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M Al 1111 W JOI1NSON e s pr of e sor

do Anur eotogta en la Ilurham . Ha ejercido

de She ffie ld y SI. David en Lamp eter. Aclualrnente se dedi ca a la arqueol ogía nuxlieval. fun dam entalmente cast illo s do la baja Edad Media en Ingl aterra.

Univer s idad de en las Universidades

Otros títulos de la colección:

José Fernández Arenas

Introducción a la conserva ción del patrimonio y técnicas artísticas

Josep Ball art

El patrimonio histórico y arqueológico:

valor y uso

Emilio Cabrera

Historin de Bizancio

lgnacl n Bar andiarán, Bern at Marlí ,

Mmía ÍI . del

Prehi storia

Rincón, José Luis Maya

de la Península Ibérica

Manuel Antonio Castiñe iras Gon zález

Introducción al método iconográfico

11m r y Lord y G a il D exte r

L ord

M

illlllill rlo J;vstión de

muse os

""f~" Jllill' I llOil . Jo s l, Alherlo lIilchillor,

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Teoría

arqueológica

Arie!

ArielHistoria

Matthew Johnson

Teoría

arqueológica

Una introducción

EditorialAriel, 8.A

Barcelona

Diseño c ub ie r ta: Nacho

Soriano

T itu lo origi nal:

Arcnacotogica! Thearv. Anlntroduction

lD 200 0 : Matthcw

Johnson

Traducción de

J OSEl' B .\ l L \ RT

l

o' e di c ión: j u n io

2 000

Derechos exclusivos de edición cu español reservados para todo el rnumlo y propiedad J.;: la traducción:

ID 2000 : Ed ito rial Ar ic l. S. A. Provencn. 260 - 0800S Barcelona

ISBN: 84-.144 -6623-6

Depósito legal: B. 22 6J i - 2000

Impresoen España

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de la cubierta. puede ser reproducida. alma cenada Ounn snutid a

<.:11 manera algun a ni por n ingún medio, ya sea eíécwico.

químico , mecánico, optl co. tic gr:l.bción o

sin permiso previo de l editor.

de esta publicación . incluido el diseño

de fotocopi a.

Para Jo que aprendió a apreciar la teoría

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

Quisiera agradecer a Editorial Ariel por su traducción al espa-

1101 de Teoria Arqueológica, y por ofreccrnlc la oportunidad de diri

girrnc a una audiencia mucho 111ás extensa. Cuando recibí la noticia de que Editorial Aríel estaba íntere- sada en traducir mi libro, lo volví a leer pensando en el público es- pañol y Iatinoamer-icnno l'vIc sorprendió cornprobnr que mientras que las inquierudcs que reflejaba respondían a las preocupaciones de! conjunto del pensamiento arqueológico, e! lenguaje utilizado y los ejemplos dados se circunscribían al espacio angloamericano

Ello es debido en parte a la forma como se concibió el libro. Cuan- do empecé el trabajo, I11i intención era realizar una introducción a la teoría arqueológica desde las islas, destinada al lector británico. NIi editor acertadamente lTIC persuadió ele que abandonara una perspectiva tan limitada y procurara ampliar e! alcance del libro con el fin de cubrir también las aportaciones y puntos de vista de la arqueología norteamericana.

La bibliografía que se incluye al final da cuenta de la existencia de los 11115n105 fundall1entos teoréticos entre la arqueología españo- la, la latinoanlericana y las demás tradiciones. En los últimos a110S se ha insistido en la necesidad de alentar perspectivas «europeas» y «mundiales» C0111UneS en el pensamiento arqueológico. Por 111i parte apruebo este punto de vista y espero que vaya a más. Sin ern bargo, existe una cierta tensión entre el deseo de ser «globai» y la necesidad dc ser sensible a las realidades locales y sus tradiciones. Muchos de nosotros enfatizamos la necesidad de comprender de- terminados contextos culturales específicos en el pasado antes de procurar establecer generalizaciones; cosa que es tan cierta con respecto al análisis de la arqueología en el presente, como con res-

6 TEORÍA ARQUEOLÓGJCA.

UNA INTROIHJCUÚN

pecto al análisis dc las sociedades del pasado. Las tradiciones re-

gionales y nacionales de la investigación arqueológica se nutren de

tradiciones intelectuales distintas y se enmarcan en contextos di- ferentes por lo que requieren ser discutidas por propio derecho. No creo, por ejemplo, que tradiciones del pensamiento arqueológico en la Europa continental o cn América Latina puedan o deban ser fácilmente asimiladas a categorías del pensamiento arqucológico

angloaITIcricano tales corno la arqueología «procesuah y «postpro-

cesual».

En el prefacio de estc libro sugiero quc cualquier guía para la

teoría es como un «libro ele ruta» en el que el terreno descrito es el mismo, pero sobre el que se pueden tornar rutas alternativas que varían de acuerdo con las preferencias del autor. Si tuviera que es- cribir una introducción a la teoría destinada a las audiencias espa- ñola y Iatinoarnericana. el ámbito teorético que cubriría no variaría snstancialmente; sin embargo, modificaría el trayecto en tres áreas.

En primer lugar en el apartado en quc examino la arqueología en su contexto social y político, abordaría de forma más extensa las relacioncs entre arqueología y nacionalismo. Pienso que el de- sarrollo de la arqueología está entrelazado en todos los países con las inquietudes nacionalistas. Creo que uno de los desarrollos más interesantes del pensamiento arqueológico dc los últimos tiempos ha sido la predisposición de los arqueólogos a examinar de una Iorma honesta, humana y autocrítica estos lazos. En segundo lugar trataría con más extensión las diferentes tra- diciones del marxismo. Ni que decir tiene que el corpus teorético que conocemos por «arqueología sociallatinoamericaml» requeri- ría por lo menos un capítulo entero. También dedicaría más aten- ción a las relaciones entre las distintas tradiciones del marxismo. Los debates entre las diferentes escuelas marxistas a menudo se hacen en paralelo a debates que ocurren fuera del mm-xismo. por ejemplo, el debate que enfrenta al entorno medioambietltal con la lucha dc clases como motores del cambio cultural .Y social.

En tercer lugar serían examinadas COIl 111tldH) III;\S ddalle y cri- ticadas más extensamcute tanto la «¡¡H1IIl'O!o}l,i;1 lr;ldiciol1al» C01110 la «historia cultural». La historia cnluu.rl ~i",lll'Cll'11P;llldo un lugar de privilegio en gran parte de \;\ ;n-qtll'C dOj',I;' l'sp;lllola y latino- americana de modo parecido;, 14) (11W 1)('11111' ("()Il 1;1 arqueología británica medieval. La prilwip;ll ddlllllLllllit' ('scrihir sobre histo-

ria cultural corno cnr()qlll' (1"II(,till)

It",i(1t-

'11

d

hecho de que la

historia cultural ¡lO ;WqJl.l ',(1 1111,\)[.1 ll;lllll";dl'/.<.l tcorctica. El his-

J'I{O!,O{;() A l.A FIHU()N

1':SI'A:'\OLA

7

tariador cultural dice: «No soy un teórico; sólo describo, clasifico y organizo la información que obtengo de acuerdo con el método tradicional». De ahí que gran parte de lo que se clice en el capítulo 1 acerca de estc tipo de afirmaciones es particularmente pertinente. He aprovechado la oportunidad de añadir una corta introduc- ción bibliográfica a este prólogo, proporcionando bibliografía co- mentada que cubre este y otros temas en la literatura española y latinoamericana. Agradezco a mi colega en Durharn, Margarita Díaz-Andreu, su ayuda al aconsejarme sobre la misma, aunque hay que decir que si hubiera errores son de mi sola responsabi- lidad. En la bibliografía comentada y en la bibliografía genera] pueden encontrarse los trabajos editados en inglés sobre todos es- tos temas.

Durham, England, abril 2000

MATTHEW JOHNSON

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H ; l ll l'

tlJ

,

eje

rio r d e Investigaciones Cientí ficas, Fuu dnciou ( '111[ \ \ 1;11

P REFACIO

LAS CONT RADICCIONES DE LA TE ORÍA

Es te libro es un ensayo in troductorio so bre teoría arqueológi- ca . In te nta explicar a lgu na s co sa s sobre q ué es «teoría », so br e s us relacion es con la práct ica arq ueológica , sobre cómo se ha desarro-

llad o la te o rí a

arqu eo lógic a d ura n te la s ú lti ma s d éca d as, .Y so bre

cómo e l pe nsamiento arqueológi co se rela ciona con la teoría en el

c o nj un to

d e las cie nc ia s

hu ma na s .Y

el pe nsamien to e n ge n er a l.

Den tro y fu era de la a rqu eo logía hay m ucha gen te a la que la

palabra «teor ía» les suena mu y mal.

rra se ganó u n ap lauso casi general cua ndo cond en ó a los «teóri-

El príncip e Ca rlos de Inglate-

cos d e

m od a » d el mu ndo d e la ed uca ció n; sin em ba rgo , n a d ie, in -

cluid o el mismo príncipe, pareció enten der cla ra mente a qu ién se refería . Hace pocos a ños , estando de visita en u n yacimien to ar-

qu eol ógic o, a un a s ugere

ncia de

m i p ar te

se

m e r es p on dió co n ri-

sas y co n es tas pa labras: «és ta es la típic a indicación de un teóri -

c o». No re cue rd o a na die q u e m e e xp li ca ra p o r q u é m i su ger e n cia resulta ba tan abs urda, pero cua ndo vis ité d e n uevo el yaci miento al añ o sigu iente resultó qu e la es tra tegia ha b ía sido adop tad a . En el m undo a nglosa jón en particular parece que la teoría es algo que levan ta pro fundas sospe chas. En Inglat erra, la cultura po pu lar

sostien e que ser llamado intelec tual

de qu erer ro bar la m ujer de a lguien (as í de sexista ). La teoría , lo

"políticamente co rrecto» y ser extra njero, son tres cosas ca nd ida- tas a ser conte mpladas, al menos en el mundo de ha bla inglesa,

con gra n hostilidad . En

gunas de las ra zones qu e suste ntan tales comporta mientos. Al mism o tiempo, sin embargo, la teoría goza de creci en te p o- p ula ridad .Y es vis ta co mo a lgo cad a v ez m ás im po rta nt e, tan t o dentro co mo fuera de la arq ueología. Valentin o Cunnin gham r e-

es convertirse cn sospecho so

el capítulo 1 dedicaré un as p áginas a al-

10 T EORíA A K UUEO!.< )(; ICI\ . U N A INT IHJl H JCU Ó N

cientemcn te come nta ba en el su plemen to de educación del di a rio

Tim es q ue lo s t e óricos a cad é m ico s c o nstitu ían «un g rup o e n as - censo, engreíd os, co nfiados en sus credenciales a cadém icas , con el p u esto de tra bajo asegu rado y co n un a lto pres tigio in telec tu al ».

