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Dr. Ruibal_Ungido

Dr. Ruibal_Ungido

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  • 1 Despertar en Bolivia
  • 2 Perseguido pero no abandonado
  • 3 El cono sur
  • 4 Colombia, puerta de acceso a Sudamérica
  • 5 Un granero para la cosecha
  • 6 El costo y la recompensa de morir al yo
  • 7 Escapé de la muerte
  • 8 Una nueva iglesia en Cali
  • 9 Nuestro mensaje de salud
  • 10 Villa Cristiana
  • 11 Los hermanos ausentes
  • 12 Tiempo de reconciliación
  • 13 El nuevo orden del reino
  • 14 La preparación para la cosecha
  • 15 El cántico del Cordero
  • 16 El misterio de Dios se completa
  • 17 El llamado del tiempo final Unción para la cosecha
  • 18 Una invitación personal
  • 19 £L ayuno: Arma espiritual, maravilla fisiológica

UNGIDO PARA LA COSECHA DEL
TIEMPO FINAL

JULIO CÉSAR RUIBAL

Prólogo

Hace algunos años sentí que el Señor me había llamado a hacer un ayuno de cuarenta
días. Cuando comencé el ayuno no podía encontrar a otra persona en los Estados Unidos que
hubiera ayunado por cuarenta días. Aunque estoy seguro de que existen muchas personas que
han ayunado una cantidad similar de días, no los pude hallar.
Fui a ver a varios doctores, amigos, líderes de la iglesia y les dije: “voy a hacer un ayuno
de cuarenta días, conforme a la guía de Dios, pero no sé cómo hacerlo”.
Finalmente, uno de los hombres con los que hablé era un evangelista y nutricionista, que
conocí en Panamá. Ese hombre era el doctor Julio César Ruibal. El doctor Ruibal contó
acerca de su propio ayuno de cuarenta días y le dio el curso a mi ayuno. El doctor Ruibal
también me comunicó lo que Dios estaba haciendo en Cali, Colombia, el lugar al que Dios le
había llamado a ministrar.
El abundante y variado surtido de drogas que proviene de Cali, Colombia, ha producido
adicción en millones de estadounidenses, y esto hace que los acontecimientos de Cali ejerzan
influencia sobre ellos. La oración y el ayuno han marcado la diferencia. Dios levantó a un
hombre en Cali para cerrar la brecha en oración y ayuno por la ciudad de Cali y el país de
Colombia. Un hombre con una visión increíble que sabía que “con Dios nada es imposible”.
Un hombre dotado por Dios de energía y determinación extraordinarias que prácticamente no
tiene paralelo en la iglesia actual. Este hombre es el doctor Ruibal.
El Dr. Ruibal fue usado por Dios de una manera increíble en los comienzos de la década
del 1970 en enormes cruzadas evangelísticas en Bolivia, Colombia, Perú, Brasil y otros
países latinoamericanos. Conocido como el “apóstol de los Andes” y como el “Billy Graham
de Latinoamérica”, Julio ha llenado estadios con multitudes de hasta 1003300 personas. La
historia de Julio le traerá lágrimas a los ojos, le humillará y Dios le desafiará a usted con este
testimonio en que la oración y el ayuno realmente provocan el cambio.
Muchas veces culpamos a los lideres del gobierno por la decadencia de la sociedad pero
Dios dice claramente en 2 Crónicas 7:14: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre
es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces
yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.”
Sin duda alguna, esto pone la responsabilidad sobre los hombros de la iglesia, el pueblo
“sobre el cual mi nombre es invocado”. La historia del doctor Ruibal es la de un hombre que
se humilla ante el Señor, para verlo luego irrumpir en victoria tomando pueblos, gobiernos, y
hasta una nación completa para sí.
El 13 de diciembre de 1995 recibí una llamada en la que se me anunció que mi querido
amigo Julio Ruibal (de tan sólo 42 años de edad) había sido baleado a muerte en Cali,
Colombia. Personalmente fue una tremenda pérdida, pero también reconocí que la voluntad
de Dios se estaba cumpliendo. Los capítulos finales de lo que Dios está llevando a cabo en
Cali, Colombia, todavía no se han escrito pero sabemos que la sangre de este mártir seguirá
dando fruto por muchos años más.

