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Protestantismo y Educación

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Protestantismo mexicano
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Volumen 2 ; Número 1 Los avatares del proyecto educativo protestante.

Educación metodista, los pastores-maestros y Revolución en México.

Deyssy Jael de la Luz García (Posgrado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM) César Avendaño Amador (División de Psicología social de la Facultad de Estudios Superiores, Iztacala, UNAM) Resumen Este artículo trata sobre los cambios y continuidades del proyecto educativo protestante representado en la Iglesia Metodista Episcopal (IME) en México a finales del siglo XIX y las primeras décadas de 1900, justo cuando la Revolución Mexicana se institucionaliza con el grupo de Sonora en el poder en los años 20´s. Es nuestro interés analizar cómo el proyecto de ciudadanía pensado desde la educación metodista y realizado durante el régimen de Porfirio Díaz, llevó a diversos actores protestantes a un liberalismo radical como apunta Jean-Pierre Bastian, a la Revolución. Haciendo una lectura desde la prensa protestante del momento, se ubica cómo algunos revolucionarios se caracterizaron por ser pastores-maestros. De ahí que su labor desempeñada en la misión y la escuela protestante determinó, en gran parte, su visión de transformar la sociedad mediante el proceso revolucionario. Al analizar la figura de un pastor-protestante, Sixto Ávila, entre 1884 y 1939, se aprecia como las posturas y lecturas sobre el México revolucionario con sus caudillos y procesos políticos educativos, llevó a la renuncia de ese proyecto educativo participativo y autónomo que caracterizó a los protestantes de finales del XIX, mudó a uno corporativista y silencioso, cuando los interlocutores protestantes fueron extintos en las administraciones que siguieron al proceso revolucionario. Palabras Claves: educación, protestantes, pastores, Iglesia Metodista Resumen The present article deals with the changes and continuities of the protestant educational project represented in the Episcopal Methodist Church (EMC) in Mexico by the end of the 19th century and the early 1900’s, just when the Mexican Revolution was institutionalized with the Sonora group in the power in the 1920’s. It is of our interest to analize how the project of citizenship thought from the methodist education perspective and conducted during the government of Porfirio Díaz, led different protestant actors into a radical liberalism to the Revolution, as stated by Jean-Pierre Bastian. Readings related to the protestant press of the time, prove how some of the revolutionaries were characteristically pastors – teachers. That is the reason why the work they did in the mission and the protestant school was the trigger in determining their vision of transforming society through the process of the revolution. By analizing the profile of a protestant pastor, Sixto Ávila, between the years 1884 and 1939, we can notice how the positions and lectures about the revolutionary Mexico and its leaders and political educational processes, was the basis for the resignation to the participative and autonomous eduactional project which was the characteristic of the protestants of the end of the 19th century, moving on to a corporatist and silent one, when the protestant interlocutors were extinct in the administrations that followed after the revolutionary process.

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Keywords: education, Protestant pastors, Methodist Church

Volumen 2 ; Número 1 La educación como eje transformador Uno de los proyectos más importantes de la modernidad fue la educación. Ésta, fue concebida como el medio para formar ciudadanos y gentes útiles en la construcción de los Estado-nación. En América Latina, a lo largo del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, sobre todo durante los regímenes liberales, la cuestión educativa fue pensada como un espacio de superación individual para el engrandecimiento de la nación. Para lograr ese ideal, era necesario crear los espacios, las instituciones, el profesorado y curriculas que hicieran esto posible. Y no sólo eso, sino también la voluntad de la sociedad para emprender el camino. Más aún, el Estado en un carácter centralista debía promover que se llegara a tal meta. En el caso del México decimonónico fueron escritores, periodistas y estadistas como Benito Juárez (1867-1872) y Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), quienes decían que si la sociedad debía regenerarse e ilustrarse, debía ser a través de la educación y la cultura1. Ello implicaba crear un modelo educativo-cultural lo suficientemente fuerte para transformar la mentalidad y valores de una sociedad impregnada por las enseñanzas, preceptos y visiones del mundo transmitidas por la institución más arraigada en suelo nacional: la Iglesia católica. No era una casualidad que gran parte de las leyes de 1857 tuvieron por objetivo, quitar privilegios a la Iglesia y a sus instituciones, siendo la enseñanza uno de ellos; quizá el principal. Pensar en una educación laica gratuita en donde el Estado asumiera el compromiso y tutela de educar al pueblo, sobre todo a la niñez rural, fue un proceso que dio frutos hasta el gobierno de Porfirio Díaz, ya muy entrada la década de los ochenta del XIX. Intelectuales formados en el positivismo, como Justo Sierra (Promotor de la fundación de la Universidad Nacional) y Gabino Barreda (Primer director de la Escuela Nacional Preparatoria), veían en la educación el medio para reforzar la ideología nacional entre los niños y adolescentes, y el medio por el cual se alcanzaría el estatus de ciudadano en el México moderno2. Sin embargo, entre el profesorado porfirista, todavía no se planteaba el acceso y difusión de la cultura más allá de las prácticas elitistas: la ópera, el teatro, la música sacra occidental y las tertulias literarias. Aún con las medidas secularizadoras y leyes liberales, la sociedad mexicana estaba impregnada por una cultura católica. El mismo Porfirio Díaz decía que el fin de la educación al pueblo, además de reforzar la ideología nacionalista era para dejar “la condición de pobreza”. Fue así que cuando en 1896 anunció la reforma educativa para uniformar la enseñanza primaria en todo México, expresó: El problema de la educación pública presentaba entre nosotros, una dificultad doble y exigía una doble solución. Por una parte, urgía difundirla para hacerla llegar al mayor número de ciudadanos y multiplicar las escuelas para dar en ellas hospitalidad a los innumerables desheredados del saber; por la otra era indispensable mejorarla en calidad, desterrar los procedimientos rutinarios, rehacer los programas y los métodos, acabar con la anarquía docente unificando a la vez materia y formas de la enseñanza3. En uno de sus periodos de gobierno, en 1888, se celebró el Primer Congreso Nacional de Instrucción Pública. Ello no implicó que su gobierno asumiera toda la tarea de educar a nivel nacional, ya que como menciona Arnaldo Córdoba, ese Estado nacional decimonónico era débil y no tuvo un control efectivo sobre la población y el territorio4. La postura discursiva de Díaz no implicó que se terminara con la idea de que la educación era para las élites y que la cultura sólo era accesible mediante los espectáculos y desarrollo de las Bellas Artes muy vinculadas a lo europeo. En tal contexto las
1 Carlos Martínez Assad, “Apuntes sobre la cultura” en, Los universitarios. Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, nueva época, núm.13, octubre de 2001, pp. 15-21. 2 Martínez Assad, Op. cit., p. 16. 3 “Mensaje del presidente de México Porfirio Díaz al Congreso, 30 de noviembre de 1896”. Citado en, Martínez Assad, en, Op. cit., p. 16. 4 Arnaldo Córdoba, La formación del poder político en México, México, Edit. Era, Serie popular, 1978, p.9-10.

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Volumen 2 ; Número 1 propuestas de educación privada también alternaban en este escenario. De manera especial la educación impartida por religiosos; algunos enfatizando la enseñanza religiosa y apoyo al régimen del momento, y otros proyectos apostando por una sociedad más participativa en las transformaciones del país. Romper con esos esquemas y promover la participación activa en la vida política, social y cívica y además ofrecer una visión cultural integral donde el cuidado del cuerpo y la apreciación de las artes estuvieran al acceso del pueblo, fue una de las metas que tuvieron las misiones protestantes a través de sus redes escolares, las cuales tuvieron un gran impacto durante el régimen porfirista y los primeros años del proceso revolucionario. Educación y protestantismo en México Ya en otras investigaciones se ha señalado el papel fundamental que jugaron las escuelas protestantes en México entre 1872 y 1930 como proyecto social y cultural distintivo a lo que ofrecía el modelo educativo privado católico e incluso público estatal en la formación de la niñez, la juventud y la vida activa de la temprana madurez5. Caracterizado por lo que Jean-Pierre Bastian califica como un liberalismo radical, las escuelas protestantes kínder, primarias, primarias superiores y normales tuvieron su crecimiento durante el régimen porfirista, sobre todo en regiones rurales y semiurbanas de difícil acceso. La libertad que se permitió a la instrucción privada entre 1888 y 1905, fue aprovechada por los educadores protestantes, primero misioneros y después conversos de primera generación, para realizar el proyecto de construcción de ciudadanía moderna. Las escuelas primarias y superiores siguieron desde sus inicios los programas de las escuelas oficiales y, en este sentido, no se distinguieron mucho de ellas. Lo que si las diferenció, fue, sobre todo, el doble acento puesto, por una parte en la necesaria inculcación de las prácticas igualitarias y de valores democráticos; lo cual se tradujo, a su vez, en la búsqueda de una pedagogía activa que no solamente exigía la participación de los alumnos en las clases sino que trataba de desarrollar una educación permanente a través del deporte y de las asociaciones literarias y de otro tipo que cada colegio estimuló6. En la literatura sobre el tema, se ha destacado cómo la creación de redes escolares ofrecía diversos niveles educativos para preparar a la niñez, teniendo curriculas diferenciadas para niñas y niños, formación de maestros normalistas y maestros rurales. Todo ello tuvo un impacto real en los estudiantes, pues muchos de ellos eran de escasos recursos y la misión tenía que seguir con el proyecto, aún si los recursos humanos y materiales eran insuficientes7. Puntualmente, se ha sobrevalorado la participación de varios protestantes que llegaron a ser pastores-maestros8; algunos de ellos, tuvieron un papel determinante en la caída del régimen de Porfirio Díaz al enlistarse, ya fuese con armas o a través de la pluma, en las filas revolucionarias al lado de Pascual Orozco, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. No será casualidad que algunos jóvenes educados en escuelas protestantes como el metodista Andrés Osuna fuera Director de Educación Primaria durante el gobierno de Venustiano Carranza entre 1916 y 1918, y el presbiteriano Moisés Sáenz fuera el Subsecretario de Educación Pública durante los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, entre 1924 y 1928, años de gran complejidad política por el conflicto de la Cristiada9.
Jean-Pierre Bastian, Los disidentes. Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911, México, Fondo de Cultura Económica- El Colegio de México, 1993; Rubén Ruiz Guerra, “Las Escuelas” en Hombres Nuevos. Metodismo y modernización en México (1873-1930), México, CUPSA, 1992. 6 Bastian, Op. cit, p. 153. 7 Ruiz Guerra, Op. cit., pp. 89-90. 8 En regiones apartadas de los centros urbanos y de desarrollo económico, algunos personajes liberales escribían a las juntas misioneras en México para que les mandaran a sus pueblos a alguien que fuera pastor y maestro a la vez. La petición podía traer explicita la oferta: si mandaban a un pastor-maestro, el pueblo o alguien importante del pueblo podía donar un terreno para construir la misión y la escuela, e incluso un hospital. Véase Bastian, Op. cit., p.144. 9 Tanto Álvaro Obregón como Plutarco Elías Calles iniciaron una serie de reformas en materia religiosa que implicaba el registro de templos e inmobiliario dedicados al culto público, el registro de ministros religiosos, no injerencia de ministros extranjeros en las actividades cotidianas de culto, e informar al Estado todo lo relacionado a las manifestaciones públicas de la devoción religiosa. Los efectos drásticos de la aplicación de esas leyes fueron durante
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Volumen 2 ; Número 1 Antes de ocupar un cargo en la política pública, de manera particular, estos dos personajes fueron proyectistas y maestros de escuelas dominicales en sus respectivas tradiciones religiosas. Sin embargo, no todos los niños, adolescentes y después jóvenes adultos transitaron por el mismo camino. Itinerarios de la educación protestante En este trabajo nos interesa puntualizar algunos aspectos de la educación protestante como espacio formativo de carácter individual y compromiso social para indagar en los resultados que tuvieron después de instituida la Revolución mexicana (1920-1940). Para evitar caer en generalizaciones, hacemos el seguimiento a un pastor-maestro que fue formado en la pedagogía metodista decimonónica; es decir, en una de las vertientes de las expresiones protestantes que llegaron a México en 187310. Nos interesa el pastor-maestro metodista Sixto Ávila, pues es un personaje que entre 1939 y 1942 acompaño pastoral y legalmente a una comunidad metodista que fue perseguida y desplazada de su pueblo de origen, San Andrés, Timilpan en el Estado de México11. Ávila asumió como suya la causa y generó toda la defensa pública de interlocución con las autoridades políticas locales, regionales y federales del momento en relación a los modos y procedimientos de impartir la “justicia revolucionaria”. Después del conflicto armado revolucionario, con la promulgación de la Constitución de 1917, por escrito el artículo 24 constitucional estableció que los mexicanos podían creer en la religión que más les conviniera, por lo que la libertad de culto y de conciencia se reconocieron legalmente. Con ello se suponía que la sociedad mexicana y las instituciones surgidas de la Revolución debían hacer valer esos derechos como parte del proyecto social de la justicia revolucionaria. Sin embargo, la persecución en San Andrés Timilpan y otras más en donde había comunidades protestantes, muestra lo difícil y lento que fue aceptar, reconocer y vigilar por el cumplimiento y respeto de esos derechos. En ste artículo seguimos con cierto detalle el desarrollo educativo de Sixto Ávila desde su propia tradición y organización protestante en relación a las transformaciones que vivió el país, así como las modificaciones que fue teniendo el proyecto educativo protestante conforme transcurrió el tiempo con la injerencia de los misioneros cada vez es menor en el metodismo mexicano a partir de 1920. Nos interesa saber, a partir del estudio de Sixto Ávila, qué tipo de ciudadanos se formaron en los espacios pedagógicos y culturales protestantes, y entender cómo el mismo proceso revolucionario dio lugar a que Ávila construyera una particular forma instituir las ideas de los revolucionarios triunfantes en su ideario político nacionalista en la defensa que hizo de los perseguidos entre 1939 y 1942. Los pastores-maestros fueron personas, y en consecuencia pensaron y actuaron de acuerdo a preceptos que consideraron era necesario asumir y encarnar el proyecto que colectivamente fueron edificando. De acuerdo a sus dimensiones de existencia puntual, propusieron cambios en los espacios sociales donde participaron. De tal forma que la fuerza del proyecto educativo de las misiones protestantes decimonónicas ya no será el mismo, ni con los mismos fines, recursos y características después de la Revolución mexicana (1920-1940).