«éxito » de la arqueología teó rica; pu-

d iéndose ci tar la frecue ncia de sim posium s sob re cu estio ne s teóri - cas co mo parl e del program a de los principa les co ngresos sobre arqueología, co m o los que organiza la Sociedad Amer ican a de Ar-

Hay varios ind icadores del

q ueólogos; o el éxito d e

Mic hael Sc hiffer co n sus p ublic acion es re -

cog idas en Advances in

Arcliacological

Me/Izad an d Th eory, Un

in -

di

cad or especial m ente signi ficativo es

el impact o creciente de

las

co nvocator ias del Grupo Británico de Arqu eología Teórica (TAG). Est e grupo se formó hacia finales de los añ os seten ta como un pe-

q ueño taller de di scusión de los arqueólogos taña ; desde en ton ces sus co ngresos an uales

los más concu rridos de las Is las , dentro del á mbito de la arq ueolo- gía, con par licipación de ge nte procedente de Euro pa y América

del Norte. Los congresos de Durh am y Brad fo rd , en I 993 Y 1994,

re spec tiva me nte, Ilcgaron pantes . Es verdad qu e m uc has

en esos en -

cuentros no m erecen el calificativo de «te óricas»

ios que allí ac uden lo hacen movidos s ólo por la aureola de «infa-

m es » qu e los del TAG se han ga nado. Hay qu e conceder tamb ién

que el ni vel de im pacto del TAG Yla intluencia q ue la «teoría » eje r-

ce so bre el mund o real de la práctica arqueológica es, sin em bar-

go, discutible . Al fina l de este libro explicaré m ejor m i pun to de vis- ta personal acerca de si el ava nce d e la teoría de los ú ltimos tiem - pos ha cread o un a d ivisión cada vez m ás artificial de la act ividad arqueológica entre un a «arqueolog ía de orien tación cient ífica » y

de vista ya fue alim enta do por Lew is

Binford hace quince años en su obra In Pu rsu it o( th e Past ( 1983a:

a reunir cada un o a m ás de 650 partici -

teóri co s de Gr an Bre- se han convertid o en

de las ponencias presentadas

y que muchos de

«lodo lo de m ás ». Es te punto

15- 16), con sus co men tarios sobre la arqu eología británica. A pesar de ta l crítica , los laboratorios de dataciones y me dio amb iente si- guen siendo financiados por el N ERC (Consejo de Investigació n de l Med io Natura l), mi entras qu e la arqueolo gía «humanística» o «cul-

tural» lo es por la Aca dem ia Britán ica y el Patronato de In vestiga -

ció n en Art es y

Humanidades. Los teó ricos, a menudo se s ienten

com o Casan d ra , co nsta nte mente o frecien do lo qu e entiend en

tie m po igno rados

co mo

profundas reflexiones y prediccion es y al mi sm o en todo momento po r los responsab les de tom ar

decisiones.

'

-

')

.

L/

I'I~l ' 1,.\ ( Il )

1I

Es te lihru ~c IIa ~:Sl'lj lo pa ra pro po rci o n ar a l es t udia n te un a in-

trodu cción , o bre a lgunas de las m ien to actua I so bre teoría de la

un a ohra in trod uctoria, es erila buscando la m áxima claridad ex-

pri ncipal es corrientes del pensa- arqueología. Es deliberadamente

lo posi ble la jerga cien lírica (a un que co m o lo qu e es claro y lo que co nstituye jerga no

está exe n to de problemas) . Se ha conce b id o com o un «lib ro de ru -

positiva y evitan do en verem os, juzga r sobre

ta» p a ra el estu dia n te ; est o es, in ten ta señ alar los

hitos ll1ÚS si gn i-

ficativos en el te rren o de la teoría, come ntar las relaci on cs entrc los di fe rentes corp us te óri cos y clarificar los fimd a mcnl os intelec-

tuale s de determinados

una guía

co m pre nsiva sobr e el tema, si ta l guía pud iera escribirse. Po r

m e- a rqu eo log ía d el eom porta m icn -

de Binford sobre el alcance

d io es

ejempl o, en el ca pítulo

soluto un a enciclopedia ; a penas es una déci ma parte de

puntos de visla . Po r lo tan to, no

4, la teoría

es en

ab -

enfa tiza da a exp ensas de la

to de Schiffe r; y cn el capítulo 7 los m odelos lingüís ticos so bre el sig nifi cado tienen m ás presencia q ue la moda actu al po r la feno-

leerse prest ando atenció n para lela a bibliografía comen tada y a l glosario.

de ru la, la ru ta escogida

aquí es una de las mu chas po sibles qu e podríamos toma r una vez aden trados cn el territo rio de la teo ría arqueológ ica, Pod ría haber

de dicado un ca pít u lo a cada un a de las posibles áreas tem áticas, a

menología , El te xto deb ería

las se cci one s dcd ieadas a la

Si gu iend o co n la ana logía del

lib ro

sa

ber: espacio , produ cci ón e in tercamb io, culturas, forma ción de

en

tida de s

est atales, etc, E n cada ca so se podrían ofre cer aproxi-

m ac ion cs

se contrad icen o se co mplementan para prod ucir distintas inter-

pr etacion es del registro arqueo lógico, De forma a lternat iva se po-

dría a bordar la cue sti ón sirvién donos de los di ferentes «ismos» :

distintas al tema para m ostrar c óm o di ferent es te orias

positivism o ,

fun ciona lis rn o,

m arx ismo,

cs tru ctu ra lis m n ,

postes -

truct ura lism o, fem inismo. Se trataría de se nderos mu y ra zona bles de se gu ir, qu e otros autores, por otra part e, ya han tomad o, E ste libro, sin embargo, opta por a bordar las rela ciones exis - len tes entre el pensa m icnto a rq ueológico y la teoría ge neral que

sustenta la vida in telectual.

te oréti cas específicas qu e los arque ólogos toman individu almente,

a dquier e n se ntid o den tro d e un con tex to más ge nera l d e ca rácter cultura l, socia l y político, así com o aca dé m ico. E ste libro prete nde ta m bién mostrar de fo rma más clara que en anteri ores ten ta tivas

las relacio nes

ad opt ado un a estructura a propós ito, Co n una aproxim ación h ist ó-

Persigu e m ostrar cóm o las opcion es

en tre teo ría y práctic a a rqueológicas , A tal fin se ha

12 T EOR I,\ .'\RO l JEO IÚ ( ;(CA.

UNA

I NTIH HH i('U Ú N

ric a que ati ende de entra da a la Nueva Arqueología y a la s reac- ciones que susci tó, para proseguir co n los debat es del m omento

presente,

Hay muchas área s de in terés que han qu edado fuera del libro

ruta. Por eje mp lo , só lo se ab arca la arq ueología an glo-am erica- na; im portantes tradi cion es del pen samiento arqueológico en América Latina, Asia , África y Euro pa co ntine nta l n o ban sido

d e

a bo rdadas . Una vez m ás , he de decir qu e so bre es tos lemas se han

realizado algunas sugerenc ias de lectura en el a parta do ded icad o a

la bibliografía co m en tada. Se ha di ch o más a rriba que este libro pretend e ser un a guía

para "el estudi a nt e »; me re fiero a estudi ante en un sentido amplio.

Di stintos arqu e ólo g o s q u e h a c en arqu e olo g ía prá ctica y t r abaj an

fu era d e la u niver sidad m e han inform ado de su int e rés por los de-

ba tes teoréti cos y de la importancia de los mi sm os para su traba-

jo. No cabe dud a de qu e hay u n núm ero importan te de ellos qu e se sienten alie nados por lo que para ellos es un exce so de pret encio-

sidad y un inn eces ario oscurantis mo, que, s in embargo, parecen

cons us ta nciales co n el escena rio te órico. Aunque personalm ente no subscriba este punto de vista, debo recono cer qu e es mu y habi -

tu al. Esté en lo cierto o no, confío qu e lo que van a encontrar aquí

les sea de ayuda. Al intentar examinar las d istintas perspectivas teoréticas he d u-

dado en tr e op tar por un a nálisis neu tro , obje tivo

cor rientes de pen sami ento o de sarrollar mi s propi os puntos de vis- ta necesariam ente po lémi cos. El producto final creo que se sitúa , au n a m i pesar, en un pun to interm edio entre am bos extrem os. Elec tivame nte, la ela bo ración de un an álisi s totalmente objetivo es

intelectualm en te

y ses gados sobre

nir de aquellos qu e a bierta ment e proclam an que su posición es neutral, distan te y desinteresada. Además, sería insincero afi rm ar qu e el lib ro ha sido es cr ito desde un a neut ralidad desinteresada. Es obvio qu e el interés por la teor ía va de la mano de u n apasio- na do convencimi ent o de su importancia y de la proximidad a de-

terminadas opini ones, m ás o menos polémi cas, dentro del ámbi to. Por otro lado, si que remos entender el lugar qu e ocupa boy la teoría, cualquier repaso a la extensa variedad de posic iones inte- lectu ales debe procurar ser razo nablemente co m pre nsivo con to- das las partes , Tal co m o R. G. Collin gwood se ñal ó con relación a la historia de la filosofía , la mayoría de las po siciones tcorétic as

d e las diferen tes

un a entelequ ia; los puntos

cualq u ier tema académi co

de vista más parci ales acostum bran a prove-

I' R E h \ { 'I( )

13

emanan de la im portancia prob lem áti cas; es decir, las

puest as a grupos de problemas , debiendo ser co mp ren didas co mo

vez de tratar de co ncederles una a pariencia intelectual.

