no tan ciert o , o qui zás se tra te sólo
de un ret rat o acepta ble o mínimamente válido; ello deb erá ser ob-
jet o de deb ate en tre los espccialis tas del perí odo. En cua lquier
caso, se trata de un relato clara mente te órico.
24
I'J·:O]{!A AI{U I I I·:( )l JH ; l l :¡\ . l ) ~ 1 \ I NTR( )IIl ;<, '( 'l ( , N 1-.1 . SI:,NT Jl l () C'OM I.'.' \ ' /'\0 BASTA
25
Podrí a seguir an ali zando el texto, pero lo dicho es sufici ente
para mostrar có mo incluso la prosa aparentemente más clara y
transparente esconde t rampas de la teoría.
Todo esto es plausible y COHvitl cc lZ l e; sin embargo, la teoría me sigue pa-
reciendo poco atract iva. Los teóricos parece que C0 I1S1{lII f el11el1te u sal1 un o
jerga incomprensible, escriben eH I Ul estilo impenetrable y 1l 1ll 7Cll obtienen
nada tangible. Puede llegar a persuadirme de que IUI.v algún punto a [avor de
la teoría, pero /10 cons eguirá que lo q l f ( ~ los teóricos escriben lile parezca in-
teresante J' no m e irrite.
No, no puedo. Yo tambi én me irri to ante muchos textos teóri -
cos, de la mi sma forma qu e me i rri to ante tod o tipo de textos so-
bre arqueología. Pero déj arnc deci r que has saca do algunas cues-
tiones que vale la pen a retornar.
Pri mero , ¿por qué jerga? Las palabras de significa do específico
no están confinadas a la teoría de la arqueología. Cada área den-
tro de la arqueología tiene SllS tér minos de referen cia específicos:
en este sentido, la jerga es el ojo del observador. Los t érminos es-
pecíficos que uso como teórico o co mo especialista en arquitectura
tradicional pued en parecer una jerga para cl especialista en medio
ambiente, y los del es pecia lista en medio ambiente pu eden pare-
cer me a mí una jerga. Hay, sin embargo, un problema más pro-
fundo detrás de un a acusación de uso abus ivo del luenguaje técni -
co. Parece que det rás de ta l acusa ción hay la presunción de que
siempre se puede expresar lo que se pretende cn un lenguaj e «cla-
ro, simple y fácil». La arqueología tiene qu e ver con nu evas ideas
acerca del pasado. Como expresamos ideas mediante palabras, re -
sult a muy apropiado usar nuevas palabras para invitar al lect or a
pensar de forma di stinta .
Las sociedades humanas han sido y continúan siendo algo muy
complejo. Como parte del mundo natural, compar ten aspec tos de
es ta complejidad y además poseen en sí mis mas una complejidad
social y cult ural propia. No acostumbramos a qu ejamos cuando
un químico o un biólogo usan IIn lenguaje técn ico; en ca mbio, sí
lo hacemos cuando lo hace un arqueólogo que pretende explicar-
se. Lo que quiero deci r es que no pa rece que nos extra ñe que re-
sulten di fíciles de comprender y de dominar las técnicas más de-
puradas de la prácti ca arqueológica; ta l es la naturaleza de nu est ra
disciplina. Estamos prepara dos para esforzarnos en dominar el
lenguaje y el manejo de la estra t igr afía, de las ma tr ices de Harris,
de la se riación, de las técnicas científica s de dataci ón, incluso de
la habilidad práct ica , a su vez en parte intuitiva , de di ferenciar ni -
veles por el aspect o del suelo qu e aparece baj o la pala. Es ra zona-
ble pensar, pues, qu e la vert ient e teórica de nuestro trabajo - usar
los pequeños fragment os de Informaci ón obtenidos para generar
un di scurso acerca del pasado en toda su riqueza y complej idad-
de ba ser a la fuerza tan diftc íl como aquellas otras rareas de ca-
rácter prácti co. De hech o, ha de ser una de las tareas intele ctua-
les 111ás exi gentes que como géner o humano nos hayamos nunca
planteado.
Creo que usted ha caído en su propia trampa. Sigue habiendo la sospe-
cha de que la jerga se use para mlxtiiicar, pa ra crear Wl lengu aje de exclu-
sión por el que el lego en la ma teria se sienta encogido.
Hav una cierta verdad en esta acusación. Ciertas formas de re-
tóri ca ' académiea se usan, intenci onada mente o no, para es ta ble-
cer una frontera entre el gru po de los iniciados y los demás. No de-
fiendo esta práctica que todos los int ereses sec toriales dentro y
fuera de la arqueologí a ut ilizan.
Fin almente, pregonar qu e hay qu e «escr ibir claro» es como dar
por sentado qu e se escribe aceren de algo concreto, En otras pala-
bras , que hay en algún lugar un mundo externo, rea l, con unas
ciertas caract erísti cas esenciales y concretas que el lenguaje pued e
describir de una for ma m ás o men os clara y neu tra. En cualquier
caso, se esté describ iendo la importancia de unos vasos o sugi-
riendo cómo debe de haber sido la vida en la Eda d del Bronce, se
está tratando de asunt os altame nte discutibles. El pas ado no exis-
te fue ra de nuestras mentes. Nunca lo he tocad o, ni me he dado de
bruces con él.
La teoría es di fícil. Si uno acepta que tod os somos unos teóri-
cos , ento nces lógicamente la teoría arqueológica no ha de resultar
ni más ni men os difíci l que cua lquier ot ra ra ma de la arqueología.
Porque la arqueología en sí misma ya es di fícil. Nos hemos pro-
puesto un a ta rea enor memente intirnidatori a. Queremos llegar a
entender a las sociedades humanas que hace miles de años desa-
parecieron, cuyas cost umbres, valores y actit udes fueron, muy
probablemente, muy dist intas de las nu estra s. Y lo hemos de hacer
sin poder habl ar con aquella gente. Y aún más difícil, qu ere mos
saber el porqu é de sus avances y re trocesos, queremos en tender
cómo se manifestó en ellos el ca mbio. Y los úni cos materiales de
26
TEORi A ;\!{ (Jl ' 1':<) I.Ú( j ! C!\ . LINI\ I NT R() l) t1<'( ' ION EL SENTlJJO COM U:-; NO BAS tA
27
que disponemos para ta n inmensa rarea son unos pocos restos de
basura que olvidaron por el ca mino, a menudo cas i to ta lmente
convertidos en pol vo. No es una ta rea fáci l; el deseo de que sea
una tarea in telectual men te llevadera es compr ensible, aunque es
un poco ingen ua.
La teoría es tambi én una tar ea d ifíci l por otras razo nes que tie-
nen menos que ver con la jcrga que con la práctica académica . Los
teóricos a menudo di cen una cosa y hacen ot ra. Un artículo de teo-
rí a proclama qu e es tá a bordando un as unto desde una perspectiva
nu eva. cuando. de hech o, está ut iliza ndo la mi sma vieja perspect i-
va de siempre de forma disfrazada. Otro ar tícul o acusa a un rival
de una serie el e ini quidade s tc orét icas para luego hacer exacta-
men te lo mi smo, aunque usando un len guaje di fere nte,
Todo esto conduce a mi tesis final: la teoría es difícil porque re-
quiere pensar po r un o mismo. Cuando un alumno redacta un tra-
baj o de clase sobre. ponga mos por caso, la cerámica de los pobla-
dores nat ivos del sudoeste amer icano, está autori zado a utilizar
una se rie de hechos que obtiene de los manuales reco mendados.
Tal lis ta de hech os, o para ser más precisos, tal r epetición de los
hechos narrados por los manuales, puede dar lugar a una nota no
muy buena, en ausencia de análisis crít icos o de cua lquier mues-
tra de un pensamiento propio, aunque ello no impi de que el alum-
no pueda seguir adelante. Sin embargo, cuando se escri be un en-
sayo de teorí a , tal proceder resulta intolerable. Cuando se manejan
ideas abstractas es particularmente difí cil regurgitar cosas copia-
das de los libros sin haberlas compren dido a fond o, y más aún
cuando un autor pretende rebati r a otro.
Pen sar por uno mis mo es algo que cua lquier alumno de ar-
queología (o de cua lquier otr a di sci pli na crít ica) debería t ra tar de
hacer. En últ ima inst ancia es la única justi ficación de una forma-
ci ón en el ámbito de las humani dades. En una época en qu e la Ior-
maci ón se conteInpia cada vez más corno una mercancía, cuando el
conoci mien to puede comprars e y venderse en el mercado. la idea
de una for mación como aprendiza je de las habil idades abstractas
del pensar crí tica mente se encuentra más amenazada que nunca.
Quizás es este contexto cultural lo que ha provocado la dureza de
los pronunciami ent os contra la teoría de los últimos tiempos .
;1
~ 1
I
Comprender la teoría
Bien, atín me siento bastante incomodo con In teoría, aunque esto." pre-
parado para seguir un poco más hacia adelante con todo ellu. ¿Hacia dónde
nos dirigimos a parti r de este punto?
El res to de este libro intent ad iluminar algunas de las pri nci-
pales tendencias de la teoría de la arqueología, empezando po r los
años sesenta hasta hoy mi smo. Para pro cu ra r ob ten er la máxi ma
claridad voy a adop tar dos es tra tegias.
Pri mera , voy a habl ar de vez en cuando a rnplia rnc nte acerca de
los desar roll os acaecidos en otras disciplin as y en el pensamiento
intel ect ual en su con jun to. Consec ue ntemente, podrá parecer a los
ar que ólogos pr áct icos que se incluyen la rgos párrafos e incl uso
subcapít ulos que poco tien en que ver con ellos. La razón por la
que propongo este enfoque res ide en el hecho de qu e la arqueol o-
gía acostumbra a tomar dé prestad o de otras di sci plinas dctcrm i-
nad as ideas. En este proceso, las idea s a menudo so n modi ficadas
e incluso distorsionadas. Por lo tanto será preciso ir a la fuente
origi nal para analizarl as de for ma clara y compre nder con preci-
s ión cómo han s ido utili zadas por pa r te de los arq ue ólogos y qu é
abusos se han producido. No es tá de más adve rt ir que habrá que
tener paci encia con el texto y avanz ar aunque sea pesadame nte a
tr avés de un mat eri al qu e puede considerarse a pri ori ir relevante,
para al fin al encont rar la ex pl icaci ón de su pertinencia con rela-
ción al pensa mi en to arq ueológico.
Segunda, voy a examinar hist óricamente el desarrollo de la reo-
ría , cen tr ando la a tenci ón, en primcr lugar, en los orígenes de la
Nueva Arqueología y a co ntinuación en las reacciones susci tadas.
Pienso que si se comprende el contexto his tórico de una serie de
corr ientes , tal es como la Nueva Arqueología o la arqueología post-
procesual , uno pue de más fácilmen te simpatizar con sus objeti vos
y qu edarse co n los princi pios .Y preocupaciones que las sustentan.
Meti dos en contexto podemos m ás f áci lmente comprender los ras -
gos característicos de la arqueología contemporánea situándola en
su sitio, en vez de emplazarla en el vac ío.
El próximo capít ulo es tará dedicado a estudiar la Nueva Ar-
queología; los tres que le siguen a analizar los problemas que giran
alrededor de las nociones de «ciencia» y «antropo logía)} que la
¡(ueva Arqueo logí a susci tó. Los interrogantes que la Nueva Arque-
ología suscitó son, a mi parecer, a bs olu ta mente decisivos para la
prácti ca y para la teoría arqueológic a contemporáneas.
CAPÍTULO 2
LA «NUEVA ARQ UEOLOGÍA"
La mayoría de los arqueólogos se enamoran de la arqueología
porque se que dan «colgados» de los ha llazgos. Los restos encon-
trados varían - castillos, baños romanos, puntas de flecha prehi s-
tóri cas, utensilios neolít icos, templos maya- , pero lo que atrae de
inmedi at o es un aura de mist erio y roman ticismo de un pasado
que se nos maniftesta a través de sus restos. Esta atracc ión ro-
mántica es a menudo tan to estéti ca y sens ual como int electual. To-
dos deseamos pasear por entre ruinas medievales o tocar utensi-
lios de cerá mica. Sin embargo, tratamos de persuadi rnos de que
tales ruinas o utensilios son meros «datos», (Un colega me conf e-
só que deb ido a lo aburridas que resultaban sus investigaciones
ahora odia con toda su alma la ce r ámica neolítica , aunque yo lo
interpret o como una forma di sti nt a .Y re torcida de arnor.) Los ob-
jetos , sean pequeños como una punta de flecha o gra ndes como un
palacio real , nos fascinan .
Est a querencia por los objetos, en sí misma, nada tiene que ver
con la arqueología, en el sentido de estudio del pasado. Los obje-
tos por sí mismos no nos dicen nada sobre el pasado. He estado en
medio de las m inas de cientos de cas tillos .Y palacios antiguos es-
cuchando atentamente y nunca he oído absolutamen te nada. Los
colegas me cuentan que han pasado por semejantes experiencias
desal entadoras con cerámicas, hu esos .Y otras cosas . A ellos tam-
bién les encanta manejar su materi al , pero éste sigue mudo.
Los objetos no pueden contarnos nada acerca del pasado por-
que el pasad o no exi ste. No podemos tocar el pasado, verlo o sen-
tirlo; ha muerto y desapareci do. Nuestros amados objetos pertene-
cen e1l realidad al presente. Existen en el ahora y aquí. Pueden o no
haber sido hechos .Y usados por gen te real miles de años at rás,
30
TEOR )A ARO I J[:,()J.()( f1( 'A. I: NA IN'J'I{( l [H I{ '{ ' I(l N
I.¡\ {( NU EV¡\ !l J{UIJHJI.OGí A»
3 1
FIG. 2. 1. El abismo entre presente y pasado.
dan hacerlo de una for ma segura o definitiva. De lo contrario, exis-
k el peligro de quedarse en un mero diletantismo de anticuario:
"na mera recol ección de obj etos sin más.
Me he det enido en es ta cuestión porque es [ ácil caer en la
trampa de creer que la mera presencia física de material arqueo-
logico pued e por sí misma deci rn os alguna cosa sobre el pasado.
lul so. Dad una patada a un megalito y só lo obtendréis dolor ; plan-
t'I( 'S cn medio de una sala de un castillo y no veréis otra cosa que
los mi smos muros de piedra medi evales. Sólo podernos contem-
plar el megalito o el castillo en el presente. Vemos ambas cosas a
nav és de nuestros ojos, no de los ojos del observador prehist órico
1I medieval.
Me he deten ido en est a cuestión porque también puede inter-
prctarse co mo el puma de partida de diferentes pumas de vista 050-
1' 1<' la teoría arqueológica. Una de las pocas bases comunes de par-
u.la para la mayorí a de los arqueó logos teóricos es que todos que-
i.-rnos hablar del pas ado y que para ello tod os utilizamos material
Pasado
(Nuest ro objet ivo: Procesos
en el pasado dinámicas
culturales" modos de
vida" . «lo que sucedió",
" actividades socíales»)
I
O
Presente
(Testimonios, hechos : ruinas,
piedras. cerámica. restos:
el mundo de los arqueólogos)
~ I I I V ~ ~
+~ I I ~ - - - - -
pero la co mprobación de la fecha de su manufactura y uso CS , asi-
mi smo, una comprobación que hacemos en el presente. Hast a que
inventemos una m áquina del t iempo, el pasado exi ste únicamente
en las cosas que decimos sobre el mismo. Escogemos preguntar
ciert o tipo de cuestiones a par tir del material que poseemos:
«¿Cuántas cue ntas de collar se encont raron en la t urnba?» «(, Ob-
serv amos un ca mbio hacia un a explotac i ón intensi va de las llamas
_ en el período de formaci ón de es ta cult ura? " ,,¿. Cómo se vivía en la
Edad del Br once?" ,,¿Qué gra do de desi gualdad soci al vemos en
este pcríodo?» Intenta mos decir cosas gene rales o particu lares so-
bre el pasado: "Se produj o un incremento en el uso de la obsi dia-
na en la fase 3B de este yacimien to»: «Hubo m ás elementos de
continuidad cultural entre el mesolítico y el neol ítico de lo que se
ha supuesto »; «Las relaciones de g éne ro se volvieron más desigua-
les con el paso del tiempo»: "Los romanos fueron un pueblo cruel
}' vicioso », Todas estas afirm aciones han sido realizadas aquí y
ahora , en el presente, y no pertenecen por tant o al pasad o.
Sólo en la literatu ra de ficción, pasad o y prese nte pueden con-
verger y entremezcl arse. Es as ombroso que tant os escritores ha-
yan utili zado es ta co lisión con gra n efectismo para co nfundir y
también para horrori zar la racionalista mente occide ntal. Este en-
cuentro del pasado con el presente tam bi én es factible den tro de
los esquemas men tales fuera de Occidente; ori gen en part e de con-
flictos entre di ferentes cult uras, co mo los producidos , por eje m-
plo, con la exc avación y exhumaci ón de res tos hu manos de los
nativos americanos, cuya creencia en qu e el tiempo se mueve en
círculo, hace de la excavación arqueológica una amenaza para el
presente, al profanar el pasado.
La tarea de los arqueólogos es investi gar el pasado . Queremos
saber qué pasó entonces . Nuestr as fuentes materi ales - huesos,
piedras, ut cnsili os- están en el presente y el pasado que constr ui-
mos también pertenece al presente. Nunca conoceremos qué suce-
di ó realmente; si n embargo, porfiamos para poder escribir el mejor
relat o sobre el pasado, un rela to que es infor mado por las pruebas
obtenidas y que procura mos que sea cohere nte y sa tisfactorio.
Uno de los problemas fundamen tales dc la arqu eología se resu-
me en la figura 2.1. La cuestión parece simple: tenemos un mat erial
arqueológico ob tenido de la excavación y planteando las pregu ntas
adecuadas esperamos obtener del mismo información sobre el pa-
sado. Hay un abismo entre pa sado y presente, un abismo que los
arqueólogos han de fr anqu ear de algu na manera, aunque no pue-
32 TFORI A ¡\ROl} EOL OGl e /\ . UNA II\ T R{) J)Ul ' t ' ¡(Ji\:
l i\ ( \ 1 1.\'/\
.13
arqueológi co en el presente. ¿Pero cómo lo hacernos? Una posible
sugerencia invita a usar los m étodos de las cie ncias naturales. a in-
tentar contrasta r, a la vista de nuest ros mat eriales, hipótesis alter-
nati vas acerca de procesos y ac ontecimientos, y desar rollar de
esta for ma nues tro conocimiento sobre e! pasado. Otra posibilida d
es contemplar los materi al es C0 l110 textos pa ra leerlos co mo lo ha-
ríamos con un dOCUI11ento escrito .\' así descubrir la r ica complej i-
dad de los men sa jes cult ura les del pas ado .
Hay muchos más enfoq ues : de hech o, el problema ya [uc perci -
bido sigl os atrás. El humanist a inglés sir Thornas Bro wn e cent ró
su maravilloso ensayo de medi ados del siglo XV lJ, titul ado Il vdro-
taphia, en los descubri mi en tos de urnas de incinera ción qu e hoy
pensarnos que ti enen un origen an glos ajón, situado en tre los s i-
glos v y vu de nuest ra era. Browne contrastó la so lidez física de las
urnas con la imposibilidad de compre nder las creencias religiosas
que expresa ba n, e incluso con la imposib ilidad de asigna rles una
fecha (Browne pensó que podrían ser ro manas) .
La cues tión de cómo enlazar present e con pasado planeó en su
forma más explícita con la Nueva Arqueo logía de los años sesenta
y setenta .
An tes de la Nueva Arqueolugía
Hay planteado un debate acerca de la teoría arqu eológica antes
de la Nueva Arqueología, pero no dispon emos de espa cio suficien-
te para hacerle aquí ju sticia. Algunos hist oriador es de la arqueolo-
gía mantienen que el siglo que precede a 1960 fue como un largo
período de somnolencia para la teoría, con un n1UY escaso deba te
teórico. Arguyen que los arqueólogos se concentra ron en la reco-
lección de grandes cant idades de mat erial sin hacerse demasi ad as
preguntas sobre e! ma rco int elect ual dentro de! que debían traba-
jar, Otros niegan es te punto de vista y man tienen que este período
co ntempló int ensos debates de tipo muv diverso. Es tos últimos
piensan, además, qu e la importanci a de la Nueva Arqueología para
e! desarroll o del pen samien to arqueológico ha sido muy exage-
rada.
Quisi era subrayar que uno de los punt os de parti da de la lla-
mada «Nueva Arqueología» resi de en lo que acabo de plnute. u, la
noci ón de qu e la mera recolecci ón de datos - la ob ten ci ón de' más
mater ial-e- por ella 111i S111U no conduc e a un mej or co noci ur i. -uto
del pasado. David Clarke, un o de los principales expone nt es de la
Nueva Arqu eol ogí a, empezó su libro clásico Analytlcal Arcltaeologv
con un a expresi va ci ta de Lewis Carrol l:
Ya ves, te cues ta la car rera más larga qu e puedas hacer para no
moverte del mismo lugar. reina a Alicia , A travds del espe]» , ca-
pítulo 2, Le-vis Carroll, 1832- 1898.)
Cada año crecen las mieses llu evas de las excavac iones arquco ló-
gicas par a produci r nuevas cosechas de obj etos prehistór icos... El
arqueólogo ya y vien e, 1lI 1t:'\ 'OS nombres y nuevos yacimien tos l' CV(.'rA
dcccn sobre los viejos, mi emra-, que cientos <.11..' a ños de material r e-
cogido inundan las salas de los musco s. Al mismo tiempo, un a im-
placable co rrien te de art ículos v libros describe v etiqueta al nuevo
material , de man era que el iutrépi do arqueól ogo, a fuerza de lu r-io-
sa actividad, apenas puede man tene r su [sic] status qua contr a la co-
tri ente const an t e de dat os. Sin embargo. tina du da nebu losa asa lta
nuestra mente: una d isciplina empíri ca moder na debería poder aSA
pi rar a res ultados má s sat isfac torios qu e el ma ntenimi ento de un
status quo n...-Ia t ivo .\ u n l1 uj o regular de fingidos libros de historia
(Clarke, 1972: 3).
Clarke, en aquel momento no estaba del todo seguro de qu e los
métodos de los arqueólogos podían realmen te darnos versiones
mejores y más fidcdi gn as del pasado: parecía que po r más que sa-
c ár amos a la lu z m ás y más cosas, no avanz ábamos en tér minos de
nuestras ideas. Nuestro conoci miento de los objetos en el presente
aumentó much o, pero deb ido a que no supimos salvar bi en el
abismo que nos separa del pasado no obtuvimos progresos sustan-
ciales en la co mpren si ón del pasado.
¿Qué teorías disgustaban a Clarke? Dicho de otra for ma, ¿có-
rn o, an tes de 1960, los arqueólogos convert ían el mat eria l excava-
do en discursos sobre e! pasado? Es fácil en esta cue stión caer en
generalizaciones. aunque , por otro lad o, pued en encontrarse si cm-
pre excepciones. Uno de los pilares tcoréticos básicos fue la idea
de cultu ra arqueológica , con todo lo que significó para las po bla-
ciones humanas de! pasado. En pal a bras de Go rdon Childc:
Encontramos ci er to t ipo de restos - vasijas, implementos, orna-
mentos, ritos de ent ierr o V formas de habitación-e- rnuv recurrent es.
A est e complejo de ra sgosasociados lo podríamos c.l eno"milla r' «gru po
cu lt ural» o simplemen te «cu ltura». Sup on emos qu e cada tino el e esos
complejos es la expres ión ma terial de lo que hoy lla maríamos un
"pueblo" (Chlldc, 1929: v-vi),
34
TEUR IA AROlJl :,{)J.()( i l (' !\ . UNA I NTJH J1J1 1('('I (l N 1,\ \l NI II ;V!\ ,\ l{ l) I Jl :( JI ( )( ; I¡\¡) , ~
Este t ipo de idea de cult ura ha si do de nominada normutivu, ya
que está en funci ón de dos presunci ones: pri mera, que los objetos
son expresiones de normas culturales, de ideas que resid en en las
mentes de los indi viduos, y segunda, que tales normas definen lo
que es «cultura». Va y a poner dos ejemplos de esta interpretaci ón,
un o sacado del presente y otro del pasad o.
1. Los ingleses son ingles es porque to ma n té, ha blan inglés,
no comen carne de caballo y hacen coja de manera ord enada, a
menudo durante horas sin quejarse, Todo esto los dist ingue de los
franceses, qui enes toman ca fé, hablan fra ncés , C0l11en carne de ca-
ballo y no hacen cola con la mi sma ecuani midad, (Todo es to son
normas cultur al es, ideas ace rca de cómo hav que comport arse , in-
cluso se podrí a deci r que cons t ituye n de hecho ideal es - en este
caso, cr udos es tereotipos- que no corre sponden ne cesariamente a
la realidad en todos los casos.)
2. La cultura arqueológica de la ce rá mi ca de bandas (BKK)
difiere de la cult ura de los vasos de cue llo de embudo (TRBK) en
el neolít ico euro peo:" en (as áreas de domin io de la BKK encontra-
mos viviendas co n fo r mas rec ta ngulare s, ce r ámica decor ada con
di seños lineal es y una econo mía basada en los cult ivos. En las
áreas de dominio de la TRBK, la forma de las viviendas, la deco-
r ación de la ce rámica y la eco no mía son completamente diferen-
tes. (Una vez más, se trata de un idea l: no todos los ya cimientos
BKK o TRBK t endr án las mismas car act erís ticas que los dcm ás.)
Este concepto de cult ura es también poli/ ético: es to es, depende
de que un número determi nado de rasgos diferentes se produzcan
juntos. Tomar café no convierte a un inglés en francés; una vivie n-
da rectangular no convierte un ascntamiento TRBK en un asenta-
miento BKK. Lo que define a una cult ura es la presenci a simul tá-
nea de un número det ermi na do de características, co mo subrayó
Childe. En Améri ca del Norte. el método de tabula r largas list as de
característ icas ti pológicas para establece r comparaciones entre ya-
cimientos fue seguido con gra n asiduidad.
Para resumi r, según el punto de vista tradici onal. trasladamos
el presente al pasado a base de reunir obje tos en grupos que de-
Las inici ales re presen tat ivas de las culturas cit adas co rresponde n a su nomen cla tura ori -
gin aria en aloma» : as í, BKK provien e de Bovuicntccranuk: Kultur. y THBK provie ne de Itíchte-
rrandbecher Kultur. (N. del l.)
nomi namos culturas a rq ueol ógicas, Segui damente hacernos equi-
va len tes tal es culturas a rq ueológicas a las cu lturas humanas pre-
sumiendo que los o bj etos son expresiones de idcas Ode nor mas de
comport a mie nto.
Est e enfoque tiene va r ias consecue ncias. En primer luga r, es t i-
mul a la tend encia a particularizar lo quc los arqueólogos cuentan
del pasado, en vez de hacer generalizaci ones. Por Jo ta nto. en vez
de subrayar las si milit udes entre objetos. se enfa tiza n las di feren-
cias y parti cularidades observadas entre ellos.
Por ejemplo, al gu ien podría querer hacer gene ra lizaci ones cn-
Ire los yaci mientos BKK y TRBK para subra ya r que es tos gru pos
diferentes estab an a l mismo ni vel de desar ro llo econó mico v so-
cial. Ambos podrían ser clasifi cados como soc iedades con U;1de-
terminado nivel de estrat ificación soci al, ponga mos por caso, o
con ti pos de economía de sub sis tencia simila res. El enfoque cult u-
ral , sin embargo, tiend e a diri gir la a tención, no haci a los rasgos
más gene ra les. sino haci a lo que di st ingue las cult uras BKK y
TRBK, tanto ent re ellas mismas como con rel ac ión a otras. Nos
impulsa, pOI" lo tanto. a destacar di ferenci as , a ret ener los rasgos
más peculiares corno sus for ma s particu lares de co nstr uir o de en-
terra r a los muert os. a fi ja r la a tención en el tra zo linear de la ce-
rá mica de los un os y la forma pec ulia r del cue llo de los vasos de
los ot ros , y no tanto a ver lo que tie nen en comú n,
La segunda consecuencia de una visión no rmativa de la cul-
tura es la tendenci a a co ntempla r las culturas como si no evo-
lucionasen. Insistimos que el enfoque normativo co nt empla los
objetos como expresiones de ideas compar t idas por un grupo. Si la
gente de la cultura BKK compa rt ía a l unísono las mismas ideas
sobre cómo debían co ns truir se las casas, fabri car la vajil la y en-
terrar a sus muertos , ¿de dónde vino el cambio? La manera m ás
fácil de explicar el ca mbio es s ugerir que vino dc fuera, de otro
gr upo humano. Es ta «i nfluenci a» extern a puede pr oducirse de
dos manera s: por mi gr aci ón de pueblos o por d ifusi ón, es decir
por di seminaci ón de ideas fr uto del co ntacto entre gr upos di s-
ti ntos.
Las explicaciones sobre prehi st ori a a ntes de la Nueva Arqueo-
logía tendían a ser de dos tipos. Por un lado. secuencias cro noló-
gicas de cult uras, a lgo parecido a unos hora ri os con gru pos cult u -
r ales en vez de trenes. Por otro, mapas llenos de flecha s que in di-
caban las mi gr aciones o la difusi ón de ideas testimonio del cam-
bio entre culturas (v éanse las figuras 2.2 y 2.3).
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:;lntc:·;;:·¡ \.)l'ulbclcJa s tend ía n ti ser descriptivas , C:.\, dcs
cr Hda n ia :jes y en las qu e se prnJ ud a el canl bi o cull u ra l: lal
u : Hu:-a sigu Ió ;:1 u tl'a , la l iIl IlO\,;1c ió n se difu ndió a cal ritlll o .
i\:t: icha p¡--cl:i Slí h·: ;.:. l '['adicion a l se le ía como In ucha hist or ia u-adi -
.:i01E1L es dec.l1'. C·().: no (lna LT()nica f1conteci rni cntos anHdganl a-
C:.H r HJ:! ' lTda ·;":-f abia lll UY poca exph caci órl exp líci ta de las
de los db cflos de la ceránlica o de los 1l1() -
pet' que ue:.a d i fu nd ía .
L.':", \,;:,; esta maner8 de ver el Call1bio llna «vi-
i;. , cu ]¡u ra » (Bin !'nrc1, 1964.) La inl agcn dl.,' Binford
02, ' H lf: l ::-L G-.l r ; c: t tt. i ¡'¡I , pc..: nJ corno lodas las ca ricaturas, contení a Ulla
(-: .";en(":-¿l ::\ ; 3¡il fo¡'d q ue r ía si gl l ifi cal ' q ue l os al"qt IC( ',ll Jg()S t1"a-
C.li C]OL cd c ' el [napa del mundo pr chist ór il.'() como
>u c.';t' "l"_L r .;·; .:. l .ó go . ( ' ua ndo se pr oduCÍrl u na iríl10vaci ón por \: 1 razón
'í:"-.,:,,:: se :-:d u:,) ésla t(;ndía a en
xr ':J'.'i d.a pol' procesos el e int h.lcl lcia 11 d iíll siún .
r re. 2.3, 1.(/ , ('Ulll lras seglÍ n 09ri 8j. r. ,{I ¡le I ilI(l i' {! di /';" ¡ ) /) i st l' i
bu cióJI de /11 u t! llIra dI' 1.(; Ti' ! /(' e i ll l hwl/ ci fls: 2) !l l lldfl s de / Id I '-", f i i n :;)
¡-i mciv ll es IniIIÍ II ¡("(Is; .f ) a/ntl u!wlcia de fi /!ldrl >; .;,
COln o la s ondas p rod uc id as por una pied¡'a la!:.L.. la supc;'f;-
ele ele un lago cnca ln1ado. r':n cada localizacIó':] d.:. :(l;J se p UdÜ·;l ; en··
cont ra ]' det er minada s ondas de in IJ uen ci a q ue I.a ;: '.ír :xvc:::rtDéi )J.,
!n si Slu en repetir que esta ca racte rizaci6n nn·
tcriar H los ailos e!-l de masiado bren : y s i¡np!i r¡Cí:l y gell c r 2t-
li z8.. en esceso . En r att icul a r ha lú el'I..Cf1 ".T te en 10
qu e r eprcsen té.1 nt es de 1<:1 l\llCVH Al'qu eolng-r(-l, co¡no D;:l\'irj Clar kc: ,
Co lin Rcn i"rew ti L('\"'15 Bin ford d ije r on dc h::
na l. L\1w.:hos se han quejado de 4lte la Al'(.!l lC' oi ngrn d l bll j :"' ,
una imagen dist o rsion ada del pen sanl ien t c en
el.e sus pr opios obje tivos polémicos. Per o sI esto es j'o 1;;,
Arque ología pensa ba sohre la 31'(}lteologfa v ,,-.dicio"i"l :l l, fue
lu que r Cí?l cci onó. En In sección dcd icéx b b b¡biio gr:.tfía
eonl en i:.t da se incluyen sugcn: nc1 as, de D.1
311
IV O RI A ¡\I{(J U I -'.()) .r )( ; 1<.' 1\, l l N ¡\ I N T R( 1)UCC]()t\
1,(\ « N l IE VI\ !\]{(j ll l ':{) l ,llt;[ ,\ » :lY
Los orígenes de la Nueva Arqueol ogía
¿Qué fue, entonces, la Nueva Arqueología? Una cosa es ci erta:
ya no es nu eva. El t ér mino ( Nueva Arqueologí a » se aplica a una
escuela de pensa miento que barrió a lo largo y a ncho de la a rqueo-
logía anglo-ameri cana en los años sesenta y se tenta . Ha de se r con-
templada en el ma rco de corrientes si milares de pensamiento en
otras disciplinas , en part icula r la Nueva Geografía.
La Nueva Arqueol ogía no fuc só lo un paquet e cer rado y com-
partido al unísono de credos y teorí as. De la misma forma qu e no
se espera que t odos los integra nt es de un parti do político tengan
las mismas ideas so bre t odos los asuntos , aunque exista un ci ert o
n úmero de ideas y valores bási cos que informan a l colect ivo, baj o
la bandera de la Nueva Ar queol ogía se re unió un gru po diverso de
arqueó logos con diferentes idea s y enfoques. Lo que les unía era
una sensació n de insa tisfacci ón co n la sit uación de la arqueología,
la perce pci ón de que las cosas debían cambia r; y ellos, como nue-
va generaci ón rampa nte de «jóve nes tu rcos », iban a prot agonizar
el ca mbio.
Esta insati sfacci ón con la a rqueología tradi ci onal cris ta lizó en
la frase: «debemos se r más cientiiicos y más antropol ágicos », En
esta frase concreta identifica mos el orige n de la decepción de los
nuevos arqueól ogos con rel aci ón a lo que había an tes, y, en mi opi-
nión, la semill a de desar roll os poster iores ,
¿Por qué la hi st oria cultural se contemplaba como algo aci entí-
fico? Tenemos que volver a los comentar ios de David Clarke sobre
aquello del esforzar se más y más pa ra no moverse del mismo lu-
ga r. Los arqueól ogos tradici onal es acu mulaban más y más in for-
mación, per o ello no se traducí a automática mente en mejores ideas
sobre el pasado, por las razones ya discutidas. Ocurrí a que se
a montonaba más y más mat eria l ar queológico en la mi sma se-
cuenci a intermina bl e de cult uras. La «ci enci a» , argüían los nuevos
a rqueólogos, usa sus da tos para contrastar hipó tes is ac erca de
cómo funci onan las cosas y extrae gene ralizaciones de sus co ncl u-
siones. La «ci enci a» no se dedica só lo a colocar los hechos en es -
tanter ías ordenadas, si no que progres a a mplia ndo y profundiza n-
do su comprensión del mundo. Las ciencias nat urales ha ll desa-
r roll ado un mejor conoci miento del mundo que nos rod ea.
¿Por qué la histori a cultural no era considerada an uopol ógi ca?
Los arqueól ogos tradi cionales, a l orde nar los obje tos 1""· " II II11 l'aS,
a menudo parecí an olvidar a los seres huma nos: las I¡polo)'. ;as de
la ce rá mica parec ía que funcionaba n so las, ajenas a los seres hu-
manos que las produ jero n. En este sentido, la arqueologí a tendía a
ser fetichis ta . Un fet iche es un objeto que ocupa el luga r de al-
guien, de un se r hu ma no o de un grupo huma no. Los arqueólogos
tradicionales parecí a que dedica ban un gra n es fuer zo a descr ibi r
el movimiento de los objetos sin pensar en los seres humanos, en
los sistemas culturales, que había detrás de los mi smos. Las ti po-
logías cerá micas y las clases de vivienda pa recí a que des arrolla ba n
unas peque ñas piern as y empezaban a funcionar po r sí solas.
A un nivel más pro fundo, la arqueología tr adicional no cm an-
tropológi ca en e! sentido de que no parecía que las «cul turas» ar-
queológicas, tan bie n a mamanta das por los hi st or iadores cultur a-
les , tuvi eran ninguna relación con las comunidades reales de in di-
viduos. Muchos nu evos arq ueólogos cuestionaro n el vínc ulo entre
culturas arqueológicas - los recurrentes conglo mer ados de r as gos
dc Childc- y pueblos de! pasado. El mismo Childe tuvo la duda de
si realmente se podían equipara r las culturas ar queológicas con
los pueblos del pasado:
Sería impruden te es tablece r con preci sión a qué gru po soci al co-
rresponde un a determinada cult ura de arqueólogo... Cult ura y len-
gua pueden no coincidir (Childe, I Y42 : 26-27).
Has ta aquí hemos visto las razones por las que muc hos nu evos
arqueól ogos abandona ron la concepción normat iva de cultura y se
dedicaron a buscar o tras mane ras de interpret ar los objetos ex-
traídos de la ti erra. En pala bras de Clarke, los ar queólogos exper i-
mentaron una "pé r dida de inocenci a ». Las in ocen tes eq uiparacio-
nes entre objetos, cult ura s y pueblos, o de for ma más general, en-
tre infor maci ón e interp ret aci ón, debían se r conles tadas.
Insisto, los nu evos arque ólogos deben contempla rse más a la
luz de las decepci ones que co mpa rtí a n, que de las convicciones
que profesaban. David Cla r ke lo llama ba «las preguntas que hace-
mos m ás que las posi bles respuestas ». Lewi s Binford, la figura
más descoll a nte del grupo, explica una histor ia que ilustra tanto
de su fervor revoluci onario C0ll10 de su irr it aci ón con el part icula-
ri smo de los mét odos tradicionales:
Recuerdo un día en que un tfpico estudiante del profesor Griffin
volvía de una sa lida de tra baj o a la part e alta del valle del Il linois.
Había entrado en el museo con el anuncio de que hab ía encont rado
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FICi . 2.4 . Visiú11 :;;í,-;,fiÍmica de la el/l/ li ra St'gÚ11 Dm' id Clmkt: ( 1976). D! C'! tí pico 1(211 -
guaje Je la N1Kva C!ad:(' ('.tl'lic(/ ,·II'.·i(flll'I/1a osí: «.\ 'orle/o ¡'SIúti co y sis;e-
¡mírú,' o del equi lihrio dhuíllfico el1tre la rer! de de I!II sisl e11llf w;ciocuftz:m!
y el con jlf i ! 10 de SI/ sist eIJ/a IJlCc/i lJlI ' lI hiellilll. Sn 111 S1I/ I ia dI..' ('j;'c/os de
otms cuf/ ll mles rdod ol/ (Idv .'" ('(}.11 S ;¡¡edialltt' "n.)(lcc'ir¡¡¡es ('u/111m/es" {{{/le n
de pu¡¡ins/ .\ c()u el e ll to!"!1U II I t'd/l >rL/lIhh'/lWI !/ 1(-'a'iil1li' t' "i u /cmccin/ies " Cf!lIfil1lla).
POi"('1 COill i' !1!p {W ' e/ SiSt CIIIC/ el) ' (idn,, ' /n.., l'U ,' I,' / J¡"¡U: :'',I1(('0 hinl d'e rJs( 'r' hu
al c(,' /ur imm'!l fl' i1 lo largo dé' f(ls Iroy ceto¡'i (:'.' de ill i eIH'ill l 'ir ';U. )'
E Il scg uudo lugar; hubo un én tasi s cr
(v éase Iigura 2.4 .\' capítulo 5). LB cult ura un
saco lleno de normas a leatoriamente í.v.Jqt d,, ·kb :;, l •.:.! ... .no parcct..
impl icar el discurso d.(' los hi s toriadore s culru:.. . ..
>-1 Anj ll culogía

u n ob jeto «único» . unu \ a sij..\ pint ada cu negnt lvo. Gri lí in Sl.' i IIlC l'l.. z-
só lógica mente por el hall azgo Papworth dijo ad elant ánd ose: «Dé-
i ..n -.lek vcr; » To rn ó lu va s ij a . la m iró y la la nzó al SLH.:'I u la paH L' Ó
hasta j cj ziJ.'Ja re d uc ida a añ icos. «Est o es lo que pienso de tu ejem-
pl ar ú ni co. » ll ,l \ o u n shock, a l es t udia n te cas i le sal ier on las
l ág-. :;0' yo me rcla int eri orment e (Binford, 1972: 130- 131).
h'· ':
c:¡c:;;;T n ;. (J o de la Nueva Arq ueol og ía, cier tos temas clav e
r ::rit¡( ll cl o:;c en los t ext os de sus proponen tes. Intent aré r e-
:;umi d o;: C1"1. :, ;¡c u::' puntos. Quiz ás pu eda parece r que hago un as
breves () demasi ado si mp les, pero es to s tern as ser án
eL n Li C'I.'D 1l1ÚS a delan te en p róx iu u», ca p ítu lox. Lo im -
porrantc ;;.thor.:,'.. es obte ner una visi ón general del es pír itu del 1110 ··
vi micn t o .
f:i n l:.Je:'ll-, hu bo un én fa s is e n la evoluciú n cultural. La
T:2.iz1.ó l'a al.ul c a una ser ie de si gnificado» re lacionados
qu e se r crr. ont nu E Darwi u en el siglo XIX (véase ca pítulo 9). Para
r cprescrn an tes del movim ie n to significaba. en parte, que
sociedades lXHJran clasi ficars e según u na escala que VH de lo
:;i¡iT;')k a lo CO:i1p L.'j-:L Desde es te punto de vis la , las cu lt uras e vo-
.u cionur .», un exlad io a o tr o , p OI' ej emplo, de so ciedades de
hancÜ.'- s a SCy:i ccüu..1I:: s triba les y luego a sociedades de j efa tur as,
¡'C' debía en parte a la voluntad de re chazar el
«pun to con su s on das alea to rias des p leg ándos e
·;'0 1" el Ll'-:.pa. ·:2. n St l. los nu evos arqueólogos querían in dagar
en etinú',TliGJ:'; in Ler nas de las soci elhi des, responsa bles dL' con-
dlciou;u ' la dü ecciún genen ll que tOllwba .s u de.sarrollo soda l (la
h·a:.; e USr.l. da habií t.wlrllenle era «trayectori a cult u ra l»).
La noción de e voluci ón se n ía a l énfa sis expreso pUL' :-l tn en las
generalidades por eddl na de las pn rlicuhl ridades. Dos cultu ra s
pueden h,-1i,1er dHerl do en las fOl'Jn a s especi fica s que las
.J oya:.; que pcml llclan, o los ti p os de casa. Sin enl ba rgo, so ··
ci edade s P:}L1Ül rI sei' co mpm'a bles por es ta r a l 111isnl o lI i vl..'l VII la es··
2\,'clutiva. De est a rOrnl tl se podía n hacer
por la e\'olución pll l' las
(lesde el úivel de las jefa turas a l nivel (,k ( ll '!!,;l l li l;\l '¡{m
.':J i n r.::re o cu lJ' U'tit' en uen1í.lsía, en cauu cas( ), J ) ( JI ' I(
IeJ. cen:lnüca o los difer entes es tilos ii 'C
42 TEORÍA ARQlJEO L(}<il CA. UNA IN rl ./..O IHJCU ()r\ LA «NUEVA AROljEO].OGIA» 43
(1964) de fini ó la cult ura co mo «Ía forma extrasom át ica de adapta-
ción al medio de los seres humanos».
Binford quen a significar que mientras que los animales se
adapta n al medio a t ravés de sus cue rpos - la ji rafa tiene un cue-
llo largo para alc anzar los tall os tiernos de la copa de los árboles
de la sa bana, los osos polares tienen una piel gmesa y un pelo es-
peso para resguardarse del inviern o ártico- , los hu manos se
adaptan al medio mediante la cult ura. Estas adaptaciones cult ura -
les son todas externas al cue rpo, es decir, extrasom ática s.
Por lo tanto, las cult uras eran:
a) No ciertamen te un saco lleno de no rmas di st int as aleato-
ri ame nte ad qui ridas, sino un sistema en el que los diferentes com-
ponentes se relacion an unos con otros co rno cor responde a un sis-
tema en fu nci onamiento.
b) Un sistema co mparable a otra clase de s istemas corno los
descubiertos en el mundo físico y ani mal.
La teoría de sistemas se rá exa minada co n m ás ampli tud en el
ca pít ulo 5. Por el momento es importante fijarse en que permitió
a la Nueva Arqueología hacer dos cosas. En primer l ugar; a bundar
en la idea de generalizaci án, Culturas diferentes pueden haber te-
nido estilos art ísticos diferentes y ri tos fun erarios distintos; sin
embargo, sus si stemas sociales básicos pueden haber mostrado si-
militudes fundamentales. En segu ndo luga r, ayudar a los nuevos
ar queólogos a ser 111ás optimistas acerca de lo que la arqueología
podía consegui r. Uno de los aspect os menos atractivos de la ar-
queología tradicional era su pesimismo: nun ca podremos llegar a
reconstruir la vida religi osa o socia l de los pueblos de l pasado; a lo
sumo, sólo est abl ecer cronologías. James Deetz escri bió:
El dar import ancia a las interrelaciones esenc ia les de los sis te-
111a.S culturales TlOS permite comprender muchos as pectos a part ir de
rel ativamente pocos... esta ce rt idumbre es como mínimo un a res-
puesta pa rc ial a los problemas planteados por la insufi ci encia del re-
gis t ro arqueológico (Deetz, 1972: 11 2).
Tercero, si la cu ltura era adaptativa, lo era con re lació n a un
entor no externo. Para el arqueólogo Kenl Flannery, no se trataba
de observar los objetos y aprender a través de ellos cosas so bre las
cult uras humanas, sino de recons tru ir el sistema ecológico corn-
pleto que había detrás, tanto del «indio» como del «objeto ». Este
énfasis teorético sobre la importancia del medio externo condu jo a
interesarse por el mat erialismo cult ura l (lo material prevalece so-
bre lo mental ), la ecología cult ural y las for mas de la economía de
subs istenc ia. Las nuevas actitudes con relación a la teoría avanza-
ro n co njunta mente con las nuevas t écnicas cientiiicas que fue ron
descubiertas en el período qu e siguió a la gue r ra; análisi s de fa u-
na, pal eoet nobotánica, datación por carbono- 14, dendrocronoJo-
gía, ctc.
Cuarto, se insistió en el enfoque cientii ico. La Nueva Arqueolo-
gía veía a la arqueología tra dicion al como una disciplina mod ela-
da con las técnicas de la historia tradicional en la qu e las cult ura s
ocupaban el lugar de los gra ndes actores de la histori a, siendo su
objetivo la recon st ru cci ón de aconteci mientos part iculares en el
ti empo. Puede pa rece r que es ta cara cte rización no es ajustada, ni
con relación a los arqueólogos ni con relación a los hist oriadores
tradi cionales, pero condujo a los nuevos arqueólogos a utilizar la
Ciencia como cata pulta para la arqu eología. Según Wat son, Red-
man y LeBlanc en su obra Explanation in Archaeology: An Expli-
citly Scintiiic Approach ( 1972) , la con trasiac i ón cientí fica de las hi-
pótesi s da la medida del progreso de la arqueología.
Quinto, se insis tió en la noción de proceso cultural. El concep-
to de «proceso» es clave en la Nueva Arqueología, au nque sea algo
dificil de captar. Involucra a disti ntos aspectos re lacionados que ya
se han tocado:
a) Queremos ser expli cativos más que meramente descripti-
vos - preguntar el por qué de las cosas en vez de sólo el cuándo.
Una secuencia cultural tr adi cional co mo la de Childe (figura 2.2)
puede ser muy vali osa para descri bir una secue ncia, pero no nos
dice nada sob re el porqu é de la sustitución de una cult ura por
otra en el tiempo, o no explique por qué una in novaci ón como la
metalurgi a tie ne una di fusión rápida o lenta. Como se pued e ve r;
este tipo de preguntas explicativas tiene relación con el pri mer
punto clave de la Nueva Arqu eología , el énfas is en la evolución
cult ural.
b) Queremos indagar en los procesos fund ament ales en vez
de contentarnos con el «r uido » de fuera. Desde es te punto de vis-
ta, qu e la cerámica tenga una decora ción en zigzag es sec undario.
Lo importan te es contemplar la cerámica como un objeto de co-
mercio, indicat ivo de una especialización artesanal y reconstruir el
44 TEORÍA AR UlJEOL()( ; It'/\ . ¡: NA I N II{ ()] H '( '( ' 1(1,\
1,\ "N III .' ,\',\ ¡\ h:.() I : I·:( ) j,l Il : I l\ » 4 ~
proceso por el cua l, por ejemplo, el desarro llo con el tiempo de re-
des comercia les ti ene que ver con tal especi a lización. Los fenóme-
nos pa r ticulares siempre son susceptibles de variación: ta l como
sucede con la economía o la sociología, lo import ante es la ten-
denci a subyacent e.
e) Queremos observar el ca mb io e n el la rgo pla zo. Muchos
nuevos arqueól ogos argüían que si se querí a hacer a ntropología
se debía empezar po r el presente. La mayor ,v quizás única contr i-
bución de la arqueologí a a un estudio a mplio del ser humano
debe hacerse desde la perspectiva a largo plazo, perspectiva que
no pueden obtener los antropólogos por trab aj a r sob re el presente
o sobre el pasado m ás r eci ente.
En este sentido, la Nueva Arqueologfu compa rt i ó muchas de las
preocupaciones sobre los rit mos del ciclo largo de la histori a con los
historiadores del movimient o A111 tales , como Ferdinand I3raudel ,
aunq ue entonces apenas se llegó a tener concie nci a de es os para l c-
Iismos en las ideas. y correspondi ó a post er iores generaciones de
teóri cos (años ochenta) se ñala r tales similitudcs (véase capítulo 10).
Mu chos nuevos arque ólogos cont ras taron los procesos cult ura-
les con la hi s tori a eult ural. Según su punto de vista , la hi s tori a
tradicional no ha cí a o tra cosa que des cr ibir un con junto de hechos
políticos más () menos fort uit os corno bat all as y nacimientos .y de-
cesos de monarcas, sin llegar a explicar nada en rea lidad. Sust itu-
yendo proceso por his toria, las tendencias o procesos a la rgo tér-
mino que discurrían por debaj o de la superficie de tales aconte c í-
micntos aparecí an co mo los temas de estudio r ea lmente impor-
t ant es.
Sext o, y más en gene ra l, hubo una tendencia a ser más cx pl íc i-
tos con respect o a las influenci as recibi das y los propios prej ui-
ci os. Un bu en cientí fico, se decía, no usa la intuici ón ni hace pre-
sunc iones impl tcitas: al contra rio. deja claros sus met as e int e-
reses. Gran part e de la Nueva Arqueología es taba int crcsudn en
pronunci a rse abiert amente sobre todo aq uello que s"' lo dl' forma
tácit a se presuponía. Un buen ejemplo de ello puede Vl' 1S<' e n los
trabajos tipol ógicos, es deci r, de clasi ficaci ón de los " hi<' los sl' gÍln
su forma . Se aceptaba trad icion almen te que los "hic' IIIS .k-bran
clasificarse y que tal clasificaci ón tenía que ver <..:0 11 1: , SVl ' l l c l l d a
cronológica: los arque ólogos decí an cosas COl110 «la.... v.r:... ij : l -, dI.. ' re-
rárnica con el paso del tiempo adopta n formas Il l :b I lllI ,! ' ; I( I: I " », o
«este estilo de joverí a se abandona durante es te P \,.'I"11HI41\' . S i l l \ , , ' 1 1 1 ~
.,
hurgo, el critcli o <' Illpleado pOI el es pec ia lista para just ificar que
un obje to de joyería se cons idera ba «de una pri mera época » y otro
se conside raba «de época ta rdía » rarame nte era expl icado.
En su li bro Analyt ical Archaeology, David Clarkc ut ili zó muchos
de los conceptos de la arqueología tradi ci ona l - t ipología, conj un-
to, cult ura, por ejc mplo- , pero a rgumentó abiertamente y de for-
ma explícita cómo debía n definirse. Pa ra Clar kc, el req uerimien to
a ser explícitos y precisos en el uso de la ter minología era la pun-
ta de la nza de la Nueva Ar queología.
Un aspecto rel acionad o co n todo es to hacía re fere nc ia a la ne-
cesidad de fundamental' el t rabaj o arqueol ógico en la resolución de
problemas; es decir, que existía la creencia de que sól o tenía sent i-
do excavar o, en t érminos m ás generales, hacer investi gación ar-
queológica, armados de interrogantes cient íficos. De lluevo , pues,
la relación con la necesidad de co mpor tarse corno ci entífi cos: el
científico cont rasta hip ótesi s cs pec fficas, ~ ' e hace preguntas muy
concretas a nte la informac ió n recogida . En el capítu lo 3 veremos
cómo el hacerse preguntas conc re tas o el contrastar hi pótes is es -
pec íficas se convir tió en el meoll o de la idea de la a rqueología
corno ciencia.
La sé pt ima y última preocupac ión de la Nueva Arqueología fue
la compre nsión de la idea de variabili dad, es decir, la intel ecci ón
del materi al ar queológico en términos estadísticos. Los arquc ólo-
gas del pasado se habían co nce nt rado a menudo en los mayores y
rr. ás es pect aculares yacimi entos , o en los objetos más bellos . Los
nuevos arqueólogos señalaron qu e no se podía co mprende r un a ci-
vilización ur bana import a nte, pongamos por caso, sin exami nar su
in fr aestructura rural (otra vez la im po rtancia de observar el sist e-
ma completo), y que no se podía entende r la infr aest ru ctu ra r ural
si n conocer el número de asenta mientos ru r al es que habfa. Por lo
tanto, lo que debí a hacerse pa ra entendc r a quella civilización era
concentra rse en un est udio siste má tico de los asentamientos co-
rrien tes , en vez de hur gar en o tro si tio de él ite co n mul ti tud de ob-
je tos exóticos y bellos. Los hall azgos podía n ser menos cs pcctacu-
la res per o la compre nsión del s iste ma co mpleto de ocupaci ón del
territorio sería mucho mayor ,
Pa ra en tender la varia bilida d los nu evos arque ólogos debiero n
estudiar de una forma crú ica las teor ías y las téc nicas del mues-
treo. Para co mprobar la variabilidad se de bía tener muy claro que
se es taba examinando una muestra representati va de yaci mient os
arqueológi cos. Kent Flannery expli caba un a memorable historia
46 TEORfA AROlJÉOLÓGI CA. UNA I NTRODUCCi ÓN LA HNI JEVI\ 1\1{() l ! E() U )(i ] ¡\ ) 47
de un arqueó logo mesoamericano que sólo renu nciaba a estudiar
un yac imiento cuando se veía forzado a po ner la primera marcha
de su Jeep para llegar hast a la cima donde se encontra ba el yaci-
mi ento. En respuest a, los nuevos arque ólogos explora ro n métod os
alea tori os de muest reo .
Muchos de los peores aspectos de las act itudes tradicionales
que los nuevos arqueólogos fust igaron todavía perviven hoy día.
Hace pocos años, recue rdo qu e pregunté a un preeminente profe-
sor que había escrito vados libros infl uyentes sob re arquitec tura
tradicional, cuántas casas de una cierta época y tipo había en un
determinado condado de In glat erra. «Oh - dij o- , una cantidad
enorme.» Sí, pero ¿cuántas? ¿Decenas, cientos, mil es? «Bien, mu-
chas, aunque no me arriesgaría a da r una cifra concret a », replicó.
¿Y cuántas pudo haber en tal área adyacente? «Realme nte pocas."
Y, ¿qué proporción de casas de tipo A y de casas de tipo B había
en las do s áreas? «Mrnrn... )l O sea , qu e ust ed no tiene inconve-
ni ente en afirmar que se enc ue ntra n con más frecuencia casas de
tipo A que casas de ti po B en un área, pero no en la otra , y que de
es tas observaciones podemos sacar concl usio nes acerca de los ni-
veles relativos de ri queza en las dos á reas . «Oh , sí, está muy da-
ro ... » No hace falt a se r un conspicuo nuevo arqueólogo para ver
que ta l razonami ento no augura nad a bueno sobre la co mprens ión
del registro arqueol ógico.
Sigo un poco escéptico. En primer lugar; los arqueólogos anteriores a la
Nueva Arqueología no eran aquellos ti pos secos .v estúpidos qu e los Iluevos
arqueólogos nos han contado. Ellos ya hicieron muchas de las cosas qu e és
w
tos nos han inculcado. Ffjese sino [>11 el trabajo de Crahame Clark en St ar
Carr, donde }'a en los mios cincuenta se realizó WI estudio ambienta l. O el
trabajo de Alired Kidder tan to en Mesonnierica como e l l el sudoeste de Nor-
teameri ca. Y Cardan Childe ~ I O puede ser acu sado de la mayo ria de los pe-
cados con los que la Nueva Arqu eol ogia intentó cu lpar a los hi storiadores de
la cultura. Sus libros Los orígenes de k, ci vilización y ¿Qué sucedió en la
hist oria? est án llenos de imágenes dinámicas; 50 11 libros qu e tratan de ex -
plicar el por qué de las cosas, qu e no olvidan los procesos [undamentales...
Tu análisi s contiene much a verdad. La arqueo logía tradi cion al
no fue necesari amente el empeño est rechamente descriptivo y es-
téril que la Nu eva Arqueología pi nt ó. Hay que decir que muchos
textos tradici onales sobre mi gracion es y di fusi ón de element os
cult urales realmente eran algo más qu e descriptivos y sí plantea-
ban motivos y causas. Algunos libros como The Prehisto rv 111' Eu ro-
pean Saciety, de Childe, presenta n un modelo di námico en el cual
las cult uras indígenas son analizadas en sus as pectos dinámicos y
cr ea tivos.
A pesar de todo, las crí ticas de la Nueva Arqueol ogía eran per-
tinentcs. Para nuest ro propósito de intentar co mpre nder el lugar
que ocu pa hoy la teo ría , no es primordial determinar si la Nueva
Arqueologí a era o no preci sa en sus crí ticas ; no s interesa sobre
todo comprender por qu é la Nu eva Arqueol ogía se desarrolló en el
sentido que lo hi zo. Nu est ro breve esbo zo sirve a tal propósito.
Es igual mente ci erto que mucha Nu eva Arqueol ogía no era
realmente nu eva. Como tant os otros movimient os teoréticos en ar-
queología, tomó cosas de prestado de otras dis ciplinas. El tr abaj o
del antropól ogo cultura l Lesl ie Whit e fue particularmente influ-
yente. Su libro The Science al Culture abundaba en la necesidad de
un enfoque científ ico y defendía una idea de cultura como siste-
ma. Otro antropólogo, J uli an St eward, ha bía hablado de ecología
cultural y de adaptación en sus trabajos. Los pri meros trabajos de
Binford dejan clara su profunda deuda tanto con White como con
St cward, Finalmente, el pa pel otorgado a la teoría de sistemas
tenía much o que ver con el énfas is de Walter Taylor en lo que él
había llamado «un enfoque conj unt ivo » en su tra bajo de 1948,
A Study 01' Archaeology, No debe olvidarse que Whi tc, Steward y
Taylor estaban en minoría en sus respectivas di sciplinas. White en
particular estaba escribien do contra la antropología cultu ral orlo-
doxa de su tiempo cuando sus puntos de vist a fueron adoptados
por los arqueól ogos.
Por su orientaci ón ant ropológica, la Nueva Arqueología puede
asociarse muy especi alment e co n Norteaméri ea. En Gran Bretaña,
nuevos arqueólogos como Clarke y Renfrew obtuviero n un gran
predicamen to, pero en su co njunto el impacto de la Nueva
Arqueol ogía no fue tan revol ucionario como en Norteamériea .
Cr eo que hay varias ra zones para ello.
La primera tiene que ver con la organi zación insti tuciona l de la
arqueología. En Nortcam érica hay muy pocos departamentos uni-
versitar ios dc arqu eol ogía . Muchos arqueólogos académicos traba-
jan en depart amentos de antropología siendo allí la minoría. Algu-
nos arqueólogos clásicos o hi stóricos encuen tran empleo en cual-
quier otra parte. Por contraste. en Gran Bretaña los departamentos
de arqueol ogía, o co nstit uye n estr ucturas plenamen te autónomas ,
o están ligados a los dep art arn ent os de hi sto ri a. De ahí que a un
licenciado de los años sesenta y setenta en Estados Unidos con
4H
11 ;, ( ) I{ l A ¡\ I{() U1:0 [.( )( ;](';\ , l l ~ j \ I :--J T IH JlJUTlt IN
LA 1<\lL:EVA ARQU FO I.OG1A» 49
in t ención de hacer el doctorado sobre arqueología y optar por in-
tegrarse en la universi dad se le exigía do minar la antropologí a.
pa rticularment e la teoría antropológica, donde había de encontrar
muchas de las ideas sobre evolución y anális is sistémico di scutidas
m ás arriba. Por contras te , un licenci ado hritánico segura men te
tendría menos preparaci ón te óri ca en general .v UIl muv elemental
conoc imiento del m étodo a ntropol ógico.
Esta diferencia organizutiva o ins titucional traduce percepcio-
nes distintas acerca del pasado . La arqueol ogía a mer ican a se divi-
de entre los que estudian las cult ur as «Ilativas» del Nuevo Mundo
y los que estudi an la «ar queología históri ca » de las colonias del
Viej o Mundo, hasta el punto que la pa labra a rqueología referida a
los nati vos ameri ca nos a menudo se del et rea de forma distinta, ' El
antr opólogo Fr anz Boas tuvo un papel de stac ado a princi pi os del
siglo xx en el ma nteni mien to de la arqu eología dentro del ámbito
de la antro pología en Nortcam érica. La a ntropología t radici onal-
mente ha tenido que ver con «otras culturas » y no tanto con «no-
sotros mismos». Como n1UY pocos nar ivos a merica nos se dedican
a la arqueología a me ri cana, las culturas del Nuevo Mundo han
sido y siguen siendo perci bidas como algo que tiene que ver, no
tanto con el «nosotros», s ino m ás bien con el «ellos ». Si uno va a la
Smithsonian Institution en Washington enc o ntra rá el Mu seo de
Historia Ameri cana , por un lad o, donde se explica la histor ia de los
bla nc os, y por otro, el Museo de Hist oria Na tural, donde se expo-
ne la flora y la launa del Nu evo Mundo, as í como la histori a de los
na tivos arncri canos (aunque en es tos momento s hay proyectos que
est udian cambiar es ta situaci ón. ) En el pasado, determi nados ha-
l1azgos arqueológicos habían sido int erpretados corn o pruebas de l
rast ro dc las Tribus Perdidas de Israel , o de grupos análogos , pues-
lo que se asu rnía que los nati vos a merica nos eran demasi ado pri -
mitivos pa ra haber producido ciert o tipo de objetos, Tales teorías
fueron completa mente a ba ndonadas por la arqueología en los
años sesenta.
Para los a rqueólogos británicos la si tuaci ón es diferente, El sit io
prehistóri co de Stone henge se uti liza corn o símbolo del «pat rimo-
nio de Inglate rra », aunque fue cons t ruido entre 2000 y 3000 años
antes de que los "ingleses » llegaran a las costas de lo que a hora co-
nocemos como Inglater ra, según la hi st ori a tradi cional. Los hrit á-
Ar c1I1:()/of},V en vez de orcha eol oee. (N. dd i¡
nic os, como en ge ne ra l los europeos , perciben la arqueología
preh ist óri ca como parte de «su » pasado, Esta percepci ó n, acertada
o err ónea , ha significado que tanto la interp re taci ón arqueológica
en e l pasado, como hoy día en el presente, hayan sido impregn adas
a fo ndo por las sensibi lidades naciona list as, a menudo en sus va-
riantes polí ticas mas desagradables . Por o tru parte , existe la len-
denci a a contemplar la prehistoria y la hixtoria como par te de un
coniinuuni , por lo que se difumina la apure ut ern cntc radical divi -
so ri a entre arqueol ogí a pre his t órica ~ . ' arqueol ogía hist óri ca.
Por tod o ello, los arqueólogos bri táni cos ti enden a despreocu-
par-se un poco acer ca de la necesi dad de abu ndar explícit a mente
en las generali zaci ones teóri cas que justifi quen su trabajo, sintié n-
dose bast ante có modos co n una idea de la a r q ueología como si r-
vie n ta de la hist oria. r.a Nueva Arqueol ogía tuvo menos impacto
incluso en la Europa co ntine nta l que en Gra n Bre taña , también
por complejas razon es históricas . La Nueva Arqueologí a tambi én
tuvo menos impact o en ge ne ra l en el es tudio de los períodos his-
tór-icos más próximos en el tiempo: fue realmen te deci si va para los
es tu dios sobre prehistoria europea, fundamenta lmente de l pa leolí -
t ico, y mucho menos para la arqueología romana, medieval y post -
medieval.
Creo que incl uso hu bo Ull elemen to de tipo práctico en e l difc-
ren t e impacto causado por la Nueva Arqueo logía. Sitúese un o en
medio del desier to de Ari zona v verá much o m ás cl ara Ja necesi -
dad de la teo rí a del mues treo yde compre nder la vari a bil idad, En
contrast e, el paisaje bri t áni co, in te risarnc ntc colonizado durant e
milenios, está plagad o de ase ntamientos , much os de los cuales
han sido est ud iados a ro ndo durante los últ imos dosci ent os años,
La rn avor ia de las unidad es básicas que a r ticula n el pa isaj e britá-
nic o (límit es territoriales , áreas boscosa s) t ienen una forma ir re-
gu l al' y una a nt igü ed ad de siglos o m ileni os, 1' 01' ello, muchas de
las técnicas de la Nueva Arqueología, que pa recen eno r memente
interesantes corno estrategias funcionales en el des ierto de AriLU-
na, result an en ca mbio contra producentes en el palimpsesto den-
sa rrren te poblado que es el condado de Wessex,
¿ Qué pasó con todo aquel entusiusnto iuvenil? Apuesto a que 110 llega-
ron. ntuv lejos.
Muchas de las rutas qu e siguió Ja Nueva Arq ueología será n cxa-
mi rradas en post er iores ca pítulos. Ocurr ió qu e inevi tablement e Jos
50 TEORí A ARQUEOLÓGICA. UNA INTROU UCCIÓN LA «(N UEVA AROUEOU )(jí A)) 51
FIG. 2 .5. Lo s orígenes de los megalitos Gíyn Daniel (194 1J.

Crelan
Tholoi
--Northern
Group
" SI. Malo
Group

(

oRuju
bC: =:_D::
>< --... S.--Italiaq;
Millaran • Tholg¡
Group , "----.:
IllÚS a nt iguos que sus supuestos antecesores medit erráneos. Algu-
nos colega s respondieron ca mbia ndo simplemente el sentido de
las Hechas, de manera que las in fluenci as procedían a ho ra de la
costa At l ánt ica , pero Renfrew sugirió que en vez de intenta r pro-
har o reba tir los vínculos di fusi oni st as se debían buscar los mot i-
vos que expli casen por qué se constr uyero n tal es monumentos or i-
ginalmente. En pocas palabras, debemos aterida men os a la crOIlO-
logia y la difusión y más al desarrollo de los procesos subyacentes.
;:'
i
Las tu mbas megalít icas de Europa occi dental constit uye n un
excelente ejemplo de la manera en que la Nueva Arq ueología abrió
nuevas perspectivas para la compre nsión del pasado, Se trata de
enterramientos monumental es generalmente cole ctivos, construi-
dos con grandes pi ed ras. Los estudios tradicionales sobre megali-
tos se habían concentrado en su dataci ón, tipología y difus ión. Es-
peciali stas como Glyn Dani el habían clasifi ca do los mega litos en
subgrupos de acuerdo con su dist r ibuc ión geogr áfica alr ede dor
del occidente Medit er r áneo o la cos ta Atlántica (véase figu ra 2.5).
Aunque no di sponían de técnicas ci en tíficas de da tación co mo el
carbono-14 intentaro n es tablecer cronologías ap ro piadas para cada
grupo basándose en el pa reci do de los monumentos , puesto q ue
se asumía que las similit udes en la forma eran fruto de l contac to.
En última insta nci a los megalit os pod ían da tarse con referenci a a
sus supuestos predecesores mediterráneos , por ejemplo, los temo
pl os de la isl a de Malt a. Es tos últ imos podía n a su vez ser rel acio-
nados con las civilizaciones hist óricas del Medit err áneo oriental.
Había una asociación muy cl ara ent re la teorí a (la impor tan ci a de
la tipología y la idea dominante de la difusión) y la práct ica ar-
queológica (la necesidad de es ta blecer una cronología sin la cual
no se podía en reali da d decir nada ).
Colin Renfrew cuest ionó esta interpretaci ón, Usó una cronolo-
gía obtenida del radiocarbono ca librada mediant e la dend rocro no-
Iogía, para most r ar que los mega litos de la costa Atlánti ca eran
CASO 1: EL ENIGMA DE LOS MEGALITOS
nuevos a rqueólogos se hicieron viejos. De ser unos jóvenes investi-
gadores entusiast as con ganas de dar un revoleón a la arqueología,
se convir tieron en profesores con el puest o de trabaj o seguro, que
supervi saban el trabajo de nuevos estudia nt es e invest igado res , y
ocuparon cargos en comités influye ntes con voz y voto sobre los
organismos responsables de fina nciar la a rq ueología . Mu chas de
las figuras clave en los inicios de la Nueva Arqueología nutren la
actual generación de cate drát icos.
Al madurar la Nueva Arqueol ogía y desarroll ar un corp us teór i-
co propio pasó a denomin ar se procesuolismo. To mó ta l deno mi-
nación por el énfasis puest o en los procesos cultura les (el pun to
clave número cinco). Los procesual íst as busca n, pues, las gener a-
li zaciones y ti end en a usar modelos sistémicos o funciona les,
52 TEORíA AROUF,OLÓGICA. l;NA !\JTR()[)[:("{'I(')N
1./\ «NlIEV¡\ A[H)lF.OI.{)(;]/\»
-"
FTG, 2.6. El mapa de los mcgolítos de Rousav, islas Oreados 1Ill!I'slm. SI',L:líll N.CII,fi-t,'ll'.
«la distribución de los cntcrnnnicntos 1:.'11 CÚ¡¡¡UI'{/,'-, con rclacíon 1/ la I¡,'nd cllliivuh!i'
disponible 1-'11 epoca moderna \' (i los liipotctícos limites dívíscnío-. .'II/F<' n-nitono-:»,
í Renirexv. 1973).
C;;
Para decirlo de otra forma, debíamos no contentarnos sólo con da-
lar y describir el fenómeno de los megalitos, sino procurar expli-
carlo a fondo.
Rcnfrcw sugirió que los megalitos POdÜ1Il ser man-adorcs terri-
toriales. Explicó que mientras que las prirneras comunidades agrí-
colas avanzaron de este a oeste él través de Europa, dispusieron de
toda la tierra quc quisieron, pudiendo si mplernentc, cuando el te-
rritorlo ocupado empezaba a saturarse, expandirse hacia el oeste
hacia nuevos territorios, hasta alcanzar la costa Atlántica, donde va
no encontraron más tierra para proseguir: Por otro lado, corno es-
tas áreas atlánticas habían soportado un nivel de población alto
durante el período mcsolítico precedente, lo que pudo haber pro-
vocado una cierta presión sobre la tierra, Renlrew sugirió que. an-
Conclusión
Si la Nueva Arqueología fue una revolución, sufrió los mismos
prohlemas que acostumbran a sufrir todas las revoluciones. La
Nueva Arqueología tuvo un eslogan doble: ciencia )' antropología.
Pero corno ocurre con muchos eslóganes revolucionarios, al tratar
de poner en práctica los contenidos que proclaman aparece la dis-
cordia y los desacuerdos.
Los próximos dos capítulos tratarán sobre esas cuestiones. El ca-
pítulo 3 se preguntará: (:Qué queremos decir con la palabra «cien-
cia»? El capítulo 4 se preguntará: ¿Qué queremos decir con la pala-
bra «costrastar»? El capítulo 5 se preguntará: ¿CÓ1110 funcionan las
sociedades humanas:', (:Qué significa realmente «antropología»?
Deberemos fijarnos en el carnirio cómo los debates dentro de
la tcoria arqueológica reflejan los debales que tienen lugar en el
1. Una explicación )' no únicamente una descripción de la
existencia )e' distribución de los megalitos.
2. El uso de analogías ctnográfic.», sacadas de sociedades que
se pensaba tenían Ull nivel similar de desarrollo social, con objeto
de dar solidez a sus argumentos; por ejemplo, algunas estructuras
rnonurr-cntalcs polinésicas vinculadas él determinados linajes en
competición por la tierra.
3. Un énfasis en los factores ambientales y consecuentemente
en la necesidad de adaptación al entorno: la falla de tierras.
4. Una interpretación de los megali tos no corno un rasgo dis-
ti nt ivo definidor de culturas, sino C01110 un elemento funcional de
un sistema cultural total.
5. La contrastación de su modelo: mediante el trazado de di-
visiones hipotéticas entre los mcgalit:», de una isla escocesa de las
Oreadas, Rcnírcw reivindicó haber demostrado que los megalitos
se disponían en el centro de posibles territorios. cada uno de los
cuales tenía un tamaño aproximadamente igual (figura 2.6).
te esta situación, las distintas comunidades podrían haber C0111pe-
tido por la tierra. Las tumbas rncgalíticas servirían entonces para
señalizar la tierra perteneciente a los distintos grupos, por refe-
rencia a los antepasados enterrados en ellas.
Por lo tanto, la argumentación de Renfrew contenía los si-
guientes clcrncntos:
~ ~ ~ L •
1 rv ¡ :
1 2 km
'--------J
o
L
54 TEORÍA ARQUEOLó GICA. UNA I NTRODUCCl ÚN
seno del conj unto de las cie ncias humanas, tales como la hist oria ,
la sociología, la antropología cult ural, la políti ca o la eco nomía.
Los problemas que plantea el método científico, la contras tací ón
de hipótesis o el funciona miento de los grupos hu manos son cues-
ti ones vital es para el conjunto de las ciencias humanas.
CAPÍTULO 3
LA ARQUEOLOGí A COMO CIENCIA
Hay puntos de vista positivos y negativos con relación a la
ciencia . Para los que sostienen puntos de vist a positivos la ciencia
cs una mara villa. Nos ha proporcio nado la medi cina moderna , el
tr ansporte rápido y un nivel de riqueza materi al al que pocos de
nosotros querríamos renu nci ar. Conocemos cómo es el mundo
gracias a los ci en tífi cos. Ellos son tan poderosos, ti enen tal do-
minio sobre nu est ras creencias y sen timientos que lendemos a
creer les inclu so cua ndo nu est ras int uiciones más profundas nos
demandan pensar de otra manera , como cuando cogemos un
avión. Pero para los que sostienen una visi ón negativa, la ci enci a
puede res ultar inquiet ante y alarmante. Puede ser pel igrosa y
o í endcr las sensibilidades más humanas. La cie ncia ti ene límites
morales.
Ambas vision es sobre la ciencia tienen un origen cult ural. Para
pone rlo más claro, la ciencia se contempla de una determinada (ar-
ma por parte de la cul tura occidental. El soc iólogo August Compte
sugir ió que la ciencia era una insti tución con tanta au toridad para
nuestra época como lo había sido la Iglesia ca tólica para In gente
de la Europa medieval.
La sociedad moderna occidental se basa en part e en una idea
de Ciencia en mayúsc ulas . Todos usamos el térmi no «cientí fico»
como forma de aprobación y el de «acientí fico» como forma de
desaprobaci ón o abuso . Pero estamos menos seguros de lo que
parece, de lo que queremos rea lme nte significar con el término
"Ciencia», que acabo de dignificar con una mayúscul a para distin-
guir la imagen dc la realid ad , ¿Qué es Ciencia? ¿Hay diferentes
formas de Cienci a? ¿Qué formas de Ciencia (si las hay) debe tratar
la arqueología de tomar en consideración?
56 T H JR íA i\ 1{{) lil · O I Ú ( i l( 'i\ . l r:-... !\ I \! T I{ (II Il I( "C"II ' \
1 .\ :\ I ' / I I ' I.I I I ( l l i l;\ ( 11,\·'1( 1 (' I I ' \. ( l A
" 7
Cuando la Nueva Arqueo logía maduró tu vo que hacer fre nte a
es te último pr oblema. Como hemos visto, el esl oga n «tenemos que
se r má s científicos ) fue muv ace r tado, logr ando ag lutinar las cr íti -
ca s apro piadas sobr e el carác te r implícit o v no sist emá tico de gr an
parte del trabajo de una generuci ón ante r ior de arqueólogos. Pero
la Nueva Arqueol ogía también de scu brió lo difíci l qu e era decidir
qué querían deci r realmente con aquel es logan.
La a rqu eología 1I 1i1j z6 las técnicas CO ll1() una de las vías para
mejorar su carácte r «cien tí fic o». El perí odo que sigui6 a la se gun-
da guerra mundi al co n tem pl ó un auténtico boom en el número y
alca nce de las técn icas usadas pOI' los ar queólogos, incl uyendo el
uso de los ordenadores. el est ud io de r estos ambiental es, la elabo-
ración de d ia gra mas (k pol en, el li SO de técnicas de dat ación corn o
el ca rbono-14 y la dcndro cro nologra, el est ud io geomorfoi ógico de
los sucios. la pa lcoputologt a, etc. Aunque no me de tuve ti d iscut lr
es tas técni cas en el cap ítu lo a nteri or, pa ra mucha ge nte co rn o D <. I -
vid Cla rkc, el de sarrollo de técni cas cie ntíficas fue a lgo luudamen-
tal par a la Nueva Arqueología,
El desar ro llo de técnicas cicntfficas generó un problema de es-
peciali zac ión. Un arqueólogo de 1945 se veía obli gado a conoce]'
los fundamentos m ás el ementa les de la estad ística v los principios
de la ge ología ; uno de 1980 ten ía que sa ber in ter pr etar u n diagra-
ma de polen, manejar ser ies est adís ticas media nte ordenador ." sa-
ber qué p odía sacar de una gama JllUY compleja de técnica s es pe-
cializadas.
Todo ello pr ovocó ca mbios en el modelo de financiaci ón de la
ar queología académica. En los Estados Unidos de América la ar-
queología pasó a ser fin anci ada por orga nismos COlUO la Na riona l
Science Founda rion. En Gran Breta ña , corno en la mavor parte de
Eu ropa, la fin anci aci ón s igu ió proviniendo de organismos ded ica-
dos a l foment o de las «huma nidades». No obstante, en Gra n Bre-
taña tambi én acab ó por incre men tarse la can tidad de d inero dc d i-
cada al desa rrollo el e té cnicas ci en tíficas, primcro a tr avés de un
comit é para el fomen to de la arqueología ci entífica y des pués a
travé s del Nat ural Environrn cnt Research Council,
De es ta manera, la act ivi dad a rqueológica fue adquir iendo un
a ire m ás «cien ufico». Los arqueó logos, a ntes confinados en polvo-
r ientos cuartos llenos de trastos, fue ron ocupando salas mejor
equip adas, anexas a la bor atori os (a me nudo tornadas de segunda
mano tr as mudarse él instalaciones nuevas sus inquilinos ori gi na-
les , los "respeta bles » quími cos , físicos y biólogos). En muchas uni -
vers idadcs, sobre todo ..: n Estados Unidos, las batas blancas de la-
boratorio sus tí tuveron C0 l110 uni for me de lo s a rqueól ogos a las tí-
picas chaqu etas raídas de paño de lana con par ch es cn los codos .
Sin embargo, el LISO de técnicas ci ent íficas no implic ó nccesa -
riameru c el uso del 1116toJo cicntíll co co rno enfoq ue dist int ivo para
acercars e al pasa do. David Cla ke escrib ió qu e el uso de técnicas
cientí ficas «no hace de la a rqueologí a una ci enci a de la mis ma ma -
nera que una pa la de palo no convier te a un hom bre en un árbol-
(Clnrk e . 1978: 465). Para la a rqueóloga tr ad ici ona l J acquet ta 1Iaw-
kes, la arqucologla ~ i g u i { ) s ien do esenc ialm ente una ocu paci ón
human ística y no ci en tíf ica: «por rnás que los m étodos empleados
sean científicos, el obje tivo fina] es de naturaleza hist órica » (I l aw-
kcs, 1968: 257) .
Para resumir, se incremen t ó el uso de una batería de t écnicas a
fin de facili tar la da taci ó n, el conocimiento del medi o, etc. Estas
t écnicas nos han proporcionado más y más datos potencialmente
úti les para el co nocimiento del pasado. Per o aún tenern os de la nt e
cl abismo que se para el presente del pa sado que di scutimos en el
ca pítulo 2 e ilustnun.», con la figu ra 2. 1. Nuest ras t écni cas de ori-
gen científi co acumulan incl uso más datos hov en día. Si el abism o
sigue siendo in fr anquea ble t ' S que las afirtnaci ones que hacernos
co n relación a l pasado siguen siendo «acicntfficas» por más blan-
cas qu e lleve mos las ba Las de laboratorio o por más dinero que in-
virt amos en ins trumen tos de la bora tori o cada vez más silenciosos y
cf'cien tes. En ca mbio, si el abismo puede franquearse con seguri -
dad medi ant e el uso de métodos sac ados dc las ci encias natural es,
C0 1110 pen saban los nuevos arqueólogos, entonces¡ la arqueología
podrá decididament e lla marse cicnttfica al margen el e qu e llevemos
o no batas blanca s, o manip ulemos equipos ca rí simos.
Defin iciones d e Ciencia
La Nueva Arqueología sugirió el us o del método cientí fico COJll O
solución al problema de la ill!erelló" . Si los arqueó logos no dis..
poruan de med ios seguros para evaluar hasta qué pu nto su s argu-
memos era n válidos, er a na tu ral que mirasen co rn o lu hacía n los
c ientí ficos el e la na turaleza . Las ciencias de la natura leza como la
fí sica. la qu tmi ca y la bi ologí a , a paren te mente mostra ban un gr an
éxito en su empe ño por describir v explicar el Iunc iona miento del
pla ne ta, co mparado con otras fonn as de pensamien to como la re -
ss TEORIA AROlJEOLO( ;Il't\ . tJf\:1\ INTROlJ lJC('I ON 1'\ ('()i\1(l CII ",NClA s<¡
Formas de hacer ciencia
FrG. 3.1. FilOSO/l a de la eÚ'l/da: (/II:/lIIOS n O / I ' / I/.\ ¡, '/Ij"" ,I,t' lI t ati va s.
El posítivísmo
ligión O el mi st icismo. Est e argume nto salió refo rzado por el éxito
disci plinario de la ciencia. Aunqu e los puntos de vista individuales
sobre la cicncia co mo teoría fueran distintos, no había posi bilidad
de discusión sobre su éxito co mo disciplina. Los científicos reci -
bían fondos para su trabajo y eran escuchados por los gobernantes.
1. U N CONJUNTO DE CONVICCIONES SOBRE LA MANERA DE
LA INVESTIGACtó N CIENTfFICA. E NTRE ESTAS COKVtCCIONES
CABE INCLUIR:
a) La idea de que debemos separar la teoria del método. Si te-
nemos dos o más teorías en competencia para explicar un fen ó-
meno debemos acudir a algún tipo de método neu t ro que nos sir-
va para ju zgar cuá l de las dos teorías es mejor No es bueno tratar
de probar tal test independiente si nuest ro método no es neutro,
est o cs. si en una de las teorías se afirma que es el verdadero.
b) La separaci ón del contexto del descubrimiento de ulla idea
del contexto de su evaluacion, No importa si nos dimos cuenta de
la ley de la gravedad sentados bajo un manzano O den t ro de la bi-
bli ot eca, o en una aluc inación bajo los efectos de las drogas; lo im-
portante es que la existenci a de tal ley pueda evaluarse de for ma
científica separadament e de es te co ntexto. Podemos tene r ideas
muy buenas so bre procesos que tuvieron lugar en la prehistoria
sacadas de la etnogra fía compara tiva o de una novela o de un sue-
ño; lo import ante es que podamos contrastar nuestras ideas con el
registro arqueológic o para ver si son válidas o no .
Los arqueólogos podrán decir, por lo tanto, que usan una idea
concreta o modelo sólo con el fin dc incremental- su conoc imiento
sobre algo. es decir, con un propósito heurístico; enc uentran el mo-
dclo que vale a base de probar con nuevas hipótesis o con posibles
interpretaci ones. Puede que insistan en que tales hipótesis o int er-
pretaciones han de ser formalmente contrast adas.
e) Sólo es válida la explicacion generalizadora. Aquí la idea
de generalidad está íntimamente rel acionada con la importancia
concedida a qu e los result ados sean predecibles y contra stables.
Los res ultados han de se r predecibles, pues, y deben repet irse para
ser válidos cie ntíficame nte. Podemos comprobar la ley de la grave-
dad a base de obse rvar cómo caen manzanas del manzano, una
tras otra. La ley de la gravedad se formula como una proposici ón
general que tiene consec uencias predecibles. Si una expl icaci ón no
es generalizadora, si no puede sugerir un mod elo de resultados co-
herente. no será predecibl e y consecuentemente no podrá ser so-
metida a pruebas una y otra vez.
d) Las afirmaciones que 110 pueden probarse quedan fuera del
dominio de la ciencia. Bajo formas de positivismo menos extre-
mo. esto no significa que las afirmaciones que no pueden probarse
carezcan de importanci a. Por ejemplo, las cuestion es que plantea la
Construcuvísmo
sor.nl duro
Construcl ivismo
social blando
Cienci a
POSitr smo