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el callismo, pues los jerarcas católicos tomaron esas medidas como una agresión y provocación para restarle poder a la Iglesia católica, mientras que los ministros protestantes se apegaron a la ley. Para no someterse a esa reglamentación, en 1926 se acordó entre ministros católicos que se suspendería el culto católico público hasta que las leyes fueran inoperantes. En 1926 el pueblo católico del centro de México se levanto en armas contra el gobierno, bajo la consigna de “Viva Cristo Rey”. A ese enfrentamiento se le llama La Cristiada. 10 La Iglesia Metodista Episcopal (IME) en los Estados Unidos sufrió una ruptura por diversidad de opiniones sobre temas como la esclavitud, el hacer misiones aprovechando la expansión de la frontera hacia el oeste. De Ahí que surgiera la Iglesia Metodista Episcopal del Sur (IMES). En este primer momento del trabajo nos referimos a la IME. 11 Nos referimos a la persecución religiosa en San Ándres Timilpan, Estado de México. Sobre el caso, los autores nos encontramos elaborando un libro de próxima aparición. Nuestra investigación la estamos trabajando desde fuentes primarias que hemos encontrado sobre el caso en el Archivo Metodista de México y entrevistas a los que en ese momento fueron niños perseguidos. Hemos problematizado cuál fue la postura de la Iglesia Metodista de México ante el caso, y de todos los actores involucrados, en donde Sixto Ávila juega un papel determinante por lo mencionado líneas atrás.

Volumen 2 ; Número 1 ¿En qué termino la intención de formar ciudadanos responsables? ¿Cómo se modificaron las fronteras de actuación que orientaban los quehaceres educativos útiles a la patria? ¿En qué tipo de sujetos sociales se instituyeron los pastores-maestros una vez concluida la lucha armada? ¿Cómo se movilizaron en contextos de persecución y hostigamiento en su contra? Son algunas de las preguntas guía de este apartado. Los pastores-maestros y Las contradicciones de un nuevo régimen Las propias contradicciones con las que se enfrentaron las diversas misiones y después iglesias protestantes mexicanas en un contexto de profundos cambios como el que supuso la Revolución Mexicana entre 1910 y 1929, permite cuestionar que el horizonte de ciudadanía imaginado por algunos pastores-maestros como Sixto Ávila, Andrés Ozuna y Moisés Saénz, entre otros de esa generación educados durante el régimen porfirista, estuvo tensada por momentos que fueron decisivos en los propios procesos de existencia, y que les orillaron a tomar distintos rumbos. En contextos de una Revolución que se reinventaba a cada momento, sus lealtades u oposición a los diversos caudillos revolucionarios, les exigió tomar posición: sumarse a la burocracia revolucionaria, hacerse cómplices del régimen con silencios, acuerdos, modos de proceder o tomar la ruta de la oposición porque no se concretaban los propósitos que les habían llevado a tomar las armas o la pluma12. En este escenario, la figura del pastor-maestro, permite ilustrar el proceso a través del cual el sujeto protestante modificó sus fronteras de actuación. Si en el periodo que va de 1872 a 1911, años que comienzan con el auge del liberalismo mexicano y culminan con lo que Bastian llama revolución maderista (Francisco I. Madero como Presidente de México, 1911-1913), el protestantismo fue un proyecto de ciudadanía porque permitió la involucración de sujetos formados en sus escuelas en el acontecer nacional. A partir de los años 20´s y 30´s del siglo XX, el proyecto educativo protestante no sobrevivió, antes al contrario se reinvento sin tener mucha participación social y pública. El Actor y su Escenario No se niega el impacto de la Revolución mexicana en el ámbito de la educación, la cultura, el ejercicio del poder y también en la formación de una clase política e intelectualidad ideológicamente nacionalista. La Revolución trastocó ese mundo donde el país existía solamente para los privilegiados que eran quienes podían acceder a la educación. Las masas irrumpieron con violencia y el proceso abrió la necesidad de una nueva propuesta de la educación y la cultura13. Educación y cultura fueron preocupaciones de los gobiernos revolucionarios porque aunque seguían con la idea de desfanatizar al pueblo, había que involucrar a todos los rincones de México en un proyecto común de nación. Uno de los retos fue la educación rural, pues ahí se tenía que lograr el consenso y la lealtad al poder de los caudillos como Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, y no al cacique de la región. Poco a poco se fue preparando el terreno para centralizar la educación y dar pie al surgimiento de una intelectualidad que a partir de los veinte lograría vincular educación con cultura. El caso emblemático fue José Vasconcelos, quien se planteó una serie de proyectos para llegar con la educación, la cultura, las letras y las artes al mundo rural, al mundo indígena, por ejemplo con la difusión del libro para alfabetizar y difundir la cultura universal mediante la lectura de los clásicos. Ello dio pie a diversas interpretaciones del México profundo y a ensayos distintos de educar a las masas rurales, con un sesgo paternalista. Intelectuales y artistas se debatían entre proyectos educativos indigenistas, nacionalistas y con Lázaro Cárdenas en la década de los treinta, de educación socialista… diversos ensayos que en su momento funcionaron para legitimar prácticas políticas y discursos culturales, pero con escasos resultados.

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12 En un texto recién, Jean-Pierre Bastian ya apunta sobre estos cambios y las diversas opciones que tomaron algunos educadores protestantes durante la institucionalización de la Revolución. Jean-Pierre Bastian, “Protestants, Freemasons and Spiritists in the Mexican revolution, 1910-1920”, in Matthew Butler (ed.), Faith and Impiety in revolutionary Mexico, New York, Palgrave Macmillan, 2007, p.130-160. 13 Martínez Assad, Ibídem, p. 16.

Volumen 2 ; Número 1 Los años 20’s se caracterizaron por ser de reestructuración nacional. La dinastía sonorense e incluso el régimen anterior, carrancista, abanderaron políticas anticlericales y laicas. En ello se marginó la educación privada, tanto de los sectores católicos como protestantes. Mientras que los primeros vieron en las leyes sobre el aspecto religioso de la Constitución de 1917 y en los gobiernos de Obregón y Calles a sus enemigos, los protestantes dejaron sus proyectos educativos y culturales pensando que la Revolución cumpliría con impartir educación gratuita y laica al pueblo…de ahí que la gran mayoría de escuelas protestantes perdieron su fuerza con la aplicación de las leyes del 17 en toda la década de 192014. En tal contexto el protestantismo metodista que analizamos a través de la figura de Ávila, mudó su posición frente al Estado y la sociedad mexicana. De actores creativos y defensores de los derechos ciudadanos, los protestantes ya de primera décadas del siglo XX se transformaron en creyentes disciplinados y promotores de un pensamiento homogéneo, lo cual corresponde ciertamente a los tiempos que les tocó vivir, pero también a la falta de capacidad crítica y a una recomposición de sus formas de enfrentar a un Estado que exigía a los grupos sociales su sometimiento corporativo a las decisiones de la cúpula gobernante. Así el proyecto social protestante dio un giro: de la defensa de las causas ciudadanas a la defensa de una institucionalidad. De ahí que sea interesante el caso de Sixto Ávila. El caso: Sixto Ávila Sixto Ávila nació en 1884 en el seno de una familia en transición agrícola-campesina a la urbana. Siendo un niño, sus padres decidieron trasladarse a Mineral del Monte de San Nicolás, Guanajuato, México, donde Sixto cursó la primaria en una escuela oficial.15 Ahí, se contactaron con el médico misionero Leví B. Salmans, quien los introdujo al metodismo. Un año después de su llegada a la ciudad minera, Sixto entró a la escuela metodista “José María Morelos”, donde sus mentores fueron Abraham M. Ávila16 y el profesor Lorenzo Montiel, ambos egresados del Instituto Metodista de la ciudad de Puebla.17 Concluyó sus estudios primarios en 1898 y fue recomendado por el doctor Salmans para ingresar al Instituto metodista de Querétaro, donde cursó dos años de primaria superior y dos de secundaria18 gracias al apoyo económico del acaudalado minero Mister Dwight Furness. Ávila se formó dentro de las filas del metodismo mexicano. Pertenece a la generación de un liderazgo protestante visionario que se había instalado en México a partir de 1873. Cuando Sixto cursaba sus estudios de primaria alta, los metodistas ya contaban con instituciones para formar sus propios cuadros de líderes que se hicieran cargo de los proyectos que habían construido con apoyo financiero de los fieles metodistas americanos. En el momento en que ingresa para recibir formación en las instituciones
El vínculo entre profesores protestantes con la administración carrancista les favoreció personalmente, pero colectivamente hubo una pérdida material y social del proyecto educativo protestante porque la misma constitución de 1917, limitó le educación privada, de la cual muchos de ellos eran participes. Y dice: “A partir de los debates constitucionales de 1916 y 1917 la tensión creció entre obregonistas y carrancistas. La discusión del artículo tercero en torno a las escuelas religiosas y a la educación religiosa en las escuelas públicas sirvió para reforzar posiciones antagónicas en el clan revolucionario. Los carrancistas fueron reformistas y moderados mientras los obregonistas adoptaron posiciones anticlericales radicales. La propuesta de Carranza fue rechazada y la redacción final del artículo correspondió a un jacobinismo radical e intransigente cuyas consecuencias fueron duras para la propia revolución en la medida en que eso condujo a la Cristiada, pocos años después. En los debates públicos, se empezó a denigrar los protestantes en apariencia por sus creencias, de hecho por la red al servicio de Carranza que conformaban14. A tal grado que cualificar a los carrancistas de “ministros protestantes” se transformó en el motivo para descalificarlos”. Bastian, “Protestants, Freemasons and Spiritists in the Mexican revolution, 1910-1920”, en Op. cit. p.153. 15 “Nuestros delegados”, en El Abogado Cristiano Ilustrado, 29 de marzo de 1928, pp. 3-4, Segunda Época, Tomo I, número 13. 16 El pastor Abraham M. Ávila, junto a Rubén Jaramillo, el primero en Chalco Estado de México y el segundo en el Estado de Morelos, serán los representantes de un liderazgo agrario metodista radical que aún está por ser estudiado. Cfc. Bastian, Los disidentes, Ibídem, pp. 300-301. 17 “Nuestros delegados”, en El Abogado Cristiano Ilustrado, 29 de marzo de 1928, pp. 3-4, Segunda Época, Tomo I, número 13, En la misma institución donde Sixto Ávila se formó como maestro estuvieron con él José Rumbia, líder de la huelga de Río Blanco, Victoriano Báez, prominente pastor metodista y otros más, Flores Valderrama, “Crónica religiosa”, en El Abogado Cristiano Ilustrado, 15 de diciembre de 1887, T. XI, número 24, p. 6. Desde ahora en adelante por sus siglas ACI. 18 El 24 de octubre de 1902 concluye sus estudios secundarios en el Instituto Metodista de Querétaro, Cfc. “correspondencia”, en ACI, 6 de noviembre de 1902, Tomo XXVI, número 45, p. 362.
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Volumen 2 ; Número 1 metodistas, ya existía un sólido liderazgo nacional que buscaba orientar sus tareas en el contexto de una sociedad, a punto de convulsionarse por la Revolución Mexicana. Los analistas de la época consideran que para 1890 la Iglesia Metodista Episcopal (IME) es la más fuerte. Con tan sólo diecisiete años de presencia en el país, tenían treinta y cinco misioneros mexicanos ordenados, veinticinco maestros y treinta predicadores. De sus talleres tipográficos ya salían ciento sesenta mil trescientos treinta volúmenes de propaganda, con dos millones seiscientas treinta y siete mil páginas. También salen obras arqueológicas y otras de interés para el hijo de Porfirio Díaz.19 En 1892, la IME tienen cincuenta y cuatro establecimientos de enseñanza primaria. Se impulsan las escuelas dominicales que llegan para ese mismo año a cincuenta y ocho; el Seminario de Puebla, convertido en Instituto y unido al de Querétaro, tiene capacidad para extender títulos de doctores en Teología.20 Era de tal magnitud la presencia de estos colegios que el periodista y educador Felix F. Palavicini dejo pasar la siguiente nota en un texto por él coordinado y que ejemplifica la presencia significativa del metodismo: Llega nuestro país, en 1910, al centenario de la iniciación de su independencia, y para fecha tan gloriosa presentaba su panorama cultural los aspectos que vamos a intentar describir en las siguientes líneas. En las grandes ciudades, y aún en algunas de segunda categoría, la clase social que disfrutaba de desahogo económico educaba a sus hijos en planteles particulares. En ellos, al amparo del artículo tercero constitucional que preconizaba la libertad de enseñanza, dábase [sic] a ésta un carácter exclusivamente religioso, ya que el mayor número de tales colegios estaba regenteado por eclesiásticos de algunas congregaciones extranjeras, que habían venido a establecerse en nuestra tierra…21 Palavicini como otros críticos del protestantismo señalan a la generación de Sixto Ávila. En el caso de los alumnos metodistas, éstos eran reclutados entre sectores marginales de las zonas conurbadas de México. Concluida la instrucción primaria, ingresaban al Instituto Metodista Mexicano, donde cursaban la carrera del Magisterio en la Escuela Normal, carrera que no sólo era obligatoria, sino preparatoria para los estudios de Teología. La idea era formar maestros que atendieran los establecimientos educativos metodistas, ya sea como directores o maestros y al mismo tiempo, atender las actividades de la escuela dominical de sus iglesias, de tal modo que dicha actividad tuviera un sesgo profesional, en la medida que asumían que la población más significativa e importante de sus comunidades de fe era la niñez, la que debería de tener la mejor y más sólida formación que la iglesia podía ofrecer. La trayectoria formativa tenía dos encargos fundamentales: promover el pensamiento reflexivo en los educandos y, al mismo tiempo, una disciplina en el estudio que les pudiera acompañar por el resto de sus días. A tal grado llegaban los encargos, que en no pocos de esos niños el resultado fue más allá de lo esperado en materia educativa. Desarrollaron vocación de estudio pese a la plantilla docente que les tocó gozar y padecer, e innovaron los materiales empleados tanto en el aula de la escuela diaria como en la escuela dominical. Es frecuente encontrar testimoniales que señalan a la experiencia escolar metodista como el escenario propio para aprender y a la vida misma como el espacio para estudiar.22 De un lado, método de estudio y de otro, interrogación sobre la existencia que les toco vivir.

