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"Vivir bien ¿alternativo o funcional al capitalilsmo?"

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El documento es autoría del politólogo Edson Huayta quien plantea cuestionantes acerca de la factibilidad o no del modelo del Vivir bien frente al capitalismo arraigado en la sociedad. El documento fue la base para el debate del coloquio "Vivir bien ¿alternativo o funcional al capitalismo?" desarrollado en Cochabamba, el 30 de junio de 2011.
El documento es autoría del politólogo Edson Huayta quien plantea cuestionantes acerca de la factibilidad o no del modelo del Vivir bien frente al capitalismo arraigado en la sociedad. El documento fue la base para el debate del coloquio "Vivir bien ¿alternativo o funcional al capitalismo?" desarrollado en Cochabamba, el 30 de junio de 2011.

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“VIVIR BIEN

:
¿alternativo o funcional al capitalismo?”
Lic. Edson Huayta Mancilla

Cochabamba, 30 de junio de 2011

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“VIVIR BIEN: ¿ALTERNATIVO O FUNCIONAL AL CAPITALISMO?

Edson Huayta Mancilla

INTRODUCCIÓN Son muchas las reflexiones que ha motivado la idea del vivir bien en los últimos años. Fue el gobierno central, a través de documentos institucionales y actores particulares, el que le dio un renovado impulso y mayor difusión al tema, especialmente con el logro de su inscripción en el pórtico constitucional. No obstante, el concepto del vivir bien se ha venido trabajando desde hace ya tres décadas, desde diversas ópticas; tanto intelectuales aymaras como mestizos, instituciones públicas y privadas, organizaciones nacionales e internacionales, publican libros y realizan foros, presentando y tratando de esclarecer este nuevo paradigma, que hoy ya constituye toda una ideafuerza, capaz de movilizar a sectores importantes de la sociedad.

Un primer problema que suscita este creciente interés es la cantidad de percepciones sobre un mismo tema, algunas veces distintas unas de otras, provocando cierta ambigüedad. En el caso del vivir bien no hay un autor consagrado que haya desarrollado a cabalidad la teoría básica y todo el marco conceptual, necesario para comprender su contenido, sus alcances y límites; no existe un intelectual o un grupo de ellos al cual remitirnos para entender de una vez por todas esta idea. A diferencia del marxismo, por ejemplo, donde siempre que tenemos dudas podemos refugiarnos y encontrar respuestas en sus textos fundadores. De esto sale una doble enseñanza: el vivir bien está todavía en construcción y esa construcción, y el producto que de ella salga, será una obra colectiva.

Esto no quiere decir que todo sea nebuloso. Hay ciertos elementos que son tomados muy en cuenta por quienes escriben sobre el vivir bien, como los “postulados” formulados por el canciller David Choquehuanca, la consideración del vivir bien como una lógica común a muchos pueblos

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indígenas, y el hecho de que el vivir bien es un paradigma opuesto al capitalismo (o por lo menos así se pretende). Esto último constituye uno de los mayores desafíos en su tratamiento.

Quien dice capitalismo no solo está hablando de economía. Hablar de capitalismo es referirse a la totalidad de la estructura social: instituciones políticas, sociales, culturales y la propia estructura cognitiva de las personas. La modernidad capitalista, querámoslo o no, esta bien extendida en el planeta y su lógica está arraigada en nuestra mente. ¿Qué puede hacer el vivir bien frente a esta realidad? o ¿por qué tendría que hacer algo? Estas preguntas serán las que guíen el desarrollo de este documento.

LO QUE TENEMOS: LA MODERNIDAD CAPITALISTA El capitalismo es un modo de producción, esto es una totalidad social o una estructura social, que se distingue por su capacidad de expansión a escala mundial, transformando otras sociedades a través de la descomposición de formas de organización anteriores. “El capital se universaliza y subordina a estructuras económicas, culturales y cognitivas no capitalistas que encuentra a su paso para retorcerlas a sus fines de acumulación.” (García, Álvaro, 1999: 83).

