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Masai

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Tribu Masai
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Tribu Masai

Los Masai son un pueblo seminómada del África Subsahariana, es una de las tribus más conocidas y míticas del África Negra. No está claro si su expansión hacia el sur fue detenida por los zulúes (la otra gran tribu africana) o bien éstos no avanzaron más al norte al encontrar a los masai. Habitan las llanuras del Gran Valle del Rift, entre Kenia y Tanzania. Son supervivientes de una época remota, y su vida es prácticamente igual a la que llevaron sus antepasados. A los Masai no les preocupa el tiempo, su vidase rige por la salida y la puesta del Sol, y el cambio de las estaciones. Forman una comunidad compuesta de unas 200-300.000 personas unidas por una lengua de origen nilo-hamítica conocida como Maa. La etnia masai está compuesta por cuatro grupos tribales diferenciados : los samburu, los arbusa, los baraguyu y los masais. Estos últimos se consideran con el tiempo como el grupo principal, dominando militar y socialmente a los restantes grupos de su propia etnia y a las demás etnias vecinas, entre otras a los Kikuyu y los Nandi. Una de las principales características que siempre definieron los perfiles culturales de los masais, diferenciándoles de las otras culturas de la región, ha sido su profundo desprecio por la agricultura.

Los Masai y el ganado Los masai viven desde siempre arraigados exclusivamente a su ganado, llegando a establecer con él una relación afectiva en la que el hombre puede llegar a sentir mayor cariño por sus bueyes que por su mujer. Es un dato significativo que en el idioma Maa hombres y bueyes se designan de la misma manera. Por lo tanto el ganado es para ellos, una manera unificada, símbolo más representativo de riqueza y poder. Cuando los masais entraban en relación con otras culturas del entorno geográfico y conocían sus formas de vida los consideraban inferiores, llegando a la convicción absoluta de que ellos constituían una raza superior.

Su dios o "Nagai" les ha puesto en la tierra para cuidar todo el ganado y ellos son los únicos poseedores de él. Si quieren pueden reclamar las reses a cualquier otro pueblo y obligarles a entregar todo el rebaño. Los masai creen que les pertenece todo el ganado de la Tierra. Tal creencia nace de una leyenda que relata que en el principio Dios tenía tres hijos, a cada uno de los cuales obsequió con un regalo. El primero recibió una flecha para cazar; el segundo, una azada con la que arar, y el tercero, un cayado para guiar al rebaño. Fue este último, según la tradición, quien se convirtió en el padre de los masai. Aunque otras tribus poseen ganado, los masai creen que, en esencia, esos animales son suyos. En la comunidad masai, la importancia y posición social de un hombre se mide por la cantidad de animales e hijos que posee. De hecho, a un hombre que cuente con menos de 50 cabezas de ganado se le considera pobre. Con la ayuda de sus numerosos hijos y esposas, el masai espera llegar a acumular un gran rebaño que puede llegar a alcanzar los 1.000 ejemplares.La supervivencia de este pueblo depende de la salud y fortaleza de sus animales. De ellos obtienen la leche para su consumo y el excremento con el que recubren las chozas. Rara vez matan al ganado para alimentarse, salvo de vez en cuando alguna oveja o cabra. Ahora bien, cuando lo hacen, no desperdician nada. Los cuernos los emplean como recipientes; con las pezuñas y los huesos hacen adornos, y curten la piel para confeccionar calzado, ropa, coberturas para dormir y cuerdas. Las familias masai sienten un gran cariño por sus animales y llegan a estar tan unidas a ellos, que conocen bien el sonido y el temperamento de cada uno. Por lo general, marcan el ganado con largas líneas curvas e intrincados dibujos que les sirven, además, para realzar su belleza. En sus canciones describen la hermosura de ciertos miembros del rebaño y el afecto que les tienen. Los toros de grandes cuernos curvos son muy preciados, y los terneros reciben las atenciones y los mimos de un bebé recién nacido.

