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Lo Material y lo Inmaterial en el Patrimonio Cultural

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"Lo Material y lo Inmaterial en el Patrimonio Cultural. Reflexiones en Torno al Patrimonio de Elche (España)". Ponencia Principal del Subtema "Patrimonio Intangible, Génesis del Tangible", dentro del "XXI Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental" organizado por el ICOMOS Mexicano en Pachuca, Hidalgo, del 8 de noviembre de 2001. De las Memorias del XXI Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental se editaron 500 ejemplares en formato CD.La edición fue realizada por la Universidad Tecnológica de Tulancingo y estuvo bajo el cuidado de Ramón Bonfil como organizador, María Guadalupe Herrera Castillo en la Coordinación, Rocío Ruiz de la Barrera en la revisión y corrección, Miriam Yta en la formación, Alejandra Lara Islas en la elaboración de la página web. Pachuca, Hgo Julio de 2002.
"Lo Material y lo Inmaterial en el Patrimonio Cultural. Reflexiones en Torno al Patrimonio de Elche (España)". Ponencia Principal del Subtema "Patrimonio Intangible, Génesis del Tangible", dentro del "XXI Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental" organizado por el ICOMOS Mexicano en Pachuca, Hidalgo, del 8 de noviembre de 2001. De las Memorias del XXI Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental se editaron 500 ejemplares en formato CD.La edición fue realizada por la Universidad Tecnológica de Tulancingo y estuvo bajo el cuidado de Ramón Bonfil como organizador, María Guadalupe Herrera Castillo en la Coordinación, Rocío Ruiz de la Barrera en la revisión y corrección, Miriam Yta en la formación, Alejandra Lara Islas en la elaboración de la página web. Pachuca, Hgo Julio de 2002.

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Lo Material y lo Inmaterial en el Patrimonio Cultural.

Reflexiones en Torno al Patrimonio de Elche (España) Ponencia Principal del Subtema Patrimonio Intangible, Génesis del Tangible

Lo Material y lo Inmaterial en el Patrimonio Cultural. Reflexiones en Torno al Patrimonio de Elche (España)
Luis Pablo Martínez * El pasado viernes 18 de mayo, el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, proclamó en París las primeras “obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, resultando galardonadas, en una ceremonia extraordinariamente emotiva, diecinueve formas de expresión cultural y espacios culturales de Asia, África, América y Europa. Esta iniciativa es fruto de las acciones en pro del reconocimiento y la salvaguarda del patrimonio inmaterial que la UNESCO viene impulsando desde hace casi tres décadas. Acciones que tuvieron su primer hito en la aprobación, en 1989, de la Recomendación sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y popular. La recomendación aportaba una primera definición del patrimonio inmaterial, implícita en la de cultura tradicional y popular, y propugnaba líneas de actuación específicas para su preservación y potenciación. La recomendación constituye, pues, un documento seminal; un punto de referencia inexcusable para cualquier reflexión que persiga la definición de políticas de protección, promoción y puesta en valor del patrimonio inmaterial. Pero su desarrollo ha sido, en la práctica, limitado, por no tratarse de un instrumento normativo de obligado cumplimiento para los Estados Parte. Mientras tanto, la homogeneización cultural del planeta impulsada por el formidable desarrollo económico, científico y tecnológico de las últimas décadas amenazaba de forma creciente la conservación del patrimonio inmaterial de la humanidad. Un patrimonio que sólo puede subsistir en un contexto de pervivencia y respeto de la diversidad cultural. La amenaza resultaba especialmente grave puesto que el patrimonio intangible carecía de la cobertura de una normativa internacional tan clara e imperativa como la desarrollada por la UNESCO con relación al patrimonio material, inmueble (Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural, de 1972) y mueble (Convención sobre las medidas que deben adoptarse para proteger e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales de 1970).