En el proceso de su desarrollo, el capitalismo ha destruido las formas de organización política y social precedentes, generando nuevos productos políticos como el Estado nacional y representativo, la ciudadanía (desarraigada de las lógicas colectivas) y los derechos individuales. La condición necesaria para llevar a cabo estas transformaciones fue la separación de la sociedad política y la sociedad civil.

Asimismo el conocimiento fue transformado, dando paso a las modernas ciencias. En este punto es de especial interés el caso de las ciencias sociales y humanas, las que surgieron para darle coherencia al nuevo orden social y que tratarían de emular a las ciencias naturales en varios de sus aspectos como la rigurosidad, el distanciamiento respecto al objeto de estudio, la mayor medición y cuantificación posible, etc., todo lo que se expresaría en el paradigma positivista, que

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tuvo amplia aceptación en Latinoamérica y específicamente en nuestro país, desde fines del siglo XIX, cubriendo las dos primeras décadas del siglo XX.

Son bien conocidos los resultados sociales que ha generado la expansión capitalista: acrecentamiento de la brecha entre ricos y pobres, sobreexplotación, marginalidad, colonialismo e imperialismo, situaciones que provocaron la reacción social expresada en levantamientos y revoluciones que en muchos casos lograron conquistas importantes, como el conjunto de los derechos económicos sociales y culturales (o derechos humanos de segunda generación). Sabemos también de las crisis financieras que ha afrontado el sistema, particularmente la crisis de la década de 1930. A pesar de todo, el capitalismo ha persistido, ha tomado nuevos impulsos y se relanzado ya varias veces, saliendo de sus crisis, cambiando la realidad.

La racionalidad que generó la modernidad capitalista también sufrió serios cuestionamientos desde inicios del siglo XX, por parte de eminentes pensadores occidentales, como Heidegger, Foucault o Deleuze. La amenaza de la confrontación nuclear y el conflicto militar real contribuyeron a generar una pérdida de fe en el progreso y la caída de las visiones teleológicas de la historia. Se comenzó a generar un pensamiento crítico o “postmoderno” ante la realidad de un mundo espantoso y peligroso. Sin embargo, esos movimientos y corrientes, lejos de superar el orden social de la modernidad lo fortalecieron, pues implicaron una reflexión de la modernidad sobre sí misma. “No hemos ido “más allá” de la modernidad, sino que precisamente, estamos viviendo la fase de su radicalización.” (Giddens, Anthony, 1993: 57). Esto da cuenta de la capacidad del sistema de incorporar el pensamiento subalterno o alternativo, retorciéndolo según su conveniencia. Esta es una idea fundamental para intuir el futuro cercano de teorías o ideas novedosas que pretenden combatir al capitalismo o a la racionalidad occidental (como el vivir bien).

Podemos decir que el capitalismo se pudo mantener fundamentalmente gracias a su éxito económico que consiste en un aproximativo pleno empleo, en un incremento consistente de la producción y del consumo. Pero el sistema ha desatado otros problemas muy graves relativos a 4

los límites de los recursos, de la energía y del medio ambiente. Estos problemas constituyen un elemento distintivo de la crisis capitalista actual respecto de las anteriores y, a su manera, marcan una frontera real para el desarrollo lineal que plantea la modernidad capitalista. Como lo advierte el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008, “la humanidad está viviendo más allá de los recursos ambientales que posee e incurriendo en deudas ecológicas que las futuras generaciones no están en condiciones de pagar.” (PNUD, 2007: 22)

El citado Informe advierte sobre la amenaza del calentamiento global y cómo este fenómeno está afectando ya a millones de personas en todo el mundo, convirtiéndose en un obstáculo serio para el desarrollo humano. Lo llamativo es que la inmensa mayoría de las personas que sufren las consecuencias de los desastres climáticos (sequías, inundaciones, tormentas) viven en países en desarrollo (Ibíd.: 76).