Castas y Clases El pueblo masai se divide en cinco clanes : los il-makesen, il-aiser, ilmolelian, il-taarrosero, e il-ikumai. Cada clan, a su vez se divide en secciones que se distinguen por las diferentes marcas de sus

ganados. La sociedad está estructurada mediante un sistema de grupos de edad que separan a los hombres jóvenes y muchachas preadolescentes de los mayores, y sus esposas y niños. Cada persona pertenece durante toda su vida al mismo grupo de edad con e l que participó en los rituales de su circuncisión. Cada grupo de edad, irá pasando a lo largo de su vida por sucesivas ceremonias que le permitirá ir a asumiendo mayores cotas de responsabilidad y poder social. Pasan por siete etapas o grupos de edad, de las que cuatro corresponden a su situación de guerreros: menor, guerrero mayor, superior menor y mayor superior. Los herreros forman el clan más bajo en la sociedad masai, teniendo los kraal (poblados ) de los herreros muy mala reputación. Por ejemplo ser vecino de un kraal de forjadores atrae a la muerte, o la mujer que habita con un herrero acaba perdiendo la razón, y en el caso de tener hijos serán inválidos por causa de múltiples circunstancias. Las clases sociales en la sociedad masai tienen relación con la edad, en lugar de con la posición social establecida. Una primera clase es la de los niños, establecida entre su nacimiento y los quince años de edad. La segunda clase o etapa abarca desde los quince años hasta cumplir los treinta y la forman los guerreros. La tercera clase corresponde al período en el que se deja de ser guerrero hasta la muerte, y constituye la clase de los ancianos. Los intervalos entre las clases sociales se establecen en ciclos de 7 años y medio. El "laibon" es el intermediario entre Ngai y el pueblo masai. Su cargo es hereditario y limitado a una reducida casta. Actúa como juez y también predice el futuro, para lo cual examina las vísceras de una cabra o agita guijarros en un cuerno de búfalo. La interpretación dependerá de la posición en que caen. Además, preside las ceremonias, asegura la fertilidad y, lo más importante de todo, autoriza la guerra y trae la lluvia.

Sus viviendas

Tradicionalmente viven en el enkang que es la aldea semipermanente básica Masai. Nomalmente comprende a varias familias (de diez a veinte viviendas). El enkang suele estar rodeado por un cerco de espino que sirve para la protección del ganado y para mantener su privacidad de los forasteros que no suelen ser bien recibidos. Los guerreros ocupan un i-manyat que está a menudo compuesto de aproximadamente cincuenta cabañas y donde viven los miembros de un mismo grupo de edad de un distrito. Las cabañas dispuestas en círculos están construidas sobre la base de una estructura compuesta por ramas y troncos de árboles, dando consistencia al armazón embadurnándolo con estiércol hasta cubrirlo por completo, dejándolo secar hasta endurecer. La forma de las cabañas es similar a los iglúes de las esquimales, teniendo también una puerta de acceso muy pequeña, no abriéndose ventanas en ningún caso. Todas las cabañas juntas forman un círculo llamado "boma" que le sirve de corral para guardar durante la noche los rebaños de ganado. El jefe de familia siempre posee una cabaña en propiedad, levantando a izquierda y derecha de la suya las cabañas de las mujeres. Todo el pueblo a su vez está protegido por una empalizada o muralla, construida también con ramas y árboles, con el objeto de impedir la entrada a las fieras y alimañas salvajes durante la noche. La convivencia permanente, incluso en el poblado, de los masais con su ganado, hace que estos huelan parecido a sus bueyes, lo cuál los hace sentirse muy orgullosos. Para ellos existen algunos fenómenos climatológicos de origen mágico, como es caso de la lluvia. También la hierba de los pastos tiene este carácter onírico. Lógicamente ya que la lluvia desarrolla los pastos y estos dan la alimentación del ganado, sobre el que basan toda su vida y economía. Cuando sobrevienen períodos de sequía los masai se atan trozos de hierba a las ropas para reclamar la lluvia, pero si la situación persiste recurren a los magos oloiboni a los que consultan absolutamente todo. Sin embargo los magos no tienen ningún poder político.