Positivismo
lógico
En ciert o sentido TI a hay motivos para entablar una discusión
sobre si los arqueólogos han de ser o no científicos. Si cienci a tie-
ne que ver con ac umulac ión ra cional de conocimiento, evaluada
de forma rigu rosa y sistemática, qu é duda cabe qu e tod os somo s
cientí ficos. (Como mínimo. todos que remos ser cons iderado s cien-
tíficos, aunque a nuest ros oponentes siempre les parece que es ta-
mos fal tos de rigor, sis tema o método.) La ciencia, entendida de
esta forma tan amplia, viene recogida por el término alemán Wis-
senschait. Entendida de es ta manera, probablemente aceptarían
considerarse como verdaderos científicos incluso los más fervien-
tes enemigos de la arqueologí a corno ciencia .
Pero hay definici ones más es trechas de ciencia (figura 3. 1.) Una
de estas definiciones sc llama positivismo, otra palabra con diferen-
tes significados. Los teóricos usan la palabra «positivismo» de rna-
nera confusa, en sentidos distintos según el contexto. Aquí me per-
mitiré ai slar dos de esos sentidos.
60 TEORíA i\ ¡.zÓlJl ·,OUH i!( '¡\ , 1:'\ :\ "n.:.tJ llllt '( j(lN 1 ,\ ( f) I\'\( l ( ' IJ'.r'\ { ' l i\
()1
moral o la metaf ísi ca d ifícil mente pueden se r sometidas a prueba ;
sin emb argo, son cru ci ale s pa ra nuestr as vidas. Que Dios exis ta o
que la escl avitud o el trabaj o ele:' los niños sea n moral mente inu-
ce ptablcs so n cue st iones defi nit ivamente imporra ntes r a ra todos,
sobr e las qu e debernos pronunciarnos corn o seres human os: sin
embarg o, 11 0 se puede n probar cient ífica mente . La cien cia no tie-
ne nada que decir sobre e llas.
e) Dcl punt o ante rior se si gue que el pen samien to cientijico ha
de ser independi ent e de los juicios de valor y de la acción polít ica.
La a menaza dc usar a rmas nu cleares o in vert ir ( ' 11 países con rcgí-
men es r epresivos p ue de () no se r política o mo ralmente un err or;
tod os , ci cnt ífi cos y no cient íficos , hac ernos juicios de valor sobre
ese tipo de asun tos C0 1110 seres hu manos que somos que viven en
un mu ndo co mplej o. Per o los cient ífic os no pueden t ra er se ese
ti po de ju ic ios a su trabaj o. Pueden tr a ta r so bre tales asunt os e n
otras esferas, incluso pa r t ic ipar en ca mpa ñas contra las arru as nu-
cleare s o los regímenes represivos, pero han de t razar una línea cla-
ra de sepa ra ción entre el co noci miento científico, y el juicio y la ac -
ci ón de con tenido mora l.
El po sitivismo, tal como lo hemos definido hasta aqu í, ha sido
relacionado con un método es pec ífico de co mpro ba r proposi ci ones
llamado modelo hipotético-deduelivo-nomológico. Este modelo su-
giere que par a pro ceder de forma cien tífi ca hay que tomar una hi-
pótesi s concreta y contra s ta rla. Las deducci on es realizadas a partir
de los resul tados de las prueb as sir ven para ela borar explicaciones
ge ne rales. La necesidad de comprobar o con trastar las hi p ótesi s es-
pecí ficas, más que ir excava ndo yacimientos porque existe la im-
presión de qu e vamos a encontrar cosas interesant es, ha si do un
proble ma que hemos abo rdado ya en el capítulo anter ior.
Pero el concep to de positi vismo ta mbi én se asocia a un segun-
do gru po de signifi cados, a saber:
2. EL CONVENCIMIENTO DE OL:E LAS CIENCIAS SOCIALES, INCLc llJ A
TA ARQUEOLOGíA, HAN DE PROCL:RAR SEGl:1R EL MISMO PROCESO
HISTÓR ICO IJE DESARROLLO 01:1'. HAN SEG\ : lIl ü LAS CJENCl ,\ S
DE LA NATCRALEZA
Este a rgumento Fue introducido, con re laci ón a la soc iolog ía ,
por August o Compre. figur a señ er a en el desar rollo de las ciencias
,

.:.;.
luuua nas en ge nera l. Co rn ptc es tudi ó el caso de la bi ología. Antes
,kl si glo XvII( , segú n Compte , la bi ología había lenido una base es -
pcculat iva, desarrollándose de [on113 asis te rná t ica en una época en
que ya se habían estableci do las técnicas ci ent íficas \' los métodos
de la fís ica y la química. Sin embargo, a base de mod elar sus nor-
mas discipli nares segú n el modelo de las «ci encias duras » corno la
física la quí mica, la biología pudo liberarse de los gri llet es que
representaban las cre encias pr ecicnu ficas v converti r se en una
ciencia rigurosa . Cornpte sugirió que las ci enc ias socia les como la
soc iología pod ían tornar una ruta simila r, evoluci onando desde su
csrado aci entí fico al estado de las ci encias nat urales.
La Nueva Arq ueología puede ser ident ifica da cl a ramente con el
posi t ivis mo en los dos se n tidos que aca ba ruos de cxarninar, La
Nu eva Ar queología int ent ó hacer generalizaciones, Y' a dopt ó el
modelo hi potéti co -deduclivo-no1110Iógico de comprobaci ón de hi-
pótesi s; su proyec to fue el mis rn o q ue el de Corn ptc, co nd ucir a la
ar queología po r el rn isrn o sender o que las ci encias de la natur ale-
za pa ra conver tirl a en una di sciplina madura , ri gurosa v a uto-cr í-
t ica , Pa ra David Clarke (1973) , todo ello formaba pa rle de aquella
«p érdida de la ino cenci a » de la arqueología .
El p ositivismo lógico
Con el posi tivismo lógico empe zó la confusión. Algunos nuevos
ar queólogos empezaron a buscar en las biblio tecas el auxilio de los
filóso fos sobre có mo debían hacer cie nci a y di ero n co n u na ve r-
sión extre mis ta del posit ivismo llamada positivismo lógico. Pa ra
los positivist as lógi cos , cualquier afirmación que no puede com-
pro barse no sólo qued a fuera del do mini o de la Ciencia sino que
no tiene absoluta me nte ningú n va lor. En es te sentido, el posi ti vis-
mo lógi co era cientií ícism , Cientifi ci smo es cr eer que el pensa-
mi ento ci entífico es in herentemen te superi or a cualquier otr a for-
ma de pensamiento. Así , los juici os moral es , rel igiosos y polít icos
no sól o qu edan fuer a del dominio de lo que es Ciencia sino que
const ituyen modos de pensar inferi ore s. Toda expl icaci ón no ha el e
tener única men te un ca r ácter genera l. sino que ha de expresa rse
en tér minos de una «ley" redactada de forma muy ajusta da, apli -
cable en cualquier momento bajo cualquier ci r cunsta nci a.
El positl vismo lógico llegó a un pun to muerto. ¿Cuá ntas leyes
de este tipo po dernos enc ontr ar en ar queología? Wa tson, Redma n
62 TEORÍA ARQUEOLÓGICA. ' JNA I NTIU )f )l J( '( ' I()N 11\ ARl ll lI ;,OI.l )( i l ,\ ( lI Mll ( II :\I("I A l>\
y LeBlan c escri bieron su libro Explanat ion in Archaeology: AIl Ex-
plici tly Scientiiic Approach en 1971 (vers ión española de 1974 con
el tít ulo El método cientüico en arqueologta). En este libro los au-
tores se situaron dentro del marco del positi vismo lógico gastando
mucha tint a en explicar preci sa mente en qué consistía. En la se-
gunda edi ción del libro, en 1984, ablandaron considerablemente
sus puntos de vista.
He mencionado al posit ivismo lógico aquí porque tiene un va-
lor de ad vert encia. Muestra cómo e! inda gar superficialmente en
otras di sci plinas puede llegar a ser peligro so para la arqueología.
Los arqueólogos leyero n cosas sobre el pos itivismo lógico sin en-
tender que se trataba de un punto de vista mi noritario dentro de la
filosofía de la ciencia. Veremos en próximos capítulos cómo el to-
mar de prestado conce ptos de otras disci plinas puede resultar muy
provechoso en ocas iones, pero también puede ser en el origen de
mucha confusión .
Ejemplos
Para la Nueva Arqu eologia y luego para la «arqueología proce-
sual" los arque ólogos debe mos adoptar una definición po sitivist a
amplia sobre lo que hacemos. Deberemos int entar compro bar las
hipótesi s qu e hacernos sobre el pasado y extraer genera lizaciones
de tales hi p ótesis.
Según est e modelo se procedería como sigue:
1. Hi pótesi s: las formas estat al es anti guas acostumbran a
mostrar un acceso a los recursos diferente según los gru pos soci a-
les, en otras pa labras, qu e las éli tes tienen un mayor acceso a los
bi enes básicos (un a hipótesis suger ida qui zás por antro pólogos po -
lít icos).
2. Prueba : excavar un ceme nterio perteneci ente a una socie-
da d de un es tado ant iguo y ana lizar quí micament e los huesos.
3. Deducción: la élite comía efectivame nte más carne, por lo
que deduci mos que sí que tenía mayor faci lidad para nu tri rse
mejor.
4. Generalización: las formas de es tado antiguas muest ran un
diferente acceso de la gente a los bienes básicos (genera lización
sujeta a nuevas comprobaciones ya otros eje mplos procedentes de
otras culturas en la mi sma fase de desarrollo soci al).
Ot ro ejemplo puede referirs e a los cazadores-recolectores y a l
~ ~ r a d o de complejidad social que mu es tran:
1. Hipótesis: los gru pos de cazadores-recolectores se adap tan
a un medio ambiente margi nal en parle a través de una mayor es-
peci alización económica y una mayor complejidad social (suger i-
da quizás por el estudio de casos etnográficos modernos).
2. Prueba: tomar un medio ambiente marginal como' el de!
paleolít ico superior euro peo du rant e la últ ima glaciación y bu scar
difere ntes tipos de yaci mientos arqueológicos que sugiera n la exis-
tencia de un a di fer enciaci ón en el tr ab ajo, o la presencia o ausen-
cia de intercambio de bienes que sugiera la existencia de alia nzas
sociales , etc.
3. Deducción: las alianzas sociales y las es tra tegias logísti cas
tic caza son res puestas a climas más duros.
4. Generalización: hay una correlación positiva entr e rnc dioa m-
bientcs cada vez más marginales y un a mayor complejidad social.
Nótese que en ambos ejemplos hay una tendencia a generalim r:
Las generalizaciones tienden a surgir de la discus ión: por ejemplo,
que la complejida d creciente de las redes de intercambio tiende a
relaci onarse con la existencia de élitcs y por lo tanto al desarrollo
de una diferenciaci ón social, suceda eso en las últimas fases de la
prehist ori a europea, en Mcsoam érica o en la Polinesia. Obs érvense
10s títulos de algunos libros típicos publicados seg ún e! molde p ro-
ccsual, en los cuales, art ículos di feren tes, a menudo basados en
conjunt os de datos procedentes de dist intas pa r les del mundo y de
distintos períodos de tiempo, se concentra n en cier tos procesos que
se toman pOI' generales: Estrauticaci án social, Recursos e Intercam-
bi o... Especial ización, Intercambio y sociedades complejas... Interac-
cion en ¡lila comunidades de iguales y cambio socio-politice ...
Este tipo de generali zaciones cons tituye n lo que hemos deno-
minado un enfoque bla ndo por comparación con el tipo de «leyes »
que demandaban los posi tivist as lógicos.
Para clarificar esta cuestión, los nuevos arqueólogos se dieron
cuenta pronto de la imposibilidad de formular leyes formales afec-
tando las po blaciones humanas, que fueran ciertas en cua lquier
momento y lugar. Ello no significó, sin emba rgo, que la generali-
zación no siguiera siendo un obj etivo import ante o plenamen te vá-
lido: verda deramente, por las razones di scutidas más arriba , para
una disci pli na que se veía a sí misma C01110 una ci enci a en la cual
64 TI':Of{IA i\]{UL'F()I.()(;I('!\. [INI\ lNTI{OI)['('('¡()N Ji\ AI{l)I:I·nl{)(;I,\ COMO CIENUA
6.'1
las proposiciones fueran siempre contrastables, las generalizacio-
nes o la teoría general debían continuar siendo un elemento cen-
tral de la disciplina.
Objeciones a la idea de "Ciencia»
Ya señalamos que si parte del atractivo de la idea de "Ciencia"
en las sociedades modernas proviene de su valor cultural, de ma-
nera semejante la oposición a «lo científico» también está cargada
dc connotaciones culturales. Para algunos, la arqueología nunca
podrá convertirse en ciencia; seguirá siendo un em peño noble, es-
tético y romántico en descubrir la esencia de la humanidad y' la ci -
vilización. Desde este punto de vista, los seres humanos constitu-
yen algo aparte porque son únicos e impredecihles: de ninguna
manera pueden ser sometidos a generalización alguna, ni sustitui-
dos por series estadísticas. Además, muchas de las cosas que son
«característicamente humanas) y consecuentemente merecedoras
de un estudio humanístico (el arte o la literatura, por ejemplo) son
precisamente las cosas que, desde cstc punto dc vista, resultan me-
nos ahordables a partir dc la investigación científica. Este enfo-
que, que es tan estimado entre elasicistas tradicionales e historia-
dores del arte, se puede demostrar que es incierto (si los humanos
fueran realmente tan únicos e impredecibles, las encuestas de opi-
nión producirían resultados completamente fortuitos y además no
habría manera de llevar a cabo ningún tipo de política social o
económica), y aun así sigue siendo un enfoque muy popular y
emocionalmente potente. Nos gusta pensar que somos únicos, que
estarnos por encima de las estadísticas; pero desear algo no signi-
fica hacerlo verdadero.
Hay, sin embargo, un conjunto de objeciones aún más podero-
sas a la concepción positivista de la arqueología como ciencia, que
comúnmente se plantean, a saber:
1. La ciencia se basa en la comprobación y en la observa-
ción de resultados. El pasado, sin embargo, está enterrado, ya no
existe. Nunca podremos observarlo directamente. ¿Realmente po-
dremos alguna día realizar tests sobre el pasado como lo hacemos
con la ciencia? Posiblemente no; ésta es una cuestión sohre la
que volveré un poco más abajo y especialmente en el capítulo si-
guiente. Es importante hacer notar que la arqueología comparte
al respecto con algunas ciencias determinados problemas de in-
terpretación; se trata de ciencias que también interpretan fenó-
menos observados en el presente en términos de procesos y acon-
tecimientos ocurridos en el pasado lejano, como la geología o la
astronomía.
2. Átomos, sustancias químicas e incluso organismos biológi-
cos pueden ser contemplados como cosas insensihles que se com-
portan según pautas predecibles. El comportamiento humano, sin
embargo, puede interpretarse corno intencionado. En otras pala-
bras, las acciones humanas sólo pueden explicarse por referencia
a las ideas e intenciones de los humanos. Las ideas y las intencio-
nes no tienen entidad física, sólo existen corno pensamientos, en-
tre ceja y ceja. No pueden observarse directamente ni «medirse»
por parte de los arqueólogos. La interpretación en arqueología es,
por lo tanto, según este punto de vista, siempre de naturaleza her-
menéutica (sohre ideas, significados y símbolos) y no de naturale-
za científica. Este argumento constituye uno de los pilares de la
arqueología postprocesual.
Kuhn y Feyerabend
Para mí, la objeción más seria y definitiva al positivismo es la
que dice que no es una teoría sino un mito: algo así corno un Dl0-
dolo ideal de la filosofía científica pero que en la práctica resulta
un poco fraudulento: da una falsa idea acerca de 10 que hacen los
científicos. Pedir a los arqueólogos que sigan las reglas de la cien-
cia positiva es como pedirles que vayan tras una quimera.
Hay mucha confusión sobre si el positivismo describe lo que
realmente hacen los científicos) o si es meramente una declaración
ideal sobre lo que deberían hacer. Algunos filósofos piensan que es
simplemente esto último.
Si el positivismo sólo es una referencia ideal, entonces, ¿qué
hacen realmente los científicos en sus lahoratorios? Éstc es un
tema sobre el que últimamente sociólogos y antropólogos se han
estado volcando. Muchos arguyen que son las normas sociales las
que deciden dar por buena una «observación» o un «hecho» y no
una investigación objetiva pura basada en la comprobación de hi-
pótesis. Por su parte, los debates cientificos se deciden median te
procesos que están profundamente penetrados de relaciones socia-
les y en absoluto desligados de la sociedad.
66
TEORíA AROUEOU )( JlCt\. U;-.lA 1./\ ,\J{OI T .c Jl.( H i l i\ ( "U l\l O ( "IENCI ¡\
67
Hay dos filósofos de la ciencia que se citan a menudo en I" s
tr abajos no pos itivist as so bre cienci a. Uno de ellos es Thomas
Kuh n. Kuhn sos tiene que la historia de la ci en cia no es la simple
histor ia del éxit o progresivo de un método que nos lleva a un co-
noci miento en expansi ón co ntinuada , sino la histo ria de suces ivos
paradigmas científi cos . Un paradigma es algo más profu ndo que
un a teoría conc reta o una determinada proposi ci ón: es un conjun-
to de co nvicciones sobre la manera de funcionar del mundo que
fundame nta el proceso entero diario del queh acer cientí fico de
manera muy prof unda, tan profunda, que ra ramente se t raslada
abiert ament e a palabras. Durante un período de «ciencia normal»,
en términos de Kuhn, un paradigma disfr u ta de tal poder sobre el
que hacer científico que sus presunciones difícilmente llegan a ser
explícitamen te Iormalivadas, y mucho menos cues tionada s o de-
bat idas. Cada cual sigue con su trabajo científico conviviendo nor-
malmcnte con las presu nciones del paradigma.
Kuh n explicó que los paradigmas pueden romperse co n el
tiempo, Cuando tal circunstanci a aparece, el vi ejo pa radi gma se
susti tuye por ot ro nuevo segú n un proceso llamado de «cambio de
paradigma». Los períodos de cambio de paradi gma SOI1 períod os
intens os, emoci onales, agitado s, en los que un sentimiento de fer-
vor revolucionari o mi lita contra todo argumento «racional».
La hi storia de la ci encia sería , pu es. la hi storia de los suces ivos
paradigmas que se suceden unos a ot ros mediante movimi entos
revol ucionarios y no la historia de la ac umulac ión gra dua l de un
conocimiento cada vez mej or sobre el mundo que nos rod ea. Co-
Iin Rcnlrew, entre otros, pen só en los años 1960 y 1970 que la
Nueva Arqueología re pre sentaba un «camhio de paradigma », de
forma que cabía es pe ra r que la arqueología procesual se asentase
pl ácida men te en un nuevo período de «ciencia normal » (cosa que ,
co mo veremos. no ha sucedido) . La iron ía fue qu e Ren frew cita ba
con aprobaci ón a un filósofo de la cie ncia cuyo t ra bajo en rea li-
dad tendía a soca bar las presun ciones positi vis tas de la Nu eva Ar-
qu eología.
Kuhn acabó repudiando la idea de que la ciencia no progr esa-
ba; se di o cuenta de que los paradigmas se rompían bajo el peso
acumulado de las evidenc ias que los contradecía n. y que cada nue-
vo paradigma era mejor; representando una Iorma nui s correcta de
conocimiento del mundo. Renfrew y los dcuuix sec undaron a
Kuhn en este punto. Otros intel ectuales, sin 1..-'l ll!J;II V:O. torn ar on las
ideas de Kuhn y las extendiero n de una lorma tal que el mismo
Kuhn llegó a desa pro barlas. Estos pensadores llegaron a extra er
del trabajo del filósofo. co mo decía, consecuencias realmente di s-
tintas y de un alca nce mucho mayor ; dos de ellas des tacan:
1. Lo que constituían «hechos » válidos u «observ aciones» de-
pend ía del paradi gma vigente. Es decir, lo que era una evidenci a
destacada y lo que, en cambio. era algo que es taba fuera de lugar.
dependía . al menos en part e, de los planteamientos pa radigmáti-
cos de part ida. En consecue nc ia . los hechos aparecen siempre en
[unci án de la teoria.
2. Las fuerzas soci ales y polít icas y no sólo la investi gaci ón
científi ca desinteresada juegan un papel central en la inducción y
configura ci ón de los ca mbios de paradigma.
La principal in fluencia de Kuhn en la filosof ía de la ciencia re-
side pu es, en ha berse a parta do de las presunciones pos iti vist as
ace rca de la naturaleza del progreso científico y en ha ber cuestio-
na do el uso de un úni co método positivist a en la investigación
científica.
La segunda figura clave es Pa ul Feyer abend, cuya descri pción
acerca de Cómo trabaj a la cie ncia se ha convert ido en muy popu-
lar al cons istir en dos palabras solamente: lodo marcha, Feyera-
bend se preguntó si la ciencia había tenido alguna vez un método
único. Sugirió qu e s i mirábamos hi st óricamente al desarrollo de la
ciencia, los ca mbios en las creencias científicas siempre se ha bían
visto marcados por una gra n divers idad de métodos.
Feyerabend utilizó el eje mplo del astrónomo Galileo. qui en , ar-
guyó, hi zo ava nzar la ciencia a base de romper todas las reglas,
usar la retórica polít ica y hacer apelaciones a la emoción. siempre
metido en el contexto político y social de la It ali a del s iglo XVII:
«Galileo prevalece gracias a su es tilo y a sus inteligen tes técni cas
de persuasión , gracias a que escri be en italiano y no en latín, y
gr acias a que hace llamamientos a la gente que temperamental-
mente se sient e contraria a las viejas ideas y a las formas de cono-
cimiento conectadas con ellas» (Feyerabend, 1988: 13).
Para Fcycrabend, la historia de las ideas científicas nos ens eña
qu e para obt ener mej ores resultados hay que desechar el uso de
un único métod o. Por lo tanto hay que est imular la mayor di versi -
dad posi ble de mét odos y grupos t rabaj an do en ciencia. e incl uso
permi tir estra teg ias «ac icntí ficas» como la ape lación a las emocio-
nes. Feyera bcnd insiste en la importancia de las fuerzas po líticas y
6H rJ,.t ll <l A ¡\ [{() l '¡;'OI.(J( ; lCA. l NA I I\.'1t{ ( Jlll JI(I () N
l A ¡\ !{() I . I'.{) U )( ;I A CO.l\l o
6'1
sociales que hay detrás de la investigación cientí fica. Sc úa lu que
los méritos relativos de las ideas ci entífi cas no se prueban en un
ca mpo de ju ego afín sino en otras partes. Enfatiza también el
eno r me poder que concentran las inst it uciones cientí ficas, y la ma-
nera como esconden su parciali dad de tr ás de una fachada «objeti-
va ». El positi vismo, bajo la for ma de un mét odo part icular, en-
mascara, según Fcyerabend , la «intimidación ins rit ucion al » y Un-
giendo ser neutro, estorb a el desarrollo de la ciencia y da alas al
cient ificismo y al «cu lto al experto ».
El const ruct ívísmo social
Es import ante resaltar que tanto Kuhn como Fcycrabcnd se
centran en la descripci ón de lo que hacen r ealmente los científicos
cn su trabaj o y no tanto en la prescripción de lo qu e deberían ha-
cer. En los últi mos años este ti po de trabaj os han adquirido nueva
rel evancia habi en do convergido en una escu ela de pensamiento
den ominada const ructivis rno soci al: se piensa que el conoci miento
cie nt ífico no es objetivo, si no qu e, en parte o tota lmente, es una
const ru cción social. (El cons tr uctivismo soc ial blando pien sa que
sólo lo es en parte, mi entra s que el construcrivlsrno social duro
pi ensa que lo es to talmente.)
Veamos algunos ej emplos sacados de las ci encias de la nat ura-
leza:
1. Los quarks . Andrew Pickering estu di ó el «descubrimiento»
de estas partículas subat órn icas llamadas qua rks. Señaló que más
importante que centrar la atención hacia la investigación propia-
mente dicha di rigida a la bú squeda de tal es partículas, era dirigir
la atención a cosas como las decisiones tomadas po r los organis-
mos de fin anciación de es te tipo de actividades, o a las relaciones
entre personas y entre in stitucion es, o a la un iversidad v a la pol í-
Li ca. Según es ta óptica. los qu arks no fueron «descubiert os» sino
que fueron activamente «co nstruidos » por los c icn t íl"i c()s implica-
dos. Y se trat ó de una const rucció n social rc-sult.uuc de las inte-
racciones entre científicos. políticos, orgull b ll loS p.u rocinadores,
uni versidades y el público en general.
2. Las razas. Es fácil argumental qu e lns d,' 1ini.ioncs científi-
cas de las diferen tes razas en li s i,';l I 'Cl lIsliluyen i rn -
posiciones sobre un contiu urnn di.' tipos I ' .... ¡el l .... ( Jl II' .uravi esa todo
el planet a. Entonces, ¿de dónde viene clasifica r las poblaciones en
raza s tal co mo nos lo presentan los antropólogos físicos? Puede
pensarse que las clas ificaciones científicas en «tipos físicos » no
son unas herramien tas neu tras en pos de una categorización obje-
tiva, sino que ti enen su origen en los puntos de partida y llegada
de las ru tas comerciales desde Europa hacia las colonias y vice-
versa, en el siglo XIX, precisamente la época en la que fueron crea-
das por la antr opología física las clasi ficaciones básica s: europeos
del norte, africanos occidentales, «indios. america nos...
Si el constr uctivismo soci al es un análisis correcto de la cien-
cia, entonces la pregunta de si la arqu eo logía debe ser una ciencia
o un a disciplina humanística pierde todo se ntido. El constru ctivis-
1110 cuestiona la alegación de la ciencia de ser una Iorrna distinti-
va y primordial de conoc imiento. Por lo tan to, ni ega cualquier di-
ferenci a b ásica aprioríst ica entre cie ncia y no-ci encia. Nos invita o.
observar lo que hacen cier tas personas en los laboratorios con la
mi sma naturalidad co n qu e miramos otras actividades de la gente
en otros órdenes de la vida,
Todo es to está mi'.'" bien. pero me cuesta entender qué tiene que ver C0 11
la avqueo logia. ¿Qué versión de cienci a prefiere/1 los aroucologos ?
Hay arqu eólogos que prefiere n una filosofía científica y otros,
otra. Para Mike Shanks y Chris Tillcy. el positivismo en arqueología
ha muert o definitivamen te. Shanks y Tilley piensan que el énfasis
de l positivismo en separar el método de la teoría es un fraude, ya
que se trat a de dos cosas que no pueden sepa ra rse de ningu na ma-
nera. Igual que Feyereband, ven al posi tivismo como un a tap adera,
una forma bajo mano de es tablecer lo qu e se pu ede y lo que no se
puede decir en arqueología. Con mucho sa rcas mo escriben:
No importa lo que se pas, siempre que lo digas correctamente;
siempre que te sujetes a las reglas del discurso positivista/empiricis-
ta; sie mpre que lo que digas sea razonable, que no sea fantasioso ni
extremado, que pueda contrastarse con los datos disponibles, que
no sea abiertame nte político, ni s ubjet ivo. Y si transgredes estas le-
yes del discurso, de la epistemología... tendrás a la policía esperán-
dole a la puerta de tu casa (Shanks y Tilley, 1992: 23).
Para Shanks y Tilley, la manera habitual que tienen los intelec-
tuales de escri bir sobre el pasado tiene muc ho qu e ver con las re-
70 T EüRiA ARQUEOLÓGICA. UNA I NTROOUCCl ÚN
glas del comportamiento polí ti co. Por ello, est os autores pretenden
desenmascarar la naturaleza política de estas reglas.
Sus oponentes replican: si abandonamos los criterios pos itivi s-
tas, ¿qué queda? Si ace ptamos los puntos de vist a de Shanks y Ti-
lley, ¿no res ultará que convert iremos las creencias en la magia o
en fuerzas mi s teri osas en algo tan «científico » co mo el debate ra-
ciona l? Otros pregunt an: ¿podre mos realme nte salvar algo del
na ufragio si hemos de abando nar el posit ivismo? Y de es ta mane-
ra el debat e no ces a. No hay una res puesta ún ica a tu pregunta:
deberás escoger por ti mismo qué es lo que más te convence. Todo
este lipa de cues tiones volverán, no obstante, a ser planteadas en
posteriores capítulos, cuando examinemos las propuestas de la ar-
queología postprocesual.
El mi smo tipo de preguntas que se hace la arqueología con re-
lación al debate sobre el positi vismo se las bacen prácticamente
todas las demás ciencias socia les . Los psicólogos eonduetistas afir-
man que la concie ncia queda fuera del do minio de la ciencia, por
lo que el trabajo de los psicólogos debería con centrarse excl us iva-
mente en la conducta de la gente. En sociología, Augusto Compte y
Émile Durkheim establecieron las bases del mét odo en soci ología
de ntro del marco del positivismo; su intención fue elaborar un a
ciencia de la soci edad medi ant e la cual poder realizar predicciones
y gene ra lizaciones sobre los fenómenos sociales de manera pareci-
da a como se hace con los fenómenos nat urales. Anthony Giddens
y otros, en oposición a Durkhei m y Compte, han hablado de la im-
posibilidad de hacer una cienci a de la sociedad neutra que no in-
corpore juicios sobre las cosas. Debates similares tienen lugar en
todas las disciplinas clasificadas como ciencias soci ales: historia ,
lingüísti ca, economía, polftiea . Muchas feministas opinan que la
Ciencia no sólo tiene un carác ter polít ico, sino que se trata, sobre
todo, de una cons trucción masculina: las reglas del «método ra-
cional» enmascaran un sesgo masculino con un manto de objetivi-
dad. Los arqueólogos pueden conformarse, pues, con la idea de
que su dilema epis temológico es comparti do por las demás cien-
cias sociales. Sobre si es to hace m ás llevadero el probl ema, ya no
está tan claro .
CAPITGLO 4
CONTRASTAR LA TEORÍA DE ALCANCE MEDIO
Y LA ETNOARQUEOLOGÍ A
En este capítulo volvemos a la figura 2.1 y al abismo que sepa-
ra el presente del pasad o, pero al preguntarnos cómo sortear el
obstáculo tomamos una ruta algo distinta que en el capítulo 3. Dix-
ponemos de un material arqueológico muy con creto: cerámica, pie-
dras, huesos; no cabe duda de que este mat erial exis te, aquí, en el
presente; ¿CÓI11ü actuar entonces para que nos cuente algo acerca
del pasado ?
Si es verdad qu e todo lo que decimos sobre el pasado lo hace-
mos inevitablemente desde el presente, también es verdad que nos
valemos de a nalogías . Una ana logía es el uso de informac ión deri-
vada de un contexto, en es te caso generalmente el presen te, para
expli carnos información encontrada en otro contexto, en este caso
el pasado.
Para ser claros: todos los arqueólogos, procedan de donde pro-
ceda n, hacen uso de ana logías para tender un pu ent e entre el pa-
sado y el presente. Siempre presu mimos que las cosas en el pasa-
do fueron parecidas - quizás incluso análogas- a las del prescn-
te. Incl uso las más mundanas interpretaciones se sostienen sobre
analogías. Considere mos, por ejemplo, la manera que tenemos de
asignar funcio nes a los objetos: «eso fue una vasija para guardar
ali ment os». Pen samos que se trat a de una vasija para guardar ali-
mentos porque su forma (alargada, robusta, poco decorada) han'
que nos parezca "natura l» un uso de es te tenor en el presente.
Luego consolidamos nuestra argumentación con otras analogías .
Por ejemp lo, que el objeto fue enco ntrado junto a otros objetos del
mismo tipo en una habitación del antiguo palacio adyacente a un
área donde se preparaba la comida, área que etiquetamos con el
72 TEORíA ARQUEULOGICA. U\li\ INTRO[1l:CT10N
LA '11'",t)l·Ui\ 11I' ;\1,( i\ r-..w 1'", rvll.',I>I() 'r' 1.1\ 1;.TNOAJ<.UI'F()U)(;I,,\ 73
nombre de «cocina». Análisis químicos revelan que la vasija con-
tenía restos de comida, y una vez más, por analogía con el presen-
te, inferimos que la vasija se usó para guardar comida.
Cuantos 111ás nexos podamos establecer, con más convencimien-
to aSUlnÜ110S lo análogo de las dos situaciones. Se trata de una ma-
nera de trabajar que puede resultar a veces obvia; sin embargo, no
deja de ser absolutamente significativa de la manera como solemos
escribir acerca del pasado. Y C01110 tantas otras cosas obvias, la
cuestión de las analogías demanda también un examen crítico.
Datos estáticos
(presente)
Teoría de
alcance medio
(relacionar argumentos
entre presente
y pasado)
Comprensión de las
dinámicas del pasado
Binford y la teoría de alcance medio
Lewis Binford puso con gran convencimiento esta cuestión so-
bre el tapete en los años setenta. Mientras que las grandes cues-
tiones estudiadas cn cl capítulo anterior estallaban con fuerza en
el debate teorético sobre epistemología y positivismo, Binford su-
girió que había cuestiones a discutir aún mucho más importantes.
Para Binford, la reivindicación de una arqueología científica de-
pendía sobre todo del problema de las analogías. Su argumento se
puede resumir del modo siguiente:
Los datos arqueológicos -piedras, huesos, cerámicas- lor-
man un registro estático en el presente. Los arqueólogos registra-
mos cuidadosamente piedras, huesos y trozos de vasijas, su posi-
ción y distribución en el suelo en el hoy y aquí. Pero no estamos
interesados en el hoy y aquí sino en el pasado: nuestro trabajo es
hacer las oportunas preguntas sobre estos materiales en e! presen-
te, para saber acerca del pasado. En concreto, estamos interesados
en las dinámicas de las sociedadcs del pasado, o lo que es lo mis-
mo, el funcionamiento dc los sistemas culturales de! pasado, su
desarrollo y su transformación.
y puesto que ahí está la ciencia, quc es una forma disciplinaria
de trabajar que persigue generalizar, por las razones descritas en el
último capítulo, queremos desarrollar teorías generalizadoras
acerca de las dinámicas del pasado (figura 4.1, que es una versión
diferente de la figura 2.1).
Todos los arqueólogos ofrecen posibles vínculos entre lo estáti-
co y lo dinámico cada vez que aventuran una interpretación sobre
los testimonios arqueológicos. En la práctica, lo hacen a base de
hacer presunciones acerca del alcance medio, esto es, del «espacio»
que media entre lo estático y lo dinámico. Por ejemplo, excavamos
FJG.4.1. F.o estático del presente, las dinámicas del pasado." la teoria de alcalice medio.
un cementerio en el que hay unas pocas tumbas con un importan-
te ajuar funerario y bastantes tumbas má» con un ajuar mucho
111ás pobre (datos estáticos); de ello inferimos una sociedad ca-
racterizada por sus diferencias sociales (dinámicas del pasado).
Llegamos a esta conclusión porque presumimos una relación de
alcance medio entre el número y/o valor del ajuar funerario Ji el es-
tatus social/económico de la persona enterrada. Un segundo ejem-
plo: excavamos un poblado en el suroeste norteamericano y des-
cubrirnos que con el tiempo crece cn tamaño y número de habita-
ciones. De ello inferimos que la población aurnenta. Una vez más
hacemos una presunción tipo alcance medio, a saber, la dimensión
del asentamiento, medida en términos del número de habitacio-
nes, ofrece una correlación directa y positiva con un aumento del
tamaño de la población.
Correctas o erróneas, (y por más obvias que parezcan a prime-
ra vista las presunciones hechas en los dos ejemplos, no por ello
menos discutibles), este tipo de conclusiones pueden denominarse
presunciones de alcance medio. Tales presunciones nos conducen
desde la observación del registro arqueológico estático (enterra-
mientos en celllenterios excavados, datos obtenidos de asenta-
mientos estudiados) al establecimiento de generalizaciones y teo-
rías sobre el pasado (estructura social y jerarquización, estimacio-
nes sobre población, vínculos posibles entre estas variables, pro-
posiciones generalizadoras acerca de las relaciones entre rango,
tamaño dc la población y complejidad social: figura 4.1).
Este tipo dc proposiciones reciben por parte de Binford la de-
notni nación de proposiciones de alcance medio porque, en sus
propias palabras, relacionan 10estático y lo dinámico, las observa-
74
TEü Rf A AROUE{ )I.(J<.; ICA. UNA I N"I'I{()I)l ;U :H)N L/\ T1':Old A 111·: ,\ 1.< "I\ NCE M EDIO y LA ET'\JOi\R(J UEOLUGi,\ 75
Frc. 4. 2. Típoíogics nucsteri ensas seglí l l Bordes, reproducidas fJOI" Biníonl (1983a),
r- n
100
%
f J i
nffiffi
I
, 1111I
111111111111111111
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Muescas UbliL'looS
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111 111: 1: [ 1[: 11'1'1'1'1
130
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o¿ 111 1111 : I l ltt+H 1111 11
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"
... Musleriense de
denticulados
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Grupo del 1
paleolítico
superior
Tipologías segun F. Bordes
I 11
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Nivel 36
,
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r Nivel 21(K),
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Combe
Grenal
Nivel 33
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dM IG,'ji¡' ¡N
1
y,',1
11
I
íl)
Tipologías musterienses
Por lo ta nto debernos mi rar al prese nte et nográfi co COIllO fuen-
te que nos sU11a de ideas para desarroll ar la teoría de alcance me-
di o. Bi nford escri bió: «Mi meta ha s ido estud iar la rela ción exis-
ten te entre lo es tá tico y lo dinámico en un escenario moderno. Si
lo llegáramos a co mprender hasta el detalle equivaldría a una nue -
va Piedra de Roset ta de la arqueología: una manera adecuada de
1
Puntas 11 Raederas
laterales
ciones part icul ares del registro arqueológico con las teorías gene-
rales acerca del pasado. En la mayoría de los pr oyectos arqueoló-
gicos que se reali zan, pi ensa Binford, la mayor parte de las propo-
siciones qu e se formulan no se enmarcan en teorización alguna,
puesto qu e, o aparentan un buen sentido, o par ecen de na turaleza
trivia l, como cuando se dicen cos as así: «cuanto m ás gr ande es el
asenta miento, más gente es probable que haya vivido en él".
Mucbas proposicion es del tipo «alca nce medio» pueden pare-
cer tr iviales; sin emba rgo , cualquier buen científico debería hacer
explicitas y present ar [onnalmente sus presunciones discipli narias.
Si, en cambio, las presunciones que for mulamos las damos siem-
pre por buenas, permanecen en cualquier caso implícitas y no son
contrastadas, nunca p OdrCl110 S ofrecer otr a cos a a la cienci a que
nuestras propias historias inco ntrastadas sobre el pasado. Y esto
es as í porque el criterio que s irve para decidir que un argumento
es bueno y qu e otro es malo nunca ha sido puest o de manifiesto.
Binford consecuent emente sugiri ó que de bíamos desa rrollar una
explícita «teorí a de alc ance med io» (MRT), que relacionase lo es-
táti co del presente con las dinámi cas del pasado.
La única posibilidad real existente que nos permit e cons tatar
un vínculo defini do, ci erto y men sura ble ent re un os determinad os
modos de co nduc ta o dinámicas .Y su trad ucción arqueo lógica se
encue ntra en el presente. Nunca podremos observ ar a un agricul-
tor del neolíti co fa bricando unas puntas con materi al de sílex o a
un cazador paleolítico arrancando la piel Y despedazando a un
animal, para abandonar luego los hu esos mientras es perseguido
por per ros hambrientos que le disputan la pieza. Lo único qu e po-
demos hacer es observar actividades comparables en el present e:
por eje mplo, producción de út iles de piedra, ac tividades de caza v
carnicería, conservaci ón y selección de se millas. .
En nuest ro present e ten emos la oportunidad de realizar un de-
tall ado y cui dadoso regis tro sobre cómo determinadas act ividades
o sis temas de acti vidad dan lugar a un det er minado tipo de res tos
arqueológicos. Pod emos observar cómo preparan y procesan el
grano det er minadas comunidades modernas de agri cultores, o
cómo preparan .Y almacenan la carne comunidades modernas de ca-
zadores-recolectores. Tenemos la oport unidad de observar y med ir
con precisión qu é tipo de restos se producen en la realización de
tales ac tividades, y en qué cantidad se producen, y qu é les oc urre
luego a estos restos como resultado del desgaste y la put refacción
(fígura 4.2).
76 TEORí A AROlJEO U ) GIC¡\ . L;:\'i\ l :"J TI<OJHI( '( 'I ON
1,/\ ' l ' 1 ' J ) I ~ I I \ 111 , ,\ 1( :\ Nt 1', ,\ I I ,' ,IJI() Y 11\ L T\!(),\ !{ t) I'I',(J I ,(){d ¡\
TI
«t ra ducir» lo estático, út iles de piedra que encon tramos e n 111' ya -
cimie nto a rqueológico, en la vibra nte vida del grupo de gente que
los abandonó » (Binford, 1983a: 24). Es decir; de la mi sma lorma
que la Pi edra de Rosctta , a l incluir la misma inscri pci ón en tre s
lenguas an tiguas diferent es, permitió a los lingüistas modernos
traducir de una lengua a ot ra, de manera parecida podríamos in-
tentar encont rar cosas que permiti er an tra nspor tar nos del regist ro
arqueológico observado a l pasado mismo.
Binford llamó act ualistica a es te tip o de estudios etnográ ficos;
es decir de observaci ón y regis tro, por part e de los a rq ueólogos, de
sit uac iones et nográfi cas que tienen lugar en el tiempo presente.
Compar ó el registro arqueológico a una huella encontrada en el
bosque. A la vista de una detcrrni nuda hue lla, por su Iorrn a y ta-
111,-ll10, uno puede conjeturar que per tenec e a un anima l grande y
pesado, a unque no pued a llega r a reconocer al anima l du eño de la
l11 is I11 a . Más tarde uno observa a u11 Oso y ve c ómo deja e n el s u el o
la 1111S013 h ue lla preci sa que observó a n le r io n n e n tc; a parti r de
esta observaci ón en el presente, a hora sí puede asegura r que la
huell a ant erior había sido hecha por el mi smo anima l en el pasado.
Este tipo de es tudios en el prese n te etnográfico es t imula n la
aparición de un interés por la arqueologia experi me ntal. Por ej em-
plo, se puso en evide ncia el interés pOI ' la ma nufactu ra y uso de
útil es de piedra tall ada y p ulimentada. Los restos de piedra produ-
cidos en cada rase del proceso de manufactura expe rimental po-
dían ser comparados con los res tos exist entes en el regist ro arq ueo-
lógico; se podían t ambién comparar las señales mi croscópi cas
dejadas por el uso en los út iles prehist óricos CO',1 las dejadas en las
herramientas moder nas qu e habían sido usadas de forma expe r i-
mental para r eali zar de t erminados tr abajos . Todo ello ta mbién
co nduj o a un renovado interés por la etuoarqueologia, o est udio
por los arqueólogos de la cultur a materi al del presente.
Los arqueólogos siempre han es tado in teresados en el es tudio
de la cult ura ma terial de los pueblos modernos, habi endo utili zado
en ocasiones materia l etnogr áfico para co mpararlo con el ma teria l
ha llado en el regi stro a rqueológico. Mucho a n tes de que David
Clarkc publicara su es tud io sobre el poblado lacustre de la Edad
del Hierro de Glast onb ury, sus ca bañas va habían "ido compa radas
con las cabañas de los «na ti vos " del África orie nta l. De hech o, este
tipo de paralelismos fueron decisivos para el dvxpcgue de la ar-
queología como di scipli na cient ífica. Las i, "';¡s d"eilllonónicas vi-
gen tes sobre la evolución soci al , según las ,", ,,,1, 's todas las socied a-
de s debían rec orre r las llli SI1H1S eta pas funda menta les de un proce-
so ci vilizador. implica ron que pudi éramos uti liza r a las sociedades
«primitivas» del presente como refere nc ia para el estud io del pasa-
do prehistór ico. Así , por ejemplo, el famoso lib ro de Lu bbock de
1866 titulado Prehistoric Times lleva por subtítulo (tra duci do) : tal
C01 110 ilustran los res/os antiguos y los li SOS y costumbres de los mo-
dem os salvajes . El li bro contiene ilust raciones tant o de o bjetos
prehist óricos co mo de o bjetos con temporá neos perten ecientes a
comunidades «pri mitivas- corno los inuit. Bi nford .v otros, sin cm-
bargo, sugirieron qu e este tra bajo «ctnoarqucol ógico» deb ía ser r ea-
lizado no por etn ógrafos sino por arqu eólogos, con un o jo pue sto
en las anal ogías entre presente y pasado. No se podía confiar en sa-
car par tido del trabajo de los etnógra[os porque su modo de proce -
der respondía a pr eocupaci ones muy distint as.
Pa ra Binío rd, el desarroll o de una teoría consisten te de a lcanc e
medio era más impor tant e que los debat es met a físi cos sobre el es-
tarus de la a rqueología como ci encia. Mientras que much os de sus
colegas pasaban el tiempo deba tiendo sobre filosofía y episte mo-
logía, Binford partí a par a Alaska pa ra es tudiar a los ca zadore s es-
quimales nunamiut .
Interpreta r el mustericnsc
Es muy instructi vo cl relato del propi o Binford sobre los moti-
vos que le ind u jero n a es tudiar cl must cricnse (véase su libro tra-
ducido al espa ñol : 1:'. 11 busca del pasado) , Binford es taba in ter esado
desde hacía años en ~ I «problema rnust eriensc». El período mus-
teriense, situado entre el pa leolít ico medi o y el su perio r, p ued e en-
cont rarse en co ntex tos diferentes en el Viej o Mu ndo, aunque ha
sido estudiado de manera más profunda en el sur de Francia : recibe
el nombre preci samente del yaci mien to arqueol ógico loca lizado en
la cueva de Le Moust ier,
El must cricnse fue de finido y ca racter izado a partir de ci ertos
t ipos di stintivos de útil es de piedra clasificados por el arqueólogo
francés Fra ncois Bord es . Bordes se había dado cuenta de la va rie-
dad de proporci ones en que a pa recían di st in tos útiles de pi edra lo-
calizados en niveles es tratigráficos diferent es, y demost ró que po-
dían clasificarse en grupos tipológi cos d iferentes: «rnuster iense tí-
pico», «charen ti ense», «rn ustcricnsc de tradición ac helens e», «mus-
tcriensc de dent iculados», etc. (figu ra 4.2).
78 TEO l{ íA AROl.:¡':O] .() ( ; ICA . ¡ : NA J\lT l{ t>l ll l ( '{ 'I():\! I ,A T F () !<. II\ I J!-'. ,\ I t'i\ N(' I ', M I ;,I JICl 'r' [ ,¡\ FT'\UARU l ' I·:(lJ.{H;¡ ,\ 7<)
¿Cómo se podía interpretar es tas variantes tipol ógícas descu -
biertas en el presente en términos de procesos oc urri dos en el pa-
sado? Bordes creía qu e los di stintos gru pos de útiles de pi edra
reflejaban la presen cia de diferentes grupos culturales. Es decir,
seguía las pautas intelectual es de otros a rqueólogos tradi ci onales
que asumía n que ci ertos tipos de objetos y conju ntos de objetos
identificaban a «cult uras» di stint as. Ot ros arqueólogos, sin em-
bargo, no tenían tan clara la forma de Interpre ta r la «varia bili-
dad" existente entre los dist intos gr upos t ipol ógicos . Bin ford, por
ejemplo, su girió qu e los di sti nt os grupos de útil es no traducían
dife rent es cultur as, sino que deb ían ser interpret ados, dent ro de
un marco ad apt at ivo, como «juegos de herrami ent as » diferenci a-
dos fruto de la especi ali zaci ón . Binford quiso probar su hi póte-
sis. Reuni ó enormes cantidades de datos es tad fsticos procedentes
dc grupos mustcri enscs fra nceses y los proces ó, (Con ello verifi-
ca mos el in terés de la Nueva Arqu eología en los mét odos cuanti-
tativos y cn comprende r a fondo el conce pto de variabi lidad .)
Binlord requir ió una tremenda ca ntida d de trabajo para procesar
toda la información, y descubri ó que había algunas cosas intere-
sa ntes en el materi al reunido. Pero aq uf es ta ba el problema prin-
cipal. Binford descubr ió que no pod ía hacer nad a con aquel ma-
terial .
Binford no tenía un a idea clara sobre qué tipo de activida des o
procesos eran los causant es de aquellos resultados. Había dist in tas
explicaciones que podían ser ap ropiadas. Tant o la sugerencia dc
Bordes de que las di sti nt as proporciones en que aparecían los va-
ri ados tipos de útil es reflejab an la existencia de grupos culturales
diferentes, como el argumento de Binford de qUI; los distint os gru-
pos de útiles debían ser interpret ados como «j uegos de herramien-
tas » que reflejaban distintos tipos de adaptación cultural, más
otras interpretaciones procedentes de especi alistas en pal eolítico,
pa recían explicaciones satisfactorias , al margen del número de se -
ries estadíst icas procesadas por ordenador.
Para usar la terminología del propi o Binford, él di sponía de
mucha información sobre lo estático en el presente, pero earecia
de recursos para traducirl o en d inámicas del pasado: h teoría de
alcance medi o. En definitiva, sus ideas sobre lo que si gni fica ban
los gru pos tipológicos podían ser contrastadas co. : las ideas de
otros, como las del propio Bordes, pero no pod ía reali zar tests
para poder averi guar qu é ideas eran m ás ac ertadas . Los argumentos
de Binford y Bor des quedaron como propuestas di ferentes para la
posteridad, puesto 'lIJe no ha bía man era alguna de dirimir cuá l de
las dos se ajus taba mejor a la verdad.
El deseo de producir informaci ón de alcan ce medi o que pudi e-
se da r lugar a algún tipo de asidero con el que aborda r la cues tión
pendiente llevó entonces a Binford a iniciar sus tra bajos de ca mpo
con los nunamiut. Los nunamiut , como gru po que practica la caza
del ciervo en un entorn o natural simila r al existente en el sur de
Francia en el período rnusteri ense, ofrec ía la oportunida d de at a-
car definitivamente la cues tión. Un trab ajo paciente con los nuna-
miut podía dar con la respuesta adecuada a la si gu ien te pregunta:
«¿qué t ipo de aeti vidad cs de caza y recolección da lugar a los dis-
tintos grupos de útiles?".
Pero antes dc seguir con los nunamiut y compro bar si el tra-
baj o de Binford con ellos prop orcionó los resultados apeteci dos
debernos traer de nuevo a consideración la tcoría que subyace al
tipo de preguntas planteadas.
Las p resunciones uniformizadoras
Binford es tablece dos condiciones que la teoría de alcance me-
día debe satisfacer:
1. Ser independiente formalmente del desarrollo de la teoría
general. Recuérdese que el método cientí fico tiene que ver con la
comprobación de hi pót esis, y con la importancia de mantener se-
parados el mét odo de la teorí a. ¿Cómo podemos hacer pruebas
entre dos teo r ías gen erales si nue stra teoría el e alcance medio se
basa en una de ellas? Esto puede hacernos caer en el peligro de
una argumentaci ón circul ar.
2. Basarse en un a presunción uniionnizadora. En otras pala-
bras, debemos suponer que las cond iciones en el pasado era n pa-
recidas a las del presente. Si las condiciones en el pasado varias en
no habría lugar a caso alguno; cualquier cosa podría haber ocurri-
do; los es tudios actua lísticos en el presente no ofrecen ni nguna
guía segura acerca de lo quc ocurrió en el pasad o.
Consideremos por u n momento la presunción uni forrn izado-
ra . Podemos as umir qu e las propiedades físicas y los procesos
naturales (la gravedad, la estruct ura de las moléculas, los proce-
sos geol ógi cos tal es como la rormación de suelo yla sedimenta-
80
T EORí A ARQL' EOl..() ( d l' A, t :NA I NT I{( JI )[ It '( '1Oi\,
l A TI -:( l R J;\ IJI '", Al l '¡' ''\ ( ' I ': MI':I)I<) y 1.1\
ción) fue ron los mismos en el presente que en el pasad o. Cierta-
mente esta pr esunció n fue cruci al en el siglo XIX para el desa-
rrollo de la geo logía moderna, y consecuentemente para el desar ro-
llo de la cs tra tigra fía en arque olog ía . El geólogo Lyell dio argu-
men tos en contra de la adscri pci ón de caracterís ticas geológicas
tale s como los cs tratos de las rocas sedimentari as a cat ást rofes y
demás catacli s mos, como las inundaciones bíbli cas, hech os s in
paralelo en los tiempos presentes. En cambio, nos ot ros hemos de
supo ner que carac teristicas tales como los es t ra tos de roca sedi-
men ta ria fuero n creados po r procesos observa bles en el presente
(como la se dime ntación marin a). Es cie rto, sin embargo, que
unos po cos procesos físicos so n no uniformes: la proporción de
car bono- 14 en la at mósfera ha vari ado a lo largo del mileni o, por
eje mplo.
Los procesos físicos pueden haber si do los mi smos en el pasa-
do, pero el compor tamiento humano es mucho más diverso . Las
presu ncion es uniforrnivadora s sobre el comportamiento hu ma no
son mucho más complicadas dc hacer. La ley de la gra vedad fun-
ciona en cualquier lugar y época ; sin embargo , las culturas huma-
nas se comport an de muy diferentes maneras. Esta difi cultad es
part icularment e clara para el paleolítico inferior y medi o, pe rí odos
en los que encontra mos a unas especies de homínidos extinguidos
distintos del !f0 /110 sapi ens sapiens . Podemos debatir sobre si la
«naturaleza humana - o las «necesidades humanas básicas » per-
manecen co nstantes durante otros períodos, pero en estos tiempos
tan remotos traba jamos con especies de homínidos qu e no son
como nuest ra especie. Por 10 tanto, no podemos asumir qué práct i-
cas que supo nemos comunes a tod os los grupos humanos es tuvie-
ran present es en aquel ti empo. Binford puntu alizó que prácticas
tales como el ret orno regular a «casa», entendiendo por tal un
ca mpamento no estable, p udi eran ser «na turales» o supuestas para
los seres humanos modernos, pero no podía pr esumirs e lo mi smo
para los homínidos del paleolítico infer ior,
En algún lugar a med io ca mino entre los mundos físico y hu -
mano se encu entran las pr esunciones referi das al comportamien-
to de animales y plantas. La ecologia de las plantas y de los ani-
mal es no es tan r ígida co mo las leyes de la física y la química,
pero tampoco es tan variable como el comportamiento cultural. Por
ejemplo, las ovejas se agr upan cuando se sienten amenazadas por
un predador, mi entras que otras especies se di spersan. En tanto
que este comportamiento tiene un fundamento genétic o, se hacen
evide ntes las implicacion es del mismo con relación a la facilidad
de la domesti cac ión de las ovejas en el neolítico.
De ello se sigue que el desarrollo de la teoría de alcance medi o
puede ser rela tivamente plaus ible para áreas del regist ro arqueoló-
gico dependi entes de proceso s físi cos o bi ológicos, pero me nos en
otras áre as. Cons ider emos algu nos ejemplos:
l. La prepara cion de grano para el consumo humano sól o
pue de llevarse a cabo de cie rtas maneras: la cosecha sólo puede
reali zarse duran te ciertas épocas del año: el gra no debe separ arse
de la paja, dejarse seca r, etc. Los diferentes proces os involucrado s
en la recogida y procesado del grano dan lugar a determ inados sub-
productos corno la paja .Y los ras tro jos que permanecen en el cam-
po. El procesa miento de las cosechas puede estudiarse di rectarncn-
le mediante la cmoarqucología y la arque ologí a experimental.
2. La crí a de animales , Pod emos suponer que la forma de co-
nocer la edad de los ani males media nte la ob servaci ón de las
secuencias de apari c i ón de la denti ción no vari ó en cI r asado, y
adem ás, podern os asumir que las formas de aparca mie nto y cría
tenían lugar con la mi sm a frecuenc ia estacional. Es por lo tanto
posible tomar una colección de huesos y deter minar, no sólo la
edad al mori r los animales, sino también la época del a ño en que
estos animales er an sacrificados. Además, todo elJo nos permite
realizar con garantí as in feren cias acerca de si los animales eran
criados para obtener carne o para obtener otros productos.
3. Para ut ilizar un ejemplo más marginal de exploración de
los límites de las presu nciones unifor mi zadoras podemos diferen-
ci ar entre «cazaderos ) y «h ábitat s- en [u nci ón de los huesos en-
contrados en cada lugar. En este caso pod emos hacer sin peligro
presunciones un iforrnizadoras tal es corno que la relación en tre car-
ne y huesos pe rma ne ce cons tante para cada par te de un animal, y
por lo tanto ra zonar que los cazadores se llevarían de retor no a
casa las part es de l animal m ás ri cas en car ne, mientra s que dejarían
a bandonadas la, parl es menos carnosa s. Si un yac imi ento es un ca-
zadero, o si en cambio es un hábitat o campamento base, habrá de
reflejarse en los diferent es tipos de huesos abandonados, Gran par-
te de la invest igación ctnoarqueol ógica se ha dedicado a es tablecer
hasta qué punto este método funciona correctamente.
(Pero qui zá no funcione debido " factores culturales. Un gru po
puede tener tabúes culturales contra determinada parte de un ani-
82 TEORÍA ARQUEOI .<)(; ICA. UNA I N"I'IU)( )l i t T HI N
I. A T Ff H{l A 1110'. " 1.( "I\Nt' E M I;,I)fO y LA ET'OAKQCEOLO( j JA 83
mal, o a la inversa, alguna part e ser primada por sus propiedades ri-
tuales. El hecho de conceder un alto valor cultural a una parle del
animal que no se corresponde con su valor proteínico o calórico pue-
de confundirnos. Est udiaremos este problema a fondo más abajo.)
Muchos de estos estudios pu eden agr uparse bajo la denomi na-
ción de est udi os de tafon omía. Talonorn ía es el est udio de la for-
mación del regist ro arqueológico tanto a pa rti r de un comport a-
mi ento cultural corno por causas natural es. La tafon orn ía mues-
tra lo difícil qu e es rela cionar lo qu e encont ramos en el registro
arqueológico con las actividades en el pasado. Su desarroll o más
impor tan te tiene lugar en áreas donde hay restos botánicos y Iau -
n ísticos .
Para poner un corto ejemplo: las marcas dejadas por los per ros
en los huesos. Sebasti an Payne ha demost ra do cómo los huesos
roídos se pudren más rápidamente que los huesos enteros . Los ya-
ci mientos arqueológicos cn los que hay perros pueden dispo ner de
un número in feri or de huesos y qui zá de diferentes tipos de hu e-
sos que los yaci mient os dond e no hay perros. La concl us ión nega-
tiva de todo ello es que podemos llegar a interpret ar mal la econo-
mía de yacimientos muy similares cuya única di feren cia real es
que cn uno de ellos hubo perro s y en el otro, no .
CASO 2: H UESOS EN O L J)UVAI
La teoría de alcance medi o, por lo tanto, no sól o debe de sarro-
llar proposiciones que vinculen lo estático del presente con las di-
námicas del pasado, sino que tiene que tomar est as proposiciones
y uti liza rlas formalmente para escoger entre posibles interpreta-
ciones referidas al mi sm o con junto arqueológico. Exami nemos un
caso para compro bar cómo se procede en la prácti ca.
En el último capít ulo del lib ro de Binford, Bones: Ancient Men
and Modern Myths, este autor afirma; «mi análisis representará la
aplicación de una metodo logía desar rollada a partir del control de
la información obtenida de estudios actualísticos» (l 981b: 253).
Dicho de otro modo, el autor utili zará su trabajo ct noarqueol ógico
para conseguir det erm inar los di stintos procesos que dan lugar a
los distin tos tipos de configura ciones del regi stro arqueológico.
Binford desarroll a un conj unt o de proposicion es sac adas del
mat erial obtenido de los nunamiut, pre deciendo de este modo los
result ados estáticos de det erminadas dinámicas. Por ejemplo, pro-
po ne qu e s i los homínidos que usaban ú tiles y vivían ded icados a
la caza y mat anza de animales, ac arreando det er minadas partes de
las capturas, y hubieran di spuesto de campamentos base, deb ería
poderse enc ontra r en tal es campamentos un conjunto de res tos de
su actividad parecido a los conj untos de rest os encontrados en los
há bitats de los modernos cazadores recolectores. Lógicamente, es-
tos homínidos ret ornarían a sus bases cargados con grandes peda-
zos de car ne y dejarían por el ca mino só lo algunas partes de la
caza menos ricas en ca rne . Si , en cam bio, los homínidos fueran s()-
lo carro ñeros. los car nívoros cazadores les quitarían las pali es de In
caza 111ás ric as en car ne , dejándoles sólo las partes meno s ricas
para ellos, ofrecie ndo un panorama muy di ferente a ni vel de restos.
Seguidament e Binfonl estudia distintos vacimientos V los di-
vidc entre yaci mientos en los que las osamentas de los animales
fueron tambi én aprovech adas por otros animales car ro ñe ros y
yacimientos en los que es to no sucedió, Bi nford es tudia co n gr a n
detalle los yaci mientos no saqueados, arguycndo en co nt ra de la
asociación de los homínidos con los rest os de animales. Su co n-
clusión es qu e hay algunos conjun tos de restos menos aparen tes
«coher entes con la desapari ción de huesos ricos en tuétano de res-
tos de mat an za previamente saqueados por otros predadores ca-
rroñeros», una interpretación reforzada con testimonios de útil es
de piedra.
Mi punto de vista parti cu lar es que se tr at a de un a argument a-
ción interesante y lógica, aunque no un ejemplo de aplicac ión de
la teoría de alcance medi o. Lo lógico hubiera sido encontra r una
seri e de pro posiciones formales relacionando lo est ático con lo di-
námico, luego una observac ión detenida de lo est ático , y fin al-
mente una analog ía form al con lo dinámico. (Para seguir con la
anterior analogía de Binford, primero propon emos que los osos
dejan huellas en el terreno, luego observamos una huella de oso y
fin almente co ncl uimos qu e tal huella fue hecha por un oso.) Pero
Binford no hace esto. En su lugar explora la evide ncia contextual-
mente, utili zando de una ma nera más laxa qu e en la analogía for-
mal el trabajo realizado con los nunamiut. Por eje mplo, el caso
paralelo de la mat anza del lobo no se menciona en el gm po ini cial
de proposiciones formal es. Por lo tanto, el uso qu e Binford hace
dc la informaci ón et noarqueológica , aunque interesante y riguro-
so, no representa un eje mplo for mal de la ut ili dad de la teoría de
alcance medio, s i hemos de adoptar el criterio es tri cto que el mis-
mo Binfor d pide.
84 TEORÍA ARQlJEOLÓ(;'ICA. LJNA INTROI){}('('J()N
LA TEORIA DE ¡\LCAI\CE i\lEDlü y LA 85
Nos vemos obligados a extender la misma observación con re-
lación al caso del musteriense anteriormente expuesto. A partir del
trabajo de Binford cabía esperar que podían realizarse inferencias
seguras sobre la manera de interpretar el período. Pero, de hecho,
el debate continuó; hasta que ha sido resuelto por el momento con
la sugerencia de PauJ Mcllars de que los distintos conjuntos de úti-
les de piedra reflejan fases temporales diferentes. La conclusión
que podemos sacar de todo ello es que, aunque la investigación de
alcance medio puede ayudarnos a reflexionar sobre el registro ar-
queológico de forma distinta y con mayor profundidad, es difícil
que en la práctica nos sirva realmente para ayudarnos a escoger
entre distintas hipótesis alternativas. ¿Existen otras razones que
nos induzcan a ser escépticos sobre el valor de la teoría de alcan-
ce medio?
Problemas con la teoría de alcance medio
Desde mi punto de vista, Binford está muy acertado cuando su-
giere que la prueba del nueve para saber si la arqueología respon-
de o falla C01110 «ciencia» se encuentra en el desarrollo acertado de
la teoría de aleance medio. Si podemos relacionar de forma fide-
digna, a base de utilizar proposiciones de alcance medio, lo está-
tico del presente con las dinámicas del pasado, realmente seremos
capaces dc aislar los razonamientos arqueológicos de su contexto
social y político, y acabar con lo que tantas veces hacemos, que es
simplemente contar historias sobre el pasado. Si no SOI110S capa-
ces de hacerlo, la idea de desarrollar la arqueología C01110 una
ciencia neutra parecerá utópica.
Hay dos problemas básicos que aparecen relacionados con el
debate sobre las analogías y la teoría de aleance medio:
1. Una analogía, esté sancionada con la rúbrica de la teoría
de alcance medio o no lo esté, no prueba nada. Nunca conocere-
mos si las presunciones uniformizadoras discutidas más arriba
son realmente correctas. Si yo interpreto una determinada es-
tructura excavada COI110 un granero, y muestro cómo esta estruc-
tura comparte cinco, diez, quince características con graneros
«conocidos» pertenecientes a la etnoarqueología, sigue existiendo
la posibilidad de que tal estructura pueda interpretarse de otra
forma.
Este tipo de crítica fortalece el juicio crítico más escéptico de
todos, el que se refiere a las teorías sobre la evolución cultural. Si
todas las culturas humanas pasan por las mismas etapas evoluti-
vas, y si las culturas en cada etapa de su desarrollo cultural son
básicamente similares unas a otras, se sigue que las estructuras ex-
cavadas pertenecientes a contextos prehistóricos habrán de ser
probablemente muy parecidas a las estructuras que la etnografía
nos da a conocer. Por ]0 tanto, cualquier presunción uniformiza-
dora basada en las similitudes culturales habrá de ser 111UY consis-
tente. 0, dicho de otra forma, si los esquimales inuit son realmcn-
te iguales a otros grupos de cazadores-recolectores, entonces es
muy plausible la utilización de su cultura material y de sus patro-
nes de actividad a modo de analogías a relacionar con grupos hu-
111anOS del pasado.
Si, en cambio, uno cree que todas las culturas son histórica-
mente únicas ji por ende no pueden cornpararxe unas con otras, ni
clasificarse según fases evolutivas, entonces no hay razón para
aceptar que aquella estructura es un granero por el mero hecho de
que se parece mucho a una estructura de otra cultura 111UY poste-
rior situada a mucha distancia y perteneciente a un contexto cul-
tural completamente diferente. Quizás deberíamos tratar a los
inuit COD10 gente verdaderamente única, ji al hacerlo, ser 111UY cui-
dadosos a la hora de decir que cualquier patrón derivado de su
forma de vida puede usarse de cualquier forma como referencia o
modelo para cualquier otro grupo de cazadores-recolectores pasa-
do o presente. Podríamos puntualizar que grupos como los kung
san no son de hecho cazadores-recolectores modélicos. Éste es un
caso típico en que las presunciones de alcance medio no son en
realidad independientes de la teoría general.
Los valedores de la teoría de aleance medio podrían replicar, de
acuerdo con el capítulo anterior, que no importa dc dónde proce-
dan las ideas, sino que lo decisivo es cómo son contrastadas. Por
supuesto que nunca estaremos absolutamente seguros de que
aquella estructura sea un granero, pero sí pOdCI110S evaluar su cer-
teza frente a hipótesis alternativas. En su último trabajo Binford
sugiere que es cierto que no hay manera de probar con carácter
absoluto ninguna proposición, pero sí que podemos, en cambio,
concentrar nuestros esfuerzos allí donde el registro arqueológico
resulta más ambiguo.
Una analogía puede reforzarse, por ejemplo, si se puede de-
mostrar alguna forma de continuidad cultural entre dos grupos
86 TEORI A ARQ UEOLO( i1CA. UNA I N'J'R, OIJ Ucuo N
LA m: MEDIO Y LA ETNOAIHJ l i E01.0( ¡I :\ 87
culturales. Se ha dicho . por eje mplo, que la tribu moderna de los
hopi en el sudoeste de Estados Unidos es la descendi ente cult u-
ral de lo que los arqueólogos llaman poblaciones «anasazi». Hoy
día encontramos en los yacimientos anasazi cámaras ci rculares
se mi-subterráneas, muy similares a las existentes en los pueblos
hopi modernos. Es, por lo tanto, plausib le relacionarlas con los mo-
dernos ri tuales hopi. Pero, un a vez más , tal vínc ulo no prueba de
forma conclusi va nada, aunque sí qu e es verdad qu e sirve para dar
más fuerza a los argumen tos in terpret ativos deri vados del mismo,
en el sentido de que es prob abl e qu e haya una cont inuida d cultu-
ral en el terreno de las ideas y de las prácti cas.
El método histórico directo co nstit uyó un importante ingredi en-
te de la arqueol ogía tradicional nort eamericana. Cons istía en per-
filar grupos dist intos de nati vos america nos en el presente pa ra
luego tratar de rastrear sus antecedentes culturales en los grupos
preh is tóricos conocidos. Est e mét od o no tiene un paralel o di recto
en la arqueología europea, aunque Christophe r Hawkes sugirió en
una ocasión que se debería escribir prehistoria yendo de lo cerca-
no a lo lejano en el tiempo, es deci r, trabajando a partir de grupos
históri cos «conocidos» hacia atrás, hasta llegar a las Edades del
Hi erro y el Bronce. Est e tipo de enfoque est á en la base del re-
cien te interés europeo por la «etnog éncsis », o estudio de la forma-
ción de las identi dades ét nicas.
Tanto Alisan Wylie como l an Hodder han enfatizado la distin-
ción entre analogías «formales» y ana logías «relaciona les», y han
sugerido que las más pot entes son las últimas. Las analogías for -
males se sustentan en la noción simple de qu e si algunos elementos
de dos situaciones son similares, ta mbién lo deben ser otr os . Re-
sulta evidente que este tip o de ana logías son débiles, aunque tien-
den a reforzarse cuantos más elementos de similitud pueden de-
mostrarse entre dos contextos . Las ana logías relaci onales descan-
sa n sobre la existencia de una conexión natural o cultural ent re dos
contextos , así como en el método hist órico directo, siempre qu e
puedan hacerse conexiones basadas en la continuidad cultura l.
POI' ejemplo, se pueden interpretar cie rtos pozos de los yaci-
mi entos prehistóricos africanos como gra neros, a base de citar
una balerí a de ejemplos etnográ ficos. Sin nada más, una analogía
de este tipo no dejaría de ser bastante débil, aunque podría re for-
zarse a base de añadir una cier ta ga ma de casos pa ra lel os (¿Tienen
la misma forma y medidas? ¿Consideramos que las sociedade s del
pasado y del presente tienen «el mi smo nivel de desa rrollo social »?
¿Proceden los ejemplos etnográ ficos del mi smo tipo de entorno,
economía o asentamiento?) La compre ns ión de las rel aciones en-
tre diferentes var iables convierten a las analogías en algo más po-
tente. ¿Proceden los ejemplos et nográficos de socieda des afr icanas
con vínculos hist óricos direct os con las cult uras preh istóricas qu e
esta mos est ud iando? ¿Es qu e podemos pregu nt arnos por qué el
grano se almacena de esta forma, ci ta ndo razones ( naturales» (el
método más efici ente en este tipo de clima) o qui zás factores «cul-
rurales»? Efect ivamente, en la práctica , las anal ogías formales y
rel acional es constituyen dos extremos de una ga ma de argumentos
analógicos de menor o mayor fuerza .
2. El probl ema de la cont inuida d cultural nos lleva a una se-
gunda objeción. Puede conjeturarse que la gente se ve infl uencia-
da en su conducta por ideas culturales. Estas ideas no sólo afec-
ta n a las cuestiones cultura les co mo las creenci as reli giosas qu e se
mani fiesta n en determinadas cost umbres fun erarias y en otras
prácticas ritua les, sino que También afe ctan a activida des aparen-
temente mundanas lales co mo la organización del espacio en el
que se vive o la manera de trat ar la basura producida. Afectan por
lo tanto a los sedimentos arqueológicos, por lo qu e deben tomar-
se muy en consideraci ón cuando se est udia la formación del re-
gistro arqueológico.
Véase, por ejemplo, el estudio etnoarqueológico de Henri etta
Moore sobre los marakwet del África oriental. Moore descu brió
que la manera que tenían de organizar espacialme nte las casas y
demás instal aci ones tenía relaci ón con sus ideas so bre el género ,
es decir, sobr e lo que para ellos significa ba ser hombre o muj er en
la sociedad marakwct, Así, los distintos reci ntos domésti cos era n o
masculinos o femen inos . Est e conjunto de ideas culturales a fecta-
ban la disposición sobre el terreno de cada un a de las cons truc-
ciones y de l conjunto del poblado.
Jan Hodd er, por su parte, observó la distri bución de huesos de
cerdo y de vacuno en disti nt os asenta mientos de los nuba. Enco n-
tró grandes cantidades de huesos de cerdo en el recinto de una tri-
bu y muy pocos en el de otra tribu. Hodder pensó que se debía a
dist intas actitu des cultura les. En es ta cultura , lo femenino se aso-
cia con los cerdos - las muj eres son respon sables de alimentar
y cuidar a los cerdos-o En un a de las tribus existía la creencia
(masculina) de qu e las muj eres eran impuras: de ahí qu e, por aso-
ciaci ón, los recintos se mantenían limpios de huesos de cerdo y
88 TEORÍA ARQlJFOL()(;rCA. I.INA INTROl)liCC]ON
1,;,\ TI",OI{IA IJI '\I(AN('I; ,\'II,'llIO y li\ FT,\U..\I{Oll,.uJ.(Hil¡\ KY
demás restos. En la otra tribu, este tipo de creencias se manifcsta-
ba muy débilmente, por lo que la gente de esta otra zona parecía
no prestar mucha atención a la limpieza del recinto. Hodder sacó
corno conclusión que un arqueólogo que excavara diferentes re-
cintos en la región necesitaría tener alguna idea sobre las creen-
cias de los nuba para poder interpretar correctamente los restos
de fauna.
Conclusión
Como resultado del debate que hemos expuesto, los estudios
actuales de etnoarqueología han tendido a tornar dos caminos di-
vergentes, que en ocasiones resultan mutuamente contradictorios.
Existe una cantidad importante de trabajo etnoarqueológico y
experimental que sigue la senda de las relaciones entre lo estático
y lo dinámico. Un área particularmente potente a ese respecto vie-
ne representada por los estudios de tafonomia de los huesos, aun-
que también son importantes los estudios sobre restos dc plantas
yen general sobre economía de los yacimientos arqueológicos. Es-
te tipo de trabajo tiende a concentrarse en los problemas que pre-
senta el registro arqueológico del paleolítico y de las primeras co-
munidades de agricultores. Se intenta aislar problemas arqueoló-
gicos muv concretos.
Un término general utilizado a menudo para este tipo de tra-
bajos es arqueología del comportamiento, térrnino acuñado por Mi-
chael Schíffer, La arqueología elel comportamiento estudia cómo
evolucionan los objetos en su viaje desde su «contexto sistémico»,
esto es, el contexto de uso por los humanos, a su «contexto ar-
queológico», que es el de la excavación. Schilfer llamó la atención
sobre los factores que intervenían en el lapso entre estos dos con-
textos: por ejemplo, los "procesos deposicionales», los "procesos de
perturbación» y los «procesos de reutilización». El ejemplo de ar-
queología del comportamiento más conocido es el Tucson Garba-
ge Project iniciado por Bill Rathje en el que se estudia en el mo-
mento presente la relación existente entre comportamiento y des-
perdicio material, a base de examinar la basura producida por la
población moderna de Tucson. Parte del objetivo de este proyecto
es establecer relaciones entre comportamiento y registro arqueoló-
gico que nos ayuden a darnos cuenta de los procesos que se gene-
ran, que tienen lugar en todas partes y en todas las épocas.
La idea que sustenta la arqueología del cornportarnierrto es
muy similar a la de la teoría de alcance medio y a la de la tafono-
11lÍa. Binford no quiso saber nada sobre el térrnirio acuñado por
Schilfer, rechazando también su filosofía. Sin embargo, tanto la
arqueología del cornportarniento como la taíonomía )/ la teoría de
alcance medio pueden considerarse COIno teorías estrechamente
relacionadas.
Por otro lado, trabajos como los de Moore han dado lugar al re-
nacimiento de los «estudios de cultura material» en los cuales los
significados simbólicos de la cultura material se exploran en el
presente o en un pasado reciente. A menudo es difícil distinguir
aquí entre arqueología y antropología -es decir, sobre si contem-
plarnos desde la arqueología a la cultura material en su contexto
social o si, en cambio, contemplamos a la sociedad desde la antro-
pología, con un énfasis teorético en la importancia de los objetos
materiales. Ciertaruente, una nueva publicación editada por esta
"escuela» (el Journal oi' Material Culture) pretende reunir arqueó-
logos y antropólogos en la rnisma senda.
¿Qué enfoque ofrece la salida más convincente' Depende en
gran mcd ida de la teoría general sobre la sociedad que cada uno
encuentre más seria. ¿Se puede generalizar entre distintas socie-
dades' ¿Deben las sociedades ser contempladas sobre todo como
sistemas adaptados a su entorno, o son, en cambio, fundamentales
los significados simbólicos? Éstas son cuestiones que examinare-
mos en el próximo capítulo.
CAPiTIJLO 5
LA CULTURA COMO SISTEMA
En los últ imos dos capít ulos hemos visto cómo manifcstacío-
ncs diferent es del pensamiento arqueológico d ifieren en su enfo-
que sobre cues tiones de epistemología (la nat ural eza de las cosas
que procl ama el conoc imiento) y sobre cuestiones que afectan a la
forma de contras tar hipótesis (analogías y teoría de alcance me-
dio). Ahora diri giremos la atención a cómo las teorías difi eren con
rela ción a la manera de entender la sociedad y el cambio social.
¿Cómo fun cionan las sociedades humanas? ¿Cómo se relacio-
nan los seres human os entre ellos ? ¿Cómo pu ede un ser humano
adquirir el poder de lidera r a cientos o mil es de sus semejantes?
¿Se formaron los gru pos socia les en el pasado amparados en el
consenso .Y la cooperac ión o medi ante el conflicto y las relaciones
de poder? El cambio social, ¿es un proceso gradual y acumulativo
o surge con violencia originado por el enfr entamiento de ideas e
intereses de grupo a través del conflicto o la contradicción? ¿.De
qué forma las acciones cotidianas de la gente corriente se relacio-
nan o intervi en en en los ca mbios que acaecen en el largo plazo y a
gran escala, como los orígenes de la agr icultura o el as censo del
capitalismo moderno? És tas son algunas de las preguntas clave
que se pl antean las discipl inas que tratan sobre los grupos huma-
nos .Y sob re las relaci ones que manti enen entre ellos, como la ar-
queología y especialmente la sociología .Y la an tropología cult ural.
Los arqueól ogos intentan discuti r sobre las soci eda des anti-
guas, sobre su origen y existencia y sobre la forma en que evolucio-
naron. Por lo tanto se encue ntran inmediatamente aprisionados
por cuesti ones de carác ter sociológico y antropológico como las
expuestas hace un momento. ASÍ, los arqueólogos nos VCtTIOS abo-
cados irremediablemente a contemplar una vez más la teorfa. Los
92 I EüKiA ,\ IU) lJEOI.Ú( ; Il'¡\ . Ul\l\ I\,I TROIl IJCn O\,j
I .i\ t"I iI :I'I: R;\ (,O.'V\ O SISTEVI/\ 'J3
F1G. 5.1. Diagrama producido por David Cíarke ( / 976) sobre el punto de vist a l1omla-
tivo de cultura. Mi embros de ltIl gl'llpo elaboran biiaccs. CaJcl individuo tiene /II W idea
sobre cómo ha de ser //J I bi/(¡z. A base de observ ar a los demás y comunicarse con ellos
esta idea se (/(.:erc.:a el la ideo del grupo f) Il Orl na. Los biíaces individua/ es, realizados (: 011
más o /llenos habilidad, .<; 0 /1 siempre represent aciones imp erí ectas de la norma.
Exist en dos problemas con relación al punto de vist a his tórico-
cu lt ural sobre el funcionamie nto de las sociedades humanas. El
primer problema es que tiende a ser mcnt alista, es decir, expli ca
por qué una cultura es como es, fundamental mente por refere nc ia
a lo que la gente piensa. La identificación y crí tica de la explica-
ción mental ist a se encuentra en contadas ocasiones en arqueología
yen las demás cie ncias humanas. La objeción let al a la explicación
mentalist a es como sigue: una cult ura decora sus casas de es ta for-
ma debido a las normas cult urales que pro fesa . Pero ¿por qu é pro -
fesan estas normas culturales? ¿Por qué no otro tipo de normas? Y
aún , ¿por qu é esta vaj illa se decora de esta for ma ? Se responderá:
Trayectoria
temtorial

Designata : .. "
, ,::;:....- ..
E' < - :' :"'--.
' ''' \ < ,
Con cepta
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Resultado
. __ -..