Los op on entes in telectuales de cada uno de noso tros no son tod os un os in ep tos charl atanes, ni todos los compa ñeros de nu estra mi s- ma cu erda , una m aravilla de sabios. Con tod o, hay que recorda r

ell o no sign ifica qu e ciertas posiciones no deban salir inm u nes

a la crít ica . Por e jem plo , las me tas y puntos de partida de la Nue -

va Arqueología aparece n más claros cu an do se contem plan en tér-

m inos del contexto intele ctual y p r ác tico de su m om ento, en pa rti-

cular co n relación al tipo de arqu eo logía qu e se hacía hast a ento n-

ce s. Su énfasis e n In idea «ci encia» es, as í, inteligible en aquel co n-

texto (véase ca pítulo 2). Este tipo de observaciones ayud a a l es tu- diante a enten der los orígenes y el ímpetu qu e adquiri ó la Nueva Arqueología. Ello no significa qu e el programa de la Nueva Arqu eo- logía no conlleva ra problem as intelectuales y prácticos. La ado pció n de un tono informal y la o misión de referen cias de ta lladas a pie de página es deliberada , La intención ha sido ha -

que

ta les, en

conced ida a det erminados co n tex tos o creen cias filosóficas so n, en pa rte, res -

m ás claro s los a rgumen tos y facilitar la lectura . Mu ch os au to- res «académi cos » hemos sid o advertidos de la necesidad de a ban- donar el uso de la primera perso na en nu estros tex tos para apare-

ce r m ás n e utr ale s y d i sta nte s, a sí c o rn o ev itar u n to no i nform al o

po lémico . Todo ello puede ser muy válido en ocasiones. Aqu í, sin

em barg o, la in ten ción es in struc tiva y n o e ru dita tringido. Una de mis cu estiones clave, particularm ente

m ero, ha sido dar a entender q ue lod os los a rq ue ólogos u tilizan la

en un sent ido res -

cer

en el cap üul o pri-

teoría , qui eran o no. Pa ra dejar la idea clara y proporcionar ejem- plos, a m enudo h e aporta do citas de a u to res «ateó r ico s» declara -

dos y las he comen tado para se ñalar las teorías y presunciones im-

plícitas en

tal es textos. En m uch os casos las citaciones provenían

del primer

lib ro que tenía a man o . Debo puntualizar qu e las críti-

cas vertidas a prop ósi to de tales ejemp los no so n ataque s perso na- les a sus au tores . A veces, la necesidad de usar ejem plos prá cticos par a clarificar un a cu esti ón teór ica choca con el deseo de evitar la percepci ó n de una crítica pe rsonal y desh onesta. Este texto se basa en parte en notas tomadas al h ilo de las cla- ses impa rtidas a div ersos cu rsos en las uni versid ades de Shcffield,

Larnpet er y Durham . Los estudi antes de la s tr es uni versidad es m e-

re cen m i agra decimiento po r su s res pues tas constru ctivas y enri-

14 T E O R Íi'

AR QU EO LÓG .lCA . L: N /\

I \: T R O D UC U ÓN

qu eced ora s. Algunos estud ian tes de Durha rn quizás se reconozcan

en los di álogos r eproducidos e n a lgu no s qu e les pi do discu lpas.

parte co ncebido mi entr as realizaba una esta ncia

en

la Un iversi dad de Ca lifo rn ia en Ber kcley co mo in vest igador in- vita do duran te la primavera de 1995. Quisiera agradecer a Meg Co nk ey, Cr istine Hastorf, Marcia-Ami Dob re, Margot Win er y otros

m ás, demasiado numerosos para menciona rlos a todos

m uch os

aqu í, su h ospita lidad duran te el tiempo que pasé en Califo rnia y

po r hacer mi esta ncia

q u isiera agrad ecer a la

do tal licencia de es tu dios y de forma m ás ge nera l po r a poyarme en mi ca m biante visió n sob re la arqueo logía a Jo largo de estos úl-

timos siete años. Debo ci ta r tam b ién a la gen te qu e ha revisado el texto, a lgunos an ón im os, y han opinado sob re el mi smo, p ues to q ue sin sus co-

allí tan p rovechosa y agra da ble. Tambi én

Un ivers idad de Dur ha m hab erme co ncedi-

de los ca pítu los, por lo

El libro fue en

m

entarios la obra serí a m ás d ogm áti ca, ten dvía m iras much o más

es

trec has y se r ía mucho m en os co mprens ible. E n este

ca pít ulo in-

clu yo especialm ente a Rand y Mc Gu ire, Jim Hil!, Ch r is Tilley y E li-

sa beth Brumfiel. Ro bert Prcu ce l y lan Hodder revisaron el último bo rra do r de form a pro fun da . Dom ini c McN a mara m e proporcion ó la ci tació n de Fouca ult del ca pítu lo 6. Dentro del Dep art am ento de Arqu eol ogía de la Un ivers ida d de Durh am , Helena Harnerow, Colin Haselgrove, Antho ny Hard ing, Simon J am es, Sam Lucy y Marti n Millett leyeron el primer borra- do r y reali zaron co m entarios IT1UY o portunos . Algunas conversa- ciones con m i p ad re, C. David Johnson, sobre filosofía de la cien- cia sirvie ro n para cla rificar diversos pun tos. Más co nversaciones

co n Chris

fo

los posibles

p on sa bilid ad . Joh n

Davcy y Tess a H arve v, d e la e m p resa e d ito r a , se

co mporta ro n con m igo pacientem en te, an im á ndom e en todo mo-

10; sin em bargo, todos de m i res-

TayJor, Pa ul Ever son y David St ock er si rviero n para in-

rm ar la d iscusi ón

so bre Bodiarn del capítulo

erro re s que pued an detect arse so n

m ento y a pareciendo siem p re a p unt o para pro porcio narm e cual- qu icr tip o de ayuda . Mi mujer Becky hizo co me ntarios a los s uce-

si vos borradores , co rrigió el man u scri to final, y, m ás importante

a ún, m e a poyó em ocional e intelectualme nte en todo mom ento;

sin ta les a poyos, este libro nunca hu biera vist o la luz. En retorno . es pero qu e este lib ro le acl are por qué los arque ólogos constituyen un ramillet e tan peculiar de seres humanos , a unque sé que ella ya tien e a l res pecto su s prop ias te orí as . Gracias a to dos.

C APiT ULO

l

EL SE NTIDO COMÚN NO BASTA

La a rqueo logía p uede ser muy ab u rrida , penosa y pesada físi-

cam ente. Cada año ex cavam os m iles de ya c im ie ntos , algunos con

paci en ci a d ol or osa hasta em bo rra- la m e rite, o tros c on g ran e in-

d

ign a prisa. Cada a ño pasam os u n fr ío que nos llega a los tu éta nos

o

s om os comid os a pico tazos po r los insec to s mi entras visitam os

un mo nt ícu lo poco atracti vo s ituado en m edio d e la nada. A va rios

kilómetros d el resta ura n te o el a lbergue m ás próxim o intentam os In ost rarnos intere sad os mien tras la lluvia cae a cántaros y algún

a

fa mado profesor, cuyo mej or trabajo ya tiene más de veinte años,

d

iserta sobre lo que fue enco ntrado en la ca la 4B.

Cada a ño pro-

d

ucimos m iles

de int erminables e insul sas m emor ia s de excava-

c

i ón

.Y n os

pre

o cup am o s por la

pre ci si ón d e

i n n ú

m ero s p lan o s y

d

iagram as, así corno po r cotejar largas listas de obj etos para llen a r

con ellas una mi crofich a q ue m uy pocos llegarán nunca a consul-

ta r o usar. ¿Por qué ?

Podríamos usar el di nero invertido en hosp it al es, o qu izás des- via r p ar t e d el d in e ro p ara escr i bir u na ve r s ió n más e n tr e te nida .Y fictici a sob re el pasado, sentados en una te rraza mi entra s tom a-

serias q ui-

z ás crea ríamos una brigada internaci ona l para luc har a favor de la

m os el sol. Si tuviéra mos in qu ietudes ideológicas mu y

liber tad en a lgu na parte. Cada una de esas a lte rnativas tiene su

a trac tivo per o no s otros 110 h a c e rnos e sas c o sas . Segu i rn os co n lo

nues tro com o siempre

Una de la s razo nes por las que no hacemos es as cosa s es por- que la arqueologta es algo muy importante , El pasado ha mu erto, ya no exis te, pero es algo m uy podero so. Es tan poderoso que un a na- ció n ente ra (Zim babwe) pu ed e tomar el no mbre de un yaci m iento arqueo lóg ico . Es tan poderoso que los yacimien to s arqu eológicos

hemos hech o.

T EORí A ARQCEOLÓGLCA.
16

h an de ser vigilados por la po licía

CNA II\TRODUCClÓt-:

para expulsar de ellos a los i LJ-

trusa s. Es tan poder oso que inclu so grupos de obj etos pa rt iculares

como los

m ento de

fragmentos del friso del Partenón co nstituyen el argu -

importa nt es di spu ta s intern acionalcs,

La prcgunta «¿por qué hacem os arqueolo gía?» se relacion a nc-

cesali amen te con la pregunta «¿por qu é la arqu eología -

di o del pasado a través

el estu-

es tan im por-

ello nOS co nduce otra vez a la cuestión del

de sus restos m a wli ales-

ta nte para nosotros?». y

«n osotro s». de nu est ra iden tidad ¿q u ié l1CS SO lJ10S ? Y es ta s cues t io-

n es son to das

teór icas.

Definiciones

de «t eo ría»

"Teoría» es un a pa labra difí cil de definir. Forzosament e deberé volver a tratar est e tema en el ca pítulo final, pue sto que di stint os pu ntos de vist a icor éü cos defin en «te oría» de manera disti nta . Las diferentes defin iciones no pue den se r exploradas a fon do sin pre- viam ente explicar tales puntos de vista. Por Jo tanto, en vez de ava nzar aquí una definición completa de teoría la po spond" é hasta el últim o capítulo. Mientras tanto , se ña-

laremos qu e mu chos arque ólogos incluirían dcntro del alca nce del

concepto de teoría las 'llut ivaciolles de la práct ica de la arqueolog fa ,

así como el

contexto so cial y cultu ral de la arqu eología . Segura-

me nte ta m bi é n se refer ir ían a la p roblemática de la int el1Jrew ó ón .

La mayoría de los arque ólogos es tarían de acuerdo en qu e la for- ma de interpretar el pasado imp lica as pectos teoréti cos en un sen- tido amplio. Por e jemplo , se pod rían citar teorías generales rel a- cionadas co n la evolució n social y biológica , o problemas asoci a- dos a la form a de co n trastar las hipótesis formu ladas o in cluso de- batir sobre cóm o hay qu e int erpretar los camh ios es tilísticos o

decorativos

observados en los objetos.

Ex iste un desacu erdo acer ca de si deter minados conce pto s hay que considerarl os «teo ré licos » o si, en ca m bio, se tra ta d e meras adaptacione s técnicas o form as de trabajar, comprens ibles fuera del a \ca nce de la teoría. Unos, por ejem plo, co ns idcran la es trati-

" grafía , las técn icas de e:<cavación Y registro, y el uso de m ét odos estadísti co s co m o proble mas «teoréti cos», mi en tra s qu e o tros los

consideran simplc ln en tc cuestiones "prácticas») o «técnicas», La

a menudo se confun den . Podríam os pensar en

un sentido estricto qu e, si la teoría cubre el «porqué », el m é todo o

teoría y el método

E l.