Su religión Los masai veneran a un dios, Ngai que vive en todas las cosas, pero que puede manifestarse tanto de forma benévola como destructiva. La religión de los masai es monoteísta y austera. La principal manifestación de bondad de Ngai es la lluvia. La hierba también es sagrada y en la circuncisión de las mujeres se esparce hierba sobre su cabeza. Un niño a punto de ser golpeado por un adulto enfadado puede librarse de la paliza si consigue arrancar un puñado de hierba. Según sus creencias muy pocas personas son merecedoras de la vida eterna y los cadáveres, generalmente, se dejan a merced de los carroñeros. Como se piensa que una casa queda contaminada si alguien muere dentro, los enfermos desahuciados son expulsados y quedan en el campo para que sean devorados por las hienas, aunque todavía estén plenamente conscientes. A veces, los cadáveres de los grandes hombres son enterrados en una tumba poco profunda, con la cabeza inclinada hacia la casa, y a su lado depositan hierba, un bastón y sandalias nuevas. Los "Laibon" o profetas, reciben sepultura bajo un túmulo de piedras, sobre el cual la gente devota tira un guijarro al pasar. Los muertos no son nunca aludidos, y si el difunto tenía un apodo, en la conversación conviene utilizar un sinónimo de esta palabra para referirse a él. El "laibon" es el intermediario entre Ngai y el pueblo masai. Su cargo es hereditario y limitado a una reducida casta. Actúa como juez y también predice el futuro, para lo cual examina las víceras de una cabra o agita guijarros en un cuerno de búfalo. La interpretación dependerá de la posición en que caen. Además, preside las ceremonias, asegura la fertilidad y, lo más importante de todo, autoriza la guerra y trae la lluvia. Una de las tareas más importantes del laibon es la de aconsejar a los moran, los cuales deben mantener la tradición que les prohíbe tomar alcohol o aspirar tabaco por la nariz. El único estimulante permitido es la corteza del árbol de la mimosa, que mascan antes de entrar en batalla o ir a robar ganado. Actualmente, sin embargo, muchos masai pertenecen a varias iglesias evangélicas.

Alimentación La leche es el único alimento acompañado a veces de mantequilla. A los moran, sin embargo, se les permite comer carne, pero nunca junto con leche. Cuando un masai cae enfermo, ha sufrido la circuncisión o está agotado se le da a beber sangre de buey. Para obtenerla agarran al animal y le atan una correa de cuero alrededor del cuello; luego retuercen la correa de modo que la vena yugular se abulte. Entonces clavan en la vena una flecha que lleva en la punta un pequeño trozo de madera para evitar que penetre demasiado, y recogen la sangre en una calabaza. Una vez extraído un litro, ponen un poco de estiércol en la herida para hacer que la sangre se coagule y sueltan al animal. La paradoja de la leche La base alimenticia de Los Masai son los lácteos y la sangre. Este tipo de alimentación, tan peculiar, aporta una gran cantidad de grasas saturadas, lo que significaría en nuestra sociedad un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares. Pero en cambio de lo que podríamos suponer, en los Masai el riesgo cardiovascular es prácticamente inexistente. La paradoja francesa, la española y ahora la masai, son pueblos donde se han observado, que a pesar de consumir alimentos supuestamente prohibidos para la salud cardiovascular como el cordero, el cerdo ibérico y la leche respectivamente, presentan tasas de enfermedad cardiaca muy bajas. Se han realizado multitud de estudios, para responder a estas paradojas, en el caso francés es el vino tinto el posible elemento cardioprotector. En el español, parece ser que es el propio cerdo ibérico el responsable de tal efecto, pues la grasa de este, esta constituida principalmente por ácido oleico, como el aceite de oliva. En el caso de los Masai el elemento o alimento cardioprotector se desconoce. La leche de cabra que consumen contiene un porcentaje muy alto de grasa saturadas, además ingieren varios litros al día por persona. Una posible respuesta a esta paradoja es que la leche que consumen esta fermentada por bacterias lácticas. Son conocidos los efectos beneficiosos de las leches fermentadas y de los yogures en general, pero hasta el punto de ser beneficiosos para la salud cardiovascular se desconocía y mas aun los mecanismos de acción.