.' o
" esignata
'
-' ' - ..
"...-/ ' , _.. _....- . E'
\.,:
___ Concepta
Sist ema de atributos de
105 productores
de tipologias de objetos
arqueólogos «a tcó ri cos», por ej emplo, no se plantean explíci ta-
mente este tipo de preguntas; sin embargo, no pueden evita r usar
metáforas qu e implican un punto de vista particular sobre la for-
ma de funcionar de las sociedades humanas.
Ya hemos visto una de est as metáforas: el punto de vista ac uá -
ti co sobre la cultura , según el cual ondas diíusionist as se escam-
pan a través del lago cult ural. encontrándose y cort ándose una s a
las otras. Otra metáfora ha bitual es la que contempla a la sociedad
como un cuer po. Por eje mplo. cuando se habla de socieda des o de
etapas sociales que alcanza n la «madur ez» o cuando se uti lizan
metáforas sobre socied ad es «enfermas». (Las nar raciones supues-
tarncntc descri ptivas y a tc óricas sobre el as censo y ca ída del Im-
pcrio romano está n llen as de est e tipo de mctá foras .) La met áfora
corporal a menudo incorpora rit mos orgá nicos de «juventud »,
«madurez» y «decl ive». Acabo de leer un trabajo de his toria tradi -
cional que habl a de «los dolores de parto del protestantismo ». Las
metáforas sacadas de la arquitectura también so n muy socorridas:
una soci edad «se derrumba desde dentro», o una fase arqueológi -
ca específica o ac ont ecimiento «coloca los fun damentos» de cier-
tos cambios subsiguien tes. Otras met áforas con templan a las so-
ciedades como enca rnaciones físi cas de un a Gran Idea, como
cuando se di ce: «el espíritu de los anas azi », «la ética de la ro rna ni-
dad todavía manten ía su fuerza », «la esencia interior de los cel-
tas », o «la mente medieval». El títul o de una serie de televisión
muy popular sobre arque ología, «The Blood of the British » (la san-
gre de los bri tánicos) parece combinar metáforas corporales y es-
pirit uales. Todas estas ideas, sean implícitas o explícit as, correctas
o falsas, son ideas teoréli cas que requieren ser examin adas con de-
talle y juzgadas co mo taJes.
Se recordará de! capit ulo 2 que las for mas más tradicionales de
la arqueología mantienen una visión normativa sobre la cultura se-
gún la cual, una cultura se defin e como un conj unto de idea s com-
partidas. Estas ideas serí an expresadas de forma imperfecta por la
cultura material; esto es , las diversas for mas que presentan los ob-
jetos reflej ar ían sólo de forma imperfecta las di ferentes normas
asu midas por el gr upo (figura 5. 1). Según est e punto de vista, se
tiende a enfa tizar lo particular de las culturas: có mo y por qué son
di fere ntes con respecto al gtupOcu ltura l adyacente, La historia cu l-
tural ta mbién pu ede contemplarse desde un a perspect iva idealista,
según la cual, son las ideas y las normas las que se contemplan
como fundamentales en la defi ni ción de identidad cultural.
94 TEORíA AR0 UEOl.(}(JIC.4. l il\ /\ I NT I{ Ol ll l (' CI ( l :-.J 1,'\ ( '1 11 TL KA U l.\10 SIST EM A
\1 5
porque las normas residen en la cabeza del ce ramista ; este hombre
quería que aparentase así. ¿Por qué una gallina cruzó la calle? Por
lo qu e ha bía en su ca beza: quería alea nzar el ot ro lado.
La arqueología tradicional está llena de argument os qu e pueden
cri ticarse por ser rnentalist as. Son especialmente habi tuales y per-
niciosos cuando la religión está por medio: ya que el autor es libre
de apelar implíci tamente a una neces idad espiri t ual interior no es-
pecificada que el lector pu ede sosegar asum iendo su «natura lidad»:
No podía esperarse que ning ún sis tema como es te, [el sistema
basilical] cliseñado para economizar en constr uc ci ón ~ ' en clerecía,
[¿por qué se dise ño de esta l11 anera ? c' Por qué los clérigos querian que
[u era así?] res po ndi era a las necesidades de los creyent es r('por qué
Ha ? ¿Cuál es SOI1 esas necesidades? ¿Son est as necesi dades realmente
evidentes si UI'IO 110 es un cristiano [ imdll H1clltalista?] . Y fue in cvita-
b!e que junto a es tos cent ro s se desarrollara rápidamente una red de
capillas pri vadas 1I orato r ios [¿pnr qué era inevitable?] (Plan. ]981:
1; en curs iva, come nta ri os míos) .
Las respuestas a las pregu ntas en cursiva sólo tienen sent ido si
la «necesidad» de las iglesias, peq ue ñas o grandes, se entiende
como evidente po r sí misma, sin requerir otra explicación. ¿Por qué
la gente tiene determi nadas ideas dentro de sus cabezas qu e les lle-
van a «necesitar» más iglesias'! ¿POI' qué el anti guo sistema de cree n-
cias, pagano o no, se con cept úa co mo ina decuado '! Y, respect o a los
que pensaban que era inad ecuad o, ¿por qué la élite religiosa as u-
mía que la gente corriente «tenía necesidad » de esta s ideas'! Este
tipo de necesidades cambiantes, ¿tenía algo que ver con los cam-
bi os socioeconómicos contemporá neos? Y, si era así, ¿cuáles fue-
ron estos ca mbios?
Para simplificar, explica r un rasgo arqueológico o un fenómeno
hi stórico por referenci a a una necesidad no teori zad a o a la in-
tenci ón de alguien no es explicar nada en absoluto. Argument os
mcntal íst as de est e tipo pueden encontrarse embosc ados implíci-
tamente dentro de la mayor parte de la síntesis tradicionales de ar-
qu eología y de hist oria: pueden incluso es ta r met idos en el nú cleo
de sus argumentaciones. Al inicio, no a la concl usi ón, de un im-
portante pruyecto de inves tigación arqueológica, el prest igioso Ro-
ya! Arcliaeol ogi cal Instit u te defi nió un castillo como «una resi-
dencia for tificada que podía combinar funciones administrativas y
judiciales pero en e! qu e las cons ideraciones niilitares tenian una
impo rtancia capita l » (ci ta do en Saunders, 1977: 2: curs iva es mía).
¿Cómo podían saber que era así antes de que empezara la Inves t í-
gació n ?
La segunda objeción planteada por los nuevos arqueólogos al
enfoque normati vo a punta a que se cons idera a la cu ltura co mo un
conj unto de ideas cons t r uido a base de meras adiciones . ¿Enton-
ces, por qué las ideas se aj us tan según un cier to pa tr ón? ¿Por qué
determinadas cosas encaj an de la manera que lo hacen'!
La defi nición de cultura de la Nueva Arqueología tenía qu e ser
mu y diferen te. Para la Nueva Arqu eologí a, la cult ura era un siste-
I7W (figura 2.4). Un sistema fue defi nido por David Clarke como
«una red in tercomunicante de at ribulas o ent idades que forman
un tod o complejo» (Clarkc, 1978: 495). Pa ra Flannery y Marcus.
los sis temas se caracteri zan por los intercambios de materia, ener-
gía e información entre sus componentes. Se trata de un punto de
vista muy diferente sob re cult ura. En vez de buscar normas com-
partidas, los part idari os de la teoría de sistemas buscan diferentes
ele mentos o subsistemas y es tudian las relaciones qu e se producen
en tre ellos. En vez de mi ra r hacia «adentro » a lo que la gente pien-
sa» prefieren mi ra r hacia «a fue ra », hacia el entorno exterior para
averigu ar CÓITl O se ada pt ó su sistema cul tura l.
Teoría de sistemas: sumario
Exist en seis as pectos de la teoría de sistemas que hay qu e co-
nocer.
1. Los sistemas son como son, como mirumo en parte, por-
que están adaptados a UI1 entorno externo , sea el entorno natur al o
el en torno social. Hemos visto cómo Lewis Binford defi ní a la cul-
tura como <da forma ex tras orn ática de adaptaci ón al medio de los
seres hu manos ». La teoría de sistemas de los años sesen ta y seten -
ta tendi ó a esta blecer fuertes vínculos intelectuales con las ideas
relacionadas con la ada ptación. Muchos pensa dores han intentado
apartars e recientement e de este énfas is en el enta m o exte rior,
como veremos.
2. Los parti darios de la teoría de sistemas sugieren que los
sistemas son observables, Obviament e, no podemos excavar un sis-
Lema cultural : nunca enc ont rare mos un subsistema «comer cial» o
de «subsistenci a » en el regis tr o arqueológico. Los sistemas pue-
96 TEORIA AkOLJEOLU(;[Ci\. I.IN/\ lNTRO[)[ICC!U!\ I,¡\ íl ITII¡{I\ C()M() sls'II'",rVl/\
'n
den ser detectados en el sentido de que dependen de un aprovisio-
namiento y de flujos de información.
Para decirlo de una forma 111ás clara: no podernos contemplar
las "normas» en el interior de la mente del ceramista; por otro lado,
resulta muy difícil imaginar una forma de comprobar qué ocu-
rre dentro de una cabeza humana, sobre todo si la persona hace
111ile5 de años que murió. En cambio, sí que podernos pensar en
posibles formas de medir el «subsistema del comercio» correspon-
diente a un grupo cultural. Podemos, por ejemplo, observar la pre-
sencia de vasijas, pertenecientes a diferentes contextos arqueológi-
cos, que han sido objeto de comercio. Dc forma parecida, aunque
no podamos desenterrar un «subsistema de subsistencia», sí pode-
1110S medir y cuantificar la parte de terreno alrededor de un vaci-
miento susceptible de ser cultivada, o la cantidad de carne y su va-
lor calorilico representado por la información obtenida a partir de
UD nivel de restos de fauna. Por Jo tanto, podemos empezar a COIl1-
prender el procedimiento utilizado por el arqueólogo para cons-
truir y medir la relación existente entre, para seguir con el ejcm-
plo, economía de subsistencia y comercio, a fin de poder luego
contrastar esta relación hipotética con referencia al registro
arqueológico.
3. Estos sistemas pueden modelarse a voluntad, siendo sus-
ccptibles de simulación por ordenador. De esta forma se facilita la
elaboración de generalizaciones sobre los procesos culturales.
Como vimos en el capitulo 3, la Nueva Arqueología abandonó la
idea de servirse de leyes formales demasiado rígidas para abrazar
la idea de las generalizacioncs, siempre menos rígidas. La teoría de
sistemas es responsable de haber «suavizado» el enfoque basado en
las generalizaciones.
4. Los subsislemas son intcrdependientes; la subsistencia, el
comercio, los rituales, los subsistemas sociales se relacionan unos
con otros. En consecuencia, la aparición de un cambio en una par-
te del sistema afecta al conjunto del sistema dando lugar a una
respuesta positiva o negativa, a una horneostasis o a una transfor-
mación. ¿Qué significan estos términos?
Diversos partidarios de los sistemas han sugerido que los siste-
mas culturales pueden contemplarse en términos fundamental-
merite muy parecidos a otro tipo de sistemas del mundo natural.
Los sistemas naturales en ecología, por ejemplo, tienden a un es-
lado de equilibrio. Cuando son afectados por alg,'1l1 l ipo de cambio
procedente del exterior, como un cambio clim.iti.-« () la introduc-
ción de un predador nuevo, el sistema entero tiende a alcanzar,
tras un periodo de tluctuación, un nuevo estado de equilibrio a ba-
se de modificar las relaciones entre los distintos subsistemas.
Así, por analogía, pensemos en un cambio medioambiental
(pongamos la mejora del clima) que afecta al subsistema dc sub-
sistencia (haciendo más productiva la agricultura). Ello perrnite a
Jos agricultores producir un mayor excedente, y utilizar tal exce-
dente para intercambiarlo por otros bienes, afectando de esta r01'-
ma al su bsistcma del comercio. Los nuevos bienes introducidos
pueden a su vez afectar el subsistema social; una acumulación de
determinados bienes prestigiosos puede apuntalar la posición de
las élites, incrementando la distancia social entre las élites y el res-
to de la población. Los modificados subsistemas social y de co-
mercio provocarán posiblemente un efecto de reacción que afecta-
rá a la subsistencia: las nuevas élites más potentes podrán estimu-
lar la colonización agrícola, intensificar el trabajo o iniciar pro-
yectos a gran escala como, por ejemplo, proyectos de irrigación. Si
la respuesta es negativa, el sistema alcanza un nuevo equilibrio.
Esla lendencia hacia un nuevo equilibrio se llama horncostasis. En
cambio, si la respuesta es positiva puede ocurru, por ejemplo, que
el nuevo l1ujo de bienes de prestigio produzca una transformación
sustancial del sistema social. Aparece una nueva estratificación so-
cial rnorneutánearnente inestable, cosa que da lugar a reacciones
que afectan al comercio y a la agricultura, puesto que los nuevos
estratos sociales demandan 111ás excedente, así como otro tipo de
bienes que puedan ser comercializados.
5. Los subsistemas están relacionados unos con otros y" se
comprenden por la (unción que realizan. Por ejemplo, si sc quie-
ren explicar las formas rituales de un período panicular puede ha-
cerse en términos de la función que realizan los sistemas religiosos
que otorgan legitimidad a la estratif'icación social (tenemos un es-
talus alto porque sólo nosotros tenemos acceso a los dioses).
Otra vez, una intensificación de la producción agrícola puede
relacionarse con la necesidad de producir un excedente con el ob-
jetivo de obtener bienes de prestigio: asi, un subsistema se explica
por referencia a su función con relación a los otros.
Ello es importante, ya que sugiere que podemos conlemplar el
significado de ciertas prácticas en el regislro arqueológico sin
preocuparnos de los significados simbólicos, que, desde esle punto
de vista, no pueden ser contrastados. En este caso contemplamos
las formas rituales, digamos mediante el tamaño y las formas de los
() H
I I t\ T I{ CJ l ll W(' I( l N
1 1\ ( ' {n .'l' 11I{ ¡\ COl\l o SIST E.\ l i\ 'i'i
templos y de otros elementos de la para fern alia rel igiosa . y los in-
terpretamos como una forma de Icgitimización de las élit es . No
necesit amos preocuparnos de lo que significa exact am ente tal o
cua l práct ica religiosa , ni de lo que s imboliza det erminada for ma
que observamos en Jos templos. por ejemplo.
6. Los arque ólogos pueden exa minar las relaci ones entre los
subsistemas en t érminos de cotrelacionv 11 0 tan to en t én ni nos cau-
sa/es (de causas simples). Podemos observar, por ejemplo, qu e con
el tiempo la int ensificaci ón agrícol a de un determi nado contexto
co inci de co n un aumento de la poblaci ón. Discutir acerca de qué
[cn órncno ocurre primero es poco productivo, puesto que nos ve-
mos a bocados al cu ent o de qu ién lu c pri mero, si la gallina () el
hu evo. El pensamiento sistémico at iende a la cor relaci ón existente
entre los dos fenómenos y la integra en un mode lo más amplio que
da cuenta del cambio o de la es ta bilidad de los s istemas.
Ejempl o: sis temas alrededor dcl mar d el Nort e
En su libro Darle A¡;e Econo mi cs Richad Hodges desarroll ó una
int erpretación s istémica sobre el crec imiento de las ci udades, el
come rcio y la complejidad social de la Europa noroccidental du-
ra nt e la Alta Edad Media . Los argumentos de Hodgcs han de ser
vistos en su contexto. Hodges trabaj ó en un momento en qu e el
pensamiento arqueológi co tr adicion al había estado acumu lando
much a información, fruto de la excavación de much os yac imien-
tos ricos en datos sobre e! comerci o y de la consul ta de abundan-
te documentación . Se había empleado much a tinta en in tentar de-
terminar la fecha exact a de los asentami entos con el obje tivo de
probar que tal o cual asenta miento había sido e! primero, y que la
vida urbana se hab ía ido expandiendo a parti r de aquel as ent a-
mi ento. Est e trabajo, sin embargo, casi no había a por tado nada
sobre las ra zones del nuevo impulso experi me n tado por las ciuda-
des y el comercio antes de! año 850 de nuest ra era, y además ha-
bía tratado la documentación de una manera muy part icul ari sta y
de forma tal que estaba lleno de argumentos mentalist as (referen-
cias a un in nato «r ever de cer del espírit u co mer ci al» () «esp íritu co-
mercial de los pueblos de Frisia).
Hodges sugirió qu e toda la zona de! mar del Norte debía co n-
templarse como un sistema. dent ro del cual la complej idad social.
el ascenso de la urbani zación y el crecimiento del comercio es ta-
han relacionados como si fueran anill os de un a ca dena de res-
puest as positivas. Sugirió que igual como ocu rre con las socie da-
des de jefat uras, la posi ción del jefe o rey en el vértice de la socic-
dad esta ba en fun ción de su habilidad para con trolar la produc-
ción y circu laci ón de bienes de prestigio. Cuanto más éxit o tenía e!
caudillo en controlar est os fluj os, mejor podía compens ar a sus
seguidores, lo cua l a su vez generaba obligaciones re cíprocas.
El ascenso de un número limitado de ciudades entre los siglos
VTT y IX podía interpretarse como un intento por parte de det er mi-
nadas élites dc controlar esta producción y su circulación. Hodges
llamó la atenci ón so br e el hech o de que los as en tamientos urba nos
estaba n planifi cados, sugiriendo que la planilicación ref lejaba un
contro l centr alizado que tenía su or igen en una det erminada cor t e
palaciega. Tambi én llamó la atención sobre su localización: a pare-
cían en estuari os o junto a ríos que facili taban un comerc io a lar-
ga di st ancia, alejados de otros centros de au toridad existentes.
Nótese qu e esta explicación generaliza. Coloca la Europ a de la
Alta Ed ad Med ia en el gran grupo de las «sociedades de jefatu ra s»
y procura comprenderlas bajo este prisma. Hoy día podemos con-
templ ar a «socie dade s de jefatu ras» en Poli nesia , América, y en la
Edad del Bro nce a orillas del mar Egco; esto es, en una variedad
de situaci ones etnogr áficas, et nohistó ricas y prehistór icas que
abrazan a todo el planeta. En todas estas zonas, otros especialis tas
han insist ido en la importancia del flujo de los bi en es de presti gio,
en las relaciones existentes entre prestigio y poder y en los proce-
sos conducentes a una mayor complej idad social. Al citar esta bi -
bliografía Hodges crit icó a los hi st oriadores t radi cional es que se
habían ded icado a enfatizar el car ácter distin ti vo y único de lo
que había ocurrido en el noroeste de Europa, sugiriendo que no
debíamos considera r diferen tes los procesos subyacentes respon-
sables del cambio cult ura l en esta parte de l mundo, sola me nte
porque unos cuantos mon jes del norte de Eu ro pa habían dejado
escri to lo que ellos pens a ban sobre los ac onteci mientos que ha-
bían ocurri do.
El registro arqueológico muestra tra zas más o menos observa-
bles sobre el cambi o en un sistema social. No podemos ver directa-
mente comercio o const rucción de barri os, pero sr que podemos
elaborar indicadores arqueológicos del comercio med iante e! trata-
miento estadístico de los objetos. No pod emos ver dire ctament e la
estr uc tura social de una comunidad , pero sí que podemos elaborar
indicadores de la misma en términos de prácticas funerarias.
100
r HJRI ,\ ARU U¡';, OI, ( )( i IL\. t :--J;\ I I\.T l<OIH1( l I Oi\ LA CLILT L RA SISTE'L\ I () I
Puntos fuertes d e l pensamiento s ist ém ico
Alguien ha dic ho que todos pen snmos en términos de sistemas.
Todos contcrn plumos a las so ciedades corn o unidades en fun ci o-
na micn to, )' tal COIn o hemos visto, muchos a ut or es trad icionales
ut ili za n la m et áfo ra de lo s s is te mas o rgúnicos () cor pora les de fo r-
11141 implícita . Hav mucho pensamien to s isté nlico ex presa do de
Io rrn a imp hci tu s in explica ciones, incluso en casos en los que el
au tor no u ti liza la jerga ap ro piada. Hay tres puntos Ine rt es del
pensa mien to sist émico que val e la pen a subravar:
1. Evi ta e! problema del mcn talismo qu e hemos di scutido
J11ÚS arri b a , Hougcs int ent a explica r el a SCCnSI) de ci udades y c o -
me rc io, per o no lo ma la rut a lác il y e nga ñosa que le ha de lleva r a
habla r de un «esp ír it u vikingo» pa ra jus fifica rlo ; e n cambio , lo re-
laci o na con o tros procesos que parti cipan de un cua dro ge nera l
qu e mue st ra a un sist ema social en evol uci ó n.
2. Evit a las !/ IOIIOC(/lISa l e.':; , es deci r, la s ex pl ica-
ci on es que t ratan de si ngu'lar iznr una u otra causa COll10 rcspon-
sa ble de un a cont ecimie nto. Al hacerlo, el pe nsamiento sis té mico
puede a provecha rs e de los pun tos fuer tes de este t ip o de expl ica-
ciones v evit ar sus punt os dé bi les . Un buen ejemplo puede ser e!
est ud io del cola pso de una civi lizaci ón. En muchas oca s ion es se
ha em plea do 111U<.: 110 es fuerzo en a rglu 11en tos va gos que gi run al-
rededor de causas ún icas () espcc ffi cas par a trata r de expli car por
qué una ci vili zaci ón se ve aboca da a una desaoa r lci ón r úpida . La
erupci ón de Sant ori ni y su r elación con el cola pso de la civil iza -
ción minoi ca, el cola pso de la época maya clási ca , o la atribución
de las cr is is a re pent inas inva si ones de vastas hor das de b árba-
ros, con st ituyen e jemplos biL' 1I t ípi cos (véase más a bajo) de es t e
en roque .
La t eoría de sist emas di ri ge n uestra a te nción, lej os de lus inva -
siones re pen tinas y los desast res, haci a la comprensión de po r qué
ciert os énfasis O aco ntec imie ntos tuvier on el caráct er de crít icos o,
en su caso , no Jo tuviero n (figura 5.2). Por ej empl o:
a) La caída del Imperi o romano. Muchos t rabaj os trad iciona-
les se consu men en deta lles sin solución de eo llti1111 idad sob re el
pa pel ejerci do por tales o tales ot ros bá l'ba ,",, ' . l lu pensador sis t é-
mi co pr egunt ar ía : ¿por qu é tal invasi ón h;ú '!>:lra fu e tan let al?
¿,Qué fact or es sis t émicos in ternos dis lll illl lVlT()11 la capacidad de
respuest a del imper io? O, a lte rnat ivamcnte , ¿.qué fac tores sist émi -
cos subyacen en las inva siones bár baras?
lo ) El colaps o de la civil ización min oica . E n el pas ado se miró
mucho a Causas específicas tale s corno posi bl es invasiones o 18
er upción de l volc án de Saru orini. En t odos estos casos, s u ces ivos
argu mentos pr áct icos irrurnp iero n para hacer ca mbia r los pun tos
de vista . Por ejemplo . la sugere ncia de Spvri don Marin uros de li t u,,
la e ru pci ón volc ánica fue la prin cipal responsa ble tuc cu cs íiunada
por el descu brimient o de info rmaci ón llueva . Sin e mbargo , el a is-
lar determinados acontecimientos n o nos ayuda u ente nder el pro-
ceso subvucen te. (. Por qué unos acon tecün ientos conc retos CO!110
una invasi ón () u n desastr e naturul llcv.uor: a una civiliz ación a un
decli ve ir r ecu pera ble no a u na rápida regener aci ón?
e) El colapso ma r a . Muc hos de los grandes mo nu ment os de
la c iviliza ci ón fue ro n rc pcruina men te aba nd o nados, aparen-
remon te casi de u n día pa ra o tro. La invesiigaci ó n t rad icio na l bus-
có oLra vez causas espec íficas --tin a inva si ón, un terre mo to , etc.-
para expli car el fen ómeno: El p ens arnient o sist émico dirigi ó, en
cambi o, su at enc ión a lo que pensaba qu e se ría n fact ore s subya -
cent es Ill ÚS rigurosos, po r ejemplo, las relaci ones entre crc ci rn ie n-
ro de la poblaci ó n v productividad agrtco la . Con te mplando a la ci -
vilizacióu maya corno un sist ema, llam ó la aten c i ón sobre las rela-
ci ones ent re «va r la bles » ca mbia n tes. El a nál is is de es tas vari a bles
con virt i ó en algo plausi ble el a paren rerncnte repent ino cola ps o,
corn o la culminación de ciertos procesos de ciclo largo .
3. La t COJ'Í3 de s isi cr nas e.s un a fuente pot encial de optiniis-
11 10 p ara los ar queólogos . Si todos los as p ectos de u na cu lt ura es -
tán funci onal ment e relaci onados, no hace fa lta que co mo a rq ue ó-
logos nos rcst ri nga mos a los aspectos es pec íficos que lorrna n el
núcleo de nuest ra d isciplin a arqueológica . Ciertame nte. no hay
razón para qu e no podamos in fer ir cosas so bre el co njun to de la
sociedad él pa rt ir de un magr o r egis tr o arqueol ógico. Esto es lo
que yo ll amo e l argumento del "pas te! del cuento de liadas » (mis
di sculpas a Dougl as Adarns): si todas las partes del un iverso es tán
r el acio nadas entre ellas. dice el a rglun en to-, es ta rnos en s ituación
de infer ir todo el u ni ve rso ente ro a part ir de só lo un ped a zo pe-
queño de past el. Binford u tilizó es te mismo argumento cua ndo
escribió: «au nque es té gar antizado que no podremos excava r una
terminolog ía de par entesco O una filosofía , sí qu e pOde iTIOS, en
cambi o, exc avar, y de hecho lo hacemos, los objetos materiales
102 TEÜRll\ ARÜLEOLOGICA. LNA INTROOlICCI(l\.: LA CULTLRA COMO SISTL:.\-lA 103
Expansión hacia nuevas regiones y ampliación de los sistemas de control del agua
FIC. 5.2. Modelo sistémico del «origen de la civílizocion» en Mesopotamia. Rednian
(1978).
N"ho ecológico
libre
peta__ ndal-neme
producfivo
-
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B -- __ - He Capacidad
PrOJUCClon Hedistribuciún deInducir
especializada +-- dealimentes •unincremento
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i Necesidad Comercio
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Nuevos
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Colonización ce Diferenciación Colonizaciónde
Mesopotamia ccn
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Mesopotamiacon
latecnología la'mñacónde
Contro!
laleenología
adecuada rl acceso a losrecursos adec
"'''
'ejemplo. irrigación)! cstraieqícos r-r- (ejemplo irrigación)
.- ---
r¡;---- :
COI1q¡J:sta
A t d H""""""'"
Aumento de
:1-' Guerra I
umero e de la
laconcentración
la población agricultura dela riqueza
_. -- ...•- ..- ..

Incremento
deltamaño
Necesidad de
delos
¡--. mayor(más)
asentamientos:
información
Mayorseparación
entreadministradores
y teste delapcclacíón
1Tensión social
enlosgrandes
asentamientos
depobleclón
asociados a estas cosas... La estructura formal de los grupos de
artefactos, conjuntamente con el elemento añadido de las relacio-
nes contextuales, presenta un cuadro sistemático y comprensible
del conjunto del sistema cultural extinguido» (Binlord, 1964; la cur-
siva es suya).
El contexto del pensamiento sistémico
Hasta aquí he explicado el pensamiento sistémico aisladamen-
te. Sin embargo es muy importante situarlo en su contexto. Al
igual que ocurre con muchas teorías arqueológicas, gran parte de
las bases intelectuales del pensamiento sistémico incumben tam-
bién a disciplinas asociadas que comparten los mismos problemas
fundamentales.
Corno vimos anterionncntc, las relaciones entre los subsiste-
mas son de tipo funciona!. El sistema en su conjunto se concibe
como algo parecido a un organismo, algo así como un cuerpo hu-
mano o cualquier otro organismo complejo; para usar un término
técnico, existe una analogía orgánica. Explicamos las diferentes
parles de un organismo con relación a su runción dentro del con-
junto del sistema. Por ejemplo, la forma del corazón -una bomba
potente- se explica por referencia a su función de bombeo de la
sangre que lleva el oxígeno a todo el cuerpo. Similarmente, noso-
tros explicamos los subsistemas del sistema social moderno por
referencia a sus funciones. Por ejemplo, la forma del Estado mo-
derno -una burocracia administrativa- se explica por referencia
a sus funciones económicas, sociales y políticas. Los pensadores
sistémicos explican de forma parecida los subsistemas del pasado
por referencia a sus funciones; por ejemplo, los subsistemas reli-
giosos se contemplan en términos de su función de legitimación
de las jerarquías sociales, o la presencia de élites se explica con re-
ferencia a su función de dirección de actividades complejas tales
como la agricultura de irrigación.
El pensamiento sistémico, pues, comparte muchas cosas con
otras escuelas de pensamiento, ineluida la cibernética, la ecología
y la Teoría General de Sistemas. Quisiera dar relieve aquí, sin em-
bargo, a una relación particular de la teoría de sistemas; la escue-
la de pensamiento perteneciente a las ciencias humanas conocida
como funcionalismo. No pretendo dar aquí un informe completo
sobre el funcionalismo, pero sí que quiero dejar elaros algunos de
104 l' EOR1A AR(J UEOl()( i l <'¡\ . L,1,\ /\ I \ :T R. OI II ,'{ '( ' HIN 1,/\ r t J' I I ,II-:.i\ (lt.... \( ) I l h
los vínculos i ntel ectua les más importa ntes del pensamiento s isté-
m ico, así CO lll O s us or ígenes .
El Iunci oualismo se r elaci ona con la idea de que las cult uras
son par ecidas a organismos, de mod o q ue las part es se expli ca n
según la funci ó n que rea lizan con r elaci ó n a l co nj un to. Co hc n lo
de fi ne corn o « la noción de que to da s las i ns t ituci ones . c reenc ia s
y reglas mor ales de una sociedad est án inter relacionada s, de ma -
ner a qu e la Iorma ele explicars e In existe ncia de u no de es os ele-
JTlcn LClS en el conj unto pa sa por descu brir la ley q ue pres cri be de
qué forma es te sistern a coexis te con lodos los dem ás » (COllCIl,
1968: 34).
El funcionalisrn o se desa rrol l ó a l fina l del siglo XI.\ en UIl mo-
mento en que las ci enci as hu ma nas experi menta ron un gra n a uge.
En tonces, diferen tes pensadores corn o Augu st o Comie. Hc rbcrt
Spcnccr, Durk heim, Radcl ilfc - Brown o Mal inows ki exp usie-
ron diferentes vers iones del lunciona lismo ( n ótese que muchos de
est os pensadores se asocia n a las te nta ti vas in ici al es de modelar la
a nuopología y la soci ología con Ull molde pos iti vis ta ).
En te nderemos mejor a l funciona lísmo s i pensa mos en s u con-
texto in tel ect ua l y soc ial. La an tro pología soc ia l britán ica en par-
ticular progresó 111<'111 0 a 1ll(.11l 0 con la for mac ión de Jos udminis-
tradore s del imperio. Así , la impl icaci ón más pod ero sa del pensa-
miento funcional fue comprobar q ue la s a pa re n temente irruci ona-
les, extrañas . y maravillosas costumbres de los na tivos, C01110 sus
creencias en la magia y la brujería, o las ela borada s r eglas que
adornaban sus sistemas de in tcrcamb :o, es ta ban funci ona lmente
conectadas a las acti vidades del gru po entero . A los ca ndida tos a
administ r adores se les ense ña ba a pensa r en las cos tumbre s de sus
futuros administrados si tu ándolas cn su co ntex to , para que no ca -
vcra n en la moral simplis ta de la escala evolut iva. Las cos tumbre s
de los nati vos no debían entenderse , pues. corno muest ra s de irra-
cionalidad, como reliqui as de una fase a nt e rior de la evol uci ón so-
cial o como pe rversi ones de la vida salvaje,
Si las cos tumbres no era n irraci onales. no pod ía n ser explica-
das sa tis factoriamente corn o re liquias el e a nteriores sociedades .
Los evolucionistas ha bían dic ho en ocasiones que d eltas costum-
brcs era n COrno testimoni os perm anentes de eta pas a nter iores de
la evolución de una socieda d. El pensamie nto funciona l era sin-
crónico, es deci r, examinaba cómo difer en tes elemen tos de una
soc iedad se ajust aban perfectament e ent re el los en un momeruo
hist ór ico concr eto. En otras palabr as, se decía al go así C0 1110 : «no
debéis preocupa ros por los orígenes hi sr óricos: lo importa nte es
" el' c ómo funci ona tal insti luci ón o costumbre aqui .\' ahora, o en
un determinado mome nt o en el ti empo »,
Pu nto s d ébiles d el p cnsatlli cnto s is t énl icu
El pensamient o sisté mico apar ece corn o una forma muy po ten-
t e de pensa r las cu lturas del pasado . Evita muchos problemas de
los enfoques tra diciona les , proporc iona explicaci one s convi ncen-
tes y permite gc ncruliza r,
Sin ern burgo, e n much os cí rcu los tcoréti cos, part icularmente
en Gra n Br et a ña , los tórmiuos «p eu s a rn ic n to .... isr émico» y «Iu ncio-
na lismo » se ha n convert ido casi en palabras impro nunciables.
Cuando ac abé el pri mer bor rador de este libro, un colega me co-
ment ó que el pensam ien to sist émico ..-ra 1111 cadáver intelectual ,
por lo que no había necesidad alguna de que me preocupase de
di scutirl o. ¡ POL' qu é?
En primer lugar po rque se ha realizado u na serie de crí ticas
IllUY bien hechas sobre el func io ua lismo. Muchos piensa n qu e es-
ta s mismas c rüi cas pu ed en aplica rse perfectamente a la teoría de
sistemas. Ent r e las mi smas destacan las sigu ientes:
1. Se sostiene que hay un defect o fatal en cl mismo núcleo de
la expl icación Iuncional istn. Cuando explicamos algo por r eferen-
cia a su hmci ón en el sentido de qu e co ruri buvc a mantener a un
sistema to tal en acción , no es tarnos a tendiendo él su génesis histó-
rica. Por ejemplo, cua ndo expli camos el as censo de unas él ítes en
una sociedad esta tal co n rel aci ón a sus funciones ges toras y de
coor dinación de las act ividades agrícolas es tarnos olvida ndo r efe-
rirnos a su or igen,
Una posible respuesta es decir que se trata de una deci sión
conscien te; s in embargo, es d ifíc il encont ra r a un gr upo cult ural
senta do alre dedor de un fuego, d icie ndo "OK, como tenemos pro-
bl emas para coor d inar un sis tema de irri gaci ón a gra n es cala,
vamos a inventarn os una élite v va mos a obedece r los corn o a
dioses », -
Una respues ta má s plausib le es relacionar [as explicaci ones
tunc ional es co n las exp licaci ones adaptativa s; es decir, expl icar
que las soci edades q ue han conseguido desarrolla r una s éli tes,
ponganl 0s por acci den te hi st ór ico, se ada ptan mejor al en torno y
106 TEO K. íA ARQl ;EOU )( ;¡CI\ . IJNA I NTI{ OIJl !( '( 'ION
1.:\ ( -1 11 ;!l J\{ ¡\ COM O SIS'} Ei\l A
107
compitcn de modo más eficiente, Vistas en una perspecti va tem-
pora l ampli a, tales élit cs tienden a re sultar seleccionadas para re-
prese ntar su pa pel en el sentido darwiniano, y serán las que des-
cubri remos en el regist ro arqueológico. Los argumentos sistémicos,
por lo lamo, se relacionan iII UY a menudo estrechamente con las ex-
plicaci ones adaptativas , po r la manera COn l Q se expresa n y por el
tipo de arqueól ogos que las realizan.
2, Los argumentos sistémicos dependen de las relaciones fun -
cionales, pero estas relaciones si empre pueden ser dudosas en tér-
minos espec íficos . Pueden exis tir es trategias alte rnativas al alcan-
ce de los individuos y las cul turas qu e no se considere n. Por ejem-
plo, uno de los esquemas rela cional es sis témicos típicos es el qu e
pone en rel aci ón entornos cada vez más marginales con In agricul-
tura intensiva. Se sos tiene que cuando un entorno am biental cm-
peora, los grupos humanos tiend en a in tensi ficar sus esfuerzos
para cultivar ali mentos. En Chaco Canyon, al noro es te de Nuevo
México, los arqueólogos han descubierto que entre los años 700-800
hay un re surgi r de la cons tr ucció n de monumen tos ceremoniales
al tiempo qu e se pasa del tipo de vivienda excavada en la roca a la
co nstr ucción de casas de piedra al es tilo pueblo. Esta act ividad se
toma como indicativa del desarroll o de un ni vel superio r de com-
pl ej idad social. Este nivel de complejidad super ior, a menu do se ha
explicado en términos de sis tema. El registr o medioambi en tal su-
giere que durant e aquel período el clima del Chaco experimentó
un proceso de desert izaci ón. Un clima más sec o, se arguye, s ign i-
fica que la agricult ura tuvo qu e adaptarse, optando por la irriga-
ción ante la imposibilidad de segu ir confiando en una plu viosid ad
re gular. La coordinaci ón de esfuerzos a gran escala , necesarios
para poner en marcha es te nuevo sistema, demandó la presenci a
de una élitc diri gente.
Sin em bargo, eran posibles estrategias altern ativas: ¿po r qué
no a ba ndonar la zona? O ¿por qué no adoptar un sistema de con-
t ro l de la nat alidad? ¿Por qué se adoptó esta forma de agricultura
y no otra? ¿Por qué una agricult ura irri gada ha de requerir de una
éli te dirigente? ¿No es posible qu e una agricultura de este tipo sea
gestionada med iante un sistema de cooperación igualit ari a?
Se ob jeta, pue s, que siempre hay alt ernativas posibl es; que el
pensamiento sisté mico no logra explicar los motivos que llevaron
a adoptar una determinada estrategia y no otra, Las di stintas es-
trat egi as adap tat ivas altern ativas pueden depender de las pec ulia-
ridades de los grupos culturales o de sus preferencias culturales.
3. El funcionali smo no pu ede explicar adec uadamente el
cambio. Un modelo sistémico o funcional puede explicar por qué
un sist ema permanece estable. Sin embargo, ¿qu é pas a cu ando las
sociedades devienen más y más complejas'! ¿Cómo y por qué ocu-
rren estos procesos?
Kcnt Flannery esc ribió un temprano estudio ya clásico sobre
los or ígenes de la agr icult ura en México, explicando la t ransició n
desde un sistema de vida basado en la caza v la recolecci ón a la
agricultura, como parte de un cam bio sixt émico m ás amplio. Con-
cibió «el hombre y las tierras a ltas del sur de M éxi co formando un
úni co sistema co mplejo compuesto de divers os subsistemas que
m ut uarncntc se in lluenciaba n». Bajo esta óptica , la cultura era una
cuestión de adaptación, mi entras que el cambio se con templa ba
en t érminos de «ca mbio gradual de los mecanismos de abasteci -
mien to» regulado por la estae ionalidad.
Los puntos fuertes de esta argu mentación eran: a) ob viaba la
siempre tediosa investigaci ón encaminada a descubrir los ejem-
plos más precoces de agricu lt ura: 17 ) intentaba explicar los proce-
sos qu e daban lugar a los orígenes de la agricultura más que des-
cribir su difusi ón; e) dirigía la atención sobre 1,. agr icultura como
part e integrante de un cambio gradual de la cu ltura en su con jun-
to, y d) daba un gran relieve al cambio medioambient al.
Sin embargo podía descu bri rse una flaqueza en su presunci ón
de qu e «sin cambio exter no, el desar rollo de la agric ultura pudo no
haber ocur rido» (Flannery, 1973a). Sugeriría, pues, que los mode-
los sis t émicos si empre requieren de un «impulso » externo para
arrancar. Este ret o ha motivado a muchos arqueólogos, especial-
merit e a los que trabajan en los ori genes de las pri meras formas
est atales, a explorar la manera de in tegra r den tr o de modelos sis-
témicos los procesos de cambio y de contli cto (véase más abaj o).
4. Las implicaciones políticas del pensamiento sis témico pue-
den cOllceptuar se de ob jetables. Supongamos por un momento que
la teoría de si st emas fuera «cierta ». c,Qué lec ciones nos brindaría?
al Que tanto la estabilidad soci al como el ca mbio social tie-
nen un carácter infl exibl e, puest o qu e dependen de procesos a lar-
go pl azo ajenos a la conciencia individual y alejados de cualquier
cont rol por parle de los individuos, qui enes quedan reducidos al
papel de meras compar sas . Est os proceso s son muy complejos y
sólo pueden desentrañarse a base de una batería impenetrable de
conceptos té cnicos. No obsta nte, tales procesos pue den llegar a
108
TL.::üRÍJ\ ARQt :EOI.O(i ICA . ¡;NA I NT l{f ll H I( '( "I( )!\J LA n .I T l l RA COMO SISTI-,,\l A 10'1
compr ender se científicamen t e. Los únicos que pueden real mcn te
llegar a comprender có mo funcionan las sociedades y consecuen-
teme nte, que es tá n en s it uación de poder reali zar j uic ios sobre la
manera de orga nizarnos como soc iedad. son los científicos. La
ge nte cor r iente. por lo ta nto, no est aría cuali fica da para r ea lizar
ninguna crít ica sobre los j uicios de Jos expe rtos , quienes deberían
quedar al cargo de la gestión de los asuntos socia les.
b) Que la h ist oria tiene que ver m ás Co n la a rmoní a que con
el conflicto. Si cada s ubs istema se r el aci o na funci onalme nt e con el
siguien te es muy complicado descubri r de dónde pued e vcni r el
conflicto entr e gr upos , Además, si la ense ña nza del tuncionalismo
es que todas las parles de un si st ema se adaptan las unas a las
ot ras .v que hay una tendenci a «na t ura l» hacia el eq uili br io o ho-
mcosta sis, entonces, por defin ición vivimos en un sistema perfec-
ta mente ada ptado, En vez de pensar en té rm inos de conflicto de
clases ü de contradicci ón ent re grupos, la teoría de s istemas nos
a lient a a contempla r el desacuerdo soci a l co mo algo que puede ser
gesti onado por los expe r tos de ba ta blanca que se ha n menci ona-
do m ás arriba.
Todo es to viene a Ser como una versi ón, s impli ficada en exceso,
de un argumento desarrollado por J ürgc n Haber mas y otros, en el
marco de la esc uela de «teor ía crí tica » de filosofía social, a saber;
que la leoría de sistemas es una ideologia de control social. Según
es te p unto de vist a. la teoría de siste mas es un argumento polí tico
auto rit ario di sfra zado de ciencia neutra. Consecue ntemente, según
esta óptica, la teoría de sis temas debe ser combati da desde su-
puest os básica mente políti cos.
5. La teoría de sist emas pret ende comprender la sociedad
desde fuera. Indiferentemente de si se trata de es tudiar el neolíti-
co europeo o el pos tcl ás ico tardío azteca, los pensadores sis témi-
cos par ece que siempre dividen las culturas en los mismos subsis-
temas: subsistencia . come r ci o, socia l. rit ual. .. Ciertas o fal sas . se
trata de categor ías gene rales impues tas por los arqueólogos a cul-
turas conc r etas. Y ci ertamente son es pe cí ficamen te occident a les y
burguesas.
¿Qué sucede si queremos llegar a co mprender' las cultur as des-
de den tro? Si pret endemos compr ender por qué las cult uras ca m-
biar on en el pasado. p uede que sea necesa rio qu e entenda mos
algo so bre l< SUS l) visiones sobre el mundo, su hn: la<.; ideas que t enía n
con rela ción a l funcionamiento dcl mu ndo.
Est a di s tinci ón entre visiones desde Iuer a y visiones desde de n-
tr o, con r elación a una cult u ra, es a lgo qu e no es nuevo ~ ' que se
repite una y otra vez desde los diferentes ám bitos di sc iplinar ios de
las cie ncias social es . El a ntro pólogo Marv in Harri s describe es ta
distinci ón con los térmi nos emic (de ntro ) y etic (fuer a); los soció-
logos habl a n de una disti nc i ón entre conduct a (lo que p uede ob -
servarse de forma objetiva) y accion (Jo que el co mpor tamien to
significa para sus protagonistas). El argumento de que es ne ce sa-
ri o ce n trar la a te nci ón en «su» pu nto de vis ta acerca de «su «rn u n -
do co nstituye un elemento nuclea r para la a rque ología «cognitiva »
y «postpro ccsual ».
El pensamiento s is tém ic o modificado
El peso dc las cr íti ca s que hemos exa minado tuvo consecuen-
cias entr e los es tudiosos, de modo que a finales de la dé cada de
los se te nta las forma s tradi cionales del funcionalis mo y de la teo-
ri a de siste mas perdieron audi enci a entre los arqueólogos. La ma-
yoría de las versiones actuales de la teoría de sistemas presentan
sustanci ales modificaciones con respect o a los planteamientos ini-
ciales . fruto en part e de la r ea cci ón provocada ante la dureza de
las crí tica s ver tidas.
En la práct ica pueden di stingui rs e dos tipos de re spuesta :
1. Un cie r to número de a rqueólogos r echaza globalmente
los modelos sist émicos procu ra ndo se gu ir caminos completa-
ment e d ist in tos para comprende r el fu nciona mien to de la s socie-
dades (la mayorí a de ellos se muestran cercanos a los p lantea -
mi ent os pos tproccsuales; véa se capít ulo 7). Se trata de gente que
siguiendo el ej emplo de de t er minados sociólogos, funda mental -
mente de An th ony Gi ddens, ha consegu ido, con no siempre los
miS1l10S result ados. dist anciarse de los ru zo nam icm os basados en
los sis temas .
2. Otros arqueólogos han int ent ado separar ver si ones modifi-
cadas y más blandas del pensamiento sistémico, de parte del ba-
gaje hist órico e intel ectual del funcional ismo. Esto implica disti n-
tas proposiciones:
a ) Se puede se parar la argument ación funcional , de los peca-
dos del funcionalismo descr it os más arriba.
110 ,[,FORJA /\ROIJl'DL(H; [Cl\.. [1\lA I NTI{OIHI( '( .J( )\[
1,;\ ("lIITLR/\ COMO l11
b) Los modelos sistémicos pueden incorporar los elementos
de conflicto y contradicción dentro de sus parámetros.
e) Si b) es correcto, el cambio desde dentro del sistema puede
modelarse sistérnicamente. No hace falta esperar un «impulso» ex-
terno tal como hizo Flannery cn su trabajo; podemos, por ejemplo,
indagar en la desigualdad social o de género existentes dentro del
sistema y contemplarla como fuente de tensión hasta el punto de
provocar un cambio dentro del mismo. Los modelos sistémicos
pueden, consecuentemente, dar forma al cambio, resultando me-
nos dependientes de las ideas de adaptación a entornos externos,
como forma de explicación de la procedencia de los cambios.
d) Podemos asimismo contemplar factores de tipo cognitivo
(<<su» visión de «su» mundo) dentro de un moclelo sistémico, sea
incluyendo la «conciencia» C01110 un subsistema separado, sea por
otros procedimientos. Watson, LeBlanc y Rcdman, por ejemplo,
después de haber dedicado gran parte de su libro citado exami-
nando los enfoques sistémico y «científico», discuten sobre una
«arqueología ideacional», concluyendo que «los arqueólogos cog-
nitivos están en disposición de ser capaces de proporcionar algu-
nos de los resultados más interesantes de la arqucología científi-
ca" (1984; 274). La «arqueología cognitiva" será más ampliamente
discutida en el próximo capítulo.
Como resultado de todo ello sc han ido elaborando reciente-
mente una serie de trabajos con carácter generalizador; dotados, al
incluir este tipo de consideraciones, de una impronta sistémica de
manga ancha. Gran parte de estos trabajos proceden de América
del Norte, concentrándose muchos de ellos en el estudio de socie-
dades estatales tempranas. Por ejemplo:
1. Cm-ole Crumlcy ha acuñado el término heterarquía para re-
ferirse a los elementos de confrontación en el interior de los siste-
mas. Elisabeth Brumfiel expresó, por su parte muy acertadamente,
este cambio en el pensamiento sistémico, en el título de su ensayo
crítico: «Romper y penetrar en el ecosistema; el género, la clase y
las facciones nos roban el espectáculo» (1992). Según su punto
de vista, aún podemos utilizar un amplio modelo sistémico, aun-
que con rnuchas precauciones con relación a las primeras versio-
nes ofrecidas por la teoría de sistemas. En particular, podemos
examinar los conflictos que se producen entre di Icrentcs elemen-
tos de un sistema, así como la rivalidad entre facciones. Los con-
flictos pueden modelarse en el interior de los sistemas y dar lugar
a transformaciones sociales. Heterarquía es una idea útil para re-
flexionar sobre la forma de cambiar los resortes del poder me-
diante la rivalidad presente en el interior de estos estados primiti-
vos. Así pues, en vez de contemplar los sistemas de una forma mo-
nolítica, el énfasis en ideas como heterarquía y rivalidad faecional
nos lleva a una idea mucho más dinámica del cambio sistémico;
además, menos dependiente de las cuestiones adaptativas.
2. La «teoría del sistema mundo», que pretende aunar ele-
mentos del pensamiento sistémico y elementos del pensamiento
marxista. Examinaremos en el próximo capítulo el marxismo; no
obstante, basta decir por el momento que los modelos marxistas
involucran él muchos factores que el pensamiento sistémico inicial
en arqueología había ignorado, por ejemplo: los conflictos de ela-
se, la desigualdad, la explotación.
La teoría del sistema mundo se originó con el estudio de la for-
mación del capitalismo modemo y se asocia a los trabajos de Em-
manual WaIlerstein. Este autor señaló que las formaciones sociales
capitalistas implican no sólo a los Estados-nación de la Europa oc-
cidental. Si pretendemos comprender cómo surgió el capitalismo
en los siglos xv, XVI y XVII, dice Wallerstein, debemos examinar la
forma en que diferentes sociedades en distintas partes del mundo
llegaron a constituir un único sistema mundial. Este sistema tenía
un centro, en este caso los nacientes Estados capitalistas de la Eu-
ropa moderna, y una periferia, los demás destinos de las rutas co-
merciales en desarrollo en África, Asia y América. Centro y perife-
ria se relacionaban a través de redes comerciales que daban lugar
a importantes implicaciones sociales en los puntos enlazados por
las rutas: de esta manera, el desarrollo capitalista en Europa fue
transformándose gracias a la llegada de crecientes cantidades de
oro y demás mercancías, mientras que las sociedades «nativas» ex-
perimentaban rápidos cambios que daban lugar a la aparición de
nuevas élites y nuevos Estados, en parte como respuesta al influjo
de los bienes de origen europeo. El planeta entero, visto en con-
junto, podía interpretarse desde el punto de vista de los sistemas,
dando importancia a la interdependencia entre centro y periferia,
de manera que los cambios acaecidos en un lugar podían dar lugar
a cambias en otro lugar, aunque fuera a miles de kilómetros de dis-
tancia. Los sistemas sociales de ambos extremos se interpretaban
por referencia a las relaciones funcionales.
Los arqueólogos han sugerido que se puede usar un modelo de
este tipo para explicar diversas redes sociales antiguas. A este res-
11 2 T EORI,\ Al{ ü I JFtl l '( )( iICA. t: Ni\ / \: T ROI I I :(- (- I ( )f\
1.1\ ( "L1 TlJ RA C"OM O SIST EfvJ,\ 11.\
pec to se ha estudiado en particular la interacci ón y las r edes de
de pendencia entre sociedade s con forma de Es tado que actúan a
modo de centros y soci edades en fases a nter iores que confor man
una periferia . Es te modelo se ba aplicado a una gran variedad de
contextos (Eda des del Bronce y del Hierro europeas, Améri ca Cen-
tral prehisp ánica , por eje mplo). Santley .Y Alcxan der; por ejemplo,
han de sarroll ado una tipol ogía genera l de un ida des (la «economía
política deudrü íca », el «imperio hegem ónico», el «imper io tcrri to-
rial ») y un conj unto de procesos ligados a las trans formaciones
ocurridas (limitación de lib ertades o privilegios, redistribuci ón de
la población, organización del trabajo... ).
3. La simulaci ón jr modeli zaci ón matem át ica . A partir de Ii-
na lcs de 1970, Ren frc w y otros señalaron que los s is temas podían
se r simulados por ordenador, pud iendo ade más integrar en tal es
modelos cues tiones como el a"Ir; la contingcnci a hi stórica y la
loma de deci siones por parl e de los indi viduos. Es te re to condujo
a un creci ente inter és por los nu evos mo delos que los ci entí ficos
del mundo natural estahan produciendo para sus es cenar ios. Por
ejemplo, la teoría de! caos explor a cómo fenómenos local es apa-
rcntemente fort uit os pueden provocar consecue nci as de gran im-
portancia. Por analogía, diversos pen sa dores sis témicos explora-
ro n modelos est ocásticos (modelos co n ele me ntos azarosos o so-
metidos a var iaci ones fortuitas) .Y se pre gun taron de qu é forma los
sistemas pueden seguir di ferentes trayect orias debido a aco nteci -
mientos contingent es o fort ui tos.
Se trat a, como hemos vis to, de puntos de vista distintos que en
los últimos treinta a ños han ido li ma ndo las ar istas del pcn sa-
mi ento sist émico. Los s istemas cultura les ya no son vistos corno
es tructuras mon ol íticas. mientras se da car ta de identidad H la
contingenc ia y al accidente his tórico. Además se ha hecho siti o a
lo cognit ivo (véase el si guient e capít ul o) y pal ab ras como heter ar-
quía o co nf licto parecen haberse convertido en ubicuas.
¿Ha n fort a lecid o estos arreglos al pensamiento sistémico? O a l-
ternativamen t e, ¿han modifi cado tan to la manera de interpret ar el
cambio soci a l por pa rt e de los arqueól ogos , de forma que se debe-
rí a abandonar definitivamente el término sistema? Quizás e! pen-
samiento sis té mico ha cambiado tanto a base de introduci r en él
excepc iones y cor recciones que ya no puede lla marse en propiedad
sistémico,
El pensamiento si st émico y los individuos
Basta: usted ha acabado su sin habe r meado la critica más iiu-
portant e que Imelle hacerse al pensannento sistemico. Los seres h UIJI ll1lOS 110
actúan así. No 501/ meros peones en fl/1 si stema . SOIl, en cambio, irr({(; iofla-
les e impredecibles. La teoría de sístenms 1/0 puede [unciona r, puesto que las
acciones humanas S01/ fortuitas. No se puede meter a lo."; seres !llI/1 ltIl IOS
con todas S1I íd íns íncrusia ." peculiaridades dentro de lI/ l modelo.
Irón ica mente. la crít ica 111ás habitual al pensamien to sist émico
v al fun cionali smo es pre cisamerit e la que, en 111i opinión, est á
peor concebida.
¿Son impred ecibles los seres huma nos! Ciert a mente que no en
la mavorí a de los casos , aunque nos agra de pensar que sí. Se su-
pone qu e Cupido es ciego, pero la mayorfa de nosotros procura,
por medio de alguna coincidencia asombrosa, encontrar una pare-
ja con orígen es étnicos y social es muy similares a los pr opios.
En cualquier caso, a no ser que uno sea un individualist a me-
todol ógico, no se puede reducir la comprens ió n de los procesos
socia les a lo que hacemos como individ uos. Éste es un debate tí -
pico que se da tant o entre arqueólogos como en e! con junto de las
ciencias hu man as. Cons idere mos un ejemplo sacado del presente:
la tasa ocsuicid ios . Las razones que inducen a las personas a co-
meter suici dio so n tan variadas corno trágicas , pero la tasa global
de suicidios para el con junto de la sociedad aumenta o se reduce
en funci ón de otros fact ores (como la tasa de de sempl eo, o si el
país es tá o no en guerr a). Un cient íl'ico social no puede predecir el
suicidio de un a persona, pero sí puede, si tiene la sufici ente in for-
mación sobre las tendenc ias soci ales del 1110111en to, predecir au-
mentos o retrocesos de la tasa de suicidios, con gr an pr obabilidad
de acierto. Cons idé rense tambi én a las personas con poder: Pode-
mos in tent ar explicar acont ecimi ent os en función de las indi vi-
dualidades ca r ismáticas o poderosas - emper adores, líd eres po-
lí t icos- ; sin em ba r go , s iempre quedará un interr oga nt e so bre
el origen de tal poder o sobre las condiciones que hacen posibl e el
ejercicio de tal poder.
Si lo que deci mos con relaci ón al presen te es cierto, segu ra-
mente lo deberá ser aún más con relación a la prehistoria, donde
forzosamente t enern os que lidia r con tendenci as y procesos que
abarcan ci ento s, incluso miles de ali a s, unos ciclos t empor al es que
quedan lejos del a lca nce de cualqui er indi viduo.
114 n ·-:,old l\ J\IH)l) FOI ,O( f1('¡\ , UNI' I NTRO IH I( 't'l O :'\
Corno personas que somos, estarnos emocionalmente apegados
a una idea de «lo indi vidual» que la realidad del mundo que nos
rode a se encar ga de refutar, y que todavía menos cons tituye una
base válida des de la qu e reilexionar acerca del pa sado. Cier tamen-
te, no podemos afirmar nada " priori con respect o al peso de las
indi vidual idades en el pasad o. Ot ras cult uras han tenido ideas di s-
tin tas acerca de las individualidades y de la importancia de lo in-
di vidual frente a lo colec tivo. Qui zás encontremos extra ñas estas
ideas, pero no se sostiene la idea moderna y occid ental de tomar el
«culto al individuo» como evide ncia indiscuti ble.
Hay un argumento más sofis ticado que defiende la ar queología
postprocesual y otras escuelas afines; a saber, que tenern os que Ile-
ga l' a comprender a ambos, al medio social y al suje to ind ividu al.
Una vajilla es obra de det erminadas personas, pero yo creo que el
registro arqueol ógico tiene que ver tanto con los desechos de las
acci ones indi viduales como con los procesos a largo pl azo. Tam-
bi én hay un argumento filosófico que sost iene que "libertad» es un
término significativo par a ser usado en el análisis histórico, per o
sólo en presencia de la ausencia de libertad, por ejemplo, cuando
se discute sobre la esclavitud. Sin embargo, antes de tomar en
cons ideraci ón esta idea hay que rechazar de plano la noción ro-
mán tica de la existencia de una libertad individual sin calificativos .
Quizás sirva pm'a vender pclículas de Hollywood (contad las veces
que se pronuncia la palab ra «libertad» en la películ a Braveheart)
pero no con stituye la base para u n análisis serio de las soci eda des
del pasado.
CAPÍTULO 6
LEER LOS PENSAMIENTOS
En el anterior capítulo se mencionó la existencia de una «ar-
queología cog nitiva», o lo que es lo mismo, la tentati va de llegar a
compre nder la forma de pensar de la gente que vivió en el pasad o.
No hace falt a dec ir que indagar en la conciencia de gente que de-
sapareció hace muc ho tiempo es una empresa hart o difícil. ¿Es ne-
cesar io llegar bast a ahí?
La pregu nt a ,,¿debcmos indagar en la conciencia de nuest ros
antepasados? está mediatizada por otras preguntas más profun-
das, por ejemplo:
1. ¿Qué es la conciencia, qué son los pensamientos? ¿Son
conscientes o incons ci entes los pensamientos? Sigmund Freud re-
present ó un papel decis ivo para las ciencias humanas al mostrar
que nuest ros pensamientos conscientes no eran más que la pu nt a
de un iceberg; los procesos men tales humanos era n más profun-
dos y complejos y más difíciles de compr ende r de lo que se supo-
nía. Entonces, ¿debemos tratar de leer los pensamientos profun-
dos o sólo los superficiales?
2. ¿Tiene n los seres human os el mismo sistema cognitivo?
¿Hay razones para reivindicar una naturaleza esencialista del co-
nocimiento, o es el conocimiento una construcci ón social que varía
de una sociedad a otra? Si varía, ¿cómo podemos justificar enton-
ces nuestras presunciones sobre la psicología indi vidual o de gru-
po de culturas prehistóricas, a partir de estudios sobre poblaci o-
nes modernas?
Se trata de preguntas muy complicadas que no sólo se pla nt ea
la arqueol ogía. Todas las cienci as humanas se ven abocadas a
plantearse pregunt as de este tipo.
116 T1:,ORJ/\ ¡\ IUJ lI EO U) ( ; J( 'J\ . I.'NA [l\ T I{( l lll T Cll 'l l\. I ,],,1", 1{ I. OS 1'1'.\JSA ,1\'1I I ;.\. ' (US 117
En es te capít ulo pretendo profu ndiza r un poco en es te tema
para examinar a lgunas de las ideas que: la teoría en cienc ias hu-
manas ha adoptado a fin de hacer fren te a este tipo de pregun tas .
Mi intenci ón es p roporcionar el ma rco te órico dentro del cua l se
mueven una se rie de tenden ci as nuevas en arqueología denomina-
das ge nér ica men te «a rqueología pos tprocesua l» o «a rq ueología
in terpret at iva ». Est a s tendenci as t ien en en COJl1Ún , pr im ero, u n
ac ercamiento a los enfoques cognitivos , segundo , el influ jo de la
tradic ió n cstructurali st a )', tercero , la in fl ue nc ia del pen sami e nt o
marxista.
J ~ e e r los pen samientos
¿Tenemos qu e hacer realmente este esfuerzo' Much os dirá n
que no hace falta. La mayoría de los positivi st n», tanto den t ro de
la arqueología corno dentro de las dem ás ciencias human as, ins is-
tirán en el hech o de qu e nunca podremos contra star lo que la gen-
te piensa . Los pos iLivist as dan dos ra zo nes IllUY cla ras:
1. Nu nca se podr á veri fica r cicn t tfica rn c n te Jo qu e reside en la
sesera. Los pen samientos no pued en compro barse, por lo que que-
dan fuera del dominio de la Cienci a.
2. Los arqueólogos no estudiarnos las acciones hu manas , es-
tudiamos el re gist ro arqueológico : un a colecci ón mud a de piedras
y huesos organizada seg ún cor responda en fu nció n del espacio J'
del tiempo (volvemos a la figura 2. 1). Somos capaces de explicar lo
que vemos en tér minos de sist emas cultura les del pasado; sus di-
námicas de cambi o, la forma en que se adaptaron el entor no. No
hace falla que hagamos este tra baj o pen sand o di rect ament e en los
fac tores mentales, ya que s i as í lo liici éramos , cae ríamos en el
er ror de las explicaciones merual íst as (véase capítulo 4). Binford ,
entre otros, ha desarro llad o es te tipo de argumentación.
Much os arqueólogos t radi cionales también piensan que es difí-
cil, si no imposible, ut ilizar el regist ro arqueol ógico para recu perar
ideas del pasado. Arqueól ogos como Chris topher Hawkes discu t ie-
ron la necesidad de tener en cue nta siete niveles de inler en cia ar-
queológica, que van del más senci llo y directo al m ás difíci l. El
material arqueol ógico, decí a Hawkcs, puede utili zarse de forma
bastante segura para averiguar as pectos lecnológicos del pasado;
las inferencias de carácter econó mico ya son más difíciles de ha-
cer, pero las in feren cias acerca de la vida cult ural ~ . religiosa cons-
tit uyen un a empresa cas i imposible, exce pto en ci rcuns tancias ex-
cepcionales.
Cualquiera que sea la ori entación tomada, exis te sin ningún gé-
nero de dudas un a manífiest a difi cu ltad para acercarse a la con-
ciencia de los indi vidu os. Los psicólogos de la conduc ta arguyen
que realmente no se puede llegar a lo que algui en es tá pe nsando
en el momento presente: lo úni co que pu ede hacerse es dar cuen -
ta del comportamiento, cosa que sí pu ede observarse v medirs e
dcsde fue r-a. ¡Cuánto más difícil no se rá abri r las ment es de hom-
b rcs y muj eres desaparecid os y pert enecientes a cult ur-as exti ngu í-
das! Si ya es una tare a su ficienteme nte d ifíci l par a los arqueólogos
de los períodos h ist óricos, imaginemos qu é ha de ocurrir con los
prchistoriadorcs. qu e sólo tienen los resto s mat eri ales de cul turas
fe nec idas y ningún tip o de documento es c rito ,
,Por qué, ento nces, tenemos que intent ar llegar a los pen sa-
mientos y creenc ias de las gentes del pasad o? En mi opinión, di s-
cutir accrca de si la empresa es más o menos difícil es perder el
tiempo. Pien so qu e es a lgo se ncillame nte necesario, por tres razo-
nes que expongo a continuación.
1. La realidad es que todos los arq ueólogos hacemos presun-
ciones sobre los pensamientos de la gen te del pasado. Pongamos,
por ejempl o, una simple tipología cerámica. Cua ndo nos dedica-
rn os a clasificar por tip os la decora ción de la cerá mica asumirnos
qu e los dise ños qu e comparten distint as muest ras tien en algo que
ver con los significad os que comparten a su vez los ceramistas y
los usuar ios de la vajilla.
Muchos arqueólogos defi enden la idea de qu e no podemos r e-
cupera r los pensami entos, pero en la práctica hacen lo contra ri o a
base de int roducir en sus argumentos presunciones sobre actitu-
des mental es , corn o si fueran puro «sen t ido com ún ». Así, por
ejemplo, la introducci ón de es tu fas en las cas as sustit uyendo a los
hogares-chi menea dom ésti cos sería cosa del sentido común, ya
que calien ta n más. evitan el humo y resultan mucho más conIor-
tablcs, Esta argumentación conlleva el problema de que se sos tie-
ne so bre presu ncio nes sobre lo que es «natural» o «normal»: en
este ejempl o, el deseo de logra r un mayor confort domést ico es asu-
mido como algo «naturul». Es de «sentido com ún» satisfacer tal es
deseos. Este tipo de presunciones caen por su propio peso cuando
118
TEüRIA ARU UEOU"¡( ; ¡CA. " NA I NT R( I I Jl I( '( ' J( l N
I ,U :I< I US 1' ] ': NSJ\ M I E:'\i'l' OS 1It)
se examinan detenidamente, ya qu e siempre se puede llama r la
atención sobre la divers idad de las prácticas humanas.
El problema con el sentido común en es te contexto es que, lo
que para nosotros es cosa del sentido común. puede no ha ber te-
nido nada qu e ver co n el sen! ido común de «ellos». Los antropólo-
gos es tudian otras cult uras contemporánea s que tienen actitudes
cult urales muy diferentes. Para los aza ndc, cuando se produce un
desafortu nado accid ente es de sentido común ir a buscar a un bru-
jo o adivino para saber quién es el responsa ble de la magia que lo
ha provocado. Es lógico suponer, por lo tanto, que otras culturas
en el pasado puedan haber tenido otro tipo de sentido común.
Confiar cn el argumento del sentido común es carac teríst íco de
puntos de vi st a esencialistas y elnocél1tricos . Esencialis mo es pen-
sal' en la existencia de actitudes o emociones «nat urales» (como el
deseo de privacídad, o de confort doméstico) o fundadas en la bio-
logía, sea para el conj unto de los se res humanos. o sólo para uno
de los dos sexos. Así, la frase «en la preh istori a, los hombres tienen
que haber sido más agres ivos que las muj eres al falt arles el instin-
to mat ernal» tiene ca rácter esenc ialista , puest o que as ume qu e «el
instinto mat ernal » a fecta de modo natura l o biológico a todas las
mujeres. Pued en existir o no un determinado número de «univer-
sales humanos» de este tipo. tema susceptible de debate. pero por
mi parte, me declaro muy escéptico acerca de la mayoría de posi -
bles casos. En cualquier caso, las afir maciones esencialistas han
de ser argumentadas y nunca da rla s por supues tas.
Etnocentrismo es cre er qu e las acti tudes y val ores de la propi a
cultura tienen caráct er uni versal. Por ejemplo, la supos ici ón de
que la creencia en bruj os es «irracionnl» es et noc ént ri ca, pu est o
que supone que la lógi ca occi den tal es la úni ca for ma posibl e de
racionalidad . La creencia en brujos tien e qu e ser irracional, ya
que no satisface los principios sobre los qu e se levanta la lógica
de Occidente. También la creencia en el deseo humano de pri va-
cidad es et noc éntríca . pues supone que el énfasis en lo individua l
y consecuente me nte, en el derecho a la privacidad de las perso-
nas en la sociedad occi denta l, es a lgo uni versalment e normal y
natural.
2. Los arqueólogos qu e no trabaj an en las rec ónditas profun-
didades de la prehistoria se enfrentan a test imoni os que so n de na-
turaleza estrictamente «histórica»; es decir, a testimonios docu-
mentales dc alguna forma u otra. Est os documentos son siempre
testimonios sobre maneras de pensar, sobre ideas, por m ás n l UTI-
d. ui ns 11 obvias que parezcan tal es ideas. Si hemos de rel aci onar
los tes timonios arqueológicos con los testimonios documentales
hay qu e conte mplar de forma crit ica las actit ud es mentales y las
ideas que representaron su papel en la producción de tal es tcst i-
monios.
3. La forma de estudiar las sociedades human as implica ele-
mentos filosóficos. Como ya vi mos al examinar la cr ítica a la teoría
de sist emas, es casi imposible describir el comporta miento huma-
no si n refer irnos a conceptos mentales. Imagin émonos int entando
describir a una tercera persona, por ejemplo. las acc iones que rea-
liza una muj er al cobrar un cheque bancario en una ofici na de un
banco, sól o por referencia a los movimientos fisicos que hace. Una
cosa parecida planteó uno de mis autores favorit os, el sociólogo Er-
ving Goffman, aunque descrit a de forma mucho más elega nte:
Escoj amos un acto que sea sufici enteme nte claro: un cond uc tor
que atraviesa la calle con el semáforo en rujo. ¿Qué hace este hom-
bre? [Goflman ci ta 24 razones diferen tes, incl uyend o las qu e siguen]
l. Procede de un sit io donde usa n signos y no luces para regu lar el
tráfico. 2. Un reflejo le incidi ó en los ojos y no pudo ver el ca mbio
de lu z del se máforo. 3. Desde hace poco no distingue bi en los colo-
res . 4. Tenía prisa . 5. Su muj er es taba dando a luz a un beb é en el
asiento trasero del coche y tenía que llegar pronto al hospita l. 6. Un
atracador apuntándole en la si en le conminaba a no pararse L...] 15.
Es un inspect or co mproba ndo si los guar dias de tráfi co son dili gen-
tes [...] 22. Iba borracho. 23. Su ma dr e ejerce una profesión lamen-
table, por lo que desarroll a un movim ien to compulsivo cuando ve
luces rojas... Nuest ro hombre no ha respetado el semáforo. Pero
cuando co mparece a presencia del j ue z y éste y le pregu nt a por qué
se había pasad o un semáforo en rojo le da un argume nto so bre lo
que realmente pasó. 1.0 que hace del hecho de pasarse W l semá foro en
rojo un hecho discernible )' destacado es evidentemente el hecho de sal-
tarse llna Horma . El «hecho» objetivo tiene que ser; pues, tan variable
como la posible relaci ón ele cada IlI W cm1 la norma (Goffman, 1971:
132; la cursiva es mí a. Nótese que ente ndemos la acción po r refe-
renci a a su contexto, un as pecto desarrollado por la arqueología
postprocesual o context ual).
La creencia de que los pensami entos y las ideas son más im-
port antes que el mundo materi al se llama idealismo , La arqueolo-
gía postprocesual, aunque no reivin dique pa ra sí misma una natu-
raleza filosófica ideali st a, está profundam ente infl uenciad a por las
1211
' 1I ':<)j { I t\ ¡\ I{ U II H HJ J< ;J(',\ , t l ¡..j A I NT ROI H i( "C/( ) \;
I F U { LO S I'L:I\ S,\ M I ENTOS 121
nociones ideal is tas. His tóricamente, la trad ición ideal ista en filo-
sofía es muy la rga y fecunda, incluyendo nombres co mo Pl at ón,
Vico, Berkeley, Ka nt, Descartes y Hegel, así como al lin güi sta Fer-
d ínand de Saussur c y al an tro pólogo Claude Lévi -Str auss,
Ar qu eología cognit iva
Muchos de los aspectos que acabamos de comentar fueron re-
cogidos por los a rque ólogos ce rca nos a la tendenci a procesual .
Aceptar on que los primeros modelos procesua les no ten ían en
cuen ta la ma nera de pensar de la gen te) por lo qu e most ra ba n cier-
t as lirnitucioncs. Seguidanl entc empezaro n a expl ora r la ma nera de
ca ptar el conocimiento dentro de los supues tos ge nera les del pro-
cesua lisrno, pero sin salirse de su marco referenci al. Reci cmcmen .
te es las tentati vas ha n dado luga r a una esc uela de pcnsarni eruo et i-
quet ada COll10 arqueologia cognitiva () procesualismo cogni tivo ,
Estos a rqueólogos obs erva n las me ntes de maneras dis ti ntas.
Rcnfre w y Zubrow admiten que se puede, por ej empl o, idcntili ca r
compor tamient o-, r eligiosos mediante el regis tr o arqueol ógico. Su -
gieren que no existe contradicci ón entre defender un punt o de vis-
ta cient ífico con re laci ón a la teo rí a a rqueo lógica e insis tir e n la
necesidad de bucea r en las mentes . Kcnt Fla rmcrv y Joyce Marcus,
por e jemplo, han buscado relaci ones funcionales entre el «subsis-
tema ideológico» y otras áreas de los su bsist emas cu ltura les y ha n
insi stido en la co mpa tibilidad de su trabajo con los an ális is de
subsistenci a y asentemien to:
Nuestro pri me r esfue r zo [en unlllt'olog ía cognit Í\'U: Fla nn erv y
M a lTu s, 19761 tuvo Co m o obj.... tivo mej ora r- la comprensi ón de los
antiguos indios za potec as a ba se de co mbi nar s us creencias cosmo-
lógicas con un anális is más tradici on al de sus for mas de s ubxiste n.
cía y asentamiento... Simplemente tratamos de most r ar qu e se po -
(lían explicar mejor los compo rta mient os de los antiguos zupotcca x
con relación a la subs is tenc ia si , en vez de restri ngirnos al es t udio
de los cultivos yel sistema el e irr igaci ón, teníamos en cuenta lo que
se sa bía sobre las nociones de los zaporecas sobre los rayos, la Ilu-
via, los sa cr ifici os con sangre y la «ét ica de la expi ac i ón». Insisti mos
en el hecho de que podía mos tener en cue nta estas cosas graci as a
la ri queza de las cr ónicas existentes deb idas a te stigos presenciales
españoles del siglo XVI {Flarmerv y Marc us, 1993: 260).
Fla nnery y Marcus se ñalan que el es t udio de las cos molog ías , la
reli gi ón, la ideo logja y la ico nogra fía cons tituyen á reas lcgtt imas
del análisis cogn it ivo, enfat izando el hecho de pod er ser funda-
mentadas en da tos empír icos . En los últimos ti empos, otras luen-
tes de inspi ración pro ced en de la psicología, En parti cu lar, St eve
Mii hen ha hablado de «forraj cadores j uicios os » al indagar sobre la
manera de modela r, dentro del marco adaptativo, los procesos de
torna de deci si ón de los cazadores reco lectores, produciendo una
ga ma de inferenci as cognit ivas (Mithcn, 1990 : véase tambi én el ca-
pit ulo 9 de es te 1'0Iu l11 cn).
El arg umento ce nt ral de todos estos autores es qu e podern os
t r a tar de leer en los pensamien tos sin ceder en los ele ment os pr in-
cipales del enfoque procesua l: la cr eencia en la objet ividad cicnt í-
fi ca y la adhesi ón a los modelos sis témicos men os estrictos. Sin
em ba rgo, o tros a rq ue ólogos sos tienen que la necesidad de en trar
en las mentes los ha llevado a cues tionar los mi smos lundamcn tos
de la arqueología procesual.
Dos escuelas de pen samien to han re sultado especi a lmen te in-
íl uvcntcs en esa tesitura: el estr uctu r alixmo v el ma rxismo. Vov a
hablar de ca da un a de ellas a co nt inuación antes de entra r, en el
próximo ca pít ulo, en la in fluencia que estas escuel as ha n tenido en
el desar rollo de la «ar queología post procesua l»,
El estructur alismo
Una de las vías por las cuales el idealismo ha ejerci ci o una in-
l1uenci a clave en el pensam ient o arqueológico pasa por la escuela
de pensa mi en to denominada es t ructur alismo. De n1 0<.10 parecido
al papel ejerci do por el lu ncionalismo o el marx ismo, es ta co rrie n-
te teórica ha contri buido a desarrolla r una viva conci encia crí tica.
En su forma in ici al y clásica cons erva hoy día pocos pa rt idarios,
pe ro (de modo pa recido a la teoría de sis temas) su in fluenci a en el
pensamient o a rqueológico ha sido profunda, de modo que no puc-
ele ign orar se. Igu al que el térmi no marxismo, el t ér mino estruct u-
ral ismo ha sido us ado de fo rma impr opia y abus iva, habi endo ser -
vido para llamar la ate nci ón sobre un grupo de intelectuales dil e-
ta ntes parisi nos ele la Ri ve Ga uchc, más que para referirse a un
corpus de ideas Il1UY co ncretas:
I
.,
Ji
122
1'1 .( IR l A Al<l)!.'EOU J( ' IeA. UN,\ I NT I{ OI H I C n ( ) ~
LEER LUS PENSA<\1 1E\JTOS 123
La revist a People ha bla ba la se mana pa sada de la afición de los
int elect ual es eSLruc t ura list as por cenar en Sardi's. de có mo les apa-
siona exper imentar Con nu evos platos, de cómo empez ó co n ellos la
revol ución Perri cr... también se dice que hay una pelí cul a in spirada
por los dc con s uuccioní sta s que explora sus compk j os métodos de
pensamient o, su est ilo de vida rel ajado )' sus complicadas co st um-
bres sexuales. y lo q ue les ocurre cuando deja n Pa rís y toma n la se n-
da de Texas; se dice que Robcrr Rcdford está muy interesado en el
papel de Derrida (Bradhnry 1987: 2; diez añus después se han tras-
ladado a Islington, al nort e de Lond res, ,Y ahora cenan en Gra nita y
en el River Café).
Empezaré por las raíces del cstruct uralismo para que su in-
Ilucnci a actual pueda ente nde rse mejor. Si para los funci onalislas
la cult ura es como un organismo, en el qu e las di stintas partes del
cuer po/sociedad reali zan di stintas fun ciones, ad aptándose el con-
junto al entorno en el que vive, para los es tr uc tura listas, la cult ura
es como el lenguaje. El es tll.lCt ura lismo empezó si endo un con jun-
to de ideas propuest o por Fcrdinand de Saussure para ser aplica-
do a la lingüística. El punto más importante para nosot ros es en-
tender como Saussure que un lenguaje se compone de reglas ocul-
tas que usamos pero qu e no articulamos. Cuando escri bo y se lee
es ta fra se estoy utili zando una se rie de reglas gra maticales para
Componer el texto. Las reglas son de sobras co nocidas. Cada uno
de nosotros tien e un conoci miento suficien te de las reglas como
para permitirl e descodifica r lo que escribo, es decir, leerlo. Aunqu e
cada [Tase qu e escr ibiera fuera original y única, nunca escrita an-
teriormente en la hist oria de mi lengua, sier.ipre podría leerse. La
verdad es que pued o generar una seri e infinita de fr ases diferent es
a partir de unas cuantas reglas gra maticales bastante simples.
Todos entendemos es tas reglas a un ni vel profundo e implícito
y no a un nivel super ficial y explícito. Todos tenemos un a cierta
idea de lo que es un ger undio () una oración en subjuntivo. Ningu-
no de nosotros tr aduce tales reglas en palabras por más qu e las co-
no zcamos y las ut ilice mos habitu almente de forma cor rec ta. (Si
fuera de otra man era, si no las ut ilizáramos correctamente, no po-
dr íamos descodificar la man era de expresarse de cada cual y no
podríamos entendernos.)
Para resumir, las reglas qu e rigen el lenguaje permanecen ocul-
tas en las profundidad es del cerebro humano, Si se qui ere explicar
las diferentes formas del lenguaj e hay que referirse a las reglas
(cognitivas) ocultas respon sables de la formación de frases.
Los arqueólogos influidos por el estructura lismo sugir ieron que
algo parecido ocurre con los obje tos material es que descubri rnos
cn cl registro arqueol ógi co: los objetos serían, pu es , otra forma de
expresión cult ural. Si se pretende explicar una cultura es preciso,
por lo tanto, desvelar las reglas ocult as generadoras de las for mas
culturales.
Los modelos es tructura les han s ido utilizados a menudo para
clasificar los di stintos tipos de material arqueológico. Hen ry Glas-
sie, por eje mplo, utili zó la analogía «gramatical» para examinar la
arquitect ura popular en la Virginia del siglo XVI I I. Lleg ó a la con-
clusión dc que la gente di señaba sus casas a partir de una serie de
unidades básicas espaciales sobre las que aplicab a un sistema de
reglas «gra rna ticnlcs » para ob tener diferentes ti pos de vivie nda .
Gla ss ie llamó a este método gramát ica trans'[orma cional: es decir,
se trat a de describir la manera en que unas determinadas unida-
des se transforman pasando por una serie de fases cognit ivas has-
ta deveni r casas. Existen casos de ejercicios s imilares aplica dos a
otra clase de mat eri al corno el art e rupe st re paleol ítico o la deco-
r ación cer ámi ca ,
No obsta nte, las impli caci ones del estructurali smo van más allá
que la simple ofert a de her rami entas metodológicas para mejorar
los procedimientos de clas ificación de material es. Así , mi en tr as
que a U D intelectual fun cionalista o sistémico el instinto le inci ta
inmediatamente a pregunt ar ( ¿cómo funciona es te procedimiento
o este subsistema en el conj unto de la cultura ?" y «¿cómo el mis-
mo ayuda a que el sistema en su totalidad funcione o se ada pte
mejor al entorno?", el es tructuralista demandar á «¿qué reglas sub-
yacentes regul an es ta estr uctura>- y «¿qué nos dicen estas reglas
ac erca de la for ma de contemplar el mundo de esa cult ura?". Para
los Iunc iona listas, la cultura es fundamenta lmente una cuestión de
adap tación; para los est ru ctura listas , la cultura es fundamen ta l-
mente una forma de expresion, un sistema (oculto, cognitivo) de
significados.
Marxismo
Es imposible en el momento presente escrib ir hist oria sin ut ili -
za r una gama ext ens a de co nceptos directa o indi rectamente rcla-
ci ouados co n el pensami en to marxist a, y sin situarse dentr o del ho-
ri zonte int electual delimitado y descri to por Marx. Incl uso podría
12-1 T H ) I{I ¡\ l . t\; ,\ r \JT I{ I 1111 I(
1.1 '.1 '.1< LOS
125
especular-se sob re qué diferencia exi ste en última in sta ncia cn tr e ser
hist oriador y ser marxista (Fouca ult, 1980: 53).
La segunda escuela de pensa mient o qu e ha e jercido una pro-
funda influencia en el pensamiento arqueológico es el marxismo.
Igual que el es truct ural ísmo, el marxismo se 11a desarrollado mu-
cho desde su formu laci ón inicial por Karl Marx en el siglo XIX.
Qu isi er a dest acar unos pocos as p ecto s del pe nsamiento marxista
de es pecial rel evancia para la teoría arqueológica .
En su Iorma origina l, el marxismo es una filosofía matcriaiista,
puesto que sostiene que las cos as materi ales son 111ás impor tantes
que las ideas. Si eso es así, la hist oria de la huinanidad tendrá que
VCI; sobre todo, co n el desarrollo de la ca paci dad productiva de la
especie humana, con la creciente habilidad humana para producir
objetos mat eri ales. Gen )' Cohcn pi en sa que "la hi storia es funda-
mentalmente el proceso de crecimiento de la ca pacidad producti-
va de la humanidad, de mane ra tal que las formaciones sociales
aparecen y desa parecen de acu erdo co n su ca pac idad de favorecer
o obstaculizar 1'11 creci miento» (Cohe n, 1978: x). En frase del pro-
pio Marx, los seres hu manos son lo que hacen , no lo que piensan:
"no es la conci en cia de los hombres lo qu e deter mina su ser sino
al contr ario, es su ser social lo que det ermina su co nci encia » (ci-
tado por McClcl lan, 1977: 389).
Los marxist as sostienen qu e la gente de cualquier época produ-
ce las cosas qu e precisa de una forma distinti va que Marx deno-
minó «modo de produ cción». Los marxistas han hablado, por
e jemplo, de un modo de producci ón tri bal , a..i áti co, anti guo, fcu -
dala capitalis ta . El modo de produc ción antiguo, para tomar un
eje mplo, se di stingue de los dem ás porque se apoya en el trabajo
de los esclavos, mi entras que e! Ieudalismo depende del trabajo de
los campesinos no libres, los «siervos», que viven atados a la tier ra
que trabajan. Cada modo de pro duc ción genera un tipo di ferente
de antagonismos de clase: en las sociedades antiguas entr e amos y
esclavos, cn el feudali smo entre siervos y se ño res feudales, en el
ca pitalismo entre proleta rios y burgueses.
Marx pi ensa qu e un modo de producci ón puede entenderse me-
jor si di stingu imos las [uerzas de producción , es decir la materi a
prima, las her ramientas o máquinas, el trabaj o, de las relaciones
sociales de producci án , Por ej emplo, las fuerzas de producci ón de
una sociedad capitalista cons is ten en las máq uin as y equipos
de las fábricas, mi entras que las rel aciones de produ cción tien en
que ver con e! meoll o del sistema de fáb rica, es to es , la separaci ón
ent re la fuer za de tra bajo y la dir ección.
Par a Mar x siempre habr á antagonismo y confl icto entre es tas
dos partes: «las fuerzas de producci ón, e! es tado de la sociedad y
la concien cia entra n en contra dicción, ya que la di visión del t ra-
bajo implica el.. . hecho que la actividad moral e in telectual - ocio
y trabaj o, producción y consumo- recai ga en per sonas di st intas,
y la úni ca poslbilidnd de que no aparezca tal contradicc ión reside
en la negación mi sma de la di visión de! trabajo ». Por es ta y por
ot ras razones siempre existirá con flicto t: I1 el interior de las socie-
dades humanas. Las co ntradicciones y los antagonismos de clase
ir rumpen en el corazón de tod as las formaciones soci al es/ desa-
rrollándose ti veloci dade s di stint as seg ún las circu ns tanci as. Co n el
t iempo, sin emba rgo, tul es a ntagonismos son capaces de derribar
toda la es truc tura es ta blecida, para que rueda levant arse sobre sus
ruinas u na nueva formación social.
Este modelo marxista clási co ha sido objeto de duras crí ticas;
pero sería demasiado largo seguir la trayect oria que lleva del mar-
xismo clásico al marxismo modern o. Só lo pretendo aquí llamar la
atención sobre tres pu ntos que surge n de es la síntesis de la teoría
marxista clásica, espe cialmente perti nentes para el desarroll o del
pensami en to arqueológico:
l . Los escritos de Ma rx proporci on an la base científica del cu-
lHUrÚSl1lO. En este sen tido, el marxismo clásico compart e 11111 chos
paralelos con la creencia en un fundamen to po sitivista para la
Ciencia, cosa que ya fue discuti da en el capítulo 3. Pero con traria-
mente al positi vism o, Ma rx piensa que los intelectuales no hall de
separar el pensamiento de la accióll política.
Los arqueólogos marxist as contemplan , consecuen teme nte, la
existencia de una relación entre la arque ología y la políti ca. En-
tienden la misma pr áctica arqueológica y los modelos inter pretati-
vos de su disciplina como una forma de expresarse polít icamente.
De mod o similar, entienden su trabajo diario como arqueólogos
como parte de una actividad polít ica más amplia. Piensan los mar-
xistas que no darse cuenta de esto es hacer como el avestr uz, que
esconde su ca beza bajo la arena.
2. El proceso que conduce al cambio hi stórico es un proceso
dialéctico según el pensamiento marxist a. Un modelo di aléct ico es
el que depende del desarrollo de contradicciones y eonl1ictos en su
seno, en este caso, en el interi or de una determinada formació n
La ideología
Los neo-marxistas o marxistas recientes han centrado su a te n-
ción en el papel de la ideologia de ntro de l modelo qu e hemos exa-
minado. Para Marx, las fuerzas de producción y las relaciones de
producción co nst it uyen «la in fra es tructura», el núcl eo del s iste-
ma; los sist emas po lít icos y legal es se leva ntaban encima de este
sustr ato, junto a las creencias ideológicas . Vis to de manera sim-
plista, cuando los fundamentos sociales empiezan a quebrar y la
sociedad se vuel ve más desi gual e injusta, las creencias de la gen-
te sirven para «tapar las grietas» y hacer que el sistema parezca le-
gítimo.
Es verdad que existe mucha ideología «vulgar» , casi de consu-
mo: en nuestra sociedad actual la asociamos a much os anuncios
publicitarios, a las periódi ca s llamadas al patrioti smo, al ondea r
de banderas, a la maternidad y a la tarta de manzanas. Pero los
social. Cada formación social tiene su especificida d. Los términos
«ca mpesino» y «señor» no tienen el mismo signi ficado en cua l-
quicr época y lugar. Sólo podemos definir y comprender correcta-
mente las clases sociales que agr upan a los campesinos y a los se-
ñores si comprendemos bi en la formación social feudal en su con-
junto. Cuando una [ormaci óu sufre un colapso aparece una nueva
formación que desarroll ará con el t iempo sus propias clases socia-
les, así como sus propi os conflictos de clase.
El modelo di al éctico aplicado a los procesos sociales contra sta
con el modelo sistémico que ya hemos estudi ad o. Se recordará
que el pensamiento sistémico presenta al ca mbio como un proce-
so gradual y no traumático de madurez y adaptación. El modelo
dialéctico nos induce a cue stionar las categorías sociales y las de-
fini ciones que rei vindican su certeza en cualquier circuns tancia de
tiempo y lugar.
El marxismo ha llevado a los arqueólogos a cuest ionar deter-
mi nadas contradicciones, co mo la qu e enfrenta a la subj etividad
con la objetividad. Adviert e que es tos términos sólo se oponen
dentr o de un marco gene ral. y qu e es este marco general lo que
precisamente hay qu e cuestionar y tran sformar.
El tercer punto es qu izás el más importante para entender la
contribución del marxismo al conoci miento y al pen samiento ar-
queológico en general: el co ncepto de ideología.
126 T EOI Ü¡\ I j.\JA 1:'-J'lI H HH I( '( 'Il I !'J
,
v
[
LEER LOS PENSAMIENTOS 127
marxistas creen que la ideología trabaj a asimismo a u n nivel mu-
, ho más sutil. La ideol ogía sirve, en definitiva, para:
1. Legiti mar; es decir, hace aparecer el orden so cial vigent e
, " \110 algo inmutabl e, esta bleci do por la divinidad O carente de al-
u-ru ativas.
2. Hacer aparecer como uni versales (beneficiosos para todo
,,1mu ndo) in tereses qu e son sectoriales (por ejemplo, los intereses
.1 ,. det ermi nadas clases sociales),
3. Enmascarar la realidad, por ejemplo, negando la existe ncia
de desi gualdades CCOll CJ111icn s y sociales.
Un marxi sta. s in ir m ás lejos. sostendría que le bastaría abrir
las páginas de la mayoría de los per iódicos para ver có mo funcio-
lI a la ideología en nuest ra sociedad (la compe tenci a v las reglas
del merc ado libre no son construcci ones huma nas arbururias que
pllcden ser ca mb iadas, sin o qu e exis ten porque ha n demost rado
',[ I bondad; sólo hay que mirar lo miserable que era la vida en la
lcl ad Media para comprenderlo, es decir, an tes de des cubrirse los
h.uefi cios del capitalismo). Los i ntereses de clase se prese nta n
"1I1l 0 benefici osos para todos (los aumentos de sa larios se prc-
',l'll tan como «dañ inos para la nación» en vez de ver se como pcr-
rud ici al es para el creci miento de los dividendos de los capita lis-
Los ). La ideología de la igu al dad (cua lquiera puede llegar a prcsi-
. kn t«, tod os sornes iguales ante la ley, queremos co nstruir una
'.l ll,·icdad sin clases) enmasc ar a ]0 que los m ar xis tas entiende n co -
111" la verdadera y rea l di visi ón de los seres humanos por gé nero
\ riqueza .
Est e interés por la ideología ha alentado un estudio minucioso
.1 ,. la forma de actual' de la ideología y a llevado a enfatizar la ne-
, "s idad de desenmascarar las relaci ones que se esconden detr ás de
1.1 ideología. Parad ójicamente, pues, el marxismo, que inició su in-
IIII,'ncia como un modelo mat erialista de análi sis de la rea lidad,
.u CIIJÚ condicionando la arqueología anglo-americana a través del
,11 "" isis de las convicc iones de base id eológi ca . Fue la Escuel a de
I r.ui klurt de teoría critica la qu e más intervino en este cambio de
,'"f"que. La Escuel a de Franklurt señaló la necesidad de mi ra r de-
I' .OS de la máscara de la ideol ogía para mostrar cómo los siste mas
, 1,· , ..cencia s de la moder na sociedad occidcntal no son neu trales u
"\ 'id ivos, sino que son construcciones ideológicas destinadas a le-
"1111 IJar el capitalismo de nuestro ti empo.
1,
,1
128 TF OKíA /\ RULEOI.c')GICA. L:N¡\ IV IROIHi('('l Ol\'
I ,I "¡Y 1( /:-; l 'I :.\. .'i ,\ ,\. \II·:\. 'I' ( I.,,:> ! 2Y
El inter és por el papel de la ideología en arqu eol ogí a muest ra
dos aspectos. Por un lado, la indagaci ón del papel representado por
la ideología en el pasado, por ejemplo, có mo un sistema parti cu la r
de creencias servía para legit imar la posici ón de las el ites en las so-
c iedades anti guas . Por otro, la mirada hacia las realidades del pre -
se n le: cómo los t ra bajos de a rqueología co n tienen u na fue rte carga
ideológica . Brucc Tr igger ha estud iado a fondo las dife rentes inter-
p reta ci ones de la prehis tori a norteamericana y ha demostr ado de
qué forma cont ri buyen a fijar una vis ión ideológica de las culturas
nat ivas asociada a la fall a de progreso y a l es tanca miento .
Ti ldo es/o es 111UY interesante. pero hemo-: leido 11111.\' !)( )C({S cosas sobre
arq //r!u!ug{a en esTe capitul o. ('Ve ql/i! [onna co ncre te 10.\ c/ijáell fes punt os
de vista desarrollan cxplicacinn cs diierentes en arqueologia?
Examin aré otro s ej emplos prácticos en el próxi mo cap ít ulo,
mi ent ras tanto haré sólo un r CSU111en provisiona l ele lo que se ha
exp uesto .
Para la tradi ci ón procesu al , los objetos excavados const ituyen
verdaderos tes timon ios de los d iferentes componen tes de un si ste-
ma cu ltu ral que existió en el pasado. Para algunos de ellos, los ob-
je tos for man un registro [ásil del comport amie nto humano. Mu-
chos proccsu ali st us pi ensan que COTI10 no pOde111 0 S in dagar en los
pensamientos de manera ci entífica , que no esta mos capaci tados
pa ra ex plicar los objetos con re laci ón a la s ideas de sus producto-
res: aunque sigu ien do a Flannery y Ma rcus , sí podemos in cl uir en
n uestro aná lisi s a determinadas «va ria bi es cognitivas ». En CU111-
bio, sí podemos exam inar los distintos componen tes de los siste-
mas cultura les del pasado y las r elaci ones que mantienen entre'
ell os , u tili zando un lenguaj e der ivado muc has veces del pcnsa-
mi ento si st émico. Los pro cesua listas rei vindican poseer las claves
para cont ras tar d ist intas hipót esis alternati vas sobre la manera de
funcionar de esto s sis temas, gr acias a la teorí a de alcance medio .
Pa ra los es tructuralista s. los obj etos const it uyen testimonios de
un sistema de creencias en su sentido más amplio . Del mismo modo
que el lenguaj e se estructur a en reglas que per ma necen ocu lt as,
así sucede con la cu lt u ra mater ial. Los es tructuralistas se intere-
san por las oposici ones qu e encon tramos con r elaci ón a la forma
de los obj etos , o en la manera de col ocar ofr endas en las tu m bas ,
o so hre la s ideas relaci onadas con el género, o por las contra-
di cci ones entre n atural eza y cu lt u ra, etc. Pu esto que no podemos
probar la existencia de r egl as ocult as , est a t rad ici ón intelectual
piensa qu e no exi st e posibilidad alguna de co ntra sta r ningú n tipo
de interpret aci ón sobre el pasado . Por lo ta nto , e n vez de in tenta r
reduci r las visiones sobre la cult ura a pa tr on es un itorrni zado rcs .
hav la tendenci a él desarrol lar Int erpre taci ones m úl t iples .v 111UY
comp lejas.
L O!-i marxistas se int eresan por las cont radicciones ~ . desigual-
dades cxistcnres e n el seno de la s sociedades . Por eje mplo , buscan
descubrir si las prácti cas de em errumien to sirven para legit imar o
enmasc arar lo que rea lmente sucede en la vida . Los marxis ta» se
pregun tan: ¿qué re lac i ón tienen la s creenci as () visiones del mun-
do qu e se expresa n a través ele es ta muestra de la cult u ra ma ter ial,
co n lo que rea lmente suced ía ! O "pucdc un a de terminada pníct i-
ca funera ria igualit ari a enmasc arar la exist enci a de desigualdades
soci ales?
Con cl usión
En la segunda part e dc est e ca pítulo me he centr ado en dos im-
portant es escu el as de pensamient o dentro del campo de la teo ría
social: el marx ismo y el estructu rali smo, Pude haber escogido
otros movimi ent os influyentes que de alguna 1' 01' I11a serán tra ta dos
en otr as partes del libro , como el femi nismo, Pero marx ismo v es -
uucuualismo confie ren un tono disti ntivo a las cor rien tes int clcc-
lu a les qu e va n a influenciar a la teoría arqueol ógica en la década
de los ochent a .
El marxismo llama la aten ci ón sobr e los con lli ctos v las con -
tr adicci on es, da import ancia ni p apel de la ideología y afirma el
carácter fundamental mente políti co del d iscurso académico . El es-
tr ucturalismo nos descubre un in terés los con ten id os de la cultura
materi al , por los significa dos de toda expresi ón cultur al.
Toclas es tos lemas convergieron d ura n te los a ños och ent a par a
[ormar una nueva rama ele la teor ía que fue denominada «arqu eo-
l()gía postprocesua l».
CAPíTULO 7
ARQUEOLOGÍA POSTPROCESUAL
y ARQUEOLOGÍA INTERPRETATIVA
La «arqueología postprocesuab creció al calor de UD contexto
muy concreto que hay que entender: Una parte de este contexto,
común para todas las ciencias humanas, ha sido presentado en
el capítulo anterior: el marxismo y el eslrueturalismo. Ahora es el
momento de atender a los avances habidos dentro de la disciplina
arqueológica durante los años ochenta.
A finales de los años setenta y principios de los arios ochenta
un número creciente de arqueólogos mostraba insatisfacción por
la orientación que tornaba la arqueología. Esta gente sentía que la
Nueva Arqueología no daba para mucho más, intelectualmente ha-
blando. Estos arqueólogos estaban especialmente preocupados por
tres cosas: por la necesidad de plantear factores cognitivos, por las
dificultades inherentes a la episternología posi tivist.a ~ y por los pro-
blemas encontrados en el desarrollo de la teoría de alcance medio
(asuntos tratados en los capítulos 3, 4, 5 y 6).
Uno de estos arqueólogos era Ian Hodder. Sus ideas compen-
dian de forma muy elocuente el cambio que se gestaba. Los pri-
meros trabajos de Hodder se incluyen den tro del molde procesual.
Hodder estaba muy influenciado por la "Nueva Geografía» y por el
trabajo de David Clarke sobre modelos espaciales en arqueología.
Hodder utilizó la estadística y la simulación informática para de-
sarrollar una serie de modelos espaciales relacionados con el co-
mercio, los mercados y la urbanización de las Islas Británicas du-
rante la Edad del Hierro y la época del Imperio romano. Este últí-
TIlO período se contemplaba como un período cuyo sistema evo-
lucionaba rápidamente gracias al comercio y a la urbanización
enmarcados en el proceso general de la romanización.
132
TEOld A Ak Oli EOr.ÜGICA. U;\ A !J\'TRODL:CCIÚN
A medi da q ue progresaba la in vesti gación , Hodder empezó a
dudar de si este ti po de modelos y sim ulacione s realmen te servían
pa ra «probar » a lguna cos a. Vio que podía obte nerse un mismo es -
que ma o pat rón en el registr o arqueológico, pon ga mos de dist r i-
bución de vasos de cerá mica o de red ele cent ros lit-bana s, ut ili-
za ndo disti ntos pro cesos de simulaci ón. Por lo tanto, una deten n i-
nada configuraci ón del regi str o arqueológico podía ser expli cada o
interpr etada sa ti sfa ctoriamen te de di s tint as form as, con refer encia
a u n cie rt o n úmero ele pos ibles procesos diferentes. Hodder vio
que no ha bía mane ra a lguna de conlrasta r las di sti ruas a lternati -
vas que se le presenta ba n. Este problema ha si do denominado en
la li teratur a subsiguiente, problema de equi íinalidad .
La lec tura del libro de Hodder y Orton, Spatial Analvsi, in Ar-
clut eologv, publ icado en 1976, muest ra la génes is del ca mbio. Al in-
te nta r simular los patro nes es paciales del comerci o y los siste ma s
d e asenta miento med iante el uso de la i nfo r rn útica , Hodder y 0 1'-
ton 111 05t1'a1'on con un Caso t ras otr o [o difíc il si no imposible qu e
re sult aba «proba}"» o «contr as tan ) alguna cos a.
Un buen ejemplo de ello lo cons t it uye el es tud io de Jos obj etos
utili za dos pa r a comerci a r en la prehis tori a . POI' e jemplo, a menu-
do se descu br en lascas de obsid iana o hachas pu lidas de granito
verde en siti os muy alej ados de los lugar es en que se encue n tra la
materi a prima ne cesaria para su elaboraci ón. Estos hall azgos re-
presenta n claramente formas de cornerc¡o o de contacto entre lu-
gares a lejados. Pero Jos a rn biciosos nu evos arqueólogos qu isieron
ir más lej os. Ren lrew y otros habían suger ido que ca da forma di s-
tinta de comercio te nía que dejar su tra za especifica en el registro
arqueológico . Si, por ej emplo, existía un ti I'o de interca mbi o esca-
lonado en el que la co munida d A obtenía el materia l di r ect amen te
de la mina y entrega ba a la co munida d B la mit ad, y la comuni dad
B, por su part e, guar da ba la mitad y en tregaba la mit ad a ... etc.,
en est e ca so, canti da de s di stint as de material int ercambiado apa-
rec erían en los distint os ya cimientos arqueológicos, cosa qu e no
ocurr ir ía si todo el mun do fuera di rect a nl entc a la mi na pa ra ha-
cer su propia ex tracci ón de materi al. Hoddcr descubrió que si
aquel modelo de intercambio u otro s model os se modelar an me-
di ante simul aci ón por ordenador se obten ían cur vas simila res. Las
formas adopt adas por los proc esos dejaba n las mismas trazas ar-
queológicas: en otras pal abras, er an cquií inales, También se obt u-
viero n concl usio nes del trabajo ctnoarqueol ógíco real izado por
Hoddcr, Hodder se dio cue nta de que por m ás información ar-
AROUEO L.UGrA POSTPROCESLJ ,' L. )' ARO I:EOLOCI,I T'JTERPRET,ITl I' A 133
queol ógica que introducía en el ordenador, la única forma de sacar
algo en claro acerca de las act ivi dades d el pasado era exarn ina r las
rel aci ones en tre los patro nes que mostraba el regist ro a rqueoló-
gico y los procesos que t ienen luga r e n el presen te. Est a percep-
ción ya la había tenido Binford al estu d ia r los problemas que sub-
yací an en el debat e sobre el perí odo m ust eri ense, como ya vimos
en el capítulo 4. Igual que Binford, Ho dder deci di ó re inic ia r los es-
tu di os de «arque ología del presente ) co n la intenci ón de esta blecer
cor re laciones en tre COll1po rtaln ien tos c ontemporá neos y patrones
obtenidos en el re gis tro arque ológico. Hoddcr par tió hac ia África
oriental para es tudiar la manera de ca r tografiar ar quco l ógi camen -
te las culturas vivientes y ver qu é facto re s afe cta ban a los procesos
de aba ndono de desech os, entre otras cosas.
Hod der descubrió que pa ra pod er entender realmente lo que
mostraban los nivel es ar queológi cos era necesar io indaga r en las
actitudes de la gente .y en sus creencias. Ya nos referi mos e n el ca-
pítulo 4 al trabaj o de Hoddcr co n los nuba, En resumen, Hodder
apunta ló tres claves :
1. Recha zó la confianza mos tr ada por Binfor d acerca el e las
potenci al idades de la teoría ele alcance med io como árbi tr o neutral
ent re explicaciones a lternat ivas .
2_ Se rea fir mó en la idea de la importa ncia que tenía n las
creencias de la gen te y su poder de s imbolizaci ón. Asimismo, se
re afirmó en la idea de que las cultur as no se podían int erpretar
únicamen te en términos de adaptaci ón a l medio , y que , ~ S U ) , visión
acer ca del mu nclo que les rodeaba era impor ta nte.
3. Comprend ió que la cultura ma teri al era ac tivamente ma ni -
pulada po r las personas; es decir, que la gente ha cí a un uso muy
diver so de los obj etos en función de di sti nt as estra tegias sociales.
Con ello negaba que la cult ura ma teria l fuera simplemente un re-
llej o pas ivo de un conjun to de nor mas.
Para un creci en te número de arqueólogos de princi pi os de los
años ochenta, la frase clave er a «la cultur a material debe con tem-
plarse como algo que encier ra significados". Es deci r, los obj etos
er an al go más que inve nc iones para ha cer frente a las condiciones
del entorno. Si querí amos en tendel' por qué es ta cer ámica tenía tal
decoraci ón O pOI' qué este habitácul o tenía es ta forma, teníamos
que indagar en los significados cult ura les qu e se escondían detrás
de su manufactura y uso.
La arqueología postprocesual
Pero ¿CÓlTIO? En el ant erior capítul o vimos algunas teorías so-
bre la conciencia humana. A princ ipi os de los a ños ochenta, 1I1J:l
nu eva generación de est udiosos , algunos de los cuales alumnos de
Hodder en Cambridge, y otros de Mark Leonc, que trabajaban en
el proyecto «Arc hacology in Annapoli s», dirigi eron su atención ha-
cia aquellas teorías. Muchos acogieron el es truct ural ísrno corno
vehíc ulo para ent ra r en la mente humana. Ot ros releyeron los tex-
tos marxi stas y neo-ma rxistas, en pa rt icul ar la «ieort a cr ítica ».
Alguno s otros se vieron infl uidos por el pensamiento femini sta.
y aún otros se in teresaron por la obra de figuras como Cliffor d
Geertz sobre «nntropologfa inter pretativa». Desde di sti ntas proce-
dencias se tendió a co nverger hacia el m iSITIO sitio que , gracias a
las afinidades intel ect uales, cuaj ó en una tendencia mínimamen te
identi fica ble qu e fue denominada. tanto por sus crí t icos como por
sus partidarios, «arqueología postprocesu al ».
134 TEORÍt' ,\ RQL'EOLÚ(; ICA. CN/\ I t\TRUDI H.' Cl( l N
::;.