También es necesario hacer notar la persistencia del individualismo decimonónico como parte del repertorio de la modernidad capitalista en nuestro tiempo. Es un individualismo capaz de atornillarse en la cabeza de las personas, mediante la educación y el trato social cotidiano, generando atomismo individualista y competitividad salvaje, que olvida, instrumentaliza o somete los valores éticos y morales. Este individualismo se expresa en la continuidad de un desarrollo depredador del medio ambiente y explotador del ser humano.

Si a esto sumamos la realidad de más treinta millones de personas desempleadas, producto de la crisis económica de 2008, podemos intuir que vivimos una crisis civilizatoria que tiene en el cambio climático un límite infranqueable.

Ahora bien, la crisis puede ser afrontada desde distintas ópticas. Habrá quienes piensen que el estado actual de las cosas puede ser superado aplicando medidas drásticas y radicales, pero que no impliquen una salida o ruptura con el desarrollo capitalista. Hace ya cuatro décadas que varios investigadores y organismos internacionales llamaron la atención sobre las limitaciones de los enfoques economicistas del desarrollo, planteando perspectivas más holistas que tomen en cuenta 5

al hombre y al medio en que vive. Estos planteamientos se conocen como teorías alternativas del desarrollo, que han sido ampliamente difundidas y cuya aceptación hoy es generalizada1.

No faltaron tampoco visiones ortodoxas en el pasado reciente, que creyeron encontrar en el mercado la clave del desarrollo. Estas visiones confluyeron en el denominado Consenso de Washington, que incluía un recetario de políticas y reformas que fueron implementadas en países de Latinoamérica y Europa oriental y central. Estos países tuvieron que experimentar un tránsito de la planificación estatal hacia la economía de mercado.

Es criterio común el considerar los resultados de aquel tránsito como negativos. En Latinoamérica, aunque es indiscutible el éxito inicial de la recuperación económica, el ritmo del crecimiento no fue lo bastante alto como para reducir significativamente la pobreza. En Rusia y otras antiguas repúblicas de la Unión Soviética, “la aplicación de la terapias de choque (especialmente la liberalización abrupta de los precios y la estabilización recesiva), combinada con un proceso indiscriminado de privatizaciones y de otras medidas de liberalización… provocaron una caída considerable de la renta per cápita.” (Bustelo, Pablo, 2003).

La insatisfacción con los resultados de las reformas estructurales emprendidas durante la década de los noventa, contribuyó a desatar el ciclo de protestas en nuestro país a partir del año 2000. Se inició un tiempo marcado por la inestabilidad social y vertiginosos cambios políticos, un tiempo que se ha convenido en llamar la crisis de Estado y que ha permitido reflexionar sobre nuevos horizontes para el país, horizontes post-neoliberales e, inclusive, post-capitalistas. La crisis ha abierto un escenario de disponibilidad social: la gente esta dispuesta a renunciar a las viejas certidumbres y a apostar por nuevos proyectos.

EL VIVIR BIEN

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Dentro de las teorías alternativas del desarrollo tenemos el endodesarrollo, las necesidades básicas, el desarrollo autónomo, el orden internacional, el desarrollo multidimensional, el desarrollo humano, el desarrollo sostenible y otros enfoques emergentes.