Los niños masai La crianza de los hijos es una labor comunitaria: cualquier persona mayor puede disciplinar y castigar a un niño desobediente. A los pequeños se les enseña a respetar a sus ancianos y a seguir las demás costumbres familiares, que no tardan en aprender. Pasan una infancia despreocupada, pero al crecer, las muchachas aprenderán a atender las tareas domésticas, y los muchachos, a cuidar y proteger el ganado. Asimismo, los padres transmiten a sus hijos el conocimiento de las medicinas tradicionales y les enseñan los rituales y tradiciones masai, que abarcan todo aspecto de su existencia. La indumentaria de lso niños se limita a cinturillas y collares de cuentas.

El paso a la vida adulta Al crecer, los jóvenes aprenden las costumbres y ceremonias que marcarán el paso de la infancia a la madurez, como los rituales de enfermedad, mala suerte, matrimonio y muerte. Los masai creen que si no siguen tales ceremonias, incurrirán en maldiciones. Es posible que los padres concierten el matrimonio de su hija mientras es una niña con un hombre que tenga ganado suficiente para satisfacer la dote exigida por el padre. Por lo general, el elegido es mucho mayor que ella y tiene ya varias esposas. En cuanto a los muchachos, a medida que crecen, se va estrechando su relación con los demás varones de su generación, una relación especial que puede durar toda una vida. Juntos dejarán de ser jóvenes inexpertos y se convertirán en guerreros que asumirán las tareas de proteger la casa, velar por el suministro de agua de la comunidad y defender el rebaño de animales salvajes y ladrones. Cuando tienen unos 30 años, los guerreros entran en la última fase de su transición a la madurez. Con gran emoción y ceremonia, se les inicia en la vida de ancianos, y ya se les permite casarse. Alcanzada esta condición respetada, se concentrarán en elegir una esposa y aumentar su rebaño. También se espera que actúen de consejeros y medien en las disputas.

La mujer Masai Las mujeres son las encargadas de ordeñar a los animales. También se dedican a barrer y limpiar las chozas y cuando el sol agrieta el estiércol del techo, le dan un revestimiento nuevo. El resto del tiempo lo emplean confeccionando collares y cintas con abalorios. El número de esposas de un hombre depende de su riqueza en rebaños. El precio de una esposa es generalmente unas tres vacas, dos ovejas y un buey. Un hombre muy rico puede poseer hasta 20 mujeres, pero son pocos los que tienen más de cinco. Los masai deben casarse fuera del clan al que pertenecen, evitando así los problemas de consanguineidad. Cuando una mujer masai queda embarazada, las relaciones sexuales quedan prohibidas hasta que el niño pueda andar. Da a luz en su propia cabaña, a la que el marido no podrá entrar hasta transcurridos 10 días después del parto. Tampoco le está permitido comer en casa hasta que su hijo haya dado los primeros pasos. Si comparece un anciano bendecirá al niño escupiendo en su cabeza o pecho. Cuando una muchacha alcanza la pubertad, es circuncidada; sin embargo, el matrimonio suele tener lugar después de haber tenido un hijo. Los guerreros