j:
\
AI{( ) I II '.C JI.l U; I I\ l 'l ' ....;TI ·I{ I U ESl.i\L Y ¡\ l(tJ l l ;.( )I, ( )( ;i A ¡j\;TE IU' J{ ET\'ll \-' J\ 1.) 5
1. Rechazamos el punto de vista posi tivist a sobre la ciencia y la
" ,/Jaraci óI1 entre teoría y dato s. Los da tos siempre llevan consigo
tina carga teórica. Los post proccsu ali stas rechazan la rei vindica-
ci ón de qu e la Ciencia es la única forma de conocimiento , por las
razones aducidas en el capit ulo 3. Gcneralme nte los postp rocesua-
listas se ali nean con ot ras concepciones no posit ivistas so bre lo
que es ciencia, particu larmente co n el co nstr uctivisJJlo social en
sus vari antes «dura» y «blanda».
Los postprocesua!istas no di cen qu e no se deban compro bm' las
cosas , más bien sugieren que en la pr ác ti ca , ni los arq ueólogos ni
los demás cicntíficos llegan nunca a reali zar compro baciones qu e
sati sfagan totalmente los criterios positivist as. Señalarían qu e, por
ejemplo, la «cont ra st aci ón » del mod elo territ orial de los megalitos
que hace Renírcw no llega a se rlo realme nte crigura 2.6); los ter ri-
torios delineados está n muy lejos de se r uni for mes . existi endo mu-
chos megalitos empla zados en el centro de territor ios muy poco
convincentes. Los posLpr ocesualisl as sugieren que no hay man era
de confrontar la teoría con los dat os; lo que suc ede realment e es
que vemos los datos a tr avés de la nube de la teoría (Fi gura 7. \) .
!!I
I
\
,
,:
i'
ti
r
11
No existe la especie de! «arqueólogo pos tprocesualista». Cuan-
do en la litera tura arqueológica leo la expres ión «los postprocc-
sualistas» me pongo en gua rdia a la es pera de generalizaci ones
abusi vas sobre unas determinadas posiciones teorética s a seguir, y
raramente no sucede asf. Del mismo modo qu e la Nueva Arqueo-
logía re unió a un grupo de gente con ideas y preocupaciones muy
di versas en torno él la arqueología, que coinci dían en algunos cr i-
terios fundamental es, el término postprocesual encu bre a una
gra n diversidad de puntos de vista y de tradiciones. Cierta mente,
muchos de los a rqueólogos relacionados con esta etiqueta prefie-
re n e! té rmino «arqueologías interpretati vas» qu e incluye un énfa-
sis en la idea de diversida d.
Por lo ta nto, intentaré caracterizar al pensami ento postp roce-
sua l util iza ndo ocho afirmaciones cla ve. Supongo que igual que
pa sa con la Nueva Arqueo logía, no todos los arqueólogos rel acio-
nados co n la etiqueta «postprocesual» van a estar totalmente de
acuerdo con las ocho afi rmaciones. Lo import ante es que estas
afir maciones tr an smitan alguna cosa ce rca na a las cualidades dis-
tinti vas de las tradiciones postproccsuales, sobre todo de su mane-
ra de reflexionar sobre la realida d. Además. deberán indicar la
deuda contra ída con los movimi entos intelect uales descritos en el
anterior ca pi tu lo.
u
eE
D
- ,
<, L JI \1 \
I r
l
I , A \ 1 r 1 ('\ 1\ r"L--'
11 11 { 1I\ 1
1
11
1
1 ' -,
1 1.... 1, ;- \ 1 1 \ J\, ¡j \
I _ _ / L --' \ _ \ 1_ 1 '-_ / J
rEOR\A
FIG. 7. 1. Las relaciones de la teovia y los datos l ' I ' la (/Y( //fe% gfa Pos/procesual: los
dat os existen pero so n percibidos \·elac/<lInel11e (1 /1"fIw
r
" de la nube de la tcoria
trastar co n fa 4./ ).
136 If..ORl ,\ ARQUEOLO(; I(',\ . UNA I N T ~ U I H ,I( "( "10 :'\
2. La in rer p retaci án es siempre hermen éutica. Se trata de una
variante de la afirmaci ón anterior. La hermenéutica es el estudio
de los signi fica dos. Cua ndo los arqueólogos in terpretan objet os lo
hacen asignando significado a estos objetos significados que supo-
nemos son los mi smos que daba n los pueblos antiguos que los ha -
bían producido y usado.
Los postpro cesualistas piensan que todos los arqucólogos pro-
ce de n de la mis ma form a , lo admit an o no . Los arqueólogos de-
co nstruyen informes de pruebas cie nt ífica s pa ra mostra r que in-
cl uso Bi nford, ade más de otros . a sume implíci tamen te significa -
dos y valores de los puebl os antiguos. Hodder, por ejemplo, se fija
en la ma nera en que se razona cuando Se excava, sugiriendo que
se proce de siempre como en un «cí rculo hermen éuti co» al margen
de que los arqueól ogos impli cados se conside ren a sí mismos unos
especialistas en teoría o no.
3. Rechazamos la opos ición entre material e ideal. Vimos cómo
los enfoques normativo e hist órico-cultural eran rechazados po r la
a rqueología procesual por idealistas, y cómo los procesualistas in-
tr oducían un énfasis materi ali sta. Tambi én nos hemos fijado en el
enfoque ideal ista retornado por los es tru crura lis tas, y cómo los
marxist as se apartaban de un Iu udamento es tric tamente materi a-
li sta .
Muchos postp ro ccsuali st as rei vindican u n rechazo dire cto de la
oposición materi a l-ideal. Un buen e jemplo lo constituye la idea de
paisaje. Por un lado, una visión materiali st a de un paisa je tiende a
centrar se en las posibilidades que ofrece con r ela ción a los r ecur -
sos, se a para la caza y recolecci ón, sea para el desarrollo agric ola.
Esta perspect iva conduce a plan tear, por ej emplo, la teoría de los
forrajeadores eficientes , as í como o tros model os de raíz económi-
ca , para formarse una idea sobr e la forma «ra zona ble » de explotar
el paisaje.
Los postpr ocesualistas arguyen que los paisaj es so n si empre
contempla dos de for ma diferen te por gent es diferentes. Recha zan
la visión «raci onal» del «(paisaje-coI110-fuente-de-recul'sos» corno
a lgo típico de nuestr a socieda d .Y como algo ca rgado de co nnota-
ciones ideológicas relacio nadas con el consumo y la explotaci ón,
ideas carac terísticas de nuestra so ci edad contemporánea. Sugie-
ren, en cambio, que los pue blos antiguos te ndrían puntos de vista
diferentes sobre lo «r ea l» en un paisaj e.
Por otro lado, una perspec tiva exclusiva mente idealista de un
paisaje tampoco fu nci ona. Los postpro cesuali st as piensan que las
ARQl ,:EOUKi lf\ POSTPROCESCAL y AHQI JEOL() (;iA I .Y f ERPRF.T,.\TI \, A 137
visiones sobre el pa isaje no se forman en abstract o: la forma de
moverse por el mi sm o y o c utilizarlo afectarían la 111¡)ner8 en que
es ca ptado. Sugieren que las visiones sobre el pai saje de los pue-
blos a n tiguos no consistían en U11 conj u nto de ideas fijas, sino que
eran las vivencias co tidianas fruto de las actividades desar roll adas
sobre el pa isaje, el med io a trav és de l cua l las gen tes llegaba n a ad-
quirir un conocimiento del paisaje que se perpetuaba y se iba
transforma ndo al mismo tiempo,
4 . Hay que indagar en los pensamientos y valores del pasa do ,
El ejemplo más cohere nte de esta proposi ción es la defensa de
Hodder de la po stura sostenida por R. G. Collingwood en torn o al
idealismo his tórico. Collingwood , de formación filos ófi ca, se dedi-
có a la hi s tori a y a la a rqueología. Argumentaba que, en la prácti -
ca, Jos histori ado loes siempre tratan de imaginar lo que nues tros
antepasad os podían habe r pensado. Tomemos un inter ro gan te his -
tórico clásico: ¿por qué cl al mirante Nelson no se mudó de ropa
an tes de e mpeza r la batalla de Tra fal ga r ? (Durante la bat a lla , NcI-
so n vest ía uniforme de gala con sus meda llas lucien do a l sol, lo que
le hacía especia lmen te vulnerable a los di sparos de sus enemigos.
razón por la cual fue fatalment e herido.) Afirma Colli ngwood que
los hi sto r iador es justi fican su comport amient o por el hech o de
que era conside rado un de shonor que el comandan te de la fl ota se
retirara bajo e l puent e una vez había empezado la batal la: se ve
que ya no tuvo oport unidad de hacerlo cuando ésta hubo empeza -
do. Así pues, argumenta Coll ingwood, cua ndo los h ist ori ador es
«expli can » o «dicen compr ender» la acción de Nc1son, lo que es tán
haci en do es traer a colación la cultur a y los pri ncipios que se su-
ponen a un ofici al nava l brit áni co , es decir; imagi na n los pensa -
mi cntos del protagonista de la acción, se acercan a su figura usan -
do la enipatia ,
Hoddcr, siguiendo a Collingwood , argumenta que todos los ar-
qucól ogos hacen algo par ecido, pro cedan de donde procedan.
Cuando los arqueólogos tradici onales «explica ban» el empla za-
mi ento de las fort ificaciones romanas en la fro ntera norte de In-
gl aterra lo hacían en té r minos de una estrategia políti ca y milita r
cambiant e: dicho en otr as pal abras, concl uía n el asun to int entan-
do imaginar los pensamient os de los comanda ntes y líderes ro ma-
nos. Hodder piensa, pues, que todos los ar queólogos practican la
e mpat ía, lo ad mitan o no.
S. El indivi du o ac /úa. Los postproccs ualistas no está n de
acuer do con la ma ner a que ti ene la arqueología de aborda r lo in-
138
Tl éORíA ARQI;EOLÚGICA. UNA INTRODUCCI Ú:-¡
AROU'.OJO" ' A 1' () STI'I WCESI ' AL y ,\ RUUEOLOGI¡\ I'\TLKI'RETAf1\ 'A 139
di vidual. Se quejan de que los indi viduos queden reducidos a me-
ros compa rsas en un s iste ma adaptativo o en un complejo de es -
tructuras profund as . Argumentan qu e est as distint as formas de en-
rocar la realidad re t ra tan a los individu os como víctimas pas ivas
que se ven aboca das a seguir ciegament e las reglas sociales,
En su lugar; los post proccsual istas qui eren ind agar en la es-
truct uraci án, Estructurucion es un t érrnin o usado para referirse a
las estrategias activas de los individuos. Se sugi ere que hombres y
mujeres no son simples víctimas pasivas del enlomo que les rodea.
Algunos arqueólogos tomaron en prést amo al soc iólogo Ant hony
Giddens la id ea de la relaci ón basculan te entre estru ctura v est ruc-
turacion , Giddens s ugiere que an te las regla s socia les existentcs. la
gente no se co ntenta con seguirlas pasi vamente, sino que tiende a
entenderl as y uti liza rlas. a int crvenirlas o es tructurarlas , dc forma
creat iva. Al obrar de este modo con rribuye a reforzar, o alternati-
vame nte a transfonn.«. la mi sma est ructura; por lo tant o la rela-
ción es basculant e.
Una forma distinta de decir algo simil ar rúe tomada del an tro-
pól ogo fra nc és Pi er r e Bourdi eu . Bou rclieu reaccionó ante la antro-
pologí a estructuralísra más ortodoxa de su época, puesto qu e le
parecía que contemplaba a los seres humanos como seres qu e in-
terpretaban pasivamente un conjunto de reglas estructurantes.
Bourdieu mostró cómo en distintas situaciones etnográficas, di s-
tintos actores hacían gala de sus pro pias ideas acerca de las reglas
socia les. Argumentó qu e precisá ba mos de una teoría de la práct i-
ca : una teo ría acerca de c ómo los act ores soci ales indivi dual es se
comport a n y act úan rcal rncnrs en las situac iones de la vida, rcpro-
ducicndo y transformando la cult ura de su entorno.
Todo esto se traduce con relación a la inteqll'et ación arqueoló-
gica. en tina exige ncia para atender a las reglas que no son segui-
das pasi vmnent c sino que so n creativanlente alteradas por los acto-
res sociales. Un buen ejemplo de este tipo de intervención cst ru c-
turante procede de una si tuación anecdótica no dada a conocer,
ocurri da en el curso de un tra baj o de Hodd er con los nuba, En una
ZOna existía la creencia cult ural que lo femenino es taba asociado
con lo interior del recinto doméstico .Y pat1icularmente Con el ho-
ga r; as imismo que las muj eres - conta rnina ban» por ser impuras.
A las mujeres se les obligah a a que echaran las cenizas de los hoga-
res dentro del recinto y no rlJ era, porque fuera contaminarían el es-
pacio masculino. Pero Hoddcr en una ocasi ón vio c ómo una mujer
rec ogía conci enzudamente las cenizas del hogar y las echaba fuera ,
su ficientemente lejos como para que los hombres pudi eran con-
templar lo que hacía. Al obrar de es ta forma . ella reco nocía la exis-
tencia de nor mas pero deliberada mente las rompía. No podemos
entender su acción y el ra stro arqueológico que produj o sin a ) com-
prend er el sis tema cultu ral de las normas, y b) entender s u postura
ante las normas. Los postpr ocesualistas tambi én reclama n:
a) Captar la sociedad desde ahajo hacia arriba. no de arriba
abaj o. Los es tudio s postproccsual es a menudo se interesan por las
rutinas de la vida cotidiana o por In for ma dc perci bir los pa isaj es
alreded or; Ciertamente, mu chos piensan que estas rutinas J11U eS-
tran realmente c ómo es una sociedad, es decir; de for ma mucho
mejor qu e las reglas abstractas .
b ) Un modelo de socieda d mediatizado por los co nll ictos no
por los consens os . Mi entras que los partidarios de la teoría de sis-
temas buscan a las elites que diri gen los s istemas, los pos tproce-
s ualistas indagan en los confl ictos entre gr upos sociales, por ej em-
plo, los qu e involucran al género o a las clases.
6. La cultura material es parecida a 1lI 1 I n/o . ¿Cúmo llegarn os
a entender los significados de la cult ura mat erial? Pensemos en la
íorma de leer un texto escrito:
a) Un texto puede decir cosas di ferentes a di stinta gente y
gen te di stinta lee los textos dc forma di ferente.
b) Los significad os se pueden manipular a fondo. Todos ha
cernas de forma evidente .Y tri vial a lgo parecido con la cultura ma-
teri al, especialmente con la ro pa (dic taminamos la formal idad de
una reuni ón según nos po nemos un tipo de ropa u ot ro ).
e) La manipulaci ón (en el buen sentido de la pal abra) a la que
somet emos a la cultura material se hace a menudo de forma im-
plícit a. De la mi sma forma en que no pensa rnos en las reglas gra-
maticales cuando leemos un texto, no pensamos en las reglas que
rigen la producci ón o uso de un obj eto cuando lo contemplamos o
util iza mos.
Cons ideremos, por eje mplo, la ac ción de entrar en una habita-
ción s in llamar. Al que así actúa 10 conceptua mos corno alguien
«poco educado» , Pero al mismo t iempo somos capaces de ro mper
deli beradamente las reglas. por ejemplo, no llamando. si pensa-
Ol OS que la habitación es «nuestro » es pacio y queremos hacérsel o
saber a In persona qu e en ese momento la ocupa. Subyaciendo a
es ta gramát ica de a ccion es hay presunciones y valores cult urales
acerca de la na tu rale za del espacio, r eglas sobre lo que es privado,
normas de respe to haci a las per sonas , etc . Conoce mos el valor de
estas normas y sa bern os ut ilizarl as , aunque no las articu lemos
co nscientemente: no va mos a dar una lecci ón sobre an trcpología
cu lt ura l a cualqu iera que coj amos r o mpiendo el código , si mp le-
mente le dir emos que sea a pa rtir de a hora m ás educado.
Los pos ipro ces ua lisr as sugier en que' cos as pa recidas ocurren
co n la cult u r a mat er ia l que excavamos . Por ello d ir igen la ate nci ón
a los es tudios ct noarqueo l ógicos en los que se ve , po r eje mplo, q ue
el significado del espacio en casas y r ec intos, que ra ra ment e se dis-
cute abiert a mente, es a biert amente ma nipulado co n re laci ón a de-
ter mi nad as regla s socia les , po r part e de los actores soci ales,
d ) Si los s ignificados de la cu ltura mat eri al son un as unto tan
complejo, difícil mente se pod r á nunca llegar a una lectura dcfini ri-
va que reúna en una concl us ión clara todos los ele mentos que ha n
ent ra do en el a nálisis. Al no ser posibl e esta lectura definitiva, que-
da la posibilidad de qu e ca da generaci ón e incl uso cada ind ividuo
aporr en nuevas lecturas frescas, por ejemplo a las obras de Sha kcs-
pea re, tor nándose cada lectura en algo válido en sí mismo. Por 10
ta nto, puede ser que re sulte imposible juzga r si una lect ura es co-
rrecta () incorrecta , LT n text o puede se r siempre cieconstru ido para
mostrar que co nt iene significados ocultos qu e puede n coru radccir-
se con otr os m ás apar entes) C0 1110 vimos en el anterior capítulo. De
forma pareci da, los s ignificados de un diseño en u n utensi lio o de
un rilo funera ri o no pueden ser ca ptados el el t odo; si empre queda-
rán cos as para los que vienen detr ás. Consecuentemente, no ti ene
por qué exis tir una lectur a cor recta y otr a incor recta.
Los postp ro cesualístas a lientan la experi mentación con inter-
pr etaci ones múlt iples y ni egan la necesidad de alcanzar una con-
cl usión defi nitiva que pueda explicarlo todo. Chris TilIey esc ri be:
«Nunca en las ci enci as humanas podern os decir que se ha alcan-
za do un conocimi ento co mpleto de un tema. Se suspend e la inves-
ti gaci ón por ca nsa ncio o por que ya no nos queda nada por declr »
(Tilley, 1991: 172 ).
e) Los significados de un texto queda n fuera del contro l de su
aut or. Si un texto es susceptible de múlti ples int erpretaci ones , es
posible que algu nas de ellas queden muy lejos de la lect ura que ha-
ce su aut or de su propio texto. Por lo ta nto} para obtener la lect u-
r a buen a no nos podern os referir a la intenci ón del autor, sea c n li-
tc rat ura o en urqu cología.
140 TEOIÚA AROL:EOLÚGICA. ü NA INTROIl UCc\ Ú"
,\ IH) [ ' I' ,( ll ,( J( 1'( H ' ¡',SI ,.. \ 1, Y ,'\I{ U I I 'J )I U ( ,1,,\ 1\ 'I I ',\{ \'i {1 \ ,\1 1\ ' \ 141
7. Lo impo rtant e es el cont exto , Par a Hodder. el cont ex to es el
elemento centra l y defi nidor de la di sci pl ina a rqueológica. Por esa
razón , los enfoques post pr ocesuales u menudo toman la dcnomi-
nac i ón de «ar queología c()I1lextuah .
¿C(1I110 podemos Jl cgar a los d iferentes signifi cados" Podemos
acerca rnos a ellos a tr avés de a nal iza r el con texto del obje to. V01-
vamos a nuest ro enter r anl ienlo. Observarn os cómo una deterrni-
nada o frenda, pongamos un hacha, adqui ere ti n signific<. ldo pa r -
t icu lar debido al conte xto en q ue se e ncuentra: el sit io de la u un-
ha en que se dcscubrc, la persona co n la cual ha sido en ter rada ,
los obj e tos con los cuales es t á relac ionada. Seguida ment e extende-
mos este conte xto mient ra s observamos ot r as hachas de otr as
tumbas . Descubrimos qu e el hacha se uti liza en las tumbas de [or-
111a di st in ta en context os difer en tes: se asocia a dist int os conjuntos
o se s it úa en u na pos ición diferent e según la t U L11b a sea de hombre
o de mujer. El res ulLado es que infer imos di stint os signific ado s a
part ir de las d iferenci as observadas e n contexto . Podcnlos a con ti-
nuaci ón ext ender contextua hn en tc nuestro ar gumento, dent ro de
la cult u ra que est udiamos . a base de observar las hachas de forma
ge neral: .s i han sido a ba ndona das en co nt extos «domé st icos » o en
«basu re ros ». o in dagando c ómo pueden haber sido usadas en las
tar eas dom ésti cas . Gr adual mente co ns tr-u imos una densa red de
asociacioncs v localizaciones par a las hac has.
8. Los significados que prOdllci17 1US sB sit úan siempre en el pre-
sente po/(/ico J' COI/llevan, ldgica nwl1 1e, resonancias politicas. La in-
terpretación del pasado sient pn: es política. Como la ncut ra lidad
cientffi ca es u n mito, par a los pos lproccsual ist as} lo que se d ice
ace rc a del pasado nunca se nutre de j uici os equid is tantes y objeti -
vos . Se tr a ta de afi r n1aciones o presu nciones que se hacen siempr e
desde el presente , que conllevan una mezcl a inevit able de j uicios
polí tic os v morales.
Nó tese que el lo no signi lica que los a rqueólogos no sea n since-
ros en su in te nto de ser obj eti vos . Si el si gnificado de un text o que-
da fuera del control de su autor, sus diversas lec tu ra s pueden pro-
lif erar, incl uyendo posibili dades que su autor nunca llegó a pensar.
Se ha d icho, por ej emplo, que a lgunos nuevos ar queólogos que t r a-
bajaba n en yaci lnien tos a rqueológicos de los nati vos arnerl ca nos
insistían en que el valor pr imor dial de su tra bajo residía en la ha-
bil idad que poseí an de ut ili zar el ma teri al a rqueológico pa ra ge ne-
ra¡' generalizaci ones inter cul tural es . Al manifestarse de est a forma,
pensaban algunos , esos a rqueólogos devalua ban implíci ta mente la
142 TE01Ü¡\ ARQUEOI Ú< ;I( '1\, tiNA 11" :( "( ' I( )I\ ..\ I{OI JI J I I .l H;I A Y /\ROCcOLOGI A 143
importancia de es tudiar po r ella misma la trnd ic i ón na tiva a meri-
cana - el mensaj e implícito, podía leerse sin embargo, así : "la úni -
ca for ma válida de aborda r esa arqueología es enfati zar su impor-
lan cia para las ge nles de raza blanca »- . Una lect ura así no equi-
vale a decir que aq uellos arq ueólogos fuera n consc ienteme nte ra-
cis tas; de hecho, muchos de ellos tr abajaron acti vamen te a favor
de los derechos de los nativos a meri ca nos.
CASO 3: ARTE RUPESTRE Y CASAS \lE E DAD M EDIA
En su li bro Material Culture and Text: tt. e Ar/ o] Anibiguitv ,
Chris Tilley explora la interpretación de un gru po de relieves ru-
pestr es en N üm fo rscn, Sueci a (figura 7. 2) . En este yacimiento,
diversas figuras y motivos fueron labr ados en la piedra durante el
tercer mileni o antes de nu estra era. Est e mat erial fue es tudiado
por vez primera por e! arqueólogo sueco Hallstrom hacia fina les
del siglo pasado; hoy día, mu chas de las escult uras registradas ya
no existen. Tilley escoge organizar su tra baj o de una manera poco
ort odoxa. Empieza directament e con el exame n del materi al y de
la información qu e Ha ilst rom dejó; luego desarrolla una intere-
sante gra m át ica de las formas , .v a continuación intenta compre n-
del' las form as a través de su «est ru ctura l ógi ca ». Una vez ha aca -
bado CO\l estos aspectos y ha explorado las pos ibles rel aciones de
lodo ello con las comunidades que reali zaron es tas manifestacio-
nes art ísticas, Tilley selecciona dos paralelos etnográficos moder-
nos de las mi smas características hist óricas: los saami y un grupo
de aborígen es australianos.
Llegamos de esta manera al tercio final del libro para enco n-
tra r allí el pu nto cr ítico de la obra. Tilley nos ha proporci onado
hasta el momento una in t erpre taci ón del significado de los relie-
ves . Pero ahora , en la parte fina l del libro procede a desmon tar su
pro pi a int erpr etaci ón, Tilley rehúsa da r al lect or una respuesta de-
finit iva sobre el significado de los relieves: «lo que realmente qu ie-
ro deci r es que es tos rel ieves rupestres nos piden a todos una res-
puesta... No hay un significado establecido; por otro lado, debemos
recordar que, de hecho, las imágenes no pueden reducirse a pala-
bras... No presento una conclusión a mi tr abajo porque es imposi -
ble darl a " (1991 : 172 ). Tilley nos da una respu esta al final, pero ac-
to seguido la desmonta para mostrarnos que ése no es el verdade-
ro final.
Sobre la base de que uno debe poner en práctica lo que predi -
ca, qui siera ahora hablar de un ejemplo sacado de mi propio tra-
bajo: la interp retación de la casa rural inglesa del final de la Ed ad
Media (en tre 1350 y 1530).
Al sur y al este de Inglaterra, miles de casas corrientes construi-
das durante es e período a ún siguen en pi e y siguen sie ndo usadas
por sus propietarios. aunque con muchas reformas. La planta no
es si empre la m isma, pero invari abl ement e tiene un el e mento ce n-
tral: un gra n hall o habi taci ón central, ab ierta al tejado. Esta habi-
tac ión se ca lentaba mediante un hogar abiert o s ituado en el cen-
tro, de ma nera qu e el humo ascendía y se di spersaba a través de
las vigas y el te jado de paja (figura 7.3).
Los arqueólogos tradi cionales han rea lizado un enorme traba jo
de documentaci ón de es te tipo de edificios , as igná ndoles la crono-
logía corres po ndiente, a menudo a partir de elem entos tecnológi-
cos, estil ísticos y t ípol ógicos. Tambi én sabe mos muchas cos as so-
bre la gente que residió en ellos. Est as casas fueron cons tru idas
por gente de es tratos soci ales medios: ca mpesinos arrendatarios
b ásicament e que combinaban las tareas del campo con alguna in-
dustria rural. Hen10S analizado la tecnología )' la manera de cons-
truir de este tipo de cas as - la carp intería y las técnicas de ar ma-
dura- oTambién se han es tudiado las ba ses econó micas que ha-
cían posible la con strucci ón de este tipo de casas: c ómo fue posi-
ble que gente que no formaba part e de la éli tc pudiera hacerse car-
go de una empresa tan exigente y cara como la que significaba la
construcción ele este tipo de casas.
És te es un terna interesante: si n embargo, a lu í me preocupó en
especial indagar por qué el hall ten ía esa [orma, y qué se quería
signi íicar con ello. Otros au tores han dich o que la forma ydisposi-
cíón del hall era cosa de! sentido común: su abertura hacía el teja-
do era necesaria para permitir la dispersión del humo del hogar
entre las vigas . Por mi parte, tenía la impresión de que esto no lo
explicaba todo: las chimeneas se conocí an y eran usadas por las
clases soc ia les altas en edificios grandes tipo casti llo o pal acio des-
de hací a siglos. Los campesinos que ocupaban nu estro modelo de
casa podían económicamente per mitirse la constr ucción de chi-
meneas , per o no lo hací an .
El hall era un espacio abierto, pero mediant e una serie de ele-
mentos arquitectónicos se constr uía n dos recintos situa dos en sus
extremos: una cámara alta y una cá mara baja. En la c ámara baja,
más fría y ventilada , las ventanas estaban situadas sim étricamcn-
I
Tipos de asoc iaciones ent re un

Ice y un barco procedentes de
ff
a _ N'O tersen b:n
distintos relieves de am

en los que sólo aparecen est as
dos fig uras.
:.)

A Li nealidad
rf
'.
S Opos ición

e Oposición . . ,
D linealidad y OpOSIClon
-/
E Tres ej emplos de
combinaci ones entre
e
alces y barcos " .
B
F Linealidad, opos.cron y
A
. .
superposició n


O
.

,

'):f

-. :x; (1
\ , ,


F E
Fase e posib ilidad (1)
Seres humanos en forma de triángulo
(gente de mar, forasteros. Este)
Seres humanos en forma de palo
(gente de tier ra adentro. gente del pa ís. Oeste)
Clan A Clan B Clan e Clan O Clan E . . Clan F Clan G Clan H Clan r Clan J
perf il de bar co de hoz perf il de suela de .. alce barco de bastón con pescado pájaro
alce trazo doble pez zapato captur ado trazo simple cabe za de alce
(tierra) (agua) (ci elo) (agua) (tierra) (tierra) (agua) (ci elo) (agua) (Cielo)
(femeni no) (masculino) (femeni no) (ma sculino)
pos ibi lidad (2)
Seres huma nos en forma de palo
(gent e de tierra aden tro, gente del paí s, Oest e)
_ _I_ -
Seres humano s en forma de tr iángulo
(gente de mar, forast eros, Est e)
_ _I_ -
Cl an A Clan B Clan e Clan O
perfil de barco de trazo alce barco de t razo
alce doble capturado simple
(tierra) (agua) (tierra) (agua)
(femenino) (masculino) (femenino) (masculino)
Fig:. 7.2. Relieves de N ámíorsen con parte. abajo, del esquema estructural elaborado por ttn-. pura fa i I11eI1)/"(!/(/ÓÓI1 de fas
146 TEORíA AR() L:EOLÓGICA. lJ-, A INTRODUCCIÓN
ARQUEOLOGíA Pü STPROCESIJAI. y ARQCE0 1.0G iA 147
,
1
\ I
, \
"" \ ,
o 2
f I I
m
o
PIC. 7.3. Hall medieval [lohnson, 1989),
te, dando ad emás acceso a los pequeños cuartos de servicio. En el
otro extremo, la c ámara alta se iluminaba mediante una gran ve n-
tana y di sponía de herraj es para colocar un escaño en el que se'
sentaba el du eño de la casa Vsu esposa.
Era fácil, pues, cont emplar al hall como una mues tr a de Idco-
logía. Las cá maras alta y baja reflejaban las di ferenci as sociales. El
hall presentaba a través de su arquitectura la es tra tificación social
de la casa como algo es tablecido e inmutab le. El du eño y su espo-
sa ocupaban la cámara alta y la habitación a la que se abría; los
sirvientes trabaj aban v moraban al rededor de la cá ma ra ba ja. A la
hora dc comer; el hail act uaba como un mi crocosmos dei orden
social. Cada uno comía sie mpre en el mismo lugar, enfatizando la
idea de la casa como una comunida d bien regida, pero cada un o
ocupaba el extr emo que le correspo ndía, acent uando las difcre n-
cias de cstatus social entre sus diferent es moradores,
Pero la interpret ación del hall puede no ser tan simple. Había
otras divisi ones en el interior de las casas en esa misma época que
complican las cosas. Las mujeres ocupaban una posición social y
econ ómica importante en la familia: controlaban la producción de
cerveza y de productos perecederos , mientras que los textos políti -
cos y morales las idealizaban, oponiendo la parte doméstica de la
casa, el do minio de las mujeres, a la esfera pública representada
por los campos circundantes y la callc. Había tensi ón y con l1 icto
entre la pos ición decisi va que las mujeres ocupaban en los asuntos
económicos v en la rutina diaria. y la ideología patriarcal. Así
pues, tr até de explorar si en tre las mujeres y los sirvientes existían
«lectu ras. dis tintas del mismo espacio. Estas «lecturas» eran sobre
todo implícitas, puesto que raramente se mani festaban ab ierta-
mente.
Tambi én traté de estudiar el contexto en el que aparecía el hall
abierto a base de examina r ot ros tipos de uso del espacio en gene-
ral, en la mi sma época. En pr imer lugar exami né los campos y ar-
gumenté que de modo parecido a como el hall abierto podía ser
franqueado po r todos aunque estaba subdividido, los «campos
abiertos » no tení an vallas y se cultivaban en régimen de coopera-
tiva, a pesar de es tar divididos en parce las. Seguidame nte me inte-
resé por las iglesias y observé que el espacio ritual estaba a su vez
dividido entre la nave y el pres biterio. Así que pensé que exist ía
una serie de metáforas espaciales con las que convivía la gente co-
mún, que pasaban por la esfera domést ica, la esfera del trabajo y
la esfera de lo religioso.
El debat e entr-e arqueólogos sobre el significado del hall abi er-
lo no puede contemplarse independient emente de Sil contexto po-
lítico y cult ural. La «casa vernacular» ocupa un lugar central en el
ilnaginHr io pll !l1l1:1I ' la Inglaterra tradi cional. Tales im ágc n.-.