Dr. BtU Bright

Fundador y presidente
Cruzada estudiantil y profesional para Cristo

Introducción

abiendo probado el gozo inmenso de contemplar el poder de Dios que da vuelta a las
naciones, me siento compelido por el Espíritu Santo, no sólo a contar esta historia, sino
también a exhortar al lector a buscar su lugar en la tarea de completar la cosecha de Dios en
esta hora crucial.

H

Siento que Dios me ha incrementado la carga de transmitir esta unción a mis hermanos en
todo el mundo, a fin de equiparlos para llevar adelante la obra de evangelización y para
pastorear las multitudes que el Señor está trayendo a su redil de toda nación, pueblo y lengua.
Además, quiero explorar algunas cuestiones como:
¿Cuál es el propósito de Dios para los tiempos finales? ¿Qué debemos esperar que suceda?
¿Hemos de ser testigos de señales y prodigios a diario? ¿Cómo puede la iglesia prepararse
para el derramamiento del Espíritu Santo que ha de venir? ¿Hay un precio que pagar? ¿De
qué manera podemos colaborar mejor con Dios en todo el campo de la evangelización? ¿Es
posible impedir la obra del Espíritu Santo?
Todas estas cuestiones son temas clave para los tiempos finales. Si no los comprendemos
podemos caer en el sueño de las cinco vírgenes insensatas o bien podemos involucramos en
incontables actividades laterales en lugar de enfocar el propósito y plan de Dios para estos
tiempos.
Así que ruego que este libro lo anime a creer a Dios y determinar no satisfacerse con nada
menos que su perfecta voluntad.
Me alienta lo que veo en las páginas de las sagradas Escrituras. Allí veo una iglesia
victoriosa que vence a las fuerzas satánicas. Ruego que seamos parte de ello al trabajar de
acuerdo con su Santo Espíritu hasta la plena realización del plan divino. Unámonos en
espíritu y propósito: un espíritu de humildad ante Dios, permitiéndole ser Señor en todos los
aspectos de nuestra vida, como también una claridad de propósito al reconocer que debemos
dedicarle toda nuestra fuerza, nuestros talentos y finanzas, a fin de ver a los perdidos entrar a
su redil y los cristianos pastoreados de manera adecuada.
Mi oración de todos los días es: “Padre celestial, libera tu iglesia para levantar la cosecha,
y libera la cosecha para tu iglesia.”
Que Dios lo bendiga, y que su unción poderosa venga sobre usted a fin de prepararlo para
su gran cosecha del tiempo final.

Este libro se escribió antes del martirio de Julio Ruibal en el mes de diciembre de
1995. A continuación los editores publicamos lo que su esposa Ruth escribió como epílogo
del libro en inglés.

Prefacio

ste libro fue escrito hace cuatro años, pero por alguna razón nunca sentimos la libertad
del Señor para publicarlo. A principios de diciembre de 1995 mientras orábamos juntos,
Julio me interrumpió diciendo, “¿Podrías ayudarme? Ha llegado la hora de publicar mi libro
y quisiera que escribieras el epílogo y lo actualizaras. ¿Podrías hacerme el favor?” Le dije
que con gusto lo haría. Nunca se me ocurrió pensar (ni a él) que el escrito narraría la historia
que está por leer, pues tan sólo dos semanas más tarde Julio entregó su vida como mártir por
causa del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

E

Mil novecientos noventa y cinco fue un año muy especial en Cali. Julio fue electo fiscal
de la junta directiva de la asociación de pastores. En su opinión, se trataba del puesto más
importante en todo Cali —más importante que el consejo deliberante de la ciudad o que ser
intendente— puesto que su convicción era que los pastores conforman el liderazgo verdadero

de cualquier urbe, ¡y justo le tocaba supervisar la junta directiva! Trabajó con los pastores
con gran entusiasmo y todos tenían en alta estima sus consejos. Dios le había dado la
capacidad no sólo de entender y apreciar la amplia gama del cristianismo (desde los
evangélicos fundamentalistas típicos hasta los pentecostales y carismáticos), sino también de
ayudarlos a comprender y aceptarse mutuamente. Como consecuencia, fue un instrumento
clave que usó Dios para brindar a la unidad un sentido más vital y práctico para los cristianos
de Cali. La experiencia de Julio en los temas de perdón y restauración, según se describe en
este libro, marcó su vida y su deseo era transmitir a otros lo que él había aprendido a un alto
costo.