S E NTI DO lO J\1l JN N O

B/\ ST,\

17

la m etodología cubre n el «cóm o» . Así, la teoría cu bri ría los moti-

vos que nos impulsan a seleccionar un de terminado

cava r

como teoría y m étodo es tá n ínti mamen te rel acionados, mu chos ar- queólogos pensarnos que es ta d ivisíón tan element a l es demasi ad o pobre. Para dar un eje m plo de las rela c io nes e nt re teoría y método po - dríam os exa minar di ferent es métod os de in vestiga c i ón de la es tra -

tifica ción socia l a partir del regis tro arqu eológico . Pod rí am os uti-

lizar el m étodo de co mparar tu mbas

ofrendas, con tu mb as senc illas sin ap enas decora ci ón. Es evidente en este ejercicio q ue se presu ponen ciertas ideas o teor ías acerca de la natu ral eza de la cstra t íficac íón soci al (que la es ca la socia l se

re flejará en el trata miento q ue el cue rpo del di fu nto recibe , qu e los bienes mat eri a les se di stribu yen de form a desigu al dent ro del co-

lectivo

gualda d social, ctc .). Estas ideas son en sí m ismas

teórica.

Qui zás la teoría y el métod o son la m ism a cosa y no pueden se - pararse; qu izás ha n de sep ararse si la arqu eología qu iere ser u na discipl in a rigu rosa ca paz de co ntra star sus teorías co n la inform a- c i ón o bte nida de la excavación. És te es un d eba te sobre el que se - rá necesar io ret ornar e n el ca p ítu lo 4 .

de nat ural eza

socia l y q ue ello es tá relacionado direct am ente co n la desi -

provistas de

lugar para ex- la man era e n que 10 ha c em o s. Sín e m ba rgo,

y

e l m éto do

«ricam ente -

S ient o entrometerme, pero toda esa discusión

sobre la teoria y el m étodo

Uste d se ha per -

dido en definicion es y semántica s in habe r mencionado Wl solo hecho cml -

creto acerca del pasado. Empiezo (/ pens ar qu e ojalá 110 hubiera em pezado a

leer este libr o , pu esto qu e. h ubi era apr ovechado m ej or

lecturas. La teoria es irrelevante CO Il relación a la práctica de la arqueología; só lo hay q ue utilizar el sentido com ún .

d e mues tra cl aram en t e. l a e st érilv ab urrida qu e es la t eoria.

el t ie mp o CO/1

ol ras

Ah, se trata de Roger, el eterno empírico. (Roger es u n alumno de

la Universid ad

ger se pueden enco ntrar en cualquier parte. Roger se apas ionó por la arqueología cua ndo era ni ño recorriendo los luga res co n ru inas de castillos de su co marca y visita ndo mu chos otros yaci m ien tos arqueoló gicos. Antes de en trar en la universid ad ya realizó algunos trabajos de au xiliar de excavación y cola boró co n un museo . A Ro- gel' le gusta ver y tocar cl m aterial que sal e de una excavac ión y le en canta dis cu tir acalorad am ente con su s cole gas sob re cuestiones

d e l No rt e , e n I n glaterra , a unqu e p ers o n a s co mo Ro-

18 TEORíA AROlJEOLÓGICA.

U;:

¡A

INTRODUCCIÓN

como las técnicas de seriación. Ahora que está en segundo año le ha tocado hacer una asignatura de teoría. Con la cabeza llena de fraseología accrca de la teoría dc alcance medio, dc hermenéutica y de postestructuralismo, parece que aquello que tanto le apasiona

ahora se le cae de las manos.) Si alguien quiere saber por qué la teoría es perLinente con rela- ción a la práctica arqueológica, quizás mejor que me siga mientras

examino cuatro posibles razones.

1. N~CES1TAMOS JLSTJHCAR LO QUt' HACt'MOS

Nuestra audiencia (los demás arqueólogos, la gente que trabaja en otras disciplinas, el «público en generaL» precisa tener una idea clara de nuestra parte de por qué nuestra investigación es im- portante, de por qué valc la pena financiar1a, del valor que tiene escucharnos. Hay mil posibles respuestas a ese reto de la justifica-

ción, por ejemplo:

El pasado es intrlnSeCanlente importante, por lo que necesi

tamos saber del mismo por sí mismo. Necesitamos conocer de dónde venimos para saber adónde

nos dirigimos. El conocimiento del pasado favorece un mejor en-

tendimiento del futuro.

o Sólo la arqueología aborda la profundidad temporal necesa- ria para generar generalizaciones interculturales acerca de los pro-

cesos culturales de largo a\cance.

o La arqueología es un instrumento de la rcvolución cultural que ayuda a en1ancipar a la gente de las ideologías represivas.

Existe la probabilidad de que se discrepe por lo menos en uno de jos argumentos precedentes y se esté completamente de acuer- do con, al menos, otro. Esto no cambia el hecbo de que cada aY-

gunlento es una proposición teorética que necesita de justificación,

que requiere ser debatida antes de darla por aceptada o rechazada. Ninguno de los argumentos reseñados es evidente por sí mismo, ni tiene que ver con el sentido común. Verdadcranlente, pocas cosas en el mundo son obvias si se exan1inan de cerca, aunque a 111uchos políticos les gustaría que lo viéramos de otra forma.

IL

EL SE\J']'IDO CO.I'\llLN '0

IJAS']'l\

19

2. NECESITAMOS COTEJAR UNA INTERPRETACiÓN DH PASADO COi' OTRA, PARA DECIDIR CUÁL ES LA .'-'1ÁS SÓLIDA

La arqueología sustenta en parte su credibilidad intelectual en su capacidad de distinguir entre «buenas» y «malas» interpreta- ciones del pasado. ¿La gente que vivió en este lugar eran cazado- res-recolectores o eran alienígenas procedentes del planeta Zog? ¿Cuál es la interpretación más sólida? Es imposible decidir cuál es la interpretación más sólida sólo a partir de la base del «sentido COllTÚn)). El sentido C0111Ún puede su- gerir, por ejemplo, que aceptarnos la explicación que abarca al ma- yor número de hechos, Puede haber miles de pedazos de cerámica que daten del primer milenio antes de nuestra era en un yaci- miento, pero otro hecho -una datación del año 750 de nuestra era a partir del estudio de los anillos de crecimiento de los árboles- puede sugerir que aquellos test.imoriios son «residuales» o que fue- ron abandonados durante un período anterior. En la práctica, cada día de trabajo como arqueólogos nos toca decidir en qué orden

colocamos los hechos que tenernos, qué grado de importancia adju-

dicarnos a las diferentes pruebas de las que disponemos. Cuando así obramos usamos, queramos ü no, criterios teoréticos para de- cidir qué hechos son importantes y qué otros no lo son tanto. Un buen ejemplo de la insuficiencia del sentido común a la hora de decidir entre una explicación floja y una explicación sólida en arqueología proviene de las debatidas «líneas de conexión». Es- tos trazados fueron descubiertos por Alfrecl Watkins en los años veinte cuando observó que muchos vacimientos arqueológicos an- tiguos en Gran Bretaña podían enlazarse mediante líneas rectas. La hipótesis de que los lugares arqueológicos antiguos se asenta- ban a lo largo de líneas rectas pudo ser fácilmente probada a base de trasladar a un mapa estos antiguos monumentos y trazar unas rectas entre ellos. Watkins sugirió que estas líneas representaban vías de comunicación prehistóricas. La comunidad profesional de arqueólogos respondió al unísono que se trataba de un disparate. El sentido común indicaba que los pueblos prehistóricos, que vi- vieron miles de años antes de inventarse la escritura y establecer- se las bases de la geometría, eran demasiado primitivos como para trazar sobre el paisaje tales sofisticadas guías. Watkins estaba convencido de que con su libro hacia una auténtica contribución al progreso de la arqueología) pero sus investigaciones, serias .Y sinceras, fueron desautorizadas y su trabajo considerado el propio

20 T EOR ÍA AROUEOLÓ GJCA . UNA 1:<TRODl" e C1Ó,"

de un

verdadera

tesi s y tlcado

luná tico que se sitúa en los m ismos lím ites de lo que es la

po steriores retomaron sus

líneas esc o nd ían un sig ni -

arqueologfa. Algu no s a utore s

sugiriendo qu e las poder mí s tico.

las ampliaron reli gio so y un

Hoy está cla ro que los pueblos

prehi stóricos podían haber sid o

perfecta m ente capa ces dc reali za r tra zados de es te tipo. El cri terio

original b asado en el sentido co mú n qu e utilizaro n lo s arqueólo-

gos pa ra desautorizar las tesis de Wa tkin s

era válido .

Las lín eas de co nex ión no existen. Fue Williamson y Liz Bcllamy en el estu dio Ley

a nalizó estadísticam ente tales posibles lín eas y mostró que la den-

sidad d e Juga res arqu eo lógicos sobre el paisaj e bri tánico es tan alta que cualquier posib le línea trazada en cua lquier parte, nece sa -

riamen te tropicza con un ci er to nú m ero de lIia mson y B e llam y, p ro b ar e l e rror l es co s t ó

debi endo hacer u so de sofis tica dos m étodos estadíst ico s. La m oral eja del deb ate sobre las líneas de co nexió n e nseñ a que lo que di stingue una explicación floja de una de sólida no es una

simple cu estión de «sentido común ». Quisie ra argüir

que s i quere- deba te de las

fijarn os en la tr adicion al divi sión

de la a rq ueo logía británica entre cla ses de arq ue ólogos. En su

tiempo, Wat kins fu e tild ado de vulgar am ateur; hoy día , la tradi -

ción de los busca dores de líneas de co nexión co ntinú a viva entre

arque ólogos

no ca be d uda de que no

dem ost rado por Tom

U nes ¡,1 Ouestion qu e

ya cim ien tos . A Wi- un e nor m e tra ba jo .

mo s realmente com pren der q ué lín eas d e conexión d ebe r íam os

es lo qu e alimen ta el

lo s círculos ( alternativos» que nn ran con recelo a los

profesiona les.

3. D EB EM OS SER MUY Cl. AROS EN NUESTRO TRABAJO

DE ARQUEÓLOGOS

Es d eci r, debem os ser mu y abiertos sobre nues tras razo nes,

n uestros pu ntos de vista y nuest ros prejuicios y no pretender disi-

mu larlos o a fir ma r

todo di scursos aca démico , aunque no siempre es seguida. Lewis Binford, una personalidad sobre la que volverem os a habl ar en el capítulo que sigue, decía que tod os los científicos de cua lquier d is- ciplina n ecesit an ser m uy co nscientes de las p resunci ones que rea- lizan si qu ieren de verda d ser productivos. Au nque no hace falta añ adir qu e nunca podrem os ser complet am ente explíci tos acerca

q u e no ex isten. Se tra ta d e u na

re gla bá sica d e

1;1.