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Valdés, C. José. El Porfirismo. Historia de un Régimen, Tomo III: El Crecimiento, UNAM, 1987, pp. 211-212. Ibidem, p. 213. 21 Palavicini, Felix, México, Historia de su Evolución Constructiva, Distribuidora Editorial “Libro, S. de R. L.” México, 1945, p. 402. 22 Valderrama, Flores, P. al reflexionar sobre la condición de los profesores evangélicos interroga “¿son estos los educadores de México?” Y responde inmediatamente “Si, señor, tendremos que contestar con no poco orgullo, y son ellos los que van a regenerar a nuestro pueblo, a elevar a nuestra raza, a dignificar a nuestra Patria y a vencer a cuantos ejércitos de traidores o de reaccionarios lleguen a levantarse en la República”. Cfc. “Nuestras Escuelas”, discurso pronunciado por su autor en el concierto de clausura del Instituto Metodista Mexicano de Puebla, ACI, 16 de noviembre de 1916, Tomo XL, número 46, pp. 722-726
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Volumen 2 ; Número 1 Las Advertencias del cambio Para el 5 de febrero de 1901 se ha convocado al Gran Congreso Liberal. En el Teatro de la Paz en la ciudad de San Luis Potosí se dan cita los delegados de los clubs liberales que acuden al llamado. Las delegaciones protestantes se expresaron públicamente con encendidos discursos.23 Por ejemplo, las hermanas Colín mostraron un radicalismo que provocó a la prensa católica. Los periodistas conservadores las dibujaron como enemigas del régimen porfirista. En sus exposiciones las Colín exigieron emancipación del clero, educación laica y obligatoria, prohibición del bautismo y del matrimonio religioso.24 Los delegados protestantes fueron motivo de análisis en diversas publicaciones,25 al grado de decir que el Congreso es un “conciliábulo de protestantes y masones” donde se expresó un ánimo de “sedición en contra de las autoridades constituidas.”26 Entre los delegados de origen protestante se encuentraron; Francisco S. Montelongo, Gonzalo López, Guadalupe Viuda de Colín, Benita Anaya de Reyes, Aurora y Elvira Colín, Hesiquio Forcada, Eucario M. Sein, Librado Rivera, Pompeyo Morales y José Trinidad Pérez.27 No hubo delegación del Estado de Querétaro y Puebla donde los metodistas tenían sus escuelas más importantes. Aunque algunos de los delegados estaban vinculados a estos centros educativos, pese a ello, no será la única ocasión en los que protestantes educados por metodistas, optaron por posiciones radicales y lecturas críticas hacia los gobernantes porfiristas que dictaban las políticas del país. El primero de julio de 1906, el Partido Liberal Mexicano publicó su programa y se manifiestó a la Nación. Entre los firmantes se encuentra el profesor Librado Rivera, cercano colaborador del pastor presbiteriano Esiquio Forcada y que ocupa el puesto de primer vocal de la naciente organización política.28 Las organizaciones sociales, incluyendo algunas de las iglesias protestantes y egresados de los institutos metodistas, tomaron posición frente al régimen y exigían se les considerara en la toma de decisiones. Para 1906, nos dice Barroco, Sixto Ávila: “[…] finaliza todos sus estudios y en el mes de agosto presentó sus reconocimientos, habiendo aceptado la junta académica su trabajo, en vista de la necesidad que había de enviarlo a Guanajuato, para tomar allí la dirección de nuestra escuela primaria. Concluyó sus estudios para el profesorado como miembro de la clase 1906.”29 Así que instalado en la ciudad cervantina, participará como ayudante del pastor Zapata y dirigirá la Escuela Metodista “Morelos”.30 A inicios del siguiente año, 7 de enero de 1907, el metodismo y la comunidad protestante del país se ven confrontada nuevamente por la prensa a causa de su participación política. Si en el contexto del Gran Congreso Liberal la crítica de la prensa conservadora fueron los discursos protestantes expresados en el Teatro de la Paz, ahora la causa es la participación de José Rumbia Guzmán junto con algunos miembros de la iglesia local que él pastorea en un movimiento de huelga. Rumbia, egresó
El Diario del Hogar reproduce el discurso integro de Elvira Colín, sábado 23 de febrero de 1901, año XX, número 126, primera plana. 24 Pastrana, Jorge W. “Noticias al Congreso Liberal. Ataques al Presidente de la República”, en El País, viernes 15 de febrero de 1901, Tomo IV, número 46, primera plana. Conde Fernan, “Plumadas”, El País, lunes 18 de febrero de 1901, Tomo IV, número 49, primera plana. 25 El diario Regeneración, hace una exposición política de algunos de los pastores protestantes presentes en el Congreso, 23 de febrero de 1901, tomo II, número 27, pp. 11-15. 26 Aryos, “Por los Estados”, El País, lunes 18 de febrero de 1901, Tomo IV, número 49, p. 3. 27 Una lista completa de los delegados asistentes se encuentra en, El Diario del Hogar, Sábado 16 de febrero de 1901, Año 20, número 130, primera plana y página 2. 28 “Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación”, en Regeneración, 1º julio de 1906, Año I tercera época, Tomo IV, número 11, pp. 2-3. 29 T. Barroco “Notas editoriales”, en ACI, 22 de noviembre de 1902, Tomo XXX, número 48, p. 388. 30 Sixto Ávila “Notas de campo”, en ACI, 29 noviembre de 1906, Tomo XXX, número 49, p. 398. “Nuestros delegados” Op. cit. p. 4.
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Volumen 2 ; Número 1 del Instituto metodista de Puebla como maestro y pastor. En la huelga de Río Blanco, Veracruz tuvo un papel protagónico por su dirigencia al lado de activistas anarquistas vinculados al Partido Liberal como José Neria. El periódico El Imparcial acusaba a Rumbia de ser instigador de la huelga y autor de varios artículos antiporfiristas en La Unión Obrera, órgano informativo del Gran Circulo de Obreros Libres.31 Amigo de Victoriano Baéz, Maximino Ávila, José Trinidad Ruiz y su maestro Simon Losa, líderes radicales metodistas, y con quienes convivió y compartió parte de su radicalismo evangélico siendo estudiante. Con su participación en el movimiento obrero de Río Blanco, protagonizó uno de los momentos más radicales de oposición en el régimen de Díaz, lo que obligó a los líderes metodistas a iniciar lo que será característico en los próximos años en la prensa protestante: un deslinde entre la labor evangélica de las iglesias y las acciones radicales de muchos de sus pastores. Al respecto, una nota editorial de El Abogado Cristiano Ilustrado: Llego a nuestro conocimiento no hace mucho, que algunos acusaron a ciertos evangélicos de estar fomentando en Orizaba el fermento huelguista que empezaba a manifestarse, con grande inquietud de las autoridades y de los jefes de los centros industriales. Esto, por supuesto, no pasó de ser pura presunción en contra de los evangélicos, pues no existía una prueba concluyente de aquello que se rumoraba estaban haciendo; y hasta la fecha, nadie podría probar que el espíritu de huelga y rebelión pudiera ser fomentado por alguno o algunos de nuestro círculo. No, los evangélicos no pueden representar el papel de revolucionarios y descontentos, provocando odios y dificultades; inspirados en otros sentimientos e ilustrados por otro criterio enteramente distinto, los obreros verdaderamente evangélicos serán siempre, y donde quiera, hombres de orden, disciplinados y honestos, de los cuales no pueden desconfiar ni maestros ni patrones. No es que creamos que sean unos santos por el simple hecho de ser evangélicos, sino que sabemos muy bien que su conducta y sus exigencias se norman por consideraciones opuestas a aquellas que llevan a la generalidad de los obreros a la rebelión y al motín, y con esto siempre serán los mejores obreros con que pueda contarse.32 Los directores de la publicación en ese momento eran Pedro Flores Valderrama y Vicente Mendoza.33 El primero es distinguido masón y toda una institución de la figura pastoral en su calidad de responsable de redacción de la publicación más prestigiada del metodismo. Su posición se mantendrá cercana al respeto a la ley; durante la Revolución apostará por el constitucionalismo de Venustiano Carranza. El segundo es pastor-maestro, activo articulista de la prensa evangélica, autor de numerosos himnos, traductor de otros y promotor de ideas constitucionalistas. Años más tarde, en plena Revolución, permitirá en su condición de director que se despliegue toda una campaña antizapatista desde la redacción editorial de El Abogado Cristiano Ilustrado. Como responsables de la línea editorial, una vez que se dieron a conocer los hechos represivos de la huelga, afirmaron en la editorial del día 17 de enero de 1907 que José Rumbia […] ha sido calumniado por el corresponsal [de El Imparcial], pues si fuera verdad lo afirmado por él, antes de publicada aquella correspondencia el Sr. Rumbia hubiera sido
Se declara en El Imparcial: “José Rumbia ministro protestante que ganaba 25 pesos semanales entregados de los fondos de la cooperación obrera. Rumbia era de los instigadores, habla inglés y es un hombre de carácter salvaje. Venido quién sabe de dónde.” Cfc. El enviado especial, “Los Sucesos de Río Blanco”, El Imparcial, jueves 10 de enero de 1907, Tomo XXI, número 3724, primera plana y p. 2. 32 “Notas editoriales”, 28 de Junio de 1906, ACI, Tomo XXX, número 26, p. 212. 33 Vicente Mendoza realizo su trabajo entre iglesias evangélicas mexicanas, salvo los años 1915 a 1921, años en los que desarrollo sus actividades pastorales en el sur de California (EE.UU.), fue editor de El Mundo Cristiano, El Abogado Cristiano Ilustrado y El Evangelista Mexicano. Fuera de México es más conocido por sus himnos, antes de 1901 ya había traducido varios himnos selectos, al momento de su muerte tenía publicados alrededor de trescientos himnos.
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Volumen 2 ; Número 1 llevado a la cárcel dada la energía desplegada, y los procedimientos sumarios empleados por el General Rosalino Martínez y el Coronel Ruiz para poner en orden a los amotinados y llamar a cuentas a todos los autores directos e indirectos del escándalo”34 Pese a la manifestación editorial, Rumbia fue apresado el 17 de enero junto con los demás líderes del movimiento, ciertas fuentes metodistas señalan que las razones por las que fue apresado son; que ocultó dinamita en su casa y fue sospechoso de “difundir entre los obreros ideas demasiado avanzadas e inconvenientes desde que José Neria era presidente del Circulo.”35 Años después, en 1918, el diputado metodista Jonás García hacía una intervención ante la asamblea legislativa del país donde reconocía el papel protagónico del acusado en la huelga.36 Mientras que el ejército se movilizó para apaciguar las demandas obreras y la dirigencia metodista hacia gestiones para la liberación de Rumbia, Sixto Ávila se trasladó, para 1907, a la ciudad de Querétaro para incorporarse al Instituto Metodista, al tiempo que colabora activamente en la liga Epworth.37 Un año después se fue a la ciudad de Oaxaca para hacerse cargo de la escuela primaria y recibir el nombramiento de ayudante del pastor Victoriano D. Baez, que en ese momento era el Superintendente de la Iglesia Metodista en Oaxaca.38 En 1908, Ávila dirige el programa de atención a alcohólicos en la prisión estatal de la ciudad de Oaxaca, donde se atendía una población de 600 reos,39 en tanto Francisco I. Madero publica su libro La sucesión presidencial de 1910. Al momento de salir la edición, Ávila se ha integrado de manera militante en las actividades de la liga Epworth “Salvación y Paz” donde ocupó el cargo de Secretario a inicios de 1909.40 En marzo se traslado al Oro,41 Estado de México. Ahí se ocupó de labores pastorales y es el suplente de la obra nacional en la localidad e informa y da cuentas al superintendente de Distrito, el misionero J. W. Butler. En su condición de maestro se integró a las labores de la Escuela Metodista “Benito Juárez”. Mientras se encuentra en el Oro, el grupo aglutinado alrededor de Francisco I. Madero formaliza la organización política anti-reeleccionista, cuyo núcleo programático es “Sufragio efectivo no Reelección” el día 21 de mayo. Llegadas las festividades patrióticas del mes de septiembre, Ávila organizó, junto con los profesores de la escuela, una vistosa fiesta cívica con motivo del 99 aniversario de la proclamación de la Independencia en el teatro de la ciudad minera.42 El mismo año comienzó a sistematizar sus ideas pedagógicas para orientar el trabajo que se realiza en la escuela dominical, lo que le ganó fama como maestro de referencia.43 Para 1910 recibió el nombramiento de responsable de la obra mexicana en El Oro con tareas pastorales en ese lugar hasta 1911.44 Mientras se ocupa de las actividades que le exige su nombramiento pastoral,
“Editoriales”, en ACI, 17 de enero de 1907, Tomo XXXI, número 3, p. 24. Bastian, Los disidentes, Op. cit., p. 242. 36 “Inserciones. Discurso del diputado Jonás García tomado del “diario de debates”, en ACI, 10 de enero de 1918, Tomo XLII, número 2, pp. 26-27. En su intervención Jonás García afirmó que “No debe extrañarnos, señores diputados, que entre la gran falange de revolucionarios se encuentra una gran parte de los protestantes mexicanos, cuando entre los primeros que levantaron la voz de la Revolución en tiempo de la tiranía se cuentan muchos protestantes. Allí esta José Rumbia, por ejemplo, en Veracruz, cuando levantó a los obreros señalándoles el camino del deber en contra de todas las tiranías, y ahí están precisamente las consecuencias de la tiranía cuando los sucesos de Río Blanco. ¿Y esto porqué? Porque un alma que vosotros llamáis con desdén y con menosprecio, protestante, supo estar a la altura de su papel como revolucionario y como demócrata interesado en la felicidad de su pueblo.” 37 Coria, C. “Notas de campo”, ACI, 30 de mayo de 1907, Tomo XXXI, número 22, p. 179. 38 Baez D. Victoriano y Ávila Sisto, “Por Oaxaca”, ACI, 2 de julio de 1908, p. 348. 39 Un asistente, “por Oaxaca”, ACI, 10 de septiembre de 1908, p. 475. 40 Ávila Sixto, “Por Oaxaca”, ACI, 11 de febrero de 1909, p. 95. 41 “nombramientos para 1909”, ACI, 18 de marzo de 1909, p. 170. 42 Díaz, Marcial. “Ecos del campo”, ACI, 7 de octubre de 1909, p. 639. 43 Sixto Ávila, “De mis notas para la clase normal: ganando el corazón de los niños”, ACI, 18 de octubre de 1909, p. 685. 4 de noviembre de 1909, p. 698. 18 de noviembre de 1909, p. 731. 25 de noviembre de 1909, p. 748. 44 “Conferencia anual de México”, ACI, 10 de marzo de 1910, p. 156. 9 de marzo de 1911, p. 149.
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Volumen 2 ; Número 1 se formaliza la candidatura de Francisco I. Madero para la presidencia de la República Mexicana el 15 de abril de 1910. Para junio, el régimen de Díaz lanza una persecución en todo el país en contra de los seguidores de Madero quien finalmente es apresado en la ciudad de San Luis Potosí. Con Madero en la cárcel, se llevan a cabo las elecciones donde saldrá triunfador Porfirio Díaz. En el mes de septiembre el dictador presidió los festejos por el Centenario de la independencia. Para el mes de octubre, Madero logró huir hacia los Estados Unidos y proclamar el Plan de San Luis en donde convocó a los opositores del régimen a dar inicio a un levantamiento armado el día 20 de noviembre. Diversos brotes opositores dieron inicio en el norte (Chihuahua, Durango, Tamaulipas), aparentemente sin mucho éxito. En el centro de la República Benigno Zenteno, predicador metodista, se involucró en acciones revolucionarias junto a la familia Aquiles Serdán en Puebla.45 De Revueltas y Definiciones En 1911 mientras Madero cruza la frontera para colocarse al frente del levantamiento armado, Emiliano Zapata desde el sur de Morelos declaraba la guerra a Porfirio Díaz. En tal contexto, Ávila seguía ejerciendo sus labores dentro del metodismo y ese año contrae matrimonio en la ciudad de Oaxaca con la maestra de escuela primaria metodista, Raquel Ehlërs.46 Para mayo, Pascual Orozco y Francisco Villa han tomado Ciudad Juárez, Chihuahua. El 10 de mayo el pastor Benigno Zenteno al frente de 22 hombres “mal armados” en la casa pastoral de la iglesia Metodista de Tepetitla, Tlaxcala se levantó en armas. En su mano “enarbola la bandera de la escuela Metodista” e inició recorrido rumbo al volcán Iztlaccíhuatl entre las ciudades de Puebla y México. Durante el recorrido se le sumó gente con armas y alimentos hasta llegar a San Martín Texmelucan, donde estableció su cuartel general. Para el 31 de mayo Zenteno tomó Tlaxcala al frente de 3 000 hombres,47 mientras que el 21 del mismo mes, Francisco León de la Barra asume el poder interinamente. Cuatro días después, Díaz renuncia y parte al exilio; el 7 de junio Madero hace su entrada triunfal a la Ciudad de México. Ya instalado en la capital, Madero organizó las elecciones en el mes de octubre, de las que salió triunfador. Un mes antes, en septiembre, Ávila publicó un encendido opúsculo donde defiendió el movimiento armado encabezado por Francisco I. Madero, y afirmó: La revolución acaudillada por el valiente y generoso Francisco I. Madero, y el pueblo lleno de alegría, cantó hosannas sobre los despojos de la tiranía y la dictadura. Estos hosannas fueron entonados por los indios que habían sepultado sus quejas en las tinieblas del silencio ¡Hurra! Gritaron entusiastas los mártires de la tiranía, cuando la revolución arrojó del Palacio Nacional al dictador, y ahora ha llegado el momento crítico para la Patria y en el fondo el partido católico desea poner un presidente que destruya las leyes que nos legó el gran Juárez y los partidos liberales que trabajan porque suba al puesto uno que preste las garantías suficientes de sostener esas leyes y conduzca a la Patria por el sendero de la paz y el progreso.48 Pese al ánimo de Ávila mostrado hacia el maderismo, en noviembre Zapata se manifiesta contra Madero a través de El Plan de Ayala en donde le acusa de incumplimiento del Plan de San Luis que lo llevo al poder, al tiempo que introduce el elemento agrario en la disputa armada.49 Si el Gran Congreso Liberal de 1901 y la huelga de Río Blanco había generado incomodidad a los directores de El Abogado Cristiano Ilustrado, Valderrama y Mendoza, el caso zapatista les resultó aún más incómodo. La razón no habría que buscarla demasiado. Un maestro-pastor militante de sus filas que se había formado en el Instituto Metodista de Puebla50 apareció junto a los sublevados zapatistas convertido en