Mientras los pastores planificábamos las actividades del año, el Señor nos guió a incluir
tres reuniones unidas de oración de toda la noche y también una “Marcha para Jesús”. La
primera reunión de oración se llevó a cabo en el coliseo local y la asistencia fue de unas
20.000 personas. Es importante que comprendamos el contexto. Cali tenía una población de
aproximadamente dos millones de personas de las cuales unas 40.000 eran creyentes. Los
pastores estaban encantados de ver la cantidad de personas que asistían a esta reunión de
oración. Cuando llegó el momento de hacer los arreglos necesarios para la realización de la
segunda reunión, tenían pensado volver a usar el coliseo. Julio intervino diciendo que era
necesario que entendiéramos la hora crucial de Dios que nos tocaba vivir y que por lo tanto
debíamos hacer lugar para la obra del Señor de una manera aun mayor. Ante esa alternativa,
los pastores solicitaron el uso del estadio de fútbol que tenía capacidad para unas 55.000
personas.

¡Y vaya victoria que se obtuvo! ¡Esa noche de agosto asistieron al estadio entre 40.000 y
45.000 personas! ¡Dicha cifra superaba la que lograban convocar los propios equipos de
fútbol! ¡La participación de la iglesia de Jesucristo fue sobresaliente! Respondiendo a la
invitación de los pastores, el alcalde estuvo presente durante varias horas. ¡Desde la
plataforma proclamó que Jesús es Señor sobre Cali!
Los pastores ya habían solicitado a Julio que predicara un mensaje de salvación para los
que habían asistido en calidad de invitados o visitas curiosas. Cuando extendió la invitación,
entre 4.000 y 5.000 personas entregaron su vida al Señor Jesús. Oró por los enfermos y hubo
tantos que recibieron sanidad milagrosa que no alcanzó el tiempo para que todos testificaran.
Finalmente pidieron a todos los que habían recibido algún tipo de sanidad que agitaran
pañuelos blancos, y el estadio en pleno se regocijó al verse manchas blancas por todas las
gradas. La tercera vigilia de oración que se realizó en noviembre contó con una asistencia de
la misma magnitud y con otro mover increíble de Dios.
Los resultados de estos tiempos de ayuno y oración fueron tremendos. Apenas diez días
después de la primera reunión unida de oración comenzó a caer el cartel de Cali. Sí, al
reunirse cristianos para buscar el rostro del Señor, Dios se movió en los lugares celestiales, y
empezó el juicio del pecado. Y con cada reunión de oración veíamos más milagros como
estos: Dios se movía en respuesta a su iglesia que unida lo buscaba. En los nueve meses que
se llevaron a cabo las reuniones de oración de toda la noche, seis de los siete principales
cabecillas del narcotráfico habían sido capturados, muertos o se habían entregado ellos
mismos. El séptimo cayó nueve meses más tarde. ¿Acaso no es esto el cumplimiento de la
promesa del Señor de que donde viven los hermanos en armonía hay unción, bendición del
Señor y vida eterna (salvación)?
La Marcha para Jesús también fue de gran éxito. Aproximadamente 80.000 creyentes se
reunieron para marchar por las calles de Cali proclamando a Jesús como Señor sobre la
ciudad y como la única respuesta para las necesidades de la humanidad. Las calles quedaron
paralizadas al marchar las personas por la ciudad. Fue la marcha más grande en su historia.
Desde el centro de la marcha no se alcanzaba a ver el principio ni el final; fue un evento
masivo. Sin embargo, de la misma manera que sucedió con las reuniones de oración de toda
la noche, la marcha no fue reportada en los periódicos locales. ¡Qué maravilloso es saber que
el Señor es quien se encarga de llevar la cuenta y que el enemigo también sabe cuándo ha
sido denotado!