Cuando los niños cumplen los quince años, justo antes de convertirse en guerreros, es cuando se celebra la ceremonia de iniciación, consistente en una serie de rituales que se desarrollan durante varios días, en los que se realizan fiestas, participando en ellas todos los habitantes del poblado. Los jóvenes moran son iniciados es dos grupos, conocidos como " grupos de la ciruncisión derecha e izquierda". El candidato va con la cabeza afeitada y bien lavado, y el rito incluye el sacrificio de un buey. Al día siguiente, el joven corta un árbol que luego las muchachas plantan al lado de su casa. Al tercer día, se levanta temprano y es circuncidado al amanecer. Tras unos días de convalecencia en su cabaña, sale fuera llevando un delantal y pendientes de mujer, y se divierte lanzando flechas sin punta en las nalgas de las muchachas y cazando pájaros para ponérselos en la cabeza, mientras le va creciendo nuevamente el pelo. Los iniciados se reúnen para constituir la "manyatta" y los nuevos guerreros parten a combatir y robar ganado a las tribus vecinas. Terminadas las fiestas y ceremonias de la iniciación, los jóvenes guerreros adquieren un estatus muy especial: son mantenidos y alimentados por la madre, se les lleva prostitutas al poblado donde habitan y llevan una vida disciplinada con e l objetivo de ser buenos guerreros, porque de ellos han dependido, a lo largo del tiempo, la prosperidad de su pueblo. También reciben las armas como atributo inseparable. El armamento consiste en una lanza de hierro con mango de cuero, un sable o cuchillo largo y escudo, que suele estar adornado con dibujos que identifican al clan de procedencia. El primer acto que los jóvenes deben realizar para consagrarse definitivamente como guerreros y que forma parte de un ritual de iniciación, es dar muerte a un león armados exclusivamente con la lanza y el machete, con el que han de cortar la melena de la fiera para luego enarbolarla como señal de victoria en las danzas festivas. Esto será la prueba de fuego para demostrar su valor como buen guerrero.. Actualmente las leyes proteccionistas de la fauna en Kenya y Tanzania impiden estas ceremonias, con lo cual el rito está extinguiéndose. No obstante todavía quedan algunos masais que lo siguen practicando clandestinamente. ”Antiguamente, su misión era cazar un león. Hoy en día buscan los lugares frecuentados por los turistas para que les fotografíen a cambio de unos dólares. Nunca hay que fotografiarles sin pactar antes los derechos de imagen. De lo contrario, se ponen muy violentos. “ Los moran viven como una comunidad propia, compartiéndolo todo y dedicados exclusivamente al pillaje y a la guerra. Sus madres van a hacerles compañía y a cocinarles la comida, siendo sustituídas por las noches por las amantes de los jóvenes guerreros. Sólo tras 14 ó 20 años de llevar esta vida, les está permitido casarse, a no ser que los ancianos del poblado concedan una dispensa especial a algún famoso guerrero como premio a su valor.

Ancianos Practican la eutanasia con los enfermos : el sistema consiste en que los enfermos son llevados a la selva, donde quedan abandonados hasta que les sobreviene la muerte. Los masais suelen olvidar a los muertos y no practican ningún sistema de enterramiento, sólo los magos dejan señal de haber pasado por la vida dejando un pequeño túmulo allí donde mueren, a este túmulo todo el mundo añade una piedra cuando pasa por el lugar. La "edad de jubilación" de los masai son los sesenta y cinco : a partir de ese momento no hacen otra cosa que descansar, beber y jugar a un juego similar a las damas, llamado "enkeshui".

Estética Masai: Los Masai son esbeltos y de facciones finas. Su indumentaria es holgada, de colores atractivos. Utilizan telas teñidas de tonos vivos, rojizos y azulados para envolver sus cuerpos. Las mujeres suelen adornarse con multicolores cintas del pelo y con grandes collares de cuentas, los cuales llevan colocados uno tras otro. En ocasiones se ciñen los brazos y los tobillos con gruesos filamentos de cobre. Hombres y mujeres por igual acostumbran alargarse los lóbulos de las orejas colgándose pesados pendientes y ornamentos de cuentas. También es habitual que decoren artísticamente sus cuerpos con una mezcla de sebo de vaca y ocre, mineral rojo que trituran hasta convertirlo en polvo fino. Rasgos físicos Las carácterísticas físicas de los masais, fundamentalmente de origen sudanés, les favorecía para la actividad guerrera, ya que son personas altas, fuertes y extremadamente ágiles. Los masais, conscientes además de poseer una gran belleza, adornan su cuerpo con elegancia y coquetería, utilizando llamativos collares de cuentas, brazaletes, pendientes que curiosamente correspondes con el corte de la oreja del buey o con un dibujo del hierro candente con que marcan su ganado. El clan de los herreros proporciona a las mujeres unos anillos de bronce que se colocan formando filas en los brazos y tobillos. Cuidan mucho su complicado y decorativo peinado, con numerosas trenzas largas a las que dan consistencia untándolas con grasa y barro cuyo color tiñe el pelo de un característico color rojizo. Los guerreros llevan el pelo largo con una trenza que les cae por delante de la frente y otra que dejan caer sobre la espalda. También es habitual que decoren artísticamente sus cuerpos con mezcla de sebo de vaca y ocre, mineral rojo que trituran hasta convertirlo en polvo fino. Esbeltos y de facciones finas, las masai son un pueblo bien parecido. Su holgada indumentaria es de colores atractivos. Telas teñidas de

vivos tonos rojizos y azulados envuelven sus ágiles cuerpos. Las mujeres suelen adornarse con multicolores cintas del pelo y con grandes collares de cintas, los cuales llevan colgados uno tras otro. Hombres u mujeres por igual acostumbran a alargarse los lóbulos de las orejas colgándose pesados pendientes y ornamentos de cuentas.