l'
14R T EO Rí /\ AROUEOLÓf", ICA. INTROIll J(T IÓ'
AR(Jl W,1JI 1)( 11 /\ 1'1)STI' HI H y .>\ Rü l ! EOLOGí A 149
implican un elemento de continuidad con el pasad o agra rio csc n-
cial e inmutabl e de la «vieja Inglaterr a», según el cua l, «los ingle-
ses» se ven como una comunidad orgánica, conservadora y tradi -
cio nal. En el mismo año que publiqué el trabajo, el pri mer minis-
tro conserva dor John Major relacionab a la «vieja Inglaterra» de
siempre con una visión sobre la permanenc ia y cont inuidad de lo
es pccílicamen re britá nico, con estas frases:
De aquí a cincuenta uños Gran Bretaña seguirá si en do el país de
las sombr as a largadas so bre los ca mpos de nuest ros conda dos, de la
cer veza li bia , de los suburbios urbanos resp landeciendo de verde, de
los amantes de los per-ros . .v - como dijo Gcorgc Orwc ll-s- de las
«viejas matronas pedaleando a t ra vés de la at mósfera neblinosa pa-
ra ir a m isa», .\' si logramos a brirnos paso, Shakcspcurc se segu irá
leyendo incl uso en la escuela, Gra n Bret a ña sobrevivirá sin cambiar
todo aqu el lo que es esenc ial 001111 Major. discurso, Reuni ón del
Grupo Co nservador Europeo, 22 de abril oc 19( 3).
Al sit uar esas casas en un con texto de pro funda crisis ru ra l y de
cambios, y al poner de rel ieve sus diferentes significados para los
distintos miembros de la casa, esta ba yo replantean do de forma
implícit a mente negati va la imagen profundamente conservadora
del campo inglés y de lo «ing lés » en términos generales . El co-
men ta rio político era inevitable: a lli est aba quisiera o no. En aq ue l
momento no cru mi in tención hacer una crí tica de los pu ntos de
vista de John Ma jar: si n embargo, una rclcct ura de mi trabajo ba-
jo ese prisma me pareció qu e era un a opci ón perfectamente v álida,
aunque fuera una más de las muchas lecturas posibles.
¡Pare po r 1111 111OJ1lf!11l0/ Tengo 11111chas cosas que preguntar. ¿Puedo re-
trotraerle al punto 6? Segura mente existen muchos problemas eDil relaci án
a esta onalogia C0I1 los textos.
Sí, los hay. Muchos arqueólogos de] entor no postprocesual han
manifestado que deberíamos desprendernos de esta analogía. Se ha
insi stido en que los objetos mat eri ales vehiculan significados de
una forma nada parecida a como lo hacen los textos. He hablado a
fondo de los textos porque constit uyen una buena introducci ón a las
ideas subyacentes que quiero comunicar; Todos leemos textos, por
lo que fác ilmente po dernos comprender la analogía plantea da.
Algunos pensadores, en cambio, han dirigido su atenci ón ha-
cia las tradi ciones de la [enotn enologia tal como In desarroll aron
lilosoíos co mo Schut z, Husserl y Heidegger. La Icnomenologfa es
el es tudio de la experi encia huma na consciente en la vida di aria ,
Por ejemplo, en vez de pensar en los monumentos como textos
que pueden leerse de muy di vers as manera s, personaj es como
Chris Gosden , Juli an Th ornas y Ch ri s Ti1l ey han ha blado so bre la
forma que tiene la gcntc de moverse entre los monument os, sobre
lo que ven desde diferentes puntos, sobre c ómo afec ta a su per-
cepci ón la experiencia física del monu mento - utilizando un a
met áfora corpora l m ás que lin güística-o La frase que m ás ci rcu-
la a final es de la década de los noventa es "pe nsar a tr avés del
cu erpo) .
Una de las ventajas de la metáfora corporal es qu e pon e de re-
lieve la falsedad de la oposición entre materi a e idea mencionada
más arriba. El cuer po es un a entidad indi scuti blemente real y físi -
ca - como dij o Sha kes pca rc , «nunca hubo filósofo que soportara
un dolor de mud as pacientemente s -> y al mi smo tiempo indiscu-
tiblemente confor mada de acu erdo con unas determinadas ideas;
sociedades dis tin tas tienen idea s diferentes sobre lo indi vidual, el
género y la forma de funcion ar del cuer po humano.
Así que 105 postprocesualistas rechazan el va lor de la contrastaciou. ¿N()
será que merecell que se les t ílde de relativistas ?
Bien, repi to que 11 0 «niegan su valor»; rei vindican por su part e
qu e, en la práctica , ningún arqueólogo, proceda de dond e proceda,
contrast a de forma rigurosa la teorí a con los «da tos brutos ».
Ciertame nte qu e no podemos contrast ar los pensamientos de la g(' l lte,
(:Cómo podremos lllfl/c a saber lo que la gente pen saba? No es que estén fO-
dos IJIlle110S, es que su cultura y sus valores eran JlUI.\ ', pero que 1111l Y dlte-
rentes a los nuestros. I1s sos pechoso que los dos ejemplos escogidos (Nelson
J' la....· [oniíícaciones rOl1l al ul.... j pruvellgl/ll de la historia militar.
Es muy diftc il, pero tod a la arqueología es difícil. Es verd ad
que, en mi opinión, la mayoría de los más interesantes y fru c-
tíferos ca sos es t udiado s por los pos tp rocesualist as salgan de la
arq ueologí a hi st ór ica, donde existe mucha documen taci ón y rDU-
cha in form aci ón ct nohist óri ca utili zable para plantearse cucstio-
nes sobre (as mentalidad es (véase capítulo 10). Es to pone de re-
lieve la import an ci a de di sponer el e abu ndan te inform ación con-
textual.
150 J'HJI U i\ ARUL' EO J.( Hi ICA. lJNA J\l T IHllHI (' C]U N
Una forma más compleja de a bordar la respu esta a tu pregun-
ta es deci r que nunca podremos comprender plena men te el conte-
nido de los sistemas de cree ncias de la antigüedad: nu nca sa bre -
mos si tal es tat uilla era realmente el retrato de una di osa, ni cono-
ceremos las histori as o los mit os qu e se conta ban sobre la diosa,
usando la es ta tuilla como médi um. Pero sí podemos avanzar en
una descripción an tropológi ca sobre lo qu e una estatuilla o un es-
pacio arquitect óni co pud o haber s ignificado a un nivel profundo ,
por ejemplo, hacien do not ar qu e las es ta rui llas femeninas se en-
cuent ran en el lado izqui erdo de los templos, mi en tra s qu e las
masculinas se encuentran en el lado derecho. Los antro pólogos
hacen cosas as í ha bit ual mente, po r ejemplo, cuando mi ran por de-
bajo de las historias abiertamente francas qu e explican las gentes
o que cue nta una tradi ción , para reali za r inferencias so bre los sig-
nificados subyacentes que en cierran, significa dos subyacentes que
pueden ser manifi es ta mente rechazados por la comunidad en
c uestión.
Podemos coger el ejemplo de la historia de Liu le Red Riding
Hood e inter pretarla en términos de las ideas sobre género y de
los temores alrededor de la sexua lidad adolescente, present es en
la cult ura occidental. Con las cu lturas prehist óri cas o a nt iguas
nunca conocere mos las histori as, pero pod emos util izar el mat e-
rial arqueol ógico y s us asociaciones co ntcxtuales para ob tene r al-
guna impr esión sobre las ideas subyacentes al red edor de aque llos
ternas.
He oído hablar mucho de posnnodernismo. (."Fs lo mismo arqueología
pos/procesual y pos tmodern ismo?
Amigo mío, pensé que no ibas a pregunta r me so bre esto. Es un
tema tan es pinoso que es peraré al ca pít ulo 11 para poder comes-
tartc.
CAPíTULO 8
ARQUEOLOGÍA Y GÉ NERO
En la s pri meras dos terceras partes dcll ibro he intentado pre-
se ntar cl fundamento y el co ntenido de los debat es actuales en
arqueología. Hc tendido a prese nta r tales debates intelectual es
corno resultado de dos tradi ciones disti nt as, procedentes de dos
ramas se pa radas de la teorí a soci a l, con noci ones distin tas y a ve-
ces con tra dictorias sobre el luga r q ue de be ocu par la a rqueo-
logía .
A lo largo de este itinerari o me he visto obligado a s implificar
cn exceso. He presentado a estas dos dist intas tradiciones como un
todo uni forme, cada un a necesari amente opues t a a la otra : todos
los procesualistas piensan eso y todos los postp rocesuali st as pien-
san lo otro. Deb erá di spen sarse al lector que haya pen sad o qu e en
los congr esos de arqueólogos, el responsable de la cafete ría di s-
ponga una hil er a de mesas vacías atravesando el come dor con el
fin de separar a dos tro peles distintos, uno murmurando alrededor
de un vas o de cerv eza sobre evoluc ión social, talonomía y teoría
de alcance med io; el otro acalora do ba jo el influj o de la her rnc-
néuti ca, el es tr ucturalis mo y el compro miso político.
Hay que deci r que a mbas tendenci as se han cosificado, es de-
cir; han sido conver tidas mentalment e en cosas. Han sido ambas
present adas como escue las unificadas con un a existencia definida
y su ficiente autonomía.
La práct ica teoréti ca es mucho m ás vari ada y difu sa , C0 0 10
tambi én lo es la mi sm a prá ctica arqueol ógica, aunque a veces
los manuales no lo dejen claro. Podemos util izar la analogía de los
partidos políticos. Me veo capaz de hacer una descri pción de lo
que es el Parti do Conservad or, su historia, sus tradi ci on es inte-
lectuales , y listar di ez o doce puntos de su polít ica. Pero eso no
152 TEORí A ARQLr.OLÓGICA. U\iA I NTRo \J\; Ccr <ÍN
,\ IU,Jl I I;,OI ()( ;l¡\ ) [53
es lo mismo que decir qu e toda la gente que se siente conserva-
dora tiene las mismas creencias y aprueba las mi smas políticas.
En prirncr lugar, como ya dije en la int roducci ón, este libro es
una descripci ón anglo-americana de la teoría. Otras tradici ones
prosperan en otros pu nt os del planeta. Segundo, mu chos arqueó-
logos p rocuran co mbi nar el ement os procede nt es de a m bas tr adi-
ci ones. C0l110 vimos . Colin Ren frcw acept aba qu e un marc o ( ci en-
tífi co ) de r aíz sist émica podía combinars e Con elementos cogniti-
vos r eputados como irnport antcs y cientí fica mente acces ibles. Tim
Earle , Eli zabeth Brumfiel y otros ha n combinado eleme ntos de la
evolución social con un a perspecti va gene ralizadora que ponía el
acento en la compet ici ón, el conflic to y el género , C0l110 vimos en
el capítulo 5. Esta form a de suav izar el pensa mi en to procesual
puede res ponder a las críticas ver tidas del lado postproccsual , o
puede haber tenido luga r corno consecuencia de un movimiento
111ÚS genera l de las ciencias humanas .
Se ha hablado de la emergencia de un conse nso alrededo r de la
teoría, tambié n de una tendenci a a sen ti rse c ómodos ocu pa ndo un
t érmino medio entre extremos: tengo la impresi ón de que és te no
es el cas o (véase ca pítulo de concl us iones). No obstante, se leen
cada vez más comentari os. como el que podremos ver seguida-
mente, que combi nan ideas gene ra les de tradición procesu al con
elementos sacados del po stprocesua lisrno, como la atención a los
significados y al context o:
E1 movi m ient o de bienes v de ideas en el int er ior de las socieda-
des ti ene un signifi cad o variable en los grupos afectados ... lo que
puede haber sido un objeto utilitario en un lugar cerc ano a la fuen-
te puede servir de insignia o símbo lo en otro lugar más di st anle. [. ..]
Cuando sc rn tenta recons tru ¡r redes in terrcgion ales . se debe pode r
sit uar a los objetos v a los estilos q ue los ca racter iza n dentro de los
con textos ori ginales de us o. Trat arl os co mo productos ind iferenci a-
dos o pert enecientes a cu lturas monolít icas y homogéneas sólo s irve
para oscu recerla significació n socio-polñi ca de las tra ns acciones en
la a nt igüedad. La det erminaci ó n del significado a efectos del co m-
portami ent o humano, de obje tos y es tilos. de pende sin género de
dudas de un análisis at en to del co ntexto de su dcscnbrirni ent o
(Schorlman y Urban , 19Y2 : 237).
En tercer lugar, hay señales de movimientos recien tes qu e cr u-
zan por en medio de [as posiciones defendidas por tradi ciones pre-
vias. En los últ imos ti empos se ha trabajad o abundantemente en
arqueología femini st a y de géne ro, part iendo de supue stos tcor ét i-
cos diferent es. Se observa que cuestiones co munes a muchos ar-
queólogos preocupados por los problemas teor éticos. como el es-
pa cio, n el int ercambio . son trat adas de for ma di s tint a a corno se
ha dicho aquí, es decir, cogiendo un a senda intermedi a entre posi-
ci ones ext remas . El libro sobre arqueología te órica m ás influyente
seguramente de la última décad a. el volumen compilado por Gcro
y Conkcv titu lado Engeudering Arcltaeologv, incluye co ntr ibuciones
de una gran varieda d de punt os de vista y procedencias, aunque la
introducción procure es ta blecer det ermi nadas a lia nzas teóricas,
corno podremos ver.
Cuarto, el punto de vista tomado en capítulos pr ecedentes pre-
senta tradi ci ones diferentes corno si compitiera n un as co n tr a las
otras. Sin embargo, tr adiciones distintas pueden resultar' perfect a-
Tri ente corn plcrncruarias aun cuando sean contradlctori as. Para
Rober t Prcuccl (comuni cación perso nal). «Iu teoría se entiende
mejor, no como un a suces ión de teorías diferentes. cada cual olí-e-
ciendo elementos de superació n de la anterior, sino como una red
interrelacionada de teorías enfoques en la que cada un a cons ni -
ñe y da paso a l mi smo tiempo a las dem ás »,
Por mi pa rte, no es rov del todo de acuerdo con es ta visión de la
teoría favora ble a las componenda s. Tengo la impresión de que
existen serias cont radicci ones sobre el fun cion amiento del mundo
entre las distin tas posicio nes teor éticas. Es muy tentador glosar
las di ferencias, pu est o que a todos nos gus ta pensar que nu estro
punto de vista ocup a el término medi o, combina ndo los mejores
elementos de todas las tr adiciones, y que son los demás los que se
sitúan en posiciones extremas. Los arqueólogos . como los políticos,
prefieren representar el término med io. Es igualmente difícil opo-
ner el argumento sedu ct or de que cada teoría ocupa un lugar legí-
timo en el gran esque ma de las cosas , con sus dosi s de toleranci a,
moderación y [air play,
Para atender a la varieda d (y vitalidad intelectual) de la ar-
queología qui ero utili zar los próximos capít ulos para explora r di s-
tintos enfoques tcor éticos alrededo r de unos cua ntos temas de in-
terés, en este momento. He escogido áreas que me interesan a mí
parti cularment e (género , evolución, his toria). Todas estas cuest io-
nes cortan transversal mente el esque ma teorét ico es tableci do has-
ta aquí. Aunque también pude haber escr ito un libro con un enfo-
que distinto, en el que la política, el género, la histori a y la evolu-
ción ocuparan el lugar centra l par a aña dir alrededor capítulos que
154 AROUEUI..OG!U\. l:NA INTI{(lllll('('I()N
AROU!-'))u)c;íA 'y' CENUZO ¡SS
se pronunciaran sobre estas cuestiones centrales desde las diferen-
tes posturas teoréticas.
El género
Uno de los temas actuales que más despiertan el interés en
te aria arqueológica es el de la arqueología del género. Como suce-
de con otros temas de arqueología que de repente concitan un Inte-
rés creciente, su progreso va relacionado con el progreso en torno
a los problemas del género que sc manifiestan en otras disciplinas,
particularmente la socIología, la Iiteratura, la antropología y la
historia. También ha ido paralelo al auge del movimiento feminis-
ta y de la teoría fcminista en general, aunque en este punto, el pen-
samiento arqueológico ha quedado algo rezagado con relación a
esas otras disciplinas.
La arqueología del género abarca diversas cuestiones que in-
cluycn: la corrección del sesgo androcéntrico en arqueología, la
crítica de las estructuras que gobiernan la práctica arqueológica;
la revisión de la historia de la arqueología, la investigación del gé-
nero en arqueología, Ji una critica de lo que se ve corno naturaleza
androcéntrica del conocimiento académico y del mundo académi-
co en general. Todas estas cuestiones han ido tornando impulso y
hasta cierto punto conocido un notable predicarncnto desde los
inicios de la década de los ochentao
La corrección del sesgo
El Interés por la arqueología del género empezó. en parte, con
una crítica de las presunciones androcéntricas. El androccntrismo
es la creencia de que los hombres son el centro del mundo, sea
porque se considere que son los responsables exclusivos de edifi-
car la sociedad, o porque se conceda en general a las mujeres un
papel meramente marginal en esta empresa,
El ejemplo más evidente es lo que las feministas llaman el uso
sexista del lenguaje: el uso de la palabra «hombre para desig-
nar lo humano, sin ir más lejos. Considérese al efecto las dos ci-
tas siguientes de Fiona Burtt, de un estudio sobre los libros infan-
tiles:
Los temas favoritos de los artistas de la prehistoria parece ser
que fueron los animales y las mujeres. Es muy lógico que fuera así,
ya que ambos eran indispensables para el hombre prehistórico
(igual que lo son para el hombre del siglo xx). Los animales eran
una garantía para la supervivencia cotidiana y las mujeres una
garantía de supervivencia generación tras generación (Mitchell.
1981: 31).
Los hombres primitivos hacían sus casas en las cuevas... Fabri-
caban rascadores y huesos con la punta afilada.. Sus mujeres usa-
ban los rascadores para limpiar la cara interior de las pieles de los
animales (Unslcad, 1953: 7).
También hay ejemplos académicos menos obvios y por lo tanto
más difíciles de identificar. El siguiente ejemplo es parle de una
explicación sobre la evolución de la arquitectura inglesa desde el
castillo medieval a la mansión renacentista realizado por un autor
atcorético confeso:
Hacia el Iinal de la Edad Media.. se dejó al particular que esta-
bleciera y mantuviera su propia seguridad, garantizada por los lazos
de dependencia personal de sus dependientes y mediante demostra-
ción pública de fuerza. Desde finales del siglo xv, sin embargo.. los
nacientes Estados que aumentaban rápidamente su capacidad de
imponer la autoridad podían sin p-oblcrnas circunscribir el poder
del ind ividuo particular y al mismo tiempo garantizar más efectiva-
mente su libertad dentro ele límites muy estrictos.. se deja al partí-
cular que defienda su reivindicación de estatus y de autoridad no só-
lo mediante el ejercicio de los poderes que le han sido otorgados por
el misrno Estado, sino también mediante el cultivo de distinciones
mas personales (Coopcr, 1997: 120).
¿Qué falta en cste párrafo? ¿El particular que aparece es exclu-
sivarnente masculino, o incluye también a las mujeres? Cooper
puede lácflmente confiar que sus lectores sepan o asuman que
aquella sociedad era muy patriarcal, por lo que debe referirse bá-
sicamente a los hombres cuando habla del Individuo particular,
Pero resulta que una minoría de constructores de mansiones en
aquella época eran mujeres; entonces, el lector del párrafo, o pres-
cinde simplemente de este dato, las trata como sustitutos de hom-
bre con las mismas ideas )' actitudes, o asume que fueron una ex-
cepción. ¿Cómo debían entender las mujeres aquella "libertad" en
un período histórico en que muchas de ellas sufrían malos tratos
156 1l::.ORIA ARQlJEOUHlI CA. IJ\i ¡\ IN'l' !>:' O J)[ I(' ( I( ))\
A IH) 1 I ,' J ll .() CÍ,\ y r ;¡';:,I\.I ·: f.I.() 1.'0 7
co n la sanción del Estado y que era n considera das por la ley, la po-
Iiti ca y la reli gión corn o inferiores a los hombres? Cooper 11 0 nos
lo explica.
Situar a las mujeres cn su s itio en la hi storia cuesta mucho tra-
bajo; de entra da , la revi si ón completa de los tér mi nos comunes es-
tablecidos ~ r de gi ros habituale s C0 1110 «hacer p úblicas». ( pode r » o
«a ut ori dad ». Estos t érminos , que son en pr imera lect u ra novios,
ahora se tornan bast ant e opac os . Por lo tant o resulta muv di fícil
situar a las muj eres (ta mbién a los hombres de est ra tos sociales
bajos )" a los ni ños) «ocupando SlI sitio en la foto »J y de forma in-
conscien te nos sent imos muy poco inclinado s a hacer este esfuer-
zo. Las muj eres constituyen un «proble ma»: la literat ura especia li-
zada está llena de di scu siones so br e las difi cu ltades met od ol ógi cas
de interpretar la forma de pensar de las mujeres du ran te el perío -
do histó ri co que Coopor ana liza. Pero de hecho, el problema ha
sido creado. como m ínirn o en parl e , por di scursos corn o el que hc-
1110 S comen tado.
Las le rni nist as sos t ienen que es im porta nte ai s lar los supuest os
a ndroc éntri cos, porque cuando algu ien a fi r ma que el domi nio
masculino es a lgo nor mal o natu ral en la es pecie humana , se re-
fiere implícit amen te a la for ma de se r de la humanidad en el pa-
sado lejano o incl uso cn el mun do de Jos prima tes . Pero este argu-
mento, sugieren las feministas, es ci rcular: Cuando examina mos
es tudios arqueológicos em píricos sobre el pasad o, como el de Co-
oper, o estudi os etnográficos sobre otras culturas , o es tudi os an-
tropológicos sob re los pri mates, nos a perc ibimos qu e han sido
realizados desde una perspectiva ses gada a favor del g éne ro mas-
culi no. Este sesgo es tanto más di fuso cuanto qu e es, tan a mcnu -
do, inconscient e.
Los est udios etnográ ficos constit uyen un buen eje mplo de to-
do esto. Exis ten varios es tudios sobre di versas culturas que sugie-
ren que «el dominio masculi no» es un hecho universa l. Sin em-
bargo , co nsidérese por un momento la nat ura leza de la informa-
ción utili zada. Gran parle de ella fue recogida en el s iglo XIX por
etnógra fos masculinos con actit udes victorianas so bre es lOS pro-
blemas. Los et nógra fos escogerí an de for ma «nat ural » ha blar con
los hombres de la tribu acerca de su sistema poi ítico .\' no con las
mujeres, y tenderían a interpret ar las respu est as obtenidas con
relación a los prejuicios y las expec tativas de la época. Por lo tan-
to, las antropól ogas feminist as creen que la in for mación deri vada
de las actividades etnográficas tradi cion a les ha de ser cuestiona-
da y pasada por el filtro de la teoría en vez de ser aceptada de for-
ma acr íl ica .
Otro ejemplo de androcentris rno es la pro pi a hi stori a de la ar-
queología. La lect ura de la mayoría de los manuale s tradi ci onales
muest ra un desarrollo de la arqueo logí a protagonizado por los
descubr imientos de «gra ndes fi gura s », Sin embargo, no ha [a lta -
do qu ien ha afir mado que la conui bución de las mujeres al pen-
samien to a rqueo lógico ha sido siste rn áticamcntc minimizado por
los hi sto ri aclor es de la a rqueología. Figu ras como Doro rhy Ga-
rrod o .I acqu ct ta Hawkes acos tumbra n a ser dejad as de lado en
muchas de estas obras o reb a jada su contri buc ión. Una de las
tendenci as actuales de la arqueologí a feminist a pre tende rc dc scu-
brir V reescri bir la ht storia de la arqueología para re flejar los ]0-
gros de estas mujeres . Est e: revision ismo se j us tifi ca tanto por el
s imple deseo de «contar el pasado ta l como Iue», C0 1110 para pro -
p orci onar motivos d e inspiraci ón a las j óvenes arq ueólogas que
emp ieza n. Choca ver c ómo en r espues ta a es ta crüica , las n uevas
ediciones de los ma nu ales clásicos han sido modifi cadas a fondo
(compá re se la primera edición con la seg unda del manual de Rcn -
Ircw y Bahn).
Crítica de la pr áct ica arqueológica
Las arqueólogas femini stas cues tionan la pos ición de las mu je-
res dentro de 1" profesión en base a la existencia de prácticas dis-
criminatorias muy habitua les: sexismo cla ro en las polít icas el e
empleo , SeXiS1110 en el sist ema de promoci ón y financia ci ón en las
universidades y ce n tros de inves tigaci ón, etc.
Por e jemplo, Joan Gcro ( 1988, 1991) se ded icó a analiza r la
concesión de fondos para invest igación. Descubr ió que los hom-
bres tenían es tadísticamente más éxito que las muj eres en la ob-
tención de dinero para excavar ~ ' hacer traba jos de campo; en ca m-
bio, las mujeres tenían más probabilidades de obtene r ayudas pa-
r a lo que Gero denomi nó la realización de «tareas arqueol ógicas
del hogar »: an ális is de cerámicas y de mat erial medioambienta l.
Gero se pr eguntó sl podría causar sorpresa alguna que las inter-
pretaci ones obtenidas de los t ra bajos de campo enfatizaran los es-
tereotipos consabidos .
Nót ese que gra n part e de lo que Alisan Wylie (1993) llama «acti -
vidades de tercera» no dependen de un sesgo machi sta manifiesto ni
ISS TEORíA AROCEOLÓ<;ICA. UNA INTROIl UCCIÓ'
\ H.I)I 1: 111 1) ( , 1,\ \ ( ; J; r\H« .1
1 :; ' )
de ac tit udes abiertamente chauvinistas sino que depend en de prá c-
tica s más profundas y mucho menos obvias, tales como la forma dc
usar el lenguaj e, las presunciones oc ultas acer ca de las trayect orias
profesionales de ambos sexos, e incluso del uso de deter minados pa -
tronos en la forma de escr ibir .Y convers ar. Esta observaci ón tiene
dos implicaciones . Pri mera, que puede argurnentars c que todos par·
ti ci pa mos de los comportamie ntos sexistas, aunque po r principios
nos opongamos a l sexismo. Segu nda, que las cos as s in import an-
cía de nuestro comportamíe nto cotidiano se relacion an con prác-
tieas de más en ju nd ia: ,do pe rsonal también es polít ico».
Hasta aquí hemos exa minado dos temas que no leva nt an de-
masi ada controversia: pocos se a tr even a di sputar el hech o de que
las interpr etacio nes de t iempos anteri ores reflejaban el sexis mo
cons ciente e inconsci ente de su ti empo, () que las muj eres siguen
di scriminadas en nuest ro tiempo en var ios á mbitos y qu e la profc-
sió n arqueológica 10 re fleja , Los dos puntos sigu ientes se mueven
por un terri t or io más dispu tado,
Arqueologías del género
El tercer punto es el deseo de explo ra r la construcción del g é-
nero en el pas ado a pa rtir de la información conte nida en el regis-
tro arqueológ ico. Si pensamos que es legitimo est udiar la estrarifi-
cació n social o las relaciones comer ci ales de sociedades qu e han
desapar eci do, ¿por qué no estudia r también los ro les en funci ón
del género ?
Se dice que tales rol es varían de una cult ur a a otra. Los es tu-
di osos esta blecen una di stinción teorét ica ent re sexo y g énero. El
se xo es bi ol ógico, se dice , y nuestra biología no varí a (a unque in-
c1 uso esto pu ede cuest io narse; véase más abajo). En ca mbio, hay
una diferencia entre nacer bi ol ógicamente ho mbre o muj er y la ex-
periencia de ser mujer u hombre en una sociedad dada, Pued e ar-
gurnent a rse que la forma de compo r ta rse como hombre o como
mujer no pasa por el rasero de lo que hay que considerar co mo
"normal o «na tura l». Por ejemplo, en la Edad Media era normal que
los caballeros llorara n o desfa llecieran; en cambio, en el siglo XIX
eran las muj eres la s que llora ba n o desfallecían, mi ent ras que los
hombres mantenían el rostro impasible. En algunas cult uras, las
muj eres so n sexual ment e dominant es, mien tr as que los hombres
se muestran pasivos .
El género, pues, es una const ru cci ón social, uun aceptando el
argument o (k que el género generalmente es a tri bu ido e n func ió n
de la biología, El ge ne ro varta de unu cu ltur a a otra. El deb a te se
ce ntra hoy día en det erminar en qué medida varía Y' hasta qué
punlo vari a, asf co rno e n det erminar has ta dónde llega n Jos víncu-
los en tre géne ro .v sexo.
De ello se sigue que si es t .111 10S interesados en el pasa do, no po-
demos da r por s upuesto que las muj eres y los ho mb res se com-
portaran de hl mi smn form« en todas las soci edades . Por ej emplo,
110 Jl Oc\l'1Il 0 S da r por supuestas en d pas ado di stinciones co mo las
que pueden da r.se en tre los úrn bi i os dorncsti cov p úbl ico, o ent re la
caza :' la recolecc i ón () cu tre la vivie nda y el mundo alrede dor.
En ca mbio, sí qu e debernos pregun tarnos sobre los diferentes
rol es asu midos por hombre s .v mujeres en un perí od o dado. Ta les
roles pu ede n habe r s iel o simila res o pu ed en ba be l' di feri do: lo im-
portant e es hace rse la pregunt a : ' no da r por supuestos dete rmina-
dos tipos de di visi ones . Cierta men te, debcrtamos cuc st íonarn os la
presunción ta n habi tua l de In exist enc ia de una divisi ón binari a ['í-
gicLi cid uubaj o (los hombre hací an esto V las mu jer es aque llo) .
Se nrgu rn cn ta qu e en la prácti ca, la arqueol ogía e ntera es lá lo-
da traspas ada por la cues t ión del género. Los que así pi e nsan d i-
cen que los arq ue ólogos en su trabajo hacen co rui nuamcruc pre-
su nciones sobre el gl'll eI"O, co rno apun tarnos 1l1ÚS a rri ba, ~ ' que no
ex is te la eSptTÍL' del lib ro de hist or ia neutro en cuestiones de gé-
n ero. Pense mos en la ci ta de Coopcr o en la manera de evalua r las
difer en tes activi dades huma nas. Ex ist en incontables descripciones
sobre los pr ocesos de especia lizaci ón que dan lu gar a los di sti ntos
o ficios . aunque muy pocns sob re los mét odos de pre paración de
los aliment os . DÍL' cn las le ministns que en la mayor pa rl e de la li-
teratura especial izadu exis te la pr esunci ón impl ícita de que las ac-
tividades a r tesanas es pecializadas er an u n asu nt o de los hombres ,
por lo que eran im porta ntes: en cam bi o . COI llO las ac tivi dades de
preparación de In comida CI'3 11 cosa de las muj eres, va no res ultan
lan import an tes. La prep ara ci ón de la comida puede haber sido
obra de hombre s, de mujeres o de ambos, pero quien prepara los
nlirnen tos para ser cons um idos está haciendo al go realmente im-
por ta nte para la Iorrnaci ón de una cultu ra.
La a rqueologfu del gé nero ha conducido en la pr áctica al rec-
xa rncn de remas arqueológic os muy concretos corno la arqucolo-
gía doméstica , y ha con tri bu ido a amp liar la refl exi ón abarcando
cosas corn o la arqueología el e los uiños y la arqueol ogía de la se-
160 1'1' ,(j R ] A i\IH) LII ·:( l l ,l H,I( '¡\ . ¡; Ni\ 1:"J 'J'I{()l ll ' ( ' ( ' j( J\J ¡\1{{)L H l U)(II ¡\ y ( ;I ;, ' n :f{o
161
xualidad, as í como re interprct ar d lugar de lo domés t ico como
d emento importante de la vid a soci al y pol ítica de las sociedades
del pasado.
Hombres , mujeres y conocimient o
Lo que se ha venido en denomi nar nat uraleza [alocentricu del
conocimiento no resulta fáci l de a s imila r, puesto que implica cue s-
tionar los mismos fundarn e nt os de la investigaci ó n ucad émicav el
mismo ser profesor o se r es tudian te.
PenSC1110S c ómo acostumbra mos a elogiar o a denigrar un a r-
gumento aca d émico. Elogiamos los argumentos «fuertes », «ro bus-
tos», ( bien organizados ». «poderosos»: v al revés, denigra mos los
argu mentos débiles, poco co nvincentes, linios. El mismo lenguaje
de la t eo rí a arqueológica es un lenguaj e agresi vo - diferen tes en-
foques entr an en con fli ct o . dist intas escuela", busca n aliados para
[or tal ccer sus a rgumen tos . Tod o deba te es una co nfrontación en el
que una parte obtiene la victor ia y la otra, la derrota. A los es tu-
diantes se les enseña a mostrarse impers o nal es en sus trabajos pa-
ra libr ar de emociones y sent imientos los a rgumentos ac adémi cos
y omit ir sus expe ri enc ias personales .
Muc has Ierninistas arguyen que es ta [orma acad émica de es -
truct ur ar el conocimiento es faloc énuica. Esto es, el siste ma esta-
blecido académi co tra ta corno un estereoti po legít imo la for ma
«masculina» de pensar )' act uar y co mo un estereotipo no lcgíümo
la for ma «Ie rnc ní na » de p ensar y actuar: El discurso faloc éntri co
rei vind ica, no obsta nte, su ca rácte r neutr o, hon esto y razonable;
así, el pr ofesor deja cl aro que cualquier alumno puede alcan zar un
nivel alt o si sigue las r eglas acad émicas, se compromete suficien-
temente con su trabaj o y alca nza tina ci erta habi lidad inte lect ual.
En la práct ica, estas r eglas del juego resultan discrimina tori as , ya
que r equi eren a las mu jeres que piens en y redacten como los hom-
bres, al menos estereotíp ica mente, si qu ieren salir adel an te. Si los
hombres ha n sido sociali zados conforme a esta mentalidad desde
que nacen, d ice n las feministas, ¿sorpre nde que sean «mejores »
que las muj ere s en est a pa rtida que es la formaci ón acad émica
u niversi taria?
Lo que se necesita, sugieren las feminis tas, es un con junto de
re glas di stint as . (.Por qué no most rar las emociones cuando se re-
dacta un traba jo? ¿Por qué no se pueden escr ibir histor ias sobre
las exper ienci as per sonal es de la gente? ¿Qué hay de malo en ac a-
bar un tra baj o co n una pregun ta en vez de aca barlo con u na frase
la xativa y concl uyente?
De esta manera, mu cha crítica femi nista acaba mostrando una
posición similar a la de tantos a rq ue ólogos post procesua lis tns: c ier-
tamcntc , muchos de los argumentos postprocesualistas repasados
en el capítulo 5 tienen contra ída una profunda de uda con el pe nsa-
mient o feminista, en es te y en otros apa rtados (véase más aba jo).
CASO 4: SIGNIFI CA ESTE
El libro de Ja nct Spcctor, l\'lwt This AII 'I Means: Femini st AI'-
chaeologv a l wahpeton Dakota Vil/age, es el est udio de un as ent a-
miento na t ivo del siglo XIX, Li ll lc Rapids, en lo q ue hoy es Min ne-
sota, en el medio oest e nor teameri cano. En vez de in tentar escr i-
bir una me moria de excavaci ón neut ra , d ista nciada y ob jet iva,
Spector se pone a explorar de [orma consci ente y expl íc itn las ra -
zones personales .v emocionales que la impulsa n a ser arqueóloga :
«son motivos que tienen que ve" con la c mpa tía --el a nhelo de
de scubrir esencias, im ágenes y se ntimien tos del pasado-, 11 0 sólo
datos objet ivos» (Spector, 1993: 1).
Spector rompe t res re glas del discurso ac adé mico en los pr i-
mero s capít ulos , Pri mera . bucea en la his tor ia de su propia vida J'
explora las razones person ales que la lleva ron a hace r arqueología
v a acercarse a Litt !e Rapi ds. Segunda, en vez el e poner se a inda-
gar sobre las «cuest iones import an tes » como la complej idad soc ial
o el modelo de in tercambio entre na tivos y blancos, centra di rc c-
tamen te la a tenció n en un pequeño objeto, aparun tcrncn tc insigni-
ficante: u n pequeño «mango de lezna de punzón » hech o de asta de
venado (figu r a 8.1 ). Ter cera. Sp cct or es cribe una histor ia qu e gi r a
alr ededor del pequeño hallazgo: có mo se perdió, qué hací a la jo-
ven na tiva que lo perdi ó, c ómo debía se r vivir en Little Rapids, La
hi storia se a poya en un profu ndo conocimien to de la documenta-
ción hist ór ica y a rqueológica dispon ible, pero es t á redact ada como
si fuera u n rel a to que trata de evocar las emociones y la forma de
ser de los habitantes del lugar en aquel entonces .
Spec tor contras ta la historia qu e cuenta con los t rabaj os a r-
queo lógicos exis ten tes sobre leznas . Las tipol ogías que se encuen-
tran sobre mangos de leznas, señala Spcctor, se presentan como cla-
si fica ci on es objeti vas y neutras, per o en realid ad so n tendenciosas
162 TFORL\ ['N ..\ \1{Ul ¡",(JI,(J('I\ Y (,!-,'\I'OI(() I
Fto. 8,1. IJ J]I{Ulgo de lemu excavado JN)!" el equill() de S17('C/Oi: SPCCIOF (lSOCI(I el suan-
go a su propieuina, la íoven. ,Vfa::.{/()h'_,ill'¡n, que vivio n ahncntc en Littlc Rapids \' dchirj
perder Sil Icina hacía I X4(j (S!JL'¡"fiJi: 19(3).
tanto en relación a la ctnicicad corno al género. Las tipologías
convencionales tratan a la leznas sobre todo corno mercancías in-
troducidas por los europeos y no corno objetos relacionados con
las actividades de las mujeres nativas:
Una prcsurcion no explicitada pero importante.. es que las lcz-
nas metálicas producidas en Europa son mas importantes que las
producidas pOI' los indios naí.ivox. Esta idea, metida en los sistemas
ele clasificación v en Jos cuadros esruchsticos. lleva a considerar a los
L:jClllplos C1H'OjlC()S corno indicadorc-, de la inllucncia i...'umpC<:l
los indios, hasta llegar a la desintegración ele la cultura nativa. Para
los indios que ulilivahan lcv.nax. una conclusión así hubiera sido
una cosa insuhamc. molesta o quizás solo clTÓ1Wé1, espcci ulmcnte
fKH',-\ las rnujcrcs que t,':J-a\'aban los nungos de LlS k'/.nas con n-otiv o.,
para dar muestra de .";lIS habilidades (SpedorI993: ,11-32).
Spcctor incluso cuenta sobre la cxcavaci ón, el des-
cubrimiento del mango de lezna hecho ck asta, las ditcrcntc-, ex-
pcrirnrias vividos por los micmbrr», de! equipo, :v aualiz« con í ran
que'!,a las tensiones vividas la cooperación ohtenida ele los nati-
vos Lbkota duraruc el (kSLlITollo elel prnYI.::ctu.
Es sorprendente cómo la PlTSlx'cti\',J claranlcnlL' lcminis:« eh:
SpCCLo]" la lleva acentuar lo que pa.rccc nimio, \- Hjarsc en lo per-
sonal (lo que el rnango signirica para su propietaria, no la ubicn
cióu del mango en el sistema de mtcrcarnb¡o; las pcrsonalidad,»,
de los componentes del provecto. su cntusiaxrno). Tarihiún sor-
prende CÓl110 b narración lcrninista de Spcctor pasa a ocuparse
inmediauunente y de Iorrn.. casi inevitable de cuestiones que íic-
nen que ver con la política)' las idcnudadcs, \' en particular de las
relaciones entre nativos v bJa11UJs.
/-:'5 interesante lodo esto, pero estcrv o!.r,o COI/fundido con la tcrniinoírwiu
('h',',"!o misluo orc¡uc(){ogI(J del [.!.r'¡¡em (¡ue a!"(¡w!olu/=j,íu (ell¡iuisw?
No ncccsariarucr.tc. Está fuera de duda que el interés por la
problemática del géncr» creció con el movimiento fcmi rrista a lo
Jargo de Jos últimos veinte anos. Pero hav que recordar que es ca-
si indiscutible el hecho ck' que toda arqueología hace presunciones
con respecto al género. Si es un hecho la necesidad de indagar en
el género en el pasado, no lo es que exista alguna razón prioritaria
que imponga para ello una perspectiva feminista.
Gero y Conkcy (1991, 1997) argumentan que la arqueología del
género cada ve! muestra posiciones tcorcticas de origenl1lús di-
verso; así, muestran cómo la sociobiologfa, el coristructivismo so-
cial, el evolucionismo cultural .v biológico, la cconorrua poiitica y
la teoría de la estructuración han sido utilizados para organizar la
investigación sobre el género a partir del registro arqueológico.
Estas autoras señalan las profundas diicrcricias en las presuncio-
nes tcoréticas, perceptibles detrás de cada uno de estos sistema». l'
164
TEORiA AK- Ol: EOLÓ(; ICA. e N:\ I NTROI HI( n o " y ( i EN ERO l bS
El reconocimiento de qu e «la po lít ica y los productos esen-
de] co nocimiento so n cosas fundame ntalmente insepara-
insiste n en que muchos es t udios sobre e! géne ro no parten de las
crít icas del feminismo, ni se apoyan en ellas .
Nat uralmente qu e todo depen de de la definición de feminis-
mo que adoptemos. ( Nunc a fui capaz de averiguar en qué con-
siste exactamente el femini sm o: sólo sé que la gente me llama
Feminist a cada vez que expreso sentimientos que me diferencian de
una prosti tuta » (Rebecca Wes t, 1913; citado en Humm, 1992: 34).
Más espec íllcamcrue, Conkey y Gcro se a poyan en las crít i-
cas fcminist .as a la ciencia para señalar que existen cuatro áreas
que, en su opinión, di stinguen a la i. nvestigaci ón Iemini sta en ar-
queología:
1.
ciales
bles »:
2. El reconoci miento de que la racionalidad es un «globo mi-
tificado que en la realidad de la práctica cient ífica cotidiana nun-
ca aparece »:
3. «La relación con un estilo de conocimiento que favorece
una aproxi maci ón a lo «íntimo» y "una comprensión mati zada de
los datos, 111ás que con el pensamiento categó rico»:
4. Un desa fío al «orden di sci plinari o básico» .v el es tímu lo de
puntos de vista alternativos (Conkcy v Gero, 1997: 427-4 28).
Conkcy y Gero arguyen que la arque ología femini sta es , o de-
bería ser, un ejerci cio peligroso y t ransformador: Ellas reh úvcn tra-
tar «sobre el género en los estudios prehistóricos sin antes cam-
biar la arqueología) e insist en :
Una a rqueología que se to ma al feminismo en se rio ha de cam-
bia rse a s í misma y ser colectiva. De la teoría feminista surge n csr u-
dios radicales: ri gurosos, eruditos , informados y bien orie ntados.
precisa ment e porqu e las ideas y los va lores t ra dici onales aparecen
profu ndament e difer entes cuando son contemplados desd e u na
perspe ctiva centrada en la muj er. Algunos han qu erido llamar a esto
(ver el gén ero en todas pali es » y le han aplicado el térmi no dcsprc-
c.iativo de «gende lirium». Pero el gcndelir ium es un términ o igu al-
mente apio con el que critica r el androccntr ismo de Occident e, con
sus reglas cuadra das d irigidas a garant izar u na únic a ma nera de ver
las cosas (Conkey y Gcro, t997: 424 y 430).
As í pues, para Conkey y Gero, los estudios arqueol ógicos del
género , aunque provengan de tina gran variedad de enfoque s, el
punto de vista feminista es e! que cuestiona más a fondo la pr ác ti-
ca habitual.
De acuerdo, parece que /10 podernos asegurar qué liacian en el pasa-
do hombres :V muieres. Pero entonces, ¿cómo podemos empe zar a hablar de
género?
Tu pregun ta plantea el pro blema del esencialismo , Según cier-
tas Ie mi ni stus. no hav nad a de esencial en la «naturaleza fern eni -
na ». Por lo tanto, rech az an «el esenciali smo biol ógi co », es decir, la
pretensión de definir ro les de género comunes a todas las cult ura s,
basados en hechos biológicos tales como la superior fuerza corp o-
mi de lus hombres o el pa pel de la muj er en la procreación y cría
de los hij os. Pien san que es tos hechos son una const rucción social.
Por ej emplo, cuestiona n la forma bi naria de present ar las diferen-
ci as de gé nero e n los es tud ios biológicos.
El problema qu e plan teas es que si no po demos determinar con
cer teza qu é tipo de actividades realiza cad a gé nero, en tonces no
hay manera de decir nad a positivo sobre la cons trucción social del
géner o en una sociedad concreta, particularmente si ésta es prehis --
tórica.
Una for ma de salir de es te embrollo es ela borar un argumento
context ual. Liv Gibbs (1987), por ejemplo, indag ó en Dinamarca
qué o bj etos se asociaban a cada gé nero en los enterrami en to s
prehi stóricos, luego amplió la investigaci ón examinando los mis-
mas t ipos de objetos en contextos domésticos. Otra forma de avun-
zar es apoyarse en un ese ncialismo limitado: por eje mplo, tra baj ar
con la hipót esis de que la cría de los hij os impli ca una relación es-
trecha de la muj er con los contextos domésti cos.
Antcs se ha dicho que la problemáti ca de! género a traviesa
rransvcrsal ment e las categorías teoréticas. Pero a mí me parece que
se rel aciona sobre todo con la arqueología pos tprocesual. Ambos
movi m ien tos ponen e n relaci ón la arqueología con la polít ic a , am-
bos tratan de es tudiar los confl ictos y las desigualdades, ambos tra-
tan de escri bir narrativas que íncluyan el ámbito de lo personal. ..
La arqueología del g énerov la arqueología postprocesua l se rela-
cion an est recha mente y también con el pensamiento Feminista. Mu-
chos de los jóvenes arqueólogos de los aíi os ochenta mantuvieron
rel aci on es , y aún siguen man teni éndolas, con ambos movirn ien tos,
especialmente en Gran Bretaña. Hay una seri e de cuestiones co-
munes que asumen, especi almen te: al una ampli aci ón de la noción
16h rI':ORIA i\R()líl':()L(H ;]( '1\. 111\;\ I'\JTI·UlIH '( '( '1( li\. \I{()\ rr ll()( 01,'\ 1 (; I <;r:« I I () /
de «política»; b) un énfasis en los contextos menores, locales o do-
mésticos; e) un énfasis en las experiencias personales de la vida y"
c'n las conciencias i ndividuales: d) un énfasis en los conflictos de la
vida diaria, v el un énfasis en la legitimidad de la diversidad de en-
foques tcorcticos. No obstante, sospecho que cuando se escriba la
historia del postprocesualisrno de los aClOS ochenta se verá que no
se ha reconocido suficicntcmr-nto el papel representado por las fe-
rnirristas.
! !(}V, la mavoría está de acuerdo en que la corrección del sesgo
sexista en el lenguaje científico es algo perfectamente 1cgítirno e
incluso hmdamcntal. Se ha realizado mucho esfuerzo en ese
sentido. De modo parecido, se piensa que no debe producirse nc-
ces.uiarnente conflicto entre la defensa de puntos ele vista posit i-
vistas en ciencia :v la exigencia de plantear problemas relacionados
con la Iorma de proporcionar trabajo a los arqucólngox, o el CU111-
plirnicnro del principio de In igualdad de derechos. Es perfecta-
mente factible reclamar que en arqueología se adopte el «método
científico» V al mismo tiempo reconocer que la profesión necesita
plantearse los problemas de la discriminación. Sin embargo, de
acuerdo con el método positivista, la posición de cada cual con
respecto a las cuestiones de contenido político, corno el principio
de igualdad, 11a de rnantencrse separada de Jos juicios acadérnicos
personales.
Algunas feministas. en particular en las ciencias humanas, se
pronuncian con rirrneza contra lo que entienden arnhigua )" resba-
ladiza forma de abordar determinados ternas por parte de los se-
guidores del postproccsual ismo, en el sentido de dar cancha exce-
siva a un multifacctismo que desdibuja la percepción de la explota-
ción y el dcsarnparo en el que vivían las mujeres en el pasado. No
deja de ser irónico, señalan, que ahora que I3s mujeres empiezan a
cambiar las cosas :v él tornar su parte del pastel, se descubra que to-
do se reduce a una cuestión de lenguaje. Alison Wvlie escribe que
las posiciones relativistas .v consu-uctivistas duras encar-nan lo que
ser una ¡l1L'o]ogía de los poderosos. Sólo el mas poderoso, el
que más éxito obtiene en la lucha por el control del mun do , puede
escoger. Cualqu icr a que no tenga Tal poder o que le falte la invcsti-
dura que le capacite pa ra CLTcr en su poder se vuelve . iolorosnmen-
k conscicntc lk que ha de afrontar una rca. idad in lransigcntc que
el-oca contra su vida en cada esquina (Wvl¡c. 1CJ92h: 2.::;).
Exis te una crítica relacionada con todo esto: la critica de la in-
clusión. Las tcministas a menudo tienen la irnprcsión de que se
tiende a secuestrar sus argumentos, es decir que se sobrccnticndo
que forman parle de «argumentos más amplios», m.uxisras o Pl"O-
píos de la arqucologfa post procesual, por 10 que t ieuden a ser sub-
surnidos v fiualmerue ignorados. Piensan que esto sucede especial-
mente cuando los postproccsualistas hombres éllTcdcn a pos icio--
nes académic-as de nivel.
Para rcxurnir, tanto en la nrqucologia del género como en el
no del movimiento Icminis.a conviven una divcrsid:«! ele en-
foques que en ocasiones se traducen en tcnxioncs. de cs·"
tas tensiones se reflejan en la teoría arqtlco!úgica eJi su conjunto:
otras iudicun el camino a seguir para descubrir idcus !1\ICVaS con
las que superar algunos de los debates mas cstér.Ies de jos Ú]UlllOS
tiempos.
CAPÍTULO 9
ARQUEOLOGÍA Y EVOLUCIÓN
En este capítulo pretendo examinar cómo plantean los dist in-
tos enfoques teoréticos la cuestión de la evolución. De forma simi-
lar a C0l110 ocurría con la arqueología del género descubriremos
qué actitudes diferenciadas en torno a la evolución revelan puntos
de vista diferentes sobre la teoría y la práctica arqueológicas en su
conjunto. Y también qué actitudes distintas dentro de la arqucolo-
gía encuentran sus paralelos en una gama similar de actitudes que
conviven en el conjunto de las ciencias socia1cs.
La palabra evolución no tiene una definición fácil; se trata de
un concepto que ha soportado una enorme cantidad de significa-
dos, muchos de ellos contradictorios entre sí. La forma mejor de
conocer tan distintos significados es explorar la historia de la ar-
queología y de la l11i5111a evolución.
Los orígenes de las ideas evolucionistas se remontan al Renaci-
miento )' en particular a los primeros encuentros entre europeos :y
representantes de otros pueblos, en distintas partes del planeta. Si
penSaI110S en esos orígenes descuhrimos que las primeras ideas so-
bre evolución están estrechamente relacionadas con el desarrol1o
de la arqueología como disciplina. Antes del siglo xv, los ancestros
eran vistos como gente muy parecida a la gente de cualquier otra
época. La idea de que la gente del pasado vivía de una manera dis-
tinta, tenía otra cultura y otro sistema de creencias, y por lo tanto,
que todo ello tenía que ser interesante de conocer, no formaba par-
te de los planteamientos que se hacia la gente antes del Renací-
miento.
Los exploradores europeos de los siglos xv y XVI se dieron de
bruces con una paradoja intelectual cuando encontraron a los pri
meros nativos, especialmente en América. Los nativos eran distin-
1111 /1-,( JRL\ ,\ ¡{ U I : I :t )Lo { ; I{ 1\ . 1 NA I '\ T I{ ( lIlll t \ u », Al, l )! ! ',l JI ( )( . ),\ , l'.\ 'í 11 .1'( 1( 1, 11 1
Jos . Los intelectuales eur ope os de ento nces descu brie ro n que exis-
Lían ind ividuos q ue no pr act ica ba n n inguna de las a rt es de la c ivi -
lización: iba n des n udos. 110 se regí a n por ningún c ódigo de leyes,
no tenía n una o rgnn ización cstaial v so bre lod o no profesaban re
cr ist ia na algu na , y ({ pesar de ello, uqucllos «sal vaies» :'!'(! comporta-
hu" de [on ua noblev ci vilizada . 1. :1''' d ifíc il de' ex p lica r todo aque llo
q ue se YC ú .l con los csqueruas mcnta lc» de la época . Un:'1 lorru a de
sa lir del atol la dero fue suger il' u na idea poderosa : (J /(i ::.ds, « 1JO S()-
I IDS», lo.' ; civílirados pueblo ,') europeo.... ·, / (/1l1b h :11 [ui.nos as'¡' ('/1 u u l }(l -
-,, ({( lu lejano, Ouj /.3S, otras pa labra s . es tos ( s..ilva jcs » represent a-
han aigún tipo de C;J.sc an terior o 1I n o rden in te ri o r de la ex is te nci a
hu rnun a . de 18 cu a l evolu ci on ó e l ser huma no a c ru a l.
Corn o rcs u luido de csu- en cue nt ro colo n ia l y de l ret o intc k-ciua l
que supu so p..lra e l pensami ent o euro peo de la C' pOCD., los prime ros
.u uicunrir», cmpcvurun ¡l imaginnr UIl pa sa do prc hist rui co muv le-
jano a l mi smo tiem po a pe nsa r en 1I 1W idea que es fun d.uncnr ul
pa ra di stint as vers iones de l cvolucio uixmo social () cult ural : es de-
c ir, qu e gen l es dist in tas e// si tir« dist i ntos del nunulo at raviesen: /N'{J··
cesos y cmnbios socia/es si inilu.vs , De manera s implificada , es ta
idea se co nc ib i ó (."01110 ia lo rrn a d e uuns ici ón ent re el «( s..ilvaj ismo»
."" la «civi l iza c ión», e n tr e «e llos » .v «uo so uos ».
En e l s ig lo XIX, es ta i '!.: ;:l tun cl em en tní fu e cla bo ra du por 1)(' 11 -
sado res C01110 He rbert SrK' n cC''I' Ch arles Dn rvvin .
Spen cer y la evolución c ult ura l
Spencer es li no de los re spo ns ables de la idea de qu e [odas las
socied a d es humana s evo lu c io nan (k u n estado d e meno r co rn plc-
jidad a otr o de mavor complej ida d , ." la nsoci ó 3 las nociones de
m oral id a d y progreso h u m a nos . Pa ra S pe n ccr, la socieda d «c ivi li-
zada » es mora lmen te mej or que la soci edad «sa lvaj e»: a tenci ón
porq ue aú n ho v a mbos t érmi nns conllevan una carga de mnbigllc-
dad . Pero Spenccr \' a 11lÚS lejos .\' sugier e q Ul' la idea de Progreso
es a lgo nl á s que ti lla creencia In o r a !. L¡l llueva Cienci a posit i\' ista
nos ha proporci onado , dice, la posi bilidad de med ir objetivamente,
)-' de confirnlar, Il u c sl l'¡) crel' nt:in e n d pl'Dgrcso. De a hí q ue Spcn-
ce r ot orgue a la creenci a en el p rn gTl' So la et c lI11 precepto
cient í fico.
Est as ideas tuvi eron tl lll p l ia dUr3111e la ('p oca del
imper ia lismo, El p ensami en to de Spcncer y otros con lr ibuv(, a cx-
tender unu idea del Inundo según la cua l los europeos es taban des-
tin ados a gobernar sobre los pueblos menos desarrollados. No só-
lo te nía n a la rel igi ón cri s tiuna y a l o rd en mor al de pa r te , sino
que adern.is ve ían couli rmudas sus creencias por los descu brí-
rni e nto s de la s c ie nc ias na turales. Los pueblos na ti vos , C0I110 los
dominados por el Imper io bri tarri co. e ra lógico qlle as pi rasen a
progresa, ' en b direcció» de los c ivilil.udos , pero es te pro-
greso bien orie nta do podí u tar dar mu cho en llega r, de manera qu e
los avances eran im percept ib les para el observador COn LC.l11p Or Ú-
neo, ta l CUJn o 10 había n s ido e n Jos m is mr », de la civil i-
zaUOll.
Val e la pena decir a lguna cosa máx sobre es te últi mo pun to . Se
ha su geri do que las idea s cvol ucion istus . que couci bc r: la h istoriu
corno la «t a b la de clas i fica ci ón de u n ca m peona to» so bre el p ro-
gr eso, han gozad() c.k' amplia reso nanc iu cua ndo los Iu uda rn cntos
iru clcctu a lcs de la cu lt ura que las p r opu g ll ¡1 se s ie nte In u ) ' segur»
de sí misma . Por d io las cree ncias e n el progreso gozar on de gran
popu la ridad e n la época victoria na , au nque se desva necieron en el
siglo XX, en Europa , a l ca lo r d e las dos guer ras mundia les y el fin
de los impe rios: e n cam bio , en Es tados Lnidos siguieron si endo
["H UY populares hasta la cl écada de los sesen ta, para perder su
a tract ivo co n la derrot a en Vietnam.
Darwin y la evol ución biol ógica
Charl es Da rwi n es la figura m ás impor tan te rel acionada con la
his tori a in tclcc tu al de 1<1 noci ón de «evo l uci ón» . La s ideas d e Dar-
win, sin embargo. hall s ido a menudo con tem plndas co rn o al go
sus rancia lmcru.e a las ideas de Spe ncei: Esta cons uuaci ón
es importante, puesto q ue, COITl O vere mos. de a hí s urgen en la ar-
quco logía modern a dos pli ntos de vis ta muv di fere nt es sobre In
evo lució n: evo/II. Ci Oll isl1lO cll/rll.nl! ;.' el' ol l/ ci uni s1J H. } biológicu. El
e voluc io n is mo cuh u ra l se n ' nlon la Spencer .Y 111ÜS a tnls, 111i en -
tras que el cvoluci oni s mo biológico se re mont a a Délfwin. El haber
trat ado alll bos ln oviJJli c lll OS COll1n si fu er an u na sola cosa ha pro-
voca do nHlcha co nfus ión,
Las ideas de Da rwi n se basaron en la obser vació n de las es pe-
cies anün aJcs y vcgclnh..... s en su lll Cdio natu ral. Da rwin seflaló qUl'
los organiSlT10S que se l'cpn.Khl Cen sexu aln wl1lc. l',\jx:ri n wflt <l n n un ··
bias de una gener aci6n é) ]a sigui en te: cada or ga n isn1o indivi dual
172 ¡\ I{ Ul; U ) U )( i l('¡\ . 1! 0J A I I\iTI{ (H Jl ( ' ( >]( )N i\ RO I JF.( )I J )( iiA v EV( » .l JCl (r, 173
creado es ligera mente di st into de sus padres. Más tard e los ci entífi-
cos explicarían estas di ferencias con relación a las mut aci on es ge-
néticas ori ginadas . Es tas mutaciones, de carácter aleatori o} se pr e-
sen tan en muy d istint as Iormus, pe ro algu nas de ellas si rven para
adaptar se mej or al medio, capaci tando a los individuos para sobre-
vivir y re pro ducir se en mejore s condici ones. Es el t ípi co eje mplo de
las jirafas que ha n des arrollado un cuello largo co n el que p ueden
alca nza r los tall os 111ÚS nitos de los escasos árboles de la sa ba na; s i
no fuera así, las jirafas no podrían a limenta rse adecuadamente en
a quel 111 Cdio, no podrían aparearse tan a menudo y pOI' 10 tant o, pa-
sarí an con much as m ás difi cultades sus genes a la generación si-
guiente. El medi o natural , pu es, selecci ona unas det ermi nad as lor-
mas el e mutación en vez de otra s , pre cisa mente las qu e ha n de ser-
vil' para faci lit ar la perpetuaci ón de la es pecie.
La teoría de Darwin so bre la evoluci ón bi ol óg ica e n el mundo
nat ura l se ce ntró, pues , en los conceptos de variacion aleatoria .
adaptacion y selccciou nat ural sobre los qu e el lecto r puede profun-
dizar recurriendo a la liter a tura es pecia lizada. En est e capí t ulo pre-
tendo atraer la ate nción sobre a lgunos de los aspect os D1ÚS gene ra-
les del impact o del darwini smo en el pensami ento arq ueológico.
La primera i m pli cac i ón es obvia: la a mpl iaci ón de la es ca la
temporal para los or íge nes }lLl111anOS .\' consecuentemente para los
pro cesos que es tud ia la arqu eología. La idea de que el mundo ha -
bía e mpez a do en el a ño 4004 antes de Cr isto fue ree mplazada pOI '
la idea de un mundo con mill ones de añ os de vida. En es te se nt i-
do, las ideas del geólogo Lycll, qui en había interpretado el regis tro
geológico como el producto de proces os muy largos en d ti empo,
preparó la escena pa ra que Darwi n des tr ozar a el punto de vis ta bí-
blico sobre la Creaci ón, así co mo s us implicacio nes con respe cto a
la escala tempor al para la evoluc i ón física de la ra za humana. 1\!1u-
" has a rqueólogos pensaron que , por analogía, la evol uc i ón cult ur al
debía tener lugar tambi én a un ritmo lento y gradual. De a hí la
existencia de U l10 relación estrecha entre las ideas sobre evolucion
natural y las ideas sobre los procesos culturales, tal como se ha di s-
cu tido en los capí tulos 2 y 5.
La segunda im plicación es simple y básica: el géne ro humano es
parl e del med io natural igua l qu e las demás especies. P OI' lo tant o,
no existe ra zón alguna por la cual las teorías y mét odos de las cien-
cias naturales no puedan aplicarse a la es pecie hu mana. Los pen-
sadores vincul ados a la tradici ón darwiniana él menudo SOll ITlU V
escépti cos an te manifes ta ciones sobre el car ácter «esp ecial » o «di-
Iere nte » de los humanos. Cont emplan tal es pronunciamientos con
circunspecci ón, pues to qu e los conceptúa n como si se basasen en
crit erios met afísi cos o semi-religiosos sobre la «esenc ia » de la hu -
manidad V no en consta taciones cientí ficas. Por lo tanto, no cabe
duda de que existe n estrechos vínculos mire el positivi smo (la con-
vicci ón de que las ci enc ias humanas ha n dc co piar el modelo cien-
tí fico de las cienc ias na tura les: ca pítulo 3) y la teoiia evolucionista.
Una tercera i m pl icac i ón se re fie re a que , mientras las visiones
ideali sta s del mundo diri gen su a tenci ón a las normas de conduc-
ta a las creencias de la gente, los puntos de vista darwi niunos
cent r an su a tenció n en la reproducción, la adapt aci ón v la selec-
c ión natura l, es deci r en cues ti ones profundament e mat eri ali st as.
Los argumentos dnrwi nianos enfat izan una idea de cultu ra que
respond e él (d a fornw h umana cxtraso rn ática de adaptaci ón »,
mi entr as que los rasgos cultura les so n explicados en t érminos de
su con tribuc ión es pe cífica a adaptar a los se res huma nos él Sll re -
due lo ecológico part icular , Los fact or es co gniti vos pued en adq uiri r
relevancia seg ún este en foqu e, a unque sólo en su fu nci ón de «dis-
positivos para hacer fre nte » él las condici ones del mundo exte ri or:
Por lo ta nto, las ideas sobre la evolución ti enden a relacionarse con
las [ilosoiias materiali stas .
Tanto las ideas sobre la evolución cult ural co mo sobre la evo-
luci ón biol óg ica es tuviero n relacionadas con a lgu nos de los prc-
s up uestos de la Nueva Arqueología. Vimos cómo las idea s rnani-
Iiestarnent e evolucion istas de Lesl ie White influenciaro n muy en
par! icul ar el pe nsamiento de Bi nford y otros. Y a la inve rsa, tam-
bién const a tamos c ómo la oposición a las ideas evolucionistas
aplicadas a la cultu ra humana se relaci onaba con las d iversas ra-
mas del pensamiento postpro cesual. Pero entes de pro fundiza r en
las cr ít icas a l evoluc ionismo es importa n te di s t ingu ir las d ist intas
formas qu e adq uirió la teoría evoluc ionis ta . Por ello, exa minare-
mas primer o las di stintas tipologías elel evoluci onismo cultural,
para segui r luego co n más det all e la disti nci ón entre evoluci ón
biológica y evoluci ón cu ltura l.
Evoluci ón cultural
Si retrocedemos al Renacimi ento y a la figura de Spence r y to-
mamos la idea de que las sociedade s atraviesan por eta pas de de -
sarrollo similar veremos que van a par eciendo disti ntos es quemas
174
1/\ ,\ !{ U L!": O!. OCI C/\ . t l '\ l\ rvrr« JI)! ( ' ( ' 11 ):'\1
¡\ I{ U I :EI H I J{ , l,\ Y rvur i .c u», 17.'>
de desarroll o social de car ácter «evo luc io nista» , a unque 110 nccc-
sa ri amcntc se lla men así.
El marxismo cl ásico, por e jempl o, es tablece que todas las so -
ciedades atraviesa n po r las mi smas fases de desarrollo: corn un ís-
1110 pri miti vo , a n l igüedad, fe uda lismo . ca pualismo. Marx Engeb
conoc ían el pensamien to de vari os pensadores evo luc ionistas del
siglo XIX, es pec ia lmente de Maine y Morga n, ele qui enes reci bier on
una profun da influen cia . En la cláxicn obra del pc ns.uniento mar-
xista dedicada a las soc iedades aut iguax, t itulada lo:...· v J"Ígt'l les de fa
[ antil la, III propiedod privada ." el Estado , I'ngel s nrg umen ta , ut ili-
zando testimon ios et nogrú[icos (que resu lt aron fa lsos) de socieda-
des «primit iva x». qu e las tres formas sociales objeto d e es tud io (la
fa milia nuclear, la propiedad pri vadu v el Esta do cc unulizado) no
existía n en lBs soc iedades p rc-modernns.
Muchos esquemas sobr e evolución cult ural tienden clasificar a
la s sociedades sohre una mi sm« es ca la que va de las rn ás s iln plcs
a las m ás com ple jas. fundamenlá nd osc en la rea lidad empf ri ca de
la propia hi s to ri a de las so ci edades huma nas: de los «simples » ca-
L.mJor cs-rcco lccto n: s de h ac e m ilen ios. a las soci ed ades «comp lc-
jas » del prese nt e. Para Leslie Whitc , esta evolución de lo s imple a
lo corn plcj o se explicó conJO una tend encia a la cousc rvaci ón de
mayo re s cantidades de energía por más tiempo, a l fa vo t-ccur Jos
sucesivos sis temas el cnuopi smo y un a mejor int egraci 6 n globa l.
Las ideas de Durkhei rn v de Spcncc r sob re e voluci ón se decanta-
ro n ta mb ién por una direcci ón cspccl fica de la lín ea evolu tiva. En
muchas vers iones de la teorí a evolu tiva , s in embargo . no hay un a
ra z ón apr ioríst ica que expli que por q u é las formas soci a les no pu e-
den moverse, bajo dct errn inadas circuns ta ncias . en ot r as direcc io-
nes dist intas de la es tip ulada, que \ ''1 de lo simple a lo complejo.
Algo así es 10 qu e serviría para exp lica r el colapso de algunos sis-
ternas cu ltur al es y su «re tr oc eso» hacia formas de sociedad m ás
elementales . co mo ser ía el caso de la a ntigua ci vi lizaci ón maya
después del «cola pso maya » o de los a ncest rales pueblos del ca-
ñón del Ch aco, Tampoco exis tir ía un razón t corética apri orí stica
qu e exp lica se po r qué' formas de sociedad más co mplejas se adap-
tan mej or al e ntorno na tural, que fo rmas menos complej as. Si la
moderna socied ad ca pitalista fuera destruida , digamos, por un ex-
ceso de contmni naci ón, se pondr ía en evidenció qu e las fo r mas de
sociedad huma na más «sül lples », basadas en kl agr icu lt ura de su b-
sis lenci a o en la cal,a y r ecolecci c'>Jl , se adaptan lne.i or a l entor no
del pla neta que las «comple jas» sociedades ind ustriales.
Algunos ej emplos evol ucioni st a s son nniliueales : es deci r, sugie-
r en q ue hay u n gr an patrón general o tend enci a que rige la evolu-
ción cultu ra l. Otros son muh ílínca lcs, esto es, a hogan por un a d i-
versidad de das evol ut ivas p.ua las secuenci as cu ltu rales. Est os es-
quemas multilinealcs pueden di vergir o converger (figura 9.1) .
Contras temos . por ejempl o, los dos es q ue nl as unil inca lcs de los
antrop ólogos cu ltu ra les Elman Sc rvice y Mort on Fiicd. ambos
muv in fluyen te s e n a rqucologfn. Sc rvi cc Jl OS ofrece una tip ología
de cua tro fases q ue van de la m ás s imple a la rnüs compleja: han-
da, tribu, icf (¡IUra y Eslado, Frkxl nos ofrece u n es quema a lterna-
tivo con las Iascs s igu icmcs: sociedad igua lita ria, soricdad de ran-
gos, socicd" d es l r a t ifica da ,v Esta do . N()tese qu e a unque ambos d i·
[iorcn e n la tcrrn inologfu. las desc r ipciones de Scrvice v Fricd
co mparten mani fiestament e un m ismo fund ament o. Ambos ern-
pic va n .. terminuu en el rni smo p un to (empiezan con las soc icd a-
des cnzadoras-recolcc torns . aunque sus defini ciones sobre es tas
sociedades difieran. y terminan con el Est ad o moderno). Tambié n
ambos compa rten una metodolog ía simila r.
Nól csc qu e es tos ej e m plos tambi én ponen de man ifiesto c ómo
la a rqueología ha rccihido inl luencias de o tras d isciplinas. En la
prácti ca. gra n parte de la arqucolog íu que hehe de la t ra dici ón de
la evoluci ón cu ltu ral sigu e el método de det ermi nar las evidenci as
a rqueol ógi cas qu e se correl aci onan con las Iascs est a blecidas, pa -
ra luego intenta r descub ri rlas en el regi stro a rq ueo lógico .
PUl' ejemplo, Servicc s ug iere q u e las j e fa tu ras ha brán de ClIITI -
pli r, c utre ot ras, con las sigu ientes ca racteríst icas : un a jerar quía de
as entamie nt os . redes de intercambio rcdi st ributi vns, comp lej idad
rel igiosa hast a el pu nt o de implicar la const rucci ón de edi ficios
monumental es . etc, Consecuen temente se ha ded icado mucho es-
fuerzo arqueol ógico en aj ustar estos criterios y en buscar tcstirno-
nios materiales que los prueben, incl uye ndo los trabajos de Ren -
Ircw sob re cI neolitico v la Edad del Bro nce y de Tirn Earl c sob re
las j cfa ru ras en Sudarn éri ca y en la Polines ia.
N ótcnsc también los es trechos par aleli smos existen tes entre el
pen sa mient o evolucio nista y el pens a mie ruo marxista . Cicrta men -
te, Lcslie Whi t e fue vícl ima de a laques du r'ante la paranoia Mal'-
Car li sta por 111nrxi sla, aunque luego fuera acusado por Mauri cc
Bloch , entr e o lros, de aglln r su Illarx isn1o,
El evolucio nismo socia l cOlll pnr le ta mb ién muchos de los pro ·
h lelnas del nl <'Hx i.snlO clásico. Concr ct a rnc ntc , se acus a a su len-
dencia 11l1 ilineal tí pica de conceder apenas lln es paci o pat' é1 los
176 TEORÍA ARQUEOLÓGICA. I.:NA II\TIH)llll(,(,lllN y 1':VUI,I'CI()\i 177
FIl.;. 9.1. Comparación entre la evolución orgánica y la cvolucíon cultural, por Clarke
(a par/ir de Kroebet; 1948).
Fig. 28a. Arbol de la filogenia orgánica
con su forma característica de ramas
que se bifurcan.
Fuente: Kroeber, 1948, p. 260.
BCD

/¿t
Q-f?
Fig. 28d. Sección de un tronco
filogénico cultural en tres
dimensiones. una referida al
tiempo y las otras dos a las
disparidades ten étlcas. La
"sombra" del tronco en la base
indica que las ramas mantienen
una relación puramente fenética
Fig.28b. Arbol de la filogenia cultural
con su característico ramaje
reticulado.
Fuente: Kroeber. 1948, p. 260.
Fig. 28c. Sección de un tronco
ñfoqenétlco orgánico en tres
dimensiones, una relerida al tiempo
y las otras dos a las disparidades
tenétlcas. La "sombra" del tronco
en la base indica que las ramas
mantienen una relación puramente
fenética.
Fuente Sokal y Sneath, 1963,
p.234.
contactos entre sociedades. Si las sociedades evolucionan de un
estadio a otro, ¿.qué papel le queda entonces al contacto cultural y
él la difusión? Otros arguven que es demasiado simplista proponer
un único esquema evolutivo. Corno respuesta a esta crítica han 110-
recido los esquemas mululincales que contemplan la posibilidad
de evolucionar siguiendo caminos diferenciados. En los últimos
años, sin crnhargo, la teoría evolucionista ha respondido a esas y
otras críticas de maneras rnuv distintas.
La crítica a la evolución cultural
Muchas de las criticas a la evolución cultural se han cocido en pa-
ralelo él las críticas del postproccsualismo a la arqueología en gene-
ral. Shanks y Tillev, por ejemplo, escribieron: «Los conceptos de fun-
ción, adaptación v evolución no sirven para explicar lo social, por lo
que deben ser () completamente abandonados o reducidos a simple
vocabulario descriptivo» (1987: 210). ¿Qué quieren decir con ello)
1. Se dice que los esquemas evolucionistas aplican criterios
extraídos de «fuera». Polinesia, Wessex, la Dinamarca de la Edad
del Hierro o los anasazi son tratados COlTIO si compartieran un mis-
1110 estadio evolutivo, estudiándose en cada contexto los DliSlTI0S
factores y mecanismos de cambio -conflictos de clase, fatiga am
biental, desarrollo de una elite dirigente, etc.-. Se argumenta, por
lo tanto, que los modelos culturales evolucionistas «achatan» las
sociedades del pasado. Las ideas de los pueblos del pasado sobre sí
mismos no se consideran Y las particularidades o especificidades
de las culturas no se conceptúan C01110 elementos importantes, ca-
paces de producir generalizaciones. En resumen, que encuentran
difícil abarcar la particularidad de las secuencias históricas. Hemos
visto críticas muy parecidas al pensamiento sistémico (capítulo 5).
2. Los modelos culturales evolucionistas no contemplan la
contingencia ni el accidente histórico. Da la impresión de que to-
das las sociedades evolucionan de forma inexorable hacia la for-
mación de un Estado, sin conceder ninguna posibilidad a la ex-
cepción ni a una historia que adopte otros derroteros. Existe una
variante de este tipo de crítica que sostiene que los modelos evo-
lucionistas son implícitamente teleologicos, Un enfoque teleológico
de la historia es aquel que tiende a contemplar la humanidad en
curso inexorable hacia una meta predefinida )" predeterminada.
17S ¡r O I' !.\ /\ ¡{(J I ( ,,\ ,\ I Y J'I{( ) l ll (( ' ](J "
,\ I{O I ·I,'¡ l l.( )( .l :\ ' 1':\ (JI .l ¡ ' ]( I1'.
[ 7 ()
3. Los modelos evoluci onistas tienden a ignora!' t.' ¡ co ntac to
cu ltural y el d ilu si ouis mo. Si cada sociedad a traviesa por UIl con-
j unt o parecido de e ta pas hi s t óri cas. ¿t1u0 pa pel se co nce de al con-
tacto ent re sociedades? ¿Cónl o in fl uyen Jus contactos con relaci ón
a los ca mbios sociales"!
4. Se ignor« ade más ¡J I ind ivi duo. I , l):-; se res hu ma nos se con-
telnp ian corno si rn p lr-s peones SU.i l"(OS a procesos evoluc ion ista s
inexorables sobre los que : no ejerce n n ingún cont ro l. De 11 11(' \ "0 , Jos
modclo« evol ucionistas , 1.,' 1.1 para lelo al pensumicnto sis t émico, son
obj eto de at aques por part e de tnt clccru ales corno Ha bermas . tal
corno vimos en el cap üu io S.
Como rcsult ndo eje CSt<I S crí ticns . lus modclo-, rn.is elcmcrua k»,
de evoluci onismo cult u ra l ha n s ido comp leta men te a ba ndonados.
Los arqueólogos interesa dos en el evo luci onis mo han xcgu ido lino
de dos cam inos: o han nbaudonado tota lmcut e las teo rías
evolucionis tas ( COll IO han hecho muchos postprocexua list ax) () ha n
desa rrollado 1l 1l C\' ::l S en la líncu del cvol ucionisrno cu ltu ra l
que incor poran las cr ít icas rvc ib idas. 1lcrn os " is to vu (ca pítul o ,:;)
a lgunas de estas va ri an tes q ue Se rvluciona n cs trcc ha mc u¡« L'O Il las
modi ficaciones ex pcruneu tadas por el pensa miento sish. "lll ico para
luch ar co ntr a la s crít icas rec ib idas,
Evolu ción biológica
Para los seguidor es del evoluci onismo cu ltura l, la unid ad bás ica
de análisis es el gru po cu ltu ra l o soci edad . Las sociedades humanas
evolucionan , progresan, c.1 CC8C' 1l , desapar ece n o se uuus lorrna u: por
Jo que se pueden ordenar en tab las de clasificaci ón. Segú n el evol u-
ci oni s rn o biol ógico, la u nidad ele selección es mucho meno r: en de-
termi nadas versione s s ólo puede se r el indi viduo: es cada ind ividuo
el que vive V se re produce. Igu al que sucede con la evol ución cu ltu-
ra l, exis te una gra n divers ida d de tenden c ias dent ro del evoluc io-
n ismo biológico, por lo que es casi imposi ble g·eneraliza r y ha blar
de la «escuel a evolucionista » C0 l110 si se t ra tara de una úni ca cos a,
Una variante del evolucio nis mo bio lógico es la soc iobiologta . La
soci obiología pret cnd.... exp licar los r asgos d ist in ti vos de lu coud uc-
ta humana COlll O consecuencia de f<. lclorcs gc nético-bio]t>gicos y no
de fac tor es sociales . Sugkn; cie r tos cornport::llll ic ntos son fn¡-
to dc u na propensión or igina da a n ivel genét ico que ell cicl' tu n10-
mento dd pasado se tr ansfor mó en adapta tiva . Los ol'Ígelle s del
le nguaje, por ejempl o, se ha n buscad o e n la fOI111.a que tiene n los
pri mates de asearse unos a ot ros , conductas que co nt rrb uven :3 la
solida ridad intcrgru pal. A falt a de es te tipo de cost umbre, los hu-
manos utilizan el lengua je pa ra fines pareci dos , tnndamcnta lnu...-nrc
pa ra crea r la zos de un ión en tre los miembros del grupo. l .a soci o-
hIol ogía es u na teorí a d e la cult ura es pec ial mente co nnovcrt ida ,
puesto que s it úa en los genes el ori gen de las di ferenci as soci a les ,
cosa q ue se interpreta por parte de su s oponentes co mo tina posi-
ción rac ista o sexist a , Por ejem plo, a lgun os sociobi ólogos cre en qu e
exist e un fund ament o adapta tivo en el hech o de que los machos di -
scrnincn sus g'cncs gene rosa mente a su a lrcdcd orv se re prod uzcan
t a n to corno son ca J1<.lCCS; los p ri mntcs hcm bra. por co n t rast e . s()lo
pue den te ner u n n ( II11(,I" O l imi tado de crías, .. ncccsit nn adc mas el e
un macho establ e que In,'" proteja de Ins prcdadorcsv el e otras ame-
nazas mcdio.uubicrual cs. Por In ta nto, se argn mc mu, las muj eres
en las sociedades modern as oc c idc n l'st<.Í n gL'J)t' t ica 11 11' ntL' pre-
di spuestas a las rcl acloucs es tables, mie ntras que los homb res es -
tán gen érica mente predispues tos a yacer co n ta nt as parej as di stin -
tas como les se.. I pos ibk-. La soc iobi o logía es una escu ela dl' pcns a-
mi ent o pertenecie nte a l evoluci on ismo muy po pul a r; no obs ta nte,
son 111UY ra ros Jos es tudios de arqucologfu publicad os que adop ten
expl icuameute U I la perspect iV,'I sociobiol ógica.
Otr a var iante es t {l p rotagonizada pur Robcrt Dun ncll. Dunn cll
rechaza la idea n Ü S1l1<.l de In evolución cultu ral por «acl cnrffica ».
puesto que, según él, no ti ene nada que ver con modelos bioló-
gicos. Dunnell sep ara completa me nte las dos VÜl S del pensamient o
decimon ónico que llevan al evoluci onis mo moder no: el énfasis de
Sp encer en la s globa lidades sociales que cond ucen a la evolución
cuhural v los a rgu ment os adapta t ivos de ü arwi n. Só lo el último,
proclama Du n nel l, L'S «cu-nu lico» . El evoluci o nis mo cultura l es
acicn u li co por va r ias rlJ 1Ul) CS: «cru p k:a noci ones di sti n tas de ca u-
sa, adolece de teorí a en el sen t ido ha bit ua l del término y emplea
estr a tegias de in vest igaci ón tota lmente d is t int as :.l las que la ci en-
cia utili za » (Dunnell 1989: 38 ). Du nncl l rcchava tam bi én la socio-
biol ogía por negar que par te de la transm isi ón dt' ca ruc terfs ticas
de u n h umano a o tro te nga un ori gen cult ura l,
En vez de consider ar a l ind ividuo como la unidad bási cn de la
sel ección n at ural, Dunncll habla de «fc nor ipos ». Los feno tipos son
lu s elenlen tos fí sicus y de CUJ.1 1pur t a micll to L1 e Jús ur ga nisnl0s; ,1Sí,
en la l' spccic hUl1.J<ln tL, «los obje tos p ro duci dos cuns tituyen .l as par -
les duras del segmento de comport amien to de Jos fenotipos », de la
IKO TEORí A i\ IH) I I J'( ) I .c' )( i1( '¡\ . l JNA I N'll { (/I)[I ( '(t( l ' ,\ l H ,Jl Q'.( )I. ( )( ,1:\ Y ('lO1\: IK1
misma manera que las conc has o los nidos lo son pa ra o tras cs pe-
ci es . Si Du nncll t iene ra zón, deberíamos dej ar de lado gra n pa rle
de la a rque ología tradi ciona l, incl uidas lo que él llama <das des-
cr ipc iones de modelos» O fases , las noci ones de cu ltura y período
y la «r econstr ucci ón de co mport a mien tos».
Los pla ntea rni cntos de Dun ncll gozan de muv pocos estud ios
ser ios y de tallados que pued a n a poyarlos. Beui nger y Ecrkens ven,
sin embargo, «un paralelismo poco a for tu nado ent re la arqueolo-
gía evolutiva y el clima: todo el mundo habla de ellos pero nadie
hace nada por arreglarlos » ( 1')') 7: 177). A pesar de tod o, modelos
corno el de Dunnel l gozan de un a creci ente es tima, part icula r men-
te en la arqueología norteameri ca na.
Adaptación, r acionalidad y eeología cu lt ural
Las ideas sobre adaptación y selecci ón ha n influid o en la re-
flexió n que hay det rás del co nj unto de t écnica s que uti liza la ar-
queología 1l1od cr na. Esta reflexi ón puede contern plarsc muy próxi-
ma a Jos planteamientos de la ecología cu ltural. La ecología cultural
contempla a las socieda des en fun ción de su ada ptación al medi o en
que viven, por lo qu e las ca ractcn sticas que presentan pu eden expli-
carse atendiendo a su grado de adaptaci ón.
La ecología cu lt ural es una escuela de pensamiento asociada a
Julian Steward, qu e ejerció una profunda influen ci a en la Nueva
Arqueología (véase capítulo 2) . Muchos de sus partidari os son an-
tropólogos que tr abaja n co n socieda de s modern as . En tr e los eje m-
plos de ideas sacadas de la ec ología cult ur al que ha n sido ut ili za -
das por los arqueól ogos ca bría citar el análisis de áreas de capta-
ción, la teoría de los forrajeros efici en tes, el anális is del ri esgo y el
estudi o de los probl emas relacionados con la es taciona lidad.
El análisi s de á reas de captación implica el empleo de un con-
junto de técnicas basadas en la ca r tografía de los re cursos s ituados
alrede dor de u n yaci miento . La idea subyacente es que los pueblos
t ienden a explotar el pa isaje a su a lrede dor de una forma «racio-
nal », por lo que utiliza rán los re cursos del medi o procurando ma-
ximizar los rendimientos. La técnica co ns iste en dibujar en el mapa
una lín ea a lrededor del ya ci miento de manera que en su in ter ior
quede comprendido un espaci o que rued a recorrerse fáci lmente,
es decir, cuyo Iímite qu ede a dos, tr es o cua t ro horas COlll O máxi-
mo de distanci a a pi e del p unto de partida . El in terés por el ri esgo
se basa en la observaci ón siguiente : para en tender la ada ptación al
medio, la productividad total del mi smo no es tan importante co-
mo el nivel dc r iesgo que hay que asumi r. Las comunidades agrí-
colas del ne olít ico, por e jemplo, posiblemente se preocupaban me-
nos de la pro ducci ón de sufici entes productos ali ment icios qu e de
lo que podría suceder du ra nte el «mi o ma lo» de desastres y ham-
br e que seguro que iba a II cgar. No tiene sentido qu e un poblado
produzca comida su fici ente para 500 personas nueve de cada diez
años, si en el déci mo año sólo es ca paz de produci r comida para
lOO personas. Ant ropól ogos y arqueó logos han interpretado la
existencia de redes de rela ciones, de con tac tos comer ci ales y de lu-
gar es de almacenam iento el e comida, corno estra teg ias para miti -
gar cJ ri esgo de cr isis de su bs isten cias. Muchas estr a teg ias eco rió -
micas, sociales e incluso religiosas se pueden entender en tonces
corno medidas para min imi znr el riesgo . Si ralt a comida un HIl o se
puede recur rir a los primos lej anos, o a cont ac t os co merci a les con
deudas pendientes por sal dar, o a tribus a las que se ha proporcio-
nado parejas para matrírnonios. Así, red es sociales muy elabora -
das corno las que exis ten entre los abo ríge nes austra lianos o en tre
los in uit del extremo norte de América pueden se r explicadas co-
mo r espuestas adaptativas a medíos de a lto r iesgo corn o son el de-
sicrt o de Aust ralia o la tundra dcl Án ico.
Los estudios so bre estaeiona lidad tienen que ver con el interés
por conocer las es trategias de supervivencia de las poblaciones a
lo largo del a ño . Pu ede qu e durant e la mayor par te del mio el me-
dio propor ci on e sufi ci entes r ecursos, pero ¿.qué se saca rí a de ello
si hubiese dos meses mort íferos? Pet er Rowl ey-Con wy estudió la
cultura Ertebolle de Din amarca y sugirió qu e la recolec ci ón de
marisco, aunque no fuer a import an te en t érm inos de aportación
calorífica global. era absolut a ment e cruc ial du rant e ci erta parte
de ! año cuando a pe nas había otros recursos de los que echar ma -
no. Esta o bservación, a su vez, ayudó a Rowlev-Conwy a en tende r
la sit uación de los asent amientos, ade más de otros aspectos del
comportamiento de es te p ue blo.
CASO 5: ARTE PALEOLí n c o
Un buen eje mplo de có mo ideas derivadas de la eco logía cultu-
ral han afectado a la interpret aci ón arq ueológica se encue ntra en la
explicación ofr ecida por St cven Mithen del art e rupestre pal eol íti-
182 T EORÍ A ARQLEULÓGIC;\. t !NA INTROOUCCl Ó.\l ARQLEOI.OGí. y EVO! I.:ct (, ,, 183
en. Mi t hen su gi ere qu e la creat ividad del ar te ru pest re es u na res-
p uesta ada pta tiva a un ent orno lleno de riesgos .v cam bios, en el
cual, aunque a menudo exist a una gra n ca nt idad el e ca za , de pron-
to ést a puede des a pa rece r. Miihen diri ge la ntcncí ón a l contenido
del arte rupestre - inui. ge ncs de a ni ma les que en su opi ni ón co di-
fican inlormación muv va liosa para los cavadorcs-i- , .v a su di st r i-
bución - un úrea rica en ca za y posi blemente densa en poblaci ón
en aquel período- o Mith cn sugiere que est e 1ipo de a r te se rel a-
ci ona con los moment os crít icos del ca mbio de las estrat cglus de
Ca za , cuando moditt caci ones en el medi o fuerza n a los ca zad ores
a adap ta rse, pasando de las acti vid ad es de caza en gr u po a la caza
en soli í aiio. El ar te, pu es , pr epararía a los ca za dore s a aíron tar el
ca m bio, cazadores q ue seguramen te ya sab ían que se produci r ían
osci laci o nes en el tamaño de la s ma nadas pero que ignora ban
cuándo se da rían.
Lo que sorprende del enfoque de Miíhcn es el us o que hace de
ideas di s tintas, Utiliza ideas r e laci onadas co n la adaptaci ón a un
ca mbio medioambien tal para explica r l'enólll cnos a rt e- que
normalmente no se co ntemplan co rno adecuados par a un e nfoque
adapt ativo . Mithen insis te en que creatividad adaptación no so n
factore s mu tua m ent e cxcluve nt cs. Y a ña de:
J\-1t:' pregunto sobre la posible conexión e ntre el acto creativo eh-
prod uci r imágenes .\' las ideas c rea ti va s sobre el modo de cazar tltl l '
tales im ágen es ayud a n a generar: Tengo la impresi ón de que unas uli .
me ntan a las otras en una espi ral ele creativida d que nos ha legad o
los esplendores del aru- paleolítico vquc pct-ru iti ó a los cazadores dd
palcol üico ada ptarse a un mundo inc iert o (Mit hen . 1990: 13).
Críticas a la ecología cultur al
Es difícil des lindar las crit icas a la ecología, C 0 l110 vimos , la
propia escuel a de pensa mient o ecologi sta se nos presenta co rno 1111
conjun to de puntos de vist a abigarrado y co mplej o. Las crírica« d i
r igidas, por ejemp lo, a la eco logía cult ura l de Stcwar d se des vu u: ; 1
menudo haci a ci er tos as pectos de la evol uci ón biol ógi c«. Si se n:
ficrcn a los model os dn rw inia no-, de evoluci ón, d ifie re n c u lo q in -
co nsidera n que debe ser la unidad aprop iada de a núlis is k l i l hl i \o¡
duo, la cult ura, el fe nnt jpo); así, la cri tica a u n 11 10dl..'l(), tl(l 11( '( ( ' S; 1
rian1cnLe se ap l ica a los d Clll ÚS.
Shan ks y Til lev r oza n a l re cha zo total <1 es los modelos . Estos
autores rec ha za n cua lqu ie r t ip o de teorí a evo luc ionista o ec o l ógi-
ca so bre la base de los mis mo-, argu men tos qu e les sir ven para re-
chazar la tcoría de si stcmax. Co nceptos C01110 ah orro de t iempo ,
r iesgo análisis coste-be nefi cio so n, para Shan ksv Tille.\' , id eas de-
ri vadas de la eco nomín moderna que sirven aG1S0 pura el es tu dio
de las sociedades ca p ita listas. Pi ensan que si la ge n te te nía e n el
pasado s ixtc ma-, de va lores culturales , és tos ten ían que ser muv
d isti ntos de los qUt.' fu ncionan en el n11111do capita list«, por In q ue
re sul ta n inaplicables al pasado lejan o. De hecho, ca be ir m ás lejos:
si los arqu c ólouos re ivindica n la vali dez de tules a ná lisis, Jo que es -
l án haci en do es procl amar que los va lores C:lpil[ll ist as son vál idos
pa ra cualquier tie mpo luga r. L" eco logía cult ura l es, pues , una
ideología , y tal co rn o d iscu tirnos e n (' 1ca p üulo ó, tina ideol og í::l es
u n sistema de creencias que hace que determinados val or es apa -
re zca n como uni versal es, normal es :'-' na tura les .
l... os ecologis tas cultu ra les responden que, s i mirarnos a otras
cu lt uras , ve rnos que sus creenci as t icncn tilla rac iona lidad quc
puede va riar de menor a mayor. pero que en cualquier ca so 110
puede nega rs e, Sost ienen que los modernos estudios crnogr a f'i cos
rnuestrau qu e' todas o la mavoría de las cu ltur as conrcmp lan de u n
modo racional a su entruno . por lo qu e es ta ctiblc a pl ica r concc p-
los ra cionales modern os .
El arg umento que esta rnos discut icnd o no puede por el mo-
ment o zanjarsc, pero es interesan te se ña la r que sus orígenes se
. -ncu e ntran e n ln a ntropologfa econ óm ica . En los arios sesen ta o\'
set en ta , di ve rsos an tropólogo s qu e es tudia ban la cconomia de las
sociedades modern as no occiden ta les seña la ron qu e este tipo de
sociedades sabín valo rar escoger ent re di stintas opciones eco nó-
micas r aci o na le s q ue se les pu dier a n prcscn uu, por 10 que se podía
lo' onl pr encicr mej or su for ma de vida ut ili zando las ideas y el voca-
bu la ri o ex tra ído de 18 cc onom ía occide nt a l: cost es marginales, flu -
jos de energía , ri esgo , el e. Este movimiento r eci b i ó el n0I11bn..' de
¡' scu e1a [onn alista de ant ropología econ ómica. Los forma lis ta s se
1lponían a los susrantivistas , que pensaban que las ideas del mu n-
lIq occiden ta l er an inaproptadas para el es tudio de las opci ones
t'{'(mú ln ic as de otr as cultu ras" El debate «Fo rma listas con tr a
t. un ivixtus » ha perdido interés hov d ía, a unque sigue p laneando
·,;)hn...' los till e a fec ta n a la eco logía cll lLlI l"a l.
FI t"( 1lISI1'l ll
o
¡ i , lS11l11 s Ol' i a l. la crí t.icn socia ln la ciencia q Ut' cslu-
, 11; l l ll (l " , ' 11 ,,1 l o;q ll l l ¡\() 1;II11h l (" l l 11 ;\ ll ptl csto <. Il ·t! l nn ent os re 1ncio-
184
TE() l{í l\ ,\ ROl fE( ) LOGICi\. LN,\
nados con lo que aca bamos de ver, a la evolución y a la ecología.
Si sc di ce qu e una cultura sc ha adapt ado a un medio externo, ¿có-
mo podremos conocer c ómo era realmente es te medio? Los rec ur-
sos y los riesgos de es te medio se perfilan mediante técnicas pro-
cedentes de la cienci a occi dental. Pero si es tas técnicas so n una
construcción socia l, ¿c6nl o se pu ede afi rmar que sirven para car-
togr afiar de una forma neutra y obj eti va los recursos que ofrec e el
medio? Una 1' 0 1'111 3 distin ta de hacer la m ixrna objeci ón es atacar
el esell cíalis ll l() : s i se desmonta la idea de que el cuerpo humano
tiene ciertas necesidades .y deseos «naturales » o (, biológicos », el
me dio a mbient e ya no pod rá in terpretar se como un co nj unt o de
recursos, m ucho s de los cuales sirven para saciar ta-
les nccesid. utes .v deseos .
Una terce ra objeción que se diri ge de forma específica a los
model os de la evolución bio lógica sos tiene que es 1l1U.V di fícil es-
pec ificar cu ál es la «unidad de sc leccl ón » apropiada, y de qué for-
ma se t ransmiten los car acter es cu lt urales. Algunos afir man, si-
guiendo a Da rwin, que la úni ca uni dad de selecci ón válida es el in-
divid uo. Pero es dil'ícil ver de qué for ma los ca racteres cult ura les
pasan de una ge neraci ó n a la si guien te s i rechazamos la idea de la
sociobiología de que la transmisi ón es tambi én genética. Algu nos
evolucionist as como Dunnell ar guyen que la unidad de sel ecci ón
es el Icnotipov no el individuo, y qu e la t ra nsmisió n de caracte res
es cult ural en vez de gené tica. Éste es un debat e que sig ue vivo en
el seno de la arqueo logía evoluc ionista.
El deba te sobre evoluci ón y ecol ogía es, en mi opinión, un buen
e jemplo de la falta de comunicación entre las difer entes escuelas
del pensamient o arqueológico de los años noven ta. En un congre-
so de arqueo logía recie ntemente celebra do exis tía la pos ibilidad de
escoger entre as is tir a una ses ión so bre «Da rwin, sexo y aJin1Cn la-
ció n », por un lado, .Y so bre «Herm enéuti ca del cue r po», por otro.
Difí ci lmcntc se veían las misr nas caras en las dos sesiones; así, los
protagonistas del debat e en ambos lados tenía n la impres ión de
que toda la razón es taba de su pa rte y de que no necesita han sus-
cita r el tipo de cr íticas qu e haría el otro lado.
CAPiTlI LO 10
ARQ UEOLOGÍA E HI STORIA
En Nortea rnérica pred o mina la idea de que la di sciplina he r-
mana de la arqueología es la antropo logía; para muchos allí, la a r-
queología, o es antropología o no es nada. En Europa, la mayor ía
de los arqueólo go s piensan que la di sciplina hermana de la ar-
queologí a es la historia . Esta diferen ci a refl ej a u na interpretaci ón
d ist int a de lo que es el objeto de la arqueología. La a rqucología en
Nortcam érí ca es prehi storia ba st a las primeras colonias europeas
de los siglos XV, XVI Y XVII . Exi st e all í u na floreciente y vibrante
«ar queología hi stórica » del per iodo inici al de las colonias y de los
s iglos s ubsiguientes hasta el XIX, pero num éricamente la arqueolo-
gía hi stór ica es mino ri taria frent e a la arqueología de la preh ist o-
ria. En ca mbio, el hori zonte hi stór ico es mucho más temprano en
Eur opa. Los estudiosos de la hi stori a europe a di sponen de textos
hi stóri cos que hablan de la Edad del Hi erro, y los arqueólogos es-
peci ali zados en es te o en posteri ores peri od os totalizan algo 111ás
de la mitad del persona l que trabaj a en las universidades bri t áni-
cas o Pod ria mos es ti ma r que la mitad a proxi mada men te de las ex-
cavaciones que tienen lugar en Europa se reali zan en ya cimi ent os
arqueol ógicos de los pe ríodos romano y posterior es. Tod os es tos
a rq ueó logos utilizan textos históricos y se relacionan con departa-
menta s de histor ia a nt igua. La his toria de la di vergencia entre los
ar queólogos europeos y nort eamericanos va algo más al l á de la
si mple adscripción departamental (l del t ipo de aliados que preci-
san . CO!1l 0 vimos en el capít ulo 2, est a discord ante configu ra ción
di scipl inari a co nt ri b uyó a que la Nueva Arqueología impactara de
for ma di stint a en a mbos mundos. Asimismo, explica la cont inua-
da prosperi dad y varie dad de enfoques lrist ór ico-cu uural cs tradi ..
cional es en Gran Bretaña.
10(1 I I 'J HU ,. \ ,\ !{ U l ' I ':( l] .f h ; j( .. \ . 1 , .\ 1\ 'j'I, tltll '( ( ' lll t\; \¡ , (II II Ji ( )l , I ·\ r: II L' ;I()I{I ,\ I Ki
En es te capítulo pr et endo ex a mi na r a lgu no s dI..' los e nfoques
tcoréti cos di ferenciados que prod uce la relaci ó n en tre la a rq ucolo -
gía :v la his toria. Pero a ntes debemos [ija rnos eu las diferentes
perspecti vas que presen ta la teo r ía y la pract ica de la his tor ia . l.as
pos ic iones tcoréti cas entre los hist oriadores son ta n var iadas C0 l110
las que presentan los arq ueól ogos. Y has ta cie rt o pu nto. JO:-j dcha-
tes in te rnos sobre teoría históri ca corren e n paralelo :t los debates
suscitados den tro de la arqueología .
La historia t radicional
!\ mu chos hi s tori udorc -, situ a r las de su d isci-
p lina en el sigl o XIX, j un to a figllras como l' l hi xu ni ador a lem án
Rankc. Ranke ..ulopt ó lo que hoy po dría cons iderarse UII cmpiri-
cisrno estrecho: pret endi ó explica r [.. 1 hi st ori a «141 1 U H Il O realmente
s ucedió». La ta rea de los h istori udore » de final es del :-: iglo X'IX COIl-
sist ió en a masa r mont a ñas de hec hos.
Asociado con el e nfoque cmpiri cista cícrr aruenre i nduc ti vi sra
se desarroll ó una hi storia conce bi da como narrati va cent rada en
los acon tec imient os pnl íticos. Los hi stori ad ores trad iciona les co n-
taban la historia ; de manera que muchos lib ros de histo r ia tradi-
cionales pres entan a muelo de gu i ón u n in ic io, un desa rrol lo un
desenlace. Ciert amen te pu ed e urgu mcn ta rs c que mient ra s los his -
toriadore s tradi ci onales negaban (v siguen negando) su ads crip-
ción ZI supu esto t e órico alguno, en la realidad seguían las rc glas de
la narrativa y' las t écnicas del gu ionist a, Cosas que han sido int eli-
gentem ente caracteri zadas por el his t or iador Havden Whi tc.
La his toria políti ca tradici onal con tinúa escri biéndose hoy día.
Sin embargo, en el pre.... c ru c siglo se ha produc ido una am p liaci ón
del horizont e del pensamiento h is tórico hacia dis ti nt as direcciones
de tal magnitud. que e n este mo mento es imposi ble dar cu mp lida
cuen ta de todo. Un ejemplo de es ta a mpl iación de las pers pect ivas
es la escuel a de hi s to ri ud urcs lranccscs de los ' 1111UI1t' ....· (deno m ina-
da así por s u publi caci ón .1. III1(/l es: Fcononr ias.. , Sociedadc....-. Civil i-
raciones¡ que incl uve a hist ori adores de la talla de Ma rc Bloch,
Fcrd inand Llraudcl, Emman uel Le Rov-Laduri e y J acqucs Le, Goff.
La Escuel a de los Anua les ha sido ci t ada 11l UY a menudo por los ar-
queó logos C01110 u na fuente de i nspiraci ón para la a rqu eología,
por lo qu e es acons ejable r evisar, a u nque sea de forma b reve, sus
teorías.
La Escuela d e los Anuales
En pri mer luga r, la Escu..: la de lo:; An ual es a mplió los int ereses
de los his tor iado res hast a el p unto dl' iuclui r lodos los as pectos de
las sociedades del pasado . No só lo debía interesa r la maqu ina ción
política de Ia:-; el ites . sino tarnbi én la cconomfu, la soc iedad v el
pe nsamien to. En es te se ntido. los AIlIl(J /c!."; cor u ri buvc ro n a que la
his tor ia fuera rll ús ant ropológ ica y procesual , es to cs, que se preo-
cupara por la comprensi ón del co nj u nto dd sistema cultu ra l y n u
sólo de explicar ci ertos sucesos pol ít icos.
En segundo lugar; la Escud a de los Anunh-s amplió el int erés
históri co haci a la comprens i ón de la natu raleza del tiempo. Los
histor iadores rr adicionules t e udia u a conte mplar la s uce si ón te ru-
poral en lérnlillos de lx uullns, trn tad os. naci mientos , co ronacione s
v tulk-cimi cru os de La l a n .'''1 de los hístoriudores se li -
mi taba a dcsci'ibir es te tipo de aco nteciuueutos. La Escuel a de los
Anna lcs lla m ó la a tenc ión sobre los pr ocesos 111ás profundos que
se s uceden en el lar go p lazo v que e nglolxu: los aco ntec imieru ox
part icnl a rcs . Bajo el manto su pe rfi cia l de ha ta llas v trat ados des-
cub r ieron tendenci as ci cl os de s igni fica do económico . a mbienta l
)' demográfico. Según Hraudcl, la his tori a podía con templarse evo -
lucionando e n tres escalas o ci clos:
1. La escala de los acontc cirni cntos . o histoire cveneinentielle .
2. Los ciclos a med io plazo, C0 1110 por ejemp lo los cic los eco-
nómicos,
3. Los ci clos la rgos o «estru ct u ras de lar ga dur ación» (la /OJl -
gu« tl u n:« de los ca mb ios clim át icos . ge ográFicos).
Nótese la si rn il it ur] e nt re la n oción de lar ga duraci ón de los AIl -
nales con el conc epto arqueológico de proces o COlll O tendencia
subyacente a la va r iabilidad es pecí fica (capítu lo 2)_ N ótc nsc asi-
mismo las dos áreas de debate s usci t adas por el pensami ento de
los Annales con cla ros para lelos en la teoría a rqueo l ógica :
L ¿Cuál de las tres escalas tem porales es dominante? Cada
escala te mpora l pu ede tener su propia lógica : au nq ue pueden in-
tcrscccionar en coyu ntu ra s determin adas. Braudcl t endi ó a creer
que la larga duraci ón med iatiza ba los otros dos cic los : en cambio,
ot ros h is tor iador es de Annnles pen sa ron que los t res ci cl os in ter ac-
cionaban entre sí, p OI' lo que nin guno de los tres er a domin ant e.
I ~ ~ I EOR I!\ i\ 1< U IJU JI.i'H ;1 ( '1\, 1' '...:\ 1 ' ' I ' I ~ ( ) l l l : ( ' ( 'J( lN ,\ I{ ( Jl Ol :, ( I I ,( )( ;[ ¡\ J': 111.'-i'l'l l l{ l ,, \ I K\ )
2. ¿Qué papel reser vamos a la conc iencia de los ind ividuos?
Algu nos histor iadores sugir ieron q ue lo que el los denominaba n
mentalidad podía co ns t ituir u no de los element os net amente im-
plica dos e n e l c icl o dc la r ga d ura ci ón. Por e jemplo, Lc Goff se re-
fería a u na «menta lidad medi eval ) que abar ca ba ci nco s iglos , de
forma que ha bía est r uc t u rado las act itudes de la ge nte de la Edad
Media con r el ac ión a las realidades econ ómicas v el mundo na-
tur al.
Emmanuel Le Roy-Laduri e, en su libro dedi cado a los ca mpe-
sinos del Languedoe nos proporciona un ejemplo in teres ante de las
aport aciones de los Anuales. Le Roy- Lad uri e es tu d i ó la vida de
las comunidades campesinas del sur de Fr ancia, uti lizando abun-
dante evidencia cuantit ati va, por eje mplo sobre la nut rici ón de los
campesinos y so bre los jorn al es diarios pe r cibido s . Ut ilizó un mo-
del o vagamente sistémico pa ra profundiza r en la evo lución de la
población, fijándose en los ciclos de crecimiento, es ta blidad y
con tracción, II cga ndo a la co ncl usión de que las va ri ables medio-
a mbient ales , fundament almentc el cl ima, tenían una gra n impor-
tancia. Su infl uye nte libro Montaillou se convirt ió e n un hit o de la
literat ur a h istó r ica por s u ej empla r recons tr ucci ón de las mcnta li-
dades de los ca mpes inos. El trabaj o de Le Rov-Laduri c, y en ge ne -
r al el pensami ent o de los Annales , sitúa en el ce ntro de los deba-
t es sobre la hist oria la ten s ión en tre med io a mbie nte y sociedad
que la arqueología y las cie ncias humanas en general ta mbi én co n-
t emplan.
La revolución lingüísti ca
En los úl timos t iempos ha habido un cambio qu e nos ha lleva -
do más Jeja s aún del di scur so his tórico tradicional : la llamada «re-
volución lingü ís tica ». Una buena forma de explicar es te ca mbio es
seguir la evolución de la llamada «histor ia social " en Inglaterra.
En los a ños sesenta , en paralelo con la Nueva Arqueo logía y 1"
Nueva Ge ografía, y baj o 1" infl uenci a de la Escuela de los Anuales .
los historiadores que trabaj aban en la ór bita del lla mado Gru po de
Cambri dge para el Es tudio de la Población y la Estru ct ura Socia l
dirigieron la ate nci ón haci a nuevas áre as de conoc imiento, muy
alejadas de la hi stori a tradi cional. Algunos lla maron a es te movi-
mie nto la «Nueva Hi stori a Socia l». La Nueva Hi stori a Social bus-
có una respues ta a las di námica s de las sociedades del pasado a
base de saca r pa rtido a l a para to es tadíst ico. ce n trándose en proce-
sos como los cielos demográfi cos, la evolución de las tasas de fer-
ti lidad, ct c. , y utili zando un lengu aj e sacado de la teoría de siste-
mas para co mprender las relaciones entre las va riables en j ue go.
Las analogías interculrurales fueron ut ilizadas por ejemplo pa ra
compa ra r la Euro pa de an tes de la revoluci ón indus tr ial v la Eu-
ropa en pl eno proceso indust ri al , con las soc ieda de s mode rnas «e n
desarrollo ».
Pero la Nueva Hi stor ia Soci a l se clio cuen ta rápida mente de
que los elemen tos clave de las respues tas a las cuest ione s que se
hacía debía enco ntr arl os en el «sentimiento», en la «mentalidad »,
es decir , en el domi ni o de la co nciencia. Un buen eje mplo de ello
es la pretensi ón de 1<.-1 Nueva Hi st o r ia So cia l de profund iza r en los
camb ios de patrón de lus cas amicn ros . No habría manera de en-
tender bien los res ul tados es tud rst icos q Ul' muestran ca mbios en la
edad de contr aer 111 atri rnoniu s in a tender a los cambios de ac titu-
des y a la evolución de Jos sen timien tos (por ejemplo, el cambio de
acti tud con rel aci ón a los hij os ilegítimos , o haci a el papel del pa-
dre, o el asce nso de la noci ón moderna de a mor rom ánuco) .
Como resultado de todo ello, los hi st ori ador es d irigiero n su
atenci ón ha cia otras formas de evidenci a con el tln de explora r las
actitudes de las ge ntes. Así. se incl uyero n COll10 luerues no esta-
dís ticas las publ icaci ones so bre modales v comport umieru o, los in-
formes judi ci ales y ec lesiás ticos o las descri pci ones lit erar ia s .v
poéti cas sobre se nt imientos y conduc tas.
Al mi smo ti empo, los hi stori adores se hi ci ero n eco del argu-
mento que reivindi caba la inexist encia de una verdad hi st ór ica ob-
jetiva. Si los sentimi entos que su byací an en el hech o de casar se de-
bí an ser explorados, no había lugar a discusión de que difer ir ían
de una persona a otra . Por lo ta nto , no podía existir una ú nica po-
sible re spuesta cor rec ta a la pregunta ¿.qué representaba casar se
e n Ingla ter ra e n el s iglo XVII ?, puesto que podía haber tant a s idea s
y exper ienci as dis u ruas co rno personas afectadas. Cualquier inter-
pretac ió n sobre la for ma de pensar de la gen te con res pecto a rea-
lidades co tid ia nas co mo una boda só lo podía ser subjetiva, cuando
más que se ha cí a desde un a época, la sociedad actua l, ta n dist inta
y con ideas sobre el matrimon io tan diferentes a las de en tonce s.
Los histor iadores sociales conte mplaron la d iso lución de los
hechos obj eti vos has ta el punto de que a lgunos , en trabajos r e-
ci entes, han llegado a cer ti fica r la « lTI U CI1c)) de la hi stor ia social.
Diversos hi s toriadores a rguyen qu e no se p uede dispon er de nin-
IYU TU}]{J..,\ ,\RUl'I'J>IJH,ll'i\. [,'\.;\
AROI:EOL()(;L\ F IIlSTOI{IA I () I
guna «realidad social», va que «lo que pasaba» en cualquier situa-
ción histórica dada esLú abierto a múltiples interpretaciones, la
vida social de la gente se construía en el marco de creencias y' for-
mas de entender el mundo, de signo cultural y' por 10 tanto, varia-
ble. Siendo creencias e ideas un elemento variable, podían « leerse»
de forma distinta, de la I11iS111é\ manera que podía «leerse» de for-
111<1 distinta el material arqueológico, tal corno vimos en el capítu-
lo 7. En vez de una sociedad objetiva dotada de una existencia
concreta, temamos un conjunto an101'rO de creencias culturales. Y
C01110 deua» de la «realidad social. existe la percepción cultural,
de la Nueva Historia Social nació... la Nueva Historia Cultural.
Esta incursión por la teoría histórica csLú siendo breve e in-
cornplcta en extremo. Sin embargo, quisiera señalar, llegados a
este punto, dos cosas en especial:
1. La historia del pensarniento arqueológico corre en paralelo
a la historia del pcnsumieuto histórico \' a la de las ciencias hu-
manas en general, aunque la tenninologia usada pueda variar.
2. Hay distintas forma-, de penxarniento histórico y teorías
muv distintas sobre el método histórico. Por lo tanto, no basta con
decir «dcbcriamos rechazar cualquier Iorma de hacer historia» o
alternativamente, «deberíamos adoptar métodos históricos conve-
nientemente seleccionados y contrastados», sin especificar qué
métodos tenernos en mente \' sin examinar estos métodos denrro
de su propio contexto disciplinario. Si bien las teorías de otras dis-
ciplinas pueden constituir una fuente fructífera de ideas frescas,
no hay posibilidad de salvacián para el pensatniento arqueologico
que se interesa por los métodos de otras disciplina.',' si la unidad de
nietodos protesado por estas otras disciplinas es ilusoria, se eslé ha-
blando de los métodos de las ciencias naturales, de la historia o de
la crítica literaria.
Como era de esperar, contemplamos C61110 distintas escuelas de
teoría arqueológica se han vuelto en busca de aliados. hacia la
práctica vigente de la historia. Jacquctta l Iawkes escribir: una idea
sobre la arqueología que se ha hecho famosa: «sean cuales sean
los métodos científicos empleados. la m era final de la disciplina si-
gue siendo histórica: la descripción en el tiernpo de acoritccirnicn-
tos" (JIawkcs, 1968: 258). Incluso en el momento ele escribir esta
[rase se trataba va de la descripción de una de las posibilidades ele
la práctica histórica. y no precisamente de la más amplia o nove-
dosa. Y fue precisamente la forma que tuvo Gordon Childe de con-
cebir sus primeros trabajos de historia cultural, que luego al final
de su vida describió críticamentc en su Retrospect (1958).
Algunos arqueólogos de nuestros días vuelven otra vez a las
ideas y métodos de la Escuela de Jos Annales para encontrar la ins-
piración que les falta. Enfatizan el interés de los /vnnales por las
diferen tes escalas temporales por las interacciones entre los 1113-
teriales :y el mundo de las mentalidades, en el que ningún rasgo es
dominante. Finalmente, muchos postprocesualistas, cnrre los que
me incluyo, han encontrado inspiración en los métodos y teorías
de los historiadores involucrados en la Nueva Historia Cultural.
Arqueología histórica
En la prinlera parte de este capítulo me fijé en la relación entre
historia y arqueología en abstracto; en este apartado quiero aten-
der a sus interacciones en la práctica, a partir de distintos enfo-
ques de la arqueología de los períodos históricos. Mí definición de
arqueología histórica difiere de la de muchos arqueólogos nortea-
mericanos, para quienes se refiere exclusivamente al periodo que
sigue al año lSUü. Yo, en cambio, examinaré también ejemplos sa-
cados de la arqucología antigua y medieval.
Gran parte de la arqucología tradicional se ha visto aliada de la
historia tradicional. En particular, los arqueólogos que estudian el
mundo antiguo o la Alta Edad Meclia europea tratan con ámbitos
del discurso histórico que, con excepciones, son todavía conside-
rablementc tradicionales, fundamentalmente en lo que se refiere al
alcance dc la disciplina. En muchos casos, los arqueólogos a los
que nos referimos estudiaron lenguas clásicas o historia y llegaron
a la arqueología movidos por el deseo de atacar problemas histó-
ricos quc venian delimitados de antemano por la metodología his-
tórica (tradicional): ¿Qué rey está enterrado en Sutton Hoo? ¿Có-
rno era el foro dc Roma? ¿Cuándo fue abandonada esta aldea me-
dieval?
Subordínación a los relatos históricos ha significado subordi-
nación a los modelos tradicionales de la historia cultural y a un
enfoque normativo de la cultura. El típico ejemplo es la historia de
la colonización anglosajona de Inglaterra. El historiador del si-
glo VITT, Beda, nos cuenta quc tres grupos de colonos distintos lle-
garon a Inglaterra en el siglo v: los anglos, los sajones y los jutos.
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192 TEORl i\ ,\ RVl.I H H ,( )(;¡ ( '1\, ti NA J\JTI {OIll I( ' ( ' I( ) '\I !\ IH ) (.' !: I )I, ( )( ; I A r: JI I STORI,\ 1'1.1
Beda nos explica dónde se es ta bleci eron y qué reinos Fundaron.
Una generaci ón de arque ólogos tradi cionales se ded icó H exa minar
los ajuares de los ente rramiento s en las áreas señal adas y los in-
ter pr etar on comparándolos co n los enterramien tos hallados en el
norte de Alemania y el su r de Dinamarca . Pu est o que Beda nos ex-
plicó que el co ndado de Kent fue colonizado por los j utas , el ma-
terial arqueológi co proced ente de Kenl fue etique tado como «Ju-
ta», y se buscar on y enc ontra ro n parale los es tilís t icos de lec ha si-
mi lar o ligeramen te m ás te mpra na e n ma teri al es descubiertos en
la Jutlandi a danesa.
Aunque se t r ata dc hi stori a cultura l basada en teorías sobre
procesos migr atori os ,v 110 en el difu sionis rn o, los paral eli sm os co n
la historia cult ural de la prehi st or ia son obvios . Tra bajos rec ientes
han crit ica do este model o, sea bu scando minimiza r el impacto y el
número de posibles colo nlza do rcs llegados en el s iglo v, sea enfa-
tizando el ca mbio soc ial ocurrido a nivel de las estru ct uras de es-
cala menor y no ta nto debido a las mi graciones a gra n escala.
La arqueologí a hlst úrica y los textos
Durante los años sesenta y se tenta , un gr u po de arqueó logos
norteameri canos se ded icó a adapta r las ideas el e la Nue va Ar-
queol ogía a l es tud io arqueológico de períodos históri cos, sigu ien-
do el consejo de Binio rd de que: «los especi alistas en este campo
deber ía n uti li za r los métodos de cont r ast ac í ón y evaluación que
son habitual es entre los arque ólogos de la prehist or ia » ( 1977: 169).
Vimos un e jemplo de es te en roque cn el trabaj o real izado por
Ho dges y su an álisis sis témi co del comer cio durante la Alt a Edad
Med ia. (capítulo 3).
Los traba jos resultantes fueron innovadores en el sentido de que
intentaron hacer gener alizaci ones y adopt ar una visión cercana a la
antro pologí a que huía de las descripciones histór icas tradi ci onal es.
Por ejemplo, el tra baj o el e Kathl een Deagan y otro s en Sa ínt Au-
gustine, Fl or ida - una ciudad que en los siglos XVII y XVIll esta ba
ha bit ada por di sti ntos grupos étnicos-, buscó en los mater iales ar-
queológicos tipologías asoc iada s a estos di stintos gru pos étnicos . El
objetivo era, en part e, elaborar una definición de etnicidad más r i-
gurosa, basada en la identificaci ón de variables cuan titativas .
Una de la s posibili da des u tili zadas por la arqueol ogí a hi stórica
pa ra atender al r eto de renovación fue tr at ar la documentaci ón es-
cri ta como document aci ón de alca nce med io. Recordemos qu e
Binío rd había hablado de la pos ibilidad dc cons ult ar fuentes de in-
formaci ón indepen dien tes pa ra elabor ar argu ment os ( r obustos »
(capítul o 4). En el pal eolít ico, Binfor d estudió el co mpo r tam iento
de pla n tas y animales. Algo par ecido podía hacerse para los pe río-
dos histór icos , pero e n es te caso se rí an los documentos escr itos los
que de berían servir; Los registros de aduanas y puert os, por ejem-
plo, explican lo que se import a ba y lo que se export a ba y los pre-
cios que se pagaban, una docurnentaci ón que pued e co mpara rse
con los r est os dc mercancí as y de sus em bala jes que descu bri mos
en los vert ed eros.
Ot r os arqueól ogos. en cambio, se interesaron m ás por la ofer ta
del pensa miento postproccsu al , e inte r pretati vo pa ra obt ene r' mo-
de los al ternati vos de integra ci ón de la ar queología y la historia.
Pa ra el pensamien to postprocesual el context o es s uma mente im-
por ta nt e, corn o se recordará. Los documentos interpre tados de c ~ ­
ta Forma podrí an proporci onar un t ipo especi al de in formaci ón
contcxt ual , por ejemplo, so bre las personas individ ua les o so bre
sus ideas sobre el género . Hemos visto ya un ejemplo de es te tipo
de t raba jos: mi discusión so bre el hall de aquell a ca sa inglesa de la
Edad Med ia tard ía (ca pítulo 7). Sobre este tip o de enfoque se ha
trabajado mucho últimamente, especialmente en países co n irn-
pronta colon ia l como Sud áfri ca y Estados Unidos .
La arqueologí a histór ica en ge ne ral no se dej a, sin e mbargo,
enc asillar fácilmente por etiquet as tcor ét icas como las que a me-
nudo identifica n a los arqueólogos de la pr ehistor ia. La arqueolo-
gía de los cas tillos nos proporc iona un buen ejemplo de cómo la
arqueol ogía hi st órica no sigue fácilme n te las reglas esta bleci das.
CASO 6: El. CASTILLO B ODIAM
En Ingla ter r a se deb at e desd e hace mucho tiempo la fu nció n el e
los castill os med ievales . Los cast illos eran grandes cons tr ucci ones
desti nadas a los poderosos , que combinaban unos usos res idencia-
les para los señore s y su corte de servidore s, con unos usos defen-
sivos ej emplificados por las torr es , los muros almena dos , los pu en-
tes levadizos y el foso.
La in ter pretaci ón tradicional de los cas tillos ha venido de la
mano de er udi tos con ci erta formación milit ar, La evol uc i ón de
la arquit ect ura de los cas ti llos ha sido int erpr etada en re lación al
194 TEüRf A AROtir:OLÓ(';ICA. I JN,\ I N'II{(II Jl ;( '( '[ O N /\]{(JlJEutUG ]A E I I JS'l'U R. I A I YS
progreso experimentado por las técni cas de ataque y defensa; así,
parece que de forma inin te rrumpida a lo largo de los a ños, ataque
y defensa experime n ta n un progreso tecnológico que los lleva el un
alto nivel de so fisticación. Para explica r la hi s toria de los cas tillos
se ha utilizado docu men tac i ón hist órica (narraciones sobre cual-
quier aspecto) y documentación arqueológica (evo lución de la 101'-
ma de las torres, muros .v puertas...) vert idas casi literal ment e. No
es de ext rañ a r, por ello, que much os lihros sobre cas tillos consis-
ta n en una narraci ón de contenido hist óri co en la que los castillos
individualizados se muestran cn imágenes vívidas y coloristas.
En estas histor ias, los documen tos cons tit uyen el meollo. Así,
pueden a menudo empezar co n una defin ición sobre lo que es un
castillo, basada en textos (gen era lmente en latín) en los qu e se de-
finen los concep tos de castruni y castellum. Luego vien e e! estudio
de los rasgos de carácter militar; Los aspectos residencia les reci -
ben menos a tención y el paisaje alrededor - las aldeas y granjas
fuera de las murall as- todavía menos atención.
Simplifica ndo, podr íamos deci r que los cas tillos se abordan gc-
neral mente desde la perspectiva hist órico-cult ural, enfat izando as -
pect os como infl uencia , contac ro y dilusión de ideas nuevas sobre
arquitectura mil it ar; Esta narrativa, basada especia lment e en la do -
cumeruaci ón escrita, ra ra mente se cues tiona y men os se co ntrasta.
Nada parecido a un enfoque «procesual» a los estudios sobre cas-
tillos se ha intentado nunca .
En los últimos a ños, algu nos hist oriad ores y arqueólogos han
empezado a preguntar se cosas como: ¿y la dimensión social de
esos castillos?, ¿podrían ser las fun ciones señoriales (jurídicas, re-
sidenciales) tan important es co mo las est ric tame nte milita res o es-
tr atégicas? Algunos han ido más lejos v se han preguntad o sobre la
dimens i ón simbó lica de este tipo de es tructu ra s: ¿no se rá que mu-
TOS a lmenados y torres, en vez de tener que ver con necesidades
milita res ti enen que ver con el ima ginari o caballeresco de la elit e
militar?
El cas tillo Bodiam, a di ez millas de la costa sur de Inglaterra ,
en Sussex (figuras 10.1 .Y 10.2) fue co nstruido en la déca da de mil
trescientos ochenta por s ir Edward Dalyngry gge, un antiguo sol-
dado en la guer ra de los Cien A ños, La interpretaci ón del castillo
se centró en la pregun ta: ¿se tr a ta de un cas tillo-fortaleza verda-
deramente defensivo, como pret enden los est udiosos mili ta res , o
se trata de una construcci ón s imbó lica COIl1ü últ i rn a rn en te apun-
tan algunos estudi osos?
li le.; . 10. 1. fl1w}.;.en [rontal del castillo Bodiam.
Los es tudiosos militares han llamado la at ención sobre la pro -
liferaci ón de elementos milit ares : las sae teras que domin an las
vías de aproximación, las torres gemelas que fl anquean la entra da,
etcétera Pero en part icular llama la atención el hech o de que el
castillo se sitúe dentro de un pequeño lago rec ta ngu lar art ificial-
mente creado. El lago es una muestr a de sta cada de ingeniería hi-
dráulica, puesto qu e las aguas están contenidas por gruesos muros
de tierra prensada a ambos lados, que obran como represa. Aparen-
temente const it uye un formidable obstácu lo para cualquier ata-
cante . La principal entrad a al cas tillo se sitúa mi rando en ohlicuo
a un costado del lago, por lo que los a tacantes queda n expuestos al
fu ego lanzado desde los muros almenados.
Est e ti po de análisis ya es aparentemente convincente de su ca-
rácter de fort a leza; sin emba rgo, aún queda la prueba final que
proced e de la documentaci ón hist órica: una licencia de fortifica-
ción. Traduci do del latín, es tablece sin género de dudas que s ir
Edward Dalyngrygge obtuvo una licencia en octubre de 1385 «pa-
ra fortificar con muro de pied ra la casa ele la propiedad de Bo-
diarn , situada junto al mar... y co nstr uir y cubri r un cas tillo para la
defensa de! campo adyacent e y para poder resi stir a los enemigos
del rey ". Se trata de un documento claro e irr efutable sobre el pro-
pósito militar del castillo.
196
TE ORí A ARQUEOL{) ( i1C \ . I I\:TI{ OJ}l ( "( "l! l f\; ARUL' r. OI.oGi A E HISTORIA 1\17