No nos sorprendió saber que el Señor estaba llevando a su iglesia hacia la victoria ya que
se incrementaron las amenazas a nuestra vida. A principios de año, unos matones a sueldo
entraron a nuestra propiedad, robaron algunos artículos, dispararon en el cuello a uno de los
jóvenes, Oscar, y dejaron una nota que decía que regresarían por el pastor Julio. (Oscar tuvo
una recuperación milagrosa sin sufrir daños permanentes.) A medida que avanzaba el año, se
incrementaban las amenazas. El Señor le habló a Julio sobre el tema de conseguir protección,
y así fue que empleamos a Attilio que lo acompañaba a todas partes, Recibimos llamadas
telefónicas y cartas. Algunos asesinos a sueldo llegaron a interceptar nuestro automóvil di-
ciendo que matarían a Julio y a Attilio antes de fin de año. A Attilio le dispararon tres veces,
pero el Señor lo protegió en forma milagrosa impidiendo que hicieran blanco. Tomamos
todas las precauciones que pudimos, pero sabíamos que era el Señor el que debía salvarnos.
Como solía decir Julio: “Un candidato presidencial fue asesinado con catorce guardaespaldas,
así que sabemos que nuestra verdadera protección viene del Señor. Yo sé que soy inmortal
hasta que haya hecho todo lo que el Señor tiene para que yo haga”.
Al aproximarse el fin de 1995, también se acercaba el tiempo de las elecciones para el
año siguiente de la junta directiva de la asociación de pastores. Julio se dio cuenta de que a
consecuencia de la increíble respuesta de los creyentes durante el año, estar en la junta
directiva también se había vuelto algo muy atractivo. Estaba preocupado al percibir que
algunas de las denominaciones tenían pensado procurar que se eligiera su propio
representante en lugar de buscar el varón de Dios para este momento importante en la historia
de la ciudad. Por causa de esto él sentía la necesidad de ayunar y orar para que fueran elegi-
dos los que Dios había levantado para ese momento. Durante esos días de ayuno, oramos
juntos más horas de las que acostumbrábamos. El luchó en el espíritu por dos asuntos
específicos: la continuidad y mayor profundidad de la unidad de pastores y creyentes que
estábamos viviendo en Cali y el mover de Dios en esta ciudad que él veía como algo
inminente mientras él insistía en oración por otros pidiendo que tuvieran la capacidad de
comprender la importancia de la hora.
Al sexto día de su ayuno, sentía entusiasmo por asistir a la reunión de la junta directiva de
los pastores. Se dirigió animado a la reunión en la iglesia presbiteriana, convencido de que el
Señor había escuchado sus oraciones y se sentía energizado por lo que el Señor le había
hablado referente al gran mover de Dios que superaría cualquier cosa que pudiéramos
comprender, y cambiaría la historia de la ciudad y de la nación. ¡Sí, finalmente estábamos en
el umbral del cumplimiento de las promesas que el Señor nos había dado en 1979!
A causa de todas las amenazas hechas a su vida, Julio nunca iba a ninguna parte solo;
Attilio lo acompañaba a todas partes. Sarah había ido con ellos para poder seguir viaje en el
auto con Attilio y así recoger a Abigail y luego volver a buscar a Julio. Esa tarde, Julio
insistió que lo dejaran en la esquina, a unos pasos apenas de la entrada a la iglesia
presbiteriana. Attilio insistió que debía acompañarlo, pero Julio permaneció aun más firme en
su idea de ir solo. Y así solo se dirigió a su martirio: dos asesinos a sueldo lo estaban
esperando. De haberlo acompañado Attilio, lo más seguro es que habrían sido asesinados los
tres, incluyendo a Sarah. Pero como Julio había estado ayunando y buscando al Señor, tengo
la seguridad plena de que fue el Señor, sabiendo que su hora había llegado, el que guió a Julio
para que hiciera algo tan diferente como ir sin acompañamiento.
Unos pocos minutos después, el 18 de diciembre de 1995, recibí una llamada telefónica
de uno de los pastores diciéndome que Julio acababa de recibir un disparo. Cuando llegué a la
iglesia, Julio, con dos balazos atravesándole la cabeza, yacía en el suelo a la entrada de la pro
piedad de la iglesia. Al sentarme junto a él, me di cuenta que estaba en tierra santa donde se
había derramado la sangre de un verdadero mártir. De inmediato arreglé cuentas con el
Señor: él es perfecto, hace bien todas las cosas y nunca haría nada con el fin de lastimarnos;
por lo tanto, acepté esto también de su mano y en mi dolor le dije que mi alma estaba en paz.
Lo que por un lado era una tragedia horrible, también resultaba ser sorprendente y pro-
fundamente sagrado.