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Fuentes Bazan María Eugenia, “Los Pastores Metodistas Ángel y Benigno Zenteno y su Incorporación al Zapatismo, 1912-1916”, en, Laura Espejel (coord.), Estudios sobre el zapatismo, México, INAH p. 333-334. 46 Velasco, Adolfo. “Ecos del campo”, ACI, 27 de abril de 1911, pp. 270-271. 47 Fuentes Bazan, Op. cit., pp. 321-340. 48 Sixto Ávila, “Facetas”, ACI, 21 de septiembre de 1911, pp. 558-559. 49 “Plan de Ayala”. Facsímil del Manuscrito, Centro de Estudios de Historia de México. CONDUMEX, México, 1985. 50 “Calificaciones”, en ACI, 15 diciembre de 1889, Tomo XIII, número 24, p. 189; 17 de julio de 1890, p.109; 1 de agosto de 1891, p. 117; 1 de enero de 1892, p. 7; 15 de julio de 1892, p. 115, ya como estudiante de teología, 1 de enero de
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Volumen 2 ; Número 1 general. Además, asumió responsabilidad en la redacción del Plan. Su firma aparece después de la rúbrica del general Zapata: José Trinidad Ruiz, alias “el cura”. Éste había hecho sus estudios en el Instituto Metodista de Puebla y se había formado como maestro y pastor. La tercera rubrica fue la del maestro metodista Otilio Montaño de quien se tienen testimonios de su responsabilidad en la redacción del afamado Plan.51 Por si la presencia de dos metodistas no fueran suficientes en la dirigencia del Ejercito Zapatista del Sur, dos más se sumaran en la promoción de la causa agraria: Benigno Zenteno, con experiencia como combatiente y dirigente, recibirá el nombramiento de General por parte de Emiliano Zapata el 16 de abril de 1912;52 el otro es Candido Navarro Serrano que lo hará a partir de junio de 1913. Éste último fue compañero de Trinidad Ruiz durante la secundaria y la normal en el Instituto Metodista de Puebla.53 Militará en las filas del zapatismo después de adquirir experiencia militar.54 Ambos fueron ex militantes maderistas y Candido Navarro operará bajo las órdenes de Genovevo de la O; su radicalismo hacía eco a las demandas agrarias. Esta trinchera, la que representaba el general Emiliano Zapata, fue duramente criticada por el liderazgo metodista desde las páginas de El Abogado Cristiano Ilustrado. La dirigencia metodista nacional asumirá con estos actores un trato distante. Pese a ser responsables de su formación, el alejamiento fue como si fuesen ajenos a los valores que promovían en sus planteles, y que los que un día habían sido alumnos en sus institutos, habían logrado traducir en el ambiente agrario. El director de El Abogado Cristiano Ilustrado, Vicente Mendoza conocía de cerca a José Trinidad Ruiz, Benigno Zenteno y a Candido Navarro Serrano pues ha participado con ellos, durante años, en la promoción del metodismo en diversas ciudades del país, por lo que no le resultaban ajenas las labores de inteligencia de estos maestros metodistas detrás del Ejercito Liberador del Sur. Los valores metodistas se encarnaban en las demandas agrarias pese a la oposición de éstos líderes del metodismo.55 Así, Mendoza asume la decisión de los obispos de tomar partido. Desde el periódico que dirige se encarga de fijar la posición oficial de la IME frente al movimiento zapatista.56 Durante este periodo intenso de revueltas revolucionarias Mendoza57 permitió, a través de editoriales del periódico metodista, juicios y valoraciones que no sólo descalifican la actuación zapatista, sino que la combaten de manera simbólica. Ahí señalan a Zapata y a sus seguidores como “bandidos, pillos, destructores, hordas zapatistas, hordas bárbaras, asesinos que no merecen perdón, hordas de Atila que
1894, p. 5. Cabe aclarar que José Trinidad Ruiz compartió su estancia en el Instituto Metodista de Puebla con el hermano de José Rumbia, Gabriel Rumbia. 51 La testimonial del último sobreviviente de los firmantes del Plan de Ayala, Quintín González, señala con relación a la redacción del afamado plan que “desde hace muchos años, después de ocurrido el fusilamiento del estimado profesor y más tarde general Otilio Edmundo Montaño, prestigiado jefe de las fuerzas del Ejercito Liberador del Sur y redactor indiscutible del “Plan de Ayala” que nos sirviera de bandera, merito que jamás podrá quitárselo, con otro de sus co relatores el general José Trinidad Ruiz “El cura”, así se le conocía al ex ministro protestante, existió la certeza y la creencia de que su muerte se debió a la trampa que le fraguaron el grupo de políticos que se incorporaron a nosotros, mucho después de firmarse el plan, en el año 1913, después de la “decena trágica” en México”. Cfr. Juan Salazar Pérez, Otilio Montaño, Cuadernos Morelenses, Ediciones del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Morelos, México, 1982, p. 35. También, Womack John, Zapata y la Revolución Mexicana, Ediciones siglo XXI, México, 1991, p. 127. Espinosa Sánchez Irineo, La Firma del Plan de Ayala en Ayoxustla, Ed. Unión de Pueblos de Morelos, CNPA y Escuelas Campesinas “Revolución del Sur”, México, 1991, p. 8. 52 María Eugenia Fuentes Bazan, “Los pastores metodistas Ángel y Benigno Zenteno y su incorporación al zapatismo”, p. 336. 53 Cabrera A. “Calificaciones”, en; ACI, 15 de julio de 1890, Tomo XIV, número 14, p.109. 54 Reyes Colín Catalina, “La Toma del Mineral de la Luz”, en; http://www.am.com.mx/Nota.aspx?ID=394613 55 El hermano de Benigno Zenteno, Ángel Zenteno permanece en sus trabajos pastorales dentro del metodismo hasta el año 1914 que se enlisto en las filas carrancistas para combatir contra la invasión norteamericana, en noviembre se refugia con su hermano Benigno para sumarse al zapatismo donde alcanzará el grado de coronel. Cfr. Fuentes Bazan, “Los pastores metodistas Ángel y Benigno Zenteno y su incorporación al zapatismo”, pp. 328-333 56 No fue desconocido para quienes estaban al tanto de la prensa nacional los nombres de los firmantes del Plan de Ayala, cfr. “En el Plan de Ayala se reconoce como Jefe de la Revolución al General Pascual Orozco”, en, El Diario del Hogar, jueves 14 de diciembre de 1911, año XXXI, número 11,029, primera plana. 57 Vicente Mendoza dirigirá El Abogado Cristiano Ilustrado en los años álgidos de la Revolución, de 1910 a 1914. Cfr. Editorial “Nuestros delegados”, en; ACI, 29 marzo de 1928, Tomo I, número 13, pp. 1-2.