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Fue Simón Yampara quien nos ofreció la idea de Suma Qamaña, en su búsqueda por encontrar una traducción al concepto de desarrollo desde el mundo indígena. En palabras de Javier Medina, éste sería su aporte más importante para la construcción armoniosa de un país intercultural. Yampara, esclareciendo el concepto, afirma que el pueblo aymara-quechua busca “la armonía entre lo material y lo espiritual, es decir el bienestar integral/holista y armónico de la vida, que tiene que ver con cuatro tipos de crecimiento: a) crecimiento material, b) crecimiento biológico, c) crecimiento espiritual, d) gobierno territorial con crecimiento. Interaccionando

simultáneamente estos cuatro factores, en un proceso holista, se llega a la armonía integral de la vida de los pueblos andinos que, en aymara se llama: Suma Qamaña: vivir bien en armonía con los otros miembros de la naturaleza y con uno mismo.” (Yampara, Simón, 2001: 49)

Como se ha indicado en la introducción, el vivir bien ha concitado el interés de intelectuales e instituciones de todo tipo, que se han dado a la tarea de presentarnos su particular visión sobre el nuevo paradigma. El grueso de los autores que se ocuparon del tema coincidieron en posicionar al vivir bien como una necesidad, cuando no una urgencia, frente a las “calamidades” provocadas por el desarrollo capitalista. Asimismo el gobierno de Evo Morales ha sido identificado como el principal difusor y promotor del vivir bien, a través de diferentes instituciones estatales y actores particulares2. Pero tampoco faltan los análisis críticos que, desde perspectivas más generales, denuncian la idealización del mundo indígena, el uso instrumental de la cultura y la “politización de lo étnico” planteada como alternativa contemporánea para el país (Oporto, Henry, 2008).

Para concretar un poco más el análisis del vivir bien, es oportuno recurrir a un referente mayor, que no puede ser otro que la cosmovisión andina. Mucho de lo que se ha escrito y dicho sobre el vivir bien halla su fuente en las prácticas cotidianas de los pueblos andinos y amazónicos, que configuran la cosmovisión de estas colectividades. En esta tarea es de mucha utilidad el trabajo desarrollado por Blithz Lozada (2008), quien ha realizado el esfuerzo de sistematizar la cosmovisión andina, cotejándola con la filosofía occidental. El siguiente cuadro es ilustrativo de las diferencias entre ambas concepciones del mundo.
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Cfr. Farah, Ivonne y Luciano Vaspollo (coord.), 2011.

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FILOSOFÍA OCCIDENTAL Concepción y actitudes antropocéntricas que controlan el entorno ecológico y dominan la naturaleza. Medición y conocimiento del cosmos como un conjunto ordenado, estático y continuo. Suposición de que los objetos se encuentran siendo lo que son y estando en el mundo. Noción discreta de las cosas y supuesto de divisibilidad cognoscitiva. La razón y la ilustración como causas del desencantamiento del mundo. Preeminencia del valor dogmático de la teología, la ciencia y la ontología. Metafísica monista y pretensión excluyente de la verdad universal. Validez incuestionable de la lógica formal y de sus principios de identidad, tercero excluido, no contradicción y razón suficiente. Recurrencia del “modelo de la visión” con el imperativo de objetividad y neutralidad. Representación euclidiana del espacio, medición y cálculo del mismo según el paradigma de la mathesis. Concepción sucesiva, lineal y teleológica del tiempo, la historia y la política. La acción política como realización consciente de programas de construcción del futuro. Filosofía, ética y modelo de sociedad con base en el Individualismo posesivo. Paradigma del homo faber.
Fuente: Lozada, Blithz (2008)

COSMOVISIÓN ANDINA Sentimientos de carácter cosmocéntrico que someten al hombre a un orden cósmico expresado en la naturaleza y la sociedad. Creencia en el flujo dinámico de la realidad: metáfora telúrica y seminal del río. Asunción de la interdependencia orgánica del mundo: visión holista e hipótesis Gaia. Certidumbre de que las cosas del mundo físico tienen vida y ánimo propio. La vida existencial e intensamente expresa-da y renovada en el misterio del rito. Experiencia liminal de lo sagrado: embriaguez festiva, lúdica, espiritualista y animista. Relativismo religioso: legitimidad dispersa de toda vivencia sagrada. Lógica trivalente, tercero incluido, desvaloración gramatológica, obsecuencia, conflicto, oportunismo, traición y contradicción. Inteligencia emocional que siente y restaura la reciprocidad, el equilibrio, la alternancia, la inversión y la complementariedad. Creencia en la manifestación intensa de las deidades en espacios de concentración de fuerzas de lo sagrado. Concepción del tiempo cíclico e infinito; la historia como inversión de dominio. La política como servicio rotativo alternado y como invariable relación de disimetría. Valoración de la reciprocidad y la ayuda mutua en la vida social. Silencio metafísico del hombre que calla.