Los pastores me acompañaron y aproximadamente una hora después llegaron nuestras
dos hijas, Abigail (18 años) y Sarah (16). Al principio se siente un choque, un enormemente

profundo dolor físico y emocional, y una dificultad para comprender la realidad de lo
sucedido. Sin embargo, con el correr de las horas, comenzamos a ver el despliegue del plan
de Dios. Nuestro espíritu y nuestra mente recibieron consuelo al saber que el Señor, en su
gran amor y misericordia, nos había encomendado uno de los privilegios más elevados:
entregar nuestro ser más querido como mártir por causa del evangelio del Señor Jesucristo.
Un llamado tan elevado y santo exigía de nosotros una entrega completa para ver surgir el
plan de Dios y luego alcanzar su plenitud. A pesar de que nuestras hijas son jóvenes, son
fuertes en el Señor y son de gran aliento para todos nosotros.

Como ya dije con anterioridad, Julio estaba en su sexto día de ayuno cuando el Señor lo
llamó al hogar. Aunque lo acompañé en el ayuno, esta vez fue diferente; él había entrado a un
punto de lucha espiritual al que yo no podía ir. Era como si él estuviera dando a luz algo que
estaba más allá de mi capacidad o sencillamente se trataba de un sitio al cual el Señor no me
había llamado. Sin embargo, durante esos días sí experimenté una agonía del alma, una triste-
za profunda, que me llevó a preguntarme si el Señor se llevaría a la esposa de nuestro
copastor (que padecía de cáncer) o si yo tendría algún problema físico. Esto duró por espacio
de cinco días y al morir Julio se intensificó durante un día y luego se fue. Era como si yo
hubiera pasado por un período de duelo antes de que sucediera nada.
Durante los seis días de ayuno, el Señor mostró a Julio muchas cosas más que él me conté
acerca del obrar y el inminente mover de Dios en Cali. En ocasiones hablaba de manera tan
profética que me daba cuenta que estaba hablando en el Espíritu y que era necesario que
escuchara, a pesar de que en ese momento no parecía encajar. A partir de estas
conversaciones, ahora veo que el Señor me estaba preparando para la partida de Julio, aunque
a ninguno de los dos se le había ocurrido en ese momento.
Julio también luchaba en oración por las finanzas:
¿Acaso debíamos estar haciendo algo más para recaudar fondos para Villa Cristiana,
comunicaciones o incluso para las necesidades de nuestra familia? El día anterior a su
partida, me dijo que el Señor le había dicho que las personas nos iban a apoyar y que el
mover de Dios en Cali seria tan grande que las finanzas no representarían un problema, sino
que más bien tendríamos suficiente para dar a otros. En lo material, me dejó dos automóviles,
un Chevy 1968, un Trooper 1990 y un teléfono celular. A pesar de ello, me siento
completamente segura en el Señor ya que Julio nos dejó los bienes que tienen verdadero
valor: las promesas del Señor, su unción y sus provisiones, y por cierto esto hace que seamos
personas ricas. Julio sabía cómo hacer grandes depósitos en el reino de los cielos donde el
orín y la polilla no pueden corromper. Pareciera no haber ningún aspecto que él haya dejado
sin dirección y supervisión espirituales, e incluso dejó muchas cosas por escrito. Estoy
sumamente agradecida por un varón de Dios tan sensible al Espíritu Santo.
El día antes de morir, fuimos hasta el lugar en Villa Cristiana donde hemos estado
construyendo la sede que incluye también una casa para nosotros. Me explicó: “Puedes ver
cómo hemos pasado los últimos años levantando este cimiento que debe resistir los
terremotos y otros desastres. Sabemos que el fundamento es sólido, pero no hay mucho
que se pueda ver. Ahora estamos empezando a levantar las paredes de la casa y es trabajo
rápido y muy visible. Así es la obra de Cali; el fundamento es sólido, pero no hay mucho que
se pueda ver. Pero ahora es el tiempo del mover de Dios y este será visto y sacudirá a la
nación completa hasta cambiar su historia por medio del evangelio; sólo desearía que otros
vieran lo que estoy viendo yo”.
Cali misma se conmovió ante la muerte de Julio. Los periódicos, la televisión y la radio
presentaron artículos durante varios días. Un artículo se titulaba “¡Mataron al último santo
viviente!” El último partido de fútbol de la serie dedicó el medio tiempo como homenaje a
Julio. Los hermanos de Brasil dijeron que los maleteros en el aeropuerto estaban hablando de
la muerte de Julio y luego el taxista hizo lo mismo al llevarlos hacia el centro. Incluso un
traficante de drogas se puso en contacto con nosotros ofreciéndonos hombres para
protegernos, automóviles a prueba de balas o cualquier cosa que nos hiciera falta. ¡Luego