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Volumen 2 ; Número 1 deben ser acabadas, el coco de la capital, el azote de Morelos, el origen de nuestras desgracias y sinsabores, Salvajes zapatistas, terribles zapatistas, sanguinarios y crueles, saqueadores, chusmas zapatistas”,58 entre otros calificativos que impedirán un juicio equilibrado sobre el valor e importancia de la lucha agraria en el contexto nacional. Además de impedir el análisis de las condiciones en las que viven los habitantes del campo durante ese periodo del movimiento armado.59 Con este posicionamiento editorial, la IME apostaba por una población educada que aspira a una ciudadanía inspirada por la ley y el establecimiento del orden revolucionario propuesto por Madero, y que al mismo tiempo mira de modo distante las condiciones de vida de los campesinos e indígenas. En 1912 Sixto Ávila se encuentra instalado en la ciudad de Querétaro, colabora como pastor y maestro en el Instituto Metodista de la ciudad, muy cerca del superintendente Benjamín N. Velasco.60 Para el 6 de marzo de ese año tendrá a su primer hijo en medio de una ciudad convulsionada por los levantamientos de Orozco, al norte de la República y de Zapata, en el estado de Morelos.61 Múltiples manifiestos y posicionamientos políticos enfrentan cotidianamente a los habitantes de los poblados de la nación mexicana. Ávila mismo se interroga sobre el futuro que le depara a la sociedad mexicana, son momentos de definición política y a lado del selecto grupo de pastores ilustrados, parecen inclinarse en la balanza por una Revolución que defienda la soberanía nacional en el contexto del derecho internacional. Es así que el 21 de septiembre el Instituto Metodista organizó una velada patriótica junto con el Centro Liberal Queretano. El discurso estuvo a cargo de Sixto Ávila. El cronista de la ocasión nos refiere la escena del siguiente modo: […] Hablo del “eco” de la intervención con que a cada momento nos amenazan algunos “primos” diciendo que primero pasarán sobre nuestros cadáveres que consentir semejante humillación y tan vergonzoso atropello. El orador estuvo muy viril sobre este punto, pues recordando de la heroicidad, abnegación y acendrado patriotismo de las ilustres matronas doña Josefa Ortiz de Domínguez y doña Leona Vicario para sacudir el yugo español, dijo que, llegado el caso, hasta nuestras mujeres, inspirándose en las enseñanzas y sublime ejemplo de estas heroínas, sabrían repeler con las armas en la mano la invasión del intruso vecino y castigar como se merece la profanación de nuestros patrios lares. Hizo aplicación muy oportuna del verso siguiente: “Si sólo quedan mil Con ellos estaré. Si sólo quedan cien Diere al déspota; no; Si sólo quedan diez El décimo seré; Si sólo queda uno. Ese uno, seré yo.”62

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58.“Ecos de la Semana”, en el ACI, 11 enero de 1912, p. 21; “A través de la Semana”, en el ACI, 14 de diciembre de 1911, p. 787; “Ecos de la Semana”, en el ACI, 8 de febrero de 1012, p. 84; “Notas Editoriales”, en ACI, 15 de febrero de 1912, p. 98; “Ecos de la Semana”, en ACI, 15 de febrero de 1912, p. 100; “Ecos de la Semana”, en ACI, 21 de marzo de 1912, p. 180; “Ecos de la Semana”, en ACI, 4 de abril de 1912, p. 212; “Ecos de la Semana”, en ACI, 25 de abril de 1912, p. 261; “Ecos de la Semana”, en ACI, 22 de agosto de 1912, p. 532; “Ecos de la Semana”, en ACI, 5 de septiembre de 1912, p. 564; “Datos referentes al señor Don Agustín García”, en ACI, 13 de abril de 1916, p. 238. 59 Abraham Marcelino Ávila, expresará un sentido reclamo ante la lamentable actuación de la dirigencia metodista en la materia muchos años después, cuando publica el opúsculo titulado “El socialismo cristiano dentro del agrarismo. ¿porqué no habíamos dicho una palabra sobre tan importante obra?, en ACI, 21 de marzo de 1929, Tomo XLI, número 12, pp. 4-5. En este documento señala directamente al patriarca Valderrama y a todos aquellos que en su ignorancia entendieron poco del significado de los reclamos contenidos en las luchas campesinas. 60 “Nombramientos de la 28ª Conferencia Anual para 1912”, ACI, 22 de febrero de 1912, p. 164. 61 “Ecos de la semana” y “Notas generales”, ACI, 14 de marzo de 1912, p. 164. 62 Quirino Moreno, “Ecos patrióticos”, Velada patriótica en Querétaro, 3 de octubre de 1912, p. 637.

Volumen 2 ; Número 1 Pareciera que Ávila se anticipa a los sucesos de abril de 1914 donde la población estudiantil metodista en Puebla tomara las armas ante el desembarco de marines norteamericanos.63 Como sea, en octubre de 1912, en el puerto de Veracruz, Félix Díaz inicia una revuelta en contra del gobierno de Madero. Pasados cinco meses, el 9 de febrero de 1913, en la ciudad de México Bernardo Reyes, Félix Díaz y Manuel Mondragón dan inicio a la llamada Decena Trágica que culmina con el asesinato de Madero. El 18 de febrero el militar Victoriano Huerta toma prisionero al presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez y el 22 son asesinados. El 26 de marzo Venustiano Carranza gobernador de Coahuila, inicia el movimiento constitucionalista en repudio a las acciones de Huerta con el denominado Plan de Guadalupe; se suma a este movimiento en Sonora Álvaro Obregón. Para mayo Zapata desconoce a Huerta y en septiembre Francisco Villa junto a su ejército División del Norte, se unen al movimiento constitucionalista.64 En este escenario de cambios radicales, Sixto Ávila recibe el nombramiento para hacerse cargo de la obra pastoral y educativa en el estado de Oaxaca durante el año 1913, nombramiento que tendrá hasta el año 1915.65 Durante la Conferencia Anual de la Iglesia Metodista del año 1914 es ordenado, junto a Lorenzo Martínez y Manuel Rivera como diáconos. En el mismo evento recibe el encargo de responsable de la Sección de Temperancia, que aparece en la publicación oficial metodista El Abogado Cristiano Ilustrado.66 A inicios del año 1914 el ejército federal será derrotado por los ejércitos constitucionalista y la división del norte. Es un abril negro para las fuerzas del general Huerta. El 21 del mismo mes, marines norteamericanos invaden Veracruz lo que obliga a la población civil a tomar acciones. Así, los estudiantes del Instituto Metodista de Puebla toman las armas en contra del desembarco de los marines norteamericanos. El director reportó que: A raíz pues de haber desembarcado los soldados americanos en aquel lugar (Veracruz) hubo un sacudimiento patriótico entre la juventud de la ciudad, alentado por varios empleados del Gobierno, y algunos soldados del ejército federal. Todos los jóvenes mexicanos querían lanzarse a la guerra; pero nuestros estudiantes, más cautelosos que los de otros colegios, comprendieron desde luego que se trataba nada más de un lazo tendido por el Presidente de la República para seguir sosteniéndose en el poder, que de una verdadera invasión extranjera; y por eso fue que ellos en vez de alistarse en las filas del ejército federal, lo hicieron en el revolucionario, esperando, como sucedió, que cayendo el presidente Huerta, terminaría en nuestro país la intervención del ejército de los Estados Unidos. Desgraciadamente con la caída del presidente Huerta, no pudo restablecerse la paz, debido a las profundas divisiones que existen en los partidos; y como quiera que el ambiente que domina en todo el país es el de un campamento militar, nuestros jóvenes estudiantes han seguido con las armas en la mano, afiliados en este o aquel bando; causa por la cual es completamente imposible en estos momentos reorganizar nuestros cursos y abrir las clases de 1915. Cuatro quintas partes de nuestros estudiantes de los departamentos secundario y normal, y casi todos los alumnos de la escuela de Teología son soldados.”67 La mesura en los juicios, pudiera hacer suponer que las personalidades del metodismo mexicano están rectificando los juicios con relación a las distintas facciones revolucionarias en conflicto. El responsable del instituto poblano, Pedro Flores Valderrama, señala que los estudiantes se afilian a este
En abril de 1914, marines norteamericanos desembarcan en el puerto de Veracruz. Mientras esto ocurre en México, en el mundo evangélico norteamericano, las sociedades misioneras desconocen el 13 de marzo, los resolutivos a los que llegaron los delegados que asistieron a la ciudad de Edimburgo en 1910, lo que derivó en la creación del Comité de Cooperación para América Latina (CCLA). 65 “Nombramientos de la conferencia anual de México para 1913”, ACI, 27 de febrero de 1913, p. 132. 5 de marzo de 1914, p. 149. 11 de marzo de 1915, p. 76. 66 “Nombramientos de la conferencia anual de México”. ACI, 5 de marzo de 1914, p. 148, 149 y 170. 67 Pedro Flores Valdemara, “Informe del presidente del Instituto Metodista Mexicano”, en ACI, 25 de marzo de 1915, Tomo XXXIX, numero 12, p. 92.
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Volumen 2 ; Número 1 o aquel bando, no emite juicios para soslayar la presencia de elementos sociales cuyas demandas no necesariamente son visibles para estos líderes metodistas. Las batallas contra Huerta se prolongan hasta el mes de julio cuando finalmente renuncia.68 Para el 20 de agosto de 1914, la editorial metodista da señales, pese a la mesura que aparentemente se había colado, de que hay una apuesta clara por una de las facciones revolucionarias al declarar en su editorial que la Revolución ha triunfado. Después de diecisiete meses de un régimen tiránico, sangriento y brutal, como pocas veces o ninguna lo hayamos tenido en México, los revolucionarios que levantaron la bandera de protesta contra la usurpación Huertista, tras de triunfar en toda la línea, en su marcha arrolladora desde la frontera norte de la República, han llegado a la capital, y se han posesionado del Palacio Nacional, asiento del poder supremo de la nación, todo lo cual lo han efectuado en medio de las más entusiastas aclamaciones de la nación entera. Las inquietudes y temores que justamente nos asaltaron al ver todos los preparativos para la resistencia armada a las huestes que venían coronadas con los laureles del triunfo en la formidable campaña emprendida desde el norte, se trocaron en manifestaciones de justo regocijo, preparándose el pueblo desde luego para recibir dignamente a los tantas veces llamados “bandidos” del norte, cuyo “bandidaje” será timbre de gloria para ellos y para toda la nación… La nación respira; se siente vivir una vida nueva después de la espantosa pesadilla de diecisiete meses. La revolución es un hecho consumado; aceptémosla amigos y enemigos, levantando el monumento de la paz y de concordia sobre la inmensa hoguera de nuestras pasiones políticas en donde perecieron miles y miles de hombres caídos noblemente en el campo de batalla, o sacrificados bárbaramente por la dictadura huertista, laboremos juntos para restañar todas las heridas y rehagamos otra vez, cada uno en su propia esfera, la patria noble y grande cuyo engrandecimiento ha de ser el constante anhelo de todos los que hemos visto la luz bajo el inmenso suelo mexicano.69 El bando revolucionario, una vez derrotado Victoriano Huerta, se mantiene en una endeble unidad. Múltiples dificultades y sospechas entre ellos, anticipan severas dificultades para mantenerse juntos. Pese a los acuerdos y promesas de unidad, todavía hace falta resolver diferendos que reconcilien las demandas de cada uno de los grupos armados. El contexto es de optimismo cuando se inicia el retorno de los ejércitos revolucionarios a sus lugares de origen a partir del mes de septiembre. Si el instituto poblano se vació a causa del abandono de las aulas de su alumnado, el año de 1914 para el colegio metodista de Querétaro fue distinto, ya que mantuvo cerradas sus puertas por un mandato de la Conferencia Anual derivado de su análisis de las condiciones del país. Los responsables utilizaban el tiempo para hacer mejoras al inmueble y recibir en mejores condiciones a los alumnos el siguiente ciclo escolar. Su deseo no se cumple pues sufren una experiencia amarga el día 19 de noviembre, cuando el Instituto fue invadido por una turba que destrozó e incendió el lugar. Benjamín Noriega Velasco relata que:

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68 En este contexto, las juntas misioneras organizan la convención de Cinccinati, con el propósito de repensar su trabajo en México y con la idea de que la labor hecha desde 1872 no fuese en vano. En dicha convención estuvieron presentes las siguientes denominaciones: presbiteriana, metodista episcopal, bautista, congregacional, de los Discípulos y los Cuáqueros. Entre los acuerdos más significativos se encuentra el de reordenar territorialmente la presencia de cada una de las denominaciones. Lo cual significaba que las iglesias deberían de intercambiar sus misiones en un territorio por otro, es decir abandonar sus trabajos en ciertos lugares para hacerse cargo de otros. No todos los involucrados aceptaron este cambio, al menos se sabe de la inconformidad que expresaron la sociedad misionera de los presbiterianos del sur y algunos ministros de la misma iglesia, pues para ellos significaba, en caso de permanecer en su territorio, el cambio de doctrina y forma de gobierno eclesiástico. Para el metodismo episcopal la resolución no resulto nada sencilla, pues su presencia en el país disminuyó sensiblemente, significó el cierre de escuelas y obras asistenciales, así como la reducción de modo significativo de presupuestos a partir de 1924, lo que derivo en una reducción importante de sus actividades. Cfr. Alberto Hernández Hernández, Transformaciones Sociales y Cambio Religioso en la Frontera Norte de México, Tesis doctoral, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid, 2005. 69 “La Revolución ha Triunfado”, en ACI, 20 agosto de 1914, Tomo XXXVIII, número 4, primera plana.