*

Dirección General de Patrimonio Artístico Generalitat Valenciana (España) Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

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Por otra parte, el desarrollo de una política efectiva a favor del patrimonio inmaterial era una obligación para la UNESCO, por encontrarse implícita en los preceptos de su Constitución. La UNESCO tenía, pues, una deuda pendiente con el patrimonio inmaterial. Consciente de ello, y de la urgente necesidad de actuar a corto plazo, el organismo internacional impulsó, a lo largo de los años 90, el desarrollo de sendos programas de actuación: el de los “tesoros vivos de la humanidad”, iniciado en 1993, y el de las “obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, comenzado en 1997. En la actualidad, la puesta en práctica de ambos programas, coordinada por la Unidad del Patrimonio Inmaterial (dependiente de la División del Patrimonio Cultural de la UNESCO) ha generado grandes expectativas acerca del patrimonio intangible, tanto por lo que respecta a la discusión del actual marco normativo y de las políticas a desarrollar, como por lo que atañe a la discusión epistemológica y metodológica que, necesariamente, debe preceder al refinamiento de la reglamentación y los procedimientos en vigor. La reflexión en torno al patrimonio inmaterial constituye, pues, una exigencia para todos aquellos que tenemos en la salvaguarda del patrimonio la razón de ser de nuestra praxis profesional, y aún de nuestra existencia. Especialmente si se tiene en cuenta que la UNESCO impulsa, en estos momentos, la definición de un instrumento normativo específico y de mayor rango para la protección del patrimonio intangible. En efecto, el orden del día provisional de la 31ª Asamblea General de la UNESCO contempla la "elaboración de un nuevo instrumento normativo internacional para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial". En la presente ponencia se abordará la problemática conceptual y metodológica vinculada al reconocimiento, la protección y la promoción del patrimonio inmaterial, ejemplificada en el caso del Palmeral de Elche (Comunidad Valenciana, España), inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en diciembre de 2000: un bien material estrechamente vinculado a valiosas formas de expresión cultural del patrimonio intangible como el Misterio de Elche, proclamado obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad en mayo de 2001, o la cultura tradicional del agua.

El patrimonio inmaterial: la problemática conceptual
Las recientes iniciativas de la UNESCO en pro del patrimonio inmaterial abren perspectivas de enorme interés. Como coordinador de dos candidaturas UNESCO resueltas con éxito, una de un bien tangible (el Palmeral de Elche) y otra de un bien intangible (el Misterio de Elche), y como persona que ha vivido muy de cerca la reacción popular ante ambas declaraciones, me encuentro en condiciones de augurar un futuro tremendamente exitoso para iniciativas como el programa de las obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. La inscripción del Palmeral de Elche en la Lista del Patrimonio Mundial no desató el júbilo de la población: la del Misterio sí. Conocida la noticia por la radio, los ilicitanos inundaron el centro de la ciudad, en torno a la basílica de Santa María, y sacaron espontáneamente en procesión a la patrona de la ciudad, la Virgen de la Asunción; todo acompañado de lágrimas, vítores, estruendo de fuegos de artificio y

Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

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campanas al vuelo. Y posteriormente, hemos sabido que las celebraciones fueron tanto o más entusiastas en las restantes dieciocho comunidades galardonadas. La propia ceremonia de la proclamación estuvo presidida por la emotividad. La delegación española, integrada al noventa y nueve por ciento por valencianos, no pudo reprimir un espontáneo "¡bien!" al escuchar de labios del señor Matsuura la proclamación del Misterio. Y no fuimos los únicos. La ceremonia celebrada en la Sala XI de los Cuarteles Generales de la UNESCO en París estuvo marcada por los vítores, los aplausos, los cánticos y las músicas tradicionales que acompañaron a las sucesivas proclamaciones. La intensidad de las emociones desatadas se encuentra directamente relacionada con la propia naturaleza de los bienes intangibles: que son expresión de la personalidad de las personas y de los pueblos; que se confunden con los seres humanos que, mediante su práctica, permiten su pervivencia a lo largo de los siglos. Por tanto, cuando se otorga una distinción a un bien inmaterial, se está distinguiendo a seres humanos, y se hace partícipe de ello a sus familiares, parientes, amigos y vecinos. Las piedras y los paisajes no pueden expresar su agradecimiento o su alegría al ser reconocido su valor excepcional como patrimonio de la humanidad; los hombres sí. Es por ello que soy muy optimista en cuanto al futuro de las acciones impulsadas por la UNESCO en torno al patrimonio inmaterial. El optimismo, sin embargo, no debe hacernos ignorar las dificultades a las que se enfrentan dichas acciones, que existen, y son múltiples. A continuación abordaré la problemática de tipo epistemológico y metodológico que pueden dificultar la labor de los interesados en la nueva distinción UNESCO para los bienes inmateriales. En mi opinión existe un serio problema de concepto, que no es otro que la propia definición del patrimonio inmaterial. Problema acuciante, porque condiciona por completo la definición de las políticas y los procedimientos a desarrollar en pro del patrimonio inmaterial. El reglamento que rige la proclamación de las obras maestras incorpora como definición de patrimonio inmaterial la definición de cultura popular y tradicional presente en la Recomendación sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y popular de 1989, a saber: El conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural fundadas en la tradición, expresadas por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto expresión de su identidad cultural y social; las normas y valores se transmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden, entre otras, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes. La insuficiencia de dicha definición fue denunciada en la conferencia internacional auspiciada por la UNESCO y la Smithsonian Institution, y celebrada en Washington D.C. del 27 al 30 de junio de 1999, cuyo objeto era efectuar una evaluación global de la recomendación de 1989. En mi opinión particular, se trata de una definición insatisfactoria y confusa, que no traza con nitidez la distinción entre lo material y lo inmaterial, y que fracasa por poner el acento en la elaboración de un elenco de tipos de patrimonio

Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

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inmaterial, en lugar de ofrecer una definición concisa y precisa (definición que, accesoriamente, puede venir acompañada de un repertorio exhaustivo de tipos de patrimonio intangible). Consciente de las limitaciones de esta definición, la UNESCO convocó una reunión internacional de expertos, celebrada en Turín del 14 al 17 de marzo de 2001, en la que se perfiló una nueva definición, según la cual el patrimonio inmaterial está constituido por: los procesos asimilados por los pueblos, junto con los conocimientos, las competencias y la creatividad que los nutren y que ellos desarrollan, los productos que crean y los recursos, espacios y demás aspectos del contexto social y natural necesarios para que perduren; además de dar a las comunidades vivas una sensación de continuidad con respecto a las generaciones anteriores, esos procesos son importantes para la identidad cultural y para la salvaguarda de la diversidad cultural y la creatividad de la humanidad". Sin lugar a dudas, se trata de una definición mucho más ajustada a la naturaleza del patrimonio inmaterial, aunque peca, como la anterior, de ser poco analítica y excesivamente complicada, por descriptiva. Pero se trata de una definición que todavía no es operativa, y que no se encontraba disponible cuando se diseñó el reglamento de las obras maestras. En éste, en efecto, se empleó la definición de la recomendación. Y de la confusa definición de la recomendación se deriva un procedimiento, a mi modo de ver, algo equívoco, como puede apreciarse en la propia clasificación de las candidaturas en las modalidades "formas de expresión cultural" y "espacios culturales". Siempre según mi punto de vista, la segunda categoría no debería ser contemplada, por tratarse de bienes materiales, tangibles, que ya cuentan con su procedimiento propio para obtener el reconocimiento, la protección y el patrocinio de la UNESCO. El patrimonio inmaterial está constituido por conocimientos transmitidos oralmente, y por prácticas definitorias de un rol social o de los valores de una comunidad dada. Su dimensión esencial es ritual e institucional: la práctica regular de determinados gestos o actividades, con independencia de su propósito (profesional, religioso, político, festivo, etc.), de su escenificación en marcos tangibles (templos, plazas, etc.) o de su ocasional plasmación en soporte tangible (escritos, grabaciones, etc.). El patrimonio inmaterial son, por tanto, las formas de expresión cultural que recoge el reglamento.