agregó que él sabía que necesitaban lo que nosotros tenemos y nos pidió que los ayudáramos!
Ahora estamos trabajando con su familia.
El servicio del funeral se hizo en Villa Cristiana el sábado, 16 de diciembre. Asistieron
entre 1.500 y 2.000 personas, representando a casi todas las iglesias incluyendo dos tribus
indígenas diferentes y unos sacerdotes y monjas. También asistieron al servicio amigos de
cinco países diferentes y de toda Colombia cuyas vidas habían sido impactadas por la vida de
Julio. El Señor nos dio una fortaleza increíble al atestiguar como familia la innegable verdad
de que esta semilla va a producir una cosecha que supera lo que podamos imaginar en este
momento. Fue un tiempo de desafío para buscar al Señor y seguir avanzando con firmeza con
la fuerza que nos da Dios a fin de ver el cumplimiento pleno de su plan.
Hacia el final del servicio, los pastores me preguntaron si podían juntarse para hacer un
pacto delante del Señor para la unidad de los creyentes, y que deseaban prometer al Señor y
los unos a los otros que seguirían buscando juntos la unidad a fin de ver el cumplimiento de
los propósitos de Dios en esta tierra. Fue tan evidente la presencia del Señor que todos la
percibían. Para mí este fue el evento de mayor importancia en la historia de Cali. Sí, este día
de tristeza natural cambió convirtiéndose en uno de gozo al experimentar y anticipar el
maravilloso mover de Dios. En un futuro cercano, al mirar este momento en retrospección,
será evidente que valió la pena. Si el ayuno y la oración unidos han causado tal avance del
evangelio produciendo la caída del cartel y derribando fortalezas, ¡cuánto más lo hará la
sangre de un mártir!

..... Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva
mucho fruto” (Juan 12:24). Ciertamente se avecina una gran cosecha y ya estamos viendo
cómo se mueve el Señor de maneras maravillosas. Durante este último año y medio posterior
al martirio de Julio, yo, como miembro de la Junta Directiva de la asociación de pastores, he
sido testigo de innumerables problemas en iglesias y pastores que se han resuelto según la
voluntad de Dios. Estos hombres de Dios declaraban simplemente: “Tenemos un pacto de
unidad y no permitiremos que nada lo destruya. Buscaremos al Señor hasta lograr su solución
para este problema”. Y cada vez el Señor en su fidelidad proporcionó la sabiduría que se
necesitaba.