Vistas así las cosas, pareciera que nos encontramos ante dos modelos diametralmente opuestos, imposibilitados de interactuar. Pero es el mismo Lozada quien nos recuerda que estas construcciones son tipos ideales, que no se encuentran en la realidad con la misma pureza con la

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que son presentados. Esta es otra idea importante que nos aleja de las visiones maniqueas del mundo, que reducen las posibilidades hacia los extremos.

Este esfuerzo intelectual de concretar los contenidos de la filosofía occidental nos da a entender una relativa unidad o correspondencia entre los paradigmas occidentales. Este es un detalle que enfatiza Fernando Huanacuni en su último trabajo sobre el vivir bien. A decir de Huanacuni, la cosmovisión andina se opone a dos grandes paradigmas occidentales: el individual extremo (individualismo) y el colectivo extremo (comunismo). La razón de ser del primero es la acumulación del capital; el segundo privilegia el bienestar del ser humano, olvidando otras formas de existencia. En ambos casos prima la concepción antropocéntrica del mundo, a diferencia de la cosmovisión andina, donde se manifiestan sentimientos de carácter cosmocéntrico.

Los contenidos de la cosmovisión andina, presentados por Lozada, coinciden en gran medida con las características del vivir bien, trabajadas por otros autores, particularmente con los “postulados del vivir bien” formulados por el Canciller Choquehuanca.3 Pero, otra vez, estos son modelos teóricos; queda por revisar el despliegue de ambas lógicas, la filosofía occidental y la cosmovisión andina, en el cotidiano vivir.

De inicio puede afirmarse que Bolivia ha sido atravesada por la modernidad, la que se expresa en sus instituciones políticas, en nuestro relacionamiento con el mundo globalizado y en la propia academia, que sigue el paradigma neopositivista. Pero la realidad es más compleja que eso. Aunque el 70% de la población vive en el área urbana, esto no quiere decir que ese 70% haya asumido por completo las prácticas y los valores occidentales, haciendo de lado los usos y costumbres propios de los pueblos indígenas. En una boliviana o boliviano podemos encontrar al
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Los postulados son: dar prioridad a la naturaleza antes que al humano; priorizar la vida; llegar a acuerdos en consenso; respetar las diferencias; vivir en complementariedad; defender la identidad; retomar la unidad de todos los pueblos; saber comer; saber beber; saber danzar; saber trabajar; retomar el Abya Yala; reincorporar la agricultura; saber comunicarse; vivir bien y no mejor; control social; trabajar en reciprocidad; proteger las semillas; respetar a la mujer; recuperar recursos. El análisis de cada uno de los postulados es realizado por distintos autores en Farah, Ivonne y Luciano Vaspollo (coord.), op. cit.

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emprendedor, que invierte y acumula riqueza, que comercia y viaja al exterior, pero que no se olvida de las acciones de reciprocidad y compadrazgo al momento de pasar un preste y distribuir, a su modo, la riqueza obtenida. En nuestra sociedad se han reconstruido identidades híbridas que son prueba de una “fusión fáctica, irrefrenable y rica entre el acerbo occidental y las tradiciones y creencias andinas.” (Lozada, Blithz, 2008: 75)

Lo cierto es que en nuestro país, varias facetas de la crisis del capitalismo no se revelan con la magnitud que tienen en el planeta en su conjunto. Por ejemplo, el atomismo individualista, propio del liberalismo, se ve atenuado por las prácticas de reciprocidad y complementariedad que encuentran modos de expresarse y persistir pese a la embestida de la globalización. En lo económico, el escaso desarrollo de nuestras industrias no provoca serios daños ambientales, dejando una reducida huella ecológica.