.'-'I :,'\J r 1I)f)

( ., lM l 'N

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H,\ ST !\

d c nu csr n », p rejui cio s y n u e s tro s a p ri o r i s m os,

hem os int entarl o.

 

2 1

n o

p OI ' e llo

n o

d e -

4. N o T E NEM OS «~ECEsm A D» DE

LA T EO RÍ A, YA Q U E NO

LA USAM OS Sl EMPRE, NOS GUST/.' o

E N REA LI DA D

Di cho el e o t ra

m an er a , t odo s s a m as

un o s

t e órico s . É s te

e s

e l

pun to clave . El rn ás lento au xiliar de excavación, el m ás ab urrido limpi ad or de cerám icas, el m ás despistado ayudan te técn ico de la-

horatori o, todos son un os teó ric os en el se n tido de qu e tod os uri li-

I.an e n s u trabajo , teorías, co nce ptos.

teo ría pu ed e h a berles sido impuesta por el director del proyecto o

po r la en tidad patrocinadora del proyec to , pero no por ello deja de

ser tcoría .) De form a

ria m ás seca ta rnbi én

ideas y p resu ncion es. (La

sim ilar, el texto más descripti vo o la mem o-

son teo réti co s . Cua lquier pe rson a que man e-

je un a pal a en u n yacim ien to se fía para realiza r Sil trabajo de las teorías q ue ha bla n de los ca m bios de color Ji textura del suelo y de

criterios de pu blicación que dete rmina n el peso

relativo y el ord en adjud icados a los informes sob re ce rám ica y

sobre o tro tipo de tes tim onios en un a monografía de yac imien to d epend en d e un juici o so bre lo qu e es m á s s ign ificati vo d el y a c í-

mie nto, j uicio que a s u ve z de scansa so bre c rite rio s pro venient es

de la t eoría.

la estrati grafía ; los

Por lo tanto, cua lquier arqueólogo que nos habl e de que su tra-

bajo es ajen o a la teoría, de qu e él no está particularm ente intere-

sado en la teo ría . o de qu e él hace arque ologfa «a u téntica» po r op osición a la arque ología de lo s «teóricos de moda ». rea lm ente no dice toda la verdad. Ex isten tantos teóricos C0 l110 arqueólogos , aun que mu cho s de es tos ú ltimos en mascare n su s a pr iorismos teo- réticos co n la etiq ueta del pragma tismo o del sentido común. Com po rtánd ose d e es ta forma, sostengo qu e es tos arqueólogos evi- tan la r esponsa bilidad qu e les afe cta de dej a r claros los fun dam en - tos in telectuales de su tra bajo, pret endi endo así esco nder del exa - men crítico las p resunciones teorét icas que utili za n.

Más aú n, la pret ensión de ser a teóri co es un inten to de im po- ner una es pecie de m achismo en la práctica arqu eológica . Como

verem os en el ca pítulo 8, la noc iones de género so bre lo

a l m enos en el mu ndo anglo-a mericano, siempre hay algu na cosa de vagam ente femeni no (y por lo tanto im plícitament e considera-

prác tica

arqueológica está asociada a

que tien e valor o no lo tien e. Po rque,

22 T EO ¡Ú A

ARQ UE( j l.( ) (i1 l'1\ .

L N A

I NTI{( )OI ICCl Ú N

do de seg und o ra ngo) en el

el tratar

habl a r de , en e! di scutir acerca de, o en

de ra zonar claram en te y explícit am ente so bre.

t íJ. he o íd o lo s llf/ eic l1te sob re t od o es o; u ste d en/p i ez a a a bu sa r. E sta ria dispuesto a conceder que todos a co Stll l71hra m D.'>· a u tilizar la teoría en u n

los

datos ex traídos.

cierto sentido, pero al [inal de la [o rna tla lo que cuenta son los hechos,

No vaya d iscutir ahor a acerca de

si la información , tal cua l a pa-

rece, existe indep endi entem ente de la teoría , pu es tiempo te ndré para ello. Su po nga mos por e! m om ento qu e los d at os existen real- me nt e. ¿A qu é nos conducen? Hay una infinidad de hechos q ue la

arqu eología pon e de reli eve. Est á n amo ntonados a mil lon es en mu-

scos y en armarios de labora torio, y a parecen en largos list ados de

da tos.

Una muest ra: veamos algunos de estos hechos inco ntestables:

o

El vaso qu e

so st engo tiene 600 a ños.

En

Virginia

se

enco ntró ce rá m ica colonial.

o

En

el cas tillo d c Ma idcn , en Dorset, Inglaterra, se exhu m ó un

esqu eleto co n u n proyecti l aloja d o en la esp ina dorsal.

o

La Edad del

Bro nce preced e a la Edad del H ier ro.

o

Tika l fu e u n

importa nte centro ce re m onia l para los a ntiguo s

maya.

o Es muy ha bit ual enc ontrar un gran nú m ero de

fra gm entos

de pipas de cerámi ca en los yacimi entos po steriores a 1500.

o En

la regió n de Dord o ña, e n Francia , hay mu ch as cue vas co n

arte rupestre.

o En e! cañón de El Cha co las aldeas se co nstru ían antigua - mente usa nd o la piedra co mo materi al.

Las fra ses que acaba mos de leer, ¿añaden algo a un co noci m ien-

to au téntico de! pas ado,

qucológico? No. Amonto nar hechos simplem ente y espe rar a que de estos hechos sa lga un rela to ord ena do sobre el pasado es com o po- ner a un grupo de mo nos fren te a u nas máquinas de escr ib ir y es-

p erar

Lo que nos hace arqueólogos, e n las antípodas de sim ples reco- lectores de tra stos viejos , es el conjunto de reglas qu e usamos para transform a r los hech os en rela tos co heren tes so bre el pasado ; relatos que, para noso tros los arque ólogos, «tienen sentido » y qu e (esperamos) ta m bién lo ten gan pa ra la gente en gene ra l. Y tal es

a una explicación coheren te de cará cter ar-

a que apare zca n las ob ras com ple ta s de Shakesp earc,

1·:1 . :-.L N T I I H I

( '(I I\H I\:

NO BA STA

2."l

reg las , sea n im plí citas o

hech os so n imp ort an tes :

manccen completa mc nte

Tomcm os el e jemplo del d istingu ido p ro fesor de Arq u eolog ía

que asegura escri be basándose en los hechos únic a m en te y usand o

qué hace realmente : A tal [ i n

he escogid o el sig uiente tcxto :

el sentido com ún, claro está . Veamos

teórica . Los hech os pcr-

explícitas , so n de natu ra leza sin em bargo, sin teoría , los m udos .

Es im po rt a nte su braya r que la cultura romano-bri t áníca se basó

en un a eco no m ía mo ne taria . En el s udeste d e Ingla te rra la m on ed a

ya era co no ci da a n tes de la con q uis ta , sin em bargo los ro manos fue-

ron res ponsa bles d e difu nd ir su ci rculació n po r tod a la isla , haci én-

d ose presen te hasta

imagi na r ha sta q ué pun to el uso d e la mon eda penetró la vida co- m ercial de to d o el terri to rio po r el hecho de q ue S t ' ma n ifiest a hasta

sencilla s transacc iones . Podem os

en

las m ás

en los luga res m ás h umildes y en las más remotas pa rles de la

vincia. (Alcoc k. 1976: 174).

pro -

Un a prim era presu nción ieoré tica que o bservam os en es te tex- to es que ideas co rno «t rans acci ón » o «vida co merci al» , qu e sólo

obtien en su sen tid o m od ern o hacia finales del siglo XVJlI , puedan aplica rse a Gra n B ret a ña ro m ana s in más explicacion es . De ello se

siguc q ue el a uto r del texto es pera del lecto r q ue u tilice

ri cnci a m od ern a so bre tra n sa cc io nes y vida co me rc ia l -

por la econom ía de mercado , de slig adas dc la s relaciones

in ter mediadas por u na uni dad COmún de cam bio- pa ra en tende r el senti do de la frase. Ésta y otras presunciones pod rán o no se r verdaderas, pero en cualquier caso son de n atu ra leza teorética.

s u expe- regidas socia les,

La segun da en un a presun ció n de l tipo «alcance m ed io »: esto

generales

(véase ca pítulo 4). Alcock pre supo ne qu e la presencia dc un de ter-

m inado n úme ro de moneda s e n diferentes tipos de ya ci m ientos

uso de un a jerarqu ía im plícita de yaci m ientos a rqueo ló-

gicos qu e equ iva le a una jera rq u ía social, asu mida más que de- m ost rada : «los lu g a r e s má s h u m ild e s ») refl eja d e forma pr eci sa e l

rango de lo qu e Alcock den omina «actividad o vida com ercia l".

es una

figu ra teorét ica m en te mucho más co mp lcja. E l rela to de Alcock

ui zás s e t ra t e s ó lo

de un retrato ace pta ble o m ínima mente válido; ello deb erá ser ob- jet o de deb ate en tre los espccia lis tas del p erí odo. En cua lquier ca so , se trata de u n rela to cla ra m en te te órico.

es , q ue aso cia di rectam en te hech os part iculares a teo ría s

(nótese el

Por supu es to que reco nocem os qu e «actividad co mercia l»

p

ued e s e r

t ot a lm en t e ci erto o

n o

t a n

c ie rt o , o q

24 I'J · :O]{!A

AI{U I I I · : ( )l JH ; ll :¡\ .

I NT R( ) IIl ; <, ' ( 'l ( , N

l

)

~

1\

Podría se gu ir an ali zand o el texto, pero lo d icho es sufici ente para m ostrar có mo in cluso la prosa a parentem en te más clara y tra nsparente es co nde tra mpas de la teo ría .

esto es plau sible y COHv it lcc lZ l e; s in em bargo, la teo ría m e s igue pa -

recien do poco atract iva. Los teóricos parece que C0 I1S1{lII f e l11el1te u sa l1 un o

jerga incomprensible, escriben eH I Ul estilo imp enetrable y 1l 1ll 7Cll obtiene n

nada tangible. Puede llegar a persuadirm e de que IUI.v algún pun to a [avor de la teoría, pero /10 co ns eguirá que lo qlf(~los teóricos escriben lile pare zca in -

teresante J' no m e irrite .