Pero reci entemente se ha n levantado voces contra es ta int er-
pretaci ón, que han procedido de tres fuentes distint as:
FIG. 10.2. Castillo Bodiain: " fallo del entorno del castill o.
i :1
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El conocimiento detallado de la documentación medi eval de
Coulson y su exper iencia , adquirida induc tiva men te como pa rl e de
su prácti ca COll10 histo r iador, co nlleva que tenga u n mejor «oj o»
que otros autor es en el manej o de dicha document ación,
El pensar mecánicament e en los efectos ilusoriamcn te defens ivos
para imagina r unas causas mil itares ha llevado en el caso del casti-
llo el lo: Bod iam a hacer una lectura literal ele la famosa licen cia el e oc-
t ubre de 1385... Como que no se han est ud iado el e modo siste máti-
co este tipo de licencias de for tifi cación [...] se I/(U1 realizado m uchos
ju icios equi vocados, eH parte también por una [alta de contprensi án
del valor del contexto (Coulson, 1992: la curs iva es mía) .
1. De una rclcctura de la ar quit ect ur a del ca s tillo. Charles
Coulson ha demost rado convincent ement e que las ca ra cter isticas
aparent e mente milita res del castillo eran una s imulac ión. Las sae -
tera s no está n bien empla zadas. puesto que no dominan u n campo
de fuego sufic ie nte mente efectivo , Otras a be rt u ras del muro son
impract icables pa ra el uso de la ba llesta o el arco; el parapeto no
es fácilment e acce sible desde el in teri or, et c.
2. De un es tudio detallado del paisaje alrededor del castillo,
llevado a cabo de [arma independien te, que ha mos tr ado cos as in -
teresant es. Pr imero, que la represa es del t odo inde fe ndi ble; segú n
vari as es t imaciones , podría provocarse una ro tura en una sola no-
c he por una docena de hombres , El lago no es jo suficien temen te
profu ndo a e rectos de defensa , m ás bi en se tra ta de u na ca pa su-
per fic ial de agu a co mo las que se ven en los jard ines orn a men ta les
del sigl o XVllL Mús a llá del lago se ve el zócalo de r ell eno de un
gr a n jardín, qu e incluye un a platafor ma de sde la cual el cas t ill o
podía co ntempla rs e desde una posición sobrcclcvada.
3. De una relcct ura del permi so de fortifi caci ón, Bodia rn no
es tá «ju nto a l ma r», s ino a d iez millas de la cos ta. Documentos de
este tipo no pued en t omarse a l pie de la let ra como podría n supo-
ner los pre h istoriadorcs . Coulso n sugiere que la producci ón de es-
te ti po de documentos estaba r elaci onada con el sistema ca ba lle-
resco de conceder honores, y que las referencias a la func ión de-
fensiva del castil lo formaban pa r le de l código de los va lores caba-
llerescos . Es cribe Coulso n:
...",.,
.--_.,,,,-.
200
600
50
i ....,,-<1;,_-.-.., ,., ", .
1 / '\ ! '"...... .. ,.
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198 TEORI A ARQUEOLÓ<.i ICI\ , I JNI' I NT1U JlIl H"( "I( ')N AI{I) I II'Ol,( le ¡l A E I USTORI A ILJ LJ
Pero esta interpret aci ón no es una ma ne ra de de cir qu e (do
simbólico es más import ante que lo mil it a n>:
Lo más inteli gente es re si st ir se a la tentación de califica r corno
simul ación este elemento o este ot ro, () tomarlos por pu rament e Iuu -
cionales (en el sent ido de responder a la funci ón defens iva). Se uu-
la de una habili dosa co mb inación que expresa... todas las co mplejas
asociaci o nes señorial es de la idea medi eval de cas t illo, que in cluye n
la disuasión an t e cualquier a taq ue... las puertas dobles de las ha bi-
taciones, los «agujeros asesinos», los tr es ras trillos, son pura íun fa-
t-ronada cuando las puer tas late ral es son tan débil es. No respond e ti
la lógica militar el hech o de tri plicar los pri ncipales cerrojos cua ndo
se deja un acceso corto y directo a una pue rta traser a muy sencilla.
En cualqui er caso, el conj unto responde a una lóg ica psicológica
muy potent e: es t á más ce rca de Jean Froissart (quizás también de
Franz Kafka) que de Vcget ius o de Monsi cur de Va ub an. El elerncn-
lo mági co es aq uí alusivo y rom ánt ico... La idea ele «Fort ifica ci ón»
er a tan met afí sica co mo materi al; una cue st i ón de imaginer ía y tic
simbolismo y no sólo de tecnología (Coulso n. 1992: 66, 83) .
¿Qué lecci o nes teor éticas podemos sacar de la historia de 80-
di am? Primera, que los argumentos se centra n en el a ná lis is formal
más que en el cuant ita ti vo. En otras palabras. que los es t udiosos
discuten, no sobr e los número s, como hi ciero n cua ndo trata ban de
las proporciones r elativas de diferentes ti pos de út iles en u n deter-
minado complej o musteri ense, como vimos en el capítulo 3, sino
sobr e la forma. r efi érase a la forma del lago o a la de las sae teras.
Esta forma de es tudiar las cosas deri va de una tradi ci ó n arqueoló-
gica que en este libro se trata poco. La llamada «t ra d ici ón del pai-
saje hist órico inglés » es una escuel a de pensamient o que ti ene por
referencia al hist ori ador local W. G. Hoski ns, su fundador, La tra-
di ci ón pai saji st a resalta la importa ncia del análisis empír ico y de -
tall ado de porciones del pai saje. que las conte mpla corno docu-
mentos complejos en los que están «inscr itas» las di st in tas rases
de su ocupaci ón, in tegrándose así los enfoques hi stóri co. a rq ueo-
lógico y geográfico. El método es inducti vo y sus practica ntes
muestran cierta hostilidad a la «gr a n teor ía ». Este punto de vist a
tiene sus puntos fuer tes y sus pun tos débi les: enfatiza la in terdi s-
ciplinar iedad y la a ten ción al det a lle , por un lado, per o es anecd ó-
tico en su enfoque. Es to es, hace uso de ejemplos bi en trabajados
pero concede poca import ancia a su re present ativida d. En defini -
tiva, adolece de ri gor teóri co.
Este debate so bre el castillo de Bodi am y la más extensa tradi-
ción paisajista de la cual forma parl e no sigue las reglas estableci -
das por la teorí a arqueológica . Aunque que algunos enfoques son
de contenido más o menos hi stór ico-cultu ral, no puede deci rse
que exista nin guna aproximaci ón «procesual» al caso de Bodí am.
Nadie ha intent ado for malmen te caracter izar Bodi am en relación
a la jerarquía de los asen ta mientos habidos. Tampoco se ha in ten-
tado estudiar de forma siste mática el pai saje alrededor del castill o.
Tampoco Coulson es un post procesua list a reconocido: su argu-
men tac ión está salpicada de jui ci os de valor es téticos, apro pia dos
al discur so de una hi st or ia de la arquitectura tradici onal que sue-
na bastante ex traño a alguien co n form ación de a rq ueólogo de la
prehistoria (Bodi a m es un cas tillo de «agradables proporciones »,
«elegante », «apar cado co n gusto»), En mi opinión. los argumentos
de Coulson ganarí a n peso si hubiese conc ed ido más ate nción a la
teoría, es decir. si hubi era co nsi derado, pOI' eje mplo. qu é gru pos
sociales habr ía n s ido ca paces de in terpre tar el simbolis mo de 80-
dia m, o es tudiado con más profund idad el a ntagoni smo ent re
campesinos y se ñores .
Conclusión
La teo rí a arqueológica casi se ha agota do deba tiendo cier tos
ca sos típicos (como el de los megalitos, el del ar re rupest r e o la
cuestión musteri ense). Ha ten dido a r efu giar se en la preh ist oria
por vari as r azones. En primer lugar , porque la pr ehist ori a se per -
ci be como «pura» ar queología. En segu ndo lugar, porque la mayo-
ria de las histori as de la a rqueo logía conte mpla n [os perí odos hi s-
tóricos como algo secundario con relación al núcleo de la cues-
ti ón, que es el desarroll o de la cronología de la prehistoria. Es inte-
resante notar. ya que sale el tema de pasada, qu e tal es hi st orias de-
berían r eescribi rse: por ejemplo , los medievalistas europeos del si-
glo XIX conocían perfecta ment e la es t ratigrafía de los edifici os ,
mostrada cuidadosament e por la arq ueología y la documenta ron.
En tercer lugar. la insist enci a de la Nueva Arq ueología en los pro-
cesos a largo pla zo tendi ó a margi nar las pe rspect ivas a corto pla-
zo del arqueól ogo hist órico.
La historia de la arqueología hist órica muestr a que no es nece-
sar io que nos afer r emos a la idea de la prehist oria como «pur a»
arqueología, y que la arqueología de los perí odos históricos t arn-
200 TEOIÚA ARQUEOL()(;ICA. LN/\ l'\1TIHlIH,I('('I()\l
bién pone de relieve la existencia de complejos problemas de in-
terpretación. Además, la in!lueneia transversal de disciplinas dife-
rentes (arqueología, historia, literatura, ctc.) abre la posibilidad de
desarrollar debates teoréticos inesperados que enriquezcan el dis-
curso arqueológico en su conjunto.
CAPÍTUJ.O 11
ARQUEOLOGÍA EN UN MUNDO POSTMODERNO
Estoy contundido. Esuuuos a pt ntto de acabar el libro .v la palabra que
más circula en es/os tiempos, «postniodernismo», apenas ha sido nombra-
da. Oigo continuamente hablar de postnuulernismo, pero nadie me ha expli-
cado {/[lrl lo que significa exactamente, .\' mucho menos por qué es impor-
tante para la arqueología.
Bien, es cuestión de ponerse manos a la obra y explicar todo
eso, aunque sea brevemente. Pero antes, corno siempre, debo pa-
sar por la teoría, si no, no habrá manera de aclarar las implicacio-
ncs del postmodernismo para con la arqueología.
La «condición postmodcrna» ha sido definida por el filósofo
francés Francoi« Lyotard como de incredulidad hacia las metana-
rrativas, Lvotard sugiere que la condición postmoderna es jo que
caracteriza al conocimiento en las sociedades capitalistas occiden-
tales.
Una metanarrativa es un discurso serio que se plantea como
reivindicación de la posesión de una verdad absoluta. Pongarnos
algunos ejemplos de metanarrativas:
1. La creencia en el progreso científico, en que nuestra visión
del mundo mejora de forma progresiva gracias al uso del método
racional. En este sentido, el postrnodernismo contempla la fe en la
Ciencia como una metanarrativa.
2. Cualquier sistema total sobre la evolución social que per-
mite contemplar a las sociedades evolucionando de una fase a
otra. Por ejemplo, la creencia en el marxismo científico que sos-
tiene que mediante una ciencia objetiva de las sociedades se pue-
de contemplar la evolución de estadios sucesivos en la historia hu-
l . La creenc ia en alguna clase de utopía. Si la Razón pu ede
a plicarse al estudio de los problemas humanos, ta mbi én deberá
poder aplicarse a sus formas de organización. Por lo tanto, pod e-
mos soñar en un a for ma de estado perfectamente organizada, y ló-
gicamentc podern os caminar hacia esta meta aú n cuando pen se-
mos qu e no la alca nzaremos nosotros, pero qui zás sí nues tros des-
cendierues. Puede tratarse de un objetivo qu e sa bemos pe rfecta-
mente que no alc anzaremos, pero que al ser un ideal mere ce la
pen a perseguirlo , como el ideal del conocimiento cien tífico per fec-
to del mundo natural. Para Marx, la meta sería el comunismo; pa-
ra Fukuyama, el capitalismo burgués; para los positivistas, un a teo-
ría definitiva cJeluniverso físico.
2. La noción de teleología en los asuntos humanos. Teleología
es suponer la existe ncia de un gra n proceso subyac en te qu e tiene
un punto de partida .v un final perfectamente definidos; por ejem-
plo, en el marxismo, la tendencia hacía una mayor desigualdad y
alienación que culmina en la última revolución , la que da paso al
mana conducentes inexorablemente a una fase final llamada co-
munism o. O también , la clasifi caci ón de las sociedades en bandas,
tribus, jefatu ras y Estados.
3. La creenci a en un s istema moral a bsoluto deri vado de la
reli gión, la nación o la et ni a, ver dadero en cualquier parle y en
cualquier épo ca .
4. Cua lqu ier esquema de progreso en la histori a humana, sea
de naturaleza estét ica, artística o tecnológica. Por ejemplo, gr an
parte de la hi storia de l art e tradi cional presupone qu e hist óri ca-
mente los artist as han mej orado "le forma progresiva en su a fán de
representar a la naturaleza. O qu e los seres humanos poseen una
tecnología cada vez mej or y más compleja. Los pos tmodel'l1istas
sos tienen qu e es te tipo dc presun ciones acerca del progreso, im-
pl ícit amente enfatizan muchas tipologías aparentemente at eóri cas
(por ejemplo, en la histori a del ar te se evolucion a de lo precl ásico
a lo clásico y del gótico al Renacim iento, o cuando en arqueología
se supone qu e los progresos técn icos en una cultura dan lugar a
avan ces generali zados).
Para los postmod ern istas, todas estas ideas se re montan a las
presunciones básicas de la Ilust ración del siglo XVII I. Los filósof os
de la Ilustración pens aban que mediante el uso de la Razón se po-
dría acceder a cua lquier problema humano de forma raciona l y
objetiva. La filosofí a de la Ilust ración impli ca ba:
comunismo. Para la Ilust ra ción podría ser el gra dua l desp liegue de
la Razón en paralelo al progreso de la historia humana.
3. La creencia en la existencia de propiedades ese nciales del
«mundo real" fuera del mi smo, de manera qu e se pued en es tudiar
independi entemen te del texto, ind ependien temente de io qu e deci-
mos del mi smo. Si existe es te mundo real, los significa dos pueden
Iijarse. Pero para los crí ticos de la modernidad no hav posibil idad
de hacerlo, pu esto qu e este mundo es s ólo pura apariencia . Para
J acques Derrida, «no hay nada fuera del texto »; sól o otros textos.
En otras palabra s, el texto se refiere aparentemen te al mundo real,
pero cuando mirarnos al mundo real vernos que tambi én consiste
en un conjunto de signifi cadores que se refieren a algo dist into. La
pala bra vasija se re fiere a una cosa concre ta hecha de t ierra con
asas, per o la mi sma cosa hecha de ti er ra co n as as se re fiere a ot ras
cosas. Cad a manifestaci ón sobre un hech o, evidente en si 111i s 1113 ,
puede desgaj arse del hech o por su propia l ógica intern a, puesto
qu e no pued e re feri rse a Ull mundo extern o estable: los significa-
dores adquieren, pues, vida propia. Derrida demue stra , mediante
la técnica de la deconstrucción, qu e por más evidente qu e parezca
un texto, sus significados pu eden vol verse contra lo que el tex to
pretende dar a ente nder;
Como resu ltado de todo ello se di ce que la condición post rno-
dcrna con templa un mund o que fluye lleno de signi ficad os inesta-
bles sin ningún punto de referencia final. No existe la posibil idad
de profundizar en los eleme ntos esenciales, en las cnractcrísücas
Fundam ent ales de los fenómenos, puesto qu e s610 exist e un ir y ve-
nir sin fin qu e nota por enci ma de la superficie de las cosas.
4. Una puesta en cuestión de la disciplinariedad, En el si -
glo XVTJJ , el es tudio del mundo real se compart iment ó en distintas
d isci plinas pa ra abarcar fen ómenos di stintos. Así , la fís ica y la
qu ímica trat aron sobre los procesos físicos, mientras qu e la bi o-
logía se inter esó por los organismos. Pero si tod os los text os se re-
fieren a cosas di st in tas de los supue s tas. si la cadena de signi fica-
dores fluye y no se fija, el lenguaje no nos puede proporci onar la
po sibi lida d de ser ci er tos, no nos pu ede proporcion ar ningún
punto de refe rencia definiti vo, no no s per mite fijar una interpre-
tación definiti va . Por lo tanto, no puede haber disciplinas distin-
tas que atiendan a campos de est udio di stintos. La división disci-
pl inar es arbi trar ia depen di endo de un acci dente hi stóri co: de
CÓm o la hi st oria de los sistemas de pensamiento eclosionó durante
la llustra ci ón.
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203 ARQUEOLOGiA EN 1I'1 MUNDO POSTMOlJ HZV )
'I' EUf{ íl\ AROU EOL()( ;WI\. UNA 1J\: 'J'RO I)\ ,I('C] ON
202
204 TEORí A ¡\ ROUFULOGI CA. W\A I i\:T KUl ll T CI ( )" ¡\ I{CII. Fe l! I IC;I,\ E N \ 11\ ¡\J( ' NIHI 1'(J STl\.ll lIlI J {' 11 2 1 1 ~
Algunos intelect ua les post modernos han desmont ad o la ha-
ITera entre his tori a .Y li terat ura . Pues to que todos los documcn-
los históri cos son t ambi én textos lit erar ios .Y t odos los historia-
dores escriben narrati vas. .Y toda lit eratura se es cr ibe enmarcada
po r un ci er t o con tex to hist órico, pue de no exis tir a. pr iori ningu -
na dist inc ión entre' his toria y ficci ón. Arguyen los postrnodernis-
tas que no se puede confia r en a bsoluto e n los text os; es muy ra-
r o encont rar un a novel a en la c ua l Was hing ton no sea la ca pital
de Es tados Uni dos, o que los se res humanos no tenga n dos bra-
zos .Y dos piernas. En la prá c tica, di scipli nas como la histo r ia o
la li ter at ur a se co ns tru ven sin establecer cntre ell as diferencias
sus tanci a les pOI ' lo q ue se r efiere a l LCIna. La s diferenci as que
reivin dica n sus pructica n tes deberían su e nt idad a un In und o ex-
tern o que no tien e Iroru erus fija s o estables (la " fa la cia logoc én-
ui ca »).
A final es del siglo xx, pi ensan los postmoderni stas , el pensa-
miento occident a l ha en trado en la «condición postrnodcrna». Hi s-
t óricarnente, tod as las gra ndes narrativas, así corno las fro nteras
disciplina res , han caído; ya no quedan historias verdad eras ni ccr-
tezas en las que confi ar, El eje mplo más obvio es el marxismo. En
J 900, los marxis tas po d ían co nfia r en qu e la hist or ia del mun do
habia tornad u la senda de la revol uci ón y e! comunismo. Tenían un
siste ma con el que explicar el mundo, que parecía que funci onaba
.Y que les pro porci onaba indi cadores sobre la maner a de pe nsar y
ac t uar: Hoy día, nada es tan cl aro co mo entonces.
Los postmodern istas no centra n sus cr ít icas en un solo sis tema:
apunt an a la erosi ón de la confia nza en un único «método ci entí-
Iico », tal corno vimos en el ca pí tulo 3, así como al decl ive de las
ideas decimonónicas sobre el progreso evolutivo (capítulo 9).
El pos t rnodcrnismo es una reflexión que ha afectado a fondo a l
pensamiento occidenta l. En arquitec tura, los moderni stas cre ía n
en la vigencia de una arquitectu ra sujeta a los principios de! ra-
ci onali smo, corno contribución a la so luc ión de pr oblemas soc ia-
les como la masificaci ón de! centro de las ciudades .Y corno forma
de luchar co ntr a la marginaci ón . La quie br a de estas creencias ,
alegan los postmodernistas, refl ej a la qui ebra in telect ual de las
subyacentes filosofías modernistas.
Hasta cierto punto, deberíamos habl ar no tanto de post rnoder-
ni smo como de condicion postniodetna: se alega que el declive de
la confianza en la Ilustr ación, en la perfect ibilída d human a, o en
una Verdad int rínseca, no es a lgo susceptible de ser debatido, sino
qu e es a lgo así CO TllO un es tado general, qui zás la manera de ser
del mundo al Iinal del milenio.
Al pensa mi ent o postmoderno se le suponen dos «hér oes» :
Nietszehe y Witt genst ein , dos fil óso fos . El pr imero se enfre ntó a
la Ilustr ación, a rgu mentando en con tra de la primací a de la Ra -
zón. El segundo empezó su car re ra intelec t ual como Iil ósofo lógi -
co-posi tivista (véase cup üulo 3) . In tentó crea r un lenguaje fi losó-
fico completa mente neut ro, un le ng ua je que descr ibiera el mu ndo
exte ri or de Iorma tot alme nt e obj et iva. Cuando se dio cue nta de su
fracaso, Wittgenst ei n «vio la luz» .Y de dicó el resto ele su vida a de -
mostrar que la comunicaci ón era un simpl e «jue go ling üís tico»
con reglas arbitrari as , pero con el que si empre esta mos di spues-
tos a jugar.
Qui ero , pa ra acabar, ci tar en parti cul ar a un pensador contem-
porá neo muy influyente en e! desarrollo del pen sa mi e nto postrno-
dcrno, hast a el plinto de que es e! pensad or más citado por la a r-
queología contemporánea: Michel Foucault . Foucault estudió las
propue stas de progres o de diversas instituciones de la Ilust ra ci ón
en las que los valores ilustra dos de la Razón predominaban por
enci ma de todo. En tre ellas destacan la re forma de las prisi ones.
con la que se pretendió sustit uir los m étodos «bárbaros» de casti-
go por un sistema penal raci onal e ilustrado; el desarrollo de la
medi cina ci entífica moderna y la prácti ca clí nic a: el tratamiento
de la locura y el desa rro llo de la idea ilu strada de q ue la locura era
una en fer medad que pod ía tratarse módicamen te, Intentó dem os -
trar que, lejos de representar un «pr ogreso», todas esas institucio-
nes se limit aron a desarroll ar nuevas formas de opresi ón en lo que
llamó una «soci edad di sciplin aria».
El segu ndo tema de Fouca ult consistió en un a taque a l esencia-
l i5 1110 . La Ilust raci ón cre ía que los seres humanos accedían a un
conj u n to de facultades «no rmales » o «na turales »: la posesión de la
Razón, una ci erta forma de sexua lidad, una aspi raci ón a la priva-
cidad y a la libert ad personal. En cada casu, Foucaul t demostró
cómo cada época histórica tiene sus propias ideas acerca de lo qu e
es «nor mal » y «na tural». Por lo tanto, no puede hacerse r eferencia
a ningún fundamento cie nt ífico par a justifi car ninguna (ori enta-
ción sexual», puesto que no existe una de finici ó n intcrcultural que
va lide tal fundamento.
206 TEORl A ARQUEOLÚGTCA. U1\.A I"lTROll UCCIÚN AROlJEOLOGf.A EN U1\ N1U1\ DO
207
Fantástico; pero ¿qué ti ene que ver todo esto
con la arqueol ogía ?
Primer o, gran parte del pensamien to postprocesualis la com-
parte con el pos tmoderni smo ideas impor tantes como las sigui en-
tes : la pérdida de con fianza en la Ciencia , la crítica al esenc ialis-
mo, el énfasi s en la diversidad de lecturas y la dificult ad de fij ar el
s ignifica do.
Sin embargo, quis iera llamar la atención al lector para que no
caiga en la tentación fáci l de hacer equivalen tes ambas líneas de
pensamiento. El cambio prot agonizado por el postprocesualismo
en arq ueol ogía no der iva sino que cor re en paral el o a l ca mbio pro-
tagoni zado por el postrnodcrn ismo en el conjunto de las ciencias
humanas. En otras pal a bras, los cambios que t uvieron lugar en el
pe ns a miento arqueo lógico dura n te los a ños ochenta y noventa,
fue ron un ejemplo más de los profundos cambios que recorrieron
todo el espect ro de las cienc ias humanas.
Segundo, la puesta en cue stión de la díscipli na riedad por par-
te del POSL1110d er n is 111ü ha susci tado u n interés general por der ri-
bar las front eras disci plinares. Al mismo ti empo ha implicado la
fragment aci ón del método. Si ya no hay un a úni ca Verdad allí
fuera, espera ndo que alguien la descu bra, es difíeil entender có mo
pued e haber una for ma correcta y otra incorrecta de hacer ar-
que ología.
Las implicaciones para la arque ología se r CSU111e n por lo tanto
en los sigui en tes interrogant es: a) ¿podemos realmente ha blar de
un "método arqueológico " especí fico, distinto del de otras disci-
plinas?, b) i.existe realment e en arqucología al go parecido a un
mét od o unificado?
Tercero , el postrn odernisrno sugiere '-lIJ C hay qu e comprometer-
se con otras formas de conoci miento fuera de la esfera de lo que
tradici onalmente se conoce po r «ar queología» o «ciencia». Corno
mínimo tendríamos que pensar det enida y seri amente en tod o lo
que queda fuera de la prácti ca profesional y académica de la ar-
queología y no desautorizar inmediata y sistemáticamen te otras
formas de contemplar el pasad o con el calificativo de «lun át icas ».
El postrnoder nismo sugiere que si no pu ede existi r un mét odo
neu tro , formas alternat ivas de contemplar el pasad o pu eden tener
validez, no mereciendo el anatema simpl emen te 1'01' no respon der
a los procedimientos estableci dos por el método arqueológi co. Por
l',jl'lllp!O, qu izús no es temos de acuerdo con los huscadcll·c..... d(' « [í -
neas de conexión» o con algunos nativos ameri canos que tienen
propia versi ón del pasado, porque siguen reglas que no son est ric -
tamente las de la arqueología como disciplina ac adémica; no obs-
tante, debemos respetarl os y to mar en serio sus argumentos. No
podemos simplemente seguir escribiendo so bre el pas ad o como
«pensamos que debió ocurri r », independientemente del presen te.
En defini tiva , debemos atende r al contexto social, político y cult u-
ral de la arqueo logía .
La arqueologí a no se hace en el vacío
Al margen de las posiciones tcoré ticas que ca da cual ocupa, la
mayoría coinci de en se ñalar que la int erpret ación arqueológica no
exist e en el vacío, aislada del rest o del mundo. Antes de sali r al tra-
baj o el arqueólogo lee los periódicos y se preocupa de la si tuación
qu e vive el mund o. En el traba jo, las rel aciones en tre profesores y
alumnos mantienen las reglas establecidas y en la excavación el di-
re ctor de exca vación es quien torna las decisiones sobre qué exca-
var y cómo hacerl o, des pués de haberl o con sul tado co n los es pe-
cialistas que forman parte del equipo, Es decir. guste o no gus te. la
toma de deci siones so bre la manera de proceder en el trabajo a r-
queol ógico viene enmarcada por un conjunt o de relacion es socia-
Ics y políti cas.
¿Cómo afecta este entorno a la interpretación arqueológica?
Sucede que a menudo no somos conscientes de es te ti po de me -
diatización. Tómese, por e jemplo, el estudio de la expans ión del
Imperi o ro mano. La mayorí a de los hist oriadores tr adicion al es
protestarían con enojo ante cua lquier crí t ica que sostuviera qu-..
sus es tudios sobre la romanización, que d ios pretenden que SO Il
de scripci ones ajustadas a los «hechos que ocurrieron», está n 1'1.,' "
pletas de prej uici os conscientes. Hay autores que se ñalan '1
11
<'
aquell os estudios os no eran de hecho conscientes de tale s preju i
cios, sino que nunca llegaron a plantears e el interrogante siguil' lI-
te: ¿por qué los nat ivos estaban dispuestos a asi milar tan rápid.i -
mente que formaban parle de un sistema imperi al? Ello C ll p:lll( '
se debe al hech o de que para aquella generaci ón los bc ncficiox lid
imperio era n 111UY cl aros; en cambio, para nuestra gellt' r: H.' il 'HI
algo q u e- ra zn na rxc.
Pe)!' \1 ) l ill ll l l , .iunquc In arqu eología prochunc SlI m-utrulirl. ul .
cst{l pn lllll ltl.\ll ll 'll k I I \l'di <lt i I. Hd ,\ :
208
TI;ORí A A]{OLII-':OL()( ;rl'¡\ . U ~ ¡ \ I I\. T R O [) [ ;('(' J() N
¡\ I{ O [ ;I :,(l] .( H ; J/\ I·:t\ l i ' .\ 11l:\ I H ) I'USTM U J> ER:'>J ( ) 20')
La arqueología se entiende mejor como narrativa, co mo una 1'01'
ma pani cular y potente de mitol ogía de los orígenes que e mpez ó t'n
pleno s iglo XIX para tomar cada H ':I. mayo r envergadura como ve-
hfculo de validaci ón de los grupos soci ales comprometidos con el
desarrollo industrial. In acumu lac i ón de capital 'y' la expans ión colo-
nial (Hinsley, J989: 79-80).
La arqueología como activi dad cultural es siempre una forma de
hacer políti ca y una manera de comunicar valores mo rales (Shanks
y Till e)', 1987: 212).
Política es aquí algo más que hacer partidi smo. Tiene que ver
con el ejerci ci o del poder en su sentido más a mpli o, que va de las
polít icas y las práct icas del a pa ra to del Estado hasta las más sen-
cillas interacciones human as. En est e sen tido, t od o lo que ha ce-
mos y de ci mos es en ci erto scruido político, Cuando el dir ect or de
excavac ió n da inslrucci ones a su equipo, cuando ded illos que un
a rgumento es muv «se rio», cua ndo escoge rnos qué proyecto de ex-
cavación merece ser subvencionado, cuando un es tud ia n te 111UY
seguro de sí mismo gana la punida en un de ba le a o tro m ás inse-
guro, todo son acci ones o deci si ones polHicas.
Todo esto es muy emoti vo y cont rovert ido. Much os es t udia ntes
di cen que no les gusta la política .Y que precisamen te por ello ha n
escogido la arqueología. El au tor clás ico Livio escribi ó su Historia
también con este obje ti vo. Pero ya hemos visto repetidas veces en
este libro cómo, al final, au nq ue expresemos diferentes puntos de
vis ta filosóficos, si empre volvemos al presente. En cl ca pítulo 2 vi-
mos que los datos eran mudos, qu e el pasad o no exislía y que lo
que decíamos acerca del pasado lo dec íamos desd e el ahora y aquí.
En el capíl ulo 6 di scutimos el co ncepto dc ideología, y en a l 5 vi-
mos c óm o los teóricos críticos condenaban la teorí a de s iste mas
por su sesgo ideol ógico. En el ca pít ulo 8 vimos la cr ítica fe minista
al discurso acad émíco en genera l y al a rq ucológtco en particu lar,
por su falocentri smo.
Estas cr it icas tienen al go en co mún que es muy simple de cn-
tender: cua ndo un arqueól ogo re ivindica que su posici ón es neu-
t ral y apolít ica, ¿qué trata de esconde rn os ?
(' ASO 7: E L CEMEI' TERJO AI'RICANO
Duranle el siglo XIX, ent re 10.000 Y 20.000 perso nas de or igen
afr ica no fueron enterr adas e n un á rea de Nueva York que pasó a
ser conocida como el Cementer io Africano . Según una estimaci ón,
«por 10 menos la mitad de la poblaci ó n act ua l norteameri cana des -
cendiente de africa nos, probab lement e t uvo por' lo menos a un an-
tepasado enterrado aquí ". Es ta área cayó en desuso des pués de
1795 , fue rell enada y se co ns truyó encima. La existe nci a de escl a-
vos de origen afr icano en el Nueva York del siglo xvu r se fue olvi-
dando. Segú n Michacl B1akey:
La existencia de un cementerio africano en la dudad colonial de
Nueva York plant eó el probl ema ch.' la existenci a de una falsa repre-
sen tación h ist ór-ica . La mayoría de los nort ea meri ca nos instru idos
habían aprc..-ndi do que a pe nas había habido presencia africana en la
ciudad. durante el período co lonial. y que en las colonias norteñas no
habla habido esclavitud. El cementerio americano ayudó a most rar
que estas noci ones formaban parle de tina especie de mito nacional
(Bla kev 1995: 546).
En 1991 fue redescubier to y parci alme nte excavado es te ce-
ment er io ante la urgenci a del inici o de de termi nados proyect os ur-
banísticos. Se estudiaro n 400 tumbas a ntes de que la opinión pú-
blica pidi era que se regu lase por ley el uso del luga r y se sus pc n-
dieran los trabaj os de excavación co n el fin de pro t egerl o y mos-
trarlo al público.
La inici a ti va de abrir a l público el lugar vi no de miem bros de la
comunidad nlroameri cana de Nueva York. La naturaleza de esta
preocupac ión pública y la man era en qu e afectó a los tra baj os ar-
queol ógicos es revel adora . En pri mer luga r, las dema ndas formal es
ante la j us ticia, arg uyendo que el lugar debía ser preservado, en-
cont raron poca acogida en una legislaci ón vigent e 'lue había sido
redact ada con visi ón es trecha sobre lo que de bía ser considerado
«arqueológica mente significa t ivo», y que, por lo tanto, no tenía en
cuenta las asociaciones cult urales que pud iese tener Un lugar ar-
queológico para deter minad os gr upos ét nicos. Estas de mandas
Fuero n apoyadas por activistas de la comunidad negra , pr inci pal-
mente por el mayor Dinkins y el Caucus Congresi ona l Negro, El
bloqueo del lugar durant e una jorn ada impidió qu e se ini ci aran los
trabajos urbanísti cos.
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l'
I
2 11l TEORíA AR{) l JEO Ll ) ( iJ CA. lINA INTRO lHJCC[ON
i\R U lI l ':OI .() (¡í/\ EN ( JN ¡",t U N DO POSTIvl ODFRNO
211
La inves tigación arqueológica cambió completamente. Los pri-
me ro s estudi os de los huesos fueron reali zad os por un equipo de
antropólogos forenses de la ciudad (MFAT), pero ante la persisten-
cia de la presión ci udadana, a finales de 1993 los huesos fueron
trans feridos al Cohb Biological Laboratory de la Universidad de
Howard. El equipo de investigac ión, lidera do por el bi oarque ólogo
afroamcri ca no Michacl Blakey, publicó pronto unos resultados
qu e impactaron a la opinión pública: exceso de carga de t rabajo,
malnutrici ón v enfer meda des infan tiles.
El análisis -de los huesos no se puso en manos de un equipo dis-
tinto porque sí: se trata ba de asegurar un proyecto de investiga-
ción que tuviera otro di se ño, qu e vinculase ciertas preocupaciones
políticas (¿qu ién controla los restos") con lluevas ideas sobre ctni-
cidad y que ado ptara nuevas técnicas de trabajo. Según Tcrence
Eppcrson:
El enfoque de l MFAT se ba sa ba en una co ncepción escncialista y
biogcnéti ca de raza. Cuando se pasó el trabaj o a la Uni versidad de
Howard, este en roque fue s usti tuido po r un pa radigma investigador
qu e en fatizaba 13 a fin idad genética y la ide nti dad cu ltura l, po r lo
qu e se agrandaba la re leva ncia social y la impo rt ancia científi ca del
proyecto. Por ejemplo, el proyecto realiza estud ios innovado res mi-
tocondri alcs y nuclea r es (ADN) par a examin ar los orígenes ge né-
ticos de la población .v los cambios exp erimentados con el paso del
tie mpo. Para relacionar los indi viduos co n lus dist intos o rígenes po-
sibles , culturales y regi onal es, en África se ut ilizan métut !os diver-
sos , co mo tu gen ética basa da en el ADN, la est ructur a. ana tómica y
quí mica , el rastre o de hu ell as qu ímica s de or igen medioa mbie ntal
y los ra sgos c ult urales... Como que se t rata de una investigaci ón que
co nsidera la et nicidad co mo un a const r ucci ón social más que como
un fenómeno biogcn érico, el diseño del proyecto puede servi r pa ra
mejora r nuestra comprensión de l fen ómeno de la - eruogé ncsis». la
cr eación activa, y la re invenci ón de la identi dad cultural baj o unas
condiciones de domi nación (Epperson. en pren sa) .
No sólo cambió la forma de investigar los restos; el equipo de
la Universidad de Howard publicó las bases del nuevo mét odo de in-
ves tigació n para que pud iera ser ju zgado y modificad o por los
miembros de la comunidad negra. Incl uso el no mbre del lugar y
el del mis mo proyecto se tr ansformó en un tema de discusi ón. El
lu gar era co noci do corno e l «cement eri o de los negros», a n tes de
qu e las obj eci on es de la gen te, junto a los argumen tos acad émi-
cos, provocaran el cambio de nombre (aunque en el momento en
que escribo esto los tradici onalista s del New York Times y la New
York Historical Soci ety continúen utili zando la den ominac ión
antigu a).
El día 19 de abri l de 1993 el cementerio fue design ado "Sit io
Histórico Naci onal» y los plane s urbanísticos que debían hacerlo
desaparecer fuero n definitivamente olvidados.
La impli cación mayor de todo ello para la prá ct ica de la ar-
queología es que, dado que lo qu e hacemos es in evita blemente po-
líti co, cambiar la forma de hacerlo no es un asunto fáci l. En es te
caso, no se trataba tanto de reescri bir el proyecto de investigación,
sino de hacerlo público para interés de los que no SOIl arqueólo-
gos: de la gente qu e ocupa una posici ón problemát ica dent ro de su
cornunldad. No existía una forma «corre cta - o «incorrecta» de ma-
nejar la controversia del Cementerio Africano, aunque sí existían
formas mej ores que ot ras. Hast a cier to pu nto , una forma COlTI -
prensiva y sensible de manejar la interpretaci ón arqu eol ógica con-
siste en el recon oci mi ento de que existe una multipli cidad de pun-
tos de vista.
La cuestión del rel ativismo
Bien, me parece (jite hemos alcanz ado 1m impasse. PI post11loderni.sJ}lo
ha mi/lado nuest ra conii anza en la racionalidad cientülca. Hemos visto
que cualquier versión del pasado es política eu cierto sentido, Parece pues que
sólo ofrecemos la version que nos conviene, que conviene al presente po-
lírico.
No, es to no conviene preci samen te. Hay inter pretaciones del
pasado mejores y peores. No conozco a ningún arqueólogo que
quisiera desmentirl o. Incluso Jacques Der rida se atreve a deci r : «la
definición relativista de deco ns trucci ón es falsa (cie rto: falsa, no
verdadera) y endeble; supo ne una mala (ciert o: mala, no hue lla) y
endeble lectura de los textos, en primer lugar mía» (J988 : 136-7)
Se han levantad o muchas crít icas al relativismo desboc ado, crí-
ticas qu e tienen mucho de ir refut ables. Se puede demost rar que es
fals o sos te ne r que la arqueología no ha «progr esado». Ya no cree-
mos qu e el mundo se creó en el a ño 4004 antes de nu estra era. El
relativismo implica una falacia lógica: «lodos los puntos de vista
tienen el mismo valor: incluso éste». El relativismo recorta el valor
2 12
TEORíA ARQlJI'OLÓ( ; ICA. U»;A I "TR(Jl>ti ( TI ON
/\ 1{( ,ll l n I I.lH; I I\ F I\ l l \l ,1\ 111 \' 1)( ) I' l l S l' l\ lll)WI<'\JO 213
de la arqueol ogía corn o [ orill a de conocimiento. Par a mucha gen-
te, la crítica más import ante y da ñina al relativismo es qu e destru-
ye nuest ra capacida d de luchar contra opiniones políticamente in-
deseables e incluso detest ables acerca del pa sado. Un e jemplo de
ello es la nega ci ón del Holocausto. Pod emos des ea r reconocer la
validez de diferen tes puntos de vista sobre el Cement er io Afr icano.
pero ¿quién sugerirí a qu e ello si gnifi ca qu e hemos de dar pábul o a
los puntos de vis ta raci stas ?
Los pensadores de nuestro tiempo toma n ru tas di versas para
salir de este impasse. Muchos siguen ins istiendn en que la mayoría
de los datos arqueológicos y su inter pretaci ón es tá por encima de la
pol ítica. La política no dej a de jugar su parte en es te punto de vis ta ,
pcro a l ni vel del deba te teorético que se s usci ta después de la in-
terpret aci ón inicial : cogernos nuestr a cerám ica y nos pre OCUp U1110 S
de la polít ica a la hora de int erpretarl a.
Un procesualisia podría muy bien decir: "Por supues to qu e es-
tamos influidos por las ideas de nuest ro t iempo. No podr ía ser de
otr a forma: nuestra s hipótesi s sobre los procesos del pasado es tá n
enmarcadas por e l presente, por defini c i ón. Pero la es encia de la
ci encia es el uso de procedimientos r igu rosos de con t rast aci 6n
para ir más lej os de la simple observ aci ón di rec ta del registro ar-
queológico . Por ello es tan impor tante el desa rrollo de la teorí a de
alcance Inedi a . Sólo desarrollando mét odos de con tras taci ón con-
sis tentes pod remos lograr hacer algo más que simple litera tur a so-
bre cl pasado. Para el ci entífico, no importa de dónde se saque una
idea. Lo import a nte es que la idea pueda contrastarse cie ntí fica-
mente. Tú puedes ten er una gran idea pero debes conver tirla en
una hipót esi s r igurosa y luego contrastarla con el mate ria l que o b-
servas. Es la forma que tiene la ciencia de trabajar, y es la for ma
q ue se ha co mprobado que func iona.»
Así, por ej emplo, Jcrry Sablofl, aunque se sient e feliz de ver
que el tr abajo de Wilk sobre las di sti nt as explic aci ones del colapso
maya de la época clásica llama la atenci ón so bre el influjo de los
aconteci mientos pol üicos co ntemporá ne os , se cuida bien de suge-
ri r Cómo esto puede ayudar nos a realizar una cienci a mejor:
Aunque las correlaciones qu e Wil k establece son interes ant es, no
pru eban que las tendencias int electual es vige ntes det erminen qu é t i.
po de pu ntos de vist a del colapso fueron más aceptados, ni que ha-
ya algo necesa riamen te "malo» en que los arqueólogos se dejen in-
fluir por las tendencias polít icas. Sin embargo, si estas correlaci on es
fueran uccrt udns, ind icarían lo cuidadosos qu e deben ser los investí -
gadorcs para asegurarse de qu e las influencias del momento no les
aparten de hipó tesi s alter nativas o limiten el t ipo de da tos qu e reco-
gen (SahlolI, 1990: 166-1 67).
Dicho de o tra forma, el enfoque procesu al acept a que todo lo
que deci mos es político en ci er t o sentido, pe ro que graci as a l mé-
todo ci entífi co podem os hacer a lgu na contr ibución más que es cri-
bir simple litera tu ra sobre el pasado.
Últimamente se ha di scutido bastante sobre este pro blema con
el fin de dar co n un camino inter medio en tre el positivi smo y el r e-
lativismo. Bruce Tri gger ha su gerido qu e el de sa rrollo de la ar -
queologí a se ve impulsado tanto por el co ntexto polít ico corn o por
un conoci mie nto cada vez mej or de los da tos que proporciona.
Tr igger es part idari o de un a versión modificad a de la teoría de a l-
cance medi o ca paz de dar cuent a del papel jugado por las di stin-
tas cl ases de i nfluencia. Alisan Wylie su gi er e que la for ma de rc la-
clonar la teor ía co n los da tos ha de varia r de acue rdo co n el con-
text o o lugar en el que se esté tra baj a nd o:
Los int errogantes sobre qu é posici ón epist emológica es apro -
pi ad a... deber ían solucionarse local mente, a la luz de lo qu e vamos
conociendo sobre temas especí ficos y sobre los r ecurso s de que dis-
po nemos para la investigación. Dehert amos poder resistir la presión
de ad optar una posición epis te mol ógica general válida para cua l-
quier cosa (Wylie, 1992b: 35) .
Eli zabeth Brumficl nos propor ci ona la última opinión sobre es-
ta cuesti ón cua ndo exa mina la ca lidad de los textil es en México.
En el período precolonial, las muj eres sometidas a los aztecas de-
bían entregar un t r ibuto en forma el e tejidos. La opinión fem inista
de la autora le hi zo ser escéptic a a nte la posib ilidad de que las mu-
jeres se dej aran "e mbaucan, por la ideol ogía , por lo qu e co nfió en
que, con el tiempo, «la cali da d del tributo en tejidos se irí a det e-
ri orando... ya que las mujeres indi as res isti rí a n la presi ón. Las mu-
jeres ind ias deliberadamente producirían unos tejidos más descui-
dados y sencillos como forma de pr ot es ta a la exacci ón tribu taria ».
Sin embargo, la evidenci a ar qu eol ógica sugiere que la ca lida d de
los teji dos no decl inó. El «rechazo de la hip ótesi s », no obst ante, no
provocó que Brumfi el recha zara el marco entero de proposi ci ones
teo réticas del que der iva ba»; al contrar io, hizo las modificaci ones
opor tu nas de su teoría: "la resistenci a a la explotación no puede
214 TEORiA AROUEOLÓGICA. UNA INTRODUCCi ÓN ARQ UEOl. OGíA EN U'< MUN DO POSTM ODERc,O 2 15
manifest arse cuando las actividades... son vulnerables a la super-
visión y con tro l de la clase dominante. Esto me permite segu ir
pens ando qu e los que conceden pesa a la dominación ideológica
ti enden a menospreciar la frecu encia de los ac tos de resistenci a y
la importancia de la coerción pa ra mantener el dominio» (Brum-
fi el, 1996: 454, 458).
Concl uye Brumfiel:
Much o antes q ue de que lin o opte, en función de los da los d ispo-
nibles, ent re coerción y do minación ideol ógica, la misma necesidad
de optar queda eliminada gracias a un discern imiento te orético qu e
clari fica la rel aci ón co mplemen taria ex iste nt e entre los dos fenóme-
nos. Incluso e ntonces los datos siguen teni endo una gra n importan-
cia ... Por ejem plo, aquellas observaciones sobre la calidad del tributo
en tej idos.., me han proporci on ado una llueva vía de investigación
so bre el grado de vu lnerabilidad al que se ven sometidos ho mbres y
mujeres ante la coer ción ejer cida por el Estado, grado que difi ere se-
gún la locali zaci ón del t ra baj ad o r o el ti po de bi enes prod ucidos
para el Estado. Lo que he obte nido de es ta investigación afect ará mi
manera de co ntemplar las formas de do minación ide ológica .v de re-
sistencia, en futuros estudios (Brumlicl. 1996: 459).
Mi propi a opinión sobr e el as unto coincide con la de Brurnfiel,
pero con un añadido: Brumfiel, Wylie, Triggcr y ot ros fabrican sus
a r g u men tos en forma de «ré plica » a la «critica postprocesua l». Sin
emba rgo, pienso que hay muy po ca cosa en sus argumentos que
contradiga los principios de la arqueología postproces ua l, Cierta-
mente, no cono zco a ni ngún arqueólogo qu e declare abiert am ente
su adicción a un rel a t ivism o sin mat ices ,
El context o del r elativismo
Considero interesante indagar los motivos que inducen a mos-
trar tanta pr eocupación por los peligro s del rel a tivismo. Cre o, en
cu al q ui er caso, que exis te n vari as razon es.
1. El r elativismo está desa for tu nadamente muy presente en
gran parte de la actividad arqueológica de nuestro tiempo. A pesar
de los datos huérfanos de respuest a que recopila mos de forma
ne utral y objetiva, nuestros opo nen tes siguen sin reconocer la rcc -
t it ud de nues tr os a r gum en tos y la in correcci ó n d e los S I IVClS ; de l» -
tratar se de pura testar udez por su parte, Peor aún, su negativa tes-
taru da en r econocer los datos no se con tem pl a , por parte de la co-
munidad académica en su conj unto, por lo que cs . As í, mientras
«nosotros» somos re ceptivos a la resistencia del dato, «su» forma
de contemplar los datos es la de un arr ogante indifer ent e. Y no soy
tod o lo impert inente que podría ser :
Cuando Ga nanath Obcycsckere publicó su libro Thc Apotlt eosis
of Captui n Cook... [este a uto r] ha bía j untado un a his toria tan ende-
bJe, que esta ba seguro que lus críti cos de las publicac iones es pe cia-
liz adas lo a part ar ían de sus mesas, ya que se darían cuenta de las
t ra mpas que ha bía hech o ut ilizando mi propi o trabaj o. Me eq uivo-
qu é. La Amer ican So ciet y 01' Ei ght een th Centurv Studics otorgó a
The Apotheosis al"Captain Cook el pre mio Louis Gott schalk cor res-
pondient e a t992 (Sahlins 1995: ix).
2. Mu chos de los au tores involucr ados en la lucha contra el
rel ativismo han ju gado su papel en el proceso de rclat ivizaci ón
que se perci be en el di scurso arqueológico. La insistencia de Mark
Leone en la teoría de alcance me dio llega después de ha ber desa-
rrollado una arque ología abiert amente mat eria lista. Brumfiel y
Wyllie son Ierni nist as dest acadas. Kohl ha escrito sob re la po litiea
de la arqu eología. Los t rabaj os de Trigger a principios de 1980 se
ci ta ban ruti nariamcnte como ejemplos de la nat ural eza inevit able-
mente pol ítica del di scurso arqueológico (su trabajo de 1980 sobre
los «indi os americanos » fue una de las primeras alu siones que lle-
gó a mi s manos s iendo est udiante, sobre las relac iones existentes
entre arqueol ogia Ypol ít ica).
De hecho, la paz se ha rot o en el reino de la epistemología. Con
la notable excepci ón de los positivist as de línea dura y de los ar-
queólogos conductistas, pocos desautori zarían la idea de qu e esta-
rnos inevitabl emente influenciados por las circunstancias políticas
.v sociales, y de que los "datos en bruto» no existen lib res de sesgo,
influencia o problemas . A la inversa, pocos dirían que los dat os ca-
recen de import ancia, ya qu e como míni mo tejen una red de resis-
tencia a las interpre taciones que deseamos darl es. La ma yoría de
nosotros diría que esta red es muy fuert e y que los mét odos de que
nos val em os sirven para fortalecerla aún m ás.
Los deba tes act ua les t ienen, sospecho, mucho q ue ver co n
I:\s ]X' ITl 'PI.' jol ll' S, u-mores e incertidumbres propios de un mundo
POSlll IlHkl ' lll l . 1' 11 p.ur icnl a r por el lugar in ci erto que ocupa l a
"
11
i
i
I
I
216
TEORi A ARO LJ EOU)CICA. UNA I NTIH JI) I I( 'e H)N
arque ologí a en la pr áct ica intelect ual y académica. Más qu e rép li-
cas o refutaciones a la Iilosolta post rnodernista, estos debates son
sintomá ticos de las difi cult ades que con lleva trabajar baj o la in-
fluencia de In condición post rnodcrn a. Todos los part ici pantes de
es tos de ba tes han cont emplado las cosas a tr avés del cri stal de las
ce rt idumbres ingenuas de la retór ica posi tivista y han experimen-
tado las realidades de un mundo que es inciert o y difíci l de vivir;
C APíTULO 12
CONCLUSIÓN: CONFU CTO y CONSENSO
Un moment o, por [ avor . Ahora me doy L'lI t' !11 a de que ha hab ido llI la
gran omisi ón que rlO podemos penuitir que siga. ¡ Qué es tcoria? No pode-
mos acabar sin haber deiinido el térmi no teoria,
Bien, vimos en el capít ulo 1 que había diferentes defini ciones
de tcorí a. Según su punto de vista teorét ico, cada uno escoge la
que más le gusta.
Recordemos la figura 4. l . Para muchos positivis tas, la teoría es
un conjunto definido de proposi ciones que pueden presentarse y
contrastarse con relación a los da tos. Para los proponentes dc la
teo r ía de alcance med io existen una seri e de métodos qu e permi-
ten contrasta r la teoría con los datos .
Según este pu nto de vista, la teoría se defi ne de forma estrecha
y preci sa. Se tr ata de un co n junto de proposiciones generales, que
puede co ns istir en generalizaciones acerca del regist ro arqueológi-
co («la formación de los Estados se correlaciona con la apari ción
de redes rcdistri butivas de iruercarnbio») o sobre có mo debemos
abordar el trabaj o arqueológico (vren em os que convertir la co n-
trast abilidad en el cri teri o central de nuest ra ep istcmología»). Los
datos que manipul amos no pueden cambiarse, según esta perspec-
tiva: existen independientemente de la teoría qu e u tilicemos. Mu-
chas de las cosas que hacemos como arqueólogos (muestreos . re-
cuperaci ón de rest os esparcidos de cerámica...) SOIl si mples técn i-
cas. Las cuestiones que las técnic as solucionan pueden tener un
contenido teór ico, pero las técnicas en sí y los datos quedan fuera
del domi nio de la teoría.
En el otro extremo se mueve el punto de vista qu e piensa que
toda la arqueología es teoré tíca, por lo qu e la teoría es definida de
2 1S
I' U J({ [¡\ ,I\ J{() IJl :U U H II ( 'I\ . [ 1:-.l A
('{ l NCI.LSION: CONI: U l " ]'() y c<Y\SI :,\lS{) 2 1')
forma muy ge neral. Como vimos, los postprocesua listas piensan
que las técnicas y los dat os conllevan una ca rga te óri ca qu e obliga
a los arqueólogos a es ta r prcpnrados para teorizar en c ua lquier
momento del trabajo. Algunos incl uso van más lejos y siguiendo la
teoría cri t ica arguyen que muchas técnicas presentada s corno neu-
tras contienen tina enorme ca rga teór ica. Recuérdese que para los
postcstru ct urahs tus, incl uso una fra se ba nal sobre la realida d de
los hechos, co rno deci r "hay 23 molares de cerdo en cI nivel 346»,
representa una suene de decl araci ón, perteneci ent e a U I1 text o,
que puede ser decons trui da. Los pos tprocesua listas pu ed en tomar
otr a línea de ataque: "Por .supues to qu e el número de molares de
cerdo es una afirmaci ón sobre unos hechos: pero ¿po r qué apar e-
ce donde apar ece en es te texto? ¿Por qu é el d ir ector de excavac ión
decidi ó pon er tant o énfas is en la re co ns tru cc i ón econó mica de es-
te yac imie nto hasta el pu nt o de exc luir ot ros elemen tos>, De la
mi sma manera que las fem ini stas pi ensan que la desi gual dad pe-
netra a fondo la vida cot id iana, y tantos ot ros quiere n hacer en-
tender la importanci a de la políti ca, es te punto de vista sostiene
que toda o casi toda act ividad arqueológica cae dentro del ámbi to
de la teoría.
Shank s y Tilley escri be n:
La teoría es totalmen t e subjet iva . No es un producto técnico
cual quie ra de un especialista , sino una producci ón delimitada y loca-
lizada que surge de un a int eracción específica y cont extualizada en-
tre los individuos, las exper ienc ias que traen consigo es tos indivi-
duos, la manera en qu e int eract úa su vida y su trab aj o, y la forma e n
que los arqueól ogos se las componen para llegar a di sponer de un
cuadro del pasado basado en los restos de materiales co nt ingentes
(Sha nks y Tillcy, 19R7: 212-21 3),
He intentado se r comprens ivo con las di ferentes posicio nes
teor éti cas, por lo que cualquiera que sea la opción teor ética que
decidas adoptar; ya es cos a tuya .
Definir una posición i nt crmcd ia
¿Lo és r ealmente ? Es tu opción, pero hay muchas posibili da-
des de que la opción qu e escojas sea categnrizada e interpret ada
an tes de que tengas la op ort unidad de abrir la boca para jus tifi-
car teoSerás etique tado de «extre mist a» o de «modera do », de «con-
forme» o de «marginal», de «emptri co ingenuo » o de «rel at ivista
r esba lad izo». segú n la opción que t omes . ¿Quién se encarga de de-
finir lo que es cada cosa? ¿Quién decide qué d irecci ón ha de to-
mar la teoría?
Quiero presen ta r a l respect o cuatro puntos de vis ta di sti ntos:
La c ienc ia t ra baja de for ma responsable. Cr eamos nuestros da-
tos en el pr esen te. Pr ocu ramos media nte el uso de análisis de r-cco-
nocimiento de pat ro nes o bte ne r un conoc imie nto sobre la forma
de organización del pasado. Propon emos ideas sobre la natu raleza de
las organ izaci ones del pasado y so bre su evoluc ión, En es ta sit ua-
ción, el ci ent ífi co adquiere res ponsa bilidad sobre el proceso de
adqu isición de expe r ienci as con el fin de poder proporci onar com-
probaci ones reales sobre la pr eci si ón .v ut ilidad de sus ideas . Un
aprendi zaj e responsabl e depende de hast a qué punto el per fil de la
invest igación expone a l inves tiga dor a ambigüedades . inadecuacio-
nes e imprecisiones en las ideas yuc guía n ta nto la producci ón de
datos como las tentativas pa ra compre nde rlos. Pero la cl ave para
consegu ir el éxito en nuestro t ra ba jo es el mund o de la expe r ienc ia .
El mundo externo existe P (W derecho propi o y ello incl uye las pro-
piedades del registro a rqueológico... Pre tender qu e nu estras herra -
mient as cognit ivas nos a isla n del Inundo exteri or es una falsedad
(Binfurd , t 987: 403) .
Du rant e los años set ent a, esn-uctura list ns, po st estructurulistas y
Juego «postprocesu ulistas » rea ccionaro n contra el Iu ncionalisrno de
la Nu eva Ar queol ogía, pidi endo un mayor énfas is en las ideas y las
creencias de las socieda des del pas ado y cri ticando la idea de la ne-
cesi dad de contrastar todas las hipót esis, puest o que todo conocí-
miento es subjet ivo. Los proccsnalis tas respon dieron reaf irman do la
importa ncia ele la co ntmstac ión - ¿de qué otra forma pod r íamos es-
coger entre t eor ías opucst asr-e-, a unque acepta ron la necesidad de
indaga r s in prej uici os en las ideas y las creencias, en los aspectos
cognit ivos de una cult ura , y desurrollur una metodo logía acorde con
la neces idad de reconocer el pa pel del individuo y de la est ru ctura-
ción en el comienzo del cambio. Una nueva síntesis cognit ivo-pro-
ces ual pa rece que ha surgido en la d écada de los noventa. (Renfre w
y Bahn. 1996: 473).
La experiencia europe a demuestra que podemos aceptar sin pro-
blemas qu e el pasado y la arqueología están soci alme nte det er mina-
dos y al mismo tiempo que no hay qu e renunciar a mant ener U JI
compromiso rigu roso con el mét od o ci en tífico... Como arqueólogos.
22 0
1'I':OIÚ,\ Ut\:A I NTI<OI H:CCJON
CO.\i I·"I.Il.:'I U y CUNSENSO 22 1
no hace fa lta dej arse llevar por el pesi mismo de pens a r que la única
alterna tiva a la arqueología procesual pos it ivis ta es el relati vismo y
el cau so Las tradiciones eu ropeas demues tra n que exi st e un a gama
de posibili dades sat isfactor ias entre los dos ext remos (Hodde r,
1991,,; 21-22).
Para el idealismo subjet ivo de la arq ueología cicntifi ci sta sust i-
tuimos el propósito de la disciplina por una cienc ia di al éct ica del
pasado y del presen te informada por un a hermen éutica absoluta-
ment e co mprensiva qu e persi gu e la intelecci ón de las cual idad es po-
Iival ern cs de un mundo so cialmen te constr-uido como el que ha bi ta-
mos. Nosot ros mant enern os el rechazo hacia un a visión del pasado
que se presenta co mo una realidad objetiva a través de los text os a r-
queológicos 0 , al tet'nmivamcnte, corno algo subjet ivo. No se tra ta de
escoger e ntre un a cosa ti otra . La teo rfu .Y la prá ct ica arqueol ógicas,
en ta nto que creac i ón en el presen te, u'axcicu de n completamente cs-
la división artificial (Shanks y Tilloy 1992; 243).
¿Hacia dónde se dirige la teoría arqueológica ? Cada una de las
opiniones citadas muestra un punto de vista di sti nto. En ellos hay
implí cita una for ma dist inta de en tend er qué ha sido la teoría y'
qué es en est os momentos. Cada una señala una «corrien te princi-
pal» y di stintos ramales vist os como marginales o pe r iféricos. Ca-
da fra se es mi ejemplo de retórica.
Los paral eli smos ret óricos no son aje nos a ningu no de los ban-
dos teor étícos. Para Binford y Shanks y Tillcy no hay lugar a las
medias ti ntas: o se es de un bando o del otro. La ciencia es lo que
es porque lo di ce Binford . Tómese el mejor y más accesible libro
de Binford, 111 Pursuit of tlte Past (EI1 busca del pasado, en su ver-
sión en español): la cuestión de la definición de cie ncia y de mét o-
do cie ntífico se so luciona Con una nota a pie de página. En el en-
sayo citado, la palabra «ciencia» se me nciona m ás de ci ncu enta
veces; sin emba rgo, ni una sola vez se ha ce re fere ncia a los puntos
de vista no posit ivist as, como si no existieran. Por lo tanto, los lec-
tores que afrontan por primera vez un di scurso sobre teoría ar-
queológica co n la lógica inseguridad del que se sabe poco du cho
en la mater ia y sin las sufi cient es credenciales no tienen ot ro re-
me dio que tomarlo a pies juntillas , o abando nar. Lo que Bi nford
sostiene , o se acepta o se rechaza, no hay término medi o. Algo si-
mil ar pasa con Shanks y TilIey. De entra da, hay que sobrepone rse
a la jerga que ut ili zan. Una vez hech a la inversi ón en tiempo y es-
fuerzo intelectual requeri do s para llegar has ta la página 242 de su
libro, ya no qued an fuerzas par a in clinarse por otros puntos de
vista o di scuti r sus argument os.
Arribos aut ores se enzar za n en un a retórica de la coniront acion ,
Si no se está de acuerdo con Shanks y Tilley es que tcoré ticamcn-
te uno está perd ido, se es algo así como un dinosaurio int electual.
Si no se está de ac ue rdo con Binford, simplemente es que uno no
es un científico.
Hodder y Renfre w y Bahn son más sutiles en su enfoque . En
a mbos textos se cuidan de elegir un a hueste de aliados poderosos
en sus ca mpos respect ivos. Ambos optan por una retórica de la
con ciliacicm : recon ocen que ot r os puntos de vista también tienen
ciert a va lidez, aunque por supuest o que también hay opiniones
qu e real mente son absolu tame nt e margin ales.
Hoddcr fundamenta su pu nto de vista en un artícul o introdu c-
[Olio del libro Archaeological Theory il1 Europe: The Ú W Three De-
cades. El ensayo se enmarca en la retórica de los ideales europeos :
certifi ca la exis tencia de un a vibrante t rad ición teoréti ca europea
.Y se ñala que la teoría, más que nunca es tá en boga en Europa.
Hodder co nt rasta es ta opinión sobre la situaci ón en Europa con
una visi ón pes imi s ta so bre lo qu e es tá sucediendo en América del
Norte, donde la es terilidad se impone, en parte fruto del domini o
que ejerce all í el procesualisrno. Es sorprende nte que Hodder cite
a Renlrew para apoyar sus puntos de vista , crea ndo así una pode-
rosa alianza que irrumpe en med io de las di visorias teorét icas. Es
como s i Hodder di jera "fij aros, lo que di go aquí no es lo que di-
ría en una reu ni ón de postprocesual ist as: una figura important e
y prestigiosa de un bando di sti n to ha dicho prácti cament e lo
mi smo ».
Hodder crea otras alianzas leoréticas y sociopolít icas, mi entras
posiciona sus ideas de for ma muy cuidadosa para no heri r algunos
sentimient os muy difundidos dentro de la teoría arqueológica. Si
eres un escép tico con relación a las ingenui dades de la Nueva Ar-
queología, sfgueme. Si crees en la idea de una arqueología europea
di stintiva, abomina del positi vismo, acepta la s ubj etividad y abra -
za la historia: resumiendo, acepta en tér minos generales mi posi -
ción teor ética, Es ta deci sión no va a costart c muchos sacri ficios,
puesto que ya no hace falta contar con las teorías que dejas atrá s:
en cierta manera, es lo que has estado haciendo a lo largo de tu ca-
rrera, antes de que la Nueva Arqueología apareciese.
Hodder tiene cuidado en acop lar es te argumento arqueológico
con la descripción de lo que políti camente está sucediendo. En-
222 I F I >ldl' ;\ 1{C)11l;.( 11 ,1)1i l( "l\.. 1;N /\ I ' J( )N l' ONl' LLS IOr-:: CO:-J FLl l'TO y CONSENSO 223
vuelve el capítulo correspond iente co n refer encias a los es critos de
Gust av Kossina, el arqueólogo a lemán cuyas ideas prestaron apo-
yo a las ideas fasci st as sobre la supremacía ari a, Si la uni versidad
y la polít ica se r elaci ona n ta nto, su apelación a una clase media
académica europea inflamada de sentimie ntos liberales e interna-
cionalist as no deja luga r a dudas. Si eres un «buen euro peo », tan-
l O en tu tr abaj o co mo arqueólogo como en tu forma de vivir la cul-
tura y la políti ca, debes hacer a rque o logía post procesual ,
Rcnfrcw y Bahn tambi én procuran ocu par un té r mino med io
equidistant e de unos extre mos que se concept úan como des equili-
brados y poco razonables . Obsér vese el contexto de los comen ta-
rios de es tos aut or es, Su j uicio se sitúa de nt ro de un di scur so más
gener a l sobre el desa rroll o del pensamiento arqueol ógico, Es te
d iscurso t iene una estr uctura marcadament e progresi va , ya que
comienza en los orígenes de la arqueología para seguir con los
grandes descubrimient os de la d isc ipli na , así como con las figu ra s
que hici ero n é poca , El desarroll o último de la teoría , que señala
claramente un pr ogr eso con r especto a lodo lo ant er ior, es para
ellos la arqueología cog nit ivo- procesual. Aquí la teoría se explica
C0010 si se dirigier a a co nseguir un nuevo consenso, «que acepta
de bue n grado obtener co noci m ientos de cualquier desa rrollo
postproce sual apropi ado » [¿quién defi ne qué cr ite rios señala n lo
que es y lo que no es apropiado?], au nque «no acepta el rechazo
"revoluci onar io» de los logr os positi vos de la Nueva Arq ueología»
[¿quién decide qué re ivindica ciones son r evolucionarias o no lo
son?],
Renfr ew y Bahn se muestran como verdadero s maestro s cuan-
do escogen dónde situar estas o piniones: un manual de primer
curso de carrera . Se trata de un libro excelen te que ha teni do una
gra n acogida, Ello los coloca en la posi ci ón adecuada para o rgani -
za r alianzas fuertes y extensas, Los primeros aliados ha de ser cvi-
de n te mente la nueva genera ci ón de es tudiantes de arqu eol ogía, Al-
gunos de ellos constituirán la nueva gener ación de arqueó logos;
otros, después de haber pasado por un cur so de introducci ón, se-
guir án adelante para conve r tirse en prot agonist as intelectuales ,
cult urales o polít icos de la fut ura soci edad británica o nortcarneri-
cana. Paralelamente, a l aparecer en un manua l de primer curso
pueden encerrar sus opiniones en una es pecie de ( caja negra », Los
estud ia nt es de los cursos in ici ales tienden a acept ar lo que leen
como verdadero s hechos, o como mínimo como doctri na ob ligada
por proceder de expertos , Además, tienen otr as asi gnatu ra s y mu-
chos ex ámenes , La mayor ía de lect ores . pues, se muestra poco in-
clinada a tornarse el t iempo y e l esfuerzo ne cesari os para abri r
convenien temente la «ca ja negr a » Y ver 10 que hay den tro. Ha rí an
algo parecido con sólo ir a la sección dedicada a la bibl iografía co-
men tada. All í enc ontr arí an que la exist encia de esta llue va escuel a
cent ral que r epr esenta se r la arqueología cogn itivo -proces ua l só lo
es apoyada por cinc o referenci as, una de las cuales s ólo t iene la fe-
cha de publicaci ón en la década de los noven ta (es decir, una ve?
se ha producido el impa cto de las ideas postprocesunles). Y, a l re-
vés, los estudian tes encuen tran que las r eferencias en la bi bliografía
del libro de Renfre w Y Buhn des tinadas a apoyar lo que los autores
interpretan C0l110 una reacción de los años seten ta a la Nueva Ar-
queologia, de hecho se or igina n en la década posteri or. Esta falta de
ri gor en las fechas si se aplicase a l cuidado de la cro nología prchis-
t órica comportarfa que todavía crey ésemos en la di fusi ón dc los
mega litos,
Al mi smo tiempo, a l situar sus comen tar ios en u n texto «mer a-
merite» in tr oduct orio, Rcnfrc w y Bahn no tienen que proporcionar
una documen taci ón académica detalla da sobre est e nuevo consen-
so a lr ededor de una arqueología cognitivo-pr ocesual. Lo que les es
muy úti l, ya que en mi opinión, tal co nsenso no existe. El tér mino
cognit ivo-procesua l o la expres ión procesualis mo cognitivo no es
m ás que un recursos lingü íst ico para ocupar el t érmino med io
mi entras se mini mizan los dem ás enfoq ues .
El segundo golpe espec tacula r de Renfrew y Bahn consiste en
reconoce r la exis tencia de una diversidad de pu ntos de vista, Ellos
se levant an por en cima de las pequeñas intr igas de los teóricos pa-
ra poder lanza r me jo r' sus opiniones aut orizadas, Y, sorpresa para
los lectore s, sus co menta r ios imparci a les sobre lo que piensan que
es la d ir ecci ón que toma hoy d ía la teor ía ¡coinci de con los cam-
pos de invest iga ci ón que act ualmente cons t it uyen el objeto pr inci-
pal de su investi gaci ón!
¿Cuál de los cuatro enfoques sobre la teor ía arqueológica es
más "honesto»? En ci erto sent ido, es el de Binfor d, puesto que es
el único autor que hace alguna alusi ón a sus impresi ones al te ner
co nciencia de que las cor rie ntes teóric as del momento se apa r tan
de sus tesis , ¿Quié n es el que se lleva el gat o a l agua? Renfrew y
Bahn, qui enes acier ta n s imult áneamente a reconocer y a marginar
los otros punt os d e vista, y al mi smo ti empo a di simula r su papel
de protagonist as mi entras aparecen COl1l0 unos comenta ristas im-
parci ales .
224
TFORIA AI{()l:H)],O(;](';\. l,NA IN'I'R(l1H,'('{'[()\. CO:\CUJSI()\::: CO,\];UCTO y
22.')
Bien, debo decir que parece que hay ulgo más que un soplo de hípovrv-
sia en todo ello. En primer lugar, Renirew señala que el misnüsímo tcrnn.
no «postprocesual. )'a es arrogante en tanto que presupone que rcemptn :n
algo que ya ha pasado .v que por lo tanto sobra; añadíria que se trota de 1II1
ejemplo de retórica eH 111m sola palabra. En segundo lugar, me parece que
su libro hace exactamente lo mismo que ataca de Renire-» y Baírn y los de-
más. Enmascara como argumento autorizado lo que solo es Wl punto de
vista personal.
Bien, yo no ataqué a Renlrew y Bahn; intenté explorar su ma-
nera de situarse en una posición tal que ensalza sus alianzas y mi-
nimiza sus oponentes. Todos hacemos lo mismo }' este libro no es
una excepción.
Este libro presenta la teoda arqueológica como una narra-
ción. Intenté conscientemente con este método relacionar de una
Iorrna clara teoría, práctica y contexto intelectual; por ejemplo,
cuando relacioné la arqueología postprocesual y el pensamiento
representado por la teoría social en la década de los ochenta.
Claro que una narrativa así dehe presentar a la arqueología post-
procesual COTIlü la «definitiva», tal corno Renfrew y Bahn hacen
con respecto a la arqueología cognitivo-procesual. Para dar tal
punto de vista puse de mi lado a una cadena de aliados: los cam-
bios habidos en la teoría del conjunto dc las ciencias humanas,
lo que viene sucediendo en el mundo ajeno a la arqueología. Al-
gunas líneas de pensamiento, aunque tratadas, han sido 111a[-
ginadas en el análisis al ser enviadas a los últimos capítulos (por
ejemplo, la teoría feminista y la arqueología del género, que han
tenido una enorme influencia sobre el postprocesualismo, apa-
recen según el orden de los capítulos, como si hubiesen sido
influidas por éste). Pero ya es hora de fijar el punto de vista per-
sonal.
La arqueología sigue sin tener conciencia de sus propios fun-
damentos teoréticos; gran parte de la actividad arqueológica sigue
despreocupada por los debates teoréticos que tienen lugar en
nuestro tiempo. Sin embargo, parecc que en los últimos años se
han visto signos esperanzadores de que esto está cambiando.
El debate teorético, cuando existe, tiene un perfil intelectual
bastante bajo. Algunos análisis al respecto, realizados por figuras
prestigiosas de! mundo de la arqueología, denotan un conocimien-
to muy limitado de la literatura que citan en apoyo de sus puntos
de vista, o para atacar o caricaturizar los ajenos. Cuanto 111ás pres-
ligiosa es la figura o el propio editor del estudio, más banal y vul-
gar parece el resultado. Recientemente, un colega me explicó con
cierto orgullo que había impartido un seminario internacional en
e! que atacó a cierta escuela de pensamiento tras haber Icído un
solo libro sobre el tema, pero contando con el apoyo de "varias
conversaciones de bar». ¿Se atrevería a escribir este señor un tra-
bajo de clase puntuablc, después de haber leído un solo libro so-
bre, pongamos, la Edad del Broncc europea? Este debate, general-
mente de escaso nivel, significa que las posiciones defendidas sin
base suficiente )" los lugares comunes abundan demasiado en to-
dos los bandos. También se observa la presunción de que la posi-
ción de uno sale victoriosa intelectualmente en la medida en que
los especialistas del otro lado son unos lindos dinosaurios o unos
embaucadores y no unos arqueólogos serios con preocupaciones
intelectuales genuinas.
Tengo la impresión de que existe un ámbito en el que el con-
senso surge fácilmente: la epistemología. Por un lado, pocos sus-
cribirían hoy un punto de vista estrechamente positivista y la
mayoría estaría de acuerdo en que la exigencia de comprobación
o contrastación conlleva muchos más problemas de lo que pare-
ce a primera vista. La proliferación de estudios sobre la teoría de
alcance medio y sobre tafonomía, que discutí en el capítulo 3,
pueden entenderse claramente bajo este prisma. También pocos
se atreverían a afirmar que nuestras interpretaciones del registro
arqueológico están libres de influencia social y política. En cam-
bio, no conozco a ningún arqueólogo que se declare abiertamen-
te relativista; la verdad es quc todo el mundo niega hasta la sa-
cieclad ser un relativista puro y simple. El relativismo es un es-
pectro que atemoriza a la arqueología y al conjunto de las cien-
cias sociales, aunque la bestia parece que pasa la mayor parte del
tiempo acechando en las sombras, como algo desdibujado, sin
mostrarsc a la luz claramente. En este sentido, tal como dijimos
al concluir el último capítulo, resulta muv revelador del pensa-
inienlo contemporáneo este miedo universal al relativismo) como
le sucedía al ateísmo en el siglo xvu o al comunismo en los años
cincuenta, es algo que debe denunciarse ritualmente por todo el
mundo.
Este consenso, que se mueve por algún lugar entre un estrecho
positivismo y un relativismo a rienda suelta, se descubre aliado de
las filosofías post-positivistas de la ciencia corno el «realismo» y el
«constructivismo social blando».
226
[1\;/\ I\:T¡.{()lltl('{'I()N CONC1,[ ,'SlON: CON II.JCTO Y C(),\SENSO
227
Tengo dos cosas que decir acerca del debate sobre la cpistemo-
Iogía. Primero, que varía según se refiera a la teoría o a la prácti-
ca. Lo que sorprende es que la insistencia en la prirnacta episte-
mológica de los datos no se corresponda necesariamente con el
uso de estos datos. Para clarificar este punto con el riesgo de per-
sonalizar el problema diré que Chris Tillcv podría ser tildado de
relativista de miras estrechas; sin embargo, hay en sus dos libros
recientes más «datos» trabajados en detalle y de forma critica que
en toda la carrera profesional de algunos de sus críticos.
Segundo, pienso, a riesgo de parecer ligero, quc los debates so-
bre epistemología, aunque seguramente necesarios, no dejan de
ser muv aburridos. Hay otras cosas en la teoría que me parecen
más interesantes, por ejemplo, la naturaleza de los cambios socia-
les, las cuestiones relacionadas con la estructuración y la estructu-
ra social, el contexto cultural de la actividad arqueológica, la ar-
queología del género, las relaciones entre arqueología y teoría lite-
raria, la aparición de la complejidad social y los distintos modelos
sobre evolucionismo cultural.
Un aspecto particularmente sorprendente de los debates de los
últimos tiempos es ver cómo la discusión teorética viaja de un la-
do a otro del océano atlántico y CÓJllO este ir Y venir genera unas
dinámicas entre generaciones de especialistas lTIUY interesantes.
Por ejemplo, es más interesante lo que sucede ahora en Norte-
américa con relación a los estudios que se enmarcan en el evolu-
cionismo cultural que lo que ocurre en Gran Bretaña. En parte,
ello es debido a que muchos departamentos de arqueología en
Gran Brctaña están concentrados en el debate requerido para di-
gerir el cambio provocado por el pcnsamiento postprocesual. En
este contexto, muchos especialistas jóvenes piensan que la arqueo-
logía procesual es una tradición rnoribunda que no debe prcocu-
parles, aunque expresen distintos grados de escepticismo con rela-
ción a las alternativas que se les ofrecen.
Conclusión
Al empezar a pensar cómo escribiría este libro tuve la imprc-
sión de que la teoría arqueológica estaba alcanzando un impasse,
una especie de punto y aparte. Al indagar sobre ello y en particu-
lar al leer sobre diversos casos interesantes sobre períodos )/ temá-
ticas sobre los que no tcnía la suficiente información, mi fe en la
vitalidad intelectual de la arqueología empezó a restaurarse. Aun-
que haya abundante teoría poco aprovechable por su limitada ca-
lidad, también es cierto que existe una notable cantidad de traba-
jos nuevos verdaderamente interesantes que se sirven dc una gama
apreciable de enfoques distintos. Estas novedades proceden a me-
nudo ele jóvenes especialistas que no se contentan con refugiarse
en un 11larCO de estrechas afinidades tcoréticas. Destaca especial-
merite el hecho de que estos nuevos trabajos combinan los datos
con la teoría: se profundiza en la teoría sin dejar de lado las rcfe-
rencias críLicas al material arqueológico, siendo los enfoques 111U)i
variados, de manera que se evidencia una falta de complejos ante
el eclecticismo.
Me inicié en la arqueología de forma parecida al personaje
que ha estado cucstionándomc a lo largo del libro, como un ar-
queólogo práctico siempre metido en el tajo, con polvo hasta las
cejas. Todos los arqueólogos con los que trabajé antes de dedicar-
me a la universidad se mostraban desdeñosos ante la teoría: a fi-
nales de los años setenta, la arqueología de urgencias estaba en
su cenit, por lo que había demasiados yacimientos que excavar
corno para preocuparse por cosas demaxiado abstrusas. Mi pri-
rner año en la universidad confirmó mis sospechas. Un evolucio-
nisrno cultural de miras estrechas y la Nueva Arqueología domi-
naban la escena. Los grandes esquemas evolucionistas me pare-
cieron aburridos v poco relevantes en relación con las particula-
ridades que presentaba la práctica arqueológica. Leí cosas sobre
historia y sociología histórica, pues corno también pensaba Bruce
me pareció especialmente sospechoso el rechazo de la
historia. Seguramente, visto retrospectivamente, hice una lectura
sesgada y parcial de la literatura que cayó en mis manos. pero es
así COlllO lo vi entonces.
Esta visión se reforzó con experiencias sobre la teoría ajenas a
lo que entonces 'era la corriente dominante. Mi trabajo en la lla-
mada «escuela inglesa» de historia del paisaje y 111is contactos
con la teoría histórica generaron que me diese cuenta de la gran
diversidad de planteamientos teoréticos y metodológicos que
mostraban disciplinas hermanas. En estc sentido, la iclea de que
los argumentos nunca se evalúan en condiciones de plena objeti-
vidad, sino que se consideran y Iormulan enmarcados en un de-
terminado medio social, no constituyó para mí una lección teoró-
tica sino práctica, derivada de la relación establecida y del traba-
jo continuado con arqueólogos, historiadores, historiadorcs .k-l
221\ r l':<)IU ,\ ARO t ll ;,( H ,()(i1Ci\ . C :--J A I '\Tl tí l ll l l( "( ' IC I f\ l 'o , n II S I OI\ : ("O'\ !"I .I { T U \ ('( ' '\ S!·:N:--. o / , ~ q
arte y ge ógrafos. De nuevo [ue la exper iencia práctica y no la de-
mos tr aci ón teor ético lo que dir igi ó mi a tenci ón haci a la fragrnen-
ta ció n del mét odo dentro del co njunt o de la di sci pli na a rq ueoló-
gica . Veo que existe poco en com ún entre el m étodo y la teorí a
de, digamos, la ar queología del sudoeste amer ica no y la de la
igles ia europea medieva l. Ambas probablemente cons ider arí an el
método de la o tra como a lgo tota lmente improduct ivo. Si el «teó-
rico» tie ne a lgún papel que re presenta r en arq ucologta . segura-
mente es el de mediar: most rar cómo ambas escuel as tienen su
propia validez, sus propi as cre denc iales int electuales y explicar
po r qué deben resp etarse mutuamente v tomarse el tiempo nece-
sario par a hablar se.
El principal objetivo que me planteé al escribir este libro fue
persuadir al lector del interés , importancia v relevan ci a de la teoría,
as í como es t imula r le a adoptar una acti tud co nsci enteme nte cr i-
tica hacia t odo lo que los grandes es pecia lis tas, los «exper tos» , le
cuent an sobre la teorí a y la práctica de la disciplina. Qui si era
que los estudiantes se animaran a abri r las «cajas negras» en vez
de dejarl as int ocadas. Detr ás de todo ell o exi ste por mi par te la
creencia, quizás algo ingenua, de que la diversidad de p lan tea -
micntos y enfoques es a lgo esenci almente bueno, que la in terac-
ción de los d iferentes enfoques tiende a producir resultados más
inte resarues y ricos . en defi n it iva , que nu estra cr ónica so bre el
pasado ga na en brill o y en veraci dad de esa maner a. Conte mpla-
do de forma más genera l, pi enso que el valor intrínseco de los es -
tu dios académicos cn human idad es reside en el desarrollo de
una acti tud cr ítica po sitiva hada uno mi smo y haci a el conj unto
dc la soci edad y la cult ur a. No me preocupa qué tipo de «ismo »
van a enc ontrar m ás a tra c tivo las gene raci ones fu tur as de ar-
queólogos, s iempre que el eve y es t imule las act itudes cr ít icas. En
cl momento en que la teoría arqueológica empiece a parecer un
lib ro de rece tas , entonces es que está segurament e sobre viviendo
a su utilidad .
Me preocupa en estos momen tos la falt a de pen samiento crí ti -
co seri o que mu est ra gr an part e de la li teratura que se publi ca. Los
articulos que finalizan co n la deprimente concl us ión ba na l de que
«a mbas post uras tienen cosas que aport a r» o que «de ben a mos in-
tentar avanzar por el ca mino del medio» de be r ía n ser apar tados de
la circulac ión, no porque el tér mino medio sea mal o en sí mismo,
sino porque la búsqueda de es te ca mino del medio, de masiado a
me nudo se conviert e en un fáci l rceambio del tr abajo duro que
sign ifica la c rí t ica ser ia, y. s in emha rgo co mpre ns iva . de las posi-
ci ones teoré ticas de uno mismo y de los demás.
Tal como oí una vez a alguien decir en un polvori ento bar en al-
guna parte del oes te de Texas, «no hav nada en medi o del camino,
except o las lín eas bla ncas de los armadillos muertos". Y algunos
curiosos teó ricos de la arqueología.
GLOSARI O
«Señor, le he encontrado un argumento; pero no est oy
obligado a enconu-arl c un ent endirnicnto.»
(El doct or Johnso n a un int errogador
aburrido; Boswell, junio de 1784)
Muchos de los términos que s igu en a continuac ión pueden pro-
vocar ci erta confusión, puesto qu e signi[ican cosas di ferentes para
algunas personas . T érminos como «clase» , «cult ur a », «evolución»,
«proceso », «tipo) y «poden) pueden parecer bastante simples, pero
a menudo tienden a con fu ndir; puest o que se usan por part e del
autor en un sentido y se leen en otro. Un buen ejemplo de ello es
el términ o «teor ía .. (véase más ad ela nte). Parte del probl ema qu e
suscitan es tos t érminos consiste en que cambia su significad o según
el contexto o la formación disciplina ri a. Por ejemplo, el término
«mater ia lismo cultural » t iene un significado diametralmente opues-
to según lo use la antro pología cult ural o la teoría literari a .
En es te glosar io sólo he incluido los térm inos que aparecen en
el texto que preci san de aclar ación. Empecé con la idea de compi-
lar un glosario completo de t odos los t érrninos especializ ados que
la teoria arqueol ógica utiliza, pero pronto me di cuent a de que es-
te ejerci ci o requeriría añadir un segundo volumen al libro, La
Analytical Archaeology de Clarkc ( 1972) contiene un buen glosar io
de térmi nos utili zad os por la teoría de sis temas y ámbit os afi nes.
Hodder el al. ( 1995) incluye un glosari o muy útil . Para las ci encias
hu manas en general es útil consulta r el glosa r io que incluye John-
so n ( 1995), mi entras que Hurnm (l 992 ) proporciona un glosa r io
de términos que utili za el pensami ent o femini sta. Lecht e (1994)
ofrece breves discusi ones sobre los pensad ores de nuest ro tiempo.
232 INTROJJCCCIÓN A LA TEORfA ARQUEOLÓG ICA GLOSARIO 7:' 3
El libro Kevwords (edici ón de 1988) de Rayrn ond Willia ms es una
lectura fascinant e. El apéndi ce de Cullcr ( 1997) ofrece opiniones
concisas sobre las principales esc uelas de la teoría lit eraria.
Los t ér minos que si gu en ofrecen una exp licaci ón simplificada
en exceso. La mejor man era de apreciar el sign ificado completo y
el contexto de la mayorí a de ellos es leer el capít u lo correspon-
di e nte, puesto que los tér minos sólo se pueden comprender h ien
enma rcados en el contex to del movimiento intelectu al de! que for-
man palie. Los tér mi nos también ca mbian de signi ficado. Segura-
men te, en e! tiempo qu e pasa ent re qu e escr ibo estas pal ab ra s y son
leídas, muchos de estos términos habr án cam biado de significa do.
Arqu eología feminist a . Sost ien c que los roles de gé ne ro son ob-
jeto de const rucción soci al. sea co mpleta o pa rcia lmente . .Y no vic-
nc n dotados por la bi ol ogí a . Las feministas piensan que las mujeres
a lo largo de la hist or ia han su frido en el mundo occidental un a
opresión social es peci a l. Esto impli ca que a) los arqu eólogos ti en en
qu e fi jarse en los roles de gé nero y las desigua ldades que se dau
dentro de la profesión; b) la n ecesi dad dc ser más críticos con r ela-
ci ón a los sesgos y su puestos en los que se ca e cu ando se estudia n
las sociedades antiguas, y e) la necesidad de cuest ionar la Iorma en
que ha sido construido hist óricamente el conoci mien to académ ico
(baj o el domin io masculino o de modo «fulocrá tico» ). No todos los
arqueólogos interesados por la a rqueología del género se llaman , ¡
sí mismos Icministas, y no todas las feministas t ienen necesar ia-
men te que estar abso lu tamente de acu erdo con el punt o c).
Cibernét ica . Cien ci a de los llujos de la energía, asoci ada a me-
nu do a la teoría de sis temas .
Const r uc t ivis rno social. Sugiere que el conocim iento cientlfko
no constituye un corp us neu tr o de datos indep endien te de I,¡s
prácticas cultur a les y los valores, sino qu e se origi n a en eJ senu tll'
la sociedad , con lo que elJo conlleva. Por lo tanto, los datos y I"s
prácticas de la cienci a, o son construcci ones socia les en su tu tuli
dad (cons t ruct ivis mo duro) o lo son en parte (constru ctivis mo
bla ndo) . En la práctica , el constructivismo social se int eres.. por e-l
trabaj o en el la borator io , las public aci ones cientí ficas y los Ilu ju,
de informaci ón en ta n to que procesos que deben estud inr: « : dl' sdl'
una per spectiva sociológica y no sólo en téTnlinos pn r. uu. -ur«
(cient íficos ».
Co n t r ad icc ión . T érmino con connotaciones marx istas : véase Dl A-
I.ÉCTTCA.
Cosi fi ca ción . Es 10l11ar u na idea y tr atarl a corno una cosa defini-
tiva . Así, ta n to ({el neol íti co » COlll O «la ar queo logía pos t procesu al »
son cosificaci ones. A menudo se usa pevorat iva mcntc corn o cuando
se d ice: «No existe eso de la escue la cognitivo- proc esualist u. Se tr a-
ta de una cosificaci ón hech a a part ir unas pocas rese ñas dispares.»
Cu lt u r a . Una cultura a rq ueológi ca se presen ta cuando se advicr-
te r epet idamente so bre un es pacio di scon tinuo y a lo largo del
tiem po un co njunto rec u r rente de caracte rí sticas especí ficas en la
cerámica , la Iorrna de la s casas , las prácticas funerari as, e tc, En
un sentido muy a mplio, u na cu lt ura pued e con templa rse desde
di stintos pu n tos de vista , C0 1l10:
lt un conj un to de ideas y creenci as compar tidas (p u nto de vis-
ta normat ivo):
• un sistema «exirasom árico» adap tado al m ed io externo (pun-
to de vista sist émi co):
• u na estruct ura o cód igo a nálogo a l lenguaj e;
• un a t r ib uto del comport a miento civilizado, C0 l110 cuando se
dice «todas las per so nas cultas deberían ten er algún conoc í-
mi ent o el e a rq ueologia ».
Deconstrucción. In str umento dia léctic o pert enecien te a l apara-
to del postestructu rali smo. Los postcs tructur alistas señalan que
cada palabra o fr ase t iene muc hos sign ificados y que estos signifi-
cados, a su vez, se refi eren a una mult iplicidad de otros signific a-
dos del lenguaje. Ca da texto, aunque parezca un texto o bvio o ba-
na l, puede «dcc ons tru irse». es decir, poner se en evidencia la mul-
tiplici dad dc signifi cados di stint os del significado que apare nta . La
dec onstrucción pued e u tili zarse cn el di sc ur so políti co r ad ical (p a-
ra mostrar, por ejemplo. de qué forma la voz «masculi no» es ines-
table y al mismo tiem po privilegi ada), au nqu e t ambi én puede con-
duc ir a un rel at ivismo polít icamente neutro e in capaci tan te.
Di a crónico. A lo largo del tiempo (opues t o a
Ilialéctica. ' 1't 'TlI l i ll Cl c(J mplejo p ro ced ente del pen sa mient o he-
)' i , l i ; \ l ]( ) \' 111 ; 11, j '. !; 1 Sl ' l' i ,li l'l'l ' :1 la s o con llk-tos de
.,