La relación entre lo material y lo inmaterial
Clarificar los conceptos, afinar en el establecimiento de definiciones y distinciones precisas y nítidas entre el patrimonio tangible e intangible, debe constituir una prioridad absoluta, puesto que de ello depende el progreso en el conocimiento de las relaciones entre ambas dimensiones del patrimonio cultural. Un objetivo capital cuando lo que está en juego no es la obtención de un galardón, sino la supervivencia de un bien patrimonial dado. En mi opinión, el estudio de la relación que existe entre lo material y lo intangible puede abordarse de dos formas: *Descriptiva, limitada al establecimiento del catálogo o elenco de manifestaciones culturales de uno u otro tipo asociadas.
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*Interpretativa, tratando de poner de manifiesto los nexos causales que vinculan la componente material y la inmaterial en un bien cultural dado. La aproximación descriptiva sirve para acreditar la singularidad y relevancia de bien patrimonial dado, puesto que permite señalar la riqueza, variedad y valor de las asociaciones culturales materiales e inmateriales vinculadas al mismo. Pero, sin lugar a dudas, se trata de una estrategia insuficiente cuando el objetivo es asegurar la propia supervivencia de un bien patrimonial. En el caso de los bienes tangibles, cabe identificar qué componentes inmateriales son funcionalmente necesarias para su mantenimiento; mientras que en el caso de los bienes inmateriales, cabe averiguar qué elementos tangibles actúan como soporte estructural imprescindible para su continuidad.

La asociación de lo tangible y lo inmaterial en el patrimonio cultural de Elche
El caso ilicitano muestra las múltiples articulaciones que pueden darse entre lo tangible y lo intangible en la definición del patrimonio cultural de un pueblo o de una cultura determinada. En concreto, el Palmeral de Elche, integrado por las sesenta mil palmeras que rodean el casco histórico de la ciudad, ejemplifica a la perfección la necesidad de trascender la mera descripción a la hora de considerar los vínculos entre lo tangible y lo intangible. El Palmeral, paisaje cultural, bien cultural, por tanto, tangible, se encuentra íntima y singularmente asociado con un variado repertorio de formas de expresión cultural pertenecientes a la esfera de lo intangible. Entre las más llamativas se encuentran: • La labor de los palmereros, arriesgados profesionales encargados de la polinización de las palmeras hembra, la recolección de los dátiles, la poda y el mantenimiento de las palmeras, y la producción y recolección de una producción característica del Palmeral: la palma blanca. • La producción de palma blanca. El palmerero ata las hojas que constituyen las copas de las palmeras macho, y las cubre con un capuchón (palmeras "encaperuzadas"), de forma que las hojas que crecen en el interior, aisladas de la luz solar, toman un color blanquecino, por no desarrollar la función clorofílica. Se trata de una técnica ancestral procedente cuyos orígenes se remontan al Mediterráneo antiguo, y que en la actualidad únicamente sobrevive en Elche y en la localidad italiana de Bordighera, en la Liguria. • La artesanía de la palma blanca. La palma blanca, una vez recolectada, puede ser comercializada como tal, o puede ser sometida a procesos artesanales (rizado, trenzado) cuyo resultado son verdaderos prodigios, obras de arte efímeras, que únicamente dominan un puñado de familias en Elche. Todos los años el Ayuntamiento de Elche remite palmas artísticas de grandes dimensiones, belleza y complicación a destacadas personalidades entre las cuales se encuentran sus majestades los reyes de España y su santidad el Papa.

Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

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El Domingo de Ramos. Sin lugar a dudas, el domingo de Ramos de Elche constituye la máxima expresión de la popularidad de la palma blanca entre los ilicitanos. Las calles de Elche se ven engalanadas por un cortejo cívico en el que desfilan millares de personas que portan palmas blancas, las más grandes de las cuales miden entre 2.5 y 3.5 metros. • El Misterio de Elche. Si el Domingo de Ramos constituye la manifestación más popular de la cultura de la palma blanca, el Misterio de Elche es, sin lugar a dudas, la más sublime. El Misterio de Elche es una representación cantada de la Asunción de la Virgen María que viene representándose en la iglesia de Santa María de Elche desde tiempos medievales. Es el único testimonio vivo de una tradición o muestra de religiosidad popular que fue cercenada en el siglo XVI por la reforma protestante y la Contrarreforma católica, que por su excepcionalidad ha sido proclamado en obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad. En la representación, una gran palma blanca, bajada del cielo por el ángel que anuncia a María su próxima muerte, asume un destacado protagonismo. Sin lugar a dudas, el elenco de formas de expresión cultural arriba enumeradas constituye un poderoso argumento a la hora de avalar la singularidad del paisaje cultural que las soporta, el Palmeral. Pero esta aproximación descriptiva, superficial, limitada a la identificación de las manifestaciones culturales intangibles más llamativas asociadas con el Palmeral, resulta de poca ayuda a la hora de establecer políticas para garantizar la supervivencia de este extraordinario paisaje cultural. En efecto, la supervivencia del Palmeral requiere identificar cuáles son las prácticas culturales inmateriales que han permitido el mantenimiento, generación tras generación, de esta singular concentración de palmeras, más allá de aquellas que, por su vistosidad, captan de inmediato la atención del analista u observador. Entramos con ello en una dimensión diferente del patrimonio inmaterial; una dimensión en la que las manifestaciones culturales intangibles, lejos de presentarse como un epifenómeno o subproducto de un bien tangible primario, constituyen la causa que explica su origen, sus características morfológicas o su perpetuación a lo largo de los siglos. Una dimensión donde lo inmaterial, lejos de ser un efecto de lo material, constituye su causa primigenia. En el caso del Palmeral, penetrar en esta dimensión implica averiguar y reconocer qué es el Palmeral; cuál fue la función de este singular paisaje en la Elche preindustrial, que explica su origen. El Palmeral, lejos de lo que piensan muchos de sus visitantes, y aún buena parte de los ciudadanos de Elche, no es un "bosque" o agrupación natural de palmeras. Bien al contrario, las palmeras, nota característica del paisaje ilicitano, no son sino un elemento más de una ordenación del espacio productivo orientada a la maximización del aprovechamiento agropecuario de los escasos recursos hídricos disponibles. Es un oasis. Un paisaje cultural donde las acequias, los canales de riego, constituyen el vector dominante, que determina el trazado de los caminos, la orientación del parcelario y la estructura del poblamiento. En efecto, el territorio de Elche se encuentra en una zona semiárida, donde las precipitaciones rara vez superan los 300 mm. de lluvia anual. El desarrollo de una agricultura potente y diversificada en Elche ha
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dependido históricamente, pues, de la aportación artificial de aguas superficiales a los campos. Pero la situación es todavía peor cuando se considera que los únicos caudales disponibles son los del río Vinalopó, cuyo aforo es de escasos 0.3 m3/seg., y cuyas aguas son, además, salobres. La fundación de la actual ciudad de Elche, hacia finales del siglo X, en pleno Califato de Córdoba, tuvo como prerrequisito el diseño de un sistema hidráulico que permitiera obtener el máximo producto de tan ínfima y deficiente dotación hídrica. Las aguas del Vinalopó, derivadas del río mediante una presa, fueron conducidas hacia la medina islámica de Elche a través de la Acequia Mayor. La acequia madre, que atravesaba (y todavía hoy atraviesa) el subsuelo del casco urbano, se ramificaba en torno a él en decenas de canales secundarios, encargados de llevar el agua a los campos. El agua, sometida a un estricto tandeo, no se distribuía por igual entre todos los canales secundarios, sino que las ordenanzas de la comunidad de regantes prescribían un reparto desigual, favorable a los canales más próximos a la ciudad, sometidos al régimen de "agua de huertos", que recibían del orden de ocho veces más agua que los más distantes, sometidos al régimen de "agua de dula". Las palmeras entran en este punto en la ordenación del territorio productivo. Las palmeras fueron objeto de plantación racional, en alineaciones que flanquean las parcelas regadas por los canales beneficiados por el agua de huertos; unas parcelas cuya ortogonalidad (formas cuadrangulares, rectangulares, triangulares, trapezoidales) resulta sorprendente, tanto que algunos geógrafos han atribuido el origen del Palmeral a agrimensores romanos. Lo bien cierto es que la ortogonalidad de las parcelas y las alineaciones de palmeras bien poco tienen que ver con el virtuosismo de los geómetras latinos. Bien al contrario, obedece a la voluntad de obtener el máximo rendimiento a los caudales del sistema: la regularidad del parcelario facilitaba la tarea al oficial encargado de la distribución del agua de riego, y las alineaciones de palmeras permitían mejorar el aprovechamiento del agua, al disminuir el efecto del viento y de la insolación en la parcela. Por eso los canales "de huertos" recibían mucha más cantidad de agua que los de dula. En ellos se podía practicar un policultivo intensivo organizado en tres pisos: el superior, ocupado por las propias palmeras, objeto de aprovechamiento intensivo, desde los dátiles para el consumo animal y humano a las hojas y los troncos para combustible y construcción; el intermedio, ocupado por árboles frutales, de menor porte; y el inferior, ocupado por cultivos herbáceos; todos ellos seleccionados, además, de acuerdo con su grado de resistencia a la salinidad, constituyendo la asociación típica la que reunía palmeras, granados y alfalfa en un mismo huerto. Este singular diseño físico e institucional del sistema hidráulico permitía una ordenación del espacio productivo en cinturones de productividad agrícola decreciente desde los muros de la ciudad hacia el exterior (el interior, de producción hortofrutícola intensiva, ocupado por los huertos de palmeras; el intermedio, ocupado por cereal beneficiado por el riego esporádico de los canales de dula; y el exterior, de secano, ocupado por el olivo), a la vez que permitía el uso de los caudales de la Acequia Mayor en actividades urbanas no agrícolas (molienda hidráulica de cereales; baños públicos; alcantarillado; etc.).