Volumen 2 ; Número 1 Una multitud furiosa y fanática, compuesta de miles de personas, y a los gritos de “Viva el Gral. Villa, viva la Religión y mueran los Protestantes” asalto el edificio de nuestro Colegio y el templo anexo, El asalto comenzó a las seis de la mañana y fue tan violento que las familias apenas tuvieron tiempo para escapar. La muchedumbre rodeo completamente la casa y en medio de gritos ensordecedores comenzó a lanzar una lluvia de piedras contra las puestas y ventanas, y muchos individuos armados de mazos de fierro y grandes piedras golpearon las puertas hasta hacerlas pedazos para abrirse paso. Luego que derribaron las puertas, una avalancha humana se precipitó al interior, haciendo pedazos y destruyendo cuanto encontraron. De los salones de clase y dormitorios de los alumnos sacaron muebles, mesas, bancas, mapas, esferas, libros, aparadores, cómodas e hicieron una grande hoguera en la calle de el Lobo, frente al Salón de Actos del Colegio. En el templo hicieron pedazos todos los muebles, la tribuna y el órgano, y robaron los útiles del servicio de la Santa Cena que eran de plata. De la biblioteca destruyeron y se llevaron bastantes libros; también destruyeron y quemaron el archivo y toda la documentación del establecimiento, lo cual ha sido una gran perdida para la historia de la Institución… El asalto al Instituto duró más de dos horas, y pudo sofocarse cuando algunos vecinos de la ciudad se armaron para disolver a las multitudes, que, excitadas por su fanatismo y con el aliciente del robo, se temía que siguieran su obra vandálica en la población. El motín ocurrió en Querétaro cuando las fuerzas carrancistas evacuaron la plaza y quedo la ciudad sin autoridades por más de veinticuatro horas, antes de que llegaran las avanzadas villistas.70 La destrucción en las instalaciones del Instituto, aportaba elementos de juicio para que la dirigencia metodista definiera con mayor claridad su posición frente a las facciones revolucionarias; su vínculo con el constitucionalismo se fortaleció. Con ello se buscaba recuperar una tradición añeja de cuño protestante vinculada al acuerdo, la negociación y la legalidad como medios para defender la libertad y los derechos adquiridos, como si la justicia que se impartía en México pudiera compararse a la que edificaron los habitantes de la Europa continental.71 Si la renuncia del día 15 de julio de Victoriano Huerta a la presidencia y su huida del país, colocó a Carranza al frente del gobierno constitucionalista, los grupos que habían participado en la expulsión del usurpador todavía hacían movimientos estratégicos para imponer sus demandas sociales a las demás facciones revolucionarias. Así que, el primero de octubre se iniciaron los trabajos de la Convención Revolucionaria en la Ciudad de México, con la idea de llegar a acuerdos. El escenario es de jaloneo entre las distintas facciones y buscan posicionarse mediante maniobras de cabildeo. En noviembre Carranza desconoce a la Convención y en diciembre Villa y Zapata toman la ciudad con 50,000 hombres. La nueva dirección de El Abogado Cristiano Ilustrado da un giro en el tratamiento que da a la facción zapatista. La publicación recupera los discursos de Eufemio Zapata y matiza sus juicios en torno al Ejercito Zapatista. …justo es decir que los soldados del ejército Libertador se portaron con una corrección verdaderamente admirable, dando amplias garantías a la vida, a la honra y a la propiedad.72 A lo largo del año 1915 se enfrentaron las fuerzas revolucionarias de la Convención contra las del ejército constitucionalista. El momento más sangriento son los meses que van de abril a junio, con los que se definirá la victoria de Carranza sobre la Convención militar; Álvaro Obregón representaba la fuerza militar del carrancismo y Francisco Villa la de la Convención. Las batallas que se libran en Celaya y la Trinidad, definirán el triunfo definitivo del constitucionalismo y con ello Carranza recibirá el reconocimiento del gobierno norteamericano como presidente de México en el mes de octubre.
Benjamín Noriega Velasco, “Informe del Instituto Metodista de Querétaro ante la XXX conferencia anual de la Iglesia Metodista Episcopal de México”, en ACI, 25 de marzo de 1915, Tomo XXXIX, número 12, pp. 92-94. 71 “Psicología de las revoluciones”, en ACI, 25 de marzo de 1915, Tomo XXXIX, número 12, pp. 89-90. 72 “Sucesos de la semana”, en ACI, 10 de diciembre de 1914, pp- 768-769. El director provisional de la publicación es Miguel Z. Garza.
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Volumen 2 ; Número 1 En la editorial de noviembre, El Abogado Cristiano Ilustrado anunciaba “el principio del Fin” y narraba la Conferencia de Washington en donde los representantes de las naciones: acordaron por unanimidad, reconocer al Gobierno Constitucionalista, presidido por el señor Venustiano Carranza; por ser ese gobierno el que, a juicio de aquéllos diplomáticos, reúne las condiciones indispensables, de solidaridad, fuerza y honradez, suficientes para llevar a término feliz la reconstrucción de nuestro país, tan hondamente conmovido por la revolución social que acaba de pasar.73 La dirigencia metodista desplegaba esfuerzos no sólo para elogiar el régimen triunfante del constitucionalismo, sino para fortalecerlo en el exterior. Victoriano D. Baez se encuentra en el mes de octubre en Madrid España donde presenta a Carranza como el que: …sostiene la lucha para afirmar los principios de soberanía nacional e imperio de la legalidad… Carranza, es hoy por hoy la única figura que representa los mejores anhelos del pueblo mexicano, que no es revolucionario de afición, sino lucha en una causa grande, vinculada a la futura prosperidad y grandeza de la republica mexicana. El partido católico mexicano, nacido bajo el régimen liberal de Madero, se alió fuertemente con el general Huerta, en el deseo de adquirir dominio en el país. Hoy, una comisión de clérigos mexicanos trabaja cerca del Gobierno de los Estados Unidos a favor de la intervención norteamericana. En cambio, nadie puede decir que las iglesias evangélicas, sostenidas o apoyadas por sus hermanos de la gran República hayan dejado de identificarse con los verdaderos intereses nacionales, pues no persiguen ningún fin egoísta, sino el bien espiritual del pueblo, base de su independencia, dignidad y prosperidad.74 Dos aspectos sobresalen de esta campaña: la defensa de la ley como criterio en las relaciones sociales y en la solución de los conflictos y el deslinde del lugar que ocupa la dirigencia metodista que es a lado de la Revolución. A diferencia del lugar que ha elegido la dirigencia católica que es de lado del usurpador Huerta.75 Este posicionamiento no es gratuito, la relación protestante con Carranza ya vienen de años atrás cuando Venustiano había entrado en contacto con el misionero Samuel Guy Inman en Piedras Negras Coahuila,76 y por la amistad que mantenía con el profesor Andrés Osuna quien además se desempeñó como consejero del revolucionario triunfante.77 Así que el metodismo oficial quedo vinculado al constitucionalismo no sólo por su filiación ideológica sino por sus vínculos de amistad con Venustiano Carranza. Por supuesto que la cercanía de Sixto Ávila como hombre de confianza de la dirigencia metodista, lo colocó como una figura cercana a las políticas de la institución. Mientras se llevaban a cabo los trabajos del Congreso Evangélico de Panamá,78 se solicita su traslado a la ciudad de Puebla, lo cual ocurre para abril de 1916 e inicia una estrecha colaboración como ayudante en las tareas pastorales en la ciudad a lado de Victoriano D. Baez. También se integra a la docencia en el Instituto Metodista y

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“El Principio del Fin” en; ACI, 4 de noviembre de 1915, Tomo XXXIX, número 44, p. 345. “La Revolución Mexicana, de El Cristiano de Madrid”, en ACI, 2 de diciembre de 1915, Tomo XXXIX, número 48, pp. 379-380. 75 Es interesante que el juicio del pastor Baez no se alejo mucho de la realidad que se vivió en ese periodo y que bien retrata Mario Ramírez Rancaño, La reacción Mexicana y su Exilio durante la Revolución de 1910, Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, Instituto de Investigaciones Históricas y Instituto de Investigaciones Sociales, México, 2002. 76 Guy Inman, Samuel, (1919) Intervention in Mexico, Association Press, New York, de especial interés puede consultarse el capítulo 3. 77 Baldwin, Deborah, “Diplomacia Cultural; Escuelas Protestantes Misionales en México”, en Historia de México, Tomo XXVI, 2, 1986, pp. 287-322. 78 Como delegados de la Iglesia Metodista a dicho congreso están; J. W. Butler, J. P. Hauser, Pedro Flores Valderrama, Juana Palacios y Laura Temple. Cfr. Velasco Epigmenio, “El Congreso de Panamá”, en ACI, 17 de febrero de 1916, Tomo XXXX, número 7, pp. 99-100.
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Volumen 2 ; Número 1 forma parte del Comité Ejecutivo de las Ligas Epworth.79 La definición en el terreno político de la dirigencia metodista por el constitucionalismo les obliga a mover el personal de más confianza, entre los que se cuenta a Ávila, a los espacios institucionales de mayor riesgo. Puebla es un estado clave en esos momentos, no sólo por la presencia del Instituto en la ciudad y por el papel jugado por el estudiantado en la revuelta y su vinculación al zapatismo, sino por la presencia y el trabajo de base que despliega el zapatismo en la región, el cual sería combatido durante todo el año hasta que el ejército constitucionalista ocupe la región. Ávila asume el día 4 de abril su nombramiento como secretario de las Ligas y de la Sección de Misiones.80 El 20 de mayo se reúnen en Conferencia las tres ligas Epworth existentes en el estado de Puebla y lo nombran presidente para coordinar el trabajo de todo el Estado,81 mientras Cuernavaca es ocupada por el general Pablo González Garza reduciendo la fuerza zapatista prácticamente a guerrilla. Ya en junio desarrolla una intensa actividad cultural y se hacen preparativos para recordar el tercer centenario de la muerte de Cervantes, así mismo promueve encuentros literarios con jóvenes en todo el estado poblano.82 El 31 de diciembre fallece su mentor Benjamín Noriega Velasco, algunos sugieren que a causa de la invasión efectuada en noviembre de 1914 al Instituto Metodista por la turba que realizó desmanes en la institución lanzando vivas a la religión y al villismo. Se lamenta, con otros muchos que fueron formados por el profesor Benjamín Noriega en el Instituto Metodista de Querétaro, su fallecimiento.83 Optimismo y Crítica En la Conferencia Anual de la IME del año 1917 los pastores hacen proyecciones a futuro. El metodismo participa de la Revolución triunfante en su versión constitucionalista, fortalecida por el ánimo internacional promovido por el Comité de Cooperación para América Latina. Los pastores buscan evangelizar la Región impulsando el espíritu del protestantismo una vez que han discutido, acordado y proyectado su presencia a la luz de la convicción de que México y América Latina no han conocido el “verdadero Evangelio” ni han tenido una “verdadera conversión” a Cristo. Carranza, no sólo ha llevado a término un nuevo pacto social y político, sino que además ha logrado un consenso internacional a su favor, gracias a las gestiones que hace Isidro Fabela. De modo que Venustiano pudo dedicarse a gobernar en la medida que recibía el reconocimiento de varios países latinoamericanos y del mismo Estados Unidos. Expidió leyes relativas al municipio, restituyó y dotó de ejidos para disminuir la presión del movimiento agrario, buscó recuperar el carácter social haciendo eco a los postulados de la Revolución. Además daba forma al Congreso Constituyente que se reunió en la ciudad de Querétaro en 1916 y que, retomando el carácter liberal del Constituyente de 1857, logró que se hiciera una nueva Constitución a la que se le agregaron reformas de tipo social. Su promulgación fue el 5 de febrero de 1917. Un mes antes del histórico acontecimiento, el director de El Abogado Cristiano Ilustrado M. Z. Garza declaró en el contexto de la expedición punitiva del ejército americano que buscaba infructuosamente a Francisco Villa por el estado de Chihuahua que: aunque no nos preciamos de ser carrancistas incondicionales, aplaudimos con entusiasmo la decisión patriótica y digna, adoptada por el Primer Magistrado de la Nación y como mexicanos estamos con él y pensamos como él, en todo lo que atañe a la dignidad nacional; dignidad que no debemos consentir sea menoscabada en lo más mínimo.
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Carlos Sánchez, “Sección del secretario de las ligas Epworth”, ACI, 6 de abril de 1916, Tomo XXXX, número 4, p. 224. 18 mayo de 1916, Tomo XXXX, número 20, p. 306. 80 Sixto Ávila, “Sección del secretario general de la liga”, 20 de abril de 1916, Tomo XXXX, número 16, p. 255. 81 Carlos Sánchez, “Notas del secretario de la liga Elpworth”, 8 de junio de 1916, Tomo XL, número 23, p. 367. 82 Carlos Sánchez, “Notas del secretario de la liga Elpworth”, 15 de junio de 1916, Tomo XL, número 24, p. 381. 83 El número del 8 de febrero de 1917 se dedica al ex cura Benjamín Noriega Velasco, Tomo XL, múmero 6.
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Volumen 2 ; Número 1 ¡Quiera Dios que un nuevo triunfo diplomático, obtenido por el Sr. Carranza y fundado en la justicia más severa, nos liberte de una guerra que no deseamos!; pero que tampoco esquivaremos, si las circunstancias nos conducen a ella, de una manera inevitable.84 De acuerdo a los postulados de la nueva Constitución, se celebraron elecciones, las que ganó el señor Carranza. Tomó posesión el primero de mayo del mismo año por un período que debía terminar en noviembre de 1920. Los metodistas se dispusieron a hacerse presentes en el gabinete de Carranza85 y sus instituciones se encontraron fortalecidas y optimistas de un futuro que consideran será también obra de sus acciones.86 El vínculo entre protestantismo y régimen carrancista desatara la furia de los directores de periódico conservador El Universal, quienes iniciaron con empeño una campaña de desprestigio en contra de los funcionarios de origen protestante.87 En este escenario de proyecciones futuras, Sixto Ávila fue nombrado secretario del Distrito de Puebla88 y de modo anticipado recibió dos nombramientos: el primero como parte de la Comisión de circulación de la Biblia para el año 1918, y el segundo como integrante del Consejo de Educación para 1920.89 Pese a la campaña en su contra, el optimismo protestante alcanza horizontes utópicos, pues en el contexto de una Revolución triunfante con una iglesia protestante que hace eco a las conclusiones del Congreso de Panamá y cuyas dirigencias declaran estar dispuestas a nacionalizar el trabajo evangélico, se disponen a realizar la Convención Nacional Evangélica, respondiendo a una convocatoria latinoamericana lanzada por el Comité de Cooperación para América Latina (CCAL). Con la participación de seis delegados nombrados oficialmente por los cuerpos directivos de las distintas iglesias que laboran en el país, incluyen a las juntas misioneras y un delegado más por cada 500 miembros efectivos según las estadísticas de 1910.90 La consigna en la convocatoria es la promoción de un “espíritu de unidad y cooperación”.91 La Convención tuvo lugar del 27 al 31 de marzo de 1917 en la Ciudad de México y vale la pena presentar una síntesis de las conclusiones a las que llegaron, con la idea de ejemplificar el ambiente de optimismo que rodeaba al mundo evangélico: 1. Las referentes a educación; a) que se procure la organización de una “Universidad Evangélica Mexicana”, b) que se forme un consejo interdenominacional de Educación y c) que se fusionen las Escuelas Normales Evangélicas del país en cuatro, dos para señoritas y dos para varones para aprovechar al máximo los recursos. 2. Las referentes a la literatura; a) que se establezca una sola Casa de Publicaciones en la Capital, con tantas agencias en los Estados cuantas sean necesarias, invitando a la Sociedad Bíblica Americana a formar parte de esta casa editorial, b) que se funda en un solo periódico las publicaciones evangélicas, como órgano de la Iglesia Evangélica Mexicana, c) que se publique un periódico para la juventud, semejante al “The Youths’ Companión”, d) que se gestione la publicación de un periódico para mujeres, e) que se promueva la publicación de obras filosóficas de tendencia espiritual, de folletos que
M. Z. Garza, “Notas y Comentarios” en; ACI, 11 de enero de 1917, Tomo XVI, número 2, p. 18. Andrés Osuna ocupa la dirección general de educación pública del D.F. y territorios federales, Sara L. Keen se ocupaba de la instrucción técnico-industrial, Concepción Pérez se hizo cargo de la instrucción en penitenciarias y fabricas, José María Cárdenas director de Instrucción Pública en Coahuila, Moisés Sáenz en Guanajuato, Benjamín Velasco en Hidalgo, Moisés Sáenz se hizo cargo de la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria, Alfonso Herrera era secretario de la Universidad Nacional y otros muchos maestros ocuparon cargos menos importantes. Cfc. Jean Pierre-Bastian, “Los propagandistas del constitucionalismo en México (1910-1920)”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 45, número 2 (abril-junio de 1983), pp. 321-351, UNAM, México. 86 Se percibe su ánimo pese a los efectos que tuvo el plan de Cinccinati en sus obras educativas. 87 Heriberto Barrón, “Triunfos periodísticos de El Universal”, en ACI, 22 de febrero de 1917, Tomo XLI, número 8, p. 118. 88 “Nombramientos de la conferencia anual de México”, ACI, 1 de febrero de 1917, Tomo XL, número 5, p. 66 89 “Nombramientos de la conferencia de México, 1917”, ACI, 5 de abril de 1917, Tomo XL, número 14, p. 211. 90 Velasco Epigmenio, “Nuestra próxima Convención Nacional Evangélica”, en ACI, 1 de febrero de 1917, Tomo XLI, número 5, pp. 71-72. 91 Velasco Epigmenio, “Nuestra próxima Convención Nacional y el Espíritu de Cooperación y Unión”, en, ACI, 22 de febrero de 1917, Tomo XLI, número 8, p. 117.
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Volumen 2 ; Número 1 hablen sobre el protestantismo y sus resultados prácticos y otras obras orientadas a la solución de problemas propios de cada edad. 3. Los referentes al trabajo social; a) que se forme la obra médica estableciendo dispensarios en diferentes partes del país, b) que se estudie el plan de establecer hospitales interdenominacionales, c) que se estudie el plan de las iglesias institucionales así como la obra llamada “Settlement Work” y del “Instituto del Pueblo” establecido en Piedras Negras para reproducir la experiencia. 4. Las referentes a la cooperación; a) que se adopte para todas las denominaciones el nombre de “Iglesia Evangélica Mexicana” poniendo entre paréntesis el de la propia denominación, b) Que se acuerde que para que un miembro sea recibido en otra iglesia basta una carta, c) que se elabore un proyecto para la mejor distribución del territorio, d) que se nombre una comisión que trabaje a favor de la unión orgánica de las denominaciones que trabajan en México con los siguientes propósitos: (1) formar una confesión de fe aceptable para todos y (2) Elaborar un sistema de gobierno, e) que se suplique a las juntas de misiones que nombren una comisión corresponsal, que colabore en el proyecto de unión orgánica arriba mencionado y f) que el dictamen de esta comisión de unión este listo para ser presentado para su estudio ante los cuerpos eclesiásticos en sus reuniones oficiales durante 1918.92 En el contexto de este ambiente que destila optimismo, Venustiano Carranza mandó limpiar y embellecer la Ciudad de México, prohibió el consumo de drogas, alcohol y juegos de azar; hizo reparto de ropa, alimentos y medicinas en pueblos y ciudades devastadas por la guerra; trato de resolver el problema de comunicaciones y transportes; reparó caminos y parques, sembró árboles, al tiempo que dictaba medidas para disminuir la renta y los impuestos. La vida social en la República retomaba su curso. Mientras Venustiano cumplía su mandato, Sixto Ávila oficialmente realizó tareas pastorales en la ciudad de Puebla central durante todo el año de 1917.93 Comparte con sus colegas una sensación de ser actor de significativa importancia en el país, al grado que la presencia metodista en el mundo de la política y la cultura tiene interlocutores de primer orden. En las festividades patrias organizadas en sus centros educativos, los políticos desfilan en sus eventos. A Sixto Ávila le delegan la tarea de organizar, junto a los socios del Liceo Escolar “Melchor Ocampo”, anexo del Instituto Metodista Mexicano y otros maestros y pastores el día 17 de septiembre, una velada literaria musical en donde el gobernador del Estado de Puebla el Dr. Alfonso Cabrera les acompaña. El lugar de la cita es el templo metodista y el político no esconde sus vínculos y permite que se haga pública su participación con el metodismo, no espera ser sancionado, criticado o descalificado por sus nexos con esa minoría religiosa con fuerte presencia en el gabinete presidencial; intencionalmente busca promocionarlo.94 Si por un lado las relaciones entre la dirigencia metodista y funcionarios de alto nivel del gobierno federal, estatal y municipal se encuentran en su mejor momento, por otro lado comienzan a manifestarse públicamente políticos de diversas facciones revolucionarias en contra del protestantismo. Félix Palavicini fundador del periódico El Universal y su director durante la primera etapa, además de encargado del Ministerio de Educación, emplea la prensa para minar el prestigio de los funcionarios protestantes con los que comparte el programa de trabajo educativo del gobierno carrancista.95 José Vasconcelos emprendió una visceral campaña en contra de sus excompañeros colegas que en el pasado le cobijaron;96 el socialista Lombardo Toledano recuperó las críticas con el pretexto de la amenaza norteamericana sobre la cultura del país. A ello le siguieron intelectuales revolucionarios nacionalistas que sostuvieron que el catolicismo era necesariamente la base del desarrollo identitario del país y que acusaron al gobierno de proteger las iniciativas protestantes en materia cultural.
Epigmenio Velasco, “De lo que Paso y se Dijo en la Convención N. Evangélica”, en; ACI, 12 de abril de 1917, Tomo XLI, número 15, 232-235. 93 “Nombramientos de la conferencia de México, 1917”, ACI, 19 de abril de 1917, Tomo XL, número 17, p. 249. 94 El cronista, “Ecos patrióticos”, ACI, 4 de octubre de 1917, Tomo XL, número 40, p. 638. 95 Miguel Z. Garza, “Vocinglería de El Universal”, en; ACI, 15 de febrero de 1917, Tomo XLI, número 7, pp. 99-100 96 Vasconcelos no solo empleo la prensa para denostar al protestantismo, sino su obra literaria está llena de acusaciones en contra de esta expresión religiosa.
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Volumen 2 ; Número 1 En suma, con esta campaña antiprotestante pretendieron difundir la idea de que el protestantismo constituía un peligro para el proyecto revolucionario. A la distancia, resulta obvio de que fueron políticos que veían en los funcionarios protestantes una competencia a sus proyecciones personales. En consecuencia, utilizaron las tesis en contra del protestantismo como banderas para minar la presencia de personalidades políticas de origen protestante que apostaban por una cultura promotora de un modelo ciudadano, fincado en el orden legal emanado de la revolución, la confusión entre protestantismo y personalidades del mundo evangélico comenzó a ser una constante en el mundo político-social en México.