Es al pensarnos como parte del mundo cuando encontramos serios problemas. Los daños al medio ambiente ocasionados por el desarrollismo desencadenan fenómenos climáticos que nos afectan a todos; el desarrollo capitalista genera brechas no sólo entre clases sociales, sino también entre países (desarrollados y subdesarrollados), lo que hace difícil imaginar una superación de los problemas de desigualdad económica y social dentro de los marcos de la modernidad capitalista. En ese escenario se hace pertinente reflexionar sobre el vivir bien que, como ya se ha establecido, plantea una alternativa diferente respecto a los grandes paradigmas occidentales. Con todo, también es necesario pensar en las posibilidades de acción efectiva de éste y de tantos otros modelos alternativos.

LÍMITES Y ALCANCES DEL VIVIR BIEN ¿Qué hace el gobierno central para posicionar al vivir bien de cara al desarrollo capitalista? En realidad, no mucho. No porque le falte voluntad para hacerlo (o quizás, no se puede afirmar con certeza), sino porque la globalización económica ha vuelto imposibles las opciones de desarrollo autónomo que quieran desligarse del mercado mundializado y la interdependencia, cada vez mayor, entre países. ¿Cómo pretender luchar con un orden social moderno extendido en casi todo 10

el planeta, que ha penetrado en las instituciones económicas, sociales y políticas y en la propia estructura psíquica de millones de personas? No sólo en Bolivia, sino en muchos países llamados “periféricos”, se vislumbran corrientes de pensamiento y movimientos alternativos a la globalización hegemónica, que plantean propuestas de transformación radical de la sociedad; y sin embargo, la brecha entre lo planteado y lo efectuado es muy grande y da cuenta de las limitaciones de la sociología de las emergencias como proyecto transformador.

Esto no quiere decir que nos quedemos conformes mientras la crisis continúa, y tampoco significa que los gobiernos nacionales no puedan hacer absolutamente nada respecto a la situación de su población. Aquí sólo se ha apuntado la limitación de una resistencia nacional frente a un sistema globalizado. Es innegable que nuestro gobierno se ha esforzado por lograr cambios significativos para nuestro país. Se han llevado a cabo importantes medidas que buscan una convivencia más intercultural, la generación de mayores recursos para su redistribución, la construcción de una nueva institucionalidad estatal. Pero estos avances no implican una salida de la modernidad capitalista, sino estrategias para enfrentarla de forma creativa, atendiendo a nuestras particularidades.

El vivir bien plantea también un reto individual, para todo aquel que se sienta interpelado por el nuevo paradigma. El vivir bien reclama mayor reflexión teórica, difusión y debate. Representa una oportunidad para salir a los márgenes de la modernidad e imaginar un horizonte individual y colectivo. Pero también nos llama a la práctica de sus contenidos en el trato cotidiano con los demás.

CONCLUSIONES La Bolivia del nuevo siglo ha dejado atrás viejas certidumbres que marcaron el periodo neoliberal: la economía de mercado, la democracia representativa y el multiculturalismo. Estos fueron los tres ejes de consenso que definieron el sentido común de una época. Ahora son otras las ideas-fuerza que movilizan a la sociedad. Ahí tenemos la autonomía, el control estatal de las empresas estratégicas y la revalorización de lo indígena. Estos son los nuevos ejes de consenso 11

que definen el “espíritu de nuestro tiempo”4. Estos ejes son bastante amplios y están cargados de muchos proyectos dentro de sí. La revalorización de lo indígena trae consigo la idea de la plurinacionalidad, el pluralismo (jurídico, político, económico, lingüístico), la revisión de la historia y a este nuevo paradigma que es el vivir bien. Obviamente, estos proyectos no se establecieron de un día a otro, sino que son el producto de años o décadas de acumulación, que hoy encuentran el tiempo de su realización. El vivir bien se hace oportuno y tiene gran aceptación local debido a estos cambios. Pero además, tiene la oportunidad de difundirse a todo el globo como una respuesta, desde el mundo indígena, a la crisis del capitalismo.