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El regadío, su práctica y sus reglas, constituye, pues, una manifestación cultural inmaterial íntimamente vinculada al Palmeral de Elche. Una manifestación, si se quiere, más prosaica que las anteriormente descritas, pero mucho más relevante, diríamos determinante, para la supervivencia del Palmeral y el mantenimiento de su autenticidad como paisaje cultural. El caso del Palmeral pone de manifiesto que la cultura tradicional del agua constituye, por tanto, un elemento intangible fundamental para el mantenimiento de un importante segmento del patrimonio cultural tangible con importantes conexiones ecológicas: el de los paisajes culturales del agua. Unos paisajes cuya supervivencia y autenticidad depende del respeto de los principios intangibles que conformaron su ordenamiento. Este es un principio válido tanto para los países áridos como para las regiones donde el agua ha constituido, por su abundancia, un obstáculo que cabía domesticar para el desarrollo de la agricultura (siendo el arquetipo Holanda y sus polders). No deseo, sin embargo, terminar mi ponencia en términos abstractos. Bien al contrario, quiero subrayar un aspecto concreto de especial relevancia para esta audiencia. La cultura tradicional del agua constituye una dimensión del patrimonio inmaterial que presenta una enorme y especial significación para nuestros países, España y México. La cultura tradicional del agua, la “cultura de la acequia”, en acertada expresión de José A. Rivera, es parte fundamental de nuestro patrimonio, de nuestra experiencia histórica común, materializada en el paisaje de buen número de nuestros pueblos y ciudades. Unos paisajes que son el fruto de una infinidad de combinaciones del saber indígena y de la aportación foránea, cuyos orígenes más remotos se encuentran en la vasta geografía del Islam, como han puesto de manifiesto, entre otros, autores como Thomas F. Glick o el propio José A. Rivera. Sirvan mis palabras para reivindicar esta valiosísima parcela de nuestro patrimonio cultural inmaterial, nuestra cultura tradicional del agua, y para reclamar su estudio y protección en unos momentos en que sucumbe por doquier ante la presión urbanística y las iniciativas de “modernización” o “mejora” de los regadíos; unas acciones que, en la mayoría de los casos, no consideran ni el valor cultural ni las lecciones de sostenibilidad y eficiencia ecológica que encierran nuestros ancestrales sistemas hidráulicos, y nos privan de capítulos enteros de nuestra historia, todavía por leer.