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De la pastoral del poder a la pastoral de la letra Bajo el gobierno carrancista, Sixto Ávila recibió nombramiento como pastor en 1918 y se hizo cargo de la obra en Acayuca, la obra mexicana de Pachuca y Chicobasco, labor que se prolongará hasta el año 1928.97 Desde esa geografía del estado de Hidalgo recibió el título de presbítero en marzo de 1918. Desde el territorio hidalguense donde pastoreo la siguiente década, Sixto Ávila presenció la transformación del país y de su propia iglesia, la IME. En el contexto del proceso de acomodos político-sociales y religiosos, participó de manera activa en la proyección del metodismo con su propio liderazgo y sorteó con su propia lectura, la realidad que arrojaba la presencia de los revolucionarios en la dirección del país. Dos meses después de su ordenación, el 20 de mayo de 1918, el metodista Andrés Osuna fue nombrado Gobernador Interino en el estado de Tamaulipas por el voto mayoritario del Senado de la República,98 lo que no sólo refrendó la relación del carrancismo con el metodismo, sino que fortalecía un vinculo tácito. El maestro Andrés Osuna no sólo era amigo del presidente, también era un símbolo para el protestantismo mexicano que reconocía en los nombramientos recibidos por el profesor, una alianza con la administración carrancista. Los entendimientos no hablados quedaban sellados. Los cambios político-sociales que se operarían en el país y en las iglesias protestantes, sumados a los que vendrían hasta la década de los 30’s, comenzaron a dejar sentir su peso sobre el proyecto protestante. El liderazgo metodista elegía su lugar en la vorágine derivada de las disputas por el poder. El día 10 de abril de 1919 fue asesinado en Chinameca, Morelos, el General Emiliano Zapata. Con su muerte se pretendió sepultar las demandas agrarias de los campesinos, mismas que fueron defendidas por algunos de los pastores metodistas más radicalizados. Como eco y reproducción de la traición y la muerte, quedaban en el camino los nombres de los maestros-pastores que habían compartido los ideales del zapatismo. Candido Navarro Serrano murió el 28 de agosto de 1913 y su cadáver fue expuesto en San Luis Potosí; José Trinidad Ruiz murió en combate en Texcoco Estado de México el 25 de enero de 191; Ángel Zenteno murió el 28 de junio de 1916 en manos de de Domingo Arenas con quien colaboró como secretario, y Otilio Montaño que aunque no paso por las aulas de las escuelas metodistas, plasmo sus convicciones religiosas en el Plan de Ayala.99 Este último combatido y traicionado por Soto y Gama, fue hecho fusilar el 18 de mayo de 1917, pese a las reticencias del General Zapata.100 La muerte de estos maestros-pastores, no sólo mostraban una deriva de la Revolución, sino también los acuerdos implícitos a los que se sumaban distintos grupos sociales: el silencio y la complicidad. La prensa metodista dio la espalda a sus correligionarios que militaron en el zapatismo. Sorprende que el mutismo se prolongara hasta la muerte del agrarista y guerrillero Rubén Jaramillo (ex pastor
“Nombramientos de la Conferencia de México, 1919”, ACI, 20 de febrero de 1919, Tomo XLIII, número 8. 27 de febrero de 1919, Tomo XLIII, número 9, p. 130. 98 Osuna Andrés, Por la Escuela y por la Patria (Autobiografía), Casa Unida de Publicaciones, México, 1943, p. 216-231. 99 Otro metodista agrario marginado por la dirigencia de la iglesia será Rubén Jaramillo, el silencio a su alrededor ilustra la incomprensión sobre el problema agrario que estamos tratando de mostrar, así como la larga lista de silencios que se construirán alrededor de las demandas sociales similares por parte de las dirigencias evangélicas. 100 John Womack, Zapata y la Revolución Mexicana, Siglo XXI editores, México, 1991, pp. 280-284.
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Volumen 2 ; Número 1 metodista) que corrió la misma suerte en la década de 1960. Con estos actos, transgredían el precepto bíblico de la pluralidad, el respeto y la inclusión. La institución que los formó guardó silencio ante sus muertes, no dedico un sólo recuerdo a sus ausencias, dejó la marca de la diferencia en la medida que dedicaba elogios a los líderes que militaron en el constitucionalismo y se regodeaban con sus logros en materia política. Para los simpatizantes del zapatismo el silencio, ni una sola conmemoración, no sólo de sus orígenes, también de sus trabajos y afanes evangélicos, así como de sus luchas y reivindicaciones. De la muerte de Zapata no hay mención alguna en el periódico metodista que hemos seguido.101 En cambio, las descalificaciones que fueron usadas bajo la dirección de Vicente Mendoza en El Abogado Cristiano Ilustrado contra el zapatismo, durante los primeros años del movimiento armado, reaparecieron y fueron usadas por el periodismo deseoso de quedar bien con el régimen carrancista.102 Contrasta la actitud asumida por los adversarios de armas del zapatismo, quienes buscaron reivindicar la figura del general, en medio del linchamiento moral que el régimen carrancista emprendió en contra del general y sus seguidores.103 El silencio del protestantismo oficial, en torno a las demandas agrarias y las reivindicaciones contenidas en el plan de Ayala, pronto se generalizó a otros ámbitos sociales. Apenas y algunas voces que reconocían haber sido acalladas por la dirigencia de la iglesia, murmuraban débiles protestas contra una elite que se mostraba poco sensible a las demandas de sectores populares-agrarios, al tiempo que se manifestaban en contra de los modos en los que la familia revolucionaria pretendía dar solución a las centenarias demandas de diversos grupos sociales.104 Dada la apuesta del metodismo por el constitucionalismo, el asesinato de Venustiano Carranza el día 21 de mayo de 1920 resultó un duro golpe. Adolfo de la Huerta era nombrado presidente y Andrés Osuna, el metodista que se mantuvo cerca de Carranza hasta su intento de llegar a Veracruz por la persecución desatada por los seguidores del Plan de Agua Prieta, fue apresado y encarcelado en la prisión de Santiago Tlatelolco. Refiere la escena así: Tan pronto como mis amigos supieron en México que yo estaba preso, comenzaron a hacer gestiones para que se me concediera la libertad. Numerosos grupos de profesores, de inspectores de escuelas y otras personas visitaron al General Obregón, quien se manifestaba inflexible contra mi, alegando que sin duda había graves delitos de que yo tenía que responder…Por fin una noche, como a las 22 horas, se encontró mi hermano con el General Arnulfo González que había sido alumno de la escuela anexa a la Normal, de que yo fui director, y que me guardaba grandes consideraciones. Él preguntó a mi hermano si ya estaba yo en libertad, y como le contestara que todas las gestiones que había hecho a mi favor, habían resultado inútiles, le invitó para que le acompañara, y ambos se dirigieron al Hotel Saint Francis en donde tenía su despacho el General Obregón. Entró el General González, tomó una máquina de escribir y redactó personalmente la orden de libertad para mí y el Lic. Macías. Cuando terminó el escrito se presentó al General Obregón, con quien tenía gran amistad, y le suplicó que firmara aquella orden, puesto que no había contra mi ninguna acusación formal y mucho menos delito que perseguir. El General Obregón firmó la orden y en ese momento, se dirigió mi hermano en un coche de sitio a la prisión de Santiago para sacarme de allí…105