Todo

No, no puedo. Yo ta mbi én me irrito an te mu ch os textos teó ri -

cos, de la mi sma forma qu e me irri to an te tod o tipo de textos

bre arqueología. Pero déj arnc deci r que has saca do algu nas cues-

tiones que vale la pen a retorna r. Pri m ero , ¿por qu é je rga? Las palabras de sign ifica do es pe c ífico no están co nfinadas a la teoría de la arqueología. Cada área den- tro de la arque o logía tiene S ll S tér m inos de referen cia espec íficos:

en es te se n tid o, la jerga es

pecíficos que uso co mo teó rico o co mo especialista en arq u itectura

tradicio nal pued en parecer un a jerga para cl especialista en medio

ambiente, y cerme a mí

fundo detrás de un a acusación de u so a bus ivo del lu engu aje técni -

co. Parece

siem pre se puede expresar lo que se p retende cn un lengu aje «cla- ro, simple y fácil». La arqueología tiene qu e ver con nu evas id eas acerca del p asado. Como ex presa mos ideas m ed ia nte palabras , re - sulta muy apropiado u sa r n uevas palabras para in vitar al lect o r a

pensar de forma di stinta . Las sociedades humanas han sido y continúan siendo algo muy com plejo. Como parte del mund o natu ral, com par ten aspec tos de es ta co m plejidad y además poseen en sí m is mas una co mp lejid ad so cial y cultu ral propia . No acostumbram os a qu ejam os cua ndo un q uímico o u n biólogo usan IIn lenguaje técn ico; en ca mbio , sí lo hacem os cuando lo hace un arque ólogo q ue pretende explicar- se. Lo que quiero decir es q ue no pa rece qu e nos extra ñe q ue re- sulten di fíciles de com prender y de dominar las técnicas m ás de-

ta l es la na turaleza de nu est ra

d isciplina. Estamos prepara dos para esforzarnos en dom ina r el lenguaje y el manejo de la es tra t igr afía , de las ma tr ices de Harris,

so -

el ojo del observador. Los t érm inos es-

los del es pecia lista en med io am bien te pu eden pa re- una jerga . Hay, sin em ba rgo , un pro blema m ás pro-

que detrás de ta l acusa ción hay la p resun ción de que

puradas de la prácti ca arq ueo lógica;

25

de

la ha bilid ad práct ica , a su vez en parte intuitiva , de di ferenciar ni -

suelo qu e apare ce bajo la pala . Es ra zona -

ble pensar, pues, qu e la vert ient e teórica de nuestro trabajo - usar los pequeños fragment os de Informaci ón o btenidos para generar un di scurso acerca del pasad o en toda su riqueza y co mplejidad- de ba se r a la fuerza tan d iftc íl co m o aqu ellas o tras ra rea s de ca-

veles por el asp ect o del

de la se riació n, de las téc n icas científica s de dataci ó n , in cluso

1-.1 .

S I :, N T Jl l ()

C ' OM I .'.' \ ' /'\ 0

B ASTA

rácter prácti co. De hech o, ha de ser un a de las tareas intele c tua-

les 111ás exi gentes que co m o gé ner o planteado.

hu m a no nos h aya m os nun ca

Creo q ue u sted ha

caíd o en su p ropia trampa. S igu e habiendo la sospe-

ch a de que la jerga se u se para mlxtiiicar, pa ra crear Wl lengu aje de exclu -

sión por el que el lego en la ma teria se sien ta encogido.

una cierta verdad en esta acus ación . Ciertas formas de re-

tórica 'académ iea se usan , intencionad a mente o no, para es ta ble- cer una frontera entre el gru po de los iniciado s y los dem ás. No de-

fiendo esta práctica qu e todos los int ereses sec to ria les dentro y fue ra d e la a rq ueología ut ilizan. Fin almente, pregon ar qu e hay qu e «escr ibir claro » es co m o dar

por se n tado qu e se escribe aceren de algo conc reto , E n o t r as pa la -

bras , qu e hay en algún luga r un mund o externo, rea l, co n unas ciertas caract erísti cas esen ciales y concretas q ue el lengu aje pued e de scribir de una form a m ás o men os clara y neu tra. En cualqu ier caso, se esté describ iendo la imp ortancia de u nos vasos o sugi- riendo cómo debe de haber sido la vida en la Eda d de l Bronce, se

Hav

está tratand o de asunt os altame nte

d iscu tibles . El pas ado

no exis-

te fue ra de nuestras m entes . Nunca

lo he tocad o, ni m e he

dado de

bruces con él.

La teoría es di fícil. Si uno ac epta que tod os so m os un os teóri- cos , ento nc es lógica mente la teoría a rq ueo lógica no ha de resultar ni m ás ni men os difíci l que cua lqu ier ot ra ra ma de la arqueología. Porque la arq ueología en sí m ism a ya es di fícil. Nos hem os pro- puesto un a ta rea enorm emen te intirn idatori a . Queremos llegar a entender a las sociedades h um an as que hace m iles de añ os desa- parecieron, cuya s costum bres, valo res y actitudes fu eron , muy probablemente, m uy dist intas de las nu estra s. Y lo hem os de h acer sin poder habl ar con aq uella ge n te. Y a ún m ás d ifícil, qu ere mos saber el porqu é de su s avance s y re trocesos , querem os en ten de r cómo se m anifestó en ello s el ca m bio . Y los úni cos m ateriales de

26 TE OR i A

;\ !{ (J l ' 1':<) I.Ú ( j ! C!\ .

LINI\

I N T R() l) t1<'( 'ION

q ue d ispone m os p ara ta n inm en sa rarea son u no s p ocos restos de

basura que olvidaron por el ca m ino , a menudo cas i to ta lm ente

co n ver tido s

una tarea in telectu alm en te llevadera es com pr en sible, a unque es

un poco ingen ua. La teoría es tam bi én un a ta r ea d ifíci l po r o tras ra zo nes que tie-

e n pol vo . No e s un a ta rea fáci l; el d es eo d e qu e sea

nen men os que ver co n la jcrga

teóricos a m en ud o dicen un a cos a y h acen o tra. Un artícu lo de teo-

rí a proclam a qu e es tá a bo rdando un as unto desd e un a perspectiva

perspect i-

va de siempre de form a disfrazada . Otro ar tícul o acusa a un rival

lu eg o h a ce r exa c ta -

m en te lo mi s mo , au nqu e usa ndo un len guaje di fere n te , Todo esto conduce a m i tes is fina l: la teoría es d ifícil porque re-

q uiere pensar po r un o mism o. Cua ndo un alum no redacta un tra- bajo de clase sobre. po nga mos po r caso, la cerám ica de los pobla- dores nat ivos del sudoeste a mer icano , está a utori zado a utilizar una se rie de hechos que obtiene de los manuales reco mendad os.

Ta l lis ta de hech os, o para se r más preciso s, tal r epetición de lo s

hech os na rrad os

por los manu ales, pued e dar lu gar a una nota no

d e

nu eva. cuan d o . de hech o, es tá ut iliza ndo la misma vieja

que con la práctica acadé mica . Los

u na

s er i e el e ini quida de s tc orét ic as p ara

muy bu ena, en a usencia de análisis críticos o de cua lq uier mues- tra de un pensam ien to pro pio , au nque ello no im pi de que el alum - no pueda segu ir adelante. Sin embargo, cuan do se escri be un en-

sa yo de teoría , tal p roced er resu lta intolerable. Cuand o se ma nejan ideas a bstractas es particu larm ente difí cil regu rgitar cosas copia-

libros sin haberlas co mpren dido a fond o, y más aún a uto r pretende reb ati r a otro .

m is mo es algo que cua lqu ier alum no de ar-

q ueología (o de cua lquier o tr a di scipli na crít ica) debería tra tar de

hacer. En última in st ancia es la ún ica ju sti ficación de una forma- ci ón en el ám bito de las hum anidades. En u na é poca en qu e la Ior- maci ón se conteIn pia cada vez más corn o un a mercanc ía , cuando el

en el m ercad o . la id ea

de una for m ación como aprendiza je de las habil idades ab stractas

del pen sar crí tica m ente se en cue ntra m á s am enazada qu e n un ca .

Quizás es este co ntexto cu ltura l lo que ha provocado la d ureza de los pron un ciami entos contra la teoría de los últimos tiempos .

das de lo s cua ndo un

Pen sar po r u no

conoci mien to pue de co mprars e y venderse

E L

SE NTlJJ O COM U:-; N O B AS tA

27

;1

Comprender la teoría

1 Bien, atín me siento bastante incomodo con In teoría, aunq ue esto." pre- parado para segu ir u n poco m ás hacia adelante con todo ellu. ¿Hacia dónde
I nos d irigim os a parti r de este punto?

~

ilumin ar a lgu nas de las princi-

pales tendencias de la teoría de la arqueología, empezando po r los años sesenta hasta ho y mi smo. Para pro cu ra r ob ten er la má xima claridad voy a adop tar dos es tra teg ias.

El res to de es te libro in tent ad

Pri m e ra , voy a habl ar de vez e n cu an do a rn plia rnc n te a cerca de

los desar rollos acaecidos en o tras d isciplin as y en el pensam iento

intel ect ual en su con jun to . Co nsec ue nte mente, pod rá p arecer a los

in cl u so

a r q ue ólogos

pr áct icos que se incluye n la rg os párrafos e

su bcapít ulos q ue poco tien en

que propon go este enfoqu e res ide en el hecho de qu e la arqueolo- gía acostu m bra a to mar dé prestad o de otra s di sciplinas dctcrm i- nad as ideas. En este pro ceso, las idea s a menu do so n modi ficadas

que ver con ellos. La razó n po r la

e incluso d istorsionadas. Por lo tan to será preciso ir a la fu en te

origi nal p ara analizarl as de for m a clara y compre nder con preci-

s ión có mo ha n s ido u tili za das po r

pa r te

de los a rq ue ólogo s y

qu é

a busos se han

producido. No es tá de más adve rt ir q ue habrá

q ue

tener p aci enci a co n el text o y a va nz a r au n que sea pesad a me n te a tr avés de un m at erial qu e puede considerarse a priori irrele vante ,

para a l fin al e nco ntrar la ex pl icac i ón de su per tinen cia con rela -

ción al pensa mi en to arq ueo lógic o .

Segun da, voy a exa m ina r hist óricamen te el desarrollo de la reo- ría , cen tr and o la a tenci ón, en primc r lu ga r, en los orígen es de la Nueva Arq ueología y a co ntinuació n en las reacc iones suscita das. Pienso q ue si se co mp re nde el co ntexto h istórico de u na serie de corr ien tes , tal es com o la Nueva Arqueología o la arq ueología post- procesu al, uno pue de m ás fácilmen te simpa tizar co n sus objetivos

y qu ed a r se co n lo s pr in ci pio s .Y preoc u pa ci on es q u e la s s u s t e n ta n. Meti dos en contexto podemos m ás f ácilm en te co m prender los ras - gos característicos de la arqueo logía contemporán ea situándola en su sitio, en vez de emplaz a rla e n el vac ío.

ta rá d ed ica do a es tu d ia r la Nue va Ar-

queología; los tres que le siguen a a nalizar los problemas qu e giran alrededor de las nociones de «ciencia» y «an tropo logía )} que la ¡(ueva Arqueo logía sus ci tó . Los interrogan tes q ue la Nueva Arque-

El p róxim o ca p ítu lo es

o logía s usc itó so n ,

a m i pare cer, a bs olu ta m e nte decisivos para la

prácti ca y para la te oría a rq ueo lógic a contem poráneas.