Symposium Internacional sobre Conservación del Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

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Fig. 1. El casco antiguo de Elche está rodeado por 140 hectáreas de huertos de palmeras datileras
Fotografía tomada de Jaime Brotons

Fig. 2. Palmerero recogiendo dátiles
Fotografía tomada de Jaime Brotons

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Fig. 3. Palma blanca recién recolectada
Fotografía tomada de Jaime Brotons

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Fig. 4. Domingo de ramos en Elche: el esplendor
Fotografía tomada de Jaime Brotons

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Fig. 5. El misterio de Elche: la virgen recibe la palma de manos de un ángel.
Fotografía tomada de Jaime Brotons

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Fig. 6. El regadío, razón de ser del palmeral.
Fotografía tomada de Jaime Brotons

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Documentación y Bibliografía (Selección)
BARDON, Agnès, “Un pasado que se escucha”, Fuentes UNESCO, 2 de noviembre de 2001, p. 4. CASTAÑO, Joan, Misteri d’Elx. Festa declarada Monument Nacional, Elche, 1997. GENERALITAT VALENCIANA Y AYUNTAMIENTO DE ELCHE, The Palmeral of Elche: A Cultural Landscape Inherited from Al-Andalus. A Revised Nomination, 2000. GENERALITAT VALENCIANA, AYUNTAMIENTO DE ELCHE Y PATRONATO NACIONAL DEL MISTERIO DE ELCHE, The Mystery Play of Elche. Candidature for its Nomination as Masterpiece of the Oral and Intangible Heritage of Humanity, 2001 [hay traducción en catalán: monográfico de la revista Festa d’Elx, 51 (2001)]. KHOURI-DAGHER, Nadia, “En busca de nuestros tesoros”, Fuentes UNESCO, 7 de diciembre de 2001, p. 23. MARTÍNEZ, Luis Pablo, “El misterio de Elche, obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, Ars sacra. Revista del patrimonio cultural de la iglesia, 20 (2001), pp. 76-83. MARTÍNEZ, Luis Pablo, “El Palmeral de Elche, un oasis andalusí en la lista del patrimonio mundial”, Ars sacra. Revista del patrimonio cultural de la iglesia, 20 (2001), pp. 84-91. PICÓ MELÉNDEZ, Francisco, El palmeral histórico de Elche, Elche, 1997. UNESCO, Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1945. UNESCO, Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural, 1972. UNESCO, Guidelines for the Implementation of the World Heritage Convention, 1998. UNESCO, Informe provisional sobre el proyecto de proclamación por la UNESCO de las obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, 157 EX/8, 1999.

Symposium Internacional sobre Conservación de Patrimonio Monumental Pachuca, Hidalgo, 8 de noviembre de 2001

UNESCO, Proclamation of Masterpieces of the Oral and Intangible Heritage of Humaniyty. Implementation Guide, 2000. UNESCO, Propuesta del Director General acerca de los criterios de selección de los espacios o de las formas de expresión cultural popular y tradicional merecedores de que la UNESCO los proclame símbolos del patrimonio oral de la humanidad, 154 EX/13, 1998 UNESCO, Recomendación para la salvaguardia de la cultura tradicional y popular, 1989. UNESCO, Informe relativo al estudio preliminar sobre la conveniencia de reglamentar en el ámbito internacional la protección de la cultura tradicional y popular mediante un nuevo instrumento normativo, 161 EX/15, 2001.

NOTA: la documentación UNESCO puede ser consultada en www.unesco.org

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