'1
234 I NTI{OlJ L CCI ( )N ¡\ LA I\I{Ül.
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!':( 1I.(I(; 1('/\ ( i ]. USI\ KJ() 2
ideas o de gr upos que se ge ne ra n en un determinado marco de re-
laci oncs. Este marco acaba por que bra r debido a las te nsiones in-
teri ores que soporta , dando luga r a la Iormación de nu evas formas
sociales o in tel ectua les que ti su vez desa rrolla n lluevas contradic-
cioncs. Así, por eje mplo, la e xplicaci ón que da Marx del fcudali s-
1110 es dia léc tica en el sen tido de qu e ve ía cont rad icci ones dentro
del sistema feudal que condujeron a S tl ca ída y desapa rici ón, para
dar luga r a la Iorrnaci ón de u n nuevo sist ema . el naci ent e capiia-
Iismo con SLlS nuevas con tradicciones. Un enfoque di aléctico del
ca m bio soci al o del des ar roll o intelect ual es susceptible de ser co n-
tras tado con el enfoque evoluci onista o progresivo.
Difusión. Se refi ere a la propaga ción de ideas entre gru pos cul-
tundes.
Diletantis mo de a nticuario. En es te libro, es ta expresión se re-
fiere sólo al puro coleccionis mo de obje tos antiguos sin relacio-
narl os con los procesos del pasado. El dilct ant ismo de an ticuar io
de los siglos XVt-XVI11 fue una act ividad mucho más sofis ticada de
lo que aq uí se da a en tender, por lo que es te tema demanda un tra-
rarni e nto mucho m ás complejo.
Di scurso. Conjunto de reg las sobre la forma de esc r ibir y razo-
nar es pecífico para cada di sciplina o inst it ución : así, «todo el apa-
r ato del di scurso cmpi ri ci st a Se ponen en Iuncionamiento en est e
artículo... », Término 111UY socorri do por los arqueólogos inf1uidos
por Fouc ault .
Empiricismo. La creencia en que los datos « hablan por sí mi s-
111os » sin el benefi cio de teo rías que medien. A menudo es usado
in te ncionada mente para significar ingenui dad teor ética en gene-
ral. A veces ramb i én se usa a bus iva y conlusumen ro en luga r de ro-
SITIVI SMO.
Epistemología. Sobre cómo llegamos a conocer lo que conoce-
mos; en otras palabras, se refi ere a la validez de nuestra s pret en-
siones de conoc imie nto Por eje mplo, la cuest ión «¿p nt!rcl1)os al-
gún día saber qué pensaba la gente en tal morn en to ?» es una pre-
gu nt a epist em oláeica ,
Escu ela de Frankfurt. Véase TEORíA cxrrrc«.
Escue la de los Anuales. Escuela fra ncesa de pensamiento hi s-
tóri co que enfa tiza las interrel aciones entre las diferentes escalas
del tiempo (la longue durée o ciclo largo, el ci cl o medio y el ciclo
cor to de los aconteci mient os de la hi sto r ia evenctnent ielle). Los hi s-
toriadores de Annales también se preocupa n por el es tud io de las
mentalidades. Véase capít ulo 10.
Esenciali smo. La creenci a en que existen ciert as act it udes o
C1110ci0l1CS que son «na tur ales. o dotadas biol ógicamente. sea en
el género humano en genera l o en lino de Jos sexos. El feminismo,
por ejemplo, debate espe ci almente es tos pro blemas. Así, la afirma-
ci ón «en la prehi st or ia los hombres deben haber sido m ás agres i-
vos, dado qu e ado lecían de l inst into ma ternal » es una afirmación
esen cialista. Las rei vindi caciones ese nc ialistns se a poyan a menu-
do en a rgumen tos biol ógicos (por eje mplo, que los cere bros de
hombres y muj eres están es tr uc tur ados de for ma di st int a ): las pre-
su nc iones esencialist as a menudo tienen un fu nda mento en la so-
ciobiología () e n escue las afines de pensa miento. En ocasiones de-
ri van del hu rna nismo.
Est ructura. Son las rel aci ones sociales o cu lt urales que pe rma-
necen en el ti empo. Los Iuncionalistns u veces u tilizan este tér mi-
no para si gnifi car «sistern a». Para Jos marxist as y los estr uc t ura-
listas, la estruc tura funda ment a el sistema socia l.
Estructuración. Se refi ere al problema de inter pret ar las accio-
nes intencional es y Jos recursos necesarios para poder actuar, co -
mo cuando deci rn os «el cst ructuralismo adolece de una teoría de
la es tructuraci ón" (es deci r, el cst ructural ísmo no puede explicar
por qué los individ uos actúan de for mas muy di versas cn vez de
seguir ci egamente un modelo de comportamiento preconcebi do).
A menudo se asocia con ESTlUXTURA.
Estructuralismo. Es cree r que la cult ura es regida por reglas
análogas a las reglas qu e r igen el lengua je.
Etn ocentrismo. Exis ten dos significados: la cree nc ia en que los
va lores y atribut os propios han sido los vigentes en cualquier épo-
ca y lugar ; y/o la creencia en qu e la cu ltura propia no sólo es di s-
tinta sino que es moralmente superior a las otras.
236
1:'\'I' I{ ( )I) LT U Ó!\ A I. A TI 'J )I{I ,\ ,\ k Ul :U JI.l H; I( "¡\ ( ; I ,( )SARI() 2.17
Evolu ción . Tér mino derivado hi st óricamente de Darwi n y Spcn-
cer; Cuando se usa en arqueol ogía su significado varía. Puede in-
cl uir una de las si guientes posi bilidades o también parle de las dos :
1. La aplicaci ón de los principi os darwinianos de la mutación
a leator ia y la sele cc ión nat ural a los seres humanos e n el pasado.
lI ay quien pi ensa que la única unidad vál ida de selección es el in -
dividuo, pero otros piensan que las prácticas culturales O incluso
las cu lt ur as como un todo tam bién so n unidades apropiadas.
2. La idea de que las sociedade s humanas pued en clasificarse
seg ún una esca la de comple jida d. y que a lo largo del t iempo se
produce u n desarroll o en las soci ed ades que las hace evolucionar
de lo simpl e a lo comple jo. Estas ideas se r ela ci on an con los plan-
tearnien tos que con templa n el progreso co rn u algo inherente a las
sociedades humanas y a la mi S111a vida.
Fcn om eno logia . Es e! est udi o de la experienc ia y la conc iencia
humanas en la vida diaria.
Formalismo, Escuela de t eorí a económica que sug iere que se
pueden ext ender a l rest o de! mundo las idea s occi denta les de ra-
cio nalidad ec o nómica.
Funciorralismo. La cr een cia en qu e las dist int as ins tl lu ciones y
prác ticas dc un grupo h umano se int errclaciona n de una forma
análoga a co mo s uc ede en un orga nismo como el cue r po. de ma-
ner a que la forma de una de ellas pued e explicarse po r las relacio-
nes funcionales que mantiene con las otras.
Hermenéutica. Es el estud io de la lorrn a de otorgar sig nificado
a los productos culturales, o sobre la manera de int erpreta r las ac-
ciones h umanas y sus r esultados (por ej emplo, los textos escr it os.
las acti vidades sociales. el arte o la producción de objetos) .
Heurística. Indaga r¡ a pr ender; sac ar a la luz ideas nuevas, corno
cuando decimos «no dimos con u na teor ía impor ta nt e a par t ir de
la simulación. puesto que lo hi cimos con un propósi to heurls tico:
sa lieron a la luz nuevas ideas y posibles nuevas interpret aci ones
qu e pr ecis ábamos para poder seguir tr abajando en ello» .
Hipótesis. Predicc ión sobre las relaci ones entre varia bles , como
cuando deci mos «rni hipótesis es que la asunción de r iesgos se co-
rrela ci ona posi tivamente co n la s situaciones medi oambiental es
margi nales . .
Historia cult u ral. Tér mino usado en Nort earu érica par a r efer ir -
se al enfoque tradic ional que a tiende a la di st ribuci ón de las cul-
turas y a la infl uencia cult ur a l.
Historicismo. Tiene va r ios sign ific ados. Por ejemplo, la nueva
teoría litera r ia hi stor icista es «u n movimiento crí t ico que insist e
cn el lugar pri ori ta rio que ocu pa el contexto históri co para la in-
terpr eta ci ón de toda clase de text os» (Hamilton , 1996: 2).
Historiografía. Tiene va rios significados . incluyendo la teor fa
histór ica y la hi storia del pensa mi ento hist ór ico.
Humanismo. La creenci a en que exist e una «co ndición huma-
na » esenci a l por encima de las ci rcu ns tancias históricas .
Idealismo, El us o teor ét ico de est a pala bra d ifiere del uso co-
1l1Ún . Un ideali s ta cree que los pcnsamieruos anteced en a las ac-
ciones; e n otras pal abras. que el mundo de la conc iencia es más
importa nt e que el mu ndo mater ia l. Sc gún el idealismo hist óric o
de Coll ingwood, el mét odo básico par a la in terpr etaci ón hi st ór ica
y a rqueol ógica es procura r volve r a pensa r mediante la e rnpat ía la
forma de pen sar de los pueblos del pasado.
Ideolo gía. Véase capít ulo 6. Conjunt o de creenc ias implíci tas o
de punt os de vista sobre el mundo. Según e! marxismo, la ideolo-
gía sirve para legitimar o enmasca rar la situaci ón real de las rel a -
ciones soc iales .
Indívlduallsmo metodológico. Es cre er que las sociedades es -
tán for madas por una suma de indi viduos, POI" lo q ue sólo se pue-
den explicar los fenómenos sociales por medio del estudio dc la
psi cología individual.
Inductivismo. Es pensar que la investigaci ón a rqueológica em-
pieza co n la observación de los datos di sponibl es, para elabor ar a
par tir de és tos un di scur so general (en contras te con el modelo
que sos tiene que la recogida de datos en sí misma presu pone las
hipótesis fu turas) .
i\ 1,/\ T I-'.I )Rl i\ A I{ l) I IF,CI I .( )( ' I( "¡\
GI.OSARI() 23
l
)
Le gitimación. Véase IllEOLOGiA.
Logocentrismo. Pa ra los post cstruct ura list as, el logocent ri smo
es la il usión es t imulada por la cie nc ia posit ivis ta de que existe un
mundo real m ás all á de los textos. al que és tos pueden referir se, y
que los signi ficados pueden cons ecuen te mente fijarse sobre una
«re alidad » defi nitiva . Los post est ru ct ural ist as piensa n que los sig-
ni ficados nunca se fija n de esta for ma . por lo que niegan lo que
llaman «la Ialacia Iogoc éntrica ».
Marxiano. Es te térmi no se usa en dos se nt idos d isti ntos. Algu-
nos arque ólogos nort eameri canos lo usa n r ara referi rs e a la inves-
tigaci ón acad émi ca realizada a part ir de los tex tos de Mar x pres-
cindiendo de sus connotac io nes po líticas (descri tas corno marx is-
tas). Por otr o lado, algu nos teór icos soci ales usan la voz marxiano
par a refe rir se a la amplia tradición del pensa mien to inspirado por
la obra de Marx.
Materialismo. Tiene disti ntos significados. Li teralmente. mate-
ri alista serí a qui en cree que el mundo físico, materi al. tiene mayor
impor tanci a que el mundo de las idea s . Algunos marxist as usa n
los t érmi nos «marx ismo» y «materi alismo) de [orrna indist int a.
Tambi én se lisa por pa rt e de arqueólogos norteamer ica nos <:01110
con tr aseña para re feri rse al marxismo si n co nnot ac io nes polí ti cas .
Para los teóricos de la literatura . el término materialismo cult ural
re fleja la idea de que hi storia y cultur a so n dos reali dades relacio-
nadas di al écti camcnte. A veces se entiende como «la vers ión bri tá -
ni ca del Nuevo Híst ori cismo». Fina lmen te. el término ma teria lis-
010 se usa pa ra descri bir una mentalidad asociada a los orí genes
del ca pitalismo. como cuando se dice: «el mayor co nfor t de las ca-
sas en el siglo XVlt reflej a el nuevo es pír itu del ma teri alismo ».
Método histórico directo. Tér mino usado en Nort ca m érica pa-
ra refer ir se a l método de delinea ci ón de grupos culturales en la
prehist or ia a part ir de gru pos «conocidos» en etnogr afía y et-
nohist oria. Estos grupos sirven de base de partida desde la que re-
montarse al pasado pr otohist ór ico y prehistórico,
Me todologia. Conju nt o de técnicas y métod os usados para reu-
nir e interpretar los datos arqueol ógicos, Algunos pi ensan que la
metodolog ía es parte de la teoría, mientras que o tros insi sten e l)
que han de mantenerse separadas.
Modernismo. Se usa pa ra referi r se a la confi anza en la Ciencia.
la Verdad y el Progreso.
Multlcultnralismo. Se r efi ere a la consider aci ón favorable que
mere ce la diversidad étnica.
Multilinear. Es un model o teórico que sugi ere que p uede seguir-
se más de un curs o posible. por ejemplo. en la evolución social.
Nor m a ti vo. La pres unci ón de que los objet os produci dos por Jos
sere s h umanos so n expres iones de ideas o no rmas cult urales.
Paradigma, Conj unto de creencias o presu nci ones que sust en-
tan la manera cor rect a de hacer «ciencia ). El t érmino fu e inventa-
do por Kuhn, qui en sugir ió que la cienci a se caracter iza ba por ex-
peri mental' lar gos períodos de estabilidad sa lpicados por «cambios
pa radigmtuicos » revolucionar ios , por ejemplo. entre la física de
Ncwton .Y la física de Ei nst ein. Se ha deb at ido abundantement e
acerca de si el di agnósti co de Kuhn er a cor recto O no. Si así fu er a,
la Nueva Arqueol ogía (o la arq ueo log ía postproccsual) marcaría
LIn verdadero «cambio paradigm ático).
Politético. Que tiene varias caract erí sticas o que r esponde a va-
r ios crit erios.
Postmodcr'nismo. Según Lyotard . el pos trnod ern ísmo es «incre-
duli dad fre nte a la s metanarrativas ».
Procesual. Escuela del pensamiento arqueológico que enfa ti za
la idea de proceso. tiende a generalizar y adopta un la to enfoque
posi ti vist a . El pro cesualismo puede en tender se co mo una var iante
desarrollada y madura de la Nueva Arqueología.
Procesuatismo cognitivo. Escuela de pensami en to que rei vindi -
ca la combinaci ón de un amplio fundamento procesual con el r e-
conocimiento de la impor tancia de observar los factores cogni t i-
vos. «Es una altern at iva a la ori en ta ción materi al is ta del en foque
proces ual-funci onal pr eocupada por: 1) la in tegración de lo cogni-
i
li'
I
240
I '\ T RI'I H IC('lON /\ I. A T FO RI ¡\ A){UI ' I:.( )I.( H, Wt\
GLOSMHO 24 1
tivo y 10 simbólico con otros aspectos de las sociedades pr imi tivas;
2) el papel de la ideol ogía como act iva fue rza est ruct urantc. Utili-
za el enfoque teorético del individuali smo metod ológico» (Ren-
trew y Ba hn, 1995).
Re alismo. Filosofía de In ciencia si tuada «entre» el posit ivismo y
el co nstr uct ivismo . Los realistas ma nt ienen que existe un mundo
real exter no, por lo que in tentan busca r explicaci ones causales a
los fenómenos.
Rcduccionismo, Es creer que los pr oblemas complejos pueden
ser explicados a base de reducirlos a un conjunto de varia bles sim-
ples: a menudo se re laciona con el es encia lis mo o con los a rgu-
mentos sociobiológicos. En ocasiones se usa para significar abuso.
Así, «sugerir que podemos explicar la presencia de arruas en es tas
tumbas simpl emente refir iénd o nos al inst into agresivo de los hom-
br es es reduccionist a y ese nc ialist a ».
Rel ativismo. Es cree r que tod o lo que pu ede deci rse sobre el pa-
sado es igual mente vá lido en sus propios tér minos, por lo qu e no
hay forma neu tra u obj etiva de juzgar qué versión es me jor. En an-
tr opología se ut il iza pa ra disti nguir el punto el e vista que piensa
que o tras culturas no son me jores ni peores, sino simplemente di -
ferentes ,
Semiót ica . Es el es tudio de los si gnos.
Sincrónico. En un mismo es pacio de tiempo (opuesto a Dl ACRÓ-
NtCO) .
Sistema. Puede usarse en var ios sent idos , que van desde un sen-
t ido ge ner al ( << el s is tema social del Imperi o roma no empezó a Ba-
quear en e l siglo IJI») a o tro muy part icular , En sus va r ia nt es
particulares, la teorí a de siste mas aparece pr óxima a la idea fun ..
cional ista de que las culturas pueden concebir se co mo organi smos
- sist emas en sí mismos-e- formados por dis tintos subsistemas. El
cambio en un subsis tema produce reacci ones de dos tipos en los
demás subsistemas : respuestas negat ivas conduce ntes a una nueva
situaci ón de equilibrio llamada horncostasi s o respuestas positi vas
que ll evan a cambios gener ales e incluso al cola pso gener al.
Sociobiología. Sost iene que las prác ticas cu ltur ales tienen un
fu ndamento biológico, por lo qu e no cons tit uye n una const rucci ón
social.
Sustantivismo. Escuela de t eor ía econó mica que so stiene que
nues tras ideas sobre lo que significa «r aciona lidad) econ ómica no
son apli cabl es a otras cul tur as.
Teleología. Na rra tiva CI IYO des arrollo es tá predete rminado: por
e jemplo, la visión mar xista tradicional de la hist oria es teleologica
en el sent ido de que sugiere un pr ogreso inexorable haci a el co-
mums rn o.
Teoría. La defini ci ón gener al se encuentra en el ca pít ulo 12. El
tér mino ha sido tambi én ut ilizado de for ma es pecí fica para r cfc-
ri rs e a una varia nte del marxismo-csuuctura lista formulada por
Althuscr y ot ros. Así, el ensayo de E, P. Thompson t itulado TI ,e Po-
ver/y oiTheory es un a taque al ma r xismo a lt huser ia no más que un
a taque a la teoría en sí.
Teoría crítica . Véase capít ulo 6. Escuela de pensamiento der iva-
da en parte del marxismo, asociad a con Adorno, Habermas y Mar-
cuse, a menudo conoci da como Escuela de Fra nkfurt. Los teóricos
cr ít icos pretenden desenmascarar el funci ona miento interno de las
sociedaeles qu e, según su opinión, permanece ocult o por obra de
la ideología.
Teoría de la es truct uración. Ter minología asociada a Gi dde ns
para describi r de qué manera los agentes soci ales o los indi viduos
se relacionan con las estruct ur as sociales. Gid dcns sugier e que las
personas , a pes a r de ver se constreñi das por los entorn os soci ales,
persigu en es t ra tegias ac tivas propias. El con flicto resultant e de la
est r ucturación es el or igen de los ca mbios en las estructuras so-
ciales.
Totalizador. Esquem a el e pensa mi ento que pretende si tua r un
conjunto de exper ienc ias diversas dentro de un único es quema
aplicable en cua lquier t iempo y lugar; Por ejemplo, los model os
socia les evolucionis ta s pueden consider arse t ot ali zadores en ta n-
to que sit úan a todas las sociedades hu man as dentro de un est a-
,
24 2
l NTRO DUCC1ÓN 11 l. A TEOR.ÍA ARQ UEOLÓGICA
dio u otro del gran esque ma evoluc ionista. Generalmente, los
contrar ios a las ideas totalizad ora s utili zan el término en se ntido
de crítica.
Unili near. Que sigue un único curso, co rno ocurre con el evolu-
cionismo soci al.
BIBLIOGRAFíA COMENTADA
Cuestiones ge nerales
Cuando se pretende leer u n libro sobre arqucologfa es bueno
consultar las rese ñas del mismo en publicaci ones especializadas
como Antiquity, American Antiqtuty, American Anthropologist, CII -
rrent Anthropolog» o Archaeological Jourual. A menudo las reseñas
dan cue nt a sobre todo de los prej uic ios de Jos críticos l/ue las es -
criben, rnáx que del contenido del libro reseñado; con todo, leer las
reseñas de las revi stas espe ci alizadas es una buena int roducci ón a
los tern as m ás en boga, facili tando la identificaci ón oc las áreas
susceptibles de debat e.
Las revistas que cubren In teoría como Antlquitv han constit ui-
do durante la úl t i m a década un destino apetecib le para los artícu-
los sobre teoría. Aunque la calidad varíe, puede decirse, vista la in-
sis tenc ia editorial en abarcar In mayor aud ienci a pos ible, que si-
guen apareciendo cosas re la tiva mente interesantes , American Anti-
quitv y American Anthropologist suelen contene r algunos artíc ulos
in ter esantes, aunque predomina el mat erial empírico. El Journal
u{ Archaeological Method tI",1 Theory man tiene una gra n calidad y
el nuevo Journ al uf Mat erial Cul ture parece una in icia tiva muy pro-
metedora.
Jornadas y congresos constituye n otra forma habitual de poner-
se al d ía. Existen gr upos como el hrit áni co Theorctical Archaeo-
lagy Group (TAG). qu e ce lebra unas jo rnadas de debat e ca da año
en dicicrnbr e en un a uni versidad difer ente. En Estados Unidos,
la Societv [or American Arclia eol ogv y la American Anthropolo-
gical Assacia tian (SAA y AAA) cele bran simposios de conten ido
teoréti co.
244 n ~ ( ) R í A AROL' I'.I>rÜG1(',\ . l. "" INTROIHI CC! () N Ul ll LlOGRI\FII\ U ).\11; ,Vl'ADA 24)
La bibliografía que se comenta a cont inuac ió n es parci a l y se-
gurarn eru e par ecerá ya a nticuada cuando se lea . Es restringida u
publicaciones en lengua inglesa que son fáci lment e acces ibles a
a mbos lados del At l án tico. Ca pít ulo a capítu lo. he consignado pri -
mero las lecturas int roduc tori as y luego he hecho sugerenc ias pa-
ra pro fun di za r en tos tern as. La intenci ón no es proporci onar una
enc icl opedia co mp leta sobre cada lema sino indi car el or igen de
los argumentos qu e se han ido desar rollando a lo largo del texto y
facili tar e l acceso a bibliografía más es pecia lizada.
Textos introductorios
No existen, que yo sepa, buena s int r oducci on es ge ne r ales a la
te o r ía . Para una visión ge ne ra l h is tóri ca , jo mej or es Tr igger
( 1989b) . La parte que Trigger ded ica a la a rqucologta soviética es-
tá un poco a nticuada, y algo parecido ocurre en relaci ón co n los úl-
timos capítulos. Pero el co nj u n to de 1" obra es aceptable por cua n-
to acier ta dar el tono adecuado a l contrapesa r las influencias de la
arqueología acadcmi ca con otro tipo de influenci as más amplias.
Ren lrcw y Bahn (edición de 1996) y Thomas ( 1998) ofrecen
buenas int roducciones genera les a la arqueología con el mérito
añadido de reconocer que las cues tiones tcoréti cas so n parte in te-
gr al del queh acer de la disci pli na. Ambas, sin emba rgo, simplifi-
can en exceso la realidad, sobre todo con relación a la arq ueología
pos tproccsual.
In Pursuit o{ rhe Past , el e L. R. Binford ( 1983a), es un libro muy
bien escr it o, fácil de leer, que ofrece una expl ica ción potente y
convi ncente de los puntos de vista del autor. Nót ese que luc cs cri-
lo por Jo hn Cherry y Robín Torrence a part ir de las trans cr ipci o-
nes de una serie de conferenci as leída, por Binford en Gra n Bre-
ta ña y Hol anda. Binford es un conferenci a nte bri llante con mu cho
ca ri s ma.
Reading the Past , de 1. Hoddcr (1985) , es un lib ro que tiene
fama de di fícil, a unque yo pi enso que es muy directo, Su crí uca a
determinadas formas de hacer arqueologí a queda hoy dí a un poco
anticuada. La segunda edici ón contiene a lgunas cor recci ones: véa-
se la reseña dc Griffi n ( 199 1).
Contemporarv Arclui eology in Tlteory : A Reader, de R. Preucel y
L Hodder (eds. ) (1996), es una colecció n de 26 ar tículos so bre as-
pectos clave dc la teorí a arqu eol ógica. Quizá s se podría alegar que
la epistemología. las cues tiones a lrededor de la contra staci ón de
hipótesi s. la a rqueología evolucionista y la a rq ncología del com-
porta miento adolecen de una adecuada presenci a en el text o,
Cuatro lecturas ofrecen una bu ena a proximaci ón al conjunto
de la teoría arqueológi ca a ru eri ca nisl a: Redman ( 199 1J. Trigger
( 199 1), Brumfi cl (1992 ) y Cowgjll ( 1993). Todas ellas es tá n resu-
midas en Wat son ( 1995).
PRErACIO: Las contradicciones de la teoría
Las sospechas populares en co ntra de los «intelec tuales» son
co nsecuencia de un vago temor a l int elect o por part e el e la gen te
de la calle: véase Car ey ( 1992) . Par a seguir los dchates sobre «teo-
ría» y sobre «COITccCÍón pollt íca » cons últense los debat es del New
York Review (JI' Books ,
CAPÍTULO l . El sent ido co m ún no basta
Flannery (1982 ) nos o fre ce un relato cómi co sobre los es tereo-
tipos teoréticos que sigue de actualidad a finales de la década de
los noventa. Como la mayor ía pi ensa qu e este tip o de debate son
irrelevantes, pocos a utores at eóri cos han dad o señales de vida
brindando sus comcruarlos al resp ecto. Elton ( 199 1) ofrece un a lú-
cida y apasionada conde na de la «tcor'ía» en la histor ia. Elton pre-
sidió el comité que r edact ó el Currículum Nacional sobre Histori a
en Inglaterr a, el medio pr inci pal a través del cual los est udiant es
de la enseñanza no un iversi tari a hab rán de co ntac ta r con la disci -
plina arqueológi ca .
Me ha interesado en part icular el capít ulo 1 el el libro de Cu ller
( 1997) sobre las difi cultad es de la teoría en otras disciplinas. Mu-
chos de los come ntarios de Ea gleto n ( 199 1) sobre la idcología me
han par eci do rea lmente destacables.
CAPÍTULO 2. La «Nueva Arqueología »
Lvrnan el al . (l 997a, 1997b ) son, respectivamente. una introduc-
ción a la "histori a cult ura l" amer icanis ta y una reedición de ar-
tículos seleccionados. He evitado entrar a fondo en la hi stori a de
,1
246 ThORJA AIZOLEOLÓGICA, UNA ¡'.;TR()JH('('I()r'\,
IllI111()(;I":,\JIi\ 2·l'i
la Nueva Arqueología; si lo hubiera intentado, habría tenido que
estudiar las inf1uencias de la antropología norteamericana de la
mano de White, Steward, Willey y Philips por un lado, y las in-
fluencias de la historia económica británica procedentes de Chil-
de, Higgs y .Iarrnan, Grahame Clark y David Clarke, por otro. Agra-
dezco a Bolo Preucel el haberme clarificado estas cosas.
El pensamiento de Chilcle es resumido por McNairn (1980: 46-
47). Hay que decir que Childe cambió su forma de entender la cul-
tura a lo largo cle su vida -véase su artículo de 1958-. El pensa-
miento de G. Clark evolucionó desde un énfasis en lo económico
(por ejemplo, Clark, 1952) a uu humanismo políticamente reaccio-
nario (por ejemplo, Clark, 1982).
Meltzer (1979) y Paterson (1986) ofrecen buenas introduccio-
nes a la Nueva Arqueología. Leone (1972) da una visión vibrante
de la primera época de la Nueva Arqueología. Los primeros traba-
jos cle Hinlord reeditados en su AIl Archaeological Perspective
(1972) constituyen una lectura esencial para cualquiera que quie-
ra entender los orígenes del movimiento )" sus presupuestos fun-
damentales.
El volumen compilado por Flannery tt« Early Mesoainerican
Village (1972) contiene un conjunto de estudios que sigue siendo
todavía, tras un cuarto de siglo de su publicación, 111UY válido pa-
ra cualquier especialista en arqueología. Los casos que incluye
muestran él la Nueva Arqueología en acción. Flannery enlaza las
elistintas secciones del volumen con brillantes diálogos entre un
arqueólogo mcsoamericano de la vieja escuela, un estudiante uni-
versitario escéptico y un gran divulgador. Los diálogos plantean
claramente los problemas aireados por la Nueva Arqueología y
evocan con gran fuerza el ardor «revolucionario» del movimiento,
También vale la pena leer algunos de los textos que llamaron la
atención de los nuevos arqueólogos. El libro The Science o{ Cultu-
re (1949) ele White prefigura el énfasis ele la arqueología procesual
en la ciencia y los sistemas. El capítulo dedicado a Akenaton reba-
te de forma brillante la idea de que las acciones de los individuos
son aleatorias, impredecibles o decisivas para la historia. Gran
parte ele la Nueva Arqueología fue anticipada por Waltcr Taylor en
su A Study al' Archaeologv (1948); su énfasis en un enfoque «con-
juntivo» anuncia los ternas clave del funcionalismo.
Beiore Civilisatirm (1973a), de Renfrew, es el libro más accesi-
ble sobre el impacto de la Nueva Arqueología en Europa. Rcnfrew
muestra cómo los avances científicos tienen mucho que ver con
los cambios en la' lorma de entender monumentos destacados co-
mo los megalitos. La Analytical Arcliaeology de Clarke (1978: se-
gund» edición revisada por Bob Chapman) es un libro difícil pero
esencial. La influencia que ha ejercido es extraordinaria. El artícu-
lo de Clark puhlicado en 1973 tamhién tuvo un amplio impacto a
la hora de estahlecer las bases teoréticas de la Nueva Arqueologia
conjuntamente con los desarrollos paralelos en los métodos y las
técnicas.
Con respecto a los megalitos, es interesante comparar el libro
de Renfrew (1973a) con las interpretaciones postprocesuales más
recientes de Thornas (1999), Braelley (1993) y Tilley (1994).
Hawkes (1968) hace una crítica, en mi opinión mal entendida,
de la Nueva Arqueología desde la perspectiva de la arqueología
tradicional británica.
CAPíTLLO 3. La Arqueología como Ciencia
Watson, Le BJanc y Redman (1984) establecen lo que ha de ser
una ciencia dc la arqueología. La tcorta de sistemas ;' la pcrspcct i-
va ecológica están bien desarrolladas en el libro, que además da
una excelente idea de cómo se han ido desarrollando dentro de la
disciplina las ideas acerca de la real ización de las tareas de COllJ-
probación/contrastación.
Giddens (1974) constituye una buena introducción al positivis-
mo. Bell (1994) propone una refutación del positivismo desde una
posición comprometida con esta doctrina.
La desconfianza del humanismo en la ciencia se basa a menudo
en la premisa implícita de que es precisamente lo que la ciencia ig-
nora (cultura, arte, religión) lo que nos hace distintos a los huma-
nos; consecuentemente, un uso acrítico de la ciencia separaría la
arqueología del «estudio adecuado de la humanidad», o sea, «del
propio ser humano». Véansc C. Hawkes (1954) y J. Hawkes (1968).
La filosofía de la ciencia de Kuhn (1962) es un libro difícil de
leer, pero es un clásico al que recurrir. Para profundizar en el sig-
nil'icado de la aportación de Kuhn a las cicncias humanas en ge-
neral véase Fuller (1992).
Gihbon (1989) ofrece una amplia crítica arqueológica al positi-
visrno Yuna lúcida interpretación de la posición «realista». Cour-
bin (1988) argumenta detalladamente sobre la inexistencia de
ejemplos en arqueología que muestren que la contrastación de hi-
24K I'¡':O I<IA i\ I( C)I IF( Il.l )(; 1( .\ . L NA BI BI ,IIl( i l<,\ H ¡\ ( -( 11\-1 ' '' '"1',\ 11/\
pótcsis fun cion e en la práct ica. Los escri tos de Alison Wylie sll hrl'
epistemología, aunque difíci les de leer, son decisivos sin ningún
gé ner o de du das.
Lat our (1987) escribe una in tr oducción accesible y pr ovocativa
al punto de vista co ns tructivista en ciencia, que debe leerse adc-
m ás C0 l11 0 una guía para pensar crí ticamente so bre la manera de
hacer inves tigación en el con jun to de las ciencias humanas y na-
turales. Véanse también Laiou r y Woolgar (1979), Kn orr -Ccti na y
Mulkav (1983) v Lvnch (1985). Los crít icos al cons truct ivisrno so-
" ,.'.,
cial cuentan en su nómina con Holton (1993), Gross v Levit ( 1994)
y especialmente con Lewi s Wolpert (1992). Dclanty ( J997) In ten ta
encontrar un lugar a medio camino entre el const ru ct ívisrno )' el
r Ca liS1110 , m ien t ra s rech aza comple tamen te el positi vismo.
El cons rrucuvísmo soci al en arqueología ra ramen te se expresa
en tér minos explícitament e consl ruc tivistas: véas e Epperson ( 1996)
Y Plucicnnik ( 1996) sobre ra za y ADN.
CAPÍTL LO 4. Contrast ar la tcorfa de alcance medio
y la ctnonrqueolog ía
La discusión sobre las a nalogías es deudora en primer lugar de!
tra bajo de Orme (1981), qu e enfatiza la espec ial cont ri bución de la
a na logía etnográfica al con junto de la arqueología, sea de enfoque
tradicional o no. En segund o lugar es deudora del trabajo de Wy-
lie ( 1985), que demuest ra que no existe una alternativa clara al
pen samiento analógico para la interpr et aci ón en arqu eología.
El mejor libro para conocer a Binford es In Pursu it 01' tlie Pas t
( 1983a) ; tambi én pueden leerse Sones (J 981b) '1 Debat i ng Arclt aeo-
logv ( 1989). El primer ensayo de Binford sobre analogía es de 1967.
Su trabajo con los nunamiut se discut e en los libros pu blicados en
1983a y 1978. Sobre el debat e mus terien se véase Binford ( 1983h),
capítulos 4 y 5. Una buena crítica de las ideas de Binford sobre la
teoría de alcance medi o se encuentra en Raab y Goodvear (1984).
Wh ittaker ( 1994) di scu te sobre arqueología experimental con
ú tiles de piedra .
Ent re los estudios de et uoarq ueología sobre procesado de ce-
reales qu e hay que conoce r incl uyo: Hillrnan y Joncs, en Zeist
Caspar ie ( 1984), Hastorf ( 1988) y Miksicek ( 1987).
La arqueol ogí a del comportamiento nos re mite a las obras de
Schiffer (1976, 1987, 1995), Skibo el al. (1995) y Gould y Schiffer
( 198 1). El Tucson Garbage Project se encuentra explicado en Rath-
jc el al. ( 1992) .
Los pri meros tr aba jos de Hoddcr se encuen tran en Hodder
( 1982a), aunqu e para una mejor in troducción a la etnoarqueología
hay qu e leer su otra publi cación de mi smo a ño. Hodder cri tica el
uso que hace Binford dc la analogía ( 1982b: 20-24).
Los es tudios intenlisciplinari os sobre la cult ura ma terial mo-
derna experimentan un gran auge: véase Mi ller (1987, 1995). Su
libro de 1985 t rata es pcc tficamente «la cult ura materi al del pre-
se n t e».
CAl' í'l' L'I.O 5. La c ultura corno sistem a
Pa ra los oríge nes intelectuales del pcnsar n ieru o sis t émico, véa-
se las hi storias de la Nueva Arqueología ci ta das m ús arri ba .
Renfrc w ( 1973<1) es una bu ena intr oducción al pensamiento sis-
lémico; sus vol úmenes de 1972 y 1984 a bordan co n m ás profundi-
dad e! tema. Los estudios de Flannery de 1972 y 1973<1 represen tan
ho y día dos casos clásicos de estu dios sistém icos de p ri mera hor a .
Hodges ( 1982) aborda el es tudio de la Alta Ed ad Medi a europea
desde la perspectiva sistémica, aunque no siempre mantiene la co-
herencia en sus princi pios u lo largo de la obra .
Yoffee y Cowgill (1988) abordan e! colapso del sistema. Wilks
( 1985) ofr ece una interesant e perspectiva sobre cómo la evolució n
de las interpre taciones de la arqueología sobre el colapso cultural re-
flcjan los problemas pol íticos y ambientales del momento. Para se-
guir la literatura más rec iente sobre el caso maya véase Fash (1994).
Shanks y Tilley (198 7) critican a fondo el pensamiento sistémi-
co. La crí tica de Ha ber mas es más gene ral, pu est o que se extiende
a la natural eza de la ideología en la sociedad ca pita lista contem-
poránea.
Rcnfr cw ( 1986) , Brumfiel (1992) y Ehrenre ich el al , entre
otros, di scu ten sobre el concepto de h eterarquía. Flannerv .v Mar-
cus (1983) t rat an de compensar el enfoque sistémi co co n un énfa-
sis en la exce pciona lidad histórica .
La teorí a del sistema mundo prnviene dc Wallerst ein ( 1974),
pero sus aplicaciones a la arqueología se pueden consu ltar en Kohl
( 1987) '1 Krist iansen y Larsen ( J987). Para Mesoamérica véase
Schort rnan v Urba n (1994).
La teor ía de! caos se puede seguir en Kohler (1993), entre otros.
2 ~ ( ) I 'I :,( JI{J .. \ AI<U I : I :,( lI ,( )I;j ¡ '¡\ , ( ' '' 1\ I NT R( Jl Jl ,'l ( ' HI N IlII IJ.lt )(;¡ { ,\I 1;\ « (l M I ':\:' 'j' /\ ll l \ 20 1
CilPíTL LO 6. Leer los pensamientos
Hawkcs ( 1954), con sus siete «niveles de inferencia» sienta las
bases del problema y reflexiona sobre la di [icul tad qu e la cuest ión
en t r a ña.
Los puntos de vista de Binford sobre lo inadmisi ble de aceptar
la conc iencia como factor di scernible en la exp lica ci ón arq ueoló-
gica se expresan perfectamente en Ma/1 ( 1986) .
Muc hos de los art ículos clave sobre ar queología cognitiva y
postproeesual se en cuen tra n en Whitlev ( 199 8) . El trabaj o de Mit-
hcn (1990 Y 1997) es especial mente import ante. El texto de Ren-
frew de 1982 es muy instructi vo. Recu érdese qu e se t ra ta de un a
confer encia inaugu ral en la Univers ida d de Carubri dge. Diri gién -
dose a una audiencia de sabi os de todas las di sciplinas, Rcnfrcw
hace un a reivindicación pot ente del es tatus int electual .Y políti co
que debe tener la arq ueología dentro de la uni vers idad .
Flanncrv .Y Marcus (1993) bosquejan un enfoque cognitivo que
se mantiene aleja do de las inquiet udes pos t procesualcs . Rcnfrew .Y
Zubrow (1994) ofrecen una colección de a rtícu los que rel1exiona
sobre la concienci a indi vidual desde un a óptica proc es ual. Para
profundi zar en algu nos est udios conc re tos véa nsc Flannerv y
Marcus ( 1976) , Davidson y Noble ( 1996), Mcll ars y Gibson ( 1997) .
Mi then (1990, 1995 Y 1996) examina la conc ienci a den tro del con-
texto de la evolución hu mana. un terna act ua lment e en auge .
Tillev (1990) reúne un a ser ie de estudios de pen sad ores de ten -
dencia estructur al ist a sobre las cienc ias humanas que tiene un
gran valor corn o in t r odu cci ó n a la fonna en qu e esos lni s1110S pen -
sador es han infl uido so bre e] con junto de la lit er atura posiprocc-
sual. El anál isis est ructura l se evide ncia en Glass ie (1975), Deet z
(1977) y Wash burn ( 1983). Ba pt y y Yat es ( 1990) explora n las im-
pl icaciones del posiestructuralismo.
Giddens ( 1979) proporcion a un bu en resumen sobre las claves
del marxismo clásico. McGuire ( 1992) ofrece una explicac ión mu y
sofisticada. Chílde es el arqueólogo marxista má s famoso. Supo
combinar un mod elo mat erialis ta pr óximo al marxismo cl ásico
con el eleme nto difusion ista. Véase Childe (1958, 1979) Y las dis-
cusiones so bre su figura en McNnirn ( 1980) YTri gger (1980) .
Mark Leone ( 1984, 1988, 1995) ofrece el mejor estudio del pa-
pel de la ideología en arqueología . Su proyecto Anna polis es fun-
damental para explora r los problemas de la ideología en relación
con la arqueología popular (Leon e el al., 1987; Pouer, 1994).
CAPíTULO 7. Arqueología post procesual y arqueologí a
interpretativa
Hodder ( 1985) explica alguna cosa sobre los orígenes de la ar-
qu eol ogía post proccsual : Hodder el al. ( 1995) ofrecen un a pcrs-
pecLi va excele nte sobre la ac tividad a rqueológica de nuest ro ticm-
po. Mucho s de los a rtículos bás icos sobre pos tprncesualismo " .
en cuentran reu nidos en Wh itlev ( 1998).
Pa ra conocer los problemas que conlleva la con trastac i ón y la
simulación en arqueología véase Hodder y Orton ( 1976). El trabaj o
ctnoarqueol ógico de Il odder se pu ede seguir en !l odder ( 1982b).
El artículo de Wat son ( 199 1) me llamó la atenció n po rque señala
la exi sten ci a de paralel ismos sorp re nde ntes en el desarrollo inte-
lectual de do s grandes como Bin ford y Hodder.
El libro de Hoddcr publi cad o en 1998 es muy interesante no
sólo porque explica c ómo hay qu e hacer arqueo logía postproce-
sual, sino tambi én por sus descripciones teór icas sobre la manera
de proceder en la práct ica de la mayoría de los arque ólogos, así
como sobre su for ma de a poyarse en la teoría.
Shanks y Tilley (198 7 Y 1988) han teni do un gran impacto. Aun-
qu e s us lib ros so n difíci les, so n absolutame n te impresci nd ibles pa-
ra comprender la arqueología postprocesual, McGu ire ( 1993), ade-
111ás de escribir sobre mar xismo, ofr ece u na guía ú til sobre las r e-
laciones entre las diferent es r amas del pensamien to postpro eesuaJ
Y su co ntexto acad émico y social.
La obra de Collin gwood Idea o( Il ist ory ( 1946) es un texto defi -
nitivo para conocer el idealismo hi st órico.
La noción de estructu raci ón .v el pap el del indi viduo son dos
cuestiones centrales que atraen la atención tanto del postproce-
suali smo como de la arque ología procesual. El int erés por la no-
ción de estruct ura ci ón tiene sus orígenes en Bourdieu ( 1977) .Y
Giddens (19 79, 1984; véase Held y Thompsnn [1989] para una útil
cr ítica .v una excele nte bibliograffa) . En mi opinión, el tra ba jo de
Er ving GolTman (1959, 1971) es de lo m ás útil y lúcido que conoz-
co sobre estru ctu raci ón, por lo que lo recomiendo a modo de in-
tro ducción a los problemas que suscita la noción de es tructuraci ón.
La tradición fenomenológica se recoge en Gosden ( 1994), Tillev
(1994) y Thomas ( 1999). Los cr íticos al po stprocesualismo cuen-
tan entre sus huestes a Kri sti ansen ( 1988) , Pauersou ( 1990) , Schil-
Ier (1988), Wyli e (l 992a ) .v Binford (1987). Casi todos ellos tuv ic-
ron una respuesta ini cial por part e de Hodder y Sh anks .v Tillcv
2S2 1'I'",{)f{Ii\ ARUII!·:()[.{)(jl('!\. [,1\.;\ I\1TR()]H:('(']()N
HI111 .I()( ,RA 1"1 i\ ('( ),'vlI;,NTi\ 1)/\ L
e
)1
Watson (1990, 1991) critica a Shanks y Tilley desde el poxitivixmo.
El debate entre Thomas y Mithen es revelador (Thornas [1988J v
1991; Mithen, 1991). Englestad (1991) y Smith (1994) realizan cri-
ticas al postprocesualismo desde el feminismo. Knapp (1996) Y
Preucel (199S) ofrecen las últimas valoraciones sobre el movi-
miento.
Johnson (1993, 1996) concentra mis tentativas de aplicar pun-
tos de vista postprocesuales a la arqueología medieval. Tilley
(1991,1994) aplica respectivamente un enfoque textual y un enfo-
que fenomenológico a la información arqueológica de la prehisio-
na europea.
CAPíTULO 8. Arqueología y género
Hay una plétora de libros sobre feminismo en general. Humrn
(1992) ofrece una antología de textos muy diversa. McNay (1992)
ofrece una crónica anti-esencialista muy intensa sobre las preocu-
paciones del feminismo en el momento actual. Moore (1988) ex-
plora los problemas de fondo en antropología, constituyendo
además esta obra una útil síntesis del pensarnicnto antropológico.
Véase las aportaciones de di Leonardo (1991) y Harding (1990) en
sendos volúmenes recopilatorios sobre el debate feminista en tor-
no al postmodernismo.
Gero y Conkey (1991) ofrecen una colección de artículos ex-
traordinaria sobre arqueología y género, precedida de una inteligen-
te introducción a los problemas en discusión. Gero y Conkey (1997)
repasan en este volumen la literatura reciente con gran acierto y
ofrecen una inestimable bibliografía. Gilpin y Whitlcy (1998) ofre-
cen una excelente colección de artículos reeditados sobre el tema.
Para la historia de las mujeres en la disciplina arqueológica
véansc Díaz-Andreu y Sorensen (1998), Joyce (1994), Claasen (1994).
La crítica a la práctica de la arqueología dcsde el feminismo se
recoge en Gero (1985,1991) YWylie (1993).
Gimbutas escribió un famoso estudio sobre la arqueología de
las mujeres en 1989.
Sobre sexo y género véase Meskell (1999).
Para conocer un enfoque procesual al terna véase Brumbach y
Jarvcnpa (1997).
Scifcrt (J 991) ofrece una colección de estudios de arqueología
del género excelente. Gibbs (1987); Spector (1993) y Wall (1994)
ofrecen otros estudios especialmente interesantes. Hager (1997)
estudia las mujeres y la evolución humana.
CAPíTt:LO 9. Arqueología y evolución
La discusión sobre los orígenes del pensamie-nto evolucionista
está en deuda con Orine (1981).
Para seguir el terna de la evolución en el conjunto de las cien-
cias humanas hay! que acercarse en primer lugar a la figura de
Darwin. Los debates en el seno del pensamiento darwiniano actual
se pueden seguir en Jay Gould (1989,1997) Y Dawkins (1989). Es-
tos dos pensadores tan influyentes son I11UY claros y fáciles de leer.
Jay Gould enfatiza el papel de la contingencia y del accidente his-
tórico en la evolución; sus escritos han contribuido a que se redi-
señen muchos modelos evolucionistas que eran excesivamente rí-
gidos. Fabian (1998) ofrece un volumen de artículos muy accesible
que proporciona una buena idea de la riqueza y variedad del pen-
samiento evolucionista actual. Ridley (1997) constituye una buena
lectura introductoria. Para un enfoque crítico véansc Midgley
(1985) YGiddens (1984).
Para introducirse cn el tema evolución y complejidad social
véanse Wason (1994), Fash (1994), KoJb (1994) y Spencer (1997).
La crítica de la evolución social se recoge en Mc Guire (1983).
Los modelos darwinianos de evolución biológica son objeto dc
atención por parte de Dunnell (1980,1989) Y Rindos (1989). 'Iels-
ter (1995) ofrece una colección de artículos que tratan sobre los
problemas metodológicos de Jos enfoques selcccionistas.
Amold el al. (1997) y Raab y Larson (1997) ofrecen dos pers-
pectivas distintas sobre la interpretación del mismo conjunto de
datos medioambientales.
Sobre riesgo véase Halstead y O'Shea (1989).
Sobre la teoría de los forrajeadores eficientes véase Mithen,
quien brinda un enfoque centrado en el individuo a la ecología
cultural. Véase también el debate entre Mithen y Thomas (Thomas,
1988, 199J; Mithen, 1991). Mithen (1989) estudia el arte desde la
perspectiva ecológica.
Algunos estudios específicos sobre el tema: Larson y Michael
sen (1990) y Larson el al. (1996). En los últimos años ha apareci-
do una gran variedad de estudios sobre el medio ambiente que bus-
can el equilibrio entre el enfoque social y el enfoque ecológico; por
254 TEORl /\ AROlJEOLÓGICA. li t...: A I.'\TRODl :CCIO:\
BI BI .!( )( ,:R:\ 1:11\ ( ' ( i\ I lA 2SS
ej emplo, Hastorf y Johanesscn ( 1991) y Schortrna n y Urban ( 1992).
Schiffer ( 1996) di scut e la ncccstdad de rapprochement ent re la ar -
queología del co rnportamiento y la arqueología evoluci onis ta.
Las críti cas D1ÚS inter esantes a l evolucionismo cult ural en ar-
quc ología se en cuent ra n en Yoffee ( 1979), Trigger ( 1984, 1997),
Sha nks y Tilley ( 1987), Pa n c rs on ( 1995 ) YMcGuire ( 1992).
CA PíTUI.O 10. Arq ucolog ín e hi storia
Bcnt lcy (1997) ofrece en es ta colecci ón de art iculos un panora-
ma co mpleto sobre teoria hist óri ca. Elton (1991 ) Y Evans ( 1997)
re fu erzan en sus trabajos I O!-i punt os de vista tradi ci onal es .
La Escuela de los Anua les presenta en el li bro de Le Golf y No-
ra ( 1985) una completa y vari ada colecc ión de a rt ícu los re prese n-
tat ivos del movimiento, que incl uye tra baj os so br e cl ima, dcmo-
gr afía, métodos cuantitativos ':i est ud ios sobre el papel dc la ideo-
logia y las estruct uras men ta les . Br audcl (1980) pr esent a en es te li-
bro sus ar tículos m ás dest ac ados. La arqueología influenc iada por
los Anuales se pone de ma nifies to en el libro de Knapp ( 1992), que
incl uye además un tra bajo de Morcl and que argumen ta en co n tra
ele la utilidad del pensami ento de los Anuales para la investi gación
a rq ueo l ógica, Véa se tambié n Blin t liff (199 1).
La revoluci ón lingüísti ca se evide ncia en Joyce ( 1995) Y East-
hope (1993) . El trabajo de H. White (19 87) y D. LaCapra (1987) es
fundamen tal para co nocer la crític a a la historia como narrati va.
Véase tambi én Jen kins ( 1995, 1997). Hunt (1989) ofrece una in-
troducc i ón muv útil " la Nueva Hi s tori a Cultural.
El enfoq ue procesual a la a rq ueología hi st órica cue n ta con los
traba jos de South (l 977a , 1977b) y Binford (1977).
Oee tz ha ejercido una gran influenci a con su aplicaci ón del es-
tructura l ísmo a la arqueología histórica. Su In Sinall Thiu gs For-
gotten (1977), uno de mi s Iih ros de arque ología favorit os, muestra
de forma clara ':i sin merma de la necesar ia profundidad teor ética
cómo se puede uti li za r el estru cturalisrn o en arqueol ogía. Véanse
tambié n Deet z ( 1988) v Yen tsch v Beaudry ( 1992) .
La arqucolog ín hisi ór ica del experimenta hoy dí a
un gra n a uge. Pa ra una in troducci ón al tema véa nse Leone (1995),
Orse r ( 1996), J oh nson ( 1996) y Delle (1998).
Para entr ar en es tudios concr etos sobr e arqueología h istórica
informados por el postp rocesualismo v éanse Littlc v Sh ackcl ( 1992) ,
-
McGui re y Pavn ter ( 199 1), Kepecs y Kolb (1997) y Ta rio\\ y \Vesl
(19 98). Yentsch ( 1994) pro pone un estudio clásico de a rqueología
hi stórica. Lightfoot el al . (1998) ofrecen un estudio fasci nante so-
bre pr ácticas c identidades.
Castillo Bodia m: Coulsori ( 1992) y Taylor el al . ( 1990).
C APÍTULO 11. Ar q ueo logfa e n un mundo postruoderno
La condi ci ón postmod erna viene referida en I.yotan! (1984).
Harvev ( 1989) hace UII exa me n cr ít ico de1 post modern ismo desde
la perspect iva marxist a. Véanse tam bién Roriv ( 1980, 1985).
Jcnkins ( 1995, 1997) , Whiie ( 1987) V Huru (1989) a t ienden a las
re laciones entre poxtmode rni smo e hi s tori a.
Foucaul t tiene una fama inmere cida de au tor difíci l. Como mu-
chos escri tores postmodcrni xta s, escr ibe fr ecuen teme nt e en un es -
tilo retóri co más que analítico, uti lizando amplias met áforas (la
más famosa es la de la propia a rqu eologí a). Fou cault no se deja
etique tar fácilmente. Re comi endo abiert amen te la lectu ra de algu-
nos de sus libros más conoci dos, es peci almente Una arqueolog ía
del conocimi ento ':i El orden de las cosas (versión española) .
En el libro coord inado por Hodder y Preucel (J996) se habl a a
fondo de las rel aciones ent re arq ueología y polí tica. Comp áre se cl
e ns ayo de Tri ggcr con su aruculo de 1989. El lcr (1997) o frece una
conci sa e inteligente introd ucct ón a los probl emas der ivados del
muhicult ur al ismo. I ones ( 1997) narra de forma fascin an te las in-
terpretaciones susci tadas a lo largo de la hi st oria por Chiche n It za,
Fe rguson (1996) exa mina la lit eratura re cient e sobre nali vos nor-
teameri canos y arqueología.
El Proyecto Anna polis es un caso pa radi gm át ico sobre co n-
cienciación del p úbl ico haci a el pasado. Al r especto v éanse Lcone
el al. (1987) v Lcone V Pottcr ( 1984). Ucko (1989) cs e nt retenido,
- .
pero debe leer se con se nt ido crítico.
El naci onalismo es un tema que preocupa por razon es obvias a
los arqueólogos eu ro peo s. Véanse Harnilakís y Yalouri ( 1996) Atkin-
son el al. (1996). Díaz And reu y Champion (1996) y Khol y Fawcett
(1996) ofr ecen bue nas colecciones de ar tículos sobre casos relacio-
nados con el te ma. Coopcr el al. ( 1995) YWalsh ( 1992) d iscuten las
bases teoré ticas de la ges t ión del pa tri monio cultural en Gran Bre-
t aña. Arnold ( 1990), Arnold y Hassmann ( 1995), Har ke V Wolfram
.. ..
(1993 ) YIone s el al . (1996) tra tan el tema de la Alemani a nazi .
2S6 I F t) IÚ A ¡\ k{) I ; F( I ! ,{)(; Il 'I\ . t i N A I NTlHmt ,( ' { "HI N
Sobre el Cementerio Africano v éans e Thomas (1998) y Eppcrson
(1996). Sobre los problemas de la arqueología afroamcricana véanse
Ferguson ( 1992 ). Blakey (199 5) y Singleton (1985, 1995).
Algunos trabajos del libro de Khol y Fawcct t (1996) identifican
po stproces ualisrno co n relati vismo. Trigger (l989b), Wylie (1992b)
y Brurnf iel (1996) proponen una «nueva síntesis». Fotiadi s ( 1994)
se reafirma en qu e tal es reivindicaciones de obje tividad son ilus o-
rias. Davis (1992), Gosden (1992) v Sait ta ( 1992) ofrecen una dis-
cusión muy inten sa sobre aspectos relacionados con este debate.
Lampct er ArchaeoJogy Workshop ( 1997) ofrece una respuesta crí-
tica .
CiIl' lTl.LO 12. Conclusi ón: conflicto y consenso
La di scusión sob re retórica está muy influenciad a por Latour
( 1987).
Preuce! ( 1991b) di rige una excele nte colección de artículos so-
bre la diversidad actual de] pe nsamiento arqueológico. Patrik
(1985) argumenta en este influyen te artículo en favor de la coexis-
tencia de diferentes esc uelas de pensamiento en la deli mitación de
lo que constit uye el reg istro arqu eológico.
Adeuda: teoría fu era del mundo de habla inglesa
Esta lista reúne publicacion es sólo en lengua inglesa.
«Teoría mundial »: Schmidt y Patterson (1995), Ucko (1995) .
África: Hall (1996). Europa: Dínz Andreu y Champion (1996); Hod-
der (1991 a, b ); Klej n (1993); Kuna y Vcnclova (1995): Neustupny
( 1993). Escandinavia: Helskog y Olsen ( 1995). Ib eri a: Díaz Andreu
( 1993) ; Lilli os (1995) y Oyuela-Caycedo (1994). América Lat ina :
Patterson (1994); McGui re ( 1993) sintet iza la aportación marxista
en esta regi ón ; Funari (1997 (l, b) sobre Brasil y Sudam éri ca.
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v crcatlvldad. 182
1... 23
Althu ssct; , ... 24 1
a nálisis de úre as de ca ptación . 176, 180
anál isi s de polen , 56
a nal ogí a orgánica, 103
a nalogía, 7 J-72, 84·85
[Orin al \ 't: r.q¡ ,.; rclac.io nul . 86-87
androc cntri sm o, 156- 157
anglosajones. 32. 191
antropolog!n írsicn. 68-69
ann-opulogfu. 11,44 , 47,1 50, 185
arque ología afro amcrican a, 256
arqucol ogfa clás ica, 191
arqucologfu de lu mujeres. 252
arque ologla de la sexua lidad , 159 -160
arqueología de lo do méstic o, 147. 159-160
urqu eologfa de los niños, 159
arqucologl a del co mporta miento. 11, 88,
2[ 5, 248
<l. rqueología experi men la!. 76, RR
ar queología feminis ta, 232
m-qucologi'l hi s tórica, 48, l IS, 149. 185,
[9 [ · 194
<Irquc oJogía int e1111Tta t iva, 116, 131· 150
arqucologfa med ieval , I Sl I
hi stOli a lll cd il:va 1. 24
postpmccsua l, 27. 65, 70.
109, 114, 116, 119, 121,1 29. 131·150,
165. 166, 167. 214, 224,239,251, 252.
254
arqueología 244
a l-qucología y 151-167. 252
arquit ect ura vcm áculu, 24, 46
ar-te paleolít ico, 181-182, J 99
Bah n, 1'" 157, 22[· 222, 240
Bcda. 191, 192
Bcntlcy, M., 254
Berkclcv, G., 120
R" 180
Bi uf ord, L" 10, 11, 20, 36, 37, 39-41, 47,
72· 77, 82, 83. 84, 85. 95. 101, 116, 133.
173. [9 2. 193. 220-221. 223. 244. 246 .
248, 249, 250
biologfn. 24, 61
Blakcy, M.. 209, 2 10, 256
ll\ot:h. 1\'1 ., 175, 186
Boas. r"
Bor des, P., 77-78
Bourdicu , P., 138
Braudcl, F., 44, 186, 187
Bro wne. Sir Thornas. 32
Brumficl. E., 152, 213, 2 14, 2 15
Burlt,r., 154
cílja negr a, 222, 228
Cañon del Cha co, 22 , 10C; , 174
c.t pi l<.llis mo, 127, 183, 20 1
a rqueologí a del cap it<l \ismo, 254
CmToll, L., 33
castillo Bodiam. 193-199, 255
ca zadclUs hahitat s. 8 1
Ccmcnlerio A[r'icano , 209-211,2 12, 256
centro y perífcria, 111
Chiche n li za , 255
Chikh: , V. G., 33, 46, 47, 19 1, 246,250
ci ber né tk a, 103. 232
cienda normal. 66
278 [i'iTRODUCCJÓN A LA TEORÍA AROUEOLÓOTCA
ÍNDICE ANALÍTICO 279
cicncia. 27, 38, 55, 219, 220
arqueología de base científica, 10
ciencia normal, 66
como SIOgUll, 38, 53
financiación de, 56
independencia con respecto él la mora-
lidad,59-60
método científico, 204
objeción romántica a la ciencia, 64-65
técnicas cienüflcas. 43. 55-57
ciencias na turales, 32, 38, 60-61
cientificismo, 61,220
civilización azteca, 2 13
civilización minoica. 100, 101
Clark. Grahamc, 46, 246, 247
CL1Tkc, D., 33, 37, 38, 39, 45, 47. 56. 57,
76,93,131,176,231,246,247
clase, 124-125, 199,231
cognición, 110, 120, 122, 152, 1RB, 219,
250
arqueología cognitiva, 116- [20
Cohcn. G. A., 104
colapso Maya, 100, 101, 174
Collingwood, R. G., 12,137
complejidad social, 226. 253
comportamiento versus acción, 109
Comtc, 1v1. , 55, 60, 6 1,70, 104
comunismo, 125, 202, 203, 204
Conkey i\tl., 153, 163-164,252
conocimiento de los objetos, 33
como expresiones de ideas comparti-
das, 35
como fósiles, 128
como ideología, 128
objetos como expresiones de normas
culturales, 34
consu-uctivismo social, 68-70, 232
constructivismo, 68, 135, 163, 166, 183,
225, 248
contexto. 83, 84,141,147, 148,149,150,
193, 207, 2 14-2 16
contingencia, 177,253
couu-adicción. 125, 128, 129,233
conu-astación. 17-18,32,43,53-54,59,61-
62, 64, 69, 71-89, 132, 136, 2 12, 217,
219,239,245,247,251
Coopcr, 1\'1. A., 155-156
c-orrección de sesgo, 154-157
l'OITl'1<lck111,9S
(·()c;ificlCi(·)]l. 1.':;l, 2,1.1
('jlc;llllllll!',i;¡, 121
('0)11\",1111.(' l'n 19i)
c, «ul.¡u. 1'" .lTI
, ()\III 11111.1. 1,'u
'1, .1I1\i.l,I.I. lS.'
cronología, 35, 50
cuestión mustcricnsc. 77-79, 84,133,198,
199
cultura de la cerámica de bnndas (13KK),
34-36
cultura de los vasos de cuello de embudo
(TRBK), 34-36
cultura material moder-na. 249
cuhuru. 45,182-183,231,233
como adaptación, 40-42, 95
como sistema. 91-114
concepto politdüco de, 34, 239
enfoque normativo de, 34-35, 92-94
punto de vista acuático de la, 36,40
Cunninghur». v., 9
Dakora. 163
Dulyngryggc. Sir Edvvard. 194, 195
Daniel, G., 50
Darwin. C,
'
40, 170, 171 172, 179
datación, 57
Dawkins. R., 253
Dcagun. K., 192
deconstrucción. 122, 140, 142, 203, 211,
233
Dcctz. J. F., 42, 254
Derrida, J., 122,203,211
Desearles, R, 120
diacronb,233
dialéctica, 125,220,233-234
difusión, 35, 36, 46, 50, 178, 194,234
dilctantlsmo de anticuario, 31, 234
discipliuaricdad. 190, 203
discurso. 234
división clcl uubajo. 159
Dunnell, R., 179, 180
Durkhcim. E., 70, 104, 174
Engleton, B., 245
Earlc. T, 152, 175
eclecticismo, 227
ecología cultural, 47, 180-181, 182- 184
ecología. 80, 103, 180-181
economía política, 163
Eerkens. J., 180
Elton, E. G", 245
cmic versus ctic. 109
cmpir-lcismo. 17, 69,186,234
enfoque normativo, 34-35, 96, 231)
Engcls. F., 174
entorno mc-dioatnlricnlnl , 24, 42, ')6, hU,
171-172,IX2
,·pi,c;h'lllollJ)'.í;I, (,q, :',1), ?l(), .1'\.1
Eppcrson, T., 210,256
equiñnulidad. 132
escuela ele Frankfurt, 127,234
escuela de los Anuales. 44, 186 188, 191,
235 ,254
escuela inglesa de historia del paisaje.
198,227
esencialismo, 115, us, 165, 184,205,235
especialización artesana, 43-44, 63
cstacionalidnd. 180
estadística. 45, 56
estático versus dinámico. 72
cstraügruf'ía. 199
estructura, 235
estructuración, 163,219226,235, 259
,v estructura. 138
csu-ucturulismo. 121-123,235,250
estudios actualfsricos, 76, 82
estudios sobre ¡\DN, 210
ctnoarqucofogfu, 71-89,132,140
ctnoccnu-ismo. 118,235
etnogénesis. 210
ctnograña. 75, 86, 87,156-157
evolución biológica, 171-173, 174, 178-
180, 253
evolución cultural, 170-171, 173 178,226,
227, 254
evolución rnuhilincar; 175, 239
evolución unilinenr, 175,242
evolución, 40, 43, 76, 85, 128, 163,177,
201,232,236,253
arqueología y, 169-184
Ialoccnu-ismo. 160,208
fascismo, 222
Fuwcctt. e, 256
Feminismo. 70, 153, 154, 163, 164,213,
218, 224, 252
fenomenología. 11, 148- 149, 236, 25 1, 252
fenotipo, 182, 184
Ferguson. T. J., 255, 256
fcüchismo.Bv
Fcvcrabcnd. P., 6,')-68
Iilosoña Ilustrndn, 202, 203, 204, 205
Flanncry, K., 42, 45, 95, 107, 110, 120-121,
246,249,250
formalismo, 147,236
versus sustantivismo. 147
Eoucaulr, 1\1., 205, 255
fragmentación del método, 206, 228
Frcud, S., 115
Fried, :v1., 175
frisios,98
fl'j:-;() (lcll';(I'tcn{l!l, 16
Froissart. J., 198
Fukuvamu. F., 202
97,103,122,177
Iuncionalismo. 103, 104, 121, 122,236
Galileo, 67
Garrod. D., 157
generalización, 42, 59, 6 1-64, 99
género, 127, 152, 154,224,226
Ysexo, 158
geofísica, téc nicas, 56-57
geología, 56, 6,'), 79-80
Gcro. J., 153, 163-164,252
Gibbon. G., 247
Gibbs, L., ! 65
Giddcns. A., 70,109,138
Glassic, n., 123
Gcff J. Le, 186, 1S8
Goffman. E., 119
Gosdcn. C., 149
gótico, 202
Could. S. J., 253
gramática, 122-123, 140
gramá tica trunsformacional. 123
Griffin. \V., 39, 40
Grupo de Cambridge par"a el Estudio de
la Población .v la Estructuro. Social,
lSS
Grupo Teorético de Arqueología ClAG),
10,243
Habermas, J., 108,178, 249
hall abierto. 142-148, 193
Harding. S" 25
Harvcy D., 255
Hastorf C. A., 254
l Iawkcs. C., 86, 250
Hnwkes. J., 57,157,190,247
Hegel, E, 120
Heidegger, 149
hermenéutica, 65,136,184,236
hctcrarquía. 110,249
hipótesis, 236-237
hístoíre evenementielle, 187
historia cultural, 44, 185, 194,199,237
historia de la filosofía, 12-13
historia ele las mujeres en arqueología,
252
historia,
arqueología como sirvienta de, 49
historia y literatura. 204
historicisrno, 237
hisrortogrnña. 237
!
,
280 iNTRODUCcrÓK A LA TEORíA ARQUEOLÓGiCA
ÍNDICE ANALÍTICO 281
Hodder; 1., 86, 87. 88,131-133, 137,138,
221, 224, 249
Hodgcs, R., 98, 99, 192,249
Holocausto, 212
horneosrasis. 96, 97
Hoskins. v: G., 198
humanismo, 56-57, 64, 237, 247
Humm. M., 252
Hunt, L., 254
Husserl, E., 149
iconografía, 121
idealismo histórico, 187,251
idealismo, 92, 119-120, 137, 173, 220.
237
ideología vulgar; 126-127
ideología, lOS, 121, 126 [29, 147, 183,
20S, 213,214, 237
impcriulismo. 170-171
Imperio Británico. 171
Imperio Romano, 32, 92, 100,207,240
cultura romauo-británicu, 23
roro, 191
fortificaciones, 137, 149
romanización, 98-99, 207
yacimientos, 185
indios Zapotecas. 120
individualismo metodológico, 237
individuo, 113, 137- 138, 155, 178, 182,
219
inductivismo. 186,237
infraestructura y superestructura, 126
intelectuales, 9, 245
intencionalidad,65
intercambio, 63, 97,132
Inuit, 77,181
jerga, 11,24,25,26
Johancsscn. S" 254
Johnson. M. H., 252
Iones. L., 255
jutas, 191-192
Kafka, F, 198
Kant, L, 120
Kider; A., 46
Knapp, B., 254
Koh1. P., 215, 256
Kossina. G., 222
Krol'lwr, 1\., 17A
Kului. T., c.S·(lS,
Laduric. E.1e Roy, 186, 188
La/out; B., 24R, 2.'i6
LeBlanc, S. 1\., 110
legitimación. 238
lenguaje, 24-25, 122, 179
Lconc, i'1-'1., 134,215, 246, 250
Lévi-Srrauss. C.,120
ley de la gravedad, 59
libertad y esclavitud, 114
licencias de fortificar; 195
líneas de conexión, 1 20A-207
Liulc Rapids. 161-163
Linle Red Riding Hood. 150
Livio, 208
logocentrismo.Rdx
falacia logocénn-ica, 204
longnc dunie, 187
Lubbock, Sil' John, 77
Lycll. J., SO, 172
Lyotard. F., 201,255
Maine. Sir Hcru-y, 174
Major, J" 148
Malínowsky B., 104
Marakwet. 87
Marcus. J" 95,120-121,249,250
Marx, C., 123, 124, 125,202
Marxismo, 111, 121, 12.1-128, 134, 174,
175,201,204,238,250
masculinidad, 194
materialismo cul tural. 23 1
materialismo, 124, 173,215,238
McGuu-e. R., 250, 251
Md\ay, L., 252
megalitos, 50-53, 199,247
Mellars. P, 84
mentalidad, 153, 188
mcntalisrno, 93, 94, 98, 100, 116
método histórico directo, 86, 238
rnctodologfn, 16-17,238-239
Yteoría, 16
migración, 35, 46
Miller, D., 249,
Mithen. S., 121, 181-182
modelo heurístico, 59, 236
modelo hipotdico-declllctivo-nomo1ógic(),
60,61
modernismo, 239
en arquitectura, 204
Moorc. R., 87, 252
moralidad, 55, 60, 202
Morclund. J., 254
Morg.m. ] '. 11., 174
nnn-rtc del .tttlr 11', l'fO
muestreo. 45-46
mulriculturalismo, 239, 255
museo Smithsonian. 48
nacionalismo, 49, 255
Nnmforsen. 142
narrativa. 186, 194,208
nativos americanos, 30, 48, 128,141-142,
161,16.<',169-170,207,255
Nelsou. 11.,137,149
Nietzsche, r.. 205
Nortcumérica. 185, 191, 193,221
Nuba. 87, 133,138
Nueva Arqueología, 12, 13,27,29-53,56,
61-64,131,134,141,180,185,188, 199,
221,227,245,247
Nueva Geografía, 38,131,188
Nueva Hist:lria Cultural, 190, 191,254
Nueva Historia Social, 188-189
Nunamiut. 77, 79
Obcycsckcrc. G., 215
objetividad, 126,211-214
observación. 64, 99
Oldllvai,82-83
ordenadores, 56
orígenes de la agricultura, 107
Ormc. B., 248
Orton, C., 132
Orwcll. G., 148
paisaje, 136, 184, 194
paradigmas, 66, 239
particular-ismo, 35, 39, 98,107,177
Puu-ik. L. E., 256
Paync. S., 82
pér dida de la inocencia, 39, 61
Plckcring. A., 68
piedra de Roserta, 75-76
Platón, 120
política, 60, 67, 69, 70, \07, 125, 126, 207,
208, 255
corrección política, 9, 245
positivismo, 58-61, 135, 166, 173, 202,
215-216,220,225,247
positivismo lógico, 61-62
postmodemismo. 150,201,216,239,255
práctica arqueológica, 50, 56, 151, 157,
251
prúcüca de la urqueologfa. 49, 50, 73
,ljl'll;1 ;¡ LI l\'nria. 214
Pll'll;ll;j'-¡'lIl ,1"1 !'I:III(', x!
Preuccl, R. W., 153,244,256
primates, 179
problema de la inferencia, 57
proceso cul tural. 43-44
proceso. 51, 187, 194,231
arqueología procesual, 50, 62, 226, 239
enfoque procesual al género, 252
procesualismo cognitivo, 120, 219, 222"
225,239,250
producción, 124
proyecto Annnpolis de arqucologfn. 134,
250, 255
psicólogos, 70
pueblo Anasazi ancestral, 86, 177
quarks. 68
racionalidad, 30, 69,180-181,183
Rankc, 186
Ratbjc. v«, 88
razas, 68-69, 209
razón, 202, 205
realismo, 225, 240
Rcdman. c.. 110
rcduccionismo. 240
relativismo, 149, 166, 211-216, 220, 225,
240,256
religión. 94,121
Yciencia, 59
Renacimiento. 155, 169, 173,202
Rcnfrcvo, A. c.. 37, 47, 50-53, 66, 120, 132,
135, 152, 157, 175,221, 222, 240, 246,
247,250
resistencia, 214
retórica de la conciliación, 221
de la confrontación, 221
Revolución Industrial, 189
revolución lingüística, 11, lS8 191,254
riesgo, 180-181, 183-184,253
romanticismo, 114
Rortv, R., 255
Rowlcy-Conwy P., 18 1
Saami,142
Sabloff J., 212-213
Sahlins. M.2 I5
Saitt::l., D., 256
salidas profesionales para la mujeres, 252
Santorini. 100-10 1
SaUSSUl"C, F de, 120, 122
Schiffcr.Jvt. 1--3., 10, 11, SS, 254
Schoruu.m. 1.. 1\-1., 2.'--i·t
2H2 I NT]{ () !H l l 'C] () N 1\ I ,A 'I' UlId A !\]{()lI l ;.<JL<'J(;lCA
Sc hut z. A., 149
sele cc ión naciona l, 172
semiótica, 240
sentido co mún, 15-26, 74, 117~ 1t S
se ñores y campesinos, 126, 199
Scrvicc, E., 175
sesgo mac his ta , 47, 154
domini o masculino, 156
sexis mo, uso se xis ta del lenguaje , 154
sexo y gé nero. 252
Shakespearc. vV., t 49
Sh a nks, ]\ 1., 69, 177, 183, 220-221, 251,
2'12
sim ulaci ón, 96,112, 251
sincro nía, 104-105,240
sis temas . 240
colapso de los, 249
modcla ci ón de, 112
pe nsami en to . 4 1, 95-98, 100·1 14, 121,
249
sis témico, 122
soc ied ades complej as , 63, 110-1 11
soci edades de ba ndas. 40
soci ed ades de j ef at uras, 40
socio biología, 163, 178, 24 1
sociología, 60-61
ma ndo sociológico. 70
Spcctor; J ., 16 1- 163
Spcn ccr. H.. I04 , 170-171. 173· 174, [79
Ste wa rd. J .. 47, ISO. 182
Sto nc hcngc, 48
subjetividad, 126
subsistencia, 95
Sud africa. 193
suicidio, 113
sus ta n ti vi smo, 183,241
Sutton Hao, 191
ta fonom¡a. 82, 225
Ta yloi; \V.• 47
teleología, 177, 241
teorí a crí tica, 108 , 127, 134, 21S, 24 1
teorí a de alcance med io, 72· 89, 193, 212,
2 13.217. 225
independenc ia de la tcorfu general , 79
presuncio nes u niformi za doru s. 79-82
teor-ía de la estr uctura ci ón, 138, 241
teor-ía tic [os forrajeadores eficie ntes, 180,
253
teor-ía del caos, 81, 249
teoría del si s tem a del mundo, 111, 249
teor-ía gen eral de sistemas. 103
reort n literaria , 226
leoría, defin ició n de teorí a. Ió· I8. 241
co mo tra ducción. 228
dificul tad de la teoría, 25-26
evaluación J ~ la.') in terpretac iones. 19-
20
hi s toria de , 32··U
ju stifica ción p O I · la arqueología, 18
relac iones con el método. 16-17. 215
sc pnrnc lón de l método, 59
textos. 32, 139·142, 192-193
Tho ruas. J., 149
Thompson. E. P., 24 1
tiempo. 30, 187
ah or ro del üem po. 184
Tillcy. C.. li9. 142. 177. 183. 220-22 1, 226,
2511 ,25 1.252
tipología, 44, SU, 117, 23 1
totalizador, 24 1
tri bus, 40
Triggct; B. , 128, 213, 214, 215. 227
Tucs on Cnrbage Pro¡ ....ct. SR
Ud a, P.. 255
Urba n. P. 1\., 254
uso sexis ta de l lenguaje. 1S4
ut op fns. 202
vad ab ilidad , 4.í
variaci ón alea toria . J72
Vaub au. S. de. 198
Vcgctiu s. 198
verificaci ón, 116
Vico, 120
Viet nam, 17 1
Wallc rs tciu. E.. 11 I
watktns. A., 19· 20
wet son . r. J ., 110, 25 1, 252
Whltc. H.. 18b
whne. L.. 47, 1i 3. 174, 175, 246
Wilk. R.. 212
Williumson. T., 20
wissc nschafr. Sd
Wittgens tein, L. , 205
wyl¡c. A., 86, 157, 166, 213. 2 1-1 , 2 15, 2 4 ~
Zimba bwe.1 5
Zubrow, E.. 120, 250
íNDI CE
Prólogo a la edición esp a ñola
PRH1\CTO. Las contr a d ic ci ones de la t eo r -í a
CAPíT UL O 1. El sen tido comú n no has ta
Defi ni ciones de «tcortn» ,
Compre nder la teo rí a.
CAPíTIJLO 2. La " ll u eva a rq ueo logta » . . . , , .
An tes lk la Nueva Arq ue ología . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,
Los orígenes de la Nueva Arqucol ogfu , . . .
Aspec tos clave de la Nueva Arqucologfu , . , .
Conclu sión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,
CAPíTULO 3. La a r q ueolo gía como cicnc! a . . . . . . . , . , . , .....
Defi nic iones de Cienci a . , , . . . . . . . . , ..
El positi vismo .. , . ..
El posi t ivismo lógico . . , .
Eje mpl os
Objeci ones a la idea de «Ciencia ".
Kuhn v Fevcra bcnd , , .
El construcuvísrn o social .
C \l'íTULO 4. Contr asta r la te orí a de a lca nce medio y la c tu oarqueo -
Iogía , . . . . , , . . . . .. , . .
Bínford Vla teoría de alcance medio . . .
I nt erp ret ar el mustcricnsc . , .
Las pr esunciones uni for mi z rdoras . . . . . . . . .. . .
Problemas co n lu teorí a lit: alcan ce medio . .
Concl usi ón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . , .
CAPÍTl; LO 5_ L¡l cu ltu ra com o siste ma , . . . . , , .
Tcod a de s lstemus: suma rio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . , , . , .
Ejemplo: sistemas al rededor de l mar del Norte . . . . , . , , .
Puntos fuertes dd pens amiento s isté mico ' , . . .
El contexto del pensamiento sistémico.
Pu ntos débiles de l pensamiento s ist émico
El pensamiento sist émico mo di ficado
El pensamiento si st émico y los individu os .
5
9
15
16
27
29
32
38
40
53
55