CA PÍT ULO 2

LA «N UEVA ARQ UEOLOGÍA "

La mayoría de los a rqueó logos se ena moran de la arqueología

po rqu e se que dan «colga dos» de los ha llazgos. Los restos encon-

flecha prehi s-

tóri cas, uten silios neolít icos, tem plos m aya- , pero lo que atrae de

inm edi ato es un a ura de mist erio y ro man ticismo de un pasado

que se nos maniftesta a trav és de sus restos. Esta atracc ión ro -

mán tica es a menudo tan to estética y sens ual como int electual. To- dos desea mos pasear por entre ruinas med ievales o tocar uten si-

lios de ce rá m ica. Sin embargo, tratamos de persuadi rn os de qu e

tales ruinas o utensilios son meros «da tos», (Un co lega me conf e- só qu e deb ido a lo abu rridas qu e resultaban sus investigac ion es

su a lma la ce r ám ica neolítica , a unque yo lo fo rm a di stint a .Y re tor cida d e a rno r.) Los ob-

jetos , sean pequeños co mo una pun ta de flecha o gra ndes como u n palacio real, no s fascinan .

E sta q u e r encia p or los o b je tos , en s í m ism a, n ad a ti e n e que ve r con la arqueología , en el sentido de estu dio del pasado. Los obje- tos por sí mismos no nos d icen nada so bre el pasado. He estado en med io d e las m ina s d e c iento s d e cas tillos .Y pal acios a nt ig uos es -

cuch a nd o atentamente

y nunc a he oído ab solutam en te nada. Los

colegas me cuentan qu e han pasado por semeja ntes expe riencias desal ent a d o r a s con cerá mica s , hu esos .Y o tr as co sas . A ell o s t am- bién le s enca n ta m anejar s u materi al , p ero éste sigue mudo.

trados va rían - castillos, ba ños rom anos, puntas de

a hora odia con tod a i n terp reto co m o u na

por-

que el pasad o no existe. No podemos tocar el pasado, verlo o sen- tirlo; ha muerto y desapareci do. Nuestros am ados objetos pertene- cen e1l realidad al presente. Exis ten en el a hora y aq uí. Pueden o no hab er s ido he c hos .Y u sad o s por gen te r ea l mi l es d e a ño s at rá s,

Los o bjetos no pu eden contarn os nada ace rca del pasado

30 TE OR )A ARO I J[:,()J.()( f1( 'A . I: NA IN 'J'I{( l [H I{ '{ 'I(l N

pe ro la co mp ro baci ón d e la fec ha d e su m anu fa c tura y u so CS , a s i-

mi smo, u na com pro bación qu e hacem os en el p resen te . Hast a

únicam ente

que

in ventemos un a m áquina d e l t ie mpo, el pasado exi ste

en las cosa s que decimos so bre el m ismo. Escogemos pregun tar

poseemos:

«¿Cu á n t as c ue nt as d e c o llar se e n co n t r a r o n e n la t urnb a? » «(, Ob -

serv amos un ca mbio hacia un a explotac i ón in ten siva de las llamas

ra? " ,,¿. Cómo se v i vía e n l a

ciert o

tipo

de

cuestiones

a

par tir del

es ta c u ltu

m aterial

q ue

_ e n el p erío do d e f o rm a ció n d e

E dad del Br on ce?" ,,¿Qué

este pcríodo ?» Inten ta mos decir cosas gene rales o par ticu lares so- bre el pasado: "Se produjo un incremento en el uso de la obsi dia - na en la fase 3B de este yacimien to »: «Hubo m ás elem en tos de con tin uidad cultu ra l entre el m eso lítico y el neolítico de lo que se ha supuesto »; «Las relaciones de g éne ro se volvieron más desigua-

les c on el paso del tiempo »: " Los ro m a nos fu eron u n pu eb lo cru el }' vicioso », Todas estas a firm aciones han sido realiza das aqu í y

aho ra , e n el presente, y

y prese nte pueden co n-

verger y entrem ezclarse. Es as o m broso q ue ta nt os es crito res ha-

yan utili zado

también para horrori za r la racio na lista mente occide n tal. Este en- cuen tro del pasado co n el presen te tam bi én es factib le den tro de los esqu emas m en ta les fu era de Occidente; o ri gen en pa rt e de co n- flic tos entre di feren tes cu lturas, co mo los producidos , por eje m - plo, con la exc avación y ex hum ación de res tos hu ma nos de los nativos american os, cuya creencia en qu e el tiemp o se mueve en círculo, hace de la excavación arqu eoló gica un a am enaza para el

presente , al pro fanar el pasado . La tarea de los arqu eólogos es inv esti ga r el pasa do . Queremos saber qu é pasó en to nc es . Nu es tr as fu en tes m ateri ales - huesos,

el pasad o q ue co nstr ui-

mos también pertenece a l presente. Nunca conocere mos qué suce- dió realmente; si n emba rgo , porfiamos para pod er esc ribir el mejor relat o sobre el pasado, un rela to que es in formad o por las pruebas

o btenid as y q u e procu ra mos qu e se a co here n te y sa tis factor io . Uno de los problemas fu ndamen tales dc la arqu eo logía se resu- m e en la figu ra 2.1. La cues tión parece sim p le: tenemos un m at e rial arqueológ ico ob tenido de la excavació n y p lantean do las pregu ntas

obtener del mismo infor mació n so bre el pa- en tre pa sad o y presente , un a bismo que los

arqueólogos han de fr an qu ear de algu na ma nera, aunq ue no pue-

gra do de

desi gualdad soci al vemos en

no pertenecen por tant o a l pasad o .

Só lo en la litera tu ra de ficción , pa sad o

es ta co lisión co n gra n efectismo para co nfund ir y

piedras, ut cn sili os-

están en el presente y

adecuadas esperamos sado. Hay un a bismo

Presente

I.¡\

{( NU EV¡\

!l J{U I JH JI.O Gí A»

Pasado

3 1

I O
I
O
{( NU EV¡\ !l J{U I JH JI.O Gí A» Pasado 3 1 I O ~

~ IIIV~~

+~II~ -----

I JH JI.O Gí A» Pasado 3 1 I O ~ IIIV~~ + ~II~ ----- (Testimonios,

(Testimonios, hechos : ruinas, piedras. cerámica . res tos:

el mundo de los arqueólogos)

(Nuest ro objetivo: Procesos

en el pasado culturales"

vida " . «lo que suc edió", " actividades socíales»)

dinámicas

modos de

FIG. 2. 1.

El abis mo entre presente y pasado.

dan hacerlo de una for ma segura o defin itiva. De lo con trario, exis-

k el peligro de q uedarse en u n "na mera recolección de obj etos

m ero diletantism o de anticuario:

sin más.

la

trampa de creer que la mera presencia física de material arqueo-

pasado .

lul so. Dad un a pa tada a un m ega lito y só lo obtend réis dolor; pla n - t'I( 'S cn m edio de una sala d e un castillo y no veréis o tra cosa qu e los mi smos mu ros de piedra m edieva les. Sólo pod e rnos co n tem - plar el mega lito o el castillo en el presente. Vemos am bas cosas a na v és de nuestro s ojos, no de los ojos del o bservad o r prehistórico

1I medieval.

Me he de ten ido en est a c ue stión porque tam bién pue de in ter-

prctarse co mo el puma de partida de diferentes pumas de vista 050-

1' 1<' la teoría a rqueo lógica . Un a d e las p oca s b a s e s c om u nes d e par - u.la para la mayoría de los arq ueó logos teóricos es que todos que- i.-rnos hablar del pas ad o y q ue para ello tod os utilizamos ma terial

Me he det enido en es ta cuestión porque

es

[ ác il

caer en

logico pued e por sí m isma decirn os algu na cosa so bre el

32 TFO RI A ¡\R Ol} E OL OG l e /\ . UNA II\ T R{) J)Ul 't '¡(Ji\:

arq ueológico en el presen te . ¿Pero cóm o lo hacernos? Una posible sug erencia invita a usa r los m étod os de las cie ncias na turales. a in-

hipó tesis a lte r-

tentar co n tras ta r, a la vista de nuest ro s mat eriale s,

nativas a cerca de pro cesos y ac o n tecim ien to s , y desarro llar de

pasado. Otra posibilida d

pa ra leerlos co m o lo ha-

esta for ma nu es tro co noc im ie n to so bre e!

es conte mp lar los m at e ri al es C0 l110 textos

ríamos c on un dOCUI11ent o e s c r it o .\' a sí d e s cubr ir la r ica c om p lej i- dad de los m en sa jes cultu ra les del pas ado . H ay mu chos más enfoq ues : de hech o, el pro blem a ya [uc perci - bid o sigl os atrás. El h um anista inglés sir Thornas Bro wn e ce ntró su maravilloso ensayo de m edi ados del siglo XV lJ , titul ado Il vdro- taphia, en los descubrimi en tos de urn as de in cin era ció n qu e hoy pensa rnos que ti en en un origen an glos ajón , situ ad o e n tre los s i-

glos v

urnas con la im posibilid ad de co m pre nder la s cree n cias re ligiosas

la so lidez física d e las

y vu d e nu est ra era . Browne co ntra stó

que expresa ba n , e incluso con la im posib ilidad de asigna rles una fecha (Brow ne pensó que podría n se r ro m anas) .

planeó en su a ños sesen ta

La cues tió n de có mo en lazar pres ent e co n pasad o forma más explícita co n la Nueva Arqueo logía de los

y setenta .

An tes de la Nueva Arqueolugía

Hay planteado un deb ate acerca de la teoría arqu eo lógica antes

de la Nueva Arqueología, pero no dispon emos de es pa cio suficien-

de la arqueolo- co mo un largo

período de somnolencia para la teoría , con un n1UY escaso de ba te

teórico. Arguyen que los arqu eó logos se co ncen tra ron en la reco- lección de grandes cantidades de mat erial sin hacerse demasi ad as

ma rco int e lect ual dentro de! que debían traba -

ja r, Otros n iegan es te punt o de vista y ma n tienen que es te p eríod o co ntem pló int ensos deba tes de tipo mu v d iverso. Es tos últim os piensan, adem ás , qu e la importanci a de la Nueva Arqueología para

sido muy exage-

te para hacerle aqu í ju sticia . Algun os hist oriador es gía mantienen que el siglo que preced e a 1960 fue

preguntas sobre e!

e! desarroll o del pen samien to arq ue o lógico ha

rada.