Danza Masai : Los masai se agrupan para danzar, distribuyéndose en circulo, comienza a moverse candenciosamente. Al intensificarse el ritmo, los pesados collares de cuentas de las muchachas golpeas sus hombros al compás de la danza. Entonces uno a uno, los guerreros masai se sitúan en el centro y dan unos espectaculares saltos verticales, los cuerpos rígidamente rectos, las manos pegada a los costados, las rodillas juntas, y un puñado de hierba fresca apretada bajo las axilas. Pueden seguir bailando hasta que todos se hallan exhaustos.

Ritos masai: Los jóvenes masai son iniciados es dos grupos, conocidos como " grupos de la circuncisión derecha e izquierda". El candidato va con la cabeza afeitada y bien lavado, y el rito incluye el sacrificio de un buey. Al día siguiente, el joven corta un árbol que luego las muchachas plantan al lado de su casa. Al tercer día, se levanta temprano y es circuncidado al amanecer. Tras unos días de convalecencia en su cabaña, sale fuera llevando un delantal y pendientes de mujer, y se divierte lanzando flechas sin punta en las nalgas de las muchachas y cazando pájaros para ponérselos en la cabeza, mientras le va creciendo nuevamente el pelo. Los iniciados se reúnen para constituir la "manyatta" y los nuevos guerreros parten a combatir y robar ganado a las tribus vecinas.

Una de las tareas más importantes del laibon es la de aconsejar a los moran, los cuales deben mantener la tradición que les prohíbe tomar alcohol o aspirar tabaco por la nariz. El único estimulante permitido es la corteza del árbol de la mimosa, que mascan antes de entrar en batalla o ir a robar ganado. Arte masai : Las artes son fiel reflejo de las ricas historias, filosofías, religiones y sociedades de los habitantes de este continente. Además de su importancia inherente a las gentes que lo produjeron, ha servido de inspiración a algunos de los más importantes artistas y movimientos del arte contemporáneo tanto de Europa como de América. La historia del arte africano se remonta a los tiempos prehistóricos. La tradición africana abarca la escultura (en forma de figuras y máscaras), la arquitectura (principalmente estructuras de tipo doméstico), el mobiliario, la cerámica, los tejidos y las joyas. La decoración corporal (que comprende pinturas, peinados, tocados y tatuajes o incisiones) y la pinturas (en edificios y ropas) forman también una parte destacada del patrimonio artístico africano. Los materiales más comúnmente empleados son la madera, las fibras textiles, el metal (especialmente bronce, hierro y oro),el marfil, la arcilla, la tierra y la piedra. Las formas de representación dentro de cada elemento varían desde un relativo naturalismo a la abstracción absoluta, con unos estilos artísticos en consonancia con la tradición estética establecida en cada área cultural. En el arte masai se presta una considerable atención tanto al mantenimiento de las formas artísticas tradicionales dentro de una cultura, como a la estimulación de la creatividad y la innovación dentro de los parámetros de cada tradición artística. Problemas a los que se enfrentan Desde la época colonial, la mayor arte de lo que fuera territorio masai ha sido usurpado por haciendas o granjas privadas, para proyectos gubernamentales o parques naturales. En general, conservan sólo las áreas más secas y menos fértiles. La tensión que esto provoca en sus rebaños se ha visto a menudo agravada por los intentos del Gobierno de "desarrollar" a los masai, basándose en la idea de que mantienen demasiado ganado para la extensión de tierra. Sin embargo, son en realidad productores ganaderos muy eficientes, y rara vez poseen más animales de los que necesitan o de los que la tierra puede sustentar. Estos intentos de "desarrollarlos" tratan de modificar su sistema de acceso compartido a la tierra. Mientras que esto ha favorecido a los no indígenas y a algunos masai emprendedores que han podido comprar tierras o venderlas, a menudo ha empobrecido el suelo y ha traído pobreza a la mayor parte de los masai, que se han quedado con

poca tierra y de la peor calidad.