Las reuniones de oración de toda la noche han crecido hasta albergar 55.000 personas en
el estadio y miles han debido quedarse afuera. Para fines de 1996 los oficiales de la ciudad
vinieron a la iglesia para pedir oración. Lo que pedían era “una Cali diferente. Estamos
cansados de la violencia, las drogas y todo lo que las acompaña. Ustedes, los cristianos,
tienen la respuesta. Oren por el alcalde, el consejo de la ciudad y la ciudad misma”.
Para las celebraciones de Navidad, ¡la ciudad solicité y se hizo cargo de los gastos para
que los cristianos dispusiéramos del coliseo durante las cuatro noches principales a fin de
presentar música cristiana y predicar el evangelio!
Todo lo que está sucediendo es una historia aparte y deberá ser narrada en otro lugar.
Estamos en el comienzo del mover de Dios que vio Julio con tanta claridad en el Espíritu,
y sabemos que sólo es el principio. Si la siembra trajo a 20.000, 60.000, 70.000 y 100.000
personas para escuchar el evangelio, ¿cuál será la cosecha? ¡La sangre del mártir sí clama y el
Señor sí responde!

Durante los últimos dos años anteriores a la muerte de Julio, él se sintió sumamente
bendecido y privilegiado al desarrollar una muy estrecha y especial relación con dos varones
de Dios que le fueron de gran aliento. Uno de estos hombres fue el doctor Bill Bright,
fundador y presidente de la Cruzada Estudiantil para Cristo, un hombre que tuvo la capacidad
de extenderse más allá de los límites de su propio ministerio maravilloso y abrazar la obra
que el Señor estaba haciendo en Cali a través del ministerio de Julio. El doctor Bright nos
recibió en su vida con mucha gracia y bendición, proporcionándonos gran gozo y consuelo en
esos últimos días de persecución. Es posible que no se dé cuenta cuánto valor tenían para
nosotros su amistad y su aporte. El otro hombre fue Benny Hinn que era un hermano espiri-
tual para Julio; es decir, ambos tenían a Kathryn Kuhlman como su madre espiritual. La
calidez y la apertura de Benny hacia nosotros constituyó otra bendición y un enriquecimiento
para nuestras vidas.

Fue de manera indirecta, a través del doctor Bill Bright que Promise Keepers se puso en
contacto con Julio. El doctor Bright había invitado a Julio para hablar en las reuniones de
“Ayuno y oración” de 1994 y 1995 en Orlando y Los Ángeles respectivamente. Como Julio
era uno de los dos hombres que el doctor Bright conocía que habían ayunado por espacio de
cuarenta días, quería que otros escucharan el testimonio de cómo se había movido Dios en
respuesta a ese tiempo de ayuno. Los líderes de Promise Keepers habían asistido a la
“Reunión de ayuno” de 1995 y después de escuchar el testimonio de Julio lo invitaron a
hablar sobre el poder de la oración y el ayuno en su reunión para pastores en febrero de 1996
en Atlanta, Georgia. Para cuando llegó la fecha del evento, Julio ya se había ido a la
presencia del Señor, pero mostraron un video de su testimonio durante las sesiones que tuvo
un gran impacto sobre los que lo vieron.
Durante los años de siembra, Julio sintió que el Señor le había dicho que él era un pastor
con llamado apostólico, y Ekklesia (nuestra iglesia local) da fe de ello. Pero durante los
últimos años, el Señor volvió a lanzar a Julio hacia las naciones. Parte de esto ya está
registrado en este libro. A medida que el Señor lo impulsó a salir, se convirtió en un apóstol
con llamado pastoral. Ministró a cantidades incontables de pastores y líderes cristianos por
todos los países de Latinoamérica como también de Europa, los Estados Unidos y Canadá.
Las iglesias y vidas que fueron cambiadas al señalarles el camino hacia Jesús e impartirles
visión y comprensión para los días que nos tocan vivir, son un testimonio de su apostolado.
Docenas de iglesias han sido establecidas y un sinnúmero de líderes se han visto fortalecidos
como resultado del ministerio de Julio a lo largo de estos años. He recibido mensajes de
dieciocho países en Latinoamérica, como también de Europa y de Australia desde la muerte
de Julio. La declaración más frecuente que he escuchado con respecto a él es: “No he sido el
mismo desde que lo conocí a Julio; mi vida y ministerio han expenmentado un cambio
rotundo por causa de su ministerio”, “Fue un padre para mi -