Quisi era subrayar que uno de los

puntos de parti da de la lla-

mada «Nueva Arqueología » reside en lo que acabo de plnute. u, la

noci ón de qu e la mera re co lecci ón de da tos -

la ob ten ci ón de' m ás

m

at erial-e- por e ll a 111i S111 U n o c o nd uc e a

u n

m ejor

co n o ci ur i. -u t o

l

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.13

del pasado . Da vid Cla rke ,

Nue va Arqu eología, e m pe zó s u lib ro clásico Analytlcal Arcltaeologv con un a expre siva ci ta d e Lewis Carro l l:

un o de los p rincipales expo ne nt es de la

Ya ves, te cues ta la ca rrera más la rga qu e pued as hacer para no

Alicia , A travds del espe]» , ca-

m overte de l m is mo

luga r. (L~ re ina

a

pítulo 2, Le -vis Carro ll, 1832- 1898.)

Cada añ o crece n las m ieses llu eva s de la s exca vac io nes a rquco ló-

gicas para p roduci r n ueva s cosech as de obj e tos prehistó ricos

arqu eó logo ya y vien e, 1lI 1t:'\ 'O S no m b res y nu evo s ya c im ien tos l' C V(.'r A

d e m ater ia l r e -

co gido

p lacab le co rrien te d e a rt ículos v libro s describe v etiq ueta al nuevo material , de m an era q ue el iutrépi do a rqueól ogo, a fuerza de lu r-io-

sa a ctivid ad , apenas pu ede man te ne r su [sic ] status qu a co ntra la co -

tri ente constan te d e dat os. S in em bargo . tina du da nebu los a asa lta nuestra mente: u na d isc iplina em p írica m od er na d eb ería poder pi rar a res u ltad os má s satis fac to rios qu e el m a nte nimi e nto de

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(Clarke, 1972: 3).

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libr o s d e histo ria

Clarke, en aquel mo mento no esta ba del todo se guro de qu e los m étodos de los a rqueólogos podían realm en te darn os versiones

más que sa -

c ár amos a la lu z m ás y m ás cosas, no avanz ábamos en términos de

nuestras id eas .

aumentó mu ch o, pero deb ido a q ue no su pimos sa lvar bi en el abismo que nos separa del pasad o no obtuvim os pro gresos sustan- ciales en la co mpren si ón del pasad o. ¿Qué teoría s disgu sta ban a Cla rke? Dicho de o tra form a, ¿có- rn o, an tes d e 1960, los a rque ó logos co nvert ía n el mat eria l excava- do en d iscursos sobre e! pasado? Es fá cil en esta cue stión caer en gen eralizaciones. au nque , por otro lad o , p ued en e nco ntrarse si cm - pre excepciones. Uno de los pilares tcoréticos básicos fue la ide a de cultu ra a rqu eo lóg ica , con todo lo q ue sign ificó pa ra las po bla- cio nes hu ma nas de! pasado. En pala bras de Go rd o n Ch ildc:

Nu estro co nocim ie n to de los o bjetos en el presen te

mejores y más fidcdi gn as del pasa do: pa recía que po r

En co ntramo s ci er to t ipo de res tos - vasijas, im p lem en tos, o rna-

m entos, ritos de entierr o V fo rm as de hab itación-e- rnuv recu rrent es.

es te c o mp lej o de ra sg o sa so c iad o s lo p odríam os c.le no"m i lla r' «g ru po

qu e c a da tin o el e e sos

complejos es la expres ión ma terial de lo que hoy lla maríamos un

A

c u lt ural» o s im pl em en t e «cu lt u ra». S up on emo s

"pueblo" (Chlldc, 1929: v-vi),

34 T EUR IA ARO lJl :,{)J.()( i l ('

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UNA

I N TJH J1J1 1('('I (l N

Este tipo de id ea d e c ultu ra h a si do de no m inada no rmu tivu, ya

está en fun ción de d os presunciones: p ri m era , q ue los objetos

que

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nomi nam os cu ltu ras a rq ue o l ógicas, Segui da me n te h acernos eq ui-

va len tes tal es cu ltu ras a rq ueo lógicas a las cu ltu ra s hum a n as pre-

so n

expresio nes de normas c u ltu rales, d e id eas q u e resid e n e n las

s u m ie nd o q ue los o bj e to s son ex pres io ne s d e idcas O d e

n or m as d e

m

ent es d e los i ndi vidu o s , y segu n da , q u e ta les no rm as definen lo

co m po rt a m ie nto .

que es «cultura». Va y a pon er dos e jemplos d e esta in terp retació n,

Este enfoque tiene va r ias consec ue ncia s. En prim e r

luga r, es ti-

un o saca do d el prese nte y otro del pasad o .

1. Los in gleses so n

ingleses porqu e to ma n té, ha blan ing lés,

n o comen carne de caballo y h acen coja de m an era ord enada, a

mula la te nd encia a particularizar lo qu c los arq ueólogos cue n ta n d el pasado , e n vez de hace r gen era lizaci ones. Por Jo ta n to . en vez de sub rayar las sim ilit u des en tre ob jeto s. se e n fa tiza n las di feren- cias y parti cu laridades observadas en tre ellos .

menudo duran te h oras sin quejarse, Todo esto los distin gu e

de los

Por ejemplo, algu ien podría querer hacer gene ra lizacion es cn-

franceses, qui en es tom an ca fé, h ablan fra n cés , C0 l11en carne

de ca-

Ire los yacim ien tos B KK y TRBK pa ra su bra ya r que es tos gru p os

ballo y no hacen co la co n la mi sm a ec ua nimidad, (Todo es to so n normas cultural es, id eas ace rca de có mo h av que com port arse , in -

e n este

caso , cr udos es tereo tipos- q ue no co rre s po nd en ne cesariamente a

la realidad en todos los casos.)

2. La cultura arqueológ ica d e la ce rá mi ca d e ba ndas (BKK)

difiere d e la cultu ra de los vasos de cue llo de e m budo (TRBK) en

el neolít ico eu ro peo:" en (as á reas d e dom in io d e la BKK en con tra-

m os vivie nd as co n fo r m a s rec ta n gula re s, ce r ám ica decorada co n

di se ños lineal es y una eco no mía ba sad a e n los cu lt ivos . E n las

cluso se podrí a deci r que co ns tituye n d e he c ho id eal es -

so- cial. Ambo s p odrí an s er cla sifi cados co mo s oc i e da des c on U;1 d e- termin ado n ivel d e estra tifica ción social, ponga mos po r caso, o

con ti p os de economía de s ub sis ten c ia sim ila res. El enfoque cu ltu- ral , sin em ba rgo, tiend e a d iri gir la a te nció n , no hacia los rasgos más ge ne ra les. sino hacia lo q ue di stingu e las c ult uras BK K y TRBK, tan to en tre e llas m ismas co mo con rel ac ión a otras. Nos

lo s r as g os

má s p eculiares co rno

su s fo rma s part icu lares de co nstr uir o de e n-

terra r a los mu ert os . a fija r la a tenc ió n en el tra zo linear d e la ce -

im pu lsa , p OI" l o t an to . a d esta c ar di feren cias , a

diferentes estab an a l

m ismo ni ve l de desar ro llo eco nó m ico v

r et e n e r

área s de dominio d e la T RBK , la form a de las viviendas, la d eco-

rá m ica

d e los

un os y

la

forma p ec ulia r d el cue llo de los vasos d e

r a ción d e la ce rám ica y la eco no mía so n co m p le ta men te d iferen -

los otros , y n o

tanto a

ver lo qu e

tie nen en comú n ,

tes. (Una vez m ás, se trata de u n id ea l: no todos los ya cimie ntos BKK o TRBK t endrán las m ismas ca r acte rís ticas qu e los d cm ás.)

Este concepto d e cu ltura es tam bién poli/ ético : es to es, depende

La segund a consecue ncia d e

es

la

una visión no rm ativa d e la cu l-

ten dencia a co ntem p la r las c ultu ras com o si no evo-

tura

lucionasen. Insistim os que el enfoque

objetos co m o expresion es d e id eas co m partidas

norm a tivo co nt e mpla los

por u n grupo . S i la

de que

un nú m ero determi nado de rasgos d iferen tes se produ zcan

gente d e la cu ltura BKK com pa rt ía a l u nísono las m ismas

id eas

juntos.

Tom ar café no convierte a un inglés en fran cés; u na vivie n -

sobre cómo debían co ns tru ir se la s casas, fabri ca r la vajil la

y

en -

da re ctan gular n o conv ierte

m iento BKK. Lo q ue define a u na cultura es la presencia sim ul tá -

u n asc ntam iento TRBK en u n ase nta -

terrar a fá cil d e

sus mu ert os, ¿d e d ónd e vino e l camb io ? La ma n era m ás

explicar e l ca m b io es s ugerir q ue vino dc fu era , d e o tro

nea d e un número det e rmi na do

d e carac te rís ticas, co mo

s u brayó

gru p o hum an o . Es ta

«influen ci a»

exte rn a

pu ede

pr oducirse d e

Ch ilde. En Amé rica del Norte. el

método d e ta bu la r largas list as d e

d os

m an e ra s : por

mi graci ón d e pu eb los o por d ifusió n , es d ecir

ca racterísticas tipológicas para esta b lece r com paracio nes entre ya -

por di seminaci ó n d e id eas fr u to d el co n tac to e n tre gr upos di s-

cim ientos fu e segu id o co n gra n asid uidad.

tin tos.

Para resumi r, según el pun to de vista trad icion al. trasladam os

Las explicacione s sobre pre hi sto ria a ntes d e la Nueva Arq ue o-

el p resen te al p asa d o a base de re un ir obje tos en grupos que d e-

logía

tend ían a ser de d os tipos. Por un lad o.

secu en cias cro noló-

gicas

d e cu lturas, a lgo parecido a un os h ora ri os con gru pos cu ltu -

Las iniciales re presen tat ivas d e las culturas cit adas co rres ponde n a s u nom en cla tura ori -

gin aria en

aloma» : as í, BKK provien e de Bovuicntccranuk: Kultur . y THB K pro vie ne de Itíchte-

rrandbecher Kultur. (N. del l.)

rales en vez d e trenes . Por otro, mapas llen os de flec ha s q ue in di- caban las mi gracion es o la d ifu sión d e id eas testimonio del ca m - bio entre culturas (v éanse las figuras 2.2 y 2.3).

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