“En el comienzo, Dios creó a los masai y luego creó el ganado para que viviera con ellos; todo el ganado del mundo es suyo por derecho divino. Un día, cuando las lluvias eran escasas, un grupo de "moran"-los guerreros masai- descubrió a un anciano llamado Ole Mweia sentado en lo más alto de los montes de Ngong- la intrincada cadena de verdes colinas al lado del Great Rift Valley-. Dominando desde allí el vasto paisaje de lagos volcanes, aquella figura humana era la

del enviado de Dios, investido con poderes para traer la lluvia y predecir el futuro. El fue el primero, y el más grande, en la larga línea de los "laibon" o profetas masai, que tan poderosamente han influído y aconsejado a este pueblo en la guerra y en la paz. Los masai, dirigidos por sus laibon, llegaron a considerarse como el pueblo escogido del África oriental; incluso hoy día algunos masai dicen que ellos son la tribu perdida de Judá.”

“Los ecos del penetrante canto de un joven masai (recorrían el valle impelidos por la húmeda brisa del amanecer hasta perderse en la distancia. A medida que el Sol naciente ganaba altura, la cadenciosa voz del muchacho aumentaba en intensidad, como un ave cantora que fuerza su gorjeo ante los primeros rayos de luz. Mientras yo escuchaba, la incipiente mañana iba dejando al descubierto la enhiesta figura del joven pastor, rodeado del ganado de su padre. Envuelto en una larga tela de color rojo que escondía parte de su cuerpo, permanecía de pie sobre una sola pierna, como las cigüeñas, apoyado en el asta de su lanza, cantando al satisfecho rebaño.”

Un día con los Masai “Durante el caluroso día, me siento con un grupo de mujeres masai a la sombra de una acacia y las observo coser cuentas en pieles curtidas, en las que forman intrincados dibujos. Su alegre conversación, mezclada con las risas, les impide percatarse de lo que ocurre encima de su cabeza: unos tejedores cotorrean mientras construyen los nidos con briznas secas de hierba. A lo largo del día, las mujeres también buscarán agua, recogerán leña, repararán su vivienda y atenderán a sus pequeños. Cuando el calor del sol comienza a declinar, los pastores emprenden el camino de regreso con el ganado. Los animales, que se dirigen a casa con paso lento y pesado, levantan una nube de polvo rojizo que es iluminada por los rayos de la tenue luz ámbar del sol. Las mujeres, al ver la polvareda en la distancia, abandonan de inmediato sus tareas y se disponen a recibir al rebaño. Una vez encerrado el ganado en el corral, los hombres caminan entre los animales acariciando los cuernos de los toros y admirando su belleza. Un niño agarra la ubre de una vaca y dirige un chorrillo de leche tibia a la boca, pero su madre lo reprende al instante. Las muchachas, que van y vienen entre el laberinto de cuernos y pezuñas, ordeñan las vacas con destreza, hasta llenar a rebosar las largas calabazas que hacen las veces de lecheras. Está oscureciendo, y nos acurrucamos alrededor del fuego, que nos calienta del frío nocturno. El ambiente se impregna del olor a humo y a carne asada, así como del fuerte olor que desprende el rebaño cercano. Un anciano se sienta y narra episodios de la historia masai y de las acciones heroicas que protagonizaron antaño los guerreros de la tribu. Solo el rugido de un león en la distancia logra interrumpirlo, pero, tras una pausa breve, reanuda con actitud indiferente su elaborado relato para deleite de su público. Al final, uno tras otro, todos desaparecen en la oscuridad de sus abovedadas chozas de tierra para acostarse. La leve respiración del rebaño dormido rasga el silencio de la oscura noche en la remota sabana africana.”

Watchtower Society Corresponal en kenia

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