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6 1
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7 1
72
í7
í9
84
88
91
95
98
100
103
105
109
11 3
Z¡;4 T I :.ORí A AROUEOL()GI CA. UNA
CAPiTULO 6 . Lee r los pensamient os .
Leer los pensamientos _ .
Arqueología cognit iva .
El es tru cturalis mo
l'\i1ar....ismo " " " ' . . .. , . . . . . . .." .
La ideología , .
Conclusión _ .
CAPiTULO 7 . Ar q ueología postpr-ocesual y arqueología interp r-et a t iva .
La urqucologfa post proccsual , ' " .
C,\PITULO 8. Ar'qucolo gfn y géne ro .
El género .
La co rrección del sesgo ..
Crí tica de la práct ica arqu eológica .
Arqueologías del género .
Hombres. muj eres y conoc imi ento . . . . . . . . . . . . . . . . . .
115
116
120
121
123
126
129
131
134
151
154
154
157
158
160
Im pres o en el mes d e j unio de 2000
e n A"M GRÁFIC. S. L.
Pol ígo no Indus tr ia l «La Flori da .
08 130 Sa n ta Perpetua de Mogoda
(Barce lo na )
CAPITULO 9. Arqueología yevolu ci ón . " . . 169
Spencer y la evolución cult ur al 170
Darwin y la evoluci ón biológica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
Evolución cult ural . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173
Lu crítica a la evolución cultura l . . . . . . 177
Evol ución bi ológica . . , . , . . . . . . . . . . 178
Ada ptaci ón, raciona lidad y ecología cult ura l . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 180
Cr ít icas a la ecol ogía cu ltura l . . . . . . . . . . . . . . . . .. 182
CAP1'l'ULO JO. Ar qu eología e h ist oria. . . . . . , . 185
b \ hist or ia tradi ciona l . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 186
La Escuela de los Anuales ... _. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
La revolución lingüíst ica . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 188
Arqueología hi st ór ica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
La arqueología h is tóri ca y los textos " . . .. . . . . . . . . . . 192
Concl usión 199
CAPfTULO 11. Ar qu eol ogía en un mundo postmoderno 20 I
Fantás tico; per o ¿qué ti ene que ver todo esto con la arqueología ? 206
La arqueología no se hace el vacío .. . . . . . . . . . . . . . 207
La cuestión de l re lat ivism o .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
El cont exto del relat ivismo . . . . . 214
CAPln ' LO 12. Concl us ió n: conflict o y consenso . , . . . . 217
Defi nir una posición int ermedia 2 t 8
Concl us ión _. . .. . . . . . .. . . ...... .. . . . . . .... ..... .. . . . . . . . 226
Glosa ri o
Bil rl logra fí a come nt ada .
Bibliografí a ge neral .
índice a nalí t ic o
231
243
257
277

MAl 1111W JOI1NSON e s profesor do Anur eotogta en la Univer s idad de Ilurham . Ha ejercido en las Universidades de She ffield y SI. David en Lamp et er. Aclualrnente se dedi ca a la arqu eol ogía nuxlieval. fun d am entalmente cast illo s do la baj a Edad Media en Ingl aterra.

Teoría arqueológica

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EditorialAriel, 8.A
Barcelona

sin permiso previo de l editor.: la traducción: ID 2000: Editorial Aricl. S.\ l L \ RT l o' edición: junio 2000 Derechos exclusivos de edición cu español reservados para todo el rnumlo y propiedad J. . Provencn. incluido el diseño de la cubierta.0800S Barcelona ISBN: 84-. alma cenada Ounn snutid a <. tic gr:l..:11 manera algun a ni por n ingún medio.Diseño cubierta: Nacho Soriano Titulo origi nal: Arcnacotogica! Thearv.bción o de fotocopi a. optl co. 22 6Ji . químico . Anlntroduction lD 2000: Matthcw Johnson Traducción de JOSEl' B . 260 .2000 Impresoen España Nmg una parte de esta publicación .6 Para Jo que aprendió a apreciar la teoría Depósito legal: B.144 -6623. ya sea eíécwico. mecánico. A. puede ser reproducida.

cosa que es tan cierta con respecto al análisis de la arqueología en el presente. Cuando recibí la noticia de que Editorial Aríel estaba ínteresada en traducir mi libro. Cuando empecé el trabajo. e! lenguaje utilizado y los ejemplos dados se circunscribían al espacio angloamericano Ello es debido en parte a la forma como se concibió el libro. Sin ern bargo. Muchos de nosotros enfatizamos la necesidad de comprender determinados contextos culturales específicos en el pasado antes de procurar establecer generalizaciones. y por ofreccrnlc la oportunidad de diri girrnc a una audiencia mucho 111ás extensa.PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA Quisiera agradecer a Editorial Ariel por su traducción al espa1101 de Teoria Arqueológica. destinada al lector británico. la latinoanlericana y las demás tradiciones. La bibliografía que se incluye al final da cuenta de la existencia de los 11115n105 fundall1entos teoréticos entre la arqueología española. NIi editor acertadamente lTIC persuadió ele que abandonara una perspectiva tan limitada y procurara ampliar e! alcance del libro con el fin de cubrir también las aportaciones y puntos de vista de la arqueología norteamericana. existe una cierta tensión entre el deseo de ser «globai» y la necesidad dc ser sensible a las realidades locales y sus tradiciones. lo volví a leer pensando en el público español y Iatinoamer-icnno l'vIc sorprendió cornprobnr que mientras que las inquierudcs que reflejaba respondían a las preocupaciones de! conjunto del pensamiento arqueológico. Por 111i parte apruebo este punto de vista y espero que vaya a más. como con res- . I11i intención era realizar una introducción a la teoría arqueológica desde las islas. En los últimos a110S se ha insistido en la necesidad de alentar perspectivas «europeas» y «mundiales» C0111UneS en el pensamiento arqueológico.

por ejemplo. aunque hay que decir que si hubiera errores son de mi sola responsabilidad..135-42. Ni que decir tiene que el corpus teorético que conocemos por «arqueología sociallatinoamericaml» requeriría por lo menos un capítulo entero.n-qtll'C dOj'. Prehistoria y Franquismo. el ámbito teorético que cubriría no variaría snstancialmente. México.1 ll. Ruiz Parra. Bardavio Novi. (eds. humana y autocrítica estos lazos.6 TEORÍA ARQUEOLÓGJCA. El his- tariador cultural dice: «No soy un teórico. Las mujeres en la prehistoria.Actes del Col loqui a la Facultat de Geografia i Historia de la Universitat de Barcelona els dies 11.. En segundo lugar trataría con más extensión las diferentes tradiciones del marxismo. Díaz-Andreu (cds. sólo describo. Rihuete Herrada. el debate que enfrenta al entorno medioambietltal con la lucha dc clases como motores del cambio cultural . Díaz-Andreu. G. modificaría el trayecto en tres áreas.ll ddlllllLllllit' ('scrihir sobre historia cultural corno cnr()qlll' (1"II(. Mad rid. Ber-na]. 1990. Pi cazo.(1 1111.A FIHU()N 1':SI'A:'\OLA 7 pecto al análisis dc las sociedades del pasado.\)[. De ahí que gran parte de lo que se clice en el capítulo 1 acerca de estc tipo de afirmaciones es particularmente pertinente. Las tradiciones regionales y nacionales de la investigación arqueológica se nutren de tradiciones intelectuales distintas y se enmarcan en contextos diferentes por lo que requieren ser discutidas por propio derecho. Vuelta. En tercer lugar serían examinadas COIl 111tldH) III. Díaz-Andreu.12 i 13 de 1986. Barcelona. Akal. abril 2000 Bibliografía Alcina Franch. su ayuda al aconsejarme sobre la misma. En la bibliografía comentada y en la bibliografía genera] pueden encontrarse los trabajos editados en inglés sobre todos estos temas. 25-38. J. 1. Brading.i(1t. Gonzá1cz Mareen.lllola y latinoamericana de modo parecido. Madrid.llldo un lugar de privilegio en gran parte de \. 1998b. Málaga: Ministerio de Cultura. México DF. Arqueología Antropológica. P. En el prefacio de estc libro sugiero quc cualquier guía para la teoría es como un «libro ele ruta» en el que el terreno descrito es el mismo. M.ldiciol1al» C01110 la «historia cultural».\S ddalle y criticadas más extensamcute tanto la «¡¡H1IIl'O!o}l. En primer lugar en el apartado en quc examino la arqueología en su contexto social y político. D. J.l '. Universidad de Málaga. Génesis y desarrollo del marco institucional de la arqueología en España. Trabajos de Prehistoria 52: 1. Pon-úa. T.I. Tenas i Busquets 1993. A.lll' Cll'11P. Creo que uno de los desarrollos más interesantes del pensamiento arqueológico dc los últimos tiempos ha sido la predisposición de los arqueólogos a examinar de una Iorma honesta. Si tuviera que escribir una introducción a la teoría destinada a las audiencias española y Iatinoarnericana.h. Sanahuja Yll y M.O{. Revista de la Coordinación National de Arqueología del Instituto National de Antropología e Historia de Mexico 20: 115~ 138. 1995. EIs coneixements en arqueología. Mora y M.WqJl. También dedicaría más atención a las relaciones entre las distintas tradiciones del marxismo.Y social. M. Colomer i Solsona.till) It". M. Margarita Díaz-Andreu. S. Chapa.. Columna. En G. He aprovechado la oportunidad de añadir una corta introducción bibliográfica a este prólogo. Deí nou al veíí mon. sin embargo. Pienso que el desarrollo de la arqueología está entrelazado en todos los países con las inquietudes nacionalistas. E.. González Mareen. Arqueología y política: cl dcsarollo dc la arqueología española en su contexto histórico.) 1988. 1997. l dentitats i el dret al passat. X.. Corrents Tcorics en Arqueología .1 arqueología británica medieval. Montón Subías. proporcionando bibliografía comentada que cubre este y otros temas en la literatura española y latinoamericana. La prilwip. Gili i Su r'iñac.i. C. Arqueología. 1989. y Lluró. 1988b.E. Nacionalismo y arqueología: del Viejo al Nuevo Mundo. por ejemplo. Ballcstín. S.. 1988. pero sobre el que se pueden tornar rutas alternativas que varían de acuerdo con las preferencias del autor. MATTHEW JOHNSON Durham. '11 d hecho de que la historia cultural ¡lO . Agradezco a mi colega en Durharn. P. Historia de la arqueología en México. Díaz-Andrcu. Arqrítica 6: 5-7.) La cristalización del pasado. .<. La historia cnluu. M. 5-10. 1998a. 547-551.1 lr. que tradiciones del pensamiento arqueológico en la Europa continental o cn América Latina puedan o deban ser fácilmente asimiladas a categorías del pensamiento arqucológico angloaITIcricano tales corno la arqueología «procesuah y «post procesual». No creo. Los debates entre las diferentes escuelas marxistas a menudo se hacen en paralelo a debates que ocurren fuera del mm-xismo. UNA INTROIHJCUÚN J'I{O!. M. Díaz-Andreu. 14) (11W 1)('11111' ("()Il 1.dl'/. Género y Arqueología. Cota Zero 14: 41-52. Perspectivas actuales de la arqueología española. per aquí? Per a que? Arqueocrítica 2.rl ~i". Mito y profecía en la Historia de México. M. Revista de Occidente 81. England. M.l tcorctica. abordaría de forma más extensa las relacioncs entre arqueología y nacionalismo.\ .() A l.lllll". M. y Mora. Gut-ina. 1979. clasifico y organizo la información que obtengo de acuerdo con el método tradicional».' l'sp.

Una vis i ón de las ra íces teóricas. Revista de Occidente 81. L ópez (ed .8 T EORÍA ARO UE O LÓ GI CA . rio r d e Invest igaciones Cientí ficas. sin embargo. al menos en el mundo de ha bla inglesa .a cris talimcián del pasado. Du pla. Málaga: Ministerio de Cul tura . y D íaz-And rc u. (ccls. Hace pocos a ños . estando de visita en u n yacimien to arqu eol ógic o.e. Arqu eologfa de hl muerte y cxu-uc tu ra socia l.<'l Maten . Dfa z-Andrcu (eds. y Pica zo . Lóp cz Ma zl. so bre su s relacion es con la práct ica arqueológica . Nu ma ncia y Regen era ci ón .!. Un iver sidad de Mála ga . V. con gra n hostilidad . J. Ge1 1CSjS y dcsa rvo l lo del lJIarco i l1St it u c i OlJal de la arqu eo lo gía en ESjJClIl (/. pareció enten der cla ra mente a qu ién se refería . 198Y. Den tro y fu era de la a rqu eo logía hay m ucha gen te a la que la pala bra «teor ía» les suena mu y mal.) Ú1 cristalizac ión del pasado. Al mism o tiempo. 275-317.. 1. El príncip e Ca rlos de Inglaterra se ganó u n ap lauso casi general cua n do cond en ó a los «teóricos d e m od a » d el mu ndo d e la ed ucació n. En P. M.Y es vista como algo cada vez más importante. Genes.Y el pe nsamiento en ge neral.. ia His nuíc o. En el m u ndo a ng losa jón en particular parece que la teoría es algo que levan ta pro fundas sospe chas. La a rq ue ología co u tvxtuul: u na revisió n crít ica. Un iversidad de Má laga .) l. Lu iden tidad n aci on al y In labo r arq ueológica: "el ca so u ru gua yo ». En G.. E n G. la teoría goza de creci en te p opula ridad . E n G. a una s ugere ncia de m i p a r te se m e r es p on d ió co n risas y co n es ta s pa labras: «és ta es la típic a indicación de un teóri co» . R. L. Geucs is J' desa rrollo del marco instltucíonal ele la arqneoíogia en España. Madrid. Trabajos de Prehi storia 24 . 11-17. Mad ri d . La re cons tru cci ón de l pasado . y Rui z-Za pa tcro. J . Un ivers idad d e Málaga . P REFACIO LAS CONTRADICCIO NES DE LA TE ORÍA Es te libro es un ensayo in troductorio so bre teoría arqueológi. l ll l' . Gu rda Sa n tos . M álaga: Minis teri o de Cultura . La Arqueología co /I/ o cien cia social. dc la Turre 1997. SagLIII/ tl ll z·PLiH/ E x tra.I\1. in clu id o el mismo prí ncipe. T. En el capítulo 1 dedicaré un as p áginas a algunas de las razones qu e suste ntan tales comporta mien tos. Fuu dnciou ( '111[ \ \ 1. 1'199 . Revista d'Arqne ologiu de POll eJ11 7: 107-128. 471-484 . M.11 H . J 988 . S-20. T. 27-46 . En Inglat erra . El debat post -processual: olguncs O !JS ( 'II '{l cioIl S «radicals» sobre LUla arqu eologia IICOI1Serv(u Jo ra lJ • Barc elona. sin em ba rgo . sobre cómo se ha desarro llado la teorí a arqueológica du ran te las últimas décadas. A. Te()rí~\ a rqueológica. 1990. 1992.) Arqueología en Aine rica Lat ina. son tres cosas ca nd idatas a ser conte mpladas.J.tlJ . M ora . Ma rt ín de Guzm á n . LlI lI . Málaga : Min is teri o de Cu ltura .l'1"lI . G. Arqueología y parad igm a: lende ncies y re sistendas. La teoría . In tenta explica r algu na s cosas so bre qué es «teoría ».. G. I'vl. No recu erd o a na d ie que me exp lica ra por qué mi su gerencia resulta ba tan absurda. n a d ie. Ch apa.) Con greso Hispano-Ru so de Histot iu. Archíva Españ ol de Arqueología 62. 1996. A. y J . J.2: 405-4 12. la cultura po pu lar sostien e que ser llamado in telec tual es convertirse cn sospecho so de qu erer ro bar la m ujer de a lguien (as í de sexista ).is y desarrollo d~l marco ínst ítucio nal (ie la arqucotogia eH E. Y M icú.C . Rui z. lo "políticamente co rrecto» y ser extra njero. Mnd rid . tanto dentro co mo fuera de la arq ueología.ul l id : Co u. 1991. Vicc nt Ga rc ía. La sem ana Augnstca d e Zaragoza (30 de mayo ~ 4 de jun io 1940). Mora y M. . Mo ra V M. 1994. Lec tu ra s sob re las re p re sen taci o n es fe m e n ina s e n el a rte ru pestre leva nti no : u na revisión crit ica . Lum breras . En P. 1997. Fu narl (ed.M ._ ca . Pol itis (ed . Los e nfoques tra dic iona les: Las a rqu eologías evolucio nistas e histór ico-cult \lra lcs.. C. Dta z-An circu (a ds ) La crístotizacion del pasado. Bog otá: Bib lio tec a del Ba n co Po pula r. Mora y 1\1. Jim eno . Valen tin o Cunnin gham r e- .. 1997 . 1997. Génes is y desarrollo del JI1arco ins t ít nc íona í de la urqueologta ell Españ a. 685-694. 2 15-224 .eje Su pe. 565-572. Cul tura mate rial.M. Perspec tivas de la tco rfa ~\l"l l lll· ( ) k) ¡ '. A. J... Mad rid . Dtnz-A nd re u (eds. M . Colccño Idéias . p rá tica a rq ueológica e ge ne ro : 11 11l cs tudo de case. UN/\ INTROI )I1Cc\ ( >N Día z-Andrcu . 1988. C(JI~ l l. Vic cn t Ga rc ía. L.Y so br e cómo e l pe nsamiento arqueológi co se rela ciona con la teoría en el conj unto de las cie ncias hu ma nas . E SCOri7. 167-175. pero cuando vis ité de n uevo el yaci miento al añ o sigu ien te result ó qu e la es tra tegia ha b ía sido adop tad a . Fre ita s. El estud io d el gé nero en el Art e Levan t ino: una asigna tu ra pen d iente. Uni versida d de M álaga . E n G. 1999 . La a rqueología espa ñola eh : los SO.. Arenal 3: 5-24. Lul l. V. i {' : \ e-n lixpuña . ) Cult ura M (lI erú¡{ e i1rq u l!(J !()¡.) La cris tníi zaci án del pas ado. . Ca rnp inas : Univc rsidn de Es tad unl de Ca m p inas. palia. Li ma: Peisa . Málagn: Min is terio de Cu ltu ra .

sin em bargo. la ru ta escogida aquí es una de las mu chas po sibles qu e podríamos tomar una vez aden trados cn el territo rio de la teo ría arq ueológ ica. en el ca pí tulo 4. pud iéndose ci tar la frecue ncia de sim posium s sob re cu estio ne s teóri cas co mo parl e del program a de los prin ci pa les co ngresos so bre arqueología. forma ción de en tidade s est atales. ya han tomad o. en I 993 Y 1994. Po r lo tan to. est o es. juzga r sobre lo qu e es claro y lo que co nstituye jerga no está exento de problemas) .10 T EORíA AK UUEO!. o bre a lgunas de las pri ncipal es corrientes del pensam ien to actua I so bre teoría de la arqueología. culturas. U N A INT IHJl H JCU Ó N I ' I~ l ' 1. y cn el ca p ítulo 7 los m odelos lingüís ticos so bre el sig nifi cado tienen m ás presencia q ue la moda actu al po r la fenomenología . desde en ton ces sus co ngresos an uales se han convertid o en los más concu rridos de las Is las . De forma a lternat iva se podría a bordar la cue sti ón sirvién donos de los di ferentes «ism os» : positivism o . dentro del á mbito de la arqueología . a menu do se s ienten com o Casan d ra . Un in di cad or especial m ente signi ficativo es el impact o crec iente de las co nvocator ias del Grupo Británico de Arqu eología Teórica (TAG). co nfiados en sus credenciales a cadém icas . Po r ejempl o. así com o aca dé m ico. in ten ta señ alar los hitos ll1ÚS sign ificativos en el te r ren o de la teoría. mi entras qu e la arqueolo gía «h um anística» o «cultural» lo es por la Aca dem ia Británica y el Patrona to de In vestiga ció n en Art es y Humanidades.< )(. cs tru ctu r a lis m n . opta por a bo rdar las rela ciones exis len tes entre el pensa m icnto a rq ueológico y la teo ría ge neral que sustenta la vida in telectual. Al fina l de este libro explica ré m ejor m i punto de vista personal acerca de si el ava nce de la teo ría de los ú ltimos tiempos ha cread o una d ivisión cada vez m ás artificial de la act ividad arqueológica entre una «arqueolog ía de orien ta ción cient ífica » y «lodo lo de m ás ». es erila buscando la m áxim a claridad expositiva y evitan do en lo posi ble la jerga cien lírica (a un que co m o veremos. Se ha conce bid o como un «lib ro de ruta» p a ra el estu d ia n te . Es te punto de vista ya fue alim enta do por Lew is Binford hace quince años en su obra In Pu rsu it o( th e Past ( 1983a: 15. socia l y po lítico. etc . con sus co men tarios sobre la arqu eología británica. a sa ber: espacio . los laboratorios de dataciones y me d io ambiente siguen siendo financiados por el N ERC (Consejo de Investigació n de l Med io Natural). Per sigu e m ostrar cóm o las opcion es te oréti cas específicas qu e los arque ólogos toman individu almente. consta nte mente ofrecien do lo qu e entiend en co m o profundas reflexiones y prediccion es y al mi sm o tie m po igno rados en todo mo mento po r los responsables de tom ar decisiones. Est e grupo se formó hacia finales de los añ os seten ta co mo un peq ueño taller de di scusión de los arqueólogos teóri co s de Gr an Bretaña . con par licipación de ge nte procedente de Euro pa y América del Norte. produ cci ón e in tercamb io. E ste libro prete nde ta m bién mostrar de fo rma más clara que en anteri ores ten ta tivas las relacio nes en tre teo ría y práctic a a rqueológicas . adq uieren sentid o dentro de un contex to más ge nera l de carácter cult ura l. Hay qu e conceder tamb ién que el ni vel de im pacto del TAG Y la intluencia q ue la «teoría » eje rce so bre el mundo real de la práctica arq ueológica es. Los congresos de Durh am y Brad fo rd . A pesar de ta l crítica . o el éxito de Michael Schiffer co n sus pu blicacion es re cog idas en Advances in Arcliacological Me/Izad an d Th eory. qu e otros autores. discutible . come ntar la s relaci on cs entrc los di fe rentes corp us te óri cos y clarificar los fimd a mcnl os intelectu ale s de determinados puntos de visla . m arxismo. por otra part e. Se trataría de se nderos muy ra zonables de se gu ir. Si gu iend o co n la ana logía del lib ro de ru la. '- Es te lih ru ~c IIa ~:Sl'l j lo pa ra pro po rci o n ar a l es t ud ia n te un a introducción . Hay varios ind icadores del «éxito » de la arq ueología teó rica . Pod ría haber de dicado un ca pít u lo a cada un a de las posibles áreas tem áticas. la teoría de Binford sobre el alcance m ed io es en fa tiza da a exp en sa s de la a rqueo log ía del eom porta m icn to de Schiffe r. con el puesto de tra bajo asegurado y co n un alto pres tigio in telectu al ». A tal fin se ha ad opt ado un a estructura a propós ito.. E ste libro. ( Il ) \ 1I ciente mcn te co me nta ba en el su plemen to de ed ucació n del di a rio Tim es que los te óricos académ icos constituían «un gr u po en as cens o. Ilcgaron a reunir cada uno a m ás de 650 partici pantes . Es deliberadamente una ohra in troduct o ria . Es verdad qu e m uc has de las ponencias presentadas en esos en cuentros no m erecen el calificativo de «te óricas» y que muchos de ios que allí ac uden lo hacen movidos s ólo por la aureola de «infam es » qu e los del TAG se han ga nad o. re spec tiva mente. si ta l guía pud iera escribirs e.16). postes tr uct ura lismo. ICI\ . Los teó ricos. sin embargo. E n cada ca so se podrían ofre cer aproxim ac ion cs distintas al tema para m ostrar c óm o di ferent es te orias se contrad icen o se co mplem entan para producir distintas interpr etacion es del regis tro arqueo lógico. . no es en ab soluto una encicloped ia . co m o los que organiza la Sociedad Amer icana de Arq ueólogos. El te xto deb ería leerse prest ando atenció n para lela a las se cci o ne s dcd ieadas a la bibliografía co men tada y a l glosario. C n una aproxim ación h ist óo ') L/ . a penas es una déci ma parte de una guía co m pre nsiva sobr e el tema. engreíd os. fem inismo. funciona lis rn o.

Mu ch os au tores «académi cos » hemos sid o advertidos de la necesidad de a ba ndonar el uso de la primera perso na en nu est ros tex tos para aparece r m ás ne utral es y distante s . Aunque personalm ente no subscriba este punto de vista. Por e jem plo . África y Euro pa co nti ne nta l n o ban sido a bo rdadas . La intención ha sido ha cer m ás claro s los a rg um en tos y facilitar la lectura . para proseguir co n los deb at es del m om ento presente. deb o recono cer qu e es muy habi tu al. Ello no significa qu e el programa de la Nueva Arqu eología no co nlleva ra problem as intelectu al es y prácticos. Una vez m ás . he de decir qu e so bre es tos lem as se han realizado algunas sugerenc ias de lectura en el a parta do ded icad o a la bibliografía co m en tada. No cabe dud a de qu e hay u n núm ero importante de ellos qu e se sienten alie nados por lo que para ellos es un exce so de pret enciosidad y un inn eces ario oscurantis mo. Por eje mplo . una m aravilla de sa b ios. Este tipo de observacio nes ayuda a l es tudiante a enten der los orígenes y el ímpetu qu e adquiri ó la Nueva Arqueología. qui eran o no. s in embargo. Por otro lado. Además. me re fiero a estudi ante en un sentido amplio. distan te y desinteresada .'\RO l JEO IÚ ( . las creen cias filosóficas so n. Su énfasis e n In idea «ci encia» es. en un pun to inter m ed io entre am bos extrem os .\ . cualquier repaso a la extensa variedad de posic iones intelectu ales debe procurar ser razonablemente co m pre nsivo con todas las partes .12 T EOR I. en vez de tratar de co ncederles una a pariencia intelectual. A veces. Larnpet er y Durham . Se ha di ch o más a rriba que este libro pret end e ser un a guía para "el estudi a nt e ». debiendo ser co mp ren d idas co mo ta les. Al intentar exam inar las d istintas perspectivas teoréticas he d udado en tr e optar por un a nálisis neu tro . ni todos los co mpa ñeros de nuestra mi sma cu erda . sería insincero afi rmar qu e el lib ro ha sid o es cr ito desde una neut ralidad desinteresada . Aqu í. Asi a . au n a m i pesar. Deb o puntualizar qu e las crít icas vertida s a prop ósi to de tales ejemp los no so n ataque s perso nales a sus au tores . res puest as a gr u pos de problemas . en pa rt e. Hay muchas área s de in terés que han qu edado fuera del libro de ruta. particularmente en el cap üul o prim ero. la ela bo ració n de un an álisi s totalmente objetivo es intelectual m en te una entelequ ia . Elec tivame nte. a m enudo h e aport a d o citas de au to res «a teó r ico s» declara dos y las he com en tad o para se ñal ar las teorías y presuncione s implícitas en tal es text os. la in tención es in struc tiva y n o eru d ita en un sent ido res tringido. confío qu e lo que van a encontrar aquí les sea de ayuda . ha sido dar a entender q ue lod os los a rq ue ólogos u tilizan la teo ría . Collin gwood se ñal ó co n relación a la historia de la filosofía . los puntos de vista más parci ales y ses gados sobre cualq u ier tema académi co acostum bran a provenir de aquell os qu e a bierta ment e proclam an que su posición es neutral. G. Esté en lo cierto o no. Distintos arque ólogos q ue hacen arqueología práctica y tr a bajan fuera de la universidad m e han informado de su int erés po r los deba tes teoréti cos y de la importancia de los mi sm os para su trabajo. parecen cons us ta nciales co n el escenario te órico. Tal co m o R. si que remos entender el lugar que ocupa boy la teoría. Los estudi antes de la s tr es uni versidades m ere cen m i agra decimiento po r su s res puestas constructivas y enri- . así co rno ev itar u n tono informal o po lémico . es decir. las me tas y puntos de partida de la Nue va Arqueología aparece n más claros cu an do se contem pla n en térm inos del co ntext o intele ctual y p r ác tico de su m om ento. Con tod o.(CA. que . hay que recordar que ell o no sign ifica qu e ciertas posiciones no deban salir inm u nes a la crít ica . sin em bargo. Una de mis cu estiones clave. la necesidad de usar ejem plos prá cticos par a clarificar una cu esti ón teór ica choca con el deseo de evitar la percepci ó n de una crítica pe rsonal y desh o nest a . la mayoría de las po siciones tcorétic as emanan de la im porta ncia conced ida a det erminad os co n tex tos o prob lem áti cas. Los op on entes in telectuales de cada uno de noso tros no son tod os un os in ep tos charl atanes. só lo se abarca la arq ueolog ía anglo-am ericana. El producto final creo qu e se sitúa . Todo ello puede ser muy válido en ocasiones. Este texto se basa en parte en notas tomadas al h ilo de las clases impa rtidas a div ersos cu rso s en las universid ades de Shcffield. inteligible en aquel co ntexto (véase ca pítulo 2). en pa rticular co n relación al tipo de arqueo logía qu e se hacía hast a ento nce s. dentro del ámbito . UNA I NTIH HH i('U Ú N I' R E h \ { 'I( ) 13 ric a que ati ende de entra da a la Nueva Arqueología y a la s reaccione s que susci tó. m ás o menos polémi ca s. im portantes tradi ci on es del pen samiento arqu eológico en América Latina . La ado pció n de un tono informal y la o m isión de referen cias deta lladas a pie de página es deliberada . as í. Pa ra dejar la idea clara y proporcionar eje mplos. Es obvio que el interés por la teor ía va de la mano de u n apasiona do convencimi ent o de su importancia y de la proxim idad a determinadas opini ones. objetivo de las diferen tes cor ri entes de pen sami ento o de sarrollar mi s propi os puntos de vista necesariamente po lémi cos. En m uch os casos las citaciones provenían del primer lib ro que tenía a mano .

y. otro s con gran e ind ign a prisa. sobre filosofía de la ciencia sirviero n para cla rificar diversos pun tos. También q u isie ra agradecer a la Un ivers idad de Dur ha m hab erme co nced ido tal licencia de es tu d ios y de fo r ma m ás ge neral po r a poyarme en mi ca m bia nte visió n sob re la arqueo logía a Jo largo de estos últimos siete años . C APiT ULO l EL SE NTIDO COMÚN NO BASTA La a rqueo logía p uede ser muy ab u rrida. Mi mujer Becky hizo co me ntarios a los s ucesi vos borradores . su h osp ita lidad duran te el tiempo que pasé en Califo rnia y po r hacer mi esta ncia allí tan provechosa y agra da b le. Más co nversaciones co n Chris TayJor. por lo qu e les pi d o discu lpas. ya no exis te. ¿Por qué ? Pod ríamos usar el di nero invertido en hosp it al es. Debo ci ta r tam b ién a la gen te qu e ha revisado el texto. Una de la s razo nes por las que no hacemos es as cosa s es po rque la arqueologta es algo muy importante .Y nos preocupamos por la pre ci si ón de in nú meros planos y d iagram as.la m e rite. a lgunos anón im os. m ás important e a ún . Segu irnos co n lo nu es tro com o siempre hemos hech o. Cada año ex cava m os m iles de ya c im ie ntos . los posibles er ro re s que pued an detect arse so n todos de m i responsa bilid ad . ten dvía m iras much o más es trec has y sería mucho m en os co mprens ible. Simon J am es. co rrigió el man u scri to final. y han opinado sob re el mi smo. aunque sé que ella ya tien e a l res pecto su s propias te orí as . sin ta les a poyos. Marcia-Ami Dob re. cuyo mej or trabajo ya tiene más de veinte años. dem asiado numerosos pa ra menciona rlos a todos aqu í. El libro fue en parte co ncebid o mi entr as realiza ba una esta ncia en la Un iversi dad de Ca lifo rn ia en Berkcley co mo in vest igador invita do durante la primavera de 1995. m e a poyó em ocio nal e intelectualme nte en todo momento.14 TEORÍi' ARQUEO LÓG. se co mpo rta ro n con m igo pacientem en te. Jim Hil!. algunos con paci en ci a dolor osa hasta em bo rra. Antho ny Hard ing. L: N /\ I\: TRO DUCU ÓN qu eced ora s. Es tan poderoso que los yacim ien to s arqu eológico s . así corno po r cotejar largas listas de obj etos para llen a r con ellas una mi crofich a q ue m uy pocos llegarán nunca a co ns ulta r o usar. En retorno .lCA. este libro nunca hu biera vist o la luz. Algunos estud ian tes de Durha rn quizás se recono zcan en los di ál ogos r eproducidos en a lgu no s de los ca pítulos. Cr is tine Hastorf. de la em presa ed ito ra . Quisiera agradecer a Meg Co nk ey. Margot Win er y otros m uch os m ás. Dentro del Dep art amento de Arqueol ogía de la Un ivers idad de Durham. Gracias a to dos . Dom ini c McNa mara m e proporcion ó la ci ta ció n de Fouca ult del ca pítu lo 6. Es tan poderoso que un a nació n ente ra (Zim babwe) pu ed e tomar el no mbre de un yaci m iento arqueo lóg ico . o qu izás desvia r parte del d inero para escribir una versión más en tretenida . d iserta sobre lo que fue enco ntrad o en la ca la 4B. A va rios kilómetro s del resta uran te o el a lbergue m ás próxim o intentamos In ost rarnos intere sad os mien tras la lluvia cae a cántaros y algún a fa mado profeso r. Ch ris Tilley y E lisa beth Brumfiel. pero es algo m uy podero so. Cada a ño prod ucimos m iles de int erminables e insul sas m emor ia s de excavac i ón . El pasad o ha muerto. Si tuviéra mos in qu ietudes ide ológica s muy serias q uiz ás crearíamos una brigada internaci ona l para luchar a favor de la liber tad en a lgu na parte. David Johnson. sin em bargo. Cada una de esas a lte rnativas tiene su atractivo pero nosotros 110 hacernos esas cosas. es pero qu e este lib ro le acl are por qué los arque ólogos constituyen un ramillet e tan peculia r de seres humanos . Cada a ño pasamos u n fr ío que nos llega a los tu éta nos o s om os comid os a pico taz os po r los insec to s mi entras visitam os un montícu lo poco atracti vo s ituado en m ed io de la nada . Paul Ever son y David St ock er si rvieron para info rm ar la d iscusi ón so bre Bodiarn del capít ulo 10. penosa y pesada físicam ente. sentados en una te r raza mi entra s tom am os el sol. an im á ndome en to do mom ento y a pareciendo siem p re a p unt o para pro porcio narme cualquicr tip o de ayuda . Sam Lucy y Martin Millett leyeron el primer borrador y reali zaron co m entarios IT1UY o portun os . Joh n Davc y y Tess a H arvev. pues to q ue sin sus com entarios la obra serí a m ás d ogm áti ca. Ro bert Prcu ce l y lan Hodder revisaron el últim o bo rra do r de for m a pro fun da . E n este ca pít ulo incluyo especia lm ente a Rand y McGu ire. Colin Haselgrove. Algunas con versaciones con m i p ad re.Y fictici a sob re el pasado. Helena Harnerow. C.

como teoría y m étod o es tá n ínti mam en te rel acionad os. qu izás ha n de sep ararse si la arqueo logía qu iere ser u na discipl in a rigu rosa ca paz de co ntra star sus teo rías co n la inform ac i ón o bte nida de la excavación. Ex iste un desacu erdo acer ca de si deter minados co nce pto s hay que consider a rl os «teo ré licos » o si. S ient o entrometerme. Es evidente en este eje rcicio q ue se presu ponen ciertas ideas o teor ías acerca de la natural eza de la cs tra t íficac íón soci al (que la es ca la socia l se re flejará en el trata m iento q ue el cue rpo del di fu nto recibe . la teoría cu bri rí a los motivos que nos impulsan a sele ccion ar un de termin ado lugar para excavar y el m ét odo la man era en que 10 hacem os . se podrían citar teorías gene rales rel acionadas co n la evolució n social y biológica . pue sto que di stint os pu ntos de vist a ico r éü cos defin en «te orí a » de manera disti nta . en ca m bio.). hubiera aprovech ado m ejor el tiempo CO/1 ol ras lecturas. o problemas asoci ados a la form a de co n trastar las hipótesis formu ladas o in cluso debatir sobre cómo hay qu e int erpretar los camh ios es tilísticos o decorativos observados en los objetos. Podríam os pensar en un sentido estricto qu e. Pod rí am os utilizar el m étodo de co mparar tu mbas «ricam ente . mu chos arqueólogos pensarnos que es ta d ivisíón tan element a l es demasi ad o pobre. ctc . aunque personas co mo Roger se pueden enco ntrar en cualquier parte. Es tan poder oso que inclu so gru pos de obj et os pa rt iculares com o los fragmentos del fri so del Parte nón co nstituyen el argu m ento de importa nt es di spu ta s intern acionalcs . pero toda esa discusión sobre la teoria y el m étodo demuestra claram en te. el eterno empírico. La teoria es irrelevante CO Il relación a la práctica de la arqueología. comprens ibles fuera del a \ca nce de la teoría.E l. Así.el es tudi o del pasado a través de sus restos m a wli ales. qu e los bienes mat eri a les se di stribu yen de forma desigu al dent ro del colectivo socia l y q ue ello es tá relacionado direct am ente co n la desi gualdad social. y el uso de m ét odos estadísti co s co m o pro ble mas «teoréti cos». así como el context o so cial y cultu ral de la arqu eología . se tra ta d e mer as adaptacio ne s técnicas o formas de trabajar. A Rogel' le gusta ver y tocar cl m aterial que sal e de una excavac ió n y le en canta dis cu tir acalorad am ente co n su s cole gas sob re cuestiones . Mientras tanto . La prcgunta «¿po r qué hacem os arqueolo gía?» se relacion a nccesali am en te con la pregunta «¿por qu é la arqueología . Por Jo tanto. És te es un deba te sobre el que se rá necesa r io ret ornar e n el ca p ítu lo 4 .\ 17 16 T EORí A ARQCEOLÓGLCA. si la teoría cubr e el «porqué ». Qui zás la teoría y el mét od o son la m ism a cosa y no pued en se pararse. só lo hay que utilizar el sentido com ún. de nu est ra iden tidad ¿q u iél1CS SO lJ10S ? Y es ta s cuest ion es son to d as teór icas. Antes de en trar en la universid ad ya realizó algunos trabajos de au xiliar de excavación y cola boró co n un museo . la est érilv aburrida qu e es la teoria. co ns idcran la es tratigrafía . Para dar un eje m plo de las rela c io nes ent re teo ría y método po dríamos exa m inar di ferent es métod os de in vestiga c i ón de la es tra tifica ción soci a l a partir del regis tro arqueológico .provistas de ofrendas. Usted se ha perdido en defini cion es y semántica s in habe r mencionado Wl solo hech o cml creto acerca del pasado. Unos. y ello nOS co nd uc e otra vez a la cuestión del «n osotros». en Inglaterra. pu esto qu e. se trata de Roger. Las diferentes defin iciones no pue den se r exploradas a fon do sin previam ente explicar tales puntos de vista. las técn icas de e:<cavación Y registro. Estas ideas son en sí m ism as de nat ural eza teórica .es tan im porta nte para nosotros?». Seguramente ta m bién se referirían a la problem ática de la int el1Jrew ó ón . Forzosam ent e deberé volver a tratar est e tema en el ca p ítulo final. La mayoría de los arque ólog os es tarían de acu erdo en qu e la forma de interpretar el pasado imp lica as pectos teoréti cos en un sentido amplio. mi en tra s qu e o tros los consideran simplc ln entc cuestiones "p r á cticas») o «técn icas». Definiciones de «t eo ría» "Teo ría» es una pa labra difí cil de definir. CNA II\TR OD UCCl Ót-: h an de ser vigilados por la po licía para expulsar de ellos a los i LJtrusas. se ñalaremos qu e muchos arq ue ólogos incluirían dcntro del alca nce del fa concepto de teoría las 'llut ivaciolles de la práct ica de la arqu eolog . co n tu mbas senc illas sin apenas decora ci ón . Por e jemplo . S E NTI DO lOJ\1l JN N O B/\ ST. el m éto do o la m etodología cu bre n el «cóm o» . Sín em bargo. (Roger es u n alumno de la Universidad del Nort e. Roger se apas ionó por la arqueología cua ndo era ni ño recorriendo los luga res co n ruinas de castillos de su co marca y vis ita nd o muchos otros yaci m ien tos arqueoló gicos. Empiezo (/ pens ar qu e ojalá 110 hubiera em pezado a leer este libro. " Ah. por ejem plo. La teoría y el método a menudo se confun den . en vez de ava nzar aquí una definició n co mple ta de teoría la po spond" é hast a el últim o capítulo.

o La arqueología es un instrumento de la rcvolución cultural que ayuda a en1ancipar a la gente de las ideologías represivas. ni tiene que ver con el sentido común.imoriios son «residuales» o que fueron abandonados durante un período anterior.:. la gente que trabaja en otras disciplinas. pero otro hecho -una datación del año 750 de nuestra era a partir del estudio de los anillos de crecimiento de los árbolespuede sugerir que aquellos test. Ahora que está en segundo año le ha tocado hacer una asignatura de teoría. Cuando así obramos usamos. La comunidad profesional de arqueólogos respondió al unísono que se trataba de un disparate. serias . El conocimiento del pasado favorece un mejor entendimiento del futuro. Esto no cambia el hecbo de que cada aYgunlento es una proposición teorética que necesita de justificación. Nuestra audiencia (los demás arqueólogos. por ejemplo: • El pasado es intrlnSeCanlente importante. queramos ü no.. el «público en generaL» precisa tener una idea clara de nuestra parte de por qué nuestra investigación es importante. Verdadcranlente. del valor que tiene escucharnos. aunque a 111uchos políticos les gustaría que lo viéramos de otra forma. • Necesitamos conocer de dónde venimos para saber adónde nos dirigimos. NECESITAMOS COTEJAR UNA INTERPRETACiÓN DH PASADO COi' OTRA. Un buen ejemplo de la insuficiencia del sentido común a la hora de decidir entre una explicación floja y una explicación sólida en arqueología proviene de las debatidas «líneas de conexión». por ejemplo. Ninguno de los argumentos reseñados es evidente por sí mismo. El sentido común indicaba que los pueblos prehistóricos. qué grado de importancia adjudicarnos a las diferentes pruebas de las que disponemos.) Si alguien quiere saber por qué la teoría es perLinente con relación a la práctica arqueológica.¡A INTRODUCCIÓN 19 como las técnicas de seriación. U. pocas cosas en el mundo son obvias si se exan1inan de cerca. N~CES1TAMOS JLSTJHCAR LO QUt' HACt'MOS 2. Watkins sugirió que estas líneas representaban vías de comunicación prehistóricas. Existe la probabilidad de que se discrepe por lo menos en uno de jos argumentos precedentes y se esté completamente de acuerdo con.. parece que aquello que tanto le apasiona ahora se le cae de las manos. criterios teoréticos para decidir qué hechos son importantes y qué otros no lo son tanto. otro. fueron desautorizadas y su trabajo considerado el propio IL . El sentido C0111Ún puede sugerir. En la práctica.'-'1ÁS SÓLIDA 1. al menos. Puede haber miles de pedazos de cerámica que daten del primer milenio antes de nuestra era en un yacimiento. quizás mejor que me siga mientras examino cuatro posibles razones. ¿La gente que vivió en este lugar eran cazadores-recolectores o eran alienígenas procedentes del planeta Zog? ¿Cuál es la interpretación más sólida? Es imposible decidir cuál es la interpretación más sólida sólo a partir de la base del «sentido COllTÚn)). PARA DECIDIR CUÁL ES LA . por lo que necesi tamos saber del mismo por sí mismo. La arqueología sustenta en parte su credibilidad intelectual en su capacidad de distinguir entre «buenas» y «malas» interpretaciones del pasado.Y sinceras.18 EL SE\J']'IDO CO. cada día de trabajo como arqueólogos nos toca decidir en qué orden colocamos los hechos que tenernos. dc hermenéutica y de postestructuralismo. o Sólo la arqueología aborda la profundidad temporal necesaria para generar generalizaciones interculturales acerca de los procesos culturales de largo a\cance. Hay mil posibles respuestas a ese reto de la justificación. que aceptarnos la explicación que abarca al mayor número de hechos.I'\llLN ' 0 IJAS']'l\ TEORíA AROlJEOLÓGICA. Watkins estaba convencido de que con su libro hacia una auténtica contribución al progreso de la arqueología) pero sus investigaciones. Estos trazados fueron descubiertos por Alfrecl Watkins en los años veinte cuando observó que muchos vacimientos arqueológicos antiguos en Gran Bretaña podían enlazarse mediante líneas rectas. La hipótesis de que los lugares arqueológicos antiguos se asentaban a lo largo de líneas rectas pudo ser fácilmente probada a base de trasladar a un mapa estos antiguos monumentos y trazar unas rectas entre ellos. que vivieron miles de años antes de inventarse la escritura y establecerse las bases de la geometría. Con la cabeza llena de fraseología accrca de la teoría dc alcance medio. de por qué valc la pena financiar1a. eran demasiado primitivos como para trazar sobre el paisaje tales sofisticadas guías. que requiere ser debatida antes de darla por aceptada o rechazada.

1.) De form a sim ilar. No Dicho ele o tra manera . Por lo tanto. La m oral eja del deb ate sobre las líneas de co nexió n e nseñ a que lo que di stingue una explicación floja de una de sólida no es una simple cu estión de «sentido co m ún ». Como verem os en el ca pítulo 8.-'I : r 1I)f) ( . Com portá ndose de es ta forma.an en su trabajo ..1 Ouestion qu e a na lizó estadísticam ente tales posibles lín eas y mostró que la densidad de Juga res arqu eo lógicos sobre el paisaj e bri tánico es tan alta que cualquier posib le línea trazada en cua lquier parte. j uici o que a s u ve z descansa sobre criterios pro venientes D EB EM OS SER MUY Cl. Se trata de una re gla básica de todo di scursos aca dém ico . de qu e él no está particularm ente interesado en la teo ría . Au nque no hace falta añ adir qu e nunca podrem os ser com plet amente explíci tos acerca de la t eoría. Po rque. decía que tod os los científicos de cualquier d isciplin a n ecesit an ser m uy co nscientes de las p resunci ones que realizan si quieren de verda d ser productivos. debem os ser mu y abiertos sobre nues tras razones. los criterios de pu blicación que dete rm ina n el peso relat ivo y el ord en adjud icados a los informes sob r e ce rám ica y sobre o tro tipo de tes tim onios en un a monografía de yac im ien to dependen de un juicio so bre lo qu e es m ás sign ificati vo del y acímiento. Las lín eas de co nex ión no existen . Fue dem ost rado por Tom Williamso n y Liz Bcllamy en el estu dio Ley U nes ¡. pret endi endo así esco nder del exa men cr ít ico las p resunciones teorét icas que utili za n .\ ST !\ ' . El rn ás lento auxiliar de excavación.20 T EOR ÍA AROUEOLÓ GJCA. Lewis Binford. a l m enos en el mundo anglo-a mericano. pero no por ello deja de ser tcoría . Más aú n. aunque mu cho s de es tos ú ltimos en mascare n su s a pr iorismos teoréticos co n la etiq ueta del pragma tismo o del sentido común. NOS GUST/. UNA 1:<T ROD l" e C1Ó. aunque no siem pre es seguida. nece sa riamen te tropicza co n un ci er to nú m ero de ya cim ien tos . teorías. dc nucsr n ». no pOI' ello no d e- hem os int entarl o. debi endo hacer u so de sofis tica dos m étodos estadíst ico s. hoy día . cua lq uier arqueólogo que nos habl e de que su trabajo es ajen o a la teoría. n uestros pu ntos de vista y nuest ro s prejuicios y no pretender disimularlos o a fir ma r que no existen .' o NO 4. lM l 'N r\ () H. o de qu e él hace arque ologfa «a u téntica» po r op osición a la arque ología de lo s «teóricos de moda ». la tradi ción de los busca dores de líneas de co nex ión co ntinú a viva entre lo s círculos ( alternativos» que nnran con recelo a los arque ólogos profesiona les. ideas y presu ncion es. (La teo ría pu ed e h a berles sido impuesta por el director del proyect o o po r la en tidad patrocinadora del proyec to ." 1. siempre hay algu na cos a de vagam ente femeni no (y por lo tanto im plícitament e con sidera- .'\J 21 de un luná tico que se sitúa en los m ismos lím ites de lo que es la verdadera arq ueologfa. prejuicios y nuestros a pri o ris m os. una personalidad sobre la que volverem os a habl ar en el capítu lo que sigue. . A WilIia m son y Bellam y. Éste es el pun to clave . TENEM OS «~ECE smA D» DE LA T EO RÍ A. co nce ptos. El cri terio original b asado en el sentido co mú n qu e utilizaro n lo s arqueólogos pa ra desautorizar las tesis de Wa tkin s no ca be d uda de que no era válido . YA QUE E N REA LI DAD LA USAM OS Sl EM PRE. En su tiempo. Cualquier person a que man eje una pal a en u n ya cim ien to se fía para real iza r Sil trabajo de las teorías q ue ha bla n de los ca m bios de color Ji textura del suelo y de la estrati grafía . Quisie ra argüir que s i queremo s realmente com pren de r q ué es lo qu e alimen ta el deba te de las lín eas de conexión debe ríam os fijarnos en la tr adicion al división de la a rq ueo logía británica entre cla ses de arq ue ólogos. rea lm ente no dice toda la verdad. sostengo qu e es tos arqueólogos evitan la r esponsa bilidad qu e les afe cta de dej a r claros los fun dam en tos in telectual es de su tra bajo. 3. el m ás despistado ayudan te técn ico de lahoratori o. todos son unos teó ric os en el se n tido de qu e tod os uri liI. probar el error les co stó un enor me trabajo. Ex isten tantos teóricos C0 l110 arqueólogos . todos sa m a s un os teóric os. AROS EN NUESTRO TRABAJO DE ARQUEÓLOGOS Es deci r. Wat kins fu e tild ado de vu lgar amateur. Hoy está cla ro que los pueblos prehi stóricos podían haber sid o perfecta m ente capa ces dc reali za r tra zados de es te tipo. la prác tica arqueológica está asociada a noc iones de género so bre lo que tien e valor o no lo tien e. el m ás ab urrido limpi ad o r de cerámicas . Algu no s a ut ore s po steriores retomaron sus tesi s y las ampliaron sugirien do qu e las líneas esc o nd ía n un sig ni tlcado religioso y un poder mí s tico. la pret ensión de ser a teóri co es un inten to de im poner una es pecie de m achismo en la práct ica arqu eológica . el texto más descripti vo o la mem oria m ás seca ta rnbi én son teoréti cos .

No vaya d iscutir ahor a acerca de si la información . puedan aplica rse a Gra n B ret a ña ro m ana s in más explicacion es . pero en cualq uier caso son de n atu ra leza teorética . los hech os pcrmanccen co mpleta mcnte m udos . existe indep endi entem ente de la teorí a . Las fra ses que acaba mos de leer. sea n im plí citas o explíc itas .22 T EO ¡Ú A ARQ UE( j l. y a parecen en largos list ados de datos. o Es muy ha bit ual enc o ntrar un gran nú m ero de fra gm entos de pipas de cerámi ca en los yacimi entos po sterio res a 1500. en Dorset. o La Edad del Bro nce preced e a la Edad del H ier ro. L N A I NTI{( ) OI ICCl Ú N 1·:1 . qu e sólo obtien en su sen tid o m od ern o hacia finales del siglo XVJlI ."l do de segund o ra ngo) en el habl a r de . (Alcoc k. «tienen sentido » y que (esperamos) ta m bién lo ten gan pa ra la gente en gene ra l. Y tal es Un a prim era presu nci ón ieoré tica que o bservam os en es te texto es que ideas co rno «t rans acci ón » o «vida co merci al» . :-. en Francia . o En e! cañón de El Chaco las aldeas se co nstruían antigua mente usa nd o la piedra co mo materi al. ello deb erá ser objet o de deb ate en tre los espccia lis tas del p erí od o. o En el cas tillo dc Ma idcn . es el conjunto de regla s qu e usamos para transforma r los hech os en rela tos co heren tes so bre el pa sad o . sin teo ría . Una muest ra: veamos algunos de estos hech os inco ntestables: o El vaso qu e so st engo tiene 600 a ños. claro está . Por supu es to que reco nocem os qu e «actividad co mercia l» es una figu ra teo rét ica m en te mucho más co mp lcja. Esta ria dispuesto a conceder que todos a co Stll l71hra m D.L N T I I H I ( '(I I\H I\: NO BA STA 2. Veamos qué hace realmente : A tal [ i n he escogid o el sig uiente tcxto : Es im po rt a nte su braya r que la cultura romano-bri t áníca se basó en un a eco no m ía mo ne taria. Lo que nos hace arqueólogos.pa ra en tende r el senti do de la frase. De ello se siguc q ue el a uto r del texto es pera del lecto r q ue u tilice s u experi cnci a m od erna so bre tra n sa cc io nes y vida co merc ia l . a una explicació