Finalmente, cabe puntualizar algunos elementos de análisis, resultantes de esta breve reflexión: El vivir bien representa una alternativa a los dos grandes paradigmas occidentales: el capitalismo y el comunismo, en el entendido que ninguno de los dos toma en cuenta a las formas de existencia que rodean e interactúan con el hombre (la Madre Naturaleza). El vivir bien es un planteamiento que se extrae de la vida rural e indígena, por tanto de una realidad precapitalista o premoderna. Los teóricos del vivir bien lo exponen depurado de los elementos contaminantes de la modernidad, lo que no significa que los pueblos indígenas del país se hallen incólumes y limpios de toda mancha del mundo moderno. Los modelos teóricos son tipos ideales que no se presentan con la misma pureza en la realidad. El vivir bien, como práctica concreta, puede encontrarse tanto en el área rural como en el área urbana de los países andinos, donde se han formado identidades híbridas. La situación del vivir bien respecto a las teorías del desarrollo está por definirse. Mediante instancias gubernamentales, se ha tratado de desarrollar un índice del vivir bien, a la manera que lo ha hecho Bután con su Índice de la Felicidad Nacional Generalizada. Por el momento, esta iniciativa no ha conseguido los resultados esperados.

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La idea de los “ejes de consenso” se la debemos a Salvador Romero B., quien se ha dedicado a definir los ejes que se fueron posicionando en Bolivia desde finales de la década de 1980, identificando a los tres mencionados: democracia representativa, economía de mercado y multiculturalismo. Al presente, no hay investigaciones que se ocupen de los nuevos ejes de consenso, posteriores al período neoliberal, aunque el Vicepresidente Álvaro García recurrentemente hace mención a tres: autonomías, economía estatal y plurinacionalidad.

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El desarrollo capitalista ha encontrado en el cambio climático un límite real e infranqueable, que pone en cuestión su continuidad. Sin embargo, no serán planteamientos endógenos los que superen el orden actual de las cosas. Si el problema es global, las alternativas deben ser también globales.

BIBLIOGRAFÍA Bustelo, Pablo. 2003. “Desarrollo económico: del Consenso al Post-Consenso de Washington y más allá”, en Estudios en homenaje al profesor Francisco Bustelo. Madrid: Editorial Complutense. Farah, Ivonne y Luciano Vaspollo (coord.). 2011. Vivir Bien: ¿Paradigma no capitalista? La Paz: CIDES-UMSA, Sapienza, Oxfam. García, Álvaro. 1999. “El Manifiesto Comunista y nuestro tiempo”, en El fantasma insomne. Pensando el presente desde el Manifiesto Comunista. Colección Comuna. La Paz: Muela del Diablo. Giddens, Anthony. 1993. Consecuencias de la Modernidad. Madrid: Alianza Editorial. Huanacuni, Fernando. 2010. Buen Vivir/Vivir Bien. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas. La Paz: Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI). Lozada, Blithz. 2008. Cosmovisión, historia y política en los Andes. Segunda Edición. Maestría en Historias Andinas y Amazónicas. La Paz: Cima Editores. Oporto, Henry. 2008. El cielo por asalto. Cinco ensayos breves sobre política boliviana. La Paz: Plural. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). 2007. Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido. Madrid: Grupo Mundi-Prensa. Yampara, Simón. 2001. “Viaje del Jaqi a la Qamaña. El hombre en el Vivir Bien”, en Medina, Javier (editor), Suma Qamaña. La comprensión indígena de la Buena Vida. La Paz: GTZ, PADEP.

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