Este relato no sería completo si no tratara una de las últimas situaciones, pero la más crucial,
en la vida de Julio. Como leerán en el capítulo Tiempo de reconciliación, había pasado por
ciertas circunstancias difíciles en las que había sido herido y en consecuencia estaba
distanciado de unos amigos muy cercanos. Sin embargo, el Señor trató con él y le enseñó que
un varón de Dios no podía permitirse estar ofendido, sino que debía reflejar a Jesús en todas
las situaciones: debía ser un “hijo del Altísimo”. Aproximadamente un mes antes de la
muerte de Julio, surgió otra situación cuando algunas de las mismas personas involucradas en
el primer acontecimiento se refirieron a Julio de manera negativa en otro país sin contar con
los hechos para poder emitir un juicio acertado. Julio empezó a recibir llamadas y mensajes
por fax internacionales y, al recibir estas preguntas y acusaciones, se dio cuenta de lo que
había pasado. Estaba muy molesto por el asunto, en especial al ver lo que el Señor estaba
haciendo a través de la unidad de los pastores en Cali. “~Cómo puede ser esto? ¿Cómo es
posible que esta persona haga esto después de todo lo que ha hecho el Señor?” Su espíritu
estaba desconcertado y finalmente me dijo: “Voy a hacer una cita y enfrentar a este hermano
con la situación. No es posible que a esta altura estemos pasando por este asunto.” Sin
embargo, no hizo la cita de inmediato, y seguía estando irritado en su espíritu ya que no podía
comprender cómo podía suceder algo semejante.
Luego de varios días, me preguntó: “Querida, ¿por qué está ocurriendo esto?” Casi sin
pensar una respuesta le solté: “Es tu examen final. Esto no tiene nada que ver con el hermano
involucrado. Dios te está haciendo un examen final para ver cuánto crees en la unidad. Si el
hermano ha obrado mal, Dios tratará con él y lo ayudará a ver su error. Pero ahora la pregunta
es, ‘Permitirás que esto te ofenda?’ Es como el caso de José y sus hermanos. Ellos vendieron
a José y luego José les dio otra oportunidad, esta vez la de vender en forma legítima al hijo
preferido, Benjamín. Pero ellos se habían arrepentido y no lo vendieron y esto fue su
salvación. Ahora Dios te está haciendo un examen final. ¿Te ofenderás?” Al decir esto,
exclamó: “~Sí, eso es!” y se dirigió al teléfono e invitó al hermano y a su esposa. Al día si-
guiente cuando estaban en nuestra casa, Julio los trató a cuerpo de rey. En ningún momento

mencionó el problema, sino que con sinceridad se extendió a ellos de una manera que me
dejó con la boca abierta. Después de que se hubieran ido, me preguntó, “~,Cómo estuve?” y
le respondí, “Los trataste como varón santo de Dios que eres. Estoy orgullosa de ti”. (Poco
después, se dio cuenta de que el hermano no había hablado en forma maliciosa sino que lo
había hecho sin estar al tanto de todos los hechos. Pese a lo que el enemigo hubiera deseado
hacernos creer, no había sido su intención causar un problema.) Dos días después, el Señor le
dio a Julio el más alto privilegio que podemos tener como cristianos: murió como mártir por
causa del evangelio. No sé por qué usé las palabras “examen final’ en lugar de “prueba”,
excepto que fue del Espíritu Santo. Pero personalmente creo que Julio no habría muerto como
mártir si no hubiera pasado ese examen final.
En cualquier aspecto de su vida, ya sea su vida personal como esposo, padre de nuestras
hijas, hijo de sus padres o amigo, o en su vida de ministerio como pastor, apóstol, fiscal de la
asociación de pastores, consejero o en cualquier cosa que haya hecho, Julio fue un santo
varón de Dios. Era un varón de Dios que no se avergonzaba de admitir sus errores y pedir
perdón. Era un varón de Dios con capacidad para reflejar el amor de Jesús a todos nosotros.

Ruth Johnson de Ruibal
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