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Sorprende la ausencia de referencias a Emiliano Zapata, zapatismo y zapatistas a lo largo de 1919, en el Abogado Cristiano Ilustrado, su silencio no sólo ratifica su alianza con el carrancismo sino su complicidad rampante. 102 Particularmente el Excélsior del 11 y 12 de abril, El Universal del 11 y 12 de abril y El Demócrata del 13 de abril de 1919, son generosos en los calificativos; “famoso Atila”, “sanguinario cabecilla”, entre otros. 103Armando de María y Campos, Mújica, Crónica Biográfica, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México, 1939, pp. 12-16. 104 Ávila, A.M. “El Socialismo Cristiano dentro del Agrarismo. ¿Porqué no habíamos dicho una sola palabra sobre tan importante obra?”, en ACI, 21 de marzo de 1929, Tomo XLV, número 12, pp. 4-5. 105 Andrés Osuna, Por la Escuela y por la Patria (Autobiografía), Casa Unida de Publicaciones, México, 1943, pp. 246247.
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Volumen 2 ; Número 1 Osuna salió libre gracias a sus redes de amistad, pero no logró recuperar su presencia en los ámbitos de decisión y junto con él, el protestantismo quedo arrinconado y estigmatizado como invasor cultural.106 Tras la muerte del gobernante, llegó al poder el grupo revolucionario de Sonora, a la cabeza Álvaro Obregón amparado por el plan de Agua Prieta, se hacía del poder el 30 de noviembre de 1920 para un periodo que terminaría cuatro años después. Su periodo presidencial desplegó y confirmó el predominio de un endeble sistema sostenido por caudillos, lo que permitió que las fuerzas de poder regional se centralizaran mediante la conducción del cacique mayor y sus ordenes orientadoras. Este modo de gobernar fue el resultado del resquebrajamiento de la centralización del poder que detento Porfirio Díaz durante treinta años. La Revolución mostraba un país fracturado que se manifestó en la conformación de facciones o cacicazgos que dieron pie a poderes regionales que podían o no estar de acuerdo con el poder central. Lo que Álvaro Obregón evidenció fue que el poder político lo tenían los generales triunfantes. Así que su capacidad militar, exhibida en diversos momentos derivo en un carisma que lo catapultó como el caudillo de referencia. El modelo político combatido por el protestantismo resurgía en la figura de Obregón, quien hizo gala de su poder permitiendo el asesinato de Lucio Blanco el 7 de junio de 1922. Éste, a pesar de su retiro de toda actividad castrense, el 1 de noviembre de 1922 mando fusilar a Francisco Murguia y al rebelde Francisco Villa, en complicidad con Plutarco Elías Calles el 23 de julio de 1923.107 El 23 de enero de 1924 fue complaciente con el asesinato de Francisco Fidel Jurado, diputado campechano que se oponía a los tratados de Bucareli.108 Este caudillismo buscó la eliminación de los revolucionarios incómodos en nombre de la seguridad nacional durante el tiempo que duró el gobierno. No extraña que durante la transición de 1924, el grupo de Sonora (de ese estado provenían Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles) tuvo la oportunidad de reducir el número de revolucionarios que tomaban decisiones a partir del levantamiento de Adolfo de la Huerta, que junto a sus seguidores serían reducidos al anonimato en la medida que no representaron mayor peligro para el grupo gobernante.109 Cuando Obregón concluyó su periodo presidencial, impuso a Calles para que ocupara la silla presidencial durante el periodo de 1924 a 1928. En estos años destaca el levantamiento cristero en 1926, debido a la aplicación del artículo 27 constitucional que exigía el registro de todas las iglesias y el pago de cuotas al Estado. De modo que Calles administro al país con el apoyo de Obregón, de los generales obregonistas y las fuerzas obreras regenteadas por el sindicalista Luis N. Morones. Este periodo presidencial operó literalmente bajo “la sombra del caudillo” y gracias a la lealtad edificada en torno al caudillo, el gobierno se sostuvo, pues recibió apoyo militar para enfrentar a los fieles católicos armados, asunto delicado si se considera que de los levantamientos armados, el cristero fue una amenaza que no se gesto al interior del grupo revolucionario, como si lo fueron el levantamiento delahuertista (1924) y el de Gómez Serrano (1927). La rebelión cristera amenazaba al grupo en el poder, pues de origen no compartía ni el programa de los revolucionarios, ni la Cnstitución impulsada por ellos. Y en la medida que se identificó el alzamiento con el catolicismo, el protestantismo se alineó y apoyó al gobierno “revolucionario” en sus decisiones, pese a ser afectados también por las medidas constitucionales. En este ambiente, para 1928 se preparó el retorno de Obregón a la presidencia, lo que corroboró la existencia de un sistema caudillista. Para 1928 las grandes figuras de la Revolución como Zapata y Villa ya habían sido eliminadas; no había personalidad que compitiera con Obregón. En este ambiente el asesinato del recién electo presidente, Obregón, desató una severa crisis a falta del elemento aglutinador de las facciones que reclamaban su herencia revolucionaria.

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Osuna, Op. cit., Capítulos VIII-XII. Paco Ignacio Taibo II, Pancho Villa una Biografía Narrativa, Editorial Planeta, México, 2006. 108 Pedro Castro, Álvaro Obregón. Fuego y Cenizas de la Revolución Mexicana, Editorial Era- CONACULTA, México, 2009, pp. 233-234. 109 Op. Cit. Capítulo 8.
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Volumen 2 ; Número 1 En el contexto del magnicidio, resulta relevante descubrir en el editorial de El Abogado Cristiano Ilustrado una presentación poco crítica de los acontecimientos del asesinato y del mismo general Obregón: …el clericalismo hipócrita y audaz, arma la mano de un criminal para segar la vida de un patriota, de un estadista meritísimo, que tenía en sus metas bellos ideales para buscar la felicidad de sus compatriotas, comprendidos entre estos, naturalmente, los mismos católicos, aunque ellos no quieran confesarlo. Pero Obregón no ha muerto, “sus obras lo siguen”. Obregón es la cristalización de una idea, de un principio, y las ideas y los principios no mueren. Segando la vida de un patriota se pretendió matar un ideal revolucionario, pero es bien sabido que los ideales, sobre todo, los altos ideales, no son blanco propicio de ninguna bala. Los clericales ruinmente despechados, porque ven derrumbarse su ya bamboleante edificio de obscurantismo, asesinaron el cuerpo de Obregón, pero no su espíritu. Este espíritu superior flota en el ambiente patrio y seguirá flotando por mucho tiempo, hasta encausar bien las corrientes cívicas de la nación y hacer triunfar los ideales que constituyeron el supremo esfuerzo de su inteligencia y el más intenso amor de su corazón. A Obregón sólo pudo doblegarlo la traición; frente a frente ninguno de sus enemigos fue capaz de resistirle. Su personalidad era gigante, sus convicciones de un apóstol. Bastaba una mirada suya, llena de candorosa ingenuidad, para que cualquiera se sintiera subyugado, no por el miedo sino por la simpatía… Desde hoy en adelante, como herencia para la posteridad mexicana, sobre todo, para la juventud que siente y piensa, que se liberta airosa de los viejos moldes del romanismo y la hipocresía, Obregón será un símbolo y una bandera: el símbolo de la firmeza inquebrantable con toda buena causa y la bandera de la redención popular. Obregón no ha muerto. ¡Viva Obregón!110 Los herederos de la cultura política que combatió el régimen de Díaz, se mostraron incapaces de dar lectura a la trayectoria de un caudillo que había acabado con las aspiraciones del constitucionalismo y con las del metodismo, en la medida que el modelo que promovía tenía como piedra angular un autoritarismo que, con frecuencia, invadía el campo de la criminalidad. Más aún, sorprenden los calificativos que colocan al difunto en el lugar de ejemplo de la juventud. Tal posicionamiento sólo es entendible en el escenario de una guerra armada entre el gobierno revolucionario y los cristeros a quienes identificaban como adversarios y en consecuencia hacían eco, como aliados, a las políticas del gobierno. La muerte del caudillo dio paso al denominado Maximato, periodo que mantuvo la continuidad del poder centralizador bajo la figura de una persona que tejía el poder detrás de presidentes adictos a su persona: Plutarco Elías Calles. Entre 1929 y 1934, fue un momento que permitió la conformación de un modelo político corporativo, vertical y autoritario que distinguiría más tarde el partido de Estado. Pero además, con Álvaro Obregón. Calles y los gobiernos del Maximato, irrumpía en el escenario un modo de operar en torno a acuerdos políticos que dieron paso a un intrincado y complejo sistema que impuso “disciplina”, pertenencia y reconocimiento al grupo en el poder en donde se privilegiará la vinculación con el grupo vencedor, su deriva fundamental será años después la “disciplina partidista”. Entre estos avatares políticos el proyecto educativo protestante metodista perdió su impacto social. Conclusiones El proyecto educativo protestante que se enarboló en las tres últimas décadas del siglo XIX permitió educar a una niñez que muy a pesar de los proyectos modernizadores, estaban durante el régimen porfirista lejos de recibir instrucción y acceso a la cultura. Este panorama cambió en algunas regiones de México, cuando se establecieron misiones protestantes que traían consigo un proyecto cultural educativo. Ello permitió el surgimiento de sujetos ciudadanos acordes al proyecto de Estado-nación liberal y revolucionario en su fase maderista y carrancista. Algunos de esos personajes se
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“El último crimen”, en ACI, 1º de agosto de 1928, número 31, primera plana.

Volumen 2 ; Número 1 caracterizaron por una doble función: ser a la vez pastores y maestros en el lugar donde se estableció la misión, en este caso, metodista. De aprender a leer y escribir, poco a poco, el ascenso social que comenzaron a tener con la educación impartida en la misión, les permitió desarrollar una carrera en la sociedad secular. De los estudios magisteriales se pasaba al estudio de la teología con una serie de dispositivos que le daban un sello particular la carrera de ministro; apenas tres años eran lo mínimo para empaparse de esta disciplina, la cual evidentemente se combinaba con actividades pastorales cuya duración mínima eran dos años. Los pastores-maestros se involucraron en las actividades propias de la práctica de fe con tres propósitos fundamentales: poner en práctica lo aprendido, adquirir habilidades y tomar conciencia de lo que significaba asumir tareas pastorales y también educativas. Pasados dos años, si el pastor que había supervisado sus actividades lo creía conveniente recomendaba su ingreso a la Conferencia Anual y se le aceptaba previo examen que incluía conocimientos de sus cursos primarios, primarios superiores y de las materias cursadas en la normal. Sólo entonces y obteniendo calificaciones aceptables, podía iniciar sus cursos de teología en las Conferencias Anuales, las cuales se aprobaban mediante examen de los cursos incluidos en la currícula de dos años, para recibir el grado de diácono y al cuarto año el grado de presbítero. La formación no concluía al obtenerse el grado de presbítero. Se podía pertenecer a la comisión de exámenes de las Conferencias, lo que obligaba a mantenerse al día en la literatura teológica-bíblica sobre los temas de interés de la época. En síntesis, lo descrito muestra los empeños, énfasis y trayectorias que se seguía en la formación de los pastores-maestros metodistas, al tiempo que se ilustra puntualmente algunos de los alcances estuvieron fuera de la labor pastoral. Como se vio en líneas atrás, a la hora de las definiciones políticas para derrocar el régimen porfirista, las posturas e involucramientos fueron diversos. Mediante el análisis de caso del pastor-maestro Sixto Ávila, se ha visto como mientras algunos de su generación y profesores optaron por el radicalismo más allá del discurso, al enfilarse en el zapatismo y orozquismo, durante todo el proceso armado revolucionario, Ávila fue escalando peldaños que le colocaran tiempo después en una élite metodista que renunció y no renovó el proyecto educativo-cultural del que él había sido favorecido. Pensar estar del lado de los revolucionarios triunfantes por la ley, como veía el triunfo de Venustiano Carranza y después de Obregón, le dio la posibilidad de considerar que la Revolución se había hecho gobierno con el establecimiento de un pacto político: la Constitución de 1917. De ahí que cuando a finlaes de los treinta asuma el caso de los perseguidos de Timilpan, después de dos años de injerencia e intentos de llegar con el discurso revolucionario de que había justicia social y respeto a las leyes emanadas del régimen que derrocó a Díaz, Sixto se sentirá desilusionado. De eso trata el estudio que estamos elaborando Finalmente, es importante el seguimiento a los modos en que los pastores-maestros que se dedicaron a escribir en la prensa protestante, hicieron una lectura de los hechos y sucesos revolucionarios imaginativamente con la ley en la mano, sin terminar de entender que los primeros regímenes revolucionarios ni eran de derecho, ni promovían el derecho, ni se sostenían con el derecho constitucional. El concepto de ciudadanía desapareció en un régimen centralista y corporativista como lo fueron los años de Obregón, Calles y el Maximato; los ciudadanos simplemente eran inexistentes sino eran representados por otros caudillos que legitimaran sus hazañas en las gestas revolucionarias. En ese sentido los revolucionarios protestantes habían sido abatidos en los campos de batalla, y los que aprovecharon el régimen carracancista en las funciones educativas, paulatinamente fueron desplazados por otros proyectos educativos como el vasconcelista al que ya se hizo referencia. En condiciones así las iglesias y espacios protestantes, después de la Revolución, actuaban “como si” el derecho existiera y regulara las relaciones sociales, y “como si” tuvieran la certidumbre de ser ciudadanos. Tenemos la hipótesis que por creer en ese Estado que se decía ser laico y revolucionario, el proyecto social y cultural educativo promovido por los protestantes fue entregado sin oposición al Estado y, justo por ello, es que adquiere relevancia la indagación de estas formas que adquirió el protestantismo, una vez que se “institucionalizo” la Revolución y la relación entre protestantismo y las instituciones encargadas de vigilar el pacto social.
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Volumen 2 ; Número 1 Fuentes y Bibliografía • Hemerografía Excélsior El Abogado Cristiano Ilustrado (ACI). El Diario del Hogar El País El Imparcial El Universal Regeneración • Textos